EL PRIMER OBJETIVO DE LA RELIGIÓN:
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

EL PRIMER OBJETIVO DE LA RELIGIÓN:

La concepción islámica de Dios

Como ya he mencionado anteriormente, el primer objetivo de la religión atañe a cuatro cuestiones. Me referiré, por tanto, a lo que el islam enseña respecto a cada una de estas cuestiones.

La primera cuestión es: ¿qué dice el islam respecto a la persona y atributos de Dios? El islam describe a Dios como un Ser Perfecto, poseedor de toda excelencia. El primer versículo del Sagrado Corán declara:

“Toda alabanza pertenece a Al’lah, Creador y Sustentador de todos los mundos”15.

Puesto que Dios creó todas las cosas y todas ellas dependen de Él para subsistir, sólo Él merece toda la alabanza por la belleza y excelencia que encontramos en ellas, pues éstas derivan de Dios. La hermosura de un paisaje, el encanto de una voz, la fragancia de una flor, la suavidad de un lecho, la golosina de un plato, la belleza y placer de todo lo que agrada y reclaman los sentidos del hombre, es creado y otorgado por Dios.                                                                                     50

El versículo prosigue: Al-Rahman, al-Rahim, es decir, Dios, por Su pura Gracia y Bondad creó todo aquello cuya necesidad habría de sentir el hombre. Por ejemplo, el aire y la luz; el agua y el fuego; variadas clases de alimento y medicinas; la madera, el hierro, las rocas, etc. Ha creado cosas tan innumerables para el uso y ejercicio de las facultades del hombre, que dondequiera que se encamina, encuentra dónde reposar su atención, ofreciéndosele incontables oportunidades de mejorar y perfeccionar su conocimiento y aptitudes. En realidad, el hombre no puede experimentar necesidad alguna cuya satisfacción no le ha sido provista desde antes de su nacimiento. Todo esto tiene lugar bajo el atributo divino de Rahmaniat.

De nuevo se le llama Rahim en el Sagrado Corán. Es decir, que Él recompensa toda labor y esfuerzo de acuerdo con su merecimiento. El esfuerzo humano nunca es estéril, y siempre es recompensado en correcta proporción a sus méritos.

De nuevo se le llama Malik-i-Yaum-i-Din; es decir, Él es el Dueño del Día del Juicio. En otras palabras, además del funcionamiento de las leyes de la naturaleza, y las recompensas y castigos a que dan lugar en cada momento, Él ha fijado los límites de cada acción, y tan pronto como tales límites son sobrepasados, tiene lugar un juicio final sobre cada acto, de forma que los buenos son recompensados y los malos castigados, existiendo siempre la posibilidad de que bajo su atributo de Malikiat pueda Él perdonar en cualquier instante, y conceder la remisión de la culpa.

También se le menciona como Qadir; es decir, que Él ha determinado la naturaleza y propiedades de todas las cosas. De no haber sido así, el desorden y la confusión serían constantes en el mundo, y los asuntos terrenales habrían concluido rápidamente. De no poseer el hombre la certeza sobre la naturaleza, efecto y propiedades de las cosas, nunca podría tomar alguna iniciativa, al no conocer adónde podría conducirle. Por ejemplo, una persona que desea cocinar, enciende el fuego con la certeza absoluta de que el fuego originará calor. Si la generación de calor no fuera una característica fija del fuego, y la extinción del fuego no fuera una propiedad permanente del agua; o si el fuego generara unas veces calor y otras frío; o si el agua extinguiera al fuego en unas ocasiones y en otras lo avivara, nadie podría beneficiarse de ellos, y los hombres caerían en la desesperación y pronto perecerían.

A Dios se le describe como Alim, es decir, que tiene conocimiento de las cosas ocultas y de las manifiestas. Él es conocedor de los secretos del corazón humano y conoce todo lo oculto. Él está enterado de todo lo desconocido de la naturaleza humana, de la que el propio hombre es ignorante.

Todo cuanto existe bajo la tierra así como todo lo existente en lo más recóndito de las montañas se encuentra en Su conocimiento. Él sabe del pasado y también del devenir.

Él es Sami, es decir, escucha todo. El más ligero susurro no se le escapa, y el arrastre de una hormiga, o el sonido de la sangre discurriendo por las arterias humanas también Le llega.

Él es Hayy, es decir, está vivo, y otorga vida a los demás. Él es Jaliq, el Creador.

Él es Qayyum, es decir, mantiene la existencia de los demás.

Él es Samad, es decir, nada puede existir sin Su apoyo y asistencia.

Él es Ghafur, es decir, perdona nuestras faltas.

Él es Kahar, es decir, todas las cosas están sujetas a su Poder.

Él es Jabbar, es decir, remedia todo desorden y enfermedad. Él es Wahab: concede favores y bondades a Sus criaturas. Él es Subbuh: libre de todo defecto.

Él es Quddus: abarca en Sí mismo todos los aspectos de la pureza y santidad.

No duerme ni se fatiga. Es Eterno e Imperecedero.

Es Muhaimin, es decir, protege a todas las cosas. Gracias a este atributo divino, el hombre se ve salvaguardado de males y sufrimientos, de cuya proximidad puede incluso no percatarse. Se ve frecuentemente salvado de determinada enfermedad o calamidad gracias a secretas influencias que trabajaron a su favor. Tan pronto como una enfermedad ataca al organismo humano, diversas fuerzas comienzan a destruir a los gérmenes de la enfermedad. Mientras el hombre no persista en actuar temerariamente, destruyendo las leyes de la naturaleza, se ve salvado de muchas de las malas consecuencias de su conducta. Dios dice en el Sagrado Corán:16

“Si Dios hubiera de castigar a los hombres por sus irregularidades de conducta, ninguno de ellos hubiera sido eximido”.

En resumen, Él posee todos los atributos perfectos y Su misericordia abarca todas las cosas. Como dice:

“Mi misericordia lo abarca todo”17.

En otras palabras, Sus atributos de enojo y castigo se encuentran supeditados a Sus atributos de misericordia.

Él es Ahad: nada es igual a Él; es Wahid, es decir, todas las cosas tuvieron su origen en Su Voluntad, y Él es la Causa Primera de toda la Creación. Muchos otros atributos se mencionan en el Sagrado Corán que muestran que el islam enseña un concepto perfecto de Dios, poseedor de atributos que generan amor por una parte y temor por la otra, siendo ambos indispensables para una perfecta relación entre Dios y el hombre.

Un instante de reflexión mostrará que la perfecta unidad y la perfecta obediencia sólo pueden producirse por amor o por temor. Sin duda el amor es la relación más perfecta y superior, pero es también indudable que ciertas naturalezas no se sienten afectadas salvo por el temor. Una religión, por tanto, que no haga énfasis en ambos atributos divinos de misericordia y castigo, no puede ser universalmente beneficiosa. Al considerar las causas y orígenes de la conducta humana, toda religión debe considerar no sólo

los motivos que gobiernan la actitud de los estratos más desarrollados de la sociedad, sino también aquellos que influencian las acciones de todas las clases y condición humana. En realidad, los sectores más elevados de la humanidad se encuentran, en general, inclinados al bien por naturaleza. Por tanto, debemos prestar la mayor atención a quienes cayeron en desgracia, y olvidaron completamente sus deberes como seres humanos. Este tipo de personas, salvo raras excepciones, sólo es influenciable por el miedo, y no le es aceptable ningún tipo de reforma moral o espiritual a menos que se enfrente con la perspectiva de algún daño o pérdida. Una religión que proclama conducir a toda la humanidad a una relación directa con Dios debe, por tanto, considerar esta característica de la naturaleza humana. Al describir los atributos de Dios, el islam ha contrapesado de tal forma los diferentes atributos, que no puede imaginarse una combinación más perfecta que logre atraer y controlar a hombres de tan diferentes naturalezas. Ambos atributos de Amor y Castigo han sido objeto de énfasis, ambos sujetos a la afirmación: “Mi misericordia abarca todas las cosas”, es decir, que la misericordia supera al castigo, ya que el objetivo de este último no es el de infligir daño sino reformar.

Esta es una concepción de Dios suprema y perfecta, y responde totalmente al objetivo real de la religión, no siendo algo distintivo del islam. La mayoría de las religiones atribuyen atributos similares a Dios, con pequeñas diferencias. Esto hace que se pregunte, quien lo observa con superficialidad, por qué han de oponerse unas religiones a otras. Sin embargo, el error de que todas las religiones presentan una concepción similar de Dios, surge del hecho de que la mayoría de la gente, al considerar esta cuestión, olvidan las características de la naturaleza humana. Es propio de ésta aceptar o rechazar determinadas cosas por principio, sin admitir interferencia o ayuda externa. De tales cosas se dice son auto-evidentes, y aunque algunos pensadores no las acepten como tales, las masas las aceptan sin cuestionarlas, y las convierten en una segunda naturaleza, sin posibilidad de que alguien pueda argumentar lo contrario. Una de estas cosas aceptada casi unánimemente por la humanidad, es la noción de que Dios es un Ser Perfecto, libre de todo defecto. Ninguna religión que declare que Dios adolece de perfección o está sujeto a deficiencias puede esperar ser atendida. No puede haber, por tanto, mucha diferencia entre los nombres y atributos que las diferentes religiones atribuyen a Dios. Surgen, sin embargo, diferencias, en la forma en que los fieles de distintas religiones explican tales nombres y atributos. La aparente coincidencia respecto a tales nombres no se debe al hecho de que todas las religiones coincidan en los atributos divinos, sino a la reacia voluntad de las masas a aceptar otros nombres en lugar de aquellos. Al comparar los méritos de las diferentes religiones debemos considerar, por tanto, las explicaciones que cada religión ofrece al interpretar tales nombres y atributos.

Por ejemplo, todas las religiones coinciden al declarar que Dios es el Creador del universo, y que Él capacita a todo lo creado para que evolucione en su propio campo. Sin embargo, se revelan vastas diferencias entre las enseñanzas de las diferentes religiones respecto a este atributo divino.

Como estoy tratando de las enseñanzas del Ahmadíat, voy a proceder a explicar lo que el islam enseña respecto de este atributo. Es obvio que Dios no es el Creador o Sustentador de una nación o clase particular, sino que es el Creador y Sustentador de todo el universo, y que, en la medida en que el atributo de Creador les concierne, todos los hombres son iguales, y ninguna nación puede demandar una relación especial con Dios.

Él se ocupa de las gentes de Asia de la misma manera que mira por las de Europa, y cuida de los americanos igual que de los africanos. De la misma forma que provee por nuestras necesidades físicas, también provee por nuestras necesidades espirituales. Basándose en este principio, el Sagrado Corán, en un tiempo histórico en el que privaba el espíritu de exclusividad nacionalista, cuando los prejuicios políticos eran máximos, y las gentes de una nación no conocían siquiera si las de otros países tenían idea del concepto de profetázgo, proclamaba:

“No existe ningún pueblo al que no se haya enviado un Amonestador”18.

En otro lugar declara:

“Mas suscitamos de entre cada pueblo un Mensajero, que predicó:

“Adorad a Al’lah y rechazad a los malvados y rebeldes”, pero entre ellos hubo algunos a quienes Al’lah guió y algunos que merecieron la perdición. ¡Recorred pues la tierra, y comprobad cuál fue el fin de los que trataron de mentirosos a los Profetas!19.

Se relata en una de las tradiciones, que se le preguntó en cierta ocasión al Santo Profetasa acerca de si Dios había revelado algo en lengua persa, y él replicó: “Sí, Dios habló en persa a un Profeta”.

Considerad, por tanto, cómo el islam, ofreciendo esta explicación de la expresión Rabbul-Alamin, que es común a los seguidores de todas las religiones, descubrió al mundo una nueva verdad, y estableció los cimientos de la fraternidad universal. En consecuencia, un musulmán no puede sentir más que respeto y veneración hacia los fundadores y líderes de las demás religiones. Para él, Krishna, Ramchandra, Buda, Zoroastro y Confucio son Profetas de Dios, al igual que Jesúsas o Moisésas, con la única diferencia de que, al haber mencionado a estos últimos en el Sagrado Corán, existe una mayor certidumbre a su respecto. Este hecho afecta fundamentalmente a la actitud del islam respecto a las demás religiones. Tan pronto como un musulmán oye acerca de una antigua religión que previamente no conocía, o tiene noción de un antiguo profeta desconocido, no se siente confuso como si otro rival hubiera aparecido en escena, sino que, al contrario, acepta el descubrimiento como prueba viva de la verdad del islam, y como confirmación de las enseñanzas del Sagrado Corán. ¿No enseña acaso el islam que Dios es Rabbul-Alamin y que sus bondades no están confinadas a Arabia o Siria, y que, al igual que el Sol ilumina cada rincón del mundo, así debe la Palabra de Dios iluminar cada valle, dando luz a todas las naciones?

Al llegar a este punto puede surgir la pregunta de que si todas las religiones tienen origen divino, ¿por qué no debemos aceptar a todas como verdaderas y creer que todas ellas nos conducen a Dios? Esta cuestión ha sido respondida por el Sagrado Corán en los siguientes versículos:

“Por Al’lah, enviamos Mensajeros a todas las naciones antes de ti; pero la gente malvada les ocuparon (es decir, las naciones) en otros propósitos,y tales gentes son hoy sus amigos; sufrirán un doloroso castigo. Pues solamente te hemos revelado el Libro para que les expliques lo relativo a sus diferencias, y como guía, y como misericordia para los creyentes”20.

Este versículo indica que la integridad de todos los libros y enseñanzas precedentes se ha vuelto dudosa, y que encontraron lugar en ellas las dudas y errores extrínsecos antes del advenimiento del Santo Profetasa, de tal forma que a pesar de su origen divino, se han vuelto inapropiados en la práctica, y no pueden ofrecer ya la garantía de que actuando conforme a ellos, el hombre pueda llegar a Dios.

Otra cuestión concerniente a Dios, y que corresponde a la religión responder, es la siguiente: ¿por qué no podemos ver a Dios si Él existe? Es fácil afirmar que Dios existe, pero la dificultad radica en demostrar los diferentes atributos de Dios. El Sagrado Corán reconoce esta responsabilidad y ofrece la prueba de los distintos atributos divinos. Por ejemplo, respecto a la última cuestión mencionada, declara:

“Las miradas no pueden alcanzarle pero Él alcanza las miradas. Él es el Inconmensurable, el Omnisapiente.21”

¡Qué breve, pero qué completa esta explicación! Las cosas sutiles, como por ejemplo, el aire, la electricidad, el éter, etc. no son visibles a los ojos del hombre, ¿cómo puede ver a Dios, cuando Él es mucho más sutil que todo lo existente, y no está hecho siquiera de materia, sino que Él mismo es el Creador de todas las cosas? Al contrario, Dios sabe que el hombre busca sin descanso su unión con Él y se siente impaciente por Su encuentro. Él, por tanto, se acerca al hombre por Sí mismo, y se revela personalmente ante sus ojos; es decir, se manifiesta a través de Su Poder y atributos, capacitando de esta forma al hombre para verle con los ojos de la razón.

Respecto a la prueba de la existencia de Dios, el Sagrado Corán dice:

“Bendito sea Aquél en Cuyas manos está el reino, y que tiene poder sobre todas las cosas. Quien ha creado la muerte y la vida para que pueda probar cuál de vosotros es mejor en sus acciones; pues Él es el Poderoso, el Sumo Indulgente. (Es decir, ha creado la vida para la realización de acciones, y la muerte como recompensa, pues la compensación perfecta no puede ser otorgada en esta vida, sin que la fe pierda su valor). Quien ha creado siete cielos en armonía. No puedes ver imperfección alguna en la creación del Dios Clemente. Mira de nuevo: ¿ves alguna fisura? Sí, mira de nuevo, y una vez más, tu vista sólo volverá a ti frustrada y fatigada”.22

En otras palabras, si tomamos en consideración el universo completo, encontramos que cada necesidad ha sido prevista; y que se nos han otorgado los medios más adecuados para el desarrollo de cada capacidad y facultad. Algunas de las necesidades del más ínfimo gusano que se arrastra sobre la tierra están previstas en algún planeta que se desplaza a billones de kilómetros de la tierra. La contemplación de este círculo de deseo y su satisfacción, nos muestra que el universo tiene un Creador, que no ha omitido anticipar nuestro más pequeño deseo, y que, por tanto, ha otorgado los medios de satisfacer toda verdadera necesidad y anhelo.

Otra cuestión que surge con cierta frecuencia es que, si Dios es un Creador benévolo, ¿por qué ha creado tales cosas como las fieras, los gusanos, reptiles, el dolor, las enfermedades, las plagas, etc? El islam también ofrece explicaciones sobre tal cuestión. Por ejemplo, el Sagrado Corán dice:

Alabado sea Dios, que creó los cielos y la tierra, y originó las tinieblas y la luz;, y sin embargo, los incrédulos le atribuyen partícipes”.23

Es decir, todas las cosas que resultan fastidiosas y que son denominadas “hijas de las tinieblas”, como por ejemplo, las plagas, las fieras, los insectos venenosos, etc. también son creación de Dios, y su creación no atenta contra su atributo de Misericordioso, sino que al contrario, es una prueba de Su misericordia. Si se medita sobre su verdadera naturaleza, aumenta la gloria y la alabanza de Dios, que de ningún modo queda mermada. Sin embargo, los que ignoran la verdadera naturaleza de tales cosas, consideran que su creación es despreciativa para Dios, y asocian a otros con Él creyendo que estas cosas deben haber sido creadas por algún otro ser. Observad de que forma tan espléndida el islam ha desvelado la verdad, y ha explicado el objetivo de la creación de tales cosas, que a primera vista parecen dañinas o penosas. Declara que han sido creadas para un fin útil, y que el hombre debe alabar a Dios por su creación. Considerándolo así, el punto de vista es completamente opuesto. El arsénico, la estricnina y la morfina son venenos mortales, y sin embargo, ¡cuán frecuentemente son usados para evitar el malestar humano y combatir las enfermedades! ¿Mueren acaso más hombres por su daño, de los que se salvan por su aplicación? Millones de hombres se salvan de las garras de la muerte mediante el uso de tales venenos. Lo mismo ocurre con las serpientes, escorpiones y otros reptiles. No se ha prestado aún suficiente atención a estas criaturas, pero un estudio ulterior habrá de descubrir que su existencia presta gran valor a los intereses médicos y científicos. Además, según aparece en el Sagrado Corán, la creación de tales insectos y reptiles fue anterior a la creación del hombre, y fueron responsables en gran medida de la purificación atmosférica de la tierra. Dichos insectos y animales fueron, en realidad, los primeros eslabones de la creación del hombre, aunque no en el sentido en que, en general, se entiende hoy día la evolución, sino representando las diferentes etapas de desarrollo por las que la tierra ha pasado.

De nuevo dice:

“Entre Sus Signos está la creación de los cielos y la tierra y de todas las criaturas vivas que ha distribuido en ambos. Él tiene el poder de prescindir de ellas cuando desee. Cualquier infortunio que os sucede, se debe a lo que vuestras propias manos han forjado. Mas Él evita muchas de las consecuencias nefastas de vuestros errores.”24

Dios creó el Sol, la luna y las estrellas; los cielos y la tierra, y todo lo que se encuentra entre ambos, para servir al hombre; pero si éste no acierta a sacar utilidad de ello, o lo mal emplea y deriva pérdidas o daño, se trata solo de su propio error. En muchos casos, Dios advierte de las malas consecuencias de los fallos humanos. Por tanto, los males sufridos por el hombre no se deben a la acción de Dios, sino a que éste contraviene las leyes naturales que han sido diseñadas para su beneficio. La enfermedad se debe a la interacción entre las facultades agonistas y antagonistas con que se ha dotado al hombre. Todo progreso humano acontece como resultado de la acción y reacción de estas facultades; ya que de no existir, el hombre no sería lo que es. Bajo la ley natural general, el hombre se ve influenciado por todo lo que le rodea, y él, a su vez, influye sobre el medio. En cualquier momento de este proceso de influencia y contra- influencia en el cual el hombre contraviene la ley natural, se expone a sí mismo al ataque de cualquier enfermedad, malestar o inconveniencia. Dios, por tanto, no ha creado a la enfermedad como tal, sino que ha creado la ley natural que es indispensable para el progreso del hombre, siendo la enfermedad el resultado de la infracción de esta ley. Como dicha ley nace de la Beneficencia divina, el hecho de que el mal sea el resultado de la ignorancia o infracción de la misma, no impugna de ninguna forma la perfección de la Beneficencia divina.

El pecado, igual que la enfermedad, tampoco tiene una existencia independiente, pues se conoce como tal a la infracción de una ley moral o espiritual. La existencia del pecado, por tanto, no ofende la Santidad de Dios. La denominación usada por el Sagrado Corán para el pecado, significa exceso o defecto, no aplicando este concepto a un sustantivo. Ello demuestra que, según el Sagrado Corán, el pecado no tiene sentido por sí mismo, y significa simplemente la ausencia de virtud. El exceso y el defecto son resultados directos de la acción u omisión del hombre, de su fracaso a la hora de utilizar los dones de Dios, o del intento de atentar contra los derechos de los demás.

Ningún otro libro religioso presenta a Dios con esta imagen. Sólo el Sagrado Corán explica que la existencia de estas cosas aparentemente nocivas o dañinas no atenta contra la perfección de los atributos divinos. El Sagrado Corán no sólo enumera los atributos de Dios, sino que los explica e ilustra con tal detalle, que desaparecen las posibles dudas y equívocos; la revelación de su belleza encanta su contemplación, origina admiración, y llena el corazón del deseo de amor y obediencia. La mera enumeración de los atributos divinos no posee realmente un gran mérito.

En algunas ocasiones se objeta que resulta incompatible con la Misericordia divina el que los niños sufran alteraciones y enfermedades que de ninguna manera han causado ni merecido.

La respuesta a tal objeción está contenida en el comentario anterior; es decir, Dios ha creado una ley que influye sobre todo lo que se encuentra en su entorno, y tal ley es completamente beneficiosa. De no ser así, el hombre no se vería afectado por las circunstancias externas, y no hubiera realizado progreso alguno. Bajo los efectos de esta ley, los niños quedan afectados por sus padres, para bien o para mal. De ellos obtienen tanto la salud como la enfermedad. De no poder heredar la enfermedad, tampoco podrían heredar la capacidad y facultades de sus padres, y el hombre nacería semejante a una imagen de piedra, impenetrable a las buenas y malas influencias. El objetivo último de la creación humana se frustraría, y su existencia sería peor que la de los animales.

La cuestión siguiente radica en saber si existe compensación alguna por la pérdida y sufrimiento causados por enfermedades o incapacidades que se heredan. La respuesta del islam a esta cuestión es que, a la hora de valorar el progreso espiritual de cada individuo, será tomada en cuenta toda incapacidad padecida, que sea ajena a una falta personal. Por ejemplo, el Sagrado Corán dice:

“En el día de la Retribución final, se tomarán en consideración las causas que hayan impedido el progreso espiritual del hombre, sobre las que no tuvo control”.25

En otro lugar dice:

“No son iguales los creyentes que no se esfuerzan por la causa de Al’lah que aquellos que lo hacen, excepto aquellos cuya incapacidad se debe a una deficiencia natural. Dios tendrá en cuenta su incapacidad”26.

El Santo Profetasa, dice:

“Ningún creyente, hombre o mujer, experimenta sufrimientos en relación con su cuerpo, hijos o propiedades, sin que sus pecados sean reducidos. Alcanzarán tal grado de purificación por el sufrimiento, que en el instante en que hayan de presentarse ante Dios, sus faltas habrán sido completamente borradas”27.

Aunque esta tradición se refiere particularmente a los creyentes, el principio establecido por el Sagrado Corán es de aplicación general. Se menciona a los creyentes en este contexto porque tal explicación fue dada en respuesta a una cuestión en particular.

Lo anteriormente descrito es ilustración suficiente sobre las enseñanzas de las diferentes religiones respecto a los atributos de Dios. El islam define el atributo de Beneficencia en un sentido distinto al que lo definen las demás religiones. Algunas de ellas incluyen la doctrina de la transmigración de las almas para afirmar la Beneficencia de Dios. Sin embargo, una breve consideración muestra que la explicación dada por el islam es completamente razonable y de acuerdo con las leyes de la naturaleza, mientras que la doctrina de la transmigración de las almas sólo se basa en meras suposiciones.

La manifestación de los atributos divinos de Justicia y Misericordia también merece atención. Todas las religiones describen a Dios como Justo y Misericordioso, y sin embargo existe una vasta diferencia entre sus respectivas explicaciones y el sentido de tales atributos. El islam dice que no existe conflicto entre estos dos atributos y que ambos pueden manifestarse simultáneamente. La Misericordia no se opone a la justicia sino que se encuentra por encima de ella.

El Sagrado Corán dice:

“Quien realice una buena acción recibirá diez veces su valor, pero quien haga una mala acción tendrá sólo un merecido similar; y no serán defraudados.28”

Esto muestra que, de acuerdo con el islam, no es injusto recompensaraunapersonaporencimadesusmerecimientos, pero, en cambio, es injusto infligir a un hombre un mayor castigo que el que merece.

Ciertamente, la injusticia significa retribuir a alguien en menor cuantía de lo que ha ganado, o castigarle en mayor medida de lo que merece; o entregar a alguien lo que a otro pertenece; y Dios nunca hace tales cosas. Lo que hace es perdonar a todo ser arrepentido, que habiéndose percatado de su error abandona el mal camino, y se presenta ante el Trono de la divina Misericordia, suplicando el perdón con el corazón palpitante, los labios trémulos, los ojos llorosos, la cabeza inclinada por vergüenza, la mente llena de pensamientos tumultuosos, y con la determinación de llevar una vida pura e inmaculada en el futuro. Dios capacita a esta persona para que comience un nueva etapa en su vida. Él es como el padre cuyo hijo pródigo vuelve a casa después de un largo tiempo, humillado y arrepentido; incapaz de levantar sus ojos hacia su padre, que, llevado por el afecto natural, lo atrae hacia su pecho sin rechazo, y proclama su alegría por el retorno de su hijo. ¿Sería esta la ocasión para que los demás hermanos, que permanecieron en casa y le sirvieron, denunciaran la injusticia del padre?

Sin duda, el castigo es uno de los instrumentos para reformar, pero las torturas del infierno no son un castigo más grande que el verdadero remordimiento. Lo que el fuego del infierno puede causar a lo largo de cientos de años, el remordimiento auténtico lo puede producir en pocos minutos. Cuando un hombre se presenta ante Dios verdaderamente arrepentido, y con la determinación de llevar una vida pura en adelante, Dios Misericordioso ha de mostrar piedad hacia él. ¿Puede Dios Misericordioso y Perdonador alejarse, y rechazar a un siervo suyo que se postra ante la puerta de Su Misericordia, arrepentido por su pasado, y esperanzado en su futuro? Ciertamente no.

Finalmente, voy a referirme a un atributo, que es más conocido que otros atributos divinos, pero respecto al cual existe un mayor desacuerdo entre las diferentes religiones; me refiero al atributo de la Unidad. No existe ninguna religión actual que enseñe el politeísmo. Como cuestión de principio todas proclaman la Unidad de Dios. Sin embargo, los fieles de muchas religiones acusan a los de otras su falta de fe en la perfecta Unidad. He visto que en algunos libros publicados en Europa está escrito que los musulmanes son politeístas, y se me ha informado que numerosas personas de Europa y América, ignorantes de las enseñanzas y literatura islámica, imaginan que los musulmanes adoran al Santo Profetasa. Esto es indicativo del sentimiento general de esta época, contrario a la doctrina de la pluralidad divina. No obstante, a pesar del acuerdo de todas las religiones en profesar la creencia en la Unidad de Dios, cada una difiere de la otra en su interpretación, usando muchas de ellas tal expresión, a modo de escudo, para ocultar ideas politeístas. Sin embargo, el islam es totalmente ajeno a concepciones o doctrinas politeístas, y ha desterrado completamente todo tipo de creencias o prácticas, que remotamente pudieran sugerir tales ideas. Ha definido y explicado la idea de la asociación de algo con Dios de una manera tan exhaustiva, que no ha dejado posibilidad de duda.

El Sagrado Corán clasifica al Shirk (asociar otros dioses con Dios) en cuatro grados: el primero, creer en una pluralidad de dioses. El segundo, creer en otros seres, que en mayor o menor grado, participan de los atributos divinos, independientemente del hecho de que tales seres sean o no llamados dioses; por ejemplo, creer que un individuo particular puede crear cosas vivas, o que puede resucitar a los muertos, equivale a incurrir en Shirk, a pesar de que a tal persona se la considere solo un ser humano, ya que en este caso sólo existe una diferencia nominal, y la esencia de la divinidad se le atribuye a otro. En tercer lugar, considerar a un ser distinto a Dios merecedor de adoración, aunque a tal ser no se le considere Dios, ni se crea que es partícipe de los atributos de Dios; por ejemplo, en los tiempos ancestrales, los padres eran objeto de adoración en ciertas tribus. Por último, y en cuarto lugar, considerar a un ser humano como infalible; por ejemplo, creer que un determinado santo o una persona dotada se encuentra completamente libre de las imperfecciones humanas, debiendo, por tanto, ser obedecida en todos los asuntos, por muy objetables que puedan ser sus órdenes; y preferir en la práctica sus preceptos a los de Dios, aunque en asuntos de fe a tal persona no se le llame Dios. El Sagrado Corán indica estas cuatro clases de Shirk en el versículo siguiente:

“Diles: “¡Oh, Gente del Libro! venid a una palabra que es igual entre nosotros y vosotros: que no adoremos a nadie que no sea Al’lah, que no tiene partícipe, y que no asociemos a nadie con Él en Sus atributos, y que ninguno de nosotros tomemos a nadie por Señor aparte de Al’lah.” Pero si vuelven la espalda, diles: “Sed testigos de que nos hemos sometido a Dios.29”

¡Qué refutación tan completa de toda clase de Shirk está contenida en este breve versículo! Cuando un musulmán dice que cree en un solo Dios, significa que no adora a nadie sino a Dios, y que no atribuye a ningún ser humano ningún atributo divino; que Le considera libre de todo tipo de parentesco terrenal, que cree que Dios no asume forma humana, ni está sujeto al hambre o la sed; que él no se somete a nadie sino a Dios, y que sus esperanzas no están centradas en algún otro ser. A nadie dirige sus plegarias excepto a Él; y que aunque venera a los Profetas de Dios, no los considera más que seres humanos. Esto es lo que el islam le enseña y lo que mantiene en su credo a lo largo de su vida.

En general todas las religiones concuerdan con el islam al afirmar la Unidad de Dios, pero cuando entramos en los detalles, encontramos que cada religión difiere significativamente de las demás.

En resumen, la concepción de Dios que presenta el islam en sus principios y detalles, es la más perfecta. Su reflexión lleva al hombre a Dios, de un modo que no le es posible a ninguna otra religión. El islam explica cada atributo de Dios de una manera precisa, y establece el efecto que cada uno de estos atributos produce en la vida diaria del hombre. Describe, asimismo, la interrelación entre los diferentes atributos, y los límites de su acción y resultados. Por tanto, de esta manera, presenta a los ojos del hombre una concepción completa y perfecta de Dios, que hace que su corazón rebose de amor. Otras religiones comparten con el islam únicamente los nombres de los atributos de Dios, pero ninguna comparte la realidad de tales atributos. Es obvio que al juzgar a las diferentes religiones debemos considerar su realidad y no las meras denominaciones.

La relación del hombre con Dios

Trato a continuación de la segunda cuestión referente al primer objetivo de la religión, que concierne a la relación del hombre con Dios. Debemos recordar que una cosa es creer en algo, y otra cosa es mantener una relación especial con ese algo. Por ejemplo, toda persona culta cree en la existencia real de los polos norte y sur, pero, con la excepción de quienes están involucrados en la investigación polar, nadie está especialmente interesado en ellos, y la simple mención de los polos no crea ningún sentimiento particular en la mente del público general. Por el contrario, el más pequeño hecho relacionado con una persona u objeto por el que uno está interesado, basta para provocar el propio entusiasmo. Es por tanto relevante preguntar acerca de qué tipo de relación entre el hombre y Dios insiste una determinada religión. La respuesta a tal cuestión y la naturaleza de tal relación, constituye una prueba de la verdad o falsedad, y éxito o fracaso de dicha religión. Si una religión insiste en algo que atenta contra la Majestad de Dios, concluiremos que no tiene una apreciación real de los atributos de Dios. Si por el contrario, exige algo que, aunque no sea objetable, no ha podido ser cumplido por sus seguidores en ninguna ocasión, deduciríamos que tal religión ha fracasado en su objetivo.

Una reflexión sobre los atributos de Dios, a los que me referí anteriormente, y que son aceptados por casi todas las religiones, evidencia que nuestra verdadera relación sólo tiene lugar con Dios, pues Él es el creador de nuestro ser. Él creó todo lo necesario para nuestro confort, progreso y éxito. Nuestra vida futura depende de Su Gracia. Nuestros padres, hijos, hermanos, esposas, maridos, ciudadanos, gobiernos, países, propiedades, categoría, honor y la propia vida, no están más cercanos a nosotros que Dios mismo, pues de tales dones, Él es el Creador.

En realidad, una vez que nos percatamos de la naturaleza de los atributos antes descritos, no podemos aceptar por verdadera a ninguna religión que no exija al hombre colocar su amor a Dios por encima de todas las demás cosas; respetarle y obedecerle por encima de todos los magnates terrenales; estar dispuesto a sacrificar todo por Su Voluntad, y no tolerar posponer el cumplimiento de Sus mandamientos por cualquier motivo. Una verdadera religión debe exigir al hombre amar a Dios con un amor más grande y profundo que el que siente por los objetos materiales de su agrado; debe pensar en Él y recordarle más que a ningún otro ser amado. No debe ser considerado simplemente como una parte del universo, como los ríos o las montañas de una tierra lejana, sino que debe percibirse como la fuente principal de toda la vida, el centro de toda esperanza, el foco de todas las miradas. Esto es exactamente lo que el islam enseña.

El Sagrado Corán dice:

“Diles: “si vuestros padres, vuestros hijos y vuestros hermanos, vuestras mujeres y vuestras gentes, y la riqueza que habéis adquirido, y el negocio cuya ruina teméis, y las viviendas que amáis, os son más queridos que Al’lah y Su Mensajero y que los esfuerzos por Su causa, entonces esperad que Al’lah venga con Su juicio; pues Al’lah no guía a las personas desobedientes”.30

Una persona no puede llamarse musulmana hasta que no establezca con Dios la relación descrita en este versículo. Debe estar permanentemente dispuesto a sacrificar cualquier meta y sentimiento por el deseo de agradar a Dios, debiendo preferir Su amor a todo lo demás.

En otro versículo, el Sagrado Corán describe un indicador seguro del amor hacia Dios, en los siguientes términos:

“Los verdaderos creyentes son los que se acuerdan de Al’lah cuando están de pie, sentados y tumbados sobre su costado”31

Se encuentran de tal forma poseídos por el amor de Dios, que en cada instante desean acercarse a Él, y se pierden en Su contemplación y meditación de una manera mucho más intensa que la de un amante que se pierde en la contemplación del objeto de su amor. El recuerdo de Sus bondades y excelencias, el deseo de encontrarse cerca de Él, y el anhelo de convertirse en uno con Él, les posee cada instante. Trabajando o descansando, de pie o sentados, caminando o durmiendo, piensan constantemente en Él. De nuevo, el Sagrado Corán declara:

“Sólo son verdaderos creyentes aquéllos cuyos corazones se estremecen cuando se menciona el nombre de Dios, y cuyos corazones se llenan de fe cuando se les recita la Palabra de Dios, y ponen su confianza en Dios.32”

Es decir, creen que ningun esfuerzo puede arribar a un buen fin sin Su ayuda, y que todo éxito depende de Su Gracia.

En este punto quiero deshacer un malentendido común respecto a las enseñanzas del islam, que consiste en la creencia de que el islam muestra un completo desprecio hacia los medios materiales, y que insiste únicamente en la confianza en Dios. Sin duda que tales ideas son mantenidas por algunas personas, pero esta no es la enseñanza del islam. El Sagrado Corán declara repetidas veces que Dios creó todo en el mundo para uso y beneficio del hombre. ¿Cómo puede afirmarse, por tanto, que Él nos exija despreciar los recursos materiales.

En un versículo se nos exhorta: “En cada tarea adoptad los medios que Yo os he proporcionado”33. Los medios materiales también son creación de Dios, y su uso adecuado en todas las acciones es absolutamente necesario. También dice; “Haced acopio de todo el material necesario para que tengáis éxito”34; y en otro lugar, “Cuando salgáis de viaje tomad las provisiones necesarias”35

En cierta ocasión vino una persona a visitar al Santo Profetasa, y éste le preguntó cómo había asegurado a su camello. El hombre replicó que, confiando en Dios, lo había dejado a Su cuidado. El Santo Profetasa, le dijo: “tal cosa no es confiar en Dios. La confianza en Dios supone asegurar primero las riendas del camello y después confiar en Dios”; significando que la confianza en Dios no exime de tomar las precauciones adecuadas. Implica creer que Dios es un Ser Vivo, que controla todo el universo, y que las consecuencias de toda acción está regulada por Su Voluntad. Él protege a los creyentes en situaciones en las que éstos no son siquiera conscientes del peligro que les acecha, y cuida constantemente de sus asuntos. Confiar en Dios es creer que Dios ayuda a sus siervos en sus aflicciones y desamparos, y que sin Su ayuda u oponiéndose a Su Voluntad los recursos materiales resultan inservibles. En otras palabras, se trata una actitud mental y no el sustituto de una acción u omisión física.

A continuación, dice el Sagrado Corán: “El agrado de Dios ha de colocarse por encima de todas las cosas”. El hombre no debe basar su relación con Dios en la esperanza de recibir alguna recompensa en esta vida o en la siguiente. Su único objetivo debe ser ganar el agrado de Dios, pues siendo Dios el verdadero amado, supondría una afrenta a Su amor preferir cualquier cosa u objeto a Su deseo.

Este breve comentario explica la relación que debe existir entre Dios y el hombre de acuerdo con el islam. Todo el que sinceramente crea en Dios estará de acuerdo en que nuestra relación con Dios ha de ser exactamente de la naturaleza que hemos expuesto.

¿Cómo puede expresar el hombre su relación con Dios?

Voy a tratar la tercera cuestión; ¿por qué medios puede el hombre expresar su relación con Dios? En otras palabras;

¿cuáles son las obligaciones impuestas por Dios al hombre? Cada religión contesta a esta cuestión de forma diferente, y de hecho, existe mayor desacuerdo entre ellas respecto a esta cuestión que la que existe en las dos cuestiones anteriores. El islam responde, declarando que el hombre debe cumplir el objetivo de su creación, es decir, debe tratar de convertirse en un perfecto siervo de Dios, y buscar constantemente su unión con Él. Verdaderamente, esta es la única respuesta natural que puede darse. El Sagrado Corán dice:

“Al’lah es Quien ha hecho para vosotros la tierra como lugar de descanso, y el cielo como dosel; os ha modelado y ha hecho vuestros modelos de bellas formas y os ha proporcionado cosas excelentes. Así es Al’lah, vuestro Señor. Bendito sea pues Al’lah, el Señor de los mundos. Él es el Dios Vivo. No hay Dios sino Él. Rogadle, pues, siendo sinceros ante Él en la religión. Toda alabanza corresponde a Al’lah, el Señor de los mundos. Diles: “Se me ha prohibido adorar a quienes invocáis fuera de Al’lah, ya que me han llegado pruebas claras de mi Señor; y se me ha ordenado que me someta al Señor de los mundos.36”

Estos versículos muestran que, además de la relación espiritual existente entre Dios y el hombre a la que me he referido antes, Dios exige también obediencia respecto a Sus mandamientos relativos a aspectos materiales. Se deduce del Sagrado Corán que tales mandamientos son de diversos tipos; sin embargo me voy a referir únicamente a los que tratan de la adoración, cuyo principal objetivo es expresar individualmente la relación humana con Dios, y que no afecta directamente a otras personas. El islam describe tales mandamientos en cinco categorías:

  • Salat u oración
  • Zikr o recuerdo de Dios
  • Ayuno
  • Peregrinación a la Meca
  • Sacrificios

En términos generales, todas las religiones ordenan estos actos de adoración, aunque existen diferencias en cuanto a la manera de ejecutarlos. Existe, por el contrario, una tendencia actual a considerar tales actos como ceremonias inútiles, basándose en que Dios nunca deseó imponer al hombre estas formalidades. Como resultado, los actos externos de adoración, no son tan usuales como solían ser, y los fieles de otras religiones están renunciando progresivamente a los mismos. El islam, sin embargo, continúa por una parte revelando nuevos aspectos de sus enseñanzas, adecuadas a los requerimientos de cada época, y por la otra, posee la característica de que las enseñanzas recogidas en las palabras del Sagrado Corán son inalterables y permanentes, como un acantilado al que las rompientes nunca pueden desplazar de lugar. Al igual que la naturaleza, es capaz de descubrir nuevos tesoros, pero, también como la naturaleza, sus leyes son inmutables, pues han sido diseñadas por un Ser que conoce lo oculto y lo futuro, y las ha basado en la verdad y la sabiduría.

Sin duda, el corazón es el asiento de las emociones. Si se encuentra corrompido y vacío de sentimientos, la mera muestra de humildad y la expresión de sinceridad no sirven de nada. Por el contrario, esta actitud sólo conduce a la oscuridad espiritual. El Sagrado Corán no sólo acepta este principio, sino que pone especial énfasis en él. Dice:

“Ay, pues, de aquéllos que oran, pero no se dan cuenta de lo que rezan. A quienes sólo les gusta ser vistos por la gente.37”

De forma similar, habla de aquéllos que hacen obras de caridad para que se les vea, y no con el corazón sincero:

“Su caso es similar a una roca lisa, cubierta con tierra, sobre la que cae el aguacero, dejándola desnuda, llana y dura.38”

Tales individuos, en lugar de ganar alguna recompensa por su sinceridad, sólo se dañan a sí mismos por su falta de honradez. Por tanto, los simples actos externos de adoración, si no son acompañados de la franqueza en el corazón, resultan inútiles y son desaprobados por el islam. El islam requiere que, además de la lengua y la expresión corporal, el corazón ha de unirse en el acto de la adoración. El Sagrado Corán y las Tradiciones del Santo Profetasa muestran claramente que la fe se perfecciona mediante el corazón, la lengua y los miembros unidos en su proclamación. Un individuo cuyo corazón no acepta la verdad, pero cuyos miembros y lengua declaran su fe en ella, es un hipócrita. De idéntica forma lo es una persona cuyo corazón acepta la fe, pero cuya lengua y cuerpo contradicen a su corazón. La verdadera creencia es aceptada por el corazón y proclamada por la lengua y los miembros.

Observemos cómo el rostro de un amante refleja una emoción peculiar cuando se menciona el nombre del objeto de su amor, o cuando el amado aparece ante él; de tal forma que hasta un extraño es capaz de percibir su amor. Igualmente, aunque nadie duda del cariño de los padres hacia sus hijos, estos muestran su afecto continuamente besando o acariciando a sus pequeños. Cuando dos amigos se encuentran, expresan su contento estrechándose las manos. Los europeos cuando se encuentran ante sus monarcas, se descubren y arrodillan. ¿Por qué se hace todo esto? ¿Por qué no basta en estas ocasiones el amor y la sinceridad del corazón? No es correcto afirmar que tal demostración física es necesaria para expresar los sentimientos propios al otro, ya que siendo humano es incapaz de adivinar nuestro verdadero estado emocional sin que medie algún tipo de demostración. ¿Acaso no acariciamos a un niño, o saludamos a un amigo con el objeto de expresar nuestro afecto por él? ¿No acarician los padres a un recién nacido o a un hijo, mientras duerme? Tal expresión de afecto es un acto involuntario y espontáneo, que no es dictado por una motivación previa.

Es imposible, por tanto, que un hombre que ama a Dios y siente un verdadero anhelo de su presencia, no desee expresar su amor y añoranza a través de un acto externo. Éste es el secreto de toda adoración. La adoración es el símbolo físico de la verdadera relación del hombre con Dios. Una persona que ama verdaderamente a Dios, y sabe que diariamente expresa su amor y afecto a los demás mediante signos externos, no puede objetar los actos externos de la adoración. Estas objeciones proceden de la falta de amor.

Esto sería suficiente explicación de los actos externos de adoración prescritos por el islam; sin embargo, existen además, otros significados subyacentes. Uno de ellos es, según explica el Sagrado Corán, que los actos físicos influyen en el estado mental, y éste a su vez influye sobre la condición externa del cuerpo. Dice:

“Lo más correcto es que los hombres muestren veneración hacia los lugares donde se manifestó la gloria de Dios, pues la rectitud del corazón se expresa exteriormente por si misma.39”

Se refiere a la acción del estado mental sobre el cuerpo. En otro lugar, la influencia de los actos físicos sobre la mente se expresa en las palabras: “¡Cuidado! lo que han forjado ha corroído sus corazones”.40 Al principio actúan en contra de la verdad para conseguir objetivos materiales, con el resultado de que al final desaparece de sus corazones el amor a la verdad. Esta verdad, ha sido claramente probada por los estudios de psicología. Leí hace algún tiempo, en un tratado de psicología americano, el caso de un profesor considerado competente, al que fue asignada la dirección de una institución. Sin embargo, fracasó en su cometido al mostrar una falta de firmeza en las decisiones relativas a la disciplina y la administración. Un amigo, habiendo observado que habitualmente mantenía la boca abierta, le aconsejó que cuidara de cerrarla. Cuando así lo hizo, observó que ganaba cada día mayor firmeza y determinación, y con el tiempo, se convirtió en un administrador muy competente. En los incidentes ordinarios de nuestra vida diaria, observamos que las condiciones físicas constantemente influyen sobre la mente. Una persona que arruga la frente y expresa signos de ira, acaba sintiéndose realmente enfadado. Si conseguimos hacer reír, de alguna forma, a un individuo en el punto álgido de su ira, ésta desaparece automáticamente. Las lágrimas provocan tristeza, mientras que la risa produce alegría. Manteniendo este principio, el islam ha prescrito actos externos de adoración, como la Salat, pues cuando el hombre adopta una apariencia externa de humildad y súplica, su corazón se inclina gradualmente hacia la devoción, siendo conducido finalmente hacia Dios, de igual forma que un pedazo de hierro es atraído por un imán.

Otro sentido implícito en los actos externos de adoración es que promueven un sentimiento general de amor y obediencia a Dios. Los niños aprenden a amar a sus hermanos y hermanas, y a otros parientes, observando a otras personas que hacen lo mismo. De haber sido confinados al corazón todos los sentimientos de amor y afecto, y de no poder expresarse externamente, no existirían sentimientos afectivos entre familiares, pues ¿cómo podría saber un niño si sus padres aman u odian a un individuo o a otros familiares? Es obvio, que esto sólo puede descubrirse a través de una demostración externa de los distintos tipos de sentimientos, que así se perpetúan de generación en generación gracias a estas expresiones.

Por tanto, si no se hubieran prescrito signos externos para expresar el amor humano hacia su Creador; y si Su Majestad no fuera constante y repetidamente exaltada por medio de actos externos, las generaciones futuras que reciben sus primeras impresiones de la conducta de sus padres, no concebirían los sentimientos de amor y sinceridad a Dios que se generan por la observación constante de los símbolos externos de amor y respeto. Observamos cómo el ateísmo y la indiferencia hacia Dios aumentan en aquéllos que crecieron indiferentes hacia las formas externas de adoración.

Igualmente, en la adoración física, aquellas partes del cuerpo humano que reciben especialmente los favores y bondades divinas, son capaces de manifestar conjuntamente la gratitud hacia tales dones. Los favores divinos abarcan al cuerpo igual que al alma, de tal forma que la adoración perfecta es aquélla en la que el cuerpo y el alma se unen, pues sin tal combinación ni siquiera la oración espiritual puede mantenerse.

Es cierto, que la esencia y sustancia de la oración está en el corazón. La adoración corporal y el culto son como la envoltura, y la sustancia no puede ser preservada sin esta envoltura adecuada. De destruirse la cubierta, la semilla se expone a ser dañada.

Habiendo llamado la atención al principio de que los actos físicos de adoración son indispensables para el progreso espiritual, voy a tratar de los actos específicos prescritos por el islam a sus seguidores. El primero y principal de ellos es la Salat, a la que puede considerarse el alma de toda la adoración islámica. Cinco veces al día, el musulmán ha de presentarse ante Dios, y adorarle de la forma prescrita. Debe realizar previamente el Wuzu, que implica lavar sus manos, cara, antebrazos y pies, de una manera precisa. Esto no sólo propicia la limpieza y la pureza física, sobre la que el islam insiste, sino que tiene el efecto de “preservar” todas las vías por las que puedan entrar la distracción o las interferencias, es decir, los cinco sentidos representados por los ojos, oídos, nariz, boca, manos y pies; los dos últimos como receptores del tacto. Por consideraciones de tiempo y espacio no puedo entrar en más detalles, pero los que gusten de reflexionar sobre las cuestiones espirituales lo entenderán fácilmente. La misma palabra Wuzu indica ambos aspectos porque significa a la vez “limpieza” y “belleza”. La observancia del Wuzu promueve la limpieza física, que es indispensable para la pureza espiritual, y convierte en bella a la Salat previniendo y evitando interrupciones o interferencias en los pensamientos del que ora, haciendo así posible, que éste alcance el verdadero objetivo de la oración.

Una vez realizado el Wuzu, el que ora dirige su faz hacia la Ka’aba, recordando con esta actitud los sacrificios hechos por Abrahamas en el camino de Dios, y la inmensa bendición que obtuvo. A continuación repite determinados pasajes del Sagrado Corán. La primera parte de éstos están consagrados a la alabanza y adoración de Dios. Su corazón se vuelve rebosante de amor y anhelo, y torna hacia Dios. En la segunda parte expresa que cada paso del camino de su progreso depende de la ayuda y asistencia divina, y percibiendo así su propio desamparo, se esfuerza en auto- perfeccionarse y aumentar su confianza en Dios. La tercera parte comprende las plegarias y súplicas, que constituyen la esencia de la Salat. A través de la oración, el hombre atrae la gracia de Dios, y mediante la unión en la oración del amor del hombre con el amor de Dios, se siembra la semilla de una nueva creación espiritual, de la misma manera que un nuevo ser físico surge a la vida mediante la unión de un varón y una hembra.

En resumen, la Salat posee tantos beneficios espirituales, que produce admiración en la razón humana. Sin embargo, para ser eficaz, debe desarrollarse en la forma y condiciones que prescribe el islam.

Los actos externos prescritos por el islam para la observación de la Salat, no carecen de significado. A lo largo del curso de la Salat, el practicante debe, en distintas etapas, permanecer con los brazos plegados; inclinado con las manos sobre las rodillas; mantenerse firme con los brazos extendidos; postrado en el suelo y sentado con las piernas flexionadas. Todos estos movimientos son símbolos de perfecta humildad y sumisión de distintos pueblos. En algunas naciones, la gente expresa la sumisión completa permaneciendo de pie con los brazos flexionados, en otros pueblos permaneciendo con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo. En el Antiguo Egipto, inclinarse colocando las manos sobre las rodillas era signo de gran respeto. En la India la postración era común, y en ciertos lugares de Europa, arrodillarse se consideraba un símbolo de reverencia. El islam ha combinado todos estos símbolos en su modo de oración.

El islam ordena que la Salat se realice ordinariamente en congregación, de forma que se fomente el espíritu de hermandad. Bajo este precepto, el monarca ha de colocarse hombro a hombro con su súbdito más insignificante para realizar la Salat. Este llamativo hecho, ofrece una prueba viva de que la Salat es una realidad y no un mero formalismo. Todos los congregados se percatan de que permanecen ante una Presencia ante la que incluso el monarca debe abandonar su cetro y convertirse en un simple siervo junto a sus súbditos.

Se critica en alguna ocasión a la Salat islámica diciendo que se trata de un simple regateo con Dios, ya que se realiza con la esperanza de recibir algo a cambio. Esto es exactamente lo contrario a la verdad. El islam es la única religión que repudia tal idea. Enseña que los actos de adoración prescritos no son las demandas egoístas de un hombre materialista. Su primer objetivo es reconocer los favores y bondades de Dios, y darle las gracias por ellos. Si esto no ocurre, el hombre no merece ser llamado como tal.

Su segunda finalidad es conseguir el progreso espiritual, tal como dice el Sagrado Corán:

“Oh hombres, adoradme, para que os favorezca con Mi encuentro, y sed agradecidos con mis favores, y no seáis ingratos”41.

Muestra que el objetivo de la adoración es dar las gracias y buscar el desarrollo espiritual. En otro lugar dice:

“En verdad, la Salat preserva a la persona de la obscenidad y del mal manifiesto”42.

El Santo Profetasa fue preguntado en una ocasión por qué era tan constante en sus oraciones y contestó: ¿acaso no debo ser un siervo agradecido del Señor? Asimismo, el Sagrado Corán dice respecto a la Salat:

  • Al-Baqarah, 2:153
  • Al-‘Ankabut, 29:46

“En el recuerdo de Al’lah es donde los corazones hallan sosiego”43.

A través de la Salat se llega a la certidumbre del conocimiento que disipa toda la duda. Por ello, Salat es el medio para el progreso espiritual, de la misma manera que existen otros medios para la consecución de diferentes objetivos en la vida material.

En resumen, la institución de la Salat se basa en profundas verdades y combina tantas excelencias, que ninguna otra religión está en posición de reivindicar algo similar en los actos de adoración que preceptúa. Satisface el objetivo de la adoración en todos sus aspectos, y es el único medio para generar la virtud. Aquéllos que imaginan poderlo conseguir sin actos externos de adoración, incurren en un grave error. ¿Quién puede creer que, si Abrahamas con su rectitud, Moisésas con sus sacrificios, Jesúsas con su humildad y mansedumbre, y Muhammadsa con su excelencia y perfección, no pudieron prescindir de tales actos de adoración, y no se conformaron con la mera adoración de su corazón, la gente que está ocupada día y noche en sus asuntos mundanos, que es incapaz de dedicar un pensamiento a Dios, pueda prescindir de dichos actos y limitarse al mero recuerdo interno de Dios? La idea de que la adoración externa es un simple asunto de forma, y que no tiene un beneficio real, es resultado de la pereza. Surge sólo para acallar la voz de la conciencia. Es el pretexto con el que mucha gente trata de ocultar su falta de fe.

El segundo modo de adoración prescrito por el islam es el Zikr: el recuerdo o evocación de Dios. La Salat, que debe ser realizada de una manera determinada y sujeta a ciertas condiciones, se encuentra limitada a períodos de tiempo definidos. Sin embargo, al igual que el cuerpo necesita agua o humedad a intervalos breves de tiempo, y comienza a sentirse seco y cansado sin ellas, el alma permanece en estado de necesidad constante de refresco espiritual, pues corre el riesgo de morir por inanición mientras el hombre se encuentra ocupado en sus propósitos materiales. El islam enseña al hombre, por tanto, que debe evocar y reflexionar sobre los distintos atributos divinos en medio de sus asuntos y preocupaciones, de forma que su atención no quede totalmente captada por las cuestiones mundanas, y el recuerdo y el amor a Dios continúe refrescando constantemente su alma como un manantial. Los beneficios del Zikr son similares a los de la Salat.

El tercer modo de adoración prescrito por el islam es el ayuno. Esta forma de adoración es común a la mayoría de las religiones, pero la forma en que el islam lo ha ordenado es diferente a las demás. El islam ordena a todo musulmán adulto la obligación de guardar ayunos durante un mes de cada año. A aquéllos que padecen una enfermedad temporal, y a quienes viajan durante el mes de ayuno, se les permite ayunar en otro momento del año, un número igual de días. Los que sufren de una alteración orgánica permanente, son ancianos, o se encuentran demasiado débiles para ayunar, se encuentran exentos del ayuno. Quienes ayunan, se abstienen de ingerir comida o bebida de ningún tipo, así como de mantener relaciones sexuales desde la salida hasta la puesta del sol. Es deseable que se tome algún tipo de desayuno antes del amanecer, de manera que el cuerpo se abstenga de padecer innecesariamente. Además, el islam no aprueba un ayuno continuo de veinticuatro horas. El Sagrado Corán describe el objetivo del ayuno:

“Para que ensalcéis a Al’lah por haberos guiado y para que seáis agradecidos”44.

En otras palabras, al eludir, por una parte, la necesidad de preparar e ingerir el alimento, y al disponer de más tiempo, el hombre puede prestar mayor atención a los asuntos espirituales y recordar a Dios con más frecuencia. Por otra parte, el tormento del hambre y la sed ayuda al hombre a darse cuenta del verdadero valor de los favores y bondades divinos que normalmente disfruta, de forma que se vuelve más agradecido a Dios.

El hombre no valora adecuadamente lo que posee, y sólo conoce el verdadero valor de algo cuando lo pierde. La mayoría de la gente no se percata de que la vista es una gran bendición de Dios; pero cuando pierde este sentido es cuando reconoce su valor. De igual manera, cuando el hombre se abstiene de la comida y la bebida durante el ayuno, y sufre de hambre y sed, comienza a darse cuenta de cuánto confort Dios le ha proporcionado, y de que debe emplear una vida tan bendecida en ocupaciones buenas y útiles, y no debe malgastarla en propósitos triviales.

Igualmente, Dios declara que el objetivo del ayuno es que el hombre llegue al estado de Taqwa45. La palabra Taqwa se usa en el Sagrado Corán con tres acepciones. Significa seguridad contra el dolor y sufrimiento; seguridad contra el pecado; y la consecución de un elevado nivel espiritual. El ayuno promueve todo esto. A primera vista parece paradójico decir que el ayuno salva al hombre del sufrimiento, puesto que el ayuno impone un cierto padecimiento. Sin embargo, una breve reflexión muestra que el ayuno enseña lecciones al hombre que aseguran su bienestar a nivel de toda la nación. La primera lección es que un hombre rico, que nunca ha sufrido hambre o privación, y que, por tanto, no puede darse cuenta de los sufrimientos de sus hermanos más pobres, comienza a percatarse mediante el ayuno de lo que es el hambre, y de lo que los pobres han de sufrir. Esto induce en su mente una simpatía activa hacia el pobre, que puede expresarse en medidas consagradas a disminuir el índice de pobreza, que propicien un incremento del bienestar de la nación. Es obvio que el bienestar de la nación está ligado al bienestar del individuo. Otro aspecto del ayuno se refiere a que el islam busca desalentar en sus fieles la tendencia a la pereza e indolencia, así como la falta de disposición para cargar con penalidades o dificultades. Desea que se encuentren dispuestos a soportar todo tipo de privaciones e inconveniencias en tiempo de necesidad. Los ayunos habitúan a los musulmanes a padecer hambre y sed, y a controlar sus pasiones y deseos, de tal forma que quienes llevan a la práctica con sinceridad este mandamiento, nunca incurren en la pereza o el abandono.

El ayuno protege contra el pecado, porque el pecado nace de la inclinación a la complacencia material. Cuando uno se acostumbra a un determinado tipo de conducta es difícil renunciar a ella. Sin embargo, el que es capaz de abandonar un hábito o una forma de actuar a voluntad, nunca se convierte en su esclavo. El hombre que, para llegar a Dios, abandona durante un mes entero todo tipo de placeres materiales, y aprende a ejercitar el control y la disciplina, puede con facilidad vencer a las tentaciones que conducen al pecado.

Asimismo, al tener que madrugar temprano durante el mes de los ayunos para tomar su alimento, consigue nuevas oportunidades para la oración y adoración, que le ayudan a progresar en el camino del avance espiritual. Cuando sacrifica su confort y comodidad por la causa de Dios, Él fortalece su espíritu y le acerca a Sí mismo.

La cuarta forma de adoración establecida por el islam es la peregrinación a la Meca. Sus principales objetivos son similares a los de Salat y los ayunos; es decir, acostumbrar al hombre a dejar su hogar y país, sufriendo la separación de familiares y amigos por la causa de Dios. Aparte de esto, el Sagrado Corán atribuye a la peregrinación un objetivo peculiar. La peregrinación a la Meca es un símbolo de respeto mostrado a los lugares donde fue manifestada la voluntad divina y recuerda a la gente los incidentes vinculados con tal manifestación.

Les recuerda el hecho de cómo Ismael fue dejado por Abrahamas en el desierto; y cómo quienes se sacrifican en el camino divino, son honrados y protegidos; y a su vez fortalecen su fe en el poder y fuerza de Dios. Asimismo, al encontrarse el peregrino cerca del lugar que, desde principios del mundo, fue consagrado a la adoración de Dios, experimenta una peculiar asociación espiritual con aquéllos que, a lo largo de siglos, se unieron para recordar y amar a Dios, entre los que él mismo se incluye.

Aparte de esto, la peregrinación encierra un gran objetivo de índole política. Al reunir a los musulmanes de todas las zonas de la tierra una vez al año, hace posible el intercambio de opiniones, y la renovación y establecimiento de relaciones de afecto y fraternidad. Tienen la oportunidad de informarse de los problemas respectivos, y de tratarlos en las distintas naciones, o de beneficiarse de la experiencia de los demás; así como de planear métodos de cooperación colectiva. Siento señalar, no obstante, que no se está sacando ninguna ventaja en el presente de este aspecto de la peregrinación.

El quinto modo de adoración prescrito por el islam es el sacrificio. Son muchas las personas que no entienden el significado del sacrificio islámico. Imaginan que supuestamente el animal sacrificado limpia los pecados del que realiza el sacrificio. Esta idea en relación con las enseñanzas islámicas al respecto es totalmente errónea. El equivalente en árabe de la palabra “sacrificio” deriva de una raíz cuyo significado es “cercanía”. El sacrificio es un símbolo, cuya interpretación errónea es responsable de la idea equivocada que la gente tiene del mismo. En los tiempos antiguos el lenguaje de los símbolos era de uso común, y el desarrollo del lenguaje escrito y hablado, así como de todo tipo de literatura, no ha impedido que en la actualidad los símbolos sigan siendo empleados y aceptados de manera amplia en la comunicación de pensamientos e ideas, especialmente en cuestiones sociales. Dos amigos, por ejemplo, cuando se encuentran, se estrechan la mano, sin que nadie cuestione la propiedad de tal acción, ni a nadie se le ocurre analizar los sentimientos que encierra. Es un símbolo heredado de tiempos pretéritos, y aunque se desconoce su origen, se considera una de las prácticas sociales más útiles al expresar y promover relaciones de amistad y hermandad. En tiempos antiguos, cuando dos hombres pactaban una alianza defensiva y ofensiva, solían estrecharse las manos para significar que a partir de aquel momento, la mano de uno sería la mano del otro; y que por tanto, serían aliados, pelearían y se defenderían juntos. A lo largo del tiempo, esta ceremonia simbólica se convirtió en un emblema de expresión de afecto y amistad, de forma que hoy día nadie sería capaz de abolirla. De igual forma el beso expresa simbólicamente el deseo de la naturaleza animal de atraer hacia su interior a la persona besada y convertirse en uno con ella. Éste y otros símbolos son usados constantemente de modo útil en nuestras vidas diarias. El sacrificio es también uno de tales símbolos. Si reflexionamos un poco, vemos que no es insignificante sacrificar una vida, y su ejecución deja una profunda impresión en la mente, exceptuando a quienes están acostumbrados a hacerlo. Algunas personas escrupulosas llegan a condenar al sacrificio como un acto de crueldad. No hay duda alguna de que remueve los sentimientos de forma poderosa, y es por esta razón por lo que se ha señalado como forma de adoración. El hombre que ofrece un sacrificio, declara, en lenguaje simbólico, que al igual que el animal que es inferior y ha sido sacrificado para él, está prestamente dispuesto, de ser requerido, a entregar su propia vida por aquello que le es más valioso que su propia existencia.

El hombre que entiende el verdadero significado del sacrificio, queda profundamente afectado en el momento que lo ofrece, y recuerda intensamente su significado y la responsabilidad que recae sobre él. Recordará siempre en el futuro, que las cosas inferiores han de ser sacrificadas por las superiores, y que debe estar dispuesto a sacrificarse a sí mismo en el servicio de la verdad o de la humanidad. El Sagrado Corán se refiere a este significado del sacrificio cuando declara:

“Ni la carne ni la sangre de vuestro sacrificio llega a Al’lah, sino que es vuestra intención piadosa lo que Le llega”46.

Es decir, vuestros sacrificios sólo os beneficiarán si cumplís el objetivo que subyace en ellos. Si no lo hacéis así, simplemente habréis matado a un animal, igual que lo haríais con el propósito de alimentaros, sin ganar nada a cambio.

Esto muestra que el sentido del sacrificio en el islam es totalmente distinto al que tiene en otras religiones, y que el islam ha preservado la finalidad subyacente en este símbolo, mientras que las demás doctrinas lo perdieron de vista, o inventaron nuevos propósitos.

Medios por los que el hombre puede llegar a Dios,

Y la consecución práctica de este propósito en la vida presente

La cuarta cuestión del primer objetivo de la religión se refiere a si el hombre puede alcanzar a Dios, y si existe una religión que proclame que tal cosa es posible. Es obvio decir que se trata de una cuestión transcendental, y que el valor real de toda religión depende de la respuesta. Toda persona guiada por sus instintos naturales, y que no los ignora voluntariamente, debe sentir que la única función de la religión es señalar el camino a Dios y conducir al hombre a Él. Todas las demás cuestiones son subsidiarias.

Si una religión expone los atributos de Dios, hace énfasis en Su Unidad, exhorta a sus fieles a amarle con sinceridad, establece modelos de adoración, pero no dice nada respecto a si puede conducir al hombre hacia Dios en esta misma vida, sus enseñanzas no son más que pura superchería, y su puesta en práctica una pérdida de tiempo. Tal tipo de religión podía compararse a un hombre que proclama con tambores y trompetas por toda la tierra que se ha realizado un descubrimiento trascendente, y que todo el mundo ha de reunirse para ser informado, y que nadie ha de quedar rezagado, pues el descubrimiento es tan maravilloso que no tiene precedente, siendo necesario que todos lo conozcan, pues es útil para todos, y sus beneficios exceden a los de otros descubrimientos anteriores, y que sería un grave infortunio no aprovecharse de él. Cuando todos se han reunido en derredor suyo, abandonando trabajos y ocupaciones, con el imperioso anhelo de escuchar acerca del maravilloso descubrimiento, él comienza a relatarles que se ha descubierto una tierra nueva, tan vasta que todos podrían instalarse confortablemente en ella; que está al alcance de las manos, con riachuelos y manantiales corrientes, y con tal abundancia de flores, frutos y otros manjares, que nadie necesitaría disputárselos, pues cada uno podría disponer de todos los que quisiera. La vida allí es extremadamente grata, el sol brilla con todo su esplendor, y sus sombras densas ofrecen descanso y tranquilidad. Todo el que entra, no desea abandonarlo jamás, etc., despertando así la curiosidad de los oyentes, que le preguntan con ansia sobre los pormenores de esta tierra maravillosa, deseando recorrerla y degustar sus frutos y manjares, así como disfrutar la agradable vida que ofrece.

Él responde que, sin duda, tal tierra existe, pero que lamenta no conocer su situación exacta ni cómo llegar a ella; y que lo leyó de un libro que descubrió en la biblioteca de su padre, y que no pudo permitirse que los demás lo ignoraran. No hay duda de lo que pensaríamos de tal individuo. Sin embargo existen personas que se burlan diariamente de nosotros de esta manera, sin que nadie les cuestione su forma de actuar. Llaman a los hombres, pero los que acuden a su llamada no encuentran nada, salvo el aumento de su ansia e inquietud.

¿Ha oído alguien hablar de alguna persona que se enamora de una belleza imaginaria, que nadie ha visto nunca? El entusiasmo del amor surge de la contemplación de la belleza, y no de un simple relato. ¿Cómo puede, por tanto, sentir el hombre el amor deseado a Dios, sin haberlo visto? En el amor, el corazón se derrite, pero cómo puede derretirse si no se le aplica el calor necesario? Es preciso que, ante todo, los hombres perciban el rostro glorioso de su Amado, y se sumerjan en su esplendor, para que sus corazones se conmuevan y se llenen de amor. Ninguna religión puede crear en los corazones de sus fieles un sincero amor a Dios a menos que les abra la puerta a Su encuentro.

Mirad alrededor y observad cuánta gente ama a Dios de corazón. Seguramente no más de diez entre cien mil, y éstos creen amarlo en su imaginación. Simplemente siguen tradiciones antiguas, y continúan andando el camino que sus antepasados recorrieron antes. El mundo se encuentra envuelto en la oscuridad. Nadie está dispuesto a sacrificar nada por Dios. Los sacrificios que se hacen en nombre de la religión encubren, en la mayoría de los casos, al patriotismo o al nacionalismo. Desde los lugares más remotos de la tierra la gente se reúne para ver la British Exhibition, y sin embargo, ¿cuántos abandonan sus hogares para ver a Dios? Piensan que no pueden verle ni en su hogar ni fuera de él, y por tanto, no hacen esfuerzos por encontrarle.

No podemos confiar nuestro bienestar espiritual a la vida futura. A ningún hombre se le permite visitar este mundo dos veces. Si no encuentra nada en esta vida, y en la vida venidera descubre que ha estado sumido en el error ¿dónde está la solución? Si no existe Dios, ni vida futura, habrá perdido su tiempo en este mundo persiguiendo una ficción.

Todas las religiones afirman poder conducirnos a Dios en la vida futura, pero, ¿cómo podemos basarnos en suposiciones, en asuntos de importancia tan transcendental? Se nos dice que hagamos esto o aquello, pero lo que deseamos saber es que hará Dios por nosotros a cambio. Nuestros actos y conducta pueden compararse a los de aquel que llama a una puerta; la cuestión es (en palabras de un hombre que iluminó al mundo con su luz hace 1900 años) si ésta se nos abrirá o no. Si la puerta no ha de abrírsenos, y nuestra llamada es en vano, ¿de qué nos sirve la religión? Sería un acto incongruente que podríamos haber realizado sin la guía de ninguna religión. Todo lo que haría en nosotros sería crear un anhelo que no podría satisfacer. Una religión verdadera debe por tanto, enseñarnos algo con lo que podamos abrir la puerta antes de abandonar este mundo, de forma que antes de que acontezca nuestra retirada, tengamos la seguridad de haber seguido el camino recto.

Os doy la buena nueva de que el islam, o en otras palabras, el Ahmadíat, afirma enseñar el camino por el que la puerta puede ser abierta. En realidad, afirma que a través de Él, la puerta ya ha sido abierta a muchos que, en esta misma vida la atravesaron, y vieron el Rostro y Majestad de Dios; y que, Dios mediante, si lo deseáis, puede hacer lo mismo por vosotros.

Antes de proceder a explicar los medios por los que el Ahmadíat conduce al hombre a Dios, es necesario aclarar qué se entiende por ver o encontrar a Dios. Debe recordarse que Dios no es un objeto material que podamos ver con nuestros ojos físicos. Sólo puede ser visto con los ojos del alma. Esto no significa que se trate de un truco de la imaginación. Esta visión espiritual de Dios es tan real e irrefutable como la visión física por la que percibimos objetos físicos como el sol o la luna, de forma que no queda duda en la mente respecto a su existencia. Si diez millones de individuos afirmaran que no existe tal cosa como el Sol, creeríamos que estos diez millones se han vuelto locos. No surge duda alguna en nuestra mente de no haber visto al sol, pues lo hemos observado de tal manera que no deja resquicio a la duda. La diferencia existente entre la conjetura y la realidad, es que la primera resulta generalmente de la acción de un solo sentido. Por ejemplo, cuando alguien pinesa que una determinada persona se encuentra frente él, pero tal persona no existe, puede percatarse de su error extendiendo sus brazos y apreciando que ante él sólo existe el espacio vacío. Si la persona realmente existe, su sentido del tacto confirmará al de la vista, y su mano topará con un objeto sólido. Puede ocurrir que más de una facultad se encuentre alterada, pero esto correspondería a un cuadro de trastorno mental, y ninguna tercera persona quedaría engañada. Existe, pues, otro test que puede aplicarse para detectar a una mente extraviada, y es que una persona que se encuentra alucinando puede engañarse a sí misma, pero no puede engañar a los demás. No puede mostrar a otros lo que él mismo imagina ver. Por lo tanto, cuando afirmo que a través del islam o el Ahmadíat, el hombre puede ver a Dios, no me refiero a algo ficticio, como los fieles de la mayoría de las religiones imaginan ver a Dios, sino que quiero significar el verdadero encuentro con Dios, que no sólo puede percibirse a través de diferentes facultades, sino que puede también ser mostrado a los demás.

No obstante, esta visión o encuentro es espiritual y no físico. En apoyo de la afirmación de que el islam así lo declara, el Sagrado Corán lo menciona en varios versículos. En el mismo inicio del Sagrado Corán dice:

“Éste es el libro prometido al que se refieren las anteriores escrituras. No hay duda en él, y guía a los justos a grados aún más elevados.47”

Otras religiones sólo pretenden convertir al hombre en virtuoso, pero el islam no sólo lo hace, sino que lo lleva mucho más lejos. No sólo enseña al hombre sus obligaciones, sino que cuando las ha cumplido, lo conduce a un estado más elevado, se convierte en el recipiente de los favores y atención de Dios, y establece una relación de amor y sinceridad mutuos entre Dios y él.

En otro lugar, declara:

Que significa que quienes rinden una perfecta obediencia a Dios y su Apóstol, Dios les confiere una de las cuatro siguientes categorías en función de sus merecimientos: quienes alcanzan el nivel más alto de perfección son convertidos en Profetas; los que les siguen en grado son los Siddiquis, es decir, los favoritos de Dios, y los que les siguen a continuación son los Shahids, es decir aquéllos a quienes se ha retirado el velo que cubría sus ojos, aunque sin llegar a la categoría de amigos especiales; los siguientes en grado inferior son los Salih: la gente virtuosa que intenta perfeccionarse, pero que aún no han sido admitidos a la presencia íntima de Dios. Éstos son los mejores compañeros cuya compañía beneficia a los demás. Estas etapas diferentes de perfeccionamiento sólo pueden ser alcanzadas mediante la gracia de Dios, y Dios conoce bien a Sus siervos; es decir, sabe que ha dotado al hombre con una capacidad de desarrollo ilimitado, y ha puesto en su corazón el anhelo de encontrar a su Amado, de forma que era necesario que Él procurara los medios de satisfacer este anhelo que Él creó, dejando al hombre la libertad de beneficiarse de ellos.

De nuevo dice:

“En verdad, quienes no buscan el encuentro con Nosotros, y están contentos con los placeres mundanos y el desarrollo material; y no desean nada más allá de este mundo; y quienes se muestran indiferentes a Nuestros signos, que les hemos mostrado para llamar su atención, y que se han apartado voluntariamente de la fuente de la verdadera felicidad, nunca conseguirán la felicidad verdadera, y siempre sufrirán la tortura espiritual como resultado de sus actos”49.

En otro lugar, Dios declara:

“A quienes reconozcan la majestad de Dios y actúenen consecuencia, se les concederá dos paraísos”; es decir, uno en esta vida, y otro en la vida venidera50.

De nuevo, al describir las bendiciones del paraíso, cita la bendición principal en el versículo:

“En ese día algunos rostros (los de quienes entren en el paraíso), estarán risueños, mirando anhelantes a su Señor”51.

De tal manera que conseguir el paraíso en esta vida significa que el hombre debe ver a Dios en esta vida y experimentar en sí mismo la existencia de Sus atributos.

En otro lugar, declara:

“Si me recordáis, haré posible que me veáis; por tanto, sed agradecidos y no ingratos conmigo.52”

Es decir, que no debéis imaginar que habiendo creado todo lo necesario para nuestro desarrollo material, voy a dejar de proveer vuestras necesidades más elevadas.

La cuestión siguiente es: ¿cuál es la naturaleza de este encuentro con Dios? En verdad, queda por encima de la capacidad humana describir tal experiencia esencialmente espiritual. Puede ser captada pero difícilmente descrita de forma adecuada, de forma que sólo el que la experimenta puede comprender su naturaleza.

No puede transmitirse una impresión adecuada a un tercero, pues se trata de una experiencia original, y la gente sólo puede entender la naturaleza de aquellas experiencias por las que ha pasado. Por ejemplo, podemos describir el gusto del azúcar a alguien que lo haya probado, de forma que, cuando le decimos que determinada cosa es dulce, inmediatamente capta nuestro significado. Sin embargo, quien nunca probó el azúcar, nunca sabrá completamente lo que “dulce” significa. Podemos transmitirle una idea pobre e imperfecta, diferenciándolo de otras cosas que pueden ser degustadas, pero la única manera perfecta de hacerle entender lo que quiere decir “dulce”, consiste en colocar un terrón de azúcar en su boca, y decirle que es dulce. De forma similar, la naturaleza del encuentro con Dios no puede expresarse en palabras. Sin embargo, como es un asunto que concierne a la fe, de la que depende todo el progreso espiritual del hombre, Dios otorga tales atributos a quienes la experimentan, de forma que cualquiera puede percibir que mantienen una relación especial con Dios vivo. Al igual que la máquina cobra vida cuando se conecta a la corriente eléctrica, de manera que todos perciben que una poderosa fuerza trabaja en interior, así ocurre con quienes alcanzan la unión con Dios. Desde el comienzo del tiempo, el hecho de que Noéas, Moisésas, Jesúsas y Muhammadsa y los demás profetas de Dios fueran Sus elegidos, fue proclamado al mundo sólo a través de la manifestación de los atributos de Dios en ellos. De ninguna otra manera podía entender el resto de la gente la naturaleza de la relación que cada uno de ellos mantenía con Dios.

La verdad es que siendo Dios un espíritu puro, Su relación con el hombre sólo puede expresarse a través del reflejo del Sus atributos en éste. Como dijo el Santo Profetasa: “Si deseáis encontrar a Dios, debéis asimilar Sus atributos y adecuar vuestras vidas a ellos”.

Sólo a través de un conocimiento y entendimiento perfecto se puede establecer una relación con los seres pertenecientes al mundo espiritual. El Sagrado Corán describe este conocimiento en tres categorías, grados o etapas. La primera categoría es conocida como Il mul Yaquin, es decir, el conocimiento por inferencia o deducción. En este grado, el objeto no es visible por sí mismo, pero sí sus efectos, a través de los cuales podemos deducir que tal objeto existe.

La segunda etapa es Ain Ul Yaquin, es decir, “el conocimiento por la vista”. En esta categoría no sólo son evidentes los efectos, sino que el objeto mismo también lo es, aunque su naturaleza no haya sido completamente comprendida. El tercer nivel es la etapa del conocimiento o experiencia perfecta, es decir, el entendimiento de la naturaleza del objeto, tan completo como le es posible al hombre, a través de la observación de sus efectos sobre los demás, y la experimentación sobre sí mismo de tales efectos. Se le denomina Haq Ul Yaquin, o la experiencia perfecta. Estos tres niveles pueden ilustrarse refiriéndonos al conocimiento y experimentación del fuego. Cuando vemos humo a distancia, deducimos que existe un fuego que lo produce, pero no podemos estar seguros, pues la vista puede confundirse, y lo que imaginamos que es fuego, puede ser polvo o bruma. En cambio, si nos acercamos, y vemos la llama con nuestros propios ojos, nuestra certidumbre aumenta. Sin embargo, no podemos adquirir un conocimiento perfecto de la naturaleza del objeto (el fuego) hasta que no coloquemos nuestras manos sobre él y experimentemos su quemadura. Existen otras subdivisiones de estas categorías, pero éstas son las principales, y el hombre se esfuerza constantemente por alcanzarlas. Vemos que cuando el niño comienza a crecer, desea conocer la naturaleza de cada cosa, y no vacila en colocar la mano sobre el fuego para experimentar sus efectos. Imagino que son muy pocos los niños que no se hayan quemado la mano en algún momento intentando descubrir el origen y efectos del fuego.

El islam establece las mismas tres etapas de conocimiento. En la primera, el hombre conoce la manifestación de los atributos de Dios a través de otros, o lee en las Escrituras cómo Dios se relacionaba con Sus siervos en el pasado, y comienza a pensar que debe existir alguna realidad bajo todo esto. Sin embargo, sólo se genera una impresión temporal en su mente, ya que, cuando empieza a esforzarse en el mismo camino, topa desde el principio con el desánimo, y pierde el valor; igual que quien ve un humo a distancia y se acerca; pero a medida que avanza y no ve sino humo, sin otra indicación de que haya fuego, comienza a imaginar que sus ojos le engañaron y que lo que vio no era tal humo, sino polvo o bruma. Estas personas se satisfacen con el recuerdo de las vidas de los santos. No se esfuerzan nunca en experimentar por sí mismos, permaneciendo su complacencia, por tanto, intacta. Este nivel dista, sin embargo, de ser envidiable.

El islam no limita al hombre a la primera etapa del conocimiento. Mantiene abierta la puerta hasta la categoría más elevada, y declara que todo el que se esfuerza en encontrar a Dios, de acuerdo con sus enseñanzas, gana en conocimiento y experiencia en proporción a su esfuerzo, no existiendo un nivel de conocimiento que haya sido posibilitado a otros que sea prohibitivo para el hombre actual. He explicado que el verdadero conocimiento es una condición puramente interna de la mente. Es una sutileza de la visión espiritual por la que el hombre comienza a percibir los atributos divinos. Pero, al igual que cada estado y experiencia tienen una manifestación externa, el perfecto conocimiento de Dios, o, en otras palabras, la unión con Dios, tiene también su manifestación externa por la que las demás personas así como el propio individuo conocen su relación con Dios.

Es obvio decir que cuando dos cosas se aproximan las características de una afectan a la otra. Quien se aproxima al fuego, por ejemplo, comienza a sentir calor y quien se acerca al hielo siente frío. Asimismo, si una persona está perfumada, su cuerpo o prendas emiten su fragancia; y si se acerca a otra persona que está hablando, puede escuchar sus palabras. De la misma manera, es necesario que quien alcance el estado de unión con Dios manifieste cualidades que muestren que ha alcanzado tal estado de bendición, pues si no existe más que la mera afirmación, no podríamos distinguir a los impostores de los siervos virtuosos de Dios, y la gente no se beneficiaría de la visión o unión con estos últimos.

El islam ha descrito tres grados de unión con Dios que pueden ser distinguidos mediante sus manifestaciones. Son la prueba de que el hombre ha alcanzado la unión con Dios, y son a la vez los medios para incrementar la propia fe en Dios. El primer grado es el referente a la aceptación de la oración, el segundo, la revelación, y en el tercero, el hombre se convierte en manifestación de los atributos divinos.

El islam enseña que la aceptación de la oración es un medio que capacita al hombre para alcanzar la unión con Dios. Cuando reza a Dios, sus plegarias son aceptadas, a condición de que se hagan de manera adecuada, y mantenidas hasta el punto necesario para su aceptación. Dice:

“ ¿Quién responde a la persona afligida cuando Le invoca, acepta sus oraciones y le libra del sufrimiento; y hace desaparecer la opresión del tirano, y coloca al oprimido en su lugar? ¿Existe acaso algún dios que tenga este poder? Qué poco es lo que reflexionáis.53”

Este grado es accesible a todos. Dios escucha las plegarias de todo el que le implora con congoja, cualquiera que sea la religión a la que pertenezca, ofreciendo así la oportunidad de entrar en contacto directo con Él mismo, y salir del estado de duda y oscuridad. Es esencial que quede abierto un cierto grado de conocimiento a personas de diversa clase y condición, para que dirijan su atención hacia Dios, pues la gente sólo se vuelve hacia lo que siente que es importante.

Los fieles de todas las religiones pueden alcanzar este grado, y pueden experimentar los efectos de la oración. Gracias a la oración desaparecen muchos obstáculos e inconvenientes. Sin embargo, este grado de conocimiento es inferior, pues deja lugar a la duda respecto a si lo que aconteció tras la plegaria pudo ocurrir sin ella; o si lo que se evitó que ocurriera, tampoco hubiera ocurrido de no haber realizado tal plegaria, pues con frecuencia se observa que muchas iniciativas que están en desarrollo fracasan, y por el contrario, lo que se considera difícil de realizar, acontece por medios ordinarios a pesar de que no se ofrezca plegaria alguna, o porque la persona en cuestión carezca de fe en las plegarias. Otro elemento que hace que esta categoría sea dudosa, es que parece tener similitudes con los resultados de otros métodos que operan bajo determinadas leyes naturales, como el hipnotismo o la sugestión, mediante las cuales ciertas dolencias y enfermedades pueden ser curadas o remediadas. Ello puede hacer pensar que los resultados de la oración también se pueden obtener a través de la concentración y otras causas, y no son debidos a ninguna intervención o ayuda divina.

Aunque la aceptación de la plegaria en este grado esté sujeta a tales motivos de duda, es, con seguridad, un medio para conseguir certidumbre para quien lo experimenta, y son muchos los beneficios que se pueden adquirir de ella. Sin embargo, existe otro grado en el que la aceptación de la plegaria no está sujeta a dudas, que pertenece a los grados más elevados de conocimiento, y que será expuesto en su lugar adecuado.

El segundo grado de verificación es la revelación. El islam hace particular énfasis en este grado, mientras que las demás religiones consideran que la puerta de la revelación ha sido cerrada de manera irrevocable. Nuestra razón, sin embargo, no puede aceptar la doctrina de que Dios, que solía hablar a Sus siervos en tiempos pasados para reafirmarles Su existencia, haya enmudecido totalmente en el presente. Los atributos divinos son eternos y no están sujetos a disminución o decremento. ¿Por qué entonces ha permanecido en silencio durante todos estos siglos? Si ha cesado de hablar, ¿cómo podemos asegurar que no ha cesado de escuchar, y de que los demás atributos permanecen inalterados? ¿No apoyaría este silencio la conclusión de que tampoco puede ya observar, que ha perdido el atributo del conocimiento, y el poder de vigilarnos y protegernos, y que el universo marcha ahora por sí solo? Si los demás atributos siguen estando vigentes ¿por qué ha cesado de hablar? Él está oculto a nuestra vista y fuera del límite de nuestras percepciones físicas, y la revelación era el medio principal por el que los hombres podían estar seguros de Su existencia. Si esta puerta también se ha cerrado, ¿qué medios nos quedan para asegurarnos de Su existencia?

El islam enseña que Dios todavía habla como solía hacerlo; todavía charla con Sus siervos como lo hacía antaño. Al igual que con la aceptación de las plegarias, la revelación no se encuentra totalmente limitada a los fieles de una religión en particular. Para que la gente pueda dar testimonio y creer en las revelaciones recibidas por sus siervos virtuosos, Dios en ocasiones, habla a las personas que no participan de la fe verdadera. Que Dios habla también ahora a sus fieles virtuosos es afirmado de manera expresa en las siguientes palabras del Sagrado Corán:

“ En cuanto a aquéllos que dicen: “Nuestro Señor es Al’lah” y permanecen después perseverantes, los ángeles descienden sobre ellos con la revelación, diciéndoles: “No temáis ni os aflijáis; regocijaos en el Jardín que se os ha prometido; Seremos vuestros amigos en esta vida y en el Más Allá. Allí tendréis todo lo que deseen vuestras almas, y allí tendréis todo cuanto pidáis.”

Es decir, el deseo de alcanzar la unión con Dios, que es el deseo real de todo creyente, será conseguido de forma total y completa. Estos versículos muestran que el islam considera que la puerta de la revelación siempre está abierta, y mantiene la promesa de la revelación para ciertos casos. Puede imaginarse cómo el hecho de que Dios hable directamente, o a través de Sus ángeles, fortalece la creencia de una persona y su fe en Dios, y qué refuerzo supone para su corazón tal experiencia, pues el diálogo también es un tipo de encuentro. Si, por ejemplo, uno pierde a su amigo en el bosque durante la noche, y escucha su voz en la cercanía, se encuentra mucho más reconfortado que si lo hubiera visto. Por lo tanto, el hombre a quien Dios habla, cree en Él con una fe tan perfecta como la que tendría si le hubiera visto realmente.

No se trata de una mera afirmación que hace el islam. Durante los últimos mil trescientos años, el islam ha generado, repetidamente, personas a quienes Dios ha hablado. En la época presente, Dios ha hablado al Mesías Prometidoas, y como resultado de la santa influencia ejercida por él, miles de miembros de la Comunidad Ahmadía, se han convertido en recipientes de la revelación divina. Creo que más de la mitad de los áhmadis han sido objeto de revelación, de una forma u otra, habiendo así confirmado y reforzado su fe.

Debe recordarse que con la palabra “revelación” no quiero significar la idea que comúnmente, pero de manera errónea, se tiene de ella, al considerar como tal a una idea brillante que, de manera súbita, surge en la mente. Algunas personas, por ignorancia, imaginan que Dios nunca habla con palabras, y que las ideas o pensamientos de los profetas se describen como revelación. El islam rechaza enérgicamente esta idea, y afirma que la revelación tiene lugar por medio de palabras, y que Dios habla al hombre de forma tan real como una persona habla a la otra. En la revelación tiene lugar un sonido similar al que se produce en el habla humana, y quien recibe la revelación oye tal sonido de la misma manera que oye el habla de sus compañeros en su vida diaria. La diferencia consiste en que la revelación es mucho más majestuosa y gloriosa que el habla de los hombres, y produce tal arrobamiento y sensación de felicidad, que quien la recibe se siente exaltado y elevado, como si un gran poder lo hubiera absorbido. Las palabras de la revelación llegan a sus oídos y las escucha, o bien son transmitidas a su lengua y las recita; o le son presentadas en un escrito y las retiene en su memoria. Todo ello, mientras persiste el sentimiento de exaltación, por el que percibe que su experiencia es una realidad gloriosa, y la acción directa de un Poder Superior.

Existen otras dos clases de revelación además de la descrita, que no se transmiten por palabras sino en un lenguaje simbólico. Una de ellas es el sueño, a través del cual se muestra algo concreto como símbolo de lo abstracto. Por ejemplo, la visión de la leche, indica conocimiento espiritual; o la de un búfalo que evidencia enfermedad o epidemia, etc.

El segundo tipo es denominado Kashf o visión, que se experimenta mientras el hombre está totalmente despierto y ocupado en sus quehaceres normales. En estas condiciones es capaz de relacionarse espiritualmente con las almas de los ausentes, o presenciar acontecimientos que tienen lugar a distancia de donde se encuentra.

Todas estas clases de revelación están referidas en el Sagrado Corán. Una discusión detallada de las mismas estaría ahora fuera de lugar. Ya dije que el islam no define a la revelación como una mera inspiración afortunada. Tal definición nace de la ignorancia total de su naturaleza. De aceptarse así, la revelación se convertiría en una superchería, pues todas las personas experimentan en algún momento pensamientos e ideas inspiradas. En este sentido, cualquier conferencia o escrito podría ser considerado como una revelación.

La palabra de Dios tiene como propósito conducirnos a la certidumbre y a la fe. Nos evita vagar en la duda o distracción. Si llamáramos “revelación” a nuestros pensamientos e ideas, muchas personas comenzarían a imaginar que todo lo que cruza sus mentes es una revelación. Sin embargo, la revelación divina debe poseer aspectos distintivos que no tienen la mera fantasía y la imaginación, a fin de que el hombre no caiga en el error. ¿Cuál es, por tanto, la mejor prueba para juzgar si una idea particular es nuestra, y no revelada; o si es revelada y no es nuestra; o si un escrito particular es o no revelado? Si decidiéramos que nuestra razón puede señalar la diferencia, habríamos de concluir que de llamar “revelación” a las simples ideas, nuestra mente no tardaría en aceptar la ficción de que nuestras ideas son reveladas y no propias.

En verdad que tal forma de pensar no sólo destruye la fe en la religión verdadera, sino que además produce graves dudas y malentendidos, a la vez que alientan el pensamiento irreflexivo, de tal manera que, quienes mantienen estas ideas, comienzan enseguida a crear nuevas religiones con las que se engañan a sí mismos y a grandes grupos de la humanidad. No hay duda de que, en determinados casos de alteración mental, el hombre puede engañarse imaginando oír ciertas voces o viendo alucinaciones. Sin embargo, tales casos están limitados a enfermos psicóticos o maníacos, que no pueden engañar a nadie. Sí, no obstante, se definiera la revelación como una idea que, de súbito, surge en la mente de un hombre perfectamente sensato, éste puede comenzar a creer que sus pensamientos son revelados, no existiendo medios para corregir tal equívoco. Tal suposición nace de la ignorancia del origen de la verdadera revelación. De haberla experimentado en sí mismos quienes mantienen este punto de vista, nunca se habrían equivocado respecto a su verdadera naturaleza, y sabrían que Dios habla a Sus siervos con una voz majestuosa e inexpresablemente cálida, escuchada con tanta seguridad como se escuchan las demás voces, y no quedando posibilidad de duda o engaño respecto a la misma.

Por la gracia divina, el que escribe estas líneas ha tenido experiencia personal de revelaciones, y puede afirmar con seguridad, en base a su propia experiencia, que la revelación se transmite por palabras, y no es una simple idea de la mente.

Debe recordarse, sin embargo, que no existe nada en el Sagrado Corán que apoye la creencia de que todo sueño o visión (Kashf), o revelación, es de origen divino. El islam indica que los sueños y revelaciones pueden ser de distintas clases. Por ejemplo, el Sagrado Corán declara:

“Llamo por testigo a la planta sin raíz cuando cae”. Es decir, la planta que no posee raíz, cae al suelo cuando crece; y, de la misma manera, el falso demandante, tanto si es un impostor como si se auto-engaña, nunca triunfa. Como las enseñanzas de tal individuo no se basan en verdades espirituales esenciales, encierran en sí mismas el germen de su propia destrucción. Por tanto, en el momento en que sus seguidores comienzan a incrementarse, aparecen simultáneamente signos de decadencia, y antes de que tal individuo sea universalmente aceptado, y su movimiento se establezca firmemente como religión independiente (es decir, antes de que asuma tales proporciones que justifiquen que se la reconozca entre las grandes religiones del mundo), y antes de que transcurra un período que justifique que el sistema ha superado la prueba del tiempo, su movimiento comienza a declinar, y eventualmente, todo él se derrumba. El versículo continúa:

“Vuestro compañero no se ha extraviado ni su pretensión se basa en la impostura (es decir, ni se engaña ni es un impostor), ni tampoco habla por su propio deseo egoísta (es decir, su deseo no dio origen a su pensamiento, ni considera a su imaginación como revelación divina. Lo que ha recibido es la revelación que le ha llegado de un poder externo, y no penséis que es el demonio quien le inspira. “La fuente de esta revelación es Dios Todopoderoso, que controla todo, y que establecerá mediante Su poder, la verdad de Su revelación, y Su doctrina se extenderá como un árbol poderoso. Personas de toda clase y condición la aceptarán, y el tiempo no logrará borrarla”54.

En este versículo se describen cuatro clases de revelación. En la primera, es difícil discernir la fuente de su origen (es decir, es el resultado de una alteración mental). La segunda es el resultado de los propios deseos, y es fácilmente distinguible. La tercera es aquélla que procede de un espíritu maligno, y no encierra más que maldad e impureza. La cuarta es la revelación divina. Por tanto, cuando afirmo que el islam describe a la revelación como un medio para lograr la unión con Dios, no me refiero a todo tipo de revelación. Admito -y la realidad es que muchos siglos antes de que surgiera el análisis de la psicología actual sobre la interpretación de los sueños, el Sagrado Corán ya lo había explicado- que los sueños y las revelaciones pueden tener su origen en alteraciones mentales o deseos personales. Por revelación quiero significar únicamente la revelación divina que resulta claramente diferenciable de las ilusiones mentales o ficciones nacidas de los propios anhelos.

A pesar de todo, como aún deja cierto espacio a la duda o la confusión, la revelación no es un medio absolutamente perfecto y seguro para el reconocimiento de Dios, que exige una absoluta certeza en la fe, y que excluye cualquier posibilidad de duda o equívoco. El islam declara con énfasis que puede lograrse, a través suyo, este estado de certeza absoluta y perfecta. Ordena a sus fieles repetir en sus cinco oraciones diarias, alrededor de 40 o 50 veces al día la plegaria: “¡Señor! dirígenos por el camino recto, el camino de aquéllos a quienes Tú has concedido Tus bendiciones”. En otro lugar, el Sagrado Corán explica que aquéllos sobre los que Dios ha derramado Sus bendiciones son los Profetas, los Siddiquis (los más cercanos a los Profetas). Los Shahids (no están tan cerca del grado del profetázgo pero pueden mostrar en sus personas la presencia de los atributos divinos, y, basándose en su experiencia personal, guiar a la gente hacia Dios), y los Salehin o los virtuosos. A menos que el hombre no alcance una de las tres categorías mencionadas en primer lugar, no puede lograr una perfecta certidumbre en la fe.

¿Y cómo podemos beneficiarnos de los atributos divinos? Por ejemplo, se nos dice que Dios es Omnisapiente ¿pero cómopodemostenerunapruebasegurade Suconocimiento? Mientras no comprobemos con nuestros ojos la función de este atributo ¿cómo podemos asegurar con honestidad que es omnisapiente? Se nos dice que otorga vida a los muertos, y sin embargo, mientras no tengamos evidencia de ello, no podemos afirmarlo con sinceridad. Se nos dice que es el Creador, pero observamos que toda la creación está gobernada por normas determinadas de la naturaleza.

¿Cómo podemos creer, por consiguiente, que tuvo parte en la creación del universo, y asegurar, en verdad, que Él es el Creador? Igualmente se nos dice que todas las cosas están bajo Su control y reconocen su poder; sin embargo, cuando encontramos miles de personas que niegan Su misma existencia, ¿cómo podemos asegurar, en ausencia de un signo claro de Su poder, que controla el universo? Lo mismo ocurre respecto del resto de Sus atributos. A menos que nos convenzamos que los atributos de Dios se manifiestan de forma que excluyen toda posibilidad de azar o coincidencia, no podemos creer que tales atributos existan en absoluto.

No podemos percibir a Dios con nuestros sentidos físicos; sólo podemos hacerlo a través de Sus atributos. Si no poseemos prueba cierta de la manifestación de dichos atributos, no podemos afirmar honradamente que Dios existe, y que el universo no se rige por alguna ley compleja aunque perfecta de la naturaleza.

Esta duda sólo la resuelve el islam, porque genera constantemente personas que manifiestan los atributos divinos; personas que reciben, en primer lugar, un reflejo de tales atributos en su propia existencia, y después conducen a otros hacia el perfecto conocimiento de Dios, mostrando en sus propios seres la presencia de estos atributos.

En la época actual, Dios ha enviado al Mesías Prometidoas, a fin de que los hombres puedan conseguir alcanzar el perfecto conocimiento de Dios, y queden libres de la duda y la desesperación. Fue un seguidor tan fiel y perfecto del islam, que alcanzó el rango del profetázgo; y Dios lo elevó a un nivel tan alto de conocimiento espiritual que no fue alcanzado siquiera por Abrahamas, Moisésas o Jesúsas. Manifestó en sí mismo los atributos divinos de forma tan perfecta, que todos los que lo vieron quedaron maravillados, y quienes oyen hablar de ello quedan rendidos de admiración. Cientos de miles de almas recobraron una vida nueva a través de las señales que mostró, y multitud de gente sanó por su poder milagroso. Alcanzó el estado perfecto del conocimiento divino que excluye toda posibilidad de duda o equívoco, y halló la unión completa con Dios, que no admite separación. Quedó tan iluminado por el color divino, que lo demás se extinguió para él. Renunció totalmente al mundo, y se consagró enteramente al servicio del Eterno Amado, Quien, como consecuencia de tal devoción, se hizo suyo. Experimentó cada doctrina y mandamiento del islam en su propia persona, los halló perfectos, y probó sus frutos en sí mismo. Dios le invistió con el manto de Sus atributos, y él volvió al mundo para, a modo de puente, dirigir a la humanidad hacia Dios, pues sólo puede elevarse quien viene de arriba.

Jesúsas dijo: “Nadie ascendió al cielo salvo el que descendió del cielo”55, a lo que podría añadirse que nadie puede guiar a otros al cielo, salvo el que es enviado del mismo cielo. El Mesías Prometidoas a quien Dios invistió con el manto de Su gloria, y envió para la guía de la humanidad, fue así designado, y fue capaz de llevar a los hombres hacia Dios. En apoyo de este objetivo, manifestó cada atributo de Dios en su propia persona, y acercando a Dios a los hombres, acercó a los hombres a Dios. El Sagrado Corán dice:

“Como el hombre no puede alcanzar a Dios, Él se aproxima muy cerca del hombre”56.

Siendo tal Su proceder, Él se apareció en esta época al Mesías Prometidoas, y se manifestó a Sí mismo al resto de la humanidad a través de él, para mostrar que es el mismo Dios Vivo que se manifestó a Abrahamas, Moisésas, Jesúsas y Muhammadsa; y que es hoy día nuestro Dios, que no nos ha abandonado, sino que en nuestra ignorancia le hemos olvidado.

No me es posible en el tiempo y espacio disponible, explicar, respecto a cada atributo divino, cómo los mostró y manifestó al mundo el Mesías Prometidoas después de lograr el perfecto conocimiento divino. Sin embargo, se pueden exponer algunos de ellos.

Un atributo divino que se acepta universalmente es el atributo de Su sabiduría. Todas las religiones enseñan que es Omnisapiente, pero ninguna explica cómo podemos asegurarnos de que sea cierto. El Mesías Prometidoas nos ha mostrado ejemplos prácticos de este atributo divino. Nos ha descubiertosecretosdeconocimientoque(1) seencontraban ocultos a los ojos del mundo, o (2) fueron adquiridos por él de forma extraordinaria, o (3) su adquisición estaba fuera de los límites humanos. Como ejemplo de los primeros sólo necesito referirme a sus enseñanzas, parte de las cuales ya he expuesto, y que expondré también más adelante. Ilustraré el segundo y tercer apartado.

La mayoría de la gente desconoce, posiblemente, que el Mesías Prometidoas nació en una parte de la India que se encontraba bajo la dominación de los Sijs, en cuyo entorno la instrucción y el saber eran una excepción. Nunca fue al colegio, y únicamente leyó algunos libros elementales con la ayuda de tutores particulares. Sin embargo, cuando Dios le elevó al rango de profeta, le confirió, en el curso de una sola noche, un conocimiento tan amplio del idioma árabe, que los eruditos de Egipto y Arabia no pudieron rivalizar con él. Escribió varios libros en árabe, y desafió repetidamente a sus oponentes a crear una obra similar si consideraban que esto era el resultado de una instrucción y educación ordinaria. Sin embargo, ninguno se atrevió a aceptar tal desafío en la India, Egipto, Siria o Arabia ¿no es acaso, por tanto, una prueba convincente de la omnisciencia divina?

¿Puede considerarse que la adquisición de tal conocimiento es el resultado de la imaginación humana? El Punjab se encuentra tan lejos de Arabia y de otros centros de educación conocidos, que resulta imposible que el Mesías Prometidoas hubiera adquirido sus conocimientos de árabe a través de otras personas. Incluso si se admitiera como posible, ¿cómo adquirió un conocimiento tal que le capacitó escribir cerca de una veintena de libros, en base a los cuales desafió con éxito a gente erudita? Debe recordarse que las personas que han estudiado árabe durante años en las escuelas y universidades del Punjab, apenas logran escribir unas pocas páginas en este idioma. No hay duda que, ocasionalmente, escritores como Dante o Shakespeare adquirieron una maestría casi sin igual en su propia lengua, pero no pueden compararse con el Mesías Prometidoas, porque nunca proclamaron de antemano que adquirirían tal maestría. No se percataron siquiera del valor que encerraban sus obras, y sólo cuando sus trabajos se hicieron conocidos fueron apreciados en su justo valor.

Si varias personas compiten en una carrera, una de ellas ha de ganar a las demás. Sin embargo, tal hazaña no se considera extraordinaria. No obstante, cuando una persona débil y extenuada, que apenas puede sostenerse en pie, se une a la carrera y declara de antemano que la va a ganar, y de hecho la gana, debe considerarse, con seguridad, como algo fuera de lo ordinario, y atribuirse a alguna intervención superior.

Dios manifiesta Su atributo de Omnisciencia de esta forma. Así lo vemos en el segundo capítulo de los Actos, donde está escrito que a los discípulos se les enseñó las lenguas de diferentes tribus a través del Espíritu Santo.

La diferencia entre el caso de los discípulos y el Mesías Prometidoas radica en que a los primeros se les enseñó sólo las lenguas de las tribus judías, y a pesar de ello, se equivocaron en ocasiones. Sin embargo, al Mesías Prometidoas se le enseñó la lengua de otra nación, y se le otorgó tal perfecto dominio sobre ella, que ninguno de los que eran nativos de esta lengua pudo rivalizar con él en las repetidas invitaciones que les brindó.

Otra prueba de la Omnisciencia de Dios que hemos obtenido a través del Mesías Prometidoas, es la realización de esta Conferencia de las Religiones en Londres. Treinta y cuatro años antes, el Mesías Prometidoas vio un Kashf (visión) referente a la expansión de su Comunidad en Inglaterra. Lo publicó en el libro Izala’-e-Auham, que se publicó en 1892. Las palabras fueron las siguientes:

“La salida del sol desde el Occidente (como fue predicho por el Santo Profetasa del islam) significa que las naciones occidentales que desde hace siglos han permanecido en la oscuridad del descreimiento y el error, serán iluminadas por el sol de la virtud, y participarán de las bendiciones del islam. En una ocasión me he visto a mí mismo -en una visión- frente a un púlpito en Londres, exponiendo una conferencia en inglés sobre la verdad del islam, y posteriormente capturando a varias aves de plumaje blanco situadas sobre pequeños árboles, cuyos cuerpos eran semejantes a los de las perdices. Creo que esto significa que, aunque no tenga la oportunidad de ir personalmente a Londres, mis escritos serán publicados entre aquella gente, y muchos ingleses virtuosos serán presa de la verdad. Las naciones occidentales no se han destacado porsuadhesiónalasverdades espirituales; comosi Diossólohubiera otorgado sabiduría espiritual a las naciones orientales, y sabiduría material a Europa y América. Todos los profetas, del primero al último, han aparecido en Asia, y los hombres espirituales, aparte de los profetas, que lograron llegar cerca de Dios, también han estado confinados a pueblos orientales. Sin embargo, Dios desea ahora extender Su benevolencia a Occidente”57.

El significado de este mensaje es perfectamente claro. Hace treinta y cuatro años, Dios informó al Mesías Prometidoas que, a través de él, el islam se propagaría en Europa; que los medios de tal propagación serían sus escrituras, y que, al final, Occidente participaría de las bendiciones de la fe, de igual forma que hoy disfruta de las buenas cosas del mundo.

Sin duda, lo que observó en la visión era que él mismo dirigía la alocución. Como los profetas son representados por sus seguidores, y en particular por sus sucesores ( Jalifas), la visión significa que él o uno de sus representantes, o sucesores, se dirigiría a Inglaterra para atraer a las personas hacia el islam; e indica que el islam y el Ahmadíat serían predicados desde un púlpito o escenario, y las gentes lo aceptarían y serían bendecidas.

Elcumplimientodeestavisiónnoesunameracoincidencia. La importancia de un hecho sólo puede valorarse cuando se conocen las circunstancias que concurren en el mismo. Tomemos, pues, en consideración las circunstancias que rodearon al momento en que esta visión fue publicada, y en las que se encontraba la persona que las publicó.

Cuando este Kashf fue dado a la publicidad, la religión cristiana era tan poderosa que sobrecogía a los musulmanes. Los escritores europeos y cristianos no sólo profetizaban la aniquilación completa del islam por parte del cristianismo en el curso de un siglo, sino que los musulmanes cultos habían comenzado a admitirlo de manera indirecta. Algunos musulmanes, bajo el pretexto de la reforma religiosa, iniciaron un movimiento de entendimiento mutuo entre el islam y el cristianismo, que se basaba en el supuesto de que ambos eran verdaderos; y en la necesidad de evitar la confrontación, pues dichas personas temían que el islam no podría resistirse al cristianismo. Otros habían comenzado a pedir disculpas por la doctrina del islam, tratando de explicar que algunas de sus normas, que Europa no aceptaba, no eran realmente parte del islam, y que el islam enseñaba exactamente lo que Europa pregonaba. Exponían que el islam fue revelado en una época de oscuridad, cuando los árabes se encontraban en una situación degradada, de tal forma que muchas de las doctrinas y mandamientos islámicos sólo intentaban mejorar la condición de los árabes, y no eran de aplicación universal. Éstas serían revocadas a través de una asamblea de Ulemas y doctores islámicos, ya que el Santo Profetasa predicó a los árabes teniendo en cuenta sus prejuicios religiosos y nacionales, y su significado era realmente distinto a lo que sus palabras querían decir. En resumen, los musulmanes habían comenzado a admitir, a través de su conducta, que los días del islam estaban contados. No sólo habían perdido la capacidad de tomar la ofensiva, sino incluso el valor de defender al islam. Estaban prestos a rendirse, y sólo esperaban que el cristianismo les ofreciera mejores condiciones, y no fueran tratados como salvajes.

Por otra parte, quien vio y publicó esta visión, se encontraba sólo y no tenía seguidores. Acababa de proclamar su condición de Mesías, que había levantado el resentimiento y oposición universal. El gobierno lo miraba con sospecha, y el pueblo le era hostil. Los cristianos, hindúes y los mismos musulmanes por cuya fe abogaba, se le opusieron en conjunto; estos últimos de la forma más enconada. Su proclama era nueva e inesperada. Los musulmanes esperaban un Mahdi guerrero que descendiera del cielo. Esta persona, en cambio, proclamaba no ser un guerrero, sino un Mahdi pacífico y pacificador, y enseñaba que el Mahdi y el Mesías eran una y la misma persona, que no había de descender del cielo, sino que debía aparecer en la tierra, y lo más sorprendente: que él mismo era la persona que representaba al Mahdi y al Mesías; una persona que no poseía rasgo distintivo de cultura, rango ni honor.

Además, viajar a naciones lejanas requiere dinero, y esta persona tenía en aquel tiempo cuarenta o cincuenta seguidores, los cuales, a excepción de uno o dos que se encontraban en circunstancias relativamente más favorables, eran extremadamente pobres, ganando un promedio de cinco chelines a la semana, con los que tenían que atender sus necesidades propias y las de sus familiares. Así pues, en estas circunstancias, viviendo a seis mil millas de Inglaterra; en un país miembro del Imperio Británico que se encontraba en aquel tiempo en condiciones de extrema degradación política; en una provincia considerada la más atrasada de la India y situada a varios cientos de millas del océano; residiendo en una aldea que incluso hoy se encuentra a once millas del ferrocarril más cercano, y que recibía sólo dos veces por semana el correo; en la que el cartero era a su vez el maestro; que no podía aspirar a una institución educativa más alta que la de un colegio nativo de instrucción primaria (pues así era la aldea de Qadián en aquel tiempo); esta persona proclama que Dios propagaría su doctrina en Occidente, que sería predicada desde estrados y púlpitos, y que los hombres aceptarían la verdad y se unirían a su movimiento. Todo esto ocurrió en efecto: su comunidad se extiende; personas de todas las condiciones se le unen; y ha alcanzado y comienza a atraer a los espíritus amantes de la verdad de Occidente.

La invitación cursada por los organizadores de la Conferencia de las Religiones a los representantes de las diferentes religiones no tiene un significado especial en lo que a otras religiones concierne, pues tales invitaciones tenían por objetivo augurar el éxito de la Conferencia. En nuestro caso sí tiene un significado peculiar, pues se ha convertido en el medio por el cual se ha cumplido el Kashf al que me acabo de referir, y que fue publicado en circunstancias muy adversas. De haber seguido esta comunidad un curso normal, no habría sido invitada a participar en esta conferencia, pues habría cesado de existir hace tiempo a causa de las circunstancias extremadamente adversas por las que hubo de atravesar. Sin embargo, Dios, de acuerdo con este Kashf, la hizo prosperar, y al final tuvo lugar lo que fue predicho. Esto demuestra que Dios es Omnisapiente, y que revela hechos que el hombre desconoce e ignora, y que son considerados en su tiempo por la humanidad como opuestos a la razón y el sentido común.

No puedo concluir esta parte de mi discusión sin señalar un ejemplo más de la Omnisciencia divina mostrada por el Mesías Prometidoas. El suceso también pertenece a Europa, donde, junto a América, ha ejercido y aún ejerce una profunda influencia. Me refiero a su profecía respecto a la Guerra Europea y la caída del régimen zarista. Esta profecía fue publicada parcialmente, y completada en cuatro años, de 1904 a 1908. Él profetizó que Dios le había revelado que “un poderoso terremoto era inminente”. Explicó que no significaba necesariamente que tuviera lugar un corrimiento de tierras, sino que más bien quería decir que una forma de calamidad “causaría una gran pérdida de vidas y destrucción de edificios; originaría verdaderos arroyos de sangre y crearía una gran consternación entre los hombres”. De los detalles acerca de este terremoto tal como fueron predichos en su tiempo, se deduce que la profecía anunciaba una gran guerra, pues dice que “el mundo entero se verá conmovido y los viajeros padecerán grandes sufrimientos”. Esto muestra con claridad que la calamidad anunciada se refería a una guerra, pues un terremoto no afecta especialmente a los viajeros. Igualmente señala: “correrán arroyos de sangre y la calamidad acontecerá de forma súbita. Los jóvenes se volverán viejos de la impresión. Estallarán las montañas, y mucha gente se volverá loca. El mundo sufrirá sus efectos, pero la suerte del Zar será miserable. Serán sacudidos los cimientos de muchos gobiernos. Las flotas navales estarán alerta ante las flotas enemigas y surcarán los mares en busca de navíos antagonistas, teniendo lugar duelos navales. La tierra se verá alterada, y Dios aparecerá con sus huestes para castigar a opresores y transgresores. La calamidad también afectará a las aves del aire. Los árabes se prepararán para la guerra, y los turcos serán derrotados en Asia Menor, pero recobrarán parte de su territorio perdido”. También dijo que “los signos de esta calamidad aparecerán con antelación” pero “Dios la alejará por un tiempo”. En cualquier caso “alcanzará al mundo antes de que pasen dieciséis años de la publicación de la profecía, aunque no durante el advenimiento del Mesías Prometidoas”58.

¡De qué manera tan clara y poderosa se ha cumplido esta profecía! ¡Qué terrible fue el terremoto que fue predicho y de qué manera la tierra quedó sacudida! Como ya mencioné antes, la palabra no significaba un terremoto real, pues la misma palabra ha sido empleada en el Sagrado Corán y en la Biblia59 para nombrar a la guerra. Cada detalle de esta profecía se cumplió con claridad. La guerra surgió repentinamente, y el mundo entero se vio afectado. La profecía se publicó a principios en el año 1904 y la guerra tuvo lugar en 1914, después de la muerte del Mesías Prometidoas, que aconteció en 1908. No sólo afectó a los poderes y gobiernos que se vieron involucrados, sino también a otras naciones. Los padecimientos que originó a los viajeros son difíciles de imaginar. Quienes viajaban por países extranjeros cuando comenzó la guerra relatan episodios dolorosos de desplazamientos, escapadas a medianoche, cautividad y prisión. Muchos de ellos fueron incapaces, durante años, de comunicarse con sus seres queridos y amigos, y no consiguieron intercambio alguno de noticias. Las montañas fueron voladas como si se tratase de montículos de tierra. Algunas colinas francesas que se encontraban en el área bélica quedaron totalmente aplanadas. Se derramó tanta sangre, que los arroyos y ríos se tiñeron realmente de color rojo. Mucha gente envejeció de la impresión, y tal como fue anunciado, enloquecieron tantos hombres que se denominó “neurosis de guerra” a este nuevo tipo de alteración mental, a causa de la cual miles de personas quedaron incapacitadas durante varios meses, e incluso años. Las demostraciones navales y los movimientos de flotas tuvieron lugar a una escala sin precedentes, y fueron destruidos espacios de tierra tan extensos, que ni siquiera hoy día Francia ha sido capaz de rehacer las áreas devastadas. El ruido de los cañones y la explosión de las granadas mantuvo a las aves alejadas de los árboles, volando en el aire, de forma que muchas murieron exhaustas por la fatiga.

La guerra estuvo a punto de precipitarse en 1911, cuando Alemania envió los Panzer a Agadir, pero de acuerdo con la profecía, se evitó gracias a la firme actitud mostrada por Gran Bretaña, y el reconocimiento de los estados continentales de que no estaban preparados para la guerra. Los árabes consideraron cabal separarse de los turcos, y se unieron a los aliados. Irak y los Dardanelos se consideraron los puntos estratégicos más importantes frente a los turcos, pero los aliados fracasaron en ambos lugares, venciendo finalmente a los turcos en Palestina, de acuerdo con la profecía, y acabando así la guerra. Sin embargo, los turcos de nuevo adquirieron el poder bajo el mando de Mustafá Kamal Pash, y tal como fue profetizado, recobraron una gran parte de sus fortunas perdidas. No obstante, la parte más dramática de la profecía se refería al Zar de Rusia. De todos los monarcas afectados por la guerra, sólo el Zar fue mencionado por la profecía, que decía que durante la guerra su suerte sería lastimosa, es decir, que no sólo perdería su trono, sino que sufriría otros padecimientos, desgracias y privaciones. La profecía parecía indicar que el Zar no sería asesinado, no moriría de inmediato, sino que atravesaría graves sufrimientos. La profecía se cumplió con todo detalle. El Zar perdió su trono, pero le fue respetada la vida. Posteriormente, no obstante, fue muerto tras sufrir las torturas físicas y mentales más dolorosas. Su mujer e hijas fueron deshonradas en su presencia sin que pudiera hacer nada por protegerlas.

El relato de sus sufrimientos causa una gran consternación y pena en el corazón, pero al mismo tiempo fortalece la fe en Dios Omnisapiente, al ver cómo reveló todos estos acontecimientos doce años antes de que acontecieran, en un momento en que nadie podía imaginar que pudieran llegar a ocurrir.

¿No son suficientes todos estos hechos para probar que el Dios del islam es Omnisapiente, y que sólo el islam es la religión que posibilita llegar al conocimiento de este Dios Omnisapiente y establecer una relación entre el hombre y Él?

Otro atributo bien conocido de Dios que es aceptado por la mayoría de las religiones es el atributo de la creación. La mayoría de las religiones afirman que el concepto de Dios que presentan incluye el atributo de la creación. Enseñan que el hombre y toda la materia han sido creadas por Dios, y que todo el universo es creación Suya. Sin embargo, ¿qué prueba tienen en apoyo de su suposición? Ninguna. Su afirmación se basa en suposiciones negativas: Si Dios no es el Creador del universo, ¿quién es entonces? Un ateo tiene los mismos datos en contra suya, con la diferencia de que es un estudioso más diligente de las leyes de la naturaleza. Su mundo y su religión consisten en el estudio activo de esas leyes, y llega a la conclusión de que el universo funciona por sí mismo, y que no es controlado por ningún poder o agente externo. Por lo tanto, si quienes hacen de la naturaleza objeto de estudio durante toda su vida, no obtienen guía de ella, ¿cómo puede la naturaleza crear certidumbre en los corazones de los individuos ordinarios?

Lo máximo que la naturaleza sugiere es que debe haber un Creador de este universo. Sin embargo, es una mera inferencia y no puede ser sustituta de la fe y la certeza. La experiencia nos enseña cómo a menudo, cuando descubrimos la causa de un fenómeno que no conocíamos previamente, esta suele ser totalmente distinta a la que nos habíamos imaginado. Por tanto, ¿no puede ocurrir que nuestra creencia respecto a que, por encima de las leyes de la naturaleza, ha de existir un Creador y Regulador del mundo, sea debida a nuestra ignorancia de la naturaleza, sus propiedades, y la acción y reacción de la materia? Puede ocurrir que la materia posea una energía y propiedades que nos son desconocidas y que la hacen independiente de todo control externo. En vista de estas posibilidades, ¿cómo podemos conformarnos con la mera suposición de que debe existir un Creador del universo? Necesitamos pruebas que nos lleven del nivel de “debe existir” al de “existe”, y que hagan desaparecer todas las dudas y equívocos. Esto sólo es posible si podemos observar con nuestros propios ojos el funcionamiento del atributo de Creador, y convencernos, por nosotros mismos, que Dios realmente crea. Ninguna religión es capaz de darnos certeza respecto a este atributo divino. Sin embargo, el Mesías Prometidoas, sí que nos ha conducido a este nivel de conocimiento. No nos pide que creamos que existe Dios y que Él es el Creador. Afirma poder mostrarnos la verificación real del atributo divino de la creación, y demostrar que no es la naturaleza la que crea, sino el propio Creador de ella. Existen muchos ejemplos, pero me sentiré satisfecho relatando tres de ellos.

Debemos recordar que un resultado específico no puede adscribirse a la acción o intervención de ningún ser a menos que nos convenzamos negativa y positivamente de ello; es decir, a menos que estemos seguros que tal resultado acontece si tal ser lo desea, y no acontece si no lo desea. Visto desde el punto de vista positivo, queda espacio para la conjetura respecto a que puedan existir también otros seres que logren similares resultados. Por tanto, la afirmación de que un determinado hecho puede ser realizado únicamente por un ser particular, implica necesariamente que si tal ser no lo realiza, no puede tener lugar el hecho en absoluto. Manteniendo este principio en mente, voy a referirme a las pruebas positivas y negativas que el Mesías Prometidoas aportó para mostrar el atributo divino de la Creación.

Describiré primero aquellas señales que son pruebas positivas de la existencia de este atributo. Respecto a la primera de ellas, simplemente reproduciré la declaración de la persona que fue testigo principal de esta señal. Su nombre es Ata Muhammad y es un Patwari (suboficial carabinero). Su declaración dice:

“Antes de convertirme en áhmadi, trabajaba como Patwari en Winjwan en el distrito de Gurdaspur. Qazi Nimatul’lah de Batala, a quien solía ver a menudo, solía hablarme de Hazrat Sahib (se refiere al Mesías Prometidoas), pero no solía prestar mucha atención a sus palabras. En una ocasión en que se mostró muy insistente, le dije que escribiría a su Mirza pidiéndole que orara por mí respecto a cierto asunto, de forma que si su oración era escuchada, yo le aceptaría. Escribí seguidamente a Hazrat Sahib, diciéndole que siendo el Mesías y un Wali (santo) como él proclamaba, sus plegarias deberían ser escuchadas, y le pedía que rogara a Dios para que me otorgara un hermoso hijo varón de la mujer de entre mis esposas que yo deseara. Al final de mi carta le relaté que tenía tres esposas desde hacía muchos años, pero que no había tenido hijos de ninguna de ellas y que deseaba tenerlo de mi mujer de mayor edad (significando que al estar envejeciendo existía aún menor posibilidad de que pudiera concebirlo). Recibí una respuesta, escrita por el fallecido Maulvi Abdul Karim Sahib (uno de los principales miembros del Movimiento Ahmadía que solía actuar como secretario del Mesías Prometidoas) diciendo que Hazrat Sahib había orado por mí, y que Dios me otorgaría un precioso hijo lleno de talento y disposición, de la mujer que yo había deseado, pero que debería arrepentirme como lo hizo Zacarías. Yo vivía en ese tiempo una vida lujuriosa, era adicto a la bebida, y aceptaba sobornos con frecuencia. Al recibir esta respuesta, me dirigí a la mezquita y pregunté qué significaba el arrepentimiento de Zacarías. El Mul’lah y el resto de la gente que se encontraba en el lugar se sorprendieron de ver a una persona viciosa como yo en la mezquita, y fueron incapaces de responder a mi pregunta. Seguidamente consulté a Maulvi Fateh Din de Dharam Kot, que era áhmadi, y me dijo que el arrepentimiento de Zacarías significaba que debía renunciar al curso malvado de mi vida, abandonar el soborno, ser regular en mis oraciones, guardar los ayunos y frecuentar la mezquita. Consecuentemente, cambié por completo mi modo de vida. Abandoné la bebida, dejé de aceptar sobornos, y fui regular con las oraciones y los ayunos. Cuatro o cinco meses más tarde, cuando entré en mi casa, encontré a mi mujer, la de más edad, llorando. Al preguntarle la causa de su tristeza, me respondió que me había casado con otras dos mujeres debido a que ella fue incapaz de darme descendencia, y que, además, una nueva calamidad se había abatido sobre ella; que había cesado su menstruación, de forma que ya no le quedaba ninguna esperanza de tener ningún hijo. Su hermano trabajaba en aquellos días como subinspector de policía en Amritsar, por lo que me pidió que la enviara con él para solicitar una consulta médica. Le aconsejé, no obstante, que consultara antes con la comadrona de la localidad. Ésta la reconoció, y le dijo que no podía hacer nada, ya que en su opinión, Dios se había equivocado con ella (significando que había sido estéril y que ahora presentaba signos de estar embarazada). (¡Dios debía haber incurrido en un error!). Así pues, volvió a casa diciendo que Dios había incurrido en un error. Yo le pedí que no hablara de esta manera, ya que le había pedido a Mirza Sahib que orara por mí, y creía que esto podía ser el resultado de su oración. Algún tiempo más tarde, mis esperanzas se vieron confirmadas, y comencé a relatar a la gente que me sería concedido un hermoso niño. Las personas se maravillaban y decían que, de ocurrir así, sería sin duda un milagro. Finalmente llegó el momento en que el niño nació. Era varón y muy hermoso. Nació durante la noche, y corrí en seguida hacia Sharam Kot donde residían mis parientes para informarles del acontecimiento. Al escuchar estas buenas nuevas mucha gente se dispuso a ir a Qadián para unirse al Movimiento. Sin embargo, hubo otros muchos que no lo hicieron. Algunos miembros de Winjwan también se unieron al Movimiento Ahmadía, a consecuencia del asombroso suceso, así como yo mismo. Puse al niño el nombre de Abdul Haq. Llevaba más de doce años casado y no tuve anteriormente ningún hijo.” (Sirat-Al Masih. Recopilado por Hazrat Mirza Bashir Ahmad).

¿Puede haber una prueba mayor de que nuestro Dios es un Dios Vivo y es asimismo el Creador? Si no existe Dios o si Dios no es el Creador, ¿cómo pudo ocurrir que a resultas de las oraciones del Mesías Prometidoas, naciera un niño de un hombre sin descendencia, que se había casado con tres mujeres a lo largo de doce años para tener progenie, sin conseguirlo? No sólo nació el niño, sino que su nacimiento tuvo lugar de acuerdo con el deseo de su padre, y bajo las condiciones que él estableció; es decir, nació de su mujer de mayor edad, era varón y hermoso. Si no existe Dios o si Él no es el Creador, ¿cómo dieron origen a todo esto las plegarias del Mesías Prometidoas? Nos sentimos aún más impresionados ante esta asombrosa señal, cuando sabemos que a la persona que la pidió, se le informó de antemano que el signo pedido le sería mostrado de acuerdo con las condiciones por él impuestas. La importancia de un hecho debe ser medida con respecto al efecto que produce en el momento en que acontece sobre quienes lo presencian. Como se dijo anteriormente, las consecuencias de este incidente fueron que el hombre que había pedido la señal, así como muchos de sus parientes y convecinos se convirtieron en áhmadis, iniciando la mayoría un viaje largo desde la aldea para unirse al Movimiento Ahmadía. El niño, su padre, y muchos de los que fueron testigos de esta señal, viven aún. Cualquier persona que desee comprobar la autenticidad de estos hechos, puede hacerlo preguntándoles cuanto desee.

Otros muchos signos de carácter similar fueron mostrados por el Mesías Prometidoas. Cada uno de sus propios hijos nació del resultado de una profecía, y muchos matrimonios sin descendencia tuvieron progenie por acción de sus plegarias.

Otro milagro suyo, que también hace referencia al atributo divino de Creación, tuvo lugar de la manera siguiente: Vio en un sueño que había preparado una carta, referida a hechos futuros de su propia vida y de la de algunos amigos, que deseaba que Dios aprobase. Vio a continuación a Dios personificado, y colocó ante Él la carta para que la firmase. Dios firmó la carta con tinta de color rojo, pero antes de hacerlo, sacudió con un movimiento de Su mano el exceso de tinta que se había acumulado en la pluma. Algunas gotas de la tinta así sacudida cayeron sobre las prendas del Mesías Prometidoas, que al sentir el amor y afabilidad de Dios al aceptar su petición, vio que sus ojos se llenaban de lágrimas, despertandose a continuación con un ligero temblor. Un discípulo suyo, llamado Mian Abdul’lah Sannouri, que en aquel momento le estaba dando un masaje, dirigió su mirada a unas manchas húmedas en forma de gotas sobre su vestimenta. El Mesías Prometidoas le relató seguidamente el Kashf con detalle; las gotas de color rojo habían caído sobre la camisa del Mesías Prometidoas y sobre el gorro de Mian Abdul’lah (Mian Abdul’lah es oficial de policía al Servicio del Estado de Patiala). Mian Abdul’lah pidió que le fuera entregada la camisa como reliquia de este milagro, y el Mesías Prometidoas se la dio, a condición de que hiciera constar en su testamento que sería enterrado con ella, a fin de que la gente no comenzara a adorar la prenda. Mian Abdul’lah aún vive, y yo le pregunté si existía alguna posibilidad de que el líquido cayera del tejado, etc. Afirma que el techo de la habitación era completamente liso y limpio, y que no veía tal posibilidad. Tan pronto como observó las gotas, dirigió su mirada al techo buscando el origen pero no encontró causa alguna. También afirma que en aquel momento no había ningún tintero, ni objeto similar en la habitación. La camisa se encuentra aún cuidadosamente preservada por Mian Abdul’lah y la declaración anterior está tomada bajo juramento.

Debe recordarse sin embargo, que no creemos que Dios tenga forma física, o que acostumbre a firmar Su nombre, o que use pluma o tintero, o que las gotas que cayeron sobre el Mesías Prometidoas fueran realmente gotas de alguna tinta que Dios usara en tal ocasión. Por el contrario, como ya indiqué antes, creemos que Dios no tiene forma ni similitud, y que está por encima de tener que asumir una forma humana o de otro tipo. Creemos que todo lo que el Mesías Prometidoas vio fue un Kashf; y que la forma en que vio a Dios era una representación simbólica de la relación que mantenía con Él. El acto de la firma significaba que Dios haría que se cumplieran sus deseos y objetivos. La tinta que realmente cayó sobre sus prendas y sobre las de Mian Abdul’lah, no era una tinta que cayera realmente de la pluma de Dios, pues Dios no usa pluma ni tintero, pero fue creada por Dios mediante su atributo de creación como señal para el Mesías Prometidoas y para los demás, a fin de que la gente crea en Su atributo de Creador, y entienda que Dios crea de la nada, y que este atributo Suyo puede, y actúa hoy, como actuó en el comienzo de la creación.

Citaré a continuación otro ejemplo que mostrará que al igual que Dios tiene poder para crear, también lo tiene para evitar que algo suceda, cuando Él así lo ordena. Quedará así claro que el atributo de la Creación sólo pertenece a Dios, y que ningún otro ser participa de él. De no ocurrir así, sería posible para este otro ser hacer existir lo que Dios había decretado en contra.

Un individuo llamado Sadul’lah, que trabajaba como profesor en la Mission School de Ludihana, era un enconado oponente del Mesías Prometidoas. Tenía por costumbre escribir y publicar poemas y artículos contra el Mesías Prometidoas en un lenguaje tan obsceno, que resultaba difícil concebir a cualquier persona decente. El mismo Mesías Prometidoas dijo que ningún otro Profeta había sido insultado tanto por un hombre como lo fue él por Sadul’lah. Había anunciado repetidamente que el Mesías Prometidoas era un impostor y que sería destruido; que no se cumplirían sus profecías concernientes a sus hijos, y que su fin sería miserable. Cuando sus insultos y hostilidad habían excedido todos los límites, y se había convertido en un obstáculo para que la gente pudiera conocer la verdad, el Mesías Prometidoas pidió a Dios que mostrara una señal contra este hombre. Su plegaria fue oída, y al dar la espalda a la verdad, y cerrar sobre sí mismo las puertas de la misericordia divina, Dios decretó que moriría por la misma flecha que había intentado arrojar sobre el Mesías Prometidoas. En consecuencia, el Mesías Prometidoas recibió una revelación respecto a él:

“Tu enemigo que declara respecto a ti que morirás sin progenie, será extinguido, y su descendencia quedará anulada”.

Cuando el Mesías Prometidoas recibió esta revelación, Sadul’lah tenía un hijo de catorce años de edad y él mismo se encontraba en su plena juventud. No había razón alguna por la que no pudiera tener más hijos. Sin embargo, Dios Creador, retiró en su caso la acción de su atributo de creación después de esta revelación. El hombre era aún joven, y sobrevivió a esta revelación cerca de quince años, pero no tuvo ningún otro hijo. Murió en 1907, confirmando la verdad de esta revelación. Si el asunto hubiera concluido aquí, constituiría por sí solo una prueba potente del atributo divino; sin embargo, se le añadió otra prueba aún más poderosa. Cuando Sadul’lah murió, los enemigos del Mesías Prometidoas objetaron que la profecía no se había cumplido, pues Sadul’lah había dejado un hijo que le sobrevivía. Concertaron un matrimonio para éste (el hijo de Sadul’lah), esperando que engendrara hijos y falseara así la profecía del Mesías Prometidoas concerniente a su padre. El Mesías Prometidoas respondió a sus oponentes en su libro, Haqiqatul Wahi que, puesto que el hijo de Sadul’lah ya existía en el momento en que recibió la revelación que concernía a su padre, el hecho de que sobreviviera a Sadul’lah no afectaba a la verdad o cumplimiento de la profecía. Esta sólo podría considerarse dudosa si este engendraba un hijo. El Mesías Prometidoas de nuevo afirmó que el joven permanecería sin hijos, y la descendencia de Sadul’lah se extinguiría. Así ocurrió, y aunque los enemigos del Mesías Prometidoas persuadieron al hijo de Sadul’lah que contrajese matrimonio con dos mujeres en la esperanza de engendrar algún hijo, no le nació ninguno.

Se requiere una gran audacia y es muy aventurado afirmar respecto a un hombre joven que no tendrá descendencia. Cuando el Mesías Prometidoas lo publicó respecto al hijo de Sadul’lah, uno de sus discípulos, que era abogado y hombre de fe débil, que vaciló después de la muerte del Mesías Prometidoas igual que lo hicieron algunos discípulos de Jesúsas, objetó insistentemente la publicación de tal profecía, pues, según decía, si naciera algún niño de este joven, el Mesías Prometidoas se vería en una posición muy embarazosa, quedaría desacreditado, y correría el riesgo de que se iniciara contra él una persecución judicial. El Mesías Prometidoas le respondió que no podía dudar, ni ignorar lo que Dios le había revelado, y que la objeción de su discípulo respecto a la publicación de la profecía se debía únicamente a la debilidad de su fe, como al final quedó constatado.

Debemos tomar en consideración lo siguiente: si el hijo de Sadul’lah hubiera muerto en la infancia, la gente hubiera dicho que se trataba de una nueva coincidencia; pero el hecho de que el padre sobreviviera cerca de quince años a la revelación y no tuviera descendencia, unido al hecho de que el hijo llegara a la madurez y se casara dos veces sin tener progenie, establece de manera concluyente que todo ello ocurrió bajo el decreto divino, por el que Dios quiso castigar de manera ejemplar a un rebelde por sus insultos al Mesías Prometidoas.

¿Puede afirmar, quien medite sobre estos signos, con una mente libre de prejuicio, que el Dios del islam no es hoy día igual de creador que lo fue al principio de la Creación?

¿Acaso no ocurrió que dijo respecto a un individuo: “que tenga un hijo” y el hombre lo tuvo; y respecto a otro: “que no tenga descendientes” y el hombre permaneció sin hijos? Estos signos y milagros llenan de fe y certeza el corazón humano, y lo elevan del estado del “debe existir” un Creador, al de la certeza y seguridad de que existe un Creador ¡Bendito sea Al’lah, el mejor de los creadores!

A continuación voy a tratar de otro atributo bien conocido del que se beneficia mucha gente; me refiero al atributo de la curación. Todas las religiones concuerdan en que Dios es Curador. Sin embargo algunas personas declaran ser capaces de curar a los enfermos mediante la oración. Una breve consideración muestra, sin embargo, que esta curación no tiene que nada que ver con Dios o con la oración, pues no está limitada a ninguna religión en particular, y los fieles de cada religión pueden efectuar tales curaciones. ¿Cómo puede considerarse el ejercicio de este arte (pues no es más que un arte) como prueba de la relación de un hombre con Dios?

Suponiendo que tal curación fuera el resultado de la aceptación de las plegarias, y que indicara que la persona que efectuó la curación ha establecido una relación especial con Dios, ¿no cabría preguntar por qué los demás atributos de Dios, como por ejemplo, los relativos a la creación, sabiduría, resurrección, protección, etc. no se manifiestan a través de dicha persona? A quienes niegan totalmente los atributos divinos no les concierne esta pregunta, pero quienes declaran ser capaces de manifestar un atributo de Dios, deben ofrecer una explicación satisfactoria de su incapacidad para manifestar los demás atributos.

La explicación verdadera es que cada persona posee ciertas facultades psíquicas por las que puede influir y controlar los pensamientos y acciones de otras personas. Este proceso de curación ocurre gracias a la concentración de la atención del sujeto operante, que actúa influyendo sobre el sistema nervioso del paciente, y adquiriendo alguna forma de control sobre aquél, de tal suerte que sus acciones quedan a merced de la voluntad del operador que las puede dirigir en la manera que desea. Sin embargo, este tipo de curaciones están limitadas a desórdenes relacionados con el sistema nervioso. Es posible, por ejemplo, que la fiebre, cefalea, conjuntivitis, etc., sean curadas por este medio, pero sería imposible curar por este procedimiento alguna enfermedad o alteración que afectara a la constitución orgánica del sujeto, como por ejemplo, la tuberculosis, sífilis o lepra.

La capacidad para curar enfermedades leves o del sistema nervioso, puede ser desarrollada considerablemente mediante la práctica, y se basa en la habilidad del operador para concentrar su atención. No es necesario que éste toque, mantenga al paciente de alguna manera, o tenga que realizar algún tipo de movimiento. Si se alcanza el suficiente grado de concentración, tanto a través de la oración como de cualquier otra forma, el deseo puede verse cumplido. Toda persona puede, con algo de práctica, adquirir este arte en mayor o menor grado, y quienes se abstienen del licor y de la carne de cerdo, pueden convertirse fácilmente en sanadores expertos. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con la condición espiritual de un individuo, ni puede considerarse tal curación como un milagro o señal. Se trata de una habilidad, como otra cualquiera, y puede ser aprovechada en su condición de ley natural.

Por el contrario, los signos mostrados por el Mesías Prometidoas como ilustración de la manifestación del atributo divino de curación prueban claramente que Dios existe y que posee el poder de curar. El siguiente suceso puede servir de ejemplo.

Cuando el Movimiento comenzó a extenderse, el Mesías Prometidoas fundó una escuela superior en Qadián, con el objetivo de ofrecer una instrucción adecuada para las futuras generaciones de áhmadis, donde aprendieran las tradiciones del Movimiento, y fueran educados en sus doctrinas y enseñanzas. Jóvenes áhmadis pertenecientes a distintos lugares se inscribieron en la escuela para su instrucción secular y espiritual. Uno de ellos, llamado Abdul Karim, pertenecía a una aldea de los territorios de Nizam en Deccan, distante unas mil seiscientas millas de Qadián. Mientras se encontraba en Qadián, fue mordido por un perro rabioso y fue trasladado al Instituto Pasteur de Kasauli para ser tratado. Una vez recibido el tratamiento, se supuso que se encontraba fuera de peligro. Sin embargo, al regresar a Qadián, sufrió un ataque de hidrofobia, y desarrolló los síntomas y sufrimientos que acompañan a esta terrible enfermedad. Presentaba contractura de la musculatura de la garganta, un terror convulsivo al agua, gran angustia, insomnio, y episodios en los que sentía la compulsión de atacar y herir a quienes le rodeaban, y del que se sentía avergonzado en los intervalos de descanso, en los cuales pedía a los presentes que se alejasen por miedo a que les pudiera causar daño. Empeoró rápidamente, y el director del colegio dirigió un telegrama al Director del Instituto Pasteur de Kasauli, pidiendo instrucciones para tratar al muchacho. Su respuesta llegó en estos términos: “Lo sentimos, pero nada podemos hacer por Abdul Karim”. Como el joven pertenecía a un lugar lejano, y la gente de aquel lugar era analfabeta e inculta, se temía que su muerte causara entre ellos muy mala impresión. El Mesías Prometidoas se sintió profundamente afectado por su condición, y pidió a Dios por su restablecimiento. Sus plegarias fueron finalmente escuchadas, y Abdul Karim, cuya vida había sido completamente deshauciada, y cuyos sufrimientos resultaban terribles de presenciar, fue devuelto a la salud por Dios como consecuencia de las plegarias del Mesías Prometidoas.

Aquéllos que conocen la ciencia médica, saben que cuando en una persona se presentan los síntomas de la hidrofobia, ningún remedio puede salvarla, y su muerte es inevitable. No se ha registrado un simple caso en la historia de la medicina en el que una persona afecta de hidrofobia se haya podido salvar. Cuando las noticias de la recuperación de llegaron a Kasauli, uno de sus miembros escribió diciendo: “Nos sentimos muy afectados al saber que Abdul Karim, a quien había mordido un perro rabioso, hubiera padecido un ataque de hidrofobia, pero nos alegra enormemente saber que ha sido salvado gracias a la acción de las plegarias. Nunca habíamos oído previamente de una recuperación similar.”

Éste es un ejemplo de una verdadera curación mediante la oración, que muestra que existe un Dios que tiene el poder de curar. Aquéllos, por medio de cuyas plegarias acontece tal curación, pueden afirmar la existencia de Dios, e ilustrar Sus atributos de una manera inequívoca.

El Mesías Prometidoas mostró otros muchos signos similares que no pueden ser detallados aquí. Este tema, sin embargo no estaría completo sin una mención de un reto que dirigió en cierta ocasión a los misioneros cristianos. Les escribió diciendo que, puesto que declaraban ser seguidores y representantes de Jesúsas, quien hizo varios milagros, y ya que él declaraba ser un siervo y representante de Muhammadsa, una forma de probar si las demandas de las respectivas religiones eran verdaderas, sería demostrar de quién eran aceptadas por Dios sus oraciones. El método sugerido consistía en seleccionar y dividir en partes iguales, entre el Mesías Prometidoas y los cristianos, a un grupo de personas que padecieran lo que ordinariamente se conoce como enfermedades mortales, de forma que cada parte orara por la recuperación de los pacientes a ella asignada, y se viera qué oraciones habían sido escuchadas, observando los resultados. Los misioneros cristianos declinaron aceptar el reto.

Otro atributo divino es el de Quddus, es decir, Santo. Todas las religiones lo admiten, pero ninguna nos dice cómo asegurarnos de Su Santidad. En primer lugar, es preciso decir que todos los atributos divinos descritos por las diferentes religiones son dudosos en sí mismos. ¿Cómo podemos juzgar en base a estos atributos que Él es realmente Santo? Incluso si consideramos solamente este atributo, no existe nada que nos muestre que Dios sea realmente Santo. Este atributo sólo puede manifestarse de una forma, y ésta consiste en que podamos ver la manifestación de este atributo de santidad en las personas que han alcanzado la unión y cercanía a Dios. Si esto no se nos muestra, no sólo dudaremos de la Santidad divina, sino que nos veremos obligados a negar la posibilidad de que el hombre pueda alcanzar la unión con Dios. Observamos cómo la rosa deja su fragancia sobre las prendas en las que se coloca durante un lapso de tiempo, o que los vestidos de las personas que se colocan junto a otros que se han perfumado, comienzan a emanar el perfume.

¿Cómo podemos pues, creer, que un hombre alcance la unión con Dios, pero sea incapaz de mostrar evidencias de tal unión, y permanezca sin influenciarse del estado divino de Santidad, que es realmente la esencia de los demás atributos? Sólo podremos considerar que un hombre ha logrado la unión con Dios cuando pueda manifestar en su propia persona la santidad, probando que ha adquirido esta cualidad gracias a la acción de este atributo, y constituyendo su vida un modelo de pureza y virtud.

La vida del Mesías Prometidoas satisface claramente esta prueba. Mostró en su propia vida el atributo de santidad como reflejo de los atributos divinos. No hay duda que tal manifestación sólo puede mostrarse de forma compatible con el ser a quien concierne, en este caso un ser humano, ya que, de otra manera, se convertiría en un dios, lo cual es absurdo. Sin embargo, un reflejo de estos atributos, no incompatible con su condición humana, no disminuye de ninguna forma su valor. Al contrario, es el único medio claro de demostrar que Dios posee estos diferentes atributos.

El Mesías Prometidoas manifestó el atributo divino de la santidad en su persona, de manera tan clara, que sus más enconados enemigos se vieron obligados a admitir que su vida fue absolutamente pura e inmaculada. Debe recordarse al respecto, que siempre que un profeta aparece en el mundo, sus oponentes le acusan de muchos males y vicios, pues la enemistad vuelve al hombre ciego y sordo, hasta el punto en que las mismas virtudes se le aparecen como vicios. Por tanto, al considerar la vida de un profeta desde este punto de vista, debe estudiarse cuál fue su modo de vida previo a su demanda como profeta. Antes de dicha pretensión, la gente no suele albergar un resentimiento particular en su contra, y el prejuicio no ciega su mente. Este período de su vida nos ofrece el mejor material para comprobar su pureza y virtud.

La vida de Jesucristoas, que también era uno de los Profetas de Dios y perteneciente, por tanto, a la hermandad del Mesías Prometidoas, satisfizo una prueba similar de pureza y virtud, y desafío a sus enemigos diciendo: “¿quién de vosotros me puede acusar de haber pecado?”60 Sin embargo es obvio que sólo se refería al período de vida previo a su demanda de ser un Profeta, puesto que después de iniciar la predicación, sus enemigos, cargados de odio y prejuicio, le acusaron de gula y de falta de respeto a los mandamientos divinos, llamándole borracho, etc. Su vida desmentía tales acusaciones pero sus enemigos se hallaban cegados.

De forma similar, la vida del Mesías Prometidoas fue modelo de pureza y de virtud, de la que dieron testimonio sus más enconados enemigos. Maulvi Muhammad Hussein de Batala, que demostró ser su más acérrimo antagonista, escribió respecto a él en su revista Ishaat-Us-Sunnat: “El autor de Barahine Ahmadiyya (tal era el nombre de un libro publicado por el Mesías Prometidoas antes de hacer su declaración de profetázgo) ha demostrado tal devoción a la hora de servir al islam con su ejemplo, energía y vocación, a través de su boca y su pluma, que sería difícil encontrar un igual entre los musulmanes que le han precedido”. La expresión “servir al islam con su ejemplo” es significativa y expresa que la vida del Mesías Prometidoas era un ejemplo tan perfecto de moral y conducta, que la gente que le observó se vio atraída hacia el islam, siendo pocos los ejemplos similares que pueden encontrarse entre los musulmanes de generaciones precedentes.

Quienes son conscientes de la tendencia de los escritores religiosos de exagerar las virtudes y méritos de quienes les han precedido, pueden juzgar lo que supuso para el Maulvi admitir que una determinada persona viva sobrepasó en rango espiritual a quienes le habían precedido en el tiempo. El testimonio de este Maulvi merece un valor especial, pues éste residía en Batala, que se encuentra a muy poca distancia de Qadián, y que, por tanto, estaba familiarizado con la vida del Mesías Prometidoas desde su infancia.

Además de este testimonio de uno de sus más inveterados enemigos, toda persona que le conoció quedó convencida, y ofreció testimonio de su bondad y pureza. Hombres pertenecientes a diferentes religiones, hindúes, sijs y musulmanes no áhmadis de Qadián, que fueron quizás los más enconados oponentes del Mesías Prometidoas en comparación con aquéllos que vivían a distancia -pues ningún profeta es honrado en su propia tierra -, todos estaban de acuerdo en que desde su infancia, su vida fue un ejemplo permanente de pureza sin mancha. La gente estaba de tal forma convencida de su virtud, y tenía una fe tan completa en él, que en las disputas que surgían con su familia, siempre que creían que su causa era justa, expresaban su presteza a atenerse a su fallo, pues sabían que nunca se apartaría de lo que en su opinión era justo y verdadero, incluso a pesar de que tal fallo le originara una pérdida a sí mismo y a su propia familia.

En cierta ocasión fue procesado por una infracción técnica de las normas postales que era sancionable con prisión y multa. Estas infracciones se habían hecho corrientes en aquellos días, y las autoridades del servicio postal anhelaban obtener pruebas en uno o dos casos para acabar con tales prácticas. El caso, por tanto, fue encauzado hacia el procesamiento. El cargo contra el Mesías Prometidoas   consistía en que había incluido una carta dentro de un paquete, contraviniendo las regulaciones del código postal. La única evidencia en apoyo de la acusación era la del hombre que había recibido el paquete, el cual era un misionero cristiano con el que el Mesías Prometidoas había mantenido varios debates religiosos, que albergaba cierta hostilidad hacia el Mesías Prometidoas, y cuyo testimonio sin una posible prueba no tenía mucho peso. Por el contrario, si el hecho pudiera ser demostrado, la infracción quedaba clara, y la sanción era inevitable. El consejero legal del Mesías Prometidoas, por tanto, le aconsejó que negara la acusación, y se declarara inocente, puesto que no existía evidencia independiente que lo apoyara. Sin embargo, él rechazo el consejo, y dijo que no afirmaría nunca lo que era falso, ya que realmente había incluido la carta en el paquete pensando de que no había nada incorrecto en ello, pues la carta sólo contenía instrucciones formales respecto al contenido del paquete. Hizo la misma afirmación ante el tribunal, y el magistrado, que era europeo, quedó tan impresionado de su rectitud, que le absolvió a pesar de la reticencia de las autoridades postales, señalando que no era capaz de condenar a un hombre que pudo asegurar su absolución declarándose inocente, o rechazando simplemente el cargo, pero que no lo hizo por no dar pie a la falsedad.

Me agrada escuchar los relatos de un anciano campesino sij que conocía al Mesías Prometidoas desde su infancia. Nunca hablaba de él sin que asomaran lágrimas a sus ojos. Relata que cuando iba a ver al Mesías Prometidoas, este le pedía que se dirigiera a su padre (del Mesías Prometidoas) y le pidiera que le dejara (al Mesías Prometidoas) servir a Dios y a la fe, y que no insistiera en que se ocupara de los asuntos mundanos. Este anciano sij concluye siempre su narración exclamando: “Él (refiriéndose al Mesías Prometidoas) era un santo desde su niñez” tras lo cual invariablemente rompía a llorar.

Este testimonio simple y natural en boca de un fiel de otra religión que había sido testigo de todos los detalles de la vida del Mesías Prometidoas no carece de valor y especial significado. Sin embargo, no se trata de un ejemplo aislado. Todos los que estuvieron en contacto con él participaron de la misma impresión, y cuanto más conocía una persona su modo de vida, con más fuerza alababa su pureza, virtud y amor hacia la humanidad. ¿Qué mayor prueba puede haber acerca de la pureza de la vida de un hombre que la que hace que tanto sus amigos como sus adversarios, familiarizados con el curso de su vida, se unan para alabar su integridad, pureza y elevado carácter moral?

El Mesías Prometidoas, al igual que Jesucristoas, desafió a sus adversarios con las siguientes palabras:

“He pasado cuarenta años de mi vida entre vosotros y habéis sido testigos de que nunca caí en la falsedad o en la impostura, y que Dios me ha protegido contra el mal. ¿Cómo es posible entonces que un hombre que a lo largo de cuarenta años ha evitado todo tipo de falsedad, engaño, fraude y deshonestidad, y nunca mintió en los asuntos mundanos, sea de repente acusado de impostura, contrariamente a sus hábitos y actitudes previas?61 Y “¿quién de vosotros puede señalar algún tipo de falta en mi vida? Dios por Su Gracia especial, siempre me guardó contra el mal”. 62

Estas declaraciones y testimonios muestran que su vida no sólo estaba libre de todo tipo de mancha, sino que le caracterizaba de tal modo la pureza y la virtud, que incluso sus oponentes, que rechazaban su declaración de profetázgo, eran unánimes al reconocer la pureza y belleza de su vida. Como ya he dicho, la virtud cierta es aquélla que es admitida por los propios enemigos.

Su vida fue, por tanto, una manifestación evidente del atributo divino de Santidad. Habiéndolo visto, nos maravillamos de la Santidad de Aquél, cuyo siervo observó una vida sin falta desde su infancia hasta su ancianidad; no sólo se liberó de todo defecto moral y espiritual, sino que fue un modelo perfecto de vida moral y de virtud. “¡Alabado sea Dios y exaltado sea por encima de todo lo que le atribuyen!”63

Otro atributo divino consiste en la devolución de la vida al muerto. El Nuevo Testamento afirma repetidamente que Jesúsas devolvió al muerto a la vida, pero ¿existe alguien en la era presente que pueda hacer lo mismo? Los relatos antiguos de tales milagros no bastan para convencernos. Sólo podremos creer en este atributo si nos son mostradas las pruebas en nuestra época. El Mesías Prometidoas ha renovado y refrescado nuestra fe en ellas ofreciéndonos pruebas prácticas de este atributo divino.

Antes de referirme a estas pruebas con detalle, deseo señalar que los atributos divinos son de dos órdenes. Algunos de ellos son de tal naturaleza que no se manifiestan en todo su esplendor en este mundo, ya que su manifestación sería contraria a la actuación de otro atributo Suyo. Tales atributos, por tanto, no se manifiestan en esta vida en la forma en que habrán de manifestarse en la vida venidera.

El atributo de devolver la vida al muerto pertenece a esta categoría. De serle devuelta realmente la vida al muerto, no existirían tales cosas como la fe, pues ésta sólo puede ser beneficiosa en función de que exista algún misterio en el tema que trata, perdiendo todo el mérito cuando todos los aspectos que la conciernen quedan demostrados como fórmulas de ciencias aplicadas. ¿Quién consideraría meritorio que un hombre creyera en el sol y en los océanos? Sólo aquéllos que descubren los secretos ocultos de la naturaleza merecen especial recompensa.

A quienes se encuentran físicamente muertos, no puede devolvérseles la vida en este mundo. Sin embargo, el atributo puede demostrarse de dos formas: 1) confiriendo vida espiritual a quienes se encuentran espiritualmente muertos y 2) devolviendo la vida y la salud a quienes se encuentran a las puertas de la muerte, pero que no las han atravesado realmente, tal y como dice Jesúsas respecto a la doncella que se menciona en San Mateo: “Dejad sitio porque la doncella no está muerta, sino dormida. Riéndose de él con desdén”64.

No necesito extenderme respecto al tema de otorgar una nueva vida espiritual a quienes se encuentran espiritualmente muertos, pues todos nosotros, los que creemos en el Mesías Prometidoas, somos ejemplos vivos de ello. Sin embargo, mencionaré ejemplos del segundo tipo de resurrección de los muertos.

Mubarak Ahmad, el hijo más joven del Mesías Prometidoas, cayó enfermo en cierta ocasión, y su condición se tornó extremadamente grave. Tras una serie de ataques quedó en tal situación, que quienes se encontraban a su alrededor creyeron que había muerto. El Mesías Prometidoas se encontraba en aquellos instantes orando en una habitación contigua, y alguien le dijo que cesara de rezar pues el niño había fallecido. Él se dirigió al lugar donde reposaba el niño y colocó su mano sobre él. Dos o tres minutos más tarde, el niño volvió a respirar de nuevo.

De forma similar, Mian Abdur Rahim Jan Jalid, hijo de Jan Muhammad Ali Jan (que es tío materno de Su excelencia el Marqués de Malerkotla y residente en Qadián) enfermó en una ocasión de fiebre tifoidea. Dos médicos y el difunto Hazrat Maulvi Nur-Ud-Din, que más tarde se convirtió en primer Jalifa del Mesías Prometidoas y que era un prestigioso médico -había sido médico de Su Excelencia el Maharaja de Jammu y Cachemira- atendieron al paciente, pero éste empeoró progresivamente. Finalmente los médicos declararon que no tenía sentido continuar el tratamiento, pues al muchacho sólo le restaban pocas horas de vida, y no había esperanzas de recuperación. Cuando estas noticias llegaron al Mesías Prometidoas, rezó de inmediato por su restablecimiento, pero recibió una revelación en el sentido de que la muerte era inminente. Entonces suplicó que si el tiempo de la oración había pasado, intercedería para que la vida del niño fuera salvada. Recibió como respuesta “Man zal-ladze yashfao inda hu il-la beiznehi”, es decir, “¿quién se atreve a interceder ante Él sin Su permiso?” El Mesías Prometidoas relata que después de esto dejó de orar, pero le siguió de inmediato una segunda revelación en los términos “Innaka antal mayaz”, es decir, “Te permitimos que intercedas”65. Al oír esto, intercedió por la vida del niño, y al abandonar la habitación anunció que el niño viviría, ya que Dios le había salvado de la muerte mediante su intercesión. El muchacho comenzó a mejorar en aquel mismo momento, y se restableció en pocos días. Aún vive, y se encuentra estudiando derecho en Gran Bretaña. Su padre y la mayoría de quienes fueron testigos de este milagro también viven y pueden ofrecer testimonio de que vieron obrar, con sus propios ojos, este atributo de Dios a manos del Mesías Prometidoas.

Otro atributo bien conocido de Dios es que es Dueño o Señor del universo. Todas las religiones concuerdan en que Él es el Amo y Señor de cada átomo en el cosmos, pero no nos explican cómo se pone en evidencia. A menos que existan pruebas claras en apoyo de esta afirmación, nos resulta imposible creer en este atributo, pues diariamente observamos ejemplos de cómo la gente ejerce el dominio sobre su propiedad, pero no percibimos signos que nos permitan llegar a la conclusión de que Dios es el Dueño y Señor del universo. Ciertamente que puede alegarse que Dios ha estructurado las leyes de la naturaleza, y que todo el universo es gobernado y regulado por estas leyes. Pero incluso así, si un hombre declara haber logrado la unión con Dios, debe ser capaz de manifestar este atributo, de forma que se convierta en una prueba de su relación con Dios, y los hombres puedan creer que Dios es realmente el Amo y el Señor de todo el universo. En ausencia de tal manifestación, cualquiera puede afirmar que es el amo y el dueño del universo, de forma que si se le pregunta por qué está sujeto también él a la ley natural, podría responder que la creó como ley eterna y que así es como opera.

Existen numerosos ejemplos en que los seres humanos han declarado ser dioses, a sabiendas de que no existe una prueba viva de los atributos de Dios, de forma que si se les señalaba diciendo que carecían de dichos atributos, podían replicar que los atributos divinos no pueden ser probados. Si, por el contrario, pudieran ser demostradas la Autoridad y Excelencia de Dios, estas personas no se atreverían a blasfemar de esta manera ni engañar a la humanidad, porque, de hacerlo, los verdaderos siervos de Dios que se hallan envueltos en el manto de Su Gracia, podrían constituirse en ejemplo de la manifestación de estos atributos divinos, y a los demandantes de su propia divinidad se les pediría que mostrasen señales más grandes que las mostradas por los anteriores, ya que aquéllos eran simples siervos de Dios, mientras que estos últimos proclamaban ser el mismo Dios. Ésta es la única manera por la que estas personas pueden ser completamente refutadas. El Mesías Prometidoas, habiendo logrado la unión con Dios, manifestó este atributo de Autoridad y Grandeza de la misma forma que mostró los demás atributos de Dios, demostrando con ello que sólo el islam puede conducir al hombre hacia Dios.

Uno de estos ejemplos aconteció cuando, tal como había predicho el Mesías Prometidoas, surgió una plaga epidémica de peste en la India. Observó en un Kashf que un animal fiero y salvaje (que él interpretó como personificación de la plaga) cuya cabeza se asemejaba a la de un elefante, había causado una gran consternación entre la humanidad a causa de las grandes pérdidas de vidas que habían originado sus ataques, y que, después de embestir en todas las direcciones se acercó y se postró de forma sumisa ante el Mesías Prometidoas. También recibió una revelación verbal a través de las siguientes palabras que Dios puso en boca del Mesías Prometidoas: “El fuego es tu siervo. Es el siervo de tus siervos”, es decir, la plaga no era sólo un esclavo, sino también el esclavo de los que le seguían sinceramente, y observaban un ejemplo elevado de obediencia a su persona, en todos los aspectos. A ellos tampoco les afectaría.

Otra revelación que recibió al respecto fue: “Inni Uhafizu kul-la man fid-dar”, es decir, “protegeré a todos los que moren en tu casa” (de la plaga). Estas revelaciones fueron publicadas de inmediato en libros y revistas, y el Mesías Prometidoas desafió a sus oponentes a que publicaran afirmaciones similares de seguridad ante la plaga de la peste, respecto a sí mismos y a sus hogares, si creían que el Mesías Prometidoas era un mero impostor. Sin embargo, ninguno se atrevió a hacerlo.

La plaga de la peste ha estado azotando a la India en los últimos veintiocho años, y se encontraba en su momento más álgido, en 1901, cuando el Mesías Prometidoas publicóestas revelaciones. El número total de muertos a causa de la peste ha superado ampliamente los ocho millones, y en algunos años la mortalidad anual se elevó a trescientos mil. La región del Punjab fue la que más sufrió, muriendo en ella más de las tres cuartas partes del total de muertes acaecidas en la India. En esta región y bajo estas condiciones era imposible afirmar que un hombre y quienes residían bajo su techo, serían salvados de la peste, sobre todo cuando tal garantía afectaba a casi un centenar de personas (tal era el número de habitantes de la casa), y no estaba circunscrita a un período limitado de tiempo, sino que se extendía a varios años.

¿Podría un hombre, de su propio conocimiento, atreverse a hacer semejante afirmación, y asegurar su cumplimiento, basándose en sus propios recursos? Qadián es una pequeña aldea donde ni el Gobierno ni ninguna otra entidad prestan atención a su estado sanitario. Las gentes que residen en Europa o América apenas pueden imaginar la situación de inmundicia en que se encuentran las calles de las aldeas de la India. Podrían compararse a las de Siria, donde la plaga de la peste se ha asentado desde hace mucho tiempo. La casa del Mesías Prometidoas se encontraba situada en el centro de la aldea, rodeada por otras casas en todo su perímetro, de forma que no era posible adoptar ninguna medida especial de tipo sanitario, ni tampoco facilitar un aporte constante de aire fresco. La casa se hallaba situada a un nivel inferior del resto de la aldea, y las aguas residuales de la mitad de la población discurrían por la superficie al lado de sus paredes. La alberca del pueblo se encontraba a sólo cincuenta yardas de distancia, y en ella se acumulaban el remanente de agua de la lluvia y otros residuos de la aldea; y como no tenían salida, el proceso de descomposición y putrefacción era endémico (actualmente esta charca está parcialmente cegada). No era menos que un milagro que un hombre que vivía en tales condiciones asegurara que él, y quienes con él residían en las paredes de su casa se encontrarían seguros contra la plaga. Esta afirmación, de hacerse realidad, sería una prueba irrefutable de la Majestad y la Autoridad divina; pero esta prueba de inmunidad tuvo lugar en circunstancias mucho más alarmantes que las ya detalladas. Cuando esta revelación fue publicada, la plaga no había afectado aún a la vecindad de Qadián. Si esta zona hubiera quedado inmune, podría alegarse que el suelo o la atmósfera de Qadián poseía ciertas cualidades que habrían hecho imposible el desarrollo de los gérmenes en ella, y que el Mesías Prometidoas había publicado esta revelación basándose en estas circunstancias. Sin embargo, nada más ser publicada la revelación, Qadián se vio afectada por la plaga, permaneciendo así durante cuatro o cinco años. Si, de nuevo, la plaga hubiera afectado a otros lugares de Qadián pero hubiera respetado el barrio en que vivía el Mesías Prometidoas, el asunto podría haber dado paso a la conjetura, pues podría decirse que se habían adoptado ciertas precauciones o medidas sanitarias especiales en dicho barrio, y que la inmunidad a la plaga se debía a sus mejores condiciones y no a la intervención divina. La peste, sin embargo, también atacó al barrio en que el Mesías Prometidoas residía, causando víctimas en las casas vecinas, pero permaneciendo intacta la casa del Mesías Prometidoas, de tal suerte que ni una sola rata murió en ella a causa de la peste.

En otras palabras, la casa permaneció en medio de un mar de fuego que consumió a todos los hogares vecinos, pero que la respetó intacta, como si las llamas cuando se aproximaban a sus paredes, fuesen extinguidas por una poderosa mano invisible. Esto no ocurrió una o dos veces, sino que se mantuvo de forma continua, a lo largo de cinco terribles años en los que el número de muertes semanales debidas a la plaga de la peste en toda la India no fue inferior a treinta o cuarenta mil. La peste rondó la casa del Mesías Prometidoas pero no llegó a tocar a nadie de quienes moraban entre sus paredes, a pesar de que durante la epidemia, muchas otras familias buscaron refugio en su casa en busca de la inmunidad prometida por la revelación, de tal forma que la casa se vio tan concurrida, que habitar en ella hubiera sido peligroso incluso en circunstancias normales.

Este es un signo poderoso de la Majestad y Autoridad de Dios, que manifestó al mundo el Mesías Prometidoas. Quienquiera que lo conozca, ha de dar testimonio de la existencia de un Dios Vivo y Perfecto, y de que resulta posible que el hombre logre la unión con Él.

Otro ejemplo de la manifestación de la Autoridad y Majestad divina encierra un interés particular para las gentes de Occidente, porque el propio signo fue mostrado en Occidente. Un tal Dr. Alexander Dowie, de nacionalidad americana, proclamó ser Elías, el precursor de la Segunda venida de Jesucristoas, reuniendo rápidamente un considerable número de seguidores. Fundó una ciudad próxima a Chicago, a la que dio el nombre de la Ciudad de Zión, declarando que su movimiento habría de extenderse rápidamente por el mundo.

Afirmaba sanar a las personas con sus oraciones, e incluso con sus manos, y prohibía el uso de medicamentos. Cuando su comunidad comenzó a propagarse, anunció que Dios le había enviado para destruir al islam y a sus seguidores antes del advenimiento de Jesúsas. Cuando el Mesías Prometidoas fue informado de ello, escribió al Dr. Dowie señalando que él había sido nombrado para defender y propagar al islam, y puesto que el Dr. Dowie declaraba haber venido para destruirlo, podrían demostrar de forma fácil la verdad de sus respectivas afirmaciones a través de la plegaria. Cada uno de ambos debería rezar para que aquél que fuera un impostor fuera castigado y destruido por Dios durante la vida del otro.

Si Dios es realmente el Dueño del universo y designa a un hombre como guardián de Su Jardín, y otro declara que también ha sido designado para el mismo fin, disputando la afirmación del primero, es de esperar que Dios ciertamente ayude y defienda al siervo virtuoso a quien Él ha designado, mostrando así al mundo a quién de los dos ha nombrado, y quién es el impostor. Ésta sería una manifestación clara del atributo divino de Majestad y Señorío.

Este desafío fue enviado al Dr. John Alexander Dowie y fue así mismo publicado en periódicos ingleses y americanos. En el mismo, el Mesías Prometidoas escribió:

“Yo cuento alrededor de setenta años de edad, mientras el Dr. Dowie -como él mismo afirma- sólo tiene cincuenta y cinco; de forma que, comparado conmigo, es aún un hombre joven. Pero puesto que el asunto no tiene que ver con la edad, no me importa que exista esta disparidad en años. Todo queda en manos de Aquél que es el Señor del cielo y de la tierra, y Juez sobre todos los jueces. Él decidirá en favor del verdadero demandante”. “Aunque trate con todas sus fuerzas de evadirse de la muerte que le aguarda, su huida de tal pugna no resultará mejor para él que la misma muerte; y la calamidad recaerá ciertamente sobre Zión, ya que habrá de cargar con las consecuencias de la aceptación o el rechazo del desafío” (Ver The New Commercial Advertiser of New York).

Este reto fue ampliamente difundido en varios periódicos americanos. Sabemos de treinta y dos periódicos que lo publicaron, siendo probable que fuera publicado en bastantes más. Algunos de ellos hicieron comentarios afirmando que el modo de decisión propuesto era razonable (p.e. The Argonaut de San Francisco). El reto fue publicado en 1902 y repetido posteriormente en 1903, sin que el Dr. Dowie le prestara atención, hasta que los propios periódicos comenzaron a preguntarle por qué no respondía. Él mismo declaró en su propia revista del mes de diciembre de 1903:

“Existe un Mesías mahometano en la India que me ha escrito repetidamente diciendo que Jesucristoas yace enterrado en Cachemira, y la gente me pregunta por qué no le respondo.

¿Imagináis vosotros que voy a dar respuesta a estas moscas y mosquitos? Si colocara mi pie sobre ellos, los aplastaría. Les doy la oportunidad de que escapen y vivan”.

Sin embargo, tal como estaba escrito, así aconteció. Si aceptaba el reto quedaría destruido durante la vida del Mesías Prometidoas, y si lo rechazaba, no podría evitar la calamidad, encontrándose envuelta en ella su ciudad de Zión. Dios hizo recaer Su mano sobre Dowie. La rebelión surgió en Zión en su contra; su propia mujer y su hijo se volvieron contra él, y declararon que mientras condenaba públicamente la bebida, era adicto a la misma en secreto. Se levantaron muchas otras acusaciones en su contra, y finalmente fue expulsado de Zión, percibiendo con una renta miserable para su manutención. Este hombre, acostumbrado a vivir con una comodidad y lujo semejantes a los de un príncipe, se vio prácticamente reducido a la mendicidad, sin tener aseguradas siquiera sus necesidades elementales. Padeció seguidamente de un ataque de parálisis, y el pie con el que declaró que aplastaría al Mesías Prometidoas quedó inutilizado como un gusano. Las aflicciones desquiciaron su mente, y poco después falleció entre el dolor y la miseria. Su muerte fue comentada por los periódicos americanos. Algunos de ellos mencionaron la profecía que le afectaba, y que el Mesías Prometidoas había publicado. El Dunville Gazette señalaba:

“Ahmad y sus seguidores merecen que les sea dispensado el crédito por la exactitud con que la profecía se cumplió unos meses atrás”.66

El Truth Seeker de Nueva York se refirió al cumplimiento de la profecía en los siguientes términos:

“El hombre de Qadián predijo que si Dowie aceptaba el desafío abandonaría el mundo ante sus ojos con gran aflicción y tormento. Si Dowie declinaba, el Mirza declaró: “El final sólo será diferido; la muerte le aguardará de igual modo, y la calamidad se abatirá pronto en Zión”. Ésta era la gran Profecía; Zión debería caer y Dowie morir antes que Ahmad. Parecía un paso arriesgado para el Mesías Prometidoas retar al Elías Restaurado a la prueba del tiempo, pues el desafiante era el más anciano de ambos, con quince años de diferencia, y las probabilidades en una tierra llena de plagas y de fanáticos jugaban en su contra para su supervivencia. Sin embargo ganó”67.

El Boston Herald escribió:

“Dowie murió habiéndose alejado de él sus amigos y con la fortuna consumida. Sufrió de parálisis y locura. Murió de forma miserable, con la ciudad de Zión fragmentada y dividida por las disensiones internas. Mirza se adelanta y declara que ha ganado el desafío”.68

Voy a tratar a continuación del atributo divino conocido por Baith; el que devuelve la vida al muerto. Mediante este atributo se desarrollan de tal manera las facultades internas y ocultas del hombre, que se convierte en un ser completamente nuevo. Sólo el islam ha definido así a este atributo divino; las demás religiones sólo tienen una noción confusa del mismo. De nuevo hemos de afirmar que no existe una evidencia de este atributo hasta que veamos una manifestación viva del mismo; ni podemos creer que un hombre haya alcanzado la unión con Dios a menos que manifieste este atributo en sí mismo. Puesto que los Profetas surgen para la guía de la humanidad, es fundamental que muestren la existencia de este atributo, ya que si no pueden mostrarnos a un grupo de personas espiritualmente muertas, que adquieren una vida nueva a través de ellos, evidenciando así el espectáculo de la resurrección a pequeña escala, no podremos creer en la necesidad del advenimiento de los Profetas, quedando además sin cumplir el objetivo de su venida. El Sagrado Corán, en consecuencia, describe en varios lugares el éxito de un Profeta en términos de Saat o Quiyamat, es decir, “la hora” o “la resurrección”, de lo cual mucha gente cree poder concluir que el Sagrado Corán no predica la resurrección después de la muerte. Por el contrario, existen personas que imaginan que siempre que aparece la palabra Saat, es decir, “la hora”, en el Sagrado Corán, significa invariablemente el Día de la Resurrección. Sin embargo, el contexto ofrece en cada caso una verdadera indicación acerca de si la palabra se emplea significando resurrección, o indicando el éxito de un Profeta en su misión, es decir, asegurar la existencia de un grupo de personas a quienes ha sido otorgada una nueva vida espiritual.

El Mesías Prometidoas también ha cumplido esta prueba que había sido establecida por Jesucristoas en los siguientes términos:

“Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que por sus frutos les conoceréis”.69

La prueba, tal como fue establecida por Jesúsas, significa que cada árbol produce una fruta de sus mismas propiedades, y que un Profeta verdadero es aquél que crea en sus fieles, en proporción a sus respectivas capacidades, las características de los profetas, y consigue su unión con Dios de acuerdo con la medida de sus facultades naturales.

Este test no significa, sin embargo, que debamos llegar a la conclusión que un fundador de una comunidad es verdadero en sus afirmaciones, y ha logrado la unión con Dios sobre la base del espíritu de sinceridad y sacrificio de su comunidad. Dicho espíritu de sacrificio sólo indica que los miembros de tal comunidad no han descubierto algo que les haga calificar a su líder de impostor. Que la gente crea que un hombre posee buenas cualidades morales, o que es sincero, solo demuestra que no conocen todos los detalles de su vida personal; o que, de tener la oportunidad de conocer cada etapa de su vida, ver que no se trata de un estafador, y que cree realmente lo que dice. No obstante, estar convencido de que algo es cierto no implica que lo sea en realidad. Puede ocurrir que alguien sufra una alteración mental, o que de conformidad con las opiniones de su grupo pueda llegar a creer que cuanto dice procede de Dios. Tal sugestión es perfectamente posible en aquellas comunidades que no creen en la revelación verbal. Si una persona perteneciente a uno de estos grupos reflexiona sobre la venida de un Mesías, y observa en sí mismo alguno de los signos generales que comparten cientos de hombres, y llega a persuadirse de que él mismo es el elegido, es perfectamente posible y probable que de poseer cierta influencia, por pequeña que sea, empiece a creer honestamente que la idea que nació en su mente procede realmente de Dios, para, a continuación, verse seriamente a sí mismo como el Elegido. Puesto que no siente la necesidad de una revelación verbal, puede considerar que su propia idea personal es una revelación divina.

Por tanto, la mera existencia del espíritu de sinceridad y sacrificio sólo indica una honestidad en el propósito, pero no necesariamente una misión divina. Como prueba de que un hombre ha sido realmente enviado por Dios debe producirse un reflejo de los atributos divinos entre sus seguidores. Al igual que los Profetas manifiestan los atributos de la sabiduría, creación, resurrección de los muertos, curación, providencia, majestad, etc., de la misma manera, aquéllos que le siguen, deben, como consecuencia de su asociación, ser capaces de adquirir un reflejo de tales atributos de acuerdo con sus capacidades individuales. Es decir, deben ser capaces de mostrar a pequeña escala su capacidad para dar vida a las almas muertas, y reflejar el día del Juicio.

El Movimiento fundado por el Mesías Prometidoas cumple este test, con la Gracia de Dios. La Gloria de Dios no se alejó con el Mesías Prometidoas. Él hizo surgir un nuevo espíritu, y existen miles de personas entre sus seguidores que encontraron una nueva vida espiritual a través suya. Al conseguir el reconocimiento de Dios, lograron la unión espiritual con Él, y llegaron al estado de fe perfecta y certeza absoluta. Los atributos de Dios se reflejaron en ellos, y ellos sirvieron como manifestación de tales atributos. La mayoría de los miembros de la Comunidad Ahmadía, en mayor o menor grado, han experimentado milagros en sí mismos. La fuente de Gracia divina que el Mesías Prometidoas había originado, no cesó de fluir hasta su muerte. Aún fluye y continuará fluyendo con la ayuda de Dios, mientras la gente continúe actuando conforme a sus enseñanzas.

Como ejemplo de ello voy a mencionar únicamente dos incidentes referidos a mí mismo. El primero ocurrió hace cuatro años. Se me informó que un doctor áhmadi había sido asesinado en una refriega en Irak. Sus padres eran muy ancianos y habían acudido a visitarme algunos días antes. Las noticias de su fallecimiento fueron comunicadas a través de cartas enviadas por sus compañeros, mencionando las circunstancias en las que fue asesinado. Quedé tan impresionado por las noticias, que sentí el gran deseo de que no hubiera ocurrido así, y que no hubiera muerto. Mi corazón alentó esta plegaria varias veces durante el día, a pesar de que traté de razonar conmigo mismo diciendo que los muertos nunca regresan. La noche siguiente me fue revelado en un sueño, a través de alguien, que “el doctor se encontraba vivo, y que había noticias de que había retornado a su hogar”. Me quedé asombrado, pues el sueño tenía tal naturaleza que supe que procedía de Dios. No obstante, puesto que creía que el doctor había muerto, pensé que debería existir otra interpretación del sueño distinta a la que sugerían las palabras. Mi hermano menor relató este sueño a un pariente del doctor que reside en Qadián, el cual informó del mismo a los padres del último. Algunos días más tarde, un pariente del médico me escribió diciendo que había recibido un telegrama declarando que se encontraba sano y salvo. Ocurrió que había sido capturado por los árabes en una escaramuza en la que la mayoría de sus camaradas habían sido asesinados. Mientras Dios, por un lado me reveló en un sueño que él se encontraba vivo; por otro, hizo posible que un grupo de soldados británicos amenazaran atacar la aldea en la que se encontraba prisionero de los árabes, de manera que pudo escapar durante la confusión, concediéndole así una vida nueva.

El segundo incidente es más reciente. Durante la última década, la plaga de la peste que había atacado a la nación de acuerdo con la profecía, como prueba de la verdad del Mesías Prometidoas, comenzó a remitir, y el número de casos durante los últimos dos o tres años era ya tan pequeña que el Gobierno llegó a expresar la esperanza de que quedaría totalmente erradicada en el lapso de un año o dos. Sin embargo, a principios del último invierno, vi en un sueño a un cierto número de hombres afectos por la plaga, y algunos búfalos que corrían por la calle. Los búfalos significan la peste en el lenguaje de los sueños. Publiqué esta visión en el diario Al Fazl 70advirtiendo a las gentes de que era inminente un severo resurgimiento de la plaga. En el período de un mes comenzaron a surgir nuevos casos de peste ,y en febrero de 1924 asumió la forma de una epidemia. Durante marzo, abril y mayo adquirió proporciones muy graves, y la mortalidad semanal ascendió a una cifra de entre ocho y trece mil. La mortalidad total superó los ciento cincuenta mil, que es superior a la mortalidad global de los últimos cinco años ocasionada por la plaga.

Hecitadoestosdosincidentessóloatítulodeejemplo. Dios me ha revelado en numerosas ocasiones conocimiento de hechos ocultos, y miles de áhmadis han tenido experiencias similares con respecto a los distintos atributos divinos. Debe recordarse, no obstante, que estas experiencias se conceden al hombre no por su voluntad y placer, sino por la Pura Gracia de Dios, de la forma que Él quiere, y en el momento que lo desea. El hombre no puede, por su voluntad, acceder a los distintos atributos de Dios, sino que es Dios quien otorga constantemente tal acceso a Sus siervos, a fin de acrecentar su conocimiento y reforzar su fe, concediéndoles un rasgo distintivo de honor. Creemos que incluso ahora, si la gente se vuelve sinceramente hacia la verdad, Dios, de Su Gracia y Sabiduría Perfectas, les manifestará Sus atributos, pues Él desea guiar rectamente a Sus siervos y que no caigan en el error y se alejen de Él. El islam, por lo tanto, presenta una concepción perfecta de Dios, y abre las puertas de la certeza y de la fe, de forma que los hombres se puedan salvar de la oscuridad y del error. Conduce a los hombres en esta misma vida a la presencia de Dios, y les hace perder el terror a la muerte, a la que aguardan con venturosa anticipación, conscientes de haber encontrado la verdad, y de haber experimentado la manifestación de los atributos de Dios, de tal forma que la muerte les ofrece oportunidades de progreso ilimitado.

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