Siguiendo a su Maestro (sa): El Mesías Prometido (as) sobre cómo hallar la gracia de Al-lah mediante la confianza, la devoción y la sumisión.
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Siguiendo a su Maestro (sa): El Mesías Prometido (as) sobre cómo hallar la gracia de Al-lah mediante la confianza, la devoción y la sumisión.

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahud, Taawuz y Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

En los últimos sermones he estado hablando del nivel más elevado de ‘tawakkul’ (confianza en Dios), tal como se manifestó en la vida del Santo Profeta (sa). Hoy hablaré de cómo el Mesías Prometido (as), verdadero siervo del Santo Profeta (sa) en esta era, nos explicó este ejemplo, de las enseñanzas que impartió al respecto y de cómo él mismo las puso en práctica.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“La verdadera confianza en Dios consiste en reunir, en la medida de nuestras posibilidades, los medios que Dios Altísimo ha dispuesto para alcanzar un determinado objetivo y, después, dedicarse a la oración, suplicando a Dios: ‘¡Oh Dios! Sólo Tú puedes hacer que esto tenga un resultado favorable. Hay cientos de calamidades y miles de dificultades que pueden destruir y frustrar estos medios. Protégenos de sus efectos y permítenos alcanzar el verdadero éxito y llegar a nuestro objetivo final’”.

Una persona hace uso de los medios disponibles, pero existen muchas dificultades y circunstancias que pueden destruir los medios en los que confía. Por lo tanto, debe buscar la ayuda de Dios, rezando para que Dios Altísimo la proteja de sus efectos nocivos. Este es el estado mediante el cual un creyente puede alcanzar las bendiciones de Dios Altísimo.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Estar complacido con Dios Altísimo no es algo que todo el mundo pueda alcanzar. Más bien, se trata del nivel más elevado de confianza en Dios, de completa devoción hacia Él (es decir, de dirigir toda la atención hacia Dios) y de sumisión y aceptación, en el que una persona alcanza un estado en el que no alberga queja ni agravio alguno contra su Señor. Que Dios Altísimo esté complacido con Su siervo depende de la perfecta sinceridad y lealtad de este, del más alto grado de pureza y santidad y de la obediencia perfecta. Esto demuestra que los compañeros habían atravesado todas las etapas del conocimiento y del progreso espirituales”.

Los compañeros alcanzaron un nivel tan elevado de conexión con Dios y de confianza en Él que se nos ha presentado como ejemplo.

Quienes creen en Jesús (as) dicen que solía curar a los enfermos. Pero el Mesías Prometido (as) dijo:

“¿Acaso esto aumentó la confianza de los discípulos en Dios Altísimo? El aumento de la confianza en Dios solo se produce mediante la gracia especial de Dios. Se produce cuando uno torna hacia Él con total devoción”. Afirma que:

“Si buscamos entre los discípulos un ejemplo semejante de confianza en Dios, no lo encontraremos. Por lo tanto, el mero hecho de eliminar las enfermedades carece de verdadero significado. También se ha escrito, en relación con los sufíes, que ellos demostraron igualmente este milagro de la curación”.

El Mesías Prometido (as) afirma que enorgullecerse de tales cosas no es propio de la sabiduría ni de la inteligencia, y que quien anhela la excelencia espiritual no puede sentirse satisfecho con tales asuntos.

Por lo tanto, afirma:

“Esto es lo que deseo para vosotros: purificad vuestros corazones y desarrollad tal relación con Dios que el Señor Misericordioso se complazca en vosotros y vosotros os complazcáis en Él. Entonces, Él depositará tales bendiciones en vuestros cuerpos y en vuestras palabras que incluso quienes curan enfermedades se quedarán asombrados y se sentirán avergonzados al contemplarlas”.

En otras palabras, quienes curan a los enfermos y eliminan las enfermedades se sentirán ellos mismos avergonzados al ser testigos de semejante estado en una persona cuya relación con Dios Altísimo sea de esta naturaleza.

Así pues, si un creyente deposita su confianza en Dios Altísimo y desarrolla una relación con Él, él mismo puede llegar a ser capaz de manifestar milagros.

En otra ocasión, al llamar la atención sobre la confianza en Dios y la devoción total hacia Él, dijo:

“Recordad también que no hay bálsamo para la herida de la aflicción tan calmante y reconfortante como la confianza en Dios Altísimo. Quien deposita su confianza en Dios Altísimo encuentra consuelo y satisfacción en su interior incluso ante las dificultades y adversidades más severas. No siente amargura ni tormento en su corazón. A lo sumo, el resultado de esta tribulación puede ser la muerte, si ese es el decreto inmutable (el decreto que no puede modificarse)”.

Las dificultades también se abaten sobre el creyente, pero, si su fe en Dios es firme, no permite que lo abrumen.

Afirma:

“No obstante, ¿qué pasaría entonces? Sobrevendría la muerte. El mundo no es, de todos modos, un lugar en el que se pueda vivir para siempre. En última instancia, llega para todos un día y una hora en que hay que abandonar este mundo. Entonces, si la muerte es la consecuencia de ello, ¿qué daño causaría? Para el creyente, esta muerte es incluso más reconfortante, ya que se convierte en el medio para reunirse con el Amado (si una persona es un verdadero musulmán, con verdadera convicción en Dios Altísimo, lo acepta sin problemas, sabiendo que se encontrará con Dios Altísimo). Esto es así porque tiene plena fe en Dios Altísimo, confía en Su omnipotencia y sabe que el Más Allá que le espera es de consuelo eterno. Por lo tanto, una simple adversidad, ya sea una enfermedad o cualquier otro tipo de adversidad, no puede ser causa de sufrimiento o tormento. Más bien, esa adversidad se considera un castigo doloroso cuando no hay fe ni confianza en Dios Altísimo”.

Si las dificultades se abaten sobre un creyente, no son un castigo para él. El castigo se produce cuando no tiene fe en Dios ni deposita su confianza en Él.

“Tal persona (que no tiene fe) sí sufre un tormento severo. Si alguien se imagina que no se enfrentará a la muerte, esa idea es falsa, porque Dios Altísimo ha declarado que este mundo es efímero. Para esa persona habrá un infierno muy doloroso en el Más Allá, para el que debe estar preparada”.

Así pues, esto también ofrece una respuesta general a quienes preguntan cómo podemos saber si una dificultad o adversidad es un castigo o una prueba de Dios.

El Mesías Prometido (as) aconsejaba a sus seguidores, según las circunstancias, que depositaran su confianza en Dios. Se narra que Hazrat Maestro Nazir Husain Sahib relata que el Mesías Prometido (as) dijo:

“No penséis que Dios Altísimo es débil. De hecho, Él es poseedor de un poder inmenso. Cuando depositáis vuestra confianza en Él, buscando Su apoyo en cualquier asunto, Él acudirá en vuestra ayuda, tal como Él mismo afirma:

[Árabe]

‘Pues quien pone su confianza en Al’lah, sepa que Él le es suficiente’. (65:4)

Al describir las cualidades de los afortunados, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Hay un nivel de confianza en Dios en el que están firmemente arraigados. Nadie más que ellos puede alcanzar ese manantial claro y puro. Se ha hecho agradable y adecuado específicamente para ellos, y la luz del conocimiento espiritual los sostiene continuamente. Así, a veces, a pesar de encontrarse en diversos estados de privación y de estar completamente alejados de los medios habituales de sustento, pasan sus vidas, no obstante, con tal alegría y apertura de corazón, y transcurren sus días con tal prosperidad, como si poseyeran miles de tesoros”.

Incluso cuando las comodidades a las que están acostumbrados no se encuentran disponibles, quienes depositan su confianza en Dios viven con gran felicidad, como si poseyeran miles de tesoros.

“La frescura de la riqueza se refleja en sus rostros, y la firmeza de quienes poseen riquezas es evidente en ellos. En tiempos de adversidad, depositan su confianza en su Misericordioso Señor con gran generosidad de espíritu y perfecta certeza”.

Tienen una relación con Dios y, por lo tanto, incluso en medio de las penurias y las dificultades, siguen depositando su confianza en Él y no se alejan de Él. No se dejan consumir por pensamientos como: “¿Quién sabe lo que está pasando? ¿Es esto una prueba, un examen o un castigo?. Si su confianza en Dios es plena y cumplen con los derechos que le deben, entonces Dios, sin duda, les concede Su gracia.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Aquellos que depositan su confianza en Dios y se someten a Él nunca fracasan. ¿Qué puede ganar una persona que confía únicamente en sus propios esfuerzos, salvo la humillación? Desde que se creó el mundo, la práctica de Dios siempre ha sido que aquellos que abandonan el mundo lo alcanzan, mientras que aquellos que lo persiguen se ven privados de él.

Quienes no tienen relación con Dios pueden conseguir algo durante unos días mediante el engaño y el fraude, pero al final resulta infructuoso (al buscar el mundo, la gente suele recurrir al engaño y al fraude), pues finalmente deben enfrentarse a un fracaso estrepitoso.

Las personas excelentes que han pasado por el islam fueron aquellas a quienes no les importaba en absoluto el mundo en comparación con la religión”.

Afirma:

“En la India vivieron Qutb-ud-din y Muin-ud-din, amigos de Dios. Estas personas adoraban a Dios en secreto, pero Dios hizo manifiesto su honor”.

A continuación, relata un incidente:

“Vimos a un ‘pirzada’ en Batala que, por asuntos relacionados con sus tierras, deambulaba cubierto de polvo, siguiendo a un subcomisario”. El subcomisario era un funcionario del gobierno, y este hombre iba tras él para tratar sus asuntos o adquirir propiedades.

Dijo:

“Me quedé asombrado. Si este hombre poseía verdadera rectitud (se hacía llamar ‘pirzada’, afirmando descender de santos), si realmente poseía rectitud y confiaba en Dios, ¿por qué se rebajaba a asuntos tan sórdidos y degradantes?”.

Dice:

“La razón por la que han surgido tantos pecados en el mundo es que el grado de certeza que una persona tiene en los placeres de este mundo, en el honor mundano y en la riqueza y las posesiones mundanas no se encuentra en su creencia en el Más Allá (por eso una persona comete pecados). Del mismo modo que una persona puede depositar su confianza en un cofre lleno de joyas preciosas y oro puro que está en su poder, no puede depositar la misma confianza en Dios.

Del mismo modo que la gente teme a los gobiernos y a las autoridades terrenales y recurre a la adulación – es decir, al servilismo – para ganarse la vida, no teme de la misma manera a Dios Altísimo. ¿Cuál es la razón de esto? La razón es que los medios aparentes y los recursos terrenales (los medios materiales que son visibles ante una persona) le parecen tan seguros que las creencias religiosas parecen insignificantes en comparación”.

Los medios mundanos son visibles ante él, mientras que no se concede importancia alguna a la fe en Dios ni a las creencias religiosas.

“Así pues, cuando no hay confianza en Dios Altísimo y no existe el concepto de dar prioridad a la fe sobre los asuntos mundanos (algo que repetimos en cada juramento que hacemos y que también repetiremos en el Illtema (convención) de los Judam-ul-Ahmadía), entonces esta debilidad de creencia y fe privará a dicha persona también de las bendiciones del Más Allá.

Han considerado que este mundo lo es todo y han seguido esforzándose por alcanzarlo. Algunos lo lograron, mientras que otros fallecieron en sus intentos por alcanzarlo, sin éxito. O bien lo lograron, solo para perderlo posteriormente, tras lo cual pasaron sus vidas sufriendo grandes penurias mundanas. No pertenecían ni a la religión ni al mundo.

A este respecto, un poeta ha dicho:

‘Ni alcanzaron a Dios, ni la unión con el ídolo’”.

Cuán profundamente preocupado estaba el Mesías Prometido (as) por llevar a la gente hacia Dios Altísimo y hacerla consciente del Más Allá, cuánto dolor sentía por ello y cómo rezaba por ello.

Al explicarlo, dice, dirigiéndose a Dios Altísimo:

‘¡He aquí que mi alma vuela hacia Ti con plena confianza, igual que un pájaro regresa a su nido. Por eso, deseo una señal de Tu poder, pero no para mí ni para mi honor. Más bien, la deseo para que la gente pueda reconocerte, adopte Tus caminos puros y no se aparte de la guía rechazando a aquel a quien Tú has enviado. Doy testimonio de que Tú me has enviado y de que has manifestado grandes señales en mi favor!’”.

El propio Dios Altísimo otorgó al Mesías Prometido (as) el nombre de Mutawakkil (aquel que deposita su confianza total en Dios).

Así, dice:

“Se ha registrado que la señal del descenso del Mesías es que habrá puesto sus manos sobre las alas de dos ángeles. Esto apunta al hecho de que sus manos derecha e izquierda – que son los medios para adquirir conocimiento intelectual e iluminación interior – se apoyarán en agentes celestiales a quienes se les han encomendado diversas tareas (es decir, los ángeles)”.

En otras palabras, el conocimiento de la razón, las luces espirituales internas y las cuestiones de perspicacia espiritual y comprensión religiosa vendrán por este medio – con la ayuda de los ángeles -. Este es el significado de colocar sus manos sobre los dos ángeles: confiará en su apoyo y no adquirirá este conocimiento a través de escuelas, libros o mentores espirituales, sino de Dios Altísimo mismo. Será agraciado con ilm ladunni (es decir, recibirá conocimiento que Dios Altísimo mismo le enseñe), y Dios mismo también se hará cargo de sus necesidades de la vida y proveerá para ellas”.

Continúa diciendo:

“Durante los últimos diez años, esta revelación ya había sido publicada en Barahin-e-Ahmadiyya con respecto a este humilde siervo:

[Árabe]

‘Tú estás ante Nuestros ojos. Te hemos nombrado Mutawakkil (aquel que deposita su completa confianza en Nosotros) y te hemos enseñado conocimiento de parte de Nosotros mismos’.

Está establecido por numerosos Hadices y por el Santo Corán que, cuando una persona desarrolla un desapego total de todo lo demás y deposita su completa confianza en Dios, los ángeles son designados para servirle, y cada ángel le sirve de acuerdo con la responsabilidad que le ha sido encomendada”.

Un día, el Mesías Prometido (as) estaba sentado en una reunión cuando surgió el tema de la confianza en Dios. Ante esto, dijo:

“Experimento un estado extraordinario en mi corazón. Es como si hubiera un calor intenso y este alcanzara su máxima intensidad. En tal momento, la gente confía plenamente en que la lluvia está a punto de caer.

De la misma manera, cuando miro mi pequeña caja [de dinero] y la encuentro vacía (es decir, cuando veo que no poseo ninguna riqueza), me convenzo firmemente de que, por la gracia de Dios Altísimo, ahora se llenará. Efectivamente, esto es lo que sucede.

Juro por Dios Altísimo que, cuando mi bolsa está vacía, el deleite y la alegría espiritual que experimento al depositar en ese momento mi confianza en Dios Altísimo son algo que no puedo describir (cuando no poseo nada, mi confianza en Dios Altísimo aumenta aún más), y ese estado es sumamente reconfortante y tranquilizador para mí, en comparación con la condición en la que mi bolsa está llena (es decir, mis bolsillos, por así decirlo, están llenos)”.

Comentando estas palabras del Mesías Prometido (as), Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) escribe:

“La bolsa de dinero de las personas santas generalmente permanece vacía (es decir, aquellos cuya vida está dedicada a Dios no acumulan riqueza). Sus tesoros generalmente están vacíos y sus bolsillos permanecen desprovistos de riquezas mundanas, ya que distribuyen todo lo que poseen entre los demás. Pero observen el extraordinario grado de confianza del Mesías Prometido (as) en Dios. Era como la confianza de un agricultor astuto que, basándose en la experiencia repetida con un pozo de agua, tiene la certeza de que, cuando el suministro actual de agua comience a escasear, sus manantiales subterráneos se abrirán por sí solos y el pozo volverá a llenarse de agua”.

A veces, después de haber cavado un pozo, se extrae repetidamente su agua hasta que se seca; sin embargo, poco a poco, el agua comienza a acumularse de nuevo en él.

“De la misma manera, el corazón del Mesías Prometido (as) estaba impregnado de la firme convicción de que, tan pronto como mi bolsillo se vacíe, la Mano invisible del Cielo volverá a llenarlo y no habrá ningún obstáculo en la obra que Dios me ha encomendado.

Este es el mismísimo grado de socorro divino sobre el cual Dios Altísimo anunció al Mesías Prometido (as) desde el principio:

[Árabe]

‘¿Acaso Al’lah no es suficiente para Su siervo?’

La verdad es que, desde el principio hasta el final, esta revelación divina permaneció sobre el Mesías Prometido (as) como una nube de misericordia”.

En la vida del Mesías Prometido (as) se encuentra un incidente relacionado con la confianza en Dios. Con relación al retraso en la publicación de Barahin-e-Ahmadiyya, el Mesías Prometido (as) escribió una carta a Halli Muhammad Wali Sahib, un insigne funcionario del Estado de Kapurthala. Escribió:

“La carta anterior de usted estaba llena de tal vehemencia y acritud” (escribió una carta tras el retraso en la publicación de Barahin-e-Ahmadiyya, ya que había donado dinero para su publicación. Cuando no la recibió, escribió una carta. Con referencia a esa carta suya, el Mesías Prometido (as) le contestó):

“Su carta anterior estaba llena de tal vehemencia y acritud y contenía expresiones tan duras y desagradables que fue inmediatamente evidente que su mala opinión había alcanzado un nivel extremo de vileza”.

Había escrito la carta con considerable enojo, y de ella se desprendía claramente que su indignación había alcanzado un grado intenso. Por lo tanto, el Mesías Prometido (as) comentó que, si no hubiera existido una relación comercial referente a la compra y venta del libro, nunca habría podido imaginar que tales palabras hubieran salido de su pluma. Dado que había entregado dinero, no podía tolerar el retraso y, por lo tanto, se expresó en esos términos.

“Es, por lo tanto, evidente que tan desafortunado apego [a la riqueza terrenal] ha perturbado el temperamento de una persona de tal posición. Queda por ver hasta qué punto pueden llegar, en última instancia, esta agitación y esta angustia interiores. En cuanto a este humilde servidor, la totalidad de este emprendimiento no reposa sobre el apoyo ni la confianza de nadie, sino únicamente sobre los del Ser Divino y Glorificado”.

En otras palabras, esta obra se está llevando a cabo con confianza en Dios Altísimo y, si Dios quiere, se completará. Sin embargo, “surgen ciertos obstáculos en el camino. No tengo ni el poder ni la autoridad para eliminarlos por mis propias fuerzas. Por lo tanto, él no debería mostrar tal impaciencia”.

El Mesías Prometido (as) continúa:

“En vista de esto, tal vez sería aconsejable cancelar la transacción y devolver la cantidad que fue enviada (si cree que el Mesías Prometido [as] le quitó su dinero, entonces tal vez esto pueda traer paz y tranquilidad a su mente. Tal vez, al recibir de vuelta su dinero, su enojo se calme). Pues no resulta evidente ninguna otra razón para tal agitación, excepto que la separación de unas pocas rupias – de las cuales, en cualquier caso, con el tiempo uno tendrá que desprenderse – haya sumido su temperamento en la ansiedad, el pesar, la angustia y la perplejidad.

Con esta consideración se envía esta carta: si, tal como he entendido, estas expresiones duras e indecorosas han surgido por esta misma razón, entonces infórmeme, para que pueda devolverle la cantidad que envió y proporcionar así el remedio mediante el cual pueda ser capaz de dominar su habla (es decir, la manera dura en que se estaba dirigiendo), pues refrenar la lengua es una de las características de los creyentes”.

En otras palabras, a un creyente le corresponde no hablar de esa manera y refrenar su lengua; y si, al devolverle su dinero, se logra esta reforma y se consigue que controle el habla que constituye la bendita vía de los creyentes, entonces el Mesías Prometido (as) estaba dispuesto a devolverle el dinero.

Entonces, el Mesías Prometido (as) dijo:

“Además, si viera el tratado Surmah Chashm-e-Arya, sabría que yo ya había anunciado que, si alguien está descontento a causa de la demora en la publicación de Barahin-e-Ahmadiyya y desea que se le devuelva su pago, debe informarme, y el importe pagado por cualquier comprador de ese tipo será reembolsado”.

El Mesías Prometido (as) ya había anunciado que, dado que estaba ocupado escribiendo Surmah Chashm-e-Arya, la publicación de Barahin-e-Ahmadiyya podría retrasarse. Por lo tanto, si alguien tenía prisa y deseaba que se le devolviera su dinero, podía solicitarlo.

Entonces, el Mesías Prometido (as) dijo:

“También debe quedarle claro que quienes albergan malas opiniones y pronuncian palabras ruines o indecorosas, no pueden causarnos ningún daño. Más bien, al abrigar desconfianza, se convierten en la encarnación de las palabras:

[Árabe]

‘Ha perdido [este] mundo y el Más Allá’.

Este emprendimiento en su totalidad proviene del Señor de la Majestad, y es Solo Él Quien lo llevará a cabo de la manera mejor y más excelente”.

En otras palabras, él no tenía necesidad de su dinero. Este era el trabajo de Dios Altísimo y tenía la certeza absoluta de que Él lo llevaría a cabo.

“Incluso si toda la humanidad albergara en sus corazones los mismos pensamientos que usted alberga hoy, no podrían causarnos el más mínimo daño. Nuestro Bondadoso Educacor está con nosotros – Aquel que nos comisionó en una época de tinieblas – y solo Él es suficiente para nosotros”.

Hazrat Sheij Yaqub Ali Sahib Irfani (ra), al comentar esta carta, declara:

“Esta carta también ofrece una visión de la completa confianza del Mesías Prometido (as) en Dios. Es por esta misma razón que la revelación divina le concedió el nombre de ‘Mutawakkil’ [aquel que deposita su total confianza en Dios]. En resumen, esta carta es un espejo que refleja la vida pura y ejemplar del Mesías Prometido (as)”.

Respecto a la oración y la confianza en Dios, el Mesías Prometido (as) afirmó que todas las dificultades se resuelven a través de la oración.

El Mesías Prometido (as) declaró:

“Todas las dificultades se resuelven a través de la oración. ¿Qué poseemos? Si tenemos algún medio para desear el bien a alguien, es la oración. No es más que el instrumento de la oración lo que Dios nos ha concedido. Ya sea para un amigo o para un enemigo, no podemos convertir lo negro en blanco ni lo blanco en negro. No tenemos ni lo más mínimo; todo lo que poseemos es únicamente lo que Dios Altísimo nos concede a través de Su gracia”.

Además, declaró:

“Cuando una persona se enfrenta a dificultades, experimenta desasosiego y angustia de forma natural; sin embargo, nunca debe abandonar su confianza en Dios. La aparición de estos estados de desasosiego es necesaria para el desarrollo y el progreso del carácter humano y de las etapas espirituales. Sin embargo, uno nunca debe permitir que la desesperanza se apodere de él”.

Una persona puede llegar a inquietarse y angustiarse de forma natural, deseando que un asunto se resuelva rápidamente. Sin embargo, esto no debe llevarla a la desesperación ni hacer que abandone su confianza en Dios.

“Esto nunca debe ser así, pues la desesperanza es una característica de los incrédulos. Diversos pensamientos y dudas pueden asaltar a una persona y causarle ansiedad, pero la fe disipa estas dudas y recelos. La naturaleza humana da origen al desasosiego, mientras que la fe la elimina”.

En otras palabras, la naturaleza humana puede producir inquietud, pero, cuando la fe es completa, ahuyenta esa inquietud y hace que se tenga una firme confianza en el éxito. Por lo tanto, aunque las exigencias de la naturaleza humana puedan hacer que una persona experimente ansiedad, quien posee una fe perfecta acaba disipando esa ansiedad.

Al llamar la atención hacia las oraciones y aconsejar que se desarrolle la confianza en Dios Altísimo, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Para la reformación del ser, para un buen fin y para que se conceda la oportunidad de realizar buenas obras, el segundo aspecto es el de la oración. Cuanto mayor sea la confianza y la certeza que uno deposite en Dios Altísimo a este respecto, y cuanto más firmemente avance por este camino sin cansarse, más excelentes serán los resultados y frutos que se obtengan. Todas las dificultades serán eliminadas, y quien ora alcanzará la estación más elevada de la rectitud”.

Al describir este aspecto de la confianza del Mesías Prometido (as) en Dios, Hazrat Sheij Yaqub Ali Irfani Sahib – quien ha escrito una biografía del Mesías Prometido (as) – afirma:

“A pesar de que se esforzaba y empeñaba al máximo en prepararse para un caso, nunca depositaba su confianza en estos medios. Más bien, el Mesías Prometido (as) recurría a las oraciones, y el Ser de Dios Altísimo permanecía siempre presente en su mente. Él era el Único a Quien adoraba y el Único a Quien buscaba, y solo en Él depositaba toda su confianza y buscaba apoyo”.

Se ha registrado en la historia un incidente según el cual, después de que el Mesías Prometido (as) fuera comisionado por Dios, un anciano hindú, que era amigo del padre del Mesías Prometido (as), acudió a Qadian y relató un incidente referente a sus circunstancias y a su confianza en Dios. El hindú dijo que yo nací antes de que naciera el Mesías Prometido (as). Relató este incidente afirmando que había jugado con él teniéndolo en los brazos. Dijo que, desde que había alcanzado la edad de madurez, había sido extremadamente recto.

Al alabar al Mesías Prometido (as), el hombre hindú dijo:

“No se dedicaba a ninguna ocupación terrenal. No se entregaba a juegos y entretenimientos como otros niños. Nunca hubo travesuras, desorden, falsedad ni malicia en su carácter. Mis compañeros de mi misma edad y yo solíamos considerarlo indolente, ingenuo y tonto, y pensábamos: ‘¿Cómo va a poder este hombre mantener una familia? Yo mismo lo crié (el hombre hindú se refería al Mesías Prometido [as]). ¿Cómo se ganará la vida? Aparte de permanecer en una casa separada, no tenía ninguna otra ocupación. Nunca pegó a nadie, si se peleó con nadie’.

Esto también es habitual entre los jóvenes: hay peleas y disputas; cuando salen a la calle, [a veces] golpean a otros o reciben golpes; así es como aprenden. Puesto que él no había aprendido nada de esto, ¿qué iba a hacer entonces? (consideraba todo esto desde una perspectiva mundana).

Además, añadió:

“No hablaba mal de nadie ni permitía que nadie hablara mal de él. Era una vida extraordinariamente pura. Sin embargo, a nuestros ojos no era una buena vida. Si se considera desde una perspectiva religiosa, era, en efecto, una vida muy pura, pero, a los ojos de nosotros, la gente mundana (dice el hombre hindú), no era una buena vida. No iba a ningún sitio ni hablaba mucho, a menos que fuera por algo.

Si alguna vez le decíamos algo como: ‘¿Qué está pasando en el mundo? Tú también deberías vivir así. Al menos sal a la calle por el simple hecho de jugar y divertirte’, él no decía nada, sino que sonreía y permanecía en silencio. Le decíamos: ‘Entra en razón. Come, gana algo de dinero y haz algún trabajo’. Al oír esto, se quedaba callado.

El padre del Mesías Prometido (as) me decía: ‘¡Numberdar [recaudador de impuestos]! Ve a llamar a Ghulam Ahmad. Le aconsejaremos algo’. Yo iba y lo llamaba. Al oír la orden de su padre, él acudía de inmediato, se sentaba en silencio y mantenía la mirada baja”.

Su padre decía:

“Ghulam Ahmad, hijo, estoy muy preocupado y temeroso por ti. ¿Cómo te ganarás la vida? ¿Cuánto tiempo vas a seguir viviendo de esta manera? Gánate la vida; ¿hasta cuándo vas a seguir como una novia? Hay que preocuparse por la comida y el sustento. Mira, el mundo gana dinero, come, bebe y se dedica al trabajo. Llegará un momento en que te cases; tendrás una esposa e hijos. Necesitarán comida, bebida y ropa. Serán tu responsabilidad; cuidar de ellos será responsabilidad tuya. En esta situación, me da miedo concertar tu matrimonio. Afronta la realidad y abandona esta negligencia y esta ingenuidad. ¿Cuánto tiempo voy a vivir? Conozco a destacados funcionarios y gobernantes británicos, y me tienen en estima. Puedo escribirte una carta; prepárate o, si lo prefieres, iré contigo y te daré una carta de recomendación”.

Pero Mirza Ghulam Ahmad no daba ninguna respuesta. Su padre, Mirza Ghulam Murtaza Sahib, le repetía una y otra vez lo mismo. Finalmente, cuando respondió, dijo:

“¡Padre! Dime pues: estoy al servicio del Jefe de todos los funcionarios, el Señor de todos los dominios, el Mejor de todos los jueces – es decir, soy siervo de Aquel que es el Señor de todos los reinos – y soy obediente a mi Señor, el Señor de todos los mundos. ¿Por qué, entonces, debería preocuparme por estar al servicio de cualquier otra persona? No obstante, tampoco desobedeceré su orden. Si me dice que acepte un trabajo, lo haré”.

Al oír esta respuesta, Mirza Ghulam Murtaza Sahib se quedaba en silencio y decía: “Está bien, hijo mío. Ve y ocúpate de tu lugar de retiro”.

Cuando se había marchado, el hindú que narró este incidente dijo que, cuando Hazrat Mirza Ghulam Ahmad se marchaba de allí – por entonces era joven -, su padre les decía: “Mi hijo seguirá siendo un clérigo religioso. Al menos debería encontrarle una mezquita donde pudiera ganar diez o veinte maunds (es una unidad tradicional de masa) de grano. Pero ¿qué puedo hacer? Ni siquiera es apto para el trabajo de clérigo religioso. ¿Cómo se ganará la vida cuando ya no estemos? Sin duda, es piadoso y justo, pero esta no es una época para gente así. Esta es una época para hombres ingeniosos”.

Luego, con lágrimas en los ojos, solía decir: “¿Dónde tenemos nosotros la pureza que posee Ghulam Ahmad? Este hombre no es de la tierra; es del cielo. No es un hombre corriente: es un ángel”.

Tras decir esto, el propio anciano hindú se emocionó hasta que salieron lágrimas de sus ojos. El anciano que relataba el suceso comenzó a llorar y dijo:

“¡Ojalá Mirza Ghulam Murtaza estuviera vivo hoy – el hindú era un viejo amigo suyo -! Decía que ojalá Mirza Ghulam Murtaza estuviera vivo hoy y pudiera ser testigo del ascenso y el progreso de su hijo; ¡ojalá el padre del Mesías Prometido (as) pudiera ver la exaltada posición que su hijo ha alcanzado! Los hombres astutos y los clérigos del mundo dependen ahora de él, y Dios le ha concedido tal rango y ha manifestado Su Poder a través de él de tal manera que todo el saber y el intelecto de los demás parecen insignificantes ante él”.

Así pues, este hindú reconocía que, si Mirza Ghulam Murtaza estuviera vivo hoy, se daría cuenta de que precisamente la persona que había depositado su confianza en Dios y lo había sacrificado todo por Su causa, era ahora aquella de quien todo el mundo adquiría aprendizaje.

El Mesías Prometido (as) afirma:

“Una vez, casualmente, necesitábamos cincuenta rupias. Como suele ocurrir a veces con quienes llevan una vida de pobreza y dependencia de Dios, en aquel momento no teníamos nada. Así pues, cuando salimos a dar un paseo por la mañana, el pensamiento de aquella necesidad nos inspiró a orar en ese paraje desolado. Dirigiendonos a un lugar escondido, cerca de un arroyo, empezamos a orar en este lugar, que está a tres millas de Qadian en dirección hacia Batala.

Tan pronto como terminamos de rezar, recibí una revelación, cuya traducción era: ‘Mira cómo acepto tus oraciones’. A continuación, regresamos felices a Qadian y nos dirigimos al mercado para preguntar en la oficina de correos (esto fue antes de que él presentara su afirmación de ser Mesías). Queríamos averiguar si aquel día había llegado algún dinero a nuestro nombre. Efectivamente, recibimos una carta en la que se indicaba que alguien había girado cincuenta rupias desde Ludhiana, y lo más probable era que ese dinero nos llegara ese mismo día o al día siguiente”.

Al escuchar la opinión de un hombre destacado de que la creencia musulmana de que las dificultades pueden resolverse mediante la oración los debilita – es decir, que la creencia de que la oración es un medio para resolver las dificultades les impide emprender acciones prácticas, y que hay personas que recurren únicamente a la oración y no hacen uso de los medios a su alcance, volviéndose así vulnerables -, afirmó:

“Quien niega la oración niega a Dios. La oración por sí sola es un medio para alcanzar el reconocimiento de Dios, y ha llegado el momento en que Su autoridad debe ser reconocida, de buena o mala gana. El ateísmo prevalece en todas partes. La situación de las reuniones hoy en día es tal que quienes se burlan de la oración, de la confianza en Dios y de decir ‘Insha’Allah [si Dios quiere]’ consideran estas cosas una tontería (esta situación se ha vuelto aún más frecuente hoy en día). De lo contrario, si tuvieran el más mínimo amor por Dios, ¿por qué se ofenderían ante Su nombre? Quien ama a alguien menciona inevitablemente el nombre de su amado de una forma u otra. Si, en su opinión, Dios no es nada, entonces la puerta de la muerte está abierta; que intenten cerrarla.

Es sorprendente que, en la misma medida en que depositamos nuestras esperanzas en Su existencia, el otro grupo ha caído en la desesperanza respecto a Él (es decir, aquellos que se oponen a la creencia en Dios y son ateos). La gracia de Dios es necesaria. Si Él no destierra la incredulidad del corazón, ¿quién más puede hacerlo? Si Él quiere, puede conceder incluso a un perro la capacidad de comprender Sus palabras, mientras que puede privar de ella a un ser humano”.

Hazrat Mian Al’lah Yar Sahib, un contratista, relata:

“El Mesías Prometido (as) me llamó y me dijo: ‘¿Tienes madera?’. Le respondí: ‘Sí, Huzur. Hay algo de madera de azufaifo, acacia y pipal (higuera)’. El Mesías Prometido (as) dijo: ‘Se están fabricando algunas camas (charpoy) para la casa de huéspedes. Hay que hacerles las patas, y son necesarias’. Yo dije: ‘Podemos hacerlas con madera de pipal’. Un hombre dijo: ‘Huzur, la madera de pipal se debilita y sus patas no duran mucho’. El Mesías Prometido (as) dijo: ‘Aquel para Quien se están haciendo no es pobre; Él es el Autosuficiente’ (es decir, las estamos fabricando por amor a Dios, así que no hay problema. Durarán algún tiempo. Dadas las circunstancias actuales, esto es suficiente).

Añadió:

‘Cuando la primera prenda se desgasta, Él concede una nueva. No hay por qué preocuparse’.

El Mesías Prometido (as) me encargó que fabricara 20 charpoys y se los llevara. Todo acaba deteriorándose algún día, pero él expresó, con gran confianza en Dios, que ‘Dios es el Ser que da, y si algo se estropea, Él se encargará de solucionarlo de nuevo’ (en cualquier caso, satisface esta necesidad por el momento)”.

No obstante, afirma:

“Estaba a punto de marcharme tras recibir la instrucción de fabricar las patas de veinte charpoys, cuando también llegó allí un herrero y mencionó las aflicciones que sufría por parte de los no ahmadíes. Dijo: ‘Me atormentan cuando me encuentran solo en el pueblo. Reza para que Dios Altísimo me salve de su dureza. Me han quitado el yunque (el pesado bloque de hierro sobre el que se calienta y se martillea el hierro). Me lo han robado y ahora no puedo trabajar’.

El Mesías Prometido (as) le dijo:

‘Pon tu confianza en Dios. Dios será tu Ayudador y tu Apoyo. Recuerda, sin duda, que quien pertenece a Dios, Dios le pertenece (si estás pasando por dificultades por ser ahmadí, entonces, si Dios quiere, esas dificultades se eliminarán. Tus necesidades serán satisfechas). Si no abandonas a Dios, Él te proveerá de lo necesario. También rezaremos por ti’”.

En esta reunión, en la que expresó su propia confianza en Dios, también instruyó a otra persona para que depositara su confianza [en Dios] y rezara.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad (ra) relata un consejo que el Mesías Prometido (as) dio a un seguidor sincero. En una narración, Hafiz Nur Muhammad, residente en Faizul’lah Chak, le escribió afirmando que había oído de Hafiz Hamid Ali que el Mesías Prometido (as) había dicho:

“Si alguna vez uno tiene que comparecer ante un gobernante en un juicio o por cualquier otro asunto, antes de acudir debe recitar la sura Al-Fatiha siete veces y escribir ‘Oh, Poderoso [Aziz]’ siete veces en la frente con el dedo. De este modo, Dios Altísimo concede el éxito”.

Al comentar esto, Hazrat Mirza Bashir Ahmad (ra) escribe que “quizá dijo esto con el fin de crear un estado de independencia respecto a cualquier otro que no sea Dios, así como un estado de confianza en Dios”. Es decir, si uno reza de esta manera, su atención se dirigirá hacia Dios Altísimo, desaparecerá el temor a cualquier otro que no sea Dios y, si Dios quiere, Dios también le concederá Su gracia.

En cuanto a las resoluciones de los casos judiciales, el Mesías Prometido (as) afirma:

“Mi propio principio es que, incluso si el peor de los seres humanos presenta un caso ante los tribunales, la autoridad de Dios está en acción y, sea cual sea el veredicto que Dios Altísimo quiera, Él hace que se dicte. Confiar en un ser humano es shirk [asociar compañeros a Dios]. Más aún, incluso si uno llevara un caso ante un lobo, Dios concedería incluso a ese lobo entendimiento”.

Se interpusieron innumerables demandas judiciales contra él, pero poseía tal certeza y confianza en Dios Altísimo que nunca vivió una ocasión – ni creía que pudiera darse alguna – en la que el adversario saliera victorioso.

En relación con un incidente de esta naturaleza, Hazrat Maulawi Abdul Karim Sialkoti (ra) relata:

“Recuerdo muy bien que el día en que el superintendente del distrito vino a Qadian en búsqueda de la residencia del Mesías Prometido (as) – y no se tenía conocimiento ni información previa de ello, ni podría haberla habido -, aquella mañana, de alguna manera, nuestro Mir Sahib (es decir, Mir Nasir Nawab Sahib) se enteró de que ese mismo día se iba a presentar una orden de detención para arrestar al Mesías Prometido (as)”.

Relata:

“Mir Sahib estaba sumamente desconcertado y fuera de sí por la ansiedad (es decir, estaba muy preocupado). Corrió hacia el interior para informar al Mesías Prometido (as). Abrumado por la emoción, apenas lograba pronunciar una palabra para comunicar esta desagradable noticia (estaba muy agitado; decía que venían con una orden judicial y que le iban a poner las esposas).

En aquel entonces, el Mesías Prometido (as) estaba escribiendo Nur al-Quran. Tenía ante sí un tema muy sutil y delicado. Levantó la vista y, sonriendo, dijo:

‘Mir Sahib, la gente suele llevar brazaletes de plata y oro por los placeres del mundo. Nosotros consideraremos que nos hemos puesto brazaletes de hierro en el camino de Dios Altísimo’. Tras una pausa, añadió (con gran confianza en Dios Altísimo): ‘Pero esto no sucederá, porque la propia providencia de Dios Altísimo tiene sus propios asuntos de gobierno; Él no desea la humillación de Sus Jalifas ni de Sus enviados’”.

Hazrat Mirza Bashir Ahmad (ra) escribe que Maulvi Sarwar Shah Sahib le relató lo siguiente:

“Durante los días del proceso judicial con Karam Din en Gurdaspur – cuando el magistrado ya había fijado una fecha [para la vista] -, el Mesías Prometido (as) se encontraba en Qadian. Dos días antes de la fecha de la vista, me envió a Gurdaspur para que buscara y preparara ciertas referencias, ya que debían presentarse en la siguiente audiencia”.

Relata:

“Al llegar a la casa en Gurdaspur, avisamos desde la puerta al difunto Dr. Muhammad Ismail Sahib (ra)” (fueron a su casa y le pidieron que abriera la puerta). Además, afirma que, al oírlos llamar, el médico rompió a llorar desconsoladamente y se mostró profundamente angustiado. Al cabo de un tiempo, bajó secándose las lágrimas y dijo: ‘Muhammad Husain Munshi vino a verme (era funcionario del tribunal y también un opositor del Movimiento). Sin embargo, vino y me dijo: ‘Hoy se celebraba una reunión de los arias, y un amigo ario me llevó consigo. Al finalizar la reunión, anunciaron que todos los demás debían marcharse porque iban a celebrar una reunión privada. Me quedé allí con este amigo. Me dijo que me sentara en un rincón y que nos iríamos juntos’.

Añadió además que, durante su reunión privada, una persona se puso de pie. (Muhammad Husain me contó esto). Este hombre mencionó por su nombre al Mesías Prometido (as) y dijo al magistrado: ‘Este hombre es nuestro acérrimo enemigo y el asesino de nuestro líder Lekh Ram. Ahora es una presa en sus manos, y los ojos de toda la nación están puestos en usted desde todas partes. Si permite que esta presa escape de sus manos, se convertirá en un enemigo de la nación’. Luego hizo otras declaraciones con la intención de provocarlo’.

Ante esto, el magistrado respondió:

‘Siempre he deseado enviar al infierno, si fuera posible, no solo a Mirza, sino también a todos sus asociados y testigos en este caso. Pero ¿qué se puede hacer? El caso se está llevando con tal astucia que no encuentro ninguna oportunidad para echarle el guante. Sin embargo, ahora juro que, pase lo que pase, emprenderé acciones judiciales en esta misma primera audiencia’.

Muhammad Husain me dijo:

‘Usted no entiende lo que significan las acciones judiciales. Significan que todo magistrado tiene la autoridad – al inicio o durante el transcurso de un caso – de detener al acusado cuando lo desee, sin aceptar fianza, y ponerlo bajo custodia’.

Tras transmitirme esta información, añadió:

‘Doctor Sahib, ya le he comunicado esta noticia. Debería tomar algunas medidas. En mi opinión, existen dos posibilidades (él trabajaba en el tribunal, por lo que ofrecía consejos basados en su criterio jurídico). Una opción es intentar que el caso sea trasladado de aquí al Tribunal Superior. La otra es que, por cualquier medio posible, Mirza Sahib no vuelva a comparecer ante el tribunal para una audiencia y presente un certificado médico’.

Relata:

‘Nosotros también nos asustamos muchísimo. Decidimos que debíamos enviar a alguien inmediatamente a Qadian para informar al Mesías Prometido (as). Ya había anochecido y no podíamos conseguir ningún medio de transporte. Así que dos o tres hombres partieron a pie hacia Qadian’.

Llegaron a Qadian a la hora de la oración de la mañana. Se expuso brevemente el asunto, pero el Mesías Prometido (as) dijo con calma:

‘Bien, iremos a Batala. Jwayah Sahib y Maulvi Muhammad Ali Sahib se reunirán con nosotros allí a su regreso de Lahore, y también les comentaremos el asunto. Allí averiguaremos qué resultado dio el intento de lograr el traslado del caso (habían ido allí con ese propósito)’.

Así que el Mesías Prometido (as) llegó a Batala ese mismo día. Maulvi Muhammad Ali Sahib y Jwaya Sahib también se reunieron con nosotros allí a su regreso. Le informaron de que el intento de conseguir el traslado del caso no había tenido éxito.

Al oír esto, el Mesías Prometido (as) no dio media vuelta. Más bien, prosiguió hacia Gurdaspur y, por el camino, no informó a Jwaya Sahib ni a Maulvi Sahib sobre el incidente. No mencionó el hecho de que se había recibido esa noticia acerca del magistrado.

Al llegar a la casa en Gurdaspur, como era su costumbre, se recostó en un catre en una habitación separada. Sin embargo, en ese momento, estábamos sumamente inquietos, preguntándonos qué sucedería a continuación.

Al poco tiempo, el Mesías Prometido (as) me llamó. Acudí a él y lo encontré acostado boca arriba, con las palmas de ambas manos unidas bajo la cabeza. Cuando entré, se volvió hacia un lado, apoyó la cabeza en la palma de la mano – sosteniéndose sobre el codo – y permaneció así recostado. Me dijo:

‘Le he llamado para que me cuente todo el incidente. ¿Qué dijo el magistrado?’.

Le conté todo, explicándole lo que se había dicho. El Mesías Prometido (as) escuchó en silencio. Cuando llegué a la palabra “presa” y relaté que el magistrado había dicho: ‘Tienes la presa en tus manos’, el Mesías Prometido (as) se enderezó inmediatamente. Sus ojos empezaron a brillar y su rostro se enrojeció. Dijo: ‘¿Acaso yo soy su presa? No soy una presa; ¡soy un león, y un león de Dios! ¿Se atreverá a poner sus manos sobre el león de Dios? ¡Dejad que lo intente!’.

Al pronunciar estas palabras, su voz se alzó con tal fuerza que todos los que se encontraban fuera de la habitación se sobresaltaron y se volvieron hacia ella con asombro, aunque nadie entró en la estancia.

El Mesías Prometido (as) repitió varias veces las palabras ‘el león de Dios’. En aquel momento, sus ojos, que habitualmente permanecían bajos y entrecerrados, estaban muy abiertos y brillaban intensamente, como los ojos de un león. Su rostro se había enrojecido tanto que resultaba difícil mirarlo.

Luego dijo:

‘¿Qué puedo hacer? Ya me he presentado ante Dios declarando que, por amor a Tu fe, estoy dispuesto a que pongan grillos en mis manos y pies (es decir, estaba dispuesto a ser esposado); pero Él dice: ‘No, te libraré de la deshonra y te exoneraré con honor’’.

Entonces, el Mesías Prometido (as) comenzó a hablar sobre el amor de Dios y continuó haciéndolo con gran fervor durante aproximadamente media hora. Al hablar de las palabras de Dios Altísimo, mostraba absoluta certeza y esperanza. Dijo: ‘No me impoarta lo que me vaya a pasar, no me importa lo que él magistrado diga en mi contra, nunca podrá poner sus manos sobre mí’.

Hazrat Musleh-e-Maud (ra), al mencionar este incidente, escribe que el poder de la fe es inmenso. Existe un incidente relacionado con el Mesías Prometido (as). Él narró este mismo incidente relacionado con la cárcel. Hazrat Musleh-e-Maud (ra) dice que no estuvo presente en la reunión en la que ocurrió este incidente. Se encontraba en Gurdaspur, pero no asistió a aquella reunión. Un amigo le habló al respecto.

Mencionó a Hazrat Jwaya Kamaluddin. Hazrat Jwaya Kamaluddin Sahib y otros musulmanes ahmadíes estaban preocupados porque el caso estaba en manos de un determinado magistrado. Los arias habían ejercido una presión considerable sobre él, diciendo: “Mirza Sahib se opone a nuestra religión. Castíguelo, y esto será su servicio a la nación”.

Cuando el Mesías Prometido (as) se enteró de esto, supo que el magistrado había dicho: “Muy bien, sin duda lo castigaré. Ahora está en mis manos”.

Cuando el Mesías Prometido (as) escuchó esto, se apoyó en el codo y dijo: “Jwaya Sahib, ¿acaso puede alguien ponerle la mano encima al león de Dios?”.

En consecuencia, Dios Altísimo castigó a aquel magistrado. Hazrat Musleh-e-Maud (ra) escribe que lo primero que sucedió fue que el magistrado fue trasladado de Gurdaspur. Luego fue degradado. No solo se paralizó su ascenso, sino que se le asignó un cargo de menor categoría. Había sido Comisionado Adjunto – un Comisionado Adjunto Extraordinario -, pero fue nombrado Munsif, es decir, un simple magistrado. Posteriormente llegó otro magistrado y dictó sentencia, y dicha resolución fue favorable al Mesías Prometido (as).

Respecto a este mismo caso, Chaudhry Ghulam Sarwar Bajwa Sahib relata que, cuando se presentó la causa penal contra el Mesías Prometido (as) relacionada con Karam Din, un día – tras consultar con numerosos eruditos y abogados – le sugirieron al Mesías Prometido (as) que se realizaran gestiones para lograr el traslado del caso a otro tribunal. El Mesías Prometido (as) respondió que no se debía depositar toda la confianza en los medios mundanos, sino confiar en Dios.

El día en que se dictó la sentencia del caso Karam Din, la extraordinaria confianza del Mesías Prometido (as) en Dios se manifestó de la siguiente forma:

Babu Ghulam Muhammad Sahib Sani relata que, durante la época de Chandu Lal -antes de Atma Ram -, el Mesías Prometido (as) dijo: “Este hombre es muy malintencionado y es imposible saber qué alberga en su interior. Cuando comparece ante mí, permanece de pie con las manos juntas y se comporta con gran humildad, diciendo: ‘Hazrat, mi posición es tal que no puedo postrarme a sus pies’, y muestra gran humildad. Sin embargo, nos hace esperar allí todo el día y luego dice: ‘Por favor, venga mañana’. Hace esto todos los días. Son simplemente formas de causar problemas. Aparentemente, juntan las manos y dicen ciertas cosas, mientras que, en la práctica, hacen algo totalmente distinto”.

En cualquier caso, cuando llegó el momento de anunciar el veredicto en el tribunal de Atma Ram, se llamó a un gran número de policías y se roció agua, mientras todo el tribunal era rodeado y acordonado por la policía.

En aquel momento, Hazrat Jwaya Kamaluddin Sahib interpretó la situación como una señal de que el magistrado iba a imponer una sentencia. Dirigiéndose a este humilde servidor, dijo: “Transmita mi mensaje al Mesías Prometido (as); este hombre parece decidido a hacer el mal. Si Hazrat da su permiso, se debe llamar a tres abogados: Muhammad Shah, un abogado de Lahore, Fazal Din Sahib y yo. Uno debe ser enviado al Tribunal Divisional y otro al Gobernador, quien actualmente está de viaje, y yo permaneceré aquí”.

Cuando fui y le comuniqué esto al Mesías Prometido (as), él se rio de buena gana. En respuesta a la propuesta general de que no debía ir porque el magistrado lo arrestaría, el Mesías Prometido (as) dijo:

“Él es un cachemir, ¿verdad? Ha perdido el valor”.

Luego dijo:

“Ve y dígales que, hasta el día de hoy, hemos seguido su asesoramiento legal. He seguido cualquier consejo legal que me han dado. Ahora dejad mi asunto en manos de Dios. Mi confianza está en Dios, no en ustedes”.

Fui y les transmití exactamente el mensaje. El Sahib se sintió profundamente ofendido y permaneció allí con la cabeza baja.

Tal es el extraordinario estado de depositar una confianza absoluta en Dios, algo que vemos manifestado por doquier en la vida del Mesías Prometido (as), siguiendo el ejemplo de su maestro, el Santo Profeta (sa).

¡Que Dios nos permita también alcanzar los más altos niveles de confianza en Él!

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