La excelencia personificada: Hamza ibn Abdul-Muttalib (ra)

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Tras recitar el Tashahhud, Ta’awwuz, y Surah Al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V djo:

El Mesías Prometido dijo lo siguiente en una ocasión:

“¿Cuál era la condición de civismo, moralidad y espiritualidad de la nación árabe en el momento de la aparición del Santo Profeta (sa)? Por todas partes predominaba la guerra, la bebida, el adulterio y el saqueo. En resumen, prevalecía todo tipo de vicio. Nadie tenía ninguna relación con Al-lah el Exaltado ni con las altas cualidades morales. Todos pretendían ser faraones. Sin embargo, la aparición del Santo Profeta, tras su aceptación del islam, insufló en ellos tal espíritu de amor hacia la divinidad y hacia la unicidad que todos ellos se mostraron dispuestos a sacrificar sus vidas por la causa de Al-lah el Exaltado. Llegaron a manifestar la verdadera esencia del bai´at (pacto de iniciación), que reflejaron a través de sus acciones.”

También dice: “Los compañeros del Santo Profeta (sa) exhibieron un ejemplo de lealtad que no tuvo paralelo ni lo tendrá en la posteridad. Sin embargo, si Al-lah el Exaltado así lo desea, puede hacer que ocurra de nuevo. Otras personas pueden beneficiarse de estos ejemplos. Al-lah el Exaltado puede reestablecer tales ejemplos en esta Comunidad.” [refiriéndose a su propia Yama’at].

Además, dice: “Esta es la bella expresión que Al-lah el Exaltado ha utilizado para elogiar a los compañeros del Santo Profeta (sa) [árabe]: “Entre los creyentes hay hombres que han respetado la alianza que hicieron con Al-lah. Hay algunos de ellos que cumplieron su promesa dando sus vidas y otros que siguen esperando para dar su vida”. (Santo Corán 33:24).

Dice:

“No puede existir mejor ejemplo para describir a los compañeros que el que ofrece este versículo del Sagrado Corán que ensalzan a los compañeros, si se compilaran todos ellos.”

Por lo tanto, estos actos piadosos y sacrificios constituyen un ejemplo excelente para nosotros. Hace cierto tiempo, en mis sermones, había descrito ciertos incidentes de las vidas de los compañeros, entre los que se incluían los compañeros badri (que participaron en la batalla de Badar) así como de algunos otros. Sin embargo, había pensado mencionar primero a los compañeros que participaron en la batalla de Badar, porque tenían un rango especial. Eran aquellos con quienes Al-lah el Exaltado se sentía complacido y aquellos que obtuvieron el agrado de Al-lah el Exaltado.

Hoy hablaré de Hazrat Hamza bin Abdul Muttalib. Se le menciona con detalle tanto en la historia como en el Hadiz, especialmente el modo en que se convirtió en musulmán. Se menciona también el incidente de su martirio. Era conocido como Sayyid-ush-Shuhadaa [el líder de los mártires]. También se le elogiaba como Asadul-lah (el León de Al-lah) y  Asad-ur-Rasul (el León del Profeta). Hazrat Hamza era hijo de Hazrat Abdul Muttalib, el líder de los quraichíes y el tío paterno del Mensajero (sa) de Al-lah. La madre de Hazrat Hamza  se llamaba Hal-lah, y también era prima paterna de la madre del Santo Profetasa, Hazrat Aminah. Hazrat Hamza era dos años mayor que el Santo Profeta (sa), o cuatro años mayor, según otra narración. Hazrat Hamza también era hermano de leche del Santo Profeta (sa). Una esclava llamada Zaubia les amamantó. Hazrat Hamza aceptó el islam en el año sexto de nabawi, durante el periodo de su estancia en Darul Arqam.

De acuerdo con las narraciones históricas, Hazrat Musleh Maud relató a su estilo el incidente de su aceptación del islam. Después de escucharlo, os expondré un resumen, así como algunos de sus detalles, que nos hacen reflexionar sobre el modo en que Hazrat Hamza aceptó el islam, y sus motivos, y el sentido de honor por el Santo Profeta (sa) al ver las crueldades a las que Abu Yahl sometió al Santo Profeta (sa).

De todas formas, el incidente se menciona así: En una ocasión, el Santo Profeta (sa) se hallaba sentado en una roca entre las colinas de Safa y Marwa. Con toda certeza estaría reflexionando sobre el modo de establecer la unidad de Al-lah el Exaltado. Mientras tanto, se acercó Abu Yahl. Nada más llegar, le dijo: “Muhammad ¿no vas a abstenerte de lo que dices? Seguidamente, comenzó a insultarle de la forma más soez. El Santo Profeta siguió escuchando y soportando sus insultos, pero no dijo nada en respuesta. Al terminar de insultarle, este hombre miserable avanzó y abofeteó el rostro del Santo Profeta (sa). Sin embargo, a pesar de todo, el Santo Profeta (sa) siguió sin decir nada. La vivienda de Hazrat Hamza se encontraba exactamente frente al lugar donde estaba sentado el Santo Profeta (sa) y donde Abu Yahl le insultó. Hazrat Hamza aún no había aceptado el islam. Su rutina diaria era salir de cacería cada mañana con su arco y flechas y regresar por la noche. Además, solía participar en las reuniones de los qureichíes. Ese día, cuando Abu Yahl insultó al Santo Profeta (sa) y le trató con severidad, había salido de caza. Sin embargo, ocurrió que cuando Abu Yahl actuaba de esa manera, una de las sirvientes de Hazrat Hamza observaba la escena de pie en la puerta. Vio que el Santo Profeta (sa) soportaba tranquila y pacíficamente los ataques y abusos continuados de Abu Yahl. La sirvienta continuó de pie al lado de la puerta observando la escena.

Hazrat Musleh Maud escribe que se trataba sin lugar a dudas de una mujer incrédula. Sin embargo, en tiempos antiguos, aunque la gente de la Meca sometía a crueldades a los esclavos, también había gente noble que trataba a sus esclavos con amabilidad y después de mucho tiempo a tales esclavos se les consideraba parte de la misma familia. Esto mismo ocurrió con la esclava de Hazrat Hamza. Esta quedó muy afectada al ver con sus ojos y oír con sus oídos todo lo que estaba ocurriendo, pero no pudo hacer nada.  Siguió observando y escuchando mientras sufría internamente. Cuando el Santo Profeta (sa) se levantó y abandonó aquel lugar, ella también siguió con sus tareas. Al atardecer, cuando Hazrat Hamza regresó de la cacería y bajó del caballo con su arco y flechas, mostrándose orgulloso de su valor y bravura, la sirvienta se levantó y le dijo que llevaba conteniendo su enojo y tristeza durante bastante tiempo.  Reprendió a Hazrat Hamza diciendo que si no sentía vergüenza en exhibir su bravura.  Hazrat Hamza, se sorprendió mucho al oír esto, y preguntó con curiosidad qué ocurría. La sirvienta le dijo: “Ocurrió que tu sobrino Muhammad estaba sentado aquí cuando Abu Yahl se dirigió a él y le atacó, le lanzó incontables insultos y le abofeteó en el rostro. Sin embargo, Muhammad, sin inmutarse, continuó escuchando los improperios. Abu Yahl continuó insultándole y, al agotarse, se marchó.

Sin embargo, vi que Muhammad (sa) no respondía a ninguna de sus acciones. Andas con gran valentía y has vuelto de tu caza con gran orgullo. ¿Acaso no te da vergüenza que tu sobrino haya sido tratado de este modo en tu presencia? Aunque él creía que el Santo Profeta (sa) era verdadero, Hazrat Hamza todavía no había aceptado el islam. Uno de los motivos era que era uno de los líderes de los Quraish y otro motivo era debido a su gobierno. Durante ese tiempo Hazrat Hamza no estaba preparado para sacrificar su estatus y prominencia por el bien de la religión. Aun así, cuando oyó acerca de este suceso por parte de su esclava, sus ojos se enardecieron y el honor por su familia se vio estimulado. Por tanto, sin tomar un momento de respiro, marchó hacia la Ka’aba en un estado de gran enfado. Primero, realizó el Tawaf (vuelta) en torno a la Ka’aba y seguidamente marchó hacia la reunión en la cual Abu Yahl estaba presente. Se encontraba jactándose y mofándose, y narrando este incidente con gran gozo. De forma arrogante mencionó que hoy había insultado a Muhammad (sa) de tal forma, y hoy le había tratado de dicha manera. Cuando Hazrat Hamza llegó a esa reunión, fervientemente atizó con su arco la cabeza de Abu Yahl y dijo que:

“Clamas ser valiente y estás diciendo a la gente que has humillado a Muhammad (sa), y que no protestó lo más mínimo. Ahora te voy a humillar a ti. Si tienes el valor, respóndeme.”

En ese momento, Abu Yahl era considerado como una de las personas más valientes de la Meca, un rey y un jefe de (su) nación. Era similar a un faraón. Cuando sus compañeros vieron esta escena, de forma pasional se levantaron e intentaron agredir a Hazrat Hamza. Sin embargo, Abu Yahl, quien se había quedado impresionado debido al hecho de que el Santo Profeta (sa) toleró su abuso de forma silenciosa, y debido a la valentía y coraje de Hazrat Hamza, intervino y les detuvo antes de que le atacaran y dijo que le dejaran en paz.

“El hecho es que yo he cometido una injusticia y Hamza tiene razón”.

Hazrat Musleh-e-Maud a continuación escribe por su cuenta que cuando Muhammad (sa) volvió a casa de las colinas de Safa y Marwa, decía desde su corazón que su tarea no era la de pelear, sino la de tolerar pacientemente los abusos. Sin embargo, Al-lah el Exaltado, dijo en su trono que (¿Acaso Al-lah no es suficiente para Sus siervos?). En otras palabras, ¡Oh Muhammad (sa)! Tú no estás dispuesto a pelear. Sin embargo, ¿acaso no estamos presentes con el fin de enfrentarnos a tus oponentes por ti? Por tanto, ese mismo día Al-lah el Exaltado dotó al Santo Profeta (sa) con un alma devota con el fin de enfrentarse a Abu Yahl. Además, Hazrat Hamza mostró su fe en esa misma reunión en la que atizó su arco contra la cabeza de Abu Yahl. Se dirigó a Abu Yahl y dijo:

“Has insultado a Muhammad (sa) simplemente porque dice ‘soy el mensajero de Dios y los ángeles han descendido sobre mí.”

“Escucha con atención que hoy, entro en la comunidad de Muhammad (sa) y asimismo profeso todo lo que Muhammad (sa) profese. Si tienes el valor y el coraje, enfréntate a mí. Diciendo esto, Hazrat Hamza entró en la comunidad del islam”.

En las narraciones encontramos que después de que Hazrat Hamza aceptase el islam, la fe de los musulmanes de la Meca se hizo más fuerte. De hecho, el historiador inglés, Sir William Muir, también testificó el hecho de que el objetivo del Santo Profeta (sa) se vio fortalecido cuando Hazrat Hamza y Hazrat Umar pasaron a formar parte de la comunidad del islam. Junto con otros musulmanes, Hazrat Hamza migró a Medina y vivió en la casa de Hazrat Kulzum bin Al-Hadm. De acuerdo con otra narración, permaneció en la casa de Hazrat Sa’d bin Haizamah. Sin embargo, tras la migración, el Santo Profeta (sa) formó un lazo de hermandad entre Hazrat Hamza y Hazrat Zaid bin Harizah. En base a esto mismo, Hazrat Hamza hizo un testamento en nombre de Hazrat Zaid cuando marchaban a participar en la batalla de Uhud.

Incluso tras emigrar a Medina, sus fechorías no cesaron. Su mal comportamiento hacia los musulmanes no cesó. Por esta razón los musulmanes debían permanecer alerta para detectar cualquier movimiento por parte de los no creyentes. En una narración encontramos que con tal de permanecer alerta de los movimientos y las fechorías de los Quraish, el Santo Profeta (sa) necesitaba elegir y mandar expediciones, en las que Hazrat Hamza sirvió de manera extraordinaria. En Rabi´-ul-Awwal [mes islámico] del segundo año tras haber emigrado, el Santo Profeta (sa) envió una expedición de treinta Muhayirin [emigrantes a Medina] en camellos y bajo el liderazgo de Hazrat Hamza hacia el Este. Hazrat Hamza y sus acompañantes exploraron rápidamente el lugar y vieron que el jefe líder de Meca, Abu Yahl estaba allí para darles la bienvenida con un ejército de trescientos soldados en caballos o camellos. Esto suponía diez veces el número de la expedición de musulmanes. Sin embargo, los musulmanes dejaron sus hogares con tal de cumplir con el mandato de Dios y Su Mensajero (sa), y el miedo de la muerte no los haría volver hacia atrás. Ambos [ejércitos] estaban uno del frente del otro y se alienaron en filas. Estaban a punto de adentrarse en plena batalla cuando el jefe de la zona, Maydi bin ´Amr Al-Yuhani, quien tenía relación con ambas partes, intervino y paró la lucha que estaba a punto de estallar.

También se dice que el Santo Profeta (sa) dio la primera bandera del islam a Hazrat Hamza (ra), pero otros dichos dicen que se le fue dada a Hazrat Abu Ubaidah (ra) y Hazrat Hamza (ra) de forma simultánea, lo cual deja el hecho en duda. En cualquier caso, queda claro que Hazrat Hamza (ra) era quién llevaba el estandarte del Santo Profeta (sa) en la batalla de Qainuqah en el 2º del mes de Hijrah.

Hazrat Hamza (ra) siempre siguió la enseñanza del Santo Profeta (sa) de que uno siempre debe conservar su dignidad y orgullo. Hay un dicho en el que se menciona que tras emigrar a Medina, Hazrat Hamza (ra) sufrió una gran pérdida económica como otros musulmanes. Hazrat Abdul-lah Bin Umar (ra) dice que en una ocasión Hazrat Hamza (ra) se dirigió hacia el Santo Profeta (sa) y le preguntó si podía realizar algún servicio para ganar algo de dinero. El Santo Profeta (sa) le preguntó:

“¡Oh Hamza (ra)! ¿Es mejor mantener el orgullo vivo o matarlo?”

Hazrat Hamza (ra) dijo que quería mantenerlo vivo. El Santo Profeta (sa) dijo:

“Deberías mantener tu dignidad”.

El Santo Profeta (sa) le pidió que orara con más fervor y le enseñó algunas oraciones particulares para orar. Hazrat Hamza (ra) dice que el Santo Profeta (sa) le dijo que debía recitar la siguiente plegaria:

“¡Oh Al-lah, te ruego, con referencia a tu Gran Nombre y el Gran Guardián del Paraíso!”

De la cual siempre obtuvo beneficio. Estas cosas nos dicen que Hazrat Hamza (ra) tenía una gran fe en la oración, y ¿por qué no? Fue a través de estas plegarias por las que Al-lah el Exaltado le otorgó todo lo necesario para el hogar y todo lo que necesitaba. Tiempo más tarde se casó con Jola bint Qais (ra), quien era una mujer Ansari de Bani Nayaar. El Santo Profeta (sa) solía visitar su casa. Hazrat Jola (ra) solía contar anécdotas agradables de aquel tiempo. Solía decir que en una ocasión el Santo Profeta (sa) estaba en su casa y ella le preguntó:

“¡Oh Mensajero de Al-lah! He escuchado que recibirás la fuente paradisíaca de Kausar el Día del Juicio y que ésta será inmensa”.

El Santo Profeta (sa) dijo:

“Sí, eso es verdad, y escucha, preferiría que tu parentela, los Ansaar, bebieran mucho más que los demás.”

Amaba muchísimo a los Ansaar porque, cuando fue expulsado de La Meca por su propia gente, fueron los Ansaar quienes le dieron todo lo que tenían.

En la historia de la batalla de Badr en el año 2 de la Hégira, encontramos otro incidente. Uno de los infieles, Aswad Bin Abdul Asad Majzumi, que era un hombre muy desagradable y horrible, se dio a conocer. Había jurado que bebería de la fuente del Santo Profeta (sa) y donde los musulmanes bebían agua, destruirla o profanarla, o moriría cerca de ese lugar. Cuando llegó allí, fue desafiado por Hamza (ra) Bin Abdul Muttalib. Hamza (ra) lo atacó con su espada y le cortó la mitad de la pantorrilla. Estaba cerca de la fuente y cayó de espaldas. Intentó acercarse a la fuente para cumplir su juramento. Hazrat Hamza (ra) lo siguió y terminó atacándolo de nuevo. Murió cerca de la fuente, pero no pudo beber o echar a perder el agua.

Hazrat Ali (ra) dice acerca de la batalla de Badr que el número de infieles era mucho mayor que el de musulmanes. El Santo Profeta (sa) había estado orando toda la noche ante Al-lah el Exaltado con profundo anhelo y con gran humildad. Cuando el ejército de los infieles se acercó y los musulmanes tomaron sus posiciones, vieron a un hombre sobre un camello rojo que se movía entre las filas. El Santo Profeta (sa) le pidió a Ali (ra) que verificara con Hamza (ra) quién era ese hombre, ya que Hamza (ra) estaba más cerca del ejército infiel. Y luego el Santo Profeta dijo:

“Si hay alguien entre los infieles que pueda convencerles, es ese hombre sobre el camello rojo”.

Mientras tanto Hazrat Hamza (ra) vino y dijo que era Utba Bin Rabiya quien estaba tratando de evitar la batalla, pero Abu Yahl se mofó de él diciendo que era un cobarde y tenía miedo a la batalla. Al escuchar la burla, Utba dijo con coraje:

“Veremos quién es un cobarde”.

Hazrat Ali (ra) narra:

“Utba se adelantó para luchar junto con su hijo y hermano y retó a cualquiera a pelear. Muchos jóvenes Ansari respondieron al desafío. Utba les preguntó quiénes eran y cuando dijeron que eran Ansaar, él dijo:

“No tenemos ninguna disputa con vosotros. Solo queremos pelear con los hijos de nuestros tíos”.

Al escuchar esto, el Santo Profeta (la Paz sea con él) dijo:

“Oh Hamza (ra), levántate, oh Ali (ra) ponte de pie y oh Abu Ubaida Bin Haris (ra) adelántate”.

Hazrat Ali dice:

“Hamza (ra)) fue a Utba, yo fui hacia Shaoba y Abu Ubaida tuvo una pelea con Walid y ambos se hirieron gravemente. Y luego nosotros nos volvimos hacia Walid, lo matamos y trajimos a Abu Ubaida (ra) de vuelta desde el campo de batalla.”

Hazrat Ali (ra) y Hazrat Hamza (ra) habían asesinado a sus respectivos rivales. Cuando el Santo Profeta había llamado:

“O Hamza (ra) levántate, O Ali (ra) ponte de pie y O Abu Ubaida Bin Haris (ra) adelántate.”

En ese momento los tres se pusieron de pie y se acercaron a Utba, y Utba dijo: “Decid algo, para que podamos reconoceros.”

Porque tenían puestos cascos. Sobre esto Hamza (ra) dijo:

“Mi nombre es Hamza (ra) y yo soy el León de Al-lah y de Su Mensajero”.

Utba respondió: “¡Es un buen rival!”.

Hazrat Hamza (ra) era tan valiente que tenía colocada una pluma de avestruz como señal de guerra para espantar a los oponentes. Hazrat Abdur Rahman bin Auf (ra) dice que Umayya ibn Jalf, quien estaba entre los caciques de los Quraish, el hombre que solía torturar a Hazrat Bilal (ra) en La Meca, y que fue asesinado a manos de los Ansaar en Badr, le preguntó:

“¿Quién es el hombre con una pluma de avestruz en el pecho?”

Le dije que era Hamza (ra) bin Abdul Muttalib. Dijo:

“Ese es el hombre que hoy nos ha causado el mayor daño”.

El historiador inglés Sir William Muir escribe sobre la participación de Hamza en la batalla de Badr. Hazrat Hamza era visiblemente notorio en todo el campo de batalla porque llevaba una pluma de un avestruz. Durante la guerra, mató valientemente a muchos líderes de guerra. Durante la batalla de Uhud, Hazrat Hamza (ra) también demostró su excelente valentía. Esta exhibición de coraje fue una espina a ojos de los Quraish de La Meca. El detalle de este evento se registra en Bujari de la siguiente manera:

Hazrat Ya’far bin Amr Bin Umayya Zamri (ra) narra que viajaba con Ubaidul-lah bin Adiyy bin Jiyar (ra) cuando llegaron a Hums, que es una ciudad famosa. Ubaidul-lah bin Adiyy (ra) me preguntó si me gustaría visitar a Wahshi bin Harb Habshi. Dijo que le preguntaremos sobre el asesinato de Hazrat Hamza (ra). Dije que sí y que Wahshi solía vivir en Hums. Por lo tanto, preguntamos por su dirección y nos dijeron que Wahshi estaba sentado a la sombra de su palacio. Yafar dice que fueron a Wahshi y estuvieron un momento allí. Ofrecimos los saludos de paz y él devolvió los saludos. Dice que Ubaidul-lah bin Adiyy (ra), en ese momento llevaba un turbante y su cabeza y rostro estaban cubiertos. Wahshi solo podía ver sus ojos y pies. Ubaidul-lah bin Adiyy (ra) le dijo a Wahshi: ¿me reconoces? Narra que Wahshi miró a Ubaidul-lah bin Adiyy (ra) cuidadosamente y luego respondió:

“Por Dios, no. Lo único que sé que es que Adiyy bin Jiyar se casó con una mujer que se llamaba Ummul Qital bint Abi Lais. Ella tuvo un hijo y yo solía ayudar a alimentar al bebé y luego le daba al bebé a la madre. Al verte los pies, tengo la sensación de que eres la misma persona”.

Al escuchar esto, Ubaidul-lah bin Adiyy (ra) reveló su rostro. Es decir que Wahshi lo reconoció por los pies. Entonces Ubaidul-lah bin Adiyy (ra) le dijo a Wahshi:

“¿Puedes contarnos el incidente del asesinato de Hamza (ra)?”

Wahshi dijo que Hazrat Hamza (ra) mató a Tuwayma bin Adiy bin Jiyar durante la batalla de Badr; mi maestro en ese momento, Yubair bin Mutim, me dijo que si vengaba el asesinato de mi tío matando a Hamza (ra), entonces sería liberado. Dijo que cuando la gente vio que la batalla de Uhud estaba a punto de comenzar (entre las colinas más importantes hay una con el nombre de Uhud donde hay un valle entre esta colina y Uhud), me uní también a la gente para ir a la batalla. Cuando la gente se alineó para comenzar la batalla, Saba dio un paso al frente y gritó: “¿quién va a venir a enfrentarse a mí?” Al oir esto Hazrat Hamza bin Abdul Muttalib (ra) dio un paso al frente y dijo: “Oh Saba, ¿quieres pelear contra Dios y su Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él)?” Después de decir esto, Hazrat Hamza (ra) lo atacó y venció. Esto quiere decir que fue abordado y reducido fácilmente. Wahshi dice que me escondí detrás de una gran piedra en busca de Hazrat Hamza (ra). Cuando él pasó a mi lado, lo ataqué y lo atravesé con mi espada y ese fue su final. Cuando la gente volvía, me uní a ellos para regresar a La Meca y me quedé allí. Cuando el islam se extendió a La Meca, emigré a Taif.

Entonces la gente envió emisarios al Santo Profeta (sa) y me informaron que él no detenía a los emisarios. Esto significa que el Santo Profeta (sa) no causaba ningún daño a los emisarios. Entonces me uní a ellos, y cuando fui a ver al Santo Profeta (sa), tan pronto como me vio, me preguntó si era Wahshi. Respondí diciendo que sí. El Santo Profeta (sa) preguntó: ¿Has asesinado a Hamza (ra)? Le dije que había escuchado correctamente.

En esto, el Santo Profeta (sa) dijo:

“En la medida de lo posible, por favor, no te acerques a mí”.

Dice que al escuchar esto se fue del lugar. Cuando el Santo Profeta (sa) falleció y Musailma Kazzab comenzó una rebelión, pensé que debía ir a Musailma, y si soy capaz de matarle, entonces podría ser capaz de redimirme del pecado de haber asesinado a Hazrat Hamza (ra). Él dice que partió hacia la guerra con la gente y la batalla terminó como terminó.

Vi a un hombre de pie en el hueco de una pared. Era tan miserable y su pelo estaba tan desgreñado que parecía un camello marrón claro. Entonces, él dice que lo maté con mi lanza atacándolo y atravesándole el pecho, y luego otro Ansari cortó su garganta. Entonces, este fue su final.

Umair bin Ihsaaq narra que en el día de Uhud, Hamza (ra) bin Abdul Mutallib estaba peleando frente al Santo Profeta (sa) con dos espadas. Estaba recitando “yo soy el león de Dios”. Durante este canto, él iba hacia adelante y hacia atrás. Mientras hacía eso, su pie resbaló y terminó cayendo de espaldas. Wahshi Aswad lo vio en ese estado. Abu Osama dice que él lo atacó con su lanza y lo asesinó.

Hazrat Hamza (ra) fue martirizado 32 meses después de la migración del Profeta y tenía 59 años. Se cuenta que Hind, quien era la esposa de Abu Safiyyan, también asistió con las tropas en el día de Uhud. Ella quería vengar la muerte de su padre, quien murió mientras luchaba contra Hazrat Hamza durante la guerra de Badr, y que había jurado que siempre que pudiera, se comería el hígado de Hazrat Hamza (ra). Cuando surgió la situación y Hazrat Hamza (ra) estaba en este estado, los no creyentes desmembraron los cuerpos de los musulmanes martirizados, los desfiguraron y les cortaron la nariz y las orejas. También extrajeron el hígado de Hazrat Hamza (ra) y dieron una parte de este hígado a Hind. Hind intentó masticar este hígado, pero no podía tragarlo, así que lo escupió. Cuando el Santo Profeta (sa) tuvo conocimiento de este incidente, dijo que Al-lah el Exaltado había prohibido que el fuego tocara cualquier parte del cuerpo de Hamza.  Entonces el Santo Profeta (sa) fue a ver el cuerpo de Hazrat Hamza (ra), expresó sus sentimientos y le dio la buena nueva de que recibiría un elevado rango. Hay una narración sobre ello.

Cuando el Santo Profeta (sa) fue a ver el cadáver de Hazrat Hamza (ra) y vio que su hígado había sido extraído y masticado, Ibn Hisham escribe sobre este relato, en su biografía del Santo Profeta (sa), que el Santo Profeta (sa) se paró junto al cuerpo de Hazrat Hamza (ra) y dijo:

“¡O Hamza (ra), nunca tendré que enfrentarme a una tribulación tan dolorosa como la tuya. Nunca hasta ahora había visto una escena más dolorosa!”

Entonces el Santo Profeta (sa) dijo que el ángel Gabriel le había dado la noticia de que Hamza (ra) bin Abdul Muttalib había sido señalado como el león del profeta en los siete cielos.

Hazrat Zubair (ra) relata que al final del día de la Batalla de Uhud, una mujer fue vista corriendo hacia el frente. Estaba a punto de ver los cuerpos sin vida de los mártires. El Santo Profeta (sa) no aprobaba que las mujeres estuvieran allí y fueran testigos de esas escenas. Por esta razón, ordenó que se la detuviera, ya que el estado de los cuerpos era deplorable. Hazrat Zubair (ra) narra que cuando él la observó detenidamente, se dio cuenta de que esa mujer era su propia madre, Hazrat Safiyyah (ra). Así que fue corriendo hacia ella y antes de que pudiera llegar a los cuerpos de los mártires, la alcanzó. Dice: “Cuando me vio, me golpeó en el pecho y me empujó hacia atrás”. Era una mujer fuerte y me dijo que me apartara, y que no escucharía nada de lo que le dijera. Le respondí que el Santo Profeta (sa) había dicho que la detuviera con el fin de que no viera los cuerpos. Al escuchar esto, se detuvo inmediatamente y sacó dos piezas de tela blanca. Me dijo que había traído esas telas blancas para su hermano Hamza (ra), porque le habían informado sobre su martirio. ¡Así era la obediencia de la gente en esa época! A pesar de toda su angustia y todo su ímpetu, cuando ella escuchó la orden del Santo Profeta (sa), controló de inmediato sus emociones y se detuvo al escuchar la mención del nombre del Santo Profeta (as).

Esto es obediencia absoluta. Ella entonces dijo que había traído unas sábanas blancas para su hermano Hamza (ra) porque le habían informado de su martirio, así que pidió que se le enterrara envuelto en las mismas. Cuando estábamos a punto de hacerlo, vimos que había un ansari tendido a su lado al que también habían martirizado y al que se le había dado el mismo trato que Hazrat Hamza (ra). Nos sentimos avergonzados de envolver a Hazrat Hamza (ra) en dos telas dejando a ese Ansari (ra) sin ninguna. Por lo tanto, decidimos envolver a Hazrat Hamza (ra) en una sábana y al compañero Ansari (ra) en la otra. Después de calcular cómo hacerlo, vimos que uno era más alto que el otro, así que lo sorteamos para ver quién sería enterrado en cada paño. Hazrat Hamza (ra) fue enterrado en una sábana que cuando cubría su cara dejaba al descubierto sus pies. Cuando tirábamos de la tela para cubrir sus pies, su cara permanecería descubierta. El Santo Profeta (sa) entonces ordenó que se cubriera la cara y se pusiera hierba de citronela sobre sus pies. Hazrat Hamza (ra) y Hazrat Abdul-lah bin Yahsh (ra), sus sobrinos, fueron enterrados en la misma tumba. El Santo Profeta (sa) dirigió, en primer lugar, la oración fúnebre de Hazrat Hamza (ra). Hazrat Abdullah bin Masood (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dirigió la oración fúnebre de Hazrat Hamza (ra) con su cuerpo frente a él.

El cuerpo de un Ansari fue colocado junto al suyo y luego dirigió su oración fúnebre. Después el cuerpo de este Ansari fue retirado, pero el cuerpo de Hazrat Hamza (ra) se dejó allí. Esto se hizo así hasta que el Santo Profeta (sa) dirigió ese mismo día la oración fúnebre de otros mártires 70 veces, y durante cada oración fúnebre, el cuerpo de Hazrat Hamza (ra) permanecía allí.

Hazrat Abu Hurairah (ra) relata que Hazrat Hamza (ra) siempre dio prioridad al buen trato de sus familiares y la realización de buenas obras. Después de su martirio, el Santo Profeta (sa) dirigiéndose a su cuerpo sin vida dijo:

“¡Qué la misericordia de Dios sea contigo!”

Su carácter era tal que parecía que no había nadie igual en cuánto al trato con sus semejantes, y hacer buenas acciones y a partir de hoy no habrá más lamentos.  Los compañeros relataban la impotencia [del Santo Profeta (sa)]en el momento del entierro de su tío y valiente general Hazrat Hamza (ra), con gran dolor.

Más adelante en la época de prosperidad, Hazrat Jabbab (ra) describiría los días de dificultades diciendo que Hazrat Hamza (ra) estaba enterrado en una sola tela que no lo cubría por completo, por lo que se cubrió su rostro y se colocó hierba sobre sus pies.

Del mismo modo, también está el incidente similar de Hazrat Abdur Rahman bin Auf (ra). Una vez estaba ayunando y en el momento de abrir el ayuno, se le presentó comida extravagantemente. Cuando vio esto, recordó los días de dificultades. Dijo que Hamza (ra) fue martirizado y que era mejor que yo. Ni siquiera tenía una tela completa para cubrir su cuerpo. Luego se nos concedió la prosperidad en el mundo y se nos dio todo lo que se nos ha dado. Tememos que nos hayan recompensado con las bendiciones de las buenas obras que hemos llevado a cabo demasiado pronto, en otras palabras, que lo hayamos recibido en este mundo. Luego comenzó a llorar tanto que dejó su comida.

Estas eran las personas con quienes Al-lah el Todopoderoso estaba complacido y que estaban complacidos con Al-lah el Todopoderoso, que en tiempos de prosperidad recordaba a sus hermanos teniendo en cuenta su estado anterior. ¡Que Al-lah perdone y tenga misericordia de todos ellos! De hecho, Al-lah el Todopoderoso les había dado todas las buenas nuevas del Paraíso. ¡Que Al-lah continúe elevándolos en este estado!

En otra narración de Hazrat Abdul-lah bin Umar (ra) leemos que cuando el Santo Profeta (sa) regresó de Uhud se enteró de que las esposas de los Ansaar lloraban de dolor por sus maridos. El Santo Profeta (sa) dijo que por qué nadie llora por el martirio de Hamza (ra). Cuando las mujeres Ansari se dieron cuenta de esto, se reunieron para lamentar su martirio. Entonces el Santo Profeta (sa) se durmió. Cuando se despertó, vio que las mujeres seguían llorando de la misma manera. El Santo Profeta (sa) dijo que les dijeran que regresen a sus hogares no fuera que siguieran llorando todo el día en nombre de Hamza (ra). Fue entonces cuando el Santo Profeta (sa) les ordenó que fueran a sus casas y, después de este día, nadie se lamentará y llorará por la muerte de un difunto.

De esta manera, el Santo Profeta (sa) declaró que era ilegal lamentarse y llorar excesivamente por un difunto. Por lo tanto, terminó con la costumbre de lamentarse excesivamente y torturarse a sí mismo por un difunto. El Santo Profeta (sa) usó gran sabiduría al tratar con los sentimientos de las mujeres de los Ansaar [residentes locales de Medina]. En lugar de lamentar la pérdida de sus maridos y hermanos, el Santo Profeta (sa) llamó su atención hacia Hazrat Hamza (ra), que fue una gran pérdida para toda la población musulmana. El dolor más profundo era el que sufría el propio Santo Profeta (sa) y al declarar ilegal mostrar lamentaciones y lloros ante la muerte de Hazrat Hamza, mostró su propio ejemplo. Les aconsejó que mostraran paciencia de una manera que dejara una impresión duradera. En cuanto a la pérdida de Hazrat Hamza (ra), el Santo Profeta (sa) sintió esta pérdida hasta el final de su vida.

Ka’ab bin Malik elogió por escrito el martirio de Hazrat Hamza (ra) diciendo que “mis ojos derraman lágrimas de forma irreprimible por la pérdida de Hazrat Hamza (ra), y de hecho es apropiado llorar por su pérdida; pero qué beneficio saldrá de gritar y llorar por su pérdida, cuando la mañana en que el León de Dios fue martirizado, el mundo dijo, si alguna vez ha habido un mártir, es en verdad este valiente”.

¡Que Al-lah el Todopoderoso continúe elevando el estatus de estos compañeros! ¡Que el mundo musulmán recuerde los sacrificios ofrecidos por estos compañeros hasta el Día de la Resurrección y que tengamos la oportunidad de actuar sobre las virtudes y ejemplos que ellos demostraron para nosotros!