La paz y la armonía interreligiosa

Hazrat Mirza Tahir Ahmad

Hazrat Mirza Tahir Ahmad


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Al examinar el escenario religioso global, nos damos cuenta de inmediato que en el terreno de la religión existe hoy día una situación paradójica. La religión está perdiendo su influencia a la vez que está aumentando la misma en diferentes áreas. En ciertas partes de la sociedad, y en casi todas las religiones, parece existir un fuerte retroceso en la dirección de los dogmas, con una fuerte rigidez medieval e intolerancia ante la oposición.

Este fenómeno extremadamente turbador, que quizá está relacionado con el resurgimiento de los dogmas religiosos, está amenazando la paz del mundo. Con el auge de tales dogmas, se origina un ambiente tóxico que ataca gravemente el sano espíritu de diálogo y libre flujo de ideas. Por si esto fuera poco, iniciativas deliberadas de políticos sin escrúpulos, siempre dispuestos a explotar situaciones límite para su propio provecho, son puestas en marcha para deslucir la imagen de la propia religión. Además, las rivalidades y enemistades históricas interreli­giosas tienen su baza en el juego. De la misma manera, los así llamados medios “libres” son controlados, en general, por manos invisibles, en lugar de jugar con libertad un papel neutral en los asuntos mundiales. Por lo tanto, cuando los “medios” de un país con mayoría perteneciente a una religión, se une a la batalla de denostar la imagen de una religión rival, el escenario se vuelve muy complejo. La primera víctima de esta maraña es, sin duda, la   religión  en sí misma.

Me siento profundamente afectado y preocupado por lo que está ocurriendo hoy día al mundo de la religión. Existe una profunda necesidad de que las religiones hagan un esfuerzo genuino y serio para eliminar el malentendido que existe entre las mismas.

Para que una religión sea útil en el establecimiento de la paz en el mundo, si pretende unir de forma universal a la humanidad, es esencial que ella misma acepte la universalidad de la religión en el sentido por el cual los seres humanos son todos criaturas del mismo Creador sea cual sea su color, raza, o denominación geográfica. Como tales, tienen la misma capacidad para recibir la instrucción divina -si en algún momento se concedieron instrucciones divinas a una parte de la sociedad humana-. Este punto de vista evita el concepto de monopolización de la verdad por parte de ninguna religión.

Todas las religiones, cualquiera que sea su nombre o sus doctrinas, dondequiera que se encuentren y cualquiera sea la época a la que pertenezcan, tienen el derecho de afirmar la posesión de alguna verdad divina. Además, hemos de admitir que, a pesar de las diferencias en las doctrinas y enseñanzas, las religiones, muy posiblemente, han tenido un origen común. La misma Autoridad divina que dio origen a cierta religión en un área concreta del mundo debe haber cuidado de igual forma de las necesidades religiosas y espirituales de otros seres humanos en otras partes del mundo, pertenecientes a épocas diversas.

Este es, exactamente el Mensaje del Santo Corán, la Sagrada Escritura del Islam.

La universalidad del profetazgo

El Santo Corán dice a este respecto:

“Hicimos surgir en cada pueblo a un Mensajero con la enseñanza, “Adora a Al-lah y evita al malvado”” (C. 16:Al-Nahl:37)

 El Islam no monopoliza la verdad, eliminando a todas las demás religiones, sino que categóricamente declara que en todas las épocas y partes del mundo Dios ha estado cuidando de las necesidades religiosas y espirituales de la humanidad, haciendo surgir Mensajeros que entregaban el mensaje divino al pueblo al que eran destinados.

 Todos los profetas son iguales

Surge la pregunta de que si existen tantos profetas de Dios enviados a todos los pueblos del mundo, en diferentes partes y en distintas épocas, ¿tienen todos acaso la misma autoridad divina? Según el Santo Corán, todos los Profetas pertenecen a Dios, y por tanto, en lo que se refiere a su autoridad divina, ejercen su autoridad con la misma fuerza y capacidad. Nadie posee el derecho a discriminar a un profeta frente a otro. En lo referente a la autenticidad de su mensaje, todos los Profetas son iguales. Esta actitud del Islam hacia otras religiones y sus Fundadores, así como a sus Profetas menores, puede funcionar como factor importante de unión y consolidación entre distintas religiones. El principio de que la autenticidad de la Revelación de cada Profeta posee el mismo estatus, puede emplearse como fuerza unificadora poderosa que acerque a religiones diversas. Esto transforma la actitud de hostilidad hacia la revelación de Profetas de otras religiones en una actitud de respeto y reverencia. Es, de nuevo, la posición clara y lógica mantenida por el Santo Corán:

“Este Mensajero, el Santo Fundador del Islam, cree en lo que le fue revelado procedente de su Señor, y también los creyentes; todos ellos creen en Al-lah; y en Sus ángeles, y en Sus Libros, y en Sus Mensajeros, diciendo: “No hacemos distinción entre ninguno de Sus Mensajeros. Y dicen: “Hemos oído y somos obedien­tes….”” (C.2:Al-Baqarah:286)

La salvación no puede ser monopolizada por ninguna religión

La cuestión de la Salvación, por inocente que pueda parecer en el conjunto, es importante en cuanto a su potencial contra la paz en el mundo interreligioso.

Es bien distinto que una religión declare que los que buscan ser redimidos de Satanás y conseguir la Salvación han de apresurarse por llegar al paraíso seguro de dicha religión, donde encontrarán la Salvación y la liberación eterna del pecado; a que la misma religión declare a continuación, que quienes no hayan buscado refugio en su doctrina serán condenados eternamente sin remisión: por mucho que hagan por agradar a Dios, por mucho que amen a su Creador y a Su creación, por más que intenten llevar una vida de pureza y piedad, serán condenados con absoluta certeza al Fuego eterno.

Siempre que tal punto de vista rígido, intolerante y estricto se expresa con lenguaje provocativo, como suelen proferir los fanáticos religiosos, se producen revueltas violentas.

Según el Santo Corán, la Salvación no puede ser monopolizada por ninguna religión del mundo. Incluso si se revelan nuevas verdades y nacen nuevas eras de luz, quienes viven una vida de ignorancia sin ser culpables de ello, y quienes tratan de llevar una vida de sinceridad aunque hayan heredado falsas ideologías, a éstos Dios no les negará la Salvación.

“En verdad, quienes han creído en Mohammad, y los judíos, y los sabeos, y los cristianos: quienes creen en Al-lah y en el Ultimo Día y hacen buenas obras, sobre ellos no recaerá el temor ni serán afligidos”. (C.5: Al-Maidah: 70)

 Para prevenir a los musulmanes censurar indiscriminadamente a los que no pertenecen al Islam, el Santo Corán declara enfáticamente:

No todos ellos son iguales. Entre las gentes del Libro hay un grupo que cumple su alianza; recitan la palabra de Al-lah durante las horas de la noche y se postran ante El. Creen en Al-lah y en el Ultimo Día, ordenan lo que es bueno y prohiben lo malo y rivalizan entre ellos en las buenas obras. Y estos están entre los justos. Y de sus buenas acciones no se les negará la debida  recompensa; y Al-lah conoce bien a los que se protegen contra el mal” (C.3: Al-Imran: 114-116)

El Santo Corán declara en términos nada ambiguos que no son sólo los musulmanes quienes permanecen firmemente sobre la verdad y quienes encomiendan y dispensan justicia y virtud entre los seguidores de otros cultos. Existen también otras gentes que están en la misma situación.

Esta es la actitud que el mundo de la religión en conjunto debería adoptar hoy día para mejorar la calidad de la relación con los demás credos. La paz religiosa no se puede conseguir sin cultivar tales actitudes de tolerancia, magnanimidad y entendimiento humano hacia las gentes de otros cultos.

El Islam no permite la coerción

Ninguna religión con un mensaje universal y ambiciones globales de unir a la humanidad bajo una sola bandera puede siquiera plantearse momentáneamente la idea de emplear la fuerza para difundir su mensaje.

La espada puede conquistar territorios pero no corazo­nes.

La fuerza puede doblegar las cabezas pero no las mentes.

El Islam no permite el uso de la fuerza como instrumento para la propagación de su Mensaje. Declara:

“No ha de existir coerción en la religión. En verdad, lo recto ha quedado diferenciado de lo erróneo…” (C. 2: Al- Baqarah: 257)

Incluso si surge una contienda en el proceso de propagación de la nueva ideología y se genera una reacción violenta, el Islam exhorta enérgicamente a sus fieles a que muestren paciencia y perseverancia y eviten el conflicto en la máxima medida de lo posible. Es por esto por lo que, dondequiera que se encomienda a un musulmán que entregue el Mensaje del Islam al mundo a su alcance, se establece un código de conducta preciso. De los varios versículos relativos a este punto, hemos seleccio­nado uno para ilustrar este punto:

“Convoca al camino de tu Señor, con sabiduría y la mejor exhorta­ción, y dialoga con ellos de la mejor manera. En verdad, tu Señor conoce perfectamente a quien se ha desviado de Su camino; y también conoce a quienes están rectamente guiados” (C. 16:Al-Nahl: 126)

La blasfemia

Si se estudia repetida y profundamente el Santo Corán, es imposible encontrar un simple versículo que declare que la blasfemia es un crimen que el hombre pueda castigar.

Si bien el Santo Corán se opone rotundamente a la conducta y expresión indecentes y a la ofensa contra la sensibilidad de los demás, con o sin razón o fundamento, el Islam no aboga por el castigo de la blasfemia en este mundo ni ampara tal autoridad en nadie.

El Corán en términos generales dice al respecto:

“El ya os ha revelado en el Libro que, cuando oigáis que son negados y escarnecidos los Signos de Al-lah, no os sentéis con ellos mientras no inicien otra conversación; ya que de no hacerlo seríais como ellos. En verdad, Al-lah reunirá juntos en el Infierno a hipócritas e incrédulos”. (C. 4: Al- Nisa: 141)

¡Que respuesta más bella frente a la completa fealdad de la blasfemia! El Islam no sólo no permite a ningún ser humano que asuma con sus propias manos el castigo del blasfemo, sino que declara que la gente debe manifestar su protesta contra la blasfemia alejándose de la reunión de personas en la que los valores religiosos son burlados y ridiculizados. Aparte de sugerir medidas positivas, el Santo Corán no prescribe siquiera un boicot permanente contra el blasfemo; al contrario, el Santo Corán deja claro que el boicot sólo debe durar mientras se comete el acto de blasfemia.

De nuevo, la blasfemia se menciona en el Sura (capítulo) Al- An’am, donde, hipotéticamente, se discute el tema de la blasfemia no sólo en relación con Dios, sino también respecto a los ídolos y otros objetos imaginarios de adoración aparte de Dios. Las enseñanzas del Corán son sorprendentemente bellas:

“No insultéis a quienes ellos invocan en lugar de Al-lah, no sea que ellos, por despecho, insulten a Al-lah en su ignorancia. Así hicimos que cada pueblo considerara justas sus acciones. Pero después volverán a su Señor y El les informará de cuanto hayan hecho”. (C. 6: Al An’am: 109)

La cooperación interreligiosa

En las relaciones internacionales, el Islam da un paso más al declarar:

“…Y no dejes que la enemistad de un pueblo que os ha impedido acceder a la Mezquita Sagrada, os incite a tratarlos con injusti­cia. Al contrario, ayudáos mutuamente en las cosas buenas de la vida y en todas las cosas que se basen en el temor de Al-lah. Sin embargo, no os ayudéis mutuamente en el pecado y la transgre­sión…”. (C.5: Al-Maidah: 3)

 El Corán no permite a los musulmanes que traten con injusticia ni siquiera a los enemigos que cometen agresiones contra ellos, a causa de la enemistad religiosa.

Se enseña también a los musulmanes a que inviten al Pueblo del Libro y a que cooperen con ellos en la difusión del Mensaje de la unidad de Dios -creencia compartida con ellos-. La importancia del versículo que sigue estriba en que hace énfasis en el tema de la comunalidad y en que traza un programa mutuo para el beneficio de la humanidad en vez de recalcar los aspectos de las diferencias que producen discordia.

Diles: “¡Oh gente del Libro! Venid a una palabra que es igual entre nosotros y vosotros: que no adoremos a nadie que no sea Al-lah, y no asociemos a nadie con El, y que ninguno de nosotros tomemos a nadie por Señor aparte de Al-lah”. Pero si vuelven la espalda, diles: “Sed testigos de que nos hemos sometido a Dios” (C. 3: Al-Imran: 65)

La promoción de la armonía y el mutuo respeto entre religiones

La religión, que debiera haber jugado un papel destacado en el establecimiento de la paz y en la eliminación de los malentendidos entre fieles de distintas creencias y religiones, fomentando la decencia y promoviendo el principio del “vive y deja vivir”; lamentablemente, en la actualidad, ha jugado un rol muy pequeño e insignificante, si es que ha tenido alguno, en la promoción de la paz en el mundo. Al contrario, en la difusión de la violencia y el derramamiento de sangre, la miseria y el sufrimiento, se ha manifestado como una fuerza potente y dinámica, que no debe ser subestimada en absoluto. No puede imaginarse ningún tipo de paz global sin abordar este problema vital y subsanar sus defectos.

En el ámbito interno de la religión, los sentimientos religiosos pueden ser excitados y activados enérgicamente para difundir la desdicha y el sufrimiento entre una sección de los fieles, los cuales, por desgracia, pertenecen normalmente a una secta minoritaria de la propia religión.

Toda la historia musulmana está llena de similares episodios despreciables, en los que el Islam, la religión de la paz, ha sido utilizada para acabar con la paz de creyentes inocentes, los cuales, desde luego, creían en el Islam pero no en la forma y estilo que los demás deseaban. De hecho, el estudio de la historia islámica muestra sin duda alguna cómo el Islam ha sido utilizado para la persecución de los propios musulmanes. Las “guerras santas” que los musulmanes lucharon contra los cruzados se ven ampliamente sobrepasa­das en número y magnitud por las “guerras santas” que los musulmanes pelearon contra musulmanes a lo largo de los últimos catorce siglos.

El capítulo no se ha cerrado. Lo que está aconteciendo en el Paquistán respecto a los musulmanes áhmadis y ocasionalmente contra la minoría chiíta, es suficiente para elucidar este atroz problema que debió desaparecer hace tiempo pero que continúa en realidad vivo.

En las relaciones inter-religiosas, los disturbios hindú-musulmanes de la India,la contienda religioso-política en Irlanda, la contienda cristiano-musulmán de Nigeria o las hostilidades judío-musulmanas en Oriente Medio y otros lugares, así como también la tendencia a la fragilidad en la relación política y económica judeo-cristiana, son algunos de los signos de los peligros latentes que permanecen como volcanes ocultos en el subterráneo del mundo religioso.

No se puede dejar de insistir en la importancia de reformar las actitudes ante tales problemas.

Para resumir el punto de vista islámico sobre cómo deben ser resueltos los problemas antes mencionados, concluiremos señalando que:

1) Todas las religiones del mundo, tanto si creen en el Islam como si no lo hacen, deben aceptar el principio islámico de no permitir el uso de la fuerza y la coacción en manera alguna, como instrumento para resolver las contiendas inter-sectarias e inter-religiosas. Debe protegerse, de manera absoluta, la libertad de religión y la libertad de profesarla, propagarla, practicarla y ejercerla, o el de abandonarla, dejar de creer o cambiar la propia creencia.

2) Incluso si otras religiones no pueden estar de acuerdo con el concepto islámico de la universalidad de la verdad y piensan como el judaísmo, cristianismo, budismo, confucionismo o zoroastrianismo etc., que las demás religiones son falsas y no tienen nada que ver con Dios; sin embargo, a pesar de esta negación de la verdad universal, todas las religiones deben aceptar el principio islámico de respeto y reverencia hacia los Fundadores y personajes religiosos de otras fés. En esta aplicación no comprometerían sus principios. Se trata de un asunto de derechos humanos fundamentales: ha de ser reconocido el derecho de cada ser humano a que no se violen u ofendan sus sensibilidades religiosas y sentimientos.

3) Debe recordarse que el principio anterior no puede ser ejecutado por ninguna ley nacional o internacional. Debe ser entendido junto con el principio de que la blasfemia no conlleva un castigo humano sino que debe ser desalentada y reprobada, favoreciendo que la opinión pública condene estos actos como indecentes, imprudentes y aborrecibles.

4) Deben promoverse Conferencias Interreligiosas frecuentes según el patrón introducido por la Comunidad Musulmana Ahmadía en la primera parte de este siglo. El espíritu de tales conferencias puede sintetizarse en las siguientes características:

a) Todos los conferenciantes deben destacar los puntos positivos y atractivos de los distintos aspectos de sus credos, sin atacar a las demás creencias.

b) Los oradores pertenecientes a una fe deben tratar genuinamente de descubrir los aspectos positivos de las otras creencias, hablando sobre ellas y explicando por qué les resultan atractivas.

c) Los oradores que pertenezcan a otras creencias deberían rendir homenaje a la nobleza y carácter de los líderes de las demás religiones. Por ejemplo, el orador judío podría hablar de los aspectos destacados del Santo Profeta Mohammad(sa), que pueden ser apreciados por todos los seres humanos, sin comprometer sus dogmas religiosos. De forma similar, un orador musulmán podría hablar de Krishna(as), un orador hindú sobre Jesucristo, un budista sobre Moisés (la paz y bendiciones de Dios sea con todos ellos) etc. Durante la tercera década de este siglo, este tipo de Conferencias, promovidas por la Comunidad Ahmadía, tuvieron lugar en la India con el fin de mejorar las relaciones hindú-musulmanas, con gran éxito y creciente popularidad

d) Sin perjuicio de los expuesto en el punto anterior, debe ser preservada la santidad del diálogo religioso entre sectas y creencias. El intercambio de puntos de vista inter-religiosos no debe ser condenado como intento de sabotear la paz religiosa. Es la forma de dialogar la que, si no es adecuada, debe ser condenada, y no el diálogo en sí mismo. El libre flujo de ideas es el más importante de los derechos humanos fundamentales, y es esencial para la supervivencia del más apto. No debe ser comprometido a ningún costo.

e) Para aminorar las áreas de divergencia e incrementar la posibilidad de acuerdos, es esencial que todas las religiones acepten el principio de limitar los debates con los seguidores de otras fés a las fuentes de sus religiones respectivas. La declaración coránica de que todas las religiones fueron iguales en su origen no debe tomarse a la ligera. Encierra una gran sabiduría que debe ser estudiada y examinada por todas las religiones para su propio provecho y para el de la humanidad en conjunto.

5) Debe promoverse la cooperación en todos los planes y programas para beneficio mutuo de la humanidad. Por ejemplo, podrían emprenderse proyectos filantrópicos de forma conjunta entre cristianos y musulmanes, hindúes y judíos etc.

Sólo entonces podríamos albergar la esperanza de hacer realidad el sueño utópico de todas las épocas, de unir al hombre bajo una bandera en todos los ámbitos de la actividad humana, tanto en el campo religioso como en el social, económico, político, y en todo lo que es importante.