En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La excelencia personificada

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar Tashahhud, Ta’awwuz y Sura Al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V dijo:

Voy a continuar exponiendo las historias de las vidas de los Compañeros Badri (Compañeros que tomaron parte en la batalla de Badr), que llevamos realizando durante un periodo ya considerable de tiempo.

El primer Compañero que voy a mencionar es Hazrat Qatada (ra) bin Nu’man Ansaari. Hazrat Qatada (ra) perteneció a la tribu de Banu Zafar, clan de la tribu Jazrall de los Ansaar. Su padre fue Nu’man Bin Zair, y su madre fue Unaisah bint Qais.

El título de Hazrat Qatada (ra) se dice que fue Abu Umar, así como también Abu Amr y Abu ‘Abdil-lah.

Hazrat Qatada (ra) era medio hermano de Hazrat Abu Said Judri. Ambos eran hijos de la misma madre. Hazrat Qatada (ra) tuvo la oportunidad de participar en el Bait-e-Aqabah, con otros 70 Compañeros Ansaari. Sin embargo, de acuerdo a la narración de Al-lamah Ibn Ishaaq, él no tomó parte con los Compañeros Ansaari que participaron en el Bait-e-Aqabah, o puede que no haya sido mencionado entre ellos.

Hazrat Qatada (ra), fue uno de los arqueros que el Santo Profeta Muhammad (sa) asignó en la batalla de Badr, Uhud, Jandaq y otras batallas posteriores que luchó junto a él.

El ojo de Hazrat Qatada (ra) fue golpeado por una flecha durante la batalla de Uhud, lo que hizo que el ojo se saliera de la cuenca. En ese momento se acercó al Santo Profeta Muhammad (sa) y le dijo:

“¡Oh Mensajero de Al-lah, se me ha salido el ojo al recibir un flechazo! Amo a mi mujer mucho. Sin embargo si ella me viese así, temo que ella empiece a repudiarme”. El Santo Profeta Muhammad (sa) colocó el ojo en la palma de su mano y después lo colocó en su lugar de nuevo, y así recuperó la vista de ese ojo.

Este ojo era más agudo y más fuerte que el otro, incluso en su edad avanzada. De acuerdo con otra narración, el Santo Profeta Muhammad (sa) puso saliva en el ojo y como resultado, este mejoró más que el otro ojo.

Hazrat Qatada (ra), solía mencionar este incidente: “En una ocasión se le dio al Mensajero de Al-lah (sa) un arco de regalo. El Santo Profeta (sa) me lo dio a mí en la batalla de Uhud. Yo disparé flechas con este arco, enfrente del Santo Profeta Muhammad (sa) hasta que su cuerda se rompió. A pesar de ello, continué enfrente del bendito rostro del Santo Profeta (sa)”. [Normalmente también mencionamos Hazrat Talha (ra) en este asunto].

Sigue añadiendo: “Yo estaba al frente del Santo Profeta ( sa), cuando las flechas venían en dirección del Mensajero de Al-lah (sa), movía mi cabeza enfrente para hacer de escudo del bendito rostro del Mensajero de Al-lah (sa). No tenía más flechas para poder disparar. En ese momento una flecha golpeó uno de mis ojos, y mi ojo se salió de la cuenca y quedó encima de mi mejilla. La multitud se dispersó. Cogí mi ojo en mi propia mano, mientras la multitud se iba, y poniendo mi ojo en mi palma de la mano, fui al Santo Profeta Muhammad (sa). No estaba muy lejos de él. Cuando el Mensajero de Al-lah (sa) vio el ojo en mi mano, las lágrimas comenzaron a aflorar de sus ojos y oró: ‘¡Oh Al-lah Qatada (ra) ha salvado la cara de Tu Profeta pero no su propia cara. Rezo para que este ojo tuyo, sea más precioso y más agudo que el otro’. Y ciertamente ese ojo era el más hermoso y visualmente el más perceptivo de los dos”.

En la tradición que él mismo ha narrado, no incluye que su mujer dejaría de amarlo por el incidente del ojo, como en la narración anterior, que la que los historiadores han escrito, y para resaltar el incidente, incluyeron ese comentario.

Sin embargo, en sus propias palabras, no menciona a su mujer. En cualquier caso, su ojo se salió de la cuenca durante la batalla. El Santo Profeta (sa) lo puso de nuevo en la cuenca y su visión fue restaurada. En realidad, el ojo mejoró y por este hecho, Hazrat Qatada (ra), más tarde fue conocido con el título de Zul- Ain, que significa el poseedor del ojo.

Hazrat Qatada (ra) participó junto con el Santo Profeta Muhammad (sa) en otras batallas, incluidas la de Jandaq (la Zanja). En la ocasión de la conquista de la Meca, la bandera de la tribu de Banu Zafar estaba en manos de Hazrat Qatada (ra). Murió a la edad de 65, en el año 23 de la Hillrah (Hégira). Hazrat Umar (ra) dirigió la oración de su funeral en Medina. Su medio hermano, Hazrat Abu Said Judri, Muhammad bin Maslama y Hariz bin Jazma bajaron a su tumba, y según una de las narraciones, Hazrat Umar (ra) estaba también con ellos y también bajó a su tumba durante su funeral.

El nombre de uno de los nietos de Hazrat Qatada (ra) era Asim bin Umar, quien fue un experto en el campo de la genealogía; el conocimiento de las familias, ancestros y tribus. Al-lamah ibn Ishaaq ha relatado muchas de sus narraciones.

Una de las narraciones cuenta que el Santo Profeta (sa), tenía un arco llamado “qutum”, el cual estaba hecho de “naba”, que es un árbol de donde se hacen las flechas. Este era el arco que se rompió durante la batalla de Uhud por Hazrat Qatada (ra) debido a su uso excesivo.

Hazrat Qatada (ra) bin Nu’man, relata que una familia de entre los Ansaar, conocidos como los Banu Ubairak. Eran tres hermanos, Bishr, Bushair, y Mubasshir. Bushair era un hipócrita y un poeta que solía ridiculizar a los Compañeros del Santo Profeta (sa) con sus poemas. Se hacía ver como si fuese musulmán, pero sus acciones contradecían esto. Solía atribuir sus dichos a algunos árabes, diciendo que tal y tal persona habían dicho aquello o lo otro.

Cuando los Compañeros del Santo Profeta Muhammad (sa) escucharon los poemas que solía recitar, dijeron: “¡Por Dios, ese es el verso de esta persona tan miserable y son los de Ibn Ubairak!”. Eran personas necesitadas y empobrecidas durante la era de la ignorancia (época pre-islámica). Durante la era del islam no cambiaron su estado. No hicieron ningún trabajo ni hicieron ningún esfuerzo por mejorar y por ello eran extremadamente pobres.

Además, afirma que los dátiles y la cebada era la comida de los pobres de Medina. Cuando una persona adquiría riqueza, comenzaba a comprar harina blanca y refinada de la región de “Shaam” [Siria] a un mercader de cereales. Esta persona comenzó a comprarle y a incluir estos alimentos en sus comidas. Sin embargo su mujer e hijos siguieron comiendo dátiles y cebada.

Cuenta que en una ocasión, ocurrió que cuando el mercader de cereales vino de la región de Siria, su tío paterno, Rifa’a bin Zaid, le compró un saco de harina blanca y la colocó en su despensa. También puso algunas armas, una armadura y una espada en ella. Dijo que algo malo se había realizado en su contra y su despensa había sido saqueada. Los ladrones rompieron la pared y entraron, saqueando los víveres y las armas. En la mañana su tío paterno, Rifa’a vino y dijo:

“¡Querido sobrino! La pasada noche he sido robado. Nuestra despensa ha sido saqueada y los víveres y las armas han sido robadas. Hemos intentado conseguir alguna información y hemos preguntado a la gente de la zona. Nos han dicho que han visto a los Banu Ubairak está noche. Creemos que para celebrar el robo de vuestra comida han encendido un fuego y, han cocinado y comido lo que nos robaron.”

Hazrat Qatada (ra) sigue diciendo que investigaron entre el vecindario a lo que Banu Ubairak dijo: “¡Por Dios, creemos que la persona que te robó fue Labid bin Sahal!”. En otras palabras le echaron la culpa a otro. Añade Hazrat Qatada (ra) que Labid era un Qatadmusulmán virtuoso.

Cuando Labid escuchó que los Banu Ubairak le acusaban de robo, sacó su espada y dijo: “¿Yo, un ladrón? ¡Por Dios, mi espada permanecerá entre vosotros, hasta saber que me digáis quién cometió el robo.” Enfureció, y trató de resolver el asunto de inmediato. La gente alrededor le dijo: “Tú no eres un ladrón. Deja tu espada a un lado. Te creemos. Sabemos eres un hombre virtuoso.”

Sin embargo, tras la investigación, no había duda de que fue Banu Ubairak, quien cometió el robo. Su tío paterno dijo: “¡Querido sobrino! Quizás hubiéramos recuperado nuestras pertenencias si hubieramos ido al Santo Profeta (sa) a informarle sobre el incidente.”

Hazrat Qatada (ra) bin Nu’man dijo que tras escuchar esto, él mismo fue al Santo Profeta Muhammad (sa) y se presentó delante de él para informarle que alguien de nuestra propia gente ha llevado a cabo este acto injusto y cruel. Fueron a la casa de mi tío paterno, Rifa’ah bin Zaid, y robaron sus armas y raciones de comida cavando en secreto un túnel a su almacén. Solicitamos que nos devuelvan nuestras armas. En lo que respecta a las raciones y el grano, no lo necesitamos”. El Santo Profeta (sa) declaró: “Voy a decidir sobre este asunto después de hacer unas consultas.

Cuando esta noticia llegó a Banu Ubairak, se encontraron con alguien de su tribu conocido como Usair bin Urwah. Discutieron el asunto con él, y otros hombres del barrio se les unieron, fueron al Santo Profeta (sa) y le dijeron: “¡Oh Mensajero (sa) de Al-lah! Qatada bin Nu’man y su tío paterno acusan a uno de los nuestros de cometer robo sin proporcionar ningún testigo o evidencia. Somos musulmanes y gente de bien”. Qatada dijo: “Visité al Santo Profeta (sa) y discutí [este asunto] con él. El Santo Profeta (sa) dijo: “Has acusado de robo a personas que son buenos musulmanes sin proporcionar ningún testigo y evidencia”. Qatada es una persona de carácter virtuoso.

Declara Qatada que después de reunirse con el Santo Profeta (sa) y haber escuchado sus palabras, regresé a casa y consideré que hubiera sido mejor perder parte de mi riqueza en lugar de llevar este asunto al Santo Profeta (sa) y causarle tal incomodidad. Habría sido mejor perder la riqueza que decirle esto al Santo Profeta (sa). Luego declara que su tío paterno lo visitó y dijo: “¡Querido sobrino! ¿Qué has hecho hasta ahora con respecto a esto?”. En respuesta, le informó sobre lo que el Santo Profeta (sa) le había dicho. Su tío declaró: “Al-lah es nuestro ayudante”. Poco tiempo después de que tuviera lugar esta conversación se revelaron los siguientes versículos del Sagrado Corán:

[Árabe]

“Te hemos revelado ciertamente el Libro que contiene la verdad, para que juzgues entre los hombres por lo que Al-lah te ha enseñado. Y no defiendas la causa de los que traicionan la confianza”. (4:106)

La palabra [árabe] “jainin” [los que traicionan la confianza] se usó aquí para Banu Ubairak.

Entonces también declaró:

[Árabe] ‘Y pide perdón a Al-lah’.

Y: [Árabe]

“En verdad, Al-lah es el Sumo Indulgente, Misericordioso”.

Entonces Al-lah el Exaltado declaró:

[Árabe]

“No abogues por quienes son deshonestos con ellos mismos. En verdad, Al-lah no ama a quien es pérfido y gran pecador. Procuran ocultarse de los hombres, pero no se cuidan de ocultarse de Al-lah. Él está con ellos incluso cuando pasan la noche conspirando sobre asuntos que Él no aprueba. Pues Al-lah abarca todo cuanto hacen. ¡Mirad! Sois vosotros los que abogasteis por ellos en esta vida. Pero, ¿quién les defenderá ante Al-lah en el Día de la Resurrección, o quién será su defensor? Mas quien hace el mal o perjudica a su propia alma, y pide después perdón a Al-lah, comprobará ciertamente que Al-lah es el Sumo Indulgente, Misericordioso”. (4:108-111)

Al-lah el Exaltado luego declara:

[Árabe]

“Y quien comete un pecado solo lo hace en perjuicio de su propia alma. Y Al-lah es Omnisciente, Sabio. Y quien comete una falta o un pecado, y se lo imputa a un inocente, ciertamente lleva la carga de una calumnia y de un pecado flagrante”. (4:112-113)

Hazrat Qatada (ra) dijo luego que esto apuntaba hacia Banu Ubairak, quien había dicho que, según ellos, Labid bin Sahal fue quién cometió el robo. Al-lah el Exaltado declara luego:

[Árabe]

“Y si no fuera por la gracia de Al-lah contigo y por Su Misericordia, un grupo de ellos había decidido extraviarte. De hecho, no extravían a nadie salvo a si mismos y no pueden perjudicarte de modo alguno. Al-lah te ha revelado el Libro y la Sabiduría y te ha enseñado lo que desconocías, pues grande es la gracia de Al-lah para contigo. No hay nada bueno que salga de sus reuniones secretas salvo cuando deciden gastar por la causa del pobre, en el bienestar público o en promover la reconciliación o reforma de las gentes. Y a quien así actúe, buscando el agrado de Al-lah, le concederemos pronto una magnífica recompensa”. (4:114-115)

No obstante, puede haber muchos significados de los versículos coránicos, pero también pueden referirse a esto. Así, pasado un tiempo, pensaron que estos versículos fueron revelados acerca de su situación. Sin embargo, Al-lah el Exaltado reveló la realidad del asunto al Santo Profeta (sa). El resultado de esto fue que cuando se revelaron estos versículos, Banu Ubairak de quien se sospechaba el robo, pensó que estos versículos habían sido revelados sobre él y admitieron su robo. Trajeron las armas al Santo Profeta (sa), quien luego se las devolvió a Rifa’a, el legítimo propietario.

Hazrat Qatada (ra) afirma:

“Mi tío era un hombre mayor y su vista era débil incluso antes de que aceptara el islam durante la era de la Ignorancia [período Yahililla]. Debido a esto, pensé que quizás mi tío era débil en su fe (pensó que aunque había aceptado el islam y se había convertido en musulmán, no era firme en su fe). Pero cuando tomé las armas que los ladrones habían devuelto, me dijo: ‘¡Oh sobrino mío! Las regalo como Sadqah [caridad] en el camino de Al-lah el Exaltado”. En ese momento, me di cuenta y me convencí de que mi tío era firme en su fe, y todo ese tiempo me había equivocado al pensar que él era debil de fe”.

Cuando se revelaron estos versículos del Corán, Bushair, uno de los hermanos sobre quien se dudaba si era un hipócrita, fue a unirse a los idólatras y se quedó con Sulafah bint Sa’ad. Entonces, Al-lah el Exaltado reveló los siguientes versículos:

[Árabe]

“Y en cuanto a quien se opone al Mensajero después de que se le ha mostrado claramente la guía y sigue un camino distinto al de los creyentes, lo dejaremos continuar por el camino que ha elegido y lo arrojaremos al Infierno; ¡qué pésimo destino! Al-lah no perdonará que se Le asocie ningún otro partícipe pero perdonará cualquier falta inferior a esta a quien desee. Pues quien ponga otra cosa al nivel de Al-lah, en verdad se ha extraviado muy lejos”. (4:116-117)

Cuando Bushair dejó el islam y se quedó con Sulafah, que era un idólatra, Hazrat Hassan bin Zabit lo criticó en uno de sus poemas. Cuando Sulafah bint Sa’ad escuchó estos poemas, ella tomó sus posesiones y colocándolas sobre su cabeza, las arrojó fuera de la casa en una llanura abierta. Luego ella dijo: “¿es éste el regalo que me has traído mencionándome en los pareados de Hassan bin Zabit?, es decir, que “ese pareado lo escribió debido a vosotros, ¿y ahora me veo involucrada yo también?”. Luego dijo: “No voy a recibir ningún beneficio de ti, por lo que tus posesiones no seguirán en mi casa”. Este fue el resultado final de un hipócrita o idólatra.

Hazrat Abu Said Judri relata que en una ocasión Abu Qatada pasó toda la noche recitando el sura Ijlas. Cuando se le informó al Santo Profeta Muhammad (sa) sobre ello, dijo: “Juro por Él, en cuyas manos está mi vida, que el sura Ijlas es igual a la mitad o a un tercio del Corán”. Alude a la Unidad de Dios, que es, en realidad, la enseñanza que se encuentra en el Corán.

Abu Salamah dice que Hazrat Abu Huraira (ra) solía narrar un Hadiz del Santo Profeta (sa) que decía: “el día de viernes hay un momento, en el que, si un musulmán está en estado de oración y busca los favores de Al-lah el Exaltado, Dios se los concede”. Hazrat Abu Huraira entonces indicó con sus manos que ese momento es muy corto. Abu Salamah dice: “Cuando Hazrat Abu Hurairah (ra) falleció, pensé: “¡Por Dios! Cuando vea a Abu Said Judri, le preguntaré sobre esa hora [especial], porque quizá él lo sepa”. Cuando le vi, estaba enderezando algunos palos. Le pregunté: “¡Abu Said! ¿qué son estos palos que estás enderezando? Contestó: “En estos palos, Al-lah el Exaltado, ha puesto bendiciones para nosotros. Al Santo Profeta (sa) le gustaban estos bastones y los utilizaba mientras caminaba. Los enderezábamos y se los llevábamos al Santo Profeta (sa).

Después dijo: “En una ocasión, el Santo Profeta (sa) vió saliva en el suelo de la mezquita en la dirección hacia la Qibla. En ese momento, el Santo Profeta (sa) sostenía uno de esos bastones y lo utilizó para limpiarla. Después dijo: “si alguien de vosotros está haciendo la oración, no debe escupir hacia delante, ya que su Señor se encuentra en esa dirección”, es decir la persona está de pie detrás de Al-lah el Exaltado, por lo que no se debe escupir hacia el frente.

En aquel momento, creo que no todos los preceptos habían sido revelados. Por ese motivo, en esta narración que se encuentra en Bujari, se menciona que se debe escupir al lado izquierdo y hacia abajo. En esa época, el área donde rezaban no estaba completamente construida y quizá ponían tierra encima para limpiarla. Es por ello que el Santo Profeta (sa) aconsejó escupir hacia abajo.

Posteriormente, cuando los mandamientos fueron revelados y recibieron formación moral, la directiva del Santo Profeta (sa) fue que para limpiarse la nariz o escupir debían utilizar un paño o una tela. Hoy día tenemos pañuelos y tisúes y las mezquitas están alfombradas, por lo tanto esto no significa que esté permitido escupir en el suelo, más bien, en aquellas circunstancias, se concedió un permiso temporal debido a la situación de ese momento. Después el Santo Profeta (sa) aclaró que si alguien tenía que limpiarse la nariz o escupir, debían utilizar la esquina de un paño, luego cubrirlo y después limpiarlo una vez que se saliera fuera.

El narrador del incidente dice: Esa misma noche, llovió mucho. El Santo Profeta (sa) salió para dirigir la oración de Isha’a. El destello de la luz de un relámpago hizo que el Santo Profeta (sa) vislumbrara a Hazrat Abu Qatada bin Nu’man y dijo: “¡Oh Abu Qatada! ¿Qué estás haciendo a estas horas?” Respondió: “¡Oh Mensajero de Al-lah! Sabía que poca gente vendría a rezar (debido a la fuerte lluvia y a los relámpagos) y pensé que debía acudir y por eso he venido temprano. El Santo Profeta (sa) dijo: “cuando termines tus oraciones, espera aquí hasta que yo pase”. Así, cuando la oración terminó, el Santo Profeta (sa) le dio un bastón a Hazrat Abu Qatada y le dijo:

“Este bastón te iluminara diez pasos hacia delante y diez pasos detrás de ti. Cuando entres en tu casa, si ves la silueta de un humano en una esquina, antes de que hable, mátalo con este bastón porque ese será Satanás”. Así, él hizo lo que el Santo Profeta (sa) le indicó.

Abu Said continúa: “nos gustan estos bastones porque el Santo Profeta (sa) nos los dió. Se los entregaba al Santo Profeta (sa) después de prepararlo especialmente para él. El Santo Profeta (sa) los utilizaba y nos los devolvía o los regalaba a la gente. Por lo tanto, hay muchas bendiciones unidas a ellos. Por eso los estoy juntando”. Abu Salamah le dijo: “¡Oh, Abu Said! Hazrat Abu Huraira, en una ocasión, nos contó un Hadiz sobre un momento especial que ocurre el día del viernes”. Abu Salamah al principio fue a preguntar a Abu Said esta cuestión, pero cuando le vio recogiendo los bastones, le preguntó sobre los mismos. Por eso he mencionado el incidente en relación a esto.

Entonces él volvió a la cuestión en concreto y preguntó si sabía sobre un relato de Abu Huraira (ra), que decía que en los viernes, llega una hora especial en la que se aceptan las oraciones. Abu Said Judri respondió: “Pregunté al Santo Profeta (sa) sobre esta hora, a lo que me respondió: “Al principio me informaron sobre esa hora, pero después, al igual que la Noche del Decreto, hicieron que me olvidara”. Abu Salamah dice que se fue y fue a visitar a Hazrat ‘Abdul-lah bin Salaam.

La narración de Musnad Ahmad bin Hambal, que acaba de ser citada, menciona que en el viernes existe un momento particular para la aceptación de la oración. En relación con este asunto, existen otras narraciones a partir de las cuales se pueden determinar tres momentos especiales: el primero se dice que aparece durante el sermón del viernes, el segundo hacia la última parte del día y el tercero aparece después de la oración de Asr. Relataré las diversas narraciones al respecto.

Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) habló sobre la oración del viernes y declaró que existe un momento concreto especial en el día en el que si un musulmán lo experimenta mientras está de pie en la oración, le será concedido todo lo que le suplique a Al-lah el Exaltado. Por el gesto de su mano, el Santo Profeta (sa) indicó que la duración de este momento especial es extremadamente limitada.

Después está la narración de Sahih Muslim en la cual Abu Burdah bin Abu Musa Ashari relata que Hazrat ‘Abdul-lah bin Umar (ra) le dijo: “¿Has escuchado a tu padre narrar el Hadiz del Santo Profeta (sa) relacionado con la descripción de un momento peculiar el viernes?”. Él respondió: “sí, lo he escuchado”. Después dijo que su padre declaró: “he escuchado al Santo Profeta (sa) decir que el momento particular aparece desde el momento en que el Imam se sienta hasta que la oración concluye”

En otra narración relatada por Hazrat ‘Abdul-lah bin Salaam dice que en una ocasión, el Santo Profeta (sa) estaba entre nosotros y dijo: “hemos leído en el libro de Dios que hay una hora particular el viernes en la cual si una persona le pide cualquier cosa a Al-lah, mientras está en estado de oración, aunque no sea el receptor de ese instante particular, su petición será ciertamente aceptada. Hazrat ‘Abdul-lah declara que el Santo Profeta (sa) señaló hacia él y dijo: “o una parte de una hora (es decir un tiempo muy corto)”. Hazrat ‘Abdul-lah declaró: “sí, una parte de una hora”.

Hazrat ‘Abdul-lah dijo después: “¿cuándo es exactamente esa hora?”. El Santo Profeta (sa) declaró: “es en las últimas horas del mediodía (es decir cuando el mediodía se acerca a su fin)”. Hazrat ‘Abdul-lah entonces preguntó: “¿no ocurre durante la oración?” El Santo Profeta dijo: “de hecho, cuando un creyente completa su oración pero permanece sentado después, esto también se considera parte de la oración”. En otras palabras, si después de la oración, uno permanece ocupado en el recuerdo de Al-lah el Exaltado, se considera que está en estado de oración, y esto crea una condición para continuar haciendo súplicas.

En otra narración, Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) declaró: “un momento particular aparece el viernes en el cual si un musulmán busca el bien de Al-lah el Exaltado, Él ciertamente le concede todo lo bueno que estaba suplicando. Este momento particular aparece después de la oración de Asr. Aquí la narración de Musnad Ahmad bin Hanbal afirma que este momento particular aparece el viernes después de Asr.

En otra narración se dice que Hazrat Abu Salma preguntó al Santo Profeta (sa) sobre este momento particular y el Santo Profeta (sa) declaró:

[Árabe]:

“Que aparece en las últimas horas del día”.

Tras exponer esto, Hazrat Musleh Maoud (ra) declara en su Tafsir [exégesis del Sagrado Corán]: “El viernes y el Ramadán son similares ya que el viernes es un día para la aceptación de la oración y también lo es el mes de Ramadán. En lo que respecta a la oración del viernes, el Santo Profeta (sa) dijo que si una persona asiste a la oración del viernes, y permaneciendo en silencio recuerda a Al-lah Taala, espera a que el Imam venga, luego escuche con tranquilidad el sermón del viernes, participe luego de la oración congregacional, descienden especialmente para él bendiciones de Al-lah Taala. Existe también un momento en ese día del viernes, en el que una petición del ser humano que se haga, es aceptada.

Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que el Santo Profeta (sa) habló sobre la oración del viernes y dijo que hay un momento particular en el día que si un musulmán experimenta mientras está de pie en estado de oración, se le otorgará lo le suplica a Al-lah el Exaltado. El Santo Profeta (sa) indicó con el gesto de su mano que la duración de este momento en particular es extremadamente limitada “.

Esta es una narración de Bujari que ha sido mencionada anteriormente y ha sido narrada por Abu Hurairah.

Hazrat Musleh Maoud (ra) continúa diciendo:

“Una de las explicaciones de este Hadiz que ciertamente se debe dar es que solo se aceptarán tales oraciones de acuerdo con la práctica establecida por Al-lah el Exaltado y la ley Divina. Sin embargo, las oraciones de mala naturaleza ciertamente no serán aceptadas. Solo se aceptarán aquellas súplicas que sean legales, de acuerdo con la práctica establecida de Al-lah el Exaltado y la ley Divina. Y aunque esta es una gran recompensa, sin embargo, no se logra fácilmente. La duración de la oración del viernes comienza aproximadamente un poco antes del segundo Azan [llamada a la oración] y termina con el Salaam [la finalización de la oración]. Incluso en el caso en que el sermón sea corto, la duración total de la oración del viernes es de casi 30 minutos y si el sermón es un poco más largo, la duración total puede ser de alrededor de 1 -1,50 horas. Durante estas 1-1,50 horas, llega un momento particular en el que se contesta a lo que se suplica. Sin embargo, en estos 90 minutos uno no puede determinar si la aceptación de la oración es en el primer, segundo o tercer minuto de la oración del viernes. De hecho, uno ni siquiera puede determinar un solo minuto de los 90 minutos enteros de la oración del viernes sobre cuál de ellos fue el de aceptación de la oración”.

Por lo tanto, uno tendrá que buscar los 90 minutos completos. En otras palabras, tendrá que orar continuamente durante los 90 minutos completos del sermón para tener éxito en lograr este momento en el que se responden todas las súplicas. Sin embargo, rezar continuamente durante 90 minutos y permanecer concentrado es una tarea muy ardua”.

Hazrat Musleh Maoud (ra) escribe además:

“Algunas personas no pueden mantener su atención enfocada ni siquiera durante 5 minutos. Por ejemplo, he venido aquí para orar y, en general, cuando uno mira alrededor, me doy cuenta de que antes del sermón algunas personas ofrecían su oración Sunnah (voluntaria) y sus ojos comenzaban a vagar por aquí y por allá. La oración de la Sunnah solo dura un par de minutos, pero incluso en este corto período de tiempo, sus ojos deambulan por todas partes, a veces mirando a su derecha o izquierda, o al piso o luego al cielo. Por lo tanto, si uno ni siquiera puede enfocar su atención durante 2 a 2,50 minutos, por lo tanto, mantener la concentración durante 90 minutos completos y permanecer ocupado en oración y recordar a Al-lah el Exaltado no es tarea fácil”.

Por lo tanto, sí se menciona un momento particular [para la aceptación de la oración], requiere un esfuerzo continuo y concertado. Uno tiene que esforzarse mucho para lograr esto. No es tan simple que uno ore y en ese mismo minuto sea aceptado instantáneamente. De hecho, uno no tiene conocimiento de cuándo aparece este momento. Por lo tanto, es necesario que uno permanezca continuamente dedicado a la oración durante este tiempo, sin desviar su atención.

Hazrat Musleh Maoud (ra) ha mencionado que esta no es una tarea fácil. Para alcanzar las bendiciones de la oración del viernes, uno debe hacer un gran esfuerzo.

El segundo Compañero a mencionar es ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun. ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun pertenecía a la tribu Banu Yuma de los Quraish. Su madre era Sujaila bint Ambas. Era hermano de Hazrat Uzman (ra) bin Mazun, Hazrat Qudamah (ra) bin Mazun y Hazrat Saib (ra) bin Mazun. Todos eran tíos maternos de Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Umar porque Hazrat Umar se casó con una hermana de ellos, Zainab bint Mazun.

Yazid bin Roman narra que Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun y Hazrat Qudamah (ra) bin Mazun aceptaron el islam antes de que el Santo Profeta (sa) se dirigiera a Dar-e-Arqam y predicara el mensaje del islam desde allí. Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun y sus tres hermanos, Hazrat Qudamah (ra) bin Mazun, Hazrat Uzman (ra) bin Mazun y Hazrat Saib (ra) bin Mazun formaron parte de la delegación que emigró a Abisinia. Cuando se enteraron de la noticia de que los Quraish habían aceptado el islam, todos regresaron. En relación con los relatos de los Compañeros mencionados anteriormente, ya hablé sobre la migración a Abisinia. Mencioné que cuando la persecución contra los musulmanes excedió todos los límites, el Santo Profeta (sa) instruyó a los musulmanes a emigrar a Abisinia, y declaró que su rey era un hombre justo, y que nadie era tratado injustamente bajo su gobierno. En aquellos días, había un gobierno cristiano muy fuerte en Abisinia y su rey era Nayashi [Negus]. En cualquier caso, el 5 de Rayab Nabwi, siguiendo las instrucciones del Santo Profeta (sa), 11 hombres y 4 mujeres emigraron a Abisinia. Tuvieron la gran fortuna que cuando salieron de la Meca y se dirigieron al sur, y llegaron a Shuai’ba, que era un puerto de Arabia en aquel momento. Al-lah el Exaltado los bendijo de manera que allí había un barco comercial listo para partir hacia Abisinia. En consecuencia, abordaron tranquilamente el barco y este partió. Después de llegar a Abisinia, los musulmanes disfrutaron de una vida de paz y seguridad, y se libraron del tormento que sufrían a manos de los Quraish. Sin embargo, tal como mencionan varios historiadores (también me he referido a ellos en un comentario anterior) regresaron rápidamente. No habían pasado demasiado tiempo en Abisinia cuando se propagó un rumor que ellos también escucharon, que aseguraba que todos los Quraish habían aceptado el islam y que existía una paz completa para los musulmanes en la Meca. En consecuencia, muchos de los que emigraron a Abisinia regresaron de inmediato. Cuando estaban cerca de la Meca, se enteraron de que la noticia era falsa, y de que, en realidad, era una estratagema de los incrédulos para traer de vuelta a los musulmanes de Abisinia. Ahora se enfrentaban a una situación muy difícil. Algunos de ellos volvieron de nuevo a Abisinia al ver las dificultades y otros buscaron la protección de algunos hombres influyentes de la Meca. Sin embargo, esta protección no duró mucho, y la persecución de los Quraish se reanudó de forma implacable, no quedando ningún lugar de paz o seguridad para los musulmanes en la Meca. El Santo Profeta (sa) una vez más instruyó a sus Compañeros a emigrar, y estos, de forma discreta iniciaron los preparativos y emigraron de la Meca. Finalmente, el número total de musulmanes que se desplazaron a Abisinia fue de 100, de los cuales 18 eran mujeres y el resto hombres. Por lo tanto, esta fue la manera en que tuvo lugar la segunda migración.

En cualquier caso, se afirma que Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun regresó después de la primera migración, pero no se sabe si formó parte del grupo de la segunda migración a Abisinia, o si emigró a Medina.

Al final, tras su migración a Medina, el Santo Profeta (sa) estableció una hermandad entre Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun y Hazrat Sahl (ra) bin Ubaidul-lah Ansari. Según una narración, el Santo Profeta (sa) estableció una hermandad entre Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun y Hazrat Utbah (ra) bin Amir. Junto con sus tres hermanos, Hazrat Uzman (ra) bin Mazun, Hazrat Qudamah (ra) bin Mazun y Hazrat Saib (ra) bin Mazun, Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun) participó en la Batalla de Badr al lado del Santo Profeta. (sa). Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun participó en todas las batallas que libró el Santo Profeta (sa), incluyendo la batalla de Badr, Uhud y Jandaq. Hazrat ‘Abdul-lah (ra) bin Mazun falleció en el año 30DH (después de la Hillra) durante el Jalifato de Hazrat Uzman (ra) a la edad de 60 años.

¡Que Al-lah el Exaltado continúe elevando el rango espiritual de los Compañeros (ra)!