La confianza ejemplar del Mesías Prometido (a.s.) en Al-lah
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

La confianza ejemplar del Mesías Prometido (a.s.) en Al-lah

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes 02-10-26

Después de recitar el Tashahud, Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Al referirse a la gracia de Dios Altísimo, al trato que Éste dispensó al Mesías Prometido (as) y a la confianza que éste depositó Él desde su más tierna infancia, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Hace unos treinta años, mi querido padre – que Dios le conceda Su misericordia – enfermó cuando se acercaba el final de su vida. El día en que estaba destinado a exhalar su último aliento, recibí al mediodía la revelación:

[Árabe]

“Por el cielo y por la estrella del alba”.

Profundizando en este tema, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Al mismo tiempo, se me hizo pensar que ello indicaba su fallecimiento, y su significado es: ‘Juro por los cielos y juro por el trágico suceso que tendrá lugar tras la puesta del sol’. Era un mensaje de consuelo de Dios Altísimo a Su humilde siervo. Por ello comprendí que mi padre moriría después de la puesta del sol. Muchas personas fueron informadas de esta revelación.

Juro por Dios Altísimo – en cuyas manos descansa mi vida y a quien mentir es un acto propio de Satanás y de un maldito – que sucedió tal y como he dicho.

Ese día, la verdadera enfermedad de mi padre, que era un cólico renal, se había curado. Solo le quedaba una ligera disentería y podía ir al baño por sus propios medios, sin necesidad de ayuda. Al ponerse el sol, cuando regresó del baño, nada más sentarse en el borde de la cama, comenzó el ruidoso jadeo de la muerte (el ruido que se produce cuando alguien está a punto de fallecer) y su respiración comenzó a interrumpirse.

En ese mismo momento, mientras emitía un débil sonido agonizante, me dijo: ‘¿Has visto qué es esto?’. Entonces se recostó. Hasta entonces, nunca había tenido ocasión de ver a nadie hablar durante el proceso de agonía y expresarse con claridad y firmeza en ese estado. Tras este evento, justo al ponerse el sol, falleció y abandonó este mundo temporal. Esta fue la primera de las revelaciones y la primera profecía que Dios me reveló. Dios me dijo al mediodía que esto iba a suceder, y sucedió después de la puesta del sol.

Es un honor para mí, y nunca olvidaré que Dios Altísimo me consoló cuando falleció mi padre y juró por la muerte de mi padre, del mismo modo que juró por los cielos”.

Aquellos en cuyo interior se agita un espíritu satánico se preguntarán cómo es posible que Dios Altísimo conceda tal honor a alguien, hasta el punto de que, al declarar que la muerte de su padre fue un gran golpe, jure por ello. Pero, una vez más, juro por el Dios del Honor y la Gloria que este suceso es cierto y que fue Dios, en efecto, quien me lo comunicó a modo de condolencia y me dijo:

[Árabe]

‘Por el cielo y por la estrella del alba’. Y así sucedió…”

El Mesías Prometido (as) añade:

“…Cuando me comunicaron la noticia de que mi padre fallecería tras la puesta del sol, yo, como ser humano que soy, me sentí angustiado al enterarme de ello. Además, la mayor parte de nuestros medios de vida dependían de él. Recibía una pensión del Gobierno británico, así como una cuantiosa indemnización, cuyo pago dependía mientras que él estuviera vivo (recibía ciertas prestaciones del Gobierno mientras viviera). Por eso, se me pasó por la cabeza qué sucedería tras su fallecimiento. En mi corazón surgió la inquietud de que quizá nos esperaban días de escasez y dificultades. Toda esa preocupación cruzó por mi mente en una milésima de segundo, como un rayo. En ese mismo instante, me invadió una sensación de somnolencia y recibí la segunda revelación:

[Árabe]

‘¿Acaso Dios no es suficiente para Su siervo?’.

Esta revelación de Dios me dio fuerzas, del mismo modo que una herida muy dolorosa se cura al instante con una pomada. Lo cierto es que se ha comprobado en repetidas ocasiones que la revelación divina posee una cualidad intrínseca que proporciona consuelo. En el origen de esta cualidad se encuentra la certeza que uno adquiere respecto a la revelación de Dios”.

Estaba plenamente convencido de que se trataba de una revelación de Dios, en la que Él le decía que Dios le bastaría; ¿acaso no es suficiente Dios? A partir de entonces, quedó plenamente convencido y ya no necesitó nada más ni tuvo que preocuparse por nadie. Toda su confianza y su fe estarían puestas en Dios Altísimo.

El Mesías Prometido (as) afirma a continuación:

“En resumen, en cuanto recibí la revelación:

[Árabe]

‘¿Acaso Dios no es suficiente para Su siervo?’, comprendí de inmediato que Dios no no me desperdiciaría. Entonces, anoté la revelación y se la entregué a Malawamal, que es hindú, pertenece a la casta jatri, vive en Qadian y todavía está vivo. Le conté todo lo sucedido y le envié a Amritsar para que, gracias a la mediación de Hakim Maulawi Muhammad Sharif, de Kalanaur, la grabaran en una piedra y que hicieran un sello.

Elegí a este caballero hindú para esta tarea con la única intención de convertirlo en testigo de esta gran profecía y de que Maulawi Muhammad Sharif también fuera testigo. Como resultado, gracias a la intervención del respetado Maulawi, el anillo con sello se fabricó por un coste de cinco rupias y me lo entregaron. Todavía lo tengo conmigo (por la gracia de Dios, sigue existiendo hasta el día de hoy).

Recibí esta revelación en una época en la que nuestro sustento y nuestro bienestar dependían por completo de los escasos ingresos que recibía de mi padre. Ni una sola persona de fuera me conocía, pues yo era un desconocido que vivía en el anonimato en un pueblo desolado como Qadian. A partir de entonces, Dios, tal y como había profetizado, hizo que un mundo girara a mi alrededor y me ayudó económicamente con una sucesión de victorias por las que no tengo palabras para expresar mi gratitud. Dada mi grave situación, no esperaba recibir ni siquiera diez rupias al mes. Pero Dios Altísimo, que levanta a los pobres del polvo y reduce a polvo a los arrogantes, me ha ayudado tanto que puedo afirmar con seguridad que, hasta ahora, ya han llegado unas 300.000 rupias, o quizá incluso más. Estos ingresos pueden estimarse a partir del hecho de que el gasto mensual únicamente del Langar Janah [comedor público] ha rondado, durante tantos años, las 1.500 rupias de media, a lo que hay que sumar otras partidas de gastos, como la escuela, etc., y la impresión de libros. Por lo tanto, cabe destacar, sin duda, con qué claridad, poder y gloria se ha cumplido esta profecía”.

Incluso quienes no eran ahmadíes reconocían su confianza en Dios Altísimo y su firmeza en la verdad. Así, Malik Salahuddin Sahib cuenta que, en una reunión, un hombre empezó a oponerse al Mesías Prometido (as). Maulawi Fazl Din Sahib, que era un abogado no ahmadí y había actuado como abogado del Mesías Prometido (as) en el caso de intento de asesinato, afirmó con gran fervor:

“¡Doy fe del carácter extraordinario y de la excelencia moral de Mirza Sahib! He visto a muchos hombres íntegros cambiar sus declaraciones siguiendo el consejo de sus abogados. Sin embargo, solo he encontrado a Mirza Sahib como alguien que se mantiene firmemente fiel a la verdad. En el caso de Martin Clark, sugerí una declaración jurídica y señalé que la declaración del acusado no se realiza bajo juramento. Tras leer la declaración, Mirza Sahib dijo: ‘Esto contiene mentiras y Dios Altísimo no ha permitido que el acusado mienta’. Le dije: ‘Se está metiendo en problemas a propósito’. Ante esto, Mirza Sahib respondió: ‘Meterme deliberadamente en problemas significaría que tuviera que prestar declaración ante la justicia para obtener una ventaja ilícita y, con ello, enfadar a mi Dios. Esto no lo puedo hacer, pase lo que pase’“.

El abogado, que no era ahmadí, añade:

“En ese momento, se percibía una majestuosidad y un fervor especiales en el rostro de Mirza Sahib. Dijo: ‘Ni por un instante he pensado jamás que fuera a tener éxito gracias a su consejo en cuánto a la ley. Solo confío en Dios, que puede ver lo que hay en mi corazón (es decir: solo deposito mi confianza en Él, y Él lo sabe todo)’. Además, añadió: ‘Mi declaración tendrá más peso que su declaración judicial. ¡Téngalo en cuenta! Puesto que he depositado mi confianza en Dios, cualquier cosa que diga tendrá más peso que cualquier declaración jurídica que usted pueda hacer’. Además añadió: ‘Aunque, hipotéticamente, el resultado no fuera favorable a los ojos del mundo (es decir, aunque me condenaran), yo estaría feliz porque no desobedecí a mi Señor’. Es gracias al asombroso poder de Dios que Mirza Sahib fue declarado inocente basándose en su propia declaración”.

Este abogado afirma:

“Creo que es un hombre totalmente sincero y, en el fondo de mi corazón, le tengo un respeto inmenso”.

De este modo, dejó claro que la defensa jurídica no es más que un medio mundano. Debería aprovecharse, pero él solo confiaba en su Dios. Por lo tanto, no podía desobedecer ningún mandamiento de Dios Altísimo. Afirmó con total seguridad que la decisión sería a su favor, y hasta alguien que no era ahmadí no podía evitar quedar profundamente impresionado por ello.

Hazrat Mufti Muhammad Sadiq Sahib escribe que el Mesías Prometido (as) dijo en una ocasión:

“Según la gente de hoy en día, ser civilizado significa que una persona debe convertirse en un gusano del mundo, olvidarse de Dios y dedicarse a adorar los bienes materiales. Sin embargo, a los ojos de Dios Altísimo, ser piadoso significa que uno debe depositar toda su confianza en Dios Altísimo; que Su grandeza y el temor reverencial hacia Él deben estar firmemente arraigados en el corazón, y que el corazón debe purificarse”.

A continuación, presenta un ejemplo de esta confianza en Dios y de la verdadera pureza, así como de la manera en que el Mesías Prometido (as) actuó de acuerdo con ello. Cuando solía tomar el juramento de iniciación a las personas, daba el siguiente consejo a quienes lo prestaban; de hecho, en una ocasión – y solía decírselo con frecuencia a los ahmadíes – afirmó:

‘Al entrar en esta comunidad, uno debe cambiar la forma en que llevaba su vida anteriormente. Provocad una transformación en vuestro interior para que vuestra fe en Dios sea auténtica y para que Él pueda acudir en vuestra ayuda ante cualquier dificultad. Además, no miréis con desprecio Sus mandamientos. No consideréis insignificantes los mandamientos de Dios Altísimo. Más bien, cada uno de los mandamientos debe ser considerado con gran estima, y ese respeto debe manifestarse a través de vuestra conducta. ¿Qué significa manifestarse a través de la propia conducta? Significa actuar de acuerdo con los mandamientos de Dios Altísimo. Inclinarse por completo ante los medios mundanos, someterse por completo a ellos, depositar en ellos toda la confianza y no confiar en Dios es ‘shirk’ [asociar copartícipes a Dios] y equivale a negar la existencia de Dios’.

Daba este consejo a cada persona que realizaba la promesa de iniciación.

Dijo:

‘Uno debe hacer uso de los medios terrenales solo en la medida en que no conduzcan al ‘shirk’. Nuestra creencia es que no prohibimos hacer uso de los medios terrenales. Sin embargo, prohibimos depositar toda la confianza en ellos. Las manos deben estar ocupadas en el trabajo, mientras que el corazón debe estar ocupado en el recuerdo de Dios. Así es como debe ser’”.

Más adelante, el Mesías Prometido (as) dice:

“No se os prohíbe recurrir a los medios necesarios y a los remedios apropiados, pero se os prohíbe confiar en ellos. En última instancia, la voluntad de Dios prevalecerá. La confianza completa en Dios, si uno puede adoptarla, es superior a cualquier otra cosa”.

Luego dijo:

“Dios Altísimo ha colocado propiedades curativas en las medicinas (ha colocado propiedades en las medicinas para el tratamiento de las enfermedades), y se menciona en el Hadiz que las medicinas tienen efectos y que se utilizan para tratar las enfermedades. Sin embargo, confiar en estos medios y pensar que la salvación y el éxito se lograrán únicamente a través de ellos es una forma grave de ‘shirk’ e incredulidad. Nunca se debe depositar la confianza únicamente en los medios. Más bien, uno debe recurrir a los medios necesarios y luego depositar la confianza en Dios, orando para que, si Él así lo desea, haga que esos medios sean beneficiosos. Uno debe continuar orándole a Él, porque producir resultados a través de los medios es Su obra. Esto es lo que significa la verdadera confianza en Dios”.

En una reunión, hubo un debate sobre las enfermedades. A este respecto, dijo:

“Mi creencia sobre la curación de las enfermedades a través de la oración es tal que soy incapaz de expresar lo que hay en mi corazón (no puedo explicar los pensamientos que hay en mi corazón)”.

Continuó:

“El médico llega hasta un cierto punto y luego se detiene (un médico que está tratando a un paciente llega solo hasta un cierto punto y luego se detiene) y se desespera (incluso hoy en día, la gente suele escribirme diciendo que se ha desesperado porque el médico se ha dado por vencido). Pero, más allá de ese punto, Dios abre un camino a través de la oración. Esto es lo que significa conocer a Dios y depositar la confianza en Él: ir más allá de los límites que las personas han establecido y desarrollar esperanza más allá de esos límites. De lo contrario, en tales casos, una persona muere estando aún viva, por así decirlo. Es precisamente en este punto donde comienza el reconocimiento de Dios”.

Estas palabras del Mesías Prometido (as) sobre esta reunión fueron publicadas en Al-Hakam. Hay una frase adicional mencionada en Badr:

“Nuestra creencia fundamental es que, incluso si todos los médicos del mundo pierden la esperanza y declaran que la muerte es segura, si los medios espirituales están disponibles y se dedica suficiente atención a la oración, entonces, a través de la aceptación de la oración, se produce la curación”.

Con referencia a la enfermedad de Hazrat Maulawi Abdul Karim Sahib Sialkoti, Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani describe la completa confianza del Mesías Prometido (as) en Dios Altísimo.

Escribe:

“Es en tales momentos cuando se pone a prueba el alcance del verdadero amor y la devoción de una persona, así como el alcance de su fe en el poder de Dios y la naturaleza de su relación con Él. Porque, en una situación tan crítica – particularmente cuando los propios médicos y doctores han perdido la esperanza -, nadie puede permanecer firme excepto aquellos a quienes Dios Altísimo mismo ha purificado.

Durante la enfermedad de Maulawi Sahib, el Mesías Prometido (as) demostró el máximo amor y abnegación, así como una completa confianza y dependencia de Dios Altísimo. Para una persona perspicaz, esto es prueba suficiente de que el Mesías Prometido (as) fue enviado por Dios, de que poseía una relación verdadera con Dios y de que, si alguien desea ver el ejemplo del Santo Profeta (sa) manifestado hoy entre la Ummah musulmana, no encontrará a nadie más grande que Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadián (as), por mucho que busque en todo el mundo”.

Aunque Hazrat Maulawi Abdul Karim Sahib finalmente falleció, el Mesías Prometido (as) continuó orando por él hasta el final. Cuando llegó el momento fijado, también se sometió a la voluntad de Dios y estuvo conforme con Su decreto.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“La confianza en Dios significa que uno reúna, en la medida de sus posibilidades, los medios que Dios Altísimo ha dispuesto para alcanzar un objetivo determinado y que, después, uno se dedique a la oración, diciendo: ‘¡Oh Dios! Sólo Tú puedes hacer que este asunto tenga un resultado favorable. Hay cientos de calamidades y miles de dificultades que pueden destruir y trastocar incluso estos medios. Protégenos de su embate y capacítanos para alcanzar el verdadero éxito y llegar a nuestro objetivo final’“.

Afirma:

“En realidad, las personas han caído en dudas y, por eso, no se abstienen del pecado. En cada uno permanece cierto grado de negligencia. Del mismo modo, Dios desea ahora que estas personas comprendan que, así como en la época de Noé (as) su hijo dijo: ‘Me he refugiado en una montaña’, estas personas dicen (hablando de la época de la peste): ‘Nos refugiaremos de la peste en la vacunación’. Lo más esencial es la fe en la existencia de Dios. Sin esta fe, las bendiciones nunca pueden adentrarse en las acciones de uno”.

Afirmó:

“Si las personas se establecieran firmemente hoy en la Unidad de Dios, esta aflicción desaparecería de inmediato. Dios observa las acciones del hombre para ver si este cree firmemente o no en la Unidad de Dios.

Hay muchas acciones que son contrarias a la confianza en Dios y se oponen a Su Unidad. Incluso si una persona recita: ‘No hay nadie digno de adoración excepto Dios’, puede ser falsa en su afirmación, y esto es lo que se denomina desobediencia.

Hoy en día, el grado en que las personas confían en los medios materiales no tiene precedentes en comparación con el pasado. Aunque también había pecado e inmoralidad en aquellos tiempos, la gente tenía asimismo el temor de Dios en sus corazones”.

Hazrat Syed Zain-ul-Abidin Shah Sahib narra:

“Recuerdo bien que, cada vez que la peste aparecía en una zona o ciudad, el Mesías Prometido (as) no solo ordenaba que se limpiara su propia casa (es decir, instruía que se adoptaran las medidas necesarias), sino que también disponía la limpieza del internado. De manera similar, instruía a todas las personas para que adoptaran en sus hogares las medidas necesarias para matar los gérmenes mediante el uso de azufre, aak [algodón de seda], fenilo y guggul (guggul es el nombre de un árbol del que se obtiene una resina que posteriormente se quema para fumigar, ya que posee propiedades germicidas). Estas sustancias deben utilizarse para que, por medio de ellas, puedan destruirse los gérmenes (es decir, utilizarlas para matar los gérmenes mediante la fumigación, empleando fenilo o aerosoles, etc.).

El Mesías Prometido (as) solía decir que hacer uso de los medios es también una forma de expresar gratitud por las bendiciones de Dios Altísimo y equivale a obedecer Su mandato, mientras que abandonar las medidas necesarias es contrario a la ley divina. La confianza en Dios viene después de esto (es decir, uno debe adoptar los medios, pero no debe depositar su confianza en los medios mismos). Más bien, el verdadero reconocimiento de Dios significa que, detrás de los medios, uno debe ver la mano de Dios Altísimo (es decir, se deben emplear todos los métodos y, después, reconocer que Dios Todopoderoso está detrás de ellos). Este debe ser el pensamiento y el nivel de fe de una persona”.

Hazrat Mirza Bashir Sahib (ra) relata que el Dr. Mir Muhammad Ismail Sahib (ra) le dijo que el Mesías Prometido (as) era muy meticuloso con la limpieza. Durante los días de la peste, era tan cuidadoso que ponía fenilo en un recipiente y, con sus propias manos, iba a los lavabos y desagües de la casa y lo vertía allí.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib dice:

“Recuerdo que, a veces, el Mesías Prometido (as) hacía juntar una gran pila de leña dentro de la casa y también encendía fuego para que los gérmenes dañinos pudieran ser destruidos. También había encargado un horno de hierro muy grande, en el que se colocaban donde poniendo carbón, se prendía azufre y otras sustancias dentro de las habitaciones. En esos momentos, las puertas se cerraban. Su calor era tan intenso que, incluso cuando la estufa se había enfriado y había transcurrido algún tiempo, si se abría la habitación, esta todavía estaba ardiendo por dentro como un horno.

Este humilde servidor quisiera añadir, además, que los profetas poseen una eminencia extraordinaria. Por un lado, ponen tanto empeño en emplear los medios que un observador podría llegar a pensar que, según su criterio, todo el asunto del decreto divino y el destino está en manos de estos medios y que, si no se emplean, la tarea no puede llevarse a cabo. Por otro lado, los profetas poseen tal grado de confianza en Dios que consideran los medios semejantes a un insecto muerto. Una persona que solo contempla el aspecto exterior de esta condición queda perpleja. En realidad, sin embargo, el gran cuidado que ponen en los medios no se debe a que crean que las llaves del decreto divino y del destino están en manos de estos. Más bien, se debe a que estos medios han sido creados por Dios, y el respeto por Dios requiere – de hecho, es un mandato de Dios – que se preste la debida consideración a los medios y recursos que Él ha creado.

Por lo tanto, dado que sumidos en la obediencia de Dios, los profetas están en la más alta posición, esta es la razón por la que parece que son superiores a los demás en la confianza en los medios. Sin embargo, su verdadera confianza no está depositada en nadie más que en Dios. En realidad, este es precisamente el punto de la Unidad de Dios, el principio mismo por el cual fueron enviados los profetas. Si uno reflexiona sobre ello, este no es un estado fácil de alcanzar. Más bien, requiere un esfuerzo constante y una fe sumamente firme. Por lo general, cuando las personas confían en los medios prácticos, olvidan que cualquier poder o efectividad que estos poseen les ha sido otorgado por Dios. Por sí solos, son tan insignificantes como un insecto muerto. Hasta cierto punto, esta debilidad también se encuentra entre aquellos que afirman que no solo creen en Dios por una cuestión de observancia formal, sino que verdaderamente creen en Él con la perspicacia de sus corazones (lo dicen con la boca, pero existe debilidad en el estado de su fe).

Que cada persona examine su propio corazón y reflexione sobre ello; entonces se hará evidente si posee una fe verdadera o si existe esta debilidad. En momentos de dificultad, ¿confiamos en los medios o tenemos una confianza absoluta en Dios Altísimo, siendo nuestro uso de los medios un mero esfuerzo exterior realizado de acuerdo con el mandato de Dios? Esto, por lo tanto, es algo que todo creyente debería analizar”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib escribe:

“La fe, en sentido estricto, está presente en el corazón de todo creyente, pero son muy pocos – extremadamente pocos – aquellos cuyos corazones están realmente iluminados por la realidad viva de esta fe. Suele ocurrir que algunas personas abandonan los medios, diciendo: ‘Lo que tenga que pasar, pasará’, y, de este modo, al mostrar falta de respeto hacia los medios creados por Dios, se ganan Su desagrado y sufren pérdidas. Otros se aferran a los medios como si Dios no fuera nada y como si todo lo que haya de suceder debiera suceder a través de ellos. Ambos grupos de personas se encuentran muy alejados del camino de la rectitud y están ocultos bajo el velo de la oscuridad (permanecen en la oscuridad). Sólo se encuentran en el camino recto aquellos que siguen la práctica de los profetas, observan plenamente los medios, pero cuyo corazón permanece lleno de la fe viva de que, detrás de estos medios, hay otro Poder, a cuya orden funciona todo este sistema y sin el cual todas estas provisiones son completamente obsoletas e ineficaces. Sin embargo, este nivel de fe solo se alcanza tras un gran esfuerzo, y mantenerse firme en él también exige un esfuerzo constante”.

La confianza en Dios que muestran los siervos predilectos de Dios también posee una cualidad extraordinaria. Por un lado, emplean los medios de tal manera que una persona mundana empieza a pensar que tal vez toda su confianza reside en los propios medios. Sin embargo, en ocasiones, abandonan los medios de tal manera que parece como si no los necesitaran en absoluto. Encontramos esta confianza total en Dios Altísimo a lo largo de toda la vida del Mesías Prometido (as).

Hazrat Musleh Maud (ra) relata que, aproximadamente dos o tres años antes del fallecimiento del Mesías Prometido (as), este padecía una tos severa.

Hazrat Musleh-e-Maud (ra) afirma:

“Yo tenía unos 17 años en aquel momento y se me había encomendado la tarea de administrarle sus medicamentos y atenderle en este sentido. Naturalmente, cuando a una persona se le confía una responsabilidad concreta, empieza a considerar que tiene derecho a opinar sobre los asuntos relacionados con ella (pensaba que, dado que se me había encomendado la administración de los medicamentos, también tenía voz y voto en otros asuntos relacionados)”.

Además, relata:

“Yo también consideraba que, como parte de mi responsabilidad de dispensar los medicamentos, tenía voz y voto sobre la dieta del Mesías Prometido (as) y, por lo tanto, de vez en cuando ofrecía sugerencias, diciéndole que no debía comer esto o aquello (aunque su deber era administrar los medicamentos, en ocasiones también intervenía en otros asuntos, comentando si algo agravaría o aliviaría la enfermedad).

También se preparaban y administraban las recetas de Hazrat Jalifatul Masih I (ra), al tiempo que se utilizaban medicamentos ingleses. No obstante, la tos seguía empeorando.

Este incidente data de 1907. Abdul Hakim, que más tarde abandonó la comunidad, tras haber leído sobre la tos del Mesías Prometido (as), escribió que ‘Mirza Sahib (Dios no lo quiera) moriría tras contraer tuberculosis’; es decir, que se le formarían lesiones en los pulmones, contraería la enfermedad de la tuberculosis y, en última instancia, moriría a causa de ella”.

Hazrat Musleh Maud (ra) afirma:

“Por lo tanto, también éramos conscientes de que no debíamos, ni siquiera inadvertidamente, darle ningún motivo para regocijarse [por la enfermedad del Mesías Prometido (as)]. Por esta razón, actué con gran cautela y aconsejaba al Mesías Prometido (as) al respecto.

Sin embargo, la tos que padecía el Mesías Prometido (as) era extremadamente grave. A veces tenía ataques de tos tan prolongados que parecía como si fuera a dejar de respirar por completo. Tal era el estado del Mesías Prometido (as) durante su enfermedad”.

Hazrat Musleh Maud (ra) relata:

“En una de esas ocasiones, un amigo vino de fuera y trajo algo de fruta como regalo [para el Mesías Prometido (as)] (era costumbre que la gente llevara fruta como regalo a una persona enferma). Le presenté la fruta al Mesías Prometido (as) y le informé de que el amigo se la había traído.

El Mesías Prometido (as) miró la fruta y dijo: ‘Dile: ¡YazakAl’lah! [¡Que Dios le recompense!]’. A continuación, cogió una de las frutas, que probablemente era un plátano, y, tal vez para darme una lección – pues yo era el encargado de administrarle sus medicamentos -, me preguntó: ‘¿Qué opinas? ¿Qué tal puede sentar comer un plátano cuando uno tiene tos?’. El Mesías Prometido (as) cogió un plátano y le preguntó qué le parecía comerlo mientras tenía tos.

Le respondí que no era bueno para la tos. Ante esto, sonrió, pero no respondió nada y empezó a pelar el plátano y a comérselo. Volví a insistir: ‘La tos es muy fuerte, y esto no es bueno para la tos’. Volvió a sonreír y siguió comiéndoselo. En mi ignorancia, insistí una vez más, diciéndole que no debía comerlo. Ante esto, volvió a sonreír y dijo: ‘Acabo de recibir la revelación de que la tos ha desaparecido’.

De hecho, desde ese mismo momento, la tos desapareció. Esto ocurrió a pesar de que, en aquel momento, no se le había administrado ningún medicamento ni se había observado ninguna precaución dietética; más bien, se hizo lo contrario de lo que se debería haber hecho y, sin embargo, la tos desapareció. Aunque antes de esto el tratamiento había continuado durante todo un mes, la tos no había remitido”.

Por lo tanto, esto fue una manifestación de la intervención divina. Normalmente, la imprudencia en cuestiones de alimentación también puede causar enfermedades, mientras que el tratamiento puede propiciar la recuperación. Sin embargo, cuando Dios Altísimo así lo quiere, también interviene en los asuntos humanos.

Es precisamente por esta razón por la que Dios Altísimo ha enseñado al hombre el arma de la oración; para que se dirija a Dios Altísimo y diga: “No deseo ser independiente [de Ti]; me he cansado de mis circunstancias. Por favor, por Tu gracia, intervén en mis asuntos”.

Cuando Dios Altísimo ve que Su siervo ha depositado toda su confianza en Él y desea que intervenga en sus asuntos, entonces Él interviene de verdad (es decir, cuando se deposita una confianza total en Dios Altísimo).

Si Dios quiere, hablaré más sobre este tema en otra ocasión.

Ahora deseo mencionar a algunos de los miembros fallecidos cuyas oraciones fúnebres dirigiré (en ausencia) tras la oración del viernes.

El primero de ellos es el respetado Muhammad Ata-ur-Rahman Sahib, de Bharatpur, Bengala Occidental (India), que falleció hace unos días a la edad de 76 años.

[Árabe]

“Ciertamente, a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos”

Por la gracia de Dios Altísimo, el difunto era un Musi. Le sobreviven su esposa, una hija y tres hijos.

Uno de sus hijos, Hafiz-ur-Rahman Sahib, es misionero de la Comunidad y presta servicio en Bosnia. Otro de sus hijos, Shah Nur-ur-Rahman Sahib, ejerce como ‘mual’lim’ en la India. Asimismo, uno de sus yernos, Sabir Ali Sahib, también es misionero de la comunidad. En otras palabras, se puede considerar que se trata de una familia de devotos que han dedicado su vida a la causa.

Su hijo, Hafiz-ur-Rahman Sahib, que es misionero y actualmente presta servicio, no pudo, por lo tanto, asistir a la oración fúnebre ni al entierro de su padre.

Escribe que el Ahmadíat entró en su familia durante el Jalifato de Hazrat Jalifatul Masih I (ra), cuando el abuelo del difunto, Muawwaz Qasid Sahib, prestó el Baiat y se unió a la Comunidad Musulmana Ahmadía.

Era una persona influyente y acaudalada en su zona. Sin embargo, tras aceptar el Ahmadíat, sacrificó su posición social y sus antiguas relaciones por el bien de su fe. En la zona había una mezquita central que había estado bajo su administración. La cedió a los no ahmadíes y mandó construir una mezquita aparte. Esta mezquita se conoce como Masllid Bait-ul-Awwal y fue la primera mezquita ahmadí de Bengala Occidental.

Tras la conversión de la familia a la Comunidad Ahmadía, también tuvieron que enfrentarse a la oposición. El propio difunto relata que incluso se impedía a los vecinos de los alrededores vender artículos de primera necesidad y provisiones a los miembros de su familia. El difunto padre de Hafiz-ur-Rahman Sahib escribió que la oposición se volvió tan severa que se impedía a la gente realizar transacciones comerciales con ellos. Los ahmadíes fueron sometidos a diversas formas de penurias por distintos medios.

En consecuencia, para obtener los víveres esenciales, se veían obligados a viajar en barco, recorriendo aproximadamente entre cuarenta y cincuenta kilómetros por el río, para después comprar allí los productos necesarios. A pesar de estas duras pruebas, Dios Altísimo mantuvo a la familia firme en la fe.

En cuanto a sus actividades mundanas, también se había afiliado a un partido político. Sin embargo, con el tiempo, abandonó estas actividades mundanas y sintió el deseo de dedicarse al servicio de la fe. Por ello, se trasladó a Qadian, donde pasó varios años adquiriendo formación y educación religiosa. También tuvo la bendición de poder prestar servicio durante varios meses en la mezquita Masllid Mubarak.

Durante su servicio en Dar-ul-Masih y en la mezquita Mubarak, también tuvo la bendición de tener algunos sueños benditos. Desde sus días en Qadian en adelante, un profundo amor por el Sagrado Corán, la humildad y el fervor en el culto, la observancia regular de la oración del Tahayyud y el hábito de la súplica se convirtieron en rasgos permanentes de su vida. Se mantuvo firme en estas prácticas hasta el final de sus días.

Llevaba a cabo cada encargo de la comunidad con total confianza en Dios, oración y la máxima dedicación. No permitía que la distancia, las condiciones meteorológicas u otras dificultades lo disuadieran.

Dios Altísimo derramó bendiciones extraordinarias sobre sus esfuerzos en la propagación de la fe. Gracias a su labor, se fundaron varias comunidades y numerosos jóvenes dedicaron sus vidas al servicio de la fe. En ocasiones, llegaba incluso a pagarles los billetes de viaje de su propio bolsillo y también se ocupaba de las necesidades de sus familias.

Muchos de aquellos a quienes formó siguen hoy comprometidos con el servicio a la Comunidad.

Durante sus giras de predicación, independientemente de los fondos que recibiera de la comunidad para sus gastos o desplazamientos, reducía sus propios gastos personales y ahorraba todo lo posible. Luego destinaba el dinero ahorrado a las personas pobres a las que predicaba o a las familias ahmadíes recién convertidas.

Durante los viajes largos, a veces tenía que pasar varias noches fuera de casa. En tales ocasiones, en lugar de alojarse en una pensión o en un hotel, a veces pasaba la noche en una estación de tren o de autobuses, durmiendo en un banco para ahorrar dinero. Luego destinaba el dinero ahorrado a los necesitados.

Hazrat Jalifatul Masih IV (rh), refiriéndose en una de sus cartas a sus servicios en el ámbito del Tabligh, escribió:

“Con la ayuda de Dios, mantiene una entrega, concentración, sabiduría y elegancia centrado en este trabajo bendito. Configura una adición en la historia de la difusión del mensaje hacia Dios el Altísimo”.

Sentía un profundo respeto por la comunidad y una reverencia excepcional hacia el Mesías Prometido (as). En una ocasión, durante una gira de Tabligh, conoció a un hombre y, en el transcurso de la conversación, descubrió que su difunto abuelo había prestado un notable servicio a la familia de aquel hombre. El hombre le invitó a su casa y organizó una elaborada comida en su honor. Mientras hablaban, también se mencionaron sus antiguos vínculos familiares y aquellos actos de bondad de antaño. Relata que apenas había dado el primer bocado cuando el anfitrión se refirió al Mesías Prometido (as) de manera burlona. Inmediatamente dejó la comida y, sin importarle nadie más, se levantó de la mesa y se marchó.

Cuando Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) visitó Qadian en 1991, asistió al Yalsa con su familia. En esa ocasión, también cedió una parte de sus tierras ancestrales a Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) para uso de la comunidad. Actualmente, en ese terreno se encuentra una casa para misioneros.

Su hijo relata:

“Cada vez que me despedía de él para regresar a nuestro lugar de trabajo (cuando el misionero viajaba al extranjero por su labor), me decía: ‘Te he sacrificado en el camino de Dios. No te preocupes por nosotros. Dedícate por completo a tu trabajo y al servicio que se te ha encomendado’. Después de ir a Bosnia, solía llamarme a menudo y decirme: ‘Estoy rezando por ti. Trabaja duro y esfuérzate por cumplir el servicio que Dios Altísimo te ha encomendado’.

Sabía que mi padre era un hombre de absoluta confianza en Dios; alguien dispuesto a hacer cualquier sacrificio por la misión del Santo Profeta (sa) y de su verdadero y devoto siervo, el Mesías Prometido (as); alguien que se esforzaba por obedecer cada instrucción del Jalifato como si fuera verdaderamente un mandato de Dios; y alguien que, en el sentido más pleno, vivió su vida dando prioridad a la fe sobre el mundo. Era de corazón puro y compasivo, mantenía los lazos familiares lo mejor que podía, era hospitalario y ayudaba tanto a sus allegados como a los desconocidos. Amaba sinceramente a cada miembro de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Era perspicaz, sabio y devoto de la oración”.

¡Que Dios Altísimo le conceda perdón y misericordia!

La siguiente mención es la de la respetada Jadiya Siddiqa Ponto Sahiba, de Indonesia, quien falleció recientemente a la edad de 81 años.

[Árabe]

“Ciertamente, a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos”

Por la gracia de Dios, era musia (integrante del sistema Al-Wasiyat). Dios Altísimo la bendijo con cinco hijos: tres varones y dos hembras. Tuvo la oportunidad de servir en tres ocasiones como Presidenta Nacional de la Organización Auxiliar de Mujeres Musulmanas Ahmadía en Indonesia. Desde temprana edad hasta los últimos momentos de su vida, sirvió a la comunidad de todo corazón y con absoluta devoción. Sentía un profundo amor por el Jalifato y era conocida por su sinceridad, integridad, humildad y lealtad. Su celo por el servicio a la Comunidad nunca decayó. Creció en una familia imbuida del espíritu de servicio, y toda su familia estaba dedicada a servir a la comunidad. Su padre, el respetado Sadruddin Yahya Ponto Sahib, era un hombre justo y devoto. Aunque ejerció profesionalmente como diplomático indonesio, siempre dio prioridad a su fe.

Jadiya Sahiba siempre estaba a la vanguardia a la hora de atender a los invitados de la comunidad. Cuando Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) visitó Indonesia, ella tuvo la oportunidad de atender a toda su comitiva.

Una expresidenta nacional de la Organización Auxiliar de Mujeres Musulmanas Ahmadía, Halliah Sharifun Nisa Sahiba, afirma:

“Jadiya Sahiba sentía un profundo amor por el Jalifato. Siempre obedecía al Jalifato y lo tenía en la más alta estima. Era humilde, amable y sociable, y trataba a todos por igual. Siempre que veía a miembros de la comunidad – en particular, a miembros de Lallna – absortas en una conversación, les recordaba amablemente que recitaran Istighfar (si las mujeres empezaban a charlar durante un Yalsa o una reunión, se acercaba a ellas con cariño y les decía: ‘En lugar de hablar, recitad Istighfar y dedicaos al recuerdo de Al’lah’). Siempre que alguien le confiaba una dificultad, aconsejaba inmediatamente escribir al Jalifa de la época para pedir oraciones. Ya fuera que ejerciera como presidenta o desempeñara cualquier otro cargo en la organización auxiliar femenina, daba gran importancia a la consulta y no tomaba decisiones por su cuenta. Brindaba a las demás la oportunidad de compartir sus experiencias y animaba a quienes la rodeaban a aprender de ellas”.

Zafrul’lah Ponto Sahib, un misionero de la comunidad, comenta:

“La difunta era mi prima, pero la consideraba como a mi propia hermana. Era excepcionalmente amable con sus parientes. Era disciplinada, sumamente bondadosa y se esforzaba al máximo por asistir no solo a los programas de la comunidad, sino también a funciones públicas y reuniones familiares. Mantenía fuertes vínculos sociales. Relata que, en una ocasión, una amiga le preguntó por qué se dirigía a uno de sus propios parientes – el misionero Mansur Ahmad Baman Sahib – como ‘Maulana’ cuando, al ser pariente suyo, bien podría llamarlo tío o utilizar algún otro título familiar. Respondió: “Si se pensara de esa manera, el respeto que algunas personas muestran a los misioneros se debería simplemente a la persona en sí misma. ¿Por qué este razonamiento? Lo llamo ‘Maulana’, en primer lugar, porque es nuestro deber respetar a la organización de la comunidad. Me dirijo a él de esta forma por respeto a la organización, no por sus cualidades personales. En segundo lugar, lo hago para recordarle continuamente su cargo y sus responsabilidades. Al llamarlo ‘Maulana’, quiero que comprenda que el respeto que la gente le muestra no es una simple consideración personal; más bien, Dios lo ha situado en una posición de responsabilidad. La comunidad le ha confiado el servicio a la fe, y él debe honrar esa confianza y ser consciente de dicha responsabilidad. Por eso me refiero a él de esa manera”. Este era su pensamiento.

Yo también había observado que era una mujer profundamente sincera, con un vínculo especial tanto con el Jalifato como con la Comunidad. Asistió al Yalsa aquí en varias ocasiones y siempre mostró una gran sinceridad y devoción.

¡Que Dios Altísimo la guarde en Su misericordia!

La siguiente mención es el del respetado Mukarram Abdul Yalil Sahib, de

[Árabe]

“Ciertamente, a Al’lah pertenecemos y hacia Él volveremos”.

Por la gracia de Dios, era musi [formaba parte del sistema Al-Wasiyyat]. Le sobreviven dos hijos y dos hijas. Su hijo mayor, Danan Andiana Sahib, ejerce como Amir regional de Java Occidental. Su hijo dice que Abdul Yalil Sahib sentía una profunda pasión por el Tabligh. Fue gracias a sus esfuerzos como se estableció por primera vez la Comunidad de Bernai Mulia, en el sur de Sumatra; él fue, en efecto, el pionero de dicha Comunidad. Antes de que se estableciera formalmente una comunidad local, realizaba la oración del viernes en casa, junto con su esposa y su hijo pequeño, durante quince años. Su lucha por establecer la comunidad de Bernai Mulia estuvo lejos de ser fácil.

En una ocasión, un director de escuela cristiano y un sacerdote presentaron una queja contra él ante las autoridades. El cristianismo tenía una fuerte presencia en aquella zona. Como resultado, fue arrestado, exhibido públicamente y posteriormente recluido en la comisaría de Krujon (nombre de la zona), donde fue encerrado en una celda junto con dos delincuentes. Durante su encarcelamiento, tuvo dificultades para realizar sus oraciones debido a la oposición del comandante militar del distrito, que era cristiano. Dicha hostilidad había surgido tras una discusión religiosa entre ambos sobre la muerte de Jesús (as). Sin embargo, un oficial militar comprensivo le facilitó discretamente unos periódicos para que pudiera extenderlos en el suelo de la celda y orar sobre ellos.

A pesar de la enfermedad, su entusiasmo por el Tabligh (predicación) permaneció inalterable. Siempre se dedicó a atender a los invitados y profesaba un gran respeto por los misioneros. Concedía especial importancia a la formación moral y espiritual de su propia familia. Su preocupación no se limitaba a la reforma de los demás; también instruía y formaba continuamente a sus propios hijos. A lo largo de su vida, fue considerado una figura ejemplar en su comunidad, y la gente acudía a menudo a él en busca de consejo para resolver diversos asuntos. Asimismo, dedicaba tiempo cada día a la recitación y al estudio del Sagrado Corán y de los libros del Mesías Prometido (as).

Ahmad Nuruddin Isa Sahib, un antiguo misionero, escribe:

“El difunto fue el fundador de la Comunidad de Bernai Mulia. Cuando llegué allí, él y su esposa invitaron a sus familiares a escuchar las enseñanzas de la comunidad. Celebramos una sesión de Tabligh que se prolongó hasta la medianoche. Finalmente, gracias a sus esfuerzos, 20 personas aceptaron el Ahmadíat. Él ya había realizado con anterioridad una considerable labor preliminar con ellos”.

Como se ha mencionado anteriormente, también donó un terreno a la comunidad para una mezquita. Posteriormente, se construyó en dicho terreno una mezquita de diez por diez metros.

Abdul Wahab Sahib, profesor de Yamia Ahmadía Indonesia, afirma:

“Abdul Yalil Sahib prestó un gran servicio en Bernai Mulia y desempeñó un papel fundamental en la organización de la comunidad allí. Entre sus otras cualidades figuraban su constancia en las cinco oraciones diarias, así como su firme observancia del Tahayyud [oración voluntaria de la madrugada]. Pagaba regularmente sus contribuciones económicas, ayudaba a sus vecinos y se dedicaba a servir a la humanidad”.

Su hijo, Shams-ul-Bahrain Sahib, que trabaja en MTA Indonesia, comenta que su padre dio un ejemplo excepcional de sacrificio por la comunidad, tanto en el aspecto económico como mediante el servicio personal. En una ocasión relató que, cuando se mudó por primera vez a Sumatra, no había ningún otro miembro de la comunidad en la zona y los medios de transporte y comunicación eran muy limitados. Por ello, reservaba sus contribuciones económicas en una caja especial a lo largo del año y, una vez al año, cuando viajaba al centro para el Yalsa Salana, entregaba la suma total.

Nasrun Ahmad Sahib, el misionero regional, cuenta que, durante los dos últimos años de vida de Abdul Yalil Sahib – cuando este estaba gravemente enfermo y postrado en cama -, aun así le hacía llamar para preguntarle por el progreso y la situación de la comunidad. Tenía siempre presente la muerte y también pedía oraciones.

¡Que Dios Altísimo le conceda perdón y misericordia!

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