En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
Related Contents from Topics

La excelencia personificada

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar Tashahhud, Ta’awwuz y Surah Al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

Siguiendo esta serie de relatos de las vidas de los Compañeros (Badri), en el sermón anterior narré incidentes de la vida de Hazrat Utbah bin Ghazwan que quedaron sin terminar. Existen algunos detalles más sobre él que narraré a continuación.

En el año 2 después de la Hégira, el Santo Profeta (sa) envió una expedición militar a Najlah bajo el liderazgo de Hazrat Abdul’lah bin Yahsh, quien era el hijo de la tía paterna del Santo Profeta. Hazrat Utbah también formaba parte de esta expedición. Anteriormente mencioné ciertos detalles sobre esta expedición en relación con otro Compañero. Sin embargo, mencionaré ahora también algunos breves detalles.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib escribe lo siguiente en Sirat Jataman Nabiyyin:

“El Santo Profeta (sa) decidió que los movimientos de los Quraish debían ser estudiados desde una distancia más cercana, para que toda la información necesaria con respecto a ellos estuviera disponible a tiempo y Medina pudiera protegerse de todo tipo de ataques repentinos. Por lo tanto, y con este propósito, el Santo Profeta (sa) reunió a un grupo de ocho Compañeros emigrantes. En un acto de sabiduría, el Santo Profeta (sa) seleccionó para este grupo a hombres que provenían de las diversas tribus de los Quraish, por lo que fue más fácil obtener información con respecto a las conspiraciones ocultas de los Quraish. El Santo Profeta (sa) designó a su primo paterno Abdul’lah bin Yaḥsh (ra) comandante de este grupo. Al ordenar esta Sariyyah (expedición), el Santo Profeta (sa) ni siquiera informó al comandante de este grupo en cuanto a dónde los enviaba y con qué propósito. Más bien, al partir, el Santo Profeta (sa) le entregó una carta sellada y dijo: “Esta carta contiene las instrucciones necesarias para vosotros. Cuando estéis a una distancia de dos días de viaje desde Medina, abrid la carta y actuad de acuerdo con las instrucciones estipuladas.” Cuando estaban a dos días de distancia desde Medina, Abdul’lah (ra) abrió las instrucciones del Santo Profeta (sa), que eran las siguientes:

“Id al Valle de Najlah entre La Meca y Ṭa’if, y obtened información sobre los Quraish y volved con noticias suyas”.

Al final de esta carta, el Santo Profeta (sa) había escrito que después de que el objetivo de esta misión fuera conocido, si alguno de sus Compañeros dudaba en acompañar este grupo y deseaba regresar”, es decir, después de leer la carta y saber la misión y comprender qué era lo que se requería, si alguien del grupo tenía alguna reserva u objeción, podía regresar si deseaba hacerlo, dado que no era una obligatorio. El Santo Profeta (sa) instruyó que se les permitiera regresar, si así lo deseaban.

“Abdul’lah (ra) leyó esta instrucción a sus Compañeros, quienes afirmaron por unanimidad: ‘Nos presentamos para este servicio con total disposición.’ Entonces, este grupo se dirigió a Najlah. Sa‘d bin Abi Waqqas (ra) y Utbah bin Ghazwan (ra) perdieron su camello en el camino y se separaron de sus Compañeros en su búsqueda. A pesar de todos sus esfuerzos, no pudieron reubicar a sus Compañeros. El grupo se quedó entonces con solo seis personas.”

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) afirma que un orientalista, el Sr. Margolius ha escrito sobre este incidente:

“Sa‘d bin Abi Waqqas (ra) y Utbah (ra) soltaron su camello intencionadamente y usaron esta estratagema como excusa para quedarse atrás.”

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

“Todos y cada uno de los eventos de la vida de estos devotos del islam, que estaban dispuestos a sacrificar sus vidas, es un testimonio de su valor y devoción. Uno de ellos fue martirizado a manos de los incrédulos en la campaña de B‘ir-e-Ma‘unah, mientras que el otro participó claramente en muchas batallas peligrosas y finalmente se convirtió en el vencedor de Iraq. Por lo tanto, dudar de la sinceridad de tales personas, especialmente cuando la duda se basa en nociones inventadas, es obra del Sr. Margolius únicamente. Es irónico que en su libro, el Sr. Margolius afirme que ha escrito este libro completamente libre de prejuicios.” Sin embargo, esta es la práctica de estas gentes, es decir, nunca dejan pasar una oportunidad en la que puedan difamar al islam o a los musulmanes.”

Ahora me referiré al incidente relacionado con esta expedición.

“Esta pequeña comunidad llegó a Najlah y comenzó su trabajo”, es decir, buscar información y noticias sobre los movimientos e intenciones de los incrédulos de La Meca, en caso de que planearan un ataque contra los musulmanes. Por lo tanto, se comprometieron con su trabajo. Con la idea de ocultar su misión clasificada, algunos de ellos se afeitaron la cabeza, de modo que los que les vieran no sospecharan de ninguna manera, y los consideraran personas que habían venido con la intención de Umrah. Sin embargo, acababan de llegar allí, cuando de repente llegó una pequeña caravana de Quraish, que viajaba desde Ṭa’if a La Meca, y ambos grupos se encontraron. Los musulmanes consultaron entre sí sobre lo que debían hacer. El Santo Profeta (sa) los había enviado con el propósito de obtener información en secreto (no para un ataque), pero por otro lado, la guerra había comenzado con los Quraish. Ambos oponentes estaban uno frente al otro y, naturalmente, había un riesgo ahora, ya que la gente de la caravana de Quraish había visto a los musulmanes y su misión de información encubierta ya no permaneciera en secreto. Otro impedimento era que algunos musulmanes pensaron que tal vez era el último día de Rayab, es decir, un mes sagrado en el que la lucha estaba prohibida según la antigua costumbre árabe. Otros pensaban que Rayab había pasado y el mes de Sha‘ban había comenzado. En algunas narraciones se ha relatado que esta Sariyyah (expedición) fue enviada en Yamadiul-Ajir, y había una duda sobre si este día era de Yamadi o Rayab. Sin embargo, por otro lado, el Valle de Najlah estaba situado justo en las afueras de Ḥaram y era obvio que si no se tomaba una decisión ese día, la caravana llegaría a Ḥaram al día siguiente, cuya santidad era definitiva. Por lo tanto, tomando en consideración todos estos factores, los musulmanes decidieron finalmente que la caravana fuera atacada, y la gente de la caravana hecha prisionera o asesinada. En consecuencia, lanzaron un ataque y, como resultado, un hombre de los incrédulos fue asesinado, y dos fueron apresados. Desafortunadamente, el cuarto individuo escapó y los musulmanes no pudieron detenerlo, y en consecuencia fracasaron en su plan. Posteriormente, los musulmanes se apoderaron de los bienes de la caravana. Dado que un hombre de los Quraish había escapado y las noticias de este conflicto llegarían inevitablemente a La Meca, rápidamente Abdul’lah bin Yahsh (ra) y sus Compañeros regresaron rápidamente a Medina con el botín.

En esta ocasión, el Sr. Margolius escribe que Muhammad (sa) despachó deliberadamente esta campaña en el Mes Sagrado, porque en este mes los Quraish naturalmente no estaban preparados, y los musulmanes encontraron una oportunidad fácil y definitiva para atacar su caravana. Sin embargo, cualquier persona sensata puede entender que un pequeño grupo de esta naturaleza no podría haber sido enviado a una región tan lejana para saquear una caravana, especialmente cuando el cuartel general del enemigo estaba tan cerca. Además, la historia establece categóricamente que este grupo fue enviado simplemente con el propósito de obtener información. Además, cuando el Santo Profeta (sa) descubrió que los Compañeros habían atacado la caravana, se disgustó en extremo. Como tal, se narra que cuando se presentaron ante el Santo Profeta (sa) y le informaron de lo acontecido, el Santo Profeta (sa) estaba extremadamente enfadado y dijo:

“No os he dado permiso para combatir en el Mes Sagrado”, y el Santo Profeta (sa) se negó a aceptar el botín. Ante esto, Abdul’lah (ra) y sus Compañeros sintieron remordimiento y vergüenza extremos. Pensaban que debido a que habían incurrido en el desagrado de Dios y de Su Mensajero, habían llegado a su final. Incluso los otros Compañeros les reprocharon sus acciones.

Por otro lado, los Quraish también levantaron un gran revuelo, alegando que los musulmanes habían violado la santidad del Mes Sagrado. Dado que la persona que había sido asesinada, Amr bin Al-Ḥaḍrami, era un jefe, y también era un confederado de Utbah bin Rabi‘ah, un jefe de La Meca, este hecho incendió la furia de los Quraish. Comenzaron a prepararse para un ataque contra Medina con el mayor celo y alboroto. Al ocurrir esto, hubo murmullos entre los musulmanes y los no creyentes, y finalmente el siguiente versículo del Corán fue revelado, lo que supuso un alivio para los musulmanes:

[árabe]

“Te preguntan sobre el combate en el Mes Sagrado. Diles: “Combatir en él es un grave pecado, pero apartar por la fuerza a los hombres de la religión de Dios en el Mes Sagrado o más bien, mostrar incredulidad durante el Mes Sagrado y en la Mezquita Sagrada, es decir, violar su santidad, y luego obligar a salir a los musulmanes de Haram, que es algo que vosotros los idólatras, habitantes de Ḥaram sois culpables de hacer. ¡Oh idólatras! Es un pecado mayor para Al’lah que luchar en el Mes Sagrado; y en verdad, perseguir en la tierra durante el Mes Sagrado es peor incluso que luchar, puesto que el objetivo es prevenir la persecución. ¡Oh vosotros, musulmanes! El estado de los incrédulos es tal que se han vuelto tan ciegos en cuanto a su enemistad hacia vosotros, que no dejaran de pelear contra vosotros en cualquier momento y en cualquier lugar, hasta que os alejen de vuestra fe, si encuentran el poder para hacerlo.” (C.2: V.218)

La historia es testigo de que los jefes de los Quraish difundían su sangrienta propaganda incluso en los Meses Sagrados. De hecho, se volvieron aún más activos en sus malvados propósitos durante estos meses, aprovechando las reuniones y viajes que tenían lugar en los Meses Sagrados. Además, con gran desvergüenza, para regodearse con una falsa satisfacción, reorganizaban el orden de los Meses Sagrados, conocido como Nas’i. Más tarde sobrepasaron todos los límites, cuando durante el Tratado de Ḥudaibiyyah, a pesar de haber un pacto y un acuerdo firmes, los incrédulos de La Meca y sus aliados tomaron la espada contra una tribu aliada de los musulmanes, en la zona de Ḥaram (zona donde se prohíbe el derramamiento de sangre). Luego, cuando los musulmanes acudieron en ayuda de su tribu aliada, los incrédulos levantaron sus espadas en la zona de Haram.

Por lo tanto, era natural que los musulmanes encontraran consuelo en esta respuesta (es decir, en este verso coránico revelado por Dios Altísimo). Sin embargo, los Quraish también fueron advertidos. Durante este tiempo, dos de sus hombres llegaron a Medina para liberar a sus dos cautivos. Sin embargo, hasta ahora, Sa’d bin Abi Waqqas (ra) y Utbah bin Ghazwan (ra) no habían regresado. Por su seguridad, el Santo Profeta (sa) temía que si los Quraish los tomaban, no los dejarían con vida. Por esta razón, el Santo Profeta (sa) se negó a liberar a los cautivos hasta que regresaran y dijo: “Cuando mis hombres lleguen a salvo a Medina, liberaré a los vuestros”. Cuando ambos llegaron a Medina, el Santo Profeta (sa) liberó a ambos cautivos por un rescate. Sin embargo, de entre estos dos cautivos, un individuo quedó tan profundamente impresionado por las altas cualidades morales del Santo Profeta (sa) y la verdad de las enseñanzas islámicas durante su estancia en Medina, que incluso después de su liberación, se negó a regresar y se unió a los Compañeros del Santo Profeta (sa) al aceptar el islam de su mano. Finalmente fue martirizado en Bi’re-Ma’unah.”

Por lo tanto, el hecho de que él aceptara el islam e hiciera sacrificios por la causa del islam es suficiente como respuesta a la acusación de Margolius. Por así decirlo, estas personas tienen la costumbre de pasar por alto detalles relevantes.

Hazrat Utbah bin Ghazwan (ra) tuvo el honor de participar junto al Santo Profeta (sa) en la batalla de Badr y en todas las batallas posteriores.

Jabbab y Sa’d, los esclavos liberados de Hazrat Utbah bin Ghazwan (ra) también tuvieron la distinción de luchar junto a él en la batalla de Badr. Hazrat Utbah bin Ghazwan (ra) fue uno de los arqueros de élite del Santo Profeta (sa).

Hazrat Umar (ra) envió a Hazrat Utbah bin Ghazwan (ra) a Basora para luchar contra la gente de Obul’lah, que era de Persia. Mientras le despachaba, Hazrat Umar (ra) le indicó:

“Tus compañeros y tú continuareis por el camino hasta llegar a las fronteras del reino árabe y las tierras no árabes. Sal con las bendiciones y la gracia de Al’lah. Siempre teme a Al’lah y recuerda que te diriges hacia un enemigo feroz.”

Hazrat Umar (ra) luego dijo:

“Estoy seguro de que Dios Altísimo te ayudará contra ellos y he escrito a Hazrat Alaa bin Hadrami para que envíe a Arfayah bin Harsamah junto contigo para ayudarte, ya que él tiene mucha experiencia en la lucha contra el enemigo y está bien versado en el arte de la guerra.”

Hazrat Umar (ra) declaró:

“Por lo tanto, debes dejarte aconsejar por él y llamar a la gente hacia Dios Altísimo. Quien acepte lo que digas, debes aceptar su iniciación en el islam, pero quién lo rechace, le impondrás el yizya (impuesto), que deberá presentar voluntariamente con humildad. Sin embargo, a aquel que se niegue a pagar eso, entonces debes usar la espada.” Es decir, si no están dispuestos a pagar el yizya mientras siguen su propia religión y viven allí, y si no están dispuestos a aceptar el islam y además, si están preparados para luchar, Hazrat Umar (ra) dijo que es cuando debían usar la espada contra ellos. Luego declaró:

“Debes atraer a todos los árabes con los que te cruces a participar en la yihad y lidiar con los enemigos con astucia y temer a tu Señor, Al’lah”.

Hazrat Umar (ra) envió a Hazrat Utbah (ra) a Basora con 800 hombres y más tarde también se enviaron refuerzos. Hazrat Utbah (ra) conquistó Obul’lah, en el que luego estableció el límite de la ciudad de Basora. Él es la primera persona en convertir a Basora en una ciudad y un asentamiento.

Cuando Hazrat Umar bin Jattab (ra) designó a Hazrat Utbah (ra) como gobernador de Basora, residió en un lugar llamado Jaribah. Era una antigua ciudad de Persia, que en persa se conocía como Wahshtabaz Urdshir. Los árabes lo llamaron Jaribah y la batalla de Yamal también tuvo lugar cerca. Hazrat Utbah (ra) escribió una carta a Hazrat Umar (ra) explicando que esa tierra era necesaria para que los musulmanes permanecieran durante los meses de invierno y donde pudieran descansar mientras regresaban de la batalla. Hazrat Umar (ra) le contestó diciéndole que debería reunirlos en una tierra cercana al agua y al pastoreo. En otras palabras, si esto es lo que pretendían, entonces debería buscar una tierra donde el agua estuviera fácilmente disponible y donde hubiera pasto para los animales. Posteriormente, Hazrat Utbah (ra) estableció a los musulmanes en Basora, donde construyeron sus edificios de bambú. Hazrat Utbah (ra) construyó una mezquita de bambú en 14 d.H. Construyó la residencia del gobernador en un espacio abierto cerca de la mezquita. Cuando la gente salía a combatir, desenterraban estas casas de bambú y las ataban cuando partían, y cuando regresaban, reconstruían las casas de la misma manera. Fue solo más tarde que la gente construyó casas permanentes. Hazrat Utbah (ra) dio las instrucciones a Mahyan bin Adrah, quien luego colocó la primera piedra de la mezquita de Basora y la hizo construir con bambú. Poco después, Hazrat Utbah (ra) fue a realizar el Hall, y nombró a Muyashi ’bin Masud su adjunto y le confió que fuera al Éufrates y le entregó la responsabilidad de dirigir las oraciones a Mughirah bin Shu’bah. Cuando Hazrat Utbah (ra) se encontró con Hazrat Umar (ra), su deseo era renunciar como gobernador de Basora, citando que era demasiado difícil para él y, por lo tanto, otra persona debería ser nombrada gobernador. Sin embargo, Hazrat Umar (ra) declinó su petición de renunciar.

Se menciona en una narración que Hazrat Utbah oró de la siguiente manera: “¡Oh Al’lah, no me traigas de vuelta a esta ciudad!”. Cayó de su montura el año 17 después de la Hégira y falleció. Esto ocurrió cuando Hazrat Utbah (ra) estaba en ruta de La Meca a Basora y había llegado a un lugar que la gente llamaban Ma’din bani Sulaim.

Según otra narración, falleció el 17 d.H. en un lugar llamado Rabzah. Según una tercera narración -hay diferentes narraciones con respecto a su fallecimiento- en el año 17 d.H., a la edad de 57 años, Hazrat Utbah (ra) falleció en Basora debido a una dolencia del abdomen. Otros han afirmado que falleció en el año 15 d.H.

Después de la muerte de Hazrat Utbah (ra), su esclavo, Suwaid, trajo las pertenencias y la propiedad de Hazrat Utbah (ra) a Hazrat Umar (ra). Hazrat Utbah (ra) falleció a la edad de 57 años. Era un hombre alto y apuesto.

Jalid bin Umair Advi narra que Hazrat Utbah bin Ghazwan se dirigió a nosotros alabando a Al’lah y luego dijo:

“El mundo ha anunciado su fin y ha dado su espalda apresuradamente (es decir, el mundo se dirige hacia la destrucción) y no queda nada del mundo excepto los restos de una copa tras beber de ella, y cuyo bebedor la abandona. Os dirigís hacia una morada eterna sin fin (es decir, este mundo es meramente transitorio). Id, pues, hacia esa morada que es mejor que cuánto poseéis. Se nos ha informado que se arrojará una piedra desde un rincón del infierno y que seguirá cayendo (en un pozo de abismo) durante setenta años y no llegará a su fin. ¡Por Dios! Este infierno se llenará.”

Es decir, el infierno se llenará de pecadores. Tenéis, por lo tanto, la oportunidad de obtener beneficio de esta vida y realizar obras virtuosas. Luego dijo además:

“¿Por qué entonces esto os sorprendería? Se os ha informado que entre una puerta del cielo y la otra hay una distancia igual a cuarenta años (de viaje). Verdaderamente amanecerá un día en el que todo este espacio se llenará de gente. Hubo momentos en que estuve entre las siete personas junto al Santo Profeta (sa) y no teníamos comida excepto las hojas de los árboles (una época realmente difícil en el inicio), y debido a esto, el borde de nuestras bocas sufría cortes”.

Luego narró un incidente personal:

“Una vez encontré una capa, que corté en dos pedazos y le di la mitad a Sa’d bin Malik. Esta era nuestra condición, ya que ni siquiera teníamos capas con las que cubrirnos. Con la mitad de la capa hice una prenda para cubrirme y Sa’d hizo lo mismo con la suya. Sin embargo, hoy en día se da el caso que alguno de entre vosotros se despierta por la mañana y es nombrado Amir (líder) de ciertas áreas. Yo busco refugio en Dios contra el pensamiento de que soy un hombre noble cuando, a los ojos de Dios, soy insignificante. Debido a mi humildad, me considero inferior e insignificante. Las circunstancias han cambiado: la gente se ha enriquecido, por lo que todos debéis preocuparos mucho por esto”.

Luego dijo:

“Ningún profetazgo en el pasado ha dejado de mostrar su influencia, hasta convertirse en una monarquía. Pronto entenderéis la verdad de este asunto y después de nuestro fallecimiento, experimentaréis qué significa ser gobernante”.

Dijo además:

“El estado de los musulmanes será tal que el materialismo se apoderará de ellos. Tened en cuenta mis palabras, ya que veréis que todo esto es la verdad. Sin embargo, vosotros debéis centrar vuestra atención en Dios Altísimo; volved a la religión y a la espiritualidad. Sólo a través de esto se puede ganar la recompensa del Paraíso”.

El siguiente Compañero que mencionaré es Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah pertenecía a la tribu de Banu Saidah, que era una rama de la tribu Jazrall de los Ansar.

Su padre se llamaba Ubadah bin Zulaim y su madre Amrah (ra), que era la tercera hija de Masud bin Qais. Su madre también tuvo el honor de jurar lealtad al Santo Profeta (sa). Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah era el primo materno de Hazrat Sa’d (ra) bin Zaid Ashali, que era uno de los compañeros Badri.

Hazrat Sa’d (ra) tuvo dos matrimonios. Una de sus esposas era Ghazia bint Sa’d, de la que nacieron Said, Muhammad y Abdur Rehman. La segunda esposa fue Fuqayha bint Ubaid a quien le nacieron Qais, Umamah y Sadus.

Mandus (ra) bint Ubadah era la hermana de Hazrat Sa’d bin Ubadah, quien juró lealtad al Santo Profeta (sa) y aceptó el islam. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah tenía otra hermana cuyo nombre era Laila (ra) bint Ubadah y también tuvo el honor de jurar lealtad al Santo Profeta (sa) y aceptar el islam.

El nombre patronímico de Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah era Abu Zabit y también se ha reportado como Abu Qais, sin embargo el primero parece más auténtico y correcto. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah era un guardián de la tribu Jazrall de los Ansar. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah era un líder de su pueblo y extremadamente generoso. Participó en todas las batallas y sostenía la bandera de los Ansar.

Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah era honorable entre los Ansar, y se encontraba entre los líderes de su pueblo en Medina y su pueblo lo apreciaba por su liderazgo. Durante la Era de la Ignorancia (era preislámica), Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah sabía escribir en árabe, cuando muy pocas personas en esa época podían escribir. También era muy hábil en la natación y en el tiro con arco. Cualquiera que poseyera estas cualidades era conocido como “Kamil” (completo).

Durante el período de ignorancia, Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah y también sus antepasados anunciaban desde su fortaleza que cualquiera que deseara carne y manteca, debería venir a la fortaleza de Dulaim bin Hariza.

Hisham bin Urwah relata de su padre:

“Vi por primera vez a Sa’d (ra) bin Ubadah mientras anunciaba desde su fortaleza que todo aquel que deseara carne o manteca, debería ir a él”. Es decir, mataba a los animales y distribuía su carne entre la gente.

Además, relata:

“Observé a su hijo haciendo lo mismo y él también invitaba a otros. En ese momento, yo era un hombre joven y estaba caminando cerca de Medina. Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) también pasaba por delante de mí. (Hisham bin Urwah ha relatado esto de su padre y afirma que él era joven en ese momento y Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) caminaba junto a él). Pasábamos por Aliya, que es un valle situado aproximadamente a 4 u 8 millas de Medina en dirección a Nayad y se dirigía hacia sus terrenos.

Abdul’lah bin Umar se dirigió a mí y me dijo: ‘¡Joven! Ven aquí. ¿Puedes ver a alguien llamando desde la fortaleza de Sa’d (ra) bin Ubadah?’ (la fortaleza estaba cerca). Respondí negativamente. Luego declaró: ‘En efecto, has dicho la verdad, parece que el grado de generosidad mostrado por Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah no ha continuado’. Fue por esta razón que Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) le preguntó esto.”

Hazrat Nafe (ra) relata que Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) pasó por la fortaleza de Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah y le dijo: “¡Oh Nafe! Estas son las casas de sus antepasados. Un día del año, un convocador gritaba: ‘Quien desee carne y manteca, debe ir a la casa de Dulaim.’ Cuando Dulaim falleció, Ubadah continuó con esta práctica. Cuando Ubadah falleció, Hazrat Sa’d (ra) continuó con esta práctica, entonces vi a Qais bin Sa’d haciendo lo mismo y fue extremadamente generoso.”

De la mencionada narración se ha aclarado que esta práctica fue continuada por su progenie, pero ya no se continuó después de ellos. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah aceptó el islam durante el segundo juramento en Aqaba.

Este incidente ha sido relatado en Sirat Jatam ul Nabiyin de la siguiente manera:

“En Dhul-Ḥiyah del 13 de Nabawi, con motivo del Ḥall (peregrinaje a La Meca) personas de Aus y Jazrall vinieron a La Meca. Entre ellos, había setenta personas que se habían convertido en musulmanes o que ahora deseaban convertirse en musulmanes, y vinieron a La Meca para encontrarse con el Santo Profeta (sa).

Musab bin Umair (ra) también estaba entre ellos. La madre de Musab (ra) estaba viva, y aunque era una idólatra, lo amaba mucho. Cuando se le informó de su llegada, envió un mensaje que decía: “Primero ven a verme, luego ve a otro lugar”. Musab (ra) respondió, ‘Aún no he visto al Santo Profeta (sa), vendré a ti una vez que le haya visto’ (le dijo esto a su madre) Por lo tanto, se presentó ante el Santo Profeta (sa) primero, y le informó sobre los temas claves, luego visitó a su madre.

Ella estaba muy molesta (de que él no la visitara primero). Cuando le vio, comenzó a llorar y a quejarse. Mus’ab (ra) dijo: ‘¡Madre! ¿Te digo algo maravilloso que es muy beneficioso para tí y pondrá fin a cada desacuerdo?’ Ella preguntó: ‘¿De qué se trata?’ Mus’ab (ra) respondió en voz baja: ‘Que abandones la adoración de ídolos, te conviertas en musulmana, y creas en el Santo Profeta (sa).’ Ella era una firme idólatra, y tan pronto como escuchó esto, comenzó a causar un gran alboroto diciendo: ‘Juro por las estrellas que nunca entraré en tu religión’ y les indicó a sus familiares que capturaran a Mus’ab (ra). Sin embargo, siendo astuto escapó rápidamente.”

Con respecto al segundo juramento de lealtad en Aqabah, está escrito:

“El Santo Profeta (sa) había sido informado de la llegada de los Anṣar por Mus’ab (ra), y algunos de ellos también se habían encontrado con el Santo Profeta (sa) personalmente. En esta ocasión, dado que era necesaria una reunión colectiva y privada, después de los ritos del Ḥall, se fijaron las fechas intermedias del mes de Dhil-Ḥiyah para este propósito. Ese día, a mitad de la noche, todas estas personas iban a encontrarse con el Santo Profeta (sa) en el mismo valle que el año pasado, para que se pudiera celebrar una reunión privada en paz y con completa atención. El Santo Profeta (sa) ordenó a los Anṣar que: ‘No vengáis en grupo. Venid individualmente o en pares al valle a la hora señalada. No despertéis a los que duermen y no esperéis a los ausentes.’ Cuando llegó la fecha señalada, durante la noche, cuando había pasado un tercio de la noche, el Santo Profeta (sa) salió solo de su hogar. Tomó a su tío Abbas junto con él, que todavía era un idólatra, pero amaba al Santo Profeta (sa) y era un jefe de la dinastía Hashim. Ambos llegaron a este valle, y no pasó mucho tiempo antes de que los Anṣar comenzaran a llegar en grupos de uno o dos. Estas eran setenta almas de Aus y Jazrall. Al principio, Abbas, el tío del Santo Profeta (sa), comenzó el discurso diciendo:

“¡Oh grupo de los Jazrall! Muḥammad (sa) es venerado y amado dentro de su dinastía. Hasta el día de hoy, su dinastía siempre ha sido responsable de su protección, y en tiempos de peligro siempre ha aparecido. Pero ahora, Muḥammad (sa) tiene la intención de abandonar su tierra natal y residir con vosotros. Como tal, si deseáis llevarlo, debéis protegerlo en todos los sentidos y tendréis que enfrentaros a cada enemigo. Si estáis preparados para esto, entonces bien. De lo contrario dad una respuesta directa, porque la palabra veraz es buena.”

Al-Baraa bin Ma’rur (ra), un hombre anciano e influyente de la tribu de los Anṣar, dijo:

“Abbas, hemos escuchado tu discurso, pero nos gustaría escuchar al Santo Profeta (sa) de su propia lengua bendita, para que pueda exponer la responsabilidad que desea depositar en nosotros.”

Ante esto, el Santo Profeta (sa) recitó algunos versos del Sagrado Corán y describió las enseñanzas del islam en un breve discurso. Mientras aludía a Haququl’lah y Haququl-Ibad (los derechos para con Al’lah y los derechos para con nuestros semejantes), el Santo Profeta (sa) dijo:

“Con respecto a mí mismo, todo lo que deseo es que, al igual que protegéis a vuestros seres queridos y a vuestra familia, si es necesario, tratadme de la misma manera”.

Cuando el Santo Profeta (sa) completó su discurso, según la costumbre de Arabia, Al-Baraa bin Ma’rur (ra) tomó la mano del Santo Profeta (sa) en la suya, y dijo:

“¡Oh Mensajero de Al’lah! Juramos por el Dios que te ha enviado con la verdad de que te protegeremos con nuestras vidas, porque hemos sido criados bajo las sombras de las espadas…”

Aún no había completado su declaración, cuando Abul-Haizam bin Tayyihan intervino y dijo:

“¡Oh Mensajero de Al’lah! Hemos tenido largas relaciones con los judíos de Yazrib. Al apoyarte, estas serán cortadas. Que no ocurra que cuando Dios te conceda la victoria, nos dejes y regreses a tu tierra natal, ¡y no nos quede nada!”

El Santo Profeta (sa) se rió y dijo: “¡No, no! Eso no sucederá. Porque vuestra sangre será mía, vuestros amigos serán mis amigos y vuestros enemigos serán mis enemigos”. Ante esto, Abbas bin Ubadah Anṣari (ra) miró a sus Compañeros y dijo: “¡Oh pueblo! ¿Entendéis el propósito de este tratado y su promesa? Esto significa que debéis prepararos para confrontaros a todos, sin importar quiénes sean, y debéis estar listos para ofrecer cualquier sacrificio.”

La gente dijo: “Sí, lo entendemos, pero ¡Oh Mensajero de Al’lah! ¿Qué recibiremos a cambio de esto?” El Santo Profeta (sa) dijo: “Recibiréis el paraíso de Al’lah, que es la mayor de todas sus recompensas.” Todos dijeron: “Estamos de acuerdo con este trato. ¡Oh Mensajero de Al’lah, extienda su mano!”

El Santo Profeta (sa) extendió su mano bendita, y este grupo de setenta devotos tomaron la mano del Santo Profeta (sa) en un pacto defensivo. El nombre de este Baiat es ‘El Segundo Baiat en Aqabah’.

Cuando el Baiat tuvo lugar, el Santo Profeta (sa) dijo:

“Moisés (as) nombró a doce jefes entre su pueblo que sirvieron como sus supervisores y protectores. También deseo nombrar doce jefes de entre vosotros que serán vuestros supervisores y vuestros protectores. Serán como los discípulos de Jesús (as) para mí, y responderéis por mí ante mi pueblo. Como tal, proponer los nombres de hombres dignos delante de mí.”

Por lo tanto, se propusieron doce hombres, a quienes el Santo Profeta (sa) aprobó, y al nombrar a cada uno como supervisor de una tribu, les explicó sus deberes. Para algunas tribus, el Santo Profeta (sa) nombró dos jefes.

Cuando se nombró a los jefes, Abbas bin Abdul-Muṭṭalib, que era el tío paterno del Santo Profeta (sa), les recordó a los Anṣar que caminaran con astucia y con cautela, ya que los espías de los Quraish tenían sus ojos puestos en todas direcciones, no fuera que las noticias de esta reunión se filtraran y se crearán más problemas. Estaba aún advirtiéndoles, cuando en medio de la noche desde lo alto del valle, se escuchó el sonido de un malhechor (que los estaba espiando) diciendo: ¡Oh Quraish! ¿Sabéis que aquí Muzammam (Dios no lo quiera) y el resto de sus apóstatas están haciendo votos y promesas contra vosotros?”

Esta voz sorprendió a todos, pero el Santo Profeta (sa) permaneció completamente tranquilo y dijo: “Ahora vosotros debéis regresar a vuestras casas de la misma forma en la que habéis venido, en grupos de uno o dos”.

Abbas bin Naḍlah Anṣari (ra) dijo: “Oh Mensajero de Al’lah, no tememos a nadie. Si lo ordenas, atacaremos a los Quraish al amanecer y les daremos una muestra de sus crueldades.” “¡No, no!”, Dijo el Santo Profeta (sa), “porque aún no he recibido permiso para luchar. Haced lo siguiente: regresad silenciosamente a vuestras tiendas de campaña”, tras lo cual todos se dispersaron silenciosamente del valle en grupos de uno o dos. El Santo Profeta (sa) también regresó a La Meca con su tío paterno Abbas.

Como los Quraish ya habían descubierto que se había realizado una reunión secreta por la noche, a la mañana siguiente, llegaron al campamento de la gente de Yazrab y dijeron:

“Hemos tenido una relación antigua y no deseamos en lo más mínimo que estas relaciones se contaminen. Pero hemos escuchado que anoche tuvisteis un acuerdo secreto con Muḥammad (sa), ¿de qué se trata todo esto?”

Dado que la gente idólatra de Aus y Jazrall no tenían conocimiento de esto, estaban extremadamente desconcertados y negaban por completo la ocurrencia de tal reunión. Abdul’lah bin Ubaiyy bin Sulul, quien luego se convirtió en el líder de los hipócritas de Medina, también estaba entre ese grupo. Él dijo: “Esto nunca podrá suceder. ¿Cómo es posible que la gente de Medina esté de acuerdo con un tema tan importante y yo no lo sepa?”

Por lo tanto, la sospecha de los Quraish fue disipada y regresaron. Poco tiempo después, los Anṣar se fueron a Yazrab, pero después de su partida, los Quraish de alguna manera recibieron información de que la gente de Yazrab habían, de hecho, realizado un juramento y un acuerdo con el Santo Profeta (sa). Ante esto, unos pocos hombres persiguieron a la gente de Yazrab. La caravana se había ido, pero por alguna razón, Sad bin Ubadah se quedó atrás. Estas personas lo trajeron de vuelta y lo asaltaron en las calles pedregosas de la Meca. Lo arrastraron por todos lados sujetado por el pelo de su cabeza. Finalmente, cuando Yabir bin Muṭim y Hariz bin Ḥarb, que conocían a Sad, recibieron noticias de esto, lo salvaron de la crueldad de los Quraish”.

Hay otros incidentes relacionados con Hazrat Sad bin Ubadah que se narrarán en futuros sermones, si Dios quiere.