En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

¿Asesinó el Santo Profeta Muhammad (sa) a 700 judíos?

Esta es quizás una de las alegaciones contemporáneas más comunes lanzadas contra el Profeta Muhammad [1], y también una de las más falsas.

Este evento ocurrió tras la batalla más grande llevada a cabo en el suelo arábigo de Medina durante la vida del Profeta Muhammad (sa). El ejército confederado estaba compuesto por no menos de 12.000 soldados, mientras que los musulmanes se atrincheraron en Medina, junto con sus aliados más fieles, según la Carta de Medina, que representan aproximadamente una décima parte. Aunque los musulmanes salieron victoriosos, estuvieron a punto de ser aniquilados debido a la traición de la tribu Banu Quraizah.

Los críticos acusan sin prueba alguna al Profeta Muhammad (sa) de ejecutar a toda la tribu sin pensárselo dos veces. Esto tampoco tiene fundamento alguno. El Profeta Muhammad (sa) y los judíos eran aliados, tal y como recoge el Artículo 49 de la Carta de Medina, que dice: “Las partes de este Pacto están obligadas a ayudarse mutuamente en caso de un ataque a Yathrib”. La Tribu de Banu Quraizah era una parte igual y dispuesta de este pacto. Sin embargo, en el fragor de la batalla, Banu Quraizah se puso del lado del enemigo contra el estado de Medina a pesar de su acuerdo firmado previamente. Afortunadamente, el resto del ejército aliado de Medina pudo resistir este acto de traición y ganar la batalla pese a que parecía improbable. Sin embargo, la pregunta seguía siendo el cómo abordar la traición de Banu Quraizah. Además del dilema, estaba el hecho de que Banu Quraizah ya había cometido este acto una vez con anterioridad, ante lo cual el Profeta Muhammad (sa) simplemente los había exiliado. Cuando más tarde le pidieron clemencia, se la otorgó, y este es el motivo por el que pudieron volver entrar a Medina. El historiador del siglo XIX, Stanley Lane-Poole describe de manera adecuada los eventos que siguieron la Batalla de la Fosa:

De las sentencias sobre los tres clanes, la del exilio, que fue otorgada a dos de ellas, fue bastante clemente. Eran un grupo problemático, siempre creando disputas entre la gente de Medina; y finalmente, una pelea seguida por una rebelión resultó en la expulsión de una tribu; y la segunda acabó expulsada también por su insubordinación, alianza con los enemigos y sospecha de conspiración contra la vida del Profeta (sa). Ambas tribus habían violado el tratado original e hicieron lo posible por ridiculizar y destruir a Muhammad (sa) y su religión. La única pregunta es si su castigo no fue demasiado leve. Del tercer clan se dio un ejemplo temeroso, no por Muhammad (sa), sino por un árbitro designado por ellos mismos. Cuando Quraish y sus aliados estaban cercando Medina y casi habían asaltado todas las defensas, esta tribu judía [Banu Quraizah] entró en negociaciones con el enemigo, y únicamente fueron eludidas gracias a la diplomacia del Profeta (sa). Cuando los asaltantes se retiraron, Muhammad (sa) obviamente pidió explicaciones a los judíos. Se resistieron obstinadamente y se vieron acosados y obligados a rendirse. Muhammad (sa), sin embargo, aceptó el nombramiento de un jefe de una tribu aliada a los judíos como el juez que debía pronunciar la sentencia sobre ellos. Este jefe dictó sentencia de que los hombres, unos 600, deberían ser asesinados, y las mujeres y los niños esclavizados;  la sentencia se llevó a cabo. Era una sentencia dura y sangrienta; pero debe recordarse que el crimen de estos hombres fue el de una alta traición contra el Estado, durante un tiempo de asedio; y uno no debe sorprenderse ante la ejecución inmediata de un clan traidor “. [2]

Por lo tanto, el profeta Muhammad (sa) no ordenó ninguna ejecución, ni participó en la ejecución. Por el contrario, el profeta Muhammad accedió generosamente a dejar que el propio aliado de Banu Quraizah, Sa’in bin Mu’adh de Aus, emitiera el veredicto. ¿Por qué culpar al Profeta Muhammad (sa) por una decisión que no tomó y por un crimen que no cometió? Además de la injusticia de culpar al Profeta Muhammad (sa), está el hecho de que Sa’d bin Mu’adh no emitió su decisión basándose en el Corán. Más bien, emitió su decisión para Banu Quraizah basándose en lo que la Torá prescribe acerca del castigo por traición:  

“Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz. Y si respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te será tributario, y te servirá. Mas si no hiciere paz contigo, y emprendiere guerra contigo, entonces la sitiarás. Luego que Jehová tu Dios la entregue en tu mano, herirás a todo varón suyo a filo de espada. Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que haya en la ciudad, todo su botín tomarás para ti; y comerás del botín de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. Así harás a todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones. Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios”. [3]

Así, los Banu Quraizah sellaron su propio destino, con sus propias acciones, de acuerdo con su propio libro sagrado. El profeta Muhammad (sa) no tuvo nada que ver con eso -aparte de aceptar que un aliado de Banu Quraizah lo arbitrara, y aceptar dicha decisión.

Además, ninguna tribu judía, historiadores judíos o eruditos judíos registran este evento. Esto es sorprendente porque los judíos han registrado su historia, quizás, mejor que cualquier otro pueblo en la historia. Sin embargo, en lo que respecta a una ejecución tan masiva, todos los historiadores, eruditos y tribus judías guardan silencio.

El Dr. Barakat Ahmad, autor de “Muhammad y los judíos”, argumenta basándose en fuentes auténticas de períodos anteriores a Ibn Ishaq, que es muy probable que no hubiese ejecución alguna. Invitamos con mucho gusto a Wilders o a cualquier otra persona, a responder al libro del Dr. Ahmad.

Ahora, sin embargo, queda claro que el Profeta Muhammad (sa) no cometió ningún daño contra Banu Quraizah. La historia registra que Banu Quraizah aceptó una constitución, la Carta de Medina, y que dicha constitución exigía explícitamente lealtad hacia el estado de Medina, especialmente en caso de un ataque de un ejército externo. Después de comprometerse con Medina, Banu Quraizah violó esa lealtad con un acto de traición en plena batalla. La ejecución que siguió, en caso de haber sucedido, fue resultado de su elección de cometer traición, según la decisión de un juez que exigieron, de acuerdo con la ley contenida en su propio libro. El Profeta Muhammad (sa), lejos de ser responsable de cualquier muerte, intercedió e incluso perdonó a aquellos judíos que le pidieron perdón. Poner la más mínima responsabilidad en cualquier otra persona que no sea Banu Quraizah es simplemente ridículo.

[1] Geert Wilders, Marcado por Muerte: La Guerra del Islam contra Occidente y Contra Mi, 39 (2012).

[2] Stanley Lane-Poole, Estudios en una Mezquita, 68 (1883) (emphasis added).

[3] Deuteronomio 20: 10-18.