Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad, Tilford, Surrey, REINO UNIDO

Después de recitar el Tashahud, Ta’awuz y Surah Al-Fatiha, Hazrat Jalifat-ul-Masih V (aba) dijo:

Hoy, en relación a los Compañeros Badri (que participaron en la batalla de Badr), presentaré algunos relatos de la vida de Hazrat Mu‘az bin Hariz (ra). Hazrat Mu‘az (ra) pertenecía al clan Banu Malik bin Nayyar, de la tribu Jazrall de los Ansar. El nombre de su padre era Hariz bin Rifa‘ah y el nombre de su madre era Afraa bint Ubaid. Hazrat Mu‘awwiz (ra) y Hazrat Auf (ra) eran sus hermanos. A estos tres hermanos también se les llamaba por el nombre de su madre, aparte del nombre de su padre. Por lo tanto, los tres también solían llamarse Banu Afraa (los hijos de Afraa). Hazrat Mu‘az (ra) y sus dos hermanos, Hazrat Auf (ra) y Hazrat Mu‘awwiz (ra), participaron en la batalla de Badr. Tanto Hazrat Auf (ra) como Hazrat Mu‘awwiz (ra) fueron martirizados durante la misma, pero Hazrat Mu‘az (ra) sobrevivió y participó en todas las batallas posteriores junto con el Santo Profeta (sa).

Según cierta narración, Hazrat Mu‘az bin Hariz (ra) y Hazrat Raafi ‘bin Malik Az-Zuraqiyy (ra) estaban entre los primeros Ansar que aceptaron al Santo Profeta (sa) en La Meca. Hazrat Mu‘az (ra), por su parte, fue uno de los ocho Ansar que aceptaron al Santo Profeta (sa) durante la primera promesa en Aqabah, lugar cerca de La Meca. Asimismo, Hazrat Mu‘az (ra) también estuvo presente durante la segunda promesa en Aqabah. Cuando Hazrat Mu’ammar bin Hariz (ra) emigró de La Meca a Medina, el Santo Profeta (sa) estableció un vínculo de hermandad con Hazrat Mu‘az.

Aunque los detalles de la muerte de Abu Yahl ya se presentaron en un sermón del año pasado, los presentaré aquí nuevamente, debido a su importancia en relación con Hazrat Mu‘az (ra). Las narraciones que presentaré son de Bujari y como no puedo presentar un resumen, será necesario leer toda la narración de Bujari.

Salih bin Ibrahim narra lo siguiente de su abuelo Hazrat Abdur Rahman bin Auf, quien dijo:

“Mientras estaba de pie en fila para la batalla de Badr, miré a mi derecha e izquierda y encontré a dos jóvenes pertenecientes a los Ansar. Me dije: ¡Ojalá yo estuviera entre aquellos que fueran más jóvenes y fuertes que ellos! En ese momento uno de ellos me llamó y me preguntó: Tío, ¿reconoces a Abu Yahl? Y le dije: sobrino, ¿qué quieres de él? Él respondió: “Escuché que insulta al Santo Profeta (sa). Juro por Dios, en Cuyas manos está mi vida, que si le veo, mis ojos no se separarán de los suyos, hasta que uno de los dos – a quién le haya sido decretado antes su fin – muera”.

Hazrat Abdur Rahman bin ‘Auf continúa diciendo: “Estas palabras me dejaron asombrado”. Entonces, el otro chico que estaba de pie al otro lado me tocó y me hizo la misma pregunta. Al cabo de un rato, vi a Abu Yahl caminando entre las filas y les dije: Ésa es la persona por la que habéis preguntado. Al escuchar ésto, corrieron hacia él desenvainando sus espadas y lanzaron su ataque hasta que murió.

Tras ello, volvieron al Santo Profeta (sa) para informarle de lo acontecido. El Santo Profeta (sa) preguntó: ¿Cuál de vosotros lo mató? Ambos respondieron que lo habían matado. El Santo Profeta (sa) luego preguntó: ¿Habéis limpiado vuestras espadas? Respondieron que aún no lo habían hecho. El Santo Profeta (sa) examinó sus espadas y dijo: Ambos lo habéis matado. Después dijo: Su riqueza será entregada a Mu’az bin Amr bin Yamuh”. Ambos se llamaban Mu’az: uno era Mu’az bin ‘Afraa y el otro Mu’az bin‘ Amr bin Yamuh”. Esta es una narración de Sahih Bujari.

Hazrat Anas (ra) narra que el día de la batalla de Badr, el Santo Profeta (sa) dijo: “¿Quién irá a ver qué le ha sucedido a Abu Yahl? Entonces, Hazrat Ibn Mas’ud (ra) fue y vio que los dos hijos de Afraa, Hazrat Mu’az y Hazrat Mu’awwiz, lo habían atacado con sus espadas, hasta el punto que estaba al borde de la muerte. Hazrat Ibn Mas’ud (ra) fue hacia él y le preguntó si era Abu Yahl y cuenta que agarró a Abu Yahl por la barba mientras que Abu Yahl dijo: ¿Existe alguna persona de mayor rango que él a quién tú hayas asesinado? O preguntó, ¿hay alguien mayor en rango que él al que su pueblo le haya asesinado?”.

Ahmad bin Yunus ha mencionado este incidente en una narración, de la siguiente manera: Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud dijo: “¿Eres Abu Yahl?”. Esta es también una narración recogida por Bujari.

En relación a esta narración encontrada en Bujari, Hazrat Sayyid Zain-ul-Abidin Waliul’lah Shah Sahib escribe en su comentario: “En algunas narraciones se menciona que los dos hijos de Afraa, Mu’awwiz y Mu’az, atacaron a Abu Yahl hasta el punto de dejarle al borde de la muerte y Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud le cortó la cabeza más tarde”. Esto se menciona en Bujari, en el Libro de Maghazi o “Expediciones militares”.

Al’lama Ibn Hallar Asqalani ha expresado la posibilidad de que Mu’awwiz bin Afraa también lo hubiese atacado (a Abu Yahl), después de que Mu’az bin Amr y Mu’az bin Afraa ya lo hubieran hecho previamente.

Con respecto a quién participó en la muerte de Abu Yahl durante la batalla de Badr, en otra parte encontramos los siguientes detalles. Ibn Hisham narra de Al’lama Ibn Ishaq que Mu’az bin Amr bin Yamuh cortó la pierna de Abu Yahl, como resultado de lo cual cayó al suelo. Entonces, Ikrimah bin Abu Yahl golpeó la mano de Hazrat Mu’az con su espada y se la cortó. Le cortó la mano o el brazo. Después, Mu’awwiz bin Afraa atacó a Abu Yahl; Abu Yahl cayó al suelo, pero aún estaba vivo. Posteriormente, Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud separó la cabeza de su cuerpo y esto ocurrió cuando Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud fue enviado por el Santo Profeta (sa) para encontrar a Abu Yahl entre los que habían sido muertos; es decir, fue entonces cuando Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud separó la cabeza de su cuerpo.

Según un Hadiz de Sahih Muslim, los dos hijos de Afraa atacaron a Abu Yahl con tanta ferocidad que murió como resultado de ello. Del mismo modo, en Bujari, bajo el título de “la muerte de Abu Yahl”, lo ha registrado de manera similar. Por su parte, el imam Qurtubi expresa dudas acerca de que los dos hijos de Afraa mataran a Abu Yahl. Dice que algunos narradores confundieron a Mu’az bin Amr bin Yamuh, es decir, que en lugar de Mu’az bin Afraa, en realidad fue Mu’az bin Amr bin Yamuh quien mató a Abu Yahl, pero la gente pensó que fue Mu’az bin Afraa. Dice que Mu’az bin Amr bin Yamuh fue confundido con Mu’az bin Afraa. Al’lama Ibn al-Yawzi dice que Mu’az bin Yamuh no pertenecía a la progenie de Afraa y que Mu’az bin Afraa fue uno de los individuos que mataron a Abu Yahl. Tal vez, un hermano o tío paterno de Mu’az bin Afraa estuvo presente en ese momento, o solo mencionó a uno de los hijos de Afraa, pero el narrador puede haber mencionado erróneamente a ambos hijos.

Abu Umar afirma que la narración más fiable es la de Hazrat Anas bin Malik (ra), en la que se afirma que Ibn Afraa mató a Abu Yahl, es decir, uno de los hijos de Afraa. Ibn Tin relata que existe la posibilidad de que ambos Mu’az, es decir, Mu’az bin Amr bin Yamu y Mu’az bin Afraa fueran hermanos de la misma madre, o que fueran hermanos adoptivos (que fueron destetados por la misma nodriza). Al’lamah Daudi dice que los dos hijos de Afraa eran realmente Sahl y Suhail, y dice que ambos eran Mu’awwiz y Mu’az.

Estos son algunos relatos en los que se menciona que tres personas mataron a Abu Yahl, o que lo hicieron dos personas y entre ellas se menciona a Hazrat Mu’az bin Hariz (ra).

Mientras describe las circunstancias de la batalla de Badr y el incidente relacionado con la muerte de Abu Yahl, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

La situación en el campo de batalla se intensificó y hubo un gran derramamiento de sangre. Frente a los musulmanes había un grupo tres veces más grande que ellos, que había entrado en el campo de batalla equipado con todo tipo de parafernalia militar, decidido a borrar cualquier rastro del islam. Los pobres musulmanes eran mucho menos numerosos e iban peor equipados, debido a la pobreza y el exilio, y en lo que respecta a los medios que disponían, aparentemente eran presas fáciles frente la gente de La Meca. Sin embargo, estaban embriagados por el amor de la Unidad Divina y el Profetazgo. La fe viva es poderosa y no se puede comparar con ningún poder terrenal, y por ello estaban poseídos de una fuerza sobrenatural. En ese momento, en el campo de batalla, dieron un ejemplo incomparable de servicio a la fe.

Cada hombre se adelantaba más que el otro, dispuesto a ofrecer su vida por la causa de Dios. Hamzah (ra), Ali (ra) y Zubair (ra) rompieron las filas de los enemigos. La apasionada sinceridad de los Ansar fue tal que Abdur Rahman bin ‘Auf (ra) relata:

“Cuando comenzó la batalla propiamente dicha, miré a mi derecha e izquierda, y vi a dos muchachos de los Ansar a ambos lados. Al verlos, mi corazón se encogió, porque en tales guerras, el resultado de la batalla depende en gran medida de los compañeros que tengas a derecha e izquierda. Solo esas personas pueden pelear de forma efectiva, cuyos laterales están protegidos”.

Abdur Rahman (ra) agrega:

“Estaba pensando en ésto, cuando uno de los dos muchachos me preguntó en un susurro, como guardando el secreto del otro (es decir, para que el del otro lado no lo escuchara): ‘¡Oh, tío! ¿dónde está ese Abu Yahl, quién causaba dolor al Santo Profeta (sa) en La Meca? Juré a Dios que lo mataría o que yo moriría en el intento’. Todavía no había respondido, comenta Abdur Rahman bin ‘Auf (ra), cuando el otro también susurró la misma pregunta. Al presenciar su coraje me sorprendí, porque Abu Yahl era el general del ejército y estaba rodeado de veteranos guerreros. Lo señalé diciendo: Aquél es Abu Yahl”.

Abdur Rahman (ra) afirma:

“Justo acabé de señalar quién era Abu Yahal, cuando ambos jóvenes corrieron hacia adelante como halcones y, atravesando las filas enemigas, llegaron allí en un instante. Ejecutaron el asalto tan rápidamente que Abu Yahl y sus camaradas quedaron estupefactos, al mismo tiempo que Abu Yahl cayó al suelo”.

Ikramah bin Abu Yahl también acompañaba a su padre; aunque no pudo salvarlo, logró golpear a Mu‘az (ra) desde atrás de manera que le cortó el brazo izquierdo y este quedó descolgado. Mu‘az (ra) persiguió a Ikramah, pero escapó. Dado que un brazo descolgado era un obstáculo para seguir luchando, Mu‘az (ra) lo arrancó con fuerza de su cuerpo y continuó luchando”.

Mencionando este incidente, Hazrat Jalifatul Masih II (ra) afirma:

“Abu Yahl fue la persona por quien, con motivo de su nacimiento, se sacrificaron camellos durante semanas y se distribuyó la carne entre la gente; y cuyo nacimiento fue también celebrado con gran regocijo por los habitantes de La Meca con panderetas, tambores y otros instrumentos musicales”.

Luego escribe: “Cuando fue asesinado durante la batalla de Badr, fueron dos jóvenes de quince años pertenecientes a los Ansar quienes lo hirieron”.

Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud (ra) relata:

“Cuando la gente regresó de la batalla, fui a ver a los heridos en combate”. Él también era de La Meca por lo que Abu Yahl lo reconoció instantáneamente. Y dice: “Caminaba por el campo de batalla cuando de repente vi a Abu Yahl gimiendo herido. Cuando me acerqué a él, me dijo: No parece que vaya a sobrevivir a esto, he sido malherido. Ya que también eres un mequí, es mi deseo que me mates para poner fin a mi sufrimiento. Pero como sabes, soy un jefe árabe y es una costumbre árabe cortar el cuello de forma prominente, ya que es el signo de un jefe asesinado. Por eso quiero que tú me cortes el cuello de esa manera”. Hazrat Abdul’lah bin Mas’ud (ra) continúa diciendo: “Le corté el cuello sí, pero no enteramente (es decir, cerca de su barbilla) y le dije que su último deseo no se iba a cumplir”. En su hora final, observad lo humillante que fue la muerte de Abu Yahl, cuya cabeza siempre se mantuvo alta en vida, pero en el momento de su muerte Masud (ra) le cortó el cuello sólo parcialmente y por tanto su último deseo no se cumplió.

Hazrat Rubayy bint Mu’awwiz (ra) relata: “Mi tío Hazrat Mu’az bin Afraa (ra) me entregó algunos dátiles frescos y me envió al Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) a su vez me dio algunas joyas que le había regalado el gobernador de Bahrein”.

En otra narración Hazrat Rubayy bint Mu’awwiz (ra) relata: “Mi tío Hazrat Mu’az (ra) me entregó un regalo para llevar al Santo Profeta (sa) y a cambio él le dio algunas joyas que había recibido del gobernador de Bahrein”.

Al’lamah Ibn Azir escribe:

“El gobernador de Bahrein y otros reyes comenzaron a enviar regalos al Santo Profeta (sa) cuando el islam se hubo extendido y fortalecido, y después de haber enviado cartas y regalos a dichos reyes. Él [el gobernador] también estuvo entre los que enviaron cartas en respuesta y regalos”.

Hazrat Mu’az bin Hariz (ra) se casó cuatro veces y los detalles de ello son los siguientes: primero se casó con Habibah bint Qais, con quien tuvo un hijo llamado Obeidul’lah. Su segunda esposa fue Umme Hariz bint Sabrah, con quien tuvo a Hariz, Auf, Salma, Umme Abdil’lah y Ramlah. Su tercera esposa fue Umme Abdil’lah bint Numair con quien tuvo a Ibrahim y A’isha. Su cuarta esposa fue Ramla bint Hariz, con quien tuvo a Sarah.

En su libro Usdul Ghabah, Al’lamah Ibn Azir ha registrado varias narraciones en relación al fallecimiento de Hazrat Mu’az (ra). Según una de estas narraciones, Hazrat Mu’az (ra) resultó herido en la batalla de Badr y falleció debido a sus heridas después de regresar a Medina. En otra narración, se dice que vivió hasta el Jalifato de Hazrat Usman (ra). Según otra narración, vivió hasta el Jalifato de Hazrat Ali (ra) y falleció durante la batalla de Siffin, que tuvo lugar entre Hazrat Ali (ra) y Amir Mu’awiyyah, en el año 36 al 37 D.H. Hazrat Mu’az (ra) luchó junto a Hazrat Ali (ra). En cualquier caso, hay diferentes relatos sobre su fallecimiento. Si uno analiza los relatos relacionados con su matrimonio y sus hijos, parece que vivió una larga vida, siempre que estas narraciones se refieran a él.

Después de hablar de los relatos sobre este Compañero (ra), versaré sobre el respetado Rana Naim ud Din Sahib, hijo de Feroz-ud-Din Munhsi Sahib, que falleció el 19 de abril de 2020.

[árabe]

“Todos venimos de Al’lah y hacia Él será el retorno”.

Llevaba enfermo durante bastante tiempo y con frecuencia iba al hospital por diversas dolencias. Los médicos decían que su final estaba cerca, pero Dios Altísimo le derramaba Su gracia y se recuperaba. Cuando se encontraba con fuerzas y podía caminar de nuevo, venía a la mezquita. Sin embargo, la dolencia más reciente resultó ser su enfermedad final, debido a la cual ha fallecido.

Según la documentación oficial, Rana Sahib nació en 1934, pero según otras versiones nació en 1930 ó 1932. En los documentos oficiales se registra como 1934 y de acuerdo con esto tenía 86 años de edad. El Ahmadíat llegó a su familia a través de su padre en 1906, cuando hizo la promesa de lealtad (Bai’at) al Mesías Prometido (as) a través de una carta. Después de la partición de la India y Pakistán, su familia permaneció en Lahore; luego, en 1948, Rana Sahib se estableció en Rabwah.

Más tarde ofreció sus servicios para el batallón Furqan. Después de servir en el batallón Furqan, Hazrat Jalifatul Masih II (ra) envió a Rana Sahib cerca de Mirpur Jaas para trabajar en unas tierras, donde permaneció unos años. Fue un miembro muy antiguo del sistema Wassiyat, al que se unió en 1951. Estuvo casado con Sara Parvin, que era la nieta de Doulat Jan Sahib, un Compañero de Mesías Prometido (as).

Según el registro del departamento de la oficina de Hifazat-e-Jaas [Seguridad Especial], el 3 de agosto de 1954, Rana Naim ud Din Sahib fue nombrado “suplente”. Desde noviembre de 1955 al 11 de mayo de 1959 trabajó como guardaespaldas en Hifazat-e-Jaas. Hazrat Jalifatul Masih II (ra) solía ir durante muchos meses a Najla Yaba, para trabajar en su gran comentario del Sagrado Corán. El fallecido también fue con él y, como no había electricidad, tenía la responsabilidad de mantener el generador de diesel y la seguridad de la pequeña vecindad en la que residían.

Según los registros de Wassiyat, se retiró de Hifazat-e-Jaas en 1978 y se mudó a Harappa, en el distrito de Sahiwal, donde más tarde desempeñó el cargo de vigilante de la mezquita de dicha localidad. En octubre de 1984, los adversarios del Ahmadíat atacaron la mezquita Bait ul Zikar de Sahiwal en la que se encontraba de guardia. Como Rana Naim ud Din Sahib respondió al ataque, presentaron cargos judiciales contra él y otras diez personas más. Así, desde el 26 de octubre de 1984 hasta marzo del 1994 tuvo la bendición de ser prisionero en el camino de Al´lah. La policía, en vez de emprender alguna acción contra los atacantes, implicó a los once áhmadis en casos judiciales y posteriormente fueron sentenciados. Este caso fue remitido a un tribunal militar especial, durante la época del general Zia-ul-Haq.

El juicio comenzó oficialmente el 16 de febrero de 1985 y continuó hasta el 1 de junio de 1985. Inicialmente había once personas implicadas en este caso, pero más tarde, fueron solo siete. El caso de Rana Naim ud Din Sahib se declaró “pendiente”. De los once, dos se fueron al extranjero y dos fueron liberados. El caso de los siete restantes fue declarado “pendiente”. Más tarde, el mismo tribunal militar especial emitió un veredicto de pena de muerte para Rana Naim ud Din Sahib y Elias Munir Sahib, Murabi-e-Silsilah [misionero]. Los otros cinco fueron condenados a penas de veinticinco años de prisión. Entonces, se pidió un recurso contra estas sentencias y el Tribunal Superior de Lahore ordenó su liberación en 1994. Cuando se completó el papeleo, fueron liberados formalmente el 19 de marzo del 1994. Como tal, estos prisioneros fueron bendecidos en el camino de Dios por pasar nueve años y medio en la cárcel. Luego, los adversarios presentaron un recurso ante el Tribunal Supremo contra la decisión del Alto Tribunal de indultarlos. La vista judicial comenzó en mayo del 2013 y a pesar de que las dos personas estaban en el extranjero y no atendieron el juicio, este caso sigue pendiente hasta el día de hoy.

Durante el periodo de encarcelamiento, fue torturado por la policía y forzado a confesar falsamente que, como guardaespaldas del Jalifa, éste le había enviado para matar a musulmanes. Después de haber sido absuelto, Rana Naim ud Din Sahib se mudó a Londres en 1994. Aquí, a pesar de su edad, continúo con sus obligaciones en Hifazat-e-Jaas. En el 2010, su hija mayor falleció y a los pocos días, también su mujer. Entonces me preguntó si podía viajar a Pakistán. Aunque las circunstancias parecían difíciles, le dije que lo hiciera, pero que volviera rápido. Viajó allí durante unos días y después regresó.

El fallecido deja detrás un hijo y cuatro hijas. Su hijo, Wasim Ahmad es un consagrado [waqf-e-zindagi], que trabaja en la oficina del secretario privado aquí en el Reino Unido. Todas sus hijas viven en Londres.

Su hijo, Wasim Sahib, escribe:

“Nuestro padre siempre nos enseñó a permanecer unidos al Jalifa y que todo está vinculado al Jalifato. Sentía un inmenso amor por el Jalifato. Decía que al desempeñar sus obligaciones y ver al Jalifa, se sentía rejuvenecido. Afirmaba que el secreto de su buena salud, a pesar de su edad, era que continuaba con sus obligaciones ya que, de lo contrario, estaría en la cama en casa. Era muy puntual en sus turnos y se preparaba dos o tres horas antes de lo previsto. Si le decía que quedaba mucho tiempo, me respondía: Y entonces, ¿qué haré sentado en casa?”.

Un médico llamado Hisham ha escrito algo similar, porque se sorprendió después de leer su historial médico, de que normalmente una persona, a su edad y con las enfermedades que padecía, se queda en casa o va a una residencia; sin embargo él seguía caminando como de costumbre. Rana Sahib le dijo a este médico que el secreto de su éxito era que iba a hacer los turnos de su trabajo y permanecía en la bendita compañía del Jalifa de la época.

Su hijo, Wasim Sahib, continúa escribiendo:

“Habitualmente le masajeaba las piernas. En una ocasión, mientras le estaba dando un masaje y me acerqué a sus rodillas, le salió un pequeño quejido. Le pregunté qué le pasaba, pero me dijo que no era nada. Al insistir, me dijo que era el resultado de las heridas sufridas en la cárcel. Siempre mostró paciencia y firmeza (cuando imponen castigos en las cárceles de Pakistán, lo hacen de la manera muy cruel, pero a pesar de todo, él soportó todo con paciencia), y continuó demostrando un nivel de paciencia ejemplar, incluso después de su liberación. Si alguna vez caía enfermo, no se lo decía a nadie y a menudo solía manifestar: ¡Toda alabanza pertenece a Al´lah. Estoy bien!”.

En relación al estándar de su obediencia hacia el Jalifato, dice:

“A menudo le pedía a mi padre que me narrara relatos. Un día me senté con él y me dijo: Cuando Hazrat Jalifatul Masih II (ra) viajó a Najla Yaaba para escribir su Tafsir [comentario del Sagrado Corán], tuve la oportunidad de acompañarle (como he mencionado previamente) y debido a algo que hice, Hazur se disgustó conmigo (es decir, Hazrat Jalifatul Masih II -ra- expresó su descontento con Rana Naim ud Din Sahib). Hazur me ordenó que fuera a la mezquita y recitara el istighfar [búsqueda del perdón de Al´lah]. Así que me fui a la mezquita. La mezquita de Yaaba, en ese momento, estaba hecha de ladrillos de barro y tenía un patio muy pequeño. Me senté en el patio y comencé a recitar el istighfar. De repente, vino una gran tormenta y comenzó a llover intensamente, pero yo continué sentado allí recitando istighfar. Pasó bastante tiempo y una de las marquesinas de la mezquita voló. Hazur, es decir, Jalifatul Masih II (ra), preguntó: ¿Dónde está Naim? Algunas personas salieron a buscarme y finalmente llegaron a la mezquita, y me informaron que Hazur me estaba llamando. Cuando me presenté delante de Hazrat Jalifatul Masih II (ra) dijo: Sabía que estarías sentado allí. Te he perdonado, por lo tanto, puedes irte”.

Su hijo continúa diciendo:

“Cuando Hazrat Jalifatul Masih II (ra) comenzó a escribir su Tafsir, mi padre tuvo la oportunidad de permanecer cerca de él y servirle. Siempre expresó una gran alegría por tener esta oportunidad. También tenía como costumbre compartir con todo el mundo sus noticias de felicidad, pero nunca contaba a nadie las noticias tristes o de aflicción.

Al describir sus cualidades, escribe:

“Fue un padre excepcionalmente compasivo y un amigo sincero. Cuando mi waqf [consagración] fue aceptada, me dijo un día que era una gran responsabilidad y que debía cumplir este waqf buscando siempre el arrepentimiento y el perdón de Dios Altísimo. Me aconsejo que si alguna vez alguien me causaba dolor, permaneciera en silencio y no discutiera, que dejara el asunto en manos de Dios y que siempre fuera paciente, porque Dios Altísimo está con los que muestran paciencia. Siempre impartía consejos como un amigo”.

Y continúa diciendo:

“Siempre trataba a mi esposa (es decir, la nuera del Sr. Naim) como a una amiga íntima, de hecho incluso más cercana que la suya propia. También me dijo una vez, que tuvo la oportunidad de hacer guardia en la residencia de Hazrat Amma Yaan (ra) (la esposa del Mesías Prometido (as)) en Rabwah. Cuando entró en el sistema de Al Wassiyat, también animó a sus familiares a participar en él. Era muy regular en el pago de su chanda (sacrificio financiero) y lo pagaba a principios de cada mes, y sólo después de eso gastaba su dinero en cualquier otra cosa. Siempre ayudaba discretamente a los demás y nunca se lo mencionaba a nadie”.

Sus hijas escriben que su padre tenía un amor tan inmenso por el Jalifato que era envidiable. El amor por el Jalifato estaba imbuido en cada célula de su ser y siempre que se mencionaba al Jalifa actual, sus ojos se llenaban de lágrimas.

En cuanto al respeto que mostró hacia sus superiores, una de sus hijas escribe:

“En una ocasión, todas las hermanas, junto con nuestro padre, estábamos sentadas en la oficina del secretario privado esperando para nuestro mulaqat (entrevista con Hazur), cuando de repente vimos a nuestro padre ponerse de pie, alerta, como si estuviera de servicio. Nos sorprendimos de su reacción repentina. Cuando levanté la vista un poco, noté que el Naib Afsar Hifazat (jefe de seguridad adjunto) había entrado en la oficina, ya sea para atender algún trabajo o por alguna otra cosa, y por respeto a él, mi padre se había puesto de pie. Mientras estuvo en la oficina, mi padre permaneció continuamente de pie y sólo se sentó cuando se fue”.

Y añade:

“Aunque este incidente sólo duró unos pocos minutos, sin embargo, aprendimos mucho de él. Durante toda su vida, siempre nos aconsejó que si queríamos tener algún éxito en la vida, debíamos adherirnos al Jalifato como un metal se pega a un imán”.

Esta hija escribe además:

“Unos días antes de su muerte, nuestro padre nos dio regalos de Eid a todas las hermanas y a nuestro hermano, y también a la esposa de mi hermano. Le dijimos a nuestro padre que el mes de Ramadán aún no había empezado; sin embargo dijo que no se puede garantizar nada sobre el futuro, por lo que no se debe retrasar el cumplimiento de nuestras obligaciones”. Por lo tanto, dio a sus hijos regalos de Eid unos días antes de su muerte.

Su nuera escribe:

“Me cuidaba mucho y siempre me aconsejaba como un padre. Cuando mi padre falleció, nos dijo a mi marido y a mí que fuéramos inmediatamente a Pakistán y asistiéramos al funeral”.

Su nuera escribe además:

“Cuando me despertaba por la noche, lo veía rezando. Tenía un amor sin límites por el Jalifato (casi todos han escrito sobre su relación de gran lealtad hacia el Jalifato). A menudo decía que fue gracias a las oraciones del Jalifa que tuvo la oportunidad de servir como prisionero [debido a su fe] y que fue también, gracias a las oraciones del Jalifa, que vivía aquí, en este país. También decía que gracias a las oraciones del Jalifa nadie sabe lo que le pasó al Presidente del país (Pakistán) que firmó los documentos para nuestra sentencia de muerte, pero él (es decir, Sr. Rana Naim) apareció ante el mundo como un signo vivo”.

Otra de sus hijas, Abida Sahiba, escribe:

“Siempre aconsejaba a nuestros hijos que desarrollaran un fuerte vínculo con Dios y el Jalifato, y les decía que todo su éxito dependía de ello. Nos animaba a recitar el Sagrado Corán y era regular en ofrecer su oración de tahayyud“.

Escribe además:

“Nunca he visto en toda mi vida que se perdiera la oración de tahayyud; de hecho, rezó profusamente por todos nosotros. Era muy hospitalario y siempre cuidaba de sus parientes menos ricos. El Sr. Naim continuó pagando regularmente el chanda en nombre de sus padres y su esposa, incluso después de la muerte de ésta”.

También afirma que: “A menudo le oía recitar en voz alta el siguiente pareado:

¡Mi Señor, ya sea una gracia otorgada por Ti o una aflicción,

contentos permaneceremos con Tu Divina voluntad!

Escribe además:

“Después de la muerte de nuestra madre, cuidó aún más de todas nuestras hermanas y trató a su nuera mejor que a sus hijas. Siempre que traía algo o cuando daba un regalo de Eid, siempre se lo daba primero a su nuera y luego a nosotras. Ddecía: “Hemos traído a la hija de otro a nuestra casa, por lo tanto debemos cuidarla más, ya que seré responsable de ella ante Dios”.

Otra hija escribe:

“De hecho, aguantó el tiempo que pasó en prisión mostrando satisfacción por la voluntad de Dios Altísimo, amor por su fe y por el Jalifato. No escuchamos la más mínima expresión de descontento por ello, ni tan siquiera una queja. Ofreció sus oraciones obligatorias y las oraciones voluntarias de tahayyud a tiempo. Incluso durante su enfermedad, nunca se perdía la oración.

Debido a la tortura que sufrió en la prisión, desarrolló problemas en sus riñones, que se intensificaron en las últimas etapas de su vida, y también tuvo problemas respiratorios. Pero no escuchamos que pronunciara palabra alguna de angustia o desesperación. Siempre decía: ‘¡Todas las alabanzas pertenecen a Al’lah’ y nada más!”.

Otra hija afirma que los cuidó tanto, que una vez les dijo que ahora que tenía 86/87 años de edad y que no sabía nada sobre el futuro, en cuanto a si seguiría vivo o moriría. Por lo tanto, les dijo que al morir debían llevarle a Pakistán. Además, dijo a sus hijas que había guardado dinero para sus billetes de avión, para que cuando llegase el momento de realizar su funeral no necesitaran pedírselo a sus esposos y pudieran acudir al funeral de su padre con el dinero proporcionado por él mismo”. Debido a la situación actual, no es posible que el féretro sea llevado a Pakistán. Ha sido enterrado aquí temporalmente y cuando sea posible -si Dios quiere- haremos lo necesario para que sea llevado allí de acuerdo con sus deseos.

Uno de sus sobrinos, Rana Shabir Sahib, que sirve en el hospital coronario Tahir Heart de Rabwah, afirma:

“Durante los años de su encarcelamiento, tuve numerosas oportunidades de ir a visitar al Sr. Rana Naim. Cada vez que íbamos a la prisión a darle algunas provisiones, quedábamos muy inquietos; sin embargo él siempre nos aconsejaba mostrar paciencia y rezar. Era una persona extremadamente noble que siempre mostraba paciencia”.

Del mismo modo, una sobrina escribe:

“Hasta 1980 residió en los recintos de Qasr-e-Jilafat (residencia oficial del Jalifa) y cuando íbamos al Yalsa, algunas familias no-áhmadis también venían con nosotros (esta es la sobrina de su esposa, Rubina Sahiba). Nuestro tío [Rana Sahib] decía a su esposa que los invitados deben ser bien atendidos y que no deben experimentar ninguna molestia en cuanto a su comida o en sus arreglos para dormir. Si había escasez de espacio, ponía a sus hijos a dormir en una tienda de campaña o en la cocina, y dejaba que los huéspedes durmieran en los mejores sitios de la casa, como las habitaciones o la terraza. Y decía: “Estos son huéspedes del Mesías Prometido (as) y no deben sufrir ningún tipo de molestia”.

Uno de sus sobrinos dice que, cuando lo visitó en la cárcel y preguntó por él y también por lo que había pasado, respondió de forma apasionada: “Hijo, siempre debes salvaguardar el honor del kalima [declaración de la fe musulmana], aunque eso signifique sacrificar tu vida en ello”.

 

Su sobrino escribe además: “Sentí como si estas no fueran las palabras de un humano, sino las de un ángel. Era un áhmadi increíblemente valiente y valeroso, que siempre defendía la santidad del kalima y tenía una gran reverencia por el Jalifato”.

Continúa diciendo: “Cuando me mudé a Londres desde Bélgica, me aconsejó: ‘Asegúrate de permanecer unido al Jalifato. Ya que te has mudado aquí por el Jalifato, si no escuchas y respondes a todas las directivas emitidas por el Jalifa, entonces venir aquí no te será de ningún beneficio’. También dijo: ‘Asegúrate de ser regular en tus oraciones y cuando te enfrentes a cualquier dificultad, en lugar de preocuparte y estresarte, siempre dirígete a Dios Altísimo”. Era muy reacio a la mentira y a la hipocresía. Mostraba gran diligencia en el cumplimiento de su deber. Cuando en realidad se sentía mal y su familia le aconsejaba quedarse en casa para descansar, se negaba y decía que se sentía bien, y que como se le había concedido la oportunidad de servir en su edad avanzada, estos días eran una bendición para él”.

Elyas Munir Sahib, que estuvo en prisión junto a Rana Sahib, escribe: “Pasé una parte importante de mi vida con Rana Sahib, pero no he podido verlo en sus últimos días, lo que me ha dejado muy entristecido. Estuve en prisión con el difunto Rana Sahib durante casi diez años. No lo vi perder la esperanza ni por un momento durante todo ese tiempo. Hasta el punto de que cuando la pena de muerte fue injustamente dictada para él por el dictador militar, escuchó la directiva de manera alegre. Tenía una familia numerosa y todos sus hijos eran jóvenes. Aunque no tenía un ingreso estable, poseía una confianza increíble en Dios Altísimo. Le apasionaba servir a la fe y sólo se preocupaba por mantener el honor de la Yama’at. Siempre que se preocupaba, decía: “Sus intenciones son peligrosas. Sólo Al’lah el Altísimo puede salvaguardarnos de ellas”. Dios Altísimo se aseguró de que sus asuntos estuvieran siempre en orden y todas sus hijas se casaron durante el tiempo que estuvo encarcelado”.

Elyas Munir Sahib dice también que nunca olvidará el incidente que tuvo lugar cuando los alborotadores atacaron la mezquita y comenzaron a difamar el kalima tayyiba [declaración de fe musulmana], versículos del Corán y partes de los Hadices. Al describir este incidente, dice: “Fue la primera vez que le oí hablar en un tono estruendoso cuando les desafió [es decir, a los alborotadores] diciendo: ‘¿Quiénes son ustedes para borrar el kalima? ¿Quiénes son ustedes para borrar el kalima?” Escribe, además: “Hasta entonces, nunca le había oído hablar en urdu, pero en ese momento habló en urdu y de forma poderosa. Él solo obligó a los treinta o cuarenta atacantes a esconderse primero en un lado de la mezquita y luego los hizo huir”. Y añade: “No sólo lo hizo con determinación, sino que cuando el jefe de la policía le preguntó quién había disparado, no dudó ni un momento y se adelantó diciendo que fue él quien abrió fuego. Posteriormente fue sometido a graves crueldades e hicieron todo lo posible para obligarle a decir que lo hizo por orden de los funcionarios de la Comunidad. Sin embargo, fue verdaderamente notable ver a este valiente individuo de corazón no permitir que ni siquiera una pizca de culpa cayera sobre la Yama’at. En realidad, los funcionarios no sabían que tenía un arma personal. Además, nunca sucumbió a la presión del tribunal, aunque se trataba de un tribunal militar especial. Tanto verbalmente como en declaraciones escritas, aceptó valientemente y con una clara conciencia que él fue quien abrió fuego. Fue por esta valentía y valor, honestidad y pasión por servir a la fe, que Dios Altísimo le concedió éxito y honor, y así pudo servir al Jalifato hasta el final”.

Elyas Munir Sahib escribe, además: “Durante nuestro encarcelamiento, su padre le enviaba el sermón de Hazrat Jalifatul Masih IV (rh). Como la MTA aún no se había establecido en esos días, recibíamos un escrito con el sermón del viernes, que el padre de Rana Sahib nos traía. Rana Sahib me sentaba y decía que leyera el sermón”. A los prisioneros del corredor de la muerte nos mantenían en celdas separadas, pero se nos permitía salir por un corto tiempo. Durante el tiempo en que se nos permitía salir, se dedicaba a escuchar el sermón del viernes y lo hacía con gran regularidad.

Luego escribe: “Siempre que era posible, se aseguraba de que ofreciéramos las oraciones en congregación. De hecho, siempre que le fue posible, llamaba a los otros áhmadis en prisión para que se unieran a nosotros [para rezar]”.

Con respecto al Ramadán escribe: “Durante nuestro tiempo en prisión, observamos los duros ayunos del Ramadán en los meses de mayo, junio y julio. A pesar de su edad avanzada y las dificultades de la prisión, ayunaba todo el mes de Ramadán”.

Escribe además: “Demostró una extraordinaria resolución y paciencia, y afrontó felizmente todas las situaciones. Cuando se pronunció el veredicto de su pena de muerte, mostró un inmenso coraje y resolución, y esto fue algo que también sintieron otros”. Escribe: “Cuando se emitió el veredicto de pena de muerte con la firma del Rresidente de la nación, un director de la prisión vino a Rana Naim ud Din Sahib, que era mayor que él y dijo: “Los mirzais [un término peyorativo usado por los no-áhmadis para referirse a los áhmadis] son muy extraños. Se les ha dado la fecha de su pena de muerte y su fin está cerca, pero no expresan ninguna señal de preocupación. No se preocupan en lo más mínimo”. Luego, siguió haciendo comentarios durante un largo tiempo. Rana Sahib dijo que entendió que el director no sabía que él era áhmadi. Así pues, cuando terminó de hablar, Rana Sahib le preguntó: “¿Ves algún signo de preocupación en mi expresión? Respondió negativamente. Entonces el director se quedó de piedra, al decirle Rana Naim Sahib que él era también áhmadi, y era de los sentenciados”.

Al final, leeré una carta que Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) envió a Rana Naim ud Din Sahib en septiembre de 1986. Parte de la carta recoge lo siguiente: “He recibido sus cartas sinceras y sentidas. Se mantiene firme con una fe inquebrantable, lo que es muy admirable. Los elegidos de Dios que desean alcanzar los más altos rangos deben primero cruzar estos caminos difíciles y probatorios. Admiro mucho esta oportunidad con la que ha sido bendecido. Un árbol se reconoce por sus frutos. Todos ustedes son las ramas florecientes y los dulces frutos del árbol del Mesías Prometido (as) y Al’lah el Altísimo nunca los abandonará. La Yama’at está rezando por ustedes, mis oraciones también están con ustedes. Espero que hayan escuchado mi más reciente poema que trata de mis más sinceras oraciones y sentimientos por ustedes, y por aquellos miembros que sufren como ustedes. ¡Que Al’lah el Altísimo le ayude a través de sus ángeles y le salve de las garras del enemigo! ¡Que Al’lah esté usted!”. Esta fue parte de la carta que Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) envió a Rana Sahib.

Por su parte, Mubarak Siddiqui Sahib escribe: “Una vez le pregunté a Rana Sahib sobre sus años en prisión y las dificultades a las que se enfrentó. A esto Rana Sahib sonrió y dijo: “Nosotros, como áhmadis, hemos dedicado nuestras vidas a mostrar obediencia a Al’lah el Altísimo, Su Mensajero (sa) y el Jalifa de la época”. Por lo tanto, nunca he pensado que ninguna dificultad era difícil. Sigo contento con la voluntad de Dios Altísimo”.

Sin duda, estuvo contento con la voluntad de Dios hasta su último aliento. Cuando yo le preguntaba por su salud, respondía diciendo “Alhamdulil’lah” [todas las alabanzas pertenecen a Al’lah]. Cuando pasaba un tiempo en el hospital, volvía al día siguiente y decía que su salud estaba bien, y al mismo tiempo rezaba por mí.

Como mencioné anteriormente, un médico comentó que las personas que sufren de este tipo de dolencias y además tienen hinchazón en las piernas, normalmente no pueden salir de la casa; sin embargo, él venía a cumplir con su obligación. Los médicos estaban sorprendidos, pero qué poco sabían del profundo amor que Rana Sahib tenía por el Jalitato, y cómo este anhelo de permanecer cerca del mismo lo inspiraba para acudir a la mezquita a cumplir sus obligaciones. Siempre vi cómo emanaba de él tranquilidad y amor por el Jalifato. ¡Que Dios Altísimo le otorgue Su amor y afecto en la próxima vida, y le otorgue un lugar entre Sus seres queridos!

Yo le conocía desde la infancia y, como se mencionó anteriormente, Rana Sahib acompañaba a Hazrat Jalifatul Masih II (ra) cuando iba a Yaba Najla. Durante el verano, nosotros también acudíamos allí a pasar unos días durante los meses de calor. Rana Sahib siempre nos trataba con gran amabilidad y después de convertirme en Jalifa, esta relación incluso aumentó. Los sucesos que hemos escuchado sobre su lealtad y pasión por el Jalifato siempre se manifestaron en su forma de ser.

¡Que Dios Altísimo permita a sus hijos emular la lealtad mostrada por su padre y seguir sus pasos! Lamentablemente, debido a la situación actual y a las restricciones impuestas por el gobierno, no he podido dirigir su oración fúnebre. Si Dios quiere, dirigiré su oración fúnebre “in absentia” en un futuro.

Finalmente y con respecto a la pandemia actual, me gustaría decir que algunos áhmadis también se encuentran enfermos. Debemos rezar a Dios Altísimo para que les conceda una recuperación completa y también permita que todos sigamos los caminos de Su satisfacción. ¡Que Él nos capacite para adorarle en el verdadero sentido y cumplir con justicia con los derechos de la humanidad, y alivie rápidamente al mundo de esta pandemia! ¡Que Dios también faculte al mundo para que entre en razón y reconozca a Dios Único; para que acepten Su Unicidad y lo adoren! ¡Que Dios derrame su misericordia sobre todos!

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