Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Los Compañeros (Sahaba) del Profeta Muhammad (sa)

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahud, el Ta’awwuz y el Surah Al-Fatiha, Hazrat Jalifat-ul-Masih V (aba) dijo:

En el sermón anterior hablé sobre Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra). Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe lo siguiente en Sirat Jataman-Nabiyyin, cuando menciona la batalla de Ahzab y a Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra):

”En esta batalla, los musulmanes no sufrieron una gran perdida de vidas, pues solo cinco o seis hombres fueron martirizados. Pero Sa’d bin Mu’az (ra), que era el jefe de la tribu Aus, sufrió una herida tan fuerte, que al final no pudo recuperarse. Esta fue una perdida para los musulmanes que no pudo ser compensada.  Solo tres hombres del ejército de los incrédulos fueron asesinados. Sin embargo, en esta batalla, los quraish recibieron tal golpe que luego ya nunca pudieron tener el coraje para reunir un grupo tan grande y salir así de nuevo, o atacar a Medina. La profecía del Santo Profeta (sa) se cumplió al pie de letra”.

Esto también fue mencionado en el sermón anterior. El Santo Profeta (sa) dijo: ”Los incrédulos no tendrán el coraje de atacarnos en el futuro”.

Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) sufrió una herida en la muñeca, durante la batalla de la Zanja, que posteriormente provocó su martirio.

Hazrat A’isha (ra) relata:

“Salí fuera el día de la batalla de la Zanja. Estaba siguiendo los pasos de la gente mientras escuché un ligero sonido de pasos viniendo de atrás. Cuando me di la vuelta y miré, vi a Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) junto con su sobrino, Hariz bin Aus, y sostenía un escudo. Me senté en el suelo. Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) me adelantó recitando los siguientes versos:

[ÁRABE]

es decir, “espera un poco hasta que Hamal [el camello] se una a la batalla. ¡Qué excelente es la muerte que llega en el momento adecuado!”.

Hazrat A’isha (ra) dijo además:

“Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) llevaba una cota de malla, pero ambos costados quedaban expuestos”.  O sea, debido a su constitución pesada y ancha, sus costados sobresalían de la armadura. Ella comenta además: “Temía que ambos lados de su cuerpo, que estaban fuera de la armadura, pudieran lesionarse”.

Hazrat Sa’d (ra) era de aquellas personas que son altas y de constitución pesada. Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) fue herido por Ibn ‘Ariqa. El nombre de Ibn ‘Ariqa era Habban bin ‘Abd Munaf. Pertenecía a la tribu Banu ‘Amir Bin Lu’ayy. ‘Ariqa era el nombre de su padre.

Hazrat Yabir narra:

“Cuando una flecha golpeó una arteria del brazo de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra), el Mensajero de Al’lah (sa) retiró la punta de la flecha con sus propias manos y luego, usando la misma punta de flecha, cortó la herida y después la selló. Sin embargo, se inflamó. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) volvió a hacer un corte y lo cerró.

Hazrat A’isha (ra) narra: ”Ibn ‘Ariqa, que era uno de los idólatras, estaba disparando flechas a Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra). Mientras disparaba una flecha, dijo: ‘¡Ahí la llevas! Yo soy Ibn ‘Ariqa.’

Entonces, una flecha golpeó una de las arterias del brazo de Hazrat Sa’d (ra). Después de ser herido, Hazrat Sa’d (ra) le suplicó a Dios Altísimo de la siguiente manera: ¡Oh Al’lah! No me hagas morir hasta que esté satisfecho con el asunto de los Banu Qurayza”.

Hazrat A’isha (ra) relata que Hazrat Sa’d (ra) sufrió una herida el día de la batalla de la Zanja. Un individuo de los quraish, Habban bin ‘Ariqah, disparó la flecha que impactó en su muñeca. El Santo Profeta (sa) montó una tienda de campaña para él en la mezquita, para que pudiera quedarse cerca de él y atenderlo. Hazrat A’isha (ra) relata que la herida de Hazrat Sa’d (ra) se secó y comenzó a cicatrizarse. Sobre esto, él oró:

”¡Oh Al’lah!  Eres consciente del hecho de que no hay nada más querido para mí que luchar contra estas personas en Tu causa, que rechazaron a Tu Profeta (sa) y le obligaron a irse. ¡Oh, Al’lah! Percibo que has puesto fin a la guerra entre nosotros y ellos. Si queda algo de la batalla contra los quraish, manténme vivo para esforzarme en Tu camino y luchar contra ellos. Pero si has puesto fin a la batalla entre nosotros, como creo, entonces abre mi arteria y deja que esta herida sea la causa de mi martirio. Hazrat A’isha (ra) relata que la herida se abrió la misma noche y su sangre empezó a fluir.  La gente de Banu Ghaffar habían instalado sus tiendas en (el complejo de) la mezquita del Profeta. Cuando la sangre fluyó y los alcanzó, se asustaron. La gente decía, ”¡Oh gente en la tienda de campaña! ¿Qué es esta sangre? Hay sangre viniendo de vuestra área hacia nosotros”. Luego vieron que salía sangre de la herida de Hazrat Sa’d (ra) y que había fallecido debido a esta lesión.

Hazrat Ibn ‘Abbas (ra) relata que cuando la sangre de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) comenzó a fluir, el Santo Profeta (sa) se levantó, fue hacia él y lo abrazó estrechamente hasta el punto de que su sangre llegó a la cara y la barba del Santo Profeta (sa). Dado que la sangre fluía intensamente, la gente trató de proteger al Santo Profeta (sa) de cualquier rastro sangre sobre su cuerpo, pero cuanto más intentaban que la sangre no manchara al Santo Profeta (sa), este lo abrazaba incluso con más fuerza y lo siguió abrazando hasta que Hazrat Sa’d (ra) falleció.

En otra narración se menciona que cuando la herida de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) se abrió de golpe y el Santo Profeta (sa) se dio cuenta de esto, fue hacia él, colocó la cabeza de Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra) en su regazo y lo cubrió con un paño blanco. Después de esto, el Santo Profeta oró: ”¡Oh Al’lah! Sa’d luchó por Ti, aceptó a Tu Profeta (sa) y cumplió cualquier responsabilidad que se le confió. Así pues, acepta su alma en virtud de esto, de la misma forma que aceptas otras almas”. Hazrat Sa’d (ra) estaba casi al borde de la muerte, pero aún permanecía consciente cuando escuchó las palabras del Santo Profeta (sa). Ante esto, abrió los ojos y dijo: “¡Oh Mensajero (sa) de Al’lah! ¡Que la paz sea con usted! Yo doy testimonio de que eres el Mensajero de Al’lah”. Cuando los miembros de la familia de Hazrat Sa’d (ra) vieron que el Santo Profeta (sa) había colocado la cabeza de Hazrat Sa’d (ra) en su regazo, se asustaron; y, al ser informado de esto, el Santo Profeta (sa), o sea, de que los miembros de la familia de Sa’d (ra) se asustaron cuando vieron su cabeza colocada en su regazo, el Santo Profeta (sa) dijo: “Rezo para que hayan tantos ángeles presentes en el momento del fallecimiento de Sa`d (ra) como hay personas presentes ahora”. Esta fue la oración ofrecida por el Santo Profeta (sa).

Hazrat Anas (ra) relata que al Santo Profeta (sa) le regalaron una capa de seda fina. El Santo Profeta (sa) prohibía el uso de seda, por lo que la gente se sorprendió al verlo con ella. El Santo Profeta (sa) dijo: “Por Él en cuyas manos está la vida de Muhammad, los pañuelos de Sa’d bin Mu’az en el cielo serán más hermosos que esto”. Esto se narra en Bujari.

Los Compañeros vieron la seda en las manos del Santo Profeta (sa) y se preguntaron si el Santo Profeta (sa) la iba a usar, ya que él lo había prohibido. Sin embargo, cuando el Santo Profeta (sa) vio su reacción, dio este ejemplo [de Hazrat Sa’d (ra)]. De hecho, el hadiz de Sahih Muslim aclara todavía más cómo los Compañeros expresaron su asombro [por la calidad de la tela].  Hazrat Baraa (ra) narra que se le ofreció una capa de seda al Santo Profeta (sa) como regalo y los Compañeros comenzaron a tocarla, admirando su suavidad. Ante esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “¿Estáis admirando su suavidad? Ciertamente los pañuelos de Sa`d bin Mu`az (ra) en el cielo son mejores y más suaves que este”.

Hazrat Jabir (ra) narra: “Escuché al Santo Profeta (sa) decir que el trono de Dios tembló por el fallecimiento de Sa’d bin Mu’az (ra)”, según la narración de Bujari. La narración también está registrada en Muslim y este afirma que Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que, cuando el ataúd de Sa’d bin Mu’az (ra) se colocó ante el Mensajero de Al’lah (sa), dijo: “El trono del Dios Clemente se ha conmovido por él”. Explicando estos sucesos con más detalle, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

“La herida que Hazrat Sa‘d bin Mu’az (ra), jefe de la tribu Aus, había sufrido con ocasión de la batalla de la Zanja, no logró sanar completamente a pesar de la continua atención médica. La herida no dejó de abrirse a pesar de mejorar un poco. Como era un Compañero excepcionalmente sincero y el Santo Profeta (sa) estaba especialmente preocupado por su tratamiento médico, en el camino de regreso de la batalla de la Zanja, el Santo Profeta (sa) ordenó que lo mantuvieran en una tienda de campaña en el patio de la mezquita, para que el mismo Santo Profeta (sa) pudiera hacer un seguimiento de su progreso. Así que se le confió al cuidado de una mujer musulmana llamada Rufaidah, con experiencia en cuidados médicos y enfermería, y que normalmente solía instalar un campamento en la terraza de la mezquita para tratar a los musulmanes que habían sido heridos. No obstante, a pesar de esta atención extraordinaria, la condición de Sa’d (ra) no mejoró, y fue durante en ese tiempo en particular cuando tuvo lugar el gran reto de Banu Quraizah, dado que tuvo que soportar fatiga y dificultades extremas, por lo que su salud se deterioró aún más. Una noche, durante esos mismos días, Sa‘d (ra) suplicó con gran emoción:

“¡Oh mi Señor! Conoces bien el intenso deseo que llevo en mi corazón de participar en la yihad para defender Tu religión frente a esa nación que ha rechazado a Tu Mensajero y lo ha exiliado de su tierra natal.  ¡Oh Maestro mío! Intuyo que la guerra entre los quraish y nosotros ha llegado a su fin.  Pero si en Tu estimación aún hay más conflicto, concédeme suficiente vida para que pueda luchar por Tu causa a través de la yihad contra ellos; pero si nuestra lucha contra ellos ha terminado, ya no deseo vivir, déjame morir como mártir”.

Se narra que esa misma noche, la herida de Sa‘d (ra) se abrió y perdió tanta sangre que comenzó a fluir de la tienda de campaña hacia afuera.  Cuando las personas entraron en la tienda, se percataron con preocupación de que la condición de Sa’d (ra) se había deteriorado seriamente y en este mismo estado, Sa‘d (ra) falleció.

El Santo Profeta (sa) se entristeció profundamente por el fallecimiento de Sa‘d bin Muaz (ra). Indudablemente, a la luz de las circunstancias de esa época, la muerte de Sa‘d (ra) fue una pérdida que no podía ser compensada.  Sa‘d (ra) casi poseía el mismo estatus entre los Ansar que Abu Bakr Siddiq (ra) poseía entre los Muhayirin. Por su  sinceridad, su sacrificio, su servicio al islam y por su amor al Santo Profeta (sa), esta persona poseía un rango tan elevado que pocos había alcanzado.  Cada una de sus acciones demostraba que el amor por el islam y su Fundador eran el alimento de su alma. Como era el jefe de su tribu, su ejemplo tuvo una influencia práctica muy profunda en los Ansar.  Era natural que el Santo Profeta (sa) se entristeciera por la muerte de un hijo espiritual tan digno.  Sin embargo, el Santo Profeta (sa) mostró el más alto nivel de paciencia e inclinó la cabeza ante la Divina Voluntad con obediencia y sumisión.

Cuando la procesión fúnebre de Sa’d (ra) se dirigía al cementerio,  su anciana madre, debido a su amor, se lamentaba por su pérdida en voz alta.  En ese lamento, según la costumbre de la época, se mencionaban  varias cualidades de Sa’d (ra).  Por su parte, el Santo Profeta (sa) escuchó sus lamentos y, aunque como principio no aprobaba la costumbre de la lamentación, dijo:

“Las mujeres que se lamentan a menudo pronuncian muchas falsedades, pero en este momento, lo que la madre de Sa’d dice es cierto”, es decir, cualquier cualidad que ha atribuido en relación a Sa‘d (ra) es correcta.  A continuación, el Santo Profeta (sa) dirigió la oración fúnebre y acompañó a la comitiva para el entierro.  El Santo Profeta (sa) permaneció allí hasta que acabó el entierro y finalmente regresó después de haber rezado sobre la tumba.  Probablemente, fue en algún momento durante este tiempo, que el Santo Profeta (sa) dijo:

(árabe)

“Tras la muerte de Sa‘d, el trono del Dios Clemente ha temblado”.

Esto significa que la misericordia de Dios acogió felizmente el alma de Sa‘d (ra) en el mundo del más allá.  En una ocasión, cuando el Santo Profeta (sa) recibió algunas piezas de tela de seda como regalo, algunos Compañeros hablaron de su textura suave y delicada con gran asombro, y consideraron que era algo fuera de lo común.  El Santo Profeta (sa) respondió: ‘¿Os admiráis de la suavidad de estas telas?  Por Dios que los mantos de Sa‘d en el paraíso son mucho más suaves y valiosos que estos”.

En loshadices que se mencionaron antes –de Bujari y luego de Muslim– se habla de pañuelos; sin embargo, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) lo traduce como paños.  En cualquier caso, de acuerdo con la palabra árabe que se ha utilizado, también puede significar tela.

La madre de Hazrat Sa’d (ra) recitaba continuamente el siguiente poema en su dolor:

(árabe)

“La madre de Sa’d lamenta la pérdida de Sa’d; era la encarnación del intelecto y el valor; la encarnación de la valentía y la cortesía.  ¿Qué se puede decir de la grandeza de ese tiempo, de un líder que llenó todos los vacíos?”.

Ante esto, el Santo Profeta (sa) dijo:

(árabe)

“Toda mujer que lamenta la muerte de alguien normalmente miente (es decir, exagera innecesariamente), excepto en el caso de la madre de Sa’d”.

Esta referencia es de Al-Tabaqat Al Kubra.

Hazrat Sa’d (ra) era de complexión fuerte y cuando su cuerpo fue levantado, los hipócritas dijeron: “Nunca habíamos visto que el ataúd de un hombre fuera tan ligero como el de Hazrat Sa’d (ra)”.  Continuamente dijeron que esto se debía a la decisión que había tomado con respecto a  Banu Quraiza, es decir, deseaban referirse a él de forma negativa. Cuando el Santo Profeta (sa) fue informado de esto, dijo: “Por Él, en Cuyas Manos está mi vida, la razón por la que percibís que el ataúd de Sa’d es ligero es porque lo llevan los ángeles”.  Según otra narración, el Santo Profeta (sa) dijo: “Hay setenta mil ángeles presentes en el funeral de Sa’d bin Muaz, que nunca habían descendido sobre la tierra hasta ese día”.

Hazrat A’isha (ra) narra: “Vi al Santo Profeta (sa) caminando frente a la procesión fúnebre de Hazrat Sa’d bin Muaz (ra)”.  Hazrat Abu Said Judri (ra) relata: “Yo estuve entre los que cavaron la tumba de Hazrat Sa’d bin Muaz (ra) en Yan-natul Baqi. Mientras sacábamos la tierra y hasta que terminamos de cavar la tumba, olíamos a almizcle. El Santo Profeta (sa) llegó cuando terminamos de cavar la tumba.  El ataúd de Hazrat Sa’d (ra) se colocó junto a la tumba y el Santo Profeta (sa) dirigió la oración fúnebre”. El narrador dice que “había tanta gente que Yan-natul Baqi estaba completamente lleno”.

Abdur Rahman bin Yabir relata sobre su padre: “Cuando se preparó la tumba de Hazrat Sa’d (ra), cuatro personas, Harith bin Aus, Usaid bin Hudair, Abu Naila Silkaan bin Salama y Salama bin Salaama bin Wajash, descendieron a la tumba.  El Santo Profeta (sa) estaba de pie junto a los pies de Hazrat Sa’d (ra), pero cuando el cuerpo de Hazrat Sa’d (ra) fue bajado a la tumba, la tez del rostro del Santo Profeta (sa) cambió.  Y proclamó: “Subhanal’lah” (Santo es Al’lah) tres veces y todos los Compañeros repitieron lo mismo después de él y dijeron también “Subhanal’lah” tres veces,  hasta el punto que se escuchó el eco en todo Yan-natul Baqi.  Entonces, el Santo Profeta (sa) proclamó “Al’lahu Akbar” (Al’lah es el Más Grande) tres veces y los Compañeros repitieron “Al’lahu Akbar” después de él, hasta el punto de que de nuevo se escuchó el eco de estas palabras en todo Yan-natul Baqi.  Se le dijo al Santo Profeta (sa): ‘Oh Mensajero (sa) de Al’lah, hemos visto el cambio de tu semblante y proclamaste “Subhanal’lah” tres veces. ¿Cuál fue la razón?”. El Santo Profeta (sa) respondió diciendo: “La tumba era estrecha y el cuerpo de Sa’d estaba presionado.  Y si alguien debía ser salvaguardado de esto, seguramente era Sa’d. Así que Dios Todopoderoso expandió la tumba para él”.

Miswar bin Rifa’ Qurzi cuenta que la madre de Hazrat Sa’d bin Muaz (ra) se prestó también a bajarlo a la tumba pero se le dijo que regresara. El Santo Profeta (sa) dijo: “Dejadla quedarse”. Entonces ella vino y vio a Hazrat Sa’d (ra) en la tumba antes de que se cubriera con los ladrillos y la tierra, y dijo: “Estoy segura de que estás con Al’lah”. El Santo Profeta (sa) ofreció sus condolencias a la madre de Hazrat Sa’d (ra) junto a la tumba y luego se sentó a un lado. Cuando los musulmanes cubrieron la tumba con tierra, la nivelaron y se roció con agua, el Santo Profeta (sa) regresó al lado de la tumba, se quedó allí durante un rato, rezó, y luego se fue.

Hazrat A’isha (ra) narra: “Aparte del Santo Profeta (sa) y dos de sus Compañeros, Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat ‘Umar (ra), ninguna otra pérdida de una persona fue tan difícil de sufrir para los musulmanes que la de Hazrat Sa’d bin Muaz (ra)”. Hazrat Sa’d bin Muaz (ra) tenía 37 años cuando murió. El Santo Profeta (sa) dijo a la madre de Hazrat Sa’d bin Muaz (ra): “¿No terminará tu dolor y no cesarán tus lágrimas? Porque tu hijo es la primera persona por la que Dios Altísimo ha sonreído y por la que su Trono ha temblado”. Cuando el Santo Profeta (sa) enterró a Hazrat Sa’d (ra) y regresó de su funeral, las lágrimas corrían por su rostro a lo largo de su barba. Hay una narración de Hazrat Sa’d (ra) en la que dice: “Sin duda soy débil, pero hay tres cosas sobre las que no tengo dudas (hay tres cosas que dijo de sí mismo y que a pesar de su debilidad, era muy firme en ellas y actuaba según las mismas). Primero, cualquier cosa que escuché del Santo Profeta (sa) lo encontré cierto (nunca tuvo reservas al respecto). En segundo lugar, nunca dejé que ningún otro pensamiento que no fuera el de la oración entrara en mi mente hasta que acabara de rezar (ofrecía la oración con gran concentración). Tercero, no hubo ningún funeral en el que no me pusiera en el lugar del difunto y pensara: “¿Qué dirá y qué se le pedirá? Como si fuera él el que estuviera siendo interrogado (era muy consciente del más allá)”.

Hazrat A’isha (ra) solía decir que “había tres personas de los Ansar que eran todos de Banu Abd Ash’al y, a excepción del Santo Profeta (sa), a nadie se le dio la superioridad sobre ellos”. Ellos eran Hazrat Sa’d bin Muaz (ra), Hazrat Usaid bin Hudair (ra), y Hazrat Ibaad bin Bishr (ra)”.

Ahora,

el siguiente compañero que se mencionará es Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra). El título de Hazrat Sa’d (ra) era Abu Ishaq. El nombre de su padre era Malik Uhaib y según otras narraciones era Malik bin Wuhaib. Sin embargo, su padre era más conocido por su título de Abu Waqas, por lo que su nombre es Sa’d bin Abi Waqas. Su madre se llamaba Hamna bint Sufyan. Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) pertenecía a los Banu Zuhrah de los quraish. Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) está entre esos diez Compañeros a los que el Santo Profeta (sa) les dio la buena nueva en vida de  que entrarían en el Paraíso.  Estos diez Compañeros son conocidos como los Ashra Mubashra y Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) fue el último de ellos en fallecer. Todos estos Compañeros, es decir, los Ashra Mubashra, eran de entre los Muhayirin [es decir, los que emigraron de La Meca a Medina] y el Santo Profeta (sa) estaba complacido con ellos en el momento de su fallecimiento. En relación con su aceptación de la fe, Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) relata:

“El día que acepté el islam, nadie más lo aceptó en ese día. Esperé siete días y la situación en ese momento era tal que yo constituía un tercio del total de los musulmanes, o sea, sólo éramos tres”. Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) afirma que aceptó el islam incluso antes de que se prescribieran las oraciones obligatorias.

Sobre la narración de su aceptación del islam, la hija de Hazrat Sa’d (ra) relata que Hazrat Sa’d (ra) declaró:

“Vi en un sueño que todo estaba extremadamente oscuro y no se veía nada. De repente, vi que la luna había salido y comencé a caminar hacia ella. Sin embargo, me di cuenta de que Hazrat Zaid bin Haritha (ra), Hazrat Ali (ra) y Hazrat Abu Bakr (ra) habían empezado a caminar hacia la luna antes que yo. Les pregunté cuándo habían llegado y me respondieron que acaban de llegar”.

Hazrat Sa’d (ra) afirma además que para entonces ya sabía que el Santo Profeta (sa) estaba invitando discretamente a la gente al islam. Por lo tanto, fue a Shaib Ayyaad para hablar con el Santo Profeta (sa). Ayyaad es el nombre de un lugar situado junto a la montaña de Saffa, y donde el Santo Profeta (sa) apacentaba ovejas. El Santo Profeta (sa) acababa de terminar su oración de asr cuando Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) llegó y se convirtió en musulmán, después de hacer el bai’at [juramento de lealtad].

En este sentido,

la hija de Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra), A’isha bint Sa’d, narra: “Escuché a mi padre decir que cuando aceptó el islam tenía 17 años”. Según otras narraciones, aceptó el islam cuando tenía 19 años. Entre los musulmanes pioneros, hubo cinco personas que aceptaron el islam debido a la predicación a Hazrat Abu Bakr (ra) y que más tarde se convirtieron en algunos de los más distinguidos Compañeros con un estatus muy elevado. La tercera persona [de estas cinco] era Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra). Esto ha sido tomado de Sirat Jataman Nabiyyin, donde se afirma que era joven cuando aceptó el islam, es decir, tenía 19 años en ese momento.

Pertenecía a la tribu Banu Zuhrah y fue muy valiente. Durante el Jalifato de Hazrat ‘Umar (ra) conquistó Irak y falleció durante el reinado del Amir Muawiya. Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) ha recogido muchas narraciones del Santo Profeta (sa). Mus’ab, el hijo de Hazrat Sa’d, afirma que su padre le dijo: “Mi madre (es decir, la madre de Hazrat Sa’d) había jurado que nunca le hablaría a menos que él abandonara su fe”, es decir, hasta que abandonara el islam. En consecuencia, dejó de comer y beber (para un tiempo). Hazrat Sa’d (ra) declaró además: “Mi madre me dijo: ‘dices que Dios Altísimo te ordena que muestres amabilidad a tus padres. Soy tu madre y por lo tanto te instruyo que dejes esta fe, y escuches lo que tengo que decir”. El narrador afirma que ella permaneció en este estado [sin comida ni bebida] durante tres días y debido a la extrema debilidad estaba en un estado de semi-conciencia. Su hijo, Amarah, fue a traer agua y se la dio. Cuando recuperó la conciencia empezó a maldecir a Hazrat Sa’d. En esta ocasión, Dios Altísimo reveló el siguiente versículo:

[árabe]

“… Y Hemos ordenado al hombre la benevolencia con sus padres”.

[árabe]

El versículo es de Surah Al-Ankabut.  Luego, se menciona en el Surah Luqman:

[árabe]

“Mas si disputan contigo para que Me asocies lo que desconoces, no les obedezcas”. También se menciona:

[árabe]

“Muéstrate amable con ellos en todos los asuntos mun­danos”. Pero si se plantea la cuestión de asociar copartícipes con Dios Altísimo, entonces no hay que obedecerles. Este asunto se menciona aquí en detalle, pero en lo que se refiere a las relaciones mundanas, hay que mostrarles compasión.

[árabe]

“Muéstrate amable con ellos en todos los asuntos mun­danos”. Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) declaró: “Amaba mucho a mi madre…”

La primera narración fue de [Sahih] Muslim.  De otra fuente, se menciona en un libro de historia que Hazrat Sa’d  bin Abi Waqas (ra) dijo: “Amaba mucho a mi madre, pero cuando acepté el islam, ella dijo: ‘¿qué clase de religión has aceptado? O abandonas esta fe, o dejaré de comer y beber hasta que la muerte me alcance”. Hazrat Sa’d (ra) afirma que le dijo a su madre: “¡Mi querida madre! Por favor, no lo hagas, porque nunca abandonaré mi religión”. Hazrat Sa’d (ra) narra además: “Durante un día y una noche, mi madre no comió ni bebió nada, y como resultado su salud se deterioró. En ese momento le dije: ‘¡Por Dios! Si tuvieras mil vidas y las perdieras, una tras otra, aún así no abandonaré mi fe”. Entonces, cuando su madre vio esta reacción, empezó a comer y a beber. Fue en esta ocasión cuando Dios Todopoderoso reveló el siguiente versículo:

[árabe]

“Mas si disputan contigo para que Me asocies lo que desconoces, no les obedezcas; pero muéstrate amable con ellos en todos los asuntos mundanos”, (31:16).

El Santo Profeta (sa) ses dirigía a Hazrat Sa’d (ra) como “su tío”. En una ocasión, Hazrat Sa’d (ra) se acercaba y al verlo, el Santo Profeta (sa) dijo: “Mi tío se acerca, ¡qué grande es! Si alguien tiene un tío como el mío, que nos lo muestre”. El Imam Tirmidhi ha declarado que la razón de esto fue que al igual que la madre del Santo Profeta (sa) pertenecía a la tribu Banu Zuhrah, también pertenecía a ella Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra).

Hazrat Abu Hurairah (ra) narra que el Santo Profeta (sa) estaba de pie en el monte de Hira cuando comenzó a temblar. El Santo Profeta (sa) dijo entonces: “Quédate quieto, oh Hira, porque no hay nadie encima de este monte excepto un Profeta, un Siddique (veraz) y un Shahid (mártir)”. En dicho monte, en ese momento, se encontraban el Santo Profeta (sa), Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat ‘Umar (ra), Hazrat Uzmán (ra), Hazrat Ali (ra), Hazrat Talha bin Ubaidil’lah (ra), Hazrat Zubair bin Al-Awam (ra) y Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra). Esta narración es de Sahih Muslim

En los primeros días del islam, cuando los musulmanes rezaban en secreto, en una ocasión Hazrat Sa’d (ra) ofrecía rezos en uno de los valles alrededor de La Meca junto con algunos otros Compañeros. Los idólatras los vieron y comenzaron a burlarse de los musulmanes y a criticar el Islam, hasta el punto de que esto llevó a una disputa. Hazrat Sa’d (ra) golpeó a uno de los idólatras en la cabeza con un hueso de camello, con tal fuerza que le abrió la cabeza. Por lo tanto, esta fue la primera sangre que se derramó en el islam. Cuando los incrédulos de La Meca impusieron un boicot a los musulmanes y fueron asediados en el Valle de Abu Talib, Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) fue uno de los musulmanes que sufrió estas penurias. Mencionando este incidente en Sirat Jataman Nabiyin, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

“Leer sobre las dificultades y penurias que estos detenidos fueron obligados a soportar hace que el cuerpo tiemble. Los Compañeros del Santo Profeta (sa) narran que a veces, como los animales, sobrevivían comiendo las hojas de los árboles salvajes. Sa’d bin Abi Waqas (ra) afirma que una vez, durante la noche, su pie cayó sobre algo que parecía húmedo y suave (tal vez era el pedazo de un dátil). En ese momento estaba tan hambriento que, inmediatamente, lo recogió y se lo tragó. Afirma que “hasta el día de hoy no sé qué era esa cosa”. En otra ocasión, debido al hambre extrema, cuando encontró un trozo de piel seca en el suelo, lo tomó, lo ablandó y lo limpió con agua, lo cocinó y se lo comió. Pasó tres días en este estado de hospitalidad Divina”.

Cuando Dios Altísimo ordenó a los musulmanes que emigraran, Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) también emigró a Medina y se quedó con su hermano Utbah bin Abi Waqas, que era un idólatra. Utbah había matado a alguien en La Meca y por eso huyó a Medina y se estableció allí. Hazrat Sa’d (ra) fue una de las primeras personas en emigrar. El Santo Profeta (sa) estableció un vínculo de hermandad entre Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) y Hazrat Mus’ab bin Umair (ra), mientras que según otra narración el vínculo de hermandad se estableció entre Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) y Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra). Maulana Ghulam Ali Sahib Saif ha presentado una justificación de la diferencia entre las dos narraciones. Afirma que (quizá) en La Meca, el vínculo de hermandad se estableció con Hazrat Mus’ab bin Umair (ra) y en Medina se estableció con Hazrat Sa’d bin Mu’az (ra).

Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) era un valiente y hábil jinete de los quraish. Durante las batallas, Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) fue uno de los Compañeros a los que se le confió la responsabilidad de defender al Santo Profeta (sa). Abu Ishaaq narra que había cuatro poderosos luchadores entre los Compañeros del Santo Profeta (sa): Hazrat ‘Umar (ra), Hazrat Ali (ra), Hazrat Zubair (ra) y Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra). Después de la emigración a Medina, los musulmanes seguían temiendo un ataque de los incrédulos y, debido a esta preocupación, les resultaba difícil dormir por la noche. El mismo Santo Profeta (sa) a veces permanecía despierto por la noche. A este respecto, hay una narración de Hazrat Aisha (ra) en la que afirma: “Al llegar a Medina, una noche, el Santo Profeta (sa) tuvo dificultades para dormir. Luego rezó: ‘Si tan sólo un hombre adecuado de entre mis Compañeros hiciera guardia’. Hazrat A’isha (ra) narra además: “Estábamos todavía en este estado cuando oímos ruido de armas. El Santo Profeta (sa) preguntó quién era. El que vino respondió: ‘Soy yo, Sa’d bin Abi Waqas’. El Santo Profeta (sa) preguntó por qué había venido, a lo que respondió: ‘Mi corazón estaba perturbado por ti, por lo que vine a hacer guardia’. El Santo Profeta (sa) rezó por Sa’d y luego se durmió”.

Esta narración se menciona tanto en Sahih Bujari como en Sahih Muslim, pero no se mencionan los detalles de la oración. Sin embargo, el imam Tirmidhi ha registrado los detalles de la oración tras la gran virtud mostrada por Hazrat Sa’d (ra). En esta narración, el hijo de Hazrat Sa’d, Qais, narra: Mi padre solía decir que el Santo Profeta (sa) rezaba por él de la siguiente manera: ‘¡Oh Al’lah! Acepta la oración de Sa’d, siempre que Te rece’.

En Al-Kamal fi Asma ar-Riyaal, está escrito que el Santo Profeta (sa) rezó: “¡Oh Al’lah! Que la flecha de Sa’d siempre alcance su objetivo y acepta sus plegarias”. Debido a esta oración del Santo Profeta (sa), Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) era conocido por la aceptación de sus oraciones. Una vez, una persona acusó a Hazrat Sa’d (ra) de alguna falsedad. Hazrat Sa’d (ra) rezó: ‘¡Oh, Al’lah! Si él [es decir, el acusador] está mintiendo, entonces quítale la vista, para que viva una larga vida y que se vea afectado por la desgracia’. Como consecuencia, ese individuo tuvo que soportar esas tres cosas. En una narración, Qais bin Abi Hazim afirma: “Una vez, iba al mercado de Medina. Cuando llegué a Hiyar-ul-Zaid, vi que una gran multitud se había reunido alrededor de un individuo que, subido a su cabalgadura, estaba maldiciendo Hazrat Ali (ra). En ese momento, Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) vino y se paró entre la gente y preguntó cuál era la causa de la conmoción. La gente respondió que aquel individuo estaba pronunciando blasfemias contra Hazrat Ali (ra). Entonces la gente se apartó para que Hazrat Sa’d (ra) se moviera hacia adelante, hasta que se paró justo frente del individuo y le preguntó: “¿Por qué estás maldiciendo a Hazrat Ali (ra)? ¿Acaso no aceptó el islam desde el principio? ¿No fue él la primera persona en ofrecer oraciones junto al Santo Profeta (sa)? ¿No es el más piadoso de entre todos nosotros? ¿Acaso no es el más erudito entre la gente? ¿No le dio el Santo Profeta (sa) la mano de su hija en matrimonio, concediéndole así el honor de convertirse en su yerno? ¿No llevaba la bandera durante las batallas que se lucharon junto al Santo Profeta (sa)?”. El narrador afirma además: “Hazrat Sa’d (ra) se volvió entonces hacia la qiblah y levantando sus manos para rezar, suplicó: “¡Oh, Al’lah! Si este individuo ha maldecido a uno de los amigos de Al’lah (es decir, Hazrat Ali -ra-) entonces muéstrale una señal de Tu poder antes de que esta multitud se disperse”. Esta es una narración de Mustadrak y el narrador es Qais. Que sigue diciendo: “¡Por Dios! La multitud aún no se había dispersado, cuando la montura sobre la que cabalgaba le hizo caer y el animal puso sus pies sobre su cabeza aplastándola, causándole la muerte.

Hay un relato similar de Hazrat Sa’d (ra) haciendo guardia con motivo de la batalla de la Zanja, justo cuando pasó la noche haciendo guardia inmediatamente después de la emigración del Santo Profeta (sa) a Medina. Sobre esto, Hazrat Musleh Maud (ra) relata:

“Hazrat A’isha (ra) dijo: El Santo Profeta (sa) se encontraba exhausto de hacer guardias y mantenerse alerta durante las noches, pues hacía guardias por las noches juntos a los otros Compañeros. Cuando su cuerpo no pudo soportar más el intenso frío, el Santo Profeta (sa) regresaba y se acostaba junto a mi en una manta y cuando su cuerpo se calentaba, volvía para proteger la parte dañada de la trinchera.  Al no haber dormido durante muchos días de forma continúa, el Santo Profeta (sa) un día se encontraba extremadamente exhausto y deseó que algún devoto musulmán viniera [y lo relevara del trabajo físico de proteger la trinchera en el frío de la noche] y así poder dormir tranquilo. De repente, escuchó una voz. Era Sa’d bin Abi Waqas (ra). El Santo Profeta (sa) le preguntó por qué había venido. “Para montar guardia y protegerte”, dijo Sa’d (ra). “No es necesario hacer guardia por mi”, dijo el Santo Profeta (sa). “Una parte de la trinchera está dañada. Ve y haz guardia para que los musulmanes puedan estar seguros”. Así pues, Sa’d (ra) se fue y el Santo Profeta (sa) pudo dormir durante un poco de tiempo”.

Los relatos restantes de Hazrat Sa´d (ra) serán narrados en el próximo sermón, insha Al’lah (si Dios quiere).

Ahora voy a rezar la oración fúnebre en ausencia de tres miembros fallecidos de la Yama’at. El primero de ellos es el respetado profesor Abdus Sami Khan Kathigri, que falleció el 6 de julio en Rabwah:

“Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a hacia Él será el retorno”.

El fallecido nació en 1937 en Qadián. Su padre, Abdul Rahim Sahib Kathigri, fue uno de los antiguos miembros que han servido a la Comunidad. Su padre, Hazrat Chaudhry Abdul Salaam Jan Sahib Kathigri, fue  Compañero (del Mesías Prometido -as-) y tuvo el honor de hacer el bai’at (juramento de iniciación) en las benditas manos del Mesías Prometido (as), en 1903.

Master Sami Sahib obtuvo su educación primaria en Qadián e hizo sus exámenes en Rabwah, después de haber emigrado allí tras la partición. Tiene un hijo y una hija, y su mujer falleció hace algunos años. Después de completar su licenciatura en 1960, comenzó a enseñar en la escuela Talim-ul-Islam de forma voluntaria y una vez terminó su BED (licenciatura en educación) en 1962, fue nombrado profesor de forma oficial. En 1969 completó su MED (máster en educación) por la Universidad de Lahore (Punjab) y se convirtió en un profesor de gran calibre. En 1970 fue nombrado director del Instituto de Talim-ul-Islam de Rabwah. Cuando el instituto fue nacionalizado, fue trasladado por el gobierno en 1970 a otro colegio. A partir de entonces, enseñó en diversos colegios. Desde el 2005 al 2009 ejerció como Zaim de Ansarul’lah y desde 2013 al 2016 tuvo la oportunidad de trabajar como presidente local de Dar-ul-Rehmat Sharqi. Fue también mi maestro y enseñaba de forma extraordinaria. Siempre tenía una expresión amable en su cara y explicaba de forma excelente. ¡Que Dios Altísimo le conceda Su Perdón y Misericordia, y eleve su posición! ¡Que Él haga que su descendencia también permanezca unida a la Comunidad y al Jalifato!

El siguiente funeral es del respetado Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib, que falleció el 28 de mayo, a la edad de 83 años.

“Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a hacia Él será el retorno”.

Era el hijo del respetado Sayd Sadiq Ali Sahib y Syeda Salma Beghum Sahiba, hija de Syed Mehbub Alim Bihari Sahib. Nació en la bendita ciudad de Qadián y creció en su ambiente puro y sagrado. Su padre, Syed Sadiq Ali Sahib de Sihranpur, hizo el bai’at (juramento de iniciación) en las benditas manos del Primer Jalifa (ra). El abuelo materno de Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib, Hazrat Syed Mehbub Alim Sahib Bihari, fue honrado con el martirio después de que un oponente le disparara el 19 de septiembre de 1947 durante la partición. El hermano del abuelo materno de Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib, Hazrat Syed Mehbuh Alim Sahib, trabajó como auditor de Sadr Anyuman Ahmadía. También tuvo el honor de caminar a pie desde Bihar hasta Qadián, con el fin de hacer el bai’at (juramento de iniciación).

Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib además tuvo la oportunidad de trabajar como presidente local de la comunidad de Earlsfield (Londres). Después de jubilarse, tuvo también el honor de trabajar durante dieciséis años como voluntario en la oficina del respetable Amir Sahib del Reino Unido y desempeñó su deber de una forma muy diligente. Su expresión siempre reflejaba amabilidad y tenía una naturaleza muy alegre. Desempeñaba su trabajo con mucha atención y nunca trabajaba de manera tal que se sintiera abrumado o causara angustia a los demás. De hecho, trabajaba de una forma que intentaba hacer todo el trabajo personalmente, e incluso también ayudaba a los otros en su trabajo.

Se casó en 1968 con la respetable Aisha Sadiq Sahiba, hija de Babu Muhammad Alim Sahib, que trabajó como jefe de estación de tren. Mientras estaba en Rabwah, su mujer tuvo la oportunidad de trabajar en varios departamentos de la organización auxiliar de Lallna (asociación de mujeres). Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib tuvo dos hijos y dos hijas. Uno de sus hijos, el Dr Kalimul’lah Sadiq Sahib, que trabaja mucho como voluntario en la MTA.

Con la gracia de Dios Altísimo, Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib fue muy regular en su Taháyud (oración voluntaria antes del amanecer). Cuando viajó para realizar la Umrah, sufría graves problemas de rodilla y su esposa afirma que, a pesar de tener una silla de ruedas, declaró que quería obtener las recompensas de la Umrah y la realizó a pie. Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib era muy cuidadoso a la hora de pagar sus contribuciones. Mucha gente, incluyendo sus hijos, me han escrito sobre sus diversas cualidades. Sin duda, los hijos mencionan las cualidades – y por la manera en que sus hijos están vinculados a la Comunidad, gracias a Dios, es evidente que Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib inculcó el amor por el Jalifato y por la Comunidad en sus corazones, y esto demuestra que los ha educado de una manera excelente. Como dijo el Santo Profeta (sa): los vecinos y los conocidos de uno, son los que verdaderamente testifican la piedad y la conducta de una persona y esto, de hecho, se ha cumplido con Syed Muyibul’lah Sadiq Sahib. Él no solo ayudaba a sus vecinos no-áhmadis, sino que animaba a sus hijos a que también lo hicieran. Con su fallecimiento, estos vecinos se han quedado muy tristes. Del mismo modo, todos sus compañeros de oficina han resaltado en particular las cualidades de su buena naturaleza, su gran dedicación y atención al trabajar, y también de ayudar a sus compañeros de trabajo. Realizaba sus propias tareas y además ayudaba a servir a otros; por ejemplo, incluso él mismo preparaba el té para los demás.

Cuando me mudé a Islamabad el año pasado, estaba muy preocupado sobre cómo podría ofrecer sus oraciones del viernes detrás de mí y también compartió su preocupación conmigo durante una visita que me hizo. Sin embargo, le aseguré que la mayoría de las oraciones de los viernes, Dios mediante, se ofrecerían, en su mayoría, en la mezquita Baitul Futuh y que siempre que se hicieran en Islamabad, él podría venir aquí. Al escuchar esto, su cara se iluminó de alegría. Para mantener a sus hijos cerca de la mezquita, después de la emigración del Cuarto Jalifa (rh), compró una casa cerca de la mezquita Fazl y viajaba diariamente durante una hora para trabajar, con el fin de que sus hijos permanecieran siempre unidos a la mezquita. Esta era la misma preocupación que tenía ahora, que ya que el Jalifa se había mudado lejos, ¿cómo podría ofrecer sus oraciones los viernes? En cualquier caso, fue una persona muy devota y piadosa. Vivió su vida con la máxima lealtad y dedicación, e intentó inculcar lo mismo entre sus hijos. ¡Qué Dios Todopoderoso le conceda Su misericordia y perdón, y eleve su posición! ¡Qué también permita que sus hijos permanezcan unidos al Jalifa y a la Comunidad, según sus expectativas; de hecho, incluso más allá de eso! ¡Que Dios Altísimo mantenga a su esposa bajo Su protección y le otorgue consuelo y paz!

Los detalles del tercer funeral ya se mencionaron en mi sermón anterior, pero no se ofreció la semana pasada. Es el funeral es de Rana Naimuddin Sahib, que trabajó para la Comunidad durante mucho tiempo y además fue Asir Rahe Maula (encarcelado por su fe). También dirigiré su oración fúnebre después de las oraciones del viernes junto a los otros funerales, si Dios quiere. ¡Qué Al’lah conceda a todos Su perdón y misericordia!

Resumen del sermón de viernes – 17 de julio del 2020

En el sermón del viernes, el Quinto Jalifa, Su Santidad, Hazrat Mirza Masroor Ahmad (aba) continuó relatando hechos de la vida de Hazrat Sa’d bin Mu’adh (ra).

Herido en la batalla de Ahzab

Su Santidad (aba) citó a Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) quien escribió que “no muchos fueron martirizados en la Batalla de Ahzab; pero, Sa`d bin Mu`adh (ra) fue fatalmente herido. Apesar de que sólo unas pocas personas de los incrédulos perdieron sus vidas, recibieron una gran conmoción; hecho con el que se hizo verdad una profecía del Santo Profeta (sa) que era que: “ahora, no tendrán el coraje de atacar a los musulmanes”.

Las heridas de la battalla de khandak causaron el fallecimiento de Hazrat Sa’d (ra). Consta en los relatos que en la batalla de Khandaq, cuando una flecha se clavó en la muñeca de Hazrat Sa’d (ra), el Santo Profeta (sa) la sacó y curó la herida.

Los últimos momentos de Hazrat Sa’d bin Mu’adh (ra)

Su Santidad (aba) dijo: se relata que el Santo Profeta (sa) hizo levantar una carpa cerca de la mezquita en la que se atendería a Hazrat Sa’d (ra), para que pudiera visitarle. Cuando su herida empezó a curarse, Hazrat Sa’d rezó: ‘¡Oh Dios! No hay nada que me guste más que luchar por Tu causa. Creo que ahora Has terminado nuestras batallas con la tribu Quraish. Si todavía hay que luchar contra la tribu Quraish, entonces mantenme vivo para poder servir al Islam. Pero si nuestras batallas con ellos han terminado, entonces soy feliz aunque esta herida se abra y siga sangrando hasta mi muerte”. Esa misma noche, la herida se abrió y sangró profusamente. Ibn Abbas (ra) relata que cuando empezó a sangrar, el Santo Profeta (sa) fue hacia él y lo sostuvo cerca, hasta el punto de que la sangre de Hazrat Sa`d (ra) llenó a la barba del Santo Profeta (sa). El Santo Profeta rezó: “Sa’d luchó por Tu causa, demostró la veracidad de Tu profeta y cumplió lo que se le asignó, así que acepta su alma”. Aún con vida, Hazrat Sa’d (ra) abrió los ojos y dijo: “La paz sea contigo, Mensajero de Al’lah”. A todos los miembros de la familia presentes en ese pmomento, el Santo Profeta (sa) dijo que: “Rezo para que hayan tantos ángeles presentes en el momento de la muerte de Sa’d como personas presentes ahora”.

La muerte y el funeral de Hazrat Sa’d bin Mu’adh (ra)

Su Santidad (aba) relató que la muerte de Hazrat Sa’d (ra) fue una gran conmoción. Entre los Ansar (nativos de Madinah) se le otorgaba el mismo respeto que a Hazrat Abu Bakr (ra) entre los Muhajireen (emigrantes). Su muerte también fue una conmoción para el Santo Profeta (sa), quien le mostró una paciencia ejemplar.

Durante su procesión fúnebre, la anciana madre de Hazrat Sa’d (ra) se lamentaba con lena en voz alta. Aunque El Profeta (sa) había enseñado lo contrario, dijo que: “una mujer que llora excesivamente miente, excepto la madre de Sa’d (ra), ya que lo que ha dicho de él es verdad”.

Mientras llevaban el cuerpo de Hazrat Sa’d (ra) hacia la tumba, algunos compañeros expresaron lo ligero que parecía su cuerpo. El Santo Profeta (sa) dijo que esto se debía a que los ángeles también llevaban su cuerpo.

Su Santidad (aba) dijo: se informó de que el cementerio, Yannatul Baqi, se llenó por completo de compañeros presentes en el momento de su funeral. Cuando su cuerpo fue colocado en la tumba, el Santo Profeta (sa) dijo Subhan Al’lah (Santo es Al’lah) tres veces, y los compañeros le siguieron de tal manera que el cementerio hizo eco de estas palabras. Luego, el Santo Profeta (sa) dijo Al’laju Akbar (Al’lah es el más grande) tres veces y los compañeros lo siguieron, y estas palabras resonaron por todo el cementerio.

Al consolar a la madre de Hazrat Sa’d (ra), el Santo Profeta (sa) dijo que “tu hijo fue la primera persona por la que Dios sonrió y su trono se conmovido”, es decir, que lo aceptará en el cielo con los brazos abiertos.

Su Santidad (aba) relató una narración en la que Hazrat Sa’d (ra) dijo: “aunque soy débil, hay tres cosas en las que soy muy regular y resuelto; primero, sé que todo lo que el Santo Profeta (sa) dice es verdad. Segundo, nunca he permitido que ningún otro pensamiento entre en mi mente mientras ofrezco la oración. Tercero, no hay funeral en el que no haya participado, y pensado desde la perspectiva del difunto, en lo que se le pedirá,’ es decir, estaba muy atento del más allá.

Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra)

Su Santidad (aba) dijo: el siguiente compañero es Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra). Su padre era Malik bin Wahaib y su madre, Hamna bint Sufyan. Él era de la tribu Banu Zuhra de los Quraish. Era uno de los diez compañeros a los que el Santo Profeta (sa) dio la alegre noticia del cielo. Fue el último de estos diez en morir.

Su aceptación del Islam

Su Santidad (aba) dijo con respecto a su conversión al Islam: “se narra que vio un sueño oscuridad de la que, de repenste, salió la luna; se dirigió hacia ella. A lo largo del camino vio que Hazrat Zaid bin Haritha (ra), Hazrat Ali (ra) y Hazrat Abu Bakr (ra) también iban en la misma dirección. Les preguntó cuándo habían llegado, a lo que respondieron que acababan de llegar. En ese momento, escuchó hablar del Santo Profeta (sa) y del mensaje que estaba propagando. Así que fue al Santo Profeta (sa) y aceptó el Islam.

Se dice que tenía apenas 17 o 19 años cuando aceptó el Islam. Era de los que aceptaron el Islam como resultado de la predicación de Hazrat Abu Bakr (ra). Tuvo éxito en la victoria del Islam en Irak durante la época de Hazrat Umar (ra).

La reacción de su madre, y una lección de obediencia a los padres

Su Santidad (aba) relató que debido a su conversión al Islam, su madre le dijo que no comería hasta que él se convirtiera del Islam. Ella dijo “tu fe te dice que obedezcas a tus padres, y por eso te ordeno que dejes el Islam”. Así continuó durante tres días. Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) dijo que amaba mucho a su madre. Cuando ella le dijo que no comería hasta que él se retirara del Islam. Después del primer día en que ella no comió, él le dijo que “Aún si tuvieras mil vidas que se fueran una por una debido a que no comiste, yo nunca dejaría el Islam”. Fue así como el siguiente versículo fue revelado al Santo Profeta (sa):

‘Hemos ordenado al hombre la benevolencia con sus padres; pero si disputan contigo para que tu también asocies partícipes conmigo; de lo cual no tienes ningún conocimiento, no les obedezcas. A Mí es a quien retornaréis, y os informaré de lo que hicisteis. (29:9)

El tío del Profeta (sa)

Su Santidad (aba) dijo que el Santo Profeta (sa) se habría referido a Hazrat Sa’d bin Abi Waqas como su tío. El Imam Tirmadhi explica que esto se debió a que ambas madres, la del Santo Profeta (sa) y la de Hazrat Sa`d bin Abi Waqas eran de la tribu Banu Zuhra.

Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) soportó grandes dificultades

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) fue uno de los compañeros que soportó las condiciones más duras y la persecución durante el boicot de los musulmanes por los Mecanos. Él mismo cuenta que una noche estaba caminando cuando su pie se tropezó con algo. Su estado de hambre era tal, que lo recogió y se lo comió. Dijo que “hasta el día de hoy, no sé qué había comido…”

El guardia de seguridad para el Santo Profeta (sa)

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) era uno de los compañeros que se encargaba de la seguridad del Santo Profeta (sa) durante las diversas batallas. Después de emigrar a Madinah, se temía un ataque de los incrédulos, por lo que, en aquellos días, el Santo Profeta (sa) a menudo se quedaba despierto por las noches. Una noche, cuando el Santo Profeta (sa) no podía dormir, dijo: “si tan sólo hubiera alguien que pudiera venir y hacer guardia”. Acababa de decir esto, que escuchó el sonido de una armadura afuera. Preguntó quién era, a lo que Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) informó que era él. El Santo Profeta (sa) preguntó por qué había venido. Hazrat Sa’d (ra) respondió que se sentía preocupación por el Santo Profeta (sa) y decidió que venir y hacer guardia fuera de su casa. Después de esto, el Santo Profeta (sa) rezó por él y luego se fue a dormir.

Su Santidad (aba) dijo que continuaría hablando de Hazrat Sa’d bin Abi Waqas en el siguiente Sermón.

Oraciones fúnebres

Su Santidad (aba) dijo que ofrecería la oración fúnebre en ausencia de los siguientes miembros:

El Maestro Abud Sami Khan Sahib falleció el 6 de julio de 2020. Su abuelo tuvo el honor de aceptar a Ahmadíat de la bendita mano del Mesías Prometido (as) en 1903. Fue profesor y también sirvió como director de la Escuela Secundaria Talimul Islam en Rabwah. Su Santidad (aba) dijo que también había sido su estudiante, y lo elogió por su excelente estilo de enseñanza y la gran amabilidad y cuidado con que enseñaba. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah siempre mantenga a su progenie unida al Yama’at y al Jilafat.

Syed Mujeebul’lah Sadiq sahib falleció el 28 de mayo de 2020. Nació y se crió en Qadian. Su padre aceptó el Ahmadíat de la mano del primer Jalifa (ra). Su abuelo materno fue un mártir. Se había mudado al Reino Unido y trabajó como voluntario en la oficina del Presidente Nacional. Su Santidad (aba) lo elogió por su buena naturaleza, junto con su gran dedicación y atención a su trabajo. Uno de sus hijos, Kaleemul’lah Sadiq sahib ha hecho mucho trabajo voluntario en MTA. Su Santidad (aba) señaló que la forma en que sus hijos están unidos al Yamat, muestra la excelente manera en que los crió y se aseguró de que estuvieran unidos al Yamat y al Jilafat. Su Santidad (aba) dijo que el Santo Profeta (sa) dijo que el verdadero carácter de una persona es avalado por sus vecinos, lo que resultó ser cierto en su caso ya que muchos de sus vecinos escribieron sobre su buen carácter, y también le sirvieron durante su enfermedad. Su Santidad (aba) dijo que cuando se mudó a Islamabad, Mujeebullah Sadiq vsahib estaba muy preocupado por cómo él y su familia podrían ofrecer la oración del viernes detrás de Su Santidad (aba). Sobre esto, Su Santidad (aba) le aseguró que la mayoría de las oraciones del viernes se seguirían ofreciendo en Baitul Futuh. Su Santidad (aba) contó que al escuchar esto, su rostro se iluminó. Su Santidad (aba) señaló que esta era la forma en que había unido a sus hijos a la mezquita y también se aseguró de que vivieran cerca de la mezquita. Su Santidad rezó por su perdón y también por su familia.

Su Santidad (aba) dijo que también ofrecería la oración fúnebre de Rana Naeemuddin Sahib, cuya mención se había hecho antes pero su oración fúnebre no podía ofrecerse y se incluiría con las dos mencionadas anteriormente. Rezó para que Al’lah los colme de su misericordia.

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