En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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La excelencia personificada

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar Tashahhud, Ta’awuz y Surah Al-Fatihah, Hazrat Jalifat-ul-Masih V (aba) declaró:

En el sermón del viernes anterior, cuando anuncié el nuevo año de Waqf-e-Yadid, mencioné las posiciones de las comunidades de varios países. En relación a eso dije que, entre las comunidades del Reino Unido, en términos de la recolección total del donativo de Waqf-e-Yadid, la comunidad de Islamabad ocupaba el primer lugar. Sin embargo, más tarde salió a la luz que ese análisis era incorrecto. De hecho, la comunidad de Aldershot ha alcanzado la primera posición y la de Islamabad es segunda. No deseo detenerme en por qué y cómo sucedió. Sin embargo, es importante destacar esta corrección. Por lo tanto, quería mencionar esto al principio. La comunidad de Aldershot está ofreciendo grandes sacrificios, Mashal’lah (con la ayuda de Al’lah). La presidente de la asociación de mujeres áhmadis de Aldershot me escribió especialmente diciéndome cómo algunas de las mujeres habían ofrecido sacrificios excepcionales. Su pasión por el sacrificio es ejemplar. ¡Que Dios Altísimo bendiga sus posesiones y sus vidas!

En el sermón anterior, mencioné relatos genéricos de sacrificios realizados por las personas más pobres de los países subdesarrollados para poder infundir la misma pasión entre las personas acomodadas y puedan comprender el espíritu de sacrificio. Aparte de ello, por la gracia de Dios, también hay muchas de esas personas en estos países desarrollados que ofrecen sacrificios mientras ignoran sus propias necesidades mundanas. En cualquier caso, como mencioné, entre las comunidades del Reino Unido, Aldershot está liderando la lista en Waqf-e-Yadid.

Ahora, volveré al tema del sermón de hoy, que es el relato de los Compañeros Badri. En el sermón anterior al sermón de la semana pasada, estaba hablando sobre Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah. Hay algunos relatos pendientes, por lo que hoy relataré algunos más sobre su vida.

Sin embargo, una referencia que mencioné en el último sermón debe corregirse. Aunque no lo comenté a quienes enviaron las referencias, a pesar de haber sentido que algo era incorrecto al respecto, nuestro equipo de investigación se percató de ello y enviaron la corrección. Como resultado, mi malentendido también fue aclarado. Mashal’lah, trabajan con extrema diligencia en la búsqueda y recopilación de estas referencias, pero a veces, se apresuran buscando referencias y mezclan relatos similares de dos Compañeros. Del mismo modo, a veces, la verdad no se explicita claramente al no escoger las palabras más apropiadas mientras se traducen las referencias árabes originales. En cualquier caso, ahora ellos mismos han enviado una corrección a este respecto, que mencionaré primero. Luego seguiré con el resto de relatos.

En el sermón del viernes 27 de diciembre, al presentar a Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah, se dijo que el Santo Profeta (sa) estableció un vínculo de hermandad entre Hazrat Sa’d (ra) y Tulaib bin Umair, que emigró de La Meca a Medina. Según Ibn Ishaq, el vínculo de hermandad establecido por el Santo Profeta (sa) fue entre Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah y Hazrat Abu Dhar (ra) Ghaffari. Sin embargo, algunos no están de acuerdo con esto y Waqidi ha rechazado esta sugerencia porque, según él, el Santo Profeta (sa) estableció este vínculo de hermandad entre los Compañeros antes de la batalla de Badr. Hazrat Abu Dhar Ghaffari (ra) no estaba presente en Medina en ese tiempo. No participó en las batallas de Badr, Uhud y Jandaq. Se presentó al Santo Profeta (sa) después de estas batallas. Este es el argumento proporcionado por Waqidi.

Sin embargo, este no es el caso, dado que la narración sobre el vínculo de hermandad se refería a Hazrat Munzir (ra) bin Amr bin Yunais. El equipo investigador de Rabwah escribió que el libro del que tomó esta referencia en particular, también tenía el nombre de Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah y erróneamente asociaron este relato a Hazrat Sa’d bin Ubadah (ra). La referencia real del vínculo de hermandad es con referencia a Hazrat Munzir (ra) bin Amr, cuyos detalles ya mencioné en el sermón anterior el 25 de enero del año pasado. Esta es la aclaración y ahora continuaré narrando los relatos.

Cuando tuvo lugar la batalla de Jandaq (la zanja), el Santo Profeta (sa) envió a Oainah bin Hisn un tercio de los dátiles de Medina, con la condición de que la gente de la tribu Ghatafan que viajaba con él regresara. Dejando de lado a otras personas, el Santo Profeta (sa) sólo se dejó aconsejar por Hazrat Sa’d (ra) bin Muaz y Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah. Ambos respondieron:

“¡Oh Mensajero (sa) de Al’lah! Si Dios Altísimo te ha ordenado que lo hagas, entonces, hazlo por todos los medios. Sin embargo, si este no es el caso, entonces, por Dios, no les daremos nada sino que les mostraremos la espada (es decir, tomaremos lo que es nuestro derecho, o recibirán un castigo debido a esta hipocresía o al incumplimiento de su juramento).”

Ante esto, el Santo Profeta (sa) declaró:

“No he recibido instrucciones al respecto, lo que os he contado es mi opinión personal.”

Ambos respondieron:

“¡Oh Mensajero (sa) de Al’lah! Esta gente no esperaba este trato de nuestra parte en la época del Yahiliyat (período de ignorancia anterior al islam), entonces, ¿por qué ahora, después de que Dios Altísimo nos haya guiado a través de ti? El Santo Profeta (sa) quedó satisfecho con su respuesta. Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha mencionado los detalles de esto, con respecto a las condiciones durante la batalla de la Zanja, de la siguiente manera:

“Estos días eran de dolor, aprensión y peligro graves. A medida que el asedio se prolongaba cada vez más, los musulmanes naturalmente comenzaron a perder su fuerza para luchar y, aunque sus corazones estaban llenos de fe y sinceridad, sus cuerpos, que, por supuesto funcionaban según las leyes de la naturaleza, comenzaron a debilitarse (en otras palabras, el cuerpo tiene necesidades físicas, como el descanso y la necesidad de alimentación. Sin embargo, dado que el asedio se había prolongado, tenían que soportar circunstancias muy difíciles al no poder descansar ni comer adecuadamente y, en consecuencia, perdían fuerza; estas son las leyes de la naturaleza que rigen al cuerpo humano).

Viendo esta situación, el Santo Profeta (sa) llamó a los dos jefes de Anṣar, Sa’d (ra) bin Muaz y Sa’d (ra) bin Ubadah y explicándoles las circunstancias buscó su consejo sobre qué se debía hacer.  El Santo Profeta (sa) incluso propuso: ‘Si estáis de acuerdo, es posible que le demos a la tribu Ghatafan una parte de nuestra riqueza, para que esta guerra se evite’. Sa’d (ra) bin Muaz y Sa’d (ra) bin Ubadah contestaron al unísono con las mismas palabras y dijeron: ‘¡Oh Mensajero (sa) de Al’lah! Si has recibido revelación divina a este respecto, entonces nos inclinamos ante ti en obediencia. En este caso, definitivamente, actuaremos con gusto sobre esta proposición’. El Santo Profeta (sa) dijo: ‘No, no he recibido ninguna revelación sobre este asunto. Solo presento esta sugerencia considerando las dificultades que tenéis que soportar.’ Los dos Sa’ds respondieron: ‘Entonces nuestra sugerencia es que si nunca le hemos dado nada a un enemigo mientras éramos idólatras, ¿por qué entonces deberíamos hacerlo como musulmanes? (es decir, seguirían las reglas tradicionales de la época) ¡Por Dios! No les daremos nada salvo los golpes de nuestras espadas.’”

El Santo Profeta (sa) estaba preocupado por los Ansar, que eran los residentes nativos de Medina (estaba particularmente preocupado por ellos con respecto al asedio prolongado, por si tenían reservas o estaban incómodos por ello). Además, al buscar este consejo, la única intención del Santo Profeta (sa) era recopilar información sobre el estado mental de los Ansar, en cuanto a si estaban preocupados por estas dificultades o no, y si lo estaban, consolarles. Cuando se presentó esta propuesta, el Santo Profeta (sa) la aceptó felizmente y la guerra continuó.

En relación a Banu Quraizah y su traición durante la batalla de Jandaq, Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe en Sirat Jataman Nabiyyin:

“Además de esto, otra táctica que empleó Abu Sufyan fue dar instrucciones a Ḥuyi bin Ajṭab, el jefe judío de Banu Naḍir, para que fuera a las fortalezas de Banu Quraiẓah en la oscuridad de la noche e intentara atraer a los Banu Quraiẓah con la ayuda de su jefe, Ka‘b bin Asad. Entonces, Ḥuyi bin Ajtab encontró una oportunidad y llegó a la casa de Ka‘b. Inicialmente, Ka‘b se negó y dijo que había establecido un pacto con Muḥammad (sa), y que él siempre había cumplido fielmente sus convenios y acuerdos, y por lo tanto, no podía traicionarlo.

Sin embargo, Huyi le describió una imagen de exuberantes jardines verdes y le dio mucha confianza sobre la inminente destrucción del islam; le presentó su propia resolución de que no regresarían de Medina hasta que hubieran borrado el islam, con tanta fuerza y énfasis, que finalmente estuvo de acuerdo. De esta manera, la fuerza del Banu Quraiẓah también se sumó al peso en una balanza que ya estaba demasiado inclinada hacia un lado (ya eran fuertes de antemano desde el punto de vista material). Cuando el Santo Profeta (sa) recibió noticias de esta peligrosa traición de los Banu Quraiẓah, al principio envió a Zubair bin Al-’Awwam (ra) para obtener información en secreto, unas dos o tres veces. A continuación, después de esto, el Santo Profeta (sa) envió formalmente a Sa‘d (ra) bin Mu’az y Sa‘d (ra) bin ‘Ubadah, que eran los jefes de las tribus Aus y Jazrall, junto con otros Compañeros influyentes en forma de una delegación hacia los Banu Quraiẓah; e instruyó estrictamente que si hubiera noticias preocupantes, no debían divulgarse públicamente a su regreso, sino que se mantuvieran en secreto para que la gente no se volviera aprensiva. Cuando estas personas llegaron a las viviendas de Banu Quraiẓah y se acercaron a Ka‘b bin Asad, este hombre malvado les hizo frente de una manera muy arrogante. Cuando los dos Sa‘ds hablaron del tratado, Ka‘b y la gente de su tribu se volvieron agresivos y dijeron: ‘¡Iros! No existe ningún tratado entre Muḥammad [sa] y nosotros.” Al escuchar estas palabras, la delegación de Compañeros volvió. Sa‘d (ra) bin Mu’az y Sa‘d (ra) bin ‘Ubadah se presentaron ante el Santo Profeta (sa) y le informaron sobre el estado de las cosas de una manera apropiada.” Y así, su castigo o la lucha contra ellos continuó.

Durante la batalla de Banu Quraizah, Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah cargó dátiles sobre varios camellos para enviarlos como alimento para el Santo Profeta (sa) y los musulmanes. Entonces, el Santo Profeta (sa) declaró: “¡Qué excelente alimento es el dátil!”

Durante la batalla de Mauta, que tuvo lugar en el mes de Yumadi ul-Ula del año 8 después de la Hégira, Hazrat Zaid (ra) fue martirizado, y el Santo Profeta (sa) fue a su casa a expresar sus condolencias. Entonces, su hija se acercó al Santo Profeta (sa) llorando desconsoladamente, debido a la agonía y la angustia. En ese momento, el Santo Profeta (sa) también comenzó a llorar. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah luego preguntó: “¡Oh Mensajero de Al’lah! ¿Qué es esto?”, a lo que el Santo Profeta (sa) respondió:

[Arabe]

es decir, “este es el afecto de alguien hacia su amado.”

Hay otra narración de Sahih Bujari (la narración anterior no era de Sahih Bujari, pero esta sí lo es, aunque es otro relato). Hisham bin Urwah relata de su padre que cuando el Santo Profeta (sa) partió para la conquista de La Meca, los Quraish habían recibido noticias de esto. En consecuencia, Abu Sufyan bin Harb, Hakim bin Hizam y Budail bin Waraqah salieron a buscar información sobre el Santo Profeta (sa) hasta que llegaron a un lugar llamado Marruz Zahran. Marruz Zahran es un lugar a 8 km de La Meca, donde abundan los manantiales y los jardines de datileras. Cuando llegaron a este lugar, vieron innumerables fuegos encendidos, al igual que en Arafat durante la peregrinación. Abu Sufyan luego dijo: “¿Qué es esto? Parece que estos son los fuegos de Arafat.” Budail bin Waraqah luego dijo: “Estos parecen ser los fuegos de Banu Amr (es decir, de la tribu Juza’ah).” Abu Sufyan dijo: “La tribu Banu Amr es mucho menor en número.” Entonces, algunos guardias del Santo Profeta (sa) los vieron y apresaron a los tres. Luego fueron llevados al Santo Profeta (sa) y Abu Sufyan aceptó el islam.

Cuando el Santo Profeta (sa) se fue hacia La Meca, le dijo a Hazrat Abbas (ra): “Debes mantener a Abu Sufyan en el paso de la montaña, para que pueda ver a los musulmanes. Por lo tanto, Hazrat Abbas (ra) lo retuvo allí. Numerosas tribus pasaron junto al Santo Profeta (sa) y cada división del ejército pasó frente a Abu Sufyan. Cuando pasó un grupo, Abu Sufyan preguntó: “Abbas, quienes son estas personas? “Hazrat Abbas (ra) respondió:” Esta es la gente de la tribu Ghaffar”, a lo que Abu Sufyan dijo: “No tengo preocupación por la tribu Ghaffar”. Luego paso la gente de la tribu Yuhainah y Abu Sufyan hizo la misma pregunta. Luego paso la gente de la tribu Sa’d bin Huzaim y él volvió a preguntar, luego pasó la gente de la tribu Sulaim y él preguntó de nuevo, hasta que (pasó) la última división del ejército, que no había visto antes. Abu Sufyan preguntó: “¿Quiénes son estas personas?” Hazrat Abbas (ra) dijo: “Estos son los Ansar y su jefe es Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah, quien sostiene la bandera. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah exclamó: “Abu Sufyan, hoy es el día de una dura batalla, en la que se permitirá pelear en el recinto de la Ka’bah.” Después de escuchar esto, Abu Sufyan dijo: “Abbas, qué gran día de destrucción sería si tuviera que competir contigo” (es decir, si él estuviera en el lado contrario y tuviera la oportunidad de luchar contra ellos, pero él estaba en este lado [musulmán] ya que había aceptado el islam). Luego llegó otra división del ejército, que era la más pequeña de todos los batallones. Entre ellos estaba el Santo Profeta (sa) y los Muhayirin (emigrantes) y Zubair (ra) bin Awwam portaba la bandera del Santo Profeta (sa). Cuando el Santo Profeta (sa) pasó delante de Abu Sufyan, este dijo: “¿No se ha dado cuenta de lo que Sa’d (ra) bin Ubadah acaba de decir? “El Santo Profeta (sa) preguntó: “¿Qué es lo que dijo?” Él le dijo lo que Hazrat Sa’d bin Ubadah (ra) había pronunciado. El Santo Profeta (sa) respondió: “Sa’d ha errado, y de hecho, hoy es el día en que Dios Altísimo restaurará el honor de la Ka’bah y esta será cubierta con una sábana. No habrá lucha (en este día).”

Hazrat Musleh Maud (ra) ha mencionado este incidente con más detalle de la siguiente manera:

“Mientras el ejército musulmán marchaba hacia La Meca, el Santo Profeta (sa) había ordenado a Hazrat Abbas (ra) que llevara a Abu Sufyan y sus amigos a un lugar desde donde pudieran ver fácilmente al ejército musulmán, y su lealtad y devoción. Hazrat Abbas (ra) lo hizo y desde un lugar privilegiado Abu Sufyan y sus amigos vieron pasar a las tribus árabes, en cuyo poder los habitantes de La Meca habían confiado todos estos años por sus conspiraciones contra el islam (la gente de La Meca pensó que podrían recibir ayuda de ellos, pero ahora todos estaban junto al Santo Profeta (sa)). Estas tribus marchaban este día no como soldados de la incredulidad, sino como soldados de la creencia. Levantaron entonces las consignas del islam, no las consignas de sus días paganos. Marcharon en formación, no para poner fin a la vida del Profeta (como deseaban los habitantes de La Meca), sino más bien para dar sus vidas y salvar la suya; no para derramar su sangre, sino la suya, y por su bien. Su ambición ese día no era resistir el mensaje del Profeta y salvar la solidaridad superficial de su propia gente. Era llevar a todas partes del mundo el mismo mensaje que hasta ahora habían resistido. Era establecer la unidad y la solidaridad del hombre. Columna tras columna marcharon hasta que la tribu Ashya apareció a los ojos de Abu Sufyan. Su devoción al islam y su celo de sacrificio se veía en sus rostros y se escuchaba en sus canciones y lemas.

“¿Quiénes son?”, Preguntó Abu Sufyan a Abbas.

“Son la tribu Ashya”, respondió Hazrat Abbas (ra)

Abu Sufyan parecía asombrado y dijo: ‘En toda Arabia, nadie tenía mayor enemistad con Muhammad (sa) que ellos.”

Hazrat Abbas (ra) respondió: “Se debe a la gracia de Dios. Cuando Él quiso, cambió los corazones de los enemigos del islam”.

Por último vino el Santo Profeta (sa) rodeado por los ejércitos de los Ansar y los emigrantes. Eran unos dos mil hombres, vestidos con armaduras. Hazrat Umar (ra) dirigía su marcha y les decía continuamente que estuvieran al tanto de sus pasos para que sus filas permanecieran intactas.

La escena resultó ser la más impresionante de todas. La devoción de estos musulmanes, su determinación y su celo parecían desbordarse. Cuando los ojos de Abu Sufyan se posaron sobre ellos, le produjo una gran conmoción. “¿Quiénes son, Abbas?” Preguntó. “Son los Ansar y los emigrantes rodeando al Profeta (sa)”. Contestó Abbas: “Ningún poder en la tierra podría hacer frente a este ejército”, dijo Abu Sufyan y después dirigiéndose a Hazrat Abbas (ra) dijo: “Abbas, tu sobrino se ha convertido en el rey más poderoso del mundo”.

“Aún no has abierto los ojos, Abu Sufyan. Él no es un rey; él es un Profeta, un Mensajero de Dios” respondió Hazrat Abbas (ra).

“Sí, sí es como dices, un Profeta.” Añadió Abu Sufyan.

Cuando el ejército musulmán pasó cerca de Abu Sufyan, el comandante de los Ansar, Sa´d bin Ubadah (ra) le vió y no pudo evitar decirle que ese día Dios les había permitido entrar en La Meca por la fuerza y que los Quraish serían humillados.

Mientras el Santo Profeta (sa) pasaba, Abu Sufyan levantó su voz y dirigiéndose al Santo Profeta (sa) dijo:

“¿Has permitido la masacre de tus propios parientes y amigos? Escuché ahora al comandante de los Ansar, Sa´d y a sus compañeros decir eso. Dijeron que era un día de lucha y que la santidad de La Meca no evitará el derramamiento de sangre y que los Quraish serán humillados. ¡Profeta de Dios (sa), eres el mejor, el más indulgente, el más considerado de los hombres! ¿No perdonarás y olvidarás lo que ha hecho tu propia gente?”

Al escuchar esta súplica, los musulmanes que solían ser insultados y golpeados en las calles de La Meca, que habían sido despojados y expulsados de sus casas, comenzaron a albergar sentimientos de piedad por sus antiguos verdugos. “¡Oh Profeta de Dios (sa)!” dijeron: “los relatos que los Ansar han escuchado de los excesos y las crueldades cometidas por la gente de La Meca contra nosotros pueden llevarles a buscar la venganza. No sabemos lo que pueden hacer”.

El Santo Profeta (sa) entendió esto. Dirigiéndose a Abu Sufyan dijo: “Lo que Sa´d ha dicho está mal. Hoy es el día del perdón. Los Quraish y la Ka´bah serán honrados por Dios.”

Después envió una persona hacia Sa´d y le ordenó que entregara la bandera de los Ansar a su hijo Qays, y le hizo comandante del ejército de los Ansar. De este modo calmó a los habitantes de La Meca y evitó el disgusto de los Ansar. Qays, un joven piadoso, contaba con la plena confianza del Santo Profeta (sa).

Hazrat Musleh Maud relata su nivel de piedad del siguiente modo:

“Un hecho que tuvo lugar durante sus últimos días muestra la piedad de su carácter. Cuando permanecía en su lecho de muerte, Qays recibió a sus amigos. Algunos vinieron y otros no. No pudo entender esto y preguntó por qué algunos de sus amigos no habían venido a verle. ‘Tu caridad es inmensa’, le dijeron. (Qays era muy generoso y ayudaba a la gente). ‘Has ayudado a los necesitados con tus préstamos. Hay muchos en la ciudad que están en deuda contigo. Muchos no han venido porque temen que les pidieras que devolvieran sus préstamos.’ Él respondió: ‘Entonces yo he sido el causante de mantener a mis amigos alejados. Por favor anunciar en la ciudad que a partir de ahora nadie debe nada a Qays.’ Después de esto, Qais tuvo tantas visitas durante sus últimos días que se rompieron las escaleras de su casa.”

A la batalla de Hunayn también se la conoce como la batalla de Hawazin. Hunayn es el nombre de un valle que se encuentra a 30 millas de La Meca y está situado entre La Meca y Taif. La batalla de Hunayn tuvo lugar después de la conquista de La Meca en el mes de Shawal del año 8 d.H. El Santo Profeta (sa) distribuyó el botín de esta guerra entre los emigrantes. Los Ansar sintieron eso en sus corazones. Respecto a esto, existe una narración detallada encontrada en Musnad Ahmad bin Hanbal que dice:

“Hazrat Abu Said Judri (ra) relata que cuando el Santo Profeta (sa) distribuyó el botín de guerra entre los Quraish y entre otras tribus árabes, no quedó nada para los Ansar. Ellos se sintieron agraviados por ello y hablaron entre ellos sobre ello hasta el punto de alguien incluso dijo que el Santo Profeta (sa) ha vuelto a su tribu y se ha olvidado de los Ansar y sólo concedió (el botín de guerra) a los emigrantes. Hazrat Sa´d bin Ubada (ra) se presentó ante el Santo Profeta (sa) y dijo: “¡Oh Mensajero de Al´lah! (sa). Los Ansar sienten algo en sus corazones respecto a ésto.” Es decir, en relación al botín de guerra que se distribuyó entre las diferentes tribus árabes y que los Ansar no recibieron nada de ahí.

El Santo Profeta (sa) le preguntó: “¡Oh Sa´d! (ra) ¿de qué lado estás tú respecto a esto? ¿Me puedes aclarar tu posición?” Él respondió: “¡Oh Mensajero de Al´lah! Yo soy simplemente un miembro corriente de mi tribu. No tengo ningún estatus ni rango”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Reúne a tu gente en esta zona” (mandó reunir a su gente en una llanura abierta). Hazrat Sa´d (ra) se marchó y reunió a los Ansar en ese lugar concreto. Algunos emigrantes también se unieron a ellos y Hazrat Sa´d (ra) les permitió venir, pero a otras personas que querían hacerlo, Hazrat Sa´d (ra) se lo impidió. Cuando todos se reunieron, Hazrat Sa´d (ra) fue al Santo Profeta (sa) y le informó que los Ansar se habían reunido”.

El narrador continúa:

“El Santo Profeta (sa) vino y después de alabar a Dios Altísimo, dijo: ‘¡Oh Ansar! ¿cuál es el problema? Me están llegando rumores de que estáis molestos por no haber recibido nada del botín de guerra. ¿No os encontrabais extraviados antes de llegar yo y Dios Altísimo os guió? ¿No estabais necesitados y Dios Altísimo os concedió riqueza? ¿No erais enemigos entre vosotros y Dios Altísimo infundió amor mutuo en vuestros corazones?’ Ellos respondieron: ‘En verdad, Dios y Su Mensajero (sa) son los más grandes y benevolentes.’

El Santo Profeta (sa) dijo después: ‘¡Oh vosotros los Ansar! ¿Por qué no respondeis a las preguntas que os he formulado.’ Los Ansar respondieron: ‘¡Oh Mensajero de Al´lah! (sa) ¡Cómo podemos responder cuando toda la misericordia y las bendiciones son para Dios Altísimo y Su Mensajero (sa)!’ El Santo Profeta (sa) dijo entonces: ‘¡Por Dios! Podríais haber dicho – y habríais sido testigos en vuestra declaración – que vino hacia nosotros cuando todos los demás le rechazaron y le aceptamos y que cuando toda su gente le abandonó, nosotros le ayudamos. Vino hacia vosotros porque su gente le había abandonó y le concedimos protección. Cómo supimos que pertenecía a una gran familia, firmamos un acuerdo con usted.’ (en otras palabras, ellos podían haber dicho todo esto).

El Santo Profeta (sa) dijo entonces:

‘¡Oh vosotros los Ansar! ¿Os sentís dolidos por una pieza insignificante de riqueza mundana que he dado a otros y a vosotros no? Se la concedí a ellos para dar consuelo a sus corazones para que pudieran aceptar el islam y para que tuvieran firmeza en su fe, pero a vosotros os confío la fe en el islam. ¡Oh vosotros los Ansar! ¿No os agrada que otras personas regresen a sus casas después de haber adquirido cabras y camellos mientras que vosotros regresáis a casa junto al Mensajero de Al´lah? (sa).’

El Santo Profeta (sa) dijo además:

‘¡Juro por Aquel en cuya Mano poderosa está la vida de Muhammad! Si no hubiera sido por la migración, yo habría sido uno de los Ansar. Si todo el pueblo escoge un valle por el que pasar, y los Ansar escogen otro, yo siempre adoptaría el escogido por los Ansar. ¡Oh, Al’lah! Ten piedad de los Ansar, de los hijos de los Ansar y de los nietos de los Ansar’.

El narrador afirma entonces:

“Al oír esto, todos los Ansar presentes comenzaron a llorar, hasta el punto de que sus barbas se mojaron por sus lágrimas. Luego dijeron que estaban contentos con la forma en que el Mensajero (sa) de Al’lah distribuyó el botín de la guerra, es decir, que estaban contentos con la forma en que el Santo Profeta (sa) había distribuido las riquezas y que el Santo Profeta (sa) era suficiente para ellos. El Santo Profeta (sa) se fue entonces y la gente también se dispersó”.

Con respecto al Hallatul Wida’ (peregrinaje de despedida), el Santo Profeta (sa) viajó desde Medina para realizar el Hall. Cuando llegó al lugar del Hall, su montura desapareció. El Santo Profeta (sa) había utilizado la montura de Hazrat Abu Bakr (ra), que estaba al cuidado del empleado de Hazrat Abu Bakr (ra) cuando desapareció por la noche. Hazrat Safwan bin Mu’attal (ra) iba detrás de la caravana principal y logró encontrar la camella desaparecida, que llevaba consigo las provisiones cargadas encima. Cuando Hazrat Sa’d bin Ubadah (ra) se enteró de este incidente, se acercó al Santo Profeta (sa) junto con su hijo, Qays (ra), y también trajo un camello cargado con provisiones para llevar en un viaje.

Cuando se encontraron con el Santo Profeta (sa), él estaba de pie junto a la entrada de su casa. En ese momento, Dios Altísimo le había devuelto su camella, es decir, la camella que se había perdido, había sido recuperado para cuando Sa’d (ra) llegó al Santo Profeta (sa).

Hazrat Sa’d (ra) dijo:

“¡Oh Mensajero (sa) de Al’lah! Hemos oído que su camella, junto con todas sus provisiones, se ha extraviado. Por favor, toma nuestra montura en su lugar”.

El Santo Profeta (sa) respondió:

“Dios Altísimo nos ha devuelto nuestra montura (es decir, he encontrado la montura que se perdió) Ambos podéis llevaros las monturas que habéis traído; Dios Altísimo os bendiga a los dos”.

Hazrat Usama bin Zaid (ra) afirma:

“La hija del Santo Profeta (sa) le envió un mensaje diciendo que su hijo estaba en su lecho de muerte y que viniera a verles.” El Santo Profeta (sa) le contestó diciendo:

“Él pertenece a Al’lah, es Quién otorga y puede llamarlo de vuelta en cualquier momento. Dios Altísimo ha fijado un término para todo, por lo tanto debes ser firme y buscar el placer de Dios Altísimo.”

Ella volvió de nuevo enviar un mensaje al Santo Profeta (sa) y prometió por Dios que fuera a verlos. El Santo Profeta (sa) se puso de pie y en ese momento, Hazrat Sa’d bin Ubadah (ra), Hazrat Muaz bin Yabal, Hazrat Ubay bin Ka’ab (ra), Hazrat Zaid bin Zabit (ra) y muchos otros Compañeros estaban sentados a su alrededor. Cuando el Santo Profeta (sa) fue a verlos, el niño fue llevado ante él y por el sonido que hacía indicaba que estaba dando sus últimos alientos”. Hazrat Usama (ra) declaró:

“El sonido era como el de dos viejos barcos chocando entre sí”.

Al ver al niño en tal condición, el Santo Profeta (sa) se conmovió hasta las lágrimas. Hazrat Sa’d dijo:

“¡Oh Mensajero de Al’lah! ¿Qué es esto?” A lo que el Santo Profeta (sa) respondió:

“Esto se debe a la misericordia que Dios Altísimo ha puesto en los corazones de las personas, y Dios Altísimo sólo otorga Su misericordia a las personas que muestran misericordia a los demás”.  Es decir, este estado emocional no es algo fuera de lo común, es simplemente debido a la gracia de Dios Altísimo.

Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) narra:

“Cuando Hazrat Sa’d bin Ubadah (ra) cayó enfermo, el Santo Profeta (sa) fue a visitarlo junto con Hazrat Abdur Rahman bin Auf (ra), Hazrat Sa’d bin Abi Waqas (ra) y Hazrat Abdul’lah bin Masud (ra). Cuando llegó allí vio que Hazrat Sa’d (ra) estaba rodeado por los miembros de su familia.  El Santo Profeta (sa) preguntó si había fallecido, ya que vio a los miembros de su familia rodeándole y estaba sufriendo de una severa dolencia. Los miembros de la familia respondieron:

“¡No, Mensajero de Al’lah! Todavía está vivo”.

Sin embargo, el Santo Profeta (sa) se acercó a él y al ver su estado, comenzó a llorar. Cuando la gente vio al Santo Profeta (sa) en este estado, también comenzaron a llorar. El Santo Profeta (sa) dijo entonces:

“¡Escuchen mis palabras! Dios Altísimo nunca castiga por las lágrimas que salen de los ojos, ni porque el corazón se encoja. Más bien, Él castigará o mostrará misericordia debido a esto otro (el Santo Profeta (sa) señalaba a su lengua). El Santo Profeta (sa) dijo entonces:

“El difunto recibe un castigo si los miembros de la familia se lamentan y lloran desconsoladamente por un difunto”. Es incorrecto lamentarse y quejarse. Tal vez la condición del Santo Profeta (sa) se produjo al ver a Hazrat Sa’d (ra) o que un estado especial descendió sobre el Santo Profeta (sa) al orar y como resultado de esto comenzó a llorar. Sin embargo, los demás pensaron que el fin de Hazrat Sa’d (ra) estaba cerca, por lo que empezaron a llorar y gritar. El Santo Profeta (sa) les explicó que no está prohibido llorar, pero lo que es incorrecto es enfadarse con el Decreto de Dios Altísimo.

Por lo tanto, si las lágrimas fluyen de los ojos para buscar el placer del Dios Altísimo, atraen la misericordia de Dios Altísimo, pero si se deben a la queja y al lamento, entonces se incurre en el castigo por tal acto. En cualquier caso, Hazrat Sa’d bin Ubadah (ra) no falleció durante este intenso período de enfermedad.

Hazrat Abdul’lah bin Umar (ra) relata:

“Estábamos en la compañía del Santo Profeta (sa) cuando alguien de entre los Ansar se acercó al Santo Profeta (sa) y le ofreció su salaam (paz). Cuando se dio la vuelta para regresar, el Santo Profeta (sa) preguntó: ‘¡Oh hermano Ansar! ¿Cómo está la salud de mi hermano Sa’d bin Ubadah?’ Respondió que estaba mejor. El Santo Profeta (sa) preguntó entonces quién irá de vosotros para visitarlo. Se puso en pie, y todos nos pusimos de pie para acompañar al Santo Profeta (sa) siendo más de diez personas. En ese momento, no llevábamos ni zapatos ni gorra en la cabeza, ni siquiera nuestras prendas de vestir superiores. En otras palabras, todos salimos rápidamente con el Santo Profeta (sa) y continuamos caminando hasta que llegamos a Sa’d (ra) bin Ubadah. La gente se había congregado a su alrededor, todos se apartaron y el Santo Profeta (sa) y sus Compañeros se pararon cerca de él”.  Esta narración es de Sahih Muslim y relata el mismo incidente que se mencionó anteriormente.

Hazrat Yabir bin Abdul’lah bin Haram (ra) relata:

“Mi padre me ordenó una vez que preparara Harira y lo hice.” Harira es un famoso plato que se prepara con harina, mantequilla y agua. Sin embargo, según el léxico de los Hadices, la Harira se prepara con harina y leche. En cualquier caso, él relata:

“Siguiendo las instrucciones de mi padre tomé la Harira y la presenté ante el Santo Profeta (sa). El Santo Profeta (sa) estaba en su residencia en ese momento y preguntó:

‘¡Yabir! ¿es esto carne?’.  Yo dije: ‘Oh Mensajero (sa) de Al’lah, no, es Harira. Preparé esto siguiendo las instrucciones de mi padre, quien luego me dijo que presentara esto ante ti, y por eso he venido.’ Después de esto volví a mi padre y él me preguntó si había visto al Santo Profeta (sa). Le respondí que sí y mi padre me preguntó si el Santo Profeta (sa) me había dicho algo. Le dije a mi padre que el Santo Profeta (sa) me preguntó si era carne lo que había traído. Al oír esto mi padre pensó que quizás el Santo Profeta (sa) deseaba comer carne y por eso sacrificó una cabra y luego cocinó su carne y me dijo que la llevara y la presentara ante el Santo Profeta (sa)”.  Hazrat Yabir (ra) sigue relatando:

“Presenté la carne de cabra ante el Santo Profeta (sa) y el Santo Profeta (sa) declaró: ‘¡Oh Al’lah! Concede a los Ansar una recompensa de mi parte, en particular a Abdul’lah bin Amr bin Haraam (ra) y a Sa’d bin Ubadah (ra)”.

Hazrat Abu Usaid (ra) relata que el Santo Profeta (sa) declaró una vez que los mejores hogares entre los Ansar son de las tribus de los Banu Nayyar, Banu Abd Ash’al, Banu Hariz bin Jazrall y luego Banu Saidah y que cada casa de los Ansar está llena de bondad. (Este Hadiz es de Sahih Bujari).

Al escuchar esto, Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah, que era uno de los Compañeros prominentes del islam, declaró que parecía como si el Santo Profeta (sa) considerara que los hogares de las otras tribus eran superiores a ellos. Sin embargo, le dijeron que el Santo Profeta (sa) también había establecido que su rango era más elevado que muchas otras personas”.

Hazrat Abu Usaid (ra) testificó que el Santo Profeta (sa) declaró que los mejores hogares entre los Ansar son los Banu Nayyar, Banu Abd Ahsh’al, Banu Hariz bin Jazrall y luego Banu Saidah y que cada casa de los Ansar está llena de bondad. El narrador de esta tradición, Abu Salma, afirma que Hazrat Abu Usaid (ra) declaró: “Se me acusa de fabricar esta tradición, sin embargo, si ese fuera el caso, entonces habría mencionado el nombre de mi tribu primero, es decir, Banu Saidah“. Cuando Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah escuchó esto, también lo sintió en su corazón (en la narración anterior también mencionó que él expresó que el Santo Profeta (sa) los había enumerado en último lugar entre los cuatro). Así, pidió que la silla de montar se sujetara a su burro para presentarse ante el Santo Profeta (sa). El sobrino de Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah, Sahl, le dijo:

“¿Vas a ir al Santo Profeta (sa) para desafiar su declaración y preguntar sobre el orden (de las tribus) que el Santo Profeta (sa) mencionó cuando la verdad es que el Santo Profeta (sa) sabe mejor? ¿No te basta con ser también uno de los cuatro?”.  De esta forma, Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah abandonó su plan y declaró que Al’lah y Su Mensajero (sa) saben mejor. Luego instruyó que su silla de montar se quitara del burro. Esta narración es también del Sahih Muslim.

Hisham bin Urwah relata de su padre que Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah solía ofrecer la siguiente súplica:

“¡Oh Al’lah! Hazme digno de alabanza, concédeme honor y nobleza. No se puede conseguir el honor y la nobleza sin actos piadosos (si uno no realiza buenas acciones, no puede alcanzar el honor ni la nobleza). Y las buenas obras no se pueden alcanzar sin riqueza, por lo tanto, ¡Oh Al’lah! Una pequeña cantidad de riqueza no es suficiente para mí y tampoco me permitirá permanecer en este estado”. Esta era su propia manera única de suplicar ante Dios Altísimo.

En otra tradición de Sahih Muslim, narrada por Abu Hurairah (ra), se afirma que Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah le preguntó al Santo Profeta (sa): “si veo a alguien con mi esposa, ¿no debo hacerle nada hasta que encuentre cuatro testigos que realmente los vieron cometer la mala acción? El Santo Profeta (sa) respondió: “Sí”. Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah dijo, “Ciertamente no, juro por Él, Quien te ha enviado con la verdad que, si esto me sucediera, yo resolvería inmediatamente el asunto con mi espada (es decir, no buscaría un testigo, sino que lo mataría)”. Sobre esto, el Santo Profeta (sa) dijo a la gente (presente): “¡Escuchen lo que su líder está diciendo! (es decir, refiriéndose a Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah). Está ostentando su honor, pero yo poseo un sentido del honor aún mayor que él y Dios Altísimo tiene un honor aún mayor”.

Luego, en relación con este relato, hay otro Hadiz de Sahih Muslim. Hazrat Mughaira (ra) bin Shaiba relata que Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah declaró:

“Si encontrara a alguien con mi esposa, lo mataría inmediatamente. No lo mataría con la parte inferior del filo sino con la parte afilada de la espada”.  Cuando el Santo Profeta (sa) escuchó esto, declaró:

“¿Os sorprende el nivel de honor que tiene Sa’d? Por Dios, yo poseo un mayor sentido del honor que él, y Dios Altísimo posee un honor aún mayor. De hecho, es debido a Su gran honor que Dios Altísimo ha prohibido las inmoralidades y los actos de indecencia, ya sean cometidos en secreto o abiertamente. No hay nadie que posea un mayor sentido del honor que Dios Altísimo y no hay nadie que se complazca más que Dios en aceptar el arrepentimiento (en otras palabras, nadie posee un mayor sentido del honor que Dios Altísimo y tampoco hay nadie más complacido que Dios Altísimo en aceptar el arrepentimiento)”. El Santo Profeta (sa) declaró, además: “es por esta razón que el Dios Altísimo ha declarado a Sus Profetas como portadores de buenas noticias y como amonestadores (dan buenas noticias y advierten a la gente al mismo tiempo). Además, no hay nadie que aprecie más la alabanza que Dios Altísimo, es por esta razón que Dios Altísimo ha prometido el Cielo como recompensa”. Abstenerse de los pecados es de hecho alabar a Dios Altísimo y es por esta razón que Dios Altísimo ha concedido la promesa del cielo. Por lo tanto, aunque Dios Altísimo castiga, no lo hace inmediatamente. Sin embargo el hombre puede mostrar prisa en la aplicación del castigo, debido a su sentido del honor. Dios Altísimo perdona a quien busca el arrepentimiento y también lo recompensa. Por lo tanto, Dios Altísimo no sólo perdona, sino que también recompensa. Por lo tanto, el Santo Profeta (sa) declaró que uno no debe excederse en sus acciones más allá de los mandamientos de Dios Altísimo.

Hay una tradición en el Hadiz de Musnad Ahmad bin Hanbal en la que se afirma que Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah relata que el Santo Profeta (sa) lo designó para supervisar los fondos de Sadaqat (caridad) pertenecientes a una tribu en particular. El Santo Profeta (sa) le aconsejó (que siempre temiera a Dios Altísimo) para que el Día del Juicio Final no apareciera cargando con un camello joven roncando en el Día del Juicio. Hazrat Sa’d (ra) respondió: “Oh, Profeta (sa) de Al’lah, entonces confíe esta responsabilidad a otra persona”. Y así, el Santo Profeta (sa) no le asignó este deber. Por lo tanto, a quien se le confía la supervisión de algo tiene que asegurarse de que concedan los debidos derechos a todos, establezcan la justicia y no muestren ni siquiera una pizca de deshonestidad. No hacerlo es un pecado grave y uno será responsable en el Día del Juicio Final.

Durante la vida del Santo Profeta (sa), seis Compañeros recopilaron todo el Sagrado Corán en un solo volumen y Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah fue uno de ellos. Hazrat Musleh Maud (ra) en relación con esto afirma que, entre los Ansar, los siguientes nombres son de los conocidos Hufaaz (aquellos que habían memorizado el Sagrado Corán):

Ubadah bin Samit, Muaz, Muyama bin Hariza, Fazala bin Ubaid, Maslama bin Mujalad, Abu Darda, Abu Zaid, Zaid bin Zabit, Ubbay bin Kab y Sa’d bin Ubadah Umme Warqa. Está comprobado por fuentes históricas que hubo muchos Compañeros que memorizaron el Sagrado Corán.

Quedan algunos relatos de Hazrat Sa’d (ra) bin Ubadah que inshal’lah relataré en los futuros sermones.