Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

SERMÓN DEL VIERNES, 24 DE JUNIO DE 2022.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Surah Al-Fatihah,

Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Jalifatul Masih V (atba), pronunció lo siguiente:

[Hasta ahora] se han estado mencionando relatos sobre las expediciones [que tuvieron lugar] contra los rebeldes durante la época de Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra).

En relación a la séptima expedición contra los apóstatas, se afirma que fue dirigida por Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra), quien fue enviado para enfrentarse a los rebeldes. Por eso, Hazrat Abu Bakr (ra) ató la bandera para Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) y lo envió a Humqatain, un lugar situado en la frontera con Siria. Pues bien, los siguientes son algunos detalles sobre Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra):  Su nombre era Jalid y su título era “Abu Said”. El nombre de su padre era Said bin Aas bin Umayyah y el nombre de su madre era Lubainah bint Habbab, también conocida como Umm-e-Jalid. Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) fue una de las primeras personas en aceptar el Islam y según algunos lo hizo después de Hazrat Abu Bakr (ra), que fue el tercer o cuarto musulmán. Según otros, fue la quinta persona en aceptar el Islam. Antes de él, solo Hazrat Ali bin Abi Talib (ra), Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Zaid bin Hariza (ra) y Hazrat Sad bin Abi Waqqas (ra) lo habían aceptado.

El relato sobre la aceptación del Islam de Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) es el siguiente:

Vio en un sueño que estaba parado junto a una hoguera y que su padre trataba de empujarlo hacia ella. Luego vio que el Santo Profeta Muhammad (sa) lo sujetaba por la espalda para que no cayera dentro. Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) se despertó en un estado de ansiedad y dijo: “¡Por Dios! ¡Este es un sueño premonitorio!”. Tras este incidente, se reunió con Hazrat Abu Bakr (ra) y le contó su sueño. Entonces, Hazrat Abu Bakr (ra) proclamó: “Se te ha destinado una buena dicha. Dios Altísimo desea protegerte. Este (o sea, el Santo Profeta -sa-) es el Mensajero de Al’lah. Síguelo, porque si lo sigues tras haber aceptado el Islam, él te protegerá de caer en el fuego. De hecho, es tu padre quien caerá en ese fuego”. Entonces, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) se presentó ante el Profeta (sa), que [en ese momento] estaba en Ayiad, cerca de La Meca, y se encuentra junto al monte Safa, donde el Santo Profeta Muhammad (sa) solía hacer pastar a sus ovejas. Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) le preguntó al Santo Profeta (sa): “¡Oh Muhammad (sa)! ¿Hacia qué nos llamas?”. El Profeta (sa) declaró: “Llamo a la gente hacia Dios, que es Uno y no tiene copartícipe; y [además manifiesto que] Muhammad (sa) es Su Siervo y Mensajero. También os llamo a absteneros de adorar a estas piedras, que no pueden oír ni ver, ni dañarlos ni beneficiarlos; aparte, ellas no saben quién las adora y quién no”.

Sobre esto, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) respondió: “¡Doy testimonio de que no hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah; y doy testimonio de que tú eres el Mensajero de Al’lah (sa)!”. [Al oír eso], el Santo Profeta (sa) estaba extremadamente feliz por la aceptación del Islam de parte de Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra). Sin embargo, tras haber aceptado el Islam, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) pasó a la clandestinidad. Entretanto, cuando su padre se enteró de su aceptación del Islam, envió a sus otros hijos -que no eran musulmanes- a buscarlo. Al final, lo encontraron y lo llevaron ante su padre, quien comenzó a reprenderlo y golpearlo; es decir, empezó a pegarle repetidamente en la cabeza con el palo que sostenía hasta que lo rompió y decía: “Has seguido a Muhammad [sa] a pesar de ser testigo de la oposición a la que se enfrenta por parte de su pueblo y de que habla en contra de sus ídolos y los males de sus antepasados”. Por su parte, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) respondió: “¡Por Al’lah, sigo a Muhammad (sa)!”. Ante esto, su padre se enfureció aún más y le dijo: “¡Oh tú, hombre necio, aléjate de mi vista y ve a donde quieras! Ya no te daré de comer”. Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) exclamó entonces: “Si dejas de darme comida, entonces Dios me dará las provisiones para mi sustento”. A continuación, su padre lo expulsó de su casa y prohibió a sus otros hijos que le hablaran. Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) se fue y se quedó con el Santo Profeta Muhammad (sa); y siempre permaneció en las afueras de La Meca, lejos de su padre, para que no lo atraparan una vez más y lo persiguieran.

El padre de Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) persiguió severamente a los musulmanes y era uno de los nobles de La Meca. En una ocasión, cayó enfermo y debido a la intensidad de su enfermedad manifestó: “Si Dios me cura de esta enfermedad… (no se sabe si dijo Al’lah o el nombre de uno de los ídolos, pero en cualquier caso manifestó eso); …Si me curo de esta enfermedad, el Dios de Ibn Abi Kabshah (o sea, Muhammad -sa-) ya no será adorado en La Meca, pues mostraré tal severidad que expulsaré a todos los musulmanes de aquí”. Cuando Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) se enteró de esto, oró (contra su padre): “¡Oh Al’lah, no lo cures!”. Más tarde, su padre murió de esa enfermedad.

Asimismo, cuando los musulmanes emigraron a Abisinia por segunda vez, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) estaba entre ellos y lo acompañaba su esposa, Umaimah bint Jalid Juzaiyyah. El hermano de Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra), Hazrat Amr bin Said (ra), también emigró con él.

Posteriormente, durante la Batalla de Jaibar, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) fue desde Abisinia hasta el Santo Profeta (sa) junto con Hazrat Yafar bin Abi Talib (ra). No participó en la Batalla de Jaibar, pero el Mensajero de Dios (sa) le otorgó una parte del botín de guerra. A partir de entonces, participó en la “Umrah Al-Qada”, la conquista de La Meca, y en todas las demás batallas junto al Santo Profeta Muhammad  (sa), como por ejemplo Hunain, Taif, Tabuk, etc.; aunque no pudo participar en la Batalla de Badr y se arrepintió de este hecho. Por eso le comunicó al Santo Profeta (sa): “¡Oh Mensajero de Al’lah (sa), no pudimos participar en la Batalla de Badr!”. El Profeta (sa) replicó: “¿No te agrada saber que la gente solo ha tenido el honor de emigrar una vez, mientras que tú has emigrado dos veces?”.

En el libro “Una introducción al estudio del Santo Corán”, Hazrat Jalifat-ul Masih II (ra) incluye el nombre de Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) en la lista de escribas que escribían las revelaciones [del Sagrado Corán].

El Santo Profeta (sa) nombró a Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) recolector de limosnas en Yemen y permaneció en este puesto hasta la muerte del Mensajero de Dios (sa). Luego, tras la muerte del Santo Profeta Muhammad (sa), llegó a Medina y Hazrat Abu Bakr (ra) le preguntó por qué había regresado. Respondió que no trabajaría en nombre de nadie después del Santo Profeta (sa). Se menciona que se demoró en jurar lealtad a Hazrat Abu Bakr (ra) y que lo hizo después de que los Banu Hashim prometieran lealtad a Hazrat Abu Bakr (ra). Más tarde, Hazrat Abu Bakr (ra) nombró a Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) comandante de los ejércitos en varias ocasiones.

Finalmente, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) fue martirizado durante la Batalla de Marll Al-Saffar, durante el Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra). Se ha narrado que -dado que la Batalla de Marll Al-Saffar comenzó en el año 14 d.H. durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra)-, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) en realidad fue martirizado en Siria, durante la Batalla de Allnadain, 14 días antes de la fallecimiento de Hazrat Abu Bakr (ra).

Los detalles que aparecen en “Tarij At-Tabari” (‘La historia de At-Tabari’) de la expedición de Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) contra los apóstatas son los siguientes:

“Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) ató las banderas de las batallas para reprimir a los apóstatas y nombró a los comandantes, entre los que fueron designados estaba Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra). Hazrat Umar (ra) aconsejó a Hazrat Abu Bakr (ra) que no lo nombrara comandante y sugirió que no se le solicitaran servicios. Por su parte, Hazrat Abu Bakr (ra) declaró que no (es decir, que no estaba de acuerdo con la opinión de Hazrat Umar -ra-) y nombró a Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) comandante de un ejército para proporcionar refuerzos en Tayma, que era una ciudad muy conocida ubicada entre Medina y Siria. Consecuentemente, cuando Hazrat Abu Bakr (ra) instruyó a Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) para que fuera a Tayma, anunció: ‘No te muevas de tu posición. Invita a los que viven en las inmediaciones a que se encuentren contigo, acepta solo a aquellos que aún no se han convertido en apóstatas y no luches hasta que recibas más instrucciones mías, excepto en el caso de que peleen contra ti’. Entonces, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) se quedó en Tayma y muchas de las comunidades cercanas se unieron a sus fuerzas.

Cuando los bizantinos supieron de este gran ejército musulmán, pidieron a los refuerzos árabes bajo su control que se unieran a ellos para la batalla en Siria. Por su parte, Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) informó a Hazrat Abu Bakr (ra) de los preparativos bizantinos y la ayuda que estaban recibiendo de las tribus árabes, ante lo cual Hazrat Abu Bakr (ra) respondió: ‘Avanza contra ellos; no te preocupes en absoluto y busca la ayuda de Al’lah’. Tan pronto como Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) recibió esta respuesta, avanzó hacia el enemigo. Mientras se acercaba a ellos, sucedió que el enemigo comenzó a abrumarse por tal temor, que se dispersaron en todas direcciones y huyeron. Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) entonces ocupó el territorio del enemigo. La mayoría de las personas que vinieron hasta Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) aceptaron el Islam y Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) informó a Hazrat Abu Bakr (ra) de esta victoria. En respuesta, Hazrat Abu Bakr (ra) instruyó: ‘Avanzad hacia delante, pero no tanto como para que el enemigo tenga la oportunidad de atacaros por la espalda”.

Estos son los únicos registros encontrados en los libros de historia sobre la participación de Hazrat Jalid bin Said bin Aas (ra) en los esfuerzos contra los apóstatas durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra). Aparte de esto, su papel en las victorias en Siria durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra) se mencionará más adelante.

La octava expedición contra los apóstatas rebeldes estuvo bajo el liderazgo de Hazrat Turaifah bin Hayiz (ra):

Hazrat Abu Bakr (ra) ató una bandera para Hazrat Turaifah bin Hayiz (ra) y le ordenó luchar contra los Banu Sulaim y Banu Hawazin. Según una narración, se registra que Hazrat Abu Bakr (ra) envió a Hazrat Man bin Hayiz (ra) hacia los Banu Sulaim y Banu Hawazin. No obstante, en “Al-Istiyab”, Alama ibn Abdul Barr registró el nombre del padre de Hazrat Turaifah (ra) y Hazrat Man (ra) como “Hayiz”, con la letra “zeta”; mientras que en “Usdul Ghabah”, Alama Ibn Azir lo registró como “Hayir”, o sea con la letra “erre”. Pues bien, tras ser elegido como Jalifa, Hazrat Abu Bakr (ra) nombró a Hazrat Turaifah bin Hayiz (ra) como gobernador sobre los árabes de Sulaim, que estaban asentados firmes en el Islam. Trabajó con mucha sinceridad y pasión. Pronunció discursos tan efectivos que hicieron que muchos árabes de los Banu Sulaim se unieran a él.

En otra narración que se ha recogido bajo la autoridad de Hazrat Abdul’lah bin Abu Bakr (ra), se dice que:

“La condición de los Banu Sulaim era tal que después de la muerte del Mensajero (sa), algunos de ellos se volvieron apóstatas y regresaron a la incredulidad; aunque otros se mantuvieron firmes en su fe en el Islam junto al líder de su tribu, Hazrat Man bin Hayiz (ra); o según otros, su hermano Turaifah bin Hayiz (ra). Cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) partió para luchar contra Tulaihah, Hazrat Abu Bakr (ra) escribió a Hazrat Man bin Hayiz (ra) diciéndole: ‘Llévate contigo a los Banu Sulaim que están asentados firmes en el Islam y únete a Hazrat Jalid bin Walid (ra)’. Entonces, Hazrat Man bin Hayiz (ra) nombró a su hermano Turaifah bin Hayiz como líder en su lugar y fue a unirse a Hazrat Jalid bin Walid (ra)”.

 

Hay otra narración que se ha reportado por parte de Hazrat Abdul’lah bin Abu Bakr (ra) y que menciona:

“Un hombre de los Banu Sulaim vino a Hazrat Abu Bakr (ra). Era conocido como Fuya, aunque su verdadero nombre era Ayyaz bin Abdul’lah. El nombre ‘Fuya’ tiene una connotación de sorpresa, porque esta persona de repente emboscaba a viajeros y asentamientos para atacarlos y saquearlos. Por eso se le llamaba ‘Fuya’. Sin embargo, se acercó a Hazrat Abu Bakr (ra) y le manifestó: ‘Soy musulmán y deseo emprender la ‘yihad’ contra los incrédulos que se han vuelto apóstatas. Te pido que me concedas una montura y tu ayuda’. Entonces, Hazrat Abu Bakr (ra) le proporcionó una montura y algunas armas”.

Los detalles de este episodio también aparecen en otra narración, que afirma que Hazrat Abu Bakr (ra) le proporcionó dos caballos; aunque según otro relato fueron treinta camellos y suficientes armas para treinta hombres; y envió a diez musulmanes armados para acompañarlo. Partió de allí y comenzó a robar la riqueza de cualquier musulmán o apóstata que se cruzara con él, matando a todos los que se negaban a ello. Trató a todos de esta manera; además, mató y martirizó a musulmanes. Lo acompañaba un hombre de los Banu Sharid conocido como Nayaba bin Abu Maisa.

Según otra narración, Fuya viajaba hacia su tribu y, en el camino, reclutó árabes apóstatas. Cuando sus filas aumentaron, lo primero que hizo fue matar a sus compañeros musulmanes y robarles sus riquezas. A partir de entonces, comenzó a saquear, pasando de una tribu a otra. Asimismo, había un grupo de musulmanes de camino a Medina a quienes saqueó y mató. Primero los saqueó y luego los mató y martirizó.

Finalmente, cuando Hazrat Abu Bakr (ra) recibió noticias de él, escribió a Hazrat Turaifah bin Hayiz (ra), aunque algunos afirman que Hazrat Abu Bakr (ra) envió instrucciones a Hazrat Man bin Hayiz (ra). Desde allí, Hazrat Man bin Hayiz (ra) envió a su hermano Hazrat Turaifah (ra). No obstante, Hazrat Abu Bakr (ra) escribió: “Fuya, el enemigo de Dios, vino a mí y me dijo que era musulmán. Me pidió que le proporcionara los medios para luchar contra los que asumieron la apostasía y, por lo tanto, le proporcioné una montura y armas. Ahora, sé con certeza que este enemigo de Dios se acercaba tanto a los musulmanes como a los apóstatas, robaba sus riquezas y mataba a los que se oponían a él. Así, llevad a los musulmanes con vosotros y matarle o capturarle vivo y enviádmelo”.

Según otra narración, Hazrat Abu Bakr (ra) envió además a Hazrat Abdul’lah bin Qais (ra) para ayudar a Hazrat Turaifah (ra),  quien se propuso combatir a este individuo. Cuando las dos partes se enfrentaron, lucharon solo con flechas. Una flecha alcanzó a Naywa bin Abu Maisa y lo mató. Al ver la valentía y la firmeza de los musulmanes, Fuya se dirigió a Hazrat Turaifah (ra) y le hizo saber: “Tú no tienes más derecho que yo. Tú eres un comandante nombrado por el propio Hazrat Abu Bakr (ra) y yo también soy un comandante investido por él”. Intentó detener la batalla con su astucia, pero Hazrat Turaifah (ra) le dijo: “Si eres sincero, depón las armas. Hazrat Abu Bakr (ra) me ha enviado para capturarte. Por tanto, arroja las armas y ven conmigo a ver a Hazrat Abu Bakr (ra). Allí se decidirá si has sido nombrado comandante o no”. A continuación, Fuya acompañó a Hazrat Turaifah (ra) hasta Medina. Cuando los dos llegaron junto a Hazrat Abu Bakr (ra), este ordenó a Hazrat Turaifah (ra) que llevara [a Fuya] a Baqi y lo quemara. Se le impuso este castigo porque así fue exactamente como trató a los musulmanes. Hazrat Turaifah (ra) lo llevó allí, encendió un fuego y lo arrojó en él.

Según otra narración, Fuya huyó durante la batalla, aunque Hazrat Turaifah (ra) lo capturó tras perseguirlo y lo envió a Hazrat Abu Bakr (ra). Cuando llegó ante Hazrat Abu Bakr (ra), había una gran hoguera preparada para él en Medina. Le ataron las manos y los pies y le arrojaron al fuego.

La novena expedición contra los apóstatas rebeldes fue la que estuvo bajo el mando de Hazrat Ala bin Hazrami (ra):

Hazrat Abu Bakr (ra) confió una de las banderas a Hazrat Ala bin Hazrami (ra) y le ordenó que fuera a Bahrein,  que se encontraba entre Yamamah y el Golfo Pérsico, e incluía el actual Qatar y la isla del Reino de Bahrein. No era el Bahrein más tan pequeño de hoy, sino que solía ser bastante extenso. La capital se llamaba Darin y durante la época del Santo Profeta Muhammad (sa) su rey era Munzir bin Sawa, que entró en las filas del Islam. En esa época, Bahrein y Arabia Saudí se llamaban Al-Asa.

En sus orígenes, el nombre de Hazrat Ala bin Hazrami (ra) era Ala. Su padre se llamaba Abdul’lah y pertenecía a la región yemení de Hazramaut. Hazrat Ala bin Hazrami (ra) tuvo el honor de aceptar el Islam en sus inicios. Luego, uno de los hermanos de Hazrat Ala bin Hazrami (ra), Amr bin Hazrami, fue el primer incrédulo en ser asesinado por un musulmán y su riqueza fue la primera en la época islámica en ser distribuida como “jums” [botín de guerra]. Su asesinato fue uno de los factores principales que condujeron a la Batalla de Badr. Otro de los hermanos de Hazrat Ala bin Hazrami (ra), Amir bin Hazrami, fue asesinado en la Batalla de Badr cuando todavía era incrédulo. Más tarde, cuando el Santo Profeta (sa) envió cartas a varios reyes invitándolos al Islam, a Hazrat Ala bin Hazrami (ra) se le encomendó la tarea de llevar la carta dirigida a Munzir bin Sawa, el rey de Bahrein. Después, el Mensajero de Dios (sa) lo nombró gobernador de Bahrein. Pues bien, Hazrat Ala bin Hazrami (ra) transmitió el mensaje del Islam a Munzir bin Sawa y este lo aceptó, quien, cuando recibió el mensaje del Islam, respondió diciendo: “He reflexionado sobre este tema y me he dado cuenta de que todo lo que poseo es para el mundo, no para el Más Allá. (En otras palabras, declaró que todo lo que tenía era mundano y que no se había preparado en absoluto para la próxima vida). Al reflexionar sobre vuestra religión, la he encontrado beneficiosa tanto para este mundo como para el Más Allá. Por consiguiente, no hay nada que pueda impedirme aceptar esta fe. Estoy convencido de la veracidad del Islam. Esta fe incluye el deseo de vivir esta vida y otorga consuelo después de la muerte”. También añadió: “Antes me sorprendían los que aceptaban esta [religión], mientras que ahora me asombran los que la rechazan. Cuando conocí estas hermosas enseñanzas, mis puntos de vista cambiaron por completo”. Y declaró: “La grandeza de la Ley traída por el Santo Profeta Muhammad (sa) exige que se le honre y reverencie”.

Hazrat Ala (ra) continuó siendo el gobernador de Bahrein hasta el fallecimiento del Santo Profeta (sa) y permaneció en el mismo puesto durante la época del Jalifato de Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Umar (ra) también lo mantuvo en el mismo cargo hasta su fallecimiento, hecho que ocurrió durante la época del Jalifato del propio Hazrat Umar (ra).

Según Tabaqat ibn Sad, en una ocasión, la gente de Bahrein se quejó al Mensajero de Al’lah (sa) sobre Hazrat Ala bin Hazrami (ra). Ante esto, el Profeta (sa) lo destituyó de su cargo y nombró a Hazrat Aban bin Said bin Aas (ra) como gobernador. Tras el fallecimiento del Santo Profeta (sa), cuando la apostasía y la rebelión se extendieron por allí, Hazrat Aban (ra) regresó a Medina y renunció a su puesto. Cuando Hazrat Abu Bakr (ra) deseó que regresara a Bahrein, se excusó y declaró que después del Mensajero de Dios (sa) no ejercería como gobernador para nadie más. No obstante, a pesar de ello, Hazrat Abu Bakr (ra) le restituyó y envió a Hazrat Ala bin Hazrami (ra) como gobernador de Bahrein, cargo en el que permaneció hasta su fallecimiento.

Hazrat Ala (ra) era conocido como alguien cuyas oraciones eran aceptadas y existen varias narraciones relacionadas con este hecho. Por su parte, Hazrat Abu Hureirah (ra) solía decir que estaba muy influenciado por sus cualidades y la aceptación de sus plegarias. Entre otras cosas, se menciona en una narración que, en una ocasión, partieron de Medina a Bahrein y en el camino se quedaron sin agua. Hazrat Ala bin Hazrami (ra) rezó a Dios y vio que un manantial brotaba de debajo de la arena y todos bebieron hasta saciarse.

En este sentido, Hazrat Abu Hureirah (ra) afirma:

“Acompañé a Ala [ra] y a su ejército desde Bahrein hacia Basora. Estábamos en Liyaz cuando falleció (Liyaz era el nombre de un pueblo de la zona de los Banu Tamim). Estábamos en una zona donde no había agua, pero Dios Altísimo nos envió una pequeña nube que hizo llover sobre nosotros. Lavamos su cuerpo y cavamos una tumba para él con nuestras espadas. No hicimos la cavidad interior de la tumba en ese momento con la idea de que regresaríamos y entonces la haríamos; aunque, al volver después de un tiempo, no pudimos localizar su tumba”.

Existen diversas opiniones sobre su fallecimiento, pues según algunos murió en el año 14 d.H, mientras que otros piensan que fue en el 21 d.H. En cuanto a la situación de Bahrein, consta que se encontraba bajo la dinastía de los reyes de Hirah, que estaban subordinados a los reyes de Persia. Antes del Islam, Hirah era la sede real de los reyes de Irak. Las ciudades costeras y comerciales de Bahrein tenían una población mixta de persas, cristianos, judíos y ‘yaats’. Los persas controlaban el comercio en las tierras árabes y además había un grupo de comerciantes procedentes de la India e Irán que se habían establecido entre la desembocadura del río Éufrates y la zona costera de Adan. Estos comerciantes también empezaron a casarse con la gente del lugar y su descendencia se llamaba “Abna”. Había tres grandes tribus y sus subtribus viviendo en los alrededores de estas ciudades costeras: una era Bakr bin Wail, la segunda era Abd Al-Qais y la tercera era Rabiah. Muchas de las familias pertenecientes a estas tribus eran cristianas y se dedicaban especialmente a la cría de caballos, camellos y ovejas, y a la plantación de huertos de dátiles. Las personas que supervisaban todo esto eran los líderes locales de confianza del gobierno de Hirah y uno de ellos era Munzir bin Sawa, que vivía en el distrito de Hayar de Bahrein y gobernaba la tribu de Abd Al-Qais, que vivía cerca de Hayar.

Hubo dos delegaciones de Abd Al-Qais que se reunieron con el Santo Profeta (sa): una compuesta de 13 o 14 personas fue junto al Profeta (sa) en el año 5 d.H. y la segunda delegación de Abd Al-Qais, formada de 40 personas, incluyendo a Yarut, que visitó al Santo Profeta Muhammad (sa) de nuevo en Aam Al-Wufud, en el noveno año después de la Hégira. Yarut era un cristiano que se hizo en musulmán al ir allí. Según una narración, esta delegación ya había aceptado el Islam antes de acudir al Santo Profeta (sa).

Los persas, cristianos y judíos de Hayar habían aceptado a disgusto el pago del “yiziah” [impuesto a los no-musulmanes por recibir seguridad y protección de los musulmanes]. El resto de las poblaciones y ciudades de Bahrein seguían siendo no-musulmanas, aunque cada cierto tiempo se rebelaban a cada oportunidad que se les presentaba. Cuando Munzir bin Sawa aceptó el Islam, el Profeta (sa) lo mantuvo como gobernante de Bahrein según las tradiciones de la época y  tras aceptar el Islam, comenzó a invitar a su gente a la verdadera religión y envió a Hazrat Yarut bin Muala (ra) al Santo Profeta Muhammad (sa) para que aprendiera la religión. Al llegar a Medina, Hazrat Yarut (ra) aprendió las enseñanzas y los mandamientos islámicos y, más tarde, regresó para enseñar a la gente, propagar la religión y para familiarizarlos con las enseñanzas del Islam.

Pocos días después del fallecimiento del Santo Profeta (sa), o sea, el año undécimo d.H., Munzir también falleció. Ante esto, tanto las tribus árabes como las no-árabes anunciaron su rebelión. Por su parte, la tribu de Abd Al-Qais proclamó: “Si Muhammad [sa] fuera un profeta, no habría muerto”; y así se convirtieron en apóstatas y Hazrat Yarut (ra) se enteró de este incidente. Lo cierto es que Hazrat Yarut (ra) era considerado entre los nobles de su pueblo. Había viajado a Medina para conocer el Islam y emigró hacia el Mensajero de Al’lah (sa), y era un buen orador. Entretanto, Hazrat Yarut (ra) reunió a todos los que se habían convertido en apóstatas y les explicó el fallecimiento del Santo Profeta Muhammad (sa). Para ello se levantó para pronunciar un discurso en el que anunció: “¡Oh Abd Al-Qais! Os pido una cosa; si sabéis la respuesta, decídmela; y si no la sabéis, no hace falta que me digáis nada”. Le respondieron que podía preguntarles lo que quisiera. Entonces, Hazrat Yarut (ra) expuso: “¿No sabéis que los profetas de Dios aparecieron en el pasado?”. La gente respondió: “Sí”; y Hazrat Yarut (ra) añadió: “¿Tenéis conocimiento de ellos, o los habéis visto alguna vez?”. Esa gente respondió: “No los hemos visto; solo sabemos de ellos”. Esta fue la respuesta de la gente. A continuación, Hazrat Yarut (ra) manifestó: “Entonces, ¿qué les pasó?”. La gente dijo: “Ellos fallecieron”. Al final, Hazrat Yarut (ra) proclamó: “De la misma manera que todos ellos fallecieron, Muhammad (sa) también ha fallecido, y declaro:

¡No hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah; Muhammad (sa) es Su Siervo y Mensajero!”.

Después de escuchar su discurso y las preguntas y respuestas, todos dijeron: “Nosotros también atestiguamos que, aparte de Al’lah no hay nadie digno de ser adorado; y que ciertamente Muhammad (sa) es Su Siervo y Mensajero. Te consideramos nuestro estimado anciano y te aceptamos como nuestro líder”. Así es como se mantuvieron firmes en el Islam y se salvaron de la oleada de apostasía. Sin embargo, el resto de las tribus árabes y no-árabes se empeñaron en acabar con la autoridad de Medina. El gobierno persa les apoyó y encargó la dirección de la rebelión a un destacado jefe árabe. Cuando Hazrat Abban bin Said bin Aas (ra) -el representante del Santo Profeta (sa) en Hallr- vio que se levantaban las oscuras nubes de la rebelión, partió hacia Medina. Aunque algunas personas de la tribu Banu Abd Al-Qais aceptaron el Islam [de nuevo], las otras tribus de Bahrein, lideradas por Hutam bin Zubaiah, permanecieron firmes en su postura rebelde. Es más, adoptaron la realeza y nombraron rey a Munzir bin Numan, que pertenecía a la familia de Munzir.

Según una narración, cuando quisieron nombrar rey a Munzir bin Numan, un grupo de nobles y jefes de la tribu fue a ver al rey persa y pidieron permiso para acudir ante su presencia, y él les concedió dicho permiso. Pues bien, se presentaron ante el rey y le elogiaron acorde con su estatus. El rey persa preguntó: “¡Oh árabes! ¿Qué asunto os ha traído aquí?”. Ellos respondieron: “¡Alteza! La persona que las tribus de qureish y Muzar consideraban la más honorable ha fallecido (esto se refería al Profeta -sa-) y ahora, después de él, una persona frágil y con poco juicio se ha erigido como su Sucesor. (En fin, ellos dieron esta opinión sobre Hazrat Abu Bakr -ra-). Sus gobernantes han vuelto con sus compañeros para buscar orientación. Hoy, la zona de Bahrein se les ha escapado de las manos y salvo un pequeño grupo de la tribu Abd Al-Qais, todos han abandonado el Islam. Según nosotros, no tienen fuerza ni buena reputación. Tenemos ventaja sobre ellos en términos de infantería y caballería. Envía a alguien para capturar Bahrein, ya que no habrá nadie que le impida tomar el control”. El rey persa replicó: “¿A quién quieres que envíe con vosotros a Bahrein?”. Respondieron: “Lo que su alteza real considere oportuno”. El rey persa añadió: “¿Cuál es vuestra opinión con respecto a Munzir bin Numan bin Munzir?”; y dijeron: “Su alteza, lo preferimos a él y no quisiéramos nombrar a nadie más que a él”. El rey persa llamó entonces a Munzir bin Numan, que era apenas un joven y ni siquiera tenía la barba completamente crecida. Lo adornó con un manto de honor y le dio una corona. Se le dieron 100 hombres de caballería y otros 7000 de infantería. Entonces se le ordenó ir a Bahrein con la tribu de Bakr bin Wail. Junto a él estaban Abu Zubaiah Hutam bin Zaid, cuyo nombre era Shurih bin Zubaiah y pertenecía a la tribu Banu Qais bin Zalabah, y su título era Hutam. [Este individuo], tras haber aceptado el Islam, se convirtió en un apóstata; y con él estaban Zubian bin Amr y Musma bin Malik. Luego, lo primero que intentaron fue apartar a Hazrat Yarut (ra) y a la tribu de Abd Al-Qais del Islam, pero no lo consiguieron. Posteriormente, Hutam bin Zubaiah intentó someterlos con la fuerza y para ello reunió a todas las personas que eran comerciantes extranjeros o que no habían aceptado el Islam.

La tribu de Abd Al-Qais se reunió en torno a su líder, Hazrat Yarut bin Mual’la (ra), junto con sus aliados y esclavos, que sumaban 4000 personas. Por su parte, la tribu de Bakr bin Wail acampó cerca de ellos con su fuerza de 9000 iraníes y 3000 árabes. Más tarde, los dos grupos se enfrentaron en una feroz batalla y la tribu de Bakr bin Wail recibió un gran golpe, pues muchas personas de esta tribu, así como de los iraníes, murieron. Luego se produjo un gran segundo enfrentamiento [entre los dos bandos] y esta vez los Abd Al-Qais sufrieron grandes pérdidas. Cada grupo se enfrentaba al otro de esta manera y dicha batalla duró muchos días, en los que murieron muchas personas. Finalmente, la gente de la tribu de Abd Al-Qais solicitó un tratado de paz a la [tribu] de Bakr bin Wail, ya que  los Abd Al-Qais sabían que en ese momento no tenían ninguna posibilidad contra el poderío de Bakr bin Wail. Así, sufrieron la derrota y se retiraron a su fortaleza llamada Yuwaza, que estaba situada en Hallr. Yuwaza es el nombre de un asentamiento en Bahrein y ahí fue donde se ofrecieron las primeras oraciones del viernes después de la Mezquita del Profeta.

En Sahih Al-Bujari hay una narración de Hazrat Ibn Abbas (ra) en la que afirma:

“La primera oración del viernes que se ofreció en un lugar diferente a la Mezquita del Santo Profeta (sa) fue en la mezquita del Abd Al-Qais en Yuwaza en Bahrein”.

Los Banu Bakr bin Wail avanzaron junto a sus camaradas iraníes y, al llegar a su fortaleza, la rodearon e impidieron que les llegara cualquier provisión de alimentos. En esta ocasión, un hombre de los Banu Bakr bin Kilab, Abdul’lah bin Auf Abadi, cuyo nombre también está registrado como Abdul’lah bin Auf, compuso algunos poemas; y dirigiéndose a Hazrat Abu Bakr (ra) y a la gente de Medina, expresó su impotencia y vulnerabilidad y habló de su valor y paciencia. Como se trata de un poema extenso, leeré su traducción, que es la siguiente:

“¡Oh aquellos que me oís!

Transmitid mi mensaje a Abu Bakr (ra) y a los hombres de Medina.

¿Recibiré alguna ayuda de vuestra parte para esos jóvenes de Yuwaza

que entraron en la noche en estado de hambre y asedio?

Su sangre se ha derramado en todos los caminos

como si fueran rayos de sol que ciegan todos los ojos que los miran. 

 

Las tribus de Banu Zuhl, Iyl, Shaiban y Qais los han asediado a todos con su opresión.

Están dirigidos por Ghurur (el nombre real de Ghurur era Munzir bin Nauman bin Munzir),

quien pretende apoderarse ilegalmente de nuestras esposas e hijos.

Cuando el asedio que pusieron se intensificó y se prolongó,

obtuvieron el control total sobre nosotros,

y como resultado nos sometieron a una gran prueba.

 

Ponemos nuestra confianza en el Dios Clemente

porque hemos sido testigos de cómo Su gracia

ha sido otorgada a aquellos que ponen su confianza en Él.

Por consiguiente, estamos contentos con el hecho de que Al’lah es nuestro Señor

y que el Islam es nuestra religión.

 

Las condiciones volverán a la normalidad con el tiempo,

pero la progenie de nuestros antepasados ha perdido el sentido común,

por lo que nos mantendremos firmes en el Islam

y lucharemos contra ellos hasta que uno de los dos bandos sea aniquilado.

Lucharemos con las espadas afiladas, que atraviesan el casco y la armadura”.

Este fue el mensaje compuesto en forma de poema que envió Abdi. Después de leer esta poesía, Hazrat Abu Bakr (ra) se emocionó mucho al conocer el estado de los Abd Al-Qais. Al mismo tiempo, Hazrat Abu Bakr (ra) llamó a Hazrat Ala bin Hazrami (ra), lo nombró comandante del ejército y lo envió junto con 2000 hombres de entre los “Muhayirin” [musulmanes que emigraron de La Meca a Medina] y “Ansar” [musulmanes residentes de Medina] hacia Bahrein para ayudar a Abd Al-Qais.

Hazrat Abu Bakr (ra) además les instruyó que:

“Cualquiera que sea la tribu entre los árabes que paséis, animadles a luchar contra los Banu Bakr bin Wail. Esto es porque han venido con Munzir bin Nauman bin Munzir, que ha sido designado por el rey de Persia. El rey se ha puesto una corona en su cabeza y pretende apagar la luz de Dios y han matado a los siervos piadosos de Al’lah. Por lo tanto, debéis partir mientras recitáis:

‘Nadie tiene el poder de abstenerse del mal ni de realizar una buena acción, sino con la ayuda de Al’lah’.”

 

Hazrat Ala bin Hazrami (ra) partió y cuando pasó cerca de Yamamah, Hazrat Zumama bin Uzal bin Hanifah (ra) y sus hombres se unieron a él y Qais bin Asim también se integró en el ejército de Hazrat Ala bin Hazrami (ra) junto con su tribu, los Banu Tamim. Antes de esto, Qais bin Asim fue uno de los que se negó a pagar el “Zakat” [contribución obligatoria sobre ciertos bienes y destinada a caridad] y dejó de enviarlo a Medina, el cual había sido recaudado por su tribu; y en su lugar devolvió el dinero a su gente. No obstante, cuando Hazrat Jalid bin Walid (ra) derrotó a los Banu Hanifah en Yamamah, Qais bin Asim se dio cuenta de que era mejor reconciliarse y unirse a los musulmanes. Así pues, recogió el “Zakat” de su tribu, los Banu Tamim, y se unió al ejército de Hazrat Ala bin Hazrami (ra), quien lo llevaba a Bahrein desde Dahna, que estaba situada en la zona de los Banu Tamim y se encuentra entre Basora y La Meca. El narrador afirma que cuando llegaron allí, recibieron la instrucción de acampar, pero los camellos se volvieron incontrolables durante la noche y huyeron dejándolos sin camellos, provisiones ni tiendas de campaña. Todo lo que se había cargado en ellos se perdió en el desierto; y este incidente ocurrió cuando todos habían bajado de sus camellos y aún no se habían descargado las provisiones que les habían colocado encima.

En ese momento, les invadió la pena y el dolor, pues todos habían perdido toda esperanza de vivir y se expresaban sus últimos testimonios. Al mismo tiempo, un anunciador designado por Hazrat Ala (ra) vino y ordenó a todos que se reunieran en un lugar, se juntaron junto a él y Hazrat Ala bin Hazrami (ra) preguntó: “¿Qué es este estado de preocupación y desesperación que estoy observando? ¿Por qué estáis tan preocupados?”. Ante esto, la gente respondió: “La situación es tal que no se nos puede culpar por [tener esta reacción]. Nuestros camellos han huido y nuestra condición actual es tal que si entramos así al día siguiente, todos seremos completamente destruidos incluso antes de que el sol haya salido del todo”. Entonces, Hazrat Ala (ra) proclamó: “¡Oh gente, no temáis! ¿Acaso no sois musulmanes? ¿No habéis venido a hacer la yihad en el camino de Al’lah? ¿No sois vosotros los ayudantes de Dios?”. Todos respondieron: “Efectivamente, eso es correcto”. Hazrat Ala (ra) finalmente declaró: “Se os dan buenas nuevas, ya que Al’lah nunca abandonará a tales personas que están en una condición como la vuestra”. El azán de la oración “fayr” fue llamado al amanecer y Hazrat Ala bin Hazrami (ra) dirigió las oraciones. Algunas personas realizaron el “tayammum” [en ese caso, fue el acto simbólico de frotarse con arena para realizar la ablución ante la falta de agua] y ofrecieron su oración ya que no había agua disponible; mientras que otras aún tenían su ablución intacta desde antes. Cuando concluyó la oración, Hazrat Ala (ra) se sentó sobre ambas rodillas y comenzó a suplicar, y todos los demás siguieron su ejemplo. Hazrat Ala (ra) levantó sus manos y comenzó a rezar fervientemente y el resto hizo lo mismo; y siguieron rezando hasta que salió el sol. Cuando apareció un poco de luz solar desde el este, Hazrat Ala (bin Hazrami ra) se volvió hacia las filas de gente y preguntó: “¿Hay alguien que pueda averiguar qué es esta luz?”. Alguien fue a averiguar y al volver dijo: “Esa luz es un espejismo”. (No era [el reflejo de] agua real, sino un espejismo que le hizo ver una luz brillante). Hazrat Ala (ra) se siguió haciendo oraciones una y otra vez más, y una vez más volvió a ver surgir esa luz. Al investigarlo de nuevo, se les informó [otra vez] de que era un espejismo. Luego, por tercera vez, la luz apareció y esta vez la persona que trajo la noticia sobre ella afirmó que era [realmente] agua. Hazrat Ala bin Hazrami (ra) se levantó y los demás también se pusieron de pie. Llegaron al agua y todos bebieron de ella y se lavaron. Un manantial había surgido de allí. Es más, todavía no había salido el sol del todo cuando se pudo ver a los camellos de esa gente correr hacia ellos desde todas las direcciones. Vinieron y se sentaron junto a ellos. Todos se aferraron a su montura y nada se había perdido de sus posesiones. Esto fue un milagro realizado a través de la oración, ya que Dios Altísimo produjo una fuente de agua allí y además sus camellos volvieron a ellos. La gente dio agua a sus camellos y todos bebieron de ella hasta saciarse y también sus animales; aparte se llevaron un poco de agua y descansaron cómodamente.

Por su parte, Minyab bin Rashid afirma:

“En ese momento, Hazrat Abu Hureirah (ra) estaba conmigo. Cuando se alejó bastante de donde estábamos, me preguntó si conocía la zona donde estaba el agua y yo  afirmé que conocía cada palmo de esa área más que cualquier otro árabe. Hazrat Abu Hureirah (ra) me pidió entonces que le llevara donde estaba el agua. Posteriormente, giré mi camello y lo llevé al lugar exacto donde estaba el agua. Sin embargo, cuando llegamos no había ninguna charca y ni siquiera rastro de agua, por lo que le dije a Hazrat Abu Hureirah (ra): ‘Por Al’lah, aunque no pueda ver agua aquí, aun así yo diría que este es precisamente el lugar de donde recogimos agua y nunca había visto aquí un agua tan limpia y dulce antes de este día’. Incluso en ese momento nuestras vasijas estaban llenas de agua. Tras esto, Hazrat Abu Hureirah (ra) exclamó: ‘¡Oh Abu Sahm! Por Al’lah, este es en realidad ese mismo lugar y por eso he venido aquí y te he traído conmigo. Llené mis vasijas de agua y las dejé al borde de la charca, para saber si era un milagro de Dios o simplemente el resultado del agua producida por la lluvia. Al ver esto, ciertamente es un milagro de Dios que Él ha manifestado para salvarnos’. Hazrat Abu Hureirah (ra) entonces alabó a Al’lah y regresó de allí y acampó en Hallr.

 

Entretanto, Hazrat Ala bin Hazrami (ra) escribió una carta a Hazrat Abu Bakr (ra) que decía:

“Dios Altísimo hizo surgir para nosotros un manantial de agua en el Valle de Dahna, a pesar de que allí no había ninguna señal de agua. Manifestó un milagro para nosotros después de haber experimentado grandes dificultades y preocupaciones. Esta es una lección para todos nosotros en el sentido de que debemos alabarlo. Por lo tanto, te pido que pidas a Al’lah por nosotros y busques ayuda para los que sirven a la fe”.

 

Este fue el informe que envió Hazrat Ala (ra) a Hazrat Abu Bakr (ra) tras el incidente de encontrar agua allí y al recibirlo, Hazrat Abu Bakr (ra) alabó a Dios Altísimo, rezó ante Él y luego manifestó:

“Los árabes solían decir con respecto al Valle de Dahna que cuando Hazrat Luqman (as) fue preguntado una vez por la gente sobre si debían cavar en esta tierra en busca de agua, él les pidió que no cavaran y les dijo que nunca saldría agua de allí. Por tanto, que surja un manantial de allí es un gran signo del poder de Al’lah del que nunca habíamos oído hablar a ninguna nación del pasado”.

Así, los Compañeros (ra) también experimentaron tales milagros a la hora de ir en expediciones en el camino de Dios Altísimo.

En cualquier caso, los restantes relatos se mencionarán, si Dios quiere, en el futuro.

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y la Surah al-Faihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) dijo que continuaría relatando incidentes de la vida de Hazrat Abu Bakr (ra) y las expediciones que envió para combatir a los rebeldes.

Expedición enviada bajo el liderazgo de Hazrat Khalid bin Sa’eed (ra)

Su Santidad (aba) dijo que la séptima expedición fue enviada bajo el liderazgo de Hazrat Khalid bin Sa’eed bin Aas (ra). Él fue uno de los primeros en aceptar el Islam. Algunos dicen que fue la tercera o cuarta persona en aceptar el Islam, mientras que otros dicen que fue la quinta. Tuvo un sueño en el que su padre lo empujaba hacia un fuego, mientras que el Santo Profeta (sa) lo retenía, salvándolo de caer en el fuego. Cuando relató este sueño a Hazrat Abu Bakr (ra), éste le dijo que Al’lah deseaba salvarlo. Después, Hazrat Khalid (ra) fue a ver al Santo Profeta (sa) y le preguntó qué era lo que llamaba. El Santo Profeta (sa) dijo que llamaba a Dios, que es Uno sin ningún socio, que Muhammad (sa) es Su mensajero, y que abandonara la adoración de estatuas que no pueden dañar ni beneficiar. Tras esto, Hazrat Khalid (ra) aceptó el Islam, y el Santo Profeta (sa) se sintió muy complacido.

Su Santidad (aba) dijo que cuando el padre de Hazrat Khalid (ra) se enteró de su conversión, envió a sus otros hijos a buscarlo. Cuando lo encontraron, lo llevaron de vuelta a su padre, quien lo golpeó severamente y lo regañó. A pesar de ello, Hazrat Khalid (ra) se mantuvo firme. Cuando su padre le amenazó diciéndole que ya no le proporcionaría el sustento, él respondió diciendo que aunque lo hiciera, Dios le procuraría los medios para mantener su vida.

Su Santidad (aba) dijo que el padre de Hazrat Khalid (ra) se encontraba entre la gente prominente de La Meca y atormentaba severamente a los musulmanes. Una vez cayó enfermo y dijo que si alguna vez se curaba de su enfermedad, se aseguraría de que los musulmanes no pudieran volver a adorar en La Meca. Cuando Hazrat Khalid (ra) se enteró de esto, rezó para que su padre nunca se curara, y fue en esta enfermedad que su padre falleció.

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Khalid (ra) estaba entre los que emigraron a Abisinia. Llegó a participar en algunas batallas junto al Santo Profeta (sa). Siempre expresó su pesar por no haber podido participar en la batalla de Badr. Hazrat Khalid (ra) también ha sido registrado por Hazrat Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad (ra) como uno de los compañeros que registraron las revelaciones recibidas por el Santo Profeta (sa).

Su Santidad (aba) dijo que durante la época de Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Khalid (ra) fue nombrado líder de varios ejércitos. Está registrado que fue martirizado en la batalla de Marj al-Safar. También fue designado como líder de un batallón enviado a combatir la rebelión que se estaba produciendo en Taimah. Hazrat Abu Bakr (ra) lo envió con la instrucción de no moverse de su lugar y de invitar a las tribus vecinas a venir a su encuentro. Cuando los romanos se enteraron de la llegada de este gran ejército, prepararon un ejército para luchar. Hazrat Khalid (ra) informó a Hazrat Abu Bakr (ra), quien respondió diciendo que no se preocupara y que debía avanzar. Hazrat Khalid (ra) así lo hizo, por lo que el ejército contrario se dispersó.

Expedición enviada bajo el liderazgo de Hazrat Turaifah bin Hayiz (ra)

Su Santidad (aba) dijo que la octava expedición estaba bajo el liderazgo de Hazrat Turaifah bin Hayiz, quien fue enviado a combatir la rebelión que estaban levantando los Banu Sulaim y Banu Hawazin. Era un trabajador devoto y un poderoso orador. Después de la muerte del Santo Profeta (sa), aunque algunos de esta tribu se volvieron rebeldes, hubo otros que permanecieron firmes en el Islam. Hazrat Abu Bakr (ra) escribió a los Banu Sulaim diciéndoles que aquellos que aún se mantenían firmes en el Islam debían ir y unirse a Hazrat Khalid bin Walid (ra) en su expedición hacia Tulaiha.

Su Santidad (aba) dijo que al enterarse de algunos de los actos atroces cometidos por los rebeldes de Banu Sulaim, especialmente una persona llamada Fuya’ah, le ordenó matarlos o capturarlos y traerlos a él. Cuando Fuya’ah fue llevado a Hazrat Abu Bakr (ra), ordenó que recibiera el mismo tratamiento que había infligido sin piedad a los musulmanes.

Expedición enviada bajo el liderazgo de Hazrat Ala bin Hadrami (ra)

Su Santidad (aba) dijo que la novena expedición estaba bajo el liderazgo de Hazrat Ala bin Hadrami (ra), quien fue enviado a combatir la rebelión que se estaba levantando en Bahrain. Hazrat Ala (ra) fue uno de los primeros en aceptar el Islam. Cuando el Santo Profeta (sa) envió cartas a varios reyes invitándolos al Islam, Hazrat Ala (ra) fue encargado de transmitir la carta dirigida al rey de Bahrein. A partir de entonces, el Santo Profeta (sa) lo nombró gobernador de Bahrein, cargo en el que sirvió hasta la muerte del Santo Profeta (sa) y continuó sirviendo hasta su muerte en la era del Califato de Hazrat Umar (ra). Hazrat Abu Hurairah (ra) afirma que fue muy influenciado por Hazrat Ala (ra) y sus incidentes de la aceptación de la oración.

Su Santidad (aba) dijo que tras el fallecimiento del Santo Profeta (sa), el líder de Bahrein también falleció unos días después, tras lo cual surgió la rebelión. Hazrat Yarut (ra), que también era de Bahrein y había estado en Medina aprendiendo sobre el Islam, reunió a todos los que estaban levantando la rebelión y les explicó que al igual que los profetas anteriores habían fallecido, también lo hizo el Santo Profeta (sa), y entonces profesaron que no hay más dios que Al’lah y que Muhammad (sa) era Su Mensajero. Tras esto, ellos también afirmaron su fe en el Islam. Todavía había otras tribus dentro de Bahrein que continuaron con su rebelión. Cuando Cosroes se enteró de esta rebelión, se comunicó con los rebeldes, que le pidieron que les enviara un líder. Chosroes nombró a Munzir bin Nu’man, que aún era muy joven, y le dio una corona entre otras cosas y lo envió a Bahrein. Así, se produjo una batalla entre los que se mantuvieron firmes en el Islam y los que mantuvieron su rebeldía. Esta batalla se prolongó durante unos días y fue feroz. Al principio, los musulmanes se enfrentaron a grandes dificultades y estuvieron a punto de ser derrotados. Al enterarse de esto, Hazrat Abu Bakr (ra) nombró a Hazrat Ala (ra) para que proporcionara apoyo y dirigiera un ejército para acabar con la rebelión que se estaba levantando. Al acercarse el ejército de Hazrat Ala (ra), perdieron sus animales de monta en el desierto. Hazrat Ala (ra) les aseguró que no tenían por qué preocuparse, pues eran musulmanes y Dios les apoyaría, aunque su situación pareciese grave. Hazrat Ala (ra) rezó mucho y, como resultado, surgió un manantial de agua en un lugar donde no había agua, y a la mañana siguiente, sus animales de monta volvieron corriendo y encontraron todas sus pertenencias intactas.

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Ala (ra) transmitió estos incidentes a Hazrat Abu Bakr (ra) en una carta. Hazrat Abu Bakr (ra) rezó y agradeció a Dios.

Su Santidad (aba) dijo que continuaría relatando estos incidentes en futuros sermones.

Resumen preparado por The Review of Religions

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