Hazrat Abu Ayub Ansari(ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Hazrat Abu Ayub Ansari(ra)

Hazrat Abu Ayub Ansari

Un compañero Badri del Santo Profeta Muhammad (sa)

Sermón del viernes del 20 de noviembre de 2020

Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa) – Hazrat ‘Auf bin Harith (ra) & Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra)

Contexto

El nombre de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) era Hazrat Jalid y su padre era Zaid bin Kulayb. (Ali Ibn al-Athir, Usd al-Ghabah fi Ma’rifat al-Sahabah, Vol. 6, Hazrat Abu Ayub al-Ansari [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-‘Ilmiyyah, 2003], 22)

Se le conoce tanto por su nombre como por su título. Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) pertenecía a la rama Banu Nallar de la tribu de Jazrall.

Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) fue bendecido con la oportunidad de hacer bai’at con ocasión de la segunda promesa, en Aqaba, junto a otros setenta Compañeros (ra). La madre de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) era Hind bint Sa’id, aunque según otra narración, se llamaba Zahra bint Sa’d. La esposa de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) era Hazrat Umm-e-Hassan bint Zaid (ra), quien dio a luz a un hijo llamado ‘Abdur Rahman.

El Santo Profeta (sa) formó un vínculo de hermandad entre Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) y Hazrat Mus’ab bin ‘Umair (ra). (Ibn Abd al-Barr, Al-Isti‘ab fi Ma‘rifat al-Ashab, Vol. 2, Hazrat Khalid bin Zaid [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-‘Ilmiyyah, 1995], 200.) (Ibn Saad, Al-Tabaqat al-Kubra, Vol. 3, Hazrat Abu Ayub al-Ansari [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 1990], 368-369)

Primer anfitrión del Santo Profeta (sa) en Medina

Más tarde, cuando el Santo Profeta (sa) emigró a Medina, se quedó con Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) hasta la construcción de  Masjid-e-Nabawi (La Mezquita del Profeta -sa-) y su casa. (Ali Ibn al-Athir, Usd al-Ghabah fi Ma‘rifat al-Sahabah, Vol. 6, Hazrat Abu Ayub al-Ansari [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 2003], 23)

En Sirat Jatam-un-Nabiyyin [La vida y el carácter del Sello de los Profetas (sa)], Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) menciona lo siguiente, en relación con la estancia del Santo Profeta (sa) en la casa de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra):

“Cuando el Santo Profeta (sa) llegó al Banu Nallar, se volvió a plantear la cuestión de con quién se quedaría. Cada individuo de la tribu deseaba ser quien recibiera ese honor. De hecho, y por el amor que sentían por él, alguno incluso tomó las riendas del camello del Santo Profeta (sa). Al ver esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “deja mi camello, porque en este momento está siendo inspirado Divinamente”.

 En otras palabras, se iba a sentar donde Dios lo deseara; y al decir esto, también el Santo Profeta (sa) soltó sus riendas. El camello avanzó con gracia y se sentó cuando llegó al lugar donde, más tarde, se construyeron Masjid-e-Nabawi y las viviendas del Santo Profeta (sa). En ese momento, se trataba de un terreno baldío, propiedad de dos niños de Medina. Sin embargo, el camello inmediatamente se puso de pie y comenzó a avanzar; aunque después de algunos pasos, volvió una vez más al lugar inicial de descanso y se sentó. El Santo profeta (sa) entonces declaró: “parece que la Voluntad de Al’lah desea que este sea nuestro lugar de residencia”.

Después de esto, el Santo Profeta (sa) suplicó a Dios y desmontó de su camello. A continuación, el Santo Profeta (sa) preguntó de quién era el hogar más cercano a ese lugar. Abu Ayyub Ansari (ra) se adelantó corriendo y dijo: “¡oh Mensajero de Al’lah (sa)! Es el mío y esta es la entrada a mi casa. Sea Usted bienvenido”. El Santo Profeta (sa) dijo: “está bien, entonces ve y prepara un lugar para que me quede”.

 Abu Ayyub Ansari (ra) preparó inmediatamente su casa y regresó. Presto, el Santo Profeta (sa) entró con él. Como era una casa de dos plantas,  Abu Ayyub (ra) deseaba que el Santo Profeta (sa) se quedara en la planta superior. No obstante, para mayor facilidad de las personas que vendrían de visita, el Santo Profeta (sa) prefirió la planta de abajo y se instaló allí. Cuando llegó la noche,

Abu Ayyub (ra) y su esposa no pudieron dormir pensando que el Santo Profeta (sa) estaba debajo  y ellos estaban encima de él. Además, sucedió que durante la noche se rompió una vasija de agua en el techo. Con apremio, Abu Ayyub (ra) colocó rápidamente su manta sobre el agua para secarla, a fin de evitar que una sola gota de agua se filtrara al piso de abajo. Por la mañana, se presentó ante el Santo Profeta (sa) y le imploró (sa) que se quedara en el piso superior. Al principio, el Santo Profeta (sa) dudó, pero ante la insistencia de Abu Ayyub (ra), estuvo de acuerdo. El Santo Profeta (sa) permaneció en esta casa durante siete meses; o según Ibn Ishaq, permaneció hasta el mes de Safar del segundo año después de la Hégira. En otras palabras, el Santo Profeta (sa) permaneció en ese lugar hasta la construcción de Masjid-e- Nabawi y las habitaciones adyacentes para su uso. Abu Ayyub (ra) también solía ofrecer la comida al Santo Profeta (sa) y luego, lo que quedaba de ella, se lo tomaba él. Debido a su amor y sinceridad, comía de donde el Santo Profeta (sa) había tomado su comida. De la misma forma, otros Compañeros (ra) ofrecían comida al Santo Profeta (sa)”. (Life & Character of the Seal of the Prophets, Hazrat Mirza Bashir Ahmad(ra), pp. 267, 268)

Hazrat Musleh Maud (ra) ha narrado este incidente. A veces, se mencionan ciertos detalles adicionales que no se han escuchado antes, por lo que por eso lo citaré según sus palabras. Aunque el relato es más o menos el mismo, Hazrat Musleh Ma’ud (ra) tiene su propio y único estilo al narrarlos. El escribe:

“Mientras el Santo Profeta (sa) estaba en Medina, todos anhelaban tener el honor de ser su anfitrión. A su llegada, cuando su camello pasaba por las calles, las familias se alineaban para recibir al Mensajero de Al’lah (sa) y con una sola voz decían: “¡oh Mensajero de Dios (sa)! Aquí estamos con nuestros hogares, nuestra propiedad y nuestras vidas para recibirle, y ofrecerle nuestra protección. Venga a vivir con nosotros”. Algunos mostraban un mayor celo, se adelantaban y tomaban las riendas del camello, e insistían en que el Profeta (sa) desmontara frente a sus puertas y entrara en sus casas; pero cortésmente, el Santo Profeta (sa) se negaba, diciendo: dejad mi camello en paz,  porque está bajo el mando de Dios y se detendrá donde Al’lah quiera que se detenga”.

Finalmente, se detuvo en un sitio que pertenecía a huérfanos de la tribu Banu Nallar. El Santo Profeta (sa) desmontó y dijo: “parece que aquí es donde Dios quiere que nos detengamos”. A continuación, el Santo Profeta (sa) preguntó a quién pertenecía ese terreno. El tutor de los huérfanos se acercó e informó al Santo Profeta (sa) y luego le ofreció el lugar para su uso. Pero el Santo Profeta (sa) respondió que no aceptaría la oferta a menos que se le permitiera pagar. Se fijó un precio y el Santo Profeta (sa) decidió construir allí la mezquita y algunas casas al lado de la misma. Después de esto, el Santo Profeta (sa) preguntó quién vivía más cerca de ese lugar. Abu Ayyub Ansari (ra) se adelantó y dijo que su casa era la más cercana, y que sus servicios estaban a disposición del Santo Profeta (sa). Entonces, le pidió que le preparara una habitación para él en su casa. Esta tenía dos pisos y ofreció que el Santo Profeta (sa) se quedara con el piso superior, pero el Santo Profeta (sa) prefirió quedarse en el piso inferior para la comodidad de sus visitantes”.

Hazrat Musleh Maud (ra) narra además:

“La devoción que la gente de Medina tenía por el Santo Profeta (sa) se manifestó nuevamente. Abu Ayyub (ra) aceptó dejar que el Santo Profeta (sa) tuviera el piso inferior, aunque él y su esposa no pudieron dormir toda la noche, pensando que el Santo Profeta (sa) estaba debajo de ellos; pues él y su esposa consideraron descortés hacerlo. (Esta fue una expresión de su profundo amor). Durante la noche, una tinaja de agua se rompió accidentalmente y el agua fluyó por el suelo. De inmediato, Abu Ayyub (ra), temiendo que un poco de agua goteara a la habitación ocupada por el Santo Profeta (sa), tomó su manta y con ella secó el agua antes de que pudiera gotear. Por la mañana se presentó ante el Santo Profeta (sa) y narró los eventos de la noche anterior. Al escuchar esto, el Santo Profeta (sa) acordó ocupar el piso superior.

Abu Ayyub (ra) preparaba a diario las comidas y se las presentaba al Santo Profeta (sa),  y tanto él como su familia comían lo que quedaba de las mismas. Después de unos días, los otros miembros de los Ansar insistieron en participar también en el servicio al Santo Profeta (sa). Así pues, hasta que el Santo Profeta (sa) se estableció en su propia casa e hizo sus propios arreglos, los musulmanes de Medina se turnaron para presentar sus servicios al Santo Profeta (sa)”. (Dibachah Tafsir al-Quran, Anwar al-Ulum, Vol. 20, pp. 228, 229)

Con esto, la referencia recogida de “Una introducción al estudio del Sagrado Corán” de Hazrat Musleh Mau’ud (ra) está completa, y ahora la siguiente es un hadiz narrado por el propio Hazrat Abu Ayyub (ra). Pues bien, Hazrat Abu Ayyub (ra) narra que el Santo Profeta (sa) llegó a su casa y se quedó en el piso inferior de la misma, mientras que Hazrat Abu Ayyub (ra) se mudó al piso superior de la casa. El narrador dice que una noche, Hazrat Abu Ayyub (ra) se despertó y dijo que estaban caminando por encima del Santo Profeta (sa), por lo que se movió a un lado y pasó toda la noche en un rincón. Más tarde, cuando le expresó esto al Santo Profeta (sa), respondió diciendo que era más fácil para él permanecer en el piso inferior. Hazrat Abu Ayyub (ra) dijo que no podía residir en el piso superior, mientras que el Santo Profeta (sa) estaba debajo de él. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) se trasladó al piso superior y Hazrat Abu Ayyub (ra) bajó al piso inferior de la casa.

Hazrat Abu Ayyub (ra) preparaba comida para el Santo Profeta (sa) y cuando se devolvía lo que quedaba de la comida, le preguntaba a la persona que la traía dónde los dedos del Santo Profeta (ra) habían tocado la comida y Hazrat Abu Ayyub (ra) ponía sus dedos en esos mismos lugares; lo que significa que comía en el lugar exacto donde el Santo Profeta (sa) ya había comido.

Amor por el Santo Profeta (sa)

Una vez preparó comida para el Santo Profeta (sa) que contenía un poco de ajo. Cuando le trajeron la comida, volvió a preguntar de dónde había comido el Santo Profeta (sa). Cuando le informaron que el Santo Profeta (sa) no había comido ese día, se preocupó y subió al piso de arriba donde estaba el Santo Profeta (sa), para preguntarle si el ajo era “harām” [prohibido]. El Santo Profeta (sa) respondió: “no, pero personalmente no me gusta”. Al escuchar esto, Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) dijo: “si a Usted no le gusta algo, a mí también me desagrada”; o quizá dijo: “si no le gusta algo, tampoco me gustará a mí”.

El narrador dice, como se registra en Sahih Muslim, que los Ángeles visitarían al Santo Profeta (sa), lo que significa que recibiría revelaciones, por lo que los Ángeles vendrían a él. Así pues, esta fue la razón por la que al Santo Profeta (sa) no le gustaba en ese momento nada que tuviera un olor desagradable. Sin embargo, no dijo que estaba prohibido.

Otra narración de Sahih Muslim se refiere a este mismo tema: Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) narra que “cuando se le presentaba comida al Santo Profeta (sa), él comía de ella y me enviaba lo que quedaba. Un día, devolvió la comida, de la que no había comido nada, porque contenía ajo. Le pregunté al Santo Profeta (sa) si esto era ‘harām’, a lo que respondió que ‘no’, pero no le gustaba debido a su olor. Ante esto, Hazrat Abu Ayyub (ra) dijo: también me desagrada lo que no le gusta a Usted”. (Sahih Muslim, Kitab al-Ashribah, Bab Ibahat al-Akl al-Thum, Hadith 5356-5358)

Hay otra narración de Musnad Ahmad bin Hanbal en la que este mismo incidente se ha registrado de la siguiente manera: Abu Ayyub Ansari (ra) narra que “el Santo Profeta (sa) se quedó en el piso inferior de nuestra casa, mientras yo residía en la planta superior. Una vez, un poco de agua se derramó en el piso superior, por lo que junto a Umm Ayyub comenzamos a secar el agua con un trozo de tela, por temor a que un poco de agua gotease sobre el Santo Profeta (sa). Luego, nerviosamente fui ante el Santo Profeta (sa) y le dije: ¡oh Mensajero de Al’lah (sa)! Sentimos que es inapropiado que vivamos encima de Usted. Le solicito que se traslade al piso superior’. Así pues habiendo aceptado y siguiendo las instrucciones del Santo Profeta (sa), sus pertenencias, que eran en realidad muy pocas cosas, se trasladaron a la planta de arriba. Entonces dije: ¡oh Mensajero de Al’lah (sa)! Cada vez que me enviaste algo de tu comida, encontraba las huellas de tus dedos y ponía mi mano en el mismo lugar. Pero hoy, cuando me devolviste la comida, no encontré las huellas de tus dedos. El Santo Profeta (sa) respondió: tienes razón. En realidad, contenía cebollas (aquí se han mencionado cebollas en lugar de ajo) y no quise comerla, debido a que hay un Ángel que viene a visitarme. No obstante, tú puedes comer de ella”. (Ahmad bin Hanbal, Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 7, Musnad Abu Ayub Ansari, Hadith 23966 [Beirut, Lebanon: Alam al-Kutub, 1998], 781)

Participación en Batallas y Amor del Santo Profeta (sa) por Abu Ayyub

Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) tuvo el honor de acompañar al Santo Profeta (sa) en las batallas de Badr, Uhud, Jandaq y todas las demás batallas. (Ibn Saad, Al-Tabaqat al-Kubra, Vol. 3 [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-‘Ilmiyyah, 1990], 369)

Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) relata que: “el día de Badr, los musulmanes se estaban organizando en filas, cuando algunas personas se adelantaron a la fila. El Santo Profeta (sa) los miró y dijo: ¡quedaos conmigo, quedaos conmigo! Lo que significa que debían permanecer detrás de él y no adelantarse a él. (Ahmad bin Hanbal, Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 7, Musnad Abu Ayub Ansari, Hadith 23963 [Beirut, Lebanon: ‘Alam al-Kutub, 1998], 780)

Luego, hay una narración con respecto a la noche que siguió al matrimonio del Santo Profeta (sa) con Hazrat Safiya (ra). Aunque ya he mencionado esto antes, cuando hice una breve mención de él, no obstante lo mencionaré nuevamente. Por la noche, después del matrimonio del Santo Profeta (sa) con Hazrat Safiya (ra), Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) hizo guardia fuera de la tienda con su espada desenvainada y permaneció en guardia durante toda la noche, dando vueltas por los cuatro lados de la carpa. Por la mañana, cuando el Santo Profeta (sa) vio a Hazrat Abu Ayyub (ra) fuera de la tienda, le preguntó: “¡oh Abu Ayyub! ¿Qué ocurre?”. Él respondió diciendo: “¡oh Mensajero de Al’lah (sa), temía que esta mujer te hiciera daño, porque su padre, su esposo y la gente de su nación han sido asesinados, y ella se ha convertido recientemente en creyente; por tanto, monté guardia la toda la noche por tu seguridad”. Ante esto, el Santo Profeta (sa) oró por Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) diciendo: “¡oh Al’lah! Protege a Abu Ayyub, porque pasó toda la noche vigilante por el bien de mi protección”.

El Imam Suhaili afirma que como resultado de esta oración ofrecida por el Santo Profeta (sa), Dios Altísimo protegió a Hazrat Abu Ayyub (ra), hasta tal punto que los romanos solían vigilar su tumba y rezar junto a la misma para obtener agua, como resultado de lo cual llovía sobre ellos. (Ali bin Burhan al-Din al-Halabi, Al-Sirah al-Halabiyyah, Vol. 3, Ghazwat Khaibar [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 2002], 65)

Declaración de fe

Hazrat Mahmud bin Rabi’ (ra) afirma que escuchó de Hazrat ‘Itban bin Malik Ansari (ra) -quien se cuenta entre los que estaban presentes junto al Santo Profeta (sa) en Badr- que “yo solía dirigir a mi tribu Banu Salim en la oración,  pero en el camino a la mezquita, había un pequeño arroyo que me resultaba difícil cruzar cuando llovía. Por ello fui al Santo Profeta (sa) y le dije: ‘mi vista se ha debilitado significativamente. Cuando llueve mucho, el pequeño arroyo que hay entre mi lugar de residencia y el resto de la gente se inunda, y me resulta difícil cruzarlo. Así pues, mi deseo es, ¡oh Mensajero de Al’lah (sa)!, que venga Usted a mi casa y ofrezca sus oraciones aquí, después de lo cual convertiré mi casa en una mezquita’. El Santo Profeta (sa) respondió diciendo que vendría. A la mañana siguiente, el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr (ra) vinieron a mi casa después del amanecer. Al llegar a la puerta, el Santo Profeta (sa) pidió permiso para entrar y les permití entrar. Cuando el Santo Profeta (sa) entró en la casa no se sentó, sino que preguntó: ‘¿en qué parte de la casa quieres que ofrezca las oraciones?’. (Como había pedido al Santo Profeta (sa) que viniera a ofrecer oraciones, preguntó dónde deseaba que ofreciera las oraciones). Entonces señalé un rincón de la casa donde deseaba que el Santo Profeta (sa) ofreciera sus oraciones. El Santo Profeta (sa) se levantó para rezar y dijo “Al’lahu Akbar”.  Nos pusimos de pie detrás de él formando una fila para las oraciones. El Santo Profeta (sa) dirigió dos rak’āts [unidades de oración] y luego dijo el salām. Cuando el Santo Profeta (sa) dijo salām nosotros también dijimos salām. A continuación le pedí al Santo Profeta (sa) que se quedara un poco más para comer ‘jazirah’ (un plato hecho con carne y harina o pan), que todavía se estaba preparando. Algunos otros residentes de la zona habían oído que el Santo Profeta (sa) estaba visitando mi casa, así que vinieron corriendo y finalmente mucha gente se reunió en mi casa. Uno de ellos dijo: ¿dónde está Malik? No lo veo. Otra persona respondió: es un hipócrita. Preguntó por el paradero de otro Compañero y otra persona respondió diciendo: es un hipócrita y no ama a Al’lah ni a Su Mensajero, por eso no vino. Al oír esto, el Santo Profeta dijo: no digas eso. ¿No ves que profesa el credo islámico de La Ilaha Il’l Al’lah [no hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah] con la esperanza de alcanzar el agrado de Dios? El que pronunció la declaración antes mencionada dijo a continuación: Dios y su Mensajero (sa) saben mejor. Y añadió: sin embargo, sólo vemos que se relaciona y se junta con los hipócritas. Sobre esto, el Santo Profeta (sa) declaró: el infierno ha sido prohibido a quien declara que no hay nadie digno de adoración excepto Al’lah, con la intención de buscar el agrado de Al’lah”.

Racionalización de las narraciones

Hazrat Mahmud bin Rabi’ (ra) narra: mencioné este dicho del Santo Profeta (sa) a algunas otras personas, incluso a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra), un Compañero del Santo Profeta (sa). En ese momento Hazrat Abu Ayyub (ra) estaba participando en la batalla contra las fuerzas bizantinas, bajo el mando de Yazid bin Mu’awiyah, y murió durante esta batalla. Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) desestimó lo que había declarado diciendo: “por Dios, no puedo aceptar que el Santo Profeta (sa) haya declarado alguna vez lo que acabas de narrar”; es decir, la narración de que el Infierno estaría prohibido a quien simplemente declara “no hay nadie digno de adoración excepto Al’lah”.

A pesar de todo, sigue narrando: “me sentí muy perturbado por este asunto y me puse ansioso. Entonces, hice una promesa a Dios Altísimo de que si me permitía regresar a salvo de esta batalla, iría y preguntaría sobre este asunto a Hazrat ‘Itban bin Malik (ra), si todavía estaba vivo, cuando fuese a visitar la mezquita de su tribu. Así, regresé y entré en un estado de ‘ihram’ [estado sagrado en el que uno debe entrar para realizar la Umrah o el Hall]. Me fui y en el camino llegué a esa parte de Medina donde residían los Banu Salim. Busqué a Hazrat ‘Itban (ra), que se había vuelto muy frágil y su visión se había deteriorado. Estaba dirigiendo a su gente en la oración. Cuando dijo salām para indicar el final de la misma, le ofrecí el saludo de paz, me presenté ante él y le pregunté sobre el asunto. Narró exactamente el mismo incidente que me había mencionado anteriormente; (Sahih al-Bukhari, Kitab al-Tahajjud, Bab Salat al-Nawafil Jama’atan, Hadith 1186) (Lughat al-Hadith, Vol. 1, p. 580) es decir, que había oído decir al Santo Profeta (sa): el infierno estaría prohibido para el que declarara no hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah. No obstante, Hazrat Abu Ayyub (ra) no aceptó esta narración”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha escrito su opinión sobre este asunto y ha citado todo el hadiz. Voy a leer la traducción, que arrojará más luz sobre este asunto. Escribe:“Mahmud bin Rabi’ (ra) narra que he oído de ‘Itban bin Malik que el Profeta de Al’lah dijo que Dios Altísimo ha prohibido el fuego del infierno a todos aquellos que, con total sinceridad y solo para buscar el agrado de Dios, declaran que no hay nadie digno de adoración excepto Al’lah. Mahmud (ra) añadió: conté la narración anterior a algunas personas en una reunión en la que también estaba presente Abu Ayyub (ra). Abu Ayyub (ra) rechazó la narración y dijo: Por Dios, no puedo aceptar en absoluto que el Santo Profeta (sa) lo haya dicho”. Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe además:“En este hadiz, Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) se negó a aceptar una narración sobre la base de Dirayat, aunque parecía auténtica con referencia a Riwayat”, o sea, basada en los principios de los Hadices relacionados con la cadena de narradores. Así pues, Hazrat Abu Ayyub (ra) se negó a aceptar la narración basada en los principios que consideraba correctos.Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe además:“Es muy posible que la argumentación y la racionalización de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) sea incorrecta, pero este hadiz es una prueba del hecho de que los Compañeros (ra) del Santo Profeta (sa) no aceptaban ciegamente cada hadiz que les llegaba. Al contrario, sólo aceptaban los hadices después de una investigación exhaustiva, utilizando los principios de Riwayat y Dirayat”.  (Life & Character of the Seal of the Prophets, Hazrat Mirza Bashir Ahmad(ra), p. 16) En otras palabras, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) demuestra con esto que los Compañeros (ra) no aceptaban ciegamente cualquier hadiz, sino que lo meditaban cuidadosamente y lo estudiaban.Bajo el comentario de este hadiz de Sahih Bujari, Hazrat Syed Waliul’lah Shah Sahib ha escrito: “cuando Hazrat Abu Ayyub (ra) escuchó esta narración de Mahmud bin Rabi’, se negó a aceptarla. Algunos opinan que la razón por la que cuestionó esta narración fue porque creía que la simple declaración de que ‘no hay nadie digno de ser adorado excepto Al’lah’ no protegerá a alguien del fuego del infierno, a menos que además realice actos virtuosos junto a ello. Este es un principio islámico establecido…”En efecto, esto es correcto, pero luego Shah Sahib escribe: “… sin embargo la cláusula aclara el significado de esta declaración de fe. Es decir, el que declara ‘no hay nadie digno de adoración excepto Al’lah’ con total sinceridad y buscando el agrado de Al’lah, el infierno ha sido prohibido para tal persona”.Shah Sahib escribe además: “Hazrat Mahmud (ra) preguntó de nuevo, pensando que tal vez era incapaz de memorizar y recordar algunas de las palabras correctamente. Pero después de investigar, descubrió que todo lo que se mencionaba en esa narración era, en efecto, correcto”.A continuación escribe:“Es inapropiado emitir un juicio en relación con la fe de una persona o llamar a alguien hipócrita abiertamente ante los demás, (o sea, es erróneo llamar a alguien hipócrita o decirle que tiene una fe débil delante de la gente), porque en esta narración el Santo Profeta (sa) se disgustó por esta misma crítica de Ibn Dujshum, ya que el Santo Profeta (sa) se negó a que se anunciara públicamente, pues en lugar de conducir a la reforma, este tipo de crítica lleva a la maldad y a la discordia”. (Sahih al-Bukhari, Kitab al-Tahajjud, Bab Salat al-Nawafil Jama‘atan, Hadith 1186, Vol. 2, p. 565, Nazarat Isha‘at Rabwah)Por otra parte, en otra narración se menciona que cuando estaban en Abwah, surgió un desacuerdo entre Hazrat ‘Abdul’lah bin Abbas (ra) y Hazrat Miswar bin Majramah (ra) con respecto al ghusal [lavarse o bañarse]. Hazrat ‘Abdul’lah bin Abbas (ra) declaró que un “muhrim” [uno que está en estado de Ihram] puede lavarse la cabeza, mientras que Hazrat Miswar (ra) declaró que un “muhrim” no puede lavársela. El narrador afirma: “Hazrat ‘Abdul’lah bin Abbas (ra) me envió a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra). Noté que se bañaba entre dos postes de madera que tenían algo para cubrirse a su alrededor. Me acerqué a él y le ofrecí el saludo de paz. Preguntó quién era y le respondí: soy ‘Abdul’lah bin Hunain y Hazrat ‘Abdul’lah bin Abbas (ra) me ha enviado para preguntarte cómo el Santo Profeta (sa) se lavaba la cabeza cuando estaba en estado de Ihram, porque he escuchado que uno no se debe lavar la cabeza en estado de Ihram. Hazrat Abu Ayyub (ra) puso su mano en la cubierta de tela y la bajó lo suficiente para que yo pudiera ver su cabeza, o sea, bajó la tela que estaba utilizando para cubrirse, me mostró su cabeza e instruyó al que le estaba echando agua encima que la echara. Vertió agua sobre la cabeza de Hazrat Abu Ayyub (ra) y este pasó ambas manos sobre su cabeza, o sea, las movió desde el frente hasta la parte posterior de la cabeza y declaró: he visto al Santo Profeta (sa) hacer esto; es decir, lavarse la cabeza de manera que pasaba sus manos sobre la cabeza y luego volvía a pasarlas otra vez”. (Sahih al-Bukhari, Kitab al-Said, Bab al-Ightisal li al-Muhrim, Hadith 1840)Hazrat Said bin Musayyab (ra) narra:“En una ocasión, Hazrat Abu Ayyub (ra) vio un trozo de paja o algo similar en la barba del Santo Profeta (sa) y se lo quitó. Luego le mostró al Santo Profeta (sa) lo que era. El Santo Profeta (sa) dijo: que Al’lah le quite a Abu Ayyub lo que le desagrada. En una narración diferente el Santo Profeta (sa) dijo:‘¡oh Abu Ayyub! Que todas tus dificultades sean eliminadas”. (Kanz al-Ummal, Vol. 13, p. 614, Hazrat Abu Ayub Ansari, Hadith 37568, 37569, Maktabat Mu‘assisat al-Risalah, Beirut, 1985)

Confianza y respeto de los compañeros por Abu Ayyub

Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) estuvo en la primera línea del ejército de Hazrat ‘Ali durante las batallas de Yamal, Siffin y Nahrawan. (Ali Ibn al-Athir, Usd al-Ghabah fi Ma‘rifat al-Sahabah, Vol. 6, Hazrat Abu Ayub al-Ansari [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 2003], 22)

Se puede medir el nivel de confianza que Hazrat ‘Ali (ra) tenía en Hazrat Abu Ayyub (ra), por el hecho de que cuando Hazrat ‘Ali (ra) declaró a Kufa como la capital del imperio musulmán y se trasladó allí, nombró a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) como gobernador de Medina y permaneció como gobernador de dicha ciudad hasta el año 40 DH, cuando el ejército sirio del Emir Mua’wiyah, bajo el mando de Yusr bin Abi Arta’, la invadió. Debido a esto, Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) dejó Medina para estar con Hazrat ‘Ali (ra) en Kufa.

Después del fallecimiento del Santo Profeta (sa), sus Compañeros (ra) recibían un sueldo mensual por parte del Jalifa. Inicialmente la paga de Hazrat Abu Ayyub era de 4.000 dinares, pero durante el Jilafat de Hazrat ‘Ali (ra) se aumentó a 20.000. Al principio se asignaron 8 trabajadores para cultivar la tierra que pertenecía a Hazrat Abu Ayyub (ra), pero Hazrat ‘Ali (ra) los aumentó a 40. (Muhammad Ibn Jarir al-Tabari, Tarikh al-Tabari, Vol. 3 [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 1987], 153) (Sheikh Shah Moinuddin Ahmad Nadvi, Siyar al-Sahabah, Vol. 3 [Karachi, Pakistan: Dar al-Isha‘ah, 2004], 112)

Hazrat Habib bin Abi Thabit narra:

“Hazrat Abu Ayyub (ra) vino una vez a Amir Mu’awiyah y se quejó de una deuda pendiente. Amir Mu’awiyah no se fijó en lo que le gustaba a Hazrat Abu Ayyub (ra), sino en lo que le disgustaba; o sea, pasó por alto lo que le satisfacía a Hazrat Abu Ayyub y en su lugar dirigió su atención a lo que le había disgustado. Sobre esto Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) afirmó que ‘he oído al Santo Profeta (sa) decir: más tarde, verás un cambio en las prioridades’; lo que significa que las prioridades cambiarían. Amir Mu’awiyah declaró: ¿qué te ordenó el Santo Profeta (sa) que hicieras en tales circunstancias? Hazrat Abu Ayyub (ra) respondió: El Santo Profeta (sa) nos instruyó demostrar paciencia; es decir, cuando las prioridades cambien y nuestras peticiones no son escuchadas, entonces debemos mostrar paciencia. Amir Mu’awiyah dijo: entonces debes tener paciencia. Si el Santo Profeta (sa) ha instruido mostrar paciencia, debes ser paciente. Hazrat Abu Ayyub (ra) a continuación declaró: ¡por Dios! Nunca te pediré nada en el futuro. Luego Hazrat Abu Ayyub (ra) se mudó a Basra y se quedó con Hazrat Ibn Abbas (ra), quien vació su casa para él y le dijo: con toda seguridad te daré la misma hospitalidad que diste al Santo Profeta (sa). Por eso Hazrat Ibn Abbas (ra) ordenó a su familia que se fuera y le dijo a Hazrat Abu Ayyub: todo lo que hay en la casa te pertenece. También le dio 40.000 dirhams y 20 sirvientes”. Por tanto, procuró otro lugar para sí mismo y no sólo le dio 40.000 dirhams, sino además 20 sirvientes. (Kanz al-Ummal, Vol. 13, p. 614-615, Hazrat Abu Ayub Ansari, Hadith 37570, Maktabat Mu‘assisat al-Risalah, Beirut, 1985)

Hazrat Musleh Mau’d (ra) ha declarado:

“La gente se ha equivocado mucho en la comprensión del versículo y deducen que siempre que se enfrentan a una dificultad en el camino de Al’lah, dicen de inmediato que es como arruinarse con sus propias manos. Afirman que, dado que el mismo Dios Altísimo ha declarado: “y no os arrojéis hacia vuestra propia destrucción”, por tanto no pueden participar en estos asuntos. Sin embargo, este versículo no significa que siempre que un musulmán se enfrenta a una prueba de Dios Altísimo, en la que su vida se vea amenazada, debe huir de ella y mostrar cobardía. En realidad, el significado de este versículo es que cuando hay una guerra contra el enemigo, uno debe estar dispuesto a gastar su riqueza en dicha causa. Así pues, si uno no gasta su riqueza, será como arruinarse con sus propias manos.

En el Hadiz se encuentra una narración en la que Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) dijo cuando fue a conquistar Constantinopla: “este versículo fue revelado sobre nosotros, los Ansar”. Luego afirmó: “al principio gastábamos nuestra riqueza en el camino de Dios Todopoderoso, pero después, cuando Dios Altísimo estableció Su religión y la honró otorgando la victoria a los musulmanes dijimos que sería mejor salvaguardar nuestra riqueza y guardarla. En ese momento, se reveló este versículo de que uno no debe contenerse a la hora de gastar en el camino de Dios Todopoderoso, porque si uno lo hace, será como lanzarse hacia la ruina. Por consiguiente, no debéis acumular riquezas, sino más bien gastar en el camino de Al’lah; de lo contrario, vuestras vidas serán en vano, el enemigo os vencerá y seréis completamente destruidos”. (Tafsir-e-Kabir, Vol. 2, p. 429)

Después de Hazrat ‘Ali (ra), cuando comenzó el gobierno de Amir Muawiyah, Uqbah bin Amir Juhani, fue nombrado gobernador de Siria. Durante el gobierno de Hazrat Uqbah, Hazrat Abu Ayyub (ra) tuvo dos veces la oportunidad de viajar a Siria. La primera vez fue con el propósito de registrar un hadiz, ya que supo que Hazrat Uqbah solía relatar un hadiz en particular. Por solo un hadiz, Hazrat Abu Ayyub (ra) soportó las dificultades de viajar en su edad avanzada. La segunda vez que viajó a Siria fue con la intención de participar en la batalla contra los bizantinos. (Sheikh Shah Muinuddin Ahmad Nadvi, Siyar al-Sahabah, Vol. 3 [Karachi, Pakistan: Dar al-Isha‘ah, 2004], 113)

Siendo gobernador de Medina, Marwan vio que una persona tenía colocado su rostro sobre la tumba del Santo Profeta (sa). Ante esto, Marwan observó: “¿sabes lo que estás haciendo? Eso es idolatría porque te estás postrando ante una tumba”. Cuando Marwan se acercó, vio que era Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) y este respondió: “he venido a visitar al Santo Profeta (sa) y no a estas piedras”.  (Ahmad bin Hanbal, Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 7, Musnad Abu Ayub Ansari, Hadith 23983 [Beirut, Lebanon: Alam al-Kutub, 1998], 785) (Sheikh Shah Muinuddin Ahmad Nadvi, Siyar al-Sahabah, Vol. 3 [Karachi, Pakistan: Dar al-Isha‘ah, 2004], 116)

Abu ‘Abdur Rahman Hubli narra que viajaban por mar y ‘Abdul’lah bin Qais Fazari fue designado como su Amir y Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) también se encontraba con ellos. Cuando Hazrat Abu Ayyub Ansari pasó junto al individuo responsable de distribuir el botín de batalla, para aclarar el incidente mencionado anteriormente y lo que quiso hacer con ello, dijo que se había postrado debido a su profundo amor por el Santo Profeta (sa) y no ante las piedras. No estaba cometiendo ninguna idolatría, sino que más bien era una expresión de amor hacia él; e incluso mientras lo hacía, tenía la creencia en la Unidad de Dios y no había ninguna traza de idolatría.

Abu ‘Abdur Rahman Hubli narra que viajaban por mar y ‘Abdul’lah bin Qais Fazari fue designado como su Amir y Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) también estaba con ellos. Cuando Hazrat Abu Ayyub Ansari pasó junto a la persona responsable de distribuir el botín de la batalla y supervisaba a los prisioneros, notó que una mujer estaba llorando. Al preguntarle qué le había pasado, la gente le informó que la mujer y su hijo habían sido separados. El narrador de la tradición afirma que Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) cogió la mano del niño y la colocó en la mano de su madre. Posteriormente, la persona designada para distribuir el botín de guerra fue a ver a ‘Abdul’lah bin Qais y le informó sobre lo que acababa de suceder. ‘Abdul’lah bin Qais llamó a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) y le preguntó por qué actuaba de ese modo. Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) respondió: “Escuché al Mensajero de Dios (sa) decir que el que hace que una madre y su hijo se distancien el uno del otro, Dios el Altísimo hará que esa persona se aleje de sus seres queridos en el Día del Juicio”. (Ahmad bin Hanbal, Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 7, Musnad Abu Ayub Ansari, Hadith 23985 [Beirut, Lebanon: ‘Alam al-Kutub, 1998], 64.)

Aquí hay una lección importante para aquellas personas que separan a los hijos de sus madres. El Islam muestra una gran compasión en estos asuntos y aquellos que lanzan acusaciones contra el Islam deben analizar sus propias acciones. Recientemente, apareció en las noticias que ciertos emigrantes que habían llegado a los Estados Unidos fueron separados unos de otros y los hijos fueron separados de sus madres. En algunos casos, después de un tiempo, los niños ni siquiera pudieron reconocer a sus madres. En cualquier caso, la enseñanza del Islam es tan detallada que incluso establece que un hijo no debe ser separado de su madre y no se le debe causar angustia por ello.

Hazrat Mursad bin ‘Abdil’lah (ra) narra:

“Cuando Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) vino con nosotros para participar en la yihad, en ese momento, Hazrat Uqbah bin Amir era el gobernador de Siria. Un día, ofreció las oraciones de maghrib un poco más tarde de la hora prescrita. Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) se acercó a él y le dijo: ¡oh Uqbah! ¿Qué tipo de oración es esta? Hazrat Uqbah (ra) respondió que se había distraído con algo. Hazrat Abu Ayyub respondió: juro por Dios, mi única intención al decir esto es para que la gente no crea que viste al Mensajero de Al’lah (sa) haciendo lo mismo. ¿Acaso no has escuchado al Mensajero de Dios (sa) decir: “mi Ummah permanecerá establecida en la virtud – o tal vez dijo que se establecerá en su Fitrah [disposición pura]-, mientras no se demore en ofrecer la oración de maghrib, hasta el punto de que las estrellas comiencen a brillar?”. (Ahmad bin Hanbal, Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 7, Musnad Abu Ayub Ansari, Hadith 23931 [Beirut, Lebanon: Alam al-Kutub, 1998], 773) Por lo tanto, uno debe ofrecer la oración de maghrib en la primera parte de su tiempo prescrito.

Abu Wasil narra:

Una vez conocí a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) y le estreché la mano. Al notar que mis uñas eran muy largas, dijo que el Santo Profeta (sa) afirmó una vez que ‘hay algunos entre ustedes que preguntan sobre asuntos celestiales, aunque sus uñas son tan largas como las garras de una paloma, donde la impureza y la inmundicia comienzan a acumularse en ellas’. En otras palabras, hacían preguntas muy intelectuales y, no obstante, sus uñas eran demasiado largas; y dado que la suciedad comienza a acumularse en las mismas, uno debe cortárselas regularmente. (Ahmad bin Hanbal, Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 7, Musnad Abu Ayub Ansari, Hadith 23938 [Beirut, Lebanon: Alam al-Kutub, 1998], 775)

Según Musnad Ahmad bin Hanbal, Hazrat Abu Ayyub (ra) tenía un estatus tan elevado que los Compañeros (ra) iban con él para encontrar soluciones a diversos asuntos. Hazrat Ibn Abbas, Ibn ‘Umar, Baraa bin Aazib, Anas bin Malik, Abu Umamah, Zaid bin Jalid Yuhani, Miqdam bin Mahdi, Karib, Yabir bin Sumrah, ‘Abdul’lah bin Yazid Khatmy, etc., que habían recibido directamente formación del Santo Profeta (sa), se beneficiaban del conocimiento de Hazrat Abu Ayyub (ra). Del mismo modo, entre los “tabieen” [los que habían conocido a los Compañeros (ra)], que incluían a personas importantes como Said bin Musayyab, Urwah bin Zubair, Salim bin ‘Abdil’lah, Atta bin Yassar, Atta bin Yazid Laithi, Abu Salama y ‘Abdur Rahman bin Abi Laila, etc.., todos sentían un gran respeto por Hazrat Abu Ayyub (ra). (Sheikh Shah Muinuddin Ahmad Nadvi, Siyar al-Sahabah, Vol. 3 [Karachi, Pakistan: Dar al-Isha‘ah, 2004], 115)

Se ha narrado de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) se fue para participar en la yihad, durante el gobierno del Amir Muawiyah, y afirma él mismo:

“Me puse gravemente enfermo y les dije a mis Compañeros que si fallecía, me llevaran hasta donde permanecían en fila para combatir al enemigo, y que me enterraran en la tierra debajo de ellos. Ahora compartiré con vosotros un hadiz que escuché del Mensajero (sa) de Dios,  pues si mi muerte no fuera inminente, nunca lo habría contado. Escuché al Mensajero de Al’lah (sa) decir: “quien muera en un estado en el que nunca cometió shirk [asociar partícipes con Dios], entrará en el Paraíso”.

En otra narración se afirma que, cuando su fallecimiento estaba cerca, Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) declaró:

“He ocultado algo que había escuchado del Mensajero de Dios (sa). El Mensajero de Al’lah (sa) declaró que si no cometieras pecado, Dios, el Más Exaltado, habría creado un pueblo que habría cometido pecado y Dios les concedería Su perdón”. En otras palabras, esta es la medida en que Dios Todopoderoso manifiesta Sus atributos de Misericordia y Perdón.

El narrador, Muhammad, relata que Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) participó en la batalla de Badr y nunca estuvo ausente de ninguna de las otras batallas en las que lucharon los musulmanes, excepto si estaba involucrado en otra batalla que estaba ocurriendo al mismo tiempo. Es decir, si había dos batallas a la vez, ciertamente estaría presente en una de ellas. Fue solo un año que no participó en ninguna batalla, porque el comandante que fue nombrado para el ejército era muy joven y ese año no participó en ninguna de ellas. Después de ese año, siempre expresó su pesar diciendo repetidamente: “no me concernía a mí quién fuera designado como mi superior; no me concernía a mí quién fue designado como mi superior; y otra vez, no me preocupaba quién era designado como mi superior; y repitió esto en tres ocasiones”.

Se narra que el joven que fue designado para tomar el mando del ejército fue ‘Abdul Malik bin Marwan. El narrador afirma además que Hazrat Abu Ayyub (ra) cayó enfermo y en ese momento Yazid bin Muawiyah era el comandante del ejército. Vino a visitar a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) y preguntó si necesitaba algo. Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) le respondió: “mi único deseo es que si muero, llevadme a la tierra del enemigo, lo más lejos que os sea posible; y cuando ya no podáis más conmigo, enterradme allí y regresad”.

Al fallecer Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra), lo colocó en una montura y lo llevó lo más lejos que pudo dentro de la tierra del enemigo, lo enterró y regresó.

El narrador relata que Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) solía decir que Dios Altísimo declaró: “sigue adelante, ligero y pesado” y me encuentro ligero y pesado a la vez”.

Se menciona en la narración de un residente de La Meca que cuando Yazid bin Mu’awiyah fue a Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra), le dijo que transmitiera su salaam y se despidiera de la gente, y que lo llevaran tan lejos como pudieran. En consecuencia, Yazid informó a la gente de todo lo que Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) le había dicho. La gente aceptó esto y llevó su cuerpo lo más lejos posible.

Ya veis que incluso después de la muerte del Santo Profeta (sa), Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) continuó realizando la yihad hasta su muerte en Constantinopla.

Fallecimiento

Se menciona en una narración que en el año 52 AH, Yazid bin Mu’awiyah luchó en la batalla de Constantinopla durante el gobierno de su padre Amir Mu’awiyah y en el mismo año Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) falleció. Yazid bin Mu’waiyah dirigió su oración fúnebre y su tumba está junto a una fortaleza en Constantinopla. El narrador afirma que supo que los romanos protegían su tumba y la cuidaban, y a través de él pedían tener agua durante los días de sequía. (Ibn Saad, Al-Tabaqat al-Kubra, Vol. 3 [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 1990], 369-270) (Ibn Hajar al-Asqalani, Al-Isabah fi Tamyiz al-Sahabah, Vol. 2, Khalid bin Zaid [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-Ilmiyyah, 1995], 201) (Ahmad bin Hanbal, Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 7, Musnad Abu Ayub Ansari, Hadith 23912 [Beirut, Lebanon: Alam al-Kutub, 1998], 768)

Según una narración, durante el gobierno de Amir Mu’awiyah, Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) luchó en la batalla contra el gobierno bizantino, bajo el mando de Yazid. Falleció y fue enterrado cerca de la ciudad de Constantinopla, en el año 50 ó 51 después de la Hégira.

Según otra narración, Yazid ordenó a su caballería que corriera de un lado a otro sobre la tumba de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) hasta que no quedara rastro de ella.

También se menciona que la noche en que Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) fue enterrado, a la mañana siguiente los romanos preguntaron a los musulmanes qué hicieron por la noche. Estos respondieron diciendo: “Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) estaba entre los venerados Compañeros del Santo Profeta (sa) y había aceptado el Islam antes que cualquiera de nosotros. Lo enterramos aquí como podéis ver. Por Dios, si su tumba es desenterrada, mientras tengamos autoridad, vuestra campana no sonará en las tierras árabes”.

Mujahid afirma que cada vez que una sequía les sobrevenía, removían la suciedad de la tumba de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) y la lluvia comenzaba a caer. (Ali Ibn al-Athir, Usd al-Ghabah fi Ma‘rifat al-Sahabah, Vol. 6, Hazrat Abu Ayub al-Ansari [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-‘Ilmiyyah, 2003], 23)

Esta narración ha sido registrada, pero Dios sabe mejor cuán precisa es. Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) falleció durante la batalla de Constantinopla en 50, 51 ó 52 AH, aunque la mayoría opina que fue en el 52 AH. (Ibn Hajar al-Asqalani, Al-Isabah fi Tamyiz al-Sahabah, Vol. 2, Khalid bin Zaid [Beirut, Lebanon: Dar al-Kutub al-‘Ilmiyyah, 1995], 201)

La tumba de Hazrat Abu Ayyub Ansari (ra) está en la ciudad de Estambul, Turquía. La tumba está en un lugar que está cerrado por una puerta de rejilla de metal. Mucha gente en Turquía la visita con el propósito de buscar consuelo y paz. (Salman bin Akhtar, Tabarrukat Sahabah ka Taswiri Album [Karachi, Pakistan: Maktabat Arsalan, 2011], 35, 50)

(Friday Sermon – March 16, 2018)

https://www.ahmadiyya-islam.org/es/sermones-de-los-viernes/2018/03/16/la-excelencia-personificada/

Contexto

Uno de los compañeros más antiguos era Hazrat Abu Ayyub Ansari. Tuvo la suerte de haber recibido el honor de hospedar y recibir al Santo Profeta (sa) durante sus primeros días en Medina. Todo el mundo quería que el Santo Profeta (sa) estuviera en su casa y todo el mundo expresaba este deseo e invitaba al Santo Profeta (sa) (para que les honrara) en esa época. El Santo Profeta (sa) dijo que dejaran a su camello suelto. Que pararía allí donde Dios el Exaltado lo desease. Abu Ayyub Ansari tuvo la suerte de que el camello paró enfrente de su casa. Sin embargo, la gente no estaba satisfecha con esto. Dijeron que nuestras casas estaban cerca también, por lo que debía de hospedarse con nosotros. Ante esto, el Santo Profeta (sa) hizo un sorteo y a pesar de ello, el resultado fue que el nombre de Hazrat Abu Ayyub Ansari fue seleccionado. (Al-Tabqat Al-Kubra Li-ibni Sa‘d, Vol. 1, p. 183, Dhikr Khuruj Rasulullah(sa), Darul Kutub Al-‘Ilmiyah, Beirut 1990)

La estancia del Santo Profeta (sa) en su casa

Por tanto, el Santo Profeta (sa) se hospedó en su casa y hay un incidente que tuvo lugar mientras se hospedaba allí. La casa tenía dos pisos. Abu Ayyub Ansari se hospedaba en el piso superior mientras que el piso inferior le fue ofrecido al Santo Profeta (sa). Él (Abu Ayyub Ansari) estaba en el piso superior una noche cuando se rompió un vaso o una jarra de agua. Solían tener jarrones hechos de arcilla en los que contenían el agua. Incluso hoy, el agua es contenida en dichos jarrones en países del tercer mundo o en estado de pobreza, como Pakistán o en África. Sin embargo, se rompió. Abu Ayyub Ansari y su mujer pasaron la noche secándolo con sus sábanas. Al día siguiente, relató el incidente que tuvo lugar la noche anterior al Santo Profeta (sa) y pidió al Santo Profeta (sa) que se hospedase en la planta superior. El Santo Profeta (sa) aceptó su petición y se hospedó con él durante aproximadamente seis o siete meses. Hizo todo lo que pudo por cumplir con sus deberes y responsabilidades de hospitalidad. Comía (como almuerzo) las sobras del Santo Profeta (sa). En una narración se menciona que allá donde viera las huellas de los dedos del Santo Profeta (sa) ahí solía él comer sus sobras. Un día observó que no había marcas de los dedos del Santo Profeta (sa) en la comida, y dicha comida parecía no haber sido ingerida. Acudió al Santo Profeta (sa) y dijo que, Hazur, usted no ha comido hoy. Ante esto el Santo Profeta (sa) dijo que estaba a punto de comer, cuando vi que se había preparado cebollas y ajo. Dado que no me gustan no los comí. Hazrat Abu Ayyub Ansari dijo que dejaría de gustarle aquello que al Santo Profeta (sa) no le gustase, y que no volvería a comer dichos alimentos en el futuro. Estos son relatos sorprendentes de amor y afecto.

(Musnad Ahmad Bin Hanbal, Vol. 7, p. 781, Hadith 23966, Musnad Abu Ayub Ansari(ra), ‘Alam Al-Kutub, Beirut) (Sahih Muslim, Al-Ashriba, Bab Abahatu Aklith-Thaum, Hadith 5356) (Al-Tabqat Al-Kubra Li-ibni Sa‘d, Vol. 1, p. 183, Dhikr Khuruj Rasulullah(sa), Darul Kutub Al-‘Ilmiyah, Beirut 1990)

Participación en batallas

Hazrat Abu Ayyub Ansari participó en todas las batallas en las que estuvo también presente el Santo Profeta (sa). (Al-Tabqat Al-Kubra Li-Ibni Sa‘d, Vol. 3, p. 369, Bab Abu Ayub Ansari(ra), Darul Kutub Al-‘Ilmiyah, Beirut 1990)

Protegiendo al Santo Profeta (sa)

Durante la Batalla de Jaibar el líder judío fue asesinado. Cuando su hija, Hazrat Safiyya se casó con el Santo Profeta (sa), a la mañana siguiente, cuando el Santo Profeta (sa) salió para dirigir las oraciones vio que Abu Ayyub Ansari permanecía haciendo guardia. El Santo Profeta (sa) le preguntó por qué lo estaba haciendo. Respondió que los familiares cercanos de Hazrat Safiyya habían sido heridos por nuestras manos y que algunos de ellos habían muerto. Por esta razón, se le ocurrió que debía de acudir aquí y hacer guardia por si alguien tuviera intención de realizar algún acto con malicia o tratase vengarse. El Santo Profeta (sa) rezó por él después de la siguiente manera:

“¡Oh Señor! ¡Mantén a Abu Ayyub siempre bajo Tu protección tal y como él ha estado toda la noche protegiéndome a mí!”

La Batalla de Roma y su fallecimiento

Hazrat Abu Ayyub Ansari también participó en la batalla de Roma pese a su avanzada edad. Solo participó con el fin de presenciar (el cumplimiento de la profecía) del Santo Profeta (sa) en relación a Constantinopla. Sin embargo, también cayó enfermo durante ese periodo. Cuando le preguntaron cuales era sus últimos deseos, su respuesta fue que dieran sus saludos a cada musulmán y que su tumba estuviera todo lo lejos posible de la tierra del enemigo. Por tanto, después de su muerte durante la noche, su féretro fue llevado al punto más lejano del enemigo en el cual fue enterrado. Incluso a día de hoy su tumba se encuentra en Turquía y se dice que aquello por lo que uno rece en su tumba, dichas oraciones serán aceptadas. Sin embargo, también hay otras tradiciones erróneas que afirman que lo que se le pida directamente a él será contestado pero dichas afirmaciones son simplemente falsas y fueron fabricadas mucho más tarde dado que nunca se puede pedir directamente nada a ninguna persona. El resultado de la oración del Santo Profeta (sa) pidiendo protección y seguridad para Abu Ayyub Ansari fue que él participó en muchas batallas y siempre salió vivo como un Ghazi (superviviente en batalla), y tuvo una vida muy larga.

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