Nuestro legado para las generaciones futuras

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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El sábado 17 de marzo de 2018, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía y Quinto Jalifa, pronunció el discurso principal del 15º Simposio Anual por la Paz, organizado por la Comunidad Musulmana Ahmadía del Reino Unido. El evento tuvo lugar en la mezquita de Baitul Futuh en Londres y en él participaron más de 550 invitados no áhmadis, entre los que se incluían ministros de gobierno, embajadores de estado, miembros de ambas Cámaras del Parlamento británico, y otros dignatarios e invitados. A continuación, se presenta el discurso completo que Su Santidad dio en esta ocasión.

Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba), líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía y Quinto Jalifa del Mesías Prometido (as), dijo:

Bismillahir Rahmanir Rahim – en el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso.

A todos los distinguidos invitados, Assalamo Alaikum Wa Rahmatullahe Wa Barakatohu – que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con todos ustedes.

En primer lugar, me gustaría agradecer a todos nuestros invitados por unirse a nosotros en nuestro Simposio Anual por la Paz.

Durante los últimos quince años, la Comunidad Musulmana Ahmadía ha organizado este Simposio por la Paz, con el propósito de promover la paz mundial. Quizá algunos de ustedes se pregunten cuál es el beneficio de organizar un evento como este cada año, dado que la paz en el mundo, tanto en los países musulmanes como en los demás, no ha mejorado en absoluto en este periodo, y, al contrario, se ha deteriorado. La división, el odio y la injusticia que gran parte del mundo está sufriendo no hace sino aumentar. La sociedad está polarizada, se están librando guerras, las naciones se amenazan unas a otras y la desigualdad se ha intensificado tanto en el mundo desarrollado como en el mundo en vías de desarrollo.

Ante esta situación, su pregunta es muy válida; sin embargo, nuestra fe nos exige que tratemos de exhortar a las personas, en todas las partes del mundo, sean ricos o pobres, poderosos u oprimidos, religiosos o no, a buscar la justicia y la paz. Por lo tanto, continuaremos jugando nuestro papel en hacer que la humanidad sea consciente de su responsabilidad y respete y honre los valores humanos primordiales. Las enseñanzas fundamentales del islam consisten en cumplir con los derechos de nuestro Creador y cumplir con los derechos de nuestros semejantes.

Con estas breves palabras introductorias, me gustaría ahora aprovechar esta oportunidad para hablar acerca de algunos asuntos que considero que son de gran importancia en estos tiempos turbulentos.

En la actualidad, observamos que las grandes potencias y las instituciones internacionales están realizando planes y proyectos con el objetivo de mejorar la vida de las personas alrededor del mundo. Recientemente, uno de los asuntos sobre el que muchos políticos e intelectuales han debatido y han hecho campaña, es el cambio climático y, concretamente, la reducción de las emisiones de dióxido de carbono.

Ciertamente, la protección del medio ambiente y el cuidado de nuestro planeta es una causa noble y extremadamente preciada. Sin embargo, al mismo tiempo, las potencias desarrolladas, y especialmente los líderes del mundo, deben también darse cuenta de que hay otros asuntos que deben tratarse con la misma urgencia.

La gente que vive en las naciones más pobres del mundo no se siente inquieta por el medio ambiente, ni por los últimos datos de las emisiones de dióxido de carbono; más bien, se levantan cada día preguntándose si serán capaces de alimentar a sus hijos. Sus dificultades económicas son realmente desesperadas, y sus niveles de pobreza inimaginables. Por ejemplo, hay muchos países donde la mayoría de los ciudadanos no tiene acceso al agua limpia y potable, y están obligados a sobrevivir ingiriendo agua sucia y estancada para satisfacer sus necesidades básicas. Incluso eso no les es fácilmente asequible; al contrario, las mujeres y los niños tienen que viajar cada día, durante muchas millas, para conseguir agua para sus familias, que transportan a su casa en grandes recipientes sobre sus cabezas.

No debemos considerar que tales sufrimientos son problemas ajenos. Al contrario, debemos darnos cuenta de que el resultado de esta pobreza tiene implicaciones muy graves para el mundo en general, y afecta directamente a la paz y seguridad global. El hecho de que los niños no tengan otra opción que la de pasar el día recogiendo agua para sus familias implica que no pueden ir al colegio, u obtener algún tipo de educación. Están atrapados en el circulo vicioso del analfabetismo y la pobreza, el cual parece no tener fin y que es muy perjudicial para la sociedad. En el momento actual, su pobreza y sufrimiento se multiplica gracias a la tecnología moderna, a través de la cual, incluso las personas que viven en las partes más arrasadas por la guerra, o desfavorecidas del mundo, pueden ver la comodidad con la que vive la gente en los países desarrollados, y las oportunidades a las que tienen acceso. Cuando son testigos de la gran disparidad de sus circunstancias en comparación con las de los demás, se genera una agitación añadida en la población, y estas frustraciones son utilizadas por los extremistas, que seducen a los menesterosos con recompensas económicas, y prometiéndoles una vida mejor para sus familias. De forma similar, los extremistas disponen de absoluta libertad para radicalizar y lavar el cerebro a los jóvenes analfabetos. Los extremistas se aprovechan del hecho de que los gobernantes de estos países, a menudo, han decepcionado a su pueblo.

Muy lamentablemente, las clases gobernantes de las naciones más desfavorecidas o arrasadas por la guerra están, a menudo, más preocupadas por mantener su propia posición o poder que en aliviar el sufrimiento de su propia gente. El resultado es que aquellos que no tienen nada, sienten desprecio hacia sus propios líderes corruptos, y consideran a las grandes potencias del mundo como el enemigo. Trágicamente, estamos contemplando los efectos terribles de todo esto también en los países musulmanes, y la razón por la que algunos musulmanes que se han criado en Occidente estén siendo radicalizados, y hayan perpetrado ataques terroristas salvajes aquí en Occidente, es que estos musulmanes están observando el estado desesperado de sus países de origen.

Por lo tanto, creo firmemente que si deseamos sinceramente proteger a nuestro mundo y garantizar que dejamos atrás un legado de oportunidades para los que nos siguen, es esencial que hagamos todo el esfuerzo posible por elevar los estándares del mundo desarrollado. Las naciones empobrecidas no deben ser tratadas con desprecio; al contrario, debemos considerarlas como parte de nuestra familia -nuestros hermanos y hermanas-. Si ayudamos a que las naciones en vías de desarrollo puedan mantenerse por sí mismas, y concedemos a sus habitantes oportunidades y esperanza, en realidad, nos estaremos ayudando a nosotros mismos y protegiendo el futuro del planeta. En caso contrario, ya estamos siendo testigos de que la pobreza y la miseria de los países en vías de desarrollo está afectando negativamente también al resto del mundo.

Además, como resultado de los ataques terroristas recientes y la inmigración generalizada a Occidente, se ha producido un peligroso aumento del nacionalismo en muchos países occidentales, evocando el temor de los oscuros días del pasado. Es particularmente preocupante que los grupos de extrema derecha estén teniendo tanta influencia, que su afiliación haya aumentado, y que incluso hayan conseguido logros políticos. También ellos son extremistas que pretenden envenenar la sociedad occidental, incitando a las masas en contra de aquellos que tienen un color de piel distinto o cuyas creencias son diferentes.

Asimismo, la retórica de ciertos líderes mundiales influyentes se ha vuelto cada vez más nacionalista y beligerante, puesto que se han comprometido a anteponer los derechos de sus propios ciudadanos a los de los demás. No discuto el hecho de que es responsabilidad de los gobiernos y los líderes cuidar de su propia gente y proteger sus intereses. Ciertamente que, mientras los líderes actúen con justicia y no infrinjan los derechos de los demás, cualquier intento por mejorar las vidas de sus ciudadanos es una gran virtud. Sin embargo, las políticas que se basan en el egoísmo, la codicia y la predisposición por abolir los derechos de los demás son incorrectas, y son un medio de que se siembre la discordia y la división en el mundo.

Además de esto, otro problema es el comercio internacional de armas. Actualmente, el mundo se considera a si mismo mucho más civilizado que en cualquier otra época del pasado, sin embargo, aún en 2018 hay países que están siendo arrasados y aniquilados por armas que solo pueden calificarse de inhumanas. En países como Siria, Iraq y Yemen, las fuerzas gubernamentales, los rebeldes y las organizaciones terroristas están combatiendo entre sí. A pesar de sus intereses divergentes, todas tienen una cosa en común: que la gran mayoría de sus armas tienen su origen y se importan del mundo desarrollado. Las grandes potencias están vendiendo armas que se utilizan para matar, mutilar  e infligir atrocidades a gente inocente, con orgullo y sin ningún tipo de complejo.

Lamentablemente, estas naciones solo se preocupan por tratar de impulsar su economía y maximizar el capital de su nación, sin reflexionar un segundo sobre las consecuencias. Tratan de conseguir desesperadamente los contratos más sustanciales para vender armas destructivas que, cuando se disparan, no distinguen entre inocentes y culpables. Muestran su orgullo por vender armas que no hacen excepciones entre niños, mujeres o enfermos. Entregan insolentemente armas que sepultan y destruyen pueblos y ciudades sin distinción. Aunque las economías de los países vendedores puedan conseguir un beneficio a corto plazo, sus manos están manchadas con la sangre de cientos de miles de personas. Son incontables los niños que están siendo testigos de la muerte de sus padres de la forma más inhumana, y lo único que pueden hacer es preguntarse por qué sus padres están siendo apartados de ellos. Miles de mujeres están quedando viudas, desesperadas y vulnerables.

¿Acaso esta devastación puede tener algún efecto positivo?

Todo lo que observo es una generación de niños que están siendo empujados a los brazos de aquellos que desean destruir la paz del mundo.

Cuando un niño joven o un adolescente pierde a sus padres de la forma más cruel, ¿quién puede culparle por cualquier reacción? He mencionado antes que los extremistas radicalizan a aquellos que están inmersos en la pobreza, y también a aquellos niños y jóvenes que han sido maltratados por la guerra. Reclutan a estos jóvenes sabiendo que sus mentes aún no están consolidadas y se pueden manipular fácilmente para que busquen una venganza sangrienta a través del terrorismo. En lugar de ir a las escuelas y obtener una educación que les permita convertirse en ciudadanos leales y decentes, la única educación que está recibiendo una generación completa de niños es cómo dominar el manejo de granadas o lanzacohetes, cómo realizar ataques suicidas, y cómo crear el caos en el mundo. Además, algunos países están involucrándose personalmente de forma innecesaria en conflictos que tienen lugar a miles de millas de distancia, desplegando sus propios soldados o bombardeando tierras extranjeras mediante ataques aéreos.

En muchos casos, da la sensación de que el mundo no ha aprendido de sus errores del pasado. Se acepta de forma generalizada que la guerra de Iraq de 2003 fue injusta, y se basó en pretensiones falsas; al mismo tiempo que Libia está inmersa en el caos, y se ha convertido en un caldo de cultivo del extremismo, desde que las potencias occidentales se entrometieron hace varios años. A pesar de ello, las grandes potencias no han aprendido la lección. Están arrasado ciudades y pueblos. Miles de edificios se han reducido a polvo.

Al principio, he mencionado que uno de los principales asuntos que está encima de la mesa de la comunidad internacional es el cambio climático y el deseo de que el aire que respiramos sea limpio. ¿Acaso hay alguien que piense que los bombardeos intensos no tienen un efecto sobre la atmosfera? Además, si alguna vez la paz prevaleciera en los países arrasados por la guerra, sus ciudades y pueblos tendrían que ser reconstruidos desde los cimientos, y esto, en sí mismo, supone una enorme transformación, que causará un aumento en las emisiones perjudiciales y contaminación. Por lo tanto, por un lado, estamos tratando de salvar el planeta, y, por otro lado, estamos destruyéndolo de forma insensata. A la luz de todo esto, creo firmemente que las grandes potencias están cegadas por la falta de visión y estrechez de miras.

Uno de los principales argumentos que realizan aquellos que están a favor de la industria armamentística es que la adquisición de armas es un medio de disuasión y de mantenimiento de la paz. Sin embargo, no tenemos más que encender nuestras televisiones y ver las noticias durante unos minutos para percatarnos de que estos argumentos son errados y claramente falsos. Ciertamente que los miles de niños inocentes que han perdido a sus padres, o que han perdido sus extremidades, nunca podrán ser convencidos por esta lógica, ni lo serán los miles de mujeres que han quedado viudas, o los millones de personas que han tenido que abandonar sus hogares. Si queremos dejar atrás un legado de esperanza para nuestros hijos, y ceder un mundo pacífico a las futuras generaciones, nosotros, independientemente de nuestra religión o creencia, debemos cambiar urgentemente nuestras prioridades.

En lugar de permitir que el materialismo y el deseo de poder nos consuma, cada nación, sea rica o pobre, debe priorizar la paz y la seguridad del mundo entero sobre cualquier otro asunto.

En lugar de embarcarnos en una carrera armamentística que nos dirija hacia la muerte y la destrucción, debemos unirnos a la carrera por salvar y proteger la humanidad.

En lugar de cerrar fronteras y puertos a los países beligerantes, provocando que los niños inocentes se mueran de hambre y que los enfermos queden privados de tratamiento médico, debemos abrir nuestros corazones solidariamente, derribar los muros que nos dividen, alimentar a los hambrientos, y ayudar a aquellos que sufren.

En términos de rivalidad política, la disputa entre Estados Unidos y Corea del Norte continúa amenazando la paz del mundo, y cualquier conflicto entre los dos también afectará gravemente a países como Corea del Sur, China y Japón. A pesar de que se comenta en los últimos días que hay avances, pues el presidente de Estados Unidos, de repente, ha mostrado su voluntad de reunirse con el líder de Corea del Norte, no hay garantía de que la paz vaya a prevalecer. No está ni siquiera claro bajo qué condiciones se reunirán, o en qué lugar y en qué momento se producirá dicha reunión. Incluso si surgiera un acuerdo, Dios solo sabe cuánto tiempo durará, puesto que hay mucho odio arraigado en ambas partes. El acuerdo nuclear de Irán de hace unos años es un buen ejemplo; dicho acuerdo pactado entre Irán y los países occidentales hace unos años, cuelga de un hilo en la actualidad.

Por lo tanto, hay muchos problemas cuya amenaza planea sobre nuestras cabezas. Cualquiera de ellos puede estallar en cualquier momento y sus consecuencias serían estremecedoras. Sin embargo, el islam enseña que la paz solo se puede lograr cuando todo rastro de animosidad y malicia es eliminado de nuestros corazones y es sustituido por el espíritu de misericordia, amor y compasión hacia los demás.

El islam es a menudo calificado como una religión extremista que incita a la violencia, y por tanto, se alega que un gran número de musulmanes son desleales con sus países, o que tratan de sembrar el desorden en la sociedad. Sin embargo, considero que tales alegaciones son falsas e injustas. Incluso a pesar del hecho de de que los terroristas que se autoproclaman musulmanes reclaman actuar en nombre de islam, no considero que estemos siendo testigos de una guerra religiosa; al contrario, las guerras que se están librando y las atrocidades que se cometen lo son únicamente para obtener logros geopolíticos. La actuación de los autoproclamados terroristas yihadistas y los ulemas extremistas solo consigue mancillar el nombre del islam y socavar los esfuerzos de la gran mayoría de musulmanes que son ciudadanos pacíficos y leales. No hay duda alguna de que, desde el principio, el islam ha rechazado cualquier forma de extremismo, y los versículos del Sagrado Corán que se han recitado anteriormente esta noche son una demostración clara de ello. Estos versículos nos dicen que las guerras que tuvieron lugar en la primera época del islam se combatieron para proteger a todas las religiones y preservar el principio sagrado de la libertad de culto. Los versículos mencionan terminantemente que deben protegerse las iglesias, sinagogas, templos y mezquitas.

Este es un punto que he mencionado reiteradamente, y me gustaría repetir que cualquiera que viole los valores universales de la libertad de culto y libertad de conciencia está actuando en contra del islam. Incluso en los medios de comunicación occidentales hay publicaciones que están aceptando esto, y les elogio por defender la verdad y la justicia. Por ejemplo, se publicó recientemente una columna en el periódico The Guardian, en la cual el autor escribe:

“El objetivo del terrorismo musulmán nunca ha sido, y yo argumentaría que sigue sin ser, el avance del islam. Casi siempre ha sido la propiedad de tierras, la apropiación de los recursos naturales y económicos, y las políticas globales monetarias que han dejado a poblaciones enteras de países musulmanes viviendo en un estado de precariedad y miseria.”

Estas palabras describen con precisión la realidad del terrorismo que los autoproclamados musulmanes están llevando a cabo. Además, en otra columna publicada en un periódico nacional, el periodista Peter Oborne proporciona pruebas convincentes de que un número significativo de musulmanes están siendo radicalizados, al menos hasta cierto punto, como resultado de las interferencias de ciertas agencias de inteligencia occidentales. A este respecto, el periodista cita a un agente de inteligencia británico, que dice:

“No es correcto que, por un lado, la policía doméstica está ejercitándose al máximo para proteger nuestras sociedades combatiendo al terrorismo, mientras que, por otro lado, ciertos elementos de nuestros servicios secretos y americanos, han estado armando y entrenando a yihadistas y conspirando con los terroristas.”

Además, en un artículo publicado por The Boston Globe, el profesor Jeffrey Sachs, director del centro para el desarrollo sostenible de la Universidad de Columbia, afirma:

“La CIA ha derrocado gobiernos en Oriente Medio en innumerables ocasiones. Los comentaristas de los medios de comunicación han pasado por alto el papel que ha jugado EEUU en esta inestabilidad.”

Hablando a favor de las soluciones pacíficas multilaterales para los conflictos, el profesor Sachs escribe:

“Estados Unidos debe poner fin inmediatamente a los combates en Oriente Medio, y buscar soluciones reales y seguridad a través de la diplomacia de las Naciones Unidas.”

Hay muchas otras columnas publicadas en la actualidad por no musulmanes que corroboran el hecho de que grupos terroristas como el Daesh no podrían haber progresado sin apoyo externo. No estoy diciendo que siempre sea incorrecto intervenir, pero cualquier tipo de acción debe ser justa y proporcionada, y los intereses personales no deben influenciar las decisiones. En el capítulo 49, versículo 10 del Sagrado Corán se declara que el objetivo de cualquier tipo de intervención siempre debe ser el establecimiento de la paz duradera, e instruye a los musulmanes a ser justos incluso con sus adversarios. Por lo tanto, cuando el Islam dio permiso, como último recurso, a los primeros musulmanes, para combatir en una guerra defensiva, también les ordenó cumplir con las exigencias de la justicia, y que nunca se dejaran persuadir por intereses personales ni transgredir una vez que la paz se hubiese establecido.

Ciertamente, este principio fundamental es igual de beneficioso en la actualidad, tanto para los musulmanes como para los no musulmanes. Por lo tanto, dondequiera que sea necesaria la fuerza para detener a un agresor que actúa con crueldad, la actuación debe ser proporcionada, y nunca debe buscarse la venganza o la explotación de la riqueza del vencido. Una vez que el agresor retorna a la paz, no se le debe despojar de sus derechos, ni aprovecharse de él.

A lo largo de su vida, el Profeta del islam (la paz de Dios sea con él) trató de unir a las personas en la paz, y siempre estuvo dispuesto a renunciar a su propio derecho en favor de los demás. Muchos escritores y académicos no musulmanes, que han estudiado el islam con detenimiento, dan testimonio del hecho de que el Santo Profeta Muhammad (la paz de Dios sea con él) trató de unir a las distintas comunidades y defendió la libertad de culto. Por ejemplo, Peter Frankopan, investigador senior de la Universidad de Oxford, menciona al Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) en su libro, The Silk Roads. El autor explica como el Santo Profeta Muhammad (la paz de Dios sea con él) buscó la armonía y el diálogo interreligioso, y trabajó estrechamente con las comunidades cristianas y judías de la época.

Habla acerca de los “intereses comunes” de las comunidades religiosas de aquella época, y de como el mensaje del Santo Profeta (la paz de Dios sea con él) era un mensaje de “conciliación”. En un pasaje, el autor escribe acerca del periodo en el que el profeta del islam (la paz de Dios sea con él) fue elegido como el líder administrativo de la ciudad de Medina. Escribe:

“Los líderes judíos de la ciudad [Medina] juraron lealtad a Muhammad a cambio de garantías de defensa mutua. Estas se redactaron en un documento formal que declaraba que los musulmanes debían respetar su fe y sus posesiones en el presente y en el futuro.”

También escribe:

“Muhammad y sus seguidores hicieron todo lo posible para apaciguar los temores de los judíos y los cristianos a medida que el dominio musulmán se expandía.”

Por lo tanto, la verdad es que el islam siempre ha sido diametralmente opuesto a cualquier forma de terrorismo o extremismo. Además, aunque acepto el hecho de que los actos crueles de algunos musulmanes han dañado gravemente a la sociedad, no acepto que solo los musulmanes sean responsables de la inestabilidad actual del mundo. Muchos comentaristas y expertos afirman ahora que ciertas potencias y organizaciones no musulmanas también han jugado su papel en la socavación de la paz y la cohesión social.

Es suficiente decir que ahora es el momento de que la humanidad se distancie de la noción de que solo los musulmanes son responsables de los problemas del mundo.

Además, también es la hora de que, en lugar de priorizar el progreso de sus propios partidos políticos o gobiernos, nuestros líderes prioricen la paz y la prosperidad futura de la humanidad.

Esta es la forma de promover la verdadera paz en el mundo.

En un contexto internacional más amplio, debemos reconocer el hecho de que rara vez la fuerza consigue ningún beneficio a largo plazo. Por lo tanto, cuando negocien con Corea del Norte, Irán o cualquier otro país, las grandes potencias deben proceder con precaución y sabiduría, y esforzarse por escuchar las preocupaciones de cada grupo. Tal y como ha mencionado el columnista que he citado, las grandes potencias deben buscar la diplomacia, y dar preferencia a reducir la tensión. Deben tratar de negociar acuerdos de paz que no favorezcan a una de las partes, sino que resuelvan los problemas de todas. Además, una vez que se alcance la paz, debe olvidarse cualquier enemistad u odio pasado, y avanzar juntos con un espíritu de respeto mutuo.

Ciertamente, estoy convencido y creo firmemente que el mayor ejemplo de indulgencia, benevolencia y misericordia en la historia de la humanidad fue el ejemplo bendito del fundador del islam, el Santo Profeta Muhammad (la paz de Dios sea con él). Durante trece años, él y sus seguidores fueron sometidos a la persecución más brutal imaginable, y fueron obligados a abandonar sus hogares y emigrar de la ciudad de la Meca. Durante este periodo, los musulmanes fueron brutalmente martirizados, torturados física y mentalmente, y sometidos a la privación social más terrible.

Los musulmanes eran obligados a tumbarse encima de ascuas de carbón ardiente durante largos periodos de tiempo. Ataban las piernas de las mujeres musulmanas a distintos camellos que hacían correr en direcciones opuestas, desgarrando literalmente sus cuerpos en dos mitades. Sin embargo, cuando el Santo Profeta Muhammad (la paz de Dios sea con él) volvió victorioso a la Meca, no derramo una sola gota de sangre como venganza; al contrario, siguiendo las órdenes de Al-lah el Todopoderoso, proclamó que todos sus verdugos, y aquellos que se habían opuesto violentamente al islam, debían ser perdonados al instante. Declaró que, bajo el gobierno islámico, todos eran libres para practicar su propia religión y creencias, sin interferencia o temor. Su única condición era que cada miembro de la sociedad debía mantenerse comprometido con la paz.

Ordenó que los derechos de todas las personas, sin importar su casta, credo o color, debían protegerse, y todas ellas debían ser tratadas con respeto en todo momento. Este fue el ejemplo atemporal y magnífico del profeta del islam (la paz de Dios sea con él) y este es el espíritu de compasión, gracia y misericordia que los musulmanes y no musulmanes necesitan adoptar actualmente en el mundo. Este es el espíritu de indulgencia y benevolencia que todas las naciones, grandes y pequeñas, ricas y pobres, necesitan desarrollar. Solo entonces podrá obtenerse la paz a largo plazo.

Con todo mi corazón, rezo para que la humanidad llegue a aceptar sus responsabilidades hacia sus semejantes, para que aquellos que nos sigan nos recuerden con orgullo y gratitud.

Pensemos en el mañana y no solo en el presente. Salvemos a nuestras generaciones futuras. Que Al-lah nos conceda sabiduría.

Una vez más agradezco vuestra participación en el evento de hoy. Muchas gracias.”