Carta al Secretario General de las Naciones Unidas
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Mubarak Mosque
Sheephatch Lane
Tilford, Surrey
GU10 2AQ
United Kingdom

Su Excelencia Mr. Antonio Guterres
Secretario General,
Naciones Unidas
Nueva York, NY 10017

2 June 2020

Su Excelencia,

Dada la peligrosa situación a la que se enfrenta el mundo, y a la luz de la crisis del COVID-19, he escrito a los líderes de las principales potencias mundiales. Como Secretario General de las Naciones Unidas, el principal organismo internacional encargado de asegurar la paz y el bienestar del mundo, una gran responsabilidad recae también sobre sus hombros. Por lo tanto, aprovecho esta oportunidad para instarle a usar su plataforma para el beneficio de toda la humanidad.

En mi opinión, el medio más importante para que las Naciones Unidas cumplan sus objetivos fundacionales es que reúnan a todas las naciones del mundo en una plataforma en la que cada país sea tratado por igual y sin prejuicios, en lugar de ceder al poder y la voluntad de un número selecto de potencias mundiales dominantes.

En todo momento, el objetivo principal de las Naciones Unidas debe ser establecer la unidad y la confianza entre las naciones del mundo para que la paz mundial se convierta en una realidad viva, en lugar de un sueño lejano. Para ello, es esencial que las Naciones Unidas desempeñen su papel para asegurar que los derechos de todas las naciones sean respetados y valorados. Sólo entonces los pueblos del mundo serán los receptores de las bendiciones y favores de Dios Altísimo.

Esta virulenta enfermedad ha causado una inmensa ansiedad y angustia a personas de todas las naciones, independientemente de si son jóvenes o viejos, ricos o pobres, poderosos o débiles. El virus ha magnificado la vulnerabilidad y la fragilidad de los seres humanos, por lo que ninguno de nosotros puede estar seguro de lo que el futuro traerá.

Desde hace algunos meses, los gobiernos se esfuerzan, según sus medios, por controlar el brote y, en última instancia, por eliminar la amenaza de COVID-19 lo más rápidamente posible. Las Naciones Unidas, especialmente a través de los auspicios de la Organización Mundial de la Salud, han tomado medidas para combatir la propagación del virus y para tratar a quienes sufren sus efectos nocivos y, afortunadamente, los resultados de las medidas preventivas y los tratamientos parecen estar funcionando y han ralentizado la propagación del coronavirus.

No obstante, considero que es mi deber y obligación, como líder religioso de la Comunidad Musulmana Ahmadía internacional, traer a su atención mi firme convicción de que esta pandemia debe hacer reflexionar a todas las naciones y a sus líderes. Creo firmemente que confiar únicamente en los medios materiales y mundanos para hacer frente a la situación excepcionalmente peligrosa a la que se enfrenta el mundo, es inadecuado e insuficiente. Más bien, todas las naciones deben preguntarse por qué y cómo este virus se ha propagado tan rápidamente, ha causado tanta miseria, y ha provocado el estancamiento total de gran parte del mundo. La actividad humana por sí sola no justifica el hecho de que este virus haya tenido consecuencias tan extensas y debilitantes, por lo que, como líder religioso y persona de fe, creo que las tribulaciones de las últimas semanas se han producido según el Decreto de Dios Altísimo y como una grave advertencia a la humanidad para que se reforme y renuncie a toda forma de injusticia y crueldad. Esta pandemia es un mensaje evidente para la humanidad que dirige la atención de las personas de todo el mundo a volverse hacia Dios Altísimo y a cumplir con Sus derechos y con los de nuestros semejantes.

Debo aclarar que la Comunidad Musulmana Ahmadía se estableció en 1889 en el pequeño pueblo indio de Qadian y su fundador, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (as), afirmó que fue enviado como reformador por Dios Altísimo. Su misión era reformar a la humanidad y dirigir su atención hacia su Creador y hacia el cumplimiento de sus responsabilidades con el prójimo.

Su Santidad, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (as) dijo:

“La cuestión de la fe o de la incredulidad de una persona se decidirá en el Más Allá. Estos desastres naturales o calamidades que ocurren, o a través de los cuales las naciones del pasado fueron destruidas, no se debieron sólo a su incredulidad. Más bien fueron arruinadas como resultado de su arrogancia, transgresiones y crueldades. Ni siquiera el Faraón pereció por su incredulidad, sino por las injusticias y brutalidades que cometió”.

Además, no basta con que seamos conscientes de nuestro pasado, sino que es vital que aprendamos de las lecciones que nos da la historia. Por lo tanto, no debemos ignorar o considerar insignificante la forma en que se producen los desastres naturales, las catástrofes o las pandemias. Por el contrario, debemos reconocer el hecho de que son una manifestación del Decreto Divino y una advertencia para que la humanidad renuncie a toda forma de injusticia y reconozca a Dios Altísimo como el Creador de toda la Creación. Para satisfacer y acercarse a Dios Altísimo, es necesario que la humanidad cumpla con Sus derechos y con los de Su creación.

Recientemente, el Papa Francisco expresó públicamente su temor de que si le preguntaba a Dios Altísimo si estaba satisfecho con la conducta de la humanidad, Dios respondería expresando Su disgusto. Además, el Papa Francisco dio a entender que la prevalencia de los desastres naturales era una respuesta y una reacción a los males y a la negligencia del mundo actual. Estoy de acuerdo con estos sentimientos y considero imperativo que los líderes del mundo, los gobiernos y el público presten seria atención a la cruda realidad que tenemos ante nosotros.

Indiscutiblemente, el COVID-19 ha sacudido la economía mundial hasta sus cimientos y es evidente que las próximas semanas, meses y años venideros serán sumamente peligrosos y desafiantes. De hecho, la mayoría de la gente aún no se da cuenta de lo precario que será el mundo dentro de unos meses. Si la historia nos enseña algo, es que cuando los gobiernos priorizan egoístamente sus propios intereses nacionales por encima del interés colectivo global, los resultados son invariablemente catastróficos. Inevitablemente, se producen guerras económicas o comerciales que, a su vez, fomentan el odio y los celos y, en última instancia, conducen a una guerra abierta y a sangrientos conflictos en los que se desencadena el uso de armas inimaginablemente destructivas que destruyen todo lo que tienen delante.

Por consiguiente, con toda humildad y sinceridad, le insto a que, en su calidad de Secretario General de las Naciones Unidas, formule políticas basadas en la justicia y que defienda los derechos de todas las naciones para que el mundo se salve de más miseria y destrucción.

De todo corazón, espero y rezo para que preste atención y tome en serio mis sinceras palabras. Por el bien de la paz del mundo, rezo para que desempeñe su papel en la formación de políticas económicas y geopolíticas que respeten los derechos de todas las partes y a través de las cuales todos los pueblos y naciones puedan beneficiarse y unirse.

Que Dios Altísimo le permita a usted, y a todos los demás líderes mundiales, actuar en favor del progreso de la humanidad y dejar un legado de paz y prosperidad para los que nos sigan.

Con los mejores deseos y oraciones,

Atentamente,

MIRZA MASRUR AHMAD

Quinto Jalifa del Mesías Prometido

LÍDER DE LA COMUNIDAD MUSULMANA AHMADÍA INTERNACIONAL

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