Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

SERMÓN DEL VIERNES, 24 DE DICIEMBRE DE 2021.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Sura Al-Fatiha,

Hazrat Jalifatul Masih V (aba) pronunció las siguientes palabras:

Seguimos con la narración sobre la vida de Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra).

En relación con la segunda promesa de Aqabah, se escribe que en relación a la misma, el Santo Profeta (sa) se hallaba en compañía de Abu Bakr (ra), Hazrat Ali (ra) y su tío paterno, Hazrat Abbas (ra), quien era el organizador de esta reunión, y asignó a Hazrat Ali (ra) la guardia de un paso de montaña y encargó a Hazrat Abu Bakr (ra) la vigilancia y protección de otro paso montañoso.

Asimismo, se dice que cuando el Profeta (ra) emigró a Medina, le acompañó Hazrat Abu Bakr (ra) y está escrito que la opresión de los incrédulos de La Meca sobre los musulmanes que vivían allí se intensificaba cada vez más. En aquellos días, el Mensajero de Dios (sa) vio en un sueño que se le mostraba a dos musulmanes el lugar donde se disponía a emigrar. Este lugar era una tierra árida rodeada de palmeras, pero su nombre no fue mostrado ni mencionado. Sin embargo, al reflexionar sobre su ubicación geográfica, el Santo Profeta (sa), llegó a su propia conclusión y dijo: “Debe ser Hayar o Yamama”, lo cual se describe en una narración de “Sahih Bujari” en la que el Mensajero de Al’lah (sa) luego precisó: “Había pensado que este lugar seríaá Hayar o bien Yamama. No obstante, me he dado cuenta de que es la ciudad de Yazrib (posteriormente llamada Medina)”. Por su parte, “Yamama” es una ciudad muy conocida de Yemen y también se pueden encontrar en Arabia varias ciudades con el nombre de “Hayar”.  Otra ciudad y una localidad de Bahrain también se llamaba Hayar.

Poco después, las circunstancias mejoraron y la gente afortunada de los Ansar de Medina comenzaron a aceptar el Islam. Al final, el Profeta (sa) fue informado a través de una revelación Divina que se trataba de la tierra de Yazrib, que más tarde se conocería como Medina.

En relación con esta inferencia del Mensajero de Al’lah (sa), el Mesías Prometido (as) escribió:

“Las palabras de este hadiz, o sea, ‘pensaba que este lugar sería Hayar o Yamama; pero resulta que es la ciudad de Yazrib (Medina)’ demuestran claramente que la primera deducción que el Santo Profeta (sa) hizo respecto a la ubicación y lugar de esta profecía era incorrecta”.

Por lo tanto, el Mensajero de Dios (sa) orientó a los Compañeros (ra) y a los musulmanes oprimidos que vivían en La Meca y les dio permiso para emigrar a Medina, y estos comenzaron a emigrar a esa ciudad. Por otro lado, aumentó la emigración después de la segunda promesa en Aqabah y se quedaron vacías casas y barrios enteros. Estas circunstancias enfurecieron aún más a los jefes bárbaros de La Meca, que se enardecieron de cólera, pues al ver esto dieron un paso más e impidieron emigrar a estas personas y además adoptaron nuevos métodos de opresión. A veces permitían emigrar al marido pero le arrebataban a su esposa e hijos; otras veces se les despojaba de sus propiedades y riqueza con la excusa de que se habían adquirido en su ciudad y si querían irse debían entregarles toda su riqueza. En otras ocasiones les paraban diciéndoles que fueran a visitar a su madre antes de partir, para atarlos después con cuerdas en el camino y encerrarlos en un cuarto. A pesar de todo, el grupo devoto de creyentes que estaban llenos con la riqueza de la fe y embriagados de amor por el Islam, prosiguieron con la emigración hacia Medina. Prácticamente todos los musulmanes que fueron capaces de hacerlo consiguieron emigrar de La Meca y solo permanecieron aquellos musulmanes que eran muy débiles y no pudieron hacerlo, y respecto a los cuales dice así el Santo Corán:

“Excepto los débiles entre los hombres, mujeres y niños que son incapaces de adoptar ningún plan o de encontrar ningún camino”.

Aparte de ellos, el mismo Profeta (sa) aún permanecía en La Meca esperando la autorización Divina y Hazrat Ali (ra) se encontraba allí. Por su parte, Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) acudió a solicitar permiso para emigrar, pero se le dijo: “Espera, pues tengo la esperanza de que a mí también se me concederá permiso”.

O, según otra narración, el Santo Profeta (sa) dijo: “No te precipites, pues Dios puede hacer que alguien te acompañe”. Al oír esto, Hazrat Abu Bakr (ra) proclamó: “Mensajero de Dios, que mis padres sean sacrificados por ti. ¿Se te concederá permiso para emigrar?”. Parecía como si hubiera desaparecido la tristeza de la separación del Mensajero de Dios (sa) a causa de la emigración. Al escuchar esta buena nueva, Hazrat Abu Bakr (ra) regresó con alegría y abandonó la idea de la emigración. Con todo, adquirió sabiamente dos camellos que fueron alimentados con una dieta especial para prepararlos para el viaje impredecible de la emigración.

Al mencionar estos detalles, Hazrat Musleh Maud (ra) dice:

“Los Compañeros (ra) del Profeta (sa) habían comenzado a hacer los preparativos para emigrar y familia tras familia comenzó a desaparecer de La Meca. En ese momento, incluso aquellos que aguardaban la soberanía de Dios Altísimo se envalentonaron aún más, pensando que la ayuda de Al’lah estaba próxima. En ocasiones, por la noche, se echaba el cerrojo a las viviendas de una calle entera de La Meca y a la mañana siguiente la gente de la ciudad, al percatarse del silencio, se daba cuenta de que todos los residentes de la calle habían emigrado a Medina. Este profundo impacto del Islam, que había estado creciendo dentro de La Meca, había dejado asombrados a sus habitantes. Los musulmanes abandonaron finalmente La Meca y salvo unos pocos esclavos, los únicos que permanecieron allí fueron el Santo Profeta (sa), Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Ali (ra)”.

Y escribe además:

“Los idólatras de La Meca sentían naturalmente más aversión y enemistad hacia el Santo Profeta (sa) que hacia los demás, pues veían con sus propios ojos que a consecuencia de sus enseñanzas seguía propagándose la oposición hacia la idolatría. Pensaban que, de asesinarle, el resto de su comunidad se desmoronaría automáticamente. Por ello, perseguían al Mensajero de Dios (sa) más que a ningún otro y pretendían que, de una forma u otra, desistiera de su reivindicación. El Santo Profeta (sa) ordenó a sus Compañeros (ra) que emigraran, pero a pesar de todas estas dificultades él mismo siguió padeciendo muchas de esas pruebas y dificultades, y no emigró de La Meca hasta no recibir el permiso de Al’lah para hacerlo. Por tanto, al preguntar Hazrat Abu Bakr (ra) si podía realizar la emigración, el Profeta (sa) le contestó: “Espera, pues tengo la esperanza de que a mí también se me otorgue permiso”.

Los incrédulos de La Meca se reunieron en “Dar al-Nadwah” para conspirar en secreto contra el Profeta (sa) y se ha escrito al respecto:

“Los jefes de La Meca estaban enfurecidos y agitados pues los musulmanes se habían escapado de sus manos y estaban en un lugar seguro; y por este motivo se reunieron en Dar al-Nadwah”.

Por su parte, Alamah Ibn Ishaq relata:

“Cuando los qureish observaron que al Santo Profeta (sa) se le unió un grupo de seguidores que no eran musulmanes de La Meca ni pertenecían a su región y que otros Compañeros (ra) del Mensajero de Dios (sa) emigraban hacia esa gente, se dieron cuenta de que los musulmanes habían encontrado un lugar seguro con ellos y que estos, o sea, el pueblo de Medina, les había concedido refugio. A los qureish les preocupaba que el Profeta (sa) emigrara y se fuera con ellos y después se reunieran para emprender la guerra contra los propios qureish. Por consiguiente, se reunieron en ‘Dar al-Nadwah’ para deliberar sobre el asunto, que era la casa de Qusay bin Kilab y los qureish la utilizaban como lugar de reunión cuando tenían que tomar alguna decisión importante; es decir, siempre que sentían algún peligro a causa del Mensajero de Al’lah (sa), se reunían en este lugar para deliberar”.

En otra narración, Hazrat Abdul’lah bin Abbas (ra) narra:

“Cuando los qureish decidieron reunirse, acordaron que lo harían en Dar al-Nadwah y que se consultarían entre sí respecto al Santo Profeta (sa). El día en el que se comprometieron a reunirse se conoce como ‘Yaum al-Zuhmah’. Entonces, ‘iblis’ (el diablo) se manifestó ante ellos con la apariencia de un anciano (lo que se pretende decir es que un hombre, que poseía los atributos de ‘iblis’, se presentó ante ellos). Se hallaba envuelto en un manto y se encontraba ante la puerta de ‘Dar al-Nadwah’. La gente no le reconoció y cuando vieron a este anciano de pie frente a la puerta, se preguntaron: ‘¿Quién es este anciano?’. Él respondió: ‘Soy un anciano del pueblo de Nayad y he oído lo que os habéis comprometido a hacer. He venido a escuchar lo que tenéis que decir. Tal vez encontréis una sugerencia útil o algo beneficioso en lo que yo pueda deciros”.

La gente accedió y le permitió entrar, y este se unió junto con todos los demás. En la reunión había un gran grupo de jefes de los qureish, entre los que estaban personas destacadas como Utbah bin Rabiah, Shaiba bin Rabiah, Abu Sufian bin Harb, Tema bin Adi y otros como Abu Yahal Amr bin Hisham, los dos hijos de Hallaj y muchos otros. También había algunos jefes que no eran de los qureish. Cuando todos se hallaban reunidos y llegó el momento de presentar sugerencias, una persona aconsejó que se encarcelara a Muhammad (sa) y fuera encerrado tras barrotes de hierro. Luego esperarían su muerte, al igual que hicieron con dos poetas como Zuhair y Nabigha, y otros poetas que habían fallecido.

[En otras palabras, esperarían su muerte, tal como ocurrió con los dos poetas, Zuhair y Nabigha, con anterioridad. Así, esto fue propuesto para el Santo Profeta (sa); o sea, esperar a su fallecimiento como se hizo antes con otros].

Al escuchar esta sugerencia, el anciano de Nayad exclamó:

“No. Juro por Al’lah que, a mi juicio, esta sugerencia no es apropiada. Si le encarceláis, por Dios que esa noticia llegará a oídos de sus Compañeros (ra), incluso si están encerrados en sus casas. Entonces, en ese caso, es probable que se lancen a un asalto repentino contra vosotros y le liberen de vuestra custodia. En consecuencia, incrementarán su número con su ayuda y os derrotarán. Por lo tanto, hay que pensar en otra estrategia”.

Ante esto, otra persona sugirió:

“Deberíamos aislarle y desterrarle de nuestra ciudad, tras lo cual no nos asociaremos con él y nos despreocuparemos de dónde vaya. Cuando nos deje y nos libremos de él, nuestras circunstancias mejorarán y podremos vivir en las mismas condiciones en las que vivíamos”.

Pero al oír esto, el anciano de Nayad comentó:

“No. Juro por Al’lah que esta sugerencia no es apropiada. ¿No veis lo grande que es su mensaje y lo plácido que es su discurso? Él es capaz de ganarse el corazón de la gente con lo que ha traído. Si adoptáis esta estrategia, os juro por Al’lah que no viviréis en paz, porque él irá a otra tribu árabe y ganará su corazón con sus palabras, se convertirán en sus seguidores y unirán sus fuerzas con la suya en contra vuestra. Después avanzarán hacia vosotros, os humillarán en vuestra propia ciudad, os arrebatarán el control de vuestros asuntos y os tratarán como deseen. Por tanto, debéis pensar en otra estrategia”.

Al escuchar esto, Abu Yahal anunció:

“Mi sugerencia es que elijamos de cada tribu a un individuo joven y fuerte con estatus y linaje; que a cada uno de ellos le entreguemos una espada afilada y todos deben ir a él [Muhammad (sa)] para atacarle como una sola fuerza y finalmente matarle. De ese modo, nos libraremos definitivamente de él. Al matarle de esta forma, su sangre recaería sobre todas las tribus y la tribu de Banu Abd Manaf no sería capaz de combatir contra todas las tribus para obtener una retribución. En consecuencia, se conformarán con una indemnización y nosotros les pagaremos la cantidad adeudada”.

Ante esto, el anciano de Nayad anunció:

“Si hay una sugerencia viable, es sin duda la sugerencia de esta persona. Todas las demás propuestas son inútiles”.

Por consiguiente, todos estuvieron de acuerdo con esta sugerencia.

Al final, Al’lah informó al Santo Profeta (sa) respecto a todo esto, tal como aparece en el Sagrado Corán:

“Y recuerda el momento en el que los incrédulos conspiraron contra ti para encarcelarte, matarte o expulsarte; y ellos hicieron planes y Al’lah también hizo Su plan, pero Al’lah es el mejor de los que planifican”, (Sagrado Corán 8:31).

Al mismo tiempo, el Áncangel Gabriel (as) informó al Santo Profeta (sa) que tenia permiso para emigrar.

En este contexto, el Mesías Prometido (as) declara:

“Cuando los incrédulos de La Meca intentaron asesinar al Mensajero de Dios (sa), Al’lah informó a Su Virtuoso Profeta (sa) de su malvado plan y le ordenó que emigrara de La Meca a Medina; y al mismo tiempo le dio la buena noticia de su regreso, tras su futura victoria con ayuda Divina. Y fue un miércoles por la tarde, durante unos días de mucho calor, cuando esta tribulación fue revelada y manifestada por Al’lah”.

Tras recibir el permiso para emigrar, el Santo Profeta (sa), una vez tomadas todas las precauciones necesarias, se dirigió a la casa de Hazrat Abu Bakr (ra) al mediodía, en el momento en que la mayoría de los residentes de La Meca solían permanecer en sus casas, y no salían al encuentro de unos y otros. El Profeta (sa) extremó sus precauciones manteniendo su rostro, cabeza, etc. cubiertos debido al intenso calor; y cuando se aproximó a la casa de Hazrat Abu Bakr (ra), alguien le informó de ello.

Según la narración de “Al-Tabrani” y “Faz Al-Bari”, fue Hazrat Asma (ra) quien le informó, o sea, que parecía que el Mensajero de Al’lah (sa) se estaba acercando. Entonces, Hazrat Abu Bakr (ra) declaró: “¡Que mi padre y mi madre sean sacrificados por ti! Por Al’lah, debe haber una razón especial por la que el Santo Profeta (sa) venga a esta hora del día”. A continuación, Hazrat Abu Bakr (ra), en estado de ansiedad, se apresuró a salir al exterior con la máxima devoción. Al entrar el Mensajero de Dios (sa) en la casa, Hazrat Aisha (ra) y Hazrat Asma (ra) se hallaban presentes en el interior de la habitación. El Profeta (sa) le dijo a Hazrat Abu Bakr (ra) que hiciera salir a quienquiera que estuviera con él, a lo que Hazrat Abu Bakr (ra) respondió: “¡Oh Mensajero de Al’lah (sa)! Solo mis dos hijas están aquí en este momento y nadie más”.

Aunque según otra narración, Hazrat Abu Bakr (ra) respondió:

“¡Oh Mensajero de Dios (sa)! Solo los miembros de mi hogar están presentes en la casa y nadie más”.

Ante esto, el Santo Profeta (sa) declaró:

“¡Abu Bakr (ra)! Se me ha concedido permiso para la emigración”.

Y Hazrat Abu Bakr (ra) dijo espontáneamente:

“¡Oh Mensajero de Al’lah (sa)! ¿Podré acompañarte?”.

El Profeta (sa) dijo: “Sí”.

Esta es una narración de Bujari.

Al escuchar esto, Hazrat Abu Bakr (ra) comenzó a llorar de felicidad y Hazrat Aisha (ra) relata que esta fue la primera vez que se dio cuenta de que alguien también puede llorar de felicidad.

A continuación se formuló todo el plan y los arreglos para la emigración y Hazrat Abu Bakr (ra) anunció: “¡Oh Mensajero de Al’lah! Había comprado dos camellos para este mismo propósito. Toma uno de ellos”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Lo compraré y pagaré su precio”. Ante la insistencia del Mensajero de Dios (sa) de pagar por el camello, Hazrat Abu Bakr (ra) no tuvo otra opción que aceptar. Él había comprado los dos camellos por 800 dirhams, por lo que el Profeta (sa) compró uno de ellos por 400 dirhams; pero según otra narración, el Santo Profeta (sa) compró el camello por 800 dirhams.

Luego se acordó que la primera parada sería la Cueva de Zaur, donde pasarían tres días. También se decidió que los acompañaría una persona experta en todas las rutas conocidas y desconocidas del desierto alrededor de La Meca. Para ello, hablaron con Abdul’lah bin Uraikit, quien aunque era un idólatra, era sin duda una persona noble, responsable y digna de confianza. Los biógrafos del Santo Profeta (sa) afirman que él no había aceptado el Islam en esos momentos, pero según una narración, aceptó el Islam más tarde. En fin, le entregaron tres camellos y le dijeron que fuera a la Cueva de Zaur por la mañana después de exactamente tres días.

A Hazrat Abdul’lah bin Abi Bakr (ra), que era un joven inteligente, se le asignó que fuera todos los días a las diversas reuniones de La Meca y evaluara la situación, y que luego se acercara a la Cueva de Zaur por la noche y los mantuviera al día de todo. Al mismo tiempo, Hazrat Abu Bakr (ra) tenía un esclavo sabio y responsable llamado Aamir bin Fuhairah y a él se le asignó la tarea de pastorear sus cabras alrededor de la Cueva Zaur, y por la noche ordeñar alguna cabra y proporcionarles leche. Luego, tras designar el tiempo para salir de La Meca, el Santo Profeta (sa) se fue rápidamente de la casa de Hazrat Abu Bakr y regresó a su propia casa.

Después de regresar a casa, informó a Hazrat Ali (ra) de su plan de emigrar y le asignó una tarea importante, según la cual debía dormir en la cama del Santo Profeta, con su manto verde; o según otra narración, con el manto rojo que el Profeta (sa) utilizaba mientras dormía. Le aseguró a este siervo devoto las buenas nuevas del apoyo de Al’lah diciendo: “No te preocupes. Duerme en mi cama con plena tranquilidad. El enemigo no podrá hacerte daño en lo más mínimo”.

El Mensajero de Al’lah (sa), que era el más veraz y digno de confianza, estaba preocupado por las posesiones que le habían confiado la gente de La Meca, y debido a esta responsabilidad dijo que se reuniera con él después de haber devuelto las posesiones, es decir, le dijo a Hazrat Ali (ra) que fuera a Medina cuando hubiera devuelto las posesiones. Así pues, Hazrat Ali (ra) permaneció en La Meca durante tres días y devolvió las posesiones a sus respectivos dueños, que en su día habían sido confiadas al Santo Profeta (sa); y una vez hubo completado esta tarea, se reunió con el Profeta (sa) al llegar a Quba. Después de esto, el Mensajero de Dios (sa) salió de su casa, donde un grupo selecto de valientes se había reunido con sus sanguinarias intenciones y espada en mano vigilaban la casa del Santo Profeta (sa), esperando el anochecer, que sería cuando lanzarían un ataque repentino y acabarían con él de un solo golpe.

Por su parte, Abu Yahal, quien era su cabecilla, decía de manera arrogante y burlona:

“Muhammad dice que si lo seguimos, nos convertiremos en los reyes de los árabes y los no-árabes por igual. También que seréis resucitados después de vuestra muerte y que recibiréis jardines como el de Jordán. Si no hacéis esto, habrá un derramamiento de sangre entre vosotros”. El Santo Profeta (sa) salió y dijo: “De hecho, eso es lo que digo” y recitó los siguientes versos de Sura Yasin:

“Yasin. ¡Oh Líder! Por el Corán, lleno de sabiduría, eres ciertamente uno de los Mensajeros, que siguen el camino recto. Esta es una revelación del Poderoso, el Misericordioso, para que adviertas a un pueblo cuyos padres no fueron advertidos y por tanto son descuidados. En verdad, ha resultado ser cierta la palabra contra de la mayoría de ellos, porque no creen. Hemos puesto collares alrededor de sus cuellos que llegan hasta el mentón para que sus cabezas queden echadas hacia atrás. Hemos colocado una barrera ante ellos y otra tras ellos, y los hemos cubierto para que no puedan ver”.

Al final, el Santo Profeta (sa) se fue en medio de ellos sin que lo pudieran ver y fue el poder de Dios Altísimo que nadie lo vio irse. De hecho, constantemente miraban adentro y se alegraban de que Muhammad (sa) estuviera durmiendo en su cama.

Por su parte, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha mencionado este incidente en “Sirat Jataman Nabiyyin” de la siguiente manera:

“En la oscuridad de la noche, los crueles qureish de varias tribus habían sitiado la casa del  Profeta (sa) con sus sanguinarias intenciones. Estaban esperando el amanecer, o que el Mensajero de Al’lah (sa) saliera de su casa para lanzar un asalto repentino y asesinarlo. No obstante, varias cosas dejadas en depósito y pertenecientes a los infieles permanecían todavía con el Santo Profeta (sa), porque a pesar de su enemistad extrema, muchas personas a menudo confiaban sus pertenencias a Muhammad (sa) debido a su veracidad y a ser digno de confianza. Por consiguiente, el Mensajero de Dios (sa) explicó a Hazrat Ali (ra) todo sobre estos depósitos que habían sido confiados a él y le ordenó que no abandonara La Meca hasta que los mismos fueran devueltos a sus legítimos dueños. Entonces le dijo: ‘Acuéstate en mi cama’, y le aseguró de que no sufriría ningún daño. Se tendió en la cama y el Santo Profeta (sa) le cubrió con su manto rojo. A continuación, el Profeta (sa) invocó el nombre de Dios y salió de su casa. En ese momento había gente apostada delante de su casa, pero como no predijeron que el Mensajero de Al’lah (sa) dejaría tan temprano su casa esa noche, estaban en tal estado de inconsciencia que el Santo Profeta (sa) pasó en medio de ellos sin que lo notaran.

Por otro lado, los qureish, que habían sitiado la casa de Muhammad (sa), miraban dentro cada cierto tiempo y se quedaban tranquilos al ver a Hazrat Ali (ra) acostado, suponiendo que era el Profeta (sa). Pero ya en la mañana, se percataron de que su presa se les había escapado de las manos. Entonces  corrieron frenéticamente de aquí para allá, registrando  las calles de La Meca y buscando en las casas de los Compañeros (ra), aunque no le encontraron.  Entonces, llenos de rabia, agarraron a Hazrat Ali (ra) y le golpearon de alguna forma”.

Sobre este incidente, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Por circunstancias imprevistas, el Santo Profeta (as) tuvo que abandonar su ciudad natal, ya que quienes se le oponían sitiaron su bendita casa con la intención de matarlo. En este contexto, un pariente querido -lleno de amor y fe por el Mensajero de Dios (sa)- se acostó en su cama sin temer a la muerte y ocultó su rostro para que los enemigos del Profeta (sa) no sospecharan que se había ido; mientras tanto, esperaban contentos su oportunidad de matarlo”.

Y Mesihe Maud (as) escribió un pareado en persa:

“Nadie sacrifica voluntariamente su vida por otro

y solamente el amor verdadero

puede hacer que un hombre lo haga

feliz y voluntariamente”.

El Mesías Prometido (as) afirma también:

“El Santo Profeta (sa) salió de su casa en en algún momento de la noche”.

Además de lo que afirma Hazrat Mesihe Maud (as), hay diferentes relatos sobre la hora de su marcha. En este sentido, ciertas narraciones afirman que el Profeta (sa) se fue al principio de la noche, mientras otras afirman que se fue a media noche, y algunas otras afirman que se fue en la última parte de la noche. Pues bien, ahora me referiré a las diferentes narraciones sobre la hora en la que el Santo Profeta (sa) se fue de la casa.

Según un relato, el Mensajero de Dios (sa) salió de su casa en el último tercio de la noche y al respecto Muhammad Husain Haikal escribe:

“Debido a la negligencia de los idólatras, el Profeta (sa) se fue en el último tercio de la noche y se dirigió a casa de Hazrat Abu Bakr (ra). Una vez allí, ambos salieron por la puerta trasera y viajaron hacia el sur en dirección a la Cueva de Zaur”.

En otro relato se menciona que se fue a medianoche.

En “Dalail Al-Nubuwwah” se menciona que el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr (ra) partieron hacia la Cueva de Zaur a media noche.

En “Madarij Al-Nubuwwah” se relata:

“Cuando el Profeta (sa) decidió que se iría al día siguiente, le dijo a Hazrat Ali Murtaza (que Dios lo honre): ‘Duerme en mi cama esta noche, para que los idólatras no sospechen del plan’.”

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) defiende que el Santo Profeta (sa) se fue cuando se hizo de noche y afirma:

“En ese momento, quienes sitiaban su casa se encontraban frente a la puerta de Muhammad (sa). Sin embargo, dado que no adivinaron que el Mensajero de Al’lah (sa) se marcharía de la casa tan temprano, este salió en medio de ellos sin que se dieran cuenta y sin que tuvieran ni idea de lo que estaba ocurriendo. En silencio, el Profeta (sa) fue atravesando rápidamente las calles de La Meca, llegó a las afueras de la ciudad y se dirigió hacia la Cueva de Zaur. Todo había sido organizado previamente con Hazrat Abu Bakr (ra), quien se reunió con el Santo Profeta (sa) en el camino”.

Por su parte, la narración de Hazrat Musleh Maud (ra) menciona además:

“Mientras la gente de La Meca estaba reunida fuera de la casa del Santo Profeta (sa) con la intención de matarlo, este se marchó en la oscuridad de la noche con el objetivo de emigrar de allí. Ellos probablemente sospechaban que la noticia del plan de matarlo había llegado al Profeta (sa), pero aún así, cuando este salio delante de ellos mismos, lo confundieron con otra persona. Por esta razón, en lugar de atacar al Mensajero de Dios (sa), comenzaron a esconderse para que el Santo Profeta (sa) no se diera cuenta del plan. Antes de esa noche, Abu Bakr (ra) también había sido informado sobre la emigración de Muhammad (sa), por lo que se reunió con él y, poco después, partieron de La Meca”.

Según el Mesías Prometido (as), el Santo Profeta (sa) se fue de la casa por la mañana:

“Ninguno de sus oponentes vio al Mensajero de Al’lah (sa) cuando se marchó, a pesar de que era de día y todos estaban en los alrededores de su casa; y tal como Dios Altísimo declara en Sura Yasin, esa gente desafortunada tenía una venda en los ojos y el Santo Profeta (sa) dejó a todos ellos en un estado de absoluta humillación”.

En cualquier caso, en todas estas narraciones se afirma que los incrédulos no se dieron cuenta de lo que pasó.

Hay también distintos relatos sobre la dirección que tomó el Santo Profeta (sa) cuando partió:

De uno de ellos se desprende que tanto el Profeta (sa) como Hazrat Abu Bakr (ra) dejaron sus casas, se reunieron en un lugar acordado y luego se dirigieron hacia la Cueva de Zaur.

En otra narración se afirma que Muhammad (sa) salió de su casa y se dirigió hacia la Cueva de Zaur. Al rato, Hazrat Abu Bakr (ra) llegó a la casa del Santo Profeta (sa) y Hazrat Ali (ra) le informó que se había ido y que debía ir tras él. Así que Hazrat Abu Bakr (ra) fue tras sus pasos; pero esta narración parece bastante inconsistente, ya que sugiere que el Mensajero de Dios (sa) esperó a Hazrat Abu Bakr (ra), quien llegó tarde. Además, Hazrat Abu Bakr (ra) no sabía hacia dónde habían ido el Profeta (sa) y Hazrat Ali (ra) tuvo que decírselo. Por lo tanto, no es posible que ocurriera algo tan importante y confidencial como la emigración y que Hazrat Abu Bakr (ra) -hombre extremadamente sabio y responsable- mostrara tal descuido.

En este punto y haciendo una comparativa, lo cierto es que la otra narración, que con más frecuencia aparece en la literatura islámica, parece más correcta y precisa. De acuerdo con la misma, el Santo Profeta (sa) salió de su casa y se dirigió directamente a casa de Hazrat Abu Bakr (ra). Una vez allí, tanto el Profeta (sa) como Hazrat Abu Bakr (ra) se fueron dirección a la Cueva de Zaur. En esa ocasión, las dos leales y valientes hijas de Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Aisha (ra) y Hazrat Asma (ra), prepararon rápidamente algo de comida para el viaje, incluyendo carne asada de cabra; y dada la situación y la falta de tiempo, no encontraron nada para atar el recipiente de piel con la comida, por lo que Hazrat Asma (ra) tomó su cinturón, lo partió en dos y con ellos ató el saco de la comida; o sea, usó un trozo para atar el recipiente de comida y otro para el que contenía el  agua.

Entretanto, el Mensajero de Al’lah (sa) observaba con atención y dijo: “¡Oh Asma! A cambio de este cinturón, que Dios te conceda dos cinturones en el Paraíso”. Era el cinturón para atarse la túnica a la espalda. Debido a este dicho del Santo Profeta (sa), Hazrat Asma (ra) fue más tarde conocida como “Zat Al-Nitaqain” (poseedora de dos cinturones).

A continuación, durante el viaje, el Mensajero de Dios (sa) recitaba una y otra vez el siguiente versículo:

“Y di: ¡Oh mi Señor! Haz que mi entrada sea una entrada buena y mi salida una salida buena. Y concédeme, de Ti mismo, un poder inquebrantable”.

Del mismo modo, también se menciona que rezaba la siguiente oración:

“Toda la alabanza pertenece a Al’lah, quien me creó cuando no era nada.

¡Oh Al’lah! Concédeme ayuda contra los temores de este mundo y las aflicciones de esta época y las pruebas del día y de la noche.

¡Oh Al’lah! Conviértete en mi Compañero de viaje y en el Guardián de mi familia.

Concede bendiciones en lo que me has concedido y permíteme mostrarte servidumbre.

Permíteme permanecer firme en este excelente estado de creación y convertirme en el amado de mi Señor, y no dejes que la gente me afecte.

Tú eres el Señor de los débiles y además eres mi Señor.

Busco refugio en Tu Noble Rostro por el que los cielos y la tierra se han iluminado y la oscuridad se ha desvanecido, y por el que los asuntos de los que vinieron antes y después se han rectificado, y busco refugio de incurrir en Tu ira y desagrado.

Asimismo busco refugio en Ti para que Tus recompensas no disminuyan, de Tu retribución repentina y de cualquier cambio en Tu decreto final sobre mí”. 

En “Sharah Zarqani”, en lugar de “busco refugio de cualquier cambio en Tu decreto final sobre mí”, han aparecido las siguientes palabras:

“Busco refugio de que Tu protección me sea arrebatada y de Tu desagrado;

y busco tu agrado en cada bien que hago.

No hay medio para escapar del pecado

y tampoco hay poder de hacer bien sino a través de Ti”.

Mientras salía de detrás de la Kaaba, el Santo Profeta (sa) volvió su bendito rostro hacia La Meca y se dirigió a la ciudad con las siguientes palabras:

“¡Oh ciudad de La Meca! Por Al’lah, de todas las tierras de Dios tú eres la más querida para mí y también la más amada por Al’lah; y si tu gente no me hubiera obligado a salir, nunca me habría ido”.

El Imam Baihaqi escribe que durante el viaje a la Cueva Zaur, a veces Hazrat Abu Bakr (ra) cabalgaba delante de Muhammad (sa), a veces detrás de él, otras a su derecha y a veces a su izquierda. Ante esto, el Santo Profeta (sa) le preguntó la razón, a lo que él respondió:

“¡Oh Mensajero de Dios (sa)! Cuando siento que alguien puede acercarse por delante, voy delante de ti, y cuando temo que alguien pueda atacar por detrás, me muevo detrás de ti; y unas veces me muevo a tu derecha y otras a tu izquierda, para que permanezcas protegido por todos los lados”.

Según una narración, cuando el Profeta (sa) caminaba por el terreno montañoso hacia la Cueva de Zaur, se lesionó los pies; aunque según otra narración, lo que ocurrió fue que su pie golpeó una roca en el camino, lo que le causó una herida. Al final, cuando llegaron a la Cueva Zaur, Hazrat Abu Bakr (ra) pidió a Muhammad (sa) que esperara fuera mientras él entraba y limpiaba la cueva a fondo y si había algo peligroso dentro, sería él quien se lo encontraría. Así que entró y limpió la cueva, y tapó los agujeros y grietas con su propia ropa. A continuación invitó al Santo Profeta (sa) a entrar y se dice que se acostó y colocó su cabeza sobre la pierna de Hazrat Abu Bakr (ra).

Al mismo tiempo, había un agujero para el que Hazrat Abu Bakr (ra) no tenía suficiente tela para tapar o no había visto, por lo que lo cubrió con su pie y se narra que un escorpión o una serpiente le estuvo picando a través de este agujero, aunque por miedo a molestar al Mensajero de Al’lah (sa) no se movió y Hazrat Abu Bakr (ra) permaneció quieto. Más tarde, cuando el Profeta (sa) despertó, se dio cuenta de que el color de la cara de Hazrat Abu Bakr (ra) había cambiado y preguntó qué le pasaba y le explicó lo que había sucedido, tras lo cual el Santo Profeta (sa) aplicó su bendita saliva (a la herida) de su pie y se curó como si nada hubiera sucedido.

Mientras tanto, los qureish de La Meca habían estado esperando fuera de la casa de Muhammad (sa) y una persona que pasó por allí les preguntó por qué estaban apostados en ese lugar. Cuando se lo contaron, el hombre les informó de que había visto al Profeta (sa) caminando por las calles. Se burlaron del hombre y dijeron que habían estado vigilando y que él estaba dentro, durmiendo en su cama. Al pasar la noche, irrumpieron dentro de la casa, según su plan, pero cuando quitaron la manta a quien allí estaba durmiendo, se dieron cuenta de que la persona que estaba allí era en realidad Hazrat Ali (ra). Entonces le preguntaron dónde estaba Muhammad (sa), a lo que respondió que no lo sabía. Cuando escucharon esto, los incrédulos regañaron y golpearon a Hazrat Ali (ra) y después de mantenerlo cautivo durante algún tiempo, lo dejaron ir.

Según esta narración, tras regañar y golpear a Hazrat Ali (ra), se marcharon muy enfadados y comenzaron a buscar al Santo Profeta (sa) por las calles y las casas de La Meca. También fueron al hogar de Hazrat Abu Bakr (ra), donde encontraron a Hazrat Asma (ra) y allí Abu Yahal se adelantó y preguntó dónde estaba su padre, Abu Bakr (ra). Ella respondió que no sabía dónde estaba y al oír esto el malvado Abu Yahal levantó la mano y le dio una bofetada tan fuerte en la cara que su pendiente se rompió y cayó al suelo. A continuación y en un estado de rabia todos se marcharon y, tras recorrer La Meca en vano, desplegaron a expertos rastreadores por todos los rincones de la ciudad. En tal situación, uno de los jefes de La Meca, Umayah bin Jalaf, llevó consigo a un experto rastreador y se puso en marcha junto a sus camaradas y no hay duda de que este rastreador era excepcionalmente hábil. De hecho, no se le puede elogiar lo suficiente, ya que fue el único rastreador que fue capaz de seguir las huellas de Muhammad (sa) hasta la Cueva de Zaur y una vez allí dijo que las huellas del Profeta se detuvieron allí y no fueron más allá.

Alama Balazuri ha declarado que el nombre del rastreador era Alqama bin Qurz y escribe que aceptó el Islam durante la Conquista de La Meca. Según el mismo, estaban de pie y hablando junto a la boca de la cueva y no solo los dos emigrantes [el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr (ra)] permanecían escondidos dentro de la misma cueva, sino que además podían oír lo que decía la gente de fuera. De hecho, Hazrat Abu Bakr (ra) afirma: “Podía ver sus pies y, por Dios, si uno solo de ellos hubiera mirado dentro, nos habrían atrapado”.

No obstante, en este tiempo de peligro y dificultades, esos dos no estaban solos, sino que Dios era el Tercero entre ellos, Quien tiene control sobre los cielos y la tierra, y poder sobre todas las cosas. Incluso, antes de que esas personas llegaran, Él hizo crecer un árbol con su poder milagroso, envió un arácnido que tejió una tela de araña en la boca de la cueva y envió una pareja de pájaros que hicieron un nido y pusieron huevos.

Todo esto queda registrado en la narración.

Si Dios quiere, en el futuro mencionaré cómo Al’lah tranquilizó al Santo Profeta (sa) y cómo a través del mandato de Dios Altísimo el Profeta (sa) consoló a Hazrat Abu Bakr (ra) después de ver todo esto.

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta`awwuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que continuaría relatando incidentes de la vida de Hazrat Abu Bakr (ra).

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Abu Bakr (ra) estaba entre los que acompañaron al Santo Profeta (sa) a Bai’at-e-Aqabah Thani (La segunda promesa de lealtad en Aqabah). Durante este tiempo, Hazrat Abu Bakr (ra) fue designado junto con Hazrat Ali (ra) para hacer guardia.

Acompañando al Santo Profeta (sa) durante la migración

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Abu Bakr (ra) también acompañó al Santo Profeta (sa) durante su migración a Medina. Los mecanos habían estado persiguiendo severamente a los musulmanes, y fue en vista de esto que los musulmanes tuvieron que emigrar. Basándose en un sueño, el Santo Profeta (sa) pensó inicialmente que la migración sería hacia Yamama. Sin embargo, más tarde quedó claro que debía ser hacia Yathrib, que se conocería como Medina. Así, cuando los residentes de Medina comenzaron a aceptar el Islam, se aconsejó a los musulmanes de la Meca que emigraran a Medina. Finalmente, la mayoría de los musulmanes de la Meca se trasladaron a Medina, excepto aquellos que se describen en el Sagrado Corán como:

Excepto los hombres, mujeres y niños verdaderamente débiles, que son incapaces de preparar un plan o hallar algún camino. (4:99)

Su Santidad (aba) dijo que el Santo Profeta (sa) estaba esperando la orden de Dios antes de emigrar él mismo. Hazrat Abu Bakr (ra) pidió permiso para emigrar, a lo que el Santo Profeta (sa) respondió que debía esperar, porque pronto él también podría recibir la orden de emigrar.

Los habitantes de la Meca conspiraron para asesinar al Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) dijo que, al mismo tiempo, los jefes de La Meca estaban furiosos por el hecho de que los musulmanes estabieran huyendo. Así, se reunieron para tramar un plan contra el Santo Profeta (sa), porque no querían que él también se fuera. Discutieron varios planes y complots. Finalmente, se decidió que un hombre de cada tribu de Quraish debía recibir una espada, y todos ellos debían asesinar al Santo Profeta (sa) al mismo tiempo. Dios informó al Santo Profeta (sa) sobre este complot, cuando dijo:

Y acordaos de cuando los incrédulos tramaron contra ti para hacerte prisionero, matarte o expulsarte. Pero ellos hicieron planes y Al-lah también hizo un plan, y Al-lah es el Mejor de los que planifican. (8:31)

Su Santidad (aba) dijo que al recibir el permiso divino, el Santo Profeta (sa) comenzó los preparativos para emigrar. El Santo Profeta (sa) primero fue a la casa de Hazrat Abu Bakr (ra), y le informó que había recibido el permiso para emigrar, y que Hazrat Abu Bakr (ra) le acompañaría. Hazrat Abu Bakr (ra) dijo que ya había preparado dos camellos para este propósito. El Santo Profeta (sa) dijo que sólo tomaría el camello después de pagarlo, y así se lo compró a Hazrat Abu Bakr (ra) por 400 dirhams. Se decidió que la primera parada sería la Cueva de Thaur donde se quedarían tres días. También decidieron contratar a una persona que conociera a fondo los distintos caminos de los desiertos de Arabia. Para ello, contrataron a Abdul’lah bin Uraiqit, que se reuniría con ellos en la Cueva de Thaur dentro de tres días.

Hazrat Ali (ra) fue informado de los planes del Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) dijo que después de hacer este plan y regresar a casa, el Santo Profeta (sa) informó a Hazrat Ali (ra) sobre su plan de emigrar. Le encomendó a Hazrat Ali (ra) el deber de pasar esa noche en su cama, usando la misma manta que él usaba. El Santo Profeta (sa) le aseguró que el enemigo no le causaría ningún daño. También instruyó a Hazrat Ali (ra) para que devolviera todas las confianzas que le habían dado al Santo Profeta (sa). Después, debeía reunirse con él en Medina. Mientras tanto, los asaltantes estaban cerca de la casa del Santo Profeta (sa), esperando que cayera la noche para lanzar su ataque. El Santo Profeta (sa) pudo escuchar a Abu Yahl burlándose de él y, en respuesta, el Santo Profeta (sa) recitó:

Ya Sin. Por el Corán, lleno de sabiduría, Eres ciertamente uno de los Mensajeros, Que siguen el camino recto. Ésta es una revelación del Poderoso, el Misericordioso, Para que adviertas a un pueblo cuyos padres no fueron advertidos, y por tanto son descuidados. En verdad, ha resultado ser cierta la palabra contra la mayoría de ellos, porque no creen. Hemos puesto collares alrededor de sus cuellos que llegan hasta el mentón, para que sus cabezas queden echadas hacia atrás. Hemos colocado una barrera ante ellos y otra tras ellos, y los hemos cubierto para que no puedan ver. (36:2-10)

Su Santidad (aba) dijo que al anochecer, aunque los asaltantes estaban justo afuera y miraban dentro de la casa del Santo Profeta (sa), éste pudo salir de su casa sin ser detectado, mientras que los incrédulos pensaron que el hombre en la cama era el Santo Profeta (sa), en realidad era Hazrat Ali (ra). Al amanecer, los asaltantes se dieron cuenta de que su objetivo se les había escapado de las manos, y que en realidad era Hazrat Ali (ra) quien estaba en la cama.

Su Santidad (aba) dijo que hay varias narraciones sobre la hora de la noche en que el Santo Profeta (sa) salió de su casa. Algunas narraciones dicen que fue en la primera parte de la noche, otras dicen que fue a mitad de la noche, mientras que otras dicen que fue en la última parte de la noche. Su Santidad (aba) dijo que según Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra), el Santo Profeta (sa) salió de su casa en la primera parte de la noche, ya que los incrédulos que estaban fuera de su casa no esperaban que saliera tan temprano, por lo que el Santo Profeta (sa) pudo salir sin ser detectado. Su Santidad (aba) dijo que según el Mesías Prometido (as), el Santo Profeta (sa) salió de su casa muy temprano. En cualquier caso, el Santo Profeta (sa) pudo salir sin ser detectado.

El Santo Profeta (sa) se despide de La Meca

Su Santidad (aba) dijo que después de dejar su casa, el Santo Profeta (sa) fue directamente a la casa de Hazrat Abu Bakr (ra). Allí, las hijas de Hazrat Abu Bakr (ra) prepararon rápidamente algo de comida para su viaje. Entonces ambos partieron de allí.

Su Santidad (aba) dijo que durante todo este viaje de migración, el Santo Profeta (sa) continuó recitando lo siguiente:

Y di: “Oh mi Señor, haz que mi entrada sea una entrada buena y mi salida una salida buena. Y concédeme, de Ti mismo, un poder inquebrantable”. (17:81)

Su Santidad (aba) dijo que cuando el Santo Profeta (sa) pasó por la Ka’bah, miró hacia La Meca y se dirigió a ella diciendo: “Por Dios, de la tierra de Dios, La Meca, eres la más querida para mí, y de la tierra de Dios, eres la más querida para Dios. Si tus habitantes no me hubieran obligado a marcharme, nunca me habría ido”.

Su Santidad (aba) dijo que mientras viajaban a la Cueva de Thaur, a veces Hazrat Abu Bakr (ra) caminaba delante del Santo Profeta (sa), y, otras veces, detrás de él, a veces a su derecha y, otras veces, veces a su izquierda. El Santo Profeta (sa) le preguntó sobre esto, a lo que Hazrat Abu Bakr (ra) respondió que a veces pensaba que alguien podía venir por delante, por detrás o por los lados, por lo que intentaba cubrir todos los lados para proteger al Santo Profeta (sa).

Llegando a la Cueva de Thaur

Su Santidad (aba) dijo que cuando llegaron a la cueva, Hazrat Abu Bakr (ra) entró primero y limpió la zona. Luego el Santo Profeta (sa) entró y se acostó, colocando su cabeza sobre la pierna de Hazrat Abu Bakr (ra). Había un hueco en la cueva, que Hazrat Abu Bakr (ra) cubrió con su pie. Durante toda la noche, algo le picó, pero por miedo a molestar al Santo Profeta (sa), no se movió. Cuando el Santo Profeta (sa) se despertó, vio que el color de la cara de Hazrat Abu Bakr (ra) había cambiado, y preguntó qué pasaba. Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) le dijo, el Santo Profeta (sa) aplicó su saliva a la herida, que luego sanó.

Su Santidad (aba) dijo que cuando los de La Meca se dieron cuenta de que el Santo Profeta (sa) se había ido, comenzaron a buscarlo. Interrogaron a Hazrat Ali (ra) y lo golpearon. Luego fueron a la casa de Hazrat Abu Bakr (ra) y preguntaron a su hija Hazrat Asmaa’ (ra) sobre el paradero de su padre. Ella respondió que no lo sabía, ante lo cual Abu Yahl la golpeó.

Su Santidad (aba) dijo que los de La Meca contrataron a un rastreador, que fue capaz de seguir los pasos del Santo Profeta (sa) hasta la Cueva de Thaur. Los de La Meca se quedaron fuera de la cueva, y Hazrat Abu Bakr (ra) afirma que pudo ver sus pies. Si hubieran mirado dentro de la cueva, los habrían encontrado. Sin embargo, no estaban solos, ya que Dios estaba con ellos, quien hizo crecer un árbol, envió una araña para tejer una tela en la boca de la cueva, y una paloma que hizo un nido y puso huevos.

Su Santidad (aba) dijo que seguiría relatando la vida de Hazrat Abu Bakr (ra) en futuros sermones.

Resumen preparado por The Review of Religions

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