Califas guiados – Hazrat Umar (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Califas guiados – Hazrat Umar (ra)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes, 20-08-21.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y el Surah Al-Fatiha,

Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo lo siguiente:

Hasta ahora he estado mencionado relatos de la época de Hazrat Umar (ra), incluyendo diversas batallas que se libraron. Pues bien, una de ellas es la Batalla de “Yunde Sabur”. Después de que Hazrat Abu Sabrah bin Ruhum (ra) conquistara las ciudades de Sasán, avanzó con su ejército y estableció un campamento en Yunde Sabur, una ciudad de Juzestán. Las escaramuzas con el enemigo tenían lugar tanto de día como de noche y siempre se mantenían firmes en su posición, y así continuaron hasta que uno de los musulmanes propuso otorgarles protección. El enemigo se mantenía en su fortaleza y, cuando se presentaba la oportunidad, salía y atacaba. Entonces, uno de los musulmanes, que no estaba entre los jefes y que era un individuo común, hizo esta propuesta e inmediatamente abrieron las puertas de su fortaleza. Sus animales salieron, se abrieron los mercados y se veía gente por todas partes. Los musulmanes les preguntaron qué había pasado y ellos respondieron: “Nos habéis otorgado protección y la hemos aceptado. Pagaremos el ‘yizia’ (impuesto para ciudadanos no-musulmanes) a cambio de vuestra protección”.

Los musulmanes dijeron que no habían hecho nada igual hasta ese momento y los otros respondieron que no estaban diciendo ninguna mentira. Entonces los musulmanes se preguntaron entre ellos e indagaron sobre el asunto, y se supo que lo había hecho un esclavo llamado Miqnaf. Cuando se le preguntó a Hazrat Umar (ra) sobre él, dijo: “Dios Altísimo ha dado gran importancia a la lealtad y no podéis ser leales hasta que no cumpláis este pacto que se ha hecho (aunque fuese hecho por un esclavo). Por lo tanto, debéis darles un respiro mientras tengáis dudas y tratarlos con lealtad”. Así que los musulmanes reconocieron este pacto y regresaron. Esta batalla marcó el final de la conquista de Juzestán.

Hazrat Musleh Maud (ra) también ha mencionado un incidente similar:

“Durante la época de Hazrat Umar (ra), un esclavo abisinio hizo un tratado con una nación para que se les otorgara determinadas disposiciones. Cuando el ejército musulmán se les acercó, la gente de esa nación dijo que se había hecho un pacto con ellos. El oficial al mando del ejército evitó aceptar este tratado, por lo que  el asunto llegó a Hazrat Umar (ra) y sobre ello dijo que las palabras de un musulmán debían estar libres de falsedad, incluso si se trataba de un esclavo”.

Hazrat Musleh Maud (ra) sigue diciendo:

“Durante la época de Hazrat Umar (ra), el ejército enemigo estaba sitiado y creían que ya no podían salvarse, [Hazrat Musleh Maud (ra) relata el incidente antes mencionado con sus propias palabras]. La gente pensó que el comandante de los musulmanes tenía la intención de conquistar su fortaleza y si lo lograba, se les trataría como a otras naciones conquistadas. Al mismo tiempo, todo musulmán entendía la diferencia entre ser conquistado y firmar un tratado. En el caso de una conquista, se implementaba la ley islámica general y en el caso de un tratado ellos podían establecer sus condiciones o pedir tantos derechos adicionales como quisieran (es decir, la otra parte podía hacerlo). Pensaron que debían adoptar un acercamiento que permitiera conseguir una reconciliación con buenas condiciones. En relación con esto, un día, un musulmán abisinio estaba recogiendo agua. Se acercaron a él y le dijeron: ‘En tu opinión, ¿no es mejor reconciliarse que luchar?’. Él respondió: ‘Sí, es mejor’, (este hombre abisinio no era una persona educada). Y afirmaron: ‘Por qué no reconciliarnos con la condición de que se nos deje vivir libremente en nuestro país, sin que nadie nos moleste; y que nuestra riqueza permanezca con nosotros y la vuestra con vosotros’.

Tras esto, él dijo que era completamente correcto y a continuación abrieron las puertas de su fortaleza. Posteriormente, el ejército musulmán se acercó y el enemigo dijo que ya había hecho un tratado con ellos. Ante esto, los musulmanes preguntaron: ‘¿Dónde se hizo el pacto y qué oficial lo ha hecho?’. Dijeron: ‘No sabemos el nombre, puesto que desconocemos quiénes son vuestros oficiales. Un hombre estaba recogiendo agua aquí, hablamos con él y nos lo dijo’. Los musulmanes dijeron que un esclavo había salido de allí y le preguntaron qué había pasado. Le mencionaron esto al esclavo abisinio y él respondió: ‘Sí, yo se lo dije’. Entonces los musulmanes dijeron que él era simplemente un esclavo y que nadie le había dado autoridad para tomar esta decisión. Al escuchar esto, el enemigo dijo: ‘¿Cómo vamos a saber si es su oficial o no? Somos gente de tierra extranjera y creíamos que él era un general’. (La gente actuó con astucia). A continuación el oficial dijo: ‘No puedo aceptarlo. Sin embargo, escribiré una carta sobre este incidente a Hazrat Umar (ra)’. Cuando Hazrat Umar (ra) recibió la carta, dijo: ‘Anuncia que, a partir de ahora, nadie puede hacer ningún pacto excepto el comandante en jefe. De todas formas, no es posible que un musulmán dé su palabra y yo vaya en contra de ella. Ahora hay que aceptar cualquier pacto que haya hecho este hombre abisinio. No obstante, haced este anuncio para que en el futuro quede claro que nadie más que el comandante en jefe puede hacer un tratado, sea el que sea”.

En cuanto a los factores que obligaron a Hazrat Umar (ra) a conquistar Irán, se ha mencionado que el deseo más sincero de Hazrat Umar (ra) era que la lucha mortal en las Batallas de Irak y Ahwaz finalizara definitivamente, dado que no se obtenía ningún beneficio. Dado que los enemigos los atacaban, si eran capaces de detenerlos y debilitar su poder, la lucha podría detenerse de una vez por todas. Hazrat Umar (ra) expresó en repetidas ocasiones su deseo de tener una barrera entre ellos y los iraníes, para que aquellos no pudieran alcanzarles y tampoco ellos pudieran ir allí. Al final, las continuas operaciones militares de los iraníes no permitieron que este deseo suyo se cumpliera.  En 17 aH, una delegación compuesta por los comandantes del ejército musulmán llegó del campo de batalla y se presentó ante Hazrat Umar (ra), quien preguntó a la delegación por qué había repetidas violaciones de los tratados y rebelión en las tierras conquistadas;  y expresó la idea de que quizá los musulmanes causaban problemas a la gente en esas zonas, por lo que se seguían violando sus tratados. La delegación lo negó y afirmó que, según su conocimiento, los musulmanes trabajaban con verdadera sinceridad y excelente administración.

Entonces, Hazrat Umar (ra) preguntó cuál era la razón del desorden. Los otros miembros de la delegación no pudieron dar una respuesta satisfactoria, pero Ahnaf bin Qais respondió: “¡Oh Líder de los Fieles! Permítame informarle sobre la verdadera situación. El hecho es que Usted nos ha prohibido llevar a cabo más acciones militares y participar en cualquier otra guerra, y nos has ordenado permanecer en las tierras que ya han sido conquistadas. No obstante, el rey de Irán todavía está vivo y mientras viva, los iraníes seguirán luchando contra nosotros,  porque no es posible que dos gobiernos coexistan en un país; y uno finalmente expulsará al otro. Es decir, o se quedan los iraníes o nosotros”. Además dijo: “Usted es consciente del hecho de que no nos hemos apoderado de ninguna tierra, sino que lo que hemos adquirido lo hemos hecho como resultado del ataque provocado por el enemigo”. Ellos no habían iniciado la lucha y esas precisamente fueron las instrucciones de Hazrat Umar (ra). Pero cuando el enemigo lanzaba un ataque, no quedaba otra opción que luchar contra ellos. Así que, como consecuencia, esas tierras fueron conquistadas.

En cualquier caso, esto fue hecho evidente para aquellos de entre los musulmanes que buscaban innecesariamente justificar sus propias guerras y ello también responde a los críticos que plantean acusaciones contra el Islam de que los musulmanes nunca emprendieron batallas para adquirir tierras o conquistar otras naciones. De hecho, eran atacados primero y solo se involucraban en una batalla para establecer la paz; si bien posteriormente, también lograban victorias. A pesar de todo, ellos afirmaron que estos ejércitos provenían de su rey y su conducta continuaría hasta que él les permitiera tomar medidas para atacar y expulsar al rey de Persia. De esta manera se aplastaba la esperanza de otra victoria de los persas y ese fue realmente el caso. En este contexto, considerando que se trataba de un buen consejo, Hazrat Umar (ra) se dio cuenta de que no había otra opción que seguir avanzando en Irán. De lo contrario, no sería posible establecer la paz, pues se seguiría matando a musulmanes y se librarían más batallas.

Sin embargo, Hazrat Umar (ra) decretó esto oficialmente tras unos dos años, en el 21 aH., después de la Batalla de Nahawand, cuando los iraníes avanzaron con poderosas fuerzas y se produjo una dura batalla en dicha ciudad. La Batalla de Nahawand también es llamada “la Victoria de las Victorias”. En Irán e Irak, tres son las batallas que se consideran decisivas entre las batallas musulmanas, a saber: la Batalla de Qadisiya, la Batalla de Yalula y la Batalla de Nahawand. En términos de sus resultados, la Batalla de Nahawand fue tan significativa que llegó a ser conocida entre los musulmanes como “Fath-ul-Futuh”, o sea “la Victoria de las Victorias”. En este sentido, tras sus dos derrotas anteriores, la Batalla de Nahawand fue la última tentativa desesperada de los iraníes.

Los detalles de esta batalla son los siguientes:

El rey de Irán, Yazdegard, que ahora se encontraba en Merv, o según Abu Hanifa Dinawari, residía en Qom, comenzó a reunir, de forma activa, tropas para luchar contra los musulmanes. A través de sus cartas, había suscitado un movimiento en el país desde Jorasán hasta Sindh y las tropas iraníes de todos los lugares se reunieron en Nahawand, que es una ciudad de Irán situada al este de Kermanshah, a unos 70 kilómetros al sur de Hamadán, la capital de la provincia de Hamadán. Nahawand estaba rodeada de montañas. Por su parte, Hazrat Sad (ra) escribió a Hazrat Umar (ra), que estaba en Medina, informándole sobre este ejército. Unos días más tarde, cuando Hazrat Umar (ra) relevó a Hazrat Sad (ra) de sus responsabilidades y Hazrat Sad (ra) pudo ir a Medina, transmitió verbalmente esta información directamente a Hazrat Umar (ra). Tras la deposición de Hazrat Sad (ra), Hazrat Umar (ra) asignó este este puesto clave a Hazrat Ammar bin Yasir (ra), quien por su parte siguió enviando a Medina los informes de inteligencia que recibía sobre las operaciones militares iraníes.

Hazrat Umar (ra) convocó un “Majlis-e-Mushawarat” (asamblea consultiva) en la que, tras subierse al púlpito, pronunció un discursoy dijo:

“¡Oh árabes! Dios Altísimo os ayudó a través del Islam, os unió después de la disensión, os enriqueció después de la hambruna, y os concedió la victoria en todos los campos cuando tuvisteis que enfrentaros contra el enemigo. Así pues, nunca os quedásteis atrás ni os vencieron. Ahora, satanás ha reunido algunas fuerzas para intentar apagar la luz de Al’lah. Aquí hay una carta de Ammar bin Yasir en la que se afirma que los habitantes de Qumis, Tabaristán, Nambawand, Yurjan, Isfahan, Qom, Hamadan, Mahan y Sabzan se están reuniendo en torno a su rey para marchar contra vuestros hermanos de Kufa y Basora y, tras expulsarlos de su tierra, atacar vuestro país. ¡Oh gente! Dadme vuestro consejo, porque este es un asunto importante. No quiero que habléis mucho ni que discrepéis entre vosotros; más bien, deseo que me aconsejéis de forma concisa si sería prudente que partiera personalmente hacia Irán y, deteniéndome en un lugar apropiado entre Basora y Kufa, ayudara a mi ejército desde allí; y si, con la gracia de Dios, se consigue la victoria en esta batalla, debería avanzar con mi ejército más allá del territorio enemigo”.

Después del discurso de Hazrat Umar (ra), Hazrat Talha bin Ubaidul’lah (ra) se levantó y, tras glorificar a Dios, exclamó:

“¡Oh Líder de los Fieles! La gestión de los asuntos del reino le ha hecho sabio y la experiencia le ha hecho inteligente. Haga lo que desee y actúe según su propio criterio. Nosotros estamos con Usted. Denos una orden y le obedeceremos. Llámenos y le responderemos. Envíenos al frente y nos pondremos en marcha. Si desea llevarnos con Usted, entonces estaremos a su lado. Decida Usted mismo sobre este asunto, ya que está bien informado y tiene buena experiencia”. Hazrat Talha (ra) dijo esto y se sentó.

No obstante, Hazrat Umar (ra) deseaba asesoramiento y añadió:

“Gentes, decidme algo, porque este día tendrá consecuencias duraderas”.

Al escuchar esto, Hazrat Uzman (ra) se levantó y exclamó:

“¡Oh Líder de los Fieles! En mi opinión, deberías enviar instrucciones a Siria y Yemen para que los soldados musulmanes allí destinados partan hacia Irán. Asimismo, envía instrucciones a los soldados de Basora para que también se pongan en marcha, mientras tú mismo te diriges hacia Kufa con los soldados del Hiyaz. De este modo, se eliminará la amenaza de las grandes fuerzas enemigas que está detectando. Ese movimiento tendrá en verdad consecuencias durante un largo tiempo; por tanto, es importante que deis vuestra opinión y que estéis presentes entre vuestros compañeros”.

En otras palabras, él mismo debería ir a la primera línea y a la mayoría de los presentes en la reunión les gustó la sugerencia de Hazrat Uzman (ra) y todos los musulmanes al completo expresaron su aprobación. Al final, Hazrat Umar (ra) no aceptó esta sugerencia y buscó más asesoramiento.

Hazrat Ali (ra) se levantó y pronunció un largo discurso en el que dijo:

“¡Oh Líder de los Fieles! Si se ordena la salida del ejército en Siria, los bizantinos tomarán el control de la zona y, si se retira el ejército musulmán de Yemen, los abisinios tomarán el control allí. Si al escuchar estas noticias se marcha de aquí, los musulmanes de todas las partes de la tierra saldrán para unirse con usted y el hecho de que este territorio quedará vacío de sus hombres supondrá un peligro mayor que el peligro al que os dirigís para combatir”.

En cambio, Hazrat Ali (ra) presentó la sugerencia de que Hazrat Umar (ra) enviara una orden a Basora para que todo el ejército se dividiera en tres partes y dijo:

“Una sección del ejército debe ser asignada para proteger los hogares y el territorio en los naciones habitadas por los musulmanes. Otra sección debe ser enviada a aquellas tierras que han sido conquistadas y se ha establecido un tratado de paz con su gente, con el fin de evitar una sublevación después de violar su tratado. La otra división debe ser enviada a Kufa para ayudar a los musulmanes de allí. Del mismo modo, debe escribirse un mensaje a la gente de Kufa para que una unidad militar permanezca allí y las otras dos unidades sean enviadas a luchar contra los enemigos, y el pueblo de Siria debe ser instruido para que dos tercios del ejército permanezcan en Siria y un tercio sea enviado a Irán. Una instrucción similar debería enviarse a Ammán y a otras tierras vecinas. No es conveniente que vayas personalmente al campo de batalla, pues su posición es como la de un hilo por el que se deslizan las perlas. Si se corta el hilo, las perlas se dispersarán y no se volverán a reunir.

Además, si los iraníes se enteran de que el líder de Arabia ha acudido al campo de batalla, harán todo lo posible y utilizarán todas sus fuerzas para entrar en combate. En cuanto a los movimientos y los planes del enemigo, Dios Altísimo está muy disgustado con sus acciones y Al’lah posee el poder de cambiar lo que Le desagrada. Tú también has mencionado la fuerzas del contingente enemigo, pero en el pasado nunca hemos luchado en base a nuestra fuerza de cuántos éramos, más bien luchamos con nuestra absoluta confianza en la ayuda de Dios y nuestra victoria o derrota no depende del número de soldados. Esta es la religión de Dios y Él la ha hecho triunfar. Este es el ejército de Al’lah al que Él ha concedido Su auxilio y lo ha apoyado a través de los ángeles, gracias a lo cual ha alcanzado el honor que tiene hoy. Dios Altísimo nos lo ha prometido y seguramente cumplirá Su promesa y concederá apoyo a Su ejército”.

Ante esto, Hazrat Umar (ra) dijo:

“Sí, esto es cierto. Si voy allí, todos los musulmanes acudirán desde todas las direcciones y los iraníes vendrán con fuerza a apoyar a sus hombres y dirán: ‘El líder de la tierra árabe ha entrado en el campo de batalla, por lo que si ganamos esta batalla habremos derrotado a toda Arabia’. Por eso, no considero apropiado viajar”.

En otras palabras, si el enemigo ganara, se haría con el control de toda Arabia. Por tanto, no era apropiado que viajara.

Hazrat Umar (ra) dijo además:

“Todos debéis presentar vuestras sugerencias sobre quién debe ser nombrado comandante del ejército. Así pues, presentad los nombres de aquellos que han tenido experiencia de luchar en las batallas de Irak”.

La gente dijo a Hazrat Umar (ra):

“Su Santidad es el que más sabe sobre el pueblo de Irak y su ejército, porque sus delegaciones han venido a visitarle y has tenido la oportunidad de valorarles y de hablar con ellos”.

Entonces, debido a su previsión y percepción, Hazrat Umar (ra) designó a Hazrat Numan bin Muqarrin (ra), que era de entre los nobles Compañeros del Santo Profeta (sa), para esta tarea.

Según una narración, Hazrat Numan (ra) estaba ofreciendo su oración en la Mezquita cuando Hazrat Umar (ra) entró. Al verle, Hazrat Umar (ra) se acercó y se sentó cerca de él. Cuando Numan (ra) concluyó su oración, Hazrat Umar (ra) le dijo:

“Deseo nombrarte para una determinada misión”. Hazrat Nauman (ra) respondió: “Si se trata de un papel militar, estoy dispuesto a ello, pero si es para la recaudación de impuestos, no me gusta esa tarea”. Hazrat Umar (ra) dijo: “¡No, es un papel militar!”.

Respecto a esto, la narración de “Al-Tabari” parece más cercana a los hechos; o sea, sobre cómo Hazrat Numan (ra) fue designado como comandante en la batalla de Nahawand, hay una narración de “Al-Tabari” -como acabo de mencionar- y la narración es la siguiente:

Ibn Ishaq afirma, haciendo referencia a los incidentes de Nahawand, que se menciona que Numan bin Muqarrin (ra) fue nombrado recaudador de impuestos en Kaskar. Escribió a Hazrat Umar (ra) y le dijo que Sad bin Abi Waqqas (ra) le había designado para recaudar los impuestos, pero que su deseo era participar en la “yihad”. Posteriormente, Hazrat Umar (ra) escribió a Sad bin Abi Waqqas (ra) y le dijo: “Numan me ha escrito y me ha informado de que le has designado para recaudar los ingresos fiscales, aunque no le gusta este papel y, en su lugar, desea participar en la ‘yihad’. Por consiguiente, envíalo a Nahawand, que es uno de los frentes de batalla más importantes”. Así, este importante deber fue asignado a Hazrat Numan bin Muqarrin (ra) y partió de allí para luchar contra el enemigo.

Mientras estaba quizá en Kufa, Hazrat Umar (ra) le escribió una carta y la misma apoya el hecho de que no estaba en Medina sino en Kufa. Por tanto, en ese momento se encontraba en Kufa y la carta decía lo siguiente:

“En el nombre de Dios, el Clementísimo, el Misericordiosísimo.

A Numan bin Muqarrin, la paz sea contigo”.

Y decía a continuación:

“Alabo a Dios Altísimo, Quien no tiene compañero.

He llegado a saber que un poderoso ejército de iraníes se ha reunido en Nahawand para luchar contra vosotros. Cuando recibas mi carta, entonces, con el poder de Dios Altísimo y con Su ayuda y socorro, parte con tus compañeros musulmanes. No los lleves a un terreno que esté seco, que les dificultará la marcha. No dejes de cumplir con sus derechos para que no se vuelvan ingratos y tampoco los lleves a zonas pantanales, pues la vida de un solo musulmán es más valiosa para mí que 100.000 dinares.

Que la paz sea contigo”.

En cumplimiento de esta instrucción, Hazrat Nauman (ra) partió para luchar contra el enemigo. Junto a él había algunos musulmanes distinguidos y valientes, como por ejemplo Huzaifah bin Yamman, Ibn Umar, Yarir bin Abdul’lah Bayali, Mughirah bin Shubah (ra), Amar bin Madi Karib, Tulayhah bin Juwailid Ashaz y Qais bin Maqshuh Murad. Al mismo tiempo, Hazrat Umar (ra) había instruido que si Numan bin Muqrin (ra) era martirizado entonces Huzaifah bin Yamman se convertiría en el líder y después de él Yarir bin Abdul’lah Bayali. Tras él sería Hazrat Mughirah bin Shubah (ra) y si también era martirizado entonces Ashaz bin Qais. En cuanto a Amar bin Madi Karib y Tulayhah bin Juwailid, Hazrat Umar (ra) dijo: “Amar bin Madi Karib y Tulayhah bin Juwailid están con vosotros y ambos son destacados jinetes de entre los árabes, por tanto, consultad con ellos en asuntos militares, pero no los nombréis como oficiales para ninguna tarea”.

El ejército musulmán partió y a través de personas encargadas de reunir información, Hazrat Nauman (ra) se dio cuenta de que la ruta hacia Nahawand -donde se había reunido el enemigo- estaba bien. Hazrat Nauman (ra) fue informado de antemano de que el enemigo estaba reuniendo un gran número de soldados. Se sabe a través de los historiadores que este ejército tenía 60.000 o bien 100.000 soldados, pero según la narración de Bujari se afirma que fueron 40.000; o sea, que las cifras de 60.000 y 100.000 son un poco exageradas. Según dicha narración de Bujari, el enemigo tenía 40.000 soldados y quería que los musulmanes enviaran a alguien para entablar una conversación con ellos. Por ello enviaron a Hazrat Mughirah bin Shubah (ra). Por su parte, los iraníes habían organizado una reunión muy extravagante y el comandante en jefe iraní llevaba su corona y estaba sentado en un trono de oro. Los cortesanos reales habían exhibido sus armas de tal manera que cualquiera quedaba asombrado. Además estaba presente un traductor.

El comandante iraní repitió la misma historia en la que mencionaba que los árabes eran un pueblo muy inferior en todos los aspectos de la vida. Además declaró: “La única razón por la que no ordeno a mis oficiales que acaben con vosotros es porque no quiero que sus flechas se vuelvan impuras al impactar vuestros cuerpos inmundos”. (Dios nos perdone). También declaró: “Si volvéis atrás, incluso ahora os dejaremos, de lo contrario se verán vuestros cadáveres tirados en el campo de batalla”. No obstante, ¿qué podían hacerles esas burlas y amenazas?

Entonces, Hazrat Mughirah (ra) declaró:

“Hace mucho que terminaron los días que existieron antes de la llegada del Santo Profeta (sa) y se ha producido una gran transformación en nosotros desde su llegada”.

En cualquier caso, las conversaciones fracasaron y ambos ejércitos se prepararon para la batalla. El ejército musulmán estaba bajo el mando de Numan bin Muqarrin (ra) y los dos flancos del ejército estaban bajo el mando de Huzaifah bin Yamman y Suwaid bin Muqarrin. Qaqa bin Amar (ra) estaba al mando de la Muyaridah o la caballería de primera línea, y la retaguardia del ejército estaba bajo el mando de Muyashi. Se produjeron escaramuzas, pero el estado del campo de batalla era extremadamente desfavorable para los musulmanes, porque el enemigo permanecía protegido en sus trincheras, fortalezas y casas, mientras que los musulmanes estaban en la llanura al descubierto. Cuando el enemigo consideraba que era el momento adecuado, salía y lanzaba un ataque repentino y luego volvía a sus puestos de protección. La situación respecto a las armas que poseía el enemigo era tal que uno de los narradores afirma que las vio cruzar de un lado a otro y parecía como si fueran una montaña de hierro.

En vista de las circunstancias, el comandante en jefe del ejército musulmán, Numan bin Muqarrin (ra) convocó una asamblea de todos los hombres experimentados y sabios del ejército para consultarles, se dirigió a ellos y dijo:

“Todos vosotros podéis ver cómo el enemigo se ha protegido con sus fortalezas, trincheras y edificios. Cuando quieren salen y los musulmanes solo pueden combatirlos cuando ellos mismos deciden salir a luchar. Además, el enemigo recibe continuamente refuerzos. Como podéis ver, los musulmanes se enfrentan a grandes dificultades en esta situación. Por lo tanto, ¿qué haremos para forzar al enemigo a salir y entablar una batalla a campo abierto?”.

Al oír estas palabras de su comandante en jefe, el más veterano entre ellos en esta reunión, Amar bin Subai declaró:

“Se han protegido en sus fortalezas, pero de esta manera el asedio que hemos puesto se sigue prolongando. Soportar esto durante un largo periodo de tiempo es mucho más difícil y desafiante para ellos que para nosotros. Así pues, dejémosles estar así y continuémos prolongándolo. Por supuesto, tendremos que luchar contra los que salgan a combatir”.

Sin embargo, la reunión no aprobó esta sugerencia de Amar bin Subai.

Después de esto, Amar bin Madi Karib afirmó:

“No hay que preocuparse ni temerles. Debemos avanzar con todas las fuerzas y atacar al enemigo”.

Aunque esta sugerencia también fue rechazada. Al comentar esta sugerencia, los hombres más experimentados afirmaron que en tal caso no lucharían contra sus hombres, sino que se enfrentarían a sus murallas y estas servirían de apoyo al enemigo. En otras palabras, el enemigo estaba protegido dentro de las fortalezas.

Ante esto, Tulaihah se levantó y declaró:

“En mi opinión, ambas sugerencias no son correctas, pues se debe enviar una pequeña unidad contra el enemigo y cuando lleguen cerca de él deben disparar sus flechas, y atraerlo para que salga y entre en combate. El enemigo saldrá a atacar a ese contingente. Tras esto, nuestro propio contingente empezará a retroceder y a hacer ver que huye de la derrota. En ese momento, esperemos que el enemigo salga al exterior en su búsqueda de la victoria; y entonces, cuando salga a la llanura abierta, nos ocuparemos de él”.

Hazrat Numan (ra) aceptó esta propuesta y encargó a Hazrat Qaqa (ra) que comenzara a aplicarla. Puso en práctica el consejo de Tulaihah y los acontecimientos se desarrollaron tal y como había dicho. Hazrat Qaqa (ra) comenzó a retirarse lentamente como si hubieran sido derrotados y al embriagarse con su inminente victoria, el enemigo continuó avanzando, hasta el punto de que todos ellos salieron de su fortaleza. Solo los que custodiaban la puerta principal permanecieron en sus puestos dentro del fuerte. El enemigo salió de su posición segura y continuó acercándose al ejército musulmán, hasta el punto de que algunas de sus flechas hirieron a algunos musulmanes, aunque Hazrat Numan (ra) no dio permiso para que tuviera lugar una batalla total.

Hazrat Numan amaba al Santo Profeta (sa) y era práctica del Santo Profeta (sa) que si la batalla no había comenzado por la mañana, entonces comenzaría la lucha después de que el sol hubiera pasado su zenit, cuando el intenso calor disminuía y soplaba una brisa fresca. Algunos musulmanes estaban ansiosos por entrar en combate, ya que  ver a algunos de los musulmanes heridos por las flechas no hizo más que aumentar su pasión y su celo por la lucha. Estos musulmanes acudían al comandante en jefe y le pedían permiso para luchar, pero él les respondía que esperaran.

Hazrat Mughirah bin Shubah (ra) se agitó y dijo: “Si fuera yo comandante en jefe, habría dado el permiso”, pero Hazrat Numan respondió: “Espera un poco y ten paciencia. Ciertamente, cuando eras comandante, organizaste los asuntos de forma excelente, pero incluso hoy, Dios no nos deshonrará ni a ti ni a mí. Lo que tú quieres conseguir con prisa, yo tengo la esperanza de que nosotros lo conseguiremos mostrando paciencia”.

Cuando el calor de la tarde disminuyó, Hazrat Numan (ra) montó en su caballo y recorrió el ejército. Bajo cada bandera, pronunciaba un apasionado discurso y rezaba para ser martirizado de forma tan sentida que los que lo escuchaban comenzaron a llorar. Después de esto declaró que: “Levantaré la consigna ‘Al’lah es el Más Grande’ tres veces y agitaré la bandera al mismo tiempo. Cuando levante la consigna por primera vez, prepararos; al segundo grito, preparad vuestras armas y permaneced listos para lanzar un ataque total; al tercer grito y cuando ondee la bandera cortaré las filas enemigas; cada uno de vosotros debe atacar las filas que tiene enfrente”. Después de esto, rezó: “¡Oh Al’lah! Concede honor a Tu fe y ayuda a Tu gente. Permite que Numan sea el primer mártir”. Es decir, esto es lo que pedía el comandante en jefe. Cuando Hazrat Numan (ra) pronunció la consigna por tercera vez, los musulmanes lanzaron un ataque fuerte contra los enemigos.

El narrador afirma:

“La pasión entre los musulmanes era tal que se podía decir que nadie consideraría regresar sin ser martirizado o sin obtener la victoria”. Numan tomó la bandera y atacó al enemigo con tanta rapidez que parecía que no era una bandera, sino que un águila estaba lanzando un ataque. Así, los musulmanes atacaron con sus espadas al unísono, pero las filas enemigas se mantuvieron firmes ante este ataque. Los golpes de hierro contra hierro resonaron estruendosamente y, debido a que la tierra estaba empapada de sangre, la caballería musulmana empezó a resbalar. Hazrat Numan (ra) fue herido durante esta batalla y su caballo resbaló, por lo que cayó al suelo. Llamaba la atención por su túnica blanca y su turbante. Su hermano, Naim bin Muqarrin, lo vio caer, pero gracias a su rapidez de ingenio, logró agarrar la bandera antes de que cayera y cubrió a Hazrat Numan (ra) con su tela, tomó la bandera y se dirigió a Hudhaifah bin Yaman, que era el sub-comandante, y este llevó a Naim bin Muqarrin al lugar donde Hazrat Numan (ra) fue martirizado e izó la bandera en alto. De acuerdo con la sugerencia de Hazrat Mughirah (ra), la noticia del fallecimiento de Hazrat Numan (ra) se ocultó hasta que concluyó la batalla.

En “Al-Ajbar Al-Tiwal” está escrito que cuando Hazrat Numan (ra) fue herido y cayó al suelo, su hermano lo llevó a su tienda de campaña. A continuación, se vistió con las ropa de Hazrat Numan (ra), tomó su espada y montó en su caballo. La mayoría de la gente tenía la impresión de que era el propio Hazrat Numan (ra).

El historiador “Al Tabari” ha escrito que se trata de un excelente ejemplo de obediencia a un comandante a pesar de las precarias circunstancias. Hazrat Numan (ra) había anunciado: “Incluso si Numan es asesinado, no dejen la batalla ni dirijan su atención hacia mí. Continúen la lucha con el enemigo”.

Por su parte, Maqil dice: “Cuando Hazrat Numan cayó, fui hacia él, pero luego recordé sus órdenes. Por eso, me di la vuelta y seguí luchando”. No obstante, se produjo una feroz batalla durante todo el día. En cuanto cayó la noche, los enemigos se retiraron y el campo de batalla fue ocupado por los musulmanes. Muchos prominentes comandantes iraníes fueron matados. Maqil añade: “Después de obtener la victoria, fui a ver a Hazrat Numan (ra), que estaba a punto de morir. Le lavé la cara con agua. Me pidió mi nombre y me preguntó cómo se estaban desarrollando los acontecimientos para los musulmanes y le di la buena noticia de la victoria concedida por Al’lah mediante Su apoyo. Hazrat Numan dijo: ‘Todas las alabanzas pertenecen a Al’lah. Informa a Hazrat Umar (ra)”.

Por su parte, Hazrat Umar (ra) esperaba ansiosamente conocer el resultado de la batalla. El atardecer en que se esperaba que tuviera lugar la batalla, Hazrat Umar (ra) estuvo inquieto toda la noche y apenas durmió. El narrador afirma que pasó la noche rezando con tanto dolor, que parecía una mujer con dolores de parto. Finalmente, el emisario llegó a Medina con las noticias de la victoria. Entonces, Hazrat Umar (ra) proclamó: “Todas las alabanzas pertenecen a Al’lah” y luego preguntó por Hazrat Numan (ra). El emisario informó a Hazrat Umar (ra) de su fallecimiento. Hazrat Umar (ra) se sintió abrumado por el dolor, se llevó las manos a la cabeza y comenzó a llorar. El emisario también mencionó los nombres de los otros mártires y luego dijo: “¡Oh Líder de los Fieles! Muchos otros musulmanes fueron martirizados, la mayoría de los cuales Usted no conocía”.

Hazrat Umar (ra) habló con lágrimas en los ojos y dijo:

“Si Umar no los conocía eso no les perjudica en absoluto, porque Dios los conoce. Aunque no sean conocidos entre los musulmanes, Dios les ha concedido el honor del martirio. Al’lah sabe quiénes son. ¡Qué más da que Umar no los conociera!”.

Tras esta batalla, los musulmanes persiguieron a los enemigos hasta Hamadán. En este contexto, el comandante iraní Jusro Shanum había llegado a un acuerdo con la condición de que los iraníes no atacaran a los musulmanes de Hamadán y Dastavi. El ejército musulmán capturó Nahawand y debido al resultado posterior, esto resultó ser fundamental, ya que después de esto los iraníes no fueron capaces de unirse para atacar. Los musulmanes comenzaron a llamar a esta victoria “Fath al-Futuh” (la Victoria de todas las victorias).

Con respecto a la sugerencia de lanzar un ataque contra Irán, está escrito que aunque los musulmanes estaban moral y legalmente en su derecho de romper el poder imperial de los iraníes y quedarse tranquilos -ya que el enemigo lanzaba ataques constantemente-, no obstante, el corazón compasivo de Hazrat Umar era reacio a más derramamiento de sangre. El deseo más sincero de Hazrat Umar -que era un verdadero siervo de la Misericordia para la Humanidad [o sea, el Santo Profeta (sa)]- era que, tras la derrota, los iraníes permanecieran en las zonas fronterizas y cesaran toda forma de guerra y lucha. Hazrat Umar (ra) no solo expresó este deseo de vez en cuando, sino que también prohibió a los ejércitos de Irak e Irán que lanzaran ellos mismos un ataque ofensivo. Sin embargo, este deseo de Hazrat Umar (ra)  no pudo cumplirse debido a los constantes ataques de los enemigos y a las rebeliones instigadas por ellos en las zonas conquistadas. Por ello, tras hablar con un grupo de combatientes con experiencia, Hazrat Umar (ra) llegó a la conclusión de que no había otra opción que lanzar un ataque. Esto tuvo lugar en el año 17 dH., pero a pesar de ello Hazrat Umar (ra) no permitió que el ejército avanzara durante mucho tiempo.

Entretanto, como se ha mencionado anteriormente, la situación era tal que no permitía a los musulmanes quedarse de brazos cruzados. Hazrat Umar (ra) se dio cuenta de que cada año, Yazdegerd enviaba sus ejércitos y alimentaba el fuego de la guerra, y mucha gente le aconsejó que mientras permaneciera en el trono, no cambiaría su forma de actuar, y la Batalla de Nahawand reforzó aún más esta opinión. Obligado por estas circunstancias, después de la Batalla de Nahawand en el año 21 dH., a Hazrat Umar (ra) no le quedó más remedio que dar permiso al ejército para avanzar. Formó un plan para la conquista de Irán y lo envió a Kufa, que en ese momento era una ciudad de guarnición utilizada para estas expediciones. Hazrat Umar (ra) asignó varios comandantes a distintas áreas y organizó banderas para cada una de ellas, que fueron preparadas en Medina. La bandera de Jurasan fue entregada a Ahnaf bin Qais, la de Istajar a Uzman bin Abi Aas, la de Ardashir y Sabur fue entregada a Muyashi bin Masud, la de Fasah y Darabyird a Saria bin Zunaim, la de Siyistan (Sistan) a Asim bin Amar, la de Makran a Hakam bin Amr y la bandera de Kerman fue entregada a Suhail bin Adi. Además, se enviaron banderas para la conquista de Azerbaiyán a Utbah bin Farqad y Bukair bin Abdil’lah, y se les ordenó invadir Azerbaiyán desde el lado derecho de Hulwan y desde el lado izquierdo de Mosul.

Por su parte, la bandera de la expedición de Isfahan fue entregada a Abdul’lah bin Abdil’lah. Con respecto a la conquista de Isfahan, está escrito que fue asignada a Abdul’lah bin Abdil’lah, quien estaba en Nahawand cuando recibió una carta de Hazrat Umar (ra) que decía que debía avanzar hacia Isfahan y nombrar a Abdul’lah bin Waraqah Rihai como jefe de la vanguardia y a Abdul’lah bin Waraqah Asadi y Asmah bin Abdil’lah para comandar los flancos. En las afueras de Isfahan, se encontraron con un contingente al mando del comandante persa Astandar. El comandante de la vanguardia era Shahr Baraz Yazwiah, un hombre con experiencia y de edad avanzada. Atacó a los musulmanes con su contingente y se produjo una feroz batalla. Yazwiah pidió un duelo y como resultado de ello Abdul’lah bin Waraqah accedió y lo mató. Tras una intensa batalla, el enemigo sufrió la derrota y huyó,  y el comandante en jefe Astandar llegó a un acuerdo con Abdul’lah bin Abdil’lah. A continuación, el ejército musulmán avanzó hacia Isfahan, que era conocida como Yae, y sitió la ciudad.

Un día, el gobernador de la ciudad, Fazusfan salió y le dijo a Abdul’lah bin Abdil’lah, comandante del ejército musulmán: “En lugar de que ambos ejércitos luchen, hagamos un duelo, el que venza a su rival será el vencedor”. Abdul’lah aceptó esta propuesta y le preguntó quién atacaría primero de los dos. Fazusfan atacó primero pero Abdul’lah se mantuvo firme, pero debido a un golpe del enemigo, la silla de montar de su caballo fue cortada. A continuación, Abdul’lah se sentó firmemente en el lomo desnudo de su caballo y antes de lanzar su ataque, le dijo a Fazusfan: “Quédate ahí”. Fazusfan dijo: “Eres un hombre extremadamente inteligente y valiente. Estoy dispuesto a llegar a un acuerdo y entregarte la ciudad”. Así pues, firmaron un tratado y los musulmanes obtuvieron el control de la ciudad. Según Tabari, esta conquista tuvo lugar en el año 21 dH.

El historiador Balazuri ha afirmado que el comandante del ejército musulmán en esta batalla no fue Abdul’lah bin Abdil’lah, sino que fue Abdul’lah bin Budail bin Waraqah Juzai. Por su parte, el historiador Tabari escribe que algunas personas han confundido a Abdul’lah bin Waraqah Asadi -que participó en la batalla y fue el comandante de uno de los flancos- con Abdul’lah bin Budail bin Waraqah, quien en la época de Hazrat Umar (ra) era muy joven y fue martirizado durante la batalla de Siffin, a la edad de 24 años.

Luego se produjo la rebelión y la reconquista de Hamadán, y tras la batalla de Nahawand, los musulmanes conquistaron además Hamadan, pero sus habitantes violaron el tratado de paz al reunir un ejército con apoyo militar de Azerbaiyán. Entonces, Hazrat Umar (ra) ordenó a Nuaim bin Muqarrin que fuera allí con un ejército de 12.000 soldados. Tras una feroz batalla, los musulmanes conquistaron la ciudad.

Hazrat Umar (ra) estaba especialmente preocupado por el resultado de esta batalla, pero el mensajero trajo la buena noticia de la victoria. Hazrat Umar (ra) pronto le envió de vuelta con instrucciones a Nuaim bin Muqarrin para que nombrara a alguien como su sustituto en Hamadan, y que luego avanzara hasta Rayy. Tenía que derrotar al ejército y permanecer allí, ya que era el centro de todas las zonas que la rodeaban.

Los detalles de esta y otras batallas y conquistas que tuvieron lugar en la época de Hazrat Umar (ra) continuarán en el futuro, si Dios quiere.

Ahora mencionaré a algunos miembros fallecidos y dirigiré sus oraciones fúnebres tras la oración del viernes.

El primero es el de Muhammad Diantono Sahib de Indonesia, que falleció el 15 de julio pasado a la edad de 46 años:

“Ciertamente pertenecemos a Dios y a Él retornaremos”.

Su esposa escribe: “Nació en el seno de una familia no-áhmadi, pero desde su infancia siempre quiso ir a la mezquita y era diferente a los demás niños. Disfrutaba permaneciendo en la mezquita durante largas horas, aprendiendo sobre las enseñanzas del Islam y recordando a Dios Altísimo. Decía que todo eso era una bendición para él con el fin de alcanzar la cercanía de Al’lah. Tenía un amigo en su pueblo que era áhmadi y cuando estudiaban en el instituto, conoció a la Comunidad a través de su amigo. Prestó el juramento de fidelidad en la Yamat de Chilidu y Chirigun. Pero cuando su padre se enteró de su conversión, se enfadó mucho y lo echó de su casa, ya que consideraba que su hijo se había desviado del camino recto. Ni siquiera le abrieron la puerta y tuvo que dormir fuera, y paso un buen tiempo antes de que empezaran a permitirle volver a casa.

En 1997, los responsables de la Comunidad local le sugirieron que fuera a estudiar a Yamia (la universidad que prepara a los misioneros), ya que veían en él cualidades para convertirse en misionero. Desde su infancia sentía pasión por la predicación. Por ello, ingresó en Yamia y se graduó en 2002. Su primer destino fue Yeneponto y debido a su pasión por la predicación, iba con los ‘daiyan’ (predicadores de la fe) y predicaba de pueblo en pueblo. Por la gracia de Dios, tuvo la oportunidad de atraer a cientos de personas al redil del Ahmadíat en los pueblos. Más tarde, cuando se inició la construcción de la casa de la misión, él mismo participó en los trabajos. Antes no había ninguna misión en la zona.

Su mujer añade: “Recuerdo que vivía en una casa de alquiler muy modesta. Era muy sencillo y ni siquiera había nada en la casa. En total, solo había un edredón, una almohada y una esterilla para dormir. Además, la olla que teníamos para cocinar nos servía para todo, ya fuera para cocinar la comida o para guardar el agua en ella, etc.”.

Luego dice: “Un día el jefe de predicación Suyuti Aziz Sahib y el misionero provincial Saiful Uyun Sahib vinieron a nuestra casa. Al ver el estado de nuestra casa, se quedaron asombrados. La Yamat de Yeneponto solicitó al centro la construcción de una casa para la misión, y así se construyó. Posteriormente, también se erigió allí una mezquita. Antes de esto, los musulmanes compartían una mezquita para ofrecer sus oraciones, pero debido a la oposición les prohibieron seguir rezando allí. Entonces ofrecían sus oraciones en la casa de alguien y hubo muchos obstáculos en su deseo y en sus esfuerzos por construir la mezquita, ya que los trabajadores se negaron a trabajar y el jefe del pueblo lanzó amenazas diciendo que no lo permitiría. En cualquier caso, no perdieron la esperanza ni se rindieron a pesar de todos estos obstáculos, y siguieron su construción con gran determinación. Si los trabajadores se negaban a trabajar, los juddam (jóvenes) y los atfal (niños) ayudaban en las labores, e incluso participaban jóvenes no-áhmadis con los que tenían buenas relaciones. Y así se construyó la mezquita”.

Finalmente escribe: “Al ser destinado a Yakarta hubo una gran oposición allí, pero cuando hubo fuertes inundaciones, esos mismos opositores se refugiaron en nuestra mezquita. Las inundaciones se prolongaron durante dos años y estas personas siguieron refugiándose en nuestra mezquita. Por un lado, seguían oponiéndose a nosotros, aunque por otro continuaban viniendo a buscar refugio. Fue entonces cuando la situación mejoró”.

Uno de sus logros más destacados es que hizo los preparativos para presentar el mensaje de la Comunidad y las traducciones en directo de los sermones del Jalifa, para que se difundieran a través de la radio indonesia e internet. Esto fue en un momento en que la transmisión en vivo del sermón a través de YouTube aún no había comenzado. Por así decirlo, hizo esfuerzos maravillosos durante toda su vida y fue un misionero ejemplar.

Le sobreviven su esposa y sus cinco hijos.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia, y eleve su rango espiritual!

¡Que sus hijos puedan continuar sus buenas obras!

El siguiente funeral es el de Sahibzada Farhan Latif Sahib de Chicago, Estados Unidos, que falleció hace un tiempo:

¡En verdad pertenecemos a Al’lah y a Él será el retorno”.

Era el bisnieto de Hazrat Sahibzada Abdul Latif Sahib Shahid (ra).

Farhan Sahib era un miembro activo de la Yamat de Chicago y siempre estaba dispuesto a prestar sus servicios y ayudar. Constantemente tenía una sonrisa en la cara y una característica suya era que solía ser el primero en saludar a los demás. Siempre se presentaba para cualquier trabajo en la mezquita, fuera grande o pequeño, y estaba en primera línea para servir. Ha ejercido el cargo de auditor en Chicago de forma maravillosa. Era musi (miembro de Al-Wasiyat).

Ha fallecido a la edad de 45 años y le sobreviven tres hijos pequeños y sus ancianos padres.

¡Que Dios Altísimo le conceda el perdón y la misericordia, y permita que sus hijos permanezcan firmemente unidos a la Comunidad!

El siguiente funeral es el de Malik Mubasher Ahmad Sahib de Lahore, que falleció el 21 de noviembre pasado:

¡Ciertamente a Dios pertenecemos y hacia Él será el retorno!

Ha pasado bastante tiempo desde su fallecimiento, pero hasta ahora no se había ofreció su oración fúnebre. Su propio hijo escribió con la petición de que se ofreciera su oración fúnebre.

Malik Mubasher Sahib era hijo de Hazrat Maulana Ghulam Farid Sahib (ra), Compañero del Mesías Prometido (as) y comentarista del Sagrado Corán. Además de servir como Sadar de Daud Jel, en el distrito de Mianwali, también tuvo la bendición de servir en varias capacidades en Hyderabad; aparte, tuvo la oportunidad de trabajar para completar el diccionario del Sagrado Corán. Fue después del fallecimiento de su padre, Malik Ghulam Farid Sahib, cuando Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) le asignó a él y a su hermano menor la tarea de organizarlo.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia!

Como he mencionado, después de la oración del viernes, dirigiré sus oraciones fúnebres en ausencia.

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que continuaría relatando incidentes de la vida de Hazrat Umar (ra).

La batalla de Gundeshapur

Su Santidad (aba) dijo que una de las batallas libradas en la época de Hazrat Umar (ra) fue la Batalla de Gundeshapur. Ésta tuvo lugar en la ciudad de Khuzestan. La batalla se prolongó durante algún tiempo y ambas partes persistieron en la lucha. Durante esta batalla un musulmán decidió presentar una muestra de paz. Cuando lo vieron, abrieron las puertas de las murallas. Inmediatamente, la gente se apresuró a salir pensando que se les había concedido seguridad, diciendo que aceptarían pagar el jizyah [impuesto] y que a cambio se les concedería la paz. Al enterarse de que en realidad no era de los musulmanes, y cuando Hazrat Umar (ra) se enteró de esto, dijo que Al’lah Todopoderoso ha dado gran importancia al cumplimiento de las promesas, por lo tanto, este acuerdo debe ser honrado. De esta manera, esta batalla llegó a su fin y el ejército musulmán regresó.

La conquista de Irán

En relación con la conquista de Irán y los motivos que la causaron, Su Santidad (aba) dijo que era el deseo de Hazrat Umar (ra) poner fin a las luchas entre Irak y Ahwaz, un lugar de Irán. Muchas veces expresaba su deseo de que hubiera algún tipo de barrera entre ambos para impedir el movimiento en ambas direcciones. Sin embargo, esto no fue posible debido a los ataques regulares del lado de los iraníes. En el año 17, una delegación musulmana del ejército se presentó ante Hazrat Umar (ra). Éste les preguntó por qué seguía habiendo violaciones de los acuerdos en las tierras conquistadas. Dijo esto pensando que quizás los musulmanes se habían convertido en una fuente de problemas para la gente de allí. La delegación respondió que no era así y que los musulmanes estaban cumpliendo sus juramentos. Ahnaf bin Qais, miembro de esta delegación, dijo entonces: “Nos habéis prohibido dar más pasos militares y permanecer aquí. Sin embargo, el rey de Irán sigue vivo y los iraníes continúan combatiéndonos. No es posible que haya dos gobiernos coexistiendo en un mismo lugar’. De hecho, esto es una prueba de que los musulmanes nunca conquistaron tierras sólo para provocar guerras, sino que se limitaron a tomar medidas de represalia ante los combates que les planteaban sus adversarios.

La batalla de Nahavand

Fue en el año 21 AH cuando Hazrat Umar (ra) decidió entrar en acción cuando un gran ejército de los iraníes se había reunido y esto fue cuando la Batalla de Nahavand, también conocida como la victoria de todas las victorias, tuvo lugar. Después de haber sufrido dos terribles derrotas, los iraníes hicieron un último intento de obtener la victoria. Nahavand era una ciudad rodeada de montañas. Hazrat Sa’d (ra) informó a Hazrat Umar (ra) del gran ejército que se estaba reuniendo, y así Hazrat Ammar bin Yasir (ra) fue designado para dirigir el asunto. Durante una consulta, Hazrat Umar (ra) se puso de pie y pronunció un poderoso discurso y a partir de ahí, los musulmanes respondieron que estaban preparados para hacer lo que él decidiera; ya fuera permanecer en Medina, o ir a luchar. Hazrat Uthman (ra) aconsejó que él también fuera al frente a luchar. Hazrat Umar (ra) pidió más consejos. Hazrat Ali (ra) dijo que los ejércitos debían dividirse en tres, para que Medina también estuviera protegida. Al final, Hazrat Umar (ra) decidió que era apropiado que se enviara a otra persona, y así nombró a Hazrat Nu’man bin Muqarrin (ra) para esta gran tarea.

Después de que Hazrat Nu’man bin Muqarrin (ra) partiera hacia allí, recibió una carta de Hazrat Umar (ra) para avanzar con los musulmanes. En esta carta, también mencionaba quién le sustituiría en caso de que Hazrat Nu’man bin Muqarrin (ra) fuera martirizado. Con respecto al ejército iraní, los historiadores han escrito que tenía 60,000 efectivos, o incluso 100,000. Pero según Sahih Bukhari, eran 40,000. Cuando ambas partes se encontraron cara a cara, los iraníes utilizaron palabras groseras contra los musulmanes, amenazando con destruirlos por completo, y así ambas partes se prepararon para la batalla. Debido a que estaban en sus fortalezas y utilizando sus zanjas, los iraníes sólo elegían ciertos momentos para salir a luchar antes de volver de nuevo, mientras que los musulmanes estaban en campo abierto. Un compañero sugirió que los iraníes pensaran que los musulmanes se retiraban y tal vez abrieran sus puertas para perseguirlos. Esto es exactamente lo que ocurrió y Hazrat Nu’man bin Muqarrin (ra) pronunció un discurso tan poderoso para los musulmanes que les dejó llorando antes de que se lanzaran al ataque contra el enemigo. Se derramó tanta sangre que hasta los caballos resbalaban. Hazrat Nu’man bin Muqarrin (ra) también cayó de su caballo y fue martirizado. La lucha duró todo el día, y por la noche los musulmanes habían logrado la victoria sobre la ciudad.Cuando Hazrat Umar (ra) recibió la noticia, expresó su gratitud a Dios Todopoderoso. Luego, cuando se le habló de los musulmanes que habían sido martirizados, lloró y rezó por cada uno de ellos, antes de decir que Dios Todopoderoso les había concedido el honor del martirio en el camino de Al’lah.

Su Santidad (aba) dijo que a Hazrat Umar (ra) le dijeron que mientras los iraníes estuvieran en el poder en ciertas tierras, seguirían causando los mismos problemas. Así que Hazrat Umar (ra) concedió permiso a los musulmanes para que se dirigieran a esas tierras y acabaran con ellas de una vez por todas.

Las conquistas de Isfahan y Hamedan

Hazrat Umar (ra) entregó el estandarte a Hazrat Abdul’lah bin Abdil’lah (ra) para la conquista de Isfahan. Se le dijo que partiera hacia Isfahan, donde se encontraron con un ejército. Tras una feroz batalla, el enemigo se retiró. Los musulmanes avanzaron y rodearon la ciudad, que se rindió a los musulmanes.

Su Santidad (aba) mencionó que Hamedan también fue conquistada tras la batalla de Nahavand. Pero el pacto fue roto por los iraníes y se reunió un ejército para combatir a los musulmanes. Hazrat Umar (ra) ordenó que se reuniera un ejército musulmán para combatirlos, y tras luchar contra ellos en la batalla, los musulmanes recuperaron la victoria sobre la ciudad.

Su Santidad (aba) dijo que seguiría mencionando otras batallas en futuros sermones.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) mencionó acerca de algunos fallecidos y dijo que dirigiría sus oraciones fúnebres.

Muhammad Diyantono Sahib

Muhammad Diyantono Sahib, de Indonesia, falleció el 15 de julio a la edad de 47 años. ‘Ciertamente, a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos’. No nació musulmán, pero le gustaba ir a la mezquita y aprender sobre el Islam. Tras aceptar el Ahmadíat, estudió en Yamia y se graduó en 2002. Gracias a su predicación, muchas personas tuvieron el honor de aceptar el Ahmadíat. Se enfrentó a mucha oposición durante su tiempo como misionero. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah lo eleve en su rango y permita a sus hijos continuar con sus buenas acciones.

Sahibzada Farhan Latif Sahib

Sahibzada Farhan Latif Sahib de Chicago, que era el bisnieto de Hazrat Sahibzada Abdul Latif Shaheed Sahib (ra). Siempre estaba dispuesto a prestar sus servicios. Le sobreviven tres hijos y sus padres. Tenía 45 años en el momento de su fallecimiento. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah Todopoderoso le conceda misericordia y perdón y permita a sus hijos permanecer firmemente unidos a la Comunidad.

Malik Mubasher Ahmad Sahib

Malik Mubasher Ahmad Sahib de Lahore, falleció el 21 de noviembre. Era hijo de Malik Ghulam Fareed Sahib. Prestó sus servicios en varios puestos dentro de la Comunidad. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah Todopoderoso le conceda misericordia y perdón.

Resumen preparado por The Review of Religions.

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