En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Carta al Presidente de los Estados Unidos de América

Carta de Hazrat Mirza Masrur Ahmad, líder supremo de la Comunidad musulmana Ahmadía, dirigida al presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama.

Con la Bendición y ayuda de Dios

Estimado Sr. Presidente,

A la vista de la delicada situación que atraviesa el mundo, he sentido la necesidad de escribirle a usted como Presidente de los Estados Unidos de América, una gran potencia mundial, pues usted tiene potestad para tomar decisiones que afectan al futuro de su nación y al del mundo en general.

En la actualidad hay una gran agitación e inquietud en el mundo. Hay zonas donde ya han estallado guerras a pequeña escala. Por desgracia, las grandes potencias no han tenido éxito, como se esperaba, en sus esfuerzos por establecer la paz en estas regiones en conflicto. Hablando en términos genéricos, casi todos los países están involucrados en determinadas actividades cuyo fin es ayudar u oprimir a otros países, sin tener en cuenta si se cumplen o no los requisitos de la justicia. Desgraciadamente, una reflexión sobre la situación actual del mundo nos lleva a concluir que ya están echados los cimientos de otra nueva guerra mundial. Hay tantos países, grandes y pequeños, que poseen armas nucleares y cuya hostilidad mutua está aumentando, que a la vista de esta situación, podemos afirmar que la Tercera Guerra Mundial está justo delante nosotros. Una guerra de tales características contará, sin duda alguna, con armas atómicas. Por tanto, podemos presenciar cómo el mundo se dirige hacia una terrible destrucción. Si se hubiese seguido un modelo de igualdad y justicia después de la Segunda Guerra Mundial, no seríamos testigos de cómo el mundo se sumerge, una vez más, en las llamas de una guerra.

Como bien es sabido, las principales causas de la Segunda Guerra Mundial fueron el fracaso de la Liga de las Naciones y la crisis económica, que empezó en 1932. Hoy, los economistas más prestigiosos afirman que hay numerosas similitudes entre la situación económica actual y la de 1932. Observamos cómo, una vez más, los problemas políticos y económicos han provocado guerras, desacuerdo y descontento entre países pequeños. Esto culminará con el surgimiento de determinados poderes inadecuados al frente de gobiernos que nos arrastren a una nueva guerra mundial. Si los conflictos entre los países pequeños no se resuelven mediante la política o la diplomacia, se formarán nuevos bloques en el mundo; y ello será el detonante de la Tercera Guerra Mundial. Por ello creo que ahora, más que preocuparse por el desarrollo del mundo, es importante y sobre todo esencial, que incrementemos con urgencia nuestros esfuerzos para salvar al mundo de esta destrucción. Hay una necesidad inmediata de que la humanidad reconozca a su Único Dios, su Creador, y el único capaz de garantizar la salvación de la humanidad. De no ser así, el mundo continuará dirigiéndose rápidamente hacia su propia destrucción.

Por este motivo le pido, al igual que a todos los líderes del mundo, que use la diplomacia, el diálogo y la sabiduría; y no la fuerza para oprimir a otras naciones. Las grandes potencias del mundo como Estados Unidos, deben cumplir con el papel que les corresponde en el establecimiento de la paz. No deben tomar como pretexto algunas acciones de países pequeños para perjudicar la paz mundial.

Actualmente, además de los Estados Unidos y otras potencias mundiales con armas nucleares; hay países teóricamente pequeños, cuyos gobernantes a menudo actúan sin reflexionar, que también poseen armas de destrucción masiva. Por ello, mi humilde consejo es que haga lo posible para evitar a las grandes y pequeñas potencias una Tercera Guerra Mundial. No hay duda alguna en que si llegamos a sufrir tal catástrofe, sus efectos no solo se apreciarán en los países pobres de Asia, Europa y América; sino que nuestras generaciones futuras tendrán que sufrir las terribles consecuencias de nuestros actos, pues los niños de todo el mundo que nacerán inválidos y deformes, nunca perdonarán a sus mayores haber arrastrado al mundo a semejante catástrofe.

En lugar de preocuparnos únicamente por nuestros intereses egoístas, debemos tener en cuenta a nuestras futuras generaciones y esforzarnos para proporcionarles un futuro brillante.

Que Dios el Exaltado permita a usted, y a todos los líderes del mundo, comprender este mensaje.

Sinceramente suyo,

 

Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Líder Supremo de la Comunidad Ahmadía del Islam

 

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