En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La excelencia personificada

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tahashud, Taawuz y Sura Al Fatiha, Hazrat Jalifa-tul-Masih V (aba) dijo:

Hoy, continuaré relatando la historia de las vidas de los Compañeros de Badri (participantes en la Batalla de Badr).

El nombre del primer Compañero que mencionaré hoy es Hazrat Amir (ra) Bin Salama. Hazrat Amir (ra) Bin Salama también se conoce como Amr Bin Salama. Perteneció a la tribu Bali. Bali es una rama de la antigua tribu árabe de Qudha’ah que se encuentra en Yemen. Debido a esta asociación, también se le conoce como Amir Bin Salama Balawi. Hazrat Amir (ra) fue un confederado de los Ansaar. Hazrat Amir (ra) Bin Salama tuvo el honor de participar en las batallas de Badr y Uhud.

El nombre del segundo compañero a mencionar es Hazrat Abdul-lah (ra) Bin Suraqah. Hazrat Abdul-lah (ra) Bin Suraqah pertenecía al clan Banu Adi de Quraish, que era la tribu de Hazrat Umar (ra) Bin al-Jattab. El linaje de Hazrat Abdul-lah Bin Suraqah conecta con Hazrat Umar (ra) a través de un hombre llamado Raiha en la quinta generación de sus antepasados. Su linaje se conecta con el Santo Profeta (sa) a través de un hombre llamado Kaab en la décima generación de sus antepasados. El nombre del padre de Hazrat Abdul-lah (ra) Bin Suraqah era Suraqah Bin Mutamir. El nombre de su madre era Amah Bint Abdul-lah. Los nombres de su hermana eran Zainab y el nombre de su hermano era Amr Bin Suraqah. El nombre de la esposa de Hazrat Abdul-lah (ra) Bin Suraqah era Humaimah Bint Hariz, con quien tuvo a su hijo Abdul-lah. La mayoría de los historiadores han mencionado que participó en la batalla de Badr. Sin embargo, algunos han dicho que no participó en Badr, sino que participó en la batalla de Uhud y en las batallas posteriores. En cualquier caso, según la mayoría de ellos, Hazrat Abdul-lah y su hermano Amr Bin Suraqah (ra) tuvieron el honor de participar en la batalla de Badr. Encontramos los nombres de Umar o Usman Bin Abdul-lah, Zaid y Ayyub Bin Abdur Rahman entre la progenie de Hazrat Abdul-lah (ra).

Abdul-lah Bin Abu Bakr relata que Hazrat Abdul-lah (ra) Bin Suraqah emigró de La Meca a Medina junto a su hermano Amr. Ambos se quedaron en la casa de Hazrat Rafa’ah (ra) Bin Abdil Munzir. Hazrat Abdul-lah (ra) Bin Suraqah falleció durante el Jalifato de Hazrat Usman en 35 dH. Hazrat Abdul-lah (ra) Bin Suraqah narra que el Santo Profeta (sa) dijo que, “tassahharu wa lau bil maai”, es decir, “Participa en el sehri [ingerir algo antes del ayuno], incluso si es solo con agua”. Esto significa hacer el sehri es obligatorio [tomar necesariamente algo antes de ayunar].

El nombre del siguiente Compañero que se mencionará es Hazrat Malik Bin Abu Jauli. Hazrat Malik (ra) Bin Abu Jauli pertenecía a la tribu de Banu Iyal, que eran confederados del clan Banu Adi Bin Kaab de los Quraish. El título de su padre era Abu Jauli y su nombre era Amr Bin Zuhair. El nombre de Hazrat Malik también se registra como Halaal. En el momento, cuando Hazrat Umar (ra) emigró de La Meca a Medina, también lo acompañaron Hazrat Malik (ra) y su hermano Hazrat Jauli (ra), además del resto de los miembros de su propia familia. Hazrat Malik (ra) participó en la batalla de Badr junto a su hermano Jauli (ra) y, según un relato, Hazrat Jauli (ra) participó en la batalla de Badr junto a sus dos hermanos Hazrat Hilaal (ra), es decir, Hazrat Malik y Hazrat Abdul-lah (ra). Hazrat Malik (ra) Bin Abu Jauli falleció durante el Jalifato de Hazrat Usman (ra).

El siguiente compañero a mencionar es Hazrat Waqid (ra) bin Abdul-lah. El nombre del padre de Hazrat Waqid era Abdul-lah bin Abd-i-Manaf. Perteneció a la tribu de Banu Tamim. Hazrat Waqid (ra) era un confederado de Jattab bin Nufail y según un relato, era un confederado de la tribu de Quraish, Banu Adi bin Kab. Hazrat Waqid (ra) también estuvo entre las personas que mencionamos en los libros de historia, quienes aceptaron el islam como resultado de los esfuerzos de predicación de Hazrat Abu Bakr (ra). Hazrat Waqid (ra) había aceptado el islam antes de que el Santo Profeta (sa) fuera a Dar-e-Arqam. Ya hablé sobre Dar-e-Arqam hace algún tiempo, sin embargo, lo mencionaré brevemente de nuevo.

El Santo Profeta (sa) consideró establecer un centro de Tabligh [propagación del mensaje del islam] en La Meca, donde los musulmanes podrían reunirse para orar, etc. y para buscar, sin ningún obstáculo, la guía del Santo Profeta (sa). Con respecto a los asuntos relacionados con su entrenamiento moral, así como el lugar donde se puede predicar el mensaje del islam. Para este propósito necesitaban una casa que pudiera servir como centro o sede central. El Santo Profeta (sa) eligió la casa de Arqam bin Abi Arqam, quien recientemente había aceptado el islam. Esta casa estaba ubicada al pie del monte Safa. Después de esto, los musulmanes se reunieron y ofrecieron las oraciones en este lugar. Además, cuando esas personas que buscaban la verdad vinieron al Santo Profeta (sa), les predicó el mensaje del islam en este mismo lugar. Debido a esta razón, esta casa se ha hecho famosa en la historia y también es conocida como Dar-ul-islam. El Santo Profeta (sa) cumplió con sus responsabilidades de Dar-e-Arqam durante aproximadamente tres años. Es decir, lo convirtió en el centro en el cuarto año después de su nombramiento como Profeta y continuó sus trabajos de predicación y capacitación moral desde allí hasta el final del sexto año. Los historiadores escriben que la última persona que aceptó el islam en Dar-e-Arqam fue Hazrat Umar (ra) y que, tras su aceptación del islam, los musulmanes se fortalecieron enormemente y abandonaron Dar-e-Arqam y comenzaron a predicar abiertamente el mensaje del islam.

Cuando Hazrat Umar (ra) emigró de La Meca a Medina, junto con otros miembros de la familia de Hazrat Umar, Hazrat Waqid (ra) también lo acompañó. Después de emigrar de La Meca a Medina, Hazrat Waqid (ra) se quedó con Hazrat Rifa’ah (ra) bin Abd-il-Munzir. Después de esto, el Santo Profeta (sa) formó un vínculo de hermandad entre Hazrat Waqid (ra) y Hazrat Bishr (ra) bin Bara’ah. Hazrat Waqid (ra) participó junto con el Santo Profeta (sa) en todas las batallas, incluidas las batallas de Badr, Uhud y Jandaq. Cuando el Santo Profeta (sa) envió una expedición al mando de Hazrat Abdul-lah (ra) bin Yahash, Hazrat Waqid (ra) también era miembro de esta delegación. Hazrat Waqid (ra) mató a un individuo de los infieles, Amr bin Hazrami, durante esta expedición. Este fue el primer idólatra asesinado en la historia del islam y Hazrat Waqid fue el primer musulmán que mató a un idólatra durante cualquier batalla. Anteriormente mencioné los detalles de esta batalla en relación con Hazrat Abdul-lah (ra) bin Yahash. Hazrat Waqid (ra) falleció hacia el comienzo del Jalifato de Hazrat Umar (ra).

El siguiente compañero que se mencionará es Hazrat Nasr (ra) bin Hariz. Hazrat Nasr (ra) bin Hariz pertenecía a la familia de la tribu Ansaar de Aus, Banu Abd bin Razaak. Su nombre también se menciona como Numair bin Hariz. Su título era Abu Hariz. El nombre de su padre era Hariz bin Abd y el nombre de su madre fue Saudah bint Sawwad. Hazrat Nasr (ra) bin Hariz tuvo el honor de participar en la batalla de Badr. Su padre, Hariz (ra), también tuvo el honor de ser un Compañero del Santo Profeta (sa). Hazrat Nasr (ra) fue martirizado durante la batalla de Qadisiah. Qadisiah es un área en Irán, o la actual Irak, situada a una distancia de cuarenta y cinco millas de Kufa. En el decimocuarto año después de la Hégira [migración del Santo Profeta (sa) de La Meca a Medina] y durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra), se libró una guerra decisiva entre musulmanes e iraníes en Qadisiah. Como resultado de esto, el Imperio iraní cayó en manos de los musulmanes.

El siguiente compañero a mencionar es Hazrat Malik (ra) bin Amr. Hazrat Malik (ra) bin Amr pertenecía a una familia de la tribu de Banu Sulaim, Banu Hillr, que era un confederado de los Banu Abd-i-Shams. El nombre de su padre era Amr bin Sumaid. Hazrat Malik participó en la batalla de Badr junto con sus dos hermanos, Hazrat Saqf (ra) bin Amr y Hazrat Mudlill (ra) bin Amr. Hazrat Malik (ra) participó junto con el Santo Profeta (sa) en la batalla de Uhud y otras batallas y fue martirizado durante la batalla de Yamama, en el duodécimo año después de la Hégira.

El nombre del siguiente Compañero que se menciona es Hazrat Nu’man (ra) bin Asar. Hazrat Nu’man (ra) pertenecía a la tribu Ansaar de Bali y era un confederado de la tribu de Banu Mu’awiyah. También le llamaban Laqit bin Asar. Del mismo modo, también fue conocido como Nu’man bin Balwi. Hazrat Nu’man (ra) bin Asar participó junto con el Santo Profeta (sa) en el Bai’at-e-Aqba, la batalla de Badr y todas las demás batallas. Fue martirizado durante la batalla de Yamama y, según algunos, Hazrat Nu’man (ra) fue martirizado por Tulaih durante la batalla con los apóstatas, tras el fallecimiento del Santo Profeta (sa).

El nombre del siguiente Compañero que se menciona es Hazrat Uwaim (ra) bin Sa’idah. Hazrat Uwaim (ra) bin Sa’idah pertenecía a Banu Amr bin Auf, una rama de la tribu Aus. Hazrat Uwaim (ra) participó en el primer y el segundo Bai’at en Aqba. Según la referencia encontrada en Sirat Jatam-un-Nabiyyin [La vida y el carácter del Sello de los Profetas (sa)], antes del primer Bai’at en Aqba, un grupo de seis Ansaar de Medina aceptaron al Santo Profeta (sa). Según algunas narraciones, se habla de ocho individuos y Hazrat Uwaim (ra) bin Sa’idah también se encontraba entre ellos. Según Tabaqaat-ul-Kubra, con motivo de la migración hacia Medina, el Santo Profeta (sa) creó un vínculo de hermandad entre Hazrat Uwaim (ra) bin Sa’idah y Hazrat Umar (ra) y según otra narración, con Hazrat Hatib (ra) bin Abi Balta.

Hazrat Abdul-lah bin Zubair narra que escuchó al Santo Profeta (sa) decir:

“¡Qué excepcional siervo de Al-lah es Uwaim (ra) bin Sa’idah quien además se encuentra entre los habitantes del cielo!”

Según una narración, cuando se reveló el siguiente versículo del Sagrado Corán:

[Árabe]

el Santo Profeta (sa) declaró:

“¡Qué persona más excelente es Uwaim bin Sa’idah, quien también se encuentra entre este grupo de personas!”

Es decir, la traducción del versículo mencionado anteriormente es:

“Allí hay hombres que desean ser purificados, y Al-lah ama a quienes se purifican a sí mismos completamente.”

Hazrat Uwaim (ra) bin Sa’idah participó en todas las batallas junto con el Santo Profeta (sa), incluidas las batallas de Badr, Uhud y Jandaq.

Asim bin Suaid narra que escuchó a la hija de Hazrat Uwaim (ra) bin Sa’idah decir:

“Cuando Hazrat Umar bin Jataab (ra) estaba junto a la tumba de Hazrat Uwaim (ra) bin Sa’idah, dijo: ‘No hay nadie en el mundo quien pueda decir que está mejor que el que está en esta tumba.’ Uwaim se mantuvo junto a la bandera de cada expedición encargada por el Santo Profeta (sa).”

Según una narración, se menciona que en los días de ignorancia [es decir, antes de la llegada del islam] Suaid, el padre de Hariz, mató a Ziyaad, quien era el padre de Hazrat Muyyazar (ra). Después de este incidente, un día, el hijo del difunto, Hazrat Muyyazar, venció a Suaid y pudo asesinar al asesino de su padre. Ambos incidentes ocurrieron antes de la llegada del islam. Esto condujo a la batalla de Bu’az que se libró entre Aus y la tribu Jizrall. Más tarde, después de la migración del Santo Profeta (sa) a Medina, los hijos de estos dos individuos quienes fueron asesinados, es decir, Hariz bin Suaid y Hazrat Muyyazar bin Ziyad se convirtieron al islam y ambos participaron en la batalla de Badr. No se sabe cuán auténtica es esta narración, pero se afirma que después de aceptar el islam, Hariz bin Suaid buscaba una oportunidad para vengar el asesinato de su padre matando a Hazrat Muyyazar. Sin embargo, nunca tuvo la oportunidad.

Durante la batalla de Uhud, cuando los Quraish se dieron la vuelta y atacaron a los musulmanes por segunda vez, Hariz bin Suaid atacó a Hazrat Muyyazar por la espalda y lo martirizó golpeándole en el cuello. Según una narración, también se menciona que Hariz bin Suaid martirizó Hazrat Qais bin Zaid. Cuando el Santo Profeta (sa) regresaba de la batalla de Hamra ul Asad, Hazrat Gabriel (as) [el Arcángel] llegó al Santo Profeta (sa) y le informó que Hariz bin Suaid estaba en Qaba en ese momento y que había engañado y matado a Hazrat Muyyazar bin Ziyad. Hazrat Gabriel le dijo al Santo Profeta (sa) que debía ejecutar a Hariz bin Suaid por el asesinato de Hazrat Muyyazar bin Ziyad. Al escuchar esto, el Santo Profeta (sa) se fue a Qaba inmediatamente. Por lo general, no solía ir a Qaba en ese momento [del año] ya que era una estación muy calurosa. A la llegada del Santo Profeta (sa), los musulmanes Ansaar quienes eran residentes de Qaba se reunieron a su alrededor. Hariz bin Suaid también estaba entre los que se habían reunido. Se había envuelto en una o dos sábanas amarillas de tela. Siguiendo las instrucciones del Santo Profeta (sa), Hazrat Uwaimar bin Saidah ejecutó a Hariz bin Suaid en la entrada de Masyid Qaba. El nombre del Compañero que se menciona aquí se registra como Uwaimar en Siratul Halabiyah en lugar de Uwaim. Mientras que, en todos los demás lugares, como en Tabaqaat e Ibn-Sa’ad, etc, su nombre se registra como Uwaim bin Saidah. En cualquier caso, según otra narración, el Santo Profeta (sa) no instruyó a Uwaim bin Saidah a matar a Suaid, quien había engañado y martirizado a otros musulmanes. Dado que ambos eran musulmanes, se prescribió una represalia equitativa en relación a los fallecidos. La otra narración afirma que Hazrat Usman recibió instrucciones del Santo Profeta (sa) para castigarlo.

Hay otra narración que menciona que Hariz dijo:

“¡Por ​​Dios! He matado a Muyyazar no porque me haya alejado del islam. Tampoco tengo ninguna duda sobre la veracidad de esta religión. Lo hice porque Satanás me incitó [a vengarme] apelado a mi sentido de honor y orgullo. Ahora busco el arrepentimiento de Dios y Su Mensajero por mi acción, y estoy dispuesto a pagar el dinero de la sangre por ello. Ayunaré continuamente durante dos meses y también liberaré a un esclavo”.

Sin embargo, el Profeta de Al-lah (sa) no aceptó las disculpas de Hariz y fue castigado con la pena de muerte.

Según una narración en Sirat Al Halbiya, Abu Umar afirma:

“Hazrat Uwaim (ra) falleció durante la vida del Santo Profeta (sa)”.  Sin embargo, en otra narración, afirma que falleció a la edad de sesenta y cinco o sesenta y seis años durante el Jalifato de Hazrat Umar (ra).

El siguiente Compañero que se menciona es Hazrat Nu’man (ra) bin Sinnan. Pertenecía a los Ansaar y pertenecía a la familia Banu Nu’man de la tribu Jazrall. Ibn-e-Hisham escribe que Hazrat Nu’man (ra) era un esclavo liberado de Banu Nu’man. Mientras que, Ibn Sa’ad ha escrito que era un esclavo liberado de Banu Ubaid bin Adi. Hazrat Nu’man (ra) bin Sinnan tuvo la oportunidad de participar en las batallas de Badr y Uhud.

El siguiente Compañero es Hazrat Antarah (ra) Maula Sulaim. Hazrat Antarah fue el esclavo liberado de Hazrat Sulaim bin Amr. Hazrat Antarah era Sulami Zakwani y era el Jefe de la Tribu Banu Sawwad bin Ghadam, que era una rama de los Ansaar. Hazrat Antarah (ra) participó en las batallas de Badr y Uhud y fue martirizado el día de la batalla de Uhud por Naufal bin Mu’awiyyah Dil-li. Según un dicho, el fallecimiento de Hazrat Antarah se produjo durante la batalla de Siffin, durante la era de Hazrat Ali (ra), en el año 37 después de la Hégira.

Luego, el siguiente Compañero a mencionar es Hazrat Nu’man (ra) bin Abd-e-Amr. Era miembro de la rama Banu Dinar bin Nayyar de la tribu Jazrall de entre los Ansaar. El nombre de su padre era Abd-e-Amr bin Mas’ud, y el nombre de su madre era Sumairah bint Qais. Hazrat Nu’man (ra) bin Abd-e-Amr participó en las batallas de Badr y Uhud. Su hermano, Dhahaak bin Abd-e-Amr participó en la batalla de Badr con él. Hazrat Nu’man (ra) bin Abd-e-Amr recibió el estatus de mártir en la batalla de Uhud. Hazrat Nu’man (ra) y Hazrat Dhahaak también tenían un tercer hermano, cuyo nombre era Qutbah. También tuvo el honor de ser un Compañero del Santo Profeta (sa).

Hazrat Qutbah fue martirizado en el incidente de Be’r-e-Ma’unah. Muhammad bin Sa’d bin Abi Waqqas (ra) relata que el Santo Profeta (sa) pasó junto a una mujer de la tribu Banu Dinar, cuyo marido, hermano y padre habían participado en la batalla de Uhud, y todos ellos fueron martirizados en la misma. Cuando algunas personas se acercaron a ella para darle el pésame, ella les preguntó: “¿Cómo está el Santo Profeta (sa)?” La gente respondió: “¡Oh madre de tal y tal, él está bien y se encuentra bien, y alabado sea Al-lah, está justo como deseas verle!” La mujer respondió: “¡Muéstramelo, quiero verlo!” Entonces la gente le indicó dónde estaba. Cuando ella vio al Santo Profeta (sa) dijo: “todas las demás calamidades se esfuman tras usted.”

En otra narración también se menciona que el hijo de esta mujer había sido martirizado. Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que en la batalla de Uhud, los habitantes de Medina se encontraban muy perturbados ante el rumor de que el Santo Profeta (sa) había sido martirizado. Este malestar fue tan perturbador que en las callejuelas de Medina comenzaron a escucharse gritos de agonía, y debido a la conmoción, una mujer Ansaari salió de su casa. Ella vió delante de ella los cuerpos sin vida de su hermano, su hijo y su marido. El narrador dice: “yo no sé a quién vio primero, pero cuando llegó al último de los tres, preguntó: “¿Quiénes son estas personas?” La gente le informó que eran su hermano, su hijo y su marido. Ella a su vez inquirió: “¿Cómo está el Mensajero de Al-lah (sa)? La gente le informó que había regresado. La mujer caminó hacia el Santo Profeta (sa) y se agarró a su mano diciendo: “¡Oh Mensajero de Al-lah! ¡Qué mi madre y mi padre sean sacrificados por ti! Si tú estás bien, no me preocupa ninguna pérdida”. Según un dicho, el nombre de esta mujer era Sumairah bint Qais, la madre de Nu’man bin Abd-e-Amr (ra).

Hazrat Musleh Maud (ra) ha mencionado también este incidente en una ocasión. Declara:

“Abundan los ejemplos de valentía entre los nobles Compañeros del Santo Profeta Muhammad (sa). Entre la gente corriente, difícilmente encontramos uno o dos sacrificios semejantes entre los millones de personas a lo largo de cientos de naciones. Sin embargo, de entre unos pocos miles de Compañeros del Profeta encontramos cientos de ejemplos de coraje. ¡Qué sublime y maravilloso es el ejemplo relacionado con una mujer!”

Hazrat Musleh Maud (ra) dice que “he mencionado este relato muchas veces.”  Yo también he mencionado esto en muchas ocasiones. Hazrat Musleh Maud continúa diciendo:

“Esto es digno de mención en cada reunión, y debe permanecer fresco en nuestra memoria. Algunos incidentes son tan extraordinarios que, a pesar de ser recordados una y otra vez, no pasa el tiempo por ellos. Pues bien, tenemos el incidente de una mujer que vivía en Medina, que durante la batalla de Uhud oyó que el Santo Profeta (sa) había sido martirizado. Muy afligida, salió de su casa junto con otras mujeres de Medina, y al ver al primer jinete regresar de Uhud le preguntó: “¿Cómo se encuentra el Santo Profeta (sa)?” El hombre respondió: “Tu marido ha sido asesinado”. La mujer respondió: “Te he preguntado sobre el Mensajero de Al-lah (sa), y tú me estás hablando de mi marido”. El hombre respondió: “Tu padre también ha sido asesinado.” La mujer contestó: “Te pregunto por el Mensajero de Al-lah (sa) y tú me hablas de mi padre”. El hombre entonces le dijo: “Tus dos hermanos también han sido asesinados.” Una vez más, la mujer contestó: “simplemente responde a mi pregunta. No te estoy preguntando sobre mi familia, sino sobre el Mensajero de Al-lah (sa)”.

Solo porque el corazón de este Compañero estaba contento de saber que el Mensajero de Al-lah (sa) se encontraba bien, pensó que lo más importante era informar a la mujer sobre la muerte de sus parientes. Sin embargo, para ella lo más querido era la persona del Santo Profeta (sa).  Es por eso que la mujer pidió al hombre con firmeza que respondiera a su pregunta, a lo que éste respondió: “El Santo Profeta (sa) se encuentra a salvo y está bien”. Al escuchar esto, la mujer exclamó: “si él está vivo, entonces no tengo nada por lo que llorar, no importa quién muera”.

[Hazrat Musleh Maud (ra)] dice:

“Es obvio que si comparamos este ejemplo (de la Compañera) con el ejemplo de [otras] mujeres mayores desconsoladas, pierden importancia aquellas mujeres cuyos corazones, aunque llenos de tristeza, lloran internamente. [Hazrat Musleh Maud (ra) estaba comparando esto con el ejemplo de otra mujer cuyo corazón estaba afligido y lloraba en su corazón sin expresarlo abiertamente].”

Hazrat Musleh Maud (ra) continúa diciendo:

“No obstante, este no fue el caso de la Compañera. Ella no reprimió sus emociones ni lloró internamente sin expresarlo abiertamente. El caso de ella, por el contrario, fue que en el fondo de su corazón ella estaba completamente feliz de que el Santo Profeta Muhammad (sa) estuviera vivo y se encontrara bien”.

El corazón de la mujer a la que Hazrat Musleh Maud (ra) se refería, ciertamente, había sufrido un trauma, es decir la mujer a la que se refiere en su exposición, o lo que los periódicos escribieron sobre ella en la época en que Hazrat Musleh Maud (ra) mencionó este incidente.

“Sin embargo, en el caso de esta Compañera, ella no tenía ningún dolor en su corazón. Este es un gran ejemplo que no tiene paralelo en la historia del mundo. Decidme, si no se puede decir sobre ellos: “y de entre aquellos que han cumplido su promesa”, entonces ¿qué otra nación había en el mundo de la que se pueda decir esto?”

Hazrat Musleh Maud (ra) declara:

“Cada vez que leo el relato de esta mujer, mi corazón se llena de respeto y honor hacia ella, y mi corazón desea mostrar mostrar reverencia hacia esta mujer pura y sagrada, y tocar mis ojos con sus manos (en señal de respeto), porque ella ha dejado detrás una expresión sin precedentes de honor hacia mi querido Profeta (sa)”.

En otra ocasión, y explicando este mismo amor y veneración, Hazrat Musleh Maud (ra) declara:

“Mirad con qué profundidad esta mujer amó al noble Profeta Muhammad (sa). La gente le comunicó la noticia de la muerte de su padre, de su hermano y de su marido, uno tras otro, pero en respuesta, cada vez, ella continuaba preguntando cómo se encontraba el Santo Profeta Muhammad (sa). La cuestión es que fue una mujer la que demostró ese insuperable amor hacia el Santo Profeta (sa)”.

Hazrat Musleh Maud (ra) en otra ocasión explica con más detalle:

“Observad lo que ocurre cuando vivís un fallecimiento. Todos pierden a sus seres queridos – bien una madre o un padre, algunos son testigos de la muerte de un hermano o hermana-. Imaginad la situación de una persona que se está muriendo, a la que sus parientes le preparan una comida exquisita en casa, le tratan y le cuidan con todo el esmero. En la casa, la conmoción por la persona que va a fallecer es de tal envergadura, como si el mundo hubiera llegado a su fin. Quien está llegando a su fin no piensa más que en su propia muerte.  Sin embargo, el Santo Profeta (sa) inculcó tanto amor en los corazones de los Compañeros, que no se preocupaban de nada más que de él. Este amor sólo era debido al hecho que él era el amado de Al-lah el Exaltado. Si habían desarrollado un amor por el Santo Profeta (sa) fue solo porque él era el querido del Al-lah el Exaltado. Este amor no era porque él era Muhammad (sa), sino porque él era el Mensajero de Al-lah (sa).

Estas personas fueron, de hecho, devotos amantes de Al-lah el Exaltado y porque Al-lah el Exaltado amaba a Muhammad (sa) el Mensajero de Al-lah, los Compañeros también desarrollaron un amor por él. No sólo es el caso de los hombres; las mujeres también desarrollaron ese amor y afecto por él en sus corazones”.

Hazrat Musleh Maud (ra) entonces relató la historia de esa Compañera. Hazrat Musleh Maud (ra) dice:

“Este fue el amor que Al-lah el Exaltado puso en sus corazones por el Santo Profeta (sa), y aún así, ellos dieron prioridad a Al-lah el Exaltado sobre todo lo demás y fue de hecho la unidad lo que les permitió prevalecer sobre el mundo entero. Por Al-lah el Exaltado, no se preocuparon ni de sus padres, ni de sus hermanos ni de sus cónyuges. Sólo había un objetivo en mente: que Su Señor estuviera complacido con ellos. Por eso, Al-lah el Exaltado dijo respecto a ellos:

[árabe]

“Al-lah está muy complacidos con ellos.”

Priorizaron a Al-lah el Exaltado por encima de todo y, a su vez, Al-lah el Exaltado les dio prioridad. Pero este no fue el caso de los musulmanes que vinieron con posterioridad. Si ahora tienen alguna conexión con Al-lah el Exaltado, lo hacen sólo racionalmente. Creen en Dios y en la Unicidad de Dios, pero no lo sienten en sus corazones. Si se les menciona al Santo Profeta (sa), expresan un amor intenso por él, y lo mismo ocurre cuando se les menciona a un pariente del Santo Profeta (sa). Los chiitas y los sunitas se emocionan ante la mención del Santo Profeta (sa) y sus allegados. Sin embargo, no muestran el mismo amor cuando se habla sobre Al-lah el Exaltado, a pesar del hecho de que fue Él quien nos dio el premio del Santo Profeta (sa).”

Por lo tanto, debemos desarrollar una pasión en nuestros corazones por el amor y el nombre de Al-lah el Exaltado, ya que el verdadero progreso solamente puede derivarse del amor de Dios y el firme establecimiento de la Unicidad de Dios. Este es el principio fundamental que todos nosotros debemos tener en cuenta. ¡Que Al-lah el Exaltado nos permita desarrollar la verdadera comprensión del amor de Al-lah el Exaltado y del Santo Profeta (sa)!

Ahora mencionaré a dos personas que fallecieron recientemente y dirigiré sus oraciones fúnebres después del sermón del viernes.

El primero es Maudud Ahmad Jan Sahib, Amir de la Yama’at de Karachi, que era el hijo de Nawab Mas’ud Ahmad Jan Sahib. Falleció el día 14 de julio a la edad de 78 años. Inna lillahi wa inna ilaihi raji’un [¡A Al-lah pertenecemos y a Él retornaremos!].

Nació el 12 de abril de 1941 en Qadian [en casa de] Mas’ud Ahmad Jan Sahib y Tayyiba Siddiqa Sahiba. Era el nieto paterno de Hazrat Nawab Mubaraka Begum Sahiba [hija del Santo Mesías Prometido (as)] y Hazrat Nawab Muhammad Ali Jan Sahib, y el nieto materno del Dr. Mir Muhammad Ismail Sahib. Se graduó en L.L.B. en la Universidad de Punjab para ejercer luego con Hazrat Shaij Muhammad Ahmad Sahib Mazhar. Posteriormente se unió a un conocido bufete de abogados llamado Orr Dignam & Co. y se mudó a Dhakka, donde trabajó durante aproximadamente 52 años para esta empresa. De hecho, se convirtió en socio principal y era considerado uno de los principales abogados corporativos de Pakistán. Era experto en Derecho Comercial Internacional, Banca y Derecho Corporativo y muy reconocido en este mundo. Redactó algunas de las leyes corporativas de Pakistán y se le ofreció la dirección de grandes empresas. Sin embargo, siempre las rechazó, argumentando que los que ocupan tales cargos acaban siendo acusados ​​de corrupción, incluso si uno no ha hecho nada malo, y puesto que ello podría ser una causa para desprestigiar el nombre de la Yama’at debido a las acciones de algunos, decía que prefería evitarlo.

Además de su esposa, le sobreviven dos hijos, un hijo y una hija. Su hijo también trabaja en el ámbito del Derecho, mientras que su hija vive en Canadá con su marido. Su esposo, es decir, el yerno de Maudud Jan Sahib, es el hijo de la bisnieta de Mirza Mubarak Ahmad Sahib [hijo del segundo Jalifa]. Maudud Ahmad Jan Sahib fue nombrado Amir del distrito de Karachi en octubre de 1996. Antes había servido como Naib Amir y Secretario de Asuntos Externos. También fue director de la Fundación Fazl-e-Umar, la Fundación Nasir y la Fundación Tahir. Además, debido a las difíciles circunstancias de la Yama’at en 1984, también mantuvo buenas relaciones con la prensa. Su esposa Amatul Mu’min Sahiba es hija de Malik Umar Ali Sahib y su madre era Sayyida Sa’idah Begum Sahiba, hija de Hazrat Mir Muhammad Ishaq Sahib.

Amatul Mu’min Sahiba dice que era muy humilde, cortés, compasivo, modesto y una persona amable. No importa quién tuvo una relación con él, todos decían que se sentían como si le conocieran desde hace años, ya fueran los trabajadores más jóvenes de la Yama’at o los miembros mayores.

Ella también escribe:

“No encontré ningún aspecto de su vida en el que no cumpliera con sus deberes como padre o como marido. Era un marido, un padre y una persona ideal. Todos los que entraron en contacto con él estaban muy influenciados por él.”

Su hijo, Mamun Ahmad Jan Sahib, escribe:

“Era un padre modelo. Desde muy temprana edad, inculcó en nosotros la importancia de la oración. Desde muy temprana edad me llevaba [a la mezquita] para la oración del Fallr. Nos aconsejaba respetar a nuestros mayores y ayudarlos. Fue una gran influencia tanto para mi hermana como para mi; era regular en sus oraciones y estaba siempre dispuesto a ofrecer cualquier sacrificio financiero.

Luego escribe:

Cada vez que visitábamos Rabwah, nos llevaba a Bahishti Maqbarah [cementerio de la comunidad] y nos informaba sobre los Compañeros y otras personas respetables de la comunidad. Era un hombre muy humilde y contento con lo que tenía. Mostraba mucha humildad con los pobres. No visitaba a gente con cargos para que lo potenciaran o para que les fuera beneficioso de alguna manera. Más bien, siempre mantuvo su dignidad cuando estaba frente a sus superiores.”

Su esposa dice:

“A menudo bromeaba con él diciendo que se mezclaba con todo tipo de personas con gran entusiasmo. Sin embargo, cada vez que se reunía con algún miembro senior en cuánto a cargos, mantenía una especial dignidad. Parecía como si su título de ‘Nawwab’ hiciera su aparición”.

Prestó grandes servicios para aquellos que fueron encarcelados [por la persecución] en el Sindh y también para las familias de los que habían sido martirizados. Su esposa escribe que él la llevaba en las visitas oficiales y cuidaba mucho a esas familias y les daba regalos. La hospitalidad hacia los invitados era uno de sus atributos más destacados y que todos mencionaron sobre él. Su esposa escribe:

“A veces, llamaba por teléfono 10 minutos antes y decía que venían tantos invitados, por lo cual tenía que preparar la comida. Tan pronto me había informado sobre ellos, inmediatamente colgaba el teléfono para no dar oportunidad para excusas.”

Tenía un inmenso amor y respeto por el Jilafat y siempre mostró sinceridad. Su hijo escribe:

“Siempre instó a los niños, incluidos mi hermana y yo, a escribir una carta al Jalifa una vez en la semana, para explicarle nuestra situación y nos pedía que enviáramos la carta por fax y de esta forma aumentar nuestra confianza (con el Jilafat).”

Padeció cáncer durante los últimos dos años y recibía tratamiento. Por la gracia de Al-lah se recuperó y me escribió diciendo que había vuelto a la oficina y realizaba la mayor parte del trabajo al igual que antes. Sin embargo, hace unos días enfermó repentinamente y parece que durante este tiempo sufrió un ataque al corazón y no pudo sobrevivir.

Cuando estaba siendo tratado por cáncer, los médicos dijeron que estaban muy impresionados con él. Dijeron que mostraba gran paciencia y luego, cuando conversaban con él, supieron que era un erudito. Su hijo dice:

“Cada vez que íbamos al hospital, los médicos se levantaban por respeto cuando le veían.”

Además, dice:

“Algunos jóvenes no-áhmadis también vinieron a ofrecer sus condolencias y un joven me dijo que sus cualidades morales y su tutela hacia mí, dejaron un gran impacto en mi vida.”

Su esposa dice, además:

“Uno de sus especiales atributos era que siempre fue puntual en dar chanda -tenía buenos ingresos y su posición era acomodada-. Nunca le pregunté por sus ingresos, al no tener el valor de hacerlo. Sin embargo, cuando en alguna ocasion vi la lista del chanda, tuve una idea de cuánto chanda daba. Del mismo modo había una larga lista de chanda que ofrecía en nombre de los fallecidos [familiares]. Me decía que deberíamos limitar nuestros gastos personales y dar más chanda para la Yama’at.”

Además, dice:

“A veces me parecía que ganaba solo para darlo a la Yama’at.”

Era muy reacio a quienes criticaban a otros y muchos han corroborado este hecho. Yo también soy testigo de que ésto le aborrecía y que impedía hacerlo. Su esposa escribe:

“No escuchaba las quejas contra nadie y era reacio a las calumnias. Un consejo que siempre nos daba era que no debemos confiar en nadie y lo que hagamos, lo hagamos con nuestro esfuerzo, para no ser luego reo de quejas por parte de nadie.”

El comandante Bashir Tariq Sahib escribe que una vez le dijo a Maudud Jan Sahib -quizá estaba sirviendo como Naib Amir o tal vez tenía otro cargo-:

“Una vez le dije que era demasiado blando y que debía ser un poco más estricto en algunas ocasiones.”

A esto respondió:

“¿Cómo se puede tratar de manera estricta a los voluntarios, que se toman el tiempo para servir a la Yama’at?”

Por lo tanto, trabajaba con todos de manera afectuosa. Me han escrito los Judam y los Qaidin  diciéndome que trabajaban en conjunción de una manera cordial. Cuando la situación en Karachi empeoró, Markaz [la sede] ordenó que los Umaraah [los presidentes] deberían estar acompañados de los Judam por motivos de seguridad. Él siempre cuidaba de ellos. Cuando llegaba a casa, le decía a los Judam que le informaran por teléfono cuando llegaran a casa sanos y salvos. Uno de los Qaid escribe:

“A veces, si no tenía transporte para ir a casa, me daba su auto y me decía: ‘llévate el auto para que puedas llegar a casa con seguridad.'”

Su hija escribe:

“Nuestro padre nos presentó un gran ejemplo de la creencia en Dios, la lealtad a Jilafat y cómo se debe mostrar obediencia al Jalifa. Siempre nos recordó seguir estos principios. Escuchaba los procedimientos del Yalsa Salana regularmente. Incluso durante su enfermedad, veía el Yalsa a través de la MTA. Me decía todos los días que también debía escucharlo.”

El Yalsah Salana de Canadá y Alemania tuvieron lugar a la vez; su hija que vive en Canadá dice le dijo que estaba viendo el Yalsa de Alemania. Era su costumbre escuchar regularmente los sermones. Observaba con regularidad los ayunos en Ramadán. No viajaba en Ramadán ni realizaba ningún programa en este mes, para centrarse en practicar el Ramadán de la forma correcta. Esta es una lección para aquellas personas que no ayunan debido a pequeños asuntos triviales o debido a sus viajes.

Syed Hussain Ahmad, quien es primo de Maudud Sahib y un misionero que ha servido en Karachi, dice:

“Durante su estancia en Karachi, serví como misionero. Cuando nos enfrentábamos a una dificultad durante un Iylaas [reunión] del Amla [consejo consultivo], decía:

“Este es un trabajo de Dios. Nosotros sólo estamos poniendo nuestras manos. Por lo tanto, esforzaros al máximo de vuestras habilidades.”

Se levantaba para saludar a todos. Escuchaba atentamente a cualquiera que le hiciera una solicitud y luego tomaba las medidas necesarias. Cuidaba mucho de los huérfanos, las viudas y los pobres en la medida de su capacidad. A pesar de los recursos limitados de la Yama’at, se aseguraba de que fueran atendidos.”

Mariam Samar Sahiba, una mujer de Karachi, dice:

“No solo fue un padre benevolente para sus propios hijos, sino que, de hecho, fue un padre compasivo para toda la Yama’at de Karachi. Le preocupaban la felicidad y el dolor de todos. Cuidaba de todos. Era muy humilde y tenía una visión profunda de todos los asuntos.”

Durante un programa, su nombre fue escrito como “Nawwab Maudud Jan”, por lo que tachó la palabra “Nawwab.”

El Naib Amir, Qureshi Mahmud Sahib, afirma:

“Durante su mandato como Amir, guió a los miembros de la Yama’at de Karachi como un padre afectuoso y compasivo. Era muy querido por todos, era un individuo extremadamente cariñoso y respetable. Era muy paciente y tolerante y la humildad era un rasgo muy notable de su personalidad. Independientemente de si era una persona mayor o un niño, rico o pobre, educado o no educado, se reuniría con todos de manera muy afectuosa y escuchaba lo que tuvieran que decir muy atentamente y luego les aconsejaría en consecuencia.

Independientemente de si la persona que venía a su encuentro era mayor o menor que él, se levantaba de su asiento y se reunía con ellos. Para cumplir con las responsabilidades de la Yama’at, trabajaba muchas horas hasta altas horas de la noche. Iría directamente a su oficina de la Yama’at desde su oficina de trabajo y trabajaba allí hasta las 10 pm. Hizo un gran esfuerzo tratando de alentar a los niños y a los jóvenes de la Yama’at a progresar en su educación. En su condición de Amir, solía crear un vínculo personal con cada secretario de departamento y con los presidentes locales, y les asesoraba regularmente en sus tareas.”

El Sadr Ansaar ul lah de Pakistán escribe:

“Siempre se sentía profundamente preocupado por la educación y la formación moral de la Yama’at”.

Además, afirma:

“Hice una visita oficial a su Yama’at para asistir a un curso de actualización dirigido a los responsables de los departamentos. Se acercó a mí, y me dijo, con mucho dolor, que solo había tres miembros de Ansaar ul lah que asistían a la oración de Fallr en la mezquita, a pesar de que muchos de ellos vivían cerca y tenían coche propio, de forma que podían llegar fácilmente a la mezquita. Además, agregó que, ya que todos los responsables se hallaban acudiendo a la reunión, debería decirles que, ante todo, deberían generar una transformación piadosa y pura dentro de sí mismos, y prestar especial atención a la adoración a Dios, y también preocuparse por la educación y la formación moral de sus hijos y de la generación joven.” El Sadar Ansaar ul lah afirma que expresó ésto con una gran angustia.

Otra señora ha escrito lo siguiente:

“Estábamos viajando hacia Qadian y cada uno de los que viajábamos tenía en su poder alguna moneda india. Inicialmente, nos dijeron que teníamos permiso para llevar las monedas, pero luego nos informaron que no se nos permitía. A todos nos dieron un formulario para declarar nuestras divisas, pero uno de los trabajadores de la Oficina de Inmigración de la India dijo que, aunque efectivamente no nos era permisible quedarnos con ninguna moneda, al no haberlo hecho intencionadamente, bastaba con que no lo mencionáramos en el formulario, y así poderlas llevar con nosotros. Sin embargo, Amir Sahib no quiso escucharle, y declaró todo el dinero que tenía, que no se trataba de una cantidad pequeña, ya que ascendía a alrededor de 25 a 30 mil rupias. Una vez más, el oficial de inmigración le dijo que no debía declarar que tenía ese dinero, pues de lo contrario, de acuerdo con la ley, tendría que dejar allí el dinero. Sin embargo, a pesar de eso, declaró la cantidad que tenía, con absoluta honestidad, y de buen grado dio el dinero para que se lo incautaran. No se aprovechó de la indulgencia que se le otorgaba.

Como mencioné anteriormente, y algunos miembros de Judam ul Ahmadía también lo han escrito, siempre expresaba su gratitud a los que estaban de servicio. Dicen que les daba las gracias de igual manera que si le hubieran hecho un gran favor personal.

Imtiaz Hussain Shahid Sahib, que es el Amir de Karachi Drig Road, afirma:

“Si tuviera que resumir toda su personalidad, las cualidades más notables que poseía eran su mansedumbre, humildad, amor por el Jilafat y el respeto por Nizam-e-Yama’at [la organización de la comunidad]“.

Dice, además:

“En 2016, se estableció una administración local en Karachi y se me designó como Amir. Fui al Amir Sahib del distrito y le dije que se me había encomendado una gran responsabilidad. Él respondió que, efectivamente, era una gran responsabilidad, pero que siempre debía recordar que cada vez que me enfrentara a una dificultad, debía escribir al Jalifa del momento para orar, y Al-lah el Exaltado me concedería Sus bendiciones. Dijo que él también hacía lo mismo.”

Yo recibía regularmente sus cartas todos los viernes solicitando oraciones, y también antes de cualquier función o evento importante que tuviera lugar en Karachi, así como cuando estaba cerca del término del año financiero.

El Qaid de Judam-ul-Ahmadía, Bilal Haider Tipu, declara:

Amir Sahib tenía un cariño especial por el Surah Al-Muminun. Muchas veces, cuando se preveía recitar el Sagrado Corán en un evento de Judam-ul-Ahmadía, me pedía que reservara una parte para el Surah Al-Muminun. Luego, aconsejaba de manera muy cariñosa, que deberíamos reflexionar mucho sobre este Surah, en especial sobre la primera parte. Incluso hoy día, cuando pienso sobre ello, mi corazón da testimonio de que salvaguardó a sus oraciones obligatorias de todos los asuntos banales. Demostró con su propio ejemplo cómo un creyente puede alcanzar el verdadero éxito.”

Afirma, además,

“El segundo consejo me lo dio en una ocasión en que vino a verme cuando estaba solo. Me explicó cariñosamente, que una lección fundamental que había aprendido en su vida era la de escribir cartas al Jalifa de la época todas las semanas. Me estoy beneficiando de este consejo hasta el día de hoy.”

De hecho, mostraba una gran obediencia al Jilafat y sentía un gran respeto por el mismo. En una ocasión, tuvo lugar una función de los Jandaan [miembros de la familia del Mesías Prometido (as)] y llamaron mi atención sobre aspectos de este evento. Le escribí una carta en la que le decía que, ya que él también estuvo presente en esa función, hubo cosas que no deberían haber ocurrido.

Posteriormente, me escribió pidiéndome disculpas y diciendo a continuación que se sentía contento al saber que no somos libres para hacer lo que queramos, y que siempre hay alguien que nos guía y que nos forma moralmente, para concluir que me daba las gracias por todo esto. Era uno de mis mayores en lo que respecta a nuestras relaciones familiares, y además de honrar nuestra relación familiar con un gran respeto, cuando fui nombrado Jalifa, e incluso cuando fui nombrado Nazir-e-A’la [máximo responsable de Pakistán] por Hazrat Jalifatul Masih IV (rh), mostró una gran obediencia hacia el Nizam [la organización de la comunidad], con la mayor humildad, y mostrándome gran respeto y lealtad. ¡Que Al-lah el Exaltado le conceda Su perdón y Su Misericordia, y eleve su posición espiritual! ¡Que Al-lah el Exaltado permita también que sus hijos continúen sus buenas obras!

La segunda oración fúnebre es la de Jalifah Abdul Aziz Sahib, Naib Amir de la Yama’at de Canadá, quien falleció a la edad de 84 años, el 9 de julio, debido a un fallo cardíaco. Pertenecía a la renombrada familia Jalifah de Yammu, en Cachemira. Su padre, Hazrat Jalifah Abdul Rahim Sahib; su abuelo paterno, Hazrat Jalifah Nur-u-Din Sahib Yamuni y su abuelo paterno, Hazrat Umar Bajsh Sahib fueron todos Compañeros del Mesías Prometido (as). Su abuelo paterno tuvo el honor de descubrir la tumba del Profeta Jesús (as) en Mahal-lah Janyaar, Cachemira, a la cual el Mesías Prometido (as) había hecho referencia en numerosas ocasiones en sus libros. Fue uno de los miembros pioneros de la Yama’at en Canadá. Se trasladó a Canadá desde Pakistán en 1967. Era abogado de profesión, y también estableció su bufete de abogados en Canadá. También ayudó a la Yama’at en relación con asuntos legales, y su servicio a la Yama’at de Canadá se extiende durante más de 50 años. También fue el primer Presidente Nacional de la Yama’at de Canadá, y también el primer presidente de su Junta de Qadha [Junta de Jurisprudencia]. Prestó sus servicios como Naib Amir de Canadá hasta su fallecimiento. En 2010, tuvo el honor de realizar el Hall. Era extremadamente sociable, muy querido por todos, y una persona alegre. Poseía una comprensión profunda de diversos asuntos, una opinión sólida, y era una persona extremadamente leal y devota. A pesar de su enfermedad, cumplió con sus responsabilidades hasta su fallecimiento con gran vigor. Sentía un gran amor por el Jilafat, y se esforzaba al máximo por cumplir con todas las instrucciones de la sede central. Era Musi, con la gracia de Al-lah el Exaltado. ¡Que Al-lah el Exaltado le conceda Su perdón y Su misericordia, conceda paciencia y constancia a sus seres queridos, y les permita continuar sus buenas obras!