La lucha inquebrantable del Profeta (sa) por la unidad divina
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La lucha inquebrantable del Profeta (sa) por la unidad divina

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Sura al-Fatiha, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

En los sermones anteriores habíamos estado aprendiendo sobre el sincero anhelo del Santo Profeta (sa) de establecer el Tauhid [Unicidad de Dios] en el mundo, su empeño, su valentía, cómo permaneció firme como una roca inquebrantable frente a toda forma de Shirk [asociar socios con Dios] y cómo proclamó la verdad frente a los conceptos de Shirk de cada nación y sus enseñanzas.

A este respecto, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Debemos pensar en cómo, hasta su último aliento, el Santo Profeta (sa) se aferró con firmeza e inquebrantable determinación a su pretensión de ser profeta frente a innumerables peligros y tantos enemigos, detractores y amenazas. La persecución y las penurias que soportó durante años parecían desanimar cualquier posibilidad de éxito, y aumentaban día tras día. Su respuesta paciente ante ellos descarta claramente cualquier plan encaminado a obtener beneficios materiales. Por el contrario, en el mismo instante en que se proclamó profeta, perdió incluso el escaso apoyo con el que ya contaba (es decir, perdió incluso a sus seres queridos). Con un solo anuncio, se granjeó innumerables enemigos y se acarreó incontables tribulaciones. Se vio obligado al exilio, perseguido por enemigos sedientos de sangre; su casa y sus propiedades fueron destruidas, y se realizaron repetidos intentos de envenenarlo. Quienes antes le deseaban lo mejor se volvieron contra él, y los amigos se convirtieron en enemigos. Las graves dificultades que soportó durante tanto tiempo y con tanta fortaleza no podrían haber sido toleradas por un impostor engañoso”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Tal era su veracidad y franqueza que no dudó en proclamar el Tauhid [la Unicidad de Dios], incluso a costa de enemistarse con todos los pueblos y tribus; en realidad, con todo el mundo idólatra. Sus propios parientes fueron los primeros en oponerse a él cuando les prohibió la adoración de ídolos. La comunidad judía se convirtió en su enemigo más acérrimo y conspiró continuamente para asesinarlo cuando él intentó apartarlos de diversas formas de adoración de las criaturas, del seguimiento ciego de los santos, de múltiples prácticas erróneas y de la blasfemia contra el Mesías (Jesús [as]) (el Santo Profeta [sa] prohibió a la comunidad judía hablar mal de Jesús [as] y esto incendió sus corazones). Los cristianos se sintieron igualmente ofendidos cuando declaró que, contrariamente a sus creencias, Jesús (as) no era ni Dios ni el hijo de Dios, ni tampoco expió sus pecados mediante la crucifixión. Los adoradores del fuego y de las estrellas también se enfurecieron cuando les prohibió rendir culto a sus deidades y, en cambio, los exhortó a volverse hacia el Dios Único para su salvación”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Ahora bien, honestamente, ¿son estos los medios por los cuales cabría esperar alcanzar el éxito en este mundo?” (se alegaba en aquel entonces que el Santo Profeta (sa) pretendía alcanzar el éxito mundano). Cada comunidad escuchó cosas tan claras e hirientes que se unieron para oponerse a él con toda ferocidad, quebrantando sus corazones, y antes de que hubiera llegado a ser un líder o dispusiera de algún tipo de fuerza para contrarrestar esta oposición, agitó a todas las naturalezas de tal forma que anhelaban beber su sangre. Incluso hoy en día, los orientalistas y los opositores al i slam formulan las mismas acusaciones contra el Santo Profeta (sa). Sin embargo, al hacerlo, no se preguntan por qué alguien se sometería a tales circunstancias para obtener algo”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“¿No habría sido más acorde con las costumbres del mundo criticar a unos y alabar a otros? (si uno tuviera que seguir las prácticas comunes del mundo hasta tal punto, entonces, así como algunos fueron declarados falsos, otros también podrían haber sido declarados veraces para complacerlos), de modo que, donde tuviera enemigos, también tuviera algunos amigos.

Por ejemplo, si hubiera admitido ante los árabes que Lat y Uzza eran dioses verdaderos, le habrían obedecido y seguido sin cuestionarlo, pues era un pueblo que otorgaba gran importancia a los lazos familiares y tribales, así como al honor nacional (eran parientes y pertenecían a la misma tribu, y siempre estaban dispuestos a hacer cualquier sacrificio por este motivo). Estaban de acuerdo con todo lo que [enseñó el Santo Profeta (sa)]. Lo único que necesitaba era permitir que la idolatría asegurara su obediencia sincera (si simplemente les hubiera dicho que estaba bien que adoraran ídolos, se habrían dado por satisfechos y le habrían obedecido plenamente. Esta es la petición que le presentaron).

Por lo tanto, conviene reflexionar: ¿Qué conveniencia mundana pudo haber llevado al Santo Profeta (sa) a enemistarse con todos y cada uno por mantenerse firmemente aferrado al Tauhid, un credo profundamente impopular en aquel momento y cuya profesión acarreaba numerosos problemas e incluso el riesgo de muerte? ¿Qué motivo terrenal podía tener para seguir insistiendo en una doctrina que le había despojado de todo y cuya mera expresión podía provocar que los nuevos conversos al islam sufrieran confinamiento, torturas y apaleamientos? (el no solo tuvo que soportar el sufrimiento al proclamar la unicidad de Dios, sino que sus seguidores también tuvieron que afrontarlo).

¿Cómo podría alguien aspirar al éxito material diciendo a la gente aquello que va en contra de su temperamento, sus costumbres y sus creencias, convirtiéndolos así en sus enemigos mortales, y sin mantener vínculo alguno con nadie? ¿Es así como urden sus planes los tramposos y mentirosos? (es decir, aquellos impulsados por la codicia, que ambicionan algo o pretenden demostrar astucia o sagacidad). ¿Acaso los intrigantes convierten a sus amigos en enemigos? ¿O es que quienes planean obtener recompensas materiales mediante sus ingeniosos artificios desafían al mundo entero a la vez y viven en un miedo constante por sus vidas? Lejos de ello, están deseosos de complacer a todo el mundo y ansiosos por otorgar el certificado de verdad a todas las religiones. No está en su naturaleza mostrar firmeza por amor a Dios ni esforzarse por preservar su fe en Su unicidad y grandeza. En efecto, ¿por qué habrían de hacerlo cuando su objetivo es tender sus redes donde la presa resulte más fácil de atrapar (si desean capturar a alguien o someterlo mediante el engaño, tienden trampas como un cazador) y emplear tácticas que requieran el menor esfuerzo y produzcan la mayor ganancia material? La hipocresía es su profesión y la adulación, su costumbre. Su principio predilecto es la persuasión y el granjearse el favor los ladrones y sus cómplices. Dicen “Al’lah, Al’lah” con los musulmanes con la misma naturalidad con la que corean “Ram, Ram” con los hindúes. Están fácilmente de acuerdo con todo el mundo (se adaptan a cada situación).

No guardan relación alguna con Dios ni les inquieta mostrarle fidelidad. Jamás buscarían pruebas ni tribulaciones que introdujeran dolor y angustia en su plácida vida. Su mentor les ha inculcado una sola cosa: decir a todos que están de acuerdo con sus creencias, opiniones y puntos de vista. No les preocupa lo correcto o lo incorrecto, la verdad o la falsedad, ni el bien o el mal. Quien les unta las manos es bueno, virtuoso y un caballero; a quien los halaga para alimentar su ego se le anuncian las buenas nuevas de la salvación, el cielo y la vida eterna (se convierten en todo para ellos.)

Por otro lado, resulta muy evidente, al estudiar la vida de Hazrat Jatamul-Anbiya’ [el Sello de los Profetas] (sa), que poseía el más elevado grado de rectitud e integridad. Siempre estuvo dispuesto a sacrificar su vida por Dios. Se hallaba completamente libre tanto del temor como de la esperanza que le inspiraban los hombres y depositaba su confianza únicamente en su Señor.

Su sumisión y devoción a la voluntad de Dios eran tan completas que proclamó Su unicidad sin temor a las calamidades que habrían de sobrevenirle, ni al dolor y sufrimiento que tendría que soportar a manos de los idólatras. Al cumplir el mandato de su Señor, aceptó toda tribulación, dificultad y aflicción. Sin dejarse amedrentar por las amenazas, sin darles consideración alguna, cumplió con todos los requisitos del ejercicio espiritual, la predicación y la exhortación.

En verdad os digo que, a lo largo de la historia de todos los demás profetas, no hay uno solo que haya demostrado tanta confianza en Dios, proclamado Su unicidad, prohibido la idolatría ante tanto peligro y permanecido siempre firme y constante frente a tantos enemigos (si observáis la historia de los profetas, no encontraréis ninguno tan firme como él).

Cualquiera que reflexione sobre estos acontecimientos con un mínimo de honestidad encontrará en ellos un testimonio de la verdad interior del Santo Profeta (sa).

Tras una reflexión más profunda, una persona razonable también llegará a comprender que la época en la que apareció el Santo Profeta (sa) necesitaba urgentemente un gran reformador celestial y un guía espiritual, y que las enseñanzas que trajo eran ciertamente verdaderas, satisfacían todas las necesidades del momento y abarcaban todos sus requisitos (la época estaba tan corrompida que se necesitaba un guía, un reformador, un líder, y fue entonces cuando él llegó, en ese mismo tiempo). Sus enseñanzas satisfacían todas las necesidades del momento y abarcaban todos los requisitos de la era. Su enseñanza fue tan eficaz y contundente que cientos de miles de personas se sintieron atraídas hacia la verdad, y las palabras

[Árabe]:

‘No hay más dios que Al’lah’ quedaron grabadas en sus corazones. El objetivo último del Profetazgo -que consiste en impartir enseñanzas que conduzcan a la salvación- fue cumplido a la perfección [por el Santo Profeta (sa)]. Esto supera con creces todo lo que cualquier otro profeta haya logrado jamás.

Cualquiera que reflexione sobre ello reconocerá espontáneamente que el Santo Profeta (sa) es el verdadero guía enviado por Dios. No hay remedio para quienes se empeñan en negar la verdad por prejuicio y obstinación -esas personas niegan incluso la existencia de Dios-, pero es imposible encontrar, en la vida de ningún otro profeta, ni siquiera una sola de esas señales de la verdad que abundan en el Santo Profeta (sa). Si alguien piensa lo contrario, que dé un paso al frente”.

El Mesías Prometido (as) añade:

“Los hindúes alaban los Vedas, considerándolos la suma total de toda guía, al tiempo que niegan la veracidad de todas las demás escrituras y profetas. Además, los cristianos consideran que los Evangelios son la última palabra, olvidando que el valor de un texto sagrado solo puede medirse en la medida en que afirma la Unicidad de Dios. Solo un libro que destaque por establecer la unicidad de Dios puede considerarse de mayor valor (el verdadero propósito de una escritura divina es establecer el Tauhid). Por eso, quien niega el Tauhid, aunque sea un modelo de virtud, no puede alcanzar la salvación (si una persona posee todas las virtudes, pero niega la unicidad de Dios, entonces, a los ojos de Dios, no podrá alcanzar la salvación).

Por lo tanto, estas personas deberían preguntarse primero: ¿cuál de estos libros ha contribuido más a promover el concepto de la Unicidad de Dios, del que depende la salvación? ¿Puede presumir la tradición védica de haber introducido la idea de la Unicidad de Dios en algún país? No hay ningún lugar en el que los Evangelios se hayan convertido en el medio para difundir el Tauhid. Por el contrario, sus seguidores consideran que los monoteístas no son dignos de la salvación. Sus sacerdotes anuncian a los monoteístas un Infierno tenebroso (afirman que quienes siguen el Tauhid, creen en un solo Dios y rechazan la Trinidad serán arrojados al fuego), donde habrá mucho llanto y crujir de dientes.

Según ellos, solo se salvarán de este fuego negro aquellos que crean que Dios sufre la muerte, el sufrimiento, el hambre, la sed y el dolor, y que se encarnó en un cuerpo mortal; de lo contrario, no hay esperanza de salvación (es decir, refiriéndose a Jesús [as]). En otras palabras, creen que el Paraíso de su imaginación se repartirá entre las dos grandes naciones de Europa: los británicos y los rusos.

Ahora, otras grandes naciones se están sumando a esto; Estados Unidos también lo afirma; de hecho, algunos partidarios del presidente de Estados Unidos sostienen que Trump es la segunda venida de Jesús -Dios lo prohíba-“.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Se dividirá en dos, y todos los monoteístas serán arrojados al Infierno por el delito de considerar que Dios está libre de todo defecto e imperfección. Lo que pretendo demostrar con todo esto es que el Tauhid, en su forma más pura, no se encuentra en ningún pueblo de la faz de la tierra, salvo entre los seguidores del Santo Profeta (sa). No hay ningún libro en la tierra, salvo el Sagrado Corán, que haya conducido firmemente a millones de personas hacia esta doctrina sagrada y que guíe a la humanidad con tanta reverencia hacia el Único Dios Verdadero. Las personas de todas las religiones han inventado dioses artificiales, mientras que el Dios de los musulmanes es el Dios Único, Eterno e Inmutable, cuyos atributos son hoy los mismos que siempre han sido. Todo esto demuestra, sin lugar a dudas (tan claro como el sol), la veracidad del Profetazgo del Fundador del Islam (sa), pues solo en su bendita persona se cumplen de manera evidente la esencia y el propósito del Profetazgo. Así como se reconoce al creador por su obra, los sabios y los entendidos reconocen a este Reformador Divino por la reforma que ha llevado a cabo (si un inventor ha creado algo, ya sea una pequeña pieza o cualquier otra cosa, se le juzgará en función de la calidad de dicha creación). Del mismo modo, se puede reconocer a un reformador divino según las enseñanzas del Tauhid. Existen innumerables signos más que demuestran que el Santo Profeta (sa) contaba con el apoyo divino. Por ejemplo, ¿no es acaso un milagro que un huérfano pobre, indefenso, sólo y analfabeto llegara con una enseñanza tan iluminada -en una época en la que las naciones poderosas se enorgullecían de su fuerza económica, militar e intelectual- y que las dejara sin palabras con su lógica y sus argumentos impecables, llegando incluso a señalar los errores de sus supuestos eruditos y filósofos? ¿Acaso no derrocó, a pesar de su vulnerable situación, a poderosos gobernantes y los sustituyó por gente común? Si eso no era una señal de ayuda divina, ¿qué otra cosa podría ser? ¿Es posible que alguien pueda vencer al mundo entero en cuanto a razón, conocimiento, poder y fuerza sin el apoyo divino?”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“La historia atestigua claramente, al igual que diversos versículos del Sagrado Corán, que el Santo Profeta (sa), apareció en una época en la que la idolatría, la adoración de las criaturas y todo tipo de creencias erróneas imperaban en el mundo. Todos los hombres habían abandonado los principios verdaderos y se habían desviado del camino recto, y los seguidores de todas las confesiones religiosas no hacían sino seguir sendas de su propia invención. Los árabes se hallaban sumidos en el culto a los ídolos; los persas se postraban ante el fuego (los iraníes de aquella época eran adoradores del fuego); y los indios habían sucumbido a centenares de formas de culto a las criaturas, además de a la idolatría. Fue en aquella época cuando se redactaron diversos escritos y antiguos libros que contenían mitos en los que se deificaba a numerosos hombres de Dios, sentando así las bases para el culto a los avatares. Según ha admitido el reverendo John Davenport y otros muchos eruditos de prestigio, el cristianismo se encontraba en el peor estado de todos (así lo mencionaron John Davenport y otros historiadores cristianos en la época del Mesías Prometido [as]). Se había corrompido gravemente el cristianismo a causa de la inmoralidad y la infidelidad de su clero y, además, sus doctrinas elevaban no a uno o dos, sino a varios al rango de dioses.

El hecho de que el Santo Profeta (sa) apareciera en una época de decadencia espiritual, en la que se sentía profundamente la necesidad de un gran sanador y reformador espiritual, así como de una guía divina extraordinaria, y que, con su llegada, iluminara el mundo con la luz del Tauhid y la rectitud de conducta, poniendo fin a la idolatría y a la adoración de las criaturas -que es la madre de todos los males-, constituye una clara evidencia de que no solo fue un verdadero Profeta de Dios, sino el más grande de todos los Profetas.

Su veracidad es evidente porque, en aquellos tiempos de oscuridad, la ley de la Providencia exigía un portador de luz, y la práctica eterna de Dios mismo requería que Él enviara al mundo a un verdadero guía (es práctica eterna de Dios Altísimo que, cuando la gente se descarría, Él envíe a Sus profetas). Es ley eterna de Dios que, cuando el sufrimiento y las penurias alcanzan su punto álgido, Su Misericordia se despierta y Él crea los medios para aliviar los males del mundo. Por ejemplo, cuando la sequía provoca una grave hambruna y la gente está a punto de perecer, Dios, el Noble, hace que llueva; cuando hay una epidemia y miles de personas comienzan a morir, Él dispone que se encuentre algún medio para purificar el aire o algún remedio; cuando una nación está sometida a un tirano, este acaba siendo sustituido por un gobernante justo y benevolente.

Del mismo modo, cuando las personas se apartan del camino de Dios y renuncian al Tauhid y a la adoración de Dios, Él suscita a alguien a quien concede una visión perfecta y honra con Su palabra y Su revelación, con el fin de guiar a la humanidad y poner remedio al mal que se ha producido. La verdad es que Dios es el Sustentador del que dependen la existencia y la continuidad del universo. No priva a Sus criaturas de Sus atributos benévolos ni los suspende; antes bien, estos entran en acción de inmediato cuando se requieren.

Habiendo llegado a la conclusión lógica e inevitable de que, cada vez que una calamidad azota al mundo, entra en acción un atributo divino opuesto para quebrar su dominio; y habiendo aprendido de la historia, de la propia admisión de los oponentes [del islam] y de las pruebas textuales del Sagrado Corán que, en la época del Santo Profeta (sa), el mundo se hallaba sumido en la agitación porque todas las personas habían dado la espalda al camino recto del Tauhid, la sinceridad y la piedad; y sabiendo que el hombre que liberó al mundo de la oscuridad de la idolatría y el politeísmo y estableció el Tauhid no fue otro que el Santo Profeta (sa), no podemos sino llegar a la conclusión de que el Santo Profeta (sa) es un verdadero guía enviado por Dios.

Por lo tanto, fue el Santo Profeta (sa) quien estableció la Unicidad Divina en su forma verdadera y perfecta en el mundo”.

En sermones anteriores ya he expuesto numerosos hechos que demuestran con qué fervor se esforzó el Santo Profeta (sa) por establecer el Tauhid [la unicidad de Dios]. Asimismo, en esta época observamos que, de acuerdo con la promesa de Dios Altísimo, Él ha encomendado al verdadero y ferviente devoto del Santo Profeta (sa) la tarea de restablecer la Unicidad Divina.

En esta época, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian (as) -quien es el Mesías Prometido y el Mahdi- fue la encarnación viva de las enseñanzas y la Sunna del Santo Profeta (sa). Su corazón, en total obediencia a su Maestro, estaba colmado de un profundo y sincero anhelo de difundir la Unicidad Divina.

En consecuencia, encontramos numerosos ejemplos de ello tanto en sus escritos como en su vida cotidiana. A continuación, presentaré algunos de ellos.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Dios Altísimo nos ha tratado de una manera sumamente maravillosa. Esta revelación que me ha sido otorgada:

[Árabe]

“Tú eres para Mí como Mi Unidad y Mi Unicidad” es de una naturaleza única. No he visto anteriormente tales palabras en ninguna expresión revelada.

Su significado, según entiendo, es que una persona elegida en un momento en que la Unidad Divina ha sido gravemente deshonrada y contemplada con extremo desprecio, se convierte, por así decirlo, en la encarnación misma de la Unidad”.

El Mesías Prometido (as) mencionó esto en una reunión en cierta ocasión, y fue citado de esta manera por un periódico [de la Comunidad]. Otro periódico [de la Comunidad], Al-Badr, ha registrado esto con mayor detalle de la siguiente manera:

“Esta intensa sed por el establecimiento de la Unidad Divina que se concede a una persona elegida es tal que deja de lado todos sus fines y objetivos personales, quedando completamente absorto en su causa; de hecho, se convierte en una manifestación viva del Tauhid. En su levantarse, sentarse, en su movimiento y quietud, y en cada palabra y acción, la llama de la Unidad Divina arde en su interior”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Cada persona se fija alguna meta u objetivo, pero el propósito de alguien así -que está inmerso en el amor de Al’lah- no es otro que el establecimiento de la Unidad Divina. Da precedencia a la Unidad Divina incluso por encima de sus deseos naturales y necesidades personales, colocando todas sus necesidades en un segundo plano. Así como cada persona tiene un ídolo en la forma de su objetivo, por el cual se esfuerza, aun así es Dios quien decide si lo alcanza o si encuentra su final antes de tiempo”.

La gente alberga un gran deseo de alcanzar sus objetivos -ya se trate de sus negocios o de cualquier otra aspiración mundana-; se fijan una meta personal y, o bien Dios Altísimo les permite alcanzarla, o bien encuentran su final antes de lograrla.

“Se vuelven tan inquietos en su búsqueda, ya sea de riqueza, honor, familia u otras necesidades que, en ocasiones, algunas personas se involucran hasta tal punto en la consecución de estos objetivos que llegan incluso a suicidarse. Sin embargo, el elegido de Dios encauza toda esa pasión y fervor hacia el establecimiento de la Unidad Divina. En lugar de sus deseos personales, anhela con intensidad y se muestra inquieto por el establecimiento de la Unidad Divina.

Considero que es en tales momentos cuando estas palabras descienden de Dios:

[Árabe]

“Tú eres para Mí como Mi Unidad y Mi Unicidad”, pues la Unidad Divina es sumamente amada por Dios. Ciertamente, es por el bien de esta Unidad Divina que, en ocasiones, Dios ha enviado epidemias; en ocasiones, hambrunas; y en ocasiones ha provocado que miles de politeístas perezcan a manos de Sus amados profetas -la paz sea con todos ellos-. Los acontecimientos de La Meca y Medina también se tornaron complejos únicamente por esta causa. La misión de Moisés (as) fue igualmente en favor de la Unidad Divina”.

El Mesías Prometido (as) profundiza aún más sobre el Shirk y sus formas sutiles, afirmando que:

“Uno también debe abstenerse del Shirk [asociar compañeros con Dios] y no debe adorar ni al Sol, ni a la Luna, ni a las estrellas, ni al aire, ni al fuego, ni al agua, ni a ninguna otra cosa. Tampoco debe depositar su fe en los medios físicos como si fueran compañeros de Dios. Ni debe confiar en su propia destreza, pues esto también equivale a la idolatría: Shirk. Habiendo hecho todo cuanto estaba en su mano, debe considerarlo como algo insignificante y no debe enorgullecerse de su conocimiento ni de sus esfuerzos, y ha de considerarse a sí mismo ignorante y carente de valor. Su alma debe yacer siempre postrada en el umbral del Todopoderoso, buscando Su gracia a través de la oración y la súplica (después de realizar todos los esfuerzos, uno se postra ante Dios, comprendiendo que todo se conjugará únicamente por Su gracia). El hombre depende de un maestro para adquirir conocimiento y este es limitado (el conocimiento humano requiere de un maestro e incluso entonces es limitado); sin embargo, Su conocimiento no depende de nadie (Dios no necesita maestro), pues Su conocimiento no conoce límites (es ilimitado). El hombre depende del aire para oír, lo cual es limitado (depende del aire e incluso entonces es limitado), pero el oído de Dios es inherente e ilimitado. El hombre depende de la luz del Sol o de otras fuentes de iluminación para ver, y su visión es restringida; pero Dios ve por Su propia luz, y Su visión lo abarca todo. Para crear, el hombre depende de la materia y requiere tiempo, y su capacidad creadora es limitada; pero el poder de creación de Dios no depende de la materia ni del tiempo, ni está limitado en modo alguno. Esto se debe a que todos Sus atributos son únicos como Él mismo, y si tan solo uno de ellos fuera defectuoso, todos serían considerados defectuosos. Su unidad -Tauhid- no puede establecerse a menos que se Le conciba como alguien sin igual, tanto en Su Persona como en Sus atributos”.

Esta es la Unidad de Dios que el Sagrado Corán ha enseñado -el fundamento mismo sobre el cual descansa la fe-. En estos tiempos, bajo diversas influencias, tales preguntas surgen en ocasiones incluso en la mente de los niños, quienes escriben preguntando: “¿Quién creó a Dios Altísimo? ¿De dónde proviene Dios?”. Tal vez estas cuestiones les son sugeridas por adultos, o quizá emergen en sus propias mentes. Sin embargo, los atributos de Dios Altísimo son tales que Él siempre ha existido y siempre existirá. Él no tiene límites. Por lo tanto, es Él quien creó a todos y a todo; Él mismo no fue creado por nadie. Cualquier concepción que pueda formarse de un ser último -uno que existe por sí mismo y no es traído a la existencia por otro-, ese solo puede ser Dios Altísimo.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Recuerden, el verdadero Tauhid, que Dios desea que profesemos y del cual depende la verdadera salvación, consiste en creer que Dios no tiene asociado alguno -ya sea un ídolo, un hombre, el Sol, la Luna, nosotros mismos, nuestros dispositivos o nuestra astucia- y considerarlo únicamente a Él como la Fuente de todo poder y sustento, honor y humillación, ayuda y socorro, y hacer de Él el objeto de todo nuestro amor, adoración, súplica, esperanza y temor. Por lo tanto, ningún concepto de Tauhid está completo sin los tres aspectos siguientes:

(1) Tauhid en el contexto de la Persona de Dios: considerar que todo lo que no sea Él es como si no existiera, mortal y carente de toda consecuencia (es decir, todo lo que no sea Él ha de llegar a su fin y carece de perfección).

(2) Tauhid en el contexto de los Atributos de Dios: creer que nadie posee los atributos de Señorío y Divinidad excepto la Persona del Todopoderoso, y que todos aquellos que parecen sustentar y beneficiar a la creación son solo parte del esquema divino de las cosas (ni Estados Unidos, ni Israel, ni ninguna otra potencia del mundo se le compara, pues solo existe el poder de Dios Altísimo. Si los musulmanes reconocieran esto, entonces ciertamente alcanzarían el éxito).

(3) Tauhid en el contexto del amor, la sinceridad y la devoción: No asociar a nadie con Dios en términos de amor y devoción, y sumergirse completamente en Él (que una persona no ame a nadie más de la manera en que está destinada a amar a Dios Altísimo)”.

A continuación, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Ahora, en esta época, cuando Dios ha visto que la tierra se había corrompido y que innumerables personas habían adoptado el camino del Shirk, y que más de cuatrocientos millones de personas habían surgido en el mundo deificando al hijo de María, un ser humano humilde (los cristianos sumaban cuatrocientos millones en aquel tiempo). Junto con esto, la embriaguez, la ilicitud, la mundanalidad y la negligencia habían llegado a su extremo; entonces Dios Altísimo me eligió para esta tarea, a fin de que yo reforme estos males. Así pues, hasta ese momento, casi cien mil personas se han arrepentido ante mi mano de la maldad, las falsas creencias y la conducta perversa (esto fue en el momento en que hizo esta declaración. Ahora, por la gracia de Dios, millones han entrado en su Comunidad. También mencionó las señales y dijo que) ya han aparecido más de ciento cincuenta señales, de las cuales muchos cientos de miles de personas en este país son testigos.

He sido enviado para que, una vez más, se establezca la Unidad Divina sobre la tierra y, al liberar a las personas de la adoración al hombre y de la adoración a los ídolos, se vuelvan hacia el Dios Único, sin asociados, y orienten su atención hacia la pureza interior y la rectitud.

Así pues, observo que ha surgido un movimiento entre la gente, y miles tras miles continúan arrepintiéndose en mi mano. Ahora sopla un viento desde los cielos tal que las personas se inclinan de manera natural hacia la Unidad de Dios. Es evidente que Dios Altísimo tiene ahora el propósito de erradicar del mundo la adoración al hombre. Para el cumplimiento de este propósito divino, se han hecho realidad cientos de medios”.

Dios Altísimo también nos ha concedido esos mismos medios, y a través de ellos igualmente propagamos el mensaje. Es deber de cada ahmadí esforzarse en la propagación de la Unidad de Dios.

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“En cuanto a la cuestión de qué define la idolatría y qué es lo que convierte a las personas en idólatras, es necesario explicar estos asuntos.

Debe entenderse que la adoración es el resultado de las creencias de cada individuo, y las creencias de los veraces son: Dios es Uno, y los atributos de Dios Altísimo han existido siempre y permanecerán por siempre. Es decir, no hay alteración ni transformación en Sus atributos (ningún cambio puede ocurrir en ellos, ninguna variación puede tener lugar en ellos). No tienen principio ni fin.

El Dios Verdadero y Real es Eterno y sin principio. No es un ser creado que haya surgido mediante algún proceso de nacimiento (como mencioné antes, aquí también se responden algunas preguntas: el Dios verdadero y real es Eterno e Imperecedero; no nació ni fue creado).

Está muy por encima de cualquier atributo cuya mera aceptación provoque repulsión en nuestros corazones. Más bien, Sus atributos son aquellos de los que nuestros propios corazones dan testimonio y con los que están naturalmente familiarizados. Él ha sido Uno desde toda la eternidad. ¿Qué corazón niega Su Unidad? Él es Uno desde la eternidad. ¿Qué corazón puede afirmar verdaderamente Su Trinidad? (esta es la enseñanza del cristianismo: que hay tres dioses. Pero ninguna naturaleza sana y noble puede realmente aceptar tal doctrina)”.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“He sido enviado para reformar las corrupciones de la doctrina de la Trinidad (fue  enviado para corregir las corrupciones que han surgido dentro del cristianismo). Así, el desgarrador espectáculo de que existan en el mundo más de cuatrocientos millones de personas que consideran a Jesús (as) como Dios me ha causado tal angustia que no puedo concebir un dolor mayor en toda mi vida.

En verdad, si fuera posible morir simplemente de dolor y aflicción, este dolor por sí solo me habría destruido. ¿Por qué estas personas abandonan al Dios Único, que no tiene asociado, y adoran a un humilde ser humano? ¿Por qué no creen en ese Profeta que vino al mundo trayendo la verdadera guía y el camino recto (es decir, por qué no creen en el Santo Profeta Muhammad [sa])? En todo momento temí que las sacudidas de este dolor me ocasionaran la muerte”.

El Mesías Prometido (as) afirma además:

“En verdad, Dios ha dicho la verdad en el Sagrado Corán cuando afirma que los cielos están a punto de desgarrarse por la calumnia de que un ser humano indefenso haya sido convertido en dios. Mi dolor es tan profundo que, si otros anhelan el Paraíso, mi único Paraíso es contemplar, durante mi vida, a la humanidad liberada de esta idolatría y presenciar la manifestación de la Majestad de Dios.

Mi alma ora constantemente: “¡Oh, Dios! Si soy de Ti, y si la sombra de Tu gracia me cobija, muéstrame el día en que se elimine de Jesús (as) esta falsa acusación de que, Dios no lo quiera, en algún momento se proclamó divino”.

Desde hace tiempo, mi súplica en las cinco oraciones diarias ha sido que Dios conceda visión a estas personas, que lleguen a creer en Su Unidad, reconozcan a Su Mensajero (as) y se arrepientan de su creencia en la Trinidad”.

En la práctica, el cristianismo está disminuyendo gradualmente, y la doctrina de la Trinidad, para muchos, se ha convertido en nada más que lo consignado en los libros. Muy pocos la practican realmente, especialmente en Europa. En África y Sudamérica aún hay muchos que lo hacen, pero incluso aquellos que se apartan de la doctrina de la Trinidad no necesariamente se inclinan hacia la creencia en el Dios Único. Por lo tanto, debemos esforzarnos al máximo para predicar el mensaje y establecer el concepto de Tauhid [unidad de Dios].

¡Que Dios Altísimo nos permita contribuir al cumplimiento del propósito de la venida del Mesías Prometido (as) y actuar conforme al verdadero concepto de Tauhid proclamado por el Santo Profeta (sa), y no solo actuar nosotros mismos, sino también difundir esta enseñanza por todo el mundo! Este es el único medio de salvación para la humanidad y no existe otro medio aparte de este. ¡Que Dios Exaltado nos conceda la capacidad de hacerlo!

Después de la oración del viernes, dirigiré dos oraciones fúnebres en ausencia.

La primera corresponde al respetado Jawaya Zafar Ahmad Sahib, quien anteriormente fue Amir del distrito de Sialkot y residió en Estados Unidos en sus últimos años. Falleció recientemente a la edad de 91 años.

[Árabe]

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él hemos de retornar!

El fallecido era Musi. Su hija, Ifta Hayy, afirma que desde la infancia le vieron dedicar su vida al servicio de la Comunidad con sinceridad, humildad y plena devoción. Su profundo apego al Jalifato fue un rasgo distintivo de su personalidad, y desempeñó un papel fundamental en inculcar el amor y la lealtad al Jalifato en los corazones de sus hijos y de su familia. Esto, en verdad, es cierto. Era sumamente leal y sincero, y estaba profundamente consagrado al sistema de la Comunidad. Desde su juventud hasta el final de su vida, tuvo oportunidades de servir a la Comunidad. Sirvió como Qaid en Judam-ul-Ahmadía a nivel de distrito, como Muqami Qaid, como Muqami Amir y como Amir de distrito.

Sentía una gran pasión por servir a los invitados del Mesías Prometido (as). Siempre que llegaban delegaciones del Markaz, las acogía en su casa y las atendía con gran dedicación. Mostraba hospitalidad con enorme alegría, y una especial satisfacción se reflejaba en su rostro mientras prestaba este servicio. Jamás hablaba mal de ningún responable ni toleraba tales críticas. No permitía críticas injustificadas en su presencia. Tenía plena confianza en Dios Altísimo. Siempre que se le presentaba alguna dificultad, ya fuera en el servicio de la Comunidad o en su vida personal, recurría plenamente a la oración y depositaba toda su confianza en Dios. Su hija afirma que presenciaron numerosas ocasiones en las que Dios Altísimo le concedió abundante ayuda y aceptó sus oraciones. Asimismo, sirvió a su madre con devoción durante su prolongada enfermedad, cuidándola durante muchos años con paciencia y amor.

Le sobreviven su esposa, tres hijas, nietos y bisnietos. ¡Que Al’lah le conceda Su perdón y Su misericordia!

Administrativamente, como Amir del distrito, estaba al tanto de todas las Comunidades, incluso de las comunidades locales en las aldeas más pequeñas. Conocía todas las rutas y poseía un profundo conocimiento de las condiciones de la región. No se limitó a permanecer en la ciudad como Amir, sino que viajó por todas partes. Cuando las condiciones eran favorables y salían trenes especiales desde Sialkot para los participantes del Yalsa Salana, les organizaba con gran disciplina y orden. Era una persona afectuosa, llena de sinceridad y lealtad, y profundamente humilde.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y Su misericordia!

La segunda mención es la del respetado Idrago Alido Sahib de Burkina Faso, un ahmadí local. Trabajaba en el ejército y recientemente había estado destinado en un pueblo de la región de Ouahigouya, donde los terroristas habían causado considerables disturbios. El 3 de marzo, estando en servicio, murió en un atentado terrorista.

[Árabe]

¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él hemos de retornar!

Tenía cuarenta años. Era un Jadim (servidor) sincero. Aceptó el Ahmadíat en 2007. Su esposa y él eran los únicos ahmadíes en sus respectivas familias. Nadie en sus familias había aceptado el Ahmadíat.

El misionero regional Saadat Sahib afirma que el fallecido era un miembro muy activo de la Comunidad y poseía un profundo apego a la misma y al Jalifato. Era un joven ahmadí justo, devoto y sincero. Había servido como Qaid Mall’lis Judam-ul-Ahmadía. Era puntual en el pago del Chanda y participaba con entusiasmo en los programas de la Comunidad. A pesar de su empleo militar, asistía al Yalsa Salana en Burkina Faso todos los años. Trataba a los misioneros y predicadores con gran respeto y les ayudaba. En 2008, cuando visité Ghana -aunque ya había visitado Burkina Faso en 2005-, una delegación de Judam llegó allí desde Burkina Faso en bicicleta, recorriendo más de mil kilómetros. Sus bicicletas no eran como las que tenemos aquí, sino bicicletas destartaladas que circulaban por caminos en mal estado; aun así, recorrieron más de mil kilómetros. Llegaron a Ghana y me visitaron allí. Él también viajaba a los Yalsas en bicicleta.

El misionero local Sempore Abdul Rahman Sahib afirma que se dedicaba desinteresadamente al servicio de la Comunidad y que siempre estaba dispuesto a cualquier tarea. Siempre que se le llamaba, respondía de inmediato. Trabajaba con responsabilidad durante el Yalsa Salana y en otras reuniones organizativas. La gente estaba tan impresionada por su dedicación que lo llamaban “pequeño predicador”, pues ni siquiera algunos predicadores designados servían con el nivel de devoción que él demostraba. Cuando aún no había conseguido empleo en el ejército, se preocupaba mucho, diciendo que era pobre y preguntando cómo podría contribuir al progreso de la Comunidad. Cuando finalmente consiguió empleo, comenzó a pagar Chanda con regularidad. Mantuvo un vínculo profundo con la Comunidad. Dondequiera que lo trasladaban, buscaba primero el centro de la Comunidad o la mezquita y asistía con regularidad a las oraciones del viernes.

Le sobreviven su madre, su esposa, un hijo y dos hijas.

¡Que Al’lah le conceda Su perdón y Su misericordia!

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