Discurso magistral del Jalifa del Islam en una recepción especial para conmemorar la inauguración de la mezquita Mahmud en Malmo, Suecia.

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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El 14 de mayo de 2016, el líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Quinto Jalifa, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) pronunció un discurso magistral en LA recepción especial que tuvo lugar para conmemorar la inauguración de la mezquita Mahmud (mezquita del Loable), en Malmo, Suecia. La mezquita es la segunda que construye la Comunidad Musulmana Ahmadía en Suecia, y fue inaugurada oficialmente un día antes, cuando Su Santidad pronunció el sermón semanal del viernes. Unas 80 personalidades, entre las que se encontraba el alcalde de Malmo, acudieron a la recepción del mediodía.  A continuación, presentamos el discurso principal pronunciado por Su Santidad.

Tras recitar el Tashahhud, Ta’awwuz y Bismil’lah, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, (aba), Hazrat Jalifatul Masih V, líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía dijo:

“A todos los distinguidos invitados, Assalamo Alaikum Wa Rahmatul’lahe Wa Barakatohu – que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con todos vosotros.

En primer lugar, me gustaría aprovechar esta oportunidad para expresar mi sincero agradecimiento a todos nuestros invitados por haber aceptado nuestra invitación a la apertura de nuestra nueva mezquita aquí en Malmo. La mayoría de ustedes no son miembros de la Comunidad Ahmadía y, por tanto, su asistencia a un evento islámico muestra que son personas tolerantes, con un corazón abierto, y por ello merecen nuestro agradecimiento.

Estoy seguro de que habrá algunas personas, tal vez incluso entre los presentes, que tendrán ciertas reservas o temores acerca de la apertura de esta mezquita, e incluso puede que mantengan sospechas sobre la palabra ‘mezquita’ en sí. En particular, aquellas personas que han tenido poco o ningún contacto con los musulmanes pueden llegar a pensar que las mezquitas no deberían construirse en el mundo occidental o en las naciones desarrolladas. Quizá consideren que las mezquitas son un medio para desestabilizar a sus naciones, y aumentar la división y la enemistad. Por desgracia, estas preocupaciones están justificadas en cierta medida, debido a que algunos supuestos musulmanes están utilizando sus mezquitas con fines nefastos, como la difusión del extremismo y el fomento de la radicalización.

Por lo tanto, en primer lugar, permítanme asegurarles a todos nuestros invitados y a la gente de esta ciudad y nación, que no hay necesidad de temer a esta mezquita.  En lugar de propagar el odio y la malicia, los verdaderos musulmanes y las verdaderas mezquitas solo trasmiten amor, paz y hermandad en toda la sociedad. De hecho, cuando una persona conoce a un verdadero musulmán, debe percibir la paz que dimana de él. Del mismo modo, cuando una persona entra en una mezquita, él o ella debe sentir solo paz y satisfacción. Si este no fuera el caso, ello se debería a que, o bien los que entran en la mezquita no son verdaderos musulmanes y no entienden las verdaderas enseñanzas del islam, o bien a que la mezquita no fue construida con intenciones piadosas o para cumplir con los objetivos reales de una mezquita. Las mezquitas desde donde se propaga el mal no tienen cabida en el islam.

Según se relata en el Sagrado Corán, en una ocasión, el Santo Profeta Muhammad (sa) ordenó que se demoliera una mezquita, porque en lugar de haberse construido como un santuario de paz, fue edificada con la intención de promover conflictos y generar desorden. La gente que construyó esa mezquita eran los hipócritas que buscaban provocar una división en la sociedad, tanto en el interior de la comunidad musulmana, como entre los musulmanes y no musulmanes de la época. Y, por tanto, el Corán es muy claro indicando que las mezquitas construidas con estas intenciones malvadas han de ser derribadas.

Dejamos aquí este tema. Cómo musulmanes áhmadis que somos, creemos que el Fundador de nuestra comunidad, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (as) de Qadian, fue enviado por Al-lah el Todopoderoso según las profecías del Santo Corán y del Santo Profeta Muhammad (sa). Creemos que él es el Reformador de la época actual, de quien el mismo Santo Profeta (sa) declaró que sería el Mesías y el Mahdi (el rectamente guiado) de los últimos días.  Creemos que fue enviado con dos objetivos, unir a la humanidad en la adoración del Dios Todopoderoso, y para llamar la atención de la raza humana hacia el cumplimiento de los derechos de los demás.

Fue enviado como un medio de paz para el mundo entero y, por lo tanto, sus seguidores buscan construir puentes de amor y compasión dentro de la sociedad. Los 127 años de historia de la Comunidad Musulmana Ahmadía atestiguan el hecho de que practicamos lo que predicamos, y nuestro mensaje es de paz, amor y tolerancia. En lugar de ambiciones políticas o mundanas, nuestros objetivos son totalmente espirituales. Buscamos el placer de Dios el Todopoderoso y buscamos aliviar el sufrimiento de la humanidad.

En el mundo actual, se dice y se escribe mucho en contra del islam, calificándola como una religión violenta y extremista. Aunque consideramos que esta representación es totalmente injustificada, la triste verdad es que los actos horribles de algunos supuestos musulmanes han dado a los opositores del islam la oportunidad de hacer estas falsas acusaciones.  Sin embargo, como musulmán áhmadi, cuando observo la situación actual, no me siento desanimado, sino que siento que mi fe en el verdadero islam aumenta.

Pues hace más de 1400 años que el propio fundador de islam (sa), profetizó que con el tiempo se corromperían las verdaderas enseñanzas del islam y sus enseñanzas originales serían olvidadas. Él predijo que, en esa época de oscuridad espiritual, Al-lah el Todopoderoso enviaría el Mesías Prometido (as) para revivir las verdaderas enseñanzas del islam. Como ya he explicado, nosotros los musulmanes áhmadis creemos que nuestro Fundador es dicho Mesías prometido e Imam Mahdi. Blandiendo sólo una antorcha espiritual, él hizo brillar una luz eterna sobre las enseñanzas gloriosas y perennes del islam. Explicó los objetivos verdaderos de las mezquitas, según las enseñanzas del islam.

Por ello, dondequiera y cuandoquiera que la Comunidad Musulmana Ahmadía construye una mezquita, se construye como santuario de paz para que la gente se reúna a adorar al Dios Todopoderoso según las enseñanzas nobles del Sagrado Corán. Por ello, me gustaría aclarar que las puertas de nuestras mezquitas están abiertas a todas las personas pacíficas que deseen adorar a Dios el Todopoderoso, y están abiertas a todas aquellas personas que deseen promover los valores de paz, buena voluntad y unidad.

Ahora que esta mezquita, a la que le ha sido dado el nombre de mezquita Mahmud (mezquita del Loable), ha sido inaugurada, es el deber primordial de los musulmanes áhmadis de la localidad convertirse en un reflejo de las enseñanzas verdaderas y pacíficas del islam en todos los aspectos de sus vidas.  A la vez que, por un lado, deben acudir a esta mezquita todos los días para adorar a Dios el Todopoderoso, también deben entrar con una determinación sincera y un deseo sincero de servir a la comunidad en la que viven. A través de su conducta deben irradiar paz, misericordia y benevolencia, tanto en este vecindario como en la sociedad en general.

El islam, sencillamente, es una religión de paz, y esta es la razón por la que en el capítulo 10, versículo 26 del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso dice:

“Pues Al-lah llama a la morada de la paz.”

En árabe, la palabra “paz” es “Salam” y esta palabra tiene muchos significados y connotaciones.  Significa “seguridad” y “protección”, y salvarse de los vicios y de los males. También significa “paz” y “obediencia”. De hecho, “Salam” también es uno de los atributos de Al-lah, que indica que Él es la “Fuente de la Paz”, y a los musulmanes se les ordena emular Sus atributos. Por lo tanto, si Al-lah el Todopoderoso es el origen de la paz y la prosperidad, es obligatorio para todos los musulmanes también proporcionar paz, seguridad y refugio al resto de la sociedad. Además, el propósito básico de una mezquita es servir como un lugar en el que los musulmanes puedan ofrecer sus oraciones y, en árabe la palabra oración se dice “As-Salat”, que básicamente significa “compasión, amor y misericordia”.  Consecuentemente, un musulmán que ofrece sus oraciones con sinceridad, es una persona amable, afectuosa y misericordiosa, y también es una persona que se esfuerza por alejarse de la inmoralidad, de las actividades ilegales y de todas las formas de maldad. Un verdadero devoto es aquel que nunca se desvía del camino de la piedad, y sirve a su sociedad con toda su capacidad. En resumen, un verdadero musulmán es aquella persona que irradia amor y compasión a su entorno, y una verdadera mezquita es un centro de paz y seguridad para toda la humanidad.

Otro principio dorado del islam es que se ordena a los musulmanes cumplir con los derechos de sus vecinos, y servirles y ayudarles en sus momentos de necesidad. De hecho, el fundador del islam, el Santo Profeta (sa) dijo en una ocasión que Al-lah el Todopoderoso le había ordenado tan rotundamente cumplir con los derechos de los vecinos que llegó a pensar que quizá se les llegara a incluir entre los herederos legítimos de todo musulmán. Además, en el capítulo 4, versículo 37 del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso declara:

“Y adorad a Al-lah y no asociéis nada a Él y mostrad bondad a los padres, a los parientes, a los huérfanos y necesitados, al vecino afín a vosotros y al extraño, al compañero que está a vuestro lado, al viajero y a los que poseen vuestras diestras. En verdad, Al-lah no ama a los orgullosos ni a los jactanciosos.”

Cuando leemos este versículo y reflexionamos sobre él, nos damos cuenta de que el islam ha hecho un gran énfasis en el cumplimiento de los derechos de la humanidad, hasta el punto que Al-lah ha relacionado directamente nuestras obligaciones para con Él con los derechos del prójimo. Este versículo muestra que un musulmán está obligado a servir a toda la humanidad, al margen de su color, casta o credo, comenzando desde el entorno más cercano -sus padres, su familia y amigos- hasta personas tan lejanas como los pobres y los necesitados, los huérfanos y otros miembros vulnerables de la sociedad.

Como ya he mencionado, un musulmán está obligado a servir a sus vecinos; y según las enseñanzas del islam, el alcance de los vecinos de una persona es sumamente amplio y extenso. No solo se incluye a aquellos que viven en el entorno más cercano, sino que también se incluyen a otras personas como compañeros de trabajo y de viaje. Por tanto, como vemos, la esfera de amor en el islam parece ilimitada, ¿cómo entonces es posible que un verdadero musulmán pueda desear herir a los demás o ser la causa del desorden social?  Esto es, de hecho, imposible, porque una persona solo puede ser considerada como un verdadero musulmán cuando él o ella cumple con los deberes y obligaciones relativos a su prójimo.

Por supuesto, es entendible que, en la situación actual, algunos de vosotros, particularmente los vecinos de la localidad que se vean directamente afectados, puedan tener reservas acerca de esta mezquita. Es bastante natural temer lo desconocido, y por lo tanto, hay vecinos pueden sentirse inquietos pensando que la paz y la seguridad de su ciudad pueda verse perturbada tras la apertura de esta mezquita. Sin embargo, basándome en el islam que conozco y que sigo, permitid que os asegure que esta mezquita demostrará ser una fuente de paz, de la cual solo brotarán el amor y la compasión para siempre. Seréis testigos, Dios mediante, de que los musulmanes áhmadis que viven en esta zona tratarán de promover la paz, y de amar, respetar y servir a sus vecinos más que nunca, puesto que esto es lo que su religión les exige.

Estas son las enseñanzas nobles y desinteresadas que la Comunidad Musulmana Ahmadía predica; y lo que es más importante, también practica en todas las partes del mundo.  Hemos construido miles de mezquitas en todo el mundo y siempre hemos observado que, cuando la población local nos conoce, sus temores desaparecen, y nos valoran, aprecian y acogen como una parte integral de su sociedad.  Como he dicho, cualquier temor inicial se disipa pronto y, en su lugar, nuestros vecinos valoran nuestra presencia, y el mensaje de paz que resuena en todas direcciones desde nuestras mezquitas. La población local se da cuenta de que la Comunidad Musulmana Ahmadía no solo está comprometida en esfuerzos misioneros o en la construcción de mezquitas, sino que, además, trata de aliviar el dolor de aquellos que están sufriendo, y da esperanza a aquellos que antes se encontraban en una situación desesperada. Tratamos de proporcionar un futuro mejor a los miembros de la sociedad más vulnerables y empobrecidos.

Como parte de este esfuerzo, la Comunidad Musulmana Ahmadía ha construido hospitales y escuelas en partes extremadamente remotas del mundo que facilitan atención médica y educación a algunas de las personas más pobres del globo, sin tener en cuenta sus creencias ni sus antecedentes. Como parte de nuestras actividades humanitarias, también trabajamos en el suministro de agua potable limpia a gente que vive en condiciones de desamparo y desolación, instalando o rehabilitando bombas de agua. Para los que vivimos aquí en occidente, donde nuestros grifos y duchas están continuamente funcionando, es increíblemente difícil comprender el verdadero valor del agua. Solo cuando visitas las partes más aisladas de África y puedes ver con tus propios ojos a niños andando varios kilómetros cada día para poder llenar sus cuencos de agua, que portan a sus casas sobre sus cabezas, te das cuenta del valor tan preciado que realmente tiene el agua. Incluso esa agua, que consiguen con tanto esfuerzo, rara vez está limpia, pues habitualmente está contaminada, y es a menudo, fuente de enfermedades.

Por lo tanto, los musulmanes áhmadis estamos tratando de ayudar y dar comodidad a estas personas, y aliviar su sufrimiento basándonos en las enseñanzas de nuestra religión. Estamos suministrando estos servicios a todos aquellos que lo necesitan, sin tener en cuenta su religión ni sus creencias ni sus antecedentes. Dondequiera que construimos mezquitas tratamos de contribuir de forma positiva a la sociedad local y tratamos de ayudar a la gente de nuestro entorno. Por tanto, permitidme aseguraros de nuevo, tanto a la gente de esta ciudad como ciertamente a la comunidad sueca en general, que esta mezquita, Dios mediante, demostrará ser un centro de amor, compasión y amistad.

También me gustaría aprovechar la ocasión para recordar a los musulmanes áhmadis que viven aquí de sus crecientes responsabilidades.  A la vez que deben acrecentar su amor al prójimo, también deben considerar su obligación personal ser los verdaderos embajadores de las bellas enseñanzas del islam. Es responsabilidad de cada musulmán áhmadi erradicar los temores que la gente tiene sobre el islam a través de su buen ejemplo y noble conducta. Ciertamente, tengo la confianza de que los musulmanes áhmadis que viven aquí, prestarán atención a mis palabras y mostrarán a la población local lo que el islam verdaderamente representa.

El mundo está atravesando tiempos extremadamente difíciles, y el desorden, los conflictos y la injusticia han echado raíces en gran parte de los países. El único antídoto y remedio es dejar a un lado los intereses personales en favor del bien común. Se requiere de un espíritu de amor y unidad para subsanar la división tan amarga que ha destruido a tantas sociedades. Los problemas actuales no son pequeños, sino que, de hecho, ciertos países están sumidos en plenas guerras y violencia. Por desgracia, el centro de la inestabilidad y el conflicto se halla en algunos países musulmanes, donde los gobiernos han frustrado al pueblo, y como consecuencia, rebeldes extremistas o grupos terroristas han reaccionado de tal manera que han fracturado aún más a sus sociedades ya quebradas.

En el mundo interdependiente e interconectado actual, ninguna nación ni región se puede considerar aislada, ya que los efectos de los conflictos en el mundo musulmán se han extendido mucho más allá de sus fronteras. Como consecuencia de las guerras y la violencia en los países árabes podemos ver un aumento del conflicto, incertidumbre y desorden también aquí en occidente. De hecho, algunos grupos extremistas musulmanes también han entrado en Europa y sus miembros están viviendo en estos países, y son una grave amenaza para la paz y el bienestar de este continente. Lo que están haciendo no tiene nada que ver con las verdaderas enseñanzas del islam y, por tanto, todos los que deseamos la paz debemos unirnos en contra de estas fuerzas oscuras que desean dividir a la humanidad. Debemos hacer todo el esfuerzo posible para engendrar la paz, de manera que nuestros hijos no hereden el “regalo” de un mundo roto y atormentado. Al contrario, debemos asegurarnos de que el legado que dejamos atrás es el de un mundo pacífico y próspero donde puedan vivir las generaciones futuras.

La única manera de que esto sea posible es que la humanidad llegue a reconocer a Su Creador y trate de cumplir con Sus derechos y los derechos del prójimo. Que Al-lah nos conceda la capacidad para hacerlo -Amén.

Con estas palabras, me gustaría de nuevo transmitir mi agradecimiento por vuestra participación en el día de hoy. Que Al-lah os bendiga a todos.  Muchas gracias.”

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