La vida del Santo Profeta (sa)
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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La vida del Santo Profeta (sa)

Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Sermón del viernes 08-08-2025

Después de recitar el Tashahud, el Taawuz y la Surah al-Fatihah, Su Santidad, el Jalifa V del Mesías (aba) dijo:

Antes del Yalsa, se relataron incidentes relacionados con la Conquista de La Meca. Mencioné a algunos de los oponentes más feroces del islam y su posterior aceptación del islam. Hay también más personas.

Uno de ellos es Wahshi bin Harb. Durante la Batalla de Uhud, este mismo individuo martirizó a Hazrat Hamzah (ra) y después de la Conquista de La Meca, huyó a Taif. Cuando la gente de Taif aceptó el islam, él también vino y aceptó el islam.

En Bujari, el incidente de cuando Wahshi aceptó el islam está registrado  con sus propias palabras de la siguiente manera. Relata: “Me quedé en La Meca hasta que el islam empezó a difundirse allí. Luego fui a Taif. La gente envió mensajeros al Santo Profeta (sa) y me dijeron que el Santo Profeta (sa) no confrontaría a estos mensajeros”. Dice: “Salí con ellos hasta que llegué al Santo Profeta (sa). Cuando el Santo Profeta (sa) me vio, me preguntó si yo era Wahshi. Respondí afirmativamente. Ante esto, preguntó: “¿Mataste a Hamzah?”. Le respondí: “Todo lo que le han dicho es correcto”. Entonces el Santo Profeta (sa) dijo: “¿Es posible que me ocultes tu rostro?”. Dice: “Después de estas palabras, abandoné el lugar”. En otras palabras, el Santo Profeta (sa) no quería que mostrara su rostro para que no recordara [esas escenas].

Dice: “Más tarde, cuando el Santo Profeta (sa) falleció y Musailimah Kazzab se rebeló, decidí partir hacia Musailimah  para matarlo y así expiar el asesinato de Hazrat Hamzah (ra)”. Dice: “Salí con gente, y encontró su destino (es decir, fue asesinado). Vi a una persona parada en la grieta de una pared, y parecía parecerse a un camello marrón. Su cabello estaba desordenado”. Era Musailimah Kazzab, a quien había visto de pie allí. Dice: “Lo atravesé con mi lanza y apunté al centro de su pecho hasta que le atravesé los hombros. Entonces, alguien de entre los Ansar saltó y golpeó su cabeza con su espada”. Así fue como lo mataron.

Otra persona fue Sarah, la esclava de Amr bin Hashim. Era cantante. Antes de la Conquista de La Meca, fue al Santo Profeta (sa), le pidió algo y se quejó de su pobreza. El Santo Profeta (sa) dijo: “¿Qué ha pasado con tu canto?” (es decir, cantando ganabas dinero). Respondió: “Desde que los jefes de los idólatras fueron asesinados en la Batalla de Badr, dejaron de escuchar canciones”. El Santo Profeta (sa) le dio una carga de camello llena de grano. Después de esto, regresó a los Quraish. Ibn Jatal le dictaba versos satíricos sobre el Mensajero de Al’lah (sa). A pesar de recibir este regalo, no desistió de su perversa conducta y cantó aquellos poemas satíricos. Esta es la misma persona con quien se encontró la carta de Hazrat Hatib. Aceptó el islam y vivió hasta el Jalifato de Hazrat Umar (ra).

Del mismo modo, se menciona a la esclava de Ibn Jatal, Fartanah, que también solía cantar versos satíricos sobre el Santo Profeta (sa). Había aceptado el islam.

Luego, respecto a la aceptación del islam por parte de Hazrat Hariz bin Hisham, está escrito que él era un jefe conocido de La Meca y hermano paterno de Abu Yahl. La hermana de Hazrat Jalid bin Walid era su esposa. En el momento de la Conquista de La Meca, Abdul’lah bin Abi Rabiah y él entraron en la casa de Hazrat Umm Hani (ra), cuando Hazrat Ali (ra) los perseguía para matarlos. Hazrat Umm Hani (ra) los escondió en su casa y luego fue al Santo Profeta (sa) para decirle que les había concedido protección. El Santo Profeta (sa) le dijo a Hazrat Umm Hani (ra): “A quien tú le hayas otorgado protección, nosotros le hemos otorgado protección”.

Hariz bin Hisham narra: “Nos quedamos en esa casa durante dos días y luego regresamos a nuestras casas. Nos sentábamos en el patio y nadie nos confrontaba, pero teníamos miedo de Hazrat Umar (ra)”. Dice: “¡Por Dios! Estaba sentado en mi puerta envuelto en mi capa cuando de repente Hazrat Umar (ra) llegó con algunos musulmanes. Nos saludaron con un “salam” y pasaron de largo”. Narra: “Sentía vergüenza de que el Santo Profeta (sa) me viera, porque siempre me había visto en compañía de los idólatras. Entonces recordé la piedad, la misericordia y los lazos de parentesco del Santo Profeta (ra). Le saludé mientras entraba en la Mezquita Sagrada. Me recibió con una expresión alegre. Lo saludé con “salam” y recité la Kalimah Shahadah [credo islámico]. El Santo Profeta (sa) dijo: “Todas las alabanzas pertenecen a Al’lah, Quien te ha guiado. ¿Cómo puede alguien como tú permanecer alejado del islam? Hariz dijo: “¡Por Dios! Me he percatado de que uno no puede permanecer alejado del islam”.

De manera similar, está el relato de la aceptación del islam por parte de Suhail bin Amr. También era un jefe de La Meca y el mismo hombre que había venido como representante de los Quraish para concluir el Tratado de Hudaibiyah. Suhail bin Amr narra: “Cuando el Santo Profeta (sa) entró en La Meca y obtuvo la victoria, entré en mi casa y cerré la puerta. Envié a mi hijo, Hazrat Abdul’lah, al Santo Profeta (sa) para que solicitara protección para mí de parte de Muhammad (sa). Tenía miedo de que me mataran”.

Hazrat Abdul’lah se presentó ante el Santo Profeta (sa) y dijo: “¡Oh, Mensajero de Al’lah (sa)! Mi padre busca tu protección”. Aunque al pueblo de La Meca ya se le había concedido una amnistía general y seguridad, éstos eran los “aimmah al-kufr” (líderes de la incredulidad) que habían sido oponentes tan feroces, que no podían sentirse tranquilos y no podían imaginarse que los dejaran en paz. En su ignorante modo de pensar, siempre temieron que se tomara venganza contra ellos. Por esta razón, Suhail envió a su hijo una vez más al Santo Profeta (sa).

El Santo Profeta (sa) dijo: “Muy bien, está a salvo bajo la protección de Al’lah. Que salga abiertamente (es decir, que camine libremente sin temor)”. Luego el Santo Profeta (sa) dijo a los Compañeros que lo rodeaban: “Quienquiera de vosotros que se encuentre con Suhail no debe mirarlo con dureza. Un hombre de entendimiento y honor como Suhail no puede permanecer alejado del islam por mucho tiempo. Se ha percatado que el estado en el que se encontraba no le producía ningún beneficio (es decir, el estado de incredulidad).

Hazrat Abdul’lah regresó con su padre y le transmitió el mensaje del Santo Profeta (sa). Suhail respondió: “¡Por Dios! Fue misericordioso en su juventud, y es misericordioso incluso ahora en esta edad (es decir, Muhammad [sa])”. Después de eso, Suhail iba y venía en paz. Incluso había participado en la batalla de Hunain en estado de incredulidad, participando junto a los musulmanes pero sin aceptar aún el islam. En el viaje de regreso de Hunain, aceptó el islam en un lugar llamado Yiranah, situado a unos 27 kilómetros de La Meca en el camino a Taif, donde hay un pozo.

Después de aceptar el islam, se produjo en él una notable transformación espiritual. Se registra que entre los jefes de los Quraish que aceptaron el islam en la Conquista de La Meca, ninguno superó a Suhail en la devoción a la oración y el ayuno o en dar caridad. Era conocido por su llanto abundante y a menudo sollozaba mientras recitaba el Corán.

Hazrat Abu Bakr (ra) relata:

“Vi durante la Peregrinación de la Despedida que Suhail bin Amr estaba de pie en el lugar del sacrificio, acercando el animal de sacrificio hacia el Mensajero de Al’lah (sa). El Mensajero de Al’lah (sa) lo degolló con su propia mano bendita. Luego llamó al peluquero y le afeitaron la cabeza. Vi a Suhail tomar el cabello bendecido del Santo Profeta (sa) y llevándoselo en los ojos”. El cabello que el Santo Profeta (sa) había afeitado cayó en las manos de Suhail, y él lo tocaba con sus ojos.

Luego dice: “En ese momento, recordé que este era el mismo Suhail quien, en el momento del Tratado de Hudaibiyah, había impedido que el Santo Profeta (sa) escribiera “Bismil’lahir Rahmanir Rahim” [En el nombre de Al’lah, el Más Clemente, Siempre Misericordioso] al comienzo del acuerdo, y quien se había opuesto a que la palabra ‘Mensajero’ se escribiera después del nombre Muhammad. Se negó a comenzar a redactar el tratado hasta que se borraran las palabras “Mensajero de Dios”.

Hazrat Abu Bakr (ra) dice entonces: “Alabé y glorifiqué a Dios Altísimo, que había guiado a Suhail hacia el islam y, tras concederle la guía, le había permitido alcanzar tales cotas de sinceridad y lealtad”.

También se registra otro logro notable de Suhail bin Amr. Se dice que Suhail era un poderoso orador de los Quraish. Durante la batalla de Badr, cuando aún era un incrédulo, fue hecho prisionero por los musulmanes. Se había hecho una marca en los labios. En esa ocasión, Hazrat Umar (ra) le sugirió al Mensajero de Dios (sa):

“¡Oh, Mensajero de Dios! Quite los dos dientes frontales donde ha hecho esta marca. Nunca más podrá ponerse de pie y pronunciar un discurso en su contra (quítele los dientes, porque sin ellos en la boca no podrá hablar correctamente)”.

El Santo Profeta (sa) respondió: “¡Oh, Umar! Déjalo. Es probable que algún día se encuentre en una posición tal que usted lo alabe”. Hazrat Umar (ra) deseaba que se le castigara, pero el Santo Profeta (sa) dijo: “¡No! No digas nada. Llegará un momento en el que se pondrá en un lugar y dirá algo que te hará alabarlo”.

Dice: “En cualquier caso, ese momento llegó cuando falleció el Mensajero de Dios (sa)”. El pueblo de La Meca quedó conmocionado. Cuando los Quraish vieron que el pueblo de La Meca se estaba alejando del islam, y Hazrat Attab bin Asid Umawi -que había sido nombrado por el Santo Profeta (sa) gobernador del pueblo de La Meca- se ocultó debido al deterioro de la situación, Suhail bin Amr se levantó y se dirigió al pueblo diciendo:

“¡Oh, pueblo de Quraish! Fuisteis los últimos en abrazar el islam, no seáis los primeros en abandonarlo. ¡Por Dios! Esta fe se extenderá igual que el Sol y la Luna se extienden desde su salida hasta su puesta”.

Suhail pronunció entonces un largo discurso que causó tal impacto en los corazones de los habitantes de La Meca que se detuvieron. Hazrat Attab bin Asid, que se había escondido, fue llamado de vuelta, y los Quraish permanecieron firmes en el islam.

En cuánto a la aceptación del islam por parte de Hazrat Utbah y Hazrat Mu’attib, Hazrat Abbas (ra) narra:

“Cuando el Santo Profeta (sa) entró en La Meca el día de la Conquista, me dijo: “¿Dónde están tus sobrinos, los hijos de Abu Lahab, Utbah y Mu’attib?. No los he visto. ¿Dónde están?”. Hazrat Abbas respondió: “Están recluidos como el resto de los idólatras”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Tráiganmelos”. Hazrat Abbas (ra) subió a su montura y se dirigió a Urnah, un valle cercano a Arafat, y los trajo de vuelta. El Santo Profeta (sa) los invitó al islam, y ambos lo aceptaron y juraron lealtad. Entonces, el Santo Profeta (sa) se levantó, los tomó de la mano y los llevó al Multazim, la parte del muro de la Kaaba entre la Piedra Negra y la puerta de la Kaaba, un lugar donde es “sunnah” aferrarse y suplicar, y donde las oraciones son especialmente aceptadas. Allí, rezó un rato y luego regresó. La alegría se reflejaba claramente en su rostro bendito. Hazrat Abbas dijo: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa), que Dios le mantenga feliz! Puedo ver los signos de la felicidad en su rostro”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Le había pedido a mi Señor que guiara a los dos hijos de mi tío, y Él me ha concedido este favor”.

También está la historia de la conversión al islam de Safwan bin Umayyah. Safwan bin Umayyah era hijo de Umayyah bin Jalaf, un jefe tribal de La Meca. Durante la Era de la Ignorancia, formaba parte de la nobleza de los Quraish y era uno de sus oradores más elocuentes. También era un acérrimo enemigo del islam y uno de los que infligieron un gran sufrimiento a los musulmanes en La Meca. Después de la batalla de Badr, incluso conspiró para asesinar al Santo Profeta (sa) e instigó a su amigo Umair bin Wahb a llevar a cabo este plan.

Aunque el nombre de Safwan no figuraba en la lista de los que iban a ser ejecutados tras la Conquista de La Meca, huyó asustado pensando que lo iban a matar. Huyó hacia Yeddah y el mar Rojo. Umair bin Wahb, su amigo íntimo, ya se había convertido al islam. Era el mismo Umair al que Safwan había enviado una vez a Medina, diciéndole: “Si matas a Muhammad (sa), yo me haré totalmente responsable del bienestar de tu familia”. Sin embargo, cuando Umair llegó a Medina, el Santo Profeta (sa) se enteró milagrosamente de todo su plan, y al presenciar este milagro, Umair abrazó inmediatamente el islam.

Ahora bien, en el momento de la Conquista de La Meca, Umair anhelaba que su amigo Safwan también aceptara el islam y estaba profundamente preocupado por él. Se acercó al Santo Profeta (sa) y le dijo: “¡Oh, Mensajero de Dios (sa)! Safwan es el jefe de mi pueblo. Ha huido por miedo a Usted. Por favor, concédale el indulto”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Se le ha concedido protección”. Umair pidió: “Por favor, deme alguna señal con la que pueda demostrarle que la protección proviene realmente de Usted”. El Santo Profeta (sa) se quitó su propio turbante y se lo entregó.

Hazrat Umair partió y finalmente alcanzó a Safwan, que estaba a punto de embarcar en un barco.  Le dijo: “Vengo de entre las personas más puras, las que mantienen los lazos familiares más fuertes. No te destruyas a ti mismo. Te traigo la garantía personal de seguridad del Santo Profeta (sa)”. Safwan respondió: “No volveré contigo a menos que me muestres alguna señal suya que yo pueda reconocer”. Umair le mostró el turbante del Santo Profeta (sa). Safwan regresó entonces con Umair y se presentó ante el Santo Profeta (sa), que se encontraba en la mezquita dirigiendo la oración del Asr con sus Compañeros.

Cuando el Santo Profeta (sa) terminó la oración, Safwan gritó en voz alta: “¡Oh, Muhammad (sa)! Umair vino a mí con su turbante afirmando que me había concedido protección”. El Santo Profeta (sa) respondió: “En efecto, es cierto”. Safwan dijo: “Concédame un plazo de dos meses, pues aún no estoy preparado para aceptar el islam”. El Santo Profeta (sa) respondió: “Se te conceden cuatro meses”. Espero que aceptes el islam. Así que Safwan permaneció en La Meca en un estado de incredulidad.

Más tarde, cuando el Santo Profeta (sa) se encontraba en Hawazin distribuyendo el botín de guerra de la batalla de Hunain y Ta’if, se fijó en que Safwan contemplaba fijamente un valle lleno de ganado. Lo miraba constantemente. Al observar a Safwan contemplando este valle repleto de botín, el Santo Profeta (sa) le preguntó: “¿Te sorprende este valle lleno de riquezas (que haya tanta riqueza en él)?”. Safwan respondió: “Sí”. El Santo Profeta (sa) dijo: “Todo ello, y todo lo que hay en él, es tuyo. Tómalo”. Safwan se apoderó de todo el botín del valle y declaró: “Ningún ser humano podría ser tan generoso como un profeta. Testifico que no hay más dios que Al’lah, y que Muhammad (sa) es Su siervo y Mensajero”. Y en ese mismo momento, aceptó el islam.

Safwan falleció en La Meca en el año 42 d. H., durante el Jalifato de Hazrat Mu‘awiyah. Algunos dicen que fue martirizado durante los disturbios que tuvieron lugar en el momento del martirio de Hazrat Uzman (ra).

Muchos de los jefes tribales que aceptaron el islam cuando se produjo la Conquista de La Meca experimentaron una notable transformación espiritual en sus vidas posteriores.

Hazrat Musleh Maud (ra), refiriéndose a esto, escribe:

“Una vez, durante su Jalifato, Hazrat Umar (ra) visitó La Meca. Las figuras prominentes de la ciudad, procedentes de familias prestigiosas, acudieron a recibirlo. Supusieron que, dado que Hazrat Umar (ra) conocía su noble linaje y ahora él mismo era un rey, les mostraría un honor especial y les devolvería su antigua gloria.

Así, acudieron a Hazrat Umar (ra) y comenzaron a conversar con él. Mientras hablaban con él, Hazrat Bilal (ra) entró en la reunión. Poco después, llegó Hazrat Jabab (ra). Uno tras otro, los primeros conversos -la mayoría de los cuales habían sido esclavos- comenzaron a entrar. Eran las mismas personas que en otro tiempo habían servido a estos jefes o a sus padres como sirvientes (en cualquier caso, como ya he mencionado, todas estas personas que vinieron eran esclavas de estos jefes tribales). Durante su época de poder, la élite de los Quraish les había infligido crueldades indescriptibles.

Con la llegada de cada uno de estos antiguos esclavos, ahora honorables y respetados, Hazrat Umar (ra) los saludaba respetuosamente. Hazrat Musleh Maud (ra) escribe que recibió a cada uno de ellos como si fueran dignatarios. Mientras tanto, los jefes de La Meca estaban sentados al frente en la reunión. Hazrat Umar (ra) comenzó a pedirles que se apartaran para dejar espacio a estos nobles primeros musulmanes según iban llegando. Poco a poco, los jefes fueron retrocediendo, hasta tal punto que acabaron sentándose en la misma entrada de la sala.

En aquellos días, no había grandes salones, solo habitaciones pequeñas, y como no cabían todos, se pidió a estos jefes que se sentaran tan atrás que tuvieron que sentarse entre los zapatos.  Cuando los jefes de La Meca se encontraron sentados entre los zapatos y vieron con sus propios ojos cómo se presentaba uno tras otro a los antiguos esclavos mientras ellos quedaban apartados en la parte de atrás, se sintieron profundamente humillados. Hazrat Musleh Maud (ra) escribe que, por obra de Dios Altísimo, sucedió que, uno tras otro, llegaron compañeros que en otro tiempo habían sido esclavos de los jefes de La Meca. Si se hubiera pedido a todos los jefes de la tribu a la vez que se retiraran, es posible que no se hubieran dado cuenta de ello. Sin embargo, como les dijeron repetidamente que se alejaran cada vez más, no pudieron soportarlo y salieron fuera.

Afuera, comenzaron a quejarse entre ellos: “¡Mirad la humillación que hemos sufrido hoy! Cada vez que entraba un antiguo esclavo, nos obligaban a retroceder, hasta que acabamos sentados entre los zapatos”. En ese momento, uno de los jóvenes dijo: “¿De quién es la culpa? ¿Es de Umar? ¿O es culpa de nuestros antepasados? Si lo pensáis bien, os daréis cuenta de que no es culpa de Hazrat Umar, sino de nuestros antepasados, y hoy estamos sufriendo las consecuencias. Cuando Dios envió a Su Mensajero (sa), nuestros antepasados lo rechazaron, mientras que estos mismos esclavos creyeron en él y aguantaron todas las dificultades con alegría. Hoy, si somos humillados en esta sesión, no es por culpa de Umar, sino por nuestros propios errores”.

Al oír esto, los demás dijeron: “¡Está bien! Aceptamos que esto es consecuencia de los errores de nuestros antepasados. ¿Pero hay alguna forma de eliminar esta mancha de humillación?”. Tras una consulta mutua, decidieron preguntarle al propio Hazrat Umar, ya que no se les ocurría nada. Volvieron a él y le dijeron: “Usted sabe muy bien lo que nos ha sucedido hoy, al igual que nosotros”. Hazrat Umar respondió: “Perdónadme, porque hice lo que debía hacer. Estas son las mismas personas que eran honorables en las reuniones del Santo Profeta (sa). Quizás, en algún momento, fueron vuestros esclavos, pero en compañía del Santo Profeta (sa) fueron respetados. Por lo tanto, era mi obligación honrarlos”. Respondieron: “Somos conscientes de que esto es consecuencia de nuestros propios errores. Sin embargo, ¿hay alguna forma de eliminar esta humillación?”.

Hazrat Musleh Maud (ra) dice:

“Hoy en día no podemos comprender plenamente el alcance de la influencia de aquellos jefes de La Meca en aquella época. Sin embargo, Hazrat Umar (ra) conocía íntimamente la historia de su familia, ya que había nacido y se había criado en La Meca. Conocía el honor, el respeto y el prestigio que inspiraban los padres de estos jóvenes, y sabía que nadie podía siquiera levantar la vista en su presencia. Era consciente del temor reverencial que inspiraban.

Cuando estos jefes dijeron estas cosas, los recuerdos del pasado inundaron la mente de Hazrat Umar uno tras otro. Simplemente levantó la mano al no poder hablar y señaló hacia el norte con el dedo. Su gesto daba a entender: “Se están librando algunas batallas en el norte, en Siria. Uníos a esas batallas, tal vez así podáis expiar vuestra culpa”. Entendieron el mensaje, se levantaron y partieron de inmediato para unirse a las campañas en curso.

La historia registra que ni uno solo de esos nobles jóvenes regresó con vida: todos murieron como mártires en el campo de batalla. Todos ellos alcanzaron el martirio y, de este modo, borraron la mancha de la deshonra de sus apellidos mediante el martirio.

Se menciona que en la batalla de Yarmuk, los jefes tribales demostraron una valentía y devoción dignas de elogio.

Hazrat Musleh Maud (ra), afirma:

Se menciona que en la batalla de Yarmuk, los jefes tribales demostraron una valentía y devoción dignas de elogio. Cuando terminó la batalla, los musulmanes buscaron especialmente a Ikrimah y a sus compañeros. ¡Qué vieron! Que habían doce heridos entre ellos, y uno de ellos era Ikrimah que estaba atrás. Un soldado musulmán se acercó a él y encontró a Ikrimah en un estado muy grave. Dijo: “¡Oh, Ikrimah! Tengo un odre de agua; toma, bebe un poco de agua”. Ikrimah volvió la cabeza y vio que justo a su lado yacía herido Hazrat Fadl (ra), hijo de Hazrat Abbas (ra). Ikrimah le dijo al musulmán: “Mi orgullo no puede soportar que las personas y sus descendientes que ayudaron al Santo Profeta (sa) en un momento en el que yo todavía me oponía firmemente a él, mueran de sed mientras yo bebo agua y sigo vivo (una nueva pasión por sacrificarse por los demás había surgido en su interior). Primero, dale agua a él (Hazrat Fadl bin Abbas) y luego, si queda agua, traémela”.

El musulmán acudió a Hazrat Fadl (ra), quien señaló a la persona herida que estaba a su lado y le dijo: “Dale el agua primero a él”. Él lo merece más que yo. Se dirigió a la siguiente persona herida, que señaló a la persona herida que estaba a su lado y le dijo: “Dale el agua primero a él”. Lo merece más que yo. Del mismo modo, cada soldado al que acudía lo enviaba al siguiente, negándose a beber el agua. Cuando llegó al último soldado herido, ya había fallecido. Volvió hacia atrás hasta llegar a Ikrimah, pero para entonces todos habían fallecido.

El Santo Profeta (sa) nombró a varios enviados y les encomendó la tarea de invitar hacia  Dios y destruir algunos de los principales ídolos. Esto se ha registrado de la siguiente manera.

Tras la Conquista de La Meca, el Santo Profeta (sa) envió representantes a diversos lugares. En principio, estos enviados no tenían como objetivo la batalla o la guerra. Su propósito era difundir el mensaje que llamaba a Dios y destruir los ídolos que se habían construido en ciertas zonas, que habían servido de obstáculo para aceptar la Unicidad de Dios, ya que su miedo ficticio y inventado se había arraigado en los corazones de las personas. Este concepto les impedía aceptar al Único Dios Verdadero.

La mayoría de los árabes veneraban a tres ídolos o diosas, a saber, Lat, Manat y Uzza. La diosa Lat se encontraba en Taif y era honrada y venerada en toda Arabia. La gente tomaba su nombre para jurar y le ofrecían sacrificios. Amr bin Luhay, considerado el fundador del culto a los ídolos en Arabia, había hecho creer a la gente que, Dios no lo quiera, Al’lah Altísimo iba a Lat en Taif durante el invierno y pasaba los veranos con Uzza. Manat era el ídolo más antiguo de los árabes, situado en la antigüedad a orillas del mar en Qudaid, entre La Meca y Medina. Los árabes la honraban y le ofrecían sacrificios. Las tribus Aus y Jazrall la veneraban hasta tal punto que entraban en estado de “ihram” invocando el nombre de Manat. Por respeto hacia ella, ni siquiera corrían entre los montes Safa y Marwah. No se afeitaban la cabeza cuando realizaban la peregrinación, sino que se detenían en Manat a la vuelta, donde se afeitaban la cabeza, permanecían allí, y no considerarían completa su peregrinación sin hacer esto.

Uzza era el ídolo más importante de los Quraish, construido cerca de Najlah. Habían creado un altar para ello donde ofrecían sus sacrificios. Le ponían su nombre a su gente y juraban por ella. Amr bin Luhay, considerado por los árabes como el fundador del culto a los ídolos, había arraigado tan firmemente las creencias erróneas sobre los ídolos en los corazones de las personas, que estas les temían mucho y los veneraban enormemente, como mencioné anteriormente. Pensaban, Dios no lo quiera, que Al’lah Altísimo pasaría diferentes estaciones del año con cada uno de estos ídolos. Estos conceptos desarrollaron el honor de la diosa Uzza entre la gente hasta tal punto que, al igual que llevaban regalos y ofrendas a la Kaaba, también los llevaban a Uzza. Este es el mismo ídolo cuyo nombre invocó Abu Sufyan, celebrando la victoria durante la batalla de Uhud, cuando dijo:

[Árabe]

“Nosotros tenemos a Uzza, y vosotros no tenéis a Uzza”.

Así, los árabes veneraban a estos tres ídolos, mientras que Uzza era especial para los Quraish, Lat era especial para los Banu Zaqif y Manat era especial para los Aus y los Jazrall.

Según la concepción de los árabes, estos tres ídolos eran mujeres o diosas. Al mencionar estos tres, el Sagrado Corán afirma:

[árabe]

“Ahora háblame de Lat y Uzza, y Manat, la tercera, ¡otra diosa! ¡Qué! ¿Para vosotros los varones y para Él las hembras? Sería un reparto injusto. No son sino nombres que habéis puesto, vosotros y vuestros padres, a los que Al’lah no ha conferido ninguna autoridad’. No siguen más que conjeturas y lo que sus almas desean, mientras que ya les ha llegado la guía de su Señor (pero aún no comprenden)”.

Como se mencionó anteriormente, inmediatamente después de la Conquista de La Meca, el Santo Profeta (sa) ordenó la demolición de las casas de ídolos para eliminar el falso temor y la reverencia que la gente había desarrollado hacia ellos. Esta sabia decisión resultaría bendita, porque con la destrucción de estos ídolos, se eliminó el falso temor y la admiración que la gente sentía por ellos, y la gente llegó a creer que solo el concepto del Dios Único es verdadero, tal como lo presentó el Santo Profeta (sa).

Presentaré algunos incidentes en el futuro, si Dios quiere, sobre cómo se destruyeron estos ídolos y cómo se demolieron estos lugares, la reacción ante todo esto y si hubo o no oposición.

Después de la oración del viernes, dirigiré dos oraciones fúnebres en cuerpo ausente. Una es la del respetado Chaudhary Abdul Ghafur Sahib, hijo de Chaudhary Ghulam Qadir Sahib de Yamshoro, Hyderabad. Ha fallecido recientemente a la edad de 92 años.

[Árabe – ¡Ciertamente a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!].

Provenía de una familia de terratenientes. A principios del siglo XX, se mudó de Bagodakot a Kot Ahmadía. Por amor a la Comunidad y al Jalifato, su padre lo envió a Qadian en 1942 para obtener una educación religiosa y secular superior. Chaudhary Sahib estudió allí hasta su migración a Pakistán y se benefició de la compañía de los ancianos y compañeros del Santo Mesías Prometido (as). Tras llegar a Pakistán, Chaudhary Ghafur Sahib completó su educación en Chiniot y Rabwah. Posteriormente, obtuvo su título de ingeniero mecánico en Karachi.

Se jubiló en 1993, tras lo cual dedicó su vida al servicio de la fe. Tuvo la oportunidad de servir en un proyecto en Uganda durante dos años.

Fue un valiente hijo del Ahmadíat. Tenía un gran corazón para servir a la humanidad. Intentaba ayudar a quienes lo necesitaban económicamente sin discriminación. Estuvo a la vanguardia de los sacrificios financieros. Sirvió como Qaid de su zona y prestó servicios bajo el mando de Ansarul’lah. Se desempeñó durante mucho tiempo como Secretario Umur Amma para Hyderabad. Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) lo nombró Emir Regional de Nawab Shah y Naushahro Feroze, responsabilidad que asumió con gran esfuerzo.

El fallecido era “musi” [integrante del sistema de Al-Wasiyat]. Le sobreviven tres hijos y cinco hijas.

Una de sus hijas, Humairah Sahiba, afirma que solía considerar el servicio a la humanidad como su cuenta bancaria y lo consideraba una forma segura de alcanzar la complacencia de Dios Altísimo. A través de él, se satisfacían las necesidades de muchos ahmadíes y no ahmadíes. Sin discriminación, atendía las necesidades económicas de viajeros, enfermos y desamparados, y les proporcionaba grandes sumas. Su pasión por ofrecer sacrificios financieros por la Comunidad era prominente.  Cuando Hazrat Jalifatul Masih III (rh) anunció una campaña financiera para celebrar el centenario, aceptó de inmediato y vendió su casa en Rabwah al día siguiente, donando la totalidad del dinero a la campaña.

En 1966, cuando Hazrat Jalifatul Masih III (rh) visitó Sindh tras convertirse en Jalifa, también visitó su hogar en Kot Ahmadía, Hyderabad. Cuando se construía el Qasr-e-Jilafat en Rabwah en 1981, el gobierno lo envió a un proyecto en África, lo cual fue una excelente oportunidad para él. Cuando fue a consultar con Hazrat Jalifatul Masih III (rh), le indicó que no fuera y que, en su lugar, supervisara la colocación del techo y otros elementos del Qasr-e-Jilafat que se estaba construyendo. Por lo tanto, al día siguiente, se dedicó a la obra y permaneció allí. Sin embargo, Dios Altísimo también le recompensó. Posteriormente, al regresar al finalizar su compromiso, recibió el mismo contrato del gobierno. Decía que esto sucedió únicamente gracias a las bendiciones del Jalifato.

Tenía una estrecha relación con Hazrat Jalifatul Masih III (rh) y Hazrat Jalifatul Masih IV (rh), quienes también visitaban su hogar. De igual manera, cuando estuve en Pakistán, también tuve la oportunidad de visitar su hogar y alojarme allí. Era muy hospitalario. De hecho, una vez tuve que viajar a Sindh de noche, en un momento en que las condiciones no eran muy buenas. Dijo que me llevaría. Hubo un aguacero torrencial y las calles se inundaron. Sin embargo, me llevó y llegamos a nuestro destino por la noche. Le dije que debía pasar la noche allí y regresar por la mañana, y que no debía ir solo. Sin embargo, insistió, volvió a su coche y emprendió el regreso esa misma noche. Era muy valiente y atrevido.

Sus servicios a los ahmadíes encarcelados por la causa de Al’lah eran verdaderamente encomiables. Visitaba personalmente las cárceles, se comunicaba con las autoridades y se encargaba de que los presos recibieran las instalaciones necesarias. Su corazón estaba lleno de una extraordinaria pasión por servir a la humanidad. Era profundamente considerado con sus parientes cercanos y su hija dice que prestó gran servicio a los pobres y necesitados.

Sentía un profundo amor por la institución del Jalifato. Siempre estaba dispuesto a responder a cualquier llamada del Jalifa de la Época. El tema del Jalifato era un tema recurrente en sus conversaciones diarias. Incluso sus conocidos no ahmadíes hablaban con frecuencia de su rectitud y reconocían el impacto positivo y virtuoso que tenía en ellos.

Tenía un amplio círculo de amigos no ahmadíes y era ampliamente reconocido en todas partes como un devoto ahmadí. Mantenía relaciones cordiales con muchos altos funcionarios del gobierno y prominentes familias políticas de Sindh. Con frecuencia les presentaba el Sagrado Corán publicado por la Yamaat y los introducía abiertamente a sus enseñanzas. Siempre que era posible, también los llevaba a Rabwah.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia, y permita a su progenie continuar con sus buenas acciones!

La segunda mención es del respetado Muhammad Ali Sahib, de Chak 275, Kartarpur, Faisalabad, quien falleció recientemente a la edad de setenta años.

[Árabe] ¡En verdad a Al’lah pertenecemos y a Él volveremos!

Por la gracia de Dios, era “musi”, [formaba parte del sistema “Al-Wasiyyat”]. Le sobreviven tres hijos y cinco hijas. Uno de sus hijos es misionero y sirve en Lusaka, Zambia, y no pudo asistir al funeral debido a su participación en el Yalsa Salana UK.

[Su hijo] Tahir Ahmad Saifi Sahib, misionero, afirma que Ahmadíat entró en la familia de su padre durante los primeros días del Segundo Jalifato, cuando su abuelo, Musa Sahib, aceptó el Ahmadíat y se unió a la Yamaat.

El difunto era asiduo a la oración y el ayuno, y ofrecía regularmente la oración de Tahayyud. Poseía un carácter alegre y bondadoso, tenía una voz dulce, sociable y profundamente dedicado al servicio de la humanidad. Siempre trataba a los demás con calidez y respeto, y era una persona extremadamente piadosa y sincera. Tenía un profundo amor por el Jalifato. Para cualquier asunto, escribía al Jalifa de la Época pidiendo oraciones.

Participaba discreta pero sinceramente en la Yamaat y en las actividades religiosas, y contribuía económicamente en la medida de sus posibilidades. Cuando se fundó MTA, no tenía televisor. Sin embargo, en cuanto MTA empezó a transmitir, compró uno de inmediato para poder escuchar la voz del Jalifa en directo.

Su hijo dice: “No recuerdo ni una sola llamada o súplica del Jalifa que mi padre no respondiera con entusiasmo”.

Trataba a los no ahmadíes con amabilidad y compasión. Mientras trabajaba en una fábrica, ayudó a muchos no ahmadíes a conseguir empleo allí. Sin embargo, como suele ocurrir, algunos de ellos no tuvieron la decencia de apreciar esta amabilidad.  Influenciados por otros, presentaron denuncias en su contra y presionaron a la gerencia para que le despidieran. Finalmente fue destituido de su cargo.

A pesar de esta injusticia, permaneció en silencio y no armó alboroto. En cambio, presentó su asunto ante Al’lah en oración. Poco después, el dueño de la fábrica lo llamó y lo reincorporó al mismo puesto. Sin embargo, continuó tratando con amabilidad incluso a quienes le habían hecho perjudicado y continuó ayudándolos en su trabajo.

Se dice que fue esta conducta moral ejemplar, más que la predicación verbal, lo que inspiró a ocho personas de la ciudad de Faisalabad a aceptar el Ahmadíat.

¡Que Dios Altísimo le conceda Su perdón y misericordia, y permita a su progenie continuar con sus buenas acciones!

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