Las Mezquitas Áhmadis: Amor, Paz y Seguridad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Para Toda la Humanidad, Hasta el Fin de los Tiempos

Trascripción de la disertación ofrecida por Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad Jalifatul Masih V, Líder Supremo de la Comunidad Musulmana Ahmadía, en la ceremonia inaugural de la Mezquita Baitun Nur en Calgary, Canadá, el 5 de julio de 2008.

Doy testimonio de que Al‐lah es Único, que no tiene asociado, y también doy testimonio de que Mohammad es Su siervo y mensajero. Busco refugio en Al‐lah contra Satán, el Reprobado. En el nombre de Al‐lah, Clementísimo, Siempre Misericordioso. Honrados y distinguidos invitados:

¡Assalamo Aleikum wa rahmatulah wa barakatohu!

 ¡Que la paz y las bendiciones sean con todos vosotros! Con la Gracia de Al‐lah, como todos conocéis, nos hemos reunido aquí para la Inauguración de la mezquita de Calgary de la Comunidad Ahmadía del Islam. Antes de que les diga algo acerca de la importancia y cuál es el propósito de las mezquitas, deseo dar las gracias a nuestros distinguidos invitados, que han dedicado su valioso tiempo a participar en esta función. Vuestra asistencia es prueba de vuestra honestidad; es un ejemplo vivo de distintas religiones tratando de convivir en armonía. Ojala éstos esfuerzos nos capaciten para mejorar y ampliar nuestra mutua relación.

Estaréis en completo acuerdo conmigo en que la Comunidad Musulmana Ahmadía ha sido perseverante en el establecimiento de estas relaciones, con el resultado que hoy estamos aquí reunidos diferentes grupos formados por gente de distintos colores, razas y procedencias sociales y religiosas. Mediante el respeto de los sentimientos y sensibilidades de uno y otro, nos hemos reunido en este acto en nombre de la humanidad, a pesar del hecho de que, en relación con la mezquita, se trate de un acontecimiento exclusivamente religioso.

Los fieles de la Comunidad Musulmana Ahmadía se han unido ante el nombre y la mano de su Fundador, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Mesías Prometido, cuya consigna de “Amor para Todos; Odio para Nadie”, se intenta expresar en sus actitudes prácticas diarias. Sin embargo, mi corazón está lleno de agradecimiento a todos ustedes, quienes, a pesar de las diferencias que he mencionado, han aceptado nues‐ tra invitación. ¡Que Dios Todopoderoso les recompense por ello!

Quiero ahora comentarles cuál es el propósito de una mezquita. Nuestras mezquitas utilizan como modelo real a la Mezquita Sagrada de Al‐ lah, el Todopoderoso, la que fue la Primera Casa de Dios, la Ka’aba, en la Meca; cuyos cimientos fueron colocados por el Patriarca Abrahám (la paz sea con él) junto con su hijo Ismael (la paz sea con él). El Santo Corán, Escritura sagrada de los musulmanes expone:

“Y acordaos de cuando Abraham e Ismael levantaron los cimientos de la Casa, pidiendo: “Señor Nuestro acepta esto de nosotros; porque Tú eres el que todo lo oye, el que todo lo sabe; Señor Nuestro, haznos sumisos a Ti, y haz de nuestra descendencia un pueblo sumiso a Ti. Y enséñanos nuestros lugares de culto y vuélvete a nosotros con misericordia; porque Tú eres  Remisorio  con  compasión  y  Misericordioso” (Cap. 2 V.128,129)

Lo primero que se dice es “Oh Señor, acepta este servicio, pues su propósito no es material. Su único objetivo es glorificar el nombre de Dios Uno y Único”. Y, en segundo lugar: “Nuestras generaciones permanecerán sumisas y obedientes a Tus mandamientos. Imploramos que nuestras oraciones agraden a Al‐lah y que Él continúe otorgándonos la guía”.

Estos, por tanto, son los principios básicos por los que se construyen las mezquitas. Durante la vida del Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Al‐ lah sean con él) los hipócritas construyeron una mezquita aparentando que lo hacían en nombre de Dios, cuando en realidad su intención era propagar el desorden, la desunión y la malicia. Sin embargo, Dios Todopoderoso, Señor de lo Visible y lo Invisible, informó al Santo Profeta (la paz y bendiciones de Al‐lah sean con él) de lo que estaba sucediendo. Este incidente está descrito en el santo Corán, donde se menciona que la referida mezquita fue construida para difundir la incredulidad y originar la división entre los creyentes. No se basaba en la virtud. Por eso se le ordenó al Santo Profeta (la paz y bendiciones de Al‐lah sean con él) que la demoliera, pues no tenía sentido ofrecer la oración en dicha mezquita, y, de esta forma se acabó con el malestar y el desasosiego que provocaba.

Este incidente muestra que las mezquitas sólo sirven al objetivo deglorificar el nombre de Dios y ofrecerle la oración. Quienes adoran a Dios no pueden imaginar que fueran capaces de hacer algo que motivara Su desagrado. Por este motivo existe una cita en el Sagrado Corán, donde se afirma que “estamos edificando esta Casa de Dios para que, a través de ella, nosotros y nuestros descendientes permanezcamos sumisos a Él”.

A causa de los actos de los clérigos extremistas musulmanes, se ha creado la impresión en el mundo occidental que las mezquitas son (Dios nos perdone) lugares de infamia, donde se nutren los terroristas, y cuyo propósito es destruir la paz de la sociedad. Sin embargo esta imagen es completamente falsa. En el Islam, se da tanta importancia a la armonía y reconciliación religiosa, al respeto de los sentimientos de los demás y el respeto a TODOS los lugares de culto, que, aunque está permitido el uso de la fuerza para poner fin a la crueldad y restablecer la paz, ésta no se limita a la protección y seguridad de los lugares de culto de los musulmanes. De hecho, se declara que “si no detenéis la crueldad, no sólo serán destruidas las mezquitas, sino también serán destruidos los lugares de oración de otras religiones. Los oponentes de la religión no permitirán nunca a los seguidores de cualquier creencia vivir en paz”. Por lo tanto, se concedió la autorización para garantizar la seguridad de los lugares de culto tanto de los musulmanes como los de los no musulmanes.

Dios Todopoderoso afirma en el Santo Corán:

Quienes fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho: “Nuestro Señor es Al‐lah” – y si Al‐lah no hubiera permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruidos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se conmemora frecuentemente el nombre de Al‐lah. Mas Al‐lah ayudará en verdad a quien Le ayude. Al‐lah es ciertamente Fuerte, Poderoso‐. (Cap. 22; V. 41)

Así pues, en este versículo, Dios Todopoderoso llama la atención respecto a la seguridad, no sólo de los musulmanes, sino también respecto a la seguridad de otras religiones. ¿Cómo puede ser posible que Dios Todopoderoso hubiera ordenado a los musulmanes que tomaran sus armas para defender sus lugares de culto y oración junto con los lugares de oración de las otras religiones y, al mismo tiempo ordenara la aniquilación de dichas religiones y la propagación del Islam por la fuerza? Por lo tanto, si esta cuestión surgiera en la mente de alguien que oye que se acaba de inaugurar una mezquita en su ciudad ¡Dios nos ampare! No sabrá si puede seguir viviendo en paz…

Por consiguiente, puede estar tranquilo y desterrar esta idea de su mente. La Comunidad musulmana Ahmadía trabaja únicamente para agradar a Dios Todopoderoso. Por lo tanto, si los fieles de alguna iglesia o cualquier otro lugar de culto precisan de protección, siempre nos encontrarán hombro con hombro a su lado. Si algún sonido les llega desde nuestra mezquita, será este: “Al‐lah es Grande” y “Doy testimonio de que nadie es digno de ser adorado excepto Él y de que Mohammad es el Mensajero de Al‐lah”. Y también: “Prestad atención a la oración. Reconoced al Dios Único y acudid al éxito y a la salvación”. Los caminos que conducen a la prosperidad y a la salvación son, en verdad, los buenos actos que Al‐lah el Todopoderoso ordena y desea.

¿Cuáles son estas buenas obras que Él nos ha ordenado practicar? Al‐lah Todopoderoso afirma que aquellos que hablan de cosas buenas y positivas para conseguir la reforma moral de los demás, consiguen Su proximidad. ¿Cuál es el mejor camino para conseguir la prosperidad de la humanidad y la restauración de la paz?

Dios Todopoderoso afirma:

Sois el mejor pueblo, exaltado para el bien de la humanidad; ordenáis lo bueno y prohibís lo malo. (Cap.3; V.111)

Por lo tanto a los musulmanes no solo se les instruye para que ayuden a sus hermanos musulmanes, sino que igualmente, se les recuerda que han sido creados para el beneficio de TODA la humanidad. Su propósito ha de ser practicar buenas obras y evitar el mal. ¿Cómo es posible que aquellos a quienes se ha instruido para beneficiar a toda la humanidad, atenten, de hecho, contra la paz? A continuación, Dios Todopoderoso, ordena:

En verdad, Al‐lah os ordena permanecer en la justicia y dispensar un trato amable, y dar como se da a los parientes; y prohíbe la obscenidad, la maldad manifiesta y la trasgresión. Él os exhorta para que caigáis en la cuenta. (Cap. 16; V.91)

En este versículo, se nos recuerdan TRES buenas acciones y TRES malas acciones. Al final, el versículo dice que si una persona practica estos buenos actos y evita los malos, se puede contar entre aquellos que han obtenido la guía. El PRIMER acto bueno que se menciona es actuar de conformidad con la justicia. En relación con la justicia, el Sagrado Corán explica el estándar exigido. Dios Todopoderoso dice que cuando una persona declara o presta testimonio, debe ceñirse a las exigencias de la justicia y prestar una evidencia cierta, aunque afecte a su familia o a sus amigos; e incluso contra sí mismo. Este es el tipo de justicia que le acerca a Dios Todopoderoso. Esta es la justicia que cumple el objetivo de su culto.

El siguiente requerimiento es hacer el bien a los demás, sin tener en cuenta lo que los demás hayan hecho contigo. Si haciendo el bien a los demás y practicando actos de bondad se puede establecer la paz en la sociedad, entonces debemos perdonar los excesos y agravios que hayan podido cometerse en contra nuestra. Se nos dice que hagamos el bien a los demás para promover el amor y el afecto, pues ello conllevará el fin de las enemistades mutuas y podrá encontrar arraigo una sociedad justa y pacífica .

Finalmente, un deber de gran valor y profundo significado se recoge en la frase “dar como se da a los parientes”. Y esto significa que NO debéis tratar a los demás con amabilidad para que ellos os traten bien. En realidad, la buena acción ha de realizarse como par‐ te integral de nuestra propia naturaleza. Un verdadero musulmán nunca puede pensar en hacer mal a nadie. De esta manera, donde se piense y se actúe de esta manera, la justicia, la equidad y la paz han de prevalecer, y el creyente consigue el agrado y la proximidad de Al‐lah, el Todopoderoso.

A continuación se mencionan ciertos males. Se nos dice: “Absteneos de la obscenidad”, pues sólo es un medio de gratificación y placer material. Quienquiera que busque tales placeres materiales, NUNCA podrá recordar a Dios. Observad los clubes nocturnos y los casinos que atrapan a los hombres en el mal en nombre de la diversión y el pasatiempo. Aquel que no recuerda a Dios, no puede tener vínculo alguno con una mezquita.

El Corán declara a continuación: “Absteneos de la maldad manifiesta”. En otras palabras, debemos abstenernos no sólo de las indecencias públicas, sino, en realidad de TODOS los asuntos aborrecibles. Por ejemplo, decir mentiras, usurpar los derechos de los demás, no cuidar los sentimientos ajenos, hablar mal de alguien, o mostrar falta de respeto a los que son venerados por otros: todas estas son cuestiones que construyen muros de odio en la sociedad en que vivimos. Si una persona practica tales maldades y, sin embargo, declara que adora a Al‐lah, el Todopoderoso, y acude a la mezquita a adorar a Dios, NO PUEDE, de ningún modo, obtener el afecto de Al‐lah.

A continuación, Dios Todopoderoso dice que las enfermedades y males que destruyen la paz en el interior de la sociedad son: la rebelión, la falta de res‐ peto a las leyes del país, el fracaso en el cumplimiento de los deberes de afecto y lealtad a la patria y el convertirse en causa del descrédito de la propia nación. En una narración recogida en las tradiciones del Santo Profeta, se declara que “el amor a la propia nación forma parte de la fe de un musulmán”. Esta es la enseñanza que el Santo Corán nos ha otorgado. Y NO es posible actuar conforme a ella hasta que no se reconozca a Dios Todopoderoso. Su reconocimiento surge sólo cuando el hombre ora con el temor a Dios en su corazón.

La finalidad de una mezquita es adorar a Al‐lah, el Todopoderoso, y cumplir con los derechos debidos a Sus criaturas. Por todo ello, si el corazón de alguien alberga alguna duda, y piensa que tal vez, al construir esta mezquita en su zona, los musulmanes pueden destruir su paz: puede estar tranquilos. La Comunidad musulmana Ahmadía es el portaestandarte de este verdadero Islam que cumple con estos DOS derechos: el derecho de Dios y el derecho de Sus criaturas. El Fundador de la Comunidad musulmana Ahmadía, a quienes consideramos como el Mesías y Reformador Prometido, puso fin a las guerras religiosas, de acuerdo con las profecías hechas por el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Al‐lah sean con él). No ha de existir, por tanto, ningún temor asociado a las mezquitas de la Comunidad musulmana Ahmadía.

Los minaretes de nuestras mezquitas se edifican para convocar a la gente hacia el Creador. Los minaretes de nuestras mezquitas son construidos para extender la luz de la paz y el amor, pues este es, en verdad, el único propósito de los minaretes de esta mezquita ‐y de los minaretes de todas las mezquitas de nuestra Comunidad‐ y de todas las mezquitas auténticas. Nuestras mezquitas se hallan abiertas a todo aquel que desee adorar a Dios Único. Actuamos así siguiendo el verdadero ejemplo que nos ofreció el propio Santo Profeta Mohammad (pbse). En cierta ocasión, una delegación cristiana procedente de Najran acudió a visitar al Profeta en Medina. Cuando les llegó el momento de ofrecer sus oraciones, el Profeta les ofreció rezar en su propia mezquita.

Nuestras enseñanzas son enseñanzas de paz. Nuestras enseñanzas son enseñanzas de amor y afecto. Y esta es la verdadera enseñanza que nos ha sido dada por el Santo Corán, y que el mundo, desgraciadamente, ha olvidado. El Fundador de nuestra Comunidad, el Mesías Prometido, nos ha iluminado de nuevo con esta hermosa enseñanza. Les voy a exponer algunos ejemplos de esta enseñanza, para que también les quede clara a ustedes. Dice el Fundador de la Comunidad Ahmadía:

“Hay sólo DOS partes perfectas en la fe: La primera es amar a Dios; y la segunda es amar a Sus criaturas, hasta tal punto que consideréis vuestro su dolor y oréis por ellas”

En otras palabras, cuando un musulmán verdadero acude a rezar a una mezquita, no debe rezar sólo para sí mismo, para sus hijos, su cónyuge y sus parientes, sino que debe rezar también para los demás. Ha de sentir la ne‐ cesidad acuciante de rogar para que desaparezcan las dificultades de los otros. ¿Podría alguien afirmar que una persona que ora por los demás puede albergar alguna malicia, rencor u odio en su corazón? No, es evidente que esto no podría ocurrir. El alma que acude a la mezquita para orar, proclama que esta Casa de Dios le ha originado una revolución interior, cuya consecuencia es que también ha comenzado a amar a la creación de Dios.

A continuación, el Mesías Prometido(as) afirma,

“Mostrar compasión y bondad a los seres humanos es una de las mejores formas de oración y una fuente poderosa para conseguir el agra‐ do de Dios Todopoderoso”

Luego añade:

“Recordad que, según os digo, el círculo de aquellos a quienes debéis mostrar bondad es muy vasto: ningún individuo o grupo debe ser excluido.”

NO os digo ‐como lo hacen los ignorantes de la época presente‐ que restrinjáis vuestra bondad a los musulmanes. ¡No!

Declaro que debéis ser bondadosos con TODAS las criaturas de Al‐lah, quienquiera que sean: hindúes, musulmanes u otros.

Nunca me ha agradado el discurso de aquellos que desean confinar la bondad a su propio entorno. Os he advertido repetidamente que nunca debéis restringir vuestro círculo de bondad.”

Luego continúa:

“El propósito del advenimiento de TODOS los profetas, la paz sea con ellos, es común, y consiste en establecer el verdadero amor real con Dios Todopoderoso, y crear un vínculo especial de amor entre la hu‐ manidad y nuestros propios hermanos, y hacer honor a sus derechos. Mientras esto no ocurra, todos serán meros rituales”

Es una instrucción encantadora. Pueden mostrarse ejemplos incontables de esta enseñanza a través de lo que nos ha revelado el Santo Corán, tal como nos la ha presentado con claridad el Mesías de esta época, el Fundador de la Comunidad musulmana Ahmadía. Por consiguiente, todos vosotros podréis decidir si la gente que cree sinceramente en esta bella instrucción, será capaz de albergar la malicia y el rencor en su corazón, o si, por el contrario, expresará consignas de amor, paz y afecto. Quienes conocen a la Comunidad musulmana Ahmadía dirán ciertamente que no han encontrado otra cosa salvo la paz y la seguridad en esta Comunidad. Esta es la magistral interpretación de las enseñanzas del Santo Corán realizada por el Fundador de la Comunidad musulmana Ahmadía: el Mesías prometido por el Santo Profeta Mohammad (la paz y bendiciones de Al‐lah sean con él), quien nos dio el lema de “Amor para Todos; Odio para Nadie”.

Es más, este mensaje NO es algo que haya surgido en las tres o cuatro últimas décadas, la realidad es que los 120 años de historia de la Comunidad musulmana Ahmadía dan testimonio del hecho de que los minaretes de nuestras mezquitas son y han sido siempre faros de luz que irradian afecto, paz y seguridad. Por consiguiente, hoy, inauguro esta mezquita y anuncio que este mensaje de amor, paz y seguridad ¡durará hasta el final de los tiempos!

La Comunidad musulmana Ahmadía, que sabe cómo permanecer unida en una sola mano a través del Jilafat; y que practica el VERDADERO Islam por su vínculo con el Mesías de Mohammad (la paz y bendiciones de Al‐lah sean con él) nunca dejará que perezca este mensaje. Esta mezquita nuestra –y cualquier mezquita que podamos construir en el futuro en este país o en cualquier otro‐ aparecerá como un símbolo de paz y seguridad.

Somos la gente que respeta a los profetas y mensajeros de cualquier religión. Y respetamos a la humanidad. Esto es así porque creemos en todos y cada uno de los profetas. Estamos convencidos de que cada nación del mundo ha recibido la presencia de un profeta. Y tal como hemos visto en los extractos de los escritos del Fundador de la Comunidad musulmana Ahmadía que he mencionado antes, todos los profetas vinieron a establecer los derechos de Al‐lah, el Todopoderoso, y los de Su pueblo. Esto es ciertamente lo que el Corán nos ha enseñado, y esto es lo que hemos conocido a través del ejemplo personal expuesto por el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él).

Por lo tanto, si los actos de unos pocos han mostrado una imagen falsa del Islam, ello NO significa que el defecto esté en sus enseñanzas. Aprovecho la oportunidad para solicitar a nuestros distinguidos invitados a que den un paso adelante y nos ayuden a crear un ambiente de paz, de manera que podamos salvar a este mundo de la destrucción, y podamos defender y mejorar el futuro de nuestras generaciones. Salvémosles de la conflagración bélica. Hoy el mundo esta sentado junto al precipicio de la destrucción en esta era de armas nucleares. Si estas armas de destrucción masiva son utilizadas, una gran parte de las generaciones del futuro no nos perdonarán haberles infligido incapacidades permanentes. Hoy, aun hay tiempo para prestar atención a los derechos del Creador y de Sus criaturas. ¡Que Al‐lah nos capacite para hacerlo!

Doy de nuevo las gracias a todos los invitados que han asistido y que han participado en esta inauguración; y que han respondido a nuestro afecto con su propio afecto. Nuestro agradecimiento no es una mera costumbre, sino que nace del fondo de nuestros corazones. Está en concordancia con las magníficas enseñanzas del Santo Profeta (la paz y bendiciones de Al‐lah sean con él), según las cuales, “Aquel que no es agradecido con el hombre, no es agradecido con Dios Todopoderoso”. Por tanto, este agradecimiento también se formula por la causa de Al‐lah. Al‐lah tiene un gran afecto por TODOS Sus seres humanos. Por tanto, nuestro amor a Su creación no tiene condicionantes ni intereses ocultos, y simplemente se expresa para ganar el agrado de Dios Todopoderoso.

¡Que Dios nos capacite, a todos nosotros y a todos ustedes, para mantener siempre vivo este entorno de amor y afecto!

Gracias de nuevo.

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