En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Discurso inaugural del Jalifa del Islam en una recepción especial en Copenhague, Dinamarca.

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Discurso inaugural del Líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía Internacional en una recepción especial en Copenhague, Dinamarca.

El 9 de mayo de 2016, el Líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, el Quinto Jalifa, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, pronunció el discurso principal en la recepción especial celebrada en su honor en el Hotel Hilton de Copenhague, Dinamarca. Más de 125 políticos, académicos y líderes de la comunidad asistieron al evento histórico, incluyendo a S. E. D. Berter Haarder, Ministro de Asuntos Culturales y Asuntos Eclesiásticos. El acto concluyó con una oración silenciosa dirigida por Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad. Su Santidad se reunión con varios dignatarios y otros invitados con anterioridad y posterioridad al evento. A continuación, presentamos el discurso principal pronunciado por Su Santidad en esta ocasión.

Tras recitar el Tashahhud, Taawwuz y el Bismil-lah, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifatul Masih V, el Líder Mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, dijo:

“Distinguidos invitados, Assalamo-aleikum wa rahmatul-lahe wa barakatohu: la paz y bendiciones de Al-lah sean con todos ustedes”

Ante todo, quisiera aprovechar esta oportunidad para expresar mi sincera gratitud a todos los invitados que han aceptado gentilmente nuestra invitación a la recepción de hoy. La Comunidad Musulmana Ahmadía es una secta del islam con una finalidad y objetivos muy claros. Pretendemos atraer a la humanidad hacia Su Creador, el Dios Todopoderoso. Pretendemos invitar a la gente hacia sus responsabilidades hacia el prójimo y hacia la necesidad de un trato mutuo de amor, compasión y respeto.  Deseamos y procuramos establecer una paz verdadera y duradera en el mundo. Nosotros, los áhmadis musulmanes, creemos que el fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía era el Mesías Prometido e Imam Mahdi, tal como fue anunciado por el Sagrado Corán y el Profetasa del islam.

El Santo Corán y el Santo Profetasa profetizaron algunas señales que atestiguarían la verdad del Mesías Prometido. Nosotros creemos que todas ellas se han cumplido en apoyo de la reivindicación del Fundador de nuestra Comunidad. Algunas de las señales se relacionan con el desarrollo del mundo en la época del Mesías y Mahdi. Por ejemplo, se había predicho que su advenimiento ocurriría en un momento en que la tecnología moderna y los medios de comunicación progresarían hasta tal punto, que uniría a gente de distintas partes del mundo, y en una época en que se establecerían la prensa y los medios de comunicación.

Además, el Santo Profetasa profetizó una gran señal celestial que aparecería junto a la llegada del Mesías Prometido, es decir, el eclipse del sol y de luna durante ciertos días prescritos del mes de Ramadán. En concordancia con la reivindicación del Fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía, este signo celestial se cumplió gloriosamente y al pie de la letra, en 1894, en el hemisferio oriental, y en 1895 en el hemisferio occidental.

De este modo, tras haber visto claramente el cumplimiento de las señales y profecías del Corán y del Santo Profetasa a su favor, nosotros, los áhmadis musulmanes, creemos que nuestro Fundador, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian es el Mesías Prometido e Imam Mahdi. Creemos que apareció como una antorcha de la verdad para transmitir las verdaderas y resplandecientes enseñanzas del islam al mundo entero. Exhortó a la humanidad a convivir en paz e inculcó en sus seguidores la simpatía humana y la compasión. El Mesías Prometido dijo en una ocasión:

“Amar a la humanidad y mostrar compasión al prójimo constituye una importante forma de adoración al Dios Todopoderoso y un medio excelente para obtener Su agrado y recompensa.”

Por lo tanto, de acuerdo con nuestras creencias, el islam enseña que hasta que un musulmán no cumpla con los derechos de la humanidad, no es posible que cumpla con los derechos relacionados con Dios todopoderoso. Efectivamente, en ciertas ocasiones, los derechos pertenecientes al ser humano reemplazan y tienen prioridad incluso sobre los derechos que corresponden a Dios Todopoderoso.

En resumen, el islam dice que solamente cuando una persona respeta los derechos del prójimo, al margen de su condición o creencias, sólo entonces puede ser clasificado como verdadero musulmán. Después de su fallecimiento en 1908, al Mesías Prometido le sucedió la institución del Jilafat (Califato), cuyo propósito era, y continúa siendo, proseguir con la tarea del Mesías Prometido de propagar las verdaderas enseñanzas del islam en todo el mundo. Presentaré ahora algunas de las verdaderas enseñanzas del islam e intentaré clarificar algunos conceptos erróneos comunes acerca de la religión.

El islam aconseja a la humanidad eliminar todo tipo de odio, enemistad y malicia y a unirse en su lugar bajo el estandarte del amor y el respeto mutuo. Aboga por el establecimiento de la paz y justicia entre toda la gente y a todos los niveles de la sociedad. En este sentido, en el capítulo 5, versículo 9, del Santo Corán, Al-lah el Todopoderoso ha dicho:

“¡Oh vosotros los que creéis! Sed perseverantes en la causa de Al-lah en calidad de testigos justos; y que la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia. Sed siempre justos, porque eso está más cerca de la virtud. Y temed a Al-lah. En verdad, Al-lah es consciente de lo que hacéis.”

En este versículo Al-lah ha ordenado a los musulmanes a tratar a todo el mundo, incluyendo enemigos y adversarios, con justicia y equidad. Así pues, el islam no permite la crueldad ni ofensa bajo ninguna circunstancia. Sin lugar a dudas, el Santo Profetasa del islam estableció los estándares más altos de libertad y tolerancia religiosa en el mundo.

Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el trato y respeto que el Santo Profetasa mostró con la comunidad judía y algunos no musulmanes después de su emigración a Medina, tras los años de persecución en su ciudad natal de la Meca. La mayor parte de los habitantes de Medina aceptaron el islam, por lo que acogieron y aceptaron al Santo Profetasa no solamente como líder religioso suyo, sino que también lo eligieron como jefe de Estado.

A pesar de todo, un número importante de entre la comunidad judía, así como otros no musulmanes, permanecieron en Medina. Tras haber sido elegido como jefe de Estado, el Santo Profetasa estableció un convenio de paz con los judíos y otros grupos en base a los principios de libertad y religiosa universal y la tolerancia. De acuerdo con el convenio, la libertad religiosa de los judíos y del resto de las comunidades no musulmanas recibieron protección y garantía por parte del Santo Profeta del Islam del Islam.

La historia demuestra que el Santo Profetasa nunca violó los términos de este tratado y que bajo su mandato siempre se respetaron los derechos y libertades religiosas de los grupos no musulmanes. Se trata de una clara refutación para aquellos que alegan que el islam permite el antisemitismo o cualquier otro tipo de discriminación religiosa. Otro ejemplo del excelente carácter moral del Santo Profetasa se hizo patente al recibir una visita de la delegación de cristianos de la ciudad de Najran. Al saber que deseaban orar, les ofreció su propia mezquita para rezar de conformidad con las costumbres y creencias cristianas.

Otra acusación que se imputa frecuentemente al islam es que se extendió violentamente por la espada. Esta acusación es completamente infundada, y no puede existir nada más lejos de la realidad. Todas las guerras emprendidas durante la vida del Santo Profetasa y los cuatro califas rectamente guiados que le sucedieron, fueron totalmente defensivas por naturaleza, en las que les fue impuesta la guerra. Incluso cuando se obligó a los musulmanes a participar en la guerra estos hicieron lo posible por proteger y respetar los lugares sagrados y las figuras veneradas de otras religiones.

A pesar de todo, vemos que en la actualidad el carácter bendito del Santo Profetasa ha sido penosamente destruido. Incluso aquí en Dinamarca, hace algunos años, se publicaron caricaturas que pretendían ridiculizar al Fundador del Islam y representarlo, Dios nos perdone, como líder imperialista y guerrero beligerante.

Este retrato injusto del Santo Profetasa es un desafío a la historia y a la verdad. La realidad es que el Santo Profetasa siempre se mantuvo firme en su determinación de establecer la paz y los derechos de la humanidad.

Cuando en un principio Dios otorgó permiso al Santo Profetasa de emprender una guerra defensiva contra los mecanos, lo hizo para defender la institución de la religión en lugar defender solamente al islam. Por ello, en el capítulo 22, versículos 40-41 del Santo Corán,

Al-lah proclamó que, si no se detenía a los agresores, estos no se limitarían a atacar solamente a musulmanes inocentes, pues su objetivo último era destruir todas las formas de religión. Dios dice muy claramente que, si no se hubiera rechazado enérgicamente al mecano, ninguna iglesia, sinagoga, templo, mezquita ni lugar de culto alguno hubiera permanecido a salvo.

Este versículo demuestra categóricamente que el objeto del permiso concedido a los musulmanes para involucrarse en guerras defensivas era la defensa de todas las religiones y creencias, no la conquista de territorios o la propagación de crueldad. Teniendo esto en cuenta, un verdadero musulmán siente un gran dolor al escuchar a los adversarios del islam afirmar que el Santo Profetasa fue motivado por el ansia de poder y la codicia de levantar imperios.

El Santo Profetasa nunca aspiró al poder ni emprendió guerra alguna para extender el islam a la fuerza u obligar a los demás a convertirse en musulmanes. Su única motivación era establecer la paz y la libertad religiosa universal.  Por lo tanto, a un verdadero musulmán le incumbe proteger y valorar siempre todas las religiones, ya sea el cristianismo, judaísmo o cualquier otra religión. El Santo Profetasa enseñó que, en el combate, solamente estaba permitido luchar contra aquellos que se hallaban involucrados directamente en la guerra. Dio instrucciones estrictas de no agredir jamás a ninguna persona inocente. Nunca debían ser atacadas mujeres, niños o personas ancianas. Enseñó que no estaba permitido agredir a ningún líder o sacerdote religioso, así como a ningún lugar de culto. El Santo Profetasa enseñó además que nadie podía ser obligado a convertirse al islam.

A pesar de estas nobles enseñanzas, es muy lamentable que en las guerras que hoy se emprenden se observen habitualmente disparos indiscriminados y bombardeos, en los que se asesina sin piedad a civiles inocentes e indefensos, mujeres, niños y ancianos. Los musulmanes implicados en tal conducta barbáricas solo sirven para difamar el nombre de su religión y deben ser condenados en los términos más enérgicos posibles.

Sin embargo, era inevitable que surgiera tal ignorancia y maldad entre los musulmanes, puesto que el Santo Profetasa ya había predicho esta situación, en la que los musulmanes olvidarían completamente las enseñanzas de su religión. Sería entonces cuando Dios enviaría al Mesías Prometido para revivir al islam y establecer una comunidad piadosa que siguiera sus enseñanzas verdaderas.

Además, no se puede afirmar que el mundo no musulmán sea totalmente inocente o esté libre de culpa. Efectivamente, existen algunas potencias no musulmanas que, a pesar de asegurar que luchan por la causa de la paz, han sido también culpables del asesinato o la mutilación de civiles inocentes en distintas partes del mundo a través de guerras indiscriminadas. De todas formas, la verdad es que los gobiernos musulmanes actuales no están gobernando de conformidad con los verdaderos principios islámicos de honestidad integridad y justicia para todos.

Dondequiera y siempre que se han practicado las verdaderas enseñanzas del islam, su belleza y beneficencia han sido apreciadas por todos. Por ejemplo, durante la época de Hazrat Umar, El segundo sucesor del Santo Profetasa, el islam se extendió a Siria y se formó un gobierno musulmán. Como parte de la gestión pública, se cobraban impuestos cívicos a los ciudadanos cristianos de la nación, pero posteriormente, cuando el Imperio Romano se apoderó del control y los gobernadores musulmanes se sintieron incapaces de proteger al público o de respetar sus derechos, el gobierno musulmán restituyó tales impuestos.

A los líderes musulmanes no les quedó más opción que salir, lo cual provocó un gran desasosiego entre los musulmanes que vivían bajo su dominio. Llenos de emoción, pidieron a los musulmanes que regresaran, e hicieron fervientes plegarias para ello. Expresaron sin reparos su deseo de tener de nuevo un gobierno musulmán que les protegiera de las injusticias del Imperio Romano.

Posteriormente, cuando los musulmanes consiguieron regresar, los primeros en celebrarlo fueron aquellos que no eran musulmanes, pues sabían que sus derechos volverían a ser respetados de nuevo. En efecto, los primeros musulmanes actuaban con una justicia y equidad absoluta en todos los asuntos. Por ejemplo, en una ocasión se presentó un caso ante Hazrat Umar, el segundo Califa del Islam, en el que una de las partes era musulmana y la otra, judía. Tras escuchar sus casos respectivos, Hazrat Umar dictaminó a favor de la persona judía y en contra del musulmán. El islam también enseña que es muy importante cuidar de la sensibilidad y sentimientos ajenos. En una ocasión, durante una conversación con un judío, Abu Bakar, que era el amigo más cercano del Santo Profetasa, dijo que el rango del Santo Profetasa era superior al del profeta Moisés. Al escuchar esto, el judío se quejó al Santo profeta. El Santo Profetasa, al escuchar esto, reprendió a Abu Bakar, diciendo que debería haber respetado los sentimientos del judío.

Aunque la afirmación de Abu Bakar concordaba con la creencia islámica, el Santo profeta ordenó que ningún musulmán debería decir nada semejante enfrente de ninguna persona judía pues podría ser causa de agravio u ofensa. Esta enseñanza del Santo Profetasa era muy profunda y constituía la base para el establecimiento de la paz entre las gentes de distintas doctrinas y creencias.

Sin embargo, hoy en día observamos que, en nombre de la libertad de expresión, se ridiculiza y insulta a profetas y figuras santas, incluso sabiendo que existen millones de personas que siguen sus enseñanzas y no pueden tolerar este tipo de denigración. Si deseamos en verdad una auténtica paz en el mundo, debemos pensar en las consecuencias de nuestras palabras y actos. Debemos mostrar respeto hacia las creencias y valores de los demás. Solo así conseguiremos romper barreras y derribar las murallas de la enemistad y el resentimiento que se han erigido en tantas partes del mundo. Sin lugar a dudas, el establecimiento de la paz es la necesidad crítica e urgente de nuestra época. Esto debería constituir la finalidad y ambición más prioritarias nuestra. Nadie puede denegar que los actos odiosos y malvados de determinados musulmanes han contribuido en gran medida a muchos de los conflictos que estamos presenciando en la actualidad.

Sin embargo, debe quedar absolutamente claro que la razón por la cual están implicados en tales actos crueles es su desvío de la verdadera enseñanza del islam. Además, existen ciertas potencias mundiales no musulmanas que también están avivando las llamadas del conflicto a través de su política y conducta injustas. De todos modos, si leyeran el sagrado Corán y examinaran a la vida del Santo Profetasa a través del prisma de la justicia en lugar del prisma del prejuicio, se darían pronto cuenta de que el islam es una religión de paz. Se percatarían de que el Santo Profetasa deseó la paz en lo más hondo de su ser. Comprenderían que las enseñanzas coránicas hablan de amor para toda la humanidad.

Hoy en día vivimos en una época de creciente inestabilidad e incertidumbre, por lo que cada persona de cada parte del mundo debe asumir una responsabilidad individual para el establecimiento de la paz. En todas partes del mundo siguen estallando conflictos, por lo que no debemos albergar dudas de que se cierne ante nosotros la sombra de una guerra catastrófica. Ante nuestros ojos se forman rápidamente alianzas y bloques. Temo seriamente que nos estamos abocando irracionalmente hacia una desastrosa tercera guerra mundial sin pausa para la reflexión.

De hecho, no sería inexacto decir que ya se han implantado las raíces de tal guerra. Si deseamos salvarnos a nosotros mismos y, especialmente, si deseamos proteger a nuestros hijos y a las futuras generaciones del tormento de la guerra y sus consecuencias destructivas, debemos cumplir con los derechos de nuestro creador y con los derechos del prójimo y debemos cuidarnos y respetarnos mutuamente, al margen de las diferencias de casta, credo o color.

También debemos valorar y respetar los sentimientos religiosos y nacionales ajenos. No cabe duda de que los gobiernos musulmanes de hoy en día han fracasado con su gente y se han apoderado injustamente de sus derechos, dando lugar a un fortalecimiento de los grupos terroristas y los extremistas que están extrayendo ventajas de tal oportunidad. Estos grupos están causando estragos y destrucción, no solamente en el mundo musulmán, sino también en Occidente, donde han extendido sus redes de terror.

Así se ha arraigado el temor al islam y a los musulmanes, un temor que sigue en aumento. Una vez más, quiero dejar claro que los actos horrendos de estos autodenominados musulmanes no representan las enseñanzas de la religión, sino que tienen sus propios intereses creados. En vista de lo que he afirmado, me gustaría instar y rogar a los líderes y políticos occidentales a que asuman sus responsabilidades y que, en lugar de mantener buenas relaciones con los líderes musulmanes en pro de sus propios beneficios políticos y financieros, empleen toda la influencia que poseen para orientar y ayudar imparcialmente a los gobiernos musulmanes para el establecimiento de la paz. De lo contrario, serán igualmente responsables de arruinar la paz mundial.

Existe en la actualidad un creciente temor e inquietud entre los europeos por el hecho de la entrada de un gran número de refugiados en el continente durante el pasado año. Debe tenerse en cuenta que la gran mayoría de los refugiados han buscado refugio en occidente a causa de la devastación y crueldades implacables que han sufrido en sus propios países. Sin embargo, la verdad es que ningún país y, de hecho, ningún continente, tiene la capacidad de absorber a tantos millones de personas que huyen de sus países en guerra. Por lo tanto, la única solución es crear un auténtico marco para la paz en sus países de origen e intentar poner fin a la crueldad en su tierra natal.

Por lo tanto, pido una vez más a todos los invitados, especialmente a los políticos y a las figuras influyentes que se hayan presentes, que no desaprovechen ninguna oportunidad en trabajar por la paz mundial, pues no se puede contemplar ninguna otra alternativa. Como ya he afirmado, se aproxima rápidamente una Tercera Guerra Mundial, y si no se evita su avance, sus efectos catastróficos perdurarán durante generaciones, puesto que es muy probable que hoy en día una guerra mundial incluya el uso de armas nucleares. Los efectos de tal guerra serían inimaginables e imposibles de entender.

Que Dios otorgue sentido común y sabiduría a la humanidad.  Que Él, a través de Su infinita gracia y merced, nos proteja a todos y permita a los hombres vivir unidos en paz y armonía y a respetar los derechos del prójimo en todo momento, para que podamos pasar pronto de los amargos conflictos de hoy a un futuro mejor y más brillante, en el que todas las naciones y grupos sean capaces de convivir conjuntamente y en el que prevalezca un espíritu de amor, compasión y humanismo.

Con estas palabras, desearía reiterarles mi agradecimiento por estar hoy con nosotros. Muchas gracias.