En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La excelencia personificada

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahhud, Ta’awwuz y Surah Al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

En el sermón anterior, comencé a narrar incidentes de la vida de Hazrat Zaid bin Harizah (ra) y mencioné que Hazrat Zaid (ra) acompañó al Santo Profeta (sa) durante su viaje a Ta’if. Voy a relatar algunos otros detalles que Hazrat Sahibzada Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha escrito en Sirat Jataman Nabiyyin sobre el viaje a Ta’if emprendido por el Santo Profeta (sa):

“Cuando el Santo Profeta (sa) salió del valle de Abu Talib, viajó a Ta’if. Cuando se levantó la prohibición, y el Santo Profeta (sa) encontró una cierta libertad en sus movimientos, decidió visitar Ṭa’if e invitar a su gente al islam. Ta’if es un lugar famoso situado a cuarenta millas al sureste de la Meca. Durante esta época, era el hogar de la tribu Banu Zaqif. Dejando de lado el aspecto único de la Ka’bah, Ṭa’if era tan reconocido como la Meca y muchas personas eminentes, influyentes y acaudaladas residían allí. La gente de la Meca misma admitía esta importancia de Ṭa’if. Y por ello, fueron los mismos mequíes quienes dijeron:

[árabe]

Lo que significa: “¿Por qué este Corán no ha sido enviado a algún hombre grande de las dos ciudades?” [la Meca o Ta’if]?’

Por lo tanto, en Shawwal del año 10 Nabawi, el Santo Profeta (sa) viajó sólo por su cuenta a Ṭa’if. Según la autoridad de otras narraciones, Zaid bin Ḥarizah (ra) también lo acompañó. A su llegada, el Santo Profeta (sa) permaneció allí durante diez días, y se reunió con muchos jefes uno tras otro, pero igual que en la Meca, tampoco estaba en el destino de esta ciudad aceptar el islam. Por lo tanto, todos ellos le rechazaron y, de hecho, se burlaron del Santo Profeta (sa). Al final, el Santo Profeta (sa) se acercó al gran jefe de Ṭa’if que se llamaba Abde Yalil [en el hadiz se le menciona como  Ibn Abe Yalil] y le invitó al islam, pero él también se negó y, además, burlándose dijo: “Si eres verdadero, entonces no tengo la habilidad para dialogar contigo y si eres un mentiroso, entonces hablar contigo es inútil”. Luego preocupado de que los jóvenes de la ciudad pudieran ser influenciados por el Santo Profeta (sa), dijo: “Es mejor que salgas de este lugar, porque no hay nadie aquí que esté dispuesto a escucharte”. Después de eso, este hombre malvado envió a los malhechores de la ciudad detrás del Santo Profeta (sa). Cuando salió de la ciudad, esta muchedumbre persiguió al Santo Profeta (sa) y comenzó a lanzarle piedras, debido a lo cual todo el cuerpo del Santo Profeta (sa) se empapó de sangre. (Según otra narración, Zaid bin Ḥarizah, quien estaba con el Santo Profeta (sa) también fue golpeado con piedras cuando intentaba detenerlos). Esta gente persiguió al Santo Profeta (sa) durante tres millas, más o menos, le insultó y le arrojó piedras continuamente.

A una distancia de tres millas de Ṭa’if, había un huerto, que pertenecía a un jefe de la Meca llamado Utbah bin Rabi’ah. El Santo Profeta (sa) se refugió en ese huerto, y sus enemigos despiadados  retornaron agotados. De pie bajo la sombra, el Santo Profeta (sa) oró frente a Al-lah en las siguientes palabras:

[árabe]

“¡Oh, Señor mío, me quejo de mi impotencia, de mi incapacidad y de mi desamparo frente a la gente! ¡Oh Dios mío, eres el más Misericordioso, porque eres el Guardián y Protector de los débiles e indefensos, Tú eres mi Señor! Busco refugio a la luz de Tu rostro. Eres Tú quien disipa toda la oscuridad y eres Tú quien otorga la herencia del favor en este mundo y en el venidero!”.

En este momento, Utbah y Shaibah estaban en su jardín. Cuando vieron al Santo Profeta (sa) en este estado, quizás conmovidos por su relación familiar cercana o lejana, o tal vez por un sentido de responsabilidad nacional, o por otra razón, enviaron al Santo Profeta (sa) una bandeja de uvas a manos de su esclavo cristiano llamado Addas en una barca. El Santo Profeta (sa) las tomó y se dirigió a Addas diciendo: “¿De dónde eres y qué religión sigues?”. “Soy de Nínive”, respondió Addas, “y soy cristiano”. El Santo Profeta (sa) preguntó: “El mismo Nínive, que fue el hogar del siervo justo de Dios, Jonás hijo de Amitai?”. “Sí”, respondió Addas, “pero, ¿cómo conoces a Jonás (as)?”. “Él era mi hermano” dijo el Santo Profeta (sa), “porque él era un Profeta de Al-lah, y yo también soy un Profeta de Al-lah”. Entonces el Santo Profeta (sa) le predicó el mensaje del islam, lo que le conmovió enormemente. Con un sentimiento de pasión sincera, avanzó y besó las manos del Santo Profeta (sa). “Utbah y Shaibah observaban esta escena desde lejos; cuando Addas volvió a ellos, dijeron: “¿Qué te pasó que empezaste a besar las manos de este hombre? Este hombre arruinará tu fe, mientras que tu religión es mejor que la suya”.

El Santo Profeta (sa) descansó en este huerto durante algún tiempo. Luego partió de allí y llegó a Najlah, que se encuentra a una distancia de un día de viaje desde la Meca, y permaneció allí por unos días. Después de esto, el Santo Profeta (sa) partió y llegó a la montaña de Ḥiraa, y como tras el aparente fracaso en Ṭa’if existía la posibilidad de que los mequíes crecieran demasiado en su audacia, el Santo Profeta (sa) envió un mensaje a Muṭim bin Adiyy diciendo que quería entrar en la Meca, pidiendo su ayuda. Aunque Muṭim era un firme incrédulo, era una persona amable, y en tiempos como estos, estaba en contra de la naturaleza de los nobles árabes el rechazo (es decir, rechazar la concesión de protección a quien la buscaba. Era una característica de los árabes incluso en los días anteriores al advenimiento del islam). Por esta razón, junto con sus hijos y parientes, totalmente armados, se situaron junto a la Ka’bah, y enviaron un mensaje al Santo Profeta (sa) de que podía entrar. El Santo Profeta (sa) entró y realizó el Ṭawwaf de la Ka’bah, y junto con Mut’im y sus hijos, escoltados bajo la sombra de espadas, el Santo Profeta (sa) entró en su casa. En el camino, cuando Abu Yahl presenció a Mut’im actuando así, se sorprendió y le preguntó: “¿Le has dado a Muḥammad [sa] refugio, o te has convertido en un seguidor?” Muṭ’im respondió: “Tan solo le he dado refugio, no soy un seguidor”. Sobre esto, Abu Yahl dijo: “Está bien, entonces no hay problema”. A pesar de que Mut’im murió en un estado de incredulidad fue responsable de este noble acto.

Cuando Hazrat Zaid llegó a Medina después de la migración, residió en la casa de Hazrat Umme Kulsum bin Hidam. Según algunas narraciones, se quedó en la casa de Hazrat Sa’ad bin Haizamah. El Santo Profeta (sa) estableció un vínculo de hermandad entre él y Hazrat Usaid bin Hudair. Algunos han escrito que este vínculo de hermandad se estableció con Hazrat Hamza, es decir, Hazrat Hamza fue declarado su hermano. Por eso Hazrat Hamza escribió un testamento a favor de Hazrat Zaid con motivo de la batalla de Uhud.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe más sobre esto en su libro Sirat Jataman Nabiyyin:

“Poco después de llegar a Medina, el Santo Profeta (sa) envió a Zaid bin Ḥarizah (ra) a la Meca con algo de dinero. En pocos días, regresó a salvo a Medina con la familia del Santo Profeta (sa), y la suya propia. Junto con él, ‘Abdul-lah bin Abi Bakr también trajo a la familia de Hazrat Abu Bakr (ra) a Medina.

Hazrat Bara’a (ra) narra que: ‘Cuando el Santo Profeta (sa) tuvo la intención de realizar Umrah en el mes de Zil Qa’dah, la gente de la Meca no le permitió entrar. Finalmente, realizó un acuerdo con ellos bajo con la condición de que regresaría a la Meca al año siguiente y se quedaría allí sólo por tres días. Cuando se estaba redactando el acuerdo, decía: ‘Estos son los términos del tratado según lo acordado por Muhammad (sa), el Mensajero de Al-lah.’ Los mequíes dijeron: ‘No estamos de acuerdo contigo en esto, porque si supiéramos que eres el Mensajero de Al-lah, no te habríamos impedido nada.’” Los habitantes de la Meca además dijeron: “Para nosotros, tú eres Muhammad, el hijo de ‘Abdul-lah”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Soy el Mensajero de Al-lah así como Muhammad bin ‘Abdul-lah”. Después le dijo a Hazrat Ali: “Quita las palabras ‘Mensajero de Al-lah’”. Hazrat Ali dijo: ‘No, por Dios, nunca quitaré tu título (es decir, no puedo borrar el título del ‘Mensajero de Al-lah’, que el mismo Al-lah Todopoderoso le concedió al Santo Profeta). “El Santo Profeta (sa) tomó el tratado (no sabía escribir correctamente) y escribió lo siguiente: “Este es el tratado de paz que Muhammad, el hijo de ‘Abdul-lah, ha acordado”:

“Muhammad [sa] no traerá armas a la Meca, excepto las espadas enfundadas, y no se llevará a ninguna persona de la Meca, incluso si la persona en cuestión quisiera irse con él. Además, si alguno de sus Compañeros quisiera quedarse en la Meca, no se lo prohibirá”.

Al año siguiente, cuando el Santo Profeta (sa) entró en la Meca y transcurrió el período de tres días de  permanencia acordado, los quraish se acercaron a Hazrat Ali y dijeron: “Dígale a su compañero (es decir, a Muhammad [sa]) que se vaya, ya que el período acordado de permanencia ha terminado. (La condición era quedarse solo durante tres días y esos días ya habían transcurrido.) Así que el Santo Profeta (sa) se fue de la Meca, y Ummarah, la hija de Hazrat Hamza – cuyo nombre en una narración se conoce como Amamah, y como Amatul-lah en otra – lo siguió, es decir, ella siguió al Santo Profeta (sa) diciendo: “¡Oh tío, oh tío!” Hazrat Ali la cogió de la mano y le dijo a Hazrat Fátima (as): “Toma a la hija de tu tío”. Así que le llevó en su montura. Hazrat Ali, Hazrat Zaid y Hazrat Ya’far se pelearon por ella. Hazrat Ali dijo: ‘”La he cogido de la mano porque es la hija de mi tío”. Hazrat Ya’far dijo: “Ella es la hija de mi tío y su tía Asma bint Umes es mi esposa”. Hazrat Zaid dijo: “Ella es la hija de mi hermano – ya que el Santo Profeta (sa) había establecido un vínculo de hermandad entre él y Hazrat Hamza (ra)”.

Después, el Santo Profeta (sa) decidió que ella debía quedarse con su tía materna, es decir, con Hazrat Ya’far. A partir de entonces, el Santo Profeta (sa) dijo que una tía materna tiene un estatus similar al de una madre. Luego le dijo a Hazrat Ali: “Tú eres de mí y yo soy de ti”. A Hazrat Ya’far le dijo: “Te pareces a mí tanto físicamente como en carácter” y a Hazrat Zaid le dijo: “Tú eres mi hermano y amigo”. Hazrat Ali le preguntó al Santo Profeta (sa) por qué no se casaba con la hija de Hazrat Hamza. El Santo Profeta (sa) respondió: “Ella es la hija de mi hermanastro de acogida, hemos sido amamantados por la misma nodriza y, como tal, soy el tío paterno de esta niña”. Esta narración se encuentra en Bujari, así como en Sirat al-Halbiyya.

Hazrat Zaid bin Ḥarizah se casó con Hazrat Umme Aiman. El nombre de Hazrat Umme Aiman ​​era Barakah. Ella era conocida por el título de Umme Aiman ​​debido a su hijo, Aiman. Era originaria de Abisinia. Era una sirvienta que pertenecía a Hazrat ‘Abdul-lah, el padre del Santo Profeta (sa). Tras su fallecimiento, se quedó con Hazrat Amina. Cuando el Santo Profeta (sa) tenía seis años, su madre se llevó al Santo Profeta (sa) con ella de la Meca hacia Medina. Hazrat Umme Aiman ​​los acompañó como sirvienta en esa ocasión. Ella era joven en ese momento. Al regresar de Medina, cuando llegaron a Abwaa, que se encuentra a cinco millas de Masyid Nabawi, Hazrat Amina falleció. Hazrat Umme Aiman ​​trajo al Santo Profeta (sa) de vuelta a la Meca en los dos camellos con los que originalmente salieron. Antes de que el Santo Profeta (sa) declaró ser Profeta, Hazrat Umme Aiman ​​se casó con Ubaid bin Zaid en la Meca, que era un esclavo de origen abisinio. Tuvieron un hijo que se llamaba Aiman. Hazrat Aiman ​​alcanzó el estado de mártir durante la batalla de Hunain. El esposo de Hazrat Umme Aiman ​​falleció y ella posteriormente se casó con Hazrat Zaid.

Según una narración, Hazrat Umme Aiman ​​trató y cuidó al Santo Profeta (sa) de una manera extremadamente amable. Como resultado de aquello, el Santo Profeta (sa) dijo que quien quisiera alegrarse casándose con una mujer de entre los habitantes del paraíso, debería casarse con Umme Aiman.  Por eso, Hazrat Zaid bin Ḥarizah se casó con ella y como resultado nació Hazrat Usama. Hazrat Umme Aiman emigró hacia Abisinia junto con los otros musulmanes. Tras esta migración, regresó a Medina y participó en la batalla de Uhud. En esta ocasión, dio agua a la gente y atendió a los heridos. También se le permitió participar en la batalla de Jaibar. Lloró profundamente cuando Hazrat Umar fue martirizado en el vigésimo tercer año después de Hégira [migración del Santo Profeta (sa) a Medina]. Cuando la gente le preguntó la razón por qué lloraba, ella respondió que era por el martirio de Hazrat Umar, y que el islam se había debilitado. Hazrat Umme Aiman falleció al comienzo del califato de Hazrat Usman.

El resumen de los escritos de Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib en varias fuentes, y en relación con el matrimonio de Hazrat Zaid con Hazrat Umme Aiman es el siguiente:

“Esta es la misma Umme Aiman que fue entregada a Muḥammad (sa) como esclava en herencia cuando su padre falleció. Cuando Muhammad (sa) se hizo mayor, la liberó y siempre la trataba con mucha amabilidad. Umme Aiman se casó más tarde, con un esclavo liberado del Santo Profeta, llamado Zaid bin Ḥarizah, y de esta relación nació Usamah bin Zaid, quien era conocido como Al-Hibb Ibn al-Hibb, es decir, “el hijo querido del amado”. Cuando el Santo Profeta (sa) vio a Hazrat Umme Aiman, le dijo “¡Oh Umma! Es decir, ¡Oh mi madre! Cuando el Santo Profeta (sa) veía a Hazrat Umme Aiman, decía:

[árabe], que significa “esto es lo que queda de mi familia [cercana]”.

Según otra narración, el Santo Profeta (sa) afirma:

[árabe]

Lo que significa: “Después de mi verdadera madre, Umme Aiman tiene el estatus de ser mi madre”. El Santo Profeta (sa) también iba a su casa para verla.

Hazrat Anas bin Malik (ra) relata,

“Cuando los Muhayirin llegaron a Medina desde la Meca, no tenían nada en su poder, mientras que los Ansaar eran terratenientes y también eran dueños de varias propiedades. Los Ansaar llegaron a un acuerdo con los Muhayirin para que les ofrecieran los frutos de sus huertos y también realizaran todo el trabajo agrícola. Dicho de otro modo, les darían el producto de la tierra y también harían las labores de toda su agricultura y no dejarían que este trabajo lo hicieran los Muhayirin. La madre de Hazrat Anas (ra), Hazrat Umme Sulaim (ra), que también era la madre de Hazrat ‘Abdul-lah bin Abi Talha (ra), llevó algunas de sus palmeras datileras al Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) dio estos árboles a Hazrat Umme Aiman ​​(ra), quien era la madre de Hazrat Usama bin Zaid (ra) y la que había cuidado al Santo Profeta (sa). Ibn Shihaab afirma que Hazrat Anas (ra) bin Malik le dijo que cuando el Santo Profeta (sa) regresó a Medina después de la batalla contra la gente de Jaibar, los Muhayirin devolvieron todo lo que los Ansaar les habían concedido, es decir, todos los árboles frutales. Esto se debe a que ahora habían podido adquirir algunas riquezas y tierras propias. El Santo Profeta (sa) también devolvió las palmeras datileras a la madre de Hazrat Anas (ra), y en lugar de ellos dio a Hazrat Umme Aiman ​​(ra) algunas palmeras datileras de su propio huerto.

En otra narración de Bujari, se mencionan más detalles en los que Hazrat Anas (ra) narra:

“Uno de los Compañeros había presentado algunas palmeras datileras al Santo Profeta (sa). Cuando se le concedió la victoria al Santo Profeta (sa) contra las tribus de Quraizah y Nadhir, ya no necesitaba esos árboles. Después de esto, algunos de los miembros de mi familia me pidieron que fuera al Santo Profeta (sa) y le pidiera que devolviera algunos de los árboles que le habían llevado ya que no los necesitaba. Como estos árboles habían sido entregados a Umme Aiman (ra), tras escuchar esto, vino y colocó una tela sobre mi cuello y dijo: “en verdad, no devolveré eso. Juro por Aquel que es Único y digno de adorar que nunca conseguirás estos árboles porque el Santo Profeta (sa) me los ha dado – o dijo algo en ese sentido. El Santo Profeta (sa) dijo a Hazrat Umme Aiman (ra): “Está bien, devuelve estos árboles y te daré el mismo número de árboles de otro lugar”. Sin embargo, ella contestó: “Por Dios, sin duda, no los devolveré”.

Hazrat Anas continúa diciendo: después, el Santo Profeta (sa) le ofreció a Hazrar Umme Aiman (ra) diez veces más árboles o algo semejante – entonces ella devolvió los árboles”.

En otra narración relata que mientras emigraban a Medina a pie, Hazrat Umme Aiman (ra) tuvo mucha sed. Era una mujer muy piadosa y tenía un vínculo muy fuerte con Al-lah Todopoderoso. En ese momento no tenía nada de agua con ella y hacía mucho calor, sin embargo, escuchó un sonido por encima de ella y vio un cubo como un recipiente descender desde los cielos y gotas de agua comenzaron a caer sobre ella. Ella comenzó a beber hasta que su sed se sació. Solía decir que a partir de entonces, nunca sintió sed ni el deseo [de beber]. Posteriormente, nunca sintió el tormento de la sed, y si alguna vez sentía deshidratación mientras guardaba el ayuno, lo padecía sin sentir sed. Por tanto, a la vez que comento los incidentes de los Compañeros, también mencionaré a las mujeres que estaban relacionadas con los Compañeros Badri. Hazrat Umme Aiman tartamudeaba ligeramente. Siempre que veía a alguien, en vez de decir salamul-lahi alaikum, como era la costumbre de esa época, decía salamulah alaikum debido a su tartamudez. El Santo Profeta (sa) le permitió decir salamun alaikum o assalamo alaikum [en lugar de salmamul-lah alaikum] como se dice ahora.

Hazrat Aisha (ra) relata que un día, mientras el Santo Profeta (sa) estaba bebiendo agua, Hazrat Umme Aiman que también estaba presente, dijo: “¡Oh Mensajero de Al-lah dame agua para que yo también la beba!”. Hazrat Aisha (ra) le reprendió diciéndole: “¿Es ese el modo cómo pides al Mensajero de Al-lah?, a lo que ella respondió: “¿Acaso no he servido al Santo Profeta (sa) durante mucho tiempo?”. El Santo Profeta (sa) entonces respondió: “Dices la verdad” y le dio agua para beber.

Hazrat Anas (ra) relata que cuando el Santo Profeta (sa) falleció, Hazrat Umme Aiman no paraba de llorar. Cuando se le preguntó por qué lloraba tanto por el Santo Profeta (sa), respondió: “Sabía, por supuesto, que el Santo Profeta (sa) también fallecería, pero lloro porque las revelaciones nos han sido arrebatadas.” -en otras palabras, a pesar del dolor por el fallecimiento del Santo Profeta (sa), también lloraba porque la palabra de Dios y la revelación del Sagrado Corán que descendía sobre ellos, también había llegado a su fin-.

Hazrat Anas bin Malik narra: “Después del fallecimiento del Mensajero de Al-lah (sa), Hazrat Abu Bakr (ra) dijo a Hazrat Umar: ‘Acompáñame a visitar a Hazrat Umme Aiman y vamos a visitarla tal como el Santo Profeta (sa) lo hacía’. Cuando llegamos allí, ella comenzó a llorar. Ellos le preguntaron. “¿Por qué lloras? Porque todo lo que está con Al-lah es lo mejor para Su Mensajero (sa)”. Hazrat Umme Aiman respondió: “No lloro porque soy consciente de que todo lo que Al-lah posee es lo mejor para Su Mensajero (sa)”. Ella era una persona muy piadosa, como he mencionado antes. Ella declaró: “lloro porque la puerta de la revelación se ha cerrado ahora”. Esto también les hizo llorar a los dos.

Había una diferencia visible entre la complexión de Hazrat Usama y Hazrat Zaid porque la madre de Zaid era de Abisinia y tenía descendencia africana. Por ello había una diferencia en la apariencia entre el padre y el hijo porque el hijo se parecía físicamente más a su madre. Debido a esto, la gente planteaba objeciones sobre el linaje de Hazrat Usama diciendo que él no era hijo de Hazrat Zaid y los hipócritas hacían lo mismo.

Hazrat Aisha (ra) dice: “Un día, el mensajero de Al-lah (sa) me visitó y estaba muy contento. Dijo: “¡Oh Aisha! Muyaziz Mudlayi me acaba de visitar y vi a Usama bin Zaid y Zaid bin Ḥarizah se cubrían con la misma tela (tal vez para protegerse del calor o de la lluvia, sin embargo, ambos estaban cubiertos con la misma tela) para proteger sus cabezas. Sus rostros también estaban cubiertos pero sus pies estaban al descubierto. Muyaziz dijo: “Los dos pies son idénticos.” Lo que significa ambos pies tenían un fuerte parecido”. Al Santo Profeta (sa) le complació que la objeción formulada contra el linaje de Hazrat Usama fuera rechazada en la medida en que una persona mundana y un fisionomista lo atestiguaron. En aquellos días, los árabes lo consideraban ésto como una prueba contundente y esto silenció a la gente mundana y también a los hipócritas.

Hazrat Zaid (ra) era el esclavo liberto del Santo Profeta (sa) y también su hijo adoptivo. El Santo Profeta (sa) planeó el matrimonio de Hazrat Zaid (ra) con Hazrat Zainab bint Yahash. No obstante, este matrimonio no duró mucho, y Hazrat Zaid (ra) se divorció de ella. Este matrimonio duró un año o poco más, y después el Santo Profeta (sa) se casó con Hazrat Zainab bint Yahash (ra).

Los detalles recogidos de varias fuentes por Hazrat Mirza Bashir Ahmad en su libro Sirat Jatamun Nabiyyin son los siguientes:

“En el 5 d.H. poco antes de Ghazwah de Bani Mustaliq, que se celebró en Shawaan en el año 5 después de la Hégira, el Santo Profeta (sa) se casó con Zainab bint Yahash (ra). Hadrat Zainab (ra) era la hija de la tía paterna del Santo Profeta (sa) llamada Amimah bint “Abdil-Muttalib. Aunque era muy piadosa y justa, en el fondo tenía conciencia del estatus de su familia. En contraste, la disposición del Santo Profeta (sa) estaba totalmente limpia de dichos pensamientos [de alto estatus] y aunque desde una perspectiva social, comprendía de donde provenía su familia, sin embargo el Santo Profeta (sa) consideraba que el mérito, la pureza y la piedad individual configuraban el verdadero criterio para la nobleza.

A este efecto, el Sagrado Corán declara:

[árabe]

“¡Oh, gente! El más honorable entre vosotros es el que es más justo “.

De este modo, el Santo Profeta (sa) propuso el matrimonio de esta persona querida, es decir, Zainab bint Yahash (ra) para su esclavo liberto e hijo adoptivo Zaid bin Ḥarizah (ra) sin ninguna indecisión. Al principio, Zainab (ra) no aceptó esta pareja considerando que el estatus de su familia era mayor, pero finalmente, viendo el fuerte deseo del Santo Profeta (sa), estuvo de acuerdo. En cualquier caso, conforme a la propuesta y el deseo del Santo Profeta (sa), el matrimonio de Zainab (ra) y Zaid (ra) se celebró. Aunque Zainab (ra) cumplió sus votos con bondad, Zaid (ra) sentía en su corazón que Zainab (ra) todavía albergaba sentimientos ocultos de que ella pertenecía a una familia noble y que era pariente cercana al Santo Profeta (sa) mientras que Zaid (ra) era simplemente un esclavo liberado y no su igual. Incluso en su propio corazón, Zaid (ra) sentía que su posición era inferior que la de Zainab (ra).

Este sentimiento poco a poco se fue haciendo cada vez más fuerte hasta el punto de que su vida conyugal se volvió desagradable, haciendo que tanto el marido como la mujer se sintieran contrariados entre sí. Cuando esta preocupante situación se les fue de las manos, Zaid bin Ḥarizah (ra) se presentó ante el Santo Profeta (sa) por su propia voluntad, y quejándose del trato de Zainab (ra), pidió permiso para divorciarse de ella. En otro relato se narra que él se quejó diciendo: “Zainab utiliza una lengua áspera, y por lo tanto, deseo divorciarme de ella”. Naturalmente, el Santo Profeta (sa) al escuchar la situación entristeció, y le dijo que se abstuviera de darle el divorcio. Tal vez, sintiendo que Zaid (ra) podría hacer más para cumplir con sus obligaciones, el Santo Profeta (sa) le exhortó diciéndole: “Teme a Dios y resuelve tus diferencias como puedas”. Estas palabras del Santo Profeta (sa) han sido recogidas en el Sagrado Corán en las siguientes palabras:

[árabe]

“¡Oh Zaid! No te divorcies de tu mujer, y teme a Dios”

La razón de este consejo del Santo Profeta (sa) era porque en primer lugar, al Santo Profeta (sa) le desagradaba el divorcio. En una ocasión, el Santo Profeta (sa) dijo:

[árabe]

“De todas las cosas lícitas, el divorcio a la vista de Dios es la más indeseable.”

Por este motivo, en el islam solo se ha permitido como último recurso. En segundo lugar, según lo relatado por Imam Zainul-Abidin Ali bin Ḥusain (ra), el hijo de Imam Ḥusain (ra) (e Imam Zahri ha declarado que este relato es auténtico), el Santo Profeta (sa) ya supo por revelación divina que Zaid bin Ḥarizah (ra) finalmente se divorciaría de Zainab (ra), y luego ella se casaría con el Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) sintiendo que él tenía una conexión personal con el asunto, deseó permanecer absolutamente sin relación y neutral. Además, desde su propia perspectiva, el Santo Profeta (sa) quería evitar a toda costa involucrarse en el divorcio del matrimonio de Zaid (ra) y Zainab (ra), y que continuasen viviendo juntos por mucho tiempo mientras fuese posible. Fue bajo esta consideración que el Santo Profeta (sa) exhortó enfáticamente a Zaid (ra) a no divorciarse, temer a Dios y resolver las diferencias entre marido y mujer de cualquier manera posible.

Además, el Santo Profeta (sa) también mostró preocupación de que si, tras el divorcio de Zaid (ra), Zainab (ra) se casaba con el Santo Profeta (sa), la gente alegaría que el Santo Profeta (sa) se ha casado con la divorciada de su hijo adoptivo, y se daría una excusa para que la gente juzgara sobre este caso. Por lo tanto, Al-lah el Exaltado afirma en el Sagrado Corán:

[árabe]

“¡Oh Profeta! Mas escondiste en tu corazón lo que Al-lah iba a sacar a la luz, y tuviste miedo de los hombres, mientras que Al-lah tenía más derecho a ser temido.”

En cualquier caso, el Santo Profeta (sa) amonestó a Zaid (ra) a temer a Al-lah y le prohibió divorciarse. A la luz de esta exhortación, Zaid (ra) inclinó su cabeza en sumisión y regresó en silencio. Sin embargo, era difícil la reconciliación entre formas de ser tan diferentes, y lo que no estaba destinado a ser, así concluyó. Después de algún tiempo, Zaid (ra) se divorció. Cuando el ‘Iddat’ de Zainab (ra) había transcurrido, el Santo Profeta (sa) recibió nuevamente la revelación con respecto a su matrimonio, indicándole que debía casarse él mismo con ella. En relación a este mandato divino, la sabiduría que se extrae es que Zainab (ra) podía ser consolada y quedaría demostrado que no hay desgracia en que los hombres musulmanes se casen con una mujer divorciada.

Además, otro aspecto sabio es que, dado que Zaid (ra) era el hijo adoptivo del Santo Profeta (sa) y era generalmente conocido como su hijo, al casarse con su divorciada, el Santo Profeta (sa) demostró con este ejemplo práctico a los musulmanes que un hijo adoptivo no es un hijo real, ni se les aplican los mandatos que se aplican a los hijos biológicos. Como resultado, se eliminó por completo entre los musulmanes esta ignorante costumbre árabe. En este sentido, el Sagrado Corán, que es el más auténtico de todos los registros históricos islámicos, afirma:

[arábe]

“Cuando Zaid terminó su relación con Zainab, la casamos contigo para que no exista ningún obstáculo para los creyentes con respecto a las esposas de sus hijos adoptivos, una vez que los hijos adoptivos disuelvan su relación con sus esposas. Así es como se decretó que la Voluntad de Dios se cumpliera”.

Por lo tanto, después de que se enviara esta revelación divina, que era absolutamente independiente del deseo personal o del pensamiento del Santo Profeta (sa), este decidió casarse con Zainab (ra). El Santo Profeta (sa) envió su propuesta de matrimonio a Zainab (ra) a través del propio Zaid (ra). Con el consentimiento de Zainab (ra), su hermano Abū Ahmad bin Yahash (ra) actuó como tutor y la desposó con el Santo Profeta (sa). La dote se fijó en 400 dirhams. De esta manera, esta antigua tradición, que se hallaba firmemente arraigada en las llanuras de Arabia, fue suprimida de raíz, y eliminada por el islam a través del ejemplo personal del Santo Profeta (sa).

En este caso, también es necesario mencionar que los historiadores y los Muḥaddizzin creen en su mayoría que, dado que existió una revelación divina respecto al matrimonio de Hazrat Zainab (ra), y que este matrimonio tuvo lugar mediante un mandato divino especial, la ceremonia real del nikkaḥ no tuvo lugar. Sin embargo, esta noción es incorrecta. Sin lugar a dudas, este matrimonio tuvo lugar de acuerdo con el mandato de Dios, y se puede decir que este matrimonio se estableció en los cielos, por así decirlo. Sin embargo, esto no puede eximir a nadie de la aplicación práctica de la Shari’a, que también fue instituida por el mismo Dios. Por lo tanto, en la referencia de Ibne Hishaam, a la que he aludido anteriormente, se declara explícitamente que sí que tuvo lugar la ceremonia real del Nikkaḥ y, a este respecto, el asunto queda claro y no deja lugar a la incertidumbre o a la duda.

Además, respecto al Ḥadiz que establece que Hazrat Zainab (ra) se expresó de manera orgullosa a las otras Ummahatul-Mu’minin diciendo que sus matrimonios fueron anunciados a través de sus tutores en la tierra, mientras que su propio matrimonio fue anunciado en los cielos, también es falso deducir del mismo que la ceremonia física de su matrimonio no tuviera lugar. La razón es que, incluso en el caso de que se hubiera celebrado una aparente ceremonia, ella mantenía la distinción de que su matrimonio se instituyó en los cielos bajo la orden especial de Dios, mientras que los matrimonios de las otras Ummahatul-Mu’minin tuvieron lugar en circunstancias normales, a través de una mera ceremonia.

En otra narración se relata que el Santo Profeta (sa) fue a Zainab (ra) sin permiso, y de ello también hay quien deduce que no se llevó a cabo una ceremonia real. Sin embargo, si uno reflexiona, este hecho no tiene relación alguna con el hecho de que se celebrara o no una ceremonia real. Si se pretende deducir de esto que el Santo Profeta (sa) fue a la casa de Hazrat Zainab (ra) sin permiso, tal cosa es incorrecta y contraria a los hechos, porque una narración explícita de Bujari establece que después de su matrimonio, Zainab se despidió de su casa y se dirigió a la casa del Santo Profeta (sa), y no al revés. Sin embargo, si se deduce que esta narración sugiere que después de que tuvo lugar el Rujsatanah, y de que ella entrara en la casa del Santo Profeta (sa), él acudió a ella sin ningún permiso específico, esto no constituiría nada fuera de lo común, y no estaría reñido con la práctica habitual. Después de llegar a la casa del Santo Profeta (sa) como su esposa, era obvio que el Santo Profeta (sa) acudiría a ella, y no requería ningún permiso al respecto. Por lo tanto, la narración sobre el Santo Profeta (sa) que afirma que no solicitó permiso, no tiene relación alguna con la cuestión de si tuvo lugar o no una ceremonia formal de Nikkaḥ. La realidad del asunto, tal como Ibne Hisham la ha reflejado claramente, es que, a pesar del mandato divino, se llevó a cabo una ceremonia formal de Nikkaḥ. La racionalidad también dicta que ocurrió así, porque, en primer lugar, no había ninguna razón para una excepción a la regla general, y en segundo lugar, porque el objetivo mismo de este matrimonio era erradicar una costumbre y eliminar su influjo [casarse con la esposa divorciada de un hijo adoptivo], para lo cual se requería que este matrimonio en particular, y en mayor grado, se celebrara con gran proclamación y publicidad, para que el mundo conociera que esta costumbre había sido abolida desde ese mismo momento “.

En los relatos relacionados con la vida de Hazrat Zaid, he mencionado algunos detalles sobre el matrimonio del Santo Profeta (sa) y Hazrat Zainab. La razón de haberlo hecho es que hay personas que lanzan acusaciones contra este matrimonio incluso hoy en día, y, por lo tanto, debemos conocerlo con detalle. Existen más pormenores adicionales respecto a este suceso, así como otros incidentes de Hazrat Zaid. Explicaré más detalles de tales sucesos en el futuro, a medida que sean necesarios, pero por ahora continuaré con el relato de Hazrat Zaid.