El Profeta (sa) como Guardián y Maestro del Tauhid
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

El Profeta (sa) como Guardián y Maestro del Tauhid

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes 13-03-2026

 

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Hace dos viernes, hablé sobre la vida del Santo Profeta (sa) y su afán por el Tauhid [la Unicidad de Al’lah]. En efecto, fue enviado con el objetivo de establecer esta Unicidad. Este ardor no solo se manifestó a través de sus palabras y acciones, sino que también inculcó este espíritu y entusiasmo para ofrecer sacrificios inigualables  por el Tauhid en sus Compañeros y en aquellos que le siguieron, que no se encuentra ejemplo parecido.

Hoy continuaré hablando sobre este mismo aspecto de la vida del Santo Profeta (sa), y también se mencionarán algunos de los sacrificios realizados por los Compañeros a este respecto. Fue gracias al ejemplo práctico del Santo Profeta (sa), su esmero y sus oraciones que a los Compañeros también se les otorgaron estos rangos y se les preparó para ofrecer cualquier sacrificio.

Las dificultades que enfrentó el Santo Profeta (sa) para el establecimiento del Tauhid están registradas en una narración de la siguiente manera. En una ocasión, los idólatras le dijeron al Santo Profeta (sa): “¿Acaso no dices tales y cuales cosas acerca de nuestros ídolos?”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Sí, lo hago”. Ante esto, se reunieron a su alrededor. En ese momento, alguien le dijo a Hazrat Abu Bakr (ra) que estuviera al tanto de su amigo. Hazrat Abu Bakr (ra) partió y llegó a la Mezquita Sagrada y encontró al Santo Profeta (sa) rodeado de gente. Hazrat Abu Bakr (ra) dijo: “¡Ay de vosotros!”. Luego dijo, como también se afirma en el Sagrado Corán:

[Árabe]

“¿Acaso mataréis a un hombre porque dice: ‘Mi Señor es Al’lah’, cuando os ha traído pruebas claras de vuestro Señor?”.

Después de esto, dejaron al Santo Profeta (sa) y se abalanzaron sobre Hazrat Abu Bakr (ra) y comenzaron a golpearlo. La hija de Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Asmaa, relata que regresó a nosotros en un estado que si se tocaba el cabello, se desprendía en las manos (es decir, le habían tirado del pelo con tanta fuerza que se lo habían arrancado de raíz). [Sin embargo,] Hazrat Abu Bakr (ra) seguía repitiendo: “¡Bendito seas Tú, oh Poseedor de Majestad y Honor!”.

En otra narración, se menciona que estas personas tiraron con tanta fuerza de la bendita cabeza y la bendita barba del Santo Profeta (sa) que se le cayeron muchos cabellos. Ante esto, Hazrat Abu Bakr (ra) se puso de pie para defenderlo y dijo:

[Árabe]

“¿Acaso mataréis a un hombre porque dice: ‘Mi Señor es Al’lah?”.

Hazrat Abu Bakr (ra) lloraba [mientras decía esto]. Ante esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “¡Oh Abu Bakr, déjalos! Por Aquel en cuya mano está mi vida, he sido enviado a ellos para ser sacrificado”. Posteriormente dejaron en paz al Santo Profeta (sa) (es decir, cuando estaban oprimiendo y golpeando al Santo Profeta (sa) y cuando  Hazrat Abu Bakr (ra) se interpuso, en ese momento el Santo Profeta (sa) dijo que los dejará).

De manera similar, un narrador llamado Hariz bin Hariz al-Ghamidi vio a los Quraish cometiendo injusticias contra el Santo Profeta (sa). Le preguntó a su padre: “¿Quiénes son estas personas?” (no se trata de un incidente aislado; se han dado innumerables incidentes de esta naturaleza. Son incidentes similares, pero muchas personas los presenciaron y los relataron. Hay varios narradores. Algunos dieron relatos detallados y otros dieron menos detalles). En cualquier caso, cuando vio esto y preguntó a su padre quiénes eran esas personas que estaban cometiendo injusticias, su padre respondió que “esas personas se habían reunido alrededor de un Sabi”. La gente de La Meca solía llamar burlonamente al Santo Profeta (sa) y a los musulmanes “Sabi. El narrador realta que “cuando nosotros desmontamos de nuestra montura, vimos que el Santo Profeta (sa) estaba llamando a la gente a la Unicidad de Dios Altísimo, invitándoles a creer en Él, y ellos le rechazaban y le maltrataron hasta el mediodía, y al final, la gente le abandonó”.

En varios libros de historia se mencionan las injusticias que se cometieron contra él. Recogiendo extractos, Hazrat Musleh Maud (ra)  también narró estos incidentes. En “La introducción al estudio del Sagrado Corán”, escribe en un lugar:

“En una ocasión, el Santo Profeta (sa) pasaba por un mercado cuando un grupo de malhechores en La Meca se acercó a él, y durante todo el camino siguieron golpeándole en el cuello, diciendo: ‘¡Gente! Este es el hombre que afirma ser un profeta’. Desde las casas vecinas le arrojaban piedras continuamente. Le arrojaron cosas inmundas a su casa. Incluso en los lugares donde se cocinaba, se arrojaba inmundicia, incluyendo intestinos de cabras y camellos. Cuando se incorporó para orar, le arrojaron polvo (le echaron tierra encima) hasta que se vio obligado a esconderse bajo una roca que sobresalía de un acantilado para poder ofrecer su oración.

Sin embargo, millones de saludos recaigan sobre la bendita persona del Santo Profeta (sa), porque la pasión que surgió en su pecho por el establecimiento de la Unicidad de Dios nunca disminuyó ni por un solo momento, y aceptó todas estas dificultades con una sonrisa de alegría (con gran felicidad). Aun así, no hubo la más mínima disminución en su compasión y amor por la humanidad”.

Hazrat Musleh Maud (ra)  también escribió:

“Cuando observamos los incidentes de la vida del Santo Profeta (sa), vemos esta afirmación manifestándose como una realidad ante nosotros, y en cada paso presenciamos incidentes que dan testimonio del inmenso amor y compasión que poseía por toda la humanidad. Así, para transmitir el mensaje del Dios Único, tuvo que pasar por un sinfín de dificultades durante muchos años.

En una ocasión, en la Kaaba, los incrédulos le colocaron un paño alrededor del cuello y lo apretaron con tanta fuerza que sus ojos enrojecieron y comenzaron a salirse de sus órbitas. Cuando  Hazrat Abu Bakr (ra) escuchó esto, vino corriendo y, al ver al  Santo Profeta (sa) en tal estado de sufrimiento, se le llenaron los ojos de lágrimas y, mientras apartaba a esos incrédulos, dijo: ‘¡Temed a Dios! ¿Acaso estáis oprimiendo a un hombre simplemente porque dice: “Dios es mi Señor”’?

En una ocasión, el Santo Profeta (sa) se paró en la Mezquita Sagrada y, dirigiéndose a los politeístas de La Meca, dijo: “Declarad que no hay más Dios que Al’lah, y tendréis éxito (si decís esto)”. Al oír esto, los Quraish se abalanzaron sobre el Santo Profeta (sa). Un hombre vino gritando (con la intención de atacarlo), pero Hariz bin Abi Halah llegó primero al Santo Profeta (sa). Hariz comenzó a luchar contra esas personas y las separó del Santo Profeta (sa). Entonces todos se abalanzaron sobre él hasta que lo martirizaron (a Hariz).

Como castigo por proclamar la Unicidad de Dios, los incrédulos de La Meca también confinaron al Santo Profeta (sa) y a su familia durante tres años en el valle de Abu Talib. Los confinaron de tal manera que se impuso toda forma de boicot social. Cuando terminó este boicot, por un lado, el Santo Profeta (sa) volvió a predicar la Unicidad de Dios por toda La Meca con aún mayor determinación y valentía que antes (difundiendo el mensaje de la Unicidad de Dios con más fuerza que nunca). Por otro lado, los Quraish comenzaron a cometer injusticias contra el Santo Profeta (sa) nuevamente”.

Su viaje a Taif es también un incidente famoso y ha sido narrado muchas veces anteriormente. La opresión que sufrió allí también ha sido descrita de diferentes maneras en los relatos históricos. Respecto a esto, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra)  también escribió sobre ello y narró el incidente de la siguiente manera en un lugar:

“Cuando se levantó la prohibición (sobre el valle de Abu Talib) y el Santo Profeta (sa) encontró una especie de libertad en sus movimientos, decidió visitar Taif e invitar a su gente al islam (esto ya se ha mencionado anteriormente, pero aquí se detallan más hechos). Taif es un lugar famoso situado a 64 kilómetros al sureste de La Meca. Durante esta época, fue el hogar de los Banu Zaqif. Dejando a un lado la singularidad de la Kaaba, Taif era reconocida como igual a La Meca, y muchas personas eminentes, influyentes y adineradas residían allí. Los propios habitantes de La Meca reconocieron la importancia del Taif. Así pues, fueron los mismos habitantes de La Meca quienes dijeron (como se menciona en el Sagrado Corán):

[Árabe]

“Dicen: ‘¿Por qué este Corán no ha sido enviado a algún hombre grande de las dos ciudades?’”.

Por lo tanto, en Shawal del año 10 Nabwi, el Santo Profeta (sa) emprendió un viaje a Taif por sí mismo. Según otras narraciones, Zaid bin Harizah (ra) también lo acompañó. A su llegada, el Santo Profeta (sa) permaneció allí durante diez días, y uno tras otro se reunió con muchos jefes, pero al igual que La Meca, tampoco estaba en el destino de esta ciudad aceptar el islam. Por lo tanto, todos ellos se negaron; de hecho, se burlaron del Santo Profeta (sa).

Finalmente, el Santo Profeta (sa) se acercó al gran jefe de Taif llamado Abd Yalil y le invitó al islam, pero él también se negó; más bien, en tono de burla, dijo: ‘Si eres veraz, entonces no tengo interés alguno en hablar contigo, y si eres un mentiroso, entonces hablar contigo es inútil’ (esta es la respuesta que le dio al Santo Profeta [sa]). Entonces, preocupado porque los jóvenes de la ciudad pudieran verse influenciados por el Santo Profeta (sa), dijo: ‘Lo mejor es que se vaya de aquí, pues no hay nadie aquí dispuesto a escucharle’.

Después de eso, ese hombre malvado hizo que los malhechores de la ciudad se persiguieran al Santo Profeta (sa). Cuando salió de la ciudad, esa chusma le persiguió al Santo Profeta (sa) y comenzó a lanzarle piedras, por lo que todo el cuerpo del Santo Profeta (sa) quedó empapado en sangre. Esas personas persiguieron al Santo Profeta (sa) durante tres millas, le insultaron y le lanzaron pedruscos sin cesar.

A unos cinco kilómetros de Taif había un huerto que pertenecía a un jefe tribal de La Meca llamado Utbah bin Rabiah. El Santo Profeta (sa) se refugió en este huerto, y sus despiadados enemigos regresaron cansados. De pie bajo una sombra, el Santo Profeta (sa) se dirigió a Dios con las siguientes palabras:

[Árabe]

“¡Oh, Señor mío! Me quejo ante ti de mi impotencia, de mi incapacidad y de mi desamparo ante la gente. ¡Oh Dios mío! Eres el Más Misericordioso, pues eres el Guardián y el Protector de los débiles y desamparados; Tú eres mi Señor. Busco refugio en la luz de Tu rostro. Eres Tú quien disipa toda oscuridad, y eres Tú quien concede la herencia de la gracia en este mundo y en el Más Allá”.

En ese momento, Utbah y Shaibah se encontraban en su jardín. Cuando vieron al Santo Profeta (sa) en ese estado, tal vez movidos por el afecto hacia sus parientes cercanos o lejanos, o quizá por un sentido de la responsabilidad nacional, le enviaron al Santo Profeta (sa) una bandeja de uvas a través de su esclavo cristiano llamado Addas. El Santo Profeta (sa) los recibió y se dirigió a Addas, diciéndole: “¿De dónde eres y de qué religión eres?”. “Soy de Nínive -respondió Addas-, y soy cristiano”. El Santo Profeta (sa) preguntó: “¿Se trata de la misma Nínive en la que vivió el justo siervo de Dios, Jonás (as), hijo de Mateo?”. “Sí”, respondió Addas, “pero ¿cómo es que conoces a Jonás (as)?”. “Era mi hermano», dijo el Santo Profeta (sa), «pues era un profeta de Dios, y yo también soy un profeta de Dios”. Entonces, el Santo Profeta (sa) le predicó el mensaje del islam, lo que le conmovió profundamente. Llevado por su sincero fervor, se acercó y besó las manos del Santo Profeta (sa). Utbah y Shaibah observaron la escena desde lejos; por eso, cuando Addas regresó junto a ellos, le dijeron: “¿qué te ha pasado para que hayas besado las manos a este hombre? Este hombre estropeará tu fe, a pesar de que tu religión es mejor que la suya”.

El Santo Profeta (sa) descansó en este huerto durante un rato. A continuación, partió de allí y llegó a Najlah, situada a aproximadamente un día de camino de La Meca, donde permaneció unos días. Tras esto, el Santo Profeta (sa) partió y llegó a la montaña de Hira, y dado que el aparente fracaso en Taif conllevaba la posibilidad de que los habitantes de La Meca se volvieran demasiado arrogantes (y ante la idea de que sus crueldades se intensificaran), el Santo Profeta (sa) envió un mensaje a Mutim bin Adiyy en el que le comunicaba que deseaba entrar en La Meca, diciéndole: “¿Me puedes ayudar en esta empresa?”.

Aunque Mutim era un firme incrédulo, su carácter se caracterizaba por la amabilidad, y en momentos como aquellos, negarse iba en contra de la naturaleza de los árabes nobles. Por este motivo, junto con sus hijos y familiares, todos ellos completamente armados, se apostaron junto a la Kaaba y le hicieron saber al Santo Profeta (sa) que podía entrar. El Santo Profeta (sa) entró y realizó el Tawaf alrededor de la Kaaba, y acompañado de Mutim y sus familiares, escoltado bajo la sombra de las espadas, el Santo Profeta (sa) entró en su casa.

Por el camino, cuando Abu Yahl vio a Mutim en ese estado, se quedó asombrado y le preguntó:

[Árabe]

“¿Has dado refugio a Muhammad (sa), o te has convertido en su seguidor?”. Mutim respondió: “Yo solo soy quien ofrece refugio, no un seguidor”. Ante esto, Abu Yahl dijo: “De acuerdo, entonces no hay ningún problema”. Mutim murió sin creer. Fue un buen gesto por su parte.

Se cuenta en un Hadiz que, en una ocasión, Hazrat Aisha (ra) le preguntó al Santo Profeta (sa): “¿Ha vivido algún día más difícil que el de Uhud?” Respondió: “¡Aisha! He pasado por momentos muy duros a manos de tu gente”. A continuación, relató las circunstancias del viaje a Taif y dijo que, al regresar de allí, el ángel de las montañas se le apareció y le dijo: “Dios me ha enviado a Usted para que, si Usted lo ordena, haga que estas dos montañas a ambos lados caigan sobre esta gente y los destruya” (es decir, haré que las montañas a la derecha y a la izquierda de ellos caigan sobre ellos y los destruyan). El Santo Profeta (sa) dijo: “¡No, no! Espero que Dios Altísimo haga surgir de entre este mismo pueblo a quienes adoren al Dios Único”. Prevaleció la compasión por el pueblo, y con ella la plena certeza de que algún día sus descendientes aceptarían el islam y se afianzarían en la fe en un solo Dios.

Hazrat Musleh Maud (ra) ha descrito las penurias que el Santo Profeta (sa) soportó en nombre de la Unidad de Dios. Escribe que todos los sufrimientos que le infligieron sus enemigos se debieron a la difusión de la Unidad de Dios. Le dieron una paliza y le echaron encima a perros y a unos gamberros. En una ocasión, cuando fue a Taif, la gente le apedreó con tanta saña que quedó cubierto de sangre de la cabeza a los pies (acabo de mencionar los detalles al respecto). Caía al suelo por el dolor, y cuando se levantaba, le volvían a lanzar piedras. Sin embargo, incluso en ese estado, las palabras que salieron de su boca fueron: “¡Oh, Dios mío! Perdona a este pueblo, pues no sabe lo que hace”. A pesar de todas estas adversidades, no dejó de predicar la Unidad de Dios y siguió afirmando que, hicieran lo que hicieran, no dejaría de proclamar la Unicidad de Dios.

Luego, cuando se acercaba el momento de su fallecimiento, partió de este mundo con la misma preocupación en los labios; es decir, toda su vida había girado en torno a la Unicidad de Dios, y dijo: “Tras mi muerte, no cometáis shirk [idolatría]”. Hazrat Musleh Maud (ra) escribe que cree que, en el momento del nacimiento del Santo Profeta (sa), Dios Altísimo demostró la prueba de Su unicidad haciendo que su padre falleciera antes de su nacimiento y su madre poco después de este. En otras palabras, con el fallecimiento de los padres del Santo Profeta (sa), Dios Altísimo transmitió una prueba de Su unicidad. El comienzo de su vida como huérfano, sin padre ni madre, y su magnífico final, fueron en sí mismos grandes pruebas de la Unicidad de Dios. De ello se desprende que el mismo Dios cuya Unicidad predicaba fue quien lo sostuvo desde su infancia hasta el final.

También se menciona que predicaba en los mercados de Arabia. Se dice que, para establecer la Unidad de Dios, el Santo Profeta (sa) predicó tanto a título individual como colectivo en La Meca y, además, solía acudir a ciertos mercados de Arabia para transmitir allí el mensaje del Dios Único, que no tiene copartícipe.

En las afueras de La Meca había varios lugares donde la gente se reunía para comerciar y celebrar asambleas. Se les llamaba “Aswaq al-Arab” [mercados de Arabia]. Los mercados árabes se parecían a las ferias que solemos ver en la cultura indopakistaní. Ukkaz, Mayannah y Dhu al-Mayaz figuraban entre los mercados de los quraishíes y los árabes. El mayor de ellos era el mercado de Ukkaz, situado a tres noches de camino de La Meca. Los árabes se quedaban en Ukkaz durante todo el mes de Shawwal. Después se trasladaban al mercado de Mayannah, situado a pocos kilómetros de La Meca, en Marr al-Zahran, y permanecían allí hasta el día veinte de Zu al-Qa’dah. A continuación, se trasladaban al mercado de Zu al-Mayaz, a unos cinco kilómetros de la llanura de Arafat, y permanecían allí hasta los días del Hall. El Santo Profeta (sa) solía ir a todos esos lugares a predicar.

Se ha transmitido de Hazrat Yabir (ra) que el Mensajero de Dios (sa) permaneció en La Meca durante diez años. Durante los días del Hall, solía acudir a las ferias de Ukkaz y Mayannah y visitar a la gente en sus casas y campamentos para invitarlos. Solía decir: “¿Quién me dará refugio? ¿Quién me ayudará a transmitir el mensaje de mi Señor, para que el Paraíso sea suyo?”.

Hazrat Rabiah bin ‘Ibad cuenta que él, que vivió durante la época de la ignorancia y más tarde abrazó el islam, vio con sus propios ojos al Mensajero de Dios (sa) en el mercado de Zu al-Mayaz. Decía a la gente: “¡Oh, gente! Decid: ‘No hay nadie que merece ser adorado salvo Dios, y así alcanzaréis el éxito'”. Se abría paso entre los pasillos del mercado mientras la gente le gritaba. Sin embargo, no vio a nadie que instara a los demás a aceptar sus palabras. A pesar de ello, no se calló y siguió diciendo: “¡Oh, pueblo! Decid: ‘No hay nadie que merece ser adorado salvo a Dios, y prosperaréis'”.

Debido a la transmisión de este mensaje de la Unidad de Dios, confrontó dificultades tanto de su propia gente como de otros. Ni siquiera podía adorar abiertamente, para que no interfirieran o lo atacaran. Aquellos que aceptaron el islam también fueron perseguidos.

Respecto a la oración y el ofrecimiento de adoración, se narra que el Santo Profeta (sa) y Hazrat Alí (ra) se dirigían a un valle en las montañas de La Meca para ofrecer sus oraciones ocultos de la gente, y continuaron de esta manera durante algún tiempo. Entonces, Abu Talib se enteró y los vio orando. Preguntó al Mensajero de Dios (sa): “¡Oh, sobrino mío! ¿Qué religión es esta que has adoptado?”. Respondió: “¡Oh, tío mío! Esta es la religión de Dios, de Sus ángeles, de Sus mensajeros y de nuestro padre Abraham (as). Dios me ha enviado como un Mensajero hacia Sus siervos con esta religión. ¡Oh, tío mío! Tú eres quien más merece que yo te aconseje y te llame a la guía, y que tú la aceptes y me ayudes”.

Hazrat Abu Talib dijo: “¡Oh, sobrino mío! No puedo abandonar la religión de mis antepasados, pero mientras yo viva, ningún daño de los enemigos te alcanzará. Yo te apoyaré”. Hazrat Abu Talib también le preguntó a su hijo, Hazrat Alí (ra): “¿Qué religión es esta que has adoptado?”. Hazrat Alí (ra) respondió: “Creo en Dios y en Su Mensajero, afirmo lo que él (sa) ha traído y oro a Dios con él (sa)”. Abu Talib dijo entonces: “Ciertamente, él solo te invitará al bien, así que mantente a su lado”. De este modo, aconsejó a su hijo que permaneciera al lado del Santo Profeta (sa).

Como mencioné anteriormente, los Compañeros también sufrieron una severa persecución por aceptar la unidad de Dios. Por un lado, los Quraish de La Meca utilizaron su poder y liderazgo para ejercer presión política y proferir amenazas, intentando por todos los medios posibles impedir que el Santo Profeta (sa) predicara el islam. Por otro lado, desataron tal crueldad y brutalidad sobre quienes aceptaron el islam, que ni la pluma posee la fuerza para registrar todos sus detalles, ni nadie puede reunir fácilmente el valor para relatarlo. Incluso los incidentes que han sido registrados son suficientes para estremecer a una persona hasta lo más profundo.

Cuando Hazrat Bilal (ra) aceptó al Santo Profeta (sa), fue sometido a todo tipo de tormentos. Cada vez que la gente intensificaba la tortura sobre él, Hazrat Bilal proclamaba: “¡Ahad, Ahad!” [“Dios es Uno, Dios es Uno”] Ellos le decían: “Di lo que decimos nosotros”. Hazrat Bilal (ra) respondía: “Mi lengua no puede pronunciar correctamente lo que ustedes dicen”. En otra narración se relata que, cuando Hazrat Bilal (ra) era torturado y los idólatras intentaban apartarlo del islam, todo lo que decía era: “Al’lah, Al’lah”.

Otra narración afirma que, cuando Hazrat Bilal (ra) aceptó el islam, sus amos le capturaron, le tendieron en el suelo y colocaron piedras y una piel de vaca sobre él. Ellos decían: “Tu señor es Lat y Uzza”. Pero él continuaba repitiendo: “Ahad, Ahad” [“Dios es Uno, Dios es Uno”]. En aquel momento, Hazrat Abu Bakr (ra) fue a ver a los amos de Bilal (ra) y les dijo: “¿Hasta cuándo continuaréis atormentando a este hombre?”. Hazrat Abu Bakr (ra) compró entonces a Hazrat Bilal (ra) y lo liberó por siete “auqiyah” (una “auqiyah” equivalía a cuarenta dírhams; por lo tanto, lo compró y lo liberó por doscientos ochenta dírhams).

Además de él, Hazrat Sumayyah (ra), Hazrat Ammar bin Yasir (ra), Hazrat Jabbab (ra) y muchos otros esclavos y hombres y mujeres libres se convirtieron en víctimas de las vergonzosas y dolorosas persecuciones de los incrédulos de La Meca debido a su creencia en la Unicidad de Dios.

Los incrédulos de La Meca no solo oprimieron a los musulmanes débiles, sino que incluso la bendita persona del Santo Profeta (sa) mismo no se libró de su crueldad, como ya se ha mencionado anteriormente. Ciertamente, si uno reflexiona cuidadosamente, se hace evidente que el Santo Profeta (sa) mismo soportó el mayor sufrimiento, pesar y dolor.

No fue una privación menor que el nombre de Muhammad (sa) -que significa “el más alabado”- fuera distorsionado deliberadamente y la gente lo llamara Muzammam, que significa “el más condenado” (¡Dios no lo permita!). La persona más veraz de esta población, se le denominó engañador y mentiroso. El mayor bienhechor de esa nación fue descrito como embaucador, codicioso y fraudulento. Aquel que había dedicado su juventud, su salud y su fuerza, de hecho, cada momento de su día y de su noche para la guía, la reforma y el bienestar de ese mismo pueblo, fue tachado de loco, demente y enfermo.

A veces, se le envolvía el cuello con una tela y se tiraba de ella con tanta fuerza que parecía que su respiración podría detenerse. En otras ocasiones, se le lanzaban piedras y, a veces, se arrojaba basura sobre él.

Urwah bin Zubair (ra) relata: “Le pedí a Hazrat Abdul’lah bin Amr bin al-As (ra) que describiera el peor trato que los idólatras infligieron al Santo Profeta (sa). Respondió que una vez el Santo Profeta (sa) estaba ofreciendo la oración en la Mezquita Sagrada cerca del Hatim -el área vacía adyacente a la Kaaba cercada por un muro bajo- cuando Uqbah bin Abi Muait se acercó, le envolvió el cuello con una tela y comenzó a estrangularlo violentamente. Justo en ese momento llegó Hazrat Abu Bakr (ra). Agarró a Uqbah por el hombro, lo apartó del Santo Profeta (sa) y dijo:

[Árabe]

“¿Mataréis a un hombre porque dice: ‘Mi Señor es Dios’?”.

También vemos -como se ha mencionado a menudo- que incluso durante las batallas el Santo Profeta (sa) siempre demostró celo por la Unicidad de Dios.

El conocido incidente de la Batalla de Uhud se narra con frecuencia. Cuando Abu Sufyan gritó, mencionando los nombres del Santo Profeta (sa), de Hazrat Abu Bakr (ra) y de Hazrat Umar (ra), preguntando: “¿Dónde están estas personas?” el Santo Profeta (sa) instruyó a todos a no responder. En ese momento, responder podría haber puesto a los musulmanes en peligro debido a su condición debilitada, por lo que ordenó silencio. Entonces Abu Sufyan declaró: “¡Gloria a Hubal!”. Cuando dijo esto, el Santo Profeta (sa) se inquietó y dijo: “¡Respondedle!”. Los Compañeros preguntaron: “¿Qué debemos decir?”. Dijo, “Decid: Dios es el Más Alto y el Más Grande”. Entonces Abu Sufyan dijo: “Nosotros tenemos a Uzza, y vosotros no tenéis a Uzza”. El Santo Profeta (sa) dijo: “¡Respondedle!” Los Compañeros preguntaron: “¿Qué debemos decir?”. Respondió: “Decid que Dios es nuestro Ayudante, y vosotros no tenéis a quien os ayude”. Así, siempre que el honor de Dios y el principio de la Unicidad Divina estaban en juego, el Santo Profeta (sa) no se preocupaba por ningún peligro.

Por lo tanto, este fue el celo por la Unicidad de Dios en aquel momento que instruyó a los Compañeros a proclamar: “¡Dios es el Más Alto y el Más Exaltado. Dios es el Más Alto y el Más Exaltado! Mentís: Hubal no es exaltado. Dios es Solo no tiene copartícipe, es Honrado y Supremo”.

Ahora leeré un fragmento del Mesías Prometido (as), el cual deberíamos escuchar y leer repetidamente. Revela ante nosotros el rango y la posición del Santo Profeta (sa) en el establecimiento de la Unicidad de Dios y sirve como guía para nosotros sobre cómo debemos adquirir la verdadera comprensión y realización de este asunto. Afirma:

“Siempre me pregunto qué Profeta tan sublime es este Profeta árabe, cuyo nombre es Muhammad (millones de bendiciones y paz sean con él). Uno no puede alcanzar a comprender el límite de su alto rango, ni de su eficacia espiritual. Es una lástima que su rango no haya sido reconocido como debería haber sido. Él es el campeón que restauró al mundo el Tauhid (Unicidad de Dios) que había desaparecido del mundo; amó a Dios hasta el extremo, y su alma se fundió hasta el extremo por la simpatía hacia la humanidad. Por lo tanto, Dios, que conocía el secreto de su corazón, lo exaltó por encima de todos los profetas y de todos los primeros y los últimos y le otorgó todo lo que deseó durante su vida”.

Esta es la belleza de su carácter: alcanzó las máximas alturas en el amor por Dios Altísimo y las máximas alturas en la compasión por la humanidad, para que pudieran acercarse a Dios, permanecer firmes en la Unicidad de Dios, y asegurar tanto su vida mundana como su vida del Más Allá.

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“Él es la fuente de toda gracia, y cualquiera que reclame alguna superioridad sin reconocer su gracia no es un ser humano, sino que es la semilla de Satán, porque a él (el Santo Profeta [sa]) se le ha otorgado la llave de toda exaltación y se le ha dado el tesoro de todo entendimiento. Aquel que no recibe a través de él (sa), queda privado para siempre. ¿Qué somos y cual es nuestra realidad? Seríamos unos desagradecidos si no confesáramos que hemos encontrado el verdadero Tauhid (Unicidad de Dios) a través de este mismo Profeta. Hemos alcanzado el reconocimiento del Dios Vivo a través de este mismo Profeta perfecto y a través de su luz. El honor de conversar y de la comunión con Dios, a través de los cuales contemplamos Su rostro, nos ha sido otorgado a través de este mismo Gran Profeta. Los rayos de este Sol de Guía caen sobre nosotros como la luz del sol, y continuamos siendo iluminados solo mientras estemos orientados hacia él”.

Por lo tanto, para que uno pueda alcanzar a Dios Todopoderoso, debe adoptar el Tauhid absoluto, y el Santo Profeta (sa) es el medio a través del cual uno puede lograr esto.

El Mesías Prometido (as) continúa:

“Aquellos que se adhieren a la noción errónea de que quien no cree en el Santo Profeta (sa), o se convierten en apóstatas pero permanecen firmes en el Tauhid (Unicidad) y consideran que Dios es Uno sin ningún asociado, alcanzarán la salvación y no sufrirán daño alguno a causa de su incredulidad o apostasía… tales personas son de hecho ignorantes del verdadero significado del Tauhid… Pero la mera creencia de que Él es Uno no es suficiente para la salvación; más bien, la salvación depende de dos cosas:

  1. Una es la convicción absoluta en el Ser y la Unidad de Dios Altísimo.
  1. En segundo lugar, debe inculcarse en el corazón un amor tan perfecto por el Único y Glorioso Dios que, debido a su influencia y dominio, la obediencia a Dios Altísimo se convierta en verdad en el deleite del corazón, y sin la cual no se pueda vivir (este debe ser el nivel de ese dominio). Debe ser el amor a lo Divino el que pisotee y aniquile el amor a todo lo demás.

Este es el verdadero Tauhid, que solo se puede alcanzar siguiendo a nuestro señor y maestro, Hazrat Muhammad (sa). ¿Por qué no se puede lograr? La respuesta es que el Ser de Dios es invisible más allá de lo invisible, oculto más allá de lo oculto y extremadamente escondido. Las facultades de razonamiento de los seres humanos no se pueden descubrir por sí mismas. Ningún argumento racional puede constituir una prueba irrefutable de Su existencia, porque el alcance y el acceso de la razón se limitan a comprender la necesidad de un Creador mediante la reflexión sobre los seres creados en el universo. Sin embargo, reconocer la necesidad de Su existencia es una cosa, pero llegar a la etapa de “ainul-yaqin” [certeza por la visión] de que Dios, cuya existencia se ha reconocido, que existe en verdad, este es otro asunto.

No basta con decir que debe haber un Creador para todo esto. Si existe, ¿quién es? ¿Es un Dios vivo? Si uno desea indagar sobre esto, solo obtendrá este conocimiento siguiendo al Santo Profeta (sa).

El Mesías Prometido (as) dice:

“Sin embargo, dado que la metodología de la razón es imperfecta, incompleta y dudosa, no todo filósofo puede reconocer a Dios solo mediante la razón. Más bien, la mayoría de las personas que buscan descubrir a Dios únicamente a través de la razón terminan siendo ateas. Sus reflexiones sobre las cosas creadas en la tierra y en el cielo no les aportan ningún beneficio”.

Esto es algo que también presenciamos hoy en día: muchos intelectuales musulmanes se están convirtiendo en ateos. Rechazan la existencia de Dios porque no comprenden todo esto. A pesar de seguir al Santo Profeta (sa), no han reflexionado sobre sus directrices.

El Mesías Prometido (as) dice:

“Se burlan y ridiculizan a los elegidos de Dios, argumentando que hay miles de cosas en el mundo cuya existencia no nos resulta útil, y nuestra investigación sobre ellas no indica ninguna creatividad que demuestre la existencia de un Creador; al contrario, la existencia de estas cosas es completamente inútil y sin sentido. Es una lástima que estas personas sean ignorantes”.

El argumento que presentan es que no existe un Creador y no ven la necesidad de ello. En realidad, desconocen si hay algún beneficio en ello o no, pero como no tienen conocimiento al respecto, expresan lo que dicen.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Es una lástima que personas tan ignorantes no comprendan que la falta de conocimiento sobre algo no implica su inexistencia (no significa que si una persona desconoce sobre algo, eso no exista). Hoy en día existen cientos de miles de personas en el mundo que se consideran intelectuales y filósofos de alto rango, pero que niegan vehementemente la existencia de Dios Altísimo. Es evidente que si hubieran encontrado un argumento racional sólido, no habrían negado Su existencia. No habrían repudiado la existencia de Dios Altísimo con extrema desvergüenza, desdén y burla, si se les hubiera demostrado que estaban equivocados mediante un argumento racional irrefutable a favor de la existencia del Glorioso Creador. Así pues, nadie puede librarse de la tormenta de dudas mientras navega en el arca de los filósofos; más bien, se ahogaría y quedaría privado para siempre del elixir del Tauhid puro.

Ahora bien, reflexionad sobre cuán falsa y perversa es la idea de que el Tauhid puede conseguirse y la salvación puede lograrse sin la mediación del Santo Profeta (sa). ¡Oh, ignorantes! ¿Cómo puede haber fe en Su Tauhid si no hay certeza absoluta en la existencia de Dios? Sabed, pues, con seguridad, que la certeza del Tauhid solo puede alcanzarse a través de un Profeta, como nuestro Santo Profeta (sa), quien convenció a los ateos y paganos de Arabia de la existencia de Dios Altísimo mostrándoles miles de señales celestiales. Incluso hoy, los verdaderos y perfectos seguidores del Santo Profeta (sa), presentan estas señales a los ateos. Lo cierto es que, hasta que una persona no observe el Poder viviente del Dios Viviente, Satanás no se aparta de su corazón, ni el verdadero Tauhid entra en él, ni puede convencerse con certeza de la existencia de Dios. Este Tauhid puro y perfecto se alcanza únicamente a través del Santo Profeta (sa)”.

Así pues, este es el verdadero Tauhid, en cuya búsqueda debemos esforzarnos con ahinco. Debemos esforzarnos por elevar nuestra fe a tal nivel que estemos preparados para cualquier sacrificio. También debemos cultivar en nosotros mismos un amor verdadero y sincero por el Santo Profeta (sa).

En esta época, Dios Altísimo ha enviado al Siervo Fiel del Santo Profeta (sa) para continuar la tarea de establecer el Tauhid, y hemos hecho el Bai’at (juramento de lealtad) con este propósito. Por lo tanto, debemos esforzarnos al máximo para cumplir con los derechos de este juramento, y también debemos orar por ello. Especialmente en los días que quedan de Ramadán, debemos orar para estar entre aquellos que se esfuerzan al máximo en el establecimiento del Tauhid y en la defensa de su honor. ¡Que Dios Altísimo nos conceda la capacidad de hacerlo y elimine nuestras debilidades!

En cuanto a la Ummah musulmana, mencioné el viernes pasado que se deben ofrecer oraciones por ellos, para que también comprendan la verdadera realidad del Tauhid y actúen conforme a ella. Solo así se podrá asegurar su supervivencia. Solo así se podrán proteger de las artimañas engañosas de sus adversarios. ¡Que Dios Altísimo nos conceda la capacidad de hacerlo!

Después de la oración, hoy también dirigiré una oración fúnebre en cuerpo ausente por el respetado Zikrul’lah Tayo Ayyuba Sahib, quien servía como misionero de la Comunidad y falleció hace unos días a la edad de ochenta años.

[Árabe]

“¡En verdad a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!”.

Por la gracia de Dios Altísimo era “musi” [formaba parte del sistema de Al-Wasiyyat]. Era de Nigeria.

En 1965, aceptó el Ahmadiat mediante un sueño. En 1966, se inscribió en el Colegio de Formación Misionera en Ghana. Tras completar sus estudios iniciales allí, regresó a Nigeria en 1969. Después de servir allí durante un año, ingresó en la Comunidad de Rabwah en 1970 para obtener el título de Shahid. En 1977, aprobó el examen de Maulvi Fazil y, en 1979, obtuvo el título de Shahid. Posteriormente, regresó a Nigeria y comenzó a prestar servicio allí, hasta su fallecimiento. Tuvo la oportunidad de servir durante aproximadamente 47 años.

Sirvió en diversos lugares de Nigeria y desempeñó el cargo de Naib Amir. También obtuvo un posgrado en periodismo, contribuyendo así a este campo. Fue nombrado director de Yamiatul Mubashirin Nigeria, inicialmente como director interino y posteriormente como director titular durante tres o cuatro años.

Era un excelente deportista y tenía un gran interés en los deportes, pero nunca permitió que estas actividades interfirieran en su devoción religiosa. Era un buen escritor, lingüista y poeta. Le sobreviven su esposa, tres hijos y cinco hijas. Su hijo menor, Abdul Muyib Sahib, actualmente sirve en Nigeria como misionero de la Comunidad y coordinador de la Review of Religions en Nigeria. Es un Waqif-e-Zindagi (persona consagrada).

El misionero encargado, Tahir Adnan Sahib, escribe que el difunto era muy justo, obediente y siempre dispuesto a servir a la Comunidad. Afirma que tuvo la oportunidad de observarlo de cerca durante más de veinte años, durante los cuales fue testigo de numerosos ejemplos de su elevado carácter moral, humildad, mansedumbre y su extraordinaria lealtad y obediencia al Jalifato y al Nizam-e-Yamaat. Además, escribe que, aunque el difunto era mayor que él, cuando asumió el cargo de misionero encargado, demostró completa lealtad, responsabilidad y obediencia al aceptar y seguir sus instrucciones.

De igual manera, Yusuf Jaliq Sahib, misionero de la Comunidad, escribe que, como director, prestó extraordinaria atención a la formación moral y espiritual de los estudiantes. Les inculcó un sentido de responsabilidad y siempre les aconsejó que nunca pusieran excusas para ninguna tarea. Hizo especial hincapié en la pronta aplicación de las instrucciones del Jalifa de la época. Para la formación práctica, también enviaba a los estudiantes a campañas de predicación. En todo establecía un ejemplo personal, lo cual dejó una profunda huella en la vida de los estudiantes.

Le conocí, y era sumamente sincero, leal y muy humilde. ¡Que Dios Altísimo le conceda perdón y misericordia, y eleve su estatus espiritual!

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