Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahud, el Ta’awuz y el Surah Al-Fatiha,

Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

En el sermón anterior, hablé sobre Hazrat Mus´ab bin Umair (ra), pero me quedaron algunos relatos sobre su vida que narraré hoy.

Hazrat Musleh Maud (ra), mencionando su envío como primer misionero a Medina y los servicios que prestó, declara:

“El Santo Profeta (sa) comenzó a recibir revelaciones que insinuaban la posibilidad cercana de la emigración de La Meca. También se le dio alguna idea sobre el lugar al que iba a emigrar, porque era una ciudad con pozos y huertos de dátiles. Al principio, el Santo Profeta (sa) pensó en Yamamah, pero en breve este pensamiento fue descartado. El Santo Profeta (sa) entonces esperó hasta asegurarse según las profecías de Dios Altísimo de que, cualquiera que fuera el lugar donde estuvieran destinados a ir, éste se convirtiera en la cuna del islam.

Mientras tanto, llegó el Hall y peregrinos de todos los lugares de Arabia comenzaron a venir a La Meca. Como era su práctica, el Santo Profeta (sa) siempre iba donde encontraba un grupo de personas y les exponía las enseñanzas de la creencia en un Solo Dios; les decía que renunciaran a todo tipo de transgresiones, excesos y maldades y que se prepararan para el Reino de Dios. Algunos escuchaban con interés y después se marchaban. Otros deseaban escuchar pero los habitantes de La Meca se lo impedían y había otras personas que ya se habían pronunciado al respecto, y solo se paraban para burlarse.

En una ocasión, el Santo Profeta (sa) estaba en el valle de Mina cuando vio a un grupo de seis o siete personas, que eran ciudadanos de Medina. Les preguntó a qué tribu pertenecían, y le contestaron que pertenecían a la tribu de Jazrall, aliada de los judíos. Les preguntó si escucharían lo que tenía que decirles. Dado que estas personas habían oído hablar del Santo Profeta (sa) y estaban interesadas, asintieron y se sentaron en su compañía. El Santo Profeta (sa) les dijo que el Reino de Dios estaba cerca, que los ídolos iban a desaparecer, que la idea de un Sólo Dios estaba a punto de triunfar, y que la piedad y la pureza volverían a reinar una vez más. ¿Acaso no aceptarían los habitantes de Medina este mensaje? El grupo se quedó muy impresionado, aceptaron el mensaje y prometieron que, a su regreso, hablarían con los demás y para el próximo año informarían si Medina estaba dispuesta a recibir a refugiados musulmanes de La Meca; y así fue, después regresaron y consultaron con sus amigos y parientes.

En ese momento, en Medina había dos tribus árabes y tres tribus judías. Las tribus árabes eran los Aus y los Jazrall; y las tribus judías los Banu Qurayzah, los Bani Nadir y los Banu Qaynuqa. Los Aus y los Jazrall estaban en guerra. Los Qurayzah y los Nadir estaban aliados con los Aus y los Qaynuqa con los Jazrall. Pero cansados de guerras interminables, deseaban hacer la paz. Finalmente acordaron reconocer como rey de Medina al jefe de los Jazrall, Abdul’lah bin Ubayy bin Salul; y como tenían alianzas con los judíos, los Aus y los Jazrall habían oído hablar de las profecías de la Biblia. Cuando los judíos hablaban de sus problemas y aflicciones, también mencionaban que habían escuchado hablar sobre el advenimiento de un profeta “como Moisés”. Los judíos decían que su llegada estaba próxima y ello les devolvería el poder y ayudaría a destruir a sus enemigos.

Una vez que la gente de Medina, que había viajado para la peregrinación, se enteró de la llamada del Santo Profeta (sa), se quedaron impresionados y comenzaron a preguntarse si este profeta de La Meca sería el mismo profeta del que habían oído hablar a los judíos. Muchos jóvenes se quedaron impresionados por la veracidad de las enseñanzas del Santo Profeta (sa) y las profecías que habían escuchado previamente de los judíos les ayudaron a creer en él.

En el siguiente Hall, doce hombres de Medina llegaron a La Meca con la intención de unirse a la religión del Santo Profeta (sa). Diez de ellos pertenecían a la tribu de Jazrall y dos a la tribu de Aus. Se encontraron con el Santo Profeta (sa) en el valle de Mina y, en su mano, declararon solemnemente la creencia en la Unidad de Dios y su determinación de abstenerse de todos los males e inmoralidades como robar, cometer maldades, matar a sus hijas y hacer falsas acusaciones entre ellos. También prometieron obedecer al Santo Profeta (sa) en todas las cosas buenas.

Cuando regresaron a Medina, comenzaron a predicar a los demás la nueva religión con un entusiasmo aún mayor. Los ídolos de las casas de Medina fueron sacados de sus nichos y arrojados a las calles. Aquellos que solían postrarse ante dichas imágenes comenzaron a erguir sus cabezas y decidieron postrarse solamente ante el Dios Único. Los judíos se quedaron asombrados. Siglos de amistad, encuentros y debates no habían logrado producir el cambio que el islam había producido en unos pocos días, y así el mensaje del Dios Único penetró en los corazones de los habitantes de Medina.

La gente de Medina acudía a los pocos musulmanes que había entonces entre ellos y les hacían preguntas sobre el islam, y les pedían que les enseñaran su religión. Pero los escasos musulmanes que entonces había allí no podían dar respuesta a la gran cantidad de preguntas que los millares de personas les formulaban ni tenían suficiente conocimiento sobre sus enseñanzas. Por tanto, enviaron una persona a La Meca y así se lo pidieron al Santo Profeta (sa), para que éste mandara a alguien que les enseñara el islam. Entonces, el Santo Profeta (sa) decidió enviar a Mus´ab (ra), uno de los musulmanes que había regresado de su emigración a Abisinia. De este modo, Mus´ab (ra) fue el primer misionero del islam que salió de La Meca”.

En otra ocasión, mientras hablaba sobre este tema, Hazrat Musleh Maud (ra) escribió: “Cuando la gente de Medina ya supo sobre el islam, algunos de ellos conocieron al Santo Profeta (sa) durante la peregrinación y se convencieron de su veracidad; regresaron a su gente y les dijeron que el mensajero de cuyo advenimiento hablaban los judíos de Medina, había aparecido en La Meca. Así, sus corazones se inclinaron hacia el Santo Profeta (sa) y, en el siguiente Hall, enviaron una delegación a Muhammad (sa). Esta delegación, después de mantener un diálogo con los musulmanes, declaró su creencia en el islam y juró lealtad al Santo Profeta (sa). Como en ese momento el Santo Profeta (sa) se enfrentaba a una feroz oposición en La Meca, esta reunión se celebró en un valle alejado de la vista de los habitantes de la misma. Así pues, el pacto espiritual o Bai´at tuvo lugar allí y por eso se conoce como Bai’at Aqabah o Juramento de Aqabah, que significa un valle o una montaña de difícil acceso, o un camino montañoso al que es difícil acceder.

El Santo Profeta (sa) les encargó que organizaran a los creyentes de Medina y les aconsejó predicar el islam. Por tanto, envió a uno de sus jóvenes Compañeros, Mus´ab bin Umair (ra), para ayudarles y enseñar la religión a los musulmanes. Antes de marcharse, la delegación extendió una invitación al Santo Profeta (sa) diciendo que si alguna vez necesitaba abandonar La Meca, debía ir a Medina. Cuando estas personas regresaron a Medina, el islam se extendió en esa ciudad en muy poco tiempo. El Santo Profeta (sa) envió a algunos de sus Compañeros a Medina, entre los que estaba Hazrat Umar (ra). Al final, cuando el Santo Profeta (sa) recibió la orden de emigrar, él mismo fue a Medina. Al llegar allí, todos los idólatras de Medina aceptaron el islam en un periodo muy corto de tiempo”.

Después de la emigración a Medina, el Santo Profeta (sa) estableció un lazo de hermandad entre Hazrat Mus´ab bin Umair (ra) y Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra). Hazrat Mus´ab (ra) participó en las batallas de Badr y Uhud y durante dichas batallas Hazrat Mus´ab bin Umair (ra) llevaba la bandera principal de los emigrantes. Esto fue así, porque durante la batalla de Badr, el Santo Profeta (sa) dio la bandera de los musulmanes a Mus´ab bin Umair (ra)”.

Existe otra narración similar compilada en Sirat Jatam-an-Nabiyyin por Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) que dice:

“Durante la batalla de Uhud, Hazrat Mus´ab bin Umair (ra) llevaba el estandarte de los emigrantes. El Santo Profeta (sa) comenzó a preparar el ejército musulmán y designó distintos comandantes para las diferentes secciones del ejército. En esta ocasión, el Santo Profeta (sa) recibió la noticia de que la bandera del ejército de los Quraish estaba en las manos de Talha. Éste pertenecía a esa dinastía y bajo la administración de Qusayy bin Kilab, el antepasado supremo de los Quraish, Talha tenía derecho a portar, durante las guerras, el estandarte en representación de los Quraish. Al darse cuenta de esto, el Santo Profeta (sa) dijo: ‘Nosotros sí que somos dignos de demostrar lealtad nacional’. Entonces, el Santo Profeta (sa) tomó la bandera de los emigrantes de manos de Hazrat Ali (ra) y se la confió a Mus‘ab bin Umair (ra), quien era también miembro de la misma dinastía a la que pertenecía Talha”.

Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) fue martirizado durante la batalla de Uhud. En el día de Uhud, Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) luchó frente al Santo Profeta (sa) y durante el combate fue martirizado por Ibn Qami’ah. En los libros de historia se menciona que el abanderado durante la batalla de Uhud, Hazrat Mus’ab bin ‘Umair (ra), protegió la bandera del islam de forma excelente. Hazrat Mus’ab (ra) llevaba la bandera el día de Uhud, cuando Ibn Qami’ah, que iba montado a caballo, atacó y golpeó con su espada la mano derecha de Hazrat Mus’ab (ra), con la que sostenía la bandera, y se la cortó. Ante esto, Hazrat Mus’ab (ra) comenzó a recitar el siguiente versículo:

[Árabe]

“Y Mohammad no es más que un Mensajero y antes que él han pasado todos los Mensajeros”

Y entonces cogió la bandera con su mano izquierda. Entonces, Ibn Qami’ah golpeó la mano izquierda y se la cortó también, por lo que Hazrat Mus’ab (ra) agarró la bandera del islam con ambos brazos y la sostuvo contra su pecho. A continuación, Ibn Qami’ah atacó a Hazrat Mus’ab (ra) por tercera vez con una lanza que le atravesó el pecho. La lanza se rompió y Hazrat Mus’ab (ra) cayó al suelo. Ante esto, dos individuos de la tribu de Banu ‘Abd-id-Dar, Suwaibit bin Sa’d bin Harmala y Abu Rum bin‘ Umair, dieron un paso adelante: Abu Rum bin ‘Umair tomó la bandera y la sostuvo en sus manos hasta que los musulmanes regresaron y entraron a Medina. Hazrat Mus’ab (ra) tenía cuarenta años, o poco más de cuarenta, en el momento de su martirio”.

Al mencionar este incidente en particular, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) sigue diciendo en Sirat Jatam-an-Nabiyyin (La vida del Sello de los Profetas):

“El ejército de los Quraish prácticamente los había rodeado desde los cuatro frentes y continuó asediando a los musulmanes una y otra vez a través de repetidos ataques. Sin embargo, incluso después de todo esto, los musulmanes ciertamente se recuperaron, pero se indignaron cuando un guerrero audaz de entre los Quraish, llamado Abdul’lah bin Qami’ah atacó a Muṣ‘ab bin Umair (ra), el abanderado de los musulmanes, y le cortó la mano derecha con su espada. Mus‘ab (ra) inmediatamente tomó la bandera con la otra mano y avanzó para enfrentarse a Ibni Qami’ah, pero en un segundo golpe, la otra mano también le fue cortada. Ante esto, Mus‘ab (ra) unió sus dos manos cortadas juntas en un esfuerzo por evitar que la bandera islámica cayera al suelo, y la sostuvo contra su pecho, ante lo cual Ibni Qami’ah lo golpeó por tercera vez; y esta vez Muṣ‘ab (ra) fue martirizado y cayó al suelo.

En lo que respecta a la bandera, otro musulmán avanzó de inmediato y se apoderó de ella, pero como la estatura y apariencia de Muṣ‘ab (ra) se asemejaban a las del Santo Profeta (sa), Ibni Qami’ah pensó que había matado al propio Santo Profeta (sa). También es probable que Mus’ab (ra) pensara en hacer esto como plan suyo y lo llevara a cabo simplemente por motivos de astucia y estrategia, para proteger al Santo Profeta (sa). En cualquier caso, cuando Mus‘ab (ra) fue martirizado y cayó al suelo, Ibni Qami’ah exclamó que había matado a Muhammad (sa). Ante esta noticia, los musulmanes perdieron el ánimo que les quedaba y su fuerza se disipó por completo”.

Esta fue también una razón importante por la que los musulmanes perdieron la compostura durante la batalla de Uhud. Sin embargo, más tarde se reagruparon una vez más.

Cuando el Santo Profeta (sa) se acercó al cuerpo de Hazrat Mus’ab (ra), éste estaba boca abajo. El Santo Profeta (sa) se puso a su lado y recitó el siguiente versículo:

[Árabe]

“Entre los creyentes hay hombres que han respetado la alianza que hicieron con Al’lah. Hay algunos de ellos que cumplieron su promesa y otros que siguen esperando y no han cambiado nada” (33:24).

Después de esto, el Santo Profeta (sa) dijo:

[Árabe]

Es decir, “el Mensajero (sa) de Al’lah da testimonio de que incluso en el Día del Juicio seréis contados como mártires a la vista de Al’lah”.

A continuación, el Santo Profeta (sa) se dirigió a sus Compañeros y dijo: “Deberíais venir a verle y enviarle vuestros saludos; porque por ese Ser, en cuyas manos yace mi vida, él responderá a los saludos de todos los que le envíen saludos hasta el Día del Juicio”. Entonces, los hermanos de Hazrat Mus’ab (ra), Hazrat Abu Rum (ra) bin ‘Umair, Hazrat Suwaibit (ra) bin Sa’d y Hazrat ‘Amir (ra) bin Rabi’ah lo bajaron a su tumba.

En Sirat Jatam-un-Nabiyyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) menciona esto de la siguiente manera:

“Un hombre honorable de entre los mártires de Uhud fue Muṣ‘ab bin Umair (ra). Él fue el primer Muhayir (emigrante) que vino a Medina como misionero del islam. En la era de Yahiliyah (la ignorancia), entre los jóvenes de La Meca, Mus‘ab (ra) era considerado como el mejor vestido y el más elegante, y vivía con gran confort y lujo. Después de aceptar el islam, su condición se transformó por completo. De hecho, hay una narración que relata que el Santo Profeta (sa) lo vio vestido en una ocasión con una ropa que estaba cubierta con numerosos remiendos. Ante esto, el Santo Profeta (sa) recordó su vida anterior y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Cuando Muṣ‘ab (ra) fue martirizado en Uhud, ni siquiera tenía suficiente tela para cubrir su cuerpo completamente: si se cubrían sus pies, su cabeza quedaba expuesta, y si se cubría su cabeza, sus pies quedaban al aire libre. Al final, y de acuerdo a las instrucciones del Santo Profeta (sa), su cabeza fue cubierta con una tela y sus pies fueron cubiertos con hierba”.

Hay una narración de Sahih Bujari que dice:

“Alguien trajo comida para Hazrat Abdur Rahman bin Auf (ra), quien iba a romper un ayuno en aquel momento. Ante esto, dijo: ‘Mus’ab bin Umair (ra) fue martirizado y era mejor que yo, pero solo había una sábana pequeña disponible para cubrirlo en el momento de su entierro. Su tamaño era tal que cuando su cabeza estaba cubierta, sus pies permanecían al descubierto; y si cubrían sus pies, su cabeza permanecía descubierta”. El narrador declara que cree que Abdur Rahman bin Auf (ra) también dijo: ‘Hamza (ra) fue martirizado y él era mejor que yo’.

Posteriormente añadió: ‘Luego, las recompensas de este mundo nos fueron otorgadas generosamente’; o tal vez él dijo: “Nos ha sido dado lo que estaba destinado para nosotros en este mundo y me temo que la recompensa de nuestras buenas obras nos ha sido ya otorgada en este mundo.’ Entonces comenzó a llorar y dejó la comida intacta”. Se emocionó porque su atención fue hacia el temor de Dios Altísimo y el trato que recibiría de Al’lah en el Más Allá, ya que pensó que si habían recibido ya las recompensas en este mundo, entonces tal vez no recibiesen nada en la próxima vida.

Hazrat Jubab bin Art (ra) narra: “Emigramos con el Mensajero (sa) buscando el placer de Al’lah y esperando nuestra recompensa de Su parte. Algunos de nosotros murieron sin disfrutar nada de ello. Entre ellos estaba Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) y hay entre nosotros gente cuyos frutos, los de sus buenas obras, han madurado ya y están disfrutando de los mismos. Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) fue martirizado en la batalla de Uhud y solo teníamos una pequeña tela disponible para cubrirlo. Cuando cubríamos su cabeza con ella, sus pies quedaban expuestos, y cuando cubríamos sus pies, su cabeza quedaba al descubierto. Entonces el Santo Profeta (sa) nos dijo que cubriéramos su cabeza y que pusiéramos un poco de Isjir (es decir, hierba fragante) sobre sus pies”.

También hay una narración de Tirmidhi en la que Hazrat Ali bin Abi Talib (ra) narra:

“El Santo Profeta (sa) dijo: ‘A todo profeta se le han concedido siete compañeros nobles’. El narrador afirma que tal vez la palabra utilizada fue ‘guardianes’ en lugar de ‘compañeros’. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) declaró en otra ocasión que: ‘Se me han concedido catorce de estos individuos’. Así que preguntamos quiénes eran esos individuos y el Santo Profeta (sa) declaró: Son mis dos nietos, Ya’far (ra), Hamza (ra), Abu Bakr (ra), Umar (ra), Mus’ab bin Umair (ra), Bilal (ra), Salman (ra), Miqdad (ra), Abu Zarr (ra), Ammar (ra) y Abdul’lah bin Mas’ud (ra)”.

Hazrat Amir bin Rabi’ah (ra) relata que su padre mencionaba a menudo que “desde que Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) aceptó el islam, hasta la batalla de Uhud donde fue martirizado, siguió siendo mi amigo y compañero íntimo. Estuvo a nuestro lado en ambas emigraciones a Abisinia. Fue mi compañero durante la emigración. Nunca he visto a alguien tan educado como él y nunca disputaba con nadie”.

Cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina, después de la batalla de Uhud, habló con Hazrat Hamnah bint Yahsh (ra), la esposa de Hazrat Mus’ab bin Umair (ra). El pueblo le había informado de que su hermano Hazrat Abdul’lah bin Yahsh (ra) había sido martirizado. Ella respondió diciendo: Inna lil’lahi wa inna Ilaihi rayi’un, es decir, a Al’lah pertenecemos y a Él será el retorno; y rezó para que se le concediera el perdón. Luego le informaron del martirio de su tío materno Hazrat Hamza (ra), a lo que ella volvió a responder lo mismo: Inna lil’lahi wa inna Ilaihi rayi’un, y rezó también por su perdón. Después de eso, la gente le informó que su marido, Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) también había sido martirizado, por lo que empezó a llorar y se llenó de tristeza. El Santo Profeta (sa) dijo entonces: “Un marido tiene un estatus especial a los ojos de su esposa”.

Hay otra tradición en la que se menciona a Hazrat Hamnah bint Yahsh (ra) y dice que cuando le dijeron que su hermano había sido martirizado, ella respondió: “Que Al’lah se apiade de él” y añadió “Inna lil’lahi wa inna Ilaihi rayi’un”. La gente le dijo entonces que su marido también había sido martirizado, a lo que ella dijo, “¡Ay de mí!”. El Santo Profeta (sa) respondió diciendo que “la relación entre una esposa y su marido no se parece a ninguna otra”.

Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) ha mencionado este incidente del martirio de Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) y las emociones de su esposa en sus propias palabras, de la manera siguiente:

“A los Compañeros y Compañeras que tuvieran más de un pariente cercano caído como mártir, se les daba la noticia gradualmente, para evitar que se abrumaran con dichas noticias tan repentinas. Cuando Hazrat Hamnah bint Yahsh (ra), hermana de Hazrat Abdul’lah bin Yahsh (ra), se acercó al Santo Profeta (sa), él le dijo: ¡Oh Hamnah, ten paciencia y busca la recompensa de Dios Altísimo! Ella respondió: ¡Oh, Mensajero de Al’lah! ¿por qué debo buscar la recompensa? Él dijo: Por tu tío Hamza. Hazrat Hamnah (ra) entonces respondió, Inna lil’lahi wa inna Ilaihi rayi’un, que Al’lah se apiade de él y le conceda el perdón a través de este martirio”.

Después de eso, el Santo Profeta (sa) repitió: ¡O Hamnah, ten paciencia y busca la recompensa de Dios Altísimo! Ella respondió: ¿Por qué debo buscar la recompensa? Él dijo: Por tu hermano Abdul’lah. Hazrat Hamnah (ra) entonces respondió, Inna lil’lahi wa inna Ilaihi rayi’un, que Al’lah se apiade de él y le conceda el perdón por medio de este martirio. El Santo Profeta (sa) repitió una vez más: ¡O Hamnah, ten paciencia y busca la recompensa de Dios Altísimo! Ella respondió: Oh, Mensajero de Al’lah, ¿por qué debo buscar la recompensa? Él dijo: Por Mus’ab bin Umair, a lo que ella dijo: ¡Ay de mí! Después de escuchar esto, el Santo Profeta (sa) dijo: en efecto, el marido tiene un derecho sobre su esposa que nadie más posee. Sin embargo, ¿por qué dijiste tales palabras? Hazrat Hamnah (ra) respondió: ¡Oh, Mensajero de Al’lah! Se me ocurrió porque sus hijos se han quedado huérfanos y estoy preocupada por ello, y ha sido en este estado por lo que pronuncié esas palabras.

Habiendo escuchado esto, el Santo Profeta (sa) rezó por los hijos de Hazrat Mus’ab bin Umair (ra), diciendo: “¡Oh Al’lah, sé su Guardián y Protector, trátalos con amabilidad y afecto, y cuida bien de ellos!”. Dios Altísimo aceptó la oración del Santo Profeta (sa) y los cuidó muy bien. Finalmente, con esto termino los relatos de la vida de Hazrat Mus’ab bin Umair (ra). Inshaal’lah, si Dios quiere, el próximo Compañero será mencionado en el siguiente sermón.

Ahora quisiera llamar la atención de la Yama’at sobre el actual brote del coronavirus. Todos debemos adherirnos a las medidas de precaución establecidas por los gobiernos y los departamentos de salud. Desde el principio, tras consultar con algunos homeópatas, aconsejé el uso de ciertos remedios homeopáticos, tanto como medida de precaución como para su tratamiento. Estos medicamentos deben ser tomados, ya que es un tratamiento que puede ayudar, aunque no se puede decir con certeza que ésta sea la cura exacta para ello o que estos remedios homeopáticos sean los idóneos para este virus, ya que se sabe poco sobre esta cepa exacta del virus. Pero, en cualquier caso, sigue siendo la forma más aproximada de tratamiento homeopático para este tipo de brotes. ¡Que Dios Altísimo conceda la cura a través del mismo! Por lo tanto, debemos usarlos y al mismo tiempo debemos adherirnos a las medidas de precaución que he mencionado y voy a ampliar ahora.

En relación con esto, se aconseja que se eviten las grandes reuniones. La gente que viene a la mezquita debe ser precavida y, si tiene una ligera fiebre y siente dolores en el cuerpo, o si tiene estornudos y sufre de gripe, no debe ir a la mezquita. Hay ciertas etiquetas relacionadas con la mezquita que hay que respetar y entre ellas tenemos que si uno está sufriendo de algo como una enfermedad contagiosa, que puede afectar a otros, debe evitar ir a la mezquita.

Por eso, especialmente en estos días y también de forma general, al estornudar uno debe cubrirse la cara con las manos o usar un pañuelo. Algunos adoradores se quejan de que mientras están de pie en la oración, ciertas personas no ponen sus manos sobre su cara, ni usan un pañuelo cuando estornudan. Además, estornudan con tal fuerza que algunas gotas de saliva también caen sobre ellos. Así pues, las personas que están rezando a su alrededor también tienen ciertos derechos, por lo que todo el mundo debe ser consciente de esto. Como ya he mencionado anteriormente, en estos días todo el mundo debería ser más cuidadoso.

Una medida preventiva mencionada por los médicos es que las manos y la cara deben estar siempre limpias. Si las manos están sucias, no deben tocarse la cara. Por tanto, hay que asegurarse de usar desinfectantes de manos o lavarse las manos regularmente. Sin embargo, para un musulmán (como es nuestro caso), que reza cinco veces al día y también realiza la ablución de manera correcta, que incluye la limpieza de la nariz, manos y cara con agua, etc., entonces este alto nivel de higiene es tal que puede compensar la escasez de gel antibacteriano, ya que en estos días debido al pánico en las compras, estantes enteros de supermercados y tiendas se han vaciado de tales productos. En definitiva, si la ablución se realiza de manera correcta, no sólo puede ayudar a la limpieza física, sino que quien la realiza ofrecerá posteriormente sus oraciones, lo que a su vez también se convierte en un medio para su limpieza espiritual. Por eso, en estos días, debemos prestar especial atención a nuestras oraciones.

Ya que he hablado de algunas normas a seguir en la mezquita, me gustaría decir además que, especialmente en el invierno y también en otras épocas del año, los que vienen con calcetines a la mezquita deben llevar siempre un par de calcetines limpios cada día y deben lavarlos regularmente. Si hay un mal olor en los calcetines o en los pies, esto puede ser una fuente de incomodidad para los que están alrededor de esa persona, o causará malestar a los que están de pie para rezar y realizan el salldah o postración en la fila de atrás. Debemos pues ser muy conscientes de esto. Por otra parte, el Santo Profeta (sa) ha instruido que uno no debe comer nada que emita un olor fuerte, como ajo o cebolla crudos, y venir a la mezquita. A veces uno eructa o si tiene mal aliento, esto es muy desagradable para los demás orantes y también estropea la atmósfera de la mezquita. Se ha dado la instrucción de que cuando uno venga a la mezquita, debe perfumarse. Se han de cuidar tanto las etiquetas, que incluso el Santo Profeta (sa) dijo que no había que acercase a la Mezquita tras haber comido carne cruda. ¡Ni que decir tiene que esa persona ose entrar en la mezquita!

Por lo tanto, es vital para cada adorador tener en cuenta su higiene personal así como la limpieza de la mezquita. Sin embargo, esto no significa que uno deba usar esto como excusa para dejar de venir a la mezquita. Cada uno debe evaluar su propia condición y tomar una decisión honesta basada en su propio juicio.

Recuerden siempre que sólo Dios Altísimo sabe lo que se esconde en el corazón de uno. Si uno se siente enfermo, debe buscar ayuda consultando a un médico, para identificar la causa de la enfermedad; pero, en cualquier caso, si se encuentra mal, debe evitar ir a la mezquita durante uno o dos días. Además, se aconseja que uno se abstenga de dar la mano y esto también es muy importante, ya que no se sabe con qué están contaminadas las manos. Aunque el apretón de manos aumenta el vínculo entre nosotros e inculca el amor mutuo, no obstante, debido al brote actual en estos días, es mejor evitar esta práctica.

Incluso aquellas personas mundanas que algunas veces han manifestado su protesta por no poder estrechar la mano de hombres o mujeres del sexo opuesto, han sido a su vez objeto de mofa. Recientemente, una ministra del gabinete de la Canciller alemana se negó a estrechar su mano y esto ha sido descrito con humor. Incluso un miembro del parlamento del Reino Unido ha elogiado el hecho de que se abstengan de estrechar la mano debido al coronavirus y dijo además que el apretón de manos no era parte de sus tradiciones, de hecho, la tradición era saludar verbalmente o quitarse el sombrero por respeto. Afirmó también que al estrechar la mano o abrazar a las mujeres, o tratar de besarlas, ni siquiera se dan cuenta de si estos gestos son bienvenidos por ellas, con lo que en cierto modo las obligan a seguir su ejemplo. Por lo general, la gente no creyente no está dispuesta a adherirse a los mandamientos de Dios Altísimo, pero sin embargo la propagación de este brote ha llamado su atención hacia esta orden. ¡Que Al’lah el Altísimo también les permita acercarse más a Él!

Los no creyentes siempre se han opuesto enormemente a esta orden de Dios Altísimo, pero cuando les explicábamos de forma cariñosa que no se nos está permitido saludar al sexo opuesto de esta forma, es decir, estrechándoles la mano, armaban mucho alboroto. En este sentido, hemos visto que en ciertas organizaciones y ciertos lugares, han evitado esta práctica y a veces lo han hecho de manera grosera. Nosotros, por el contrario, tenemos que explicarles cortesmente que esta prohibición se debe a nuestras enseñanzas. Pero en su caso, por su miedo al coronavirus, de momento algunos se están absteniendo de esta práctica, a veces incluso renunciando a la cortesía más simple. Así pues, esta epidemia ha provocado su reforma en cierto grado y como he dicho anteriormente, que esta reforma les permita acercarse más a Dios Altísimo.

Dios Altísimo sabe mejor hasta qué punto esta epidemia se extenderá y qué ha decretado. Sin embargo, si este virus ha surgido debido a la ira Divina y tal y como hemos visto en la época actual, desde el advenimiento del Mesías Prometido (as), con su advenimiento ha habido un aumento significativo en el número de epidemias, enfermedades, terremotos y tormentas, entonces uno debería volverse hacia Dios Altísimo más que nunca, para estar a salvo de sus consecuencias. Además, cada áhmadi debe prestar especial atención a las oraciones y también a mejorar su condición espiritual, y debe rezar por el mundo en general para que Dios Altísimo les guíe, para que en lugar de sumergirse en los temas mundanos y descuidar a Dios, que Al’lah les permita reconocer a su verdadero Creador.

Después de esto dirigiré la oración fúnebre en ausencia de varias personas:

La primera es la de Tanzil Ahmad Butt, hijo de Sr. Aqil Ahmad Butt. Era un niño de 11 años que falleció el 27 de febrero de 2020. De hecho, en mi opinión, fue un mártir.

El trasfondo de este incidente tuvo lugar en la colonia Shahdrah de la Puerta de Delhi, Lahore, cuando la vecina de Sr. Tanzil Ahmad Butt lo mató brutalmente, el 27 de febrero de este año:

“Ciertamente venimos de Al’lah y hacia Él será el retorno”.

Los edictos de los clérigos en Pakistán han asegurado que es fácil matar a un áhmadi por cualquier motivo. Este asesinato es también el resultado de esto y por ello, cuento a dichos difuntos entre los mártires. Cualquiera que sea la razón del asesinato, siempre hay un odio subyacente contra el Ahmadíat. Tanzil Ahmad Butt era un niño inocente que no tenía la culpa de nada, según los informes recibidos hasta ahora. En este sentido, los detalles de este incidente son que el 27 de febrero, la madre de Tanzil Ahmad Butt lo envió a la casa del vecino para que trajera la muñeca de juguete de su hermana menor, que había dejado allí con anterioridad. Esto demuestra que ellos (es decir, las dos familias) tenían relaciones mutuas. Por eso sólo Dios sabe cuál fue la razón de este asesinato.

En fin, la hermana menor había dejado la muñeca en la casa del vecino el día anterior y Tanzil Ahmad Butt fue enviado a recogerla. Cuando después de algún tiempo el niño no regresó, su propia madre fue a la casa del vecino. Al principio no abrieron la puerta. Tras un tiempo, cuando finalmente abrieron la puerta, al ser preguntado, el vecino dijo que el niño había cogido la muñeca y se había ido. La madre del fallecido informó a su esposo, el Sr. Aqil, quien inmediatamente comenzó a buscar a su hijo con la ayuda de la Yama’at local, y también denunció la desaparición a la policía. Pero cuando revisaron las cámaras de su calle, el niño fue visto entrando en la casa, pero no fue visto saliendo de allí. Luego, con la ayuda de la policía, se inspeccionó la casa del vecino, en la que se encontró el cuerpo del niño en un baúl.

La policía mencionó entonces que el marido de la sospechosa ya les había informado de que su esposa había matado al niño y lo había escondido en una maleta. La mujer, junto con el hijo del dueño de la casa, mató al niño y ahora han admitido el crimen.

Tanzil Ahmad Butt nació el 20 de noviembre de 2009 en Lahore y formaba parte de los niños Waqf-e-Nau (consagrados al servicio de la religión). Era un miembro muy activo de la organización Atfal-ul-Ahmadía y participaba regularmente en todos los programas de su Yama’at. Se contaba entre los estudiantes más inteligentes de su clase y estaba estudiando el cuarto año. Después de su fallecimiento, llegaron sus resultados y obtuvo el primer lugar en su clase después de obtener 729 puntos de un total de 750.

La madre del fallecido afirma: “Tanzil era el más obediente de todos mis hijos. Si alguna vez quería hacer algo, siempre me pedía permiso primero. Si alguno de los vecinos o un funcionario le pedía hacer algo, lo hacía inmediatamente y nunca se negaba. De hecho, a veces, incluso la vecina que lo mató le pedía que hiciera algún trabajo. Siempre le mostraba obediencia y cumplía cualquier trabajo que ella le diera. Los maestros de su escuela y los funcionarios de la Yama’at estaban muy contentos con él y siempre lo elogiaban. Regularmente veía el canal de la MTA, especialmente programas para niños y los sermones del viernes. Asistía asiduamente a la mezquita para rezar. Si alguna vez su padre regresaba de la fábrica muy cansado y le costaba ir a la mezquita, Tanzil persistía y le obligaba a ir a la mezquita con él”.

El niño deja a su padre Aqil Ahmad Butt, su madre Naila Aqil y cuatro hermanos, que incluyen dos hermanos y dos hermanas. ¡Que Dios Altísimo le conceda Su cercanía y castigue a los asesinos como realmente se merecen! ¡Que Dios Altísimo también otorgue paciencia y consuelo a los padres!

El segundo funeral es del brigadier Bashir Ahmad Sahib, quien era el antiguo Amir del distrito de Rawalpindi. Era hijo del Dr. Muhammad Abdul’lah y falleció el 16 de febrero a la edad de 87 años:

“De Al’lah venimos y hacia Él será el retorno”.

El fallecido era musi y deja atrás a su esposa, dos hijos y tres hijas. El brigadier Bashir Ahmad Sahib nació en 1931, en el distrito de Gullrat, en una familia áhmadi extremadamente devota. Su padre, el Dr. Muhammad Abdul’lah Sahib, fue quien hizo el Bai’at y entró en el redil del Ahmadíat. El fallecido adquirió su educación primaria en Qadián y aprobó sus exámenes en 1947. En 1952 ingresó en el ejército de Pakistán, después de un curso de seis semanas en la Academia Militar. En 1982 se retiró del ejército como brigadier y posteriormente sirvió al país trabajando como jefe de un instituto de políticas en Islamabad. Por lo tanto, tuvo la oportunidad de servir a su país durante 66 años.

Con respecto a sus servicios a la Yama’at, en 2012 lo designé como el Amir de la comunidad de Rawalpindi y continuó sirviendo como Amir del distrito y de la ciudad de Rawalpindi hasta el 9 de febrero de 2020. Su traslado a Rawalpindi ocurrió en 1979 y durante 16 años tuvo la oportunidad de servir como naib Amir y secretario de Talim de dicha comunidad. También fue uno de los directores de la Fundación Fazl-e-Umar y formó parte de muchos comités de Mall’lis-e-Shura. El difunto prestó su servicio con la máxima sinceridad y devoción. Era una persona muy sociable, servía mucho a los demás y ayudaba de todo corazón a los necesitados. Con respecto a su servicio a la Comunidad, siempre mantuvo sus principios y era muy puntual. Trabajó con gran eficiencia y además aconsejaba lo mismo a sus compañeros de trabajo; nunca toleró la indolencia y el letargo en los trabajos de la religión, o cualquier otro trabajo. Cualquier tarea que asignaba a los miembros de su comité ejecutivo, siempre la seguía de la mejor forma posible. Era también extremadamente devoto en sus súplicas y oraciones, y tenía un gran amor por el Jalifato. Incluso a su avanzada edad, tenía una memoria muy aguda.

Por su parte, sentía también un gran amor por el Santo Profeta (sa) y el Mesías Prometido (as) y regularmente expresaba su gratitud a Dios Altísimo por haberle permitido ser áhmadi. Siempre tenía el Sagrado Corán, los Hadices del Santo Profeta (sa) y libros del Mesías Prometido (as) junto a su cama, y había estudiado además muchos otros libros. Ayudaba financieramente a los pobres y necesitados con gran generosidad y de manera discreta. Especialmente mostraba una gran preocupación por satisfacer las necesidades de las viudas y siempre estaba dispuesto a ayudarlas. Muchas personas y familias enteras se beneficiaban de su continua ayuda financiera. Ayudaba hasta tal punto que incluso alguien mencionó que su tienda se había incendiado y había sufrido una pérdida bastante grande. No obstante, el fallecido discretamente le dio algo de dinero y le dijo que no se lo contara a nadie. Cuando este individuo se fue a casa y contó el dinero, eran 200.000 rupias, es decir, una cantidad muy grande. Posteriormente, cuando reinició su negocio, trató de devolver el dinero, pero le dijo que no había dado ese dinero con la intención de recuperarlo.

El misionero de Rawalpindi, Tahir Mahmud Sahib, escribe:

“El señor Amir tenía un carácter muy particular: era compasivo, hablaba muy poco y era extremadamente devoto en sus oraciones. El viernes, venía muy temprano a Aiwan-e-Tauhid para las oraciones y ofrecía sus oraciones voluntarias con gran humildad y fervor. A aquellos que terminaban apresuradamente sus oraciones, les narraba relatos de los compañeros del Mesías Prometido (as) y otros ancianos de Qadián, donde creció. Expresaba su agrado por aquellos que dedicaban tiempo para realizar sus rezos y siempre les recordaba las oraciones tradicionales que uno debería rezar. Él mismo también pasaba mucho tiempo orando y también aconsejaba a otros que realizaran las oraciones. Era su costumbre ayudar a los necesitados y a sus amigos, siendo éste un rasgo que todo el mundo ha mencionado; y si alguien se lo agradecía, les impedía que lo hicieran. Tenía un gran amor por los libros del Mesías Prometido (as) y compartía su conocimiento en las reuniones”.

También fue uno de los directores de la Fundación Fazl-e-Umar. En este sentido, el secretario de la Fundación Fazl-e-Umar, Nasir Shams Sahib, escribe:

“Trabajó como director de la Fundación Fazl-e-Umar desde comienzos del año 2011 hasta finales de 2019. A pesar de su vejez y debilidad en su salud, asistía regularmente a las reuniones de la junta directiva. Nos beneficiamos mucho de sus oraciones y consejos durante mucho tiempo. El difunto era una persona extremadamente devota y justa, y un gran servidor leal del Jalifato. Una cualidad particular de la que personalmente fui testigo fue que tenía un fuerte vínculo con Dios Altísimo y ofrecía sus oraciones con mucha humildad y sinceridad”.

¡Que Dios Altísimo le conceda su perdón y misericordia, que eleve su estatus y permita que su progenie continúe con sus buenas obras!

El tercer funeral es del Dr. Hamid-ul-Din Sahib que vivió en el 121 Yim Be Gakhowal de Faisalabad. Falleció el 29 de febrero de 2020:

“A Al’lah pertenecemos y a Él retornaremos”.

El Ahmadíat se introdujo a la familia del difunto a través de su padre, el respetado Muhammad-ul-Din Sahib y el respetado Fateh-ul-Din Sahib, que era de Farsia, área de Gurdaspur. Ambos hicieron el Baia’at juntos durante el tiempo de Hazrat Jalifatul Masih II (ra). El fallecido nació en Qadián y el tío paterno de su madre, Hazrat Maulana Muhammad Ibrahim Sahib Qadiani (ra), era uno de los compañeros del Mesías Prometido (as). Fue un gran erudito en el tema del cristianismo y sirvió como maestro en la Madrasa Ahmadía durante mucho tiempo. Después de la partición de la India, la familia del fallecido emigró y se estableció en Faisalabad.

El difunto trabajaba como distribuidor y de esta manera tuvo la oportunidad de servir a la humanidad en toda su área. Trataba a los necesitados de forma gratuita. Llevaba una vida extremadamente simple, era muy justo, ofrecía regularmente sus oraciones desde su infancia y era muy respetuoso con las costumbres y tradiciones islámicas. Sentía un gran amor por el Jalifato, era extremadamente compasivo y tenía una gran confianza en Dios Altísimo; aparte también era una persona extremadamente honesta y veraz. Nunca rechazó ayudar a nadie, siempre cuidó de los demás y trataba de ayudarles. El fallecido tuvo la oportunidad de servir a la Comunidad en varios roles.

Uno de sus hijos es Karim-ul-Din Shams Sahib, quien es misionero y actualmente sirve en Tanzania, quien no pudo asistir al funeral de su padre debido a sus compromisos con la Comunidad. Uno de sus yernos también es misionero y otro yerno es Mual’lim de la Comunidad. Además, uno de sus nietos actualmente estudia en Yamia Ahmadía de Rabwah y está en su último año. Del mismo modo, tiene muchos otros nietos y nietas que forman parte del bendito sistema de Waqf-e-Nau o niños consagrados.

¡Que Dios Altísimo le conceda su perdón y misericordia, y eleve su posición! ¡Que también permita que su progenie continúe cumpliendo con las condiciones del Bai’at con toda lealtad!

Como mencioné anteriormente, después de la oración del viernes, dirigiré sus oraciones fúnebres en ausencia.

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