El Islam es una religión de paz

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Conferencia pronunciada por Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifat Ul Masih V, Jefe Supremo Espiritual de la Comunidad Ahmadiyya Musulmana en marzo de 2004 en la Universidad de Benin.

Se me ha pedido que comente los aspectos de paz que posee el Islam como religión. A la vista del escaso tiempo del que dispongo, solo puedo tratar el tema de una manera concisa.

Cuando tratamos de hablar sobre el Islam como una religión de paz, nos hacemos la siguiente pregunta: ¿por qué existiendo tantas religiones en el mundo, como el judaísmo, el cristianismo, el hinduismo o el budismo; a la hora de averiguar si el Islam es una religión de paz, se la diferencia de las demás religiones?

Una razón podría consistir en que, a los pocos años del nacimiento del Islam, diversas fuerzas anti-islámicas iniciaron la falsa propaganda de que el Islam es una religión violenta y extremista, que obliga  al sometimiento bajo la amenaza de la espada. Esto no sólo es falso, sino que la historia nos muestra cómo en los orígenes del Islam los musulmanes de la Meca sufrieron una cruel persecución, pero siempre permanecieron en silencio. Tuvieron que emigrar a Medina, donde los árabes no-musulmanes les sitiaron y les obligaron a luchar en defensa propia, en una guerra desigual, a la que me referiré más tarde. La mejor prueba contra aquellos adversarios que afirman que el Islam se extendió por la espada es el hecho de que, a pesar de que los incrédulos de la Meca hicieron todo tipo de alegaciones,  jamás acusaron a los musulmanes de usar la fuerza para obligarles a cambiar de religión.

Otra razón que ha manchado el nombre  del Islam es la terrible imagen del extremismo que de forma voluntaria o involuntaria muestran determinados grupos y organizaciones de supuestos “musulmanes” que, en realidad, sólo encubren intereses personales.

Para conocer las bellezas o defectos de una religión es necesario, para ser justo, recurrir a su Sagrada Escritura como la referencia fundamental para juzgar sus enseñanzas. De otra manera, todos podrían acusar a las demás religiones sin argumentos. Por ejemplo, todos conocemos el versículo del Nuevo Testamento que afirma que,

“Os digo que no resistáis al malvado. Si os golpean en la mejilla derecha, ofrecer la otra mejilla también”.[1] 

Sin embargo, vemos en nuestros días como en Bosnia, en Iraq y en otras naciones, Estados Unidos y otras potencias occidentales han optado por la vía de la agresión. En este contexto, si afirmáramos, a la vista de los acontecimientos, que las enseñanzas cristianas ordenan que si alguien yergue su cabeza en contra vuestra, deberíais usar todo vuestro poder para aplastarle hasta la muerte, estaríamos incurriendo en una grave injusticia. De la misma manera, para averiguar cuales son las verdaderas enseñanzas del Islam, hemos de estudiar el Sagrado Corán y ver lo que dice; y no basarnos en las acciones de determinados “musulmanes” que olvidaron estas enseñanzas coránicas.

La perspectiva de la Comunidad musulmana Ahmadiyya es clara: las enseñanzas del Sagrado Corán promueven la paz y tenemos la responsabilidad de llevar este mensaje a cada rincón de la tierra. Por lo tanto, comenzaremos refiriéndonos al Santo Corán; después examinaremos cuál fue la práctica del Santo Profeta Mohammad (saw) a quien fueron reveladas las enseñanzas del Santo Corán ¿acaso apoyó alguna vez algún tipo de crueldad, violencia, extremismo o terrorismo? y finalmente, mencionaremos algunas aclaraciones importantes, basadas en el Santo Corán y en las tradiciones del Santo Profeta (saw), aportadas por el Fundador de la Comunidad musulmana Ahmadiyya (as) Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadián, quien declaró ser el Mesías Prometido de la presente época, en referencia a algunos de sus escritos.

Veamos en primer lugar lo que el Sagrado Corán ordena que debamos hacer para establecer la paz. Dios Todopoderoso afirma en el Santo Libro:

“Quien matara a una persona –salvo que fuera por asesinar a otra, o por sembrar la discordia en el país- sería como si hubiese matado a toda la humanidad”. [2]

Comentando este versículo, el Fundador de la Comunidad musulmana Ahmadiyya dice:

“La persona que mata a otra persona injustamente, o la que mata a otra que no se ha rebelado, ni se ha convertido en causa de quebrantar la paz entre la gente, ni ha originado violencia en la tierra, es como si hubiera asesinado a toda la humanidad. En otras palabras, matar a una persona sin razón, es, en palabras de Dios Todopoderoso, igual que asesinar a toda la raza humana. Este versículo deja patente qué enorme pecado es arrebatar la vida de una persona sin motivo”. [3]

Esta es, por tanto, la admirable enseñanza del Islam; que la muerte injusta o el derramamiento de sangre inocente es similar al asesinato de toda la raza humana; o, en otras palabras, que arrebatar una sola vida equivale  a la masacre de miles de vidas inocentes. A partir de esto, podemos imaginar qué tipo de sentencia se dictaría contra aquel que es declarado culpable de  arrebatar miles de vidas inocentes. Esta es, por consiguiente, la maravillosa enseñanza que Dios Todopoderoso nos ha dado en el Santo Corán. Quienquiera que actúe en contra de ella, actúa contra las enseñanzas del Islam.

A continuación, el Santo Fundador de la Comunidad Ahmadiyya, nos lleva más lejos en el comentario de este versículo, merced a su seria reflexión y deliberación, y al profundo entendimiento de las enseñanzas islámicas que el mismo Dios Todopoderoso le proporcionó con Su Guía. Añade:

“Aquel que abandona la bondad, abandona la religión. El Santo Corán nos enseña que quienquiera que mate a una persona sin causa justificable es como si matara al mundo entero. De la misma manera os digo que, quien no es bueno con su hermano, es como si fuera desconsiderado con todo el mundo”.[4]

En este versículo, el Fundador de la Comunidad musulmana Ahmadiyya extrae una conclusión interesante para quienes piensan, de manera equivocada, que el Islam es una religión intolerante. El Islam llega a afirmar incluso que, si eres desconsiderado en tu trato hacia tu semejante, eres causa de la destrucción de la paz y la armonía en el mundo. Olvidaos de matar a nadie: es preciso que seáis amables y bondadosos con todas las personas de vuestro entorno y extender el mensaje pacífico del Islam.

Comentaré a continuación alguno de los innumerables ejemplos de bondad que encontramos en la vida del Santo Profeta Mohammad (saw) y hasta qué punto le preocupaba la situación de la gente.

Si alguien quiere ser amable con determinada persona y desea verle en una mejor situación, lo lógico es que intente hacer el mayor esfuerzo posible para ayudarle. El Profeta Mohammad (saw) era tan bondadoso hacia su pueblo que rezaba constantemente por todos ellos, de forma ferviente, a pesar de sus ideas idolatras. Dios Todopoderoso había prometido castigar a aquellos que asociaban a otros dioses con Él. Sin embargo, la idea de que Dios nunca perdonaría a quienes Le asociaban partícipes, hacía sentir tal desasosiego al Santo  Profeta (saw), que caía repetidamente en postración para rezar a Dios por ellos. Sentía un deseo ardiente de que su gente se reformara y la preocupación por su suerte espiritual le apesadumbraba. Finalmente, Dios Todopoderoso tuvo que decirle que no se entristeciera hasta casi morir por la angustia que sentía[5] y que su misión consistía únicamente en entregar el mensaje. La siguiente Tradición recoge alguna de sus oraciones:

El Santo Profeta (saw) rezaba por sus enemigos:

“¡Oh Al-lah! Guía Tú a mi gente porque no saben (no conocen la verdad)”.

Igualmente, cuando sus compañeros le pidieron que maldijera a la tribu de Dossan por sus actos, rogó, en su lugar:

¡Oh Al-lah! Guía Tú a la tribu de Dossan.”

Este era, pues, su anhelo por mostrar bondad y humanidad. Nunca dijo que les obligaría a creer usando la espada, y siempre se abstuvo de maldecir o expresar el deseo de que algún tipo de mal afligiera a sus enemigos.

A pesar de que los paganos de La Meca expulsaron al Santo Profeta (saw) de la ciudad y de que no cesaban de acosarle en Medina, el Santo Profeta (saw), siempre que se encontraba con ellos, les trataba con suma gentileza. Tras la emigración del Santo Profeta (saw) a Medina, la gente de La Meca padeció una severa sequía, hasta el punto de que tener que sustentarse a base de huesos y carne muerta. En su desesperación, Abu Sufian, el líder de los incrédulos mequinenses, se dirigió al Santo Profeta (saw) diciéndole: “¡Mohammad! Tú ordenas el buen trato a los familiares propios. Tu pueblo se está muriendo. Pide a tu Dios por nosotros (para que cese esta hambruna) y comience a llover, o tu gente perecerá”.

Para hacer ver a Abu Sufian la realidad de la situación, el Santo Profeta (saw) le hizo saber que mostraba una gran osadía al demandarle que implorara por los transgresores de La Meca. Sin embargo, el Santo Profeta (saw)  no se negó a realizar tales plegarias, pues él era, en verdad, la merced personificada y nunca hubiera deseado que su gente pereciera. Entonces, la gente observó cómo levantaba sus manos en oración, y fueron testigos del modo en que fueron aceptadas sus plegarias para que cesara el hambre y se abrieran los cielos. Llovió tanto que los quraichitas de La Meca volvieron a disfrutar de días de sosiego y abundancia, pero al mismo tiempo, su rechazo y oposición contra los musulmanes aumentó con rapidez.[6] Tras esta breve exposición, ¿quién afirmaría que el Santo Profeta (saw) impartió enseñanzas de fanatismo y terrorismo?

 

EN EL ISLAM NO EXISTE COACCIÓN EN LA RELIGION

A continuación, el Santo Corán menciona:

“No ha de existir coacción en la religión. Ciertamente, lo recto ha quedado separado de lo erróneo; así, quien se niegue a ser conducido por los pecadores, y crea en Al-lah, ha agarrado con seguridad una empuñadura fuerte, que no tiene grietas. Y Al-lah es quien todo lo oye, Omnisciente”.[7]

Su explicación y aplicación práctica puede verse reflejada en la siguiente tradición oral: La tribu de Banu Nadir fue expulsada de Medina al quebrantar su promesa de no atentar contra la paz. En aquél momento vivían entre ellos muchos niños de los Ansaar (musulmanes residentes en Medina). Estos niños comenzaron a vivir entre los judíos, pues en los días pre-islámicos de la ignorancia, las familias pertenecientes a las tribus árabes de Aus y Jizraj que carecían de niños varones solían prometer la conversión al judaísmo de su próximo hijo en el caso de nacer varón. Por lo tanto, había muchos niños varones de las tribus Aus y Jizraj que habían sido entregados a familias judías. Cuando los judíos de Banu Nadir fueron expulsados a causa de su traición, los musulmanes exigieron que los judíos les devolvieran a su progenie. El Santo Profeta (saw) se lo impidió en base al principio de que “no existe coacción en la religión”, es decir, que si alguien había entregado a su propio hijo a otra persona, y dicha persona le había convertido en seguidor del judaísmo, no tenía derecho a recuperarlo por este motivo, y por tanto,  deberían partir con el resto de la tribu de los Banu Nadir.

Por otro lado está el caso de un esclavo de Hazrat Umar, el 2º Jalifa del Islam, el cual relata que siendo su esclavo, Hazrat Umar nunca le obligó a convertirse en musulmán. Es cierto que Hazrat Umar solía pedirle con afecto que se hiciera musulmán, pero el esclavo siempre se negaba, a lo cual Hazrat Umar solía repetir: “No existe coacción en la fe” tras lo cual guardaba silencio. Finalmente, antes de fallecer, dejó en libertad a dicho esclavo. ¿Quién podría afirmar, pues, que en la doctrina o en la práctica del Islam existe la más mínima base o posibilidad de compulsión o de la alteración de la paz?

El Fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadiyya, el Mesías Prometido, dice:

“Desconozco de dónde o de quién han oído nuestros adversarios que el Islam se extendió por la espada. Dios dice en el Santo Corán que no existe compulsión en la fe islámica. Entonces, ¿quién dio la orden de emplear la fuerza?, ¿cuáles eran las armas para el empleo de tal fuerza? y ¿qué tipo de sinceridad y creencia es la de aquellos que, obligados a convertirse en musulmanes, sin recibir compensación alguna y siendo solamente doscientos o trescientos en número, hubieron de enfrentarse a un ejército de millares, y después, cuando su número se incrementó en millares, derrotarían a varios miles de millares y, para salvar a su doctrina del enemigo, estaban sispuestos a ofrecer sus cabezas como corderos de sacrificio y a sellar la verdad de su fe con su propia sangre? Tal fue su devoción por extender la Unidad de Dios que, soportando privaciones llegaron hasta el desierto de África para propagar el Islam en tal continente, y padecieron enormes dificultades para llegar a la China, no como invasores, sino como refugiados, para invitar a la gente de China hacia el Islam. Decidme con honestidad: ¿es acaso ésta una labor de quienes han sido obligados a convertirse en musulmanes? ¿Pueden aceptar la fe las lenguas de aquellos cuyos corazones no creen? ¡No! Esta es la labor de aquellos cuyos corazones rebosan de la luz de la fe y en los que no hay otra cosa que Dios”.[8]

 

LIBERTAD DE FE Y DE CONCIENCIA

Entre las numerosas tradiciones orales relativas a las enseñanzas del Islam sobre la libertad de fe y conciencia, posiblemente sea suficiente la siguiente narración, de forma que, tras su exposición, no sean precisas mayores aclaraciones.

A pesar de haberse sometido al Santo Profeta (saw), algunas facciones de los adversarios quisieron mantener su propia fe. Se plantearon qué es lo que podría ocurrirles en adelante, pues sabían que, aunque el Santo Profeta ((saw)) enseñó que cada persona tenía derecho a creer en su propia doctrina, estos adversarios no habían asumido tal obligación, ya que en el pasado habían utilizado la fuerza contra los musulmanes por el mero hecho de ser musulmanes. Cuando el enemigo fue derrotado, el Santo Profeta (saw) decidió librarles de la humillación y dirigiéndose a ellos les dijo:

 “No se renunciará al principio para cuya aceptación he luchado contra vosotros, debido a vuestra oposición al mismo. A causa de vuestra cruel mentalidad habéis adoptado sin duda una actitud errónea, pero todos los derechos serán respetados. Marchaos. No seréis culpados. Cada uno de vosotros es libre en materia de religión. Vosotros sois nuestros Zimmi (un no musulmán viviendo en un país musulmán). Dios y Su Mensajero se responsabilizarán por completo de vuestra seguridad”. [9]

Después, Al-lah dice:

“¡Oh vosotros, los que creéis! Sed perseverantes en la causa de Al-lah en calidad de testigos justos; y que la enemistad de un pueblo no os incite a actuar con injusticia. Sed siempre justos, porque eso está más cerca de la virtud. Y temed a Al-lah. En verdad, Al-lah es consciente de lo que hacéis”. [10]

Veamos ahora la aplicación práctica de esta enseñanza coránica y si tras esto, hay alguien que pudiera afirmar que el Islam no es una religión de paz, armonía, reconciliación y justicia.

Se narra que Muhayyasa (ra) fue asesinado como mártir en Jaibar. Sus beneficiarios reclamaron al Santo Profeta (saw) la pena capital. El Santo Profeta (saw) preguntó: “¿Podéis jurar y determinar quién fue su asesino?” Dijeron: “¡Profeta de Dios! No estábamos allí, por lo que no podemos jurar”. Contestó: “No habrá pena capital sin pruebas. Solo existe una posibilidad y es que los judíos de Jaibar sobre los que sospecháis, juren cincuenta veces, según la ley, que ignoran quién es el asesino”. Los beneficiaros de Muhayyasa (ra), dijeron: “¿Quién puede confiar en estos judíos? ¡Levantarán falsos testimonios!” El Santo Profeta (saw)  respondió, “No permito que se vuelva a plantear esta pregunta de nuevo. Porque la ley no da preferencia al testimonio de uno sobre el testimonio de otro”. A continuación el Santo Profeta (saw) pagó la debida compensación a los herederos de Muhayassa (ra).[11]

Estos versículos dejan patente que según las enseñanzas del Islam no puede haber ninguna clase de coacción en los asuntos de religión o creencia. Dios Todopoderoso permite a cada uno elegir libremente y según su conciencia la fe que quiera. De hecho, según el ejemplo ya citado del esclavo, ni siquiera a él, pese a su condición de esclavo, se le obligó a convertirse al Islam. El Sagrado Corán menciona esta libertad de conciencia en varios versículos a lo largo del Libro.

En resumen, después de esta enseñanza clara y libre de ambigüedad, surge la siguiente cuestión: Si resulta que ni el Santo Profeta (saw)  ni sus seguidores sostenían el Corán en una mano y la espada en la otra, ni quebrantaban la paz del mundo, entonces ¿qué son estas guerras santas, qué es esa Yihad que está en  boca de todos, y por la cual se culpa a todos los musulmanes de causar el caos en el mundo? ¡Lo más asombroso es que mucha gente cree que estas guerras empezaron en los tiempos del Santo Profeta (saw)! Sin embargo, no es posible dilucidar completamente esta cuestión si no se toma en cuenta la situación en que se encontraba la comunidad musulmana en aquella época. Para tratar de este tema, brevemente, cito algunas palabras del Fundador de la Comunidad Ahmadiyya:

 “Nuestro Profeta sufrió el dolor en La Meca e incluso mucho después, a manos de los infieles. Pensar como tuvieron que pasar trece años en La Meca sufriendo toda clase persecuciones y crueldades nos apena profundamente. Pero en ningún momento alzó la espada, ni contestó con dureza a sus duras palabras, hasta el punto de que numerosos de sus compañeros y amigos queridos fueron asesinados con suma crueldad y otros sufrieron toda clase de abusos; en ocasiones fueron envenenados, y se diseñaron diversos complots para asesinar al Santo Profeta (saw). Cuando se acercaba el momento de la decisión Divina, ocurrió que todos los líderes y personas importantes de la Meca, acordaron por unanimidad que, pasase lo que pasase, debían dar, de una vez por todas, muerte al Santo Profeta (saw). En aquel momento, Dios, que salvaguarda y protege a Sus elegidos, queridos y honestos seguidores, informó al Santo Profeta (saw)  que en la ciudad no hallaría salvo la iniquidad, que las gentes de La Meca estaban empeñadas en matarle y que él debía marcharse inmediatamente. Así, siguiendo el mandato Divino, emigró hacía Medina; pero incluso allí sus enemigos no le dejaron en paz y le persiguieron con la declarada intención de destruir el Islam. Cuando su maldad había sobrepasado todos los límites y el asesinato de muchas personas inocentes hizo patente la culpabilidad de sus asesinos, entonces la comunidad musulmana recibió  permiso para luchar con el fin de defenderse y evitar así su autodestrucción. Más aún, aquellos que mataron a gente inocente en una guerra sucia y no en combate abierto, y  se apoderaron de sus propiedades, se hicieron merecedores de ser pagados con la misma moneda. Pero en el momento de la victoria de la Meca, el Santo Profeta (saw) los perdonó a todos. Por tanto, esta idea de que el Santo Profeta (saw)  y sus seguidores emprendieron una guerra para extender su fe y obligar a los demás a convertirse al Islam, es un error terrible y una calumnia cruel”.[12]

A pesar del permiso otorgado para emprender una lucha defensiva contra sus atroces perseguidores, las enseñanzas de Dios Todopoderoso eran las de no exceder determinados límites tal como se declara en el Sura Al Baqarah:

 “Y luchad contra ellos hasta que cese la persecución y se profese libremente la religión de Al-lah. Pero si desisten, recordad que no se permite hostilidad alguna excepto contra los agresores”.[13]

La finalidad de este mandato era la de luchar en defensa propia, para acabar con el daño; y por eso se establece que cuando los oponentes desisten, entonces no se debe continuar la lucha, porque la verdadera tarea es la de establecer la paz. Así pues, incluso autorizando la guerra, se nos exige seguir el principio de la defensa propia y la búsqueda de la paz.

 

GUERRAS, PRINCIPIOS Y NORMAS

Cuando el Santo Profeta (saw)  emprendía una batalla, sus órdenes eran firmes:

  • No estaba permitido matar a ninguna mujer.
  • No estaba permitido matar a ningún niño.
  • No estaba permitido molestar a ningún anciano.
  • No estaba permitido molestar a los refugiados, los monjes o los ermitaños.
  • No estaba permitido quemar a ninguna persona.
  • No estaba permitido matar a los animales.
  • No estaba permitido talar los árboles o destruir las cosechas
  • No estaba permitido amputar determinadas partes del cuerpo, como solían hacer sus enemigos.

Tras la victoria, decretó que:

  • No se permitía rematar a los heridos.
  • No se debía perseguir innecesariamente a los huidos.

Con respecto a los prisioneros de guerra, pidió para ellos un trato amable y digno.

“Los que cayeron prisioneros después de la batalla de Badr, admitieron: ‘Por Dios que, en verdad, los musulmanes iban a pie mientras a nosotros se nos permitía cabalgar, pasaban hambre mientras a nosotros nos alimentaban, pasaban sed mientras a nosotros nos daban agua.[14]

Aquellos que dicen que el Islam es una religión beligerante, agresiva e intolerante, deberían preguntarse si una religión así predica enseñanzas como las anteriormente citadas. No toméis, por tanto, como ejemplo, las acciones de unos cuantos individuos y organizaciones, y, generalizando, pretendáis llamarlas Islam. En la actualidad, en una era en que el hombre se considera altamente desarrollado y civilizado, deberíamos preguntarnos si estos elevados valores se manifiestan cuando se arrojan bombas de los cielos, o cuando se disparan misiles contra las ciudades y civiles. ¡Cuánta sangre inocente es derramada en estos bombardeos indiscriminados! En muchas zonas del mundo donde reina la anarquía, se celebran diariamente funerales por los muertos, viejos, mujeres y niños inocentes. Todos somos conocedores de esta realidad.

Finalizo mi disertación con una cita del historiador cristiano Georgie Zeidan sobre las bellas y pacíficas enseñanzas del Islam que unió a tantas tribus diversas en una única hermandad.

“Una razón primordial para el rápido progreso en la educación en el mundo islámico fue que los Jalifas del Islam valoraban mucho a los eruditos de todos los credos y de todos los pueblos; y siempre les concedían premios y recompensas. A los Jalifas no les preocupaba su religión, su raza, su casta o su credo. Entre ellos había cristianos, judíos, sabianos, magos y adivinos de todos los grupos sociales. Los Jalifas les trataban con extremo respeto y estima. Los no musulmanes disfrutaban de los mismos derechos y libertades que los líderes y gobernadores musulmanes.[15]

Espero que, a pesar de la brevedad de tiempo a mi disposición, haya sido capaz de haberles hecho llegar algunos de los aspectos importantes de las enseñanzas islámicas relativas a la paz. Creo, además, que se estaría cometiendo una grave injusticia si después de lo que he expuesto alguien continuara afirmando que el Islam no es una religión de paz. Muchas gracias.

 

Referencias

[1] (Mateo 5:39)

[2] (Al Maidah, C 5: V 33)

[3] (Conferencia Chasma-e-Ma’rifat pp. 23-24: Comentario del Mesías Prometido Vol.2, p. 405)

[4] (Al Hakm Vol. 9 nº 15, 30 de abril de 1905 p.2: Comentario del Mesías Prometido, Vol.2 p.405)

[5] (C.18, V.7)

[6] (Bujari: Kitabul Tafsir Sura Al-Rum Lidujan).

[7] (Al Baqarah, C 2: V 257).

[8] (Paigham Sulh: Ruhani Jazain, Vol. 23, págs: 468-469) 

[9] (Nisb al Raiah fi Tahrij Ahadiz Al Hadaya Vol 4, p. 381, publicado en Egipto).

[10] (Sura Al Maidah, C 5: V 9)

[11] (Tajrid al-Bujari, capítulo Faslil Yihad, Parte II, ed. Ferozsons Lahore.)

[12] (Masih Hindustan Mein pp 7-8: Tafsir Hadrat Masihe Maoud Vol. 3 pp.316-317.)

[13] (Al Baqarah, C 2: V 194)

[14] (Bujari, Muslim, Tirmidhi, Abu Daud)

[15] (Taarij Al Tamaddan Al Islami. Vol.3 p.194)

 

Claves para los saludos

(saw) ->       ¡Que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él!

(as) – >        ¡Que la paz sea con él!

(ra) ->         ¡Que Al-lah esté complacido con él!

 

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