En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
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La excelencia personificada

Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía

Después de recitar el Tashahud, Ta’awuz y Surah Al-Fatiha, Hazrat Jalifat-ul-Masih V (aba) declaró:

Hoy relataré la vida de Hazrat Amir Bin Fuhaira (ra). Su vida está registrada con gran detalle en la historia. Jugó un papel en la mayoría de los incidentes más importantes en la historia del islam, siendo parte de ellos. Esos incidentes son de tal importancia, que es necesario mencionar también sus detalles.

Su nombre patronímico era Abu Amr y pertenecía a la tribu de Azad. Era un esclavo africano de Tufail Bin Abdul-lah Bin Sajbarah, que era el hermanastro de Hazrat Aisha (ra). El término hermanastro utilizado aquí significa que él era su hermano de la misma madre, pero tenían padres diferentes. Fue uno de los primeros en aceptar el islam. Había aceptado el islam antes de que el Mensajero de Al-lah (sa) fuera a Dare Arqam. Solía pastar las cabras de Hazrat Abu Bakr (ra). Sufrió muchas dificultades por los incrédulos después de aceptar el islam. Más tarde, Hazrat Abu Bakr (ra) le compró y le liberó.

Solía ​​pastar las cabras de Hazrat Abu Bakr (ra) durante la migración a Medina, cuando el Mensajero de Al-lah (sa) y Hazrat Abu Bakr (ra) estaban en la cueva en el monte Zaur. Hazrat Abu Bakr (ra) le había pedido que les trajera regularmente las cabras. Por lo tanto, solía pastar las cabras todo el día y luego por la tarde llevaba las cabras de Hazrat Abu Bakr (ra) cerca de la cueva en el monte Zaur. Entonces, ambos, el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr solían ordeñar las cabras. Cuando Abdul-lah Bin Abi Bakr [el hijo de Hazrat Abu Bakr]  solía ir a visitar a ambos, es decir, al Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr (ra), solía acompañarle Hazrat Amir Bin Fuhaira (ra) para borrar sus pasos [y crear confusión] de manera que nadie pudiera saber donde iban, y los incrédulos no pudieran sospechar de ninguna manera. Cuando el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr salieron de la cueva del monte Zaur y se dirigieron a Medina, Hazrat Amir Bin Fuhaira (ra) también emigró con ellos. Hazrat Abu Bakr lo sentó detrás él [en la camella]. En ese momento, un mushrik [idólatra] de la tribu de Banu Adi les guiaba. (Usdul Ghaba, Vol. 3, p. 134, Aamir bin Fuhairahra, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 2003)

Después de la migración, el Santo Profeta (sa) estableció un vínculo de hermandad entre Hazrat Amir Bin Fuhaira (ra) y Hazrat Hariz Bin Aus Bin Mu’az. Hazrat Amir Bin Fuhaira (ra) participó en las Batallas de Badr y Uhud. Fue martirizado durante el incidente de Bai’r-e-Ma’unah a la edad de 40 años. (Al-Tabaqaat-ul-Kubra, Vol. 3, p. 174, Aamir bin Fuhairahra, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 1990)

Antes de la migración, Hazrat Abu Bakr ayudó a liberar a siete esclavos que solían ser torturados por la causa de Al-lah el Todopoderoso. Entre ellos estaban Hazrat Bilal y Hazrat Amir Bin Fuhaira (ra). (Usdul Ghaba, Vol. 3, p. 319, Abdullah bin Uthman Abu Bakr Siddiqra, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 2003)

Al narrar el incidente de la migración, Hazrat Aisha (ra) afirma que:

“Una vez estábamos sentados en la casa de Hazrat Abu Bakr al mediodía (es decir, estaban sentados en su propia casa) cuando un visitante le dijo a Hazrat Abu Bakr (ra) que el Santo Profeta (sa) iba a venir. En ese momento su cabeza estaba cubierta con un paño. Vino a una hora en la que no solía venir con nosotros. Cuando llegó, Hazrat Abu Bakr dijo: “¡Que mis padres sean sacrificados por tu gracia! ¡Por Dios! El que hayas venido aquí significa que ciertamente hay alguna tarea importante.”

Hazrat Aishah (ra) además afirma:

“En este momento, el Santo Profeta (sa) llegó a la casa y pidió permiso para entrar dentro. Abu Bakr le invitó a entrar y el Santo Profeta (sa) entró. El Santo Profeta (sa) le dijo a Hazrat Abu Bakr: “Que salgan todos los que están contigo fuera.”

Hazrat Abu Bakr respondió: “¡Oh, Profeta (sa) de Al-lah! ¡Que mis padres sean sacrificados por tu bien! Aquí en la casa sólo están presentes los miembros de tu familia, es decir, Hazrat Aisha y su madre, Umm-e-Roman”. Al escuchar esto, el Santo Profeta (sa) dijo: “Se me ha concedido permiso para emigrar”. Hazrat Abu Bakr dijo: “¡Oh, Profeta (sa) de Al-lah! Por favor llévame contigo. ¡Que mis padres sean sacrificados por tu bien!”. El Santo Profeta (sa) dijo: “de hecho, debes venir conmigo”. Después de esto, Hazrat Abu Bakr (ra) dijo: “¡Que mis padres sean sacrificados por tu bien! Si voy a acompañarte, deberías llevarte una de mis dos monturas para viajar. El Santo Profeta (sa) respondió que “me la llevaré a cambio de un precio.”

Hazrat Aisha además narra:

“Por lo tanto, rápidamente preparamos y empaquetamos sus cosas. Preparamos algunas provisiones para ellos y las metimos en una bolsa de cuero. La hija de Hazrat Abu Bakr, Hazrat Asmaa, cortó un pedazo de su cinturón y ató la bolsa con ello. Por esta razón, ella es conocida como Zatun-Nitaq [dueña del cinturón]. Después de esto, el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr llegaron a una cueva en la montaña de Zaur y permanecieron ocultos allí durante tres noches. Hazrat Abdul-lah bin Abi Bakr solía ir y pasar la noche con ellos. En ese momento, él era un joven listo e inteligente (es decir, era bastante maduro en ese momento). Se marchaba cuando todavía estaba oscuro, es decir, regresaba temprano por la mañana, cuando aún estaba oscuro, y pasaba la mañana con los Quraish en la Mecca, como si hubiera pasado la noche allí. Cualquier plan que escuchaba de ellos, es decir, de los incrédulos, se informaba en detalle y cuando oscurecía, llegaba a la cueva y se los contaba a ellos (como él pasaba el día en la Mecca, contaba todos los planes de los incrédulos al Santo Profeta (sa) por la noche).

El esclavo de Hazrat Abu Bakr, Amir bin Fuhaira (ra), pastaba una cabra de su rebaño que tenía las ubres llenas con la leche cerca de ellos. Justo después de la hora de Isha’a [oración de la noche], traía esta cabra para ellos y ambos tomarían su leche y pasaban la noche allí. Esta era la leche de su cabra que tenía las ubres llenas de leche. Amir bin Fuhaira (ra) volvía a su rebaño en la última parte de la noche y empezaba a llamar al rebaño. Hizo esto durante tres noches. El Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr contrataron a un individuo de la tribu de Banu Dil para mostrarles el camino. Pertenecía a Banu Abd bin Adi. Era un guía extremadamente experimentado. Había jurado lealtad a la familia de As bin Wa’il, y seguía la religión de los incrédulos de los Quraish. Ambos, el Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr, confiaban en este individuo a pesar de que era un incrédulo y se crió con los Quraish. Sin embargo, el Santo Profeta (sa) confió en él, le entregó sus camellas para el viaje y aceptó su promesa de que llegaría a la cueva de Zaur en la mañana después de tres días. “Amir bin Fuhaira y el guía los acompañaron. El guía llevó a los tres por un sendero a lo largo de la orilla del mar.

Esta es una narración de Bujari. (Sahih al-Bukhari, Kitab Manaaqib Al-Ansar, Bab Hijratun Nabi, Hadith 3905)

Suraqa bin Malik bin Yosham decía:

 “Los mensajeros de los incrédulos de Quraish vinieron a nosotros, y empezaron a dar recompensas a cualquiera que matara o capturara al Santo Profeta (sa) o a Hazrat Abu Bakr. Mientras estaba sentado en una reunión de mi tribu, Banu Mudlill, uno de ellos [un mensajero] vino a nosotros. Comenzaron a discutir cómo capturar o matar al Santo Profeta (sa) y cómo atacarle. Mientras estos asuntos estaban siendo discutidos en nuestra reunión, un individuo se nos acercó y se puso a nuestro lado, donde nosotros estábamos sentados, y comenzó a decir que ‘Suraqa, he visto algunas sombras a lo largo de la costa hace un rato y creo que es Muhammad (sa) y sus Compañeros “.

Suraqa dice, además:

“Me di cuenta de que efectivamente eran ellos [es decir, El Santo Profeta (sa) y sus Compañeros]. Sin embargo, le dije que ciertamente no eran ellos, sino que son tales y cuales personas de entre nosotros que acaban de salir (con la intención de desestimar su declaración). Después, permanecí en la reunión poco tiempo”.

A Suraqa le entró la avaricia en ese momento, y no quería que ese individuo les siguiera y fuera  merecedor de la recompensa.

Dice así:

“Rechacé su declaración. Me levanté poco después, fui a casa y le dije a mi sirvienta que sacara mi yegua y que lo dejara al otro lado de la colina. Había una pequeña colina detrás [de mi casa], y le dije que llevara mi yegua allí y la tuviera lista para montar. Poco después, cogí mi lanza y salí de casa por la parte trasera. Coloqué la punta de mi lanza en el suelo, doblé el extremo superior hacia abajo para montar mi yegua (es decir, utilicé el soporte de la lanza para montar la yegua -él mismo está narrando este incidente-)”.

Continúa diciendo:

“Después dí a mi yegua una ligera palmada para que corriera y galopé hasta que nos acercamos a ellos [al Santo Profeta (sa)]. De repente, mi yegua tropezó de tal forma que me caí. Me levanté, metí la mano en mi aljaba, saqué una flecha adivinatoria para consultar si podría o no lastimarles; deseaba saber si sería capaz de cumplir con mi intención de matarles o capturarles.”

Después relata:

“El resultado de mi consulta salió en mi contra (es decir, no estaba a mi favor y me indicaba que no sería capaz de capturarles)”.

Dice:

“Pero actuando en contra de mi augurio, monté mi yegua una vez más. La yegua comenzó, de nuevo, a galopar hasta que me aproximé tanto a ellos que podía escuchar al Santo Profeta (sa) recitar el Corán. El Santo Profeta (sa) no se giró, pero Hazrat Abu Bakr lo hacía continuamente. Las patas delanteras de mi yegua se hundieron en el suelo hasta las rodillas. Cuando me acerqué un poco más, las patas de mi yegua se clavaron en la arena y me caí. Entonces regañé a la yegua y me levanté, pero no era capaz de sacar sus patas de la arena. Es decir, finalmente, cuando, después de mucho esfuerzo, consiguió levantarse, la arena de ambas patas voló en el aire como si fuera humo”.

Se encontraba tan atascada en la arena que cada vez que intentaba sacar las patas, la arena que salía era tanta que parecía como si se hubiera extendido una nube de polvo.

“Llegado este momento, volví de nuevo a consultar las flechas adivinatorias y volví a recibir la señal que no deseaba, contraria a lo que yo pretendía, es decir, que no sería capaz de capturar al Santo Profeta (sa). En aquel momento, les llamé diciendo que se encontraban a salvo. Grité y dije al Santo Profeta (sa) que estaba a salvo. Ante esto, se detuvieron” (queriendo decir que ya no pretendía (matarles) o que ya no albergaba ninguna mala intención).

Continúa diciendo:

“Entonces monté mi yegua y cabalgué hacia ellos. Cuando mis intenciones cambiaron, la yegua comenzó a galopar sin problema y alcancé al Santo Profeta (sa) ó quizás vinieron ellos hacia mí o pararon”.

Dice:

“Al ver los obstáculos e impedimentos que había encontrado al intentar alcanzarles, surgió en mi corazón el sentimiento de que el Santo Profeta (sa) ciertamente prevalecerá. Le dije al Santo Profeta (sa) que su nación había fijado una recompensa monetaria por él y le informé sobre todo lo que la gente incrédula pretendía hacerle (le informó sobre los detalles de todas las malas intenciones de los incrédulos)”.

Después dice:

“Les ofrecí provisiones y comida para el viaje, pero el Santo Profeta (sa) no lo aceptó diciendo que no lo necesitaba. No requirió nada, simplemente me pidió que no comentara a nadie sobre su viaje (es decir, que no informara a nadie sobre la ruta que había escogido)”.

Después continúa diciendo:

“Pedí al Santo Profeta (sa) que escribiera algo que me sirviera como un tratado/pacto para vivir en paz. El Santo Profeta (sa) dio instrucciones a Amir bin Fuhaira (ra) [un esclavo de Etiopía, ahora liberado, que también viajaba con él (sa)] para que redactara este documento. Así que lo escribió en un trozo de cuero, y una vez hecho esto, continuó su viaje”.

Ibn-e-Shihab narra:

“Urwah bin Zubair me informó que el Santo Profeta (sa) se había reunido con Hazrat Zubair, cuando regresaba de Siria con una caravana musulmana en un viaje de negocios. Hazrat Zubair dio al Santo Profeta (sa) y a Hazrat Abu Bakr algunas prendas blancas. Los musulmanes de Medina, que habían escuchado las noticias de la partida del Santo Profeta (sa) de la Mecca, solían salir al campo de Harrah todas las mañanas y allí les esperaban hasta que el calor de la tarde les hacía regresar”.

Es decir, esperaban hasta el mediodía y cuando el calor se hacía sofocante, regresaban. Y hacían esto todos los días a la espera de la llegada del Santo Profeta (sa).

Dice:

Un día, después de esperar durante largo tiempo y mientras regresaban a sus casas, un judío subió a la parte superior de su casa para ver algo y divisó al Santo Profeta (sa) junto a sus Compañeros vestidos con prendas blancas y las dudas de un espejismo fueron desapareciendo de entre ellos (desde lejos casi no se podía divisar lo que era, pero poco a poco sus rostros se fueron haciendo cada vez más evidentes).

“El judío no pudo evitar proclamar: “¡Oh árabes!, dirigiéndose a los habitantes de Medina ¡Vuestro líder a quién esperáis está aquí!”

Sabía que los musulmanes salían todos los días a un lugar concreto a la espera de alguien.

“Cuando los musulmanes escucharon este anuncio, corrieron inmediatamente hacia sus armas y se reunieron en el terreno de Harrah para dar la bienvenida al Santo Profeta (sa). Cuando el Santo Profeta llegó junto a ellos, se dirigió hacia la derecha y llegó junto a ellos al barrio de Banu Amir bin Auf. Esto sucedió un lunes durante el mes de Rabiul Awwal. Hazrat Abu Bakr (ra) se levantó para reunirse con la gente y el Santo Profeta (sa) permaneció sentado en silencio. Aquellos Ansaar que aún no habían visto al Santo Profeta (sa) vinieron y comenzaron a ofrecerle saludos de paz a Hazrat Abu Bakr (ra) hasta que el sol comenzó a dar de lleno sobre el Santo Profeta (sa)” (al cabo de un tiempo, la poca sombra que había desapareció debido a elevada posición del sol).  “Por lo tanto, Hazrat Abu Bakr dio sombra el Santo Profeta (sa) con su capa y fue entonces cuando la gente reconoció al Santo Profeta (sa). El Profeta de Al-lah (sa) permaneció en el barrio de Banu Amr bin Auf poco más de diez noches y se construyó una mezquita sobre las bases de la rectitud donde el Santo Profeta (sa) ofreció sus oraciones. Después, montó en su camella y la gente comenzó a caminar con él. Su camella entró en Medina y se paró en el lugar donde se encuentra hoy Masyid-e-Nabwi (La Mezquita del Profeta).

En aquel entonces, algunos musulmanes ofrecieron sus oraciones en ese lugar, el mismo donde Sohail y Sahal secaban sus dátiles”.

Estos dos niños secaban los dátiles de sus tierras en un campo abierto. Eran dos o tres niños. Hazrat Sa’ad bin Zararah era el responsable de su educación.

“Cuando la camella del Santo Profeta (sa) se sentó allí, dijo: “Si Al-lah quiere, este será mi lugar de residencia”. Entonces el Santo Profeta (sa) llamó a los dos niños y preguntó por el precio del terreno para la construcción de la mezquita. Ellos respondieron: ‘¡Oh Mensajero de Al-lah! Te regalamos esta tierra”. El Santo Profeta (sa) se negó a obtener el terreno de forma gratuita y lo compró. Fue entonces cuando se construyó la mezquita. El Mensajero de Al-lah cargó los ladrillos durante su construcción, como los demás. Decía:

[árabe]

Es decir, “Esta carga no es como la carga de Jaibar. De hecho, ¡oh Señor Nuestro! Este peso es maravilloso y puro”.

También dijo:

[árabe]

“¡Oh Al-lah! La verdadera recompensa es la del Más Allá. Por esta razón, ten piedad de los Ansaar y los Muhayirin“.

Esta narración es también de Bujari. (Sahih al-Bukhari, Kitab Manaaqib Al-Ansar, Bab Hijratun Nabi, Hadith 390-)

Hazrat Musleh Maud (ra) habla acerca de la migración [del Santo Profeta (sa)]. Ha escrito la historia con su estilo propio, y yo voy a relatarla. Escribe:

“Al final, no quedó ni un solo musulmán en la Mecca, salvo algunos esclavos conversos, el propio Profeta (sa), Hazrat Abu Bakr(ra) y Hazrat Alí (ra). Los mequíes se dieron cuenta de que su presa estaba a punto de escapar. En consecuencia, los jefes se reunieron de nuevo y tomaron la decisión de asesinar al Santo Profeta (sa). Al parecer, por un designio divino especial, la fecha que eligieron para el asesinato del Santo Profeta Muhammad (sa) fue la misma que él había elegido para su huida. Cuando los asesinos de la Mecca se disponían a reunirse delante de su puerta con intención de matarle, el Santo Profeta (sa) salía de su casa en el silencio de la noche (por un lado los incrédulos de la Mecca se estaban reuniendo, y por otro lado Al-lah el Todopoderoso, que Le estaba guiando, en ese mismo momento estaba saliendo fuera). Los mequíes debían haber considerado que el Santo Profeta  (sa) pudiera anticiparse a su perverso proyecto. Avanzaron con cautela, y cuando pasó por delante de ellos, le tomaron por otro y se retiraron en lugar de enfrentarse a él para evitar ser identificados”.

En lugar de atacar al Santo Profeta (sa), comenzaron a esconderse de él por temor a que algún extraño pudiera ir e informar al Santo Profeta (sa) de sus planes.

Hazrat Musleh Maud (ra) dice además:

“El amigo más íntimo del Santo Profeta (sa), Abu Bakr (ra), se enteró del plan del Santo Profeta  (sa) el día anterior. Se reunió con él, y ambos salieron de la Mecca. Se refugiaron en una cueva llamada Zaur, a unos siete kilómetros de la Mecca, al otro lado de una colina.

Cuando los mequíes descubrieron que el Santo Profeta (sa) había huido, reunieron un ejército para perseguirle. Con ayuda de un rastreador, llegaron hasta Zaur, delante de la boca de la cueva en la que el Santo Profeta (sa) y Abu Bakr (ra) se hallaban escondidos. El rastreador aseguró que, o bien Muhammad (sa) estaba en la cueva, o bien había ascendido al cielo. Al oír sus palabras, el corazón de Abu Bakr (ra) se sobrecogió. ‘El enemigo está a punto de capturarnos y en unos instantes va a entrar en la cueva’, dijo en voz baja. ‘No temas, Dios está con nosotros’, contestó el Santo Profeta (sa). Hazrat Abu Bakr (ra) respondió: ‘No temo por mí, sino por ti. Pues si yo muero, no soy más que un simple mortal; si muero yo, morirá una persona normal. ¡Oh Profeta de Al-lah! Yo tenía el miedo que si tú mueres, desaparecerá de la tierra también la fe y el espíritu’. ‘Aún así, no temas’, le dijo el Santo Profeta (sa). ‘No somos dos en esta cueva. Hay un tercero: Dios.’

Como la tiranía mequí estaba destinada a su fin y el Islam tendría la oportunidad de prosperar y había terminado el plazo de la gente de la Mecca, Al-lah el Todopoderoso puso una venda en los ojos de los mequíes. Ridiculizaron al rastreador, diciendo que la cueva era demasiado abierta para servir de escondite, y que al albergar serpientes y víboras, carecía de seguridad. Aquí no podía esconderse ninguna persona en su sano juicio. De haber observado con mayor atención, habrían divisado a ambos. Pero no lo hicieron y tras despedir al rastreador, regresaron a la Mecca.

El Santo Profeta (sa) y Abu Bakr (ra) esperaron durante dos días en la cueva. En la noche del tercer día, tal como se había planeado, dos veloces camellas fueron traídas a la cueva, una para el Santo Profeta  (sa) y la persona que iba a mostrarles el camino y otra para Hazrat Abu Bakr (ra) y su criado Amir bin Fuhaira.

Antes de emprender el viaje hacia Medina, el Santo Profeta (sa) volvió su rostro hacia la Mecca. La Mecca era su sagrado pueblo natal. Había vivido allí su infancia y su madurez, y había recibido allí el llamamiento divino. Fue allí donde vivieron sus antecesores desde los tiempos de Ismael. Con estos pensamientos, echó una última y larga mirada y dijo: “¡Mecca! Te amo más que ningún otro lugar del mundo, pero tus habitantes no me permiten vivir aquí.” Oyendo estas palabras, Hazrat Abu Bakr (ra) comentó: “La patria ha expulsado a su Profeta (sa). Ahora sólo aguarda su destrucción.”

Tras el fracaso sufrido en el intento de perseguir a los dos fugitivos, los mequíes ofrecieron una recompensa por su captura: el que consiguiera capturar al Santo Profeta (sa) y a Hazrat Abu Bakr (ra), vivos o muertos, y los devolviera a los mequíes, recibiría una recompensa de cien camellas. El anuncio se publicó entre las tribus de alrededor de la Mecca. Tentado por la recompensa, Suraqa bin Malik, un jefe beduino, se lanzó en busca de los fugitivos y finalmente los divisó en el camino a Medina. Vio a dos hombres montados sobre camellas, y convencido de que se trataba del Santo Profeta (sa) y Hazrat Abu Bakr (ra), espoleó a su caballo para alcanzarles. El caballo se empinó y cayó al poco de avanzar, cayéndo también Suraqa. Suraqa después se hizo musulmán. Él mismo relata su propio incidente.” (Deebacha Tafsir-ul-Quran, Anwarul Ulum, Vol. 20, pp. 222-224) 

Hazrat Musleh Maud (ra) ha escrito todo el incidente que se ha mencionado anteriormente, narrado por Suraqa. Hazrat Musleh Maud (ra) luego escribe:

“El Santo Profeta (sa) pidió a ‘Amr bin Fuhaira que me redactara una garantía de paz, y éste lo hizo. Cuando Suraqa estaba preparando para el regreso, el Santo Profeta (sa) recibió una revelación sobre el futuro de Suraqa, y dijo: ‘Suraqa ¿cómo te sentirás con las pulseras de oro del Cosroes en tus muñecas?’ Asombrado, pregunté: ‘¿De qué Cosroes? ¿De Cosroes bin Hormizd, Emperador de Persia?’ El Santo Profeta (sa) dijo: ‘Sí’.

Dieciséis o diecisiete años después, la profecía se cumplió al pie de la letra. Suraqa aceptó el Islam, y fue a Medina. El Santo Profeta (sa) murió y tras su muerte, primero Hazrat Abu Bakr (ra) y después Umar (ra) se convirtieron en Jalifas del Islam. La creciente influencia del Islam provocó la envidia de los persas, hasta el punto de que lanzaron un ataque contra los musulmanes. Pero en vez de derrotar a los musulmanes, fueron derrotados por ellos. Los iraníes empezaron los ataques. La capital de Irán fue invadida por los trotes de los caballos de los musulmanes, que se apoderaron de sus tesoros. Entre los tesoros que cayeron en mano del ejército musulmán, estaban incluidas las pulseras de oro que llevaba el Cosroes en las funciones de Estado. Tras su conversión, Suraqa solía describir con orgullo su persecución al Santo Profeta (sa) y a su grupo, y lo que ocurrió entre él y el Santo Profeta (sa) durante la emigración. Los musulmanes sabían que el Santo Profeta (sa) dijo en persona a Suraqa que “cómo te sentirás cando te coloquen las pulseras de oro del Cosroes”. Cuando se colocaron ante Umar(ra) los botines de la guerra contra Persia, éste vio las pulseras de oro y recordó lo que el Santo Profeta (sa) había dicho a Suraqa. Fue una gran profecía, anunciada en un momento de gran debilidad, cuando el Mensajero (sa) de Al-lah había sido obligado a abandonar su ciudad natal e ir a Medina”.  Además, Suraqa (ra) y otros le perseguían para traerlo de vuelta a los Mequíes, vivo o muerto, por una recompensa de 100 camellos. Fue en ese momento cuando el Santo Profeta (sa) le preguntó a Suraqa (ra) “¿cómo te sentirías con las pulseras de oro de los Cosroes en tus muñecas?” ¡Qué gran profecía y claro conocimiento de lo invisible que era esto! Cuando Umar (ra) vio los brazaletes de oro, vislumbró el poder de Dios Todopoderoso.

“Él, por lo tanto, llamó a Suraqa (ra) y le ordenó que se pusiera las pulseras de oro del Cosroes. Suraqa (ra) protestó diciendo: “¡Oh Jalifa del Profeta de Dios! El Islam ha prohibido el uso de oro a los musulmanes hombres”. Umar (ra) dijo que esto era cierto en el sentido de que a los hombres se les había prohibido usar oro, pero que la ocasión era una excepción, por lo que no estaba prohibido hacerlo en esta ocasión en particular. Al-lah Taala había visualizado al Santo Profeta (sa) que llevarías las pulseras de oro de Cosroes en tus muñecas; por lo tanto, tenía que usarlas ahora, o iba a ser castigado por desobediencia (puesto que se había cumplido una profecía, por lo tanto, el resto de la profecía también debía cumplirse). Suraqa (ra) estaba objetando por deferencia a la enseñanza del Santo Profeta (sa); de lo contrario, estaba tan ansioso como cualquier otra persona por proporcionar una prueba visible del cumplimiento de la gran profecía. Se puso las pulseras y los musulmanes fueron testigos del cumplimiento de la gran profecía ante sus propios ojos.” (Deebacha Tafsir-ul-Quran, Anwarul Ulum, Vol. 20, pp. 222-226) 

Se ha registrado en algunos libros que el Santo Profeta (sa) no dijo que Suraqah bin Malik recibiría las pulseras de Cosroes en el momento de la migración, sino que fue en un lugar llamado Yi’rana, justo después de que el Santo Profeta (sa) regresara de Hunain y Ta’if. Sin embargo, la narración más común es la mencionada anteriormente, es decir, en el momento de la migración, que también menciona Hazrat Musleh Maud (ra). (Bukhari ba-Sharh Al-Karmani, Vol. 14, p. 178, Kitab Bad’ul Khalq, Bab Alaamaat Al-Nubuwwah fi Al-Islam, Hadith 3384, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 2003)

Cuando Hazrat Amir bin Fuhaira (ra) emigró a Medina, cayó enfermo al llegar. El Santo Profeta (sa) oró por él y como resultado recuperó toda su salud. Hazrat Aisha (ra) relata que cuando el Santo Profeta (sa) llegó a Medina, después de haber emigrado [de la Mecca], algunos de sus Compañeros enfermaron, a saber, Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Amir bin Fuharia (ra) y Hazrat Bilal (ra). El Santo Profeta (sa) le otorgó a Hazrat Aisha (ra) permiso para visitarles y preguntarles por su salud. Hazrat Aisha (ra) le preguntó a Hazrat Abu Bakr (ra) sobre su salud, y en respuesta recitó el siguiente pareado:

[árabe]

Es decir, “cada vez que un hombre se despierta por la mañana en su propia casa es realmente una buena mañana, dado que la muerte está más cerca de él que los cordones de un zapato”.

En otras palabras, está en tal estado que cuando despierta sabe que algún día finalmente morirá.

Hazrat Aisha (ra) luego preguntó por la salud de Amir bin Fuhaira (ra) y él respondió recitando el siguiente pareado:

[árabe]

Es decir, “he probado la muerte incluso antes de que suceda. Ciertamente, la muerte de un cobarde llega inesperadamente.”

Lo que significa que un hombre valiente está siempre preparado para morir, mientras que un cobarde no está preparado para su muerte.

Hazrat Aisha (ra) luego preguntó por la salud de Hazrat Bilal (ra). Respondió con el siguiente pareado:

[árabe]

En otras palabras, “Deseo saber si voy a pasar una noche en el valle de la Mecca rodeado de la hierba de Izjar y Yalil.”

Entonces, Hazrat Aisha (ra) regresó al Santo Profeta (sa) y le relató las respuestas de los [tres]  Compañeros, es decir, lo que Hazrat Abu Bakr (ra), Hazrat Amir bin Fuhaira (ra) y Hazrat Bilal (ra) dijeron. Después de escuchar esto, el Santo Profeta (sa) miró al cielo y suplicó:

[árabe]

“¡Oh Al-lah, haz que Medina sea tan amada por nosotros como lo hiciste con la Mecca, o más que eso! ¡Oh, Al-lah, hazla propicia para la salud, y bendícenos en su sa’ y mudd’ (unidades de peso y medida) y transfiere sus epidemias a Maya’aa (es decir, lejos de nosotros)!” (Musnad Ahmad bin Hanbal, Vol. 10, pp. 101-102, Hadith 25092, Musnad A’ishara, Dar-ul-Kutub Al-Ilmiyyah, Beirut, 2008)

Hazrat Amir bin Fuhaira (ra) fue martirizado durante el incidente de Bi’r Ma’unah. Cuando estos Compañeros fueron asesinados en Bi’r Ma’unah y Hazrat Amr bin Umayyah Zamri fue retenido cautivo, Amir bin Tufail señaló a un difunto y le preguntó quién era este hombre. Amr bin Umayyah respondió que era Amir bin Fuhaira (ra). Amir bin Tufail luego dijo: “Vi a Amir bin Fuhaira (ra) elevarse a los cielos después de ser asesinado, hasta el punto que el cielo estaba entre él y la tierra, y puedo verlo incluso ahora. Luego, descendió a la tierra.”

El Santo Profeta (sa) recibió esta noticia e informó a sus Compañeros de su martirio. Dijo: “Vuestro Compañero ha sido martirizado y oró a su Señor: ‘¡Oh Señor, informa a nuestros hermanos de lo que nos ha sucedido y que estamos contentos contigo y que Tú estés complacido con nosotros!’” De esta manera, Al-lah el Todopoderoso les informó de ello. Esta es también una tradición de Bujari.

El mismo Al-lah el Todopoderoso mostró esta escena a los no musulmanes también tal como el Santo Profeta (sa) había recibido la noticia.

Hay diferentes opiniones sobre cómo el Santo Profeta (sa) recibió noticias de quién mató a Hazrat Amir bin Fuhaira (ra). Según algunas narraciones, Amir bin Tufail, quien narró esto, fue quien lo martirizó. Después de todo, fue Amir bin Tufail quien preguntó quién era el difunto. Por lo tanto, él era el que estaba entre los enemigos que lo mataron. Por otro lado, según otra fuente, Abdul Yabbar bin Salmi fue quien lo mató. En cualquier caso, Hazrat Amir bin Fuhaira (ra) fue asesinado en el incidente de Bi’r Ma’unah. (Al-Isti‘aab Fi Ma’rifati Al-Sahaba, Vol. 2, p. 796, Aamir bin Fuhairahra, Dar-ul-Jeel, Beirut, 1992) (Al-Isti‘aab Fi Ma’rifati Al-Sahaba, Vol. 1, pp. 229-230, Jabbar bin Salmara, Dar-ul-Jeel, Beirut, 1992)

Describiendo el incidente en el que fue martirizado Hazrat Amir bin Fuhaira (ra), Hazrat Musleh Maud (ra) escribe:

“Por lo tanto, el Islam no floreció por la espada, sino que lo hizo a través de las elevadas enseñanzas morales que penetraron en los corazones y causaron un tremendo cambio en la moralidad de la gente. Un Compañero dijo que la razón por la que aceptaba el Islam era que había sido uno de los invitados entre las personas que habían martirizado a traición a los 70 Qaris (aquellos que habían memorizado el Sagrado Corán). Cuando lanzaron un ataque contra los musulmanes, algunos de ellos habían subido a una colina mientras que otros estaban listos para combatir. Como el enemigo superaba en número a los musulmanes, que estaban desarmados e indefensos, vencieron a los musulmanes, matándolos uno por uno. Al final, solo quedaba un Compañero, que había acompañado al Santo Profeta (sa) en la migración y era el esclavo liberado de Hazrat Abu Bakr (ra), cuyo nombre era Amir bin Fuhaira (ra). Fueron necesarios muchos enemigos para derrotarle y uno de ellos clavó una lanza en su pecho. A medida que la lanza penetraba, espontáneamente pronunció las palabras [árabe] “Juro por el Señor de la Ka’bah, he prosperado”. Cuando él (Amir bin Tufail, uno de los asaltantes que luego aceptaron el Islam) escuchó estas palabras quedó asombrado. Pensó para sí mismo: este hombre está lejos de su esposa, sus hijos y se encuentra en una situación tan dura donde su pecho ha sido atravesado por una lanza, sin embargo, mientras está muriendo, lo único que pronuncia ha sido “Juro por el Señor de la Ka’bah, he prosperado”. ¿En qué estado de locura se encuentra? Por lo tanto, Amir bin Tufail preguntó a los demás por qué dijo tales palabras. Ellos le respondieron: no tienes ni idea de lo realmente locos que están estos musulmanes. Cuando mueren en el camino de Al-lah el Todopoderoso, creen que Dios está complacido con ellos y han logrado su objetivo. Amir bin Tufail dice que esto tuvo un impacto tan grande en él que decidió ir a ver la sede musulmana para estudiar su religión por sí mismo. Por lo tanto, cuando llegó a Medina, aceptó el Islam.

Los Compañeros dicen que, en este suceso, un hombre fue asesinado con una lanza. Estaba muy lejos de su ciudad natal y de sus parientes, sin embargo, las palabras que fluían de su lengua eran: [árabe] “Juro por el Señor de la Ka’bah, que he prosperado”. Estas palabras le impactaron profundamente, de tal manera que incluso después del ataque y de aceptar el Islam, cada vez que relataba dicho suceso su cuerpo se ponía a temblar, y cuando llegaba a la parte donde pronunciaba las palabras [arabe] “Lo juro por el Señor de la Ka’bah, que he prosperado”, sus ojos se llenaban de lágrimas.

Por lo tanto, Hazrat Musleh Maud (ra) escribe que el Islam se extendió debido a su belleza, y no por la fuerza.

También se narra que en el momento del martirio de Hazrat Amir bin Fuhaira, este pronunció las palabras: Fuztu Wa Rabil Ka’bah; y en otra narración se dice que las palabras pronunciadas fueron: Fuztu Wal-lah. Constan ambos relatos.

Por otra parte, Hazrat Musleh Maud (ra) también menciona que estas palabras fueron pronunciadas por muchos otros Compañeros. Al mencionar este tema, Hazrat Musleh Maud (ra) afirma:

“Encontramos en la lectura de la historia, que los Compañeros iban a las batallas con la convicción de que alcanzar el martirio era en realidad una fuente de consuelo y alegría para ellos. Si alguna vez experimentaban algún sufrimiento durante las batallas, lo consideraban una fuente de consuelo. Así, encontramos numerosos casos en la historia en los que consideraron una consolación ser asesinados en el camino de Dios.

Por ejemplo, los Hufaz, fueron enviados por el Santo Profeta (sa) a una de las tribus árabes, con el propósito de que les predicaran (tabligh). El líder de esta delegación, Haraam bin Milhaan, fue a ver a Amir bin Tufail, que era el jefe de la tribu, para transmitirle el mensaje del Islam, mientras que el resto de los Compañeros permanecían detrás. Inicialmente, Amir bin Tufail y sus cómplices lo saludaron afectuosamente (con hipocresía). Así pues, cuando se sintieron a salvo, se sentaron entre ellos y comenzaron a predicarles. A continuación, un malvado le hizo una seña a otro, quien, de inmediato, tras de recibir la indicación, atacó a Haram bin Milhan por la espalda con una lanza y le hizo caer. Mientras caía, pronunció espontáneamente las siguientes palabras: Al-lah Akbar Fuztu Wa Rabil Ka’bah, que significan, ‘¡Dios es grande. El Señor de la Ka’bah es mi testigo, he alcanzado mi objetivo!’

A partir de entonces, estos malvados rodearon al resto de los Compañeros y los atacaron. Respecto a este suceso, se menciona que la persona que martirizó a Amir bin Fuhaira (ra) era el esclavo liberado de Hazrat Abu Bakr (ra), que también estuvo al lado del Santo Profeta (sa) durante la emigración, y que más tarde se convirtió en musulmán. Dijo que su razón para convertirse en musulmán fue que cuando mató a Amir bin Fuhaira (ra), este inmediatamente pronunció las palabras: Fuztu Wal-lah, que quieren decir ‘por Dios, que he logrado mi objetivo.’”

Por lo tanto, estos incidentes ilustran el hecho de que la muerte fue una fuente de alegría para los Compañeros y no de dolor. Por lo tanto, estos Compañeros fueron muy afortunados, particularmente Amir bin Fuhaira (ra) quien también tuvo la oportunidad de servir a Hazrat Abu Bakr (ra). También tuvo la oportunidad de servir al Santo Profeta (sa) y lo acompañó durante su emigración. (Eik Ayat ki Pur Ma’arif Tafsir, Anwarul Ulum, Vol. 18, pp. 612-613)

Él también se encargó de suministrar alimentos al Santo Profeta (sa) cuando estaba en la cueva de Zaur. En aquellos días, la comida consistía en leche de cabra; y se le asignó esta tarea a Amir bin Fuhaira (ra). Durante tres días, sin faltar ninguno, llevaba allí las cabras y les proporcionaba su leche.

También tuvo el honor de redactar una carta para el pacto de paz con Suraqa, siguiendo las instrucciones del Santo Profeta (sa). Luego, como resultado de una oración que hizo con anterioridad, el Santo Profeta (sa) recibió las noticias de su martirio, aunque se encontraba lejos. Fue un verdadero ejemplo de lealtad pues demostró su lealtad en cada ocasión. ¡Que Al-lah el Todopoderoso continúe elevando su estatus!