El Profeta (sa): Fomentando la veracidad y la confiabilidad entre los Compañeros
Sermón del viernes 24-04-2026
Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:
En el sermón del viernes anterior, hablé sobre los elevados estándares de veracidad del Santo Profeta (sa), su excelente ejemplo, así como sus consejos y guía para los creyentes. Hoy también mencionaré más detalles sobre estos aspectos.
En relación con los elevados estándares de veracidad que el Santo Profeta (sa) deseaba que adoptáramos, se recoge lo siguiente en una tradición. Hafs bin Asim relata que el Santo Profeta (sa) dijo: “Es suficiente para que una persona sea considerada mentirosa que repita todo lo que oye de los demás”.
Observamos que este es un hábito común entre la gente. Incluso dentro de la Comunidad, este mal hábito está bastante extendido entre algunos individuos. Hay quienes incluso me escriben acerca de otros, afirmando que tal persona ha hecho esto o aquello. Sin embargo, al realizar una investigación, se demuestra que el asunto es falso. Y cuando se le pregunta a quien escribió quién se lo contó, dado que la acusación resulta ser falsa, simplemente responde que solo lo escuchó de alguien. Basándose únicamente en estos rumores, provocan un gran revuelo por todas partes. Estas personas deberían reflexionar sobre el hecho de que el Santo Profeta (sa) ha considerado a tales individuos como mentirosos.
Asimismo, en otra tradición se recoge que Hazrat Aisha (ra) relata que los Compañeros del Santo Profeta (sa) eran más reacios a la falsedad que a cualquier otro rasgo. Si una persona decía una mentira en presencia del Santo Profeta (sa), ese hecho quedaba grabado en su corazón. Si se enteraba de que alguien le había mentido, le causaba un inmenso dolor y lo guardaba en su corazón hasta saber que esa persona se había arrepentido, se había reformado y se había abstenido por completo de decir mentiras.
En otra tradición se registra que Hazrat Asma (ra) relata que una mujer se acercó al Santo Profeta (sa) y le dijo que tenía una coesposa (es decir, que su esposo tenía otra esposa). Le preguntó: ¿cometería algún pecado si diera la impresión de estar completamente satisfecha con lo que le proporciona su marido? En otras palabras, si le mostraba que nuestro esposo le daba mucho -esto y aquello- cuando, en realidad, no le había dado esas cosas. Simplemente quería provocarla y burlarse de ella.
El Santo Profeta (sa) respondió: “Quien finge estar satisfecho con algo que no se le ha dado es como quien está vestido con dos vestiduras de falsedad”. La razón es que su intención era decir esas cosas para herirla emocionalmente y provocarla. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) afirmó que esto es completamente erróneo.
En los comentarios sobre este pasaje se escribe que la palabra “vestidura” se ha utilizado aquí como una metáfora, y significa que la persona es alguien que recurre a la falsedad y al engaño. Se ha revestido de dos vestiduras de falsedad: una como prenda superior y otra como prenda inferior. En otras palabras, es un mentiroso de pies a cabeza. De este modo, de una manera muy sutil y profunda, instruyó a sus seguidores para que evitaran la falsedad.
En una narración, se relata que Hazrat Abdul’lah bin Amr (ra) dijo que el Santo Profeta (sa) afirmó: “Hay cuatro rasgos: quien los posee es un hipócrita completo, y quien tiene siquiera uno de estos rasgos, tiene en sí mismo una característica de hipocresía hasta que la abandona. Si se le confía algo, traiciona la confianza; cuando habla, miente; cuando hace una promesa, la rompe; y cuando discute, utiliza lenguaje ofensivo”. Todas estas son características que, de una forma u otra, conducen directa o indirectamente a la falsedad o son manifestaciones de la misma.
Por lo tanto, estas debilidades morales son signos de hipocresía. Teniendo esto en cuenta, debemos examinarnos a nosotros mismos y reflexionar hasta qué punto existen tales debilidades en nuestro interior. Estas son características que conducen a la hipocresía, y nadie desea ser contado entre los hipócritas.
Luego, con respecto a quienes difunden falsedades, les lanzó una advertencia muy severa. En una narración, Hazrat Samurah bin Yundub (ra) relata que el Santo Profeta (sa) solía preguntar a sus Compañeros si alguno de ellos había tenido un sueño. Hazrat Samurah (ra) añadió: “Cuando preguntaba esto el Santo Profeta (sa), aquellos a quienes Al’lah queria que lo contaran se lo relataban a él (sa) (es decir, quienes habían tenido sueños se los relataban).
Una mañana, el Santo Profeta (sa) dijo que durante la noche había tenido una visión (es decir, hablaba de sí mismo). Dijo: “Dos personas vinieron a mí, me despertaron y me dijeron: ‘Ven con nosotros’. Les acompañé hasta que llegamos a un hombre que estaba tendido boca arriba. Otro hombre estaba de pie a su lado, sosteniendo un gancho de hierro (algo parecido a una abrazadera grande o unos alicates). Se acercaba a un lado de la boca del hombre y la abría de par en par hasta la nuca (es decir, desgarraba todo un lado de la boca, incluídos los ojos). Luego pasaba a la otra mejilla -primero la derecha, luego la izquierda- y hacía lo mismo que había hecho con el primer lado. Antes de que pudiera siquiera terminar, el primer lado (el que previamente había rasgado) volvía a su estado normal, tal como estaba antes. Luego regresaba y repetía el mismo proceso, abriéndola repetidamente de esta manera”.
El Santo Profeta (sa) dijo: “Exclamé: ‘¡Santo es Al’lah! ¿Quiénes son estas personas?’ Respondieron ellos dos: ‘Escuche, le diremos la realidad. Aquel a quien vio, con la boca arrancada hasta la nuca, la nariz y el ojo desgarrados de esa manera, es quien sale de su casa por la mañana y fabrica una mentira que luego se difunde por todas partes’”.
Esto se refiere a quienes difunden rumores y afirmaciones falsas sobre otras personas. Algunas personas hablan simplemente por el placer de conversar o para entretenerse; en ocasiones, dichas declaraciones también tienen la intención de difamar a otros miembros de la sociedad. En cualquier caso, lo que dicen causa daño.
Por lo tanto, esas personas deben recordar siempre que esto es algo por lo que tendrán que rendir cuentas. Dios Altísimo los juzgará y los castigará. Es un asunto que merece una profunda reflexión, y se debe buscar el perdón en abundancia.
Hay una narración de Abdul’lah bin Hariz, quien la transmitió de Hazrat Hakim bin Hizam (ra). Dijo que el Santo Profeta (sa) afirmó: “Tanto el vendedor como el comprador tienen la opción de cancelar la transacción (es decir, cualquier acuerdo que se haya realizado, tienen derecho a cancelarlo) hasta que se separen el uno del otro”. Si permanecen juntos, esta opción continúa, pero una vez que se separan, ya no es posible. Añadió: “Si ambos actúan con veracidad y hablan con honestidad, entonces las bendiciones recaerán sobre la transacción. Pero si ocultan algo y mienten, entonces la bendición en su transacción será anulada”. Muchas disputas comerciales surgen debido a acciones y declaraciones falsas, y Dios Altísimo no bendice los negocios ni los asuntos de esas personas. En este mundo, sufren las pérdidas que deben afrontar y, ante Dios Altísimo, también son considerados pecadores y merecen castigo.
Hazrat Ibn Umar (ra) narra que el Santo Profeta (sa) dijo: “Cuando una persona dice una mentira, un ángel se aleja una milla de él debido al hedor de lo que ha propagado intencionadamente”. En otra narración, se informa de Hazrat Abu Hurairah (ra) que el Santo Profeta (sa) pasó una vez junto a un montón de grano. Metió la mano en el saco y notó humedad en los dedos; intuyó que había humedad en el interior, así que dijo: “¡Oh, vendedor de grano! Este grano que vendes (ya sea trigo, maíz u otra cosa), ¿qué le sucede? Está mojado por dentro”. El hombre respondió: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! Se mojó debido a la lluvia”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Entonces, ¿por qué no pusiste el grano húmedo encima? En lugar de ocultarlo debajo, si le había caído lluvia, deberías haberlo colocado arriba para que la gente pudiera verlo”. A continuación, dijo: “Quien engaña no me pertenece”. Por lo tanto, quienes se dedican a los negocios deben reflexionar sobre estos detalles tan minuciosos y estas advertencias. Este es el modelo que él (sa) deseaba que siguieran los musulmanes; pero, lamentablemente, hoy en día son los propios musulmanes quienes están siendo difamados en todo el mundo debido a prácticas comerciales engañosas y a las mentiras que profieren.
Por lo tanto, hoy en día, quienes afirmamos creer en el Mesías Prometido (as) y tener verdadera fe en el Santo Profeta (sa) debemos mantener el más elevado nivel de veracidad en cada palabra y en cada acción. De lo contrario, el Santo Profeta (sa) ha dicho que, si no es así, entonces no formáis parte de mi comunidad y no tengo ningún vínculo con vosotros. Impartió innumerables enseñanzas y consejos en los que instaba a las personas a actuar con sinceridad y gran precisión, y señaló que nadie puede ser un verdadero musulmán a menos que se atenga plenamente a la verdad.
En cuanto a su personalidad, voy a exponer ahora algunos aspectos. El Santo Profeta (sa) siempre fue conocido entre la gente como el más veraz (Sadiq) y digno de confianza (Amin), gracias a su constante sinceridad y a su gran honestidad e integridad. Así, un autor ha escrito: “Muhammad (sa) fue enviado en una época de ignorancia, cuando ningún advertidor había llegado a su pueblo antes que él (a su pueblo no le había llegado ningún profeta). La gente adoraba ídolos, falsas deidades y santuarios. Incluso entre ellos, al Santo Profeta (sa) se le concedió entendimiento y sabiduría desde su infancia; a pesar de estar rodeado de seguidores de Satanás e idólatras, el Santo Profeta (sa) nunca se inclinó ante ningún ídolo ni participó jamás en ninguna de sus celebraciones. Nunca se le oyó decir una mentira. La gente lo consideraba “Suduq”, es decir, extremadamente veraz, y “Amin”, es decir, digno de confianza y sumamente bondadoso. Se cuenta incluso que, antes de que le fuera revelado su profetazgo, durante la época de la ignorancia, la gente acudía al Santo Profeta (sa) en busca de justicia.
Al describir su excelente ejemplo, Hazrat Musleh Maud (ra) afirmó en una ocasión:
“El testimonio colectivo sobre el noble carácter moral del Santo Profeta (sa) fue el aceptado por su propio pueblo: incluso antes de que proclamara su profetazgo, su pueblo ya le había otorgado los títulos de Amin [el Fiel] y Sadiq [el Veraz]. Hay muchas personas en el mundo contra las que no existen pruebas de deshonestidad. Del mismo modo, hay muchas personas que nunca se ven sometidas a pruebas difíciles; más bien, solo se enfrentan a pruebas cotidianas y su integridad permanece intacta. Sin embargo, a pesar de ello, su pueblo no les otorga ningún título especial. Esto se debe a que los títulos distintivos solo se conceden cuando una persona destaca por encima de todas las demás en una cualidad concreta.
Todo soldado que participa en una batalla pone su vida en peligro; sin embargo, los británicos no conceden la Cruz Victoria a todos los soldados, ni Alemania otorga la Cruz de Hierro a todos ellos. En Francia hay cientos de miles de personas dedicadas a actividades intelectuales, pero no todo el mundo recibe la Legión de Honor. Por lo tanto, el mero hecho de que una persona sea honesta y sincera no resalta de manera especial su grandeza. Sin embargo, que toda una nación otorgue a alguien los títulos de Amin y Sadiq es, sin duda, algo extraordinario. Aunque los habitantes de La Meca hubieran estado acostumbrados a conceder tales títulos a personas de diferentes generaciones, quien los recibiera seguiría siendo considerado una gran persona. Sin embargo, la historia árabe demuestra que los árabes no otorgaban tales títulos a personas de cualquier las generaciones. Más bien, a lo largo de los siglos de historia árabe, solo se encuentra un ejemplo -Muhammad, el Mensajero de Dios (sa)- al que el pueblo de Arabia otorgó los títulos de Amin y Sadiq.
Por lo tanto, el hecho de que, a lo largo de siglos de historia árabe, toda la nación concediera estos títulos a una sola persona demuestra que su honradez y veracidad eran extraordinarias, hasta el punto de que no se conocía entre ellos ningún otro ejemplo comparable. Los árabes destacaban en el mundo por su perspicacia; por ello, todo aquello que declaraban como raro merece, sin duda, ser considerado como tal en el mundo”.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“Hoy en día, la situación mundial se ha vuelto extremadamente precaria. Sea cual sea el caso, se inventan testigos falsos; presentar denuncias falsas no es nada inusual; se falsifican documentos y se crean pruebas falsas. Cuando la gente habla, evita cuidadosamente decir la verdad y, en su lugar, dice lo que le conviene, aunque sea falso. Ahora bien, habría que preguntar a quienes no reconocen la necesidad de esta Comunidad: ¿es esta la religión que trajo el Santo Profeta (sa)? (el Mesías Prometido (as) dice que fundó esta comunidad para que se estableciera en la verdad). Dios Altísimo ha declarado que la mentira es una impureza y ha ordenado evitarla:
[Árabe]
“Apartaos, pues, de la abominación de los ídolos y de toda palabra falsa”.
Ha equiparado la mentira con la idolatría. Una persona insensata se aleja de Dios y se inclina ante una piedra (es decir, debéis evitar la impureza, al ser una gran maldad, dado que mentir es como adoptar la impureza y sucumbir en las obras malignas). (Nos dice (as) que la idolatría es acto inadecuado, una obra inapropiada; Dios ha asociado a la mentira con la idolatría). Cuando una persona insensata se aleja de Dios y se inclina ante una piedra, quien abandona la veracidad y la rectitud en busca de beneficio propio convierte la falsedad en su ídolo. Por eso Dios la ha asociado con la idolatría. Absteneos de la idolatría, pues es un pecado grave, y la falsedad es de la misma naturaleza.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“Así como un idólatra busca la salvación en un ídolo, también el mentiroso se crea un ídolo para sí mismo, creyendo que a través de él alcanzará la salvación. ¡Qué lamentable es que, cuando se les dice a las personas que por qué son idólatras y que abandonen la falsedad, responden que no es posible, pues no pueden sobrevivir sin ella! (cuando se les pregunta por qué no renuncian a la mentira, responden que deben recurrir a ella para obtener su propio beneficio)”.
El Mesías Prometido (as) dijo:
“¿Qué mayor desgracia puede haber que considerar la falsedad como fundamento de la propia vida? Os aseguro que, al final, prevalecerá la verdad; la bondad y la victoria pertenecen únicamente a ella”.
Al describir la vida del Santo Profeta (sa), Hazrat Musleh Maud (ra) escribe en un momento dado:
“Cuando el Santo Profeta (sa) contó a su esposa la revelación que había recibido, ella no le dijo: ‘¿Qué historias te has inventado ahora?’. Más bien, dijo: ‘No te preocupes. Lo que has visto es cierto. Dios nunca te abandonará, pues mantienes los lazos de parentesco, socorres a los necesitados, restauras las virtudes perdidas, ofreces hospitalidad a los huéspedes y defiendes la verdad’.
Entonces lo llevó a ver a su primo Waraqah bin Naufal, quien era un erudito en las escrituras israelitas”. Al escuchar el relato, afirmó inmediatamente que se trataba del mismo tipo de revelación que había recibido Moisés (as), y que los mandamientos que contenía eran similares a los que él había recibido.
Hazrat Musleh Maud (ra) continúa relatando testimonios (ya lo mencioné brevemente en un sermón anterior). Tras presentar el testimonio de Waraqah bin Naufal, Hazrat Musleh Maud (ra) expone otro testimonio:
Además, en la casa había un joven pariente que se acercaba a la madurez, alguien que podía convertirse en un medio eficaz de difusión entre los jóvenes. Cuando oyó a su hermano y a su cuñada, es decir, al Santo Profeta (sa) y a Jadiya (ra), hablar con gran seriedad sobre este profundo cambio, se adelantó con serenidad y dijo: “Yo también creo que dice la verdad y que Al’lah le ha hablado y le ha designado para la reforma del mundo”.
También está el testimonio de un esclavo liberado que, cautivado por el noble carácter del Santo Profeta (sa), abandonó a sus padres y permaneció a su servicio. Cuando se enteró de lo que estaba ocurriendo y vio la preocupación reflejada en el rostro de su señor, se adelantó, se aferró a su manto y dijo: “¡Oh, mi señor! Lo que ha visto es cierto; lo que ha dicho es cierto. El poder divino no puede engañar a alguien como usted. Usted es la encarnación de la sinceridad. ¿Cómo podría el poder divino engañarle? Ha llegado el momento de que, de sus manos, surja la reforma del mundo. Concédame el permiso para quedarme con usted y servirle”.
Hay otro testimonio de uno de sus amigos más cercanos e íntimos, como si fuera una segunda perla nacida en la misma concha. Cuando se enteró de que su compañero había empezado a hablar de una forma extraña y de que la gente decía que quizá su mente se había visto afectada, corrió hacia él, abrió la puerta y le preguntó: “¿Es cierto lo que he oído?”.
Cuando el Santo Profeta (sa) comenzó a explicarle el asunto, le dijo: “¡Por Dios! No ponga excusas; solo dígame si todo eso es cierto”. Cuando lo confirmó, respondió: “Amigo mío sincero, creo en su profetazgo. Estaba a punto de causarme un perjuicio al ofrecer pruebas y, con ello, poner en duda mi fe. He sido testigo de tanta sinceridad por su parte que no necesito argumentos”. Entonces, Hazrat Abu Bakr dijo: “Amigo mío, ¿cómo podría alguien que ha visto su rostro dudar jamás de su palabra?”.
No cabe duda de que era inevitable que surgiera oposición, pues, como dijo Waraqah bin Naufal:
[Árabe]
“Ningún hombre ha traído jamás un mensaje como el suyo sin ser perseguido”. Pero fijaos en el designio de Dios: antes de que estallara la tormenta de la oposición, Él le proporcionó Compañeros. Entre la gente de La Meca, aquel sabio israelita versado en las Escrituras, Waraqah, se postró ante él nada más conocerlo. Su compañera de vida, Jadiya, al escuchar la revelación, se sintió colmada de amor y apoyo hacia él. El joven pariente Alí, que observaba constantemente su carácter en el hogar, se ofreció a ayudarle. El siervo liberado Zaid, que había observado de cerca y con atención su conducta y el trato que dispensaba a los pobres, dio fe de su veracidad. Abu Bakr, su amigo de la infancia, benefactor de La Meca y encarnación de la nobleza, nada más saber que afirmaba recibir revelaciones, se puso enteramente a su disposición.
¡Cuán inmensa debió de ser la alegría que estas manifestaciones sin igual de amor y sinceridad provocaron en el corazón del Santo Profeta (sa)! Cuando oyó el alboroto de La Meca y sus burlas, ¿cómo no debió de sonreír y decir: “Este es el veredicto de quienes no me conocen, que me llaman hechicero y otras cosas? Ahora escuchad también el veredicto de quienes me conocen: cómo se mantienen a mi lado, incluso dispuestos a dar la vida por mí”.
Moisés rezó para que le enviaran a alguien que le ayudara a llevar su carga. En este pasaje, al interpretar el versículo, se establece una comparación entre los compañeros del Profeta Moisés (sa) y los del Santo Profeta Muhammad (sa); por eso se menciona el ejemplo de Moisés. Moisés pidió un ayudante que le asistiera, pero a Muhammad, el Mensajero de Dios (sa), se le concedieron cinco ayudantes sin que los pidiera, y estos destacaron por compartir su carga. Waraqah, aunque falleció poco después, dejó tras de sí un testimonio imborrable de su sinceridad. Durante los doce años siguientes, lo que Hazrat Jadiya demostró con su devoción habría conmovido incluso al más valiente de los hombres. Zaid, durante veinte años, manifestó un sacrificio sin igual y, finalmente, lo confirmó derramando su sangre ante las espadas desenvainadas, estableciendo así el verdadero modelo a seguir para los Compañeros del Profeta Mahoma (sa). Abu Bakr y Ali permanecieron en su misión incluso tras su fallecimiento y, como Jalifas, demostraron su dedicación de una manera nueva y profunda.
A continuación, al describir el ejemplo del Santo Profeta (sa), Hazrat Musleh Maud afirma:
“Una de las pruebas más contundentes de que una persona es sincera y recta es ella misma, que proclama en voz alta, dirigiéndose tanto a sus adversarios como a sus partidarios, a los desconocidos y a los conocidos, a los extraños y a los confidentes por igual: ‘Mírenme, y antes de tacharme de mentiroso, reflexionen si realmente pueden hacerlo. Si me tacháis de mentiroso, ¿no os privaréis así de toda capacidad para discernir la verdad? ¿Acaso, al tacharme de impostor, no os estaréis cerrando todas las puertas que podrían llevaros a alcanzar vuestro objetivo?’”.
Todo en el mundo discurre de forma continua y pasa por distintas etapas. Ni la virtud puede alcanzar su perfección sin pasar por fases intermedias, ni el mal puede llegar a su extremo sin atravesar sus propios grados. ¿Cómo es posible, entonces, que alguien que corre hacia el oeste se encuentre de repente en el extremo más alejado del este? No es posible que uno viaje en una dirección y llegue a otra, ni que quien se dirija hacia el sur se encuentre de pronto en el horizonte norte.
El Santo Profeta (sa) dijo: “He pasado toda mi vida entre vosotros. De niño crecí entre vosotros; fui joven y alcancé la mediana edad entre vosotros. Conocéis todos mis asuntos, tanto privados como públicos. No he ocultado nada de lo que he hecho ni palabra alguna de lo que he dicho. ¿Hay alguien entre vosotros que pueda afirmar que alguna vez he mentido?”. Esta declaración fue realizada por el Santo Profeta: “¿Hay alguien que pueda decir que alguna vez he mentido, cometido una injusticia, engañado, defraudado, usurpado el derecho de alguien, buscado la grandeza personal o intentado acaparar el poder? En todos los ámbitos me habéis puesto a prueba, y en todas las circunstancias me habéis examinado; sin embargo, siempre habéis encontrado mis pasos en el camino de la moderación, siempre libres de toda mancha, hasta el punto de que tanto amigos como enemigos me han otorgado los títulos de ‘El Fiel’ y ‘El Veraz’”.
¿Qué ha sucedido, pues, para que hasta ayer por la tarde se me conociera entre vosotros como una persona digna de confianza, sincera y recta, alejada de la falsedad y dedicada a la verdad, de tal manera que la propia verdad se enorgullecía de mí, y en todo asunto depositabais vuestra confianza en mí y aceptabais cada palabra que pronunciaba; y, sin embargo, hoy, en el transcurso de un solo día, se haya producido tal transformación que me haya convertido en el peor de los hombres y en el más impuro? A pesar de que nunca me habéis atribuido mentira alguna en relación con los hombres, ¿ahora decís que fabrico mentiras contra Al’lah?
¿Existe algún ejemplo, en las leyes de la naturaleza, de un cambio tan abrupto y radical? Si se tratara de uno o dos días, podría decirse que es una pose. Si se tratara de uno o dos años, podría pensarse que había tomado esa decisión para engañaros. Pero he pasado toda mi vida entre vosotros. Habéis sido testigos de mi infancia; habéis observado mi juventud; y la etapa de mi madurez, cuando la vejez empieza a hacerse notar, también ha transcurrido ante vuestros propios ojos. ¿Cómo puede ser posible semejante simulación prolongada?
En la infancia, cuando uno apenas es consciente de su propio bien o mal, ¿cómo pude haber ideado semejante engaño? En mi juventud, a menudo llamada la edad de la pasión, ¿cómo pude haber ocultado mi verdadero estado mediante el engaño? Reflexionad, entonces: ¿cuándo se produjo este engaño y quién lo perpetró?
Si, al reflexionar, encontráis mi vida intachable y completamente abnegada -si la contempláis, en efecto, como la encarnación de la virtud y la imagen misma de la verdad-, entonces, al mirar al sol, no proclaméis que es de noche. El día ha amanecido por completo: no declaréis que es oscuridad. Mi condición es tal que mis palabras son tan evidentes como la luz del día. No os quejéis de la oscuridad cuando hay luz.
¿Necesitáis alguna prueba más allá de mí mismo? Mi propio ser es la mayor prueba. ¿Es necesaria alguna otra evidencia tras considerar mi conducta pasada? Todo mi pasado está ante vosotros, y aun así exigís una señal. Mi propio ser da testimonio de mí, y mi vida es testimonio de mí.
Si cada uno de vosotros mirara en su interior, su corazón y su mente testificarían que la verdad está firmemente establecida en mí y que me mantengo firme en ella; que la justicia se enorgullece de mí, y yo me enorgullezco de la justicia. Tal persona no necesita pruebas externas para demostrar su veracidad. Su ejemplo es como el del sol naciente: es, en sí mismo, la prueba de su existencia.
Fue esta evidencia tan convincente la que llegó al corazón de Hazrat Abu Bakr (ra), y es esta poderosa prueba la que seguirá arraigándose en los corazones de todos los amantes de la verdad”.
Cuando el Santo Profeta (sa) hizo su declaración, Hazrat Abu Bakr (ra) se encontraba en casa de un amigo. Allí, una esclava liberada le informó de que la esposa de su amigo decía que su esposo se había convertido en un profeta como el profeta Moisés (as), como se le describe como un profeta. De inmediato se levantó, fue a casa del Santo Profeta (sa) y le preguntó: “¿Ha declarado realmente que es Mensajero (sa) de Al’lah?”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Sí, soy Mensajero (sa) de Al’lah”. Al oír esto, Hazrat Abu Bakr (ra) aceptó inmediatamente su declaración.
Así, el Santo Profeta (sa) decía más tarde acerca de su fe: “Invité a la gente al islam y, en todos los casos, surgieron dudas, reflexiones o vacilaciones; pero cuando el mensaje del islam se le presentó a Abu Bakr, no mostró la menor vacilación, sino que lo aceptó de inmediato”.
¿Qué fue lo que impulsó a Hazrat Abu Bakr (ra) a creer sin presenciar ninguna señal externa? Fue la esencia misma del Santo Profeta (sa), rebosante de honestidad y veracidad, pues su propio ser daba testimonio de su verdad.
De igual manera, como ya se ha mencionado, Hazrat Jadiya (ra), Hazrat Ali (ra) y Hazrat Zaid bin Harizah (ra) dieron testimonio de su verdad tras presenciar su veracidad.
En resumen, la primera prueba interna de la veracidad de un profeta es él mismo, que da testimonio de su verdad. Tal testimonio es tan abrumador que, ante él, no hay necesidad de ningún otro milagro o señal.
El Mesías Prometido (as) afirma:
“La Palabra de Dios dice que los justos son aquellos que caminan con humildad y modestia y no hablan con arrogancia. Hablan como personas humildes dirigiéndose a sus superiores. En cualquier caso, debemos actuar de manera que nos traiga prosperidad. Nadie puede reclamar el monopolio de Dios Altísimo, pues Él solo desea la rectitud. Quien adopta la rectitud alcanzará una posición elevada. El Santo Profeta (sa) o Abraham (as) no recibieron honor por herencia alguna. Aunque creemos que Abdul’lah, el venerado padre del Santo Profeta (sa) no era idólatra -la gente suele preguntar esto; la respuesta es que no lo era-, no fue por esto que al Profeta del islam se le confirió el profetazgo. Lo recibió por la gracia divina, debido a las virtudes presentes en su naturaleza. Esto fue lo que atrajo la gracia de Dios. Fue la sinceridad y la rectitud lo que llevó a Abraham (as), el Padre de los Profetas, a sacrificar a su hijo sin dudarlo. Incluso él mismo fue arrojado al fuego. Reflexionad tan solo sobre la sinceridad y la devoción de nuestro Jefe y Maestro, Muhammad, el Mensajero de Al’lah (sa). El Santo Profeta (sa) se mantuvo firme frente a todas las formas de maldad. Soportó diversas pruebas y tribulaciones, pero no le importaron en lo más mínimo. Fue esta sinceridad y devoción lo que movió a Al’lah el Exaltado a derramar Su gracia. Por esta razón, Él afirma:
[Árabe]
“Dios Altísimo y todos Sus ángeles envían bendiciones sobre el Mensajero. ¡Oh, creyentes! También vosotros debéis invocar bendiciones y paz sobre el Profeta (sa)”.
Este versículo establece que las obras del Noble Mensajero (sa) fueron tales que Dios Altísimo no utilizó ninguna palabra específica para alabarlas ni describir sus atributos. Aunque podrían encontrarse palabras, Dios mismo optó por no usarlas, pues las piadosas obras del Santo Profeta (sa) trascendieron los límites de la alabanza. No existe un versículo de esta naturaleza en alabanza de ningún otro profeta. El alma del Santo Profeta (sa) estaba imbuida de tal sinceridad y pureza, y sus obras eran tan dignas de alabanza ante Dios, que Él decretó para siempre que todas las generaciones futuras enviarían bendiciones sobre el Santo Profeta como expresión de gratitud. La resolución y la devoción del Santo Profeta (sa) son tales que no encontramos a nadie igual, ni antes ni después de él. Puede reflexionarse sobre la época del Mesías (as) para ver hasta qué punto su resolución, su sinceridad espiritual y su devoción influyeron en sus discípulos. Cualquiera puede comprender lo difícil que es corregir un mal hábito; es realmente arduo abandonar hábitos profundamente arraigados. Sin embargo, nuestro Santo Profeta (sa) reformó a miles de personas que eran peores que animales. Había quienes, como animales, no tenían reparo en tener relaciones con sus madres y hermanas; devoraban la riqueza de los huérfanos y usurpaban la herencia de los difuntos. Algunos adoraban las estrellas, otros eran ateos y otros incluso adoraban los elementos. ¿Qué era la Península Arábiga? Era un hogar de diversas corrientes de pensamiento religioso.
Una ventaja de esto es que el Sagrado Corán contiene en sí mismo todas las enseñanzas necesarias. Sus principios son más que suficientes para erradicar toda doctrina falsa o enseñanza errónea que pueda existir en el mundo. Esta es la profunda sabiduría y el poder de Al’lah el Exaltado, Quien envió al Santo Profeta (sa) en un tiempo en que la ignorancia estaba en su apogeo, y luego transformó a aquellos animales en hombres.
[Árabe]
“¡Oh Al’lah! Bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad, y concédeles prosperidad y paz. Ciertamente, Tú eres digno de alabanza, Glorioso”.
¡Que Dios Altísimo nos permita seguir el ejemplo del Santo Profeta (sa), así como los mandamientos mencionados en el Sagrado Corán, y elevar los estándares de veracidad a nuevas alturas!
