Personas ejemplares
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Personas ejemplares

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Pronunciado en la Mezquita Mubarak, Islamabad, Tilford, Surrey, Reino Unido.

Después de recitar el Tashahhud, el Ta’awwuz y el Surah Al-Fatihah, Hazrat Jalifatul Masih V (aba) dijo:

Hoy deseo hablar sobre algunos miembros que han fallecido recientemente. Todos ellos tenían diferentes profesiones y actividades, y poseían diferentes niveles educativos. Sin embargo, una cosa común entre todos ellos es que honraron su Bai’at (pacto de lealtad) y dieron prioridad a su fe sobre las cosas mundanales, de acuerdo con sus respectivas capacidades. Hicieron justicia a la promesa del bai’at que hicieron con el Mesías Prometido (as) y tuvieron una relación con el Jalifato Ahmadía basada en una completa lealtad y sinceridad. También cumplieron con los derechos correspondientes a la creación de Dios. A través de su conducta, demostraron que eran la verdadera encarnación física de la bella imagen del islam, para lo cual Dios Altísimo envió al Ardiente Devoto (el Mesías Prometido -as) del Santo Profeta (sa). He dicho que tenían una cosa en común, pero en realidad todos ellos poseían muchas otras cualidades.

Después de escuchar sus historias, uno tiene la certeza de que, en esta era, solo al unirnos al Mesías Prometido (as), podremos aprender las verdaderas formas de conectarnos con Dios y, de hecho, las conocemos. Uno obtiene la certeza completa de que Dios Altísimo es un Dios Vivo y se logran alcanzar los más altos estándares de sumisión a Él.

Uno de los miembros fallecidos de los que voy a hablar es Zulfikar Ahmad Damanik Sahib, que trabajaba como misionero regional en Indonesia. Falleció el pasado 21 de abril, a la edad de 42 años.

“Ciertamente todos venimos de Al’lah y hacia Él será el retorno”.

Nació en el norte de Sumatra, el 24 de mayo de 1978. El nombre de su padre es Shahrol Damanik y el nombre de su abuelo paterno es Shahnur Damanik. El Ahmadiat entró en su familia a través de su abuelo paterno, quien realizó el Bai’at en 1940 a través de Maulana Zaini Dahlan Sahib.

El difunto misionero, Zulfikar Sahib, estudió en la Yamia Ahmadía (escuela de formación de misioneros) de Indonesia, desde 1997 hasta 2002. En aquellos días el curso era de pocos años. Luego tuvo la oportunidad de servir como misionero de la Comunidad en varios lugares durante 18 años. Sirvió como misionero en distintos sitios. Deja a su esposa, la respetada Maryam Siddiqah Sahiba y cuatro hijos: Jazib, Aisha Jaula, Jairah Fatimah y Jaisharah Nasirah. Su hijo tiene 15 años, mientras que la hija más joven tiene ocho meses. Todos ellos son parte del esquema de Waqf-e-Nau (hijos dedicados al servicio de la religión).

Mi’rall Din Sahib, uno de nuestros misioneros de Indonesia, escribe:

“Zulfikar Sahib era un misionero muy exitoso y trabajador. A dondequiera que fuese asignado, hacía tarbiyyat (educación moral), establecía contactos y realizaba diversas tareas de tabligh (predicación) con la mayor diligencia. Hablaba en tono suave con todo el mundo y mantenía una relación amistosa con todos. Cada vez que se encontraba con alguien, lo saludaba con una sonrisa. Nunca hizo demanda alguna, en cambio aconsejaba a la gente a que rezara”. Esta es la esencia de la vida de un Waqf-e-Zindagi (consagrado de por vida) y deben tratar de adoptarla. Siempre que necesiten algo, deben pedirle a Dios Altísimo y nunca hacer demandas. Esta es una cualidad extremadamente importante, que todo consagrado de por vida debe tratar de adoptar.

Por la gracia de Dios Altísimo, el fallecido se encontraba entre los misioneros que tuvieron el honor de lograr una gran cantidad de Bai’ats (conversiones). Por eso también pudo asistir al Yalsa Salana (convención anual) de Londres en 2018, como parte de la delegación de la Yama’at (de Indonesia). El fallecido siempre llevaba a cabo su trabajo de campo con una planificación excelente y como resultado de ello obtenía éxito dondequiera que iba.

Asif Muin Sahib, que es misionero, mencionando sus cualidades, escribe:

“Poseía muchas buenas cualidades. Era una persona extremadamente virtuosa; era sincero y obediente. Estuvo enfermo durante un largo periodo de tiempo, pero incluso durante los días de su enfermedad, dio prioridad al servicio de la Yama’at. El fallecido estaba sirviendo como misionero regional en la provincia de Riau”.

Asif Sahib continúa diciendo:

“Fui a visitarlo… (de hecho, Asif Sahib tuvo la oportunidad de trabajar bajo su mando y tener su confianza para realizar trabajos, cosa que hizo con un excelente sentido de liderazgo). Había establecido fuertes lazos con diversas organizaciones del gobierno y la provincia, por lo que tuvo la oportunidad de dar conferencias en varias universidades, en numerosas ocasiones. Aparte de esto, estableció contacto con un gran número de personas de ‘la generación perdida’ de la provincia y les introdujo otra vez en la Yama’at. Estableció un proyecto como éste a lo largo de toda la provincia. Pudo restablecer una Yama’at local en Senggigi, después de aproximadamente veinte años.

Para establecer contacto con ‘la generación perdida’, como se la conoce allí, tuvo que viajar en barco a pequeñas islas. El viaje entre una isla y la otra era de aproximadamente 2 – 2.5 horas. A pesar de estar enfermo, hizo el esfuerzo y solía decir que mientras tuviera dentro de sí la fuerza para servir, continuaría sirviendo hasta su último aliento. Como resultado de estos viajes, cuatro familias entraron en el redil del Ahmadiat, por la gracia de Dios Altísimo.

El fallecido recibía tratamiento de diálisis en el hospital. Incluso en esta condición, asistió a una reunión local. Cuando un jadim [joven áhmadi] le preguntó por qué se tomaba tantas molestias, respondió que mientras tuviera vida dentro de sí, intentaría asistir a todos los programas de la Yama’at. Y dijo que, incluso si estaba enfermo, su deseo era permanecer siempre comprometido en el servicio de la fe”.

Esta es la pasión y la dedicación que todos los devotos deben adoptar. No debería darse el caso de que ante la más mínima preocupación uno empiece a quejarse como lo hacen algunas personas.

Muzaffar Ahmad Sahib, quien también es misionero allí, escribe:

“Tuve la oportunidad de estudiar junto a él en Yamia. La última vez que lo vi fue en Qadián, (es decir, fue a Qadián con él; de hecho, es posible que fueran este año pasado). Antes de viajar a Qadián, cuando el fallecido estaba muy enfermo, rezaba: ¡Oh Al’lah, dame vida para poder visitar Qadián a lo largo de mi vida! Él solía decir que Dios Altísimo le había permitido realizar Umrah en la Casa de Al’lah, que había tenido la oportunidad de conocer al Jalifa de la época y ahora su único deseo era visitar Qadián”. Así pues, por la gracia de Al’lah, Él también cumplió este deseo suyo y Dios le otorgó la oportunidad de visitar Qadián. El Yalsa de Qadián (reunión anual) no se realizó este año pasado, pero ellos ya habían llegado allí antes de la prohibición. Por tanto, tuvieron la oportunidad de hacer sus oraciones con más independencia.

Muzaffar Sahib añade:

“Debido al clima severo y el frío extremo de Qadián, el fallecido se puso muy enfermo, por lo que tuvo que regresar a Indonesia poco después. Sin embargo, incluso en esa condición tan debilitada, su intención virtuosa se cumplió. Así pues, el fallecido fue bendecido con la oportunidad de ofrecer oraciones y súplicas en Bait-ud-Du’a y en la mezquita Mubarak”. Y añade: “Incluso lo llevé a Bahishti Maqbarah (el cementerio celestial) en una silla de ruedas y también ofreció súplicas allí. El fallecido era un misionero extremadamente diligente. A pesar de estar gravemente enfermo, nunca se dio por vencido y cualesquiera que fueran las tareas relacionadas con la Yama’at que le fuesen encomendadas, las completaba de una manera excelente”.

De manera similar, Sayid Sahib, otro misionero, escribe:

“Incluso aunque era mayor que nosotros, nunca dudó en aceptar las opiniones de misioneros más jóvenes que él, en asuntos relacionados con la predicación. Tenía una naturaleza modesta y humilde. El difunto tenía una voluntad muy fuerte. Cayó enfermo el año pasado, pero tan pronto como se recuperó, emprendió un largo viaje para asistir al I’lltema de Juddam-ul-Ahmadía (reunión de la organización auxiliar para varones de entre 15 y 40 años)”.

Por su parte, Basuki Sahib escribe:

“Cuando me asignaron servir en la oficina de la casa misional durante los tres últimos años (el fallecido también era el misionero encargado) y me reuní con misioneros de campo en relación con sus programas de predicación, observé que el fallecido trabajaba con gran diligencia a la hora de preparar el programa para las actividades de predicación. Para que los programas de predicación fueran exitosos, gestionaba las necesidades de los da’iyan (predicadores) y los mubaligin (misioneros) locales meticulosamente y con gran pericia. Él siempre solía decirme que debería actualizar regularmente el número de bai’ats [conversos], para que los da’iyan [predicadores] que trabajan en la región se sintieran motivados”. De hecho, esto es correcto y el número de bai’ats debe ser supervisado. Los da’iyan o predicadores también deben ser informados y se les debe consultar regularmente. De esta manera, los da’iyan permanecen activos y los nuevos conversos pueden también integrarse en el sistema [de la Comunidad].

Sarmad Sahib, quien es también misionero, dice:

“Tenía una pasión particular por las actividades de predicación. Cuando estábamos planificando la organización de una campaña para encontrar nuevas formas de predicar en la región norte de Sumatra, desde Bantu Pane hasta Sosa, en la frontera del estado, preparó varios programas y proyectos con gran diligencia y optimismo. Por la gracia de Dios, este programa se mantuvo activo durante bastante tiempo. Más tarde, debido a la escasez de fondos, hubo algunas dificultades. Sin embargo, este programa suyo dio sus frutos, ya que la mayoría de los nuevos conversos pertenecían a esta área. Él siempre solía decir que nunca debíamos desesperarnos, ya que nuestra responsabilidad era predicar y sembrar la semilla. Es posible que su cosecha y los frutos [por así decirlo] recaigan en el terreno de otra persona”. No obstante, él era una persona muy determinada y cumplió su waqf [devoción de la vida] con sinceridad.

¡Que Dios Altísimo eleve su rango (en el paraíso)! Hizo justicia a su promesa de lealtad y cumplió su waqf de una manera excelente. ¡Que Al’lah Todopoderoso eleve su rango! ¡Que Dios mantenga a su esposa e hijos bajo Su protección y cuide de ellos!

El segundo miembro fallecido (de la Yama’at) del que hablaré es el Dr. Pir Muhammad Naqiyyud-din Sahib de Islamabad, Pakistán, quien falleció el pasado 18 de abril.

“Ciertamente venimos de Al’lah y a Él retornaremos”.

Aproximadamente una semana antes de su fallecimiento, desarrolló síntomas de coronavirus, que está ampliamente expandido en este momento, y posteriormente fue llevado al hospital. Inicialmente su salud se estabilizó, pero el 18 de abril se deterioró y fue trasladado a la UCI, y esa misma noche falleció y regresó a su Creador. Deja atrás a su esposa, un hijo y cuatro hijas, todos casados ​​y con sus propias familias.

Ambas ramas de la familia de Pir Muhammad Naqiyyud-din Sahib [es decir, del lado de la madre y del padre] eran descendientes de los Compañeros del Mesías Prometido (as). Su familia se remonta a Sufi Ahmad Yan Sahib. Su abuelo paterno, Hazrat Pir Mazharul Haqq Sahib y su abuelo materno, Nazir Hussain Sahib, tuvieron el honor de estar entre los estimados Compañeros del Mesías Prometido (as).

Hazrat Pir Mazharul Haqq Sahib también tuvo el honor de estar en la misma clase que Hazrat Musleh Maud (ra), en la Madrasa Ahmadía de Qadián. En su infancia se mudó de Ludhiana a Qadián y, durante aproximadamente 6 meses, Pir Mazharul Haqq Sahib y los demás tuvieron la bendición de quedarse en la casa del Mesías Prometido (as). Su madre era la nieta de Hakim Muhammad Hussain Sahib, Marham-e-Isa.

El doctor Pir Muhammad Naqiyyud-din Sahib tenía aproximadamente un año de edad en el momento de la partición de India, en 1947; es decir, nació en 1946 y, por lo tanto, tenía 74 años [en el momento de su fallecimiento]. Emigró con la familia [del Mesías Prometido (as)] desde Qadián, primero a Lahore y luego se instaló en Mailsi, en el distrito de Vehari. En 1970 completó su MBBS en la Escuela de Medicina de Nisthar. En 1975-76 se mudó a Islamabad y comenzó a trabajar allí en un hospital policlínico gubernamental. Después de muchos años de servicio en ese lugar, dejó su trabajo y se fue a Irán, donde trabajó durante 2-3 años. Luego regresó a Pakistán y abrió una clínica en Islamabad que dirigió durante los últimos 25-30 años. Por la gracia de Dios, tuvo mucho éxito y prestó un gran servicio a los pobres.

El doctor Abdul Bari Sahib, el Amir (presidente) de la comunidad de Islamabad escribe:

“El doctor Pir Muhammad Naqiyyud-din Sahib había estado sirviendo como qazi (juez) de la comunidad de Islamabad durante un poco más de los últimos 12 años. Sus decisiones siempre estuvieron acorde con las enseñanzas del Sagrado Corán y la Sunnah [la práctica del Santo Profeta (sa)], lo que siempre era un gran consuelo para ambas partes. Era extremadamente cortés, amable, cariñoso y cuidadoso. Cuidaba mucho de los pobres y era muy popular. Saludaba a todos con una sonrisa. Era médico de profesión, por lo que pasaba día y noche sirviendo a la humanidad. Su clínica siempre estaba abierta a los miembros menos acomodados de la Comunidad y a menudo los trataba de forma gratuita. Su tratamiento no se limitaba a los miembros de la Comunidad, de hecho, su corazón y su clínica siempre estaban abiertos a otros también y él los apoyaba enormemente. Su círculo de amigos era vasto, entre los cuales habían muchos no-áhmadis. Dios Altísimo además le había bendecido con elocuencia, por lo que no dejaba pasar ninguna ocasión para predicar el mensaje a los no-áhmadis. Por la gracia de Dios Altísimo, transmitía el mensaje incluso en las circunstancias actuales.

El Doctor Abdul Bari Sahib continúa diciendo:

“Cuando el Dr. Pir Muhammad Naqiyyud-din Sahib le dijo que había aprobado sus exámenes de MBBS en 1970, fue a Rabwah para ver a su abuelo paterno, Pir Mazharul Haqq Sahib, y darle la buena noticia de que él era la primera persona de la familia en convertirse en médico. Su abuelo se alegró mucho por él y entre los consejos que le dio fue aconsejarle que no solo diera medicinas a sus pacientes, sino que además orara por ellos, porque el Mesías Prometido (as) siempre decía que los médicos que no rezaban por sus pacientes y solamente confiaban en el tratamiento que administraban, cometían entonces Shirk [asociar socios con Dios]”.

El Doctor Naqiyyud-din Sahib decía: “Llevo trabajando 50 años en la profesión médica y en este tiempo he actuado siguiendo el consejo de mi abuelo, al proporcionar a mis pacientes no solo tratamientos a bajo coste y empatía hacia ellos, sino que además, sin falta, ofrezco dos oraciones voluntarias cada día y rezo por ellos”.

Esta es una práctica que todos y cada uno de los médicos debe adoptar. Ellos no solo deben confiar en su experiencia y en la medicación, sino que deben mostrar simpatía por los pacientes que tratan y también orar por ellos, y si lo hacen ofreciendo oraciones voluntarias, entonces será un acto encomiable.

Su esposa, Uzma Naqiyy Sahiba, dice:

“Mi esposo era un áhmadi extremadamente sincero y devoto. Él tenía una gran pasión por la predicación y durante su vida trajo a varias personas al seno del Ahmadiat, y además convenció a muchos más de su veracidad. Hay muchos que, por miedo o por cualquier otra razón, no pudieron aceptar [abiertamente] el Ahmadiat, pero al menos estaban convencidos de su veracidad, quedándose sin argumentos. Desde entonces tuvo una relación agradable con ellos.

Luego dice que, “como resultado del amor que sentía por sus pacientes, ofrecía dos oraciones voluntarias por ellos”. Y añade: “Él continuaba yendo a su clínica incluso durante esta pandemia, para que sus pacientes no se preocuparan. Solo dejó de acudir cuando tuvo fiebre”. Después, describiendo sus cualidades, que incluían cuidar y encargarse de sus pacientes, y rezar por ellos, ella escribe: “Él también fue un hijo extremadamente obediente, un esposo ejemplar, un padre sumamente cariñoso y afectuoso, y alguien que cuidaba mucho de sus hermanos y de sus amigos. Tenía una profunda conexión con Dios. Él siempre rezaba a Dios Altísimo y a cambio Dios Todopoderoso contestaba sus oraciones”.

Ella escribe además:

“Después de unos años de matrimonio, una de nuestras hijas no podía tener hijos y por eso rezaba mucho por ello. Un día, pasamos la noche en su casa y por la mañana, cuando salió del baño (después de realizar sus abluciones en el momento de la oración de tahayyud, o tal vez era la oración del fallr) se inclinó ligeramente. Después de preguntarle (qué había pasado), nos dijo que había un niño acostado junto a la cama. En otro relato, también se menciona que vio en una visión que había un niño en la cama. Dijo que pensaba que el niño estaba a punto de caerse, por lo que se arrodilló para cogerlo. Poco después de este incidente, Dios Altísimo les concedió Su gracia y su hija tuvo un hijo, a pesar de que los médicos no tenían esperanzas”. ¡Que Dios Altísimo permita que este niño sea piadoso y se convierta en un sirviente de la fe!

Su yerno y sobrino materno, Arshad Iyaz Sahib, dice:

“El difunto estaba emparentado conmigo y era mi tío materno mayor. Desde que soy adolescente, he observado y oído mucho de él. Era muy devoto, ayudaba a los pobres, también era desinteresado y sofisticado, y alguien que incluso en tiempos difíciles actuaba según los mandamientos de Al’lah y Su Mensajero (sa). Sin dudarlo, siempre decidimos consultarle primero cuando necesitábamos consejo sobre cualquier asunto relacionado con la Yama’at, nuestra vida doméstica o en asuntos materiales”.

Con respecto a su tío, el Dr. Naqiyyud-din Sahib, afirma:

“Mi tío tuvo otra visión, que quizá otros no conozcan y que se relaciona con la MTA (la Televisión Musulmana Ahmadía). Tal vez fue en 2010, cuando los móviles de pantalla táctil de hoy no eran comunes en aquel entonces, al menos en Pakistán. Yo estaba sentado junto a mi tío, escuchándolo hablar, cuando dijo: ‘Hace poco vi en una visión que se está anunciando algo así como un azán (la llamada a la oración), que hace que la gente saque algo de su bolsillo y lo coloque cerca de sus oídos’. Supe que era el momento del sermón del Jalifa de la época y toda la gente lo estaba escuchando en directo’. Luego dijo: Hoy somos testigos de que esto se cumple semanalmente”.

A continuación escribe:

“Consideraba que ser de la familia de Sufi Ahmad Yaan Sahib era un honor personal, pero también recordaba a su familia que estar relacionado con un santo o anciano de la comunidad no era un logro en sí, sino que lo que realmente importaba era desarrollar una relación con Dios Altísimo. Siempre fue muy entusiasta a la hora de invitar a la gente hacia Al’lah, de hecho esto era algo que le apasionaba increíblemente”. Mucha gente ha escrito en este mismo sentido, que él era extremadamente entusiasta de predicar la religión: “Predicaba de manera excelente usando argumentos del Sagrado Corán.  Con ocasión del Yalsa Salana (convención anual), invitaba especialmente a huéspedes no-áhmadis y de manera informal les acogía, y les preparaba la comida. Les hacía escuchar el Yalsa Salana y así se abrían puertas para el tabligh (predicación).

Cuando la pandemia de coronavirus se propagó, mi tío no cerró su clínica. Lo llamé por teléfono muchas veces para tratar de convencerle de que no siguiera yendo allí, pero me respondió que si los médicos se quedaban en casa, ¿qué pasaría con todos los pacientes? Él argumentaba su decisión de tal manera que me dejaba sin palabras. Incluso cuando estaba muy enfermo, continuó asistiendo a su clínica. Decía que asistía a su clínica porque consideraba que era su deber y que obtener ganancias monetarias no era su objetivo”.

Su hija, Aisha Nurud-din, escribe:

“Fue un padre muy cariñoso, cuidadoso y orante. Siempre nos aconsejó que nos centráramos en las oraciones y en establecer una conexión con Dios Altísimo. Cuando le pedíamos que rezara por cualquier asunto, su respuesta era: ‘Yo rezaré, pero tú también deberías rezar’. Después de hacer plegarias, recibía la guía de Dios Altísimo y nos decía que había visto un sueño o que Dios Todopoderoso le había informado de esta u otra manera. Debido a su profesión, trató a miles de pacientes y a muchos más de forma gratuita. Sus honorarios eran nominativos, ya que la mayoría de sus pacientes eran pobres”.

Su hija escribe además:

“Mi padre era como un Sagrado Corán andante y vivo. Para guiarse sobre cualquier asunto, buscaba siempre la orientación en el Sagrado Corán. Primero recitaba los versículos relevantes de memoria, los traducía y después los explicaba. Su amor por el Jalifa era tan grande, que tan pronto como los sermones de una hora comenzaron a transmitirse en la MTA, colocó de inmediato una antena parabólica para que la gente pudiera acudir a verlo a nuestra casa. Invitaba a muchos no-áhmadis a ver la última sesión del Yalsa Salana (convención anual). Les pedía que vieran toda la ceremonia del Bai’at (iniciación) internacional y les preparaba una buena comida para ello, diciendo que eran invitados del Mesías Prometido (as)”.

Su hija, Warda Saheba, dice:

“Desde la infancia nos inculcó el hábito de ofrecer las oraciones, leer el Sagrado Corán, guardar los ayunos, dar chanda (la contribución) a tiempo y contribuir hacia el sadqah [limosna o caridad]. Cuando organizó los matrimonios para sus hijos, sólo tuvo en cuenta la fe y la espiritualidad, y nada más. No le interesaban las cosas mundanas. Nos enseñó, desde una temprana edad, que todos los deseos no se pueden cumplir de inmediato y que, por lo tanto, debíamos mostrar paciencia y hacer plegarias”.

Su yerno, Abdul Quddus Sahib, dice:

“Mi relación con mi suegro era como la de un padre. Siempre me alegraba verle porque me enseñaba algo nuevo, me explicaba la interpretación de algún versículo o me daba una nueva perspectiva sobre un tema de debate”.

Y continúa diciendo:

“En los primeros días de mi matrimonio, no tenía mucha confianza con mis suegros y me sentía un poco inseguro, pero él me mostró tanto afecto que alivió mi inseguridad. No tenía ningún interés en los asuntos mundanos como la política, la moda u otros temas populares entre la gente. Por el contrario, sus temas de interés eran la adoración, el Sagrado Corán, la educación religiosa y las cualidades morales. Su posición contra las innovaciones dañinas era la de una roca inamovible. Prohibía estrictamente las costumbres inapropiadas en las bodas y en otras funciones. Si las chicas cantaban alguna canción que tuviera algún indicio de shirk [asociar copartícipes con Dios], las paraba de inmediato con determinación”.

Su hija, Quratul Ain Hadiya, dice:

“Me aconsejó no guardar en mi corazón nada contra nadie. Me dijo que debía considerar a mis suegros como a mis propios padres y no lastimar a nadie de obra o palabra”. También le dijo: “Ser bueno con alguien que es bueno (contigo) no es nada especial; lo que realmente importa es ser bueno con alguien que es malo”. En verdad, esta es la enseñanza del islam que el Mesías Prometido (as) nos ha explicado en esta época. Estos son elevados estándares morales que pueden atraer a otros hacia nosotros.

Su hija cuenta que también le dijo: “El desorden es un pecado mayor que matar, por ello, para prevenir el desorden, debéis mostrar humildad, aceptando estar equivocado, incluso teniendo la razón”.

Esta es la elevada guía otorgada por el Mesías Prometido (as). Si los padres aconsejaran a los hijos así, podrían ayudar a establecer una sociedad maravillosa.

Su hijo, el Sr. Pir Mohiyud-din, dice:

“Vi en un sueño que Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) estaba dando un dars (clase religiosa) en el salón de nuestra casa. Yo estaba sentado allí cuando él se dirigió a mí y me dijo: ‘Esto no es una casa, es una puerta a través de la cual obtendrás bendiciones y por lo tanto nunca la dejes escapar’. Entonces me dijo: ‘Tu padre es un Wali Ul’lah (amigo de Dios)’. Y luego añadió: ‘Ten la certeza de que tu padre es un amigo de Dios’.

Sentía una profunda agonía al ver la situación de la gente pobre y proporcionaba recursos mensualmente a muchas familias, incluyendo provisiones y alimentos, educación para sus hijos, medicinas y también se responsabilizaba de su tratamiento. Más del 50% de los pacientes que veía diariamente era de forma gratuita”.

Su yerno, el Sr. Abdus Samad, dice:

“Tenía un gran amor por el Sagrado Corán. Cuando se refería a él, siempre recitaba el versículo y luego su traducción. Cuando en las discusiones con los no-áhmadis éstos le pedían mostrar una señal o milagro del Mesías Prometido (as), él respondía que él mismo era un milagro. Era un áhmadi completo; era la personificación de las expectativas que el Mesías Prometido (as) tenía para su Yama’at (Comunidad). Poseía en él la característica de que las personas que se encontraban con él, se inclinaban intrínsecamente hacia la rectitud. (La cualidad distintiva de una persona recta es que quienes pasan tiempo en su compañía se ven influidos por su rectitud). En realidad, no es que terminara solo diciendo que él era una señal, sino que como los no-áhmadis a menudo ridiculizaban esta respuesta (que era un milagro), respondía que no lo decía en broma, sino que era una realidad. Convencía a otros con sus argumentos de que él y muchos otros áhmadis estaban implementando correctamente las verdaderas enseñanzas (del islam) y por lo tanto eran señales vivas y milagros de la veracidad del Mesías Prometido (as)”.

En resumen, estos son los estándares que cada áhmadi debe esforzarse en adoptar. En lugar de buscar señales en una era pasada, convertiros en señales vosotros mismos.

El Amir adjunto de Islamabad, el Sr. Abdur Rauf, dice:

“Muchas personas se lamentaron de qué harían ahora, ya que no conocían a ningún otro médico excepto a él. Numerosos áhmadis de orígenes muy humildes nunca tuvieron problemas para recibir tratamiento; sin tener que preocuparse y sin vacilar, acudían a la clínica del Dr. Naqi y recibían tratamiento. Muchos no-áhmadis han mencionado que era como la figura más respetable de su propia casa. Nunca daban ningún paso sin antes buscar su consejo. (No sólo los áhmadis, sino también los no- áhmadis le consultaban). El Dr. Naqi resolvía muchas disputas familiares y otros problemas de los no-áhmadis. Esto se debía a que su clínica se había establecido durante más de cuarenta años: un padre asistía a la clínica y luego sus hijos continuaban asistiendo de la misma forma. El Dr. Naqi me contó muchas historias de diferentes personas. Algunos no-áhmadis, antes de fallecer, recomendaban a sus hijos que visitaran al Dr. Naqi para pedirle consejo cuando se enfrentaran a cualquier disputa o pelea”.

Luego escribe:

“El año pasado, el último viernes de 2019, el Dr. Naqi vino a mi oficina después de las oraciones, cerró la puerta tras él y dijo: ‘Deseo informarte de algo que sólo mi esposa sabe. Hace cuatro días vi en un sueño que estoy en un campo de batalla que está lleno de cadáveres. Estoy entre los mártires, pero aún no me cuentan como uno de ellos. Entonces escuché la voz del Mesías Prometido diciendo: ‘El que haya recibido cinco heridas será un mártir’. Me di la vuelta y vi al Mesías Prometido (as) de pie en un lugar elevado como comandante de un ejército. Empecé a contar mis heridas y tres eran profundas, y tenía un rasguño muy ligero en la pierna. Supliqué profusamente por el perdón de mis pecados a Dios Altísimo (istighfar) y luego me desperté, y empecé a pensar qué significaba todo eso. El pensamiento que se quedó inculcado enfáticamente en mi corazón era el de donar y pagar mi chanda (contribución monetaria). Me había relajado un poco con ello y al día siguiente, cuando me desperté para la oración de la mañana, dicho pensamiento resonó con fuerza en mi corazón, es decir, que no había dado todavía la cantidad pendiente de chanda. Por la mañana evalué mis contribuciones y me di cuenta de que, en efecto, me quedaba algo por dar’. Entonces dijo: ‘Ese día le di al secretario maal (secretario de finanzas) un cheque de un millón (de rupias) y estoy pidiendo a Dios que me perdone desde ese día’”.

Su sobrino, Aziz-ul-Rehman, que es el hijo del abogado Muyib-ul-Rehman Sahib, escribe:

“En muchas ocasiones le oímos narrar relatos de su vida y también de sus años de infancia. A pesar de tener que soportar circunstancias extremadamente difíciles, se convirtió en médico por la gracia de Dios y las oraciones de sus padres. Nos decía que también había veces en las que no tenía dinero ni para comprar papel en el que pudiera hacer su trabajo. Por lo tanto, recogía sobres usados, los abría y los usaba para escribir sus notas. Del mismo modo, cuando estudiaba en una escuela de su pueblo, no tenían un profesor de matemáticas, por lo que viajaba al pueblo vecino y aprendía del profesor de matemáticas de su escuela. Luego regresaba a su aldea y enseñaba matemáticas a sus compañeros de clase.

Una vez contó un incidente relacionado con la adopción del hábito de rezar regularmente. En una ocasión, durante sus años de infancia, él y su hermana estaban jugando y se durmieron sin haber ofrecido su oración de Isha’a. (Este es un relato muy interesante en cuanto a cómo hizo suyo el hábito de ofrecer regularmente las oraciones). Dice que cuando su madre les preguntó si habían ofrecido su oración, ya que se habían dormido, respondieron, en un estado de sueño, ya que eran niños, que sí habían rezado. Sin embargo, afirma que en medio de la noche, su madre los despertó y llorando les dijo: ‘Me habéis mentido sobre haber ofrecido vuestras oraciónes’. Dios Altísimo le había informado a través de una visión que no habían ofrecido sus oraciones. Él solía decir que, desde ese día, nunca descuidaron sus oraciones”. Por lo tanto, este es el estándar que todas las madres áhmadis deben adquirir. Tal era la profunda preocupación que tenía por la educación de sus hijos y la observancia de la salat (la oración), que rezaba por ello con una intensa emoción. Como resultado, Dios Altísimo también le mostró una visión para informarle que sus hijos no habían rezado esa noche y que por lo tanto debía despertarlos. Así pues, despertó a sus hijos llorando y ellos dijeron que esto les afectó tanto que nunca perdieron sus oraciones después de eso.

“A menudo él presentaba referencias del Sagrado Corán para apoyar cualquier cosa que dijera. También decía que hasta que uno no establezca una conexión viva con Dios Altísimo, no habrá hecho justicia a su Bai’at (pacto de alianza) con el Mesías Prometido (as), porque el objetivo mismo del advenimiento del Mesías Prometido (as) era establecer una relación viva con Dios Altísimo”.

Del mismo modo, otro sobrino, el Dr. Ataul Rehman Sahib, escribe:

“Siempre reflexionaba cuidadosamente sobre el Sagrado Corán y poseía un conocimiento muy profundo de él, y había memorizado muchos versículos largos del Sagrado Corán. A pesar de las circunstancias actuales en el Pakistán, invitaba a los oponentes radicales de la Yama’at a su casa para ver los programas y los discursos del jalsa salana (convención anual). Mucha gente se vio influenciada por sus esfuerzos de tabligh (predicación) y, por la gracia de Dios, bastante gente tuvo la oportunidad de realizar el bai’at a través de él”.

¡Que Dios Altísimo eleve el rango del fallecido!

La siguiente mención es del respetado Ghulam Mustafá Sahib, que inicialmente residía en Londres y ahora se había mudado a Tilford. Trabajaba como voluntario en la oficina del Secretario Privado (de Hazur), aquí en el Reino Unido. Falleció el pasado 25 de abril, a la edad de 69 años.

“Ciertamente todos venimos de Al’lah y hacia Él será el retorno”.

Hizo el Bai’at en 1983 durante la época de Hazrat Jalifatul Masih III (rh) y luego llegó a Londres en 1986. Inicialmente, cuando vino, residió en la mezquita y envió inmediatamente una solicitud para convertirse en waqf [para consagrar su vida]. Dado que su educación era bastante básica, tal vez esta fue la razón por la que su waqf no fue aceptado. Sin embargo, continuó sirviendo como Waqf-e-Zindagi [quien ha consagrado su vida]. Primero sirvió en la cocina y luego en la oficina. Dios Altísimo lo bendijo abundantemente en su negocio. Inicialmente se enfrentó a circunstancias muy difíciles, pero luego Dios Todopoderoso lo bendijo inmensamente y pudo adquirir algunas propiedades y luego ampliarlas. Gastaba de su riqueza en los pobres y necesitados, y en el servicio a la Yama’at.

Tengo que mencionar que, en cuanto a su pasión por servir como un waqf, siempre tuvo la costumbre (y lo más probable es que esta fuera también su práctica durante la época de Hazrat Jilafatul Masih IV (rh))  de que, si alguna vez tenía que viajar a otro país por motivos de trabajo o quería tomar un descanso prolongado, siempre pedía permiso oficial de mí, indicando la razón y el motivo por el que quería ir. En realidad sirvió como un Waqf-e-Zindagi y a menudo decía que, aunque no era oficialmente waqf, no obstante se consideraba a sí mismo como tal. Por lo tanto, cumplió con gran lealtad la promesa que había hecho a Al’lah de ser un waqf , independientemente de si era o no oficialmente waqf (consagrado).

Durante el tiempo en que residió en la mezquita, alguien le envió una vez a trabajar a un hotel como camarero, pero no le gustaba el trabajo y renunció al día siguiente; y dijo que había decidido que como recibía dinero de todas formas sin tener que trabajar, por lo tanto prefería lavar los platos en el Langar [cocina] del Mesías Prometido (as). Y así comenzó a trabajar junto con Wali Shah Sahib en la cocina de la Mezquita Fazl (de Londres). Más tarde, también ofreció sus servicios como miembro de Hifazat-e-Jaas [seguridad personal del Jalifa] y en 1993, Hazrat Jalifatul Masih IV (rh) lo eligió para servir en la oficina del secretario privado. Como he mencionado, desde entonces ha estado cumpliendo este deber de manera excelente. El fallecido era un musi y le sobreviven su esposa, dos hijas y un hijo.

Su mujer, Mahmuda Mustafa Sahiba, escribe:

“Mustafá Sahib y yo pasamos casi 34 años juntos y puedo atestiguar que, en todos estos años, cada una de sus acciones fueron por la causa de Dios Altísimo. Poseía muchas cualidades y era un marido, padre y amigo muy sincero. Siempre cumplía con los derechos de sus parientes, era una persona muy sabia y siempre acudía en ayuda de los demás; servía con un espíritu desinteresado y era muy valiente y valeroso. Estaba totalmente dedicado a la institución del Jalifato y estaba listo y dispuesto a ofrecer su vida por ello. Decía que cuando hizo el Bai’at en Pakistán, se prometió a sí mismo que siempre permanecería cerca de Jalifato. En ese momento, no tenía ningún medio para esto, pero por la gracia de Dios Altísimo, cumplió esta promesa suya y Dios Todopoderoso le concedió los medios para hacerlo. Tenía una gran pasión por los sacrificios financieros. Recuerdo que cuando mi hijo nació, le dije que había decidido donar la mitad de mis joyas a la Yama’at, pero él respondió inmediatamente: ¿Por qué la mitad? Dalas todas”.

Su esposa sigue narrando:

“En los primeros días [de nuestro matrimonio], se lanzó un plan para generar fondos para la construcción de mezquitas en África. En ese momento, ni siquiera teníamos una casa y los ahorros que tenía, los donaba para la construcción de las mezquitas. Gastaba muy poco dinero en sí mismo, pero no vacilaba en absoluto cuando se trataba de gastar por el bien de los demás. Siempre dio prioridad a su fe y como un verdadero creyente, sirvió bien a su fe y además ganó riqueza material. Me mantuvo involucrada e informada en todos sus trabajos y confiaba mucho en mi”.

Ella escribe además:

“Mustafá Sahib era el único áhmadi en su familia. Cuando hizo el Bai’at, en ese momento, se prometió a sí mismo que no tomaría nada de la herencia de su padre. Rezó: ¡Oh Al’lah, ciertamente tu Mesías es verdadero y he hecho su bai’at, creyendo en él como alguien verdadero. Así pues, otórgame provisiones de Ti mismo y nunca permitas que tenga que depender de otros! Dios Altísimo aceptó este deseo suyo y así demostró que su decisión de hacer el Bai’at era realmente la correcta. Después de eso, Dios Altísimo le proporcionó ayuda a través de varios medios. Más tarde también construyó una gran mezquita en su pueblo y decía que después de todo, algún día aceptarían a Ahmadiat. Aparte de esto, ayudaba a sus hermanos y parientes a través de varios medios”. Su esposa también ha dicho que tenía una fe muy fuerte en la aceptación de sus oraciones y ha escrito numerosos incidentes al respecto.

Su hija, Sabiha Mustafá, escribe,

“Amar a Al’lah y a la institución del Jalifato establecida por Él fue el único objetivo de la vida de mi padre. Tenía gran confianza en Dios Todopoderoso y a menudo nos contaba cómo se cumplía tal o cual oración, en tal o cual ocasión. Siempre deseaba adquirir un tabarruk (un objeto bendecido por haber sido tocado o usado por el Jalifa) de Jalifatul Masih y si alguna vez lo recibía, guardaba una pequeña parte para sí mismo y luego distribuía el resto a otros, para que ellos también recibieran sus bendiciones. Incluso en casa, cogía el tabarruk para poder compartirlo con los invitados del Yalsa Salana”.

Ella dice además:

“Muchos de los amigos de mi padre nos han llamado y nos han dicho que parece que se han vuelto a quedar huérfanos. Él ayudaba mucho a los pobres y necesitados”.

Y añade:

“Cuando estábamos en Londres y nos mudamos de Tooting a Gressenhall Road, mi padre deseaba comprar una casa más grande para poder recibir a los invitados del Mesías Prometido (as) de la mejor manera posible. Él siempre decía que si alguna vez iban a comprar una casa, entonces tendría que estar cerca del Jalifato y no lejos del mismo”.

Y continúa diciendo:

“Mi padre ayudaba a los demás con gran sinceridad. Si alguien experimentaba alguna vez alguna pena o dificultad, hacía todo lo posible por ayudarles y asistirles. Antes de caer enfermo, su último consejo para mí fue que siempre me mantuviera fuertemente unida a la Yama’at, ofreciera las oraciones y leyera regularmente el Sagrado Corán porque así Dios Altísimo siempre estaría con nosotros”.

Su hija mayor, Madiha Mustafá, escribe – el relato anterior era de la hija menor-:

“Aunque mi padre venía de un pueblo y tenía una educación muy básica, no obstante sus ideas, su visión de futuro y los principios de su vida le habían permitido sobresalir mucho más que muchas personas bien educadas e intelectuales. En la actualidad, son muy pocos los que realmente dan un estatus igualitario a hombres y mujeres. Él nunca consideró a sus hijas como una carga, de hecho decía que a quien se le concede una hija, ha logrado el éxito, sus días de trabajo han terminado y sus días de tranquilidad han comenzado”.

Ella continúa diciendo:

“Él cumplió con la obligación de conceder igualdad de oportunidades educativas a sus hijas e hijo, de una manera excelente. No escatimó esfuerzo alguno en este sentido, pero a pesar del amor por sus hijos, nunca descuidó el cumplimiento de los derechos de Dios Altísimo y su creación. Nunca descuidó sus oraciones diarias, ya sea el Eid (fin del Ramadán y la fiesta del sacrificio), la boda de su hija o cualquier otra cosa. Tenía una gran confianza en Dios Altísimo y siempre creyó que sus trabajos nunca se quedarían sin cumplir y su única preocupación era no incurrir en el desagrado de Dios, debido a cualquier defecto en su adoración”.

Su hijo, Sarfaraz Mahmud, afirma:

“Incluso mientras vivíamos en Tooting (Londres), iba regularmente a la mezquita Fazl para rezar. Si alguna vez había una oración que no podía ser ofrecida en la mezquita, se aseguraba de que la ofreciéramos en congregación en casa”. Escribe además: “Me decía que todo lo que deseas lograr en la vida, es sólo Dios Altísimo Quien puede permitirte lograrlo. Cuando llegaba el momento de rezar, dejaba todo y ofrecía las oraciones”.

Su hijo luego dice:

“Hasta los 15 años, mi padre me llevaba regularmente con él a la oración del Fallr”. Y añade: “Las bendiciones que recibimos hoy son el resultado de sus oraciones. Cuando volvía a casa después de la oración del Fallr, siempre comprobaba si había ido o no a la mezquita para la oración. Si alguna vez me perdía una oración decía que, al ser infiel a Dios, uno se causa daño a sí mismo, ya que Dios no necesita nuestras oraciones; de hecho, uno reza por su propio bien”.

Escribe además:

“Debido a su estado, cuando llamamos a la ambulancia, respiraba con dificultad, pero incluso entonces, en lugar de rezar sentado o acostado, rezaba de forma normal. Mientras bajaba las escaleras de camino al hospital, repetía que siempre hay que rezar a tiempo y en congregación.

Con respecto a la hospitalidad de los huéspedes del Mesías Prometido (as), durante los días de la convención anual, como era una casa grande había aproximadamente 40 huéspedes alojados en nuestra casa. Cuando nos mudamos cerca de la mezquita, aunque la casa era más pequeña, aún así teníamos a 25 huéspedes alojados con nosotros. Acomodar a 25 huéspedes en esa casa era una tarea difícil, pero lo hacía con gusto. También le pregunté en varias ocasiones (sobre ello), pero me dijo que había organizado su propio alojamiento y dejaba la casa para los huéspedes.

Solía decir que uno debe progresar tanto en la fe como en los esfuerzos mundanales, pero siempre nos recordaba que no era un asunto fácil. Aconsejaba a sus hijos que siempre que surgiera un problema mundano, debíamos dar prioridad a nuestra fe por encima de ello”. Y continúa diciendo: “A menudo me decía que todo lo que poseemos pertenece a la Comunidad de Al’lah y que es nuestro trabajo salvaguardarlo, y aumentarlo de manera que pueda ser de utilidad para la misma. Nos aconsejaba que nunca debíamos retrasar el pago de nuestro chanda (contribuciones). Pagaba su chanda el primer día de cada mes. Nos decía también que nunca pensáramos que la Comunidad necesita nuestro chanda, sino que es algo que nosotros necesitamos para obtener las bendiciones de Dios Altísimo”.

Y añade:

“Durante los últimos días de su enfermedad, cuando le pusieron el ventilador, justo antes de que entrara en coma, sus últimas palabras para mí fueron: Sarfaraz, sé que el primer día del mes ha pasado. Ve a mi armario y encontrarás mi carpeta con toda la información sobre mi chanda. Paga mi chanda y recuerda siempre mi consejo de pagar sin falta todo tu chanda el primero de cada mes”.

Su suegro, Karamatul’lah Sahib, dice:

“Mustafá cuidó de todos los parientes de su esposa con sinceridad. Me mostró el mismo respeto y honor que a su propio padre. Mustafá pasó toda su vida adorando a Dios Altísimo y permaneciendo en compañía del Jalifato”.

Su yerno, Bilal Sahib, dice:

“Hacía fotocopias de varias oraciones del Sagrado Corán y de relatos del Mesías Prometido (as) y me las daba a mí, a sus hijos, a sus amigos y parientes, y nos aconsejaba que las leyéramos y que aprendiéramos las oraciones del Corán”. Dice, además: “Observé cómo obtenía copias de los dars [clases] pronunciadas en la mezquita Fazl y cuando volvía a casa las leía de nuevo y se las daba a todos para que las leyeran. Luego hacía una foto con su teléfono móvil y la enviaba a sus hermanos y hermanas no-áhmadis, y a sus hijos. Más tarde les llamaba por teléfono para preguntarles si lo habían leído o no y de esta manera hacía tabligh (la predicación). Era muy hospitalario y casi a diario traía un invitado a casa, pero durante los días del Yalsa Salana [convención anual] los invitados iban y venían constantemente, 24 horas al día. Le decía a cada invitado que no había necesidad de que preguntaran de antemano; debían tratar su casa como propia y venir cuando quisieran.

Tenía especial cuidado de los invitados del Mesías Prometido (as) y decía que sus puertas estaban siempre abiertas para ellos. Si un año se quedaba con él un huésped y al año siguiente dicho huésped se alojaba en otro lugar, Mustafá Sahib se preocupaba al pensar que tal vez no había regresado por falta de hospitalidad. Si encontraba la oportunidad, insistía en traer a ese huésped de nuevo a su casa. Atendía todos sus asuntos y negocios materiales de manera que no colisionaran con las horas de las oraciones; entonces dejaba todos sus negocios e iba a la mezquita para rezar.

Su cuñado, Sohail Ahmad Chaudhry Sahib, escribe:

“Sentía un profundo amor y pasión por tres cosas: en primer lugar, por la adoración a Al’lah; en segundo lugar, por el Jalifato; y en tercer lugar por la hospitalidad a los invitados. Durante los días del Yalsa Salana, la casa de Mustafá Sahib era como una casa de huéspedes llena de invitados del Mesías Prometido (as)”.

Aslam Jalid Sahib, que trabaja en la oficina del Secretario Privado, dice:

“En la oficina, trabajaba con él a diario. Tenía muchas buenas cualidades: era valiente, trataba de superar a los demás en las buenas acciones, cuidaba de los pobres, era hospitalario, era ejemplar en el ofrecimiento del chandha [las contribuciones monetarias]. Siempre buscaba una oportunidad para realizar una buena acción y su deseo de trabajar era tal, que se esforzaba por superar a los demás en el trabajo. Decía que estas eran sus ganancias, que ese era su verdadero trabajo y que le complacía llevarlo a cabo“.

Fahim Ahmad Bhatti Sahib, que trabaja como voluntario en la oficina del secretario privado, escribe:

“Creo que empezó a trabajar en la oficina del secretario privado en 1992. En aquellos días, había escasez de personal y él trabajaba muy diligentemente. Era un trabajador muy leal y dedicado. Poseía muchas buenas cualidades, de entre las cuales el rasgo más prominente y encantador era su profundo amor y obediencia al Jalifato. Buscaba su guía incluso en los asuntos más pequeños. Dios Todopoderoso le concedió riqueza y siempre que se le mencionaba esto, decía que todo lo que obtenía era debido a su trabajo en esta oficina [es decir, la oficina del secretario privado] y a las bendiciones de trabajar en la proximidad del Jalifa”.

El Dr. Tariq Ballwa Sahib escribe:

“Éramos amigos desde 1980/81 y desde que aceptó el Ahmadiat hasta su muerte, tuve la oportunidad de conocerle muy de cerca. Poseía innumerables cualidades, tenía una gran confianza en Dios Todopoderoso y un profundo amor por el Jalifato. Comenzó a vivir en Sindh [provincia de Pakistán] con uno de sus parientes lejanos, puesto que se habían presentado cargos en su contra a causa de unas parcelas de tierra en el Punjab [provincia norte de Pakistán]. Evitando a la policía, vino a establecerse en Sindh. Luego se le dio a conocer el Ahmadiat y durante aproximadamente tres años se dedicó a estudiarlo. Incluso en este periodo, solía recitar el azán [llamada a la oración] en la mezquita áhmadi del lugar y esta fue su pasión desde el principio. Más tarde vio un sueño y como resultado del mismo realizó el Bai’at [juramento de lealtad]. En el sueño vio a Hazrat Jalifatul Masih III (rh) en su casa que sonreía y decía: Necesito dos voluntarios y a continuación señaló a Salim Sahib y a él mismo (es decir, a Mustafá Sahib). Entonces, Hazrat Jalifatul Masih III (rh) les dijo a ambos que dieran un paso al frente. A continuación juró el Bai’at. Antes del Bai’at asistía a las funciones y reuniones de la Yama’at. Después de realizar el Bai’at destacó inmensamente por su sinceridad. Tras escuchar los sermones y las sesiones de preguntas y respuestas, se sentía tan lleno de confianza, que decía que él sólo se bastaba para combatir a los clérigos no-áhmadis.

Tuvo la oportunidad de realizar la Umrah [peregrinación voluntaria menor] en varias ocasiones y en 2010 también tuvo la fortuna de realizar el Hall (la peregrinación). Sentía un gran amor por Qadián y viajaba allí frecuentemente. Tenía el deseo de tener una casa en la sede central y por eso construyó una casa allí, que después cedió a la Yama’at”.

El Dr. Ibrahim Nasir Bhatti Sahib, que era quien lo trataba, dice:

“No llegué a conocer a Ghulam Mustafá Sahib por mucho tiempo, pero tuve la oportunidad de tratarle como especialista durante su última enfermedad”. Por casualidad, él era médico del hospital en el que estaba ingresado Mustafá Sahib quien ahora era también uno de sus pacientes. Escribe: “Tuve la oportunidad de visitarle durante los últimos días de su enfermedad. En este corto período de tiempo pude observar ciertos detalles de su personalidad que me resultaron extraordinarios”. Y afirma: “A pesar de su grave estado debido al coronavirus, estaba completamente contento con la voluntad de Dios Todopoderoso. Recuerdo que cuando lo vi, le informé que, debido a la gravedad de su condición, era posible que no se recuperara de la enfermedad. Al oír esto, Mustafá Sahib se quedó en silencio por un rato y luego dijo que estaba contento con la voluntad de Dios. No se le veía ningún signo de preocupación o ansiedad en la expresión y, de hecho, estaba completamente relajado”.

El Dr. Nasir Bhatti Sahib dice finalmente: “El segundo aspecto que me impactó fue su amor por el Jalifato. Debido a la gravedad de su enfermedad tuvimos que administrarle la CPAP, que es una máquina que suministra oxígeno y que resulta tan agotadora para el cuerpo, que a veces el paciente se inquieta y sufre grandes molestias. Cuando sentía molestias debido a la máquina, sus familiares le decían que el Jalifa había dicho que siguiera todos los consejos de los médicos (es decir, le entregaban su mensaje). Cuando recibía este mensaje, se relajaba instantáneamente y soportaba con calma los efectos de la máquina. Yo pude observar cómo por ello se robustecía su valor y cómo su cuerpo se fortalecía”. También escribe que no tomaba medicamentos homeopáticos con el fin de recuperarse de la enfermedad, sino que sólo los tomaba porque Su Santidad se los había recomendado. El doctor Sahib afirma que el amor y la sinceridad de Mustafá Sahib al Jalifato era insuperable y le ha dejado una gran impresión”.

¡Que Al’lah Todopoderoso eleve el rango espiritual de todos estos miembros fallecidos, por la lealtad que han mostrado a Dios Altísimo y a su fe, y por la forma en que se han esforzado por cumplir su promesa de lealtad, rogamos que Al’lah les conceda por ello Su amor de manera inmensa! Como el Mesías Prometido (as) ha declarado, tales personas se cuentan entre los mártires. ¡Que Dios Altísimo proteja a sus hijos y les conceda la oportunidad de continuar con sus buenas acciones; que establezcan una relación con Al’lah Todopoderoso y muestren siempre lealtad a la Yama’at y al Jalifato, y que las oraciones de sus padres sigan siendo aceptadas en su favor!

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