El celo protector del Profeta (sa) por el Tawhid
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

El celo protector del Profeta (sa) por el Tawhid

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes 27-03-26

Después de recitar el Tashahud, Taawuz y Surah al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

Anteriormente, se han abordado algunos episodios de la vida del Santo Profeta (sa), en particular los relacionados con el “Tauhid” [la unicidad de Dios]. Los detalles sobre la destrucción de los ídolos durante la conquista de La Meca también se han mencionado en sermones anteriores. Hizo todo esto para proclamar la unicidad de Dios Altísimo, con el fin de demostrar la realidad de los ídolos a los que adoran. Así pues, vimos que los principales ídolos de los alrededores de La Meca, como Manat, ‘Uzza y Suwa’, entre otros, habían sido destruidos.

En cuanto al ídolo de los habitantes de Taif, Lat —al que ellos llamaban Rabba, es decir, su diosa—, se cuenta que los habitantes de Taif pidieron que no fuera destruido durante tres años. Esta petición fue presentada ante el Santo Profeta (sa). El respeto del Santo Profeta (sa) por la unicidad de Dios no permitía tal acuerdo. Los habitantes de Taif volvieron a pedir que no se destruyera durante al menos un año. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) rechazó esta petición una vez más. Entonces pidieron que no se destruyera durante al menos un mes, para que la gente pudiera convertirse al islam y para que los hombres y mujeres ignorantes no abandonaran el islam como consecuencia de su destrucción. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) no solo no aceptó esta concesión, sino que envió a Hazrat Abu Sufián y a Hazrat Mughira ibn Shu’ba y ordenó que se destruyera el ídolo. Su respeto por el Tauhid no permitía que esos ídolos permanecieran en pie bajo ninguna circunstancia, sobre todo desde que se había establecido un Estado islámico.

Abu al Hayyaj Asadi relata que a Hazrat Ali bin Abi Talib le preguntó: “¿No debería enviarte a la misma misión a la que el Santo Profeta (sa) me envió? [Él me ordenó] que no dejara en pie ningún ídolo y que lo destruyera, y que tampoco dejara ninguna tumba elevada sin nivelarla”. ¿A qué se debía esto? A que tales cosas niegan el Tauhid, y en un Estado islámico, esas prácticas no pueden tolerarse en absoluto. Sin embargo, hoy en día es lamentable que un gran número de musulmanes haya caído en la costumbre de venerar las tumbas y postrarse ante ellas. En lugar de implorar a Dios Altísimo, acuden a los que yacen en estas tumbas y llegan a extremos en este sentido.

No cabe duda de que, para establecer el Tauhid, el Santo Profeta (la paz sea con él) se enfrentó a una nación poderosa como la de los idólatras de La Meca y, finalmente, purificó la Kaaba de 360 ídolos. Además, emprendió una Yihad [lucha] magnífica y bendita para afianzar el Tauhid en los corazones de quienes abrazaron el islam y, gracias a su poder espiritual, fundó una comunidad que amaba el Tauhid. Formó moralmente a sus compañeros de una manera tan profunda y excelente que ni siquiera surgió en sus mentes el más mínimo atisbo de Shirk [asociar otros dioses con Dios]. Por eso, llegó incluso a impedir que sus compañeros se excedieran al elogiarlo.

Hazrat Ibn Abbas relata que oyó a Hazrat ‘Umar (ra) decir desde el púlpito: “Oí al Santo Profeta (sa) decir: ‘No exageréis al alabarme, como exageraron los cristianos al alabar al hijo de María'”. “No soy más que Su siervo —(un siervo de Dios)—, así que di: ‘El siervo de Dios y Su Mensajero'”.

Se cuenta, según Hazrat ‘Abdullah bin ‘Umar (ra), que el Mensajero de Dios (sa) se encontró una vez con Hazrat ‘Umar bin Jattab (ra), que iba maldiciendo a su padre mientras viajaba en una caravana. El Santo Profeta (sa) dijo:

“¡Escucha! Dios os prohíbe jurar por vuestros antepasados. “Quien quiera jurar, que jure por Dios, o que guarde silencio”.

El Santo Profeta (sa) no podía tolerar ni la más mínima asociación con la unicidad de Dios Altísimo.

En cuanto al rango de quien recita la profesión de fe, una tradición menciona lo siguiente:

‘Ubaidullah bin ‘Adiyy bin Khiyar relata que Hazrat Miqdad bin ‘Amr al-Kindi (ra), un aliado de los Banu Zuhrah —y uno de los que habían participado en la batalla de Badr junto al Mensajero de Dios (sa)—, dijo que en una ocasión le preguntó al Santo Profeta (sa):

“Dime: si me encuentro con un hombre entre los incrédulos y empezamos a luchar, y él me golpea una mano con su espada y me la corta, y luego se esconde detrás de un árbol y me dice que se he convertido al islam por amor a Dios. Oh, Mensajero de Dios (la paz sea con él), ¿debo matarlo aun así, después de que haya dicho esto (es decir, la Kalimah)?”

El Mensajero de Dios (sa) respondió:

“No lo mates”.

Hazrat Miqdad (ra) dijo:

“¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! Me ha cortado una mano y luego me ha dicho: ‘Nadie merece ser adorado salvo Dios'”.

El Mensajero de Dios (sa) volvió a decir:

“No lo mates. Porque si lo matas, él ocupará el puesto que tú tenías antes de matarlo, y tú ocuparás el puesto que él tenía antes de pronunciar las palabras que acaba de decir”.

Por lo tanto, aunque algunos de los primeros compañeros cometieran tal acto, el Santo Profeta (sa) expresó con firmeza su descontento al respecto. Ahora bien, si observamos la situación de los llamados eruditos de hoy en día, es muy diferente. En Pakistán, la persecución que sufren los áhmadis—a pesar de que recitan la Kalimah— no conoce límites. El Santo Profeta (sa) ya ha dictado sentencia sobre esos opresores en esta misma narración. En cualquier caso, quienes siguen a estos clérigos extremistas deberían reflexionar detenidamente.

A este respecto, en otra narración se menciona que Hazrat Usamah bin Zaid (ra) dijo:

“El Mensajero de Dios (la paz sea con él) nos envió a una expedición. Por la mañana llegamos a Huraqat, en Yuhaina. (Huraqat era el nombre de una aldea de la zona perteneciente a la tribu de Yuhaina). Allí alcancé a un hombre y lo capturé. Él dijo [en árabe: “No hay nadie que merece ser adorado salvo Dios”], pero aun así le golpeé con mi lanza.

Después, sentí una gran inquietud en mi corazón por lo que él había dicho [en árabe] y, sin embargo, yo lo había matado. Así que se lo comenté al Santo Profeta (sa). El Mensajero de Dios (sa) dijo:

“¿Dijo [en árabe] y aun así lo mataste?”

Respondí: “Oh, Mensajero de Dios (sa), solo lo dijo por miedo a morir”.

El Santo Profeta (sa) dijo: “¿Por qué no le abriste el corazón para ver si lo decía de verdad o no?”

“El Santo Profeta (sa) no dejaba de repetirme esto hasta que llegué a desear haberme convertido al islam precisamente ese mismo día”.

En otra narración, Hazrat Yabir (ra) cuenta que un hombre se acercó al Santo Profeta (sa) y le preguntó:

“Oh, Mensajero de Dios (la paz sea con él), ¿qué dos cosas hacen que el paraíso y el infierno sean inevitables?”

El Santo Profeta (sa) respondió: “Quien muera sin haber asociado nada a Dios entrará en el Paraíso; y quien muera habiendo asociado a otros a Dios entrará en el infierno”.

Mahmud bin Labid relata que el Mensajero de Dios (sa) dijo: “Lo que más temo por vosotros es el Shirk sutil”. Los compañeros preguntaron: “Oh, Mensajero de Dios, ¿qué es el Shirk sutil?”

El Santo Profeta (sa) respondió: “Es ostentación (es decir, alardear).” En el Día del Juicio, cuando las personas reciban su recompensa por sus obras, Dios Altísimo les dirá:

“Ve a aquellos ante quienes solías alardear de tus hazañas en el mundo y comprueba si encuentras alguna recompensa entre ellos”.

Si ahora buscan el perdón, deberían pedírselo precisamente a esas personas y ver si reciben alguna respuesta por su parte. Por lo tanto, hacer alarde de las propias obras o halagar a los demás para obtener beneficios mundanos de ellos equivale a asociar a alguien a Dios Altísimo, y esto es Shirk, algo que Dios Altísimo detesta profundamente.

Hazrat Abdullah (ra) relata que cuando se reveló este versículo:

[árabe]

“Aquellos que creen y no mezclan su fe con la injusticia…”, dijeron los compañeros del Santo Profeta (sa): “¿Quién de nosotros no ha cometido alguna injusticia?” Es posible que hayamos cometido injusticias en numerosas ocasiones y que ni siquiera nos hayamos dado cuenta de ello. Entonces Dios Altísimo, reveló:

[árabe]

“En efecto, atribuirle a Dios otros como socios es un grave error”. Así pues, esta respuesta provino de Dios Altísimo, quien declaró que asociarle otros dioses es una gran injusticia. Por lo tanto, depender de cualquier cosa que no sea Dios Altísimo equivale a atribuirle copartícipes. Al entrar en detalles sutiles, debemos examinarnos a nosotros mismos para asegurarnos de que no haya en nosotros ningún indicio de asociar copartícipes con Dios, ya que esto constituye una injusticia muy grave.

En el comentario de Sahih al-Bujari de Hazrat Waliullah Shah Sahib, que hemos publicado, se dice:

[Árabe – Ciertamente, atribuirle copartícipes a Dios es un grave pecado]

El significado de «Zulm» (injusticia grave) es

[árabe]

Poner algo donde no debe estar. Todo tipo de vicio y acto ilícito queda comprendido en el concepto de “agravio grave”. Bajo el título “una forma menor de incredulidad”, el Shirk —es decir, atribuirle compañeros a Dios— ha sido declarado la forma más grave de incredulidad, y se ha calificado incluso a las faltas morales menores como una forma de incredulidad. Este es el significado oculto de todo esto.

A continuación, bajo el título «una forma menor de injusticia”, se ha declarado que asociar compañeros a Dios es la mayor injusticia, y se ha explicado por qué se trata de un pecado tan grave: porque en ello se atribuyen a otros los atributos especiales de la divinidad que pertenecen a Dios  Altísimo. Por ejemplo, hay quienes se equiparan a Dios en la adoración, lo cual es otra forma de expresar el amor y la obediencia, y que, en realidad, es un derecho exclusivo de Dios Altísimo. El ser humano, que era su siervo y fue creado para cumplir su voluntad, se convierte, en cambio, en siervo de sí mismo, o de otro ser humano como él, o incluso de criaturas inferiores, y así se rebaja muy por debajo del rango para el que fue creado.

En lo que respecta a los derechos que se le deben a la humanidad, conceder a otro una posesión indebida es una injusticia; pero en lo que respecta a los derechos de Dios, conceder a otro una posesión indebida es una injusticia aún mayor. (la injusticia no es solo en relación a los derechos que corresponden a los seres humanos, sino que fracasar en cumplir con los derechos que corresponden a Dios, también es una injusticia)

Este concepto de “injusticia” se corresponde con asociar participes con Al’lah. En realidad, asociar coparticipes con Dios destruye el propósito principal del ser humano. Basándose en los versículos y Hadices, el Imam Bujari (que Al’lah esté complacido con él) explicó que la fe completa es aquella que está totalmente libre de la adulteración de asociar copartícipes con Al’lah.

[Árabe]

La fe y la guía perfectas pertenecen únicamente a aquellos cuya fe está libre de cualquier asociación de copartícipes con Dios y de injusticia. La fe no es completa hasta que, por un lado, se acompaña de buenas obras y, por otro, está libre de toda forma de injusticia, pues asociar copartícipes con Dios, el pecado y cualquier tipo de incredulidad la debilitan continuamente. Así pues, este es el estándar para establecer la Unicidad de Al’lah y estar libres de asociar copartícipes con Él, tal como nos lo enseñó el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él).

Abu Hurairah (que Al’lah esté complacido con él) narra que el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Alá sean con él) dijo: “Dios Altísimo dice: ‘El hijo de Adán me negó, y no tenía derecho a hacerlo. Y el hijo de Adán profirió blasfemias contra Mí, y no tenía derecho a hacerlo. En cuanto a su negación, se debió a que dijo: ‘No lo resucitaré’ (es decir, si niega la vida venidera, entonces está negando a Al’lah), ya que yo lo creé al principio. Y en cuanto a sus blasfemias contra Mí, se debe a que dijo: ‘Ha tenido un hijo’, aunque yo soy el único y el más implorado de todos. No engendré ni fui engendrado, y no hay nadie como yo”. Él no engendra, ni fue engendrado, y no hay nadie que comparta Sus atributos.’” Al explicar la Sura Al-Ijlas en un pasaje, el Mesías Prometido (la paz sea con él) afirma: “Al’lah Todopoderoso dice:

[Árabe] Al’lah es el Ser del que todos dependen, pero Él no depende de nadie.

Cabe destacar cuán profundamente se muestra que el Ser Creador está libre de toda asociación mediante esta declaración concisa y breve, que ni siquiera ocupa una oración completa.” Esto significa que declara a Dios Altísimo libre de toda forma de asociarle copartícipes. Su explicación es la siguiente:

“La asociación puede ser de cuatro tipos (desde un punto de vista lógico, asociar socios puede ocurrir de cuatro maneras). Podría ser en cuanto al número (es decir, cuántos: uno, dos o tres), rango (colocando a alguien en un rango superior), descendencia (linaje familiar) o acción y efecto (con respecto a una acción y el efecto resultante). En este capítulo, se ha declarado que Dios está libre de asociación de todos estos tipos. Se ha dejado claro que Él es el Uno en número y no es dos o tres; Él es el implorado de todos; con respecto a su rango y dependencia, solo Él es Autoexistente y es único (con respecto a su posición, necesidades y su dependencia de los demás, Él es completamente puro) y mientras que todo lo demás es contingente y mortal (aquellas cosas que inherentemente terminarán y morirán, pero Él es Eterno) y siempre depende de Él (todo lo que es temporal depende de Él); y Él es [árabe] lo que significa que no tiene hijo que pueda reclamar ser su socio; y Él es [árabe] lo que significa que Él no tiene padre con quien compartir Su poder; y Él es [árabe], lo que significa que nadie puede igualarlo en Sus obras para reclamar asociación con Él por este motivo. Así, se ha aclarado que Dios Todopoderoso está libre de asociados de cualquiera de los cuatro tipos y es Uno, sin asociados.

Hazrat Aisha (ra) narra que el Santo Profeta (sa) designó a un hombre como líder de una expedición militar. Durante la oración, recitaba para sus compañeros y concluía su recitación con [árabe: Di: “Él es Al’lah, el Único”], es decir, recitaba el Sura Al-Ijlas al final. Cuando regresaron, le comentaron esto al Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) dijo: “Pregúntadle por qué hace esto”. Entonces le preguntaron, a lo que él respondió: “Porque contiene los atributos del Dios Misericordioso, y me encanta recitarlo.” El Santo Profeta (sa) dijo entonces: “Infórmenle que Al’lah lo ama.” Puesto que es una proclamación de la Unidad de Dios Altísimo, debe saber que Al’lah también lo ama.

Entre los Compañeros también se encuentran numerosos ejemplos que demuestran el amor a Dios Altísimo y a Su Unidad. En una narración, Hazrat Anas bin Malik (que Al’lah esté complacido con él) relata que un hombre de entre los Ansar solía dirigir la oración en la Mezquita de Quba. Cada vez que recitaba un capítulo, comenzaba con la Sura Al-Ijlas hasta completarlo, y luego recitaba otro Sura, repitiendo este proceso en cada Rak’ah (unidad de oración). El primer incidente ocurrió con un grupo enviado en una expedición; sin embargo, esta era la práctica habitual de un imán de la localidad.

Sus compañeros le dijeron: “Recitas este capítulo y luego consideras que no te basta hasta que recites otro. O recitas solo este, Sura Al-Ijlas, u omítelo y recita otro”. Él respondió: “No abandonaré esta práctica. Si os gusta que os dirija en la oración de esta manera, así lo haré; si no os gusta, os dejaré. No tengo necesidad de dirigir la oración.” Le consideraban el más excelente entre ellos y no querían que nadie más los dirigiera.

Cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) llegó a ellos, le mencionaron este asunto: que esta persona recitaba la Sura Al-Ijlas en cada Rak’ah y antes de cada Sura. El Profeta (la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él) dijo: “¡Oh, hombre!, ¿qué te impide seguir el consejo de tus compañeros y qué te lleva a recitar este capítulo en cada Rak’ah?” Él respondió: “¡Oh, Mensajero de Al’lah (sa), me encanta!” El Mensajero de Al’lah (sa) dijo: “En verdad, tu amor por él te ha permitido entrar en el Paraíso”, es decir, el amor por la Sura Al-Ijlas le había permitido entrar en el Paraíso. El poder espiritual y la enseñanza del Santo Profeta (sa) convirtieron a los Compañeros en un faro que guiaba a otros hacia la Unidad de Dios. En una narración de Sahih al-Bukhari, se afirma que el Santo Profeta (sa) declaró que este capítulo constituía un tercio del Corán, es decir, una tercera parte del mismo.

En su comentario, Hazrat Musleh Maud (que Dios esté complacido con él) escribió que el hecho de que este capítulo sea un tercio del Corán no significa que represente un tercio del volumen físico del Sagrado Corán, sino que su contenido tiene una importancia especial.

Al estudiar el Sagrado Corán y los Hadices, se hace evidente que en los últimos días surgirían dos grandes pruebas: la del Dayyal (el Anticristo) y la de Gog y Magog. Estas dos pruebas confrontarían al islam una tras otra. Una postura sostiene la creencia en tres dioses en lugar del Dios Único —Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo—, y la otra es el materialismo, que niega por completo la existencia de Dios. El Sagrado Corán ha refutado las creencias de ambas posturas y ha expuesto las doctrinas correctas.

El Sagrado Corán está repleto de alabanzas a Dios Padre y afirma que Él es el único Sustentador y el Dios Único; es decir, proclama la alabanza del Dios Único, Dios Altísimo, y afirma Su Unidad. Al mismo tiempo, rechaza categóricamente las nociones de dios Hijo y dios Espíritu Santo. Dios Altísimo niega la existencia de otros dioses además de Él. Así, el Sagrado Corán ha establecido la Divinidad de Dios Padre y ha refutado los conceptos de dios Hijo y dios Espíritu Santo.

Por lo tanto, es evidente que, dado que la afirmación de la Divinidad de Dios Padre constituye un tercio del contenido del Sagrado Corán, la Sura Al-Ijlas también representa un tercio del mismo. En realidad, el propósito del Sagrado Corán es establecer la Unidad de Dios y erradicar las falsas creencias. Por lo tanto, cuando este capítulo, con la mayor claridad y concisión, ha expuesto el tema que refuta las falsas doctrinas, demuestra su falsedad y expone la realidad de la Unidad Divina, entonces este Sura no es simplemente un tercio del Corán, sino que, de hecho, equivale a todo el Corán.

Así pues, la afirmación del Santo Profeta (sa) de que este Sura constituye un tercio del Corán no es una exageración; más bien, dada la importancia de su contenido, lo afirmó debido a su profundo significado.

El Mesías Prometido (la paz sea con él) afirma: “Sabed con certeza, pues, que la certeza del Tauhid solo se alcanza a través de un Profeta, como nuestro Santo Profeta, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, quien convenció a los ateos y paganos de Arabia de la existencia de Dios Altísimo mostrándoles miles de señales celestiales. Incluso hoy, los verdaderos y perfectos seguidores del Santo Profeta, que la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, presentan esas señales a los ateos. Lo que es realmente cierto es que, hasta que una persona no observe el poder viviente del Dios Vivo, Satanás no se aparta de su corazón, ni el verdadero Tauhid entra en él, ni puede convencerse con certeza de la existencia de Dios. Este Tauhid puro y perfecto solo se alcanza a través del Santo Profeta (sa).”

En esta época, incluso aquellos que externamente profesan la creencia en la Unicidad de Dios han apartado la mirada de su verdadera esencia. Aparte de las malvadas artimañas externas de Gog y Magog, internamente, los propios musulmanes han olvidado la verdadera comprensión del Tauhid [Unidad de Dios].

Por lo tanto, en tales circunstancias, era necesario que el siervo devoto del Santo Profeta (sa) apareciera en la forma del Mesías Prometido y Mahdi.

De acuerdo con la promesa de Dios Altísimo, él apareció y se opuso a todo ataque contra el Tauhid [Unidad de Dios].

Por lo tanto, solo podemos cumplir verdaderamente la promesa de nuestro Bai‘at cuando nos convirtamos en verdaderos creyentes del Tauhid [Unidad de Dios]. Cuando el Mesías Prometido (as) estableció la Comunidad el 23 de marzo —y actualmente estamos atravesando el mes de marzo y realizamos varios Yalsas para conmemorar “el Día del Mesías Prometido (as)”— es para recordarnos que el siervo devoto del Santo Profeta (sa) fue enviado por Dios para el establecimiento del Tauhid [Unidad de Dios]. Por lo tanto, al ingresar a esta Comunidad, nos hemos comprometido a permanecer firmes en el Tauhid [Unidad de Dios]. Su verdadera plenitud reside en esforzarnos por establecerla en nosotros mismos, en nuestras familias y en nuestra sociedad.

Que Dios Altísimo conceda a todos los musulmanes la capacidad de aceptar al enviado de Dios Altísimo, para que puedan establecer el Tauhid (la Unidad de Dios) y repeler las malvadas artimañas de Gog y Magog y del Dayyal, que hoy atacan con gran intensidad.

Con respecto al Viaje Nocturno [Isra], Hazrat Abdullah ibn Masud (ra) narra que el Santo Profeta (sa) dijo:

“‘Me encontré con Abraham (as) en la noche del Isra’. Él dijo: ‘¡Oh Muhammad (sa), transmite mis saludos a tu comunidad e infórmales que el Paraíso tiene tierra pura, agua dulce y es una vasta llanura, y sus plantas son: SubhanAllah [¡Santo es Al’lah!], Alhamdulillah [¡Alabado sea Al’lah!], La ilaha illa Allah [No hay más dios que Al’lah] y Allahu Akbar [¡Al’lah es el Más Grande!]’”.

Por lo tanto, un creyente debe reflexionar sobre estos recuerdos con profunda comprensión y con una plena realización del Tauhid [Unidad de Dios], pues en ello reside el éxito. Creemos en Dios como el Único.

En otra narración, Hazrat Anas ibn Malik (ra) relata un Hadith Qudsi. Relata que escuchó al Santo Profeta (sa) decir:

“Al’lah, el Bendito y Exaltado, dice:

‘¡Oh, hijo de Adán! En verdad, mientras me invocasteis y confiasteis en mí, os perdoné, sin importar lo que hayais hecho, y no me importó. (Es decir, a pesar de sus debilidades y faltas, Dios Altísimo les perdonó porque le suplicaban).

‘¡Oh, hijo de Adán! Si tus pecados llegaran hasta las alturas del cielo, y me pidieras perdón, yo te perdonaría y no me importaría. (Sin importar la cantidad de pecados cometidos, Dios Altísimo puede perdonarlos todos, pues Él es el Señor y puede hacer lo que quiera). Pues ‘¡Oh, hijo de Adán! Si vinieras a mí con pecados casi tan grandes como la tierra, y luego te encontraras conMigo sin asociar nada conMigo, yo vendría a ti con un perdón igual a esos pecados.’”

Si una persona tiene pecados tan numerosos como la Tierra, pero no ha cometido politeísmo (Shirk), ha temido a Dios Altísimo, ha proclamado Su unidad y se ha esforzado por actuar conforme a ella, Él le concederá Su perdón. Así pues, Dios Altísimo perdona todos los pecados cuando una persona se vuelve a Él con humildad. Sin embargo, la condición es que uno no cometa politeísmo (Shirk) y cumpla con los derechos que Le corresponden en virtud de Su Divina Unidad. La mera creencia verbal no es suficiente; como mencioné anteriormente, de hecho, debemos demostrar con cada acción que Dios Altísimo es Uno.

Respecto a la elevada condición de Tauhid [Unidad Divina], una narración de Abu Said al-Khudri (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

“El profeta Moisés (as) suplicó: ‘¡Oh, Señor mío! Enséñame algo con lo que pueda recordarte y suplicarte’”.

Dios Altísimo dijo: ‘¡Oh, Moisés! Di: La ilaha illa Allah [No hay más dios que Al’lah]’.

Moisés (as) respondió: ‘¡Señor mío! Todos Tus siervos dicen esto’ (es decir, todos proclaman que no hay más dios que Al’lah).

Dios Altísimo respondió: ‘¡Oh, Moisés! Di: La ilaha illa Allah’”.

Moisés (as) dijo: ‘No hay más dios que Tú, Señor mío, pero yo busco algo en particular para mí’.

Dios Altísimo dijo: ‘¡Oh Moisés! Si los siete cielos y todos sus habitantes, y las siete tierras, se pusieran en una balanza, y La ilaha illa Allah en la otra, entonces La ilaha illa Allah pesaría más que todos ellos’.

Es decir, todas las creaciones de los cielos y la tierra, con toda su bondad, cuando se colocan de un lado, aún serían superadas por la declaración de La ilaha illa Allah [es decir, la Unidad Divina].

Al responder a una objeción y explicar la realidad del credo islámico de que “no hay más dios que Al’lah”, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Su afirmación de que el Santo Profeta (sa) enseñó que recitar las palabras

لا الہ الا اللہ

[Arabe – No hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah]

disipa todos los pecados, es absolutamente cierto. En efecto, es cierto que quien considera a Dios como Uno solo, sin socio, y cree que Muhammad, el Elegido, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, ha sido enviado por el mismo Dios Omnipotente y Único, entonces, sin duda alguna, si dicha persona llega a su fin manteniendo esta creencia, seguramente alcanzará la salvación. No existe salvación alguna bajo el cielo a través del suicidio de otra persona. ¡Ciertamente No! ¿Y quién podría estar más loco que alguien que siquiera contempla semejante idea? Sin embargo, sostener la creencia de que Dios es Uno y no tiene socio, y que es tan Compasivo que, mostrando gran misericordia, envió a Su Mensajero, cuyo nombre es Muhammad, el Elegido, la paz y las bendiciones de Al’lah sean con él, para liberar al mundo de su error, es una doctrina tal que creer en ella disipa la oscuridad del alma, se elimina el egoísmo y el Tauhid [la Unicidad de Dios] toma su lugar. Y, en última instancia, la pasión del Tauhid envuelve de tal manera el corazón que la vida en el Paraíso comienza en este mismo mundo. Así como ves que la oscuridad no puede sobrevivir cuando llega la luz, de la misma manera, cuando la luminosidad de [Arabe]

cae sobre el corazón de una persona se extinguen, por así decirlo, todas las pasiones de la oscuridad del ego. La realidad del pecado no es otra que la existencia de una cacofonía de pasiones egoístas mezcladas con rebeldía, y una persona es etiquetada como pecadora cuando se encuentra en estado de sumisión a ellas. (Cuando una persona actúa en contra de esto, se la tacha de pecadora).

Y los significados de [árabe]

que entendemos del uso de los léxicos árabes son [árabe]

Es decir, que, a excepción de Dios, no hay nadie a quien desee, a quien ame, a quien adore o a quien obedezca. Ahora bien, resulta evidente que estos significados están completamente en desacuerdo con la esencia del pecado y la verdadera fuente del pecado. Por lo tanto, quien permite que estos significados habiten su alma con sincera devoción (y estas son palabras que merecen una profunda reflexión), verá cómo el significado opuesto [es decir, la sumisión a ídolos falsos] necesariamente desaparece de su corazón (nada más permanecerá en el corazón de tal persona, pues actuará de acuerdo con los mandamientos de Dios y reconocerá Su Unicidad), ya que dos opuestos no pueden coexistir.

Así pues, cuando las pasiones egoístas se purifican, se alcanza precisamente el estado que se denomina verdadera piedad y auténtica rectitud. Y la necesidad de creer en el enviado por Dios —que es el propósito de la segunda parte de esta declaración de fe— implica que también se debe alcanzar la fe en la palabra de Dios. Esto se debe a que es necesario que quien declara su deseo de obedecer a Dios crea también en Sus mandamientos. Y no es posible creer en Sus mandamientos sin creer en la persona a través de quien los mandamientos vinieron al mundo.(También es necesario creer en el portador de las enseñanzas divinas). Este es el verdadero significado de esta declaración de fe”.

Hazrat Abu Musa al-Ashari (ra) narra que un día el Santo Profeta (sa) se dirigió a nosotros y dijo: “Tened cuidado con el shirk, pues es más sutil que la huella de una hormiga”. Es decir, es más sutil que la huella que deja el pie de una hormiga. Alguien preguntó: “¡Oh Mensajero de Al’lah!, ¿cómo podemos protegernos de él si es más sutil que la huella de una hormiga?” El Santo Profeta (sa) respondió: “Recitad esta oración: [Árabe]

¡Oh, Al’lah, nos refugiamos en Ti de asociar conscientemente cualquier cosa contigo, y te pedimos perdón por lo que hacemos sin darnos cuenta”. Siempre buscad ayuda.

Hazrat Abdul Rahman bin Abza relata que el Santo Profeta (sa) recitaba esta súplica al despertar por la mañana: [Árabe]

“Hemos comenzado el día en estado natural del islam, en la palabra de sincera devoción al Tauhid, en la religión de nuestro Profeta Muhammad (sa) y en el camino de nuestro padre Abraham, quien fue recto, musulmán y no politeísta”. Al despertar, debemos siempre recordad a Al’lah.

Hazrat Abdullah bin Masud (ra) relata que al anochecer, el Mensajero de Dios (sa) recitaba: [Árabe]

“Nosotros y toda la creación hemos entrado en la noche por la causa de Al’lah. Toda alabanza sea para Al’lah. No hay más dios que Al’lah; Él es Uno y no tiene socio”.

Abdullah bin Buraidah al-Aslami narra de su padre que el Santo Profeta (sa) escuchó a un hombre suplicando y diciendo: “¡Oh, Al’lah! Te pido en virtud de mi testimonio de que Tú eres Al’lah; no hay más dios que Tú. Tú eres el Único, Autosuficiente, Quien no engendra ni es engendrado, y nadie es igual a Él”. Al oír esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “Por Aquel en cuyas manos está mi alma, ha pedido a Al’lah por Su Nombre Más Grande”. Cuando se suplica a través de el, Él responde; y cuando se pide a través de el, Él concede.

Hazrat Asma bint Umais (ra) relata que el Mensajero de Al’lah (sa) le dijo: “¿Acaso quieres que te enseñe las palabras que debes recitar en tiempos de dificultad y aflicción?” Son: [árabe]

“Al’lah, Al’lah es mi Señor. No asocio a nada con Él.”

Cuando la gente pregunta qué debe recitar en momentos de dificultad, esta es una de las súplicas.

En otra narración, Hazrat Ibn Abbbas (ra) relata que en momentos de dificultad, el Santo Profeta (sa) recitaba: [árabe]

“No hay Dios sino Al’lah, el Más Grande, el Sumo Paciente. No hay Dios sino Al’lah, el Señor de los Cielos y la Tierra, el Señor del Magnífico Trono”.

Observad la sutileza con la cual el Santo Profeta (sa) enseñaba a establecer la Unidad de Dios. Según otra narración, Abu Rimsah (ra) relata que su padre le dijo al Mensajero de Al’lah (sa): “Muestreme la marca de su espalda —se refería al Sello del Profetazgo— puesto que soy un médico.” El Santo Profeta (sa) respondió: “El verdadero médico es Al’lah. Tu eres simplemente un compañero que porporciona comodidad y consuelo. El médico es Aquel que te ha creado y solo Él es capaz de curar.”

Hazrat Ubadah bin Samit (ra) relata que el Mensajero de Al’lah (sa) dijo: “Quienquiera que de testimonio de que no hay dios sino Al’lah, Él es Único y no tiene compañero, y de que Muhammad (sa) es su Siervo y Su Mensajero, y de que Jesús es un siervo de Al’lah y el hijo de Su sierva, y que la palabra y el espíritu que le concedió a María proceden de Él, y de que el paraíso y el infierno son reales, Al’lah le admitirá en el paraíso a través de cualquiera de las ocho puertas que él desee.”

Umar bin Hani relata la misma narración con la misma cadena de transmisión y la corrobora, y además afirma que el Santo Profeta (sa) dijo: “Cualesquiera que hayan sido sus acciones, Dios le admitirá en el paraíso.” Sin embargo, no corroboró la afirmación sobre las ocho puertas del paraíso. Es decir, en la segunda narración, no se menciona la referencia a las ocho puertas.

Hazrat Ibn Umar (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “El islam se basa en cinco cosas: que solo se debe adorar a Al’lah y que cualquier otro ser debe ser rechazado como objeto de adoración; la consolidación de la oración (Salat); el pago del Zakat; la peregrinación a la Casa de Al’lah; el ayuno en Ramadan.”

Hazrat Yasirah (ra), una de las migrantes femeninas, relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “Os corresponde a vosotras, oh mujeres, permanecer ocupadas en el Tasbih (santificar a Dios), Tahlil (enviar saludos), y Tadis (glorificar a Dios), y que no lo descuidéis, no sea que olvidéis la Unidad de Dios. Contad con vuestros dedos, ya que ciertamente vuestros dedos serán interrogados en el Día del Juicio y tendrán que prestar declaración.” Es decir, debemos mantener la cuenta mientras recordamos a Al’lah, proclamamos Su Pureza, declaramos Su Unidad, y le glorificamos.

Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) jamás perdió una oportunidad, cuando tenía una reunión, asamblea o estuviera en cualquier grupo, de inculcar en los corazones de su gente la verdad de la unidad divina y la grandeza de Al’lah.

En este sentido, Hazrat Musleh Maud (ra) declaró una vez en un sermón: “El Santo Profeta (sa) fue tan ferviente en este asunto que incluso sus oponentes reconocen que cuando estaba de pie, sentado o caminando, continuamente proclamaba el nombre de Dios.

Un historiador francés escribe que a pesar de las acusaciones que se realizan en contra de Muhammad (sa), —el historiador francés dice— hay un aspecto que resalta de él (refiriéndose al Santo Profeta (sa)) que no se aprecia en ninguna otra persona desde que ha sido creado el mundo. Afirma que desde el momento en el que el Santo Profeta (sa) declaró ser profeta hasta el momento de su muerte, solo permaneció una palabra en su lengua, y la palabra era “Al’lah”. Parece como si hubiese sido consumido por una única pasión, incluso una especie de obsesión: establecer la creencia en Dios y mostrarle ante el mundo.

Por lo tanto, aquellos que describen esta condición del Santo Profeta (sa) como una forma de “obsesión” aun así reconocen que su misión principal y fundamental era establecer la creencia en Dios y Su Unidad. Incluso si se denomina obsesión, ciertamente una “obsesión” como esta hizo que las generaciones futuras reconocieran a su portador como un ser perfecto; o al menos reconocieron que una persona que dedica el día y la noche en proclamar el nombre de Dios, y que se esfuerza continuamente en consolidar Su Unidad y atributos, no puede ser una persona malvada.

En cualquier caso, si nos fijamos en este aspecto del Santo Profeta (sa) queda claro que el propósito de su advenimiento —es más, el propósito del advenimiento de todos los profetas— es erradicar el shirk, establecer la creencia en Dios, y promover la enseñanza de Su Unidad en todo el mundo.”

En otro lugar, Hazrat Musleh Maud (ra) escribe: “Debemos tener en mente que, no importa lo exaltado que sea el rango del Santo Profeta (sa), y no importa lo profundo que sea nuestro amor por él, (mencionó esto en un sermón) el rango de Dios Altísimo es infinítamente más alto que el suyo. Al’lah es eterno e imperecedero, mientras que Muhammad (sa) es una de las mayores manifestaciones de Su gracia.

Atribuir al Santo Profeta (sa) un rango que disminuya el rango de Al’lah sería, de hecho, un acto de enemistad hacia él, ya que él mismo jamás aprobó que le concedieran un rango más altto oque el de un dios.”

Tal y como se ha mencionado antes en un Hadiz, nunca aprobó ser elevado por encima de Al’lah, y cada aspecto de su vida da testimonio de ello. Todos los logros que consiguió fueron tan enormes que ningún ser humano es capaz de lograrlos de forma independiente, y únicamente pueden ser logrados a través del poder de Al’lah. Incluso los hombres más poderosos son incapaces de tales hazañas. Aun así, cuando estaba sufriendo la agonía de la muerte —en un momento de gran dolor—, Hazrat Aisha relata: “Pensaba que una persona que experimentaba gran sufrimiento en el momento de su muerte no era una buena persona (pensaba que si una persona agonizaba en su lecho de muerte, no era una buena persona). Sin embargo, cuando vi la condición del Santo Profeta (sa), me sentí obligada a cambiar de opinión. Incluso en este estado de sufrimiento extremo, era tan consciente del rango de Dios Altísimo que, siendo conocedor del amor intenso que sus seguidores tenían por él, y por temor a que exageraran su rango, él mismo repitió una y otra vez:

“Que Al’lah maldiga a los judíos y cristianos, por crear lugares de adoración de las tumbas de sus profetas.”

Continuó repitiendo estas palabras continuamente. Por lo tanto, la última lección que impartió a su gente fue: “No me otorguéis un rango que pueda conducir al shirk.” Si lo hacéis, no penséis que estaré satisfecho; al contrario, mi alma maldecirá a aquellos que cometan un acto así.”

Entonces, atribuirle un rango que deshonre al rango de Al’lah, incluso si es en relación al propio Santo Profeta (sa), no merece su satisfacción, sino que invita a su maldición. Y una maldición pronunciada en el lecho de muerte es de suma gravedad.

Incluso aquellos que no siguen una religión verdadera —como lo hacen muchos hindúes— temen las maldiciones que se realizan en el lecho de muerte. La gente teme incluso las súplicas y las maldiciones de sus padres cuando fallecen. Por lo tanto, reflexionad sobre lo trascendental de las palabras pronunciadas por el Santo Profeta (sa), el jefe de todos los profetas, en su lecho de muerte. Reflexionad sobre la gravedad de esta advertencia, y lo necesario que es para nosotros protegernos de ella.

A pesar de que este tipo de prácticas no se realiza en el lugar de descanso bendito del Santo Profeta (sa), como ya he mencionado anteriormente, si que se realiza en los santuarios de santos y otros supuestos hombres de fe. Estas prácticas caen bajo la misma maldición que pronunció el Santo Profeta (sa).

Por lo tanto, nosotros que reclamamos seguir al verdadero siervo del Santo Profeta (sa) debemos ser especialmente conscientes. Debemos esforzarnos por comprender la verdadera realidad de la unidad divina, comprender la angusita preocupación profunda que el Santo Profeta (sa) sentía por querer consolidarla, y debemos hacer todo el esfuerzo posible para convertirnos en verdaderos monosteístas. ¡Que Dios Altísimo nos conceda la capacidad de hacer esto!

Las condiciones de la guerra en el mundo también se están volviendo cada vez más severas. Estados Unidos e Israel están resueltos en establecer su supremacía en el mundo, particularmente en el mundo musulmán. Tal y como afirmó el primer ministro de Israel, al comienzo del conflicto en Palestina, el mapa de la región e incluso del mundo árabe quedará alterado. Estos son ciertamente intentos de restructurar el panorama geopolítico, y el mundo musulmán debe despertar y darse cuenta del rumbo que están tomando estas fuerzas. Es absolutamente esencial que haya unidad entre las naciones musulmanas.

Hay informes que apuntan hacia el hecho de que Pakistán está tratando de intermediar entre Iran y otros países para establecer la paz con Estados Unidos. Pakistán está haciendo estos esfuerzos a la vista de las pérdidas que están teniendo los países árabes. Sin embargo, ciertas facciones en Irán han desarrollado ciertas sospechas en relación a estos esfuerzos. Algunos expertos y analistas en Irán incluso afirman que Pakistán está apoyando la formación de fuerzas americanas o ayudando a grupos que puedan actuar en contra de Irán a lo largo de su frontera. Tales afirmaciones carecen de fundamento. Pakistán las ha rechazado tajantemente. El enemigo trata de aprovecharse de estas circunstancias para crear discordia, para que los países musulmanes nunca puedan unirse o apoyarse unos a otros.

Por lo tanto, es sumamente necesario realizar oraciones. ¡Que Al’lah nos conceda la capacidad de orar sinceramente en este sentido también, y que Él permita que las naciones musulmanas formen un lazo de unidad verdadera!

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