Muhammad (sa) y el Mesías Prometido (as): Reflexiones del Amor Divino
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Muhammad (sa) y el Mesías Prometido (as): Reflexiones del Amor Divino

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes – 02.01.2026

Después de recitar Tashahud, Taawuz y la Sura al-Fatiha Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

En el sermón anterior, se habló acerca del Santo Profeta (sa) y su modelo de amor por Al’lah. En esta época, vemos un reflejo de ese mismo amor divino en las acciones de su verdadero siervo, a través de su completa obediencia y seguimiento de su Maestro. Estos ejemplos siguen existiendo hoy en día. Es decir, los elevados estándares del amor por Dios y, como resultado, los favores divinos que le fueron concedidos y su profundo amor por Dios Altísimo, eran percibidos por las personas que le rodeaban.

Sin embargo, antes de relatar algunos incidentes, mencionaré este amor en palabras del propio Mesías Prometido (as).

En un lugar, afirma: “No puedo describir qué acción concreta mía provocó que se me concediera este favor divino. Solo siento dentro de mí que, por naturaleza, mi corazón posee una atracción hacia Dios Altísimo, acompañada de lealtad, una atracción que nada puede frenar. Por lo tanto, esto es enteramente debido a Su gracia, entre los muchos favores que Dios Altísimo me ha concedido”.

Como mencioné también en el sermón anterior, el Mesías Prometido (as) ha expresado en numerosas ocasiones que todo esto le fue concedido porque era un seguidor perfecto y un gran amante del querido y estimado Profeta de Dios, el Santo Profeta (sa). “Como resultado, las puertas del amor de Dios continuaron abriéndose para mí, y se me concedió una profunda conciencia de ello. Desde entonces, la lluvia de bendiciones de Dios continuaron descendiendo sobre mí”.

Al describir este estado espiritual interior y su vida bendita, Hazrat Shaij Ya’qub ‘Ali Sahib Irfani escribe en un pasaje que el Mesías Prometido (as) escribió:

[Árabe]

“Las mezquitas son mi morada, los justos son mis hermanos, el recuerdo de Dios es mi riqueza y la creación de Al’lah es mi familia”. Es decir, todo lo que describió giraba completamente en torno a Dios Altísimo.

El Mesías Prometido (as) afirma en un pasaje: “Amamos cada cosa únicamente por el amor a Dios Altísimo. Ya sea nuestra esposa, nuestros hijos o nuestros amigos, nuestra relación con todos ellos es por la causa de Dios. Esta es la enseñanza que Dios Altísimo ha impartido, y que el Santo Profeta (sa) proclamó y ordenó difundir”. La mayor manifestación de esta enseñanza en esta era se ve a través del ejemplo práctico del Mesías Prometido (as), en completa obediencia y seguimiento del Santo Profeta (sa).

El Mesías Prometido (as) afirma en un pasaje: “Los veraces permanecen firmes incluso en momentos de prueba, y saben que al final Dios mismo será nuestro apoyo. Este humilde siervo, agradecido a Dios Altísimo por la presencia de amigos tan perfectos, cree firmemente que, aunque no quedara ni una sola persona a mi lado, y todos me abandonaran y siguieran su propio camino, no tendría nada que temer. Sé que Dios Altísimo está conmigo. Aunque me aplasten y me pisoteen, me reduzcan a algo más insignificante que una partícula, y aunque desde todas las direcciones me persigan, me maltraten y me maldigan, al final saldré victorioso. Nadie me conoce verdaderamente, excepto Aquel que está conmigo. Nunca puedo ser desperdiciado. Los esfuerzos de mis enemigos son inútiles, y las intrigas de los envidiosos son infructuosas. ¡Oh gente necia y ciega! ¿Quién de entre los veraces que me precedieron fue arruinado para que yo sea arruinado? ¿A qué siervo fiel y leal destruyó Dios alguna vez con humillación para pensar que Él me vaya a destruir a mí?

Recordad esto con certeza y escuchad con atención: mi alma no es de las que perecerán, y la esencia misma de mi naturaleza no contiene ningún elemento de fracaso. Se me ha concedido tal valentía y sinceridad ante las cuales las montañas son insignificantes. No me importa nadie. Estaba solo, y no me disgustaba estar solo. ¿Alguna vez Dios me abandonará? Nunca me abandonará. ¿Alguna vez me arruinará? Nunca me arruinará. Mis enemigos serán deshonrados, los envidiosos se avergonzarán, y Dios concederá la victoria a Su siervo en todos los ámbitos. Estoy con Él y Él está conmigo; nada puede romper nuestro vínculo. Por Su Honor y Majestad, juro que no hay nada más querido para mí en este mundo ni en el Más Allá que la manifestación de la grandeza de Su religión. ¡Que Su Majestad brille y se establezca Su Supremacía! Con Su gracia, no temo ninguna prueba, aunque no sea una, sino millones de pruebas. En la arena de las pruebas y en el desierto del sufrimiento, se me ha concedido fuerza”.

Luego, en persa, expresa este sentimiento en un pareado, diciendo:

[Persa]

“No soy de los que verás de espaldas el día de la batalla;

Soy aquel cuya cabeza verás en medio del polvo y la sangre”.

Nos explica: “Esta es mi condición en el amor de Dios Altísimo. Por lo tanto, si alguien no desea seguir mis pasos -dirigiéndose a la Comunidad-, entonces debe separarse de mí. Sin duda vendrán dificultades. No sé qué junglas espantosas  y valles llenos de espinas me esperan aún, que aún debo atravesar”.

Luego dice: “¿Podemos asustarnos por los terremotos? ¿Podemos llegar a temer las pruebas en el camino de Dios Altísimo? ¿Podemos separarnos alguna vez de cualquier prueba enviada por nuestro amado Dios? Nunca podremos hacerlo”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata una narración en la que, al mencionar el amor por Dios Altísimo y la pasión por el sacrificio por Su religión, afirmó:  “Maulvi Sarwar Shah Sahib me narró que, durante los días en que se desarrollaba el caso de Karam Din en Gurdaspur y el magistrado había fijado una fecha, el Mesías Prometido (as) se encontraba en Qadian.  Entonces, dos días antes de la fecha de la audiencia, Hazur (as) me envió a Gurdaspur para que fuera a recopilar y preparar ciertas referencias, ya que estas debían presentarse en la siguiente audiencia. Hazur (as) también envió Sheij Hamid Ali y al cocinero Abdul Rahim conmigo a Gurdaspur.

Cuando llegamos a la casa de Gurdaspur, llamamos desde abajo al difunto Dr. Muhammad Ismail Jan Sahib (que estaba arriba), pidiéndole que bajara y abriera la puerta. El médico se alojaba en ese momento en la planta superior de la casa. Al llamarlo, el médico comenzó a llorar y gritar sin control. Le llamamos varias veces, pero él siguió sozollando de la misma manera.

Finalmente, tras un rato, bajó las escaleras mientras se secaba las lágrimas. Cuando le preguntamos el motivo, respondió: ‘Muhammad Husain Munshi vino a verme’ (era un empleado del tribunal, no ahmadí). Maulvi [Sarwar Shah] Sahib dijo que el mencionado Muhammad Husain era secretario o funcionario judicial en algún tribunal de Gurdaspur y era un feroz opositor de la Comunidad, y que se encontraba entre aquellos que se reunían con Maulvi Muhammad Husain Batalvi.

No obstante, el médico (que había bajado cuando le llamaron) narró que, cuando bajó, le explicó que Muhammad Husain Munshi, el empleado, había venido y le había dicho: ‘En estos días se había celebrado aquí una reunión de los Arya. Algunos Aryas habían traído a sus amigos a la reunión, así que, del mismo modo, yo también fui allí con un amigo Arya. Tras las deliberaciones de la reunión, la administración anunció que la reunión había concluido y que el público en general debía retirarse, ya que se iban a tratar algunos asuntos privados. En consecuencia, todos los que no eran miembros se levantaron para marcharse. Yo también hice por irme, pero mi amigo Arya me dijo: ‘Vámonos juntos, siéntate a un lado o espera fuera’. En consecuencia, me senté allí a un lado (esto lo dice Muhammad Husain Sahib, un no es ahmadí).

Entonces, uno de los arios se levantó y, pronunciando el nombre del Mesías Prometido (as), le dijo al magistrado: ‘Este hombre es nuestro enemigo acérrimo y el asesino de nuestro líder, Lekhram’. Ahora es una presa que está en tus manos, y los ojos de toda la nación están puestos en usted. Si deja escapar esta presa, se convertirá en enemigo de la nación’.

Con estas palabras trató de instigarle. Ante esto, el magistrado respondió que ‘ya era mi intención que, si fuera posible, no solo Mirza, sino también todos sus compañeros y testigos en este caso fueran enviados al Infierno. Pero qué se puede hacer, el caso se está llevando con tanta astucia que no hay forma de intervenir. Sin embargo, ahora prometo que, pase lo que pase, en esta primera audiencia, llevaré a cabo una acción legal’”.

Maulvi Sahib dijo que el médico narró: ‘Muhammad Husain me dijo: ‘Quizás no hayas entendido lo que se entiende por ‘llevar a cabo una acción legal’. Significa que todo magistrado tiene la autoridad de, al inicio o durante un caso, siempre que lo desee, arrestar al acusado sin aceptar fianza y ponerlo bajo custodia’. Muhammad Husain continuó diciendo: ‘Doctor, usted sabe que soy un feroz opositor de su Comunidad (era seguidor de Maulvi Muhammad Husain y también un oponente, e incluso tenían el mismo nombre). Pero tengo la cualidad de no poder soportar que ninguna familia respetable sea deshonrada y arruinada, especialmente a manos de los hindúes, y sé que la familia de Mirza Sahib es la más respetable del distrito. Por lo tanto, ya le he transmitido esta información para que pueda hacer los preparativos necesarios’.

A continuación, también expresó su opinión: ‘En mi opinión, hay dos opciones: una es que se deben realizar esfuerzos para que el caso sea transferido desde aquí al Tribunal Superior (en aquellos días, el Tribunal Supremo se llamaba Tribunal Superior), y la otra es que, por todos los medios posibles, Mirza Sahib no debe comparecer ante el tribunal en la próxima vista, aportando un certificado médico como excusa’”.

Maulvi Sahib declaró que: “Cuando el médico narró este incidente, todos nos asustamos mucho y decidimos que había que enviar inmediatamente a Qadian a un hombre para que le contara estos acontecimientos al Mesías Prometido (as). Había caído la noche. Buscamos un carruaje, cualquier medio de transporte, un carruaje abierto o un caballo. Aunque había muchos carruajes, el fervor de la oposición era tan intenso que no pudimos encontrar ningún carruaje ni medio de transporte. Nadie nos apoyó; todos se negaron. Ofrecimos cuatro veces la tarifa habitual, pero ningún cochero aceptó. Finalmente, enviamos al Sheij Hamid Ali, al cocinero Abdul Rahim y a una tercera persona a pie hacia Qadian.

Llegaron a Qadian a la hora de la oración del Fallr y le expusieron brevemente el asunto al Mesías Prometido (as). Hazur (el Mesías Prometido) dijo con indiferencia: ‘Muy bien, iremos a Batala. Jawaya Sahib y Maulvi Muhammad Ali Sahib se reunirán con nosotros allí cuando regresen de Lahore’. El Mesías Prometido (as) dijo que: ‘Jawaya Sahib y Maulvi Muhammad Ali Sahib vienen de Lahore, y nos reuniremos con ellos allí. Discutiremos con ellos todo este asunto que han relatado y nos enteraremos de lo que ha sucedido con respecto al intento de transferir el caso’.

Al percibir la parcialidad del magistrado, nuestros abogados ya habían presentado una solicitud al Tribunal Superior para que el caso fuera trasladado a otro tribunal. Así pues, Huzur (el Mesías Prometido [as]) se dirigió a Batala ese mismo día. Por el camino, se unieron a él Jawaya Kamaluddin Sahib y Maulwi Muhammad Ali Sahib. Le informaron de que el intento de trasladar el caso no había tenido éxito, que la solicitud de transferir el caso al Tribunal Superior no había funcionado.

Después de esto, el Mesías Prometido (as) se dirigió a Gurdaspur y no les contó a ninguno de los dos lo sucedido (no les informó de la noticia). Cuando el Mesías Prometido (as) llegó a su lugar de residencia en Gurdaspur, como era su costumbre, se retiró a otra habitación y descansó un rato en un “charpai” (cama).

En ese momento -describe Maulvi Sahib- se nos erizaron los pelos por la preocupación de lo que podría suceder a continuación. El magistrado había hecho un voto muy solemne. Después de un rato -explica Maulvi Sahib- el Mesías Prometido (as) me llamó.  Cuando entré, vi que el Mesías Prometido (as) estaba recostado, con ambas manos debajo de la parte posterior de su cabeza, y yacía de manera recta. Al entrar yo, se volvió de lado, de modo que comenzó a apoyarse sobre su codo, y su cabeza descansaba sobre la palma de su mano. Me dijo: ‘Te he llamado aquí para escuchar el relato completo de lo que ocurrió’.

En ese momento no había nadie más en la habitación, salvo Mian Shadi Jan, que estaba de pie junto a la puerta. Relaté todo el incidente: cómo, al llegar, encontramos al Dr. Ismail Jan Sahib llorando y cómo el doctor Sahib nos informó de la llegada de Munshi Muhammad Husain Sahib y luego añadió lo que Muhammad Husain había contado. El Mesías Prometido (as) continuó escuchando en silencio. Cuando llegué a la palabra “presa”, es decir, que él había dicho que ‘la presa estaba en mis manos’, el Mesías Prometido (as) se incorporó de inmediato y se sentó erguido. Sus ojos comenzaron a brillar, su rostro se enrojeció intensamente, y dijo: ‘¿Yo? ¿Su presa? Yo no soy la presa de nadie; soy un león, ¡y el león de Dios! ¿Acaso puede siquiera poner sus manos sobre el león de Dios? ¡Que se atreva a intentarlo!’.

Mientras pronunciaba estas palabras, la voz del Mesías Prometido (as) se volvió tan fuerte que incluso las personas que estaban fuera de la habitación se sorprendieron y de repente prestaron atención. Sin embargo, nadie entró en la habitación. El Mesías Prometido (as) repitió varias veces las palabras “el león de Dios”, y sus ojos, que normalmente permanecían bajos y parcialmente cerrados por humildad, comenzaron a parecerse a los ojos de un león, brillando con fiereza, y su rostro se tornó tan rojo que en ese momento resultaba difícil incluso mirarlo.

Luego dijo: ‘¿Qué debo hacer?’ (después de decir todo esto, el Mesías Prometido (as) dijo: ‘¿Qué debo hacer?). He suplicado ante Al’lah que, por el bien de Tu fe, estoy dispuesto a llevar cadenas en ambas manos y en ambos pies’ (quería significar que si me ponen esposas, para mí no hay diferencia alguna). ‘Pero Dios Todopoderoso dice: ‘No; Yo te salvaré de la humillación y te exoneraré con dignidad’. Después de esto, comenzó a pronunciar un discurso sobre el amor de Dios y continuó hablando sobre este tema durante aproximadamente media hora.

¡Qué comprensión tan profundamente extraordinaria poseía acerca de hacer sacrificios en el camino del amor de Dios! ¡Qué profunda confianza tenía en Dios Altísimo! Esta confianza era el resultado del amor que sentía por Dios. Albergaba la convicción de que, ‘puesto que amo a Dios Todopoderoso y estoy dispuesto a hacer cualquier y todo sacrificio por Él, Él no permitirá que sea destruido’.”

Existe también otro incidente semejante a éste. En una ocasión, el superintendente de policía, el capitán Lemarchant, llegó de repente a Qadian con agentes de policía, bajo la sospecha del asesinato de Lekhram, y Hazrat Mir Nasir Nawab Sahib se enteró de ello. Se dirigió al Mesías Prometido (as) en un estado de gran preocupación y, en voz apenas audible, le informó que el superintendente venía con una orden de arresto y esposas en mano. En ese momento, el Mesías Prometido (as) estaba escribiendo su libro ‘La Luz del Corán’. Levantó la cabeza de su escritura y, con una sonrisa en el rostro, dijo con calma: “Mir Sahib, las personas, en momentos de alegría, se adornan con brazaletes de oro y plata; así que consideraremos que nos hemos puesto brazaletes de metal por amor a Dios Altísimo”. Luego, tras una breve pausa, añadió: ‘Pero eso no sucederá, pues el Gobierno de Dios tiene Sus propias leyes, y Él no humilla de esta manera a Sus representantes y designados”. Así ocurrió; no tuvieron éxito.

De manera similar, otra narración ha sido registrada por Maulvi Abdul Karim Sahib Sialkoti. Relata que, en una ocasión, en Yalandhar, expresó: “En tiempos de prueba, nuestra preocupación es por ciertos individuos débiles de corazón dentro de nuestra Comunidad. Son estas personas débiles de la Comunidad las que pesan sobre mi mente”. Uno se enfrenta a pruebas, se presentan casos y existe oposición; esto ocurrió al Mesías Prometido (as) y también contra los miembros de su Comunidad. Así pues, en tales momentos, expresó que se preocupaba por ciertos individuos de corazón débil de la Comunidad (por algunos cuya fe es endeble). Luego dijo: “En cuanto a mí, mi condición es tal que, aun si llegara a oír una voz clara que me declarase que he sido rechazado y que ninguno de mis deseos será cumplido, incluso entonces, por Dios, no habría disminución alguna en mi amor a Dios ni en mi servicio a la fe. Aun entonces, no abandonaría a Al’lah; este amor no disminuiría, pues Le he visto. Mi confianza y certeza están en Dios Altísimo, y no habrá disminución en mi amor, suceda lo que suceda”.

De manera similar, Nawab Mubarakah Begum Sahibah relata una narración: “Lo más amado para el Mesías Prometido (as) era Dios Altísimo, un amor que recorría cada partícula de su cuerpo y su alma y que se manifestaba en todo momento en cada una de sus palabras y acciones. Le he oído, incluso fuera de los tiempos prescritos de la oración, invocar a su Señor Misericordioso con intensa angustia y anhelo (no solo en los momentos de las oraciones formales, sino también en circunstancias ordinarias, le oí invocarle en súplica con la misma angustia y fervor). Lo que decía era: ‘¡Mi amado Al’lah, mi amado Al’lah, mi amado Al’lah!’. Continuaba clamando de esta manera, como si aún pudiera oír esa voz; todavía resuena en mis oídos, y veo sus lágrimas fluir. Esta escena está ante mis ojos”.

Luego describe aquel momento y presenta un ejemplo como testigo presencial de su sentido del honor y de su celo protector por su Amado: el Dios Eterno y Siempre Viviente. Afirma que esa era la condición de sus oraciones, de la que ella misma había sido testigo, y también relata un incidente. Escribe: “El Mesías Prometido (as) estaba en su habitación, preparándose para salir a algún lugar. Yo estaba con él. La asistente de nuestra tía paterna, que más tarde también se convirtió en ahmadí y está enterrada en Bahishti Maqbarah [Cementerio Celestial], acudió a Hazrat Amman Jan y, considerándolo una obligación familiar por su parte, comenzó a expresarle sus condolencias por la muerte de nuestro tío, Mirza Imam-ud-Din. Ella estaba hablando en punjabi, y justo cuando pronunció las palabras ‘Era realmente un hombre muy bueno’, apareció el Mesías Prometido (as). Su bendita cara estaba enrojeciendo. Golpeando el suelo con su bastón, dijo: ‘¡Miserable! ¿Alabas al enemigo de mi Señor en mi casa? Mirza Imam-ud-Din Sahib se había alejado del islam y solía burlarse de Dios Altísimo’. Su sentido del honor no podía tolerar que, estando sentado en su propia casa, se hiciera tal mención”.

Nawab Mubarakah Begum Sahibah escribe: “Había tal majestuosidad y temor en su voz que la mujer huyó de allí inmediatamente”. Mirza Imam-ud-Din era ateo, por lo que ¿cómo podría el Mesías Prometido (as) tolerar que se prodigaran tales elogios a un ateo?

Siguiendo la práctica de su maestro, el Santo Profeta Muhammad (sa), el Mesías Prometido (as) pasó su infancia y juventud en el amor de Dios Altísimo.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib describe en un relato: “Un terrateniente sij relata una historia. Afirma que una vez transmitió una solicitud de empleo al Mesías Prometido (as) en nombre de nuestro abuelo. Dice que un oficial superior o propietario le preguntó a nuestro abuelo: ‘He oído que tienes un hijo menor, pero nunca lo hemos visto’. Sonriendo, el padre del Mesías Prometido (as) respondió: ‘Sí, efectivamente tengo un hijo menor, pero, al igual que una novia recién casada, rara vez se le ve. Si deseas verlo, ve a buscarlo a algún rincón de la mezquita. Es devoto de la mezquita’.”

Esta narración ha sido explicada con más detalle por Miraj Din Sahib Umar, quien escribe: “Ve a la mezquita y búscalo junto a los grifos de los aguadores” (ve y busca dónde está el lugar de ablución; el lugar donde está el tanque de agua y los grifos). Si no lo encuentras allí, no regreses decepcionado. Entra en la mezquita y busca en algún rincón. Si no lo encuentras allí, tampoco regreses decepcionado. Mira en las filas; puede que alguien lo haya envuelto y lo haya dejado allí de pie, porque está muerto para el mundo incluso en esta vida. Tal es su estado de estar completamente perdido en Dios que, si alguien lo envolviera y lo colocara en una fila, ni siquiera se movería, ni se daría cuenta”.

Mirza Bashir Ahmad Sahib relata otra versión. Escribe: “Halli Abdul Mayid Sahib Ludhianvi me contó que en una ocasión Su Santidad se encontraba en Ludhiana. Había un árbol de “nim” [lila india] en mi casa y, como era la temporada de lluvias, sus hojas tenían un verde muy agradable. Su Santidad me dijo: ‘Halli Sahib, mira las hojas de este árbol, qué hermosas son’. Halli Sahib dice que en ese momento observé que sus ojos se llenaron de lágrimas. Estaba recordando el Poder de Dios Altísimo y Su amor, y como resultado, en ese momento, se le llenaron los ojos de lágrimas.

Hazrat Musleh Maud, Jalifatul Masih II (ra), afirma: “Hubo una persona que más tarde se convirtió en un ahmadí muy sincero y entabló una estrecha relación con el Mesías Prometido (as). Sin embargo, antes de que esta persona aceptara el Ahmadiat, el Mesías Prometido (as) permaneció enfadado con él durante veinte años. La razón era que el Mesías Prometido (as) se sintió profundamente ofendido por una de sus declaraciones. Sucedió que uno de sus hijos falleció. El Mesías Prometido (as) fue a su casa, junto con su hermano, para darles el pésame y consolarlos. Era costumbre entre ellos que, cada vez que llegaba alguien con quien tenían una relación muy amistosa, lo abrazaban, lloraban, gritaban y chillaban. De acuerdo con esta costumbre, abrazaron al hermano mayor del Mesías Prometido (as) y, mientras se aferraban a él y lloraban, él dijo: “Dios ha cometido una gran injusticia contra mí”. Al oír esto, Hazrat Sahib sintió tal aversión que ni siquiera quiso ver el rostro del hombre. Más tarde, Dios Altísimo concedió a esa persona la capacidad de reformarse, y se salvó de esas costumbres ignorantes”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib también relata otra narración: “Munshi Zafar Ahmad Sahib, de Kapurthala, afirma que me comunicó por escrito que el Mesías Prometido (as) padecía migrañas y mareos. Había un médico famoso cuya experiencia en este campo era bien conocida, y él trataba esta enfermedad. Fue convocado desde un lugar lejano y se le envió el dinero para el viaje. Examinó a Su Santidad y dijo: ‘En dos días te aliviaré; te curaré’. Al oír esto, Su Santidad entró y escribió una nota a Hazrat Maulvi Nuruddin Sahib, en la que decía: ‘No deseo recibir tratamiento de esta persona bajo ninguna circunstancia. ¿Qué tipo de afirmación de divinidad está haciendo?’. Ordenó que le entregaran el billete de vuelta, junto con veinticinco rupias adicionales, y mandó decir desde dentro que se lo entregaran y que le despidieran. En consecuencia, así se hizo.

El Mesías Prometido (as) afirmó: “Dice: ‘Yo te curaré’. ¿Quién, aparte de Dios Altísimo, puede curar? El verdadero Sanador no es otro mismo que Dios Altísimo”.

De manera similar, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib relata otra narración de Munshi Zafar Ahmad Sahib de Kapurthala: “El difunto Chaudhry Rustam Ali Jan Sahib era inspector de ferrocarriles. Tenía un salario mensual de 150 rupias. Era una persona sumamente sincera y de gran prestigio dentro de la Comunidad. Conservaba para sí únicamente 20 rupias al mes y enviaba el resto de la totalidad de su salario a Hazrat Sahib. Esta era su práctica constante. Tenía solo un hijo. Cuando el niño enfermó, lo llevó a Qadian junto con su esposa. Se quedaron en la residencia del Mesías Prometido (as).

Un día, el Mesías Prometido (as) declaró que durante la noche había visto en una visión que alguien estaba insultando a su Dios, lo que le causó gran angustia. Al día siguiente de que el Mesías Prometido (as) mencionara esta visión, el hijo de Chaudhry Sahib falleció. Como era su único hijo, la madre del niño se sintió abrumada por un dolor extremo, y en ese estado, de sus labios salieron unas palabras que decían: ‘¡Oh Opresor! Me has tratado de una manera muy injusta’, dirigiéndose a Dios. Continuó pronunciando este tipo de expresiones y el Mesías Prometido (as) las escuchó.

Inmediatamente salió, visiblemente afligido y declaró con gran énfasis que la mujer debía abandonar su casa inmediatamente. La madre del Doctor Mir Muhammad Ismail Sahib, que era una mujer de gran sabiduría y comprensión, aconsejó a la esposa de Chaudhry Sahib y le explicó que el Mesías Prometido (as) estaba severamente disgustado. Ella se arrepintió, pidió perdón y afirmó que ya no lloraría más. La madre de Mir Sahib luego le comunicó al Mesías Prometido (as): ‘Perdónela pues se arrepiente y ha dejado de llorar’. El Mesías Prometido (as) respondió: ‘Bien, déjadla quedarse y organizad el entierro del niño’.”

Shaij Yaqub Ali Sahib Irfani, al registrar sus impresiones sobre la vida del Mesías Prometido (as), relata que el Mesías Prometido (as) declaró: “Cada vez que yo iba a Dilhousie (esta es una declaración del Mesías Prometido (as), es decir, Irfani Sahib está citando al Mesías Prometido [as]), al observar las verdes praderas de la montaña y los arroyos que fluían, un fervor involuntario de alabanza hacia Dios Altísimo surgía dentro de mí, y experimentaba un deleite especial en la adoración. También observaba que el lugar ofrecía una excelente oportunidad para la soledad”.

De manera similar, al describir este deleite espiritual y amor por Dios Altísimo, el Mesías Prometido (as) afirmó en otro lugar: “Un gran placer por el amor de Dios -alimentado por la dulzura de la unión- está colocado en aquellos corazones, donde aunque sus seres fueran  aplastados en el mortero de las aflicciones y estrujados bajo pruebas severas por amor a Al’lah, su propia esencia no mostraría nada más que cariño hacia Al’lah”. Es decir, tal es el amor implantado en los corazones de aquellos que aman a Dios Altísimo, que incluso si fueran molidos en un mortero, triturados en un molinillo o presionados bajo las más duras restricciones, nada surgiría de ellos excepto el amor divino.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) narra otro relato de Malik Maula Bajsh Sahib, que dice: “Cuando el fallecido Sahibzada Mirza Mubarak Ahmad Sahib estaba enfermo, la preocupación del Mesías Prometido (as), con respecto a su condición, era evidente. Cuando Sahibzada Sahib falleció, Sardar Fazl Haq Sahib, el Doctor Ibadul’lah Sahib y el propio narrador (es decir Maula Bajsh Sahib) vinieron a Qadian para ofrecer sus condolencias. Sin embargo, cuando el Mesías Prometido (as) vino a la mezquita, parecía tan alegre como siempre; de hecho, incluso más alegre”.

Cuando se mencionó el fallecimiento de Sahibzada Sahib, el Mesías Prometido (as) dijo: “Mubarak Ahmad ha fallecido. La palabra de mi Señor se ha cumplido. Él ya me había informado que este niño, o bien moriría prematuramente, o se volvería profundamente devoto de Dios. Así pues, Dios lo ha tomado consigo. ¿Qué importa si un solo Mubarak Ahmad -o incluso si nacen mil hijos- y todos mueren, siempre que mi Señor esté contento y Su palabra se cumpla? Mi felicidad reside sólo en esto”. Al presenciar estas circunstancias, los narradores afirman que, aunque habían acudido a expresar su dolor, ninguno de ellos encontró el coraje para pronunciar  una sola palabra de condolencia.

Hazrat Nawab Mubaraka Begum Sahibah (ra) escribe: “Su verdadero y sincero amor por el Ser Puro de Al’lah, el Exaltado, se manifestaba en todo momento. En una ocasión, lo vi suplicando y llorando, invocando a su Maestro y Amado con intensa angustia, repitiendo: ‘¡Mi amado Al’lah, mi amado Al’lah!’. Esto lo he presenciado con mis propios ojos. Era un verdadero amante del Santo Profeta (sa) y un devoto amante de su Altísimo Señor. La luz de ese amor era visible en su rostro, y la misma luz fluía de su lengua. De sus palabras brotaban manantiales de esa luz espiritual, pero los ciegos eran incapaces de percibirlas”.

Cuando el renombrado santo sufí de Ludhiana, Hazrat Munshi Ahmad Yan Sahib, se preparaba para partir hacia el Hall, el Mesías Prometido (as) le escribió una carta antes de su viaje, en la que decía: “Recuerde la humilde petición de este ser inferior e indigno, cuando por la Gracia de Dios vea la Casa de Dios. En ese lugar bendito y digno de alabanza, ofrezca esta oración de un humilde siervo de Dios, con estas mismas palabras y la mayor humildad. Levante las manos en oración con humildad y total devoción, y suplique: “¡Oh, el Más Misericordioso de todos los que muestran misericordia! Tu humilde siervo, humilde, indigno y lleno de faltas, Ghulam Ahmad, quien se encuentra en la parte del mundo llamada India, te suplica, ¡oh, Señor de la Misericordia! Muéstrate satisfecho conmigo; perdona mis pecados y transgresiones, pues Tú eres el Más Indulgente y Misericordioso. Permíteme realizar obras que Te agraden enormemente. Pon tanta distancia entre mi ser maligno y yo como la que hay entre Oriente y Occidente. ¡Que mi vida, mi muerte y cada facultad que poseo sean para Ti! Mantenme vivo en Tu amor, haz que muera en Tu amor y elévame entre quienes más Te aman y Te obedecen. ¡Oh, el Más Misericordioso de todos los que muestran misericordia! Cumple con Tu gracia la misión de propagación que me has confiado, y el servicio por el que has puesto celo en mi corazón. Haz que la verdad del islam se manifieste a través de este humilde ser, a todos los enemigos del islam. Y a quienes aún desconocen las bellezas de esta fe. Mantén a este humilde siervo, a mis amigos y a mis compañeros protegidos con Tu perdón y misericordia. Permanece con ellos y sé suficiente para ellos en los asuntos mundanos y espirituales. Permíteles alcanzar Tu complacencia. Derrama Tus bendiciones y Durud sobre Tu Mensajero, sus Compañeros y sus seguidores”.

He leído algunos extractos de esta oración; quizás se hayan omitido algunas partes. En cualquier caso, Hazrat Munshi Sahib, siguiendo las instrucciones del Mesías Prometido (as), ofreció esta oración en la Casa de Dios y en Arafat durante el Hall Akbar, junto con su grupo [de peregrinos]. Observamos cómo cada palabra de esta súplica está imbuida de amor divino, expresando una profunda devoción al Dios Único, y cómo el amor del Mesías Prometido (as) por Al’lah irradia de cada palabra que expresó.

El Mesías Prometido (as) afirma: “Afirmo que, si tuviera la certeza de que el amor a Dios Altísimo y la obediencia a Él fuesen castigados con la pena más severa, entonces juro por Dios que mi naturaleza ha sido diseñada para soportar esos sufrimientos y calamidades con deleite, ardor y amor apasionado. Aun con la certeza del tormento y el dolor grabada en mi corazón, consideraría que dar un solo paso fuera de la obediencia y la sumisión a Dios es más doloroso que mil -no, incontables- muertes y el conjunto de todos los sufrimientos y aflicciones”.

Continúa diciendo: “¡Qué desdichado es el hombre que, incluso ahora, ignora que existe un Dios que tiene poder sobre todas las cosas! Nuestro paraíso es nuestro Dios. Nuestra suprema felicidad descansa en Él, pues Lo hemos visto y hemos hallado en Él la máxima expresión de la belleza. Es un tesoro que merece ser adquirido aún a costa de nuestra vida. Una joya digna de ser comprada, aunque nuestra vida se extinguiera para obtenerla. ¡Oh, vosotros, los desposeídos! Apresuraos hacia este manantial, pues os saciará. Es la fuente de la vida que os salvará de la perdición. ¿Qué debo hacer? ¿Cómo puedo implantar esta buena nueva en los corazones? ¿Con qué clarín he de anunciar por las calles, que este es vuestro Dios? ¿Qué remedio he de aplicar para que los oídos de la gente se presten a mi voz? Si os hacéis de Dios, tened la seguridad de que Él será vuestro. Dormiréis y Él velará por vosotros. Estaréis desprevenidos y Dios vigilará al enemigo y desbaratará sus planes. Aún no conocéis los poderes divinos. Si los hubieses conocido, no amanecería un día en el que os sintierais afligidos por este mundo.

¿El que posee inmensas riquezas suele deplorar amargamente la pérdida de una sola moneda, hasta el extremo de desear la muerte? Mas si estuvierais al corriente de este incalculable tesoro, y supiérais que en cualquier momento de necesidad podéis recurrir a la ayuda divina, no sentiríais tanta avidez por los bienes de este mundo. Dios es un tesoro precioso. Percataos de Su valor pues es vuestro ayudante en todo momento. Sin Él, no sóis nada, y son vanos vuestros recursos y proyectos”.

Entonces, expresando su profundo amor por Dios con el mayor cariño, el Mesías Prometido (as) dijo: “Oh, Dios mío, mi Maestro, mi Amado Señor, mi Querido Maestro, mi Verdadero Amor, el mundo me llama incrédulo. ¿Pero acaso puedo encontrar a alguien más querido que Tú? Si existiera uno, quizás Te abandonaría por él. Sin embargo, veo que, cuando la gente se pierde en el mundo, cuando ni mis amigos ni mis enemigos conocen mi condición, eres Tú quien me despierta y me dice con amor y cariño: ‘No te aflijas, estoy contigo’. Entonces, ¡oh mi Señor! ¿Cómo es posible, que después de este favor Tuyo, te abandone? ¡Nunca, jamás!”

El Mesías Prometido (as) continúa diciendo: “Ni siquiera puedo contar las bendiciones que conozco. Te reconozco solo a Ti como mi Dios”. Dirigiéndose directamente a Dios Altísimo, continúa: “Por eso mi alma salta de alegría al oír Tu nombre, como un niño pequeño salta al ver a su madre. Sin embargo, la mayoría de la gente no me ha reconocido ni me ha aceptado”.

Este era el amor divino y la ardiente devoción que el Mesías Prometido (as) había desarrollado hacia Dios Altísimo al seguir los pasos de su Maestro, el Santo Profeta (sa). Fue este mismo amor a Dios el que inculcó en su Comunidad.

Dijo: “Estad siempre preparados para cada sacrificio. Cuando ofreces sacrificios por la causa de Dios, expresando vuestro amor por Él y cumpliendo con Su deber, Dios también os amará. Él os protegerá de todo enemigo, os escudará de todo dolor, y por cada acción que realicéis únicamente para Su complacencia, os concederá inmensas bendiciones, en este mundo y en el Más Allá”.

¡Que Dios nos permita convertirnos en Sus amados siervos: verdaderos amantes de Dios!

Como todos saben, ayer comenzó el nuevo año. La gente también está intercambiando saludos de año nuevo. Oremos para que este año traiga innumerables bendiciones para nosotros. ¡Que Dios Altísimo haga que las estratagemas de los enemigos y de los oponentes queden completamente arruinadas! Que Él conceda a la Comunidad éxito y aún más progreso que antes. Aquellos de nosotros que vivimos fuera [de Pakistán] y particularmente en países donde gozamos de libertad y podemos experimentar la alegre ocasión del año nuevo -la gente en Pakistán también está celebrando el año nuevo- en un momento así, debemos recordar en nuestras oraciones a nuestros hermanos que actualmente están encarcelados debido a su fe.

Mencioné recientemente el caso de Mubarak Sani Sahib, que ha sido condenado a cadena perpetua; hay otros que también están encarcelados. A pesar de las circunstancias que están atravesando, expresan su gratitud a Dios Todopoderoso al entrar en el nuevo año; no pronuncian palabras de queja. Con el objetivo de obtener el placer de Dios están encadenados con grilletes de hierro.

¡Que Al’lah genere rápidamente los medios para su liberación! ¡Que Dios Altísimo nos permita a nosotros y a aquellos que han sido encarcelados debido a su fe, y a todos aquellos que están sufriendo dificultades, desarrollar una comprensión incluso mayor del amor por Dios Altísimo! Debido a las dificultades en las que nos encontramos, que nuestro amor por Dios Altísimo continuamente aumente cada vez más en lugar de disminuir. Orad también por todos aquellos que sufren opresión. ¡Que Dios Altísimo conceda la libertad a todos aquellos que estén siendo oprimidos y les libere del yugo injusto y que establezca la paz en el mundo!

Después de la oración del viernes, dirigiré algunas oraciones fúnebres en ausencisa. Hoy hay tres funerales.

El primero es para la respetable Rehana Basmah Sahiba, mujer de Syed Ahmad Sahib Nasir, que falleció recientemente a la edad de noventa años.

[Árabe – “En verdad a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos”].

Por la gracia de Al’lah, ella era Musiah. Era la tataranieta del Mesías Prometido (as), nieta de Hazrat Mirza Sultan Ahmad Sahib (ra), hija de Hazrat Mirza Aziz Ahmad Sahib (ra) y nieta de Hazrat Mir Ishaq Sahib (ra).

Tras su matrimonio, se trasladó con su esposo a África Oriental, residiendo en Kenia, donde sirvió a la Comunidad bajo la organización de Lallna Ima’ilah en diversos niveles administrativos. Dos de sus hijos han consagrado su vida: Syed Tahir Ahmad, quien presta servicio como Nazir Isha‘at adicional en Sadr Anyuman Ahmadía, Rabwah; y Syed Muzafar Ahmad, quien sirve en el Departamento de Propiedades.

Su otro hijo -tiene tres hijos- es Anis Ahmad. Su hija, Sultana Sahiba, está casada con el Dr. Mirza Sultan Ahmad Sahib. Otra hija, Farhana, está casada con Mirza Kalim Ahmad Sahib y es nuera de Sahibzada Mirza Wasim Ahmad Sahib.

Su hijo Syed Tahir Ahmad escribe que tenía un profundo amor por el Sagrado Corán y lo recitaba con regularidad abundantemente. Su amor y devoción por el Jalifato eran profundos, un sentimiento compartido por todos sus hijos. Ella inculcó en ellos estos mismos valores.

Su hijo Anis Ahmad escribe que siempre participaba en las alegrías y tristezas de los demás y nos exhortaba especialmente a pagar el Chanda con regularidad, preguntando si ya lo habíamos hecho. También nos recordaba que debíamos realizar ayunos voluntarios.

Su hija Farhana Fauzia escribe: “Desde la infancia vi a mi madre ofrecer regularmente el Tahayyud. Era puntual en sus oraciones y nos exhortaba a nosotros, los hijos, a realizarlas a tiempo. Debido a que recitaba el Corán con tanta frecuencia, había memorizado muchos Suras largos. Nos decía: “Recitad el Corán en voz alta”. Gracias a su profundo estudio del Sagrado Corán, había desarrollado un dominio notable de él; si alguna vez cometíamos un error en la recitación, incluso desde lejos, nos corregía”.

Escribe: “Era extremadamente hospitalaria. En tiempos pasados, antes de las comodidades modernas, durante el invierno, cuando el agua caliente no estaba fácilmente disponible a través de un calentador, ella misma calentaba el agua temprano por la mañana para los huéspedes, para que pudieran realizar la ablución. Su esposo, Syed Ahmad Sahib -hijo de Hazrat Mir Muhammad Ismail Sahib (ra)- era amigo de Hazrat Jalifatul Masih IV (rh). Hazur (rh) a veces se hospedaba en su casa durante sus viajes, y él mismo relatab que ella siempre le preparaba agua caliente para la ablución por la mañana. Dijo que, en una ocasión, pensó en despertarse muy temprano para calentar él mismo el agua y no causarle molestias, pero cuando despertó, encontró que ella ya había dispuesto el agua caliente para él”.

Se enfrentó a dificultades financieras, pero gestionó su hogar con gran dignidad y disciplina.

Como he mencionado anteriormente, primero vivió en Kenia, pero siguiendo las instrucciones de Hazrat Jalifatul Masih III (ra), la familia regresó a Pakistán. Las condiciones allí no eran las mismas que antes, pero aun así vivió con alegría y mostró paciencia.

Su hermana, Atiqah Farzanah, escribe que poseía una profunda devoción hacia la Comunidad y no soportaba escuchar ni una sola palabra en su contra. Otra hermana, Durr-e-Shahwar Dardana, escribe que tenía la costumbre de despertarse para el Tahayyud sin necesidad de despertador. Dice: “Cuando me preocupaba el matrimonio de mis cinco hijas, mi hermana me decía que no me preocupara, que Al’lah lo arreglaría todo”. Y así fue. La describe como paciente, agradecida y llena de valor.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia!

La siguiente mención es a la respetada Iffat Halim Sahiba, antigua presidenta nacional de Lallna Ima’ilah Liberia. Era la esposa del Dr. Abdul Halim Sahib, consagrado de la Comunidad y responsable de la clínica de Monrovia, Liberia. Enfermó y se trasladó a Holanda para recibir tratamiento. Falleció el 21 de diciembre, a la edad de 59 años.

[Árabe – “En verdad a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos”].

Por la gracia de Dios Altísimo, era una Musia que ofreció un tercio de su riqueza. El Ahmadíat se estableció en su familia a través de su bisabuelo, el respetado Muhammad Ali Sahib, quien juró lealtad al Segundo Jalifa (ra).

En julio de 2004, se trasladó a Liberia con su marido. Pasó 21 años allí, durante los cuales ocupó el cargo de presidenta nacional de la Organización Auxiliar de Mujeres Ahmadíes en dos o tres ocasiones. Incluso en el momento de su fallecimiento, ocupaba el cargo de presidenta nacional de la Organización Auxiliar de Mujeres Ahmadíes.

Ofrecía con devoción la oración voluntaria antes del amanecer (Tahayyud), realizaba regularmente ayunos, recitaba constantemente el Sagrado Corán y estaba profundamente apegada al Jalifato, al que expresaba un profundo amor y lealtad. Cumplía con sus responsabilidades administrativas con gran sinceridad. Estaba a la vanguardia en ofrecer sacrificios económicos y daba limosna generosamente. Era conocida por su hospitalidad, calidez, excelente moral y una sincera pasión por servir a los que sufrían. Era una mujer verdaderamente virtuosa.

No sólo recitaba el Sagrado Corán con gran devoción, sino que también organizaba clases especiales para Lallna y enseñaba el Sagrado Corán a los niños, llegando incluso a organizar sus ceremonias “Amin”. La hospitalidad era una cualidad destacada en su carácter. Los invitados se quedaban en su casa no sólo un día o dos, sino, a menudo durante muchos días, y ella los atendía con todo el corazón. Durante el mes de Ramadán, solía preparar la comida antes del amanecer para el ayuno, y también la comida para terminar el ayuno para los necesitados. Todos los que la conocían mencionaban esta cualidad suya con gran afecto.

Una presidenta local de Lallna, Arifa Sahiba, dice que cumplía con la oración de forma ejemplar. Dice, siempre que tenía la oportunidad para visitarla en casa, observó que realizaba la oración con puntualidad, es decir que si la hora del rezo tenía lugar durante una sesión de trabajo, decía; “primero vamos a rezar; luego seguiremos con el trabajo”. Nunca tenía la costumbre de terminar primero el trabajo y rezar más tarde, más bien, el rezo siempre era prioridad ante cualquier trabajo.

De igual manera, Farruj Shabir Sahib, un misionero local, dice: “Si tuviera que describir la personalidad de Iffat Halim Sahiba en pocas palabras, bastaría decir que era el rostro verdadero del Ahmadíat”.

Asimismo, un misionero local de Liberia, Momukroma Sahib, dice: “Tuve varias oportunidades para conocer y hablar con ella, y cada vez sentía como estuviese hablando con una madre cuyo amor por sus hijos no tiene límite”. No tuvo hijos propios. Le sobreviven su marido y dos hijos adoptados. Una es la hija del hermano de su marido, a quien acogió y crio; ahora tiene catorce años y actualmente está estudiando. El otro es un niño de Liberia, Ahmad Masrur Sangba, a quien adoptó cuando era muy pequeño y crio como su hijo propio, educándolo también. Actualmente es un alumno en el sexto año de Yamia Ahmadía Internacional de Ghana.

¡Que Al’lah Exaltado acepte sus oraciones por estos hijos y que le conceda perdón y misericordia!

La tercera persona es el respetado Abdul Alim Al-Barbari Sahib de Egipto, que también falleció recientemente a la edad de 64.

[Árabe – “En verdad a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos”].

El difunto era un ahmadí piadoso, sincero y muy devoto. Por la gracia de Al’lah, su esposa e hija son ahmadíes. Su esposa escribe: “mi marido amaba a Dios Altísimo tan profundamente que parecía haber sido creado únicamente para recordarlo. Era un hombre de carácter excelente y nunca hablaba mal de nadie”. Dice: “En los 31 años que estuvimos casados, nunca me causó angustia ninguna; de hecho, fue un marido ejemplar y virtuoso”.

Ambos Abdul Alim Sahib y su hija aceptaron el Ahmadíat en 2008 después de ver MTA Al-Arabia. Su esposa escribe: “me opuse firmemente a esta decisión y le causé muchas dificultades, e incluso incluí a mi familia en la oposición. Aun así, tanto el padre como la hija permanecieron pacientes. Un día, después de rezar, oí a mi marido suplicando en voz alta, diciendo repetidamente sobre mí: ‘¡Oh Señor, guía a mi esposa o aléjala de mí!'”. Escribe: “esta oración me conmovió profundamente, sin embargo, no se lo mencioné. Seguí rezando, y después de un mes, por la gracia de Al’lah, encontré la satisfacción del corazón y la oportunidad de aceptar el Ahmadíat. Aquellos que dicen que no reciben guía deben saber que Dios Altísimo guía a aquellos que lo buscan con sinceridad.

Después de que Abdul Alim Sahib aceptara el Ahmadíat, sus hermanos se opusieron a él firmemente, pero permaneció perseverante en su fe. Sus hermanos incluso trajeron a un ulema bien conocido para intentar apartarle del Ahmadíat, pero el ulema fracasó. La esposa de Abdul Alim Sahib escribe: “mi marido, a su manera especial, le dio sola una respuesta: ‘la verdad del Mesías Prometido (as) es tan clara para mí y está tan firmemente arraigada en mi corazón que no puedo apartarme de mi fe, porque a través del Mesías Prometido (as) he obtenido el verdadero reconocimiento de Dios Altísimo, algo a lo que no puedo renunciar bajo ningún concepto.'” Esta es una manifestación de amor divino y de cómo el Mesías Prometido (as) lo inculcó en los corazones de la gente.

Continúa: “se esforzaba mucho en la adoración. A pesar de sufrir de una enfermedad severa durante once años, aguantó el sufrimiento con paciencia y felicidad teniendo presente el decreto divino. Solía decir, ‘quien ama encontrarse con Al’lah, Al’lah también ama encontrarse con él’. Incluso en sus últimos días, las palabras ‘Al’lah, Al’lah, no paraban de fluir de sus labios”.

El presidente de la Comunidad en Egipto dice: “siempre observé en él una expresión natural de amor por la Comunidad y por el Jalifa. Algunas personas intentaron meterle en problemas, pero permaneció firmemente fiel a su pacto de alianza. Cientos de no ahmadíes de su pueblo se reunieron para ofrecer su oración fúnebre. Su hijo no es ahmadí, pero aun así pidió antes de su fallecimiento que su oración fúnebre fuera dirigida por ahmadíes. En consecuencia, el presidente de la Comunidad dirigió la oración fúnebre en una mezquita no ahmadí, y los no ahmadíes participaron también. Como he mencionado, su hijo no es ahmadí, pero es de buen carácter y está investigando sobre la Comunidad.

¡Que Dios Altísimo conceda el perdón y la misericordia al difunto!

Tahir Nadim Sahib también ha escrito sobre él. Dice: “le conocí hace unos años en mi viaje a Egipto, y Abdul Alim Sahib me contó la historia de cómo su esposa había aceptado el Ahmadíat. Dijo que, a la vez que su propia fe en el Mesías Prometido (as) siempre fue firme, Dios Altísimo aceptó su plegaria a través la aceptación de su esposa, de ese modo fortaleciendo su fe aún más, porque era inconcebible que la esposa que se convirtió en su enemiga acérrima ahora le acompañara a cada reunión local de la Comunidad y participara felizmente en el trabajo de la Comunidad, incluso la limpieza, cocinar y todo el trabajo relacionado con Lallna”.

¡Que Dios Altísimo continúe aumentando la sinceridad y lealtad de sus hijos, de su esposa e hija, que conceda a su hijo la capacidad de aceptar al Ahmadíat y que otorgue el perdón y misericordia al difunto!

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