Discurso inaugural pronunciado por Hazrat Mirza Masrur Ahmad, jefe de la comunidad Musulmana Ahmadía internacional con ocasión de la inauguración de la mezquita Baitul Muqeet, en Walsall, Reino Unido.

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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El día 12 de mayo del 2018, el quinto Jalifa, Su Santidad Hazrat Mirza Masrur Ahmadaba, Jefe de la Comunidad Ahmadía Internacional, inauguró la Mezquita Baitul Muqeet (la Casa de Dios Todopoderoso) en Wallsall, West Midlands, Inglaterra. Diversos dignatarios e invitados asistieron a una recepción especial que se celebró en la mezquita con ocasión de su inauguración. Entre los invitados asistieron el Vice Lord-Lugarteniente de West Midlands, el Dr. Beverly Lindsay, OBE OD, Steve McCabe, el parlamentario de Birmingham Selly Oak, Eleanor Smith, parlamentaria de Wolverhampton Suroeste y Bill Etheridge, europarlamentario de West Midlands. Presentamos a continuación el discurso inaugural pronunciado por su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad en esta ocasión.

Después de recitar el Tashahhud, Ta´awwuz y Bismil-lah, Hazrat Jalifatul Masih V, el Jefe de la Comunidad Musulmana Ahmadía, dijo: “Distinguidos invitados: Assalamo alaikum wa rahmatullahe wa barakatohu  (la paz y bendiciones de Al-lah sean con todos ustedes).

En primer lugar, me gustaría aprovechar esta oportunidad para agradecer su presencia a todos los invitados que nos acompañan en esta recepción, en la que se celebra la inauguración de nuestra nueva mezquita en Walsall. En el mundo de hoy, es habitual que la gente acepte invitaciones ajenas en base a relaciones mutuas y comparta los momentos de alegría y festejo, pero estos eventos raras veces están unidos a la religión. Sin embargo, esta es una función puramente religiosa, en la que nuestra mezquita se inaugura oficialmente. El hecho de haber aceptado nuestra invitación, a pesar de la mayoría de ustedes no son musulmanes, es un reflejo de su mentalidad abierta y demuestra que son gente considerada y tolerante.

A pesar de ello, es probable que algunos de ustedes, pertenezca a nuestros vecinos u a otros invitados, sientan cierto temor e inquietud y alberguen reservas sobre esta mezquita. Quizás teman que esta mezquita se utilice para sembrar la semilla de la disensión en la sociedad o para enardecer tensiones entre las diferentes comunidades. Aprecio y comprendo muy bien estas inquietudes, pues trágicamente todos hemos sido testigos del hecho de que algunos de los llamados musulmanes han llevado a cabo recientemente acciones terroristas atroces, tanto en el Reino Unido como en el extranjero. Estas acciones viles han creado un clima de temor entre los no musulmanes y, al mismo tiempo, han servido para difamar la religión del islam.

De igual modo, desde hace muchos años, existe un constante desorden y violencia en muchos países musulmanes, donde han estallado guerras civiles, y donde ambas partes tienden al extremismo y han intentado tomar por la fuerza el control del poder, sin tener en cuenta el derramamiento de sangre y la devastación. Como resultado de esa absurda violencia, cientos de miles de personas han perdido la vida. Según los informes de los medios de comunicación, incluso algunos musulmanes de Walsall han viajado a los países musulmanes para unirse a grupos terroristas para luchar. Posiblemente pensaban que iban a luchar en defensa del islam, pero la verdad es que las crueldades o actos malvados que han perpetrado han supuesto un flagrante desafío de las verdaderas enseñanzas del islam, demostrando únicamente una total ignorancia de la religión que pretendían representar.

Teniendo esto en cuenta, algunos de vosotros os plantearéis por qué se emprendieron guerras en los primeros años del islam. Quisiera aclarar que los primeros musulmanes nunca iniciaron guerras agresivas ni intentaron conquistar tierras; más bien, ellos mismos fueron las víctimas de una persecución brutal y continua, y solamente después de muchos años Dios el Todopoderoso les permitió luchar en defensa propia.

El Santo Corán, el Libro Santo de todos los musulmanes, al mencionar este permiso para emprender una guerra defensiva, declara también categóricamente que este permiso se concedió para proteger la libertad de creencia como principio universal y que no se otorgaba solamente para defender al islam. Efectivamente, el Santo Corán declara que de no haberse concedido tal permiso, todas las iglesias, templos, sinagogas o lugares de adoración de cualquier religión correrían un grave peligro. Por ello el Santo Corán ha dejado muy claro que es obligación de los musulmanes proteger a todas las religiones y a la gente de todas las creencias y preservar la santidad de todos los lugares de adoración. Incluye la libertad de creencia como un principio indispensable y fundamental del islam.

Por lo tanto, si alguno de ustedes teme que esta mezquita sea un centro de extremismo lleno de gente cruel y despiadada, permitidme tranquilizadles desde el principio. Nuestra religión pretende unir a la gente a través del amor y diálogo, nunca a través de la fuerza o el temor. El islam rechaza por completo cualquier forma de extremismo y terrorismo. No existe ambigüedad ni duda en este sentido. El Dios a quienes los musulmanes se ha instado a adorar y que se menciona en el primer capítulo del Santo Corán, es Aquel que es “Rabbil Alamin”, que significa el Proveedor y Sustentador de todo el universo y de todas las personas y criaturas.

Por lo tanto, no es posible que un musulmán que se postra ante el Ser Supremo, que es el Proveedor y Sustentador de toda la humanidad, y Quien es la Fuente de toda la creación, pueda dañar a ninguna otra persona, pertenezca o no a su propia comunidad. En otras palabras, como Proveedor y Sustentador de todas las personas, nosotros creemos firmemente que el Único Dios a Quien adoramos -Al-lah el Todopoderoso- provee, nutre y sustenta a los cristianos, judíos, musulmanes, sijs, hindúes y otras doctrinas y creencias. Ciertamente nuestra convicción es que Él es el Proveedor y Sustentador de incluso aquellos que niegan Su existencia.

Siendo esta la realidad de nuestra fe, ¿cómo es posible que cualquier musulmán que reivindica ser un auténtico adorador del Sustentador de todos los mundos, piense hacer caso omiso de los derechos del prójimo?

En consecuencia, una verdadera mezquita, construida como centro de adoración del Único Dios, es un lugar de amor, compasión y armonía. Es un símbolo de unidad y un medio de amplia propagación de la paz. Allí donde el Santo Corán ha prescrito un mandamiento sobre mezquitas, también ha estipulado que aquellos que entren en ellas deben purificar sus corazones y unirse en la adoración de Dios el Todopoderoso. Por ejemplo, en el capítulo 7, versículo 32 del Santo Corán se menciona que la persona debe entrar en la mezquita después de purificarse, tanto respecto a su conducta como a su indumentaria. Los requisitos para purificarse internamente tanto física como mentalmente son un medio de protección contra las malas acciones, el vicio y otras influencias peligrosas.

Debe tenerse en cuenta que en este versículo, Dios Todopoderoso no se dirige específicamente a los musulmanes, sino que declara: “¡Oh hijos de Adán!”, invitando de esta forma a todas las personas, tanto a los musulmanes como a los no musulmanes, a la Casa de Dios. Por lo tanto, un principio islámico fundamental es que las mezquitas estén abiertas a la humanidad. Decir que Dios Todopoderoso ha prohibido a las personas entrar en una mezquita es una gran crueldad e injusticia. Lamentablemente, nosotros los áhmadis musulmanes, somos víctimas de esta crueldad en Pakistán. En ese país, las leyes nos impiden orar abiertamente en las mezquitas y practicar los elementos básicos de nuestra fe. Habiendo sufrido esta persecución durante décadas, comprendemos el gran valor y la importancia de la libertad religiosa. Ante esto, agradecemos enormemente el hecho de que la gente local, aquí en Walsall, nos haya permitido construir esta mezquita, manifestando así su actitud franca y su respeto por los valores humanos.

Acabo de mencionarles las enseñanzas del Sagrado Corán y ahora les presentaré el ejemplo del Fundador del Islam, el Santo Profeta Mohammad (sa). A lo largo de su vida, el Profeta del Islam (sa) buscó la unidad de la humanidad y tendió puentes con gente de diferentes comunidades y creencias. Buscó el diálogo interreligioso y siempre se preocupó de los sentimientos de los demás.

Un ejemplo de esto lo tenemos cuando, en una ocasión, una delegación de cristianos de la ciudad árabe de Najran acudió a Medina, ciudad donde vivía, a conocer al Santo Profeta Muhammad (sa). Después de cierto tiempo, el Santo Profeta (sa) percibió que los invitados cristianos comenzaban a sentirse intranquilos e inquietos. Al preguntarles si algo iba mal, le respondieron que era la hora de realizar sus oraciones y no disponían de ningún lugar para orar. Al oir esto, el Santo Profeta Muhammad (sa) estableció un ejemplo eterno de tolerancia religiosa para todos los musulmanes, ofreciendo a los cristianos su propia mezquita para rezar según sus costumbres y creencias. En vista de ello, reitero que las verdaderas mezquitas están abiertas a toda la gente para la adoración del Único Dios Omnipotente, y las puertas de cada mezquita construida por la Comunidad Ahmadía, en cualquier lugar del mundo, están abiertas para la gente de cualquier religión o creencia.

Además, el Sagrado Corán ha establecido otro principio profundo y eterno para unificar a la humanidad y para propagar la paz en el mundo. Declara que la gente de diferentes religiones y creencias no debe enfocarse en sus diferencias, sino en las cosas que les unen, y, la existencia de Dios Todopoderoso es lo que ayuda a unirse a la gente religiosa. Así pues, permitirme aclarar que una mezquita verdadera nunca puede asociarse con ningún tipo de extremismo u odio o servir como lugar donde la gente planifique ningún tipo de desorden; más bien, aparte de la adoración a Dios, las verdaderas mezquitas sirven como lugar de reunión para la gente,  para servir a la humanidad y para promover la paz y la armonía en el mundo.

La historia de la Comunidad Ahmadía musulmana testifica que cada vez que construimos una mezquita la gente local comienza a darse cuenta de que allí donde los áhmadis musulmanes se juntan para rezar, también se reúnen para propagar la paz y servir a las comunidades vecinas y a la sociedad en general. Esta es la verdadera esencia de las enseñanzas islámicas, que el Fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía ha explicado en muchos de sus discursos y escritos. Por ejemplo, el Fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian (as) escribe:

Según el verdadero espíritu de las enseñanzas islámicas, la religión islámica sólo tiene dos partes. En otras palabras; las enseñanzas del islam se basan en dos objetivos fundamentales. En primer lugar, reconocer al Dios Único, Quien es Omnipresente, y amarle y consagrarse a Su Ser, por sincera obediencia y según los requisitos de la obediencia y el amor.

Escribe, además:

El segundo propósito es que, por el bien del pueblo de Dios y por compasión, todas las personas empleen sus esfuerzos y capacidades al servicio y la buena voluntad del pueblo de Dios. Y deben tratar con gratitud y favorablemente a todas las personas, desde reyes y emperadores hasta la persona más común, que les hayan hecho algún favor.

Como he mencionado anteriormente, a pesar de ser musulmanes pacíficos y respetuosos con la ley, se nos priva del derecho de construir mezquitas en ciertos países. Como consecuencia, consideramos que esta ciudad y su gente nos han hecho un gran favor al permitirnos construir esta mezquita. Han demostrado que la gente de Walsall y las comunidades circundantes son gente que da acogida a personas de diferentes comunidades y creencias. Nunca olvidaremos este favor y consideramos que es nuestro deber religioso cuidar de la gente de esta comunidad, ser leales a esta nación y estar siempre dispuestos a servirlos, ofreciéndoles nuestra ayuda y apoyo siempre que sea necesario. Además, no solo hacemos lo posible por ayudar a quienes nos han prestado ayuda, sino que socorrer al prójimo y mitigar el sufrimiento mental y físico de la humanidad es nuestra misión, y una parte integral de nuestra fe.

Por ejemplo, en África, independientemente de la religión o la creencia, hemos establecido escuelas y hospitales que proporcionan educación y servicios esenciales de salud a la gente local. También suministramos electricidad mediante la instalación de paneles solares a las comunidades que no disponían de electricidad. Además, estamos intentando abordar la crisis del agua en África mediante la instalación de bombas de agua potable en algunos de los pueblos más remotos y desfavorecidos.

Sin duda, el agua es un gran problema en África, donde a diario, mujeres y niños caminan kilómetros y kilómetros con recipientes encima de sus cabezas para llevar agua a sus familias. Incluso esa agua, por la que tanto luchan, está contaminada con bacterias y a menudo es causa de enfermedades. Por tanto, cuando estas personas necesitadas llegan a disponer repentinamente agua limpia y potable en la puerta de sus casas, lo celebran como si hubiesen conseguido todos los tesoros del mundo. La felicidad y la alegría desenfrenada en los rostros de los niños pequeños al ver fluir por primera vez el agua de un grifo son indescriptibles.

Sin embargo, no pensamos que les estamos haciendo un favor, sino que, al permitirnos cumplir con nuestras obligaciones del servicio al prójimo, son ellos los que nos están ayudando. Este es el verdadero islam. Es una religión de compasión y benevolencia y una religión que busca derribar los muros de la injusticia que nos divide a través del poder del amor y el humanismo. Por tanto, no buscamos recompensa ni alabanza por nuestro servicio a ninguna persona, organización o nación. Solo buscamos la recompensa de nuestro Creador, Dios el Todopoderoso, que es el Proveedor y Sustentador de toda la humanidad. Si las enseñanzas del islam se resumieran en una sola frase, esta sería adorar a Dios Todopoderoso y cumplir con los derechos de nuestros semejantes y precisamente para cumplir estos dos objetivos se construyen nuestras mezquitas.

Tras la inauguración de esta mezquita, espero que los áhmadis musulmanes locales que viven aquí no cumplan solamente con los derechos de adoración en esta mezquita sino también incrementen sus esfuerzos para servir a los miembros de la comunidad local, demostrando ser los mejores vecinos y ciudadanos. Que Dios les ayude a ello.

Rezo fervientemente para que esta mezquita sea un faro de luz para toda la comunidad y sirva como símbolo de unidad, unión y paz. Al final, deseo, una vez más, expresarles a todos mi sincero agradecimiento por unirse a nosotros aquí esta tarde. Espero y rezo para que no permanezca en ustedes ningún rastro de temor o inquietud respecto a esta mezquita. Muchas gracias”.

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