Las mezquitas: ladrillos para la paz

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Hazrat Mirza Masrur Ahmad

Jalifatul Masih V

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (Mir‐za Mas‐ rur Ah‐mad), es el quinto Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía. Elegido para esta posición vitalicia el 22 de abril de 2003, desempeña su cargo como jefe espiritual y administrativo mundial de una organización religiosa internacional con decenas de millones de miembros repartidos en 200 países.

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Discurso inaugural
Mezquita Mahmud, Regina, Saskatchewan, Canadá

El viernes 4 de noviembre de 2016, el Jalifa (Califa) de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, inauguró la Mezquita de Mahmud (Mezquita del Alabado) en Regina, la capital de la provincia de Saskatchewan en el oeste de Canadá. Tras llegar, Su Santidad inauguró oficialmente la mezquita al descubrir una placa conmemorativa y ofrecer una oración silenciosa en agradecimiento al Dios Todopoderoso. Su Santidad pronunció entonces el sermón semanal del viernes en la nueva mezquita en la que expuso los verdaderos y pacíficos objetivos de las mezquitas. Más tarde en la noche tuvo lugar una recepción especial con ocasión de la inauguración de la mezquita en el hotel Ramada Plaza de Regina. Mr. Lal Khan Malik, Presidente Nacional de la Comunidad Ahmadía del Islam de Canadá hizo un breve comentario para abrir la sesión. Varios dignatarios se dirigieron también a la audiencia incluyendo al Hon. Brad Wall, Primer Ministro de Saskatchewan; el Hon. Michael Fougere, Alcalde de Regina y el Sr. Evan Bray, Jefe de la Policía de Regina. Su Santidad pronunció un discurso en esta recepción, cuya transcripción se presenta a continuación.

Hazrat Mirza Masrur Ahmad, Quinto Sucesor del Mesías Prometido, Jalifa de la Comunidad Musulmana Ahmadía, dijo:

“Bismil-lahir Rahmanir Rahim -en el nombre de Al-lah, el Clemente, el Siempre Misericodioso.
A todos los distinguidos invitados, Assalamo Alaikum Wa Rahmatul-lah Wa Barakatohu -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con todos ustedes.

En primer lugar me gustaría aprovechar esta oportunidad para agradecer a todos nuestros invitados por aceptar amablemente nuestra invitación y unirse a nosotros aquí esta noche. La mayoría de ustedes no son musulmanes y por lo tanto su asistencia aquí, en una función islámica, es una demostración de su corazón abierto y su tolerancia, y ello me obliga a expresar mi cordial y sincera gratitud a todos ustedes. Mi agradecimiento no es por mera cortesía o un gesto hueco, sino que es parte de mi fe, porque el Fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) enseñó que una persona que no es agradecida con su prójimo, no puede ser agradecida con Al-lah el Todopoderoso.

Por lo tanto, es realmente mi deber religioso expresar mi agradecimiento a todos ustedes, y es una parte hermosa de la enseñanza religiosa con la que yo, y cada musulmán áhmadi, actúa y vive. Mi gratitud es aún mayor, dado que estamos pasando por tiempos extremadamente precarios y turbulentos y esto es particularmente cierto en el mundo islámico. Todos somos muy conscientes del hecho de que se han formado grupos extremistas musulmanes y que están perpetrando las brutalidades más horribles en nombre del Islam. Allí donde están luchando entre sí, también están librando guerras contra sus líderes y sus gobernantes.

Del mismo modo, algunos gobiernos también están fallando en el cumplimiento de sus obligaciones hacia sus ciudadanos, y por lo tanto, se han formado grupos rebeldes que se han levantado en violenta oposición. Como resultado de todo esto, se ha producido una ruptura total en la sociedad de algunos países musulmanes. En lugar de vivir pacíficamente, esas naciones están sumidas en un estado de ciclo perpetuo y sin sentido de violencia y destrucción. Lo que está sucediendo sólo puede ser considerado como una mancha absoluta para la humanidad.

Por supuesto, que los conflictos o la violencia no son enteramente exclusivos del mundo musulmán. También vemos guerras civiles e inquietudes de este tipo en algunos países no musulmanes, particularmente en los países económicamente débiles y subdesarrollados del mundo. No obstante, son los disturbios en el mundo musulmán los que se hallan en el centro de los problemas mundiales y la causa de la mayor preocupación. Esto se debe a que han surgido diversos grupos terroristas y extremistas musulmanes que no sólo están cometiendo indescriptibles atrocidades en sus propios países, sino que también han exportado su terrorismo al extranjero. Así, en los últimos tiempos han ocurrido varios ataques despreciables y totalmente injustificables en el mundo occidental.

Por ejemplo, sólo en el último año, se han producido ataques terroristas en París, Bruselas, Orlando y otras ciudades importantes en las que decenas de personas inocentes han sido sacrificadas despiadada y brutalmente. Tales incidentes han provocado un clima de temor entre los no musulmanes de Occidente y consecuentemente hemos visto un aumento de lo que comúnmente se denomina “islamofobia”. Por lo tanto, y a pesar de que ustedes se hallan presentes en esta función, y a pesar de que tienen contacto personal con musulmanes ahmadíes, es posible que algunos puedan albergar sospechas y temores respecto a nuestra mezquita.

Ustedes podrían pensar y temer que mientras que los musulmanes ahmadíes no tenían una mezquita, vivían aquí como una parte bien integrada de la sociedad; sin embargo, ahora que ya poseen su propio lugar de culto, tal vez decidieran cerrar las puertas de su mezquita y aislarse del resto de la sociedad; o lo que es peor, usar sus mezquitas para participar en actividades extremistas y socavar la paz social. Teniendo en cuenta todo lo que acabo de decir sobre el estado actual del mundo, no les culparía por mantener tales reservas, si alguien las tuviera, y en realidad consideraría tales preocupaciones como totalmente comprensibles. A la luz de todo esto, quisiera dejar en claro a todos ustedes que los objetivos por los que se construyen las mezquitas son extremadamente nobles, y en lugar de ser una causa de desorden, son en realidad un medio para sentar las bases de una paz verdadera y duradera en el mundo.

El primer objetivo de una mezquita es ser un lugar para que las personas se reúnan y adoren colectivamente al Dios Todopoderoso, se inclinen y se sometan ante Él, e imploren Su misericordia y Su amor. Sin embargo, no es suficiente orar por la propia paz y prosperidad personal, sino que es el deber de todo musulmán rezar por la paz y el bienestar de todas las demás personas, sin importar su religión o sus antecedentes, pues el Santo Profeta del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo que es necesario que todo musulmán desee para los demás lo que desea para sí mismo. Por lo tanto, si queremos paz, seguridad, amor y respeto para nosotros mismos, también debemos desearlo para los demás. En consecuencia, en lugar de propagar el conflicto y el odio, las verdaderas mezquitas se construyen con la intención de reunir a la gente y unir a la humanidad en paz, armonía y respeto mutuo.
El Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) fue en sí mismo a manifestación perfecta de este principio de desear para los demás lo que deseas para ti. Su desesperación y angustia al ver cómo la gente se alejaba de su Creador, hizo que el Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) pasara noche tras noche en postración, llorando ante su Señor en estado de completa sumisión.

Expresaba todas sus oraciones con absoluto dolor y tormento suplicando a Dios Todopoderoso por la reforma espiritual y moral de la gente. ¿Por qué se negaban a abandonar sus crueldades? ¿Por qué no estaban dispuestos a abandonar la maldad y el vicio? ; y, por consiguiente, ¿por qué se estaban poniendo en riesgo de recibir el castigo de Al-lah el Todopoderoso? La agonía y la angustia del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) eran tan profundas y su estado de ansiedad y desesperación era tan grande, que en un versículo del Sagrado Corán, Al-lah el Todopoderoso se dirige a él directamente, preguntándole si estaba dispuesto a ‘afligirse hasta la muerte’ porque la humanidad no vivía en paz y no cumplía con los derechos de su Creador y del prójimo.

Por lo tanto, cada órgano, cada poro y cada fibra del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) derrama una fuente de eterna misericordia y compasión por la humanidad, y los verdaderos musulmanes que lo siguen no pueden entrar nunca en las mezquitas con mala intención, o con el deseo de dañar a otros.
Por el contrario, entran con la firme convicción de suplicar a Al-lah el Todopoderoso e implorarle para que el mundo entero se una en paz y se salve de la ira de Al-lah en el Más Allá. Por lo tanto, una verdadera mezquita es garante de la paz para todas las personas de todos los ámbitos de la vida; y si, (Dios no lo permita), una mezquita no se construye con estas intenciones virtuosas entonces no está cumpliendo su propósito.

En una ocasión, durante la época del Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él), se erigió una mal llamada “mezquita” con la intención de causar daño y desorden entre la sociedad. En consecuencia, -y así está escrito en el Sagrado Corán- Al-lah el Todopoderoso instruyó al Santo Profeta (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) para que demoliera esa mezquita porque había sido construida con malos propósitos, y no para la adoración de Dios, ni en aras del cumplimiento de los derechos de la humanidad. Por lo tanto, la mezquita fue demolida hasta el suelo. Estas son las enseñanzas sobresalientes del Islam, donde se enseña a los musulmanes que para cumplir con los objetivos de una mezquita, no sólo deben dedicarse a su Creador, sino también deben querer y cuidar a sus semejantes.

En consecuencia, desde todas las perspectivas posibles, la adoración de Dios está intrínsecamente ligada al cumplimiento de los derechos de la humanidad. Es por eso que el Fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam dijo que las enseñanzas del Islam se pueden resumir en sólo dos líneas: en primer lugar, amar fielmente a Dios Todopoderoso y cumplir con Sus derechos; y en segundo lugar, amar a Su Creación y cumplir con sus derechos. Con la Gracia de Al-lah, la Comunidad Ahmadía del Islam siempre ha seguido estas enseñanzas, y por lo tanto, dondequiera que construimos mezquitas o establecemos comunidades, pronto somos conocidos por nuestro compromiso de servir a los demás. Somos reconocidos por nuestra voluntad de hacer todos los sacrificios posibles por la causa de la humanidad. Dondequiera que haya una necesidad, la Comunidad Musulmana Ahmadía está a la vanguardia del servicio a la humanidad.

Nuestros servicios humanitarios se prestan en todos los ámbitos, independientemente de la etnia, religión o antecedentes de las personas, y nuestro único objetivo es proporcionar consuelo a los necesitados, y dotarles de los medios para una existencia mejor. Por lo tanto, nuestras mezquitas no son sólo lugares para adorar a Al-lah, sino que también sirven como centros para congregarnos, y para planear diferentes maneras de ayudar a la gente de nuestro alrededor. El único “complot” que tiene lugar en nuestras mezquitas áhmadis es la determinación de cómo podemos calmar la angustia y la pena de aquellos que están desposeídos y desprovistos de todo. Los únicos proyectos que elaboramos son los relativos a eliminar la pesada carga de la desesperación y falta de esperanza que pesa sobre aquellos que son consumidos por las dificultades y la desgracia.

Por ejemplo, hemos construido cientos de escuelas y docenas de hospitales en el mundo subdesarrollado con el fin de proporcionar educación y asistencia sanitaria a las personas que viven en las partes más remotas. Del mismo modo, estamos proporcionando acceso a agua limpia en muchos pueblos y ciudades donde dichas instalaciones no existían previamente. Viviendo aquí en el Occidente es muy fácil ser complaciente sobre el valor verdadero del agua. A cambio de pagar una cuota regular a las autoridades correspondientes, el agua limpia fluye directamente de nuestros grifos, por lo que es extremadamente difícil comprender la desesperación que sufren por este inestimable producto las personas que viven en África y otras partes empobrecidas del mundo.

El agua es un medio básico de vida y, sin embargo, en muchas partes del mundo hay personas que tienen poco o ningún acceso a ella. En los países africanos, si llueve, sus estanques se llenan, pero a menudo hay sequía y por tanto los estanques se secan, lo que acarrea una grave escasez de agua. De hecho, incluso cuando hay lluvias, los que viven en aldeas o áreas remotas, tampoco tienen acceso a agua limpia, porque el agua del estanque que utilizan está contaminada con todo tipo de bacterias y toxinas. La misma agua que utilizan para beber, bañarse, cocinar y lavar su ropa, es utilizada por los animales para su bebida y está a menudo contaminada por sus desechos. Además, dicha agua sucia tampoco está disponible en un grifo, sino que para conseguirla es preciso que muchos niños de corta edad caminen varios kilómetros portando vasijas sobre sus cabezas.

Yo personalmente viví en África durante un cierto número de años y he visto esto con mis propios ojos. A una edad en la que los niños pequeños deberían estar en la escuela y ser libres, se ven obligados, por circunstancias extremas fuera de su control, a soportar rutinas diarias que son inimaginables para quienes vivimos en la comodidad de Occidente. Aquí en el mundo desarrollado las preocupaciones diarias de la gente, en comparación, son triviales. Nuestra preocupación consiste en asegurarnos de que nuestros niños lleguen a la escuela a tiempo cada mañana, u otros asuntos menores similares. Tales problemas insignificantes son un sueño lejano para las personas que viven en las partes más desfavorecidas del mundo. Esos niños darían todo por las oportunidades que nuestros hijos tienen aquí. Darían cualquier cosa para poder ir a la escuela cada día en lugar de tener que caminar grandes distancias para recoger el agua para el uso doméstico diario de su familia.

Así, en un esfuerzo por brindar consuelo a esas personas y para literalmente saciar su sed, la Comunidad Ahmadía del Islam está proporcionando acceso al agua potable limpia a través de la instalación de bombas de agua manuales o de energía solar. A menudo, nuestros voluntarios toman fotos o videos del momento en que los lugareños ven el agua que fluye de los grifos por primera vez y después las comparten conmigo. Después de haber vivido en la miseria más completa, la mirada de alegría pura y desenfrenada en los rostros de la gente local, especialmente la de los niños pequeños cuando ven el agua limpia por primera vez en sus puertas, es un espectáculo que merece la pena contemplar. Es como si todas sus esperanzas y sueños se hubieran cumplido a la vez, y como si fueran receptores de los tesoros del mundo entero.
Nosotros, los musulmanes ahmadíes, nos enorgullecemos de poder servir a esas personas, y consideramos que es una bendición que podamos proporcionar alivio y facilidad a los demás, porque este es el camino del Islam. Como resultado, dondequiera que la Comunidad Ahmadía del Islam construye mezquitas, al poco tiempo la gente de alrededor llega a reconocer y atestiguar abiertamente el hecho de que estamos sirviendo desinteresadamente a la humanidad, independientemente de las diferencias de religión, y estamos contribuyendo a la sociedad de la mejor manera posible. De la misma manera, los musulmanes áhmadis también buscan apoyar y ayudar a las personas afectadas por los desastres naturales. Para citar un ejemplo reciente, hace apenas unas semanas, el huracán Matthew fue causa de una enorme destrucción y devastación en Haití. En consecuencia, musulmanes ahmadíes voluntarios fueron enviados inmediatamente a través de Humanity First una organización de ayuda humanitaria establecida por nuestra Comunidad, y pudieron ayudar a la Royal Dutch Navy en los esfuerzos de socorro.

Los esfuerzos de nuestros voluntarios ahmadíes causaron un efecto tan profundo que el Comandante del Buque Naval Holandés nos escribió una carta de agradecimiento en la que dijo que nunca había visto a ninguna otra organización servir con tanta dedicación, desinterés y devoción como el equipo de Humanity First. Por lo tanto, repito que las verdaderas mezquitas y los verdaderos musulmanes no son ningún objeto de temor. Nuestra Yihad no es una falsa Yihad de terrorismo o violencia, sino que nuestra Yihad es la misma que fue definida y practicada por el Santo Profeta del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él). Al regresar de una guerra en defensa propia en la que los musulmanes fueron atacados, dijo a sus compañeros que estaban regresando de una Yihad menor, y ahora se estaban trasladando a una Yihad mucho mayor, que era el cumplimiento de las obligaciones debidas al Creador y a la humanidad, y la reforma de su ser interior. Por lo tanto, nuestra Yihad no es una Yihad de espadas, armas o bombas. Nuestra Yihad no es una Yihad de crueldad, brutalidad e injusticia. Al contrario, nuestra Yihad es de amor, misericordia y compasión. Nuestra Yihad es de tolerancia, justicia y simpatía humana. Nuestra Yihad es para cumplir con las obligaciones que debemos a Dios Todopoderoso y a Su Creación. Si hemos formado un grupo Yihadista, no es con el propósito de atacar y matar brutalmente a personas inocentes, ni para lanzar ataques terroristas dañinos en clubes, estaciones o en cualquier otro lugar, sino establecer los derechos de todas las personas, en todos los lugares, y durante todo el tiempo.

Para alcanzar estos objetivos no blandimos espadas violentas o armas de fuego, sino que nuestras armas de elección son el amor, la compasión, la simpatía y, sobre todo, las oraciones. En consecuencia, ahora que esta mezquita ya ha sido construida, estoy seguro de que los musulmanes ahmadíes locales no sólo incrementarán su atención hacia la adoración de Al-lah, sino que también se esforzarán cada vez más en servir a la humanidad. Ustedes, nuestros vecinos, verán que esta mezquita se erigirá como un faro de luz que iluminará a la sociedad con valores universales de benevolencia, compasión y gracia. Verán cómo esta mezquita demostrará ser un glorioso símbolo de paz, prosperidad y un santuario para toda la humanidad.

Ciertamente, el Sagrado Corán ha puesto gran énfasis en los derechos de los vecinos, en la medida en que el Profeta del Islam (la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él) dijo en una ocasión, que Dios Todopoderoso había llamado tanto su atención respecto a los derechos de los vecinos, que llegó a pensar que tal vez los vecinos serían incluidos entre los herederos legítimos de una persona. Por lo tanto, si alguno de nuestros vecinos sigue teniendo aprensiones o miedo acerca de esta mezquita, debe erradicarlo de una vez por todas. Nosotros, los musulmanes ahmadíes buscaremos cuidar a nuestros vecinos, protegerlos y honrarlos para que así podamos cumplir con los objetivos de nuestra fe. Los musulmanes ahmadíes de esta localidad, Dios mediante, demostrarán ser miembros leales y devotos de la comunidad local y tratarán de servirles a todos ustedes al máximo de sus capacidades. Que Al-lah les permita hacerlo.

Con estas palabras, quisiera una vez más agradecerles a todos ustedes por asistir a este evento, y reiterar que nuestra mezquita siempre será un centro de paz y buena voluntad, y que sus puertas estarán siempre abiertas a la gente de todas las religiones y creencias. Que Al-lah los bendiga a todos. Muchas gracias.”

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