La vida del Santo Profeta (sa)
Sermón del viernes 05-12-2025
Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:
En el sermón anterior, se mencionó a Hazrat Kab bin Malik y algunos otros Compañeros que se quedaron rezagados en la Batalla de Tabuk y el posterior disgusto del Santo Profeta (sa). Hazrat Musleh Maud (ra) también mencionó este relato, y aconsejó a la Yamaat teniendo presente esta referencia.
Afirmó: “En el Hadiz se registra que tres creyentes no participaron en esta batalla. En los Hadices se ha registrado una larga narración de uno de ellos. Él (el Compañero) relata: “cuando fui a ver al Santo Profeta (sa) tras su regreso, pregunté a la gente si alguno de los otros que se quedaron rezagados también habían venido, qué excusas presentaron y cómo fueron tratados”. Dijeron que la gente vino y presentó excusas tan pronto como llegaron y dijeron: “¡Oh, Mensajero de Al’lah (sa)! Ore por nuestro perdón’. El Santo Profeta (sa) oró por ellos. Dice (Hazrat Kab) que yo también pensé en presentar una excusa y evitar una reprimenda. Sin embargo, me vino a la mente otra idea y pregunté a los Compañeros que quienes se habían presentado. Nombraron a algunos individuos, pero todos eran hipócritas. Sólo mencionaron a dos creyentes y dijeron que no presentaron ninguna excusa; al contrario, reconocieron su error. Ante esto me pregunté: “¿por qué debería unirme a los hipócritas? En lugar de presentar excusas, que no pueden considerarse excusas válidas, sería mejor decir claramente que cometí un error y que el Santo Profeta (sa) podía tratarme como quisiera. Cuando este pensamiento se asentó en mí, decidí confesar mi error y al hacerlo, Dios Altísimo me protegió de unirme a los hipócritas”.
“Fui y le dije claramente al Santo Profeta (sa) que debido a mi indolencia y negligencia no participé en la batalla; no había otra excusa válida. Ante esto, el Santo Profeta (sa) dijo que “hasta que Dios Altísimo revelase Su decreto en relación a tu persona, romperemos nuestros lazos contigo”. El nombre de este Compañero era Kab bin Malik. Dice: “Esta decisión nos causó una gran angustia ya que en Medina sólo vivían musulmanes; ni los mismos hipócritas nos dirigía la palabra”.
He mencionado todo este incidente muy brevemente porque ya he presentado los detalles en el sermón anterior. Hazrat Musleh Maud mencionó esto en un sermón y, como dije, también lo utilizó para dar consejos a la Yamaat. Hazrat Musleh Maud afirma: “He visto aquí (esto se refería a Qadian en 1936) que con respecto a aquellos a quienes se les dice que no se les debe dirigir la palabra (es decir, aquellos a quienes se les ha impuesto un castigo) van a las casas de los ahmadíes en sus barrios. Parece que los lugareños no se dan cuenta de esto. Algunos ahmadíes aquí están alimentando a serpientes, pero deben recordar que estas serpientes no pueden dañar a Dios, ni a Su Mensajero, ni al Jalifa. Sólo pueden dañar a quienes los alimentan. Por la gracia de Dios Altísimo, estamos a salvo, porque ¿quién puede dañar a aquel a quien Dios Altísimo toma bajo Su protección? Sólo lastimarán a aquellos a quienes sean capaces de dañar. Es lamentable que, aunque pueden ver, hagan la vista gorda ante el movimiento de estas serpientes”.
En aquellos tiempos surgieron ciertos conflictos debido a los cuales tuvo que dar tales instrucciones.
En resumen, continúa diciendo que en Medina ni siquiera los hipócritas les dirigían la palabra. Kab bin Malik (ra) narra: “Unos días después de esta instrucción, se supo que el Mensajero de Al’lah (sa) había dicho que incluso sus esposas e hijos debían separarse de ellos”. Entre los tres había un Compañero anciano. Su esposa fue a ver al Santo Profeta (sa) y le dijo: “¡Oh, Mensajero de Al’lah (sa)! Mi esposo ya está medio muerto. No come ni duerme. Debido a su avanzada edad, necesita constantemente ayuda. Desde hace algún tiempo no es capaz de mantener relaciones conyugales. Si me lo permite, puedo ayudarle con la comida y la bebida. El Santo Profeta (sa) respondió: “Está bien, puedes brindarle esta ayuda’“.
Hazrat Kab (ra) dice: “Esto me hizo pensar que quizás yo también debería solicitar un permiso similar. Pero luego pensé: él es un hombre mayor, mientras que yo soy joven. No sería apropiado para mí. Entonces le dije a mi mujer: ‘Vete a casa de tus padres, no sea que un día te llame y me contestes’. No pensé que nadie más me hablaría. Debido al amor y la compasión del Santo Profeta (sa), pensé que, al ver mi aflicción, tendría piedad de mí”.
Por esta razón, iba a su reunión y decía en voz alta “Assalamu alaikum” (la paz sea con Usted). Luego observaba si sus benditos labios se movían. Pero él (sa) no respondía. Me ponía ansioso, pensando que tal vez sus labios se habían movido, pero yo no lo había visto. Entonces abandonaba esa reunión, regresaba otra vez, y decía en voz alta: “Assalamu alaikum” y miraba sus labios. Luego me iba otra vez. Pero él (sa) no respondía, aunque de vez en cuando me miraba con el rabillo del ojo.
Continúa: “Cuando pasaron muchos días, fui a casa de mi primo, con quien siempre comía y vivía. Estaba trabajando en su huerto. Dije: ‘Hermano mío, eres mi confidente. Siempre hemos vivido juntos y no nos hemos ocultado nada. Sabes muy bien que soy un musulmán sincero y que no hay ni una fibra de hipocresía en mí. He venido hoy con gran ansiedad a preguntarte: dime, ¿soy un hipócrita?’. Él no respondió. Sólo levantó la mirada al cielo, lo cual significaba: “Al’lah y Su Mensajero saben más”.
Luego dice: “Cuando un hermano así, mi confidente más cercano, me dio esta respuesta, sentí como si la tierra se me hubiera estrechado. Entré en pánico, salté el muro del huerto y corrí frenéticamente hacia la ciudad. Cuando me acercaba a Medina, un hombre se me acercó y me preguntó: “¿Eres fulano?”. Dije que sí. Me entregó una carta y dijo: “Proviene de tal rey”, un gobernante árabe cristiano bajo el Imperio Romano. Abrí la carta. En ella esta escrito: ‘Sabemos que eres uno de los nobles entre los árabes, pero Muhammad (sa) te ha humillado, mientras que mereces ser honrado. Si vienes a nosotros, te trataremos según tu verdadero rango’”.
Kab bin Malik (ra) continúa: “Mi corazón ya estaba en un estado de angustia por la respuesta que mi hermano (es decir, por la respuesta que su primo le había dado cuando fue al huerto; estaba profundamente angustiado en aquel momento). Cuando leí esta carta, me invadió un estado de shock y pensé: ‘este es el último ataque de Satanás’. ¡No debería suceder que esto me haga tropezar! Así que le dije al mensajero: “Sígueme”. En un lugar, un hombre estaba encendiendo un horno. Rompí la carta en pedazos y la arrojé al fuego. Dije: ‘Dile a tu rey que ésta es mi respuesta’. Éstos fueron los momentos finales de su prueba. Finalmente, Dios Altísimo mostró misericordia y le reveló al Mensajero de Dios (sa) que su error había sido perdonado”.
En otro lugar, Hazrat Musleh Maud (ra) afirma:
“Observen qué gran lección puede extraerse del incidente de Kab bin Malik. Luchó junto al Santo Profeta (sa) en todas las batallas; incluso estuvo presente en la conquista de La Meca. Sin embargo, debido a su indolencia, se quedó rezagado en la batalla de Tabuk. El Santo Profeta (sa) le dio un castigo tan severo, que no le devolvía el saludo de paz. Prohibió a los musulmanes hablar con él. Tanto es así que incluso a su esposa le ordenó mantenerse separada de él. Fue durante este tiempo que el mensajero del rey Gasánida trajo una carta en la que estaba escrito: ‘Tu compañero no te ha mostrado el debido respeto, ven y quédate conmigo’. Kab dijo: ‘Este es el ataque final de Satanás’, y con esto, quemó la carta en el horno. Luego le ordenó al mensajero que transmitiera este mensaje a su rey”.
Hazrat Musleh Maud (ra) afirma además:
“Hay gentes hoy día (hablando de la situación de la Yamaat en aquel momento)
que, si se les pregunta sobre algún asunto, responden diciendo: ‘No se ha mostrado ninguna consideración por nuestros servicios y no se nos ha tratado debidamente’. Hay que recordar que el sistema administrativo de la Yamaat es un asunto y los servicios que uno presta son un asunto aparte. Para mantener el sistema de la Yamaat, la persona que comete un error debe ser interrogada, independientemente de quién sea. Por tanto, según el mandato de Dios, esforzaos en el camino de la fe de tal manera que Satanás huya. Pero no lo hagáis para recibir elogios, ni para libraros de las consecuencias de nuestros errores. Además, no os jactéis de vuestros favores ante Dios Altísimo, ni empléis reproches o agravios. “Servir al islam por todos los medios”. No se deben recordar los favores concedidos por ellos; éste debe ser el espíritu con el que uno debe servir y buscar alcanzar el agrado de Dios”. Este fue un extracto de los primeros sermones de su Jalifato; el primero fue de 1936.
El viaje de la Batalla de Tabuk resultó ser un viaje tan lleno de sabiduría y bendito que el temor de los musulmanes se estableció en toda la región de Arabia, y en poco tiempo la bandera del islam comenzó a ondear en toda Arabia.
En relación a esto, Hazrat Musleh Maud (ra) declaró:
“Tras el regreso de Tabuk, el pueblo de Ta’if también acudió y aceptó su autoridad” (aunque estaban decididos a luchar, luego aceptaron su gobierno). Posteriormente, varias tribus se presentaron, una tras otra, y solicitaron permiso para vivir bajo el gobierno islámico; en poco tiempo la bandera islámica comenzó a ondear sobre toda Arabia.
Tras el regreso, también hubo una campaña, conocida como la expedición de Hazrat Jalid bin Walid (ra), que se dirigió hacia Nallran, a los Banu ‘Abd al-Madan, que pertenecían a los Banu Hariz bin Kab. Abd al-Madan, a quien se atribuye la tribu, era el antepasado de los Banu Hariz, y su nombre era ‘Amr bin Yazid. Según la narración de Ibn Sa‘d, esta expedición tuvo lugar en Rabi al-Awwal en el año 10 d. H., mientras que según Ibn Hisham, esta expedición tuvo lugar en Rabi al-Ajir o Yumada al-Ula del año 10 d. H.
En el libro “La Vida y el Carácter del Sello de los Profetas (sa)”, Hazrat Mirza Bashir Ahmad (ra) ha señalado que la expedición de Jalid bin Walid (ra) hacia Nallran tuvo lugar en Rabi‘ al-Awwal del año 10 de la Hégira.
No obstante, los detalles son los siguientes: el Santo Profeta (sa) instruyó a Hazrat Jalid (ra) a que invitara al islam tres veces antes de combatir, es decir, a las personas hacia las cuales fue enviada la expedición. Si aceptaban, mejor; si no, había que combatirlos. Es decir, si intentaban luchar contra él, incluso entonces, debía invitarles tres veces a las enseñanzas del islam. Si después de eso seguían deseando luchar, se les declaraba la guerra. Así lo hizo Hazrat Jalid, y todos ellos se convirtieron al islam. Por lo tanto, Hazrat Jalid permaneció entre ellos (lo que significa que solo les predicó y no se produjo ninguna guerra) y ellos se convirtieron al islam. Hazrat Jalid se quedó entre ellos y comenzó a enseñarles sobre el islam, el Libro de Dios y la Sunnah del Santo Profeta (sa), tal y como le había ordenado el Santo Profeta (sa).
Después de esto, Hazrat Jalid envió una carta al Santo Profeta (sa). En la carta escribió: “Al Mensajero de Dios (sa), de parte de Jalid bin Walid. ¡Que la paz y las bendiciones de Dios sean sobre Usted, oh Mensajero de Al’lah! Alabo a Dios, fuera del cual no hay otra deidad. Después de esto: ¡Oh, Mensajero de Dios! Que Dios le bendiga. Me envió a los Banu Hariz y me ordenó que los invitara al islam durante tres días. Si aceptaban el islam, debía permanecer entre ellos y enseñarles los mandamientos del islam, el Sagrado Corán y la Sunnah del Profeta (sa). Si no aceptaban el islam, ento¡nces debía declararles la guerra (algunos asuntos no se detallan, y en otros lugares se encuentran ciertas cuestiones e informes, pero la enseñanza del islam no es que el islam deba imponerse a nadie. El significado era que si no firmaban un tratado, o si seguían intentando luchar, se les daba permiso para luchar contra ellos). Fui a verlos y, siguiendo sus instrucciones, los invité al islam durante tres días, y les envié jinetes diciendo”: ‘’¡Oh, Banu Hariz! Aceptad el islam y estaréis a salvo’. De esta forma, el pueblo aceptó el islam y se abstuvo de la guerra (les predicó y ellos aceptaron el islam). De esta frase también se desprende claramente que se abstuvieron de entrar en guerra: si los adversarios no iniciaban la guerra, ellos tampoco lo hacían. Estas personas no habían ido a hacer la guerra; habían ido a predicar, y eso fue lo que hicieron. Luego escribe: “Ahora resido entre ellos y les hablo de los mandamientos y prohibiciones de la religión”. Cualquier orden que posteriormente emane de Usted, actuaré de acuerdo con ella. ¡Que la paz, la misericordia y las bendiciones [de Dios] sean con Usted, ¡oh Mensajero de Al-lah (sa)!”.
El Santo Profeta (sa) respondió a esta carta de Hazrat Jalid (ra) diciendo: “En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. De Muhammad, el Mensajero de Dios (sa), a Jalid bin Walid. La paz sea contigo. Alabo a Dios, fuera del cual no hay otra deidad. Después de esto: su carta nos llegó junto con su mensajero, y he llegado a saber que los Banu Hariz han aceptado el islam, y que, antes de que tuviera lugar cualquier combate, dieron testimonio de que “no hay dios sino Al’lah, y Muhammad es el Mensajero de Al’lah”, y esta es la guía de Dios que Él les otorgó. Así pues, dadles la buena nueva de la recompensa de Dios y hacedles temer el castigo de Dios. Llévate a algunos de sus hombres contigo y ven a vernos. ¡Que la paz y las bendiciones de Al’lah sean contigo!
Al escuchar esta instrucción, Hazrat Jalid, junto con algunos miembros de la tribu Banu Hariz, se presentó ante el Santo Profeta (sa). Los nombres de las personas que trajo consigo son los siguientes: Qais bin Husain, Yazid bin Abdil Madan, Yazid bin Muayyal, Abdul’lah bin Qarad, Shidad bin Abdul’lah, Amr bin Abdul’lah. Cuando estas personas se presentaron ante el Santo Profeta (sa), preguntó: “¿Quiénes son estas personas? ¿Parece que son de la tierra de al-Hind?”. Se le dijo al Santo Profeta (sa): “¡Oh, Mensajero de Dios! Estas personas pertenecen a la tribu de Banu Hariz”. Entonces estas personas se dirigieron al Profeta (sa) diciendo: “Damos testimonio de que eres el Mensajero de Dios y de que no hay nadie digno de adoración excepto Dios”. El Mensajero de Dios (sa) respondió: “Yo también doy testimonio de que no hay nadie digno de adoración excepto Dios, y que, en verdad, yo soy Su Mensajero”. El Mensajero de Dios (sa) les preguntó entonces: “¿Sois vosotros aquellos que haceis huir a vuestros enemigos cuando entráis en combate con ellos?”. Permanecieron en silencio. Ninguno de ellos dijo nada. El Mensajero de Dios (sa) les preguntó por segunda vez, pero volvieron a permanecer en silencio. Ninguno de ellos respondió. Les preguntó por tercera vez, y ellos no respondieron. Finalmente, les preguntó por cuarta vez: ¿sois vosotros aquellos que solían hacer huir a sus enemigos? (que significa que se creían muy poderosos). Finalmente, Yazid bin Abdil Madan dio un paso al frente y respondió: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! Nosotros somos precisamente esa gente; cuando nos enfrentamos al enemigo en batalla, lo ahuyentamos”. Repitió cuatro veces que, efectivamente, eran valientes y tenían experiencia en la guerra, y esto es lo que hemos mencionado. El Mensajero de Dios (sa) respondió: “Si Jalid no me hubiera escrito diciendo que todos vosotros habíais aceptado el islam, habría ordenado que os decapitaran a todos”. Yazid respondió: “No estamos en deuda con Usted ni con Jalid” (acababa de convertirse al islam y por eso respondió de esa manera)”. El Santo Profeta (sa) les preguntó: “Entonces, ¿a quién están agradecidos?”. Él respondió: “¡Oh, Mensajero de Dios! Estamos agradecidos a Dios, que nos ha guiado a través de Usted “. Dio una respuesta excelente. El Santo Profeta (sa) respondió: “Has dicho la verdad”. El Santo Profeta dijo entonces: “Dime, ¿qué medios utilizábais para derrotar a vuestro enemigo en la batalla durante la era de la ignorancia?”. Respondieron: “solíamos luchar como un frente unido. Sabíamos que si luchábamos unidos, saldríamos victoriosos y nadie podría vencernos. Cuando llegó el islam y unió a todas las tribus, los miembros de nuestra tribu comprendieron que esta unidad era demasiado fuerte como para competir con ella y que no solo era mejor no enfrentarse a ellos en batalla, sino que debíamos aceptar el islam porque era la verdadera religión”. El Santo Profeta (sa) nombró a Hazrat Qais bin Husain líder de la tribu Banu Hariz. Y sea al final de Shawwal o al comienzo de Zul-Qa‘dah, se despidió de estas personas.
Cuatro meses después de que estas personas regresaran con sus tribus, el Mensajero de Dios falleció. La última expedición en la que participó el Santo Profeta (sa) fue la de Tabuk, mientras que la última expedición que él envió fue la de Hazrat Usama.
Los detalles de esta expedición ya se han mencionado en los relatos de Hazrat Usama y Hazrat Abu Bakr, pero hablaré ahora brevemente de algunos aspectos del contexto de la batalla.
Hay una narración en Sahih Al-Bujari de Hazrat Anas bin Malik, donde se menciona que el Santo Profeta (sa) informó a la gente de la muerte de Hazrat Zaid, Hazrat Yafar y Hazrat Abdul’lah bin Rawaha antes de que la noticia de su fallecimiento llegara al pueblo. Explicó que Zaid había cogido la bandera (hubo una expedición que tuvo lugar antes de la expedición de Usama). Explicó que Zaid tomó la bandera, pero fue martirizado. Entonces Yafar tomó la bandera y él también fue martirizado. A continuación, Ibn Rawahah tomó la bandera y también fue martirizado. Los ojos del Santo Profeta se llenaron de lágrimas mientras describía este relato. Y continuó: Finalmente, una espada de entre las espadas de Dios, Hazrat Jalid bin Walid, tomó la bandera, hasta que Dios Altísimo le concedió la victoria sobre el enemigo.
Al regresar de la Peregrinación de Despedida, cuando el Santo Profeta (sa) llegó a Medina, ya no quedaba ninguna amenaza para el pueblo de Medina procedente del sur. Sin embargo, el peligro que representaban los bizantinos en el norte persistía. Los cristianos se enorgullecían enormemente de su fuerza, por lo que un ataque por su parte podía producirse en cualquier momento. Además, no se había exigido castigo por los mártires de la batalla de Mu’tah. En esa batalla, fue gracias a la habilidad de Hazrat Jalid bin Walid que el ejército musulmán logró regresar a Medina triunfante.
No habían pasado muchos días desde el regreso del Santo Profeta (sa) del Hall cuando, unos días más tarde, ordenó que se enviara un ejército bajo el mando de Hazrat Usamah bin Zaid para lanzar un ataque contra Siria. Los preparativos para el ejército de Usamah se completaron el sábado, dos días antes del fallecimiento del Santo Profeta (sa), y habían comenzado antes del inicio de su enfermedad. Hacia el final de Safar, el Santo Profeta (sa) había ordenado que se hicieran preparativos para luchar contra los bizantinos. Llamó a Hazrat Usamah y le dijo: “Ve hacia el lugar donde tu padre fue martirizado”. Hazrat Zaid fue martirizado en ese mismo lugar en una batalla anterior. El Santo Profeta (sa) dijo: “Vayan allí y pisotéenlos -es decir, al enemigo- con sus caballos. Te he designado como comandante de este ejército”.
En otra narración se registra que el Santo Profeta (sa) dijo: “Pisotea Balqa y Darum con los caballos”. Balqa es una región en la tierra de Siria situada entre Damasco y Wadi al-Qura. Darum es un lugar en Palestina después de Gaza en la ruta a Egipto. Mientras ordenaba la partida hacia Siria, dijo: “Entonces, al amanecer, lanzad un ataque contra el pueblo de Abna’“. Abna es el nombre de un lugar en Siria hacia Balqa. Dijo además: “Viajad con rapidez para que podáis llegar hasta ellos antes de que les llegue la noticia de vuestro avance. Así pues, si Dios os concede la victoria, no prolongéis vuestra estancia allí, llevad con vosotros guías para el camino y enviad informadores y exploradores delante de vosotros”.
El Santo Profeta (sa) ató una bandera para Hazrat Usamah con sus propias manos. Luego dijo: “En el nombre de Al’lah, realizad la Yihad en Su camino y luchad contra quien niega a Al’lah. No cometais traición. No matéis mujeres ni niños y no deseéis la confrontación con el enemigo”. Esta cláusula también señala el peligro que representa el enemigo: si el enemigo ataca, entonces uno debe luchar, pero no debe desear la confrontación. Dijo: “Seguramente no lo sabéis; quizá seáis probados por esto. Pero debéis decir: “¡Oh, Dios! Sé suficiente con nosotros contra ellos como quieras y aparta esta guerra de nosotros”. Así también enseñó esta oración: que la guerra no es necesaria, si se puede evitar, entonces evitadla.
Continuó: “Si se confrontan con vosotros, se produce una batalla y se reúnen armando un clamor, incluso entonces la dignidad y el silencio os incumben. Entonces luchad con serenidad y dignidad, y no os peleéis entre vosotros, de lo contrario os volveréis cobardes y vuestro temor y vuestro prestigio se desvanecerán. Uníos y decid: “¡Oh Dios, nosotros somos Tus siervos y ellos también son Tus siervos! Nuestras guedejas y sus guedejas están en Tu mano, y sólo Tú puedes ser suficiente contra ellas. Sabed que el Paraíso se encuentra bajo la sombra de las espadas”.
Hazrat Usamah partió llevando el estandarte atado por la mano del Santo Profeta (sa) y se lo confió a Hazrat Buraydah bin Husayb. Reunió al ejército en Yurf. Yurf es un lugar a tres millas al norte de Medina. De entre los honorables Muhayirin y Ansar no quedó ni una sola persona que no fuera llamada para esta expedición. Entre ellos estaban Hazrat Abu Bakr, Hazrat Umar, Hazrat Abu Ubaidah bin al-Yarrah, Hazrat Sad bin Abi Waqqas, Hazrat Said bin Zaid, Hazrat Qatadah bin Numan y Hazrat Salamah bin Aslam: todos ellos fueron puestos bajo Hazrat Usamah. Algunos comenzaron a decir: “este joven ha sido nombrado comandante de los más eminentes Muhayirin. Entre ellos hay grandes y Compañeros mayores! ¿Cómo puede un muchacho joven ser designado como su líder?”. Cuando estos comentarios llegaron al Santo Profeta (sa), se sintió muy disgustado. En ese momento, su bendita cabeza estaba envuelta en un paño y se había cubierto con un manto. Subió al púlpito, alabó y glorificó a Al’lah y dijo:
“¡Oh pueblo! Me han llegado las palabras que algunos de vosotros habéis pronunciado respecto al nombramiento de Usamah como comandante. Si os oponéis a que yo designe a Usamah como líder, entonces debéis saber que ya os opusísteis antes cuando designé a su padre como líder. Por Dios, él era plenamente merecedor del liderazgo, y después de él, su hijo también lo es. Fue uno de mis seres más queridos y, en verdad, tanto el padre como el hijo son de un carácter tan noble que sólo se puede pensar en bondad respecto de ellos. Por lo tanto, pensad bien de este hombre (es decir, Usamah), pues él es uno de los mejores entre vosotros”.
Los musulmanes que debían partir con Hazrat Usamah fueron a despedirse del Santo Profeta (sa) y luego procedieron a unirse al ejército en Yurf. Mientras tanto, la enfermedad del Santo Profeta (sa) se intensificó, pero él continuó animándoles diciendo: “¡Envíen el ejército de Usamah! Que marchen adelante sin demora”.
El domingo, la dolencia del Santo Profeta (sa) se hizo más severa. Cuando Hazrat Usamah regresó del campamento, el Santo Profeta (sa) estaba inconsciente. Regresó porque se enteró de su estado crítico.
Ese día, la gente le había dado al Santo Profeta (sa) algunas medicinas. Hazrat Usamah se inclinó y lo besó. El Santo Profeta (sa) no podía hablar, pero levantó ambas manos hacia el cielo y luego las colocó sobre la cabeza de Usamah. Hazrat Usamah dice: “Entendí que estaba orando por mí”.
Luego Hazrat Usamah regresó a su ejército. El lunes, fue nuevamente donde el Santo Profeta (sa) y encontró que se había recuperado un poco. El Santo Profeta (sa) le dijo: “Ve con las bendiciones de Dios Altísimo”.
Así, Hazrat Usamah se despidió del Santo Profeta (sa) y fue hacia su ejército, ordenándoles que se prepararan para la partida. Pero antes de que pudieran partir, llegó un mensajero de su madre -Hazrat Umm Aiman, la madre de Usamah- trayendo noticias: “Parece que el Santo Profeta (sa) está en sus últimos momentos”. Al oír esto, Hazrat Usamah regresó inmediatamente al Santo Profeta (sa), acompañado por Hazrat Umar y Hazrat Abu Ubaidah. El Santo Profeta (sa) estaba cercano a la muerte en ese momento. Poco después de esto, falleció.
Al fallecer, el ejército musulmán regresó de Yurf a Medina. Hazrat Buraidah bin Husaib trajo de vuelta el estandarte de Hazrat Usamah y lo fijó en la puerta del Santo Profeta (sa).
Según una narración, cuando el ejército de Hazrat Usamah llegó a Zu Jushab, el Santo Profeta (sa) falleció. Zu Jushab es un valle que se encuentra a una noche de viaje de Medina, en la ruta hacia Siria. En cualquier caso, el ejército regresó.
Después del fallecimiento del Santo Profeta (sa) y el juramento de lealtad a Hazrat Abu Bakr, Hazrat Abu Bakr ordenó a Hazrat Buraidah bin Husaib que llevara el estandarte a la casa de Usamah y le ordenara que procediera con su misión. Hazrat Buraidah llevó la bandera al lugar donde el ejército había acampado primero. El ejército estaba formado por tres mil hombres, entre los que, según un informe, había una unidad de caballería de mil. Otra narración afirma que Hazrat Usamah bin Zaid fue enviado a Siria con setecientos hombres.
Se relata que el segundo día después del fallecimiento del Santo Profeta (sa), Hazrat Abu Bakr hizo un anuncio público: “La expedición de Usamah se completará según lo planeado. Nadie del ejército de Usama quedará rezagado en Medina. Todos ellos deben unirse al ejército en Yurf “.
Hazrat Musleh Maud (ra) ha descrito la situación de la siguiente manera:
“Cuando el Santo Profeta (sa) falleció, toda Arabia cayó en la apostasía. Incluso hombres valientes como Hazrat Umar y Hazrat Ali se desanimaron momentáneamente al ver esta gran agitación. Poco antes de su muerte, el Santo Profeta (sa) había preparado un ejército para marchar hacia los territorios bizantinos y había designado a Hazrat Usamah como su comandante. Sin embargo, el ejército aún no había partido cuando el Santo Profeta (sa) falleció.
A su muerte, cuando Arabia se rebeló, los Compañeros pensaron: ‘Si, durante un tiempo de revuelta como éste, el ejército de Usama es enviado hacia las fronteras bizantinas, entonces solo hombres ancianos, mujeres y niños permanecerán en Medina y no quedarán medios para la defensa de la ciudad’. Por lo tanto, propusieron que una delegación de los Compañeros de avanzada edad fuera a ver a Hazrat Abu Bakr y le pidieran que retrasara el envío del ejército hasta que amainara la rebelión.
En consecuencia, Hazrat Umar y otros Compañeros destacados fueron a verle y le presentaron su solicitud de retrasar el envío del ejército hasta que la rebelión amainara. Cuando Hazrat Abu Bakr escuchó esto, respondió con gran indignación: “¿Acaso deseáis que después de la muerte del Mensajero de Al’lah (sa), el primer acto del hijo de Abu Quhafah sea detener el ejército que el mismo Santo Profeta (sa) había ordenado enviar? ¡Por Al’lah!, incluso si el enemigo invadiera Medina y los perros arrastraran los cuerpos de las mujeres musulmanas por las calles, ¡yo no detendría a este ejército que el Santo Profeta (sa) había ordenado que saliera! Fue esta fe y coraje lo que Al’lah infundió en Hazrat Abu Bakr a través de Su Palabra:
[Árabe]:
“ Muhammad es el Mensajero de Al’lah. Y los que están con él son duros con los incrédulos”. Así como cuando una corriente pasa a través de un cable común y normal, este se carga con una fuerza inmensa, de igual manera, a través de su apego al Santo Profeta Muhammad (sa), sus seguidores se convirtieron en encarnaciones de:
[Árabe]:
“Duros contra los incrédulos”.
El Mesías Prometido (as) también describió el envío del ejército de Usamah en su bendito libro Sirrul Jilafah:
“Ibn Azir escribe en sus crónicas: ‘Cuando la noticia del fallecimiento del Mensajero de Al’lah (sa) llegó a La Meca, su gobernador, ‘Itab ibn Usaid, se ocultó y La Meca se estremeció hasta sus cimientos y parecía inminente que su gente renunciaría al islam. También registra que el pueblo y la élite de cada tribu de Arabia apostataron. La hipocresía salió a la luz y judíos y cristianos comenzaron a buscar oportunidades favorables (en otras palabras, observaron que los musulmanes estaban debilitados y ahora podían ser atacados). Los musulmanes eran como ovejas en una noche lluviosa debido a la pérdida de su Profeta (sa), su pequeño número y la multitud de sus enemigos (estaban como ovejas empapadas bajo la lluvia e inmovilizadas). Fue en ese momento que la gente le dijo a Hazrat Abu Bakr: ‘Esta gente solo considera al ejército de Usamah como ejército musulmán y, como puede ver, los árabes se han rebelado contra Usted. Por lo tanto, no es prudente separar a estos soldados de la comunidad musulmana’. Ante esto, Hazrat Abu Bakr dijo: ‘Por Aquel que tiene mi alma en Sus Manos, incluso si estuviera convencido de que animales salvajes y depredadores me engullirían, aun así enviaría al ejército de Usamah de acuerdo con lo que ordenó el Mensajero de Al’lah. Nunca iré en contra de una decisión tomada por el Mensajero de Al’lah (sa)'”.
En resumen, Hazrat Abu Bakr cumplió y llevó a cabo la orden del Santo Profeta (sa) exactamente como fue dada. Instruyó que todos los Compañeros que habían sido asignados por el Santo Profeta (sa) para el ejército de Usamah debían reincorporarse inmediatamente diciendo: “Ninguna persona a quien el Mensajero de Al’lah (sa) haya incluido en el ejército de Usamah se quedará atrás. No le daré permiso a nadie para que se quede atrás. Aunque tenga que ir a pie, debe unirse al ejército”. Ni una sola persona se quedó atrás; todos se unieron al ejército.
En cualquier caso, respecto al envío de este ejército por parte de Hazrat Abu Bakr (ra), está escrito que cuando, según la orden de Hazrat Abu Bakr (ra), el ejército de Usamah (ra) se reunió en Yurf, Hazrat Abu Bakr (ra) mismo fue allí, inspeccionó el ejército y dispuso sus filas.
Respecto a esto, también se menciona que Hazrat Abu Bakr (ra) le dijo a Hazrat Usamah (ra): “Si lo consideras apropiado, deja a Hazrat Umar (ra) atrás para que me ayude en mi trabajo”, ya que Hazrat Umar (ra) también estaba incluido en ese ejército. Hazrat Usamah (ra) estuvo de acuerdo. Después de este incidente, siempre que Hazrat Umar (ra) se encontraba con Hazrat Usamah (ra), incluso después de ser elegido Jalifa, este se dirigía a Usamah (ra) diciendo:
[árabe]:
“¡Oh, líder, la paz sea contigo!”. En respuesta, Usamah (ra) decía:
[árabe]:
“Que Al’lah te conceda el perdón”.
Hazrat Abu Bakr (ra) instruyó a Hazrat Usamah (ra): “Debes llevar a cabo plenamente todo lo que el Santo Profeta (sa) te ordenó. No muestres negligencia alguna en el cumplimiento de las órdenes del Santo Profeta (sa)”.
Los detalles de la batalla ya se han mencionado anteriormente, así que los dejaré de lado. Tal como dijo el Santo Profeta (sa), este ejército regresó victorioso. El enemigo murió o fue hecho prisionero. Ni una sola vida musulmana se perdió en la batalla. Según las narraciones, este ejército regresó a Medina después de permanecer afuera entre 40 y 70 días.
El amor de Hazrat Abu Bakr (ra) por el Santo Profeta (sa) era tal que dijo respecto a la bandera de Usamah (ra) la cual el Santo Profeta (sa) había atado con sus propias manos: “¿cómo es posible que el hijo de Abu Quhafah deshiciera el nudo de esa bandera que el mismo Santo Profeta (sa) ató con sus propias manos?”. En consecuencia, cuando el ejército de Usamah (ra) regresó, el nudo de esa bandera no se desató, y desde entonces permaneció en la casa de Hazrat Usamah (ra) hasta su fallecimiento. ¡Oh Al’lah, bendice a Muhammad (sa) y a su pueblo!
Con esto concluye la serie sobre batallas y expediciones. Veré si presentaré otros aspectos de la vida del Santo Profeta (sa) en el futuro, si Dios quiere.
En este momento, también deseo mencionar a dos miembros fallecidos y dirigiré sus oraciones fúnebres después, si Dios quiere.
El primero es el respetado Azizur Rahman Jalid Sahib, misionero de la Yamaat, quien falleció recientemente en Estados Unidos a la edad de 79 años.
[Árabe – “Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos”.]
El abuelo materno del difunto era Hazrat Mian Rang Ali Sahib (ra), compañero del Mesías Prometido (as). Respecto a su ingreso en la Yamaat, Azizur Rahman Jalid Sahib relata que cuando cursaba séptimo grado, un día, durante la asamblea en la escuela secundaria Talim-ul-Islam, Hazrat Maulana Qazi Muhammad Nazir Sahib acudió y dio una conferencia sobre la necesidad y la importancia de la consagración. Esta conferencia tuvo un profundo impacto en muchos estudiantes. Al finalizar la conferencia, el fallecido sintió un fuerte deseo de consagrar su vida. Fue directamente a Yamia y, tras una breve entrevista, fue admitido en 1960. Obtuvo el título de Shahid en Yamia en 1969. Tardó nueve años en completar Yamia, ya que sufrió un accidente de tren que le causó lesiones graves, lo que le impidió cursar estudios durante dos años. A pesar de esto, no se rindió y su vida se salvó. Solía decir que fue gracias a las oraciones de Hazrat Jalifatul Masih III (rh) que se salvó su vida.
Tras convertirse en misionero, sirvió en el extranjero en Sierra Leona, Nigeria, Ghana, Tanzania y Zanzíbar. En Pakistán, sirvió como misionero en varios lugares. A su regreso, continuó sirviendo en Tehrik-e-Yadid, en Wakalat-e-Ishaat, Rabwah.
Su nieto, Hamza Obaidul’lah, también misionero y graduado de Yamia, cuenta que Azizur Rahman Sahib solía relatarle que habían épocas en África en las que hervía arroz, le echaba sal y lo comía; no había curry ni otros alimentos disponibles. A veces, ni siquiera comida tan sencilla era disponible, ni siquiera arroz hervido, tenían que pasar hambre durante varios días. Estos eran los tipos de sacrificios que hacían los primeros misioneros, y que los misioneros de hoy deberían tener presente.
Su hijo, Anisur Rahman Anas, dice que nunca permitio que se desperdiciara la comida. Incluso en el Yalsa, muchas veces, en lugar de que le sirvieran la comida en un plato, simplemente comía los trozos de pan que sobraban de las mesas. Decía: “Si el Mesías Prometido (as) pudo comer estos pedazos de pan, ¿por qué nosotros no?”. Desde su juventud, era devoto del Tahayyud. Era amable, sociable, compasivo, piadoso, trabajador y leal. Tenía un profundo vínculo de amor con el Jalifato. El difunto era también Musi. Estuvo conmigo en Ghana mientras estuve allí. Trabajó con gran lealtad, esfuerzo y sencillez. Sirvió desinteresadamente.
Le sobreviven dos hijos y tres hijas, y numerosos nietos. ¡Que Dios Altísimo conceda al difunto perdón y misericordia, y eleve su posición!
La segunda mención es la del respetado Edi Humaidi Sahib de Indonesia. El 22 de noviembre, tras completar la Umrah, enfermó repentinamente y, debido a ello, falleció en Medina a la edad de 77 años.
[Árabe – “Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos”.]
El Ahmadíat entró en su familia en la década de 1930, cuando su tío materno, Muhammad Rauf Sahib, juró lealtad a través de Hazrat Maulana Rahmat Ali Sahib (ra). Posteriormente, su abuelo materno y su madre también aceptaron el Ahmadíat. Su yerno, Basuki Ahmad Sahib, es misionero. Dice que día y noche él tenía una pasión por propagar el mensaje, y que siempre anhelaba dar su vida en el camino de la propagación. Dice que, siempre que lo encontraba, la propagación del mensaje era su tema de conversación predilecto, y su método de predicación era fuente de inspiración para muchos misioneros.
Sus hijas también escriben que iba a la mezquita antes de la llamada a la oración y dedicaba tiempo en recordar a Dios. Recitaba el Sagrado Corán a diario, estudiando la traducción y el comentario. Marcaba los versículos importantes para la predicación. Nunca abandonó la oración de Tahayyud. Incluso a los 76 años, viajaba en motocicleta para predicar. Solía decirles a sus hijos: “No os quedéis cortos en el sacrificio financiero; este es el derecho de Dios. En la mayor medida posible, ofreced el máximo sacrificio posible. Y cuidado, nunca uséis ni un solo céntimo de los fondos de la Yamaat, tendréis que rendir cuentas”.
El líder del grupo que lo acompañó durante la Umrah escribe que durante toda la peregrinación repetía: “cuando regrese de aquí, predicaré y les contaré a las personas que los miembros de la Comunidad Ahmadía realizan el culto del Hall en La Meca”. Cuando el médico lo vio después de que enfermara y falleciera, dijo: “Dios Altísimo ha aceptado sus buenas obras, ya que se le ha concedido el honor de ser enterrado en el Yanat-ul-Baqi”. Falleció allí y fue enterrado allí en el Yanat-ul-Baqi. En Pakistán, a los ahmadíes no se les permite enterrar a sus difuntos en sus propios cementerios. Si la tumba de otro musulmán está cerca, dicen: “no os acerquéis”. Pero Dios Altísimo le concedió la oportunidad de ser enterrado en Yanat-ul-Baqi. Ahora que esa gente intente excavar su tumba desde allí. Nunca tendrían el coraje de hacerlo. Estos clérigos pronto encontrarán su fin, si Dios quiere.
El Secretario de Tabligh en Indonesia, Ghanawun Wardi Sahib, afirma que fue un predicador exitoso y extremadamente apasionado, que hizo del lema “no dejes pasar un solo día sin predicar” el principio de su vida. Tenía una vieja motocicleta con la que viajaba a pueblos lejanos. También iba a zonas donde había oposición a la Yamaat y, como resultado de su prédica, atrajo a cientos de personas al seno del Ahmadíat. Dice que tenía un vínculo muy fuerte con el Jalifato, lleno de amor y afecto. Por la gracia de Dios, era un Musi. Le sobreviven cuatro hijas y diez nietos. Como se mencionó, uno de sus yernos también es misionero. ¡Que Dios Altísimo conceda al difunto perdón y misericordia, y eleve su posición!
