Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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Jalifas guiados – Hazrat Abu Bakr (ra)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

SERMÓN DEL VIERNES, 11 DE FEBRERO DE 2022.

Pronunciado en la Mezquita Mubarak de Islamabad (Tilford, Surrey), Reino Unido.

Después de recitar el Tashahud, el Taawwuz y el Sura Al-Fatiha,

Hazrat Jalifatul Masih V (aba) habló lo siguiente:

En los relatos históricos se menciona un sueño de Hazrat Abu Bakr (ra) acerca de la Conquista de La Meca y está escrito que Hazrat Abu Bakr (ra) se lo contó al Santo Profeta (sa) de esta manera:

“¡Oh Mensajero de Dios (sa)! Te he visto en mi sueño y que habíamos llegado cerca de La Meca. Entonces, una perra vino ladrando hacia nosotros y cuando nos acercamos a ella, se tumbó sobre su espalda y empezó a brotar leche de ella”.

Al escuchar esto, el Profeta (sa) proclamó:

“Su maldad ha llegado a su fin y pronto recibiremos buenos frutos. Buscarán refugio en ti en nombre de vuestros lazos familiares y pronto te reunirás con algunos de ellos”.

Esta fue la interpretación de Muhammad (sa), quien afirmó además:

“Así pues, si encuentras a Abu Sufian no lo mates”. 

Después de esto, los musulmanes encontraron a Abu Sufian y a Hakim bin Hizam en Marr Al-Zahran.

Sobre este tema, Ibn Uqbah relata:

“Cuando Abu Sufian y Hakim bin Hizam estaban regresando a La Meca, Hazrat Abbas (ra) se dirigió al Santo Profeta (sa) diciendo: ‘¡Oh Mensajero de Al’lah (sa)! Tengo dudas acerca de la conversión al Islam de Abu Sufian’.” (En este sentido, la manera en la que Abu Sufian aceptó mostrar obediencia al Santo Profeta (sa) y cómo aceptó el Islam ya se ha mencionado en detalle con anterioridad). “Y añadió: ‘Debéis llamarlo de vuelta para que pueda entender bien el Islam y ver al Profeta (sa) con su ejército’.”

En otro relato de Ibn Abi Shaiba se dice:

“Cuando Abu Sufian estaba a punto de volver, Hazrat Abu Bakr (ra) dijo al Mensajero de Dios (sa): ‘¡Oh Muhammad (sa)! En el camino podemos detener a Abu Sufian si así lo ordenas’.”

En otra narración, Ibn Ishaaq escribe:

“Cuando Abu Sufian estaba regresando, el Mensajero de Al’lah (sa) dijo a Hazrat Abbas (ra): ‘Detenle (a Abu Sufian) en el valle de Ghati’. Así pues, Hazrat Abbas (ra) lo detuvo allí y Abu Sufian exclamó: ‘¡Oh hijos de Hashim! ¿Me habéis engañado?’. Entonces, Hazrat Abbas  (sa) contestó: ‘¡Nosotros no engañamos a la gente!’.”

Según otro relato afirmó:

“Ciertamente nosotros no engañamos a nadie, pero debes esperar aquí hasta mañana para ver las tropas de Al’lah y lo que Dios ha preparado para los incrédulos”.

Así pues, Hazrat Abbas (ra) esperó con Abu Sufian en este lugar hasta el amanecer.

En el libro “Subul al-Huda wa al-Rashad” está escrito que cuando el ejército musulmán estaba pasando frente a Abu Sufian, los integrandes del contingente del Santo Profeta (sa), formado por sus Compañeros (ra), tanto “Muhayirin” (o emigrandes de La Meca a Medina), como “Ansar” (o residentes de Medina mayores de 40 años), iban vestidos de verde y portaban sus banderas y estandartes. En particular, cada tribu de los “Ansar” tenía su propio estandarte y todos estaban revestidos con cotas de malla metálicas, hasta el punto de que solo se podían ver sus ojos. En dicho contexto, de vez en cuando se escuchaba a Hazrat Umar (ra) proclamando en voz muy alta: “Avanzad despacio para que la primera división del ejército se mantenga unida a la última”.

También se dice que este contingente tenía mil soldados armados que llevaban cotas de malla. El Profeta (sa) había dado su bandera a Hazrat Sad bin Ubadah (ra) y él lideraba el ejército. Luego, cuando Hazrat Sad (ra) llegó hasta Abu Sufian le dijo en voz alta: “Hoy es un día de derramamiento de sangre. Hoy, lo que estaba prohibido está permitido. Hoy es el día  que los qureish será humillados”. Presto, Abu Sufian replicó a Hazrat Abbas (ra): “¡Oh Abbas, hoy la responsabilidad de mi seguridad está en tus manos!”. Después pasaron otras tribus y también lo hizo el Mensajero de Dios (sa), que iba montado sobre su camello llamado “Qaswah” y hablando con Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Usaid bin Hudair (ra), que estaban situados a cada uno de sus lados. Entonces, Hazrat Abbas (ra) dijo a Abu Sufian: “Este es el Mensajero de Al’lah (sa)”.

Por su parte, Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) relata:

“Cuando el Santo Profeta (sa) entró en La Meca durante la conquista de la misma, vio que las mujeres estaban golpeando las caras de los caballos con sus velos, para hacerlos retroceder. Al ver eso, Muhammad (sa) se volvió hacia Abu Bakr (ra) y le preguntó: “¡Oh Abu Bakr, ¿qué dijo Hassan bin Zabit (ra)?”. Así pues, Hazrat Abu Bakr (ra) recitó el siguiente poema:

‘Que pierda a mi querida hija si no llegas a ser testigo

de un ejército que esparce el polvo por doquier,

en el lugar prometido al que pertenece el Monte Kada.

Sujetan las riendas de sus veloces caballos

y las mujeres los golpean con sus velos’.”

Al escuchar esto, el Santo Profeta (sa) afirmó:

“Vamos a entrar en esta ciudad por donde Hassan indicó, es decir, el lugar de Kada”; que era otro nombre del Monte Arafat y que es un camino montañoso que desciende desde el exterior hacia el interior de La Meca. Así, durante la conquista de la misma, el Mensajero de Dios (sa) entró en La Meca por ese camino.

Más tarde, cuando el Profeta (ra) anunció la amnistía general al haber conquistado la ciudad, Hazrat Abu Bakr (ra) le comunicó al Mensajero de Al’lah (sa):

“¡Oh Muhammad (sa)! Abu Sufian desea que se le honre”. Al oír esto, el Santo Profeta (sa) anunció: “Aquellos que busquen refugio en la casa de Abu Sufian recibirán protección”.

Una vez conquistada La Meca, el Mensajero de Dios (sa) dio órdenes en relación al ídolo Hubal a fin de que fuese destruido y tras llevar a cabo su destrucción, el Profeta (sa) se puso de pie junto a él. Al ver esto, Hazrat Zubair bin al Awwam (ra) dijo a Abu Sufian: “¡Oh Abu Sufiian, Hubal ha sido destruido a pesar de que en el día de Uhud proclamaste con mucha arrogancia que os había recompensado a todos!”. A lo que Abu Sufian contestó: “¡Oh hijo de Awwam! No hables de ello, porque ahora me doy cuenta de que, si hubiera existido otro dios aparte del Dios de Muhammad (sa), seguramente no habría sucedido lo que está pasando hoy”. A continuación, el Mensajero de Al’lah (sa) se sentó en un rincón de la Kaaba y la gente se reunió a su alrededor; y respecto a esto, Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el día de la Conquista de La Meca, el Santo Profeta (sa) se sentó y Hazrat Abu Bakr (ra) estaba junto a él con su espada desenvainada para protegerlo.

En relación a la “Batalla de Hunain”, se dice que también fue conocida como la “Batalla de Hawazain” o la “Batalla de Autas”. Pues bien, Hunain es un valle a treinta millas de La Meca, situado entre esta y Taif, y esta batalla tuvo lugar en el año 8 después de la Hégira, en el mes de Shawwal, tras la conquista de La Meca. En este contexto, se narra que cuando Dios permitió a Muhammad (sa) conquistar dicha ciudad, los jefes de las tribus Banu Zaqif y Hawazain se reunieron, pues temían que el Mensajero de Al’lah (sa) les atacara (eran aliados de La Meca). Entonces, Malik bin Auf juntó algunas tribus árabes, como a los Hawazain, Banu Zaqif, Banu Nasr, Banu Yashm y Sad bin Bakr y algunas personas de Banu Hilal se unieron a ellos, y finalmente todos se encontraron en Autas (un valle cerca de Hunain).

Al mismo tiempo, Malik bin Auf envió a sus espías para que obtuvieran información sobre el Profeta (sa) y cuando el Mensajero de Dios (sa) se enteró de que habían formado una alianza, envió a uno de sus Compañeros, Hazrat Abdul’lah ibn Abi Aslami (ra), para recabar información sobre ellos. Más tarde, el Santo Profeta (sa) decidió salir con su ejército hacia Hawazin y para dicha batalla tomó prestadas algunas armas de su primo Naufal bin Hariz (ra) y además de Safwan bin Umayyah (ra).

El Mensajero de Al’lah (sa) partió entonces con un ejército de doce mil efectivos para enfrentarse a los Banu Hawazin. Así, llegó al valle de Hunain por la mañana y se adentró en el mismo. Por su parte, el ejército de los idólatras ya estaba allí, escondido, y atacaron a los musulmanes de repente. En ese momento, lanzaron tantas flechas que los creyentes retrocedieron y se dispersaron conforme huían. Debido a esto, solo permanecieron unos pocos Compañeros (ra) con Muhammad (sa), entre quienes estaba Hazrat Abu Bakr (ra).

Abu Ishaaq narra que una persona vino a Bara y exclamó:

“Todos vosotros huísteis el Día de Hunain”, pero él respondió: “Doy testimonio de que el Profeta Muhammad (sa) no huyó”. Sin embargo, algunos que fueron impacientes y otros que no tenían armas se marcharon hacia la tribu de los Banu Hawazin, quienes eran muy  hábiles en el tiro con arco, por lo que lanzaron tantas flechas que parecía como si el aire tuviera una plaga de saltamontes. Por eso los musulmanes abandonaron sus puestos. Aunque, a pesar de esta situación, de entre los “Muhayirin” (emigrantes), Hazrat Abu Bakr (ra) y Umar (ra), permanecieron con el Mensajero de Al’lah (sa). Al mismo tiempo, de entre los familiares del Profeta Muhammad (sa), se menciona a Hazrat Ali (ra), Hazrat Abbas bin Abdul Muttalib (ra) y Abu Safwan bin Hariz (ra), así como a sus hijos Hazrat Fazal bin Abbas (ra), Rabiyya bin Haris (ra) y Osama bin Zaid (ra) entre las personas que se quedaron con él.

En este sentido, Hazrat Abu Qatada (ra) narra:

“Durante la ‘Batalla de Hunain’, vi una persona entre los musulmanes que luchaba con un idólatra, mientras otro que trataba de atacar desde atrás sin ser visto para asesinarle, por lo que rápidamente avancé hacia quien se dirigía discretamente hacia el musulmán. Al verme, levantó la mano para atacarme, pero se la agarré mano y la corté. Luego me agarró la mano y me apretó tanto que no podía moverla. No obstante, cuando al final me soltó y se debilitó, lo empujé y lo maté. En el otro lado, los musulmanes fueron derrotados y huyeron, y yo también iba con ellos”. 

Y cuenta además:

“Las personas empezaron a regresar y reunirse con el Santo Profeta Muhammad (sa), quien  afirmó: ‘A la persona que pueda demostrar que ha matado a un enemigo, se le entregará parte los bienes de la persona abatida’. Ante esto, yo me levanté para buscar algún testigo que me hubiera visto matar al enemigo, pero no encontré a nadie que testificara a mi favor. Así que me volví a sentar. Más tarde, le volví a dar vueltas al asunto y relaté al Profeta (sa) el incidente con ese enemigo. En ese instante, una persona que estaba sentada cerca del Santo Profeta (sa) proclamó: ‘Las armas de la persona a quien mataste están conmigo’. Aparte, dicho individuo, con quién estaban las armas, le aconsejó al Mensajero de Dios (sa) que se debía dar a la esa persona algo a cambio; o sea, que le dejara esas cosas para él y que al otro se le diera otra cosa”. 

Entretanto, Hazrat Abu Bakr (ra) estaba sentado allí y respondió:

“De ninguna manera podemos dejar que eso ocurra, pues no puede ser que Mensajero de Al’lah (sa) otorgue bienes a un cobarde de los qureish y se olvide de un león de entre los leones de Dios, que luchó por Al’lah y Su Profeta (sa)”. Finalmente, Hazrat Abu Qatada (ra) relata: “Entonces, Muhammad (sa) se levantó y me entregó esas armas, que luego las usé para comprar una huerto de palmeras datileras, y esta fue la primera propiedad que adquirí como patrimonio tras aceptar el Islam”.

Por su parte, Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“Analizando la historia durante la ‘Batalla de Hunain’, los incrédulos de entre los mequíes se unieron al ejército de los musulmanes diciendo: ‘Hoy demostraremos el alcance de nuestra valentía’; aunque luego huyeron del campo de batalla ante el ataque de los Banu Zaqif. Por lo tanto, llegó un momento en el que solo quedaron doce Compañeros (ra) junto al Profeta (sa) y el ejército musulmán, compuesto de unos diez mil hombres, se dispersó. 

Por otro lado, el ejército de los incrédulos, con unos tres mil arqueros que se escondían a ambos lados de las montañas del valle y que así estaban colocados a derecha e izquierda del Mensajero de Dios (sa), lanzaba flechas hacia ellos. Sin embargo, a pesar de todo eso, el Santo Profeta (sa) no quería retirarse, sino continuar el combate. Entretanto, Hazrat Abu Bakr (ra) se asustó, tomó las riendas la montura del Mensajero de Al’lah (sa) y exclamó: ‘¡Oh Profeta de Dios (sa)! ¡Que mi padre y mi madre sean sacrificados por ti! Este no es el momento de avanzar. Cuando el ejército de los musulmanes se reunifique de nuevo, los atacaremos’. Ante esto, Muhammad (sa) dijo con gran pasión: ‘Suelta las riendas de mi montura’ y empujó con sus talones para que el animal avanzara, recitando el siguiente pareado: 

‘Soy el Profeta Prometido,

a quién se le ha dado la salvaguarda y protección eternas.

No soy falso.

Por tanto, no me importa que sean tres mil o treinta mil soldados.

¡Oh  idólatras! No penséis que soy dios al ver esta valentía mía;

soy un ser humano y el hijo (o sea, el nieto) de vuestro jefe Abdul Muttalib’.

El tío del Santo Profeta (sa), Hazrat Abbas (ra), que tenía una voz muy fuerte, y el Mensajero de Dios (sa) le dijo: ‘Adelante Abbas y proclama en voz alta: ¡Oh Compañeros del Sura Al-Baqarah!’, (es decir, los que habían memorizado el Surah Baqarah). ‘¡O los que jurásteis lealtad bajo el árbol el día de Hudaibiya! ¡El Mensajero de Al’lah (sa) os llama!’. Al escuchar eso, un Compañero (ra) comentó que: ‘Debido a la cobardía de los nuevos musulmanes de La Meca, cuando la vanguardia del ejército musulmán se retiraba, nuestros jinetes también se retiraron, y cuanto más intentamos que nuestras monturas se dieran la vuelta, más corrían en dirección opuesta, hasta que la voz de Hazrat Abbas (ra) se hizo eco en todo el valle y campo de batalla: 

‘¡Oh Compañeros de Sura Al-Baqarah!’, (o sea, los que habían memorizado el Sura Al-Baqarah). ‘¡Oh los que juraron lealtad bajo el árbol el Día de Hudaibiya! ¡El Santo Profeta (sa) os llama!’. Por consiguiente, cuando escuché esta voz, me parecía como si ya no estuviera vivo sino muerto y la trompeta del ángel Israfil estuviera sonando en el aire. Tiré con mucha fuerza de las riendas de mi camello hasta que su cabeza tocó la espalda, aunque el animal estaba tan asustado que, tan pronto como solté las riendas, corrió de nuevo en dirección opuesta. Al ver esto, yo y muchos otros Compañeros (ra) sacamos nuestras  espadas. Algunos se las arreglaron para desmontar de los camellos, pero muchos otros tuvieron que cortar sus cuellos. A continuación, empezaron a correr hacia el Profeta (sa). Más tarde, el ejército de diez mil Compañeros (ra), que corría de forma impotente hacia La Meca, se reunió de nuevo alrededor del Muhammad (sa). Poco tiempo después, dicho ejército subió a las montañas y derrotó a los enemigos. Al final, lo que parecía una derrota peligrosa se convirtió a la postre en una victoria importantísima”.

Acerca de la “Batalla de Taif”, está escrito que Taif es una ciudad bien conocida, situada  aproximadamente a noventa kilómetros al este de La Meca, y es un enclave montañoso de la zona llamada “Hiyaz”. En ese lugar había en abundancia uvas y otras frutas, y era donde vivían los Banu Zaqif. Pues bien, lo que quedó del ejército derrotado de los Banu Zaqif y los Hawazin corrieron hacia Taif con su jefe, Malik bin Auf Al-Nasri y buscaron refugio en su fortaleza.

Por su parte y tras terminar la “Batalla de Hunain”, el Mensajero de Dios (sa) juntó y distribuyó el botín de guerra en un sitio llamado “Yiranah”, cosa que ocurrió en el mismo mes de Shawwal del octavo año después de la Hégira, y se marchó para Taif. “Yiranah” era el nombre de un pozo de camino entre La Meca y Taif, a unos veintisiete kilómetros de La Meca.

Entretanto, hay varios relatos sobre cuántos días el Mensajero de Al’lah (sa) asedió Taif. De acuerdo a ciertas narraciones, el sitiado duró poco más de diez noches; aunque otras dicen que se prolongó por más de veinte noches. Incluso según otro relato, el Santo Profeta (sa) sitió a la gente de Taif más de treinta días. Y en este contexto, Ibn e Hisham también afirma: “Se dice que Muhammad (sa) asedió Taif durante diecisiete noches”. Por su parte, Hazrat Anas bin Malik (ra) afirma en una narración que aparece en “Sahih Muslim”, que “ellos  asediaron Taif durante cuarenta noches”.

 

Durante el bloqueo a los Banu Zaqif en Taif, el Profeta (sa) contó a Hazrat Abu Bakr (ra):

“¡Oh Abu Bakr (ra)! He visto en un sueño que me presentaron un cuenco de mantequilla, aunque un gallo lo picoteó y como consecuencia todo su contenido se cayó al suelo”.

Al escuchar esto, Hazrat Abu Bakr (ra) dijo:

“¡Oh Mensajero de Dios (sa)! No creo que hoy obtengas el resultado deseado con respecto a ellos”; y el Profeta (sa) dijo: “Yo tampoco preveo que suceda”.

Tras un rato, Hazrat Umar (ra) preguntó:

“Entonces, ¿anuncio que debemos salir?” y el Profeta (sa) respondió: “Sí, hazlo”. Por lo tanto, Hazrat Umar (ra) anunció que debían salir.

La “Batalla de Tabuk” tuvo lugar en el mes de Rayab, en el noveno año después de la Hégira. En relación a la misma, está registrado que Tabuk se ubicaba junto a la ruta principal de Medina hacia Siria y que utilizaban comúnmente las caravanas comerciales. Es una ciudad entre el valle de Al-Qura y Siria, y además era conocida como la ciudad de “Ashab-ul-aika” (los habitantes del bosque o la selva). Por cierto, allí fue enviado el profeta Hazrat Shuaib (as).

Pues bien, Hazrat Abu Bakr (ra) se encontraba junto con el Mensajero de Al’lah (sa) en la Batalla de Tabuk y durante la misma el Santo Profeta (sa) le entregó a Hazrat Abu Bakr (ra) una bandera grande; y fue a raíz de esta batalla que Hazrat Abu Bakr (ra) presentó a Muhammad (sa) toda su riqueza, la cual tenía un valor de unos cuatro mil dirhams.

Cuando el Profeta (sa) ordenó a los Compañeros (ra) que se prepararan para dicha contienda, envió un mensaje a La Meca y a sus las tribus cercanas para que ellos también se le unieran. Al mismo tiempo, el Mensajero de Dios (sa) instruyó a los más adinerados a gastar en el camino de Al’lah y proporcionar sus animales de montar; es decir, les dio una orden. Por cierto, esta fue la última batalla en la que el Profeta (sa) participó. En esa ocasión, la primera persona que ofreció su riqueza fue Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra), quien trajo todas las pertenencias de su casa, que tenían un valor de cuatro mil dirhams. Al ver esto, el Santo Profeta (sa) le preguntó: “¿Has dejado algo en casa para tu familia?”. A lo que él proclamó: “He dejado a Dios y a Su Mensajero para mi familia”.

Por su parte, Hazrat Umar bin Jattab (ra) trajo la mitad de la riqueza de su casa y el Mensajero de Al’lah (sa) le preguntó que si había dejado algo para su casa, a lo que él contestó: “He dejado la mitad de mi riqueza”. En esa ocasión, Hazrat Abdur Rehman bin Auf (ra) también presentó cien “auqiah”, cuyo valor equivalía aproximadamente a unos cuatro mil dirhams. Más tarde, el Mensajero de Dios (sa) exclamó: “Uzman bin Affan (ra) y Abdur Rahman bin Auf (ra) son parte de la riqueza de Al’lah en la tierra y están entre quienes gastan para obtener el agrado de Dios, y han contribuido con mucha riqueza”.

En ese mismo contexto, muchas mujeres presentaron sus joyas y Hazrat Asim bin Adi (ra) presentó setenta “wasak” de dátiles, que era aproximadamente unos doscientos sesenta y dos “maunds”, (un ‘maund’ es aproximadamente cuarenta kilos, así que en total fue poco más de una tonelada, o quizá una tonelada y media).

Por otro lado, Zaid bin Aslam relata de su padre que escuchó a Umar bin Jattab (ra) decir:

“El Profeta (sa) nos encomendó dar en caridad y en ese momento yo tenía alguna riqueza. Entonces pensé: ‘Hoy superaré a Abu Bakr (ra). Si hay un día en el que podré superarlo ese día es hoy’. Para ello, traje la mitad de toda mi riqueza y el Santo Profeta (sa) me preguntó: ‘¿Qué has dejado para tu familia?’; y yo le respondí: ‘La misma cantidad que he traído, he dejado también para mi familia’. No obstante, por su parte, Hazrat Abu Bakr (ra) trajo todo lo que tenía”. [O sea, Hazrat Umar (ra) explica que luego vino Hazrat Abu Bakr (ra) y trajo todo lo que tenía en casa]. “Entonces Muhammad (sa) preguntó: ‘¡Oh Abu Bakr! ¿Qué has dejado para tu familia?’. Él replicó: ‘He dejado a Al’lah y a Su Profeta Muhamad (sa) con ellos’.” Al ver esto, Hazrat Umar (ra) dijo: “¡Por Al’lah, nunca podré superarle en nada!”.

Sobre este tema, el Mesías Prometido (as) declara:

“¡Qué decir sobre cómo gastaban de sus riquezas! Hubo una época en la que la gente sacrificaba sus vidas por la causa de la religión de Dios, como si fueran cabras y ovejas. Hazrat Abu Bakr (ra) entregó más de una vez toda su riqueza y propiedades, hasta el punto de que ni tan siquiera dejó incluso una sola aguja en su casa. Asimismo, Hazrat Umar (ra) presto gastó de acuerdo a su capacidad y Hazrat Uzman (ra) también lo hizo de acuerdo a su  nivel y situación. De forma similar y de acuerdo a sus respectivas situaciones y rangos, todos los Compañeros (ra) estuvieron listos para sacrificar sus vidas y riquezas para la causa de la religión de Al’lah”.

El Mesías Prometido (as) dice además acerca de los que hacen el “Baiat” o juramento de alianza:

“Hay algunos que, a pesar de hacer el ‘Baiat’ y afirmar que darán preferencia a la religión  sobre los asuntos mundanales, cuando llega el momento de ayudar y ofrecer su apoyo financiero, agarran sus carteras con manos firmes. ¿Puede acaso alguien con tanto amor por el mundo aceptar la llamada de la religión? ¿Acaso estas personas pueden ser de algún beneficio? ¡Nunca, jamás, en absoluto! Puesto que Dios Altísimo afirma: ‘Hasta que no gastéis de lo que más amáis, nunca podréis alcanzar la piedad’.”

Por otra parte, Hazrat Abdul’lah bin Masud (ra) relata así un incidente en el que el Mensajero (sa) y Hazrat Abu Bakr (ra) enterraron a un Compañero (ra) que había fallecido:

“Yo estaba con Muhammad (sa) en la ‘Batalla de Tabuk’ y una vez me levanté a mitad de la noche y vi la luz de una hoguera que estaba encendida a un lado del ejército. Así pues, caminé hacia ella para ver lo que era y vi que estaban allí el Profeta (sa), Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Umar (ra). Entretanto, me di cuenta de que fue Hazrat Abdul’lah Zu Al-Biyadain Mazani (ra) quien había fallecido y ellos ya habían cavado su tumba. El Santo Profeta (sa) estaba de pie dentro de la misma, mientras que Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Umar (ra) estaban bajando el cadáver hacia él, y Mensajero de Al’lah (sa) les decía: ‘Bajad y acercad a vuestro hermano hacia mí’. Seguidamente, los dos bajaron el cadáver de Hazrat Abdul’lah Zu Al-Biyadain Mazani (ra) hacia el Mensajero de Dios (sa) y al colocarlo en la tumba, el Profeta (sa) oró lo siguiente: ‘¡Oh Al’lah! Desde la mañana hasta la tarde, hoy he pasado el día complacido con él y pido que Tú estés complacido con él también’.”

Al final, Hazrat Abdul’lah bin Masud (ra) relata:

“En  ese momento anhelé que el que habían puesto en la tumba hubiese sido yo”.

La historia cuenta que Hazrat Abdul’lah Zu Al-Biyadain (ra) pertenecía a la tribu de los Banu Muzaina y se menciona acerca de él que cuando falleció su padre aún era niño y no recibió nada de herencia. Su tío (por parte de su padre) era adinerado y fue este mismo tío quien lo cuidó hasta que él también se hizo rico. No obstante, cuando aceptó el Islam, después de la conquista de La Meca, su tío le quitó todo, incluso su prenda inferior; por lo que vino su madre y partió su capa en dos partes, una de las cuales usó como prenda inferior y la otra se la puso encima. Más tarde fue a Medina y al llegar se durmió en la Mezquita del Profeta (sa). Después hizo la oración de la mañana con el Mensajero de Al’lah (sa).

Sobre esto, Hazrat Abdul’lah bin Masud (ra) dice que era costumbre del Santo Profeta (sa) que, cuando terminaba la oración de la mañana, observaba a la gente allí presente para ver si había alguien nuevo entre ellos. El Mensajero de Dios (sa) entonces vio a Hazrat Abdul’lah Zu Al-Biyadain (ra), aunque no lo reconoció y le preguntó: “¿Quién eres?”. Ante esto, Hazrat Abdul’lah Zu Al-Biyadain (ra) mencionó su genealogía y en una narración se menciona que dijo concretamente: “Mi nombre es Abdul Uzza”; a lo que Muhammad (sa) replicó: “Tu nombre es Abdul’lah Zul Al-Biyadain”, (o sea, el que posee dos mantos). Y añadió: “Mantente cerca de mi”. Él fue uno de los huéspedes del Mensajero de Al’lah (sa) y el Mensajero de Dios (sa) le enseñó el Sagrado Corán hasta que memorizó una gran parte del mismo. Además, tenía una voz muy fuerte.

Cambiando de tema, se menciona acerca del liderazgo de Hazrat Abu Bakr (ra) en el momento hacer el “Hall” (la Peregrinación), que el Santo Profeta (sa) envió a Hazrat Abu Bakr (ra) como Amir (líder) de la misma y lo envió a La Meca en el noveno año después de la Hégira, y los detalles son los siguientes:

Cuando el Profeta (sa) regresó de Tabuk decidió realizar el “Hall”, pero luego fue informado de que los idólatras también iban a realizar la Peregrinación junto con otras gentes y que por tanto estarían presentes allí recitando sus conjuros idólatras y dando vueltas alrededor de la Kaaba desnudos. Al oír esto, el Mensajero de Al’lah (sa) decidió no hacer el “Hall” ese año y nombró a Hazrat Abu Bakr Siddiq (ra) como líder cuando partió de Medina junto con trescientos Compañeros (ra). Al mismo tiempo, el Muhammad (sa) envió con ellos veinte animales para el sacrificio y puso collares alrededor de sus cuellos y los marcó él mismo, para indicar que se trataba de animales para el sacrificio. Por su parte, Hazrat Abu Bakr (ra) también tomó cinco animales de sacrificio propios.

Luego, se narra que Hazrat Ali (ra) anunció en el “Hall” los versículos iniciales del “Sura Al-Tauba” y la narración es la siguiente:

Abu Yafar Muhammad bin Ali cuenta que cuando el “Sura Baraah” (es decir, el Sura Al-Tauba) fue revelado al Santo Profeta (sa), ya había enviado a Hazrat Abu Bakr (ra) como el líder de la Peregrinación. Entretanto, se le sugirió al Profeta (sa) que transmitiera ese sura a Hazrat Abu Bakr (ra) para que lo recitara allí. El Mensajero de Dios (sa) dijo que nadie aparte de alguien de su propia familia podría cumplir esta tarea en su nombre. Así pues, convocó a Hazrat Ali (ra) y le ordenó que memorizara lo que se había dicho al principio del Sura Al-Taubah y anunciara entre la gente, en el día del sacrificio, cuando se reunieran en Mina, que “ningún incrédulo entrará en el Paraíso, y después de ese año ninguno de los incrédulos podrá realizar la Peregrinación. Además, a nadie se le permitirá dar vueltas alrededor de la Casa de Al’lah mientras esté desnudo y a quien haya firmado un tratado con el Santo Profeta (sa) se le respetará su período”.

Hazrat Ali bin Abi Talib (ra) cogió el camello del Mensajero (sa) llamado “Adba”, partió y se encontró con Hazrat Abu Bakr (ra) en el camino. Por su parte, Hazrat Ali (ra) se reunió con Hazrat Abu Bakr (ra) en “Arch” o en el “Valle de Zuyan”, (“Arch” es un valle entre La Meca y Medina, donde acampaban las caravanas; y “Zuyan” es un lugar cerca de La Meca, a veinticinco millas en la ruta hacia Medina). Pues bien, cuando Hazrat Abu Bakr (ra) vio a Hazrat Ali (ra) en el camino, le preguntó si había sido designado como Amir o si estaba bajo su liderazgo. Este fue el grado de humildad de Hazrat Abu Bakr (ra), ya que inmediatamente preguntó si el Profeta (sa) había enviado a Hazrat Ali (ra) como Amir o si Hazrat Ali (ra) estaría bajo su liderazgo en el convoy. Finalmente, Hazrat Ali (ra) dijo que estaría bajo el liderazgo de Hazrat Abu Bakr (ra) y ambos continuaron.

Así pues, Hazrat Abu Bakr (ra) supervisó todos los asuntos relacionados con el “Hall”. Ese año, la gente de Arabia estableció sus campamentos en los mismos lugares donde solían hacerlo durante la época de la ignorancia o “yahiliya”. Más tarade, cuando llegó el día del sacrificio, Hazrat Ali (ra) se puso de pie y anunció lo que el Mensajero de Al’lah (sa) le había indicado que dijera:

“¡Oh gente! Ningún incrédulo entrará en el Paraíso y tras este año ningún incrédulo realizará el ‘Hall’, ni se le permitirá a nadie realizar los circuitos a la Casa de Dios mientras esté desnudo. Luego, quien tenga un tratado con el Santo Profeta (sa), se respetará y su plazo se completará. Ahora bien, a partir del día de este anuncio, se dará al pueblo un plazo de cuatro meses, para que cada tribu pueda volver a sus lugares de seguridad o moradas. A partir de entonces, no habrá ningún juramento o tratado con ningún incrédulo, ni se le encomendará ningún deber, excluyendo aquellos juramentos y tratados que ya se hayan formalizado con el Profeta (sa) por un período determinado (en otras palabras, aquellos tratados que seguían en vigor). Aparte de estos tratados, no habrá nuevos tratados, pero los que todavía existen y que fueron hechos con el Santo Profeta (sa) serán honrados de acuerdo con su tiempo fijado”.

Después de ese año, ningún incrédulo realizó el “Hall”, ni nadie hizo circuitos alrededor de la Kaaba estando desnudo.

En otra narración encontramos que Hazrat Ali (ra) relata:

“Hazrat Abu Bakr (ra) vino al Monte Arafat y se dirigió a la gente. Cuando completó su discurso, se volvió hacia mí y proclamó: ‘¡Oh Ali, ponte de pie y entrega el mensaje enviado por el Santo Profeta (sa)!’. Me puse de pie y les recité los primeros cuarenta versículos de Sura Baraah”.

A continuación, tanto Hazrat Ali (ra) como Hazrat Abu Bakr (ra) regresaron hacia el Mensajero de Dios (sa).

Estas narraciones continuarán, pero en este momento deseo hablar acerca de un miembro que falleció recientemente y, si Dios quiere, también dirigiré su oración fúnebre en ausencia:

Se trata de la respetada Amatul Latif Jurshid Sahiba, que residía en Canadá y era la esposa del difunto Sheij Jurshid Ahmad Sahib, editor asistente de “Al Fazl” en Rabwah. Ha fallecido recientemente, a la edad de 95 años:

¡Ciertamente venimos de Al’lah y hacia Él volveremos!

Por la Gracia de Dios Altísimo era “musia” (integrante del sistema Al-Wasiyat). Fue nieta paterna de Hazrat Mian Fazal Muhammad de Harsiyan (ra) y nieta materna de Hazrat Hakim Al’lah Bajsh Sahib (ra), un maestro de Tilwand Deowri, ambos Compañeros del Mesías Prometido (as). Al mismo tiempo, era la nieta materna de Hazrat Amman Yan (ra) y la hija mayor del respetado Mian Abdur Rahim Diyanand Sahib, un derviche de Qadián, y Amina Begum Sahiba.

Asistió a la escuela secundaria en el “Nusrat Girl’s High School” de Qadián y más tarde se matriculó en la “Yamia Nusrat” en el curso 1943-44 y allí estudió durante dos años, tras lo cual siguió estudiando en privado y aprobó los exámenes de Adib Alim. Estaba casada con Sheij Jurshid Ahmad Sahib, editor asistente del diario “Al-Fazl”, como mencioné anteriormente. Su “nikah” (anuncio de matrimonio) fue realizado por el Segundo Jalifa (ra) en la Mezquita Mubarak de Rabwah. Al’lah le concedió tres hijos y dos hijas. Era hermana de Abdul Basit Shahid Sahib, un misionero que reside aquí actualmente en el Reino Unido y también trabajó en Londres durante algún tiempo. Por su parte, Basit Sahib también sirvió en África y uno de sus nietos, Waqas Ahmad Jurshid, es misionero en Estados Unidos.

Amatul Latif Jurshid Sahiba perteneció a una familia muy bien educada. Una de sus hermanas, Amatul Bari Nasir Sahiba, también dedica su tiempo a la Comunidad en varios servicios, en línea con su campo de especialización. En fin, la propia Amatul Latif Sahiba comenzó a servir a “Lallna Imail’lah” (la organización de las mujeres áhmadis) en diversas capacidades y desde los 13 años, y sus años de servicio llegaron a ser setenta en total. Trabajó bajo la dirección del Segundo Jalifa (ra), la tutela de Hazrat Ummul Muminin (ra), Sayyida Nusrat Jahan Begum Sahiba, y la supervisión de varias otras personas de gran calibre en la Yamat. Sirvió en Qadián y más tarde, tras la partición del subcontinente indio, de acuerdo con las instrucciones del Segundo Jalifa (ra) y de la difunta Hazrat Choti Apa (ra), trabajó como encargada de las mujeres inmigrantes.

De manera similar, tuvo la oportunidad de servir a “Lallna” en varias capacidades y además trabajó como secretaria de “Ishaat” (publicaciones) durante un período prolongado. Fue editora de “Misbah” de 1979 a 1986. Había residido en Canadá desde 1986, donde fue asesora honoraria de “Lallna Imail’lah”. Bajo el departamento de publicaciones, prestó una gran ayuda en la compilación de los primeros cuatro volúmenes de la historia de “Lallna Imail’lah”, “Al Masabih” y “Al Izhar”.

Asimismo, tuvo el honor de trabajar con Hazrat Choti Apa (ra) durante cuarenta y cuatro años. También fue bajo su liderazgo y supervisión que se llevó a cabo el primer “illtema” (reunión) de “Nasiratul Ahmadía” (organización de las niñas áhmadis de 7 a 15 años) de Canadá. Mientras era la secretaria “Nasirat” (las niñas áhmadis), Amatul Latif Sahiba, junto con su esposo, Sheij Jurshid Sahib, compilaron varios relatos históricos relacionados con la fe y la Comunidad Musulmana Ahmadía.

Su hijo, Laiq Ahmad Jurshid dice:

“Nuestra difunta madre les enseñó a sus hijos una lección profunda: que no debemos aceptar nada que se diga en contra de la Yamat o del Jalifato. Incluso si escuchamos algo, nunca debemos repetirlo ni decir nada al respecto, porque Dios Altísimo ayuda especialmente a la Comunidad y al Jalifato. Al mismo tiempo, decía que tras cada prueba y desorden, Al’lah manifiesta señales a favor de la Comunidad, por lo que nunca debemos ser víctimas de ningún tipo de desorden.

Ella era una enciclopedia ambulante de la Yamat. Fue muy sociable y deseaba lo mejor para todos. Ella confiaba en Dios y tenía pasión por servir a los demás, y participaba ávidamente en ayudar a asentar a los inmigrantes que llegaban a Canadá”.

Otra de sus hijas escribe:

“Nuestra madre tenía un profundo amor por el Jalifato. Ella siempre nos instaba y recordaba que pidiéramos por el Jalifa. Aparte, era muy regular y cuidadosa a la hora de ofrecer sus oraciones, y el viernes era como un día de ‘Eid’ para ella”.

Con respecto a su amor por el Sagrado Corán, su hija añade:

“Ella enseñó a numerosos niños la recitación del Santo Corán y prestaba atención especial a su correcta pronunciación”.

Su nieto, Waqas Jurshid, quien es misionero, nos cuenta que:

“Siempre llamaba mi atención hacia las oraciones y los estudios. Por otro lado, al contar historias, contaba a los niños relatos de la Comunidad y cuidaba adecuadamente su formación moral”.

Una de sus nietas dice:

“Mi abuela tenía nueve nietas y no solo se ocupó de nuestra formación moral como niñas, para que nos convirtiéramos en siervas de ‘Lallna Imail’lah’, sino que también fue una guía constante para nosotras respecto al aprendizaje de modales, cómo ponerse correctamente el velo, cuidar la casa, ser hospitalaria, coser, leer y escribir urdu. A medida que crecíamos, nos animaba a cuidar a nuestros esposos y suegros, y se alegraba mucho cuando le decíamos que habíamos pasado tiempo con nuestros suegros. Aparte de cumplir con estas responsabilidades, nos alentó a tener una buena educación y trabajar en nuestras carreras. Se mostró firme en contra de las prácticas no-islámicas como celebrar los cumpleaños, aunque conmemoraba los cumpleaños y otras ocasiones importantes alentándonos a permanecer como una unidad familiar y cantábamos el poema ‘Hamd-o-zana…’ y hacíamos plegarias juntas. Por eso, como musulmanas áhmadis que vivíamos en Canadá, ella fue una parte crucial de nuestra educación, puesto que ella nos enseñó cómo equilibrar nuestra fe y la sociedad occidental”.

Así pues, este el deber de las madres y los mayores, que es vital para salvaguardar la próxima generación, porque es importantísimo que entiendan cómo criar a la próxima generación, pues han de enseñarles la fe mientras viven en esta sociedad y enseñarles cómo adaptarse sin que lleguen a sentir ningún tipo de complejo de inferioridad.

¡Que Dios Altísimo le otorgue Su perdón y Misericordia, eleve su rango espiritual y permita que sus hijos y descendencia continúen con sus virtudes!

Resumen

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba) se refirió a la narración del sueño que Hazrat Abu Bakr (ra) vio en relación a la Conquista de la Meca.

Un sueño de Hazrat Abu Bakr (ra) sobre La Meca

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Abu Bakr (ra) le dijo al Santo Profeta (sa) que vio un sueño en el que el Santo Profeta (sa) se había acercado a La Meca, y un perro vino hacia ellos. Estaba tumbado de espaldas, y la leche empezó a fluir de él. Tras esto, el Santo Profeta (sa) dijo que su mal había desaparecido y que la prosperidad estaba cerca y que la gente de la Meca estaría bajo su protección.

Los musulmanes entran en la Meca en paz

Su Santidad (aba) dijo que en la Conquista de La Meca, el Santo Profeta (sa) y los musulmanes entraron por Arafat. Cuando el Santo Profeta (sa) anunció sus intenciones de paz y seguridad, Hazrat Abu Bakr (ra) dijo que Abu Sufyan buscaba el honor. Así, el Santo Profeta (sa) dijo que cualquiera que entrara en la casa de Abu Sufyan sería protegido. Entonces, el Santo Profeta (sa) ordenó que el ídolo llamado Hubal fuera destruido. Cuando se le recordó a Abu Sufyan que este era el mismo ídolo que había glorificado el día de Uhud. Respondió diciendo que si hubiera habido algún otro Dios además del Dios de Muhammad (sa), entonces los eventos que tuvieron lugar en la Conquista de la Meca no habrían ocurrido. Más tarde, el Santo Profeta (sa) se sentó en una esquina de la Ka’bah y la gente le rodeó. Hazrat Abu Bakr (ra) permaneció de guardia junto al Santo Profeta (sa).

Los incrédulos se reúnen en Hunain

Su Santidad (aba) dijo que después de la Conquista de la Meca, otras tribus de Arabia temían ser alcanzadas por el Santo Profeta (sa) y los musulmanes. Por ello, se reunieron en un lugar cercano a Hunain. Cuando el Santo Profeta (sa) se enteró de esto, junto con un ejército de 12,000 musulmanes fue al Valle de Hunain. Allí, los incrédulos ya se habían escondido, y cuando los musulmanes llegaron, les dispararon una andanada de flechas. Como resultado, hubo musulmanes que no se quedaron, sin embargo Hazrat Abu Bakr (ra) estaba entre los que decididamente permanecieron junto al Santo Profeta (sa). Incluso cuando el número de musulmanes se redujo gravemente, hasta el punto de que sólo quedaron 12 musulmanes, Hazrat Abu Bakr (ra) tomó las riendas del caballo del Santo Profeta (sa) y le aconsejó que tal vez no debían continuar, sin embargo el Santo Profeta (sa) le indicó que soltara las riendas y avanzó valientemente. Finalmente, los musulmanes derrotaron milagrosamente al enemigo.

Su Santidad (aba) dijo que después de la batalla de Hunain, algunos de los incrédulos huyeron a Taif para refugiarse. Así, después de volver de Hunain, el Santo Profeta (sa) y el ejército musulmán asediaron Taif. Hay varias narraciones sobre la duración del asedio, que van de 10 a 40 días. El Santo Profeta (sa) vio un sueño que relató a Hazrat Abu Bakr (ra). Basándose en el sueño, Hazrat Abu Bakr (ra) sugirió que tal vez no se lograría lo que habían venido a conseguir. El Santo Profeta (sa) estuvo de acuerdo, y los musulmanes fueron instruidos para regresar.

Hazrat Abu Bakr (ra) supera a todos en sus sacrificios financieros

Su Santidad (aba) dijo que Hazrat Abu Bakr (ra) acompañó al Santo Profeta (sa) durante la batalla de Tabuk, momento en el que el Santo Profeta (sa) le otorgó la bandera del Islam. Para los propósitos de esta batalla, el Santo Profeta (sa) instruyó a los musulmanes hacer sacrificios financieros. El primero (Hazrat Abu Bakr (ra)) en hacerlo, trajo todo lo que poseía al Santo Profeta (sa). Cuando el Santo Profeta (sa) le preguntó si había dejado algo en casa, Hazrat Abu Bakr (ra) dijo que no. Más tarde, Hazrat Umar (ra) solía decir que había tenido la intención de presentar un sacrificio mayor que Hazrat Abu Bakr (ra), y por eso presentó la mitad de su riqueza al Santo Profeta (sa). Sin embargo, se enteró de que Hazrat Abu Bakr (ra) había sacrificado todo lo que poseía. Así, Hazrat Umar (ra) dijo que nunca sería capaz de superar el nivel de Hazrat Abu Bakr (ra).

Una vez, un compañero se encontró con el Santo Profeta (sa), Hazrat Abu Bakr (ra), y Hazrat Umar (ra), que estaban cavando una tumba tras el fallecimiento de Hazrat Abdul’lah Dhul-Diyadain. El Santo Profeta (sa) estaba dentro de la tumba, mientras Hazrat Abu Bakr (ra) y Hazrat Umar (ra) bajaban el cuerpo hacia él. Al enterrarlo, el Santo Profeta (sa) rezó por el difunto.Su Santidad (aba) dijo que en el año 9 de hégira, el Santo Profeta (sa) designó a Hazrat Abu Bakr (ra) como líder de un convoy que iba a realizar el Hall (Peregrinación) . Así, Hazrat Abu Bakr (ra) junto con 300 compañeros viajaron a La Meca para realizar el Hall.

Su Santidad (aba) dijo que seguiría relatando incidentes de la vida de Hazrat Abu Bakr (ra) en futuros sermones.

Oración fúnebre

Su Santidad (aba) dijo que dirigiría las oraciones fúnebres de la siguiente miembro fallecida:

Amatul Latif Khurshid

Amatul Latif Khurshid, que residía en Canadá, era la esposa del difunto Sheikh Khurshid Ahmad, editor adjunto de Al Fazl Rabwah. Le sobreviven tres hijos y dos hijas. Uno de sus nietos, Waqas Khurshid, es misionero en los Estados Unidos de América. Su Santidad (aba) dijo que toda la familia es muy educada. Ella sirvió a la Comunidad en varios cargos, en Qadian, Rabwah y Canadá. Ella enseñó a todos sus hijos que si alguna vez se dice algo en contra de la Comunidad o del Jilafat, nunca deben escucharlo, e incluso si llegan a escucharlo, nunca deben repetir tales cosas. Poseía muchos conocimientos y también prestaba gran ayuda a las familias que emigraban a Canadá. Sentía un gran amor por el Jilafat y ordenaba a sus hijos que rezaran siempre por el Jalifa. También fue capaz de enseñar a muchos niños a recitar correctamente el Sagrado Corán. A menudo narraba incidentes de la historia de la Comunidad, para así enseñársela a las nuevas generaciones. También enseñó a su progenie cómo salvaguardar su fe mientras vivía en la sociedad occidental. Su Santidad (aba) dijo que ella era un ejemplo de cómo educar y proteger a nuestras futuras generaciones que viven en el Occidente, a la vez que las salvaba de cualquier tipo de complejo de inferioridad. Su Santidad (aba) rezó para que Al’lah el Todopoderoso la trate con perdón y misericordia y permita a su progenie continuar con sus virtuosas cualidades.

Resumen elaborado por The Review of Religions

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