En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Carta de Hazrat Mirza Masrur Ahmad, líder supremo de la Comunidad musulmana Ahmadía, dirigida al presidente de Canadá, Stephen Harper.

En el nombre de Al-lah, el Clemente el Misericordioso

Estimado Primer Ministro,

A la vista de la situación que atraviesa en mundo en estos momentos, he considerado necesario escribirle; ya que usted, como Primer Ministro de Canadá, posee potestad para tomar decisiones que afectan al futuro de su nación y al del mundo en general. Actualmente existe una gran agitación e inquietud en el mundo. Hay zonas en las que ya han estallado guerras a menor escala. Por desgracia, las grandes potencias no han tenido éxito, como se esperaba, en sus esfuerzos por establecer la paz en estas regiones en conflicto Hablando en términos genéricos, prácticamente todos los países están involucrados en actividades para ayudar u oprimir a otros países sin que se cumplan los requisitos de la justicia. Desgraciadamente, la reflexión sobre la situación actual del mundo nos lleva a concluir ya están echados los cimientos de otra guerra mundial. Hay países, grandes y pequeños, que poseen armas nucleares y la hostilidad entre ellos está aumentando. Ante esta situación, podemos decir que la Tercera Guerra Mundial está justo ante nosotros. Una guerra de tales características contará, sin duda alguna, con armas atómicas. Así, podemos presenciar cómo el mundo se dirige hacia una terrible destrucción. Si se hubiese seguido un modelo de igualdad y justicia después de la Segunda Guerra Mundial, no seríamos testigos de cómo el mundo se sumerge, una vez más, en las llamas de una guerra.

Como bien es sabido, las principales causas de la Segunda Guerra Mundial fueron el fracaso de la Liga de las Naciones y la crisis económica que empezó en 1932. Hoy, los economistas de mayor prestigio afirman que hay numerosas similitudes entre la situación económica actual y la de 1932. Observamos que una vez más, los problemas políticos y económicos han provocado guerras, desacuerdo y descontento entre los países pequeños. Esto concluirá cuando determinados poderes inadecuados surjan del gobierno y nos arrastren a una nueva guerra mundial. Si los conflictos entre los países pequeños no se resuelven mediante la política o la diplomacia se formarán nuevos bloques en el mundo; y ello será el detonante de una Tercera Guerra Mundial. Por ello, creo que ahora, más importante que la preocupación por el desarrollo del mundo, es esencial, aumentar urgentemente nuestros esfuerzos para salvar al mundo de esta destrucción. Hay una necesidad inmediata de que la humanidad reconozca a su Único Dios, su Creador, el único capaz garantizar la salvación de la humanidad. De no ser así, el mundo continuará dirigiéndose rápidamente hacia su propia destrucción.

Canadá es considerado uno de los países más justos del mundo. Por lo general, Su nación no interfiere en los problemas internos de otros países. Además, nosotros, la Comunidad Ahmadía del Islam, tenemos lazos de amistad especiales con Canadá. Por ello le pido que haga cuantos esfuerzos le sean posibles para prevenir a las grandes y pequeñas potencias de la devastación de la Tercera Guerra Mundial.

Le pido, al igual que a todos los líderes del mundo, que no use la fuerza para oprimir a otras naciones sino la diplomacia, el diálogo y la sabiduría. Las grandes potencias del mundo como Canadá, deben cumplir con el papel que les corresponde en el establecimiento de la paz. No deben tomar las acciones de los países pequeños como pretexto para perjudicar la paz mundial. Actualmente, además de las potencias mundiales, los países en teoría pequeños, donde los gobernantes a menudo son líderes que actúan sin pensar, también poseen armas de destrucción masiva. Por ello, mi humilde consejo es que haga lo posible para prevenir que las grandes y pequeñas potencias den origen a una Tercera Guerra Mundial. No hay duda alguna en que si llegamos a sufrir tal catástrofe, sus efectos no solo se apreciarán en los países pobres de Asia, Europa y América; sino que nuestras generaciones futuras tendrán que sufrir las terribles consecuencias de nuestros actos, pues los niños que en todo el mundo nacerán inválidos y deformes, nunca perdonarán a sus mayores haber arrastrado al mundo a semejante catástrofe. En vez de preocuparnos únicamente por nuestros intereses egoístas, debemos tener en cuenta a nuestras futuras generaciones y esforzarnos para proporcionarles un futuro brillante.

Que Dios el Exaltado permita a usted, y a todos los líderes del mundo, comprender este mensaje.

Sinceramente suyo,

Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Jefe Supremo de la

Comunidad Ahmadía del Islam

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