Propósitos de AÑO NUEVO - 8 razones que nos impiden lograrlos
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Propósitos de AÑO NUEVO – 8 razones que nos impiden lograrlos

Director del Spanish Desk y editor de la revista Review of Religions en Español

Introducción

Cada año nos marcamos una serie de objetivos que deseamos cumplir: mejorar nuestra forma física, sacar mejores notas, conseguir ese ascenso en el trabajo … . Y aunque empezamos con fuerza, luego pasa el tiempo, y esta determinación empieza a desinflarse, y poco a poco volvemos a caer en la rutina de siempre, y cada paso que intentamos dar para alcanzar nuestra meta parece más y más pesado. ¿Por qué nos sucede esto?

1) Hábitos destructivos

2) La tendencia de imitar a los demás

3) Nos centramos solo en el presente

4) Presión social

5) Seres queridos

6) Complacencia y falta de autoanálisis

7) Nos olvidamos del motivo

8) Falta de compromiso personal

¿Por qué los cambios no son duraderos?

Cada año nos marcamos una serie de objetivos que deseamos cumplir: mejorar nuestra forma física, sacar mejores notas, conseguir ese ascenso en el trabajo … Incluso en un momento dado, después de hablar con un amigo o ver un vídeo inspirador en YouTube sentimos una nueva determinación para lograr un objetivo que nos hayamos marcado. Y aunque empezamos con fuerza, luego pasa el tiempo, y esta determinación empieza a desinflarse, y poco a poco volvemos a caer en la rutina de siempre, y cada paso que intentamos dar para alcanzar nuestra meta parece más y más pesado. ¿Por qué nos sucede esto?

Si reflexionamos honestamente, nos daremos cuenta de que cuando escuchamos hablar de propósitos, o sobre un tema en particular que nos inspira, la mayoría de nosotros nos sentimos afectados por ello; pero tan pronto como la presión de estos consejos se detiene, el resorte del propio ser de una persona hace que la mayoría de nosotros vuelva de nuevo a nuestras mismas costumbres viejas. Es como un muñeco con resorte dentro de una caja de sorpresas. Mientras presionas la tapa, se mantiene dentro, pero en el momento en el que relajas la presión, salta el muñeco.

Tenemos que reflexionar sobre por qué este “muñeco” intenta una y otra vez salir de la caja. Solo podemos desarrollarnos personalmente y conocer la mejor forma de hacerlo si conocemos las razones detrás de cada deficiencia en particular. Una vez que entendamos las causas de las deficiencias podremos tratar de terminar o poner fin a esas causas. Si la raíz de la causa permanece, entonces después de un cambio temporal, volveremos a nuestra rutina anterior.

1. Nos dejamos llevar por pequeños hábitos destructivos, que luego crecen

De entre las cosas que impiden que sean fructíferos nuestros esfuerzos para progresar, la más importante son los hábitos destructivos. Aunque dicho así pueda sonar muy fuerte, lo cierto es que muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a minimizar el efecto de algunos de estos hábitos. En otras palabras, damos por sentado que ceder ante ciertas comodidades o ciertos vicios no es peligroso. Y esto es lo que se convierte en un obstáculo para llevar a cabo cambio positivo en nuestra vida.

Como resultado de esto nos volvemos demasiado audaces, y bajamos la guardia ante aquellos hábitos que son perjudiciales para nosotros porque pensamos que no nos afectaran demasiado. Pensamos que por un día que cedamos ante la pereza no pasa nada, o que no tendrá consecuencias decir puntualmente una pequeña mentira. Igualmente pasa con la dieta, con la falta de disciplina o con el ejercicio diario.

Debemos tener cuidado de no bajar la guardia, porque una vez que se desarrolla este tipo de pensamiento de que se trata de algo pequeño, entonces la semilla de la conformidad o incluso del vicio un día definitivamente brota y estos pequeños momentos de debilidad, con el tiempo, se convierten en importantes hábitos destructivos.

Para cada persona y circunstancia, la magnitud de las virtudes y los vicios es distinta.

Cualquier hábito positivo o negativo debe medirse y considerarse en el contexto de la situación y las circunstancias propias de cada persona, es decir, dependiendo de la situación, dejar un hábito destructivo puede ser más difícil para una persona que para otra, e igualmente, adquirir un buen hábito puede también variar de persona a persona.

Por lo tanto, si decidimos mejorar nuestras vidas, entonces al principio tenemos que deshacernos del pensamiento en nuestros corazones de que, por ejemplo: tomar drogas o engañar a nuestra pareja son hábitos destructivos, y que los demás vicios o comodidades como mentir, ser egoístas o perezosos, son, en comparación menores.

2. La tendencia de imitar a los demás

La segunda causa que impide que progresemos es nuestro entorno y la tendencia a imitar a los demás. De forma natural tendemos a imitar a los demás y esto se hace evidente desde la infancia.  Y ciertamente es beneficioso, pero su abuso o uso erróneo puede producir a veces la destrucción y la ruina.

Por ejemplo, es gracias a esta facultad que, de pequeños, hemos podido aprender el idioma de nuestros padres o valores como el afecto y la amabilidad. Pero también corremos el riesgo de que aprendamos de nuestros amigos el hábito de fumar o tomar drogas.

Por ello, es importante aprender e implementar de los demás todo aquello que sea beneficioso para nosotros, pero ser muy conscientes del peligro que puede suponer si abusamos de esta costumbre tanto para nosotros como para nuestra familia.

Las acciones tienen un impacto más profundo que las palabras.

Por ejemplo, si lo que queremos es que nuestros hijos sean sinceros, no vale con darles explicaciones. Nosotros mismos como padres tendremos que dar el ejemplo para que ellos lo imiten. Las acciones tienen un impacto mucho más profundo que las palabras.

3. Nos centramos en el presente y no en el futuro

El tercer impedimento para el progreso sucede cuando nos centramos únicamente en el presente y no pensamos a largo plazo. Crecer o progresar como individuos es un proyecto a largo plazo. Pero tendemos a pensar muchas veces que el presente no tendrá un efecto en nuestro futuro. Por ejemplo, cuando nos enfadamos con alguien, a veces la visión se nos estrecha y solo podemos pensar en vengarnos. No pensamos en las consecuencias de cara al futuro. Los mismo pasa cuando mentimos para conseguir algún beneficio inmediato, y cuando pensamos “solo esta vez” antes de comernos esos dulces. Muchas de estas acciones puntuales se convierten en hábitos a largo plazo, casi sin darnos cuenta de ello.

4. Prácticas establecidas y modas

El cuarto obstáculo al cual nos enfrentamos a la hora de tratar de cambiar nuestras vidas son las prácticas establecidas y las modas. Las costumbres y hábitos establecidos por la sociedad pueden debilitar nuestra intención de progresar, y esto es especialmente cierto con las modas. Si la moda existente nos empuja hacia una determinada dirección, es muy difícil nadar a contracorriente.

De nuevo esto lo hemos vivido desde pequeños. Durante la adolescencia muchos caen en adicciones como el tabaco que pueden durar toda la vida, debido a la presión social. Igualmente, la gente influyente como cantantes y futbolistas muestran ciertos hábitos destructivos como el egoísmo, las adicciones o la rebeldía, y todo esto dificulta nuestro progreso si no tenemos cuidado con ello, e incluso hace que muchas personas se sientan inclinados hacia estas prácticas.

5. Familiares y amigos

La quinta causa que puede impedir nuestro progreso es la familia y los amigos. Nuestras intenciones pueden flaquear debido a las necesidades de nuestras relaciones más cercanas. Por ejemplo: si nuestra esposa o marido, o nuestro hijo necesitan un dinero que no tenemos, o si necesitamos dinero para el tratamiento de un niño o un amigo enfermo; podemos sentirnos tentados en usurpar el dinero de nuestra empresa o el dinero que alguien nos haya confiado para satisfacer nuestras necesidades sin preocuparnos por las consecuencias.

Como podemos ver, las emociones se convierten en un obstáculo y sólo podemos superar esta situación si damos preferencia siempre a nuestros valores y principios, de manera que, en lugar de ceder y comprometer nuestros valores, nosotros mismos nos convirtamos en un ejemplo a seguir para los demás. De esta manera, lograremos que nuestras relaciones más cercanas quieran también seguir estos valores y se conviertan en una fuente de inspiración para los demás.

6. Complacencia y falta de autoanálisis

En sexto lugar, debemos analizar nuestro progreso constantemente. Continuamente debemos sopesar las consecuencias de todo lo que hacemos, y considerar si lo que hacemos es positivo para nuestro desarrollo personal o no.

7. Olvidar la razón por la que queremos crecer/progresar

El séptimo impedimento es olvidarnos porque queremos crecer o progresar. Para un empresario puede ser tener éxito en su negocio; para un creyente la razón puede ser su fe; para otra persona puede ser superar un momento de depresión.

Si no tenemos está razón en nuestra mente, es muy fácil que nuestras amistades y las costumbres ganen terreno y se disminuya la importancia de nuestro objetivo. A veces la codicia, la amistad, las relaciones, los conflictos, el rencor… no dejan ver el lado bueno de las acciones. Por ejemplo, si queremos ser personas honestas, es posible que nos enfrentemos a la situación de que decir la verdad nos cause algún daño a nosotros, nuestros amigos o nuestra familia. Esta debilidad se debe a que la importancia de nuestro objetivo está ausente en nuestros corazones y no sentimos esa determinación.

8. Falta de compromiso personal y entorno

El octavo obstáculo al que nos enfrentamos cuando queremos progresar es que se hace muy difícil llevar a cabo dicho cambio a menos que también nos juntemos con gente que tenga objetivos similares. Por ejemplo, no podemos ser completamente honestos a menos que toda la familia sea honesta, especialmente en los casos de convivencia familiar. A menos que haya una mejora en toda la familia, unos influenciarán a los otros.

Si no estamos en sintonía con nuestras relaciones más cercanas, no podremos lograr el éxito en nuestro desarrollo personal. Por ello el desarrollo personal es un trabajo compartido. La unión es importante porque es lo que permite que tengamos apoyo en nuestros momentos de debilidad y se nos recuerde la importancia del objetivo que nos hemos marcado.

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