VI. El cristianismo al descubierto
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La investigación acerca de los orígenes y el nacimiento del cristianismo ha descubierto mucho de lo que estaba oculto y era misterioso. Se ha comprobado, sin lugar a dudas, que es una religión creada por el hombre, y falsa desde un punto de vista teológico. A medida que va saliendo a la luz más información, el poder y el apoyo de las distintas Iglesias, en Europa y en América, va disminuyendo, y si prosigue esta tendencia, corren el peligro de reducirse a simples sociedades humanitarias o caritativas.

Los cargos contra la fe cristiana se pueden considerar bajo tres epígrafes:

  1. Las Escrituras contienen múltiples interpolaciones y falsificaciones, y no son fidedignas como fuente de creencia religiosa;
  1. Jesucristo no vino para fundar ninguna religión, y la imagen de su vida presentada por las Iglesias es una invención;
  1. Él cristianismo es una creación de San Pablo y otros, y sus dogmas y ritos son una imitación de las creencias paganas de la época

Consideremos ahora en mas detalle estos tres puntos.

La Biblia: De los 66 libros que componen la Biblia protestante actual (77 libros en el caso de los católicos), ninguno ha guardado la forma que tenía en los tiempos en que se escribió.

Veamos primero el Antiguo Testamento; sabemos ahora que los cinco libros de Moisés (Pentateuco) fueron recopilados por el Sumo Sacerdote Esdras, alrededor del 450 AC, unos 750 años después de la muerte del gran Profeta. La parte mas auténtica que forma la Ley original o Tora se encuentra en los Capítulos 20 a 23 del Éxodo; otras secciones del mismo libro son posteriores, como demuestra la presencia de un decálogo totalmente distinto incluido en el Capítulo 34. Es interesante observar que de todos los antiguos manuscritos consultados por Esdras, el título de uno

-el Libro de las Guerras de Yahvehse ha conservado en el texto (Números, 21:14). Los libros históricos del Antiguo Testamento muestran signos de re-edición y corrección, y abundan contradicciones, exageraciones y absurdos. Los libros proféticos, aunque son mas fidedignos, no fueron aceptados como canónicos hasta alrededor del 200 AC, unos 150 años después de escribirse el último. Incluso el Libro de los Salmos contiene muchos textos dudosos, y de 150 salmos tan sólo 72 pueden atribuirse al Rey David, siendo los otros obra de otros autores distintos o anónimos. En cuanto a libros como Éster y Judit, su inclusión en la Biblia ha de calificarse de blasfemia. No son mas que novelas hebreas de una moralidad aborrecible, siendo la primera una glorificación del odio racial que conlleva a una masacre horrenda, y la segunda una defensa de la traición y el asesinato. ¡En tiempos de la Reforma, los protestantes suprimieron el libro de Judit (junto con varios otros) de la Biblia!

Los estudios modernos del Nuevo Testamento han establecido que ninguno de los Evangelios fue escrito por testigos presenciales de la vida de Jesucristo. Los hechos narrados y los discursos son de segunda o tercera mano y los autores no pretenden en ningún momento tener inspiración Divina (véase Lucas, 1:1-4). Los primeros cristianos no consideraban sagrados estos relatos, y por lo tanto no dudaron el falsificar el texto o intercalar palabras con el fin de apoyar cierto dogma o rebatir las teorías de una secta rival.

Hasta el año 397 AC se utilizaban treinta Evangelios distintos, pero durante el Tercer Concilio de Cartago, los obispos eligieron cuatro como “canónicos” (aquellos atribuidos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan) calificando los 26 restantes como “apócrifos”. Es interesante observar que uno de los Evangelios suprimidos, el Evangelio según San Bernabé contiene los versos siguientes: “Los discípulos preguntaron: `Maestro ¿quién será el hombre del que hablas, que vendrá al mundo?’ Jesús: contestó: `Es Muhammadsa, el Mensajero de Dios’.”

Los cuatro Evangelios canónicos fueron escritos en griego entre los años 60 y 120 de la era cristiana, y del lenguaje nativo arameo o hebreo popular de Jesucristo sólo se conservan en el texto un par de citas. El Evangelio más antiguo, el de Marcos, sirvió de fuente histórica para los demás, mientras que los discursos de Jesucristo se apoyaban en una recopilación llamada “Logia”, ahora perdida, de la cual se incluyen largos extractos en Mateo. Los demás libros del Nuevo Testamento -los Hechos, relato de un autor desconocido; las Epístolas, cartas dirigidas a las primeras comunidades cristianas para enseñar a grandes rasgos las doctrinas Paulinistas; y la Revelación o Apocalipsis, compendio de profecías mesiánicas judías y cristianaspresentan todos evidencia abundante de interpolaciones.

Se ha obtenido una prueba determinante de esto con el descubrimiento en Palestina en 1947 de los “Pergaminos del Mar Muerto”, los fragmentos más antiguos del Antiguo Testamento hasta ahora encontrados, que datan, según parece, de la época de Jesucristo; han sacado a la luz gran número de variaciones textuales, que se plasman en algunos sitios en la inclusión o supresión de frases enteras. Desde 1950, se han revelado discrepancias aún mayores con el descubrimiento de los “Manuscritos de Jericó”, que tendrán un efecto devastador sobre los dogmas de la Iglesia. En resumen, gran parte de la Biblia tal y como la conocemos hoy no puede pretender ser inspirada, en ningún sentido, por Dios, mientras que otras partes son corruptas. ¿Qué valor tienen, entonces, tales Escrituras como base de una religión “revelada”? Hace trece siglos, el Santo Corán acusó a los judíos y los cristianos de haber falsificado la Sagrada Escritura. ¡Ahora la verdad queda revelada ante todo el mundo!

Jesucristo: La auténtica vida de Jesucristo contrasta profundamente con las leyendas de los Evangelios. Los estudios más modernos indican que nació alrededor del año 8 AC, de familia humilde, siendo uno de varios hijos. No nació en Belén, sino en Nazaret de Galilea, el pueblo de los padres de María. Empezó la vida como carpintero, pero en años posteriores se unió a una secta judía llamada “la Hermandad de los Esenios”. Ciertos estudios han sugerido que en la tercera década de su vida viajó hacia Oriente, llegando incluso hasta la India, pero existe poca evidencia en apoyo de este primer viaje.

Con cuarenta años, sin embargo, ya se encontraba en Palestina, donde recibió la llamada Divina. Predicó a los galileos, pero encontró una fuerte oposición por parte de los escribas y los ancianos, y de la secta de los fariseos, que esperaban el advenimiento de un Mesías guerrero que había de librar a Israel del yugo extranjero. No tuvo mejor suerte en Jerusalén, y hasta sus discípulos eran hombres de débil fe. Se tramó un complot contra él en el año 35 DC; fue detenido y traído ante el Sanedrín judío, acusado de hereje, y ante el magistrado romano acusado de sedición. Fue sentenciado a muerte, y puesto en la cruz; pero le retiraron de la cruz tres horas más tarde, al aproximarse el Sábado, desmayado pero no muerto. Fue cuidado y reanimado por la Hermandad de los Esenios, y al cabo de tres días pudo aparecer en secreto en Jerusalén. Temiendo ser detenido de nuevo, se dejó ver con poca frecuencia, y tan pronto como recobró fuerzas, se despidió de sus discípulos en el Monte de los Olivos y viajó por Judea y Samaria hacia Tiberiades y Damasco.

A continuación, Jesucristo emprendió la segunda fase de su misión, que fue la de predicar a las diez “tribus perdidas” de Israel. Viajó hacia el norte hasta llegar a Nisibin y Alepo, luego cruzó el Tigris y atravesó Kashan en Persia central, camino de Afganistán. Allí, y en Cachemira, se encontraban los restos de las tribus perdidas de Israel, que se habían asentado en estas regiones durante el Cautiverio; lo cual está demostrado sin lugar a dudas por investigaciones recientes de tipo histórico, etnográfico y lingüístico. Jesucristo predicó a estos pueblos durante muchos años, y se ha hallado evidencia de su presencia en Ghazni, Jalalabad y Marrei, pueblo en el que murió y fue enterrada su madre María.

Jesucristo falleció a una edad avanzada (alrededor del año 112 DC) en Srinagar, Cachemira, donde aún hoy se puede ver su tumba en Roza Bahl, Calle Janyar (en hebreo, Rezia Baal, Coniah-Ur).

Los límites de espacio de este pequeño libro no nos permiten entrar en detalles acerca de ningún punto, y el lector interesado tendrá que consultar obras de mayor extensión. Conviene ofrecer, sin embargo algunas palabras acerca de la Crucifixión, centro de la fe cristiana. Ninguno de los relatos evangélicos fue escrito por testigos presenciales pero sus contradicciones en sí nos brindan una ayuda valiosa (existen en los relatos evangélicos al menos 12 notorias discrepancias referentes a Crucifixión, y más de 20 discrepancias en los relatos de la Sepultura, la Resurrección y la Ascensión).

Ahora bien, la evidencia en contra de la muerte en la cruz se puede resumir de la siguiente manera:

  • Jesús permaneció en la cruz durante sólo tres horas, tiempo que no era suficiente para que un hombre sano El objetivo de la crucifixión era el de imponer una tortura prolongada, y en muchos casos las víctimas sobrevivían tres días o más muriéndose al final de hambre, agotamiento y mala circulación de la sangre. Se conocían casos de hombres que se recuperaban al cabo de doce o más horas en la cruz, por lo cual se instituyó la costumbre de terminar la ejecución apedreando o apaleando a la víctima.
  • Pilato, magistrado con mucha experiencia en tales cuestiones, se extrañó de que Jesucristo se hubiera muerto tan pronto (Marcos, 15:44).
  • A los dos criminales crucificados al lado de Jesucristo, se les ejecute rompiéndoles las piernas, pero en cumplimiento de la profecía de David no se impuso esta tortura a Jesucristo (Juan, 19:36).
  • Cuando uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, salió sangre y agua -señal indiscutible de vida(Juan, 19:34).
  • Pilato, afectado por el sueño de su mujer (Mateo, 27:19), favoreció disimuladamente a Jesucristo, y prolongó el proceso para que la ejecución tuviera lugar a media tarde, sólo tres horas antes del inicio del Sábado, sabiendo que la costumbre judía requeriría que Jesucristo fuera retirado de la cruz. El centurión y sus soldados obedecieron al magistrado, y por lo tanto se mostraron poco rigurosos (Juan, 19:33).
  • Jesús no fue enterrado como los dos ladrones, sino que se encargaron de él sus amigos, que habían pedido autorización para retirarlo inmediatamente (Juan, 19:38).
  • Sus enemigos, que no estaban del todo convencidos de que hubiera muerto, pidieron que se pusiera un guardia a la entrada del sepulcro (Mateo, 27:63-66). Hasta alegaron que si venían los discípulos para robar el cuerpo, “el último error sería peor que el primero”. ¿Cuál fue este primer error? Sólo podría haber sido el de retirar a Jesucristo de la cruz antes de extinguirse la vida, y por lo tanto querían estar seguros de su muerte en el sepulcro
  • La conducta posterior de Cristo no es propia de un “Señor resucitado”, sino de un fugitivo. En lugar de demostrar a todos lo que habría sido el Milagro de la Resurrección, salió del sepulcro disfrazado (Juan, 20:15), mostrándose ante muy poca gente (Hechos, 10:41), y abandonó Jerusalén para celebrar una reunión en secreto con sus discípulos en Galilea (Mateo, 28:16).
  • El mismo Jesucristo predijo que se salvaría de la muerte, diciendo que su señal sería la señal del Profeta Jonás, porque de la misma manera que Jonás estuvo vivo en el vientre del cetáceo tres días, así también Jesucristo estaría vivo en el sepulcro (Mateo, 12:39-40; Lucas, 11:29). (10) La noche antes de su detención, Jesús pasó largas horas sumido en agonía, rezando para que fuera salvado de sus enemigos (Mateo, 14:36; Lucas, 20:44). Las Escrituras nos dicen en varios sitios que Dios responde a las oraciones de los justos, y el Todopoderoso no habría abandonado a Su Apóstol en tales De hecho, una de las Epístolas admite, por descuido, que fue salvado de la muerte por su actitud reverente (Hebreos, 5:7). Jesucristo nunca tuvo la intención de sacrificar su vida por los pecados de la humanidad, siendo la doctrina de la salvación a través de la sangre una invención posterior por parte de San Pablo. De hecho, sus propias palabras contradicen el dogma de la expiación, ya que cuando se encontró clavado en la cruz, tuvo un momento de duda y desesperación, y gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo, 27:46). (11) Jesús decía que no había sido enviado más que a las ovejas perdidas de la Casa de Israel (Mateo, 15:24), a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lucas, 19:10). En aquellos tiempos, sólo dos de las doce tribus se encontraban asentadas en Palestina, y su misión se habría quedado muy incompleta si no hubiera viajado hacia Oriente para buscar a las otras diez. Nunca se propuso morir como sacrificio humano, y los Evangelios indican que tomó precauciones contra su detención desde el comienzo de su misterio (Mateo, 16:20; Juan, 11:53-54).

Los siglos de encubrimiento y prevaricación por parte de las Iglesias cristianas han sido inútiles. Sus enseñanzas falsas están hoy al descubierto, y están destinadas al fracaso en las próximas generaciones. Las palabras del Santo Corán, que durante tanto tiempo confundieron a los musulmanes, “Y no le mataron, ni causaron su muerte en la cruz” (4:158) ahora han adquirido un pleno sentido. El Santo Profeta Muhammad(sa) predijo que el Mahdi “rompería la cruz“, y hoy queda confirmada la revelación de Dios a Hazrat Ahmad. No en vano dijo Jesucristo del Santo Profeta Muhammadsa: “El me glorificará” (Juan, 16:14), pues el Santo Corán vindica tanto el nacimiento como la muerte de Jesucristo, suprimiendo de su recuerdo la maldición de Deuteronomio: “Un colgado es una maldición de Dios” (21:23), palabras que San Pablo tuvo la audacia de aplicar a Jesucristo (Gálatas, 3:13).

El cristianismo: Jesucristo era, esencialmente, un reformador espiritual. Los judíos de su época estaban dirigidos por fanáticos y falsos doctores que imponían a los demás la observancia rigurosa de la Ley de Moisés, aunque ellos mismos se entregaban al mal, al vicio, al orgullo y la hipocresía. El Mesías vino para predicarles el amor a Dios, la caridad hacia los demás y la justicia y la virtud personales. Nunca enseñó una nueva religión, puesto que dijo: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento‘ (Mateo, 5:17). Además, su misión era sólo para los judíos, y dejó esto bien claro en muchas ocasiones: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la Casa de Israel” (Mateo, 15:24). Jesús ordenó a sus discípulos: “No vayáis por tierra

de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos. Id, más bien, a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” (Mat. 10:5-6). De forma típicamente hebrea, describió la predicación a los no judíos como: “Tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos” (Mateo, 15:26); o bien: “Echar perlas delante de los puercos” (Mateo, 7:6). A los cristianos les gusta citar las palabras: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo, 28:19), pero todo estudiante de la Biblia sabe que las últimas trece palabras constituyen una interpolación posterior, una falsificación, mientras que el término “gentes” se utiliza en el sentido que tenía tanto en arameo como en las demás lenguas antiguas, es decir, “tribu” -¡las tribus de Israel!-.

En cuanto a su propia naturaleza, Jesucristo nunca pretendió ser divino. Enseñó la Unicidad de Dios, como lo hicieron todos los profetas anteriores y posteriores a él. El primer mandamiento, según afirmó, es: “Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor” (Marcos, 12:29), y en otro sitio dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios” (Marcos, 10:18). 0 bien: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que Tú has enviado, Jesucristo” (Juan, 17:3). Es cierto que se describe a menudo como “hijo de Dios“, pero sólo en el sentido en que dicha frase se utiliza en otra parte de la Biblia para referirse a Adán (Lucas, 3:38), Efraím (Jeremías, 31:9), Salomón (I Crónicas, 22:10), los Apóstoles (Juan, 1:12) e Israel o Jacob (Exodo, 4:22). Para Jesucristo, Dios era el Padre, y los hombres Sus hijos, cómo demuestra Mateo (6:6-18).

En resumen, Jesucristo creía en el judaísmo y lo practicaba, y es curioso que los cristianos que lo consideran como su Señor y Amo sigan una religión distinta …

El verdadero fundador del cristianismo fue un judío de Tarso llamado Saulo, originalmente fariseo, y conocido en la historia como San Pablo.

No era discípulo de Jesús, y probablemente nunca lo conoció, sino que atribuye su conversión a una visión. Predicador celoso, se vio pronto presa de un dilema, porque los judíos se negaban a reconocer a Jesucristo, y los paganos, aunque mas dispuestos a creer en Jesucristo, se negaron a obedecer la observancia rigurosa de la Ley Mosaica. Resolvió el problema inventando la doctrina de la justificación sólo por la fe en Jesucristo. Según él, lo único necesario para alcanzar la salvación era la fe, y la observancia de la Ley no servía para nada. De su hermano Santiago y los demás discípulos como Pedro, Pablo se atrevió a declarar abolida la Ley de Moisés, e inició su labor misionera entre los gentiles.

Este hombre, capaz pero poco escrupuloso, venció toda oposición a sus ideas. No tuvo reparos en jactarse de sus engaños en las Epístolas (I Corintios, 9:20-21) e incluso confesó ser mentiroso (Romanos, 3:7), ¡testimonio interesante para que se encuentre en la Biblia! La mera creencia en Jesucristo pronto resultó insuficiente para unir a los seguidores, y hubo que inventar un cuerpo de doctrinas. La teoría principal de Pablo es que la Ley de Moisés es una maldición, que Jesucristo vino para liberar al hombre de su dominio, y que en su lugar Dios aceptó el holocausto del sacrificio de Dios, que murió en la cruz, y cuya sangre redimió los pecados de la humanidad; el Salvador entonces fue resucitado de la muerte y ascendió físicamente al cielo para sentarse a la diestra de Dios. De esta teoría se derivan todos los dogmas del cristianismo, como son el Pecado Original, la Encarnación, la Expiación, la Redención, la Crucifixión, la Resurrección, la Ascensión, los Sacramentos, y, mucho mas tarde, la Trinidad.

Pablo estaba profundamente influenciado por las religiones paganas de su época. El origen de la mayoría de los cultos del imperio romano fue la adoración del sol en todas sus formas. Los distintos ritos y misterios coincidían con las fases del sol, los solsticios y los equinoccios. Todas las deidades paganas de aquellos tiempos eran dioses del sol -bien fueran Adonis, Atis, Apolo, Horus, Isis, Mitra, Baal, Astarté, Osirus o Jacintoy los relatos de la vida de Jesucristo se enlazaban con las leyendas de aquellos dioses. En esa mitología, se suele encontrar que el protagonista:

  1. nació alrededor del Día de Navidad en una cueva o un establo, de una virgen;
  2. dedicó su vida al trabajo por la humanidad, en la capacidad de Curador, Redentor, Salvador y Aportador de la Luz;
  3. fue víctima propiciatoria, cargado con los pecados de la humanidad;
  4. fue vencido por los Poderes de las Tinieblas, y descendió al infierno;
  5. resucitó de la muerte y ascendió al cielo para interceder por e hombre;
  6. fundó iglesias y órdenes religiosas en las que fueron iniciados lo novicios mediante el bautismo;
  7. fue conmemorado mediante eucaristía.

De particular interés es la relación estrecha entre el mitraísmo y el cristianismo, que merece ser objeto de un estudio especial. ¿Cuánto cristianos saben que el 25 de diciembre no están celebrando la natividad, de Jesucristo, Profeta de Dios, sino el nacimiento del dios del sol Mitre tras el solsticio de invierno en el hemisferio norte? ¿Es de extrañar pues, que algunos autores modernos hayan tendido a creer que Jesucristo nunca existió, sino que se trataba de un héroe pagano mítico?

La extensión del cristianismo en el imperio romano recibió un estímulo cada vez mayor en la medida que la religión de San Pablo se iba identificando con el paganismo. Fue establecido como religión del estado por el emperador Constantino en el 312 DC, y el último golpe contra las enseñanzas de Jesucristo se dio en el Concilio de Nicea en el 325 DC cuando se decretó la creencia en el dogma de la Trinidad, y los unitarios fueron sometidos a una persecución cruel.

Este reinado de tinieblas habría de durar hasta el advenimiento del Santo Profeta Muhammad(sa) casi tres siglos más tarde.

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