Estableciendo la paz

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Conferencia pronunciada por Hadrat Mirza Masrur Ahmad, Jefe Supremo de la Comunidad Ahmadiyya Internacional, ante una audiencia cosmopolita de políticos, líderes y dignatarios celebrada en Sydney, Australia, el 15 de abril de 2006.

Distinguidos invitados, señoras y caballeros:

Assalamoalekum warahmatullahe wabarakatohu: La paz y bendiciones de Al-lah sean con ustedes.

Hoy voy a decir unas breves palabras respecto al islam en relación con la situación imperante en el mundo referente a la religión islámica.

Existen numerosas religiones en el mundo actual. La mayor parte de dichas religiones se hallan confinadas a sus respectivos países o áreas específicas. La mayoría de los creyentes de dichas religiones pertenecen a un país o región determinados, y algunas de las grandes religiones existen en diferentes países del mundo.

Se dice que los cristianos encabezan la liga, seguidos de los musulmanes. A continuación están los hindúes, los budistas y los judíos. Si miramos alrededor, los seguidores de distintos credos, de distinta manera y en diferentes lugares, se encuentran entregados a una batalla para expresar su superioridad en las parcelas de su interés. Según estas religiones, en términos generales, la lucha por los derechos no debe ser atribuida a su religión sino que se concibe como una lucha por la libertad y la autonomía o por los derechos de un país en particular.

Sin embargo, cuando los musulmanes, luchan por los mismos derechos, el mundo apunta como objetivo a las enseñanzas islámicas y las condena como responsables de la violencia. A los musulmanes o a la religión islámica se les presenta como una religión de terror. Se puede reconocer que esto puede ser debido a las acciones erróneas de algunas así llamadas “organizaciones musulmanas”; sin embargo, la respuesta instantánea de estas organizaciones también se debe a los dobles-raseros que imperan entre las superpotencias.

Yo no excuso, bajo ningún concepto, los actos de los autodenominados “organizaciones yihadistas”, pero considero necesario expresar que si las naciones poderosas entendieran sus responsabilidades y no utilizaran el doble rasero, entonces podría establecerse en el mundo la verdadera justicia.

Si esto no sucede, entonces tendremos que aguardar ver por nosotros mismos el resultado. Hace casi cien años que las naciones acordaron mutuamente abolir las guerras y vivir en paz, pero la verdad es que no han tenido éxito en detener dichas guerras ¿cuál es la razón de ello? La respuesta, como acabo de mencionar, es que se aplican dobles estándares en la administración de la justicia.

No obstante, no es mi propósito hablar de este tema. Deseo, en estos próximos minutos, hablarles sólo de las enseñanzas de amor y hermandad que son tan importantes para la existencia del elemento más pequeño de las sociedades así como para las relaciones internacionales.

Quisiera comentarles una cosa importante: Podemos conseguir la paz en este mundo si la mayoría de creyentes del globo, sean de la religión que sean, son capaces de desarrollar dentro de sí el temor ante su Señor.

Nosotros, los áhmadis creemos firmemente que, a menos que nos volvamos hacia Dios, todos nuestros esfuerzos en pro de la paz se mostrarán infructuosos. Es por este mismo propósito por el que Al-lah Todopoderoso ha enviado en la época presente a Hadrat Mirza Ghulam Ahmad (la paz sea con él) de Qadián, para unir a la gente en las bellas enseñanzas del Islam, y para llamar la atención de la humanidad a honrar y cumplir los derechos del hombre. A la luz de esta hermosa enseñanza islámica, los áhmadis la transmiten a todo el mundo ilustrándola con su ejemplo.

Quisiera presentarles algunas de las excelentes enseñanzas del Sagrado Corán de forma que Vds. puedan ser conscientes de que el Islam no es una religión terrorista, sino que, al contrario, nos ofrece un verdadero mensaje de paz.

Al-lah dice en el Sagrado Corán:

Sois el mejor pueblo que se ha hecho surgir para el bien de la humanidad; ordenáis lo bueno y prohibís lo malo… (C. 3: V.111)

Esta es la lección fundamental que le ha sido dada a los musulmanes para crear modelos de elevada moral y fomentar la paz en el mundo. Afirma que sois la mejor gente o que seréis la mejor gente, sólo cuando seáis benefactores de las criaturas de Dios y cuando promováis la bondad y evitéis el mal.

Luego, Al-lah Todopoderoso dice:

…Y ayudaos uno al otro en la piedad y en la rectitud; y no os ayudéis mutuamente en el pecado y la transgresión… (C. 5: V.3)

Por lo tanto, se advierte a quienes van dirigidas estas palabras, que no transgredan ni que ayuden a nadie en la transgresión. Cualquier persona sensata conoce el significado de la palabra transgresión. Todo el que viola los derechos de su vecino es reo de transgresión. Todo el que atenta contra la ley de su país es un transgresor. Todo el que se permite cualquier vicio o corrupción es reo de transgresión.

Tras ordenar ayudarse mutuamente en las buenas obras y abandonar el pecado y el exceso, el Santo Corán señala cuáles son las buenas obras, tal como declara Al-lah:

Y los siervos del Dios Clemente son quienes caminan por la tierra de manera digna, y, cuando el ignorante se les dirige, le contestan con la palabra “¡paz!” (C.25: V.64)

En otras palabras, esta gente verdaderamente piadosa, caminan por la tierra sin ninguna arrogancia. Se les reconoce por su humildad. Hacen todo lo posible para evitar verse envueltos en cualquier conflicto. ¿Cómo podría esperarse que el hogar de tal persona fuera origen de disputas, o que sus vecinos estuvieran molestos con él o que fuera capaz de cometer un acto ilegal? Ciertamente que no lo haría.

De nuevo, a continuación, el Islam nos enseña que si desarrollamos unas cualidades morales tan excelsas, nos convertiremos en receptores del amor del mismo Dios Todopoderoso. Así afirma Al-lah:

Aquellos [los temerosos de Dios] que gastan en la prosperidad y en la adversidad, quienes suprimen la ira y perdonan a los hombres; pues Al-lah ama a quienes hacen el bien. (C.3: V.135)

A los musulmanes se les ordena gastar en el camino de Dios. Se ha mencionado en otro lugar que es importante ayudar al pobre y al necesitado y dar difusión a la verdadera palabra del islam. Esto es fundamental para todo el que desee fomentar la paz en esta tierra.

La supresión de la ira es también parte de la naturaleza humana. Cuando alguien sufre la opresión o es ultrajado, la reacción natural es la ira. En este versículo, sin embargo, se nos ordena que suprimamos la ira y desarrollemos el hábito del perdón, puesto que si somos capaces de suprimir la ira y perdonar, estaremos realizando una buena acción, y Al-lah ama a quienes hacen el bien a los demás.

A alguien se le puede cruzar por la mente la idea de ¿por qué frente a estas enseñanzas de perdón, se observa sin embargo que existieron las batallas y las confrontaciones en la historia primitiva del islam? ¿Por qué se libraron tales batallas en el periodo del Santo Profeta(la paz sea con él)?

Antes de discutir este aspecto, debo mencionar que las enseñanzas del Sagrado Corán se hallan en conformidad plena con la naturaleza humana. Todos sus mandamientos se centran en el desarrollo de la paz y la disciplina en la sociedad. Por ejemplo, si se perdonara también a todos los criminales, la sociedad entera sufriría sus delitos. Por lo tanto, el islam afirma que el verdadero propósito es erradicar el mal. Si la reforma puede tener lugar mediante el perdón y la buena acción, actuar así es correcto; pero si no es posible, entonces el asunto ha de ser sometido a la ley, y el que comete malas acciones debe ser castigado.

Sin embargo no han de cometerse excesos, pues el propósito verdadero del castigo es la reforma y no la pura venganza. Esta es la bella enseñanza que nos da el islam.

Veamos ahora de qué manera y bajo qué circunstancias tuvieron lugar las batallas en las que lucharon los musulmanes. Cuando el Fundador del islam, el Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él) declaró que había sido enviado como profeta de Dios, predicó el mensaje de que debía adorarse a un Dios único y abandonar la adoración de diversos ídolos. Tales ídolos (que se hallaban colocados en la Kaaba) eran obra del hombre, y, como tales no podían conceder nada. Cuando el Profeta(la paz sea con él)  invitó a su gente a acudir a Aquel que otorga cada una de las necesidades humanas, él y quienes creyeron en sus enseñanzas fueron perseguidos de la manera cruel, y algunos fueron masacrados de la forma más brutal: amarrados a dos camellos a los que se hacía correr en dirección opuesta, despedazando a la víctima en dos trozos.

Como consecuencia de esta tortura y de la persecución, el Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él)  y sus compañeros musulmanes emigraron a Medina. Incluso allí, no se les dejó en paz, y los paganos de la Meca culminaron los preparativos y atacaron a los musulmanes en Medina. Dios Todopoderoso consideró que era la última gota que desbordaba el vaso y permitió a los musulmanes luchar en defensa propia contra los incrédulos, tal como afirma el Sagrado Corán:

Se da permiso para combatir a quienes son combatidos, porque han sido perjudicados –y Al-lah tiene en verdad poder para ayudarles– Quienes fueron expulsados injustamente de sus hogares sólo por haber dicho: “Nuestro Señor es Al-lah” – y si Al-lah no hubiera permitido a los hombres defenderse contra la actuación injusta de los demás, ciertamente habrían sido destruidos monasterios e iglesias, sinagogas y mezquitas, en las que se conmemora frecuentemente el nombre de Al-lah. Mas Al-lah ayudará en verdad a quien Le ayude. Al-lah es ciertamente Fuerte, Poderoso -. (C.22: V.40-41)

Fue en estas circunstancias en las que se permitió a los musulmanes que respondieran a los incrédulos. Como fueron agredidos, Al-lah el Todopoderoso les prometió que les ayudaría. Así, un grupo de trescientos hombres, físicamente débiles y mal pertrechados para la batalla, se enfrentaron y finalmente vencieron a un ejército de más de un millar de infieles, bien armados y equipados para la guerra.

Al-lah el Todopoderoso afirma de manera clara que “Si no os ayudo, entonces una determinada religión empezará a atacar a otra religión, destruyendo así la paz”. La religión es un asunto que concierne al corazón. No está permitido el empleo de la fuerza en la difusión de la religión. Si a uno no le gusta una determinada religión, no debe seguirla. Al declarar que no existe coacción en los asuntos de la religión, el islam ha otorgado la libertad religiosa a todo el mundo para que adopte la religión que desee.

En breve, lo que pretendo decir es que, cuando se concede el permiso para la batalla, se concede sólo con el propósito de defenderse, de mantener la paz y detener el terror. El Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él)  siempre adoptó el camino del perdón y de las buenas acciones, como Al-lah el Todopoderoso ha ordenado.

Ya he mencionado la crueldad y persecución a que fueron sometidos los musulmanes en la Meca y los distintos ataques llevados a cabo contra ellos posteriormente. Debemos tener en consideración este escenario cuando dirigimos nuestra mirada al momento en que los musulmanes ganaron la victoria final en la Meca, ocho años después de su emigración forzada.

Una mayoría de los musulmanes perseguidos, muchos de los cuales aún vivían, recordaron los sufrimientos crueles a los que habían sido sometidos, así como sus esposas y descendientes.

En aquel momento, un ejército fuerte de diez mil musulmanes consiguió entrar finalmente en la Meca. Sin embargo, en ese momento, el El Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él) declaró: “Soy el mensajero de paz para el mundo. Amo a la humanidad y soy enemigo de la tiranía y la persecución. Por lo tanto, oh habitantes de la Meca: Os digo hoy, que no seréis castigados, a condición de que no luchéis. Podéis practicar la religión que deseéis. Nadie os interrogará por lo que hicisteis.” Su magnanimidad y perdón se extendieron incluso a personajes como Ikrima, el enemigo más acérrimo del islam que incluso había atacado a los musulmanes el día de la amnistía.

El Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él) le perdonó, cuando este se encontraba en plena huida, ante la súplica de su mujer. El Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él) aconsejó a todos sus compañeros musulmanes que perdonaran de pleno corazón a sus enemigos más encarnizados que en otros tiempos les habían perseguido y sometido a todo tipo de torturas. En consecuencia, todos ellos perdonaron a todos sus enemigos. Estos fueron los elevados estándares morales de perdón mostrados por El Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él)  y sus compañeros. No solo perdonaron sino que les mostraron su afabilidad porque el propósito real era establecer la paz y no ajustar cuentas. A la vista de esta bella retribución hacia sus enemigos, éstos sintieron amor y gratitud hacia ellos y comenzaron a vivir unidos bajo su estandarte.

Este perdón y las buenas acciones consiguientes fueron puestos en práctica porque El Santo Profeta Mohammad (la paz sea con él) y sus compañeros deseaban ganar el agrado de Dios Todopoderoso. No poseían ningún interés personal en su mente ni tampoco algún deseo de mostrar superioridad. Su único anhelo era que el mundo reconociera a su Creador y establecer Su Reino en la tierra.

Por consiguiente, si deseamos la paz, en lugar de echar la culpa al islam o a cualquier otra religión, sepamos que la paz solo puede establecerse si nos unimos todos por la causa del bien de la humanidad y con el objetivo de ganar el agrado de nuestro Creador.

Ojalá el mundo entienda este principio y abandone su falso ego, de forma que este mundo maravilloso creado por Dios se convirta en un paraíso para Sus criaturas.

 

Imagen: cortesía de Steve ArnoldLicencia Creative Commons

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