En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Un faro para la paz

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Discurso pronunciado por Su Santidad Mirza Masrur Ahmad, líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, durante el evento con motivo de la inauguración de la mezquita Baitul Afiyat en Filadelfia, E.U.A

En la tarde del 19 de Octubre de 2018, el líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, el Quinto Califa, Su Santidad Mirza Masrur Ahmad, pronunció este discurso durante la recepción otorgada con motivo de la inauguración de la Mezquita “Baitul Afiyat” (Casa de seguridad) en Filadelfia, E.U.A. La mezquita, que es la primera construída con dicho propósito en Filadelfia, abrió oficialmente sus puertas en horas previas ese mismo día, cuando Su Santidad pronunció su sermón semanal de los viernes. Más de 175 dignatarios e invitados asistieron a la recepción vespertina que tuvo lugar en la nueva mezquita. El evento concluyó con una silenciosa plegaria liderada por Su Santidad. Más tarde, su Santidad estuvo personalmente en compañía de varios de los invitados asistentes a la reunión. Antes de que ésta tuviera lugar, el alcalde de Filadelfia, el señor James Kenny así como el congresista Dwight Evans tuvieron ambos la oportunidad de recibir en audiencia a Su Santidad. Su Santidad también se congregó con miembros de los medios de comunicación allí reunidos y respondió preguntas sobre los objetivos de la nueva mezquita y otros asuntos similares. La transcripción oficial del discurso pronunciado en dicha ocasión, se presenta a continuación.
Tras recitar tashajud, ta´awuz y bismi´lah, Mirza Masrur Ahmad, líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, dijo:

“Distinguidos invitados, Asalamu alaikum Wa Rahmatu´lahi wa Barakatuh, que la paz y las bendiciones de Al´lah estén con todos vosotros.

Primero que todo, quiero agradecer a todos nuestros invitados por haber aceptado cordialmente nuestra invitación a reunirnos en tan especial y alegre ocasión, en la cual estamos inaugurando nuestra mezquita en esta ciudad.

Es una realidad de la vida que los seres humanos son criaturas que no pueden subsistir sin interacción social y sin desarrollar mutuas relaciones con otros individuos. Independientemente de nuestras diferencias de raza, religión o estrato social, estamos unidos como seres humanos y, por lo tanto, es vital que interactuemos con otras personas, en vez de aislarnos,o relacionarnos exclusivamente con miembros de nuestra propia comunidad en particular.

En toda circunstancia, el diálogo es crucial para romper las barreras y acrecentar la mutua comprensión y conocimiento. Para esto así como para el avance y la evolución de la sociedad, y para promover una atmósfera de paz y mutualidad, el discurso y el debate respetuosos entre la gente y entre las distintas comunidades es vital. Por lo tanto, os tengo a todos vosotros en gran estima, por tomaros el tiempo de vuestras atareadas vidas, para encontrarnos hoy aquí. Independientemente del hecho que la mayoría de vosotros no seáis musulmanes, habéis aceptado nuestra invitación, uniéndonos en este evento esencialmente religioso, en el cual una mezquita hace su apertura. En consecuencia, no puedo continuar sin antes reconocer vuestro elevado nivel de tolerancia y respeto.

Si bien vuestra participación es signo de vuestro deseo de fortalecer lazos personales con miembros de nuestra comunidad, también simboliza vuestro afán de adquirir un mayor y mejor entendimiento de nuestra religión. Esto ilustra claramente que sois gente deseosa de no aceptar ciegamente rumores infundados ni información de segunda mano.

En nuestra era actual, donde tantos informes son incorrectos, vuestra búsqueda de la verdad sobre el Islam sólo puede ser elogiada. En lugar de aceptar lo que los medios de comunicación dicen sobre los musulmanes o lo que los poderes anti islámicos intentan retratar, habéis venido a ver por vosotros mismos lo que Islam significa y representa. Por esto, os aplaudo y os doy mi más sincero agradecimiento.

Puede que conozcáis bien el lema o máxima de la Comunidad Musulmana Ahmadía, “Amor para todos, odio hacia nadie.” Este lema no es nada nuevo, ni nada que hayamos amoldado súbitamente. Más bien, este lema se basa en las enseñanzas del libro sagrado del Islam, el Sagrado Corán, y las enseñanzas que nos fueron dadas por el fundador del Islam, el sagrado Profeta Muhammad (sa).

Desde el inicio, el Islam enseñó que el respeto mutuo y la tolerancia son valores humanos básicos. Por ejemplo, en el capítulo 6, verso 109, el Sagrado Corán declara que los musulmanes no deben hablar ni siquiera en contra de los ídolos de las personas que no son religiosas, puesto que esto puede incitarlas a hablar en contra de Al´lah, el Altísimo. Entonces, para asegurar que no haya enardecidas tensiones y para proteger a la sociedad de un ciclo de odio y hostilidad, se ha dado instrucción a los musulmanes de mostrar contención y paciencia en todos los casos.

Mientras que con frecuencia se alega que los musulmanes no respetan las demás religiones ni a sus respectivos representantes, nada puede ser más distante de la realidad. De hecho, basándose en las enseñanzas del Sagrado Corán, los musulmanes creen que los profetas de Dios fueron enviados a todas las naciones con el objetivo de guiar y reformar a la gente de dichas regiones. Creemos firmemente en la verdad de todos los profetas y creemos que fueron enviados para atraer a la humanidad hacia Dios Altísimo y para enseñar la moral y establecer valores humanos universales, tales como la libertad de conciencia, la justicia y la simpatía humana. Dado esto, ¿Cómo podría ser posible que nosotros faltemos al respeto o deshonremos a otras religiones o a sus seguidores?

Por lo tanto nosotros, los musulmanes áhmadis, somos sinceros en nuestra afirmación cuando decimos que no odiamos a nadie. Más aún, sentimos auténtico amor por todas las personas y estamos siempre dispuestos a dar una mano amistosa a los demás. Para dar tan sólo un pequeño ejemplo, el año pasado cuando un cementerio judío local fue atacado aquí en Filadelfia, y sus tumbas fueron profanadas, los miembros locales de la Comunidad Musulmana Ahmadía fueron inmediatamente a ofrecer su ayuda a la comunidad judía y a mostrarles nuestra solidaridad, después de tan vil crimen. No buscamos con ello ni recompensa ni gratitud, porque simplemente estamos siguiendo lo que nuestra religión nos ha enseñado, que es ponerse hombro con hombro junto con gente de otros credos y creencias cuando les alcanzan momentos de necesidad o aflicción. Defendemos el derecho de todas las personas a vivir su vida, libres de discriminación o prejuicio alguno.

Quienquiera que desee dar una mirada a la historia del Islam, de manera objetiva y honesta, verá que la libertad universal de creencia ha sido siempre un principio esencial en el Islam. Ciertamente, una gran manifestación de dicho pluralismo y apertura de mente fue el gobierno instaurado en la ciudad de Medina, en Arabia, hacia la cual migró el santo Profeta Muhammad (sa) junto con muchos de sus seguidores, tras sufrir años de persecución en Meca. Para con los líderes de otras religiones y comunidades, el Profeta del Islam (sa) estableció un pacto que sirvió como base de gobierno en aquella diversa ciudad. Aseguró con éste que todos los miembros de la sociedad pudieran vivir en paz, libres de opresión, y que fueran libres de practicar su religión o creencias. Además, en concordancia con las costumbres de la época, cada comunidad estaba ligada a sus propias leyes religiosas o a las costumbres tribales. Así, los musulmanes siguieron leyes basándose en la Sharía islámica, los judíos siguieron leyes basándose en la Torah y cada comunidad siguió leyes según sus propias costumbres y creencias.

Al mismo tiempo, toda la gente, sin importar su fe, tenía la responsabilidad de mantener la paz del estado y de tratar a los demás con respeto. El tratado fomentó la paz y aseguró que una sociedad tolerante prevaleciera. De este modo, hace más de 1400 años, una sociedad multicultural y multirracial fue exitosamente gestionada y administrada en Medina. No estoy sugiriendo que en el mundo actual debería haber un abanico de distintas leyes existentes para distintas comunidades viviendo en la misma sociedad. Más bien, mi punto es simplemente que nuestra principal prioridad debería ser siempre establecer la paz en la sociedad, apoyando los valores humanos universales y promoviendo la moral y la justicia en todos los niveles de la sociedad. Para ampliar esta explicación, el Sagrado Corán y el Profeta del Islam (sa) pusieron categóricamente en claro que no debería haber ningún tipo de compulsión en asuntos de religión. Cada individuo debe tener el derecho a escoger cualquier camino que él o ella desee caminar. La creencia es, y deberá ser siempre, un asunto del corazón y la mente de cada quien.

Al mismo tiempo, el Islam enseña que, independientemente de las diferencias de religión o creencia, cada ciudadano tiene la responsabilidad de mantener un comportamiento pacífico y asegurarse de no tomar ninguna acción que amenace el bienestar de la sociedad. El islam estipula que todas las personas deben adherirse a la ley y ser ciudadanos leales del estado, trabajando por su progreso y desarrollo. En consecuencia, si alguno de vosotros alberga reservas sobre esta mezquita y teméis que sea utilizada por los musulmanes para conspirar o tramar en contra del resto de la sociedad o para incitar odios, permitidme aseguraros que no hay necesidad alguna de dicha ansiedad o preocupación. Estad seguros de que de este edificio sólo brillará un mensaje de amor, afecto y hermandad.

En cuanto a esto, me gustaría explicar brevemente cuáles son los propósitos de una mezquita.El primer objetivo de una mezquita es permitir que los musulmanes se reúnan, en un espíritu de fraternidad y de unidad, para adorar al Dios Único, de la forma como Él nos lo ha enseñado. Al mismo tiempo, el segundo objetivo central de una mezquita es para que sea un centro que sirva a la humanidad. Cada creyente tiene una profunda responsabilidad en hacer que se cumplan los derechos de los demás miembros de la sociedad. Consecuentemente, una mezquita es a la vez un símbolo así como una manifestación de compasión, benevolencia y unidad. La historia de la Comunidad Musulmana Ahmadía testifica el hecho de que, sea cual fuere el lugar del mundo en donde abramos mezquitas, nuestros integrantes que oran allí incrementan sus niveles de amor, simpatía y lealtad hacia sus conciudadanos. Si nuestras mezquitas sirven para incitar a los musulmanes áhmadís, no es hacia el terrorismo ni el extremismo, sino sólo a servir a la humanidad y abrir nuestros corazones hacia nuestros semejantes. Nuestras mezquitas incrementan nuestra determinación para expandir la paz y para cultivar lazos de hermandad y mutuo afecto con personas de todos los senderos de vida y así eliminar toda forma de odio, fanatismo y divisiones dentro de la sociedad.

Esta ciudad es conocida como la “ciudad del amor fraternal” y ciertamente nuestra mezquita es un signo de ello y sin duda alguna, refleja un compromiso de nuestra parte, donde prometemos intensificar nuestros esfuerzos de expandir el amor, la fraternidad y la buena voluntad aquí y más allá. Si bien es fácil pronunciar estos estatutos, nuestra historia ha demostrado que nuestras palabras no son superficiales sino que tienen un fundamento real. En cualquier circunstancia, nos esforzamos por practicar lo que predicamos. Así, confío plenamente en que pronto la comunidad local apreciará cómo esta mezquita, a la cual hemos llamado “Baitul Afiyat”, cuyo significado literal es “Casa de Seguridad”, será una verdadera fuente de paz para toda la sociedad.

Además, quiero dejar muy en claro que nuestro compromiso con la paz y nuestro voto de servir a la humanidad se debe enteramente a nuestra fe y a nuestras enseñanzas religiosas. El fundador de la Comunidad Musulmana Ahmadía, quien creemos es el Mesías Prometido y el Imam Mahdi (el rectamente guiado), abiertamente proclamó que él era el Mesías de Muhammad (sa) y que seguiría los pacíficos pasos del Mesías que siguió a Moisés (la paz sea con él). Y declaró haber sido enviado por Dios el Altísimo con dos sobresalientes propósitos.
En primer lugar, fue enviado para atraer a la humanidad hacia su Creador y para llamar la atención de la gente de modo a que cumplan con sus responsabilidades. Segundo, vino a urgir a la humanidad para que respeten los valores humanos y los derechos de los unos con los otros. En consecuencia, es incumbente para todos los musulmanes áhmadis, quienes han aceptado al Mesías Prometido e Imam Mahdi, buscar cada oportunidad de acercarse a Dios el Altísimo y servir a la humanidad. Esto es lo que se nos ha enseñado constantemente en el Sagrado Corán y a través del Profeta Muhammad (sa). En el capítulo 4, verso 37, el Sagrado Corán estipula:

“Y adorad a Al-lah y no asociéis nada a Él y mostrad bondad a los padres, a los parientes, a los huérfanos y necesitados, al vecino afín a vosotros y al extraño, al compañero que está a vuestro lado, al viajero y a los que poseen vuestras diestras. En verdad, Al-lah no ama a los orgullosos ni a los jactanciosos.”

Este verso del Corán es en sí mismo, un magnífico compendio de moralidad y derechos humanos. Es un pasaporte dorado hacia la paz y un medio para el amor fraternal. En este verso, aparte de que Le adoremos, Dios el Altísimo ordena a los musulmanes a tratar a sus padres y familiares con amor y afecto. Les ordena apoyar y dar aliento a los más vulnerables miembros de la sociedad, tales como los huérfanos y todos aquellos que viven en la carencia de algún modo. Más adelante, se hace mención específica de cumplir con los derechos de los vecinos. A los musulmanes se les enseña a amar y proteger a sus vecinos y a estar listos a socorrerlos en sus momentos de necesidad.

Además, debo aclarar que la definición de “vecino” en Islam es extremadamente amplia. No sólo incluye a la gente que vive a los alrededores, sino que también incluye a personas que viven más a distancia, a los compañeros de viaje de una persona, a los compañeros del trabajo, a los subordinados y a muchos otros incluídos. En efecto, el Sagrado Corán ha declarado que todas las personas viviendo en un pueblo o ciudad musulmana, son vecinos entre sí. El Sagrado Profeta del Islam (sa) también instruyó repetitivamente a los musulmanes para que cumplieran con los derechos de sus vecinos. De hecho, dijo que Al´lah el Altísimo había sido tan enfático en la importancia de que se aplicaran los derechos de los vecinos y lo hizo de manera tan ferviente, que el Profeta había llegado a pensar que quizá los vecinos estarían entre los herederos legítimos de una persona. En consecuencia, si hemos construído una mezquita aquí en Filadelfia, y si hemos establecido una comunidad de musulmanes áhmadis, lo hemos hecho con la intención de incrementar la paz y la prosperidad de esta ciudad y de servir a su gente.

Ahora que esta mezquita queda abierta, los musulmanes áhmadis considerarán a todas las personas de esta ciudad como sus vecinos y reconocerán que tienen muchos derechos sobre ellos, y se esforzarán porque dichos derechos se cumplan en lo posible de sus capacidades. Cuando sea que cualquiera de vosotros necesitéis ayuda, prometemos estar allí para ayudar y dar asistencia, de cualquier modo en que podamos hacerlo.

En tiempos de dolor y aflicción, estaremos siempre allí para consolar las lágrimas de nuestros vecinos, darles apoyo y sosiego.

Además, estoy seguro de que veréis por vosotros mismos que donde está ubicada esta mezquita, se añade una atracción visual y un punto de referencia dentro de la ciudad, que además amplificará el carácter espiritual y embellecerá la sociedad al expandir el amor y el trato amable a largo y ancho de la ciudad y más allá de sí misma. Será como un faro de luz y de esperanza para todos aquellos que aman la paz, independientemente de su casta, credo o color.

Con estas palabras, espero y oro porque toda la gente de esta ciudad, sin importar quienes sean, o en qué crean, se unan y trabajen conjuntamente por el bien común, buscando expandir una atmósfera de verdadera y duradera paz.

Se dice que Filadelfia fue la primera ciudad colonial que permitió la libertad de religión y la libertad de culto en este país. Además, es la histórica ciudad donde se firmó la Declaración de la Independencia.Por lo tanto, esta ciudad goza de una rica y orgullosa historia, y es mi plegaria que sus habitantes sean capaz de avanzar a partir de su loable pasado y que estas maravillosas tradiciones permanezcan como un sello para vuestro futuro.

Oro por que esta ciudad permanezca para siempre como un faro de libertad de creencia y que la gente de esta ciudad cada uno individualmente juegue su rol para que la paz prospere, no sólo en esta ciudad, sino también a través de los Estados Unidos y ciertamente, a través de todo el mundo. Incluso si nuestros miembros son aquí una pequeña minoría, os puedo asegurar que la Comunidad Musulmana Ahmadía siempre se mantendrá lista para apoyar dicho noble esfuerzo y para aportar cualquier ayuda requerida.

Quiera Al´lah el Altísimo permitir que la paz verdadera prevalezca en todas las ciudades y naciones.

Para finalizar, deseo expresar mis sinceros agradecimientos hacia todos vosotros por uniros a nosotros hoy aquí.

Muchísimas gracias

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