El Mesías Prometido (as): El seguidor perfecto y ejemplo reflexivo del Profeta (sa)
Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Sura Al-Fatiha, Su Santidad el Jalifa V (aba) dijo:
En esta época, quién más ha seguido el bendito ejemplo del Santo Profeta (sa) ha sido su verdadero siervo, el Mesías Prometido y Mahdi (as).
En sermones anteriores, se han mencionado varios relatos en relación con la adoración del Santo Profeta (sa), los consejos que impartió en relación a esto a sus seguidores, así como relatos relacionados con los métodos que enseñó para adorar y recordar a Al’lah. Hoy relataré aquellos relatos de la vida del Mesías Prometido (as) que llevó en subordinación a su maestro, el Santo Profeta (sa) y que han sido transmitidos hasta nosotros.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) relata que Mirza Muhammaddin Sahib, residente de Langarwal, Gurdaspur, le escribió diciendo:
“Desde mi infancia tuve la oportunidad de observar al Mesías Prometido (as). La primera vez que lo vi fue durante la vida de Mirza Ghulam Murtaza Sahib, cuando yo era un niño pequeño. Después de ofrecer la oración de Isha, su costumbre era irse a dormir temprano. Luego, aproximadamente a la una, se levantaba para Tahayud. Después de ofrecer la oración de Tahayud, permanecía ocupado en la recitación del Sagrado Corán. Cuando se ofrecía el Azán (llamada a la oración) del Fallr, ofrecía las oraciones Sunnah en casa, y luego iba a la mezquita para orar, ofreciendo la oración en congregación. A veces él mismo dirigía la oración, y otras veces Mian Yan Muhammad, el imam de la mezquita, la dirigía. Al regresar de la oración descansaba un rato. Nunca le vi ofrecer oraciones Sunnah en la mezquita; más bien, las ofrecía en su casa”.
El Mesías Prometido (as), hablando de su adoración, explicó cómo Dios Altísimo le concedió la fuerza para practicar la adoración. Sin embargo, aclaró que ese estado no está prescrito para todos de la misma manera, por lo que no se debía esforzar más allá de las capacidades de cada cual. El Mesías Prometido (as) explicó que Dios Altísimo le había otorgado una fuerza especial. En cualquier caso, el Mesías Prometido (as) ha explicado su condición de adoración de la siguiente manera. Afirma:
“Nunca me he sometido a una disciplina física rigurosa, ni a ejercicios duros como algunos sufíes contemporáneos, ni he emprendido un retiro en completa soledad mística. Tampoco he hecho nada en términos de ascetismo que sea contrario a la práctica del Santo Profeta (sa), o que pueda ser objetable según la Palabra de Dios Altísimo. De hecho, siempre me he sentido aborrecido por los faquires y por aquellos que introducen todo tipo de innovaciones en la fe”.
El Mesías Prometido (as) afirma también:
“Sin embargo, en vida de mi padre, cuando su muerte se acercaba, sucedió que vi en un sueño a un santo anciano que tenía un rostro puro, y me señaló que era tradición de la familia de los profetas ofrecer algunos días de ayuno para atraer las luces celestiales” (es decir, ofrecer ayunos para convertirse en receptor de luz espiritual era la tradición de la familia de los profetas). Así, Dios Altísimo le indicó al Mesías Prometido (as) a través de un sueño que le otorgaría un rango especial.
El Mesías Prometido (as) afirma además:
“Señalando así que yo también debía ofrecer esta tradición de la familia profética. Pensé entonces que sería apropiado ofrecer ayunos durante algún tiempo. Pero al mismo tiempo sentí que sería mejor no revelar esto a nadie. Entonces, me traían la comida a casa en la habitación de los hombres, pero yo la regalaba a unos huérfanos con quienes había acordado que vinieran a horas específicas. Así que me pasaba todo el día en ayunas. Nadie, excepto Dios, sabía de estos ayunos. Después de dos o tres semanas, me di cuenta de que no me resultaba difícil ayunar cuando todavía hacía una comida completa todos los días. Entonces decidí empezar a reducir mi consumo de alimentos. Comencé a reducir mi comida gradualmente, hasta que pude subsistir con un “roti” (pan) en todo el día y la noche. Seguí reduciendo mi comida de la misma manera hasta que reduje mi consumo de alimentos a unas pocas onzas de “roti” en 24 horas (comía muy poco durante el período de 24 horas). Continué así durante aproximadamente ocho o nueve meses. Aunque comía tan poco que no alcanzaba ni siquiera para un bebé de dos o tres meses, Dios Altísimo me protegió de todo mal y enfermedad.
Entre las maravillas de este tipo de ayuno que experimenté están las hermosas visiones que me fueron otorgadas durante ese tiempo. Conocí a algunos profetas pasados (as) y a algunos de los exaltados Auliya [eruditos] musulmanes. Una vez, en un estado de completa vigilia, me encontré con el Santo Profeta (sa) junto con Hassan (ra), Hussain (ra), Ali (ra) y Fátima (ra). Esto no fue un sueño sino algo que experimenté en estado de vigilia. Conocí a muchas personas santas de esta manera, pero sería largo describir todos esos encuentros. Además, se me concedieron visiones de luces espirituales que estaban representadas en columnas de color verde y rojo, y cuya belleza no se puede describir con palabras. Estas columnas de luz, algunas de ellas brillantes de color blanco y otras de color rojo, se elevaban directamente hacia el cielo y su visión llenó mi corazón de deleite. Nada se puede comparar con la alegría que mi corazón y mi alma experimentaron al contemplar estas columnas”.
Continúa diciendo:
“Creo que estas columnas eran una representación del amor entre Dios y el hombre. Era una luz que procedía del corazón hacia arriba y había otra luz que descendía desde arriba y las dos juntas tomaban la forma de una columna (es decir, estas columnas ascendían hacia arriba y descendían desde arriba y luego se conectaban en la forma de un pilar). Se trata de asuntos espirituales que están más allá del alcance del mundo, porque están muy lejos de sus ojos, pero hay algunos en el mundo que son conscientes de ellos.
En resumen, debido a este ayuno prolongado, se me revelaron maravillas en forma de visiones de diversos tipos y formas. Además, un beneficio que obtuve de esta prolongada práctica del ayuno fue que, después de haberme sometido a esta disciplina, me encontré capaz -si surgiera la necesidad- de soportar el hambre y la sed durante largos períodos. A menudo he pensado que si una persona gruesa, que además de ser corpulenta estuviera fuerte, tuviera que padecer hambre junto conmigo, moriría antes de que yo pudiera sentir necesidad aguda de comida. Esta experiencia me enseñó que uno puede progresar etapa por etapa en el proceso de padecer hambre y que hasta que su cuerpo no se acostumbre a tales privaciones, una persona amante de la comodidad no es apta para lograr etapas de progreso espiritual. Pero no aconsejaría a todo el mundo que se embarcara en tal disciplina, ni lo hice por mi propia voluntad (lo hizo por orden de Dios Altísimo). He conocido a muchos derviches ignorantes que optaron por seguir una dura disciplina física y al final perdieron la cordura (sus facultades mentales), pasaron el resto de sus vidas en la locura o contrajeron diversas enfermedades como la tuberculosis, etc. No todos los humanos poseen facultades mentales similares. Aquellos cuyas facultades son naturalmente débiles no pueden soportar ninguna disciplina física. Muy pronto, se ven afectados por alguna enfermedad peligrosa”.
Sin embargo, el islam es una religión integral, y además, al Mesías Prometido (as) le fue concedido especialmente el socorro divino para esto, por lo que afirmó que no todos deberían intentar esto sólo porque él lo hizo.
El Mesías Prometido (as) afirma además:
“Es mejor que uno no se someta a una disciplina física rigurosa por sí solo. Más bien, uno debería adoptar la fe de la gente sencilla (uno debería adoptar las enseñanzas generales de la fe y seguir la Sunnah). Por supuesto, si uno recibe una revelación de Dios y no se opone a la magnífica Sharia del islam, debe llevarse a cabo. Sin embargo, los faquires necios de hoy enseñan disciplinas que no producen ningún bien. Uno debería mantenerse alejado de ellos”.
Incluso ahora hay gente que prescribe ciertas prácticas y hoy en día esas nociones se propagan incluso a través de programas de televisión. Sin embargo, no hay que dejarse llevar por esas voces. Más bien, el creyente debe adoptar el camino de la moderación, esforzándose, dentro de los límites de la capacidad dada por Dios, por cumplir con los derechos que le deben a Dios y los derechos que le deben a Su creación. Como mínimo, uno debe esforzarse por alcanzar los estándares y métodos de adoración enseñados por el Santo Profeta (sa) y luego tratar de progresar gradualmente en ellos. De hecho, el avance espiritual ocurre paso a paso. El islam, en cualquier caso, ha prohibido imponer dificultades innecesarias, y el Mesías Prometido (as) también desaconsejó tales excesos.
Respecto a su condición desde la infancia, se relata en una narración que Misri Faqir Muhammad Sahib dijo:
“Mi padre, cuyo nombre era Yiwa, solía contar que en una ocasión Mirza Sahib se cayó del tejado y resultó muy herido. En cuanto nos enteramos, fuimos a preguntar por su salud. Cuando recuperó la conciencia, sus primeras palabras fueron: “¿Es la hora de la oración o no?”. Tal era su amor por la oración. Yo era apenas un niño cuando mi padre solía contarme este incidente”.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) también grabó una narración del Doctor Mir Muhammad Ismail Sahib (ra). Afirma que en 1895, cuando tuvo la oportunidad de pasar el mes de Ramadán en Qadian, ofreció la oración Tahayud (es decir, Tarawih) de todo el mes detrás del Mesías Prometido (as). Su práctica era ofrecer la oración del Witr en la primera parte de la noche, y luego realizar ocho raka’ats de Tahayud en la última parte, en unidades de dos raka’ats cada una. En el primer raka’at invariablemente recitaba Ayat al-Kursi -desde “Al’lahu la ilaha il’la Huwa” hasta “wa Huwa al-‘Aliyyul-‘Azim”- y en la segunda raka’at recitaba Surah al-Ijklas. En sus reverencias (ruku) y postraciones (suyud), suplicaba:
[Árabe]
“¡Oh Dios Viviente, Autosuficiente y Sustentador! Concédeme Tu misericordia”.
Recitaba en un tono que yo podía oír, suave y gentilmente, pero ni fuerte ni inaudible.
Siempre participaba de la comida antes del amanecer [Sehri] después de la oración de Tahayud, a menudo retrasándola hasta tal punto que a veces la llamada a la oración del Fallr se hacía mientras todavía estaba comiendo. En algunas ocasiones, continuaba comiendo hasta concluir el Azán.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) explica además que, en principio, está permitido participar del Sehri hasta la salida del sol. El Azán en sí mismo no está directamente relacionado con esto; más bien, su hora se fija de acuerdo con la aparición de la luz. Por lo tanto, la gente suele asumir que el Azán marca el final absoluto del Sehri. A continuación, puso como ejemplo que en Qadian, dado que el Azán para el Fallr se llamaba inmediatamente después de la aparición del amanecer -y era posible que, debido a un error o a la falta de precaución, en ocasiones se llamara incluso un poco antes-, el Mesías Prometido (as) no daba una importancia excesiva al mero sonido del Azán, sino que continuaba comiendo hasta que el amanecer se hacía evidente.
De hecho, la intención de la Sharia en este asunto no es que uno deba dejar de comer precisamente en el momento en que se ha determinado la hora del amanecer mediante cálculos astronómicos. Más bien, la intención es que uno debe detenerse cuando la blancura del amanecer se hace visible para el observador común. La propia palabra “tabayun” [manifestación clara] en el Corán indica este entendimiento.
También se narra en el Hadiz que el Santo Profeta (sa) instruyó: “No dejéis de comer vuestro Sehri al oír el Azán de Bilal, sino continuad comiendo y bebiendo hasta el Azán de Ibn Umm Maktum”, pues él era ciego y no daba el Azán hasta que la gente anunciaba que el amanecer había llegado realmente.
Sin embargo, en la época actual, los medios para determinar la hora exacta del amanecer verdadero son mucho más avanzados, y ahora existen instrumentos precisos que permiten calcularla con exactitud. Por consiguiente, los horarios del Azán se fijan generalmente con precisión al momento más exacto de la aparición del amanecer verdadero. Aunque no se puede descartar por completo el error humano ocasional, incluso si el Azán se llama antes, el principio establecido sigue siendo el mismo que se ha mencionado anteriormente. Dado que está comenzando el mes de Ramadán, he explicado esta guía.
Al mismo tiempo, las personas no deben relajarse tanto como para retrasar el momento de dejar de comer hasta que la luz del día sea claramente visible. Nuestros horarios para el Azán se preparan con un cálculo cuidadoso y la debida consideración. Dado que los métodos de cálculo de nuestra época son mucho más avanzados que los de aquella época, la probabilidad de error es mínima. Por lo tanto, se debe respetar el calendario oficial y seguirlo de acuerdo con los horarios establecidos para cada región.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha narrado que Mufti Muhammad Sadiq Sahib relató:
“Durante la época del Mesías Prometido (as), en una ocasión se ofreció la Oración por la lluvia, en la que estuvo presente el Mesías Prometido (as), y tal vez el difunto Maulvi Muhammad Hasan Sahib fue el imam. La gente lloró mucho durante esta oración, pero el autocontrol del Mesías Prometido (sa) fue extraordinario; no lo vi llorar. Recuerdo que poco después se nubló y empezó a llover; o mejor dicho, quizá llovió ese mismo día”.
Sin embargo, nadie debe pensar por ello que el Mesías Prometido (as) no lloraba durante la oración. Siguiendo a su Maestro (sa), también se encuentran narraciones sobre su adoración que dicen que, mientras estaba postrado, salían sonidos de su pecho como si se tratara de una olla hirviendo. Se postraba y lloraba suplicando con profundo dolor y angustia.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) menciona una narración de Hazrat Amma Yan, Nusrat Yahan Begum Sahiba (ra):
“Mi madre contaba que, además de las cinco oraciones diarias, el Mesías Prometido (as) solía ofrecer dos tipos de oraciones voluntarias. Una era la oración Ishraq, dos o cuatro unidades de oración, que a veces ofrecía, pero no de manera constante. La segunda era la oración Tahayud de ocho unidades de oración; esta la ofrecía siempre, excepto cuando estaba muy enfermo. Incluso en esas condiciones, a la hora del Tahayud, rezaba mientras estaba acostado en la cama. En la última etapa de su vida, debido a su debilidad, solía realizar la oración Tahayud sentado”.
Hazrat Maulvi Yaqub Ali Sahib (ra) escribe que cuando el Mesías Prometido (as) viajaba para asistir a casos legales, lo hacía para cumplir con el deber de obediencia a su padre. Allí, se preocupaba mucho de que durante los procedimientos nunca se omitiera ninguna oración, ni tampoco rezaba fuera de su tiempo. Del mismo modo, nunca descuidó las obligaciones relacionadas con los derechos de Dios Altísimo. Justo en el recinto de los tribunales, se dedicaba a la oración a la hora señalada, como si no tuviera ningún otro trabajo que hacer. A menudo sucedía que estaba absorto en la oración y, mientras tanto, le llamaban para comparecer en la audiencia judicial, pero él seguía absorto en la oración con el corazón completamente en paz.
En una ocasión, declaró:
“Fui a Batala para seguir un caso, cuando llegó la hora de la oración y comencé a rezar”, es decir, el Mesías Prometido (as) comenzó a ofrecer la oración. “El asistente del tribunal me llamó, pero yo estaba ocupado rezando. La parte contraria compareció y quiso aprovecharse de un procedimiento unilateral, argumentando que, dado que la otra parte no había comparecido, se debía dictar una resolución unilateral. Insistió mucho en este punto, pero el tribunal no le prestó atención y falló en su contra, concediéndome la sentencia a mi favor. Al terminar la oración, me presenté, y pensé que tal vez el juez había tomado nota legal de mi ausencia (la ley dice que si una de las partes no comparece, se puede dictar sentencia en su contra). Pero cuando aparecí y le dije que había estado rezando, respondió: “Ya he tomado la decisión a tu favor”. Estas también son bendiciones de la adoración, que Dios Altísimo concedió Sus bendiciones de esta manera.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha narrado otra narración de Hazrat Amma Yan (ra). Escribe que cuando el Mesías Prometido (as) dirigía la oración del Maghrib en casa, solía recitar ese versículo de la sura Yusuf en el que aparecen las palabras:
[Árabe]
“Solo me lamento ante Al’lah por mi pena y mi dolor” (12:87).
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) dice:
“Debo mencionar que la voz del Mesías Prometido (as) transmitía gran fervor y dolor, y su recitación era muy melodiosa”.
De manera similar, Mirza Muhammad Din Sahib afirmó que el Mesías Prometido (as) realizaba las oraciones obligatorias en la mezquita, mientras que las oraciones Sunna y voluntarias las ralizaba en casa. Después de la oración Isha, se iba a dormir, y cuando había pasado la mitad de la noche, se despertaba y ofrecía oraciones voluntarias. Después de eso, recitaba el Sagrado Corán. Encendía una lámpara de barro y continuaba recitando el Corán hasta el Azán de la oración de Fallr.
Otro biógrafo ha escrito que poseía un profundo amor y devoción por el Sagrado Corán y la Sunna del Santo Profeta (sa), y que todos sus actos de adoración se mantuvieron estrictamente dentro de los límites del Corán y la Sunna, sin excederlos nunca. Además de las cinco oraciones diarias, era especialmente constante en ofrecer Tahayud. A veces también realizaba la oración Ishraq, pero era Tahayud la oración que le inspiraba un amor excepcional.
Durante la oración, su concentración y enfoque en el recuerdo de Dios eran tan intensos que parecía como si no estuviera presente en este mundo. Especialmente en el Tahayud, recitaba la sura Al-Fatihah con profunda angustia y sincera atención, dedicándose a abundantes súplicas.
En la primera etapa de su vida, si en alguna ocasión sentía que no había logrado concentrarse plenamente en la oración, continuaba rezando repetidamente y comentaba: “He aprendido este método de un borracho”. El Mesías Prometido (as) explicó que una vez, cuando se dio cuenta de que no podía alcanzar plenamente la presencia del corazón en la oración, se dirigió a la jungla para poder rezar allí en mayor soledad. En el camino, pasó por un mercado donde escuchó a un hombre hindú decirle a un compañero: “Anoche tomé una copa de alcohol, pero no me emborraché”. Así que tomé una segunda taza; cuando tampoco fue suficiente, tomé una tercera”. Y así continuó bebiendo hasta que finalmente se emborrachó.
El Mesías Prometido (as) relató que al escuchar esto, reflexionó: “Yo también continuaré ofreciendo oraciones repetidamente hasta alcanzar la embriaguez espiritual”. Las oraciones obligatorias no pueden repetirse de esta manera; más bien, su atención en este sentido se centraba en las oraciones voluntarias. Mencionó esto en relación con las oraciones voluntarias que les ofrecería una y otra vez para que pudieran alcanzar la deseada “intoxicación”, es decir, la verdadera presencia del corazón.
Además de la Salat, también recitaba regularmente el Sagrado Corán, invocando bendiciones al Santo Profeta (sa) [Durud] y pidiendo perdón [Istighfar]. Tenía un amor profundo y sincero por el Sagrado Corán. Lo recitaba día y noche, sentado, de pie o caminando, y lloraba profusamente mientras lo recitaba. Como se mencionó anteriormente, si en alguna ocasión no se le veía llorar durante la oración congregacional, eso no significaba que no llorara en absoluto. De hecho, al recitar el Sagrado Corán, a menudo se sentía embargado por una profunda emoción y fervor. Recitaba el Durud con frecuencia, con profundo entendimiento, y lo hacía con tal intensidad y angustia que le acompañaba con lágrimas y llanto.
En una ocasión, al mencionar la oración Ishraq, el Mesías Prometido (as) habló sobre la importancia y la sabiduría relacionadas con la miel, y la discusión concluyó con el tema de la adoración. Se había planteado el debate sobre si las personas con diabetes deberían consumir miel. El Mesías Prometido (as) declaró:
“Sufrí mucho por la diabetes. Los médicos afirman que el dulce es extremadamente perjudicial en esta afección”. El consumo de azúcar es extremadamente perjudicial para las personas que padecen diabetes.
El Mesías Prometido (as) afirma además:
“Hoy estaba pensando en esto cuando se me ocurrió que los distintos tipos de azúcar disponibles en el mercado suelen estar elaborados por personas inmorales y pecadoras, por lo que no sería de extrañar que fueran perjudiciales, pero la miel se prepara bajo “wahi” [revelación] de Dios. Por lo tanto, sus propiedades no serían en absoluto como las de otros dulces. Si hubiera sido como ellos, entonces:
[Árabe]
“Una cura para la gente” se habría referenciado para todos los dulces. Sin embargo, solo se ha mencionado explícitamente la miel en este sentido. Por lo tanto, esta distinción es un argumento a favor de sus ventajas. Dado que su preparación está regulada por medio del “wahi” [revelación], la abeja que succiona el néctar de las flores sin duda extraerá solo los ingredientes beneficiosos. Con esta idea en mente, mezclé un poco de “keorha” [planta] con un poco de miel y me lo bebí. Poco después, sentí una gran mejoría, hasta tal punto que incluso pude caminar (antes se sentía muy debilitado debido a la subida de azúcar), así que reuní a los hombres de la casa, fuimos al jardín y ofrecí diez raka’ats de la oración Ishraq”.
Hazrat Mufti Muhammad Sadiq Sahib relata que en una ocasión se produjo un terremoto muy fuerte. Los edificios y los objetos comenzaron a sacudirse violentamente, y la gente, abrumada por el miedo y la confusión, se agitó enormemente. En ese momento, la condición del Mesías de Dios era verdaderamente digna de contemplar. Leemos en el Hadiz que cada vez que ocurría un fenómeno celestial o terrenal extraordinario, el temor a Dios se manifestaba visiblemente en el rostro del Santo Profeta (sa). Incluso la mera aparición de una nube le causaba inquietud: salía al exterior y luego volvía a entrar preocupado. Así, también en aquella época, el Profeta de Dios demostró en la práctica la veracidad de la máxima persa:
[Persa]
“Cuánto mayor es el reconocimiento que una persona tiene de lo Divino, más Le teme”
Tan pronto como comenzó el terremoto, reunió a los miembros de su familia y a sus hijos y se dedicó a suplicar ante Dios Altísimo. Se postró ante su Señor. Durante un tiempo considerable, toda la familia, junto con los sirvientes, permaneció en súplica, temblando de reverencia ante la grandeza y la autosuficiencia de Dios Altísimo.
Hazrat Musleh Maud (ra), al exponer la importancia del oración congregacional, observó en una ocasión que en épocas anteriores la gente solía vivir a gran distancia de las mezquitas y los medios de transporte eran limitados. Como resultado, algunos habían adquirido el hábito de rezar individualmente en casa. Ordenó que las oraciones no se ofrecieran por separado en tales circunstancias, sino que se ofrecieran en congregación.
Explicó que un método práctico para establecer la oración en congregación consiste en reunir a la esposa y a los hijos y dirigir la oración en casa cuando no se pueda acudir a la mezquita. Debido a las distancias, se había desarrollado el hábito de la oración individual y, en consecuencia, la importancia de la oración congregacional había disminuido en los corazones de las personas. Observamos tendencias similares incluso hoy en día. Por lo tanto, instó a abandonar este hábito y a establecer la práctica de la oración congregacional.
Incluso hoy en día, allí donde existan tales deficiencias, se debe prestar atención a ofrecer la oración en casa en congregación con los hijos. Esto también inculca en los niños el hábito por la oración.
Además, citó el ejemplo del Mesías Prometido (as), quien, cada vez que no podía acudir a la mezquita para rezar, lo hacía en congregación en su casa. Solo en casos excepcionales de necesidad inevitable rezaba solo. La mayoría de las veces, incluía a nuestra madre en la congregación, y otras mujeres de la casa se unían a ella.
Hazrat Syed Zain-ul-Abidin Waliul’lah Shah Sahib relata:
“En 1935, viajé a Sialkot, donde tuve la oportunidad de conocer a una anciana, Mai Hayat Bibi, que era la hija de Fazl Din Sahib y la respetada madre de Hafiz Muhammad Shafi Sahib Qari. Tuvimos la oportunidad de conocerla; estaba sentada en la entrada su casa. Nosotros no la reconocimos, pero ella nos reconoció a nosotros. Nos saludó con un “Assalamu alaikum” y nos dijo: “Por favor, vengan por aquí”.
En ese momento, Mai Sahibah tenía ciento cinco años. Relató que durante los días del motín, cuando el caos se había apoderado de la zona (con esto explicaba su edad) y las oficinas gubernamentales y los tribunales estaban siendo incendiados, ella era una mujer joven. Durante la conversación, afirmó: “Conocí a Mirza Sahib, es decir, al Mesías Prometido (as), desde que llegó por primera vez a Sialkot y residió aquí durante su período de empleo. En aquel momento, era tan joven que los primeros signos de barba apenas habían comenzado a aparecer en su rostro; su barba aún no había crecido por completo”.
Realtó que, tras llegar a Sialkot, Hazrat Mirza Sahib fue a la casa de su padre, le llamó y le dijo: «Mian Fazl Din Sahib, por favor, déjeme quedarme en su otra casa para residir allí”. Quería alquilarla. Mi padre abrió la puerta y él entró. Mi padre preparó agua, una cama y una alfombra de oración, y también colocó allí las pertenencias de Mirza Sahib.
Dijo que era su costumbre que, cada vez que regresaba del tribunal, primero llamaba a mi padre y luego se dirigía con él a la residencia. La mayor parte de su relación y sus reuniones eran con mi padre. Sus comidas también se preparaban en nuestra casa, y era mi padre quien le llevaba la comida.
Mirza Sahib entraba entonces en la casa y cerraba la puerta, y en el patio se dedicaba a recitar el Sagrado Corán. Mi padre solía decir que, mientras recitaba el Corán, Mirza Sahib a veces se postraba y realizaba postraciones extremadamente largas, llorando tan profusamente que el suelo se mojaba.
Mientras narraba estos relatos sobre el Mesías Prometido (as), Mai Sahibah repetía una y otra vez: “Que sea sacrificada por su bendito nombre”. Prestó testimonio en presencia de su hijo.
Hazrat Sheij Yaqub Ali Irfani Sahib ha registrado una narración de Maulvi Mir Hassan Sahib, que fue maestro del Dr. Al’lamah Iqbal Sahib, según la cual el Mesías Prometido (as) residía en una casa alquilada perteneciente a un cachemir llamado ‘Umrah, situada cerca de la vivienda de este humilde siervo en Mahal’la Kashmirian. Cuando regresaba de la corte, se dedicaba a recitar el Sagrado Corán, a veces sentado, a veces de pie y a veces caminando. Lloraba copiosamente durante su recitación. Lo hacía con tanto fervor que no se encuentra similitud.
Además, escribe que en aquella época era habitual que la gente con necesidades se dirigiera a los funcionarios con peticiones y recomendaciones relativas a sus casos legales, con la esperanza de obtener sentencias favorables (esta es la forma de buscar recomendaciones cuando se presentan ante los funcionarios). De la misma manera, la gente acudía al Mesías Prometido (as).
El propietario de la casa, ‘Umrah, tenía un hermano mayor llamado Fadl Din Sahib, muy respetado en la zona. En una ocasión, al ver a unas personas sentadas con él en relación con asuntos judiciales, el Mesías Prometido (as) llamó a Mian Fadl Din y le dijo: “Por favor, explíqueles a estas personas que no deben venir aquí. Están perdiendo su tiempo y el mío. No puedo hacer nada por ellos. No soy un juez. Cualesquiera que sean las funciones que me correspondan, las desempeño en el propio tribunal”. A partir de entonces, Mian Fazl Din aconsejaba a dichos visitantes en consecuencia y los despedía.
Un empleado no ahmadí de Patiala, Munshi ‘Abdul Wahid Sahib, relata que, en lo que respecta a la recitación del Sagrado Corán por parte del Mesías Prometido (as), a la edad de catorce o quince años, se pasaba todo el día leyendo el Corán y escribiendo notas en sus márgenes.
Hazrat Musleh Maud (ra) también ha escrito en relación con el Mesías Prometido (as) que, incluso durante su infancia, en vida de su padre, fue testigo de ejemplos tan amargos [de la naturaleza poco fiable de la vida mundana] que su corazón se desprendió del mundo. Desde sus primeros años, todas sus aspiraciones se dirigieron exclusivamente hacia alcanzar el contento de Al’lah.
Mientras escribía su biografía, el Sheij Yaqub Ali Irfani Sahib relató un incidente notable de su infancia. Escribe que, cuando aún era muy joven, le decía a una chica de su misma edad, que más tarde se convertiría en su esposa: “¡Anda, desafortunada, reza para que Dios me conceda la capacidad de orar”.
Esta breve expresión, perteneciente a sus primeros años, revela las profundas emociones espirituales que ya se agitaban en su corazón y muestra cómo sus deseos se centraban por completo en Dios únicamente. También refleja la inteligencia que le fue concedida desde la infancia. Porque a través de estas palabras revela que, incluso a esa edad, reconocía que la satisfacción de todos los deseos solo se alcanza a través de Dios, y que la capacidad misma de adorar es otorgada únicamente por Él. Anhelar la oración, comprender que su consecución depende únicamente de Dios y expresar tales sentimientos mientras se crece en un entorno en el que muchos, tanto jóvenes como mayores, están preocupados por las actividades mundanas, es algo que solo puede surgir de un corazón totalmente puro de manchas mundanas y divinamente apoyado con el fin de provocar una poderosa transformación espiritual en el mundo.
Hazrat Mufti Muhammad Sadiq Sahib relata que el Mesías Prometido (as) dijo una vez:
“Desde mi juventud estoy acostumbrado a ayunar. En una ocasión, cuando era joven, hice un ayuno y enfermé; sin embargo, después completé veintinueve ayunos sin dificultad. Para mí fue realmente un Eid lleno de alegría. El ayuno posee bendiciones especiales. Así como cada fruta tiene su propio sabor distintivo, cada forma de adoración tiene su propio encanto único. En estos actos de devoción se esconde una espiritualidad que no se puede describir por completo. Cuando hay verdadero anhelo, el dolor y las dificultades disminuyen. La adoración debe realizarse de tal manera que el alma humana se derrita, fluyendo como el agua hasta fusionarse con Dios”.
Maulvi Siralluddin Sahib, padre del conocido líder Zafar Ali Jan, editor del periódico “Zamindar”, escribe en relación con el período de residencia del Mesías Prometido (as) en Sialkot que en 1877 tuvieron el honor de ser sus invitados en Qadian durante una noche. Incluso en aquellos días, estaba tan absorto en el culto y las oraciones que apenas conversaba con sus invitados.
Hazrat Mirza Bashir Ahmad Sahib (ra) ha narrado otro relato. Hazrat Bhai ‘Abdur Rahman Sahib Qadiani relata que el día anterior al Eid al-Adha de 1900, el Día del Hall, el Mesías Prometido (as) le dijo a Hazrat Maulvi Nuruddin Sahib, Jalifatul-Masih I (ra):
“Deseo pasar este día del Hall en oraciones especiales. Por lo tanto, aquellos amigos que deseen que se recen oraciones en su nombre deben enviarte una lista con sus nombres y hacérmela llegar”.
En consecuencia, Bhai Sahib afirma que ese día se transmitieron numerosas peticiones de oración al Mesías Prometido (as) a través de Hazrat Maulvi Nuruddin Sahib (ra), y algunos compañeros también le enviaron peticiones por escrito directamente a él. En aquellos días, era habitual que muchos amigos de regiones periféricas viajaban a Qadian para las oraciones del Eid y tenian el honor de conocer al Mesías Prometido (as). Ellos también se unieron a este momento inspirado por la inspiración divina. Así, aquel día en Qadian transcurrió entre súplicas especiales, un fervor y una humildad extraordinarios ante Dios y grandes bendiciones.
Al describir su sincero deseo en relación con la oración en congregación, el Mesías Prometido (as) mencionó una vez en una reunión:
“Hoy vuelvo a encontrarme mal de la cabeza y tengo mareos (es decir, sufría episodios de mareos). Cuando se acerca la hora de la Salat congregacional, me viene a la mente de que todos estarán juntos rezando y yo no estaré entre ellos (es decir, la gente se reuniría para la Salat congregacional y yo no estaré presente entre ellos). Esto me llena de un sentimiento de pena y por eso me levanto y a pesar de mi condición inestable, hice mi camino hasta aquí (aunque estaba mareado, a pesar de ello, tropezó en el camino y llegó a la mezquita). En cualquier caso, intento ir a la mezquita. Esto no ha sucedido sólo una vez, sino varias veces, y hoy ha vuelto a suceder”. Incluso durante los períodos de enfermedad, se esforzaba por ir a la mezquita para rezar en congregación.
Hazrat Maulvi Abdul Karim Sialkoti Sahib afirma que el lugar habitual para reunirse con el Mesías Prometido (as) era la mezquita. Si no se encontraba mal, ofrecía regularmente las cinco oraciones diarias en congregación. Puso gran énfasis en la oración congregacional y declaró repetidamente: “Nada me entristece más que el hecho de que la oración no se ofrezca en congregación”.
Maulvi Sahib escribe además que recuerda una época en la que el número de visitantes era pequeño. En aquellos días, el Mesías Prometido (as) expresaba un profundo anhelo, diciendo: “¡Ojalá tuviera una comunidad propia con la que pudiera unirme para ofrecer las cinco oraciones diarias!”. Y agregaba: “Estoy dedicado a la súplica y tengo la esperanza de que Dios Altísimo acepte mi oración”.
Maulvi Sahib señala que cuando escribió este relato, por la gracia de Dios, el número de fieles que asistía a la oración congregacional habían llegado a ochenta o noventa.
Hoy, por la gracia de Dios, la Comunidad tiene mezquitas establecidas en muchos países. Por lo tanto, nosotros también debemos esforzarnos por mantener nuestras mezquitas llenas de fieles y hacer todo lo posible para ofrecer las cinco oraciones diarias en congregación.
Maulvi Sahib escribe además que después de ofrecer la oración obligatoria, el Mesías Prometido (as) regresaba inmediatamente al interior y se ocupaba en escribir libros. Sin embargo, después de la oración del Magrib, permanecía sentado en la mezquita, comía allí en compañía de amigos y, después de ofrecer la oración de Isha, volvía al interior.
Hazrat Abdul Sattar Sahib relata que antes del anuncio formal de su reclamo, cuando se construyó la pequeña Mezquita Mubarak, el Mesías Prometido (as) dirigía las oraciones congregacionales de Zuhr, Asr, Maghrib e Isha. En ese momento, solo tres de nosotros orábamos detrás de él: Mian Ghulab, Abdul Sattar y Mian Yan Muhammad, quienes estaban detrás de él en congregación.
Dice: “Todavía recuerdo la forma en que dirigía la oración. Ofrecía cada oración en el momento adecuado, con suma humildad, mansedumbre y ferviente súplica, como un niño que llora ante sus padres mientras busca algo de ellos. Tal fue el efecto de su oración que dejó una profunda impresión en los corazones de los que estábamos detrás de él. Esta fue la primera lección que recibimos. Cuando el Mesías Prometido (as) concluía la oración y permanecía sentado, mirábamos su rostro, que aparecía radiante y luminoso, cautivando nuestros corazones”.
Pir Sirall-ul-Haq Numani Sahib relata:
“La oración fúnebre que dirigía el Mesías Prometido (as) -¡Subhan Al’lah! ¡Subhan Al’lah!- (¡Alabado sea Dios!) ¡Cuán excelente y cuán perfectamente de acuerdo con la Sunnah estaba! En cientos de ocasiones este humilde tuvo la oportunidad de presenciarlo dirigiendo la oración fúnebre, tanto en cuerpo presente del difunto como ausente, y ofrecerla tras él”.
“En una ocasión, falleció Mian Yan Muhammad de Qadian. El Mesías Prometido (as) también acompañó el funeral. El fallecido se encontraba entre los devotos, ardientes y sinceros seguidores del Mesías Prometido (as). El Mesías Prometido (as) y Mahdi (as) también le tenía un gran afecto. No importa lo ocupado que estuviera, cada vez que este (compañero fallecido) venía de visita, dejaba a un lado su trabajo para encontrarse con él.
Cuando la procesión fúnebre llegó al cementerio, el propio Mesías Prometido (as) dirigió la oración. La oración duró tanto que nosotros, parados detrás de él, comenzamos a sentir dolor en las piernas y los brazos por estar de pie con las manos cruzadas. No puedo hablar por los demás, pero en lo que a mí respecta, mi condición se deterioró mientras estaba de pie, algo que nunca antes había experimentado. Esto se debía a que estábamos acostumbrados a ver concluida la oración fúnebre en dos minutos.
¡Entonces me di cuenta de que esto es lo que debería ser la verdadera oración! Después me tranquilicé y una dulzura y un deleite espiritual comenzaron a surgir dentro de mí. De hecho, deseaba que prolongara aún más la oración”.
De esta manera, el Mesías Prometido (as) inculcó en sus compañeros el verdadero deleite y placer de la oración, y ellos mismos reconocieron el gozo espiritual que ésta traía.
Continúa: “Cuando concluyó la oración fúnebre, el Mesías Prometido (as) se dirigió a su residencia. Una persona dijo: ‘Hazur, la oración fue tan larga que nos cansamos. ¿Cómo se habrá sentido usted?’ (es decir, es posible que él también se haya cansado). El Mesías Prometido (as) respondió: ‘¿Qué tiene que ver la fatiga con nosotros? Estábamos suplicando ante Dios Altísimo, pidiendo Su perdón por este difunto. ¿Se cansa alguna vez un mendigo de pedir? El que se cansa de pedir, queda privado. Nosotros somos los que pedimos, y Él es Quien concede; entonces, ¿por qué cansarse? Incluso cuando se tiene la más mínima esperanza de alguien, el buscador persiste firmemente a su puerta. Y en la corte del Dios Único residen todas las esperanzas. Él es el Otorgador (Mu‘ti), el Siempre Dador (Wahhab), el Más Clemente (Rahman), el Más Misericordioso (Rahim), el Soberano y Poderoso; entonces, ¿cómo puede haber alguna cuestión de cansancio?’”.
¡Que Dios Altísimo, nos conceda la capacidad de ofrecer nuestras oraciones con la misma conciencia! De hecho, hemos prometido Baiat al Mesías Prometido (as) con el compromiso de realizar nuestras oraciones estrictamente de acuerdo con las órdenes de Dios y Su Mensajero (sa). Hemos prometido recordar las innumerables bendiciones de Dios y alabarlo mientras realizamos nuestras oraciones. ¡Que Dios Altísimo nos conceda la capacidad de cumplir este compromiso que hemos asumido!
Después de las oraciones, dirigiré unas cuantas oraciones fúnebres en cuerpo ausente.
La primera es para la respetada Amatul Sharif Sahiba, la esposa de Mahmud Ahmad Butt Sahib de Dairyanwala, Narowal, quien falleció recientemente a la edad de ochenta y cuatro años.
[Árabe]
[¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!].
Por la gracia de Al’lah era una “musia” [integrante del sistema de ‘Al-Wasiyat’]. Era la hija de un compañero del Mesías Prometido (as) Hazrat Maulvi Umar Din Sahib (ra) de Shadiwal, Distrito de Gujrat, quien, basado en un sueño suyo, tuvo el honor de prometer Baiat (juramento de iniciación) al Mesías Prometido en 1903 durante su viaje a Jhelum.
Le sobreviven además de su marido, seis hijos, cinco hijas y numerosos nietos y nietas. Uno de sus hijos, Asif Mahmud Butt Sahib, es misionero de la Comunidad que sirve en Dar es Salaam, Tanzania, y debido a que estaba en la misión, no pudo asistir al funeral ni al entierro de su madre. Uno de sus nietos, Usama Butt, también es misionero sirviendo aquí [en el Reino Unido], al igual que uno de sus yernos (una familia con muchas personas consagradas).
Su hijo, Asif Mahmud Butt Sahib, misionero de la comunidad que sirve en Tanzania, escribe que poseía innumerables virtudes, la más destacada de las cuales era su profunda conexión con Dios. Solía experimentar sueños verdaderos que se cumplían con mucha claridad. Tenía un inmenso amor por el Sagrado Corán, una bendición que heredó de su respetado padre. Todos los días después del Fallr, enseñaba el Sagrado Corán a los niños ahmadíes y no ahmadíes de su vecindario. Le gustaba recitar y escuchar el Sagrado Corán. A veces ella también lo escuchaba de mí, y si yo me detenía (incluso en su vejez) para determinar si era capaz de recordarlo o no, inmediatamente continuaba leyendo las palabras que seguían. Tenía memorizado casi todo el Corán. Solía decir que, aunque había olvidado muchas cosas en su vejez, el Santo Corán permanecía plenamente en su memoria por la gracia de Dios Altísimo.
Tenía un amor extraordinario por los libros del Mesías Prometido (as) y siempre llevaba consigo al menos un libro para leer. De manera similar, estaba profundamente apegada a Durre Samin y Kalam-e-Mahmud y a los poemas de Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) y podía recordar muchos poemas de memoria.
Su yerno, misionero de la Comunidad, Masud Sahib, recuerda que cuando visitó Qadian, ella le aconsejó caminar lo más posible porque el Mesías Prometido (as) caminaba por las calles de Qadian.
¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón, tenga misericordia de ella y acepte sus oraciones que hizo para su descendencia!
La segunda oración fúnebre [en cuerpo ausente] es para el respetado Sheij Bashir Ahmad Sahib de Lahore, quien falleció recientemente a la edad de noventa y siete años:
[Árabe]
[¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!].
Por la gracia de Dios, era “musi”, [formaba parte del sistema “Al-Wasiyat”].
Le sobreviven tres hijos y cinco hijas. Era el hijo menor del difunto Sheij Muhammad Din Sahib, quien sirvió como Mujtar Aam de Sadr Anlluman Ahmadía. También era hermano menor del difunto Sheij Mubarak Ahmad Sahib, ex emir y misionero a cargo de África Oriental, el Reino Unido y Estados Unidos, y del Sheij Nur Ahmad Sahib Munir, un misionero que sirvió en los países árabes.
Era regular en su Tahayud, ayuno y oraciones, muy sociable y poseía altos estándares morales. Fue un trabajador sincero de la Comunidad Ahmadía en Lahore y un miembro activo del distrito Amla bajo Chaudhry Asadul’lah Jan Sahib y Chaudhry Hamid Nasrul’lah Sahib. Durante más de veinte años, sirvió como presidente de su comunidad local, gestionando los asuntos de la Comunidad de manera excepcional. Desempeñó un papel fundamental en la construcción de mezquitas y la adquisición de otras propiedades comunitarias, y participó con entusiasmo en las iniciativas financieras de la Comunidad, animando a sus hijos a hacer lo mismo.
Tenía un vínculo de profunda lealtad con el Jalifat, siempre cumplió con este vínculo e impartía esta guía a sus hijos y parientes cercanos. También he observado que era una persona sumamente humilde y se relacionaba con todos con mucha humildad.
Su hija, Asifa Saidul’lah, recuerda que recitaba el Corán después del Fallr con una voz hermosa y melodiosa, lo que influyó mucho en la educación de todos los niños. Otra hija, que reside localmente, dice que se casó en Rabwah y él le dijo que era muy afortunada de ir al Markaz en Rabwah y oró para que Dios le concediera la capacidad de criar a sus hijos correctamente.
Aunque era un hombre de negocios pero en lugar de centrarse en los asuntos mundanos, priorizó enseñar a sus hijos sobre la fe.
¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón, tenga misericordia de él y acepte sus oraciones que hizo para su descendencia!
