El islam proclama que todas las personas nacen iguales

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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El islam proclama que todas las personas nacen iguales

DISCURSO DEL LÍDER DE LA COMUNIDAD AHMADÍA MUSULMANA DIRIGIDO A LOS INVITADOS DE LA CONVENCIÓN ANUAL DE ALEMANIA 2017

El sábado, 26 de agosto de 2017, Su Santidad, Hazrat Mirza Masroor Ahmadaba, Líder de la Comunidad Musulmana Ahmadía y V sucesor del Mesías Prometido, pronunció un discurso ante una gran cantidad de invitados no-Ahmadís procedentes de Alemania y otros países que asistieron al Jalsa Salana (convención anual) de Alemania 2017, organizado por la Comunidad Musulmana Ahmadía de Alemania. A continuación se presenta la transcripción de dicho discurso.

Tras la recitación del Tashahhud, Ta’awwuz y Bismillah, Hazrat Khalifatul Masih Vaba dijo:

“A todos los distinguidos invitados, Assalamo Alaikum Wa Rahmatullahe Wa Barakatohu – que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con todos ustedes.

Sin duda alguna, estamos atravesando una época de gran inestabilidad y agitación. Si echamos un simple vistazo a la actual situación mundial, presenciamos conflictos, hostilidad y desasosiego en prácticamente todas las esferas. Mientras que el mundo parece haber alcanzado la definitiva conclusión de que el islam es culpable de su volátil situación, yo pienso que no es acertado decir que los musulmanes sean los únicos que avivan las llamas del desorden que arden a lo largo de todo el mundo.

No obstante, es causa de profunda consternación que los llamados musulmanes y gropos musulmanes hayan obstinadamente deteriorado la paz del mundo y hayan intensificado, al haber esparcido odio, las tensiones y temores entre las comunidades no musulmanas, y que hayan emprendido las atrocidades más terribles. Ciertamente, yo, personalmente no tengo ningún reparo en aceptar el hecho de que dichos musulmanes han desempeñado un papel significativo en dar pábulo al desorden e incitar la discrepancia en la sociedad.

La causa principal de ello ha sido el hecho de que los clérigos o grupos extremistas musulmanes han atacado a los musulmanes vulnerables y, lejos de guiar o ayudar a estas personas frustradas y desorientadas, han envenenado sus mentes con extremismo y les han radicalizado. Por desgracia, algunos han recibido tal lavado de cerebro que han realizado horribles atrocidades terroristas, mientras que otros que quizás no hayan realizado ataques pero comparten esa perversa ideología. De manera similar, desde largo hemos visto como algunos gobiernos musulmanes maltratan a su gente e infligen crueldades e injusticias incalculables sobre ellos, causando división y provocando levantamientos y guerras civiles sanguinarias. Aún así, se ha de dejar bien claro que no importa cuánto proclamen los extremistas, todos los actos terroristas y extremistas, sean ya causados por grupos o individuos radicales, tanto en el mundo occidental como en los países musulmanes, son contrarios a las enseñanzas del islam. Sin lugar a duda alguna, las enseñanzas del islam son una garantía de la paz y seguridad de la humanidad. Sus enseñanzas están arraigadas en la compasión, misericordia y humanidad y son éstos verdaderos valores Islámicos sobre los que la Comunidad Musulmana Ahmadía ha enfatizado incansablemente y se ha esforzado en extender alrededor de todo el mundo por más de 125 años.

Por consiguiente, permítanme reiterar una vez más que, bajo ninguna circunstancia permite el islam ningún tipo de crueldad, injusticia u acto inmoral. Desde el comienzo, las enseñanzas del islam buscan unir a la humanidad, más que crear divisiones entre personas de diferentes comunidades. De hecho, el primer capítulo del Sagrado Corán, que los musulmanes creen ser la Palabra de Dios revelada al Fundador del islam (la paz sea con Él), establece que Al-lah Todopoderoso es el ‘Señor de todos los mundos’. Por definición, Al-lah Todopoderoso no solo es el Dios de los musulmanes, sino también el Dios de los Cristianos, judíos y la gente de todas las fes y, de hecho, de las personas que carecen de fe y tampoco creen en Su existencia. Así, Al-lah es el mayor Proveedor y Sostenedor para toda la humanidad y Él ha rociado su gracia y misericordia sobre todas las personas, independientemente de su linaje, credo o color.

Las palabras árabes usadas en el Corán son (Rabbil Aalameen), donde Al-lah Todopoderoso ha usado la palabra ‘Aalam’ que se ha traducido al inglés como “mundos”. Sin embargo, ninguna traducción puede reflejar el verdadero alcance de la palabra ‘Aalam’, que es increíblemente vasta y de gran alcance. Al usar esta palabra, Al-lah Todopoderoso deja claro que Él no es simplemente un Proveedor y Sostenedor para las personas de una determinada religión o para una era en particular, más bien es el Creador y Sostenedor para la gente de todas las naciones, para todos los creyentes y para todos los tiempos. Estas palabras están impregnadas de belleza inigualable y gran sabiduría, pues de qué manera han consagrado la sacralidad del principio de igualdad universal y han dejado claro que no hay lugar alguno en el mundo para ningún tipo de superioridad racial o nacional. Estas palabras dejan claro que las bendiciones de los favores de Al-lah no se limitan a ninguna raza o etnia en particular, pues son concedidas de forma indiscriminada.

Al ser éstas las verdaderas enseñanzas del islam, es causa de lamento que el racismo y la intolerancia aún prevalezcan en el mundo. De hecho, entre la propia gente que alega que el islam discrimina a los no-musulmanes, hay personas culpables de cuanto acusan al islam. Por ejemplo, hace poco un político estadounidense declaró que las personas blancas habían contribuido en la civilización humana mucho más que otras razas, como los negros o asiáticos. También se informó que un dirigente político veterano ha manifestado su opinión de que lo blancos son ‘genéticamente superiores’ a otros. Opiniones tan extremistas como éstas únicamente avivan el resentimiento y desolación entre las personas de otras razas y etnias.

En diferencia, el islam proclama que todos nacen iguales, independientemente de su origen o color de piel. Enseña que ninguna raza es superior a otra, ni los descendientes de cierto linaje están más dotados que otros y que Al-lah es el proveedor para toda la humanidad. Aunque es cierto que el progreso personal de uno depende de su entorno y esfuerzo, las facultades básicas concedidas a la humanidad permanecen las mismas y no están definidas por la geografía o raza. De hecho, hace 1400 años, en el Sermón de Despedida, ofrecido tras el último peregrinaje, el Santo Profetasa se refirió a este mismo tema al pronunciar un discurso trascendental que estableció la base para la paz mundial.

En palabras tan eternas como iluminadas, proclamó que las personas nacen iguales y que un blanco no tiene superioridad sobre un negro, ni tampoco un negro la tiene sobre un blanco. Así mismo, dijo que un árabe no puede proclamar superioridad sobre un no-árabe, ni tampoco un no-árabe puede proclamarla sobre un árabe. Blandiendo así una eterna llama que ilumina la senda hacia los derechos humanos universales. Ciertamente, estamos viviendo en una época en la que el islam está muy malentendido, es realmente importante reiterar este principio iluminador que prueba que el islam está en contra de toda clase de discriminación y perjuicio.

Dios no nos ha hecho iguales únicamente en nuestros atributos físicos y mentales, más bien, nosotros creemos que, en aras del desarrollo y bienestar espiritual, Al-lah ha provisto con los medios de salvación y guía a todas las personas del mundo. En términos religiosos, el islam dice que los profetas han sido enviados por Dios Todopoderoso a todas las naciones y a los musulmanes se les ordena respetarles y honrarles. Así, nosotros tenemos una gran estima hacia los Fundadores de todas las religiones y nunca podemos si quiera imaginar hablar en contra de ninguno de ellos. De hecho, los verdaderos musulmanes se abstendrán de hablar mal de cualquier profeta o persona santa, aún cuando aquellos que están en contra del islam eligen burlarse, maldecir y denigrar al Profeta del islamsa.

Sin duda alguna, cuando escuchamos a alguien difamar injustamente en contra de nuestro querido Profetasa, nos sentimos profundamente afligidos y nuestros corazones, gravemente dañados, aún así nunca les contestaremos con irrespetuosidad hacia los profetas y santidades de otras religiones y credos. Ante el odio y la adversidad, nuestra fe nos obliga a responder con amor y muestra de paz en todo momento. Tanto es así que el islam no únicamente prohíbe hablar en contra de otras religiones o profetas, sino que va mucho más allá y dice, en el capítulo 6, versículo 109 del Sangrado Corán, que los musulmanes no deben hablar mal de los ídolos venerados por los idólatras, pues ello puede provocarles, debido a la ignorancia, y maldecir a Dios Todopoderoso y ello, a su vez, puede ofender y dañar los sentimientos de los musulmanes.

Por consiguiente, lejos de permitir un ciclo de odio perpetuo, que conduce inevitablemente a hostilidades y conflictos, el Corán llama a los musulmanes a mostrar paciencia y altos valores morales en todo momento. Además, el capítulo 3, versículo 65 del Sagrado Corán, pone los cimientos de la tolerancia religiosa entre la gente de todas las fes y credos, donde establece que la gente religiosa, y sobre todo la gente del libro, debe unirse en su creencia colectiva en la existencia de Dios. Así, el Corán llama a la humanidad a buscar terrenos comunes y dejar de lado todas las diferencias que puedan existir. Aquí, el Corán también sostiene que, aunque los no-musulmanes sean libres de decidir si quieren o no seguir este mandamiento, los musulmanes están obligados, bajo toda circunstancia, a abrir sus corazones y respetar las creencias de los demás.

Otra alegación que a menudo es dirigida contra el islam es que éste permite la coacción y agresión con fin de forzar a la gente a aceptar el islam. No hay nada que pueda estar más lejos de la realidad. En el capítulo 2, versículo 257, el Sagrado Corán ha declarado de manera incondicional que no ha de existir coacción alguna en asuntos de religión o fe. Mientras que el islam sostiene que el Sagrado Corán es una enseñanza completa y universal, uno de sus rasgos inherentes es que la religión es un asunto de corazón y ningún tipo de presión puede usarse para coaccionar a la gente a aceptarlo. Además, en el capítulo 10, versículo 100 del Sagrado Corán, se declara que, aunque Al-lah Todopoderoso tiene poder para obligar a la humanidad a aceptar el islam, Él permite libertad de elección y Él desea que la gente escoja su propio camino de manera independiente y libre de represión alguna.

Así, el Dios Único que adoramos ni es cruel ni exige que toda la humanidad se vuelva a Él; más bien, Él es ese Ser Supremo que ha estipulado que cada uno es libro de creer en lo que desee. Ello no significa que los musulmanes no deban predicar su religión, de lo contrario, Al-lah Todopoderoso ha instruido a los musulmanes a propagar el mensaje del islam a otros, pero tal propagación ha de llevarse a cabo de manera pacífica, con espíritu tolerante y respeto mutuo. En conformidad, en el capítulo 18, verso 30 del Sagrado Corán, consta que corresponde a los musulmanes informar a la humanidad que el islam es la verdad procedente de Dios Todopoderoso y quienquiera aceptarla o negarla es libre de hacerlo. Es con este espíritu que nos esforzamos pacíficamente en propagar las verdaderas enseñanzas del islam e invitar a la humanidad a reconocer a Dios Todopoderoso. Buscamos ganar el corazón y la mente de la gente con amabilidad y compasión.

Además, el capítulo 10, versículo 26 del Sagrado Corán recoge que:

“Pues Al-lah llama a la morada de la paz…”

Mientras se refuerza la noción de que todas las personas son libres de aceptar o rechazar las enseñanzas del islam, este versículo también apunta hacia que Al-lah invita a la humanidad a la paz y la seguridad. Por tanto, cuando Al-lah llama a la morada de la paz, es imperativo que los musulmanes manifiesten paz y sean el medio de seguridad para toda la humanidad.

Así, he citado algunos pasajes del Sagrado Corán que rechazan enteramente la noción de que el islam, Dios perdone, es una religión que se aprovecha de los derechos de los no-musulmanes o es un medio para la destrucción de la paz y el bienestar social. A este respecto, en el capítulo 28, versículo 58, del Sagrado Corán se pone de manifiesto el hecho de que el verdadero islam siempre se ha propagado pacíficamente, y esto no es algo nuevo que estemos propagando ahora. El versículo hace referencia a las personas que recibieron el mensaje del islam en la época del Santo Profeta Muhammadsa, pero prefirieron rechazarlo. Declara que sus objetivos eran materiales más que espirituales, de modo que ellos mismos admitieron que la razón por la que rechazaron el islam era que temían ser desterrados de sus tierras y boicoteados por su gente. Temían, no a los musulmanes, pues habían presenciado las benevolentes enseñanzas del islam de primera mano, más bien les consumía el miedo de sus propios gobernantes y de su propia gente.

Así, queda demostrado el hecho de que el Fundador del islamsa y sus compañeros simplemente procuraron transmitir el mensaje del islam pacíficamente y nunca recurrieron a ninguna forma de agresión o intimidación para difundir su fe. Prueba que el islam enseñado y practicado por el Santo Profetasa no era una enseñanza extremista o violenta y que los no-musulmanes eran libres de rechazar sus enseñanzas, sin temor a ningún castigo. Si había alguien a quien temían, eran las tribus y líderes no-musulmanes, que no les toleraban aceptar las enseñanzas de paz del islam.

Así mismo, permítanme compartir con ustedes el incomparable ejemplo del Santo Profeta Muhammadsa en el momento de la Conquista de La Meca, ciudad natal del Profeta del islamsa. Tras su proclamación de ser profeta, él y sus compañeros fueron sometidos a treinta años de persecución despiadada e injusticia por parte de su propia gente. Los musulmanes eran asesinados, así como sus seres queridos y, por último, fueron sacados de sus casas y tuvieron que emigrar. Aún así, cuando el volvió victorioso a La Meca y la ciudad entera estaba bajo su mando, su primer pronunciamiento fue que no se tomaría ninguna venganza contra aquellos que persiguieron brutalmente a los musulmanes en años anteriores. En aquel momento de triunfo, el Santo Profetasa hizo muestra de humildad y paciencia extrema, al declara que, en conformidad con las enseñanzas pacíficas del islam, todos aquellos que habían atormentado a los musulmanes eran perdonados de manera inmediata.

A la vista de todo cuanto he presentado, es mi deseo y plegaria ardiente que, en vez de hacer juicios impulsivos, basados en rumores, y tachar al islam como una religión violenta y cruel, la gente haga uso de la razón, observe los hechos y reflexione honestamente sobre todo cuanto el islam representa. Solo entonces apreciarán por sí mismos que los actos de odio realizados en nombre del islam en los años recientes no tienen nada que ver con sus enseñanzas originales.

Es del todo injusto culpar al islam, o cualquier otra religión, de los pecados de aquellos que actúan en contra de las verdaderas enseñanzas de su religión. Por ejemplo, a día de hoy, la gran mayoría de las armas fabricadas en el mundo son producidas por países predominantemente cristianos, y dichas armas se están empleando para asesinar y mutilar a personas inocentes en diferentes partes del mundo y están avivando conflictos brutales. ¿Significa esto que el Cristianismo es inherentemente maligno y se haya de culparle de la horrenda carrera de armas? Por supuesto que no.

Siguiendo con el tema, al comienzo mencioné que no creo que los musulmanes sean los únicos que hayan contribuido en el desorden prevalente en el mundo; permítanme extenderme un poco más. Todos somos bien conscientes de las horribles consecuencias de las dos guerras mundiales ocurridas a lo largo del Siglo XX, donde millones y millones de personas fueron asesinadas y las vidas de incontables personas fueron destrozadas. Esas guerras mundiales probaron ser una mancha oscura en la historia del mundo, y aún así, es causa de gran pesar que el mundo no haya aprendido de sus errores pasados y, una vez más, la humanidad se esté hundiendo aún más en un aterrador abismo.

En vez de luchar por la paz a través del diálogo, la comprensión y el respeto mutuo, las grandes potencias mundiales han buscado la paz a través de la intimidación y el miedo, con el desarrollo de armas capaces de destruir el mundo. A pesar de ser testigos del tormento sin precedentes y la devastación absoluta consecuencia de las armas nucleares usadas por Estados Unidos contra Japón durante la Segunda Guerra Mundial, varios países, Estados Unidos inclusive, han continuado el desarrollo de armas atómicas cada vez más potentes sin detenerse a reflexionar sobre las escalofriantes consecuencias.

De los nueve países que han adquirido armas nucleares, solo uno, Pakistán, es una nación musulmana. Así, no se puede decir que el mundo musulmán sea el centro de estas armas mortales que suponen la mayor amenaza para el bienestar de la humanidad. Además, como ya he mencionado antes, la mayoría de las armas presentes en los países musulmanes se han producido en el mundo no-musulmán. Obviamente surge la pregunta de por qué las naciones no-musulmanas, por un lado, piden la paz en el mundo musulmán pero, por otro lado, alimentan las guerras y conflictos que ellos mismos condenan. Aunque de manera ocasional han adoptado medidas o políticas positivas tomadas por determinados gobiernos o instituciones, que han tenido un potencial beneficioso, por desgracia esas políticas han quedado ahogadas. En cambio, la característica que define los esfuerzos del mundo para garantizar la paz en los últimos setenta o más años ha sido la intimidación y las tácticas de miedo, por las cuales las naciones han buscado la paz mediante el desarrollo de armas cada vez más mortíferas. Indiferentemente a lo que se afirme, lo cierto es que dichas medidas no pueden lograr una paz duradera habiendo, así, muchas posibilidades de que un día alguien presione el botón que desencadene la matanza y miseria tal que el mundo nunca antes habrá visto. Por ello que, en vez de construir la paz sobre el llamado “modelo disuasivo”, nosotros los musulmanes áhmadis creemos que solo un camino conduce hacia una paz duradera, y ese es el camino de Dios Todopoderoso.

Ha llegado la hora de que la humanidad reconozca a Su Creador y acepte que Dios Todopoderoso es, en verdad, el Dios de todos los mundos, el que nos sostiene, nos provee y es nuestro Creador Supremo. ¿A cambio de Sus infinitos favores, no es acaso Su derecho que nos volvamos a Él, nos inclinemos ante Él y busquemos Su cercanía? Mientras el mundo siga priorizando la riqueza y el poder material, no veremos la verdadera paz en el mundo. Ciertamente, el deseo primordial de usurpar los derechos de los demás en beneficio propio es lo que ha alimentado los conflictos extendidos en todo el mundo.

Hace poco, un reconocido político veterano estadounidense declaró que no beneficiaba a Estados Unidos que el grupo terrorista Daesh fuera eliminado por completo de Siria, más bien, convenía al Occidente que quedara cierta presencia de este malvado grupo. Éste es el tipo de lógica que una persona sabia y pacífica jamás puede comprender ni tolerar. Por una parte, el  mundo Occidental insta a las naciones musulmanas a detener toda forma de terrorismo y adoptar la paz. Pero, por otra parte, hay entre ellos mismos quienes temen que la paz en el mundo musulmán disminuya su propio poder y dominio. Esto es hipócrita y estas retorcidas ideologías sólo logran desestabilizar el mundo.

Además, como ya he mencionado, los países occidentales y los productores de armas tienen un interés comercial en mantener cierto grado de conflicto en los países musulmanes. Dichas políticas sesgadas y motivaciones egoístas son por completo lamentables y únicamente suponen un medio para la destrucción de la paz mundial. En marcado contraste, las enseñanzas del islam buscan establecer la paz en todos los niveles de la sociedad y nuestra religión también ha dejado claro que la clave de la paz es la verdadera justicia. La justicia y la equidad son los pilares de la paz, en la medida en que el islam sostiene que una persona o nación ha de estar preparada para testificar contra sí misma a fin de mantener la verdad y hacer prevalecer la justicia. Así, no es posible establecer la verdadera paz, sea ya dentro del hogar, en el pueblo o ciudad, dentro de una nación o a nivel internacional, hasta que no haya justicia.

Siguiendo con el tema y en respuesta a quienes preguntan por qué se libraron guerras en los primeros tiempos del islam permítanme explicar brevemente que en el capítulo 22, versículos 40 y 41 del Sagrado Corán, Al-lah Todopoderoso concede permiso a los primeros musulmanes para luchar una guerra defensiva por primera vez. Sin embargo, estos versículos dejan absolutamente claro que dicho permiso no se ha otorgado para que el islam domine o conquiste territorios, sino que Al-lah concedió el permiso para apaciguar el desorden y la crueldad y para consagrar por siempre el principio de la libertad de creencia universal. Así, en el versículo 41, incluso antes de que se hubiera ordenado a los musulmanes defender las mezquitas, se les ordena proteger las iglesias, los templos, las sinagogas y los lugares de culto de todas las religiones. Además, el capítulo 2, versículo 194, del Sagrado Corán también deja claro que aún cuando se permiten las guerras defensivas, éstas han de ser proporcionales y su propósito ha de ser siempre poner fin a la crueldad, la persecución y la opresión.

Una vez que las condiciones hayan mejorado y se pueda vivir en paz, entonces se ha de poner fin a la guerra de manera inmediata. El versículo también dice que durante las guerras, solo se debe atacar a los agresores o presos, mientras que las personas inocentes han de ser salvaguardadas y sin lugar a ningún tipo de daños colaterales, como los que trágicamente presenciamos en las guerras de hoy. Dondequiera que el islam ha autorizado algún tipo de fuerza, se ha hecho con fin de detener la mano del opresor y nunca como un medio de conquista o agresión. La sola idea de provocar a los demás e incitar el desorden es algo que el islam toma muy en serio y por ello que el Sagrado Corán dice que tal incitación, que busca crear y aumentar el odio entre los pueblos y naciones, es un crimen aún mayor que el asesinato.

La verdad es que las enseñanzas del islam son aquellas que buscan salvar las diferencias que existen entre las personas y unir a la sociedad bajo un paraguas de paz, amor y armonía. De hecho, el Santo Profeta Muhammad nos enseñó que un verdadero musulmán es aquél de cuya boca y manos están a salvo todas las demás personas. Por ello que causar dolor y pena innecesaria a otros, independientemente de a qué escala, es un pecado y se opone al islam.

Para terminar, reitero que las enseñanzas del islam son completamente pacíficas y son un medio de seguridad para todas las personas, de todos los ámbitos de la vida.

No hay necesidad de temer al verdadero islam, así, espero que estén de acuerdo conmigo en que quienes califican al islam como una religión violenta o intolerante son culpables de una gran injusticia.

Con estas palabras, les agradezco a todos por tomar tiempo para asistir a nuestro Yalsa Salana y escuchar cuanto he dicho.

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