EL CUARTO OBJETIVO DE LA RELIGIÓN:
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

EL CUARTO OBJETIVO DE LA RELIGIÓN:

La vida después de la muerte

Voy a tratar del cuarto objetivo de la religión, que se refiere a la vida después de la muerte. Desde la creación del hombre, la cuestión que más ha atraído la atención de la humanidad, tras el tema de la existencia de Dios, es el de la vida después de la muerte. La religión que es incapaz de aportar luz sobre esta materia es similar a un cuerpo sin alma.

El islam otorga una importancia trascendental a esta cuestión, hasta el punto de que los seguidores de las demás religiones han convertido la insistencia islámica en este asunto en blanco de ataques y críticas contra la misma.

Sin embargo, la cuestión exige una consideración cuidadosa. Es obvio que no se puede alcanzar una apreciación real en ausencia de la guía de la revelación; ya que el ser que vive en este mundo no puede descubrir con el empleo de sus propias facultades las condiciones de vida que hay tras la tumba. Únicamente, el Ser Omnisapiente ante cuyos ojos nada está oculto y para Quien este mundo y el otro se extienden delante de su mirada como un espejo, puede ofrecer una descripción verdadera de la vida después de la muerte. Quienes han intentado descubrir las condiciones de la otra vida únicamente mediante el ejercicio de la razón, han caído en graves errores, y sus esfuerzos han generado graves malentendidos sobre el tema. Algunos niegan totalmente que exista una vida después de la muerte; otros la representan como una mera copia de la presente existencia, y otros afirman que el alma regresa a este mundo para ser recompensada adecuadamente por su conducta anterior. En resumen, cada uno tiene su propia teoría con respecto a lo que ha de acontecer al alma después de la muerte. El Mesías Prometidoas, sin embargo, nos ha proporcionado un conocimiento real de las condiciones que gobiernan la existencia del alma después de la muerte, que satisface completamente la razón, y que se ve sustentado por nuestros instintos y la ley de la naturaleza. A quienes se concede una visión interna más completa, y un conocimiento personal de estas materias en la vida presente, pueden dar testimonios por experiencia propia, de la verdad de las enseñanzas del Mesías Prometidoas, y alcanzar la condición de la certeza perfecta al respecto. La realidad, es que, al igual que en los demás apartados de la religión, el Mesías Prometidoas nos ha revelado las enseñanzas del islam con una nueva luz, y diríamos que ha descubierto verdades ocultas y secretos espirituales maravillosos ante nuestros ojos. Puesto que la vida después de la muerte está enteramente oculta de la vista de la humanidad, no es posible explicar sus condiciones sin entrar en una exposición detallada, y esto no es factible en el breve espacio de los límites de este libro. Voy a limitarme por tanto, a describir el bosquejo esencial del tema, con la esperanza de que quienes deseen conseguir un conocimiento más completo, investiguen en sus detalles.

La primera cuestión con que nos enfrentamos al tratar el tema, consiste en saber cuál es la naturaleza del alma humana. Las enseñanzas islámicas dicen que el alma tiene una existencia definida, y que es el medio por el que el hombre adquiere el conocimiento y la percepción de las cosas que no son susceptibles de ser captadas por los sentidos externos. Es el centro de la relación entre el hombre y Dios, y es el asiento de la Gloria divina. Su relación con el cuerpo es extremadamente fina y sutil, y no puede compararse con ningún otro tipo de relación conocida. Controla la acción de los sentidos externos a través de su conexión con la facultad pensante del cerebro y la facultad emocional del corazón. Por tanto, se ve afectada de manera más intensa por los pensamientos y los sentimientos que por la manifestación real de estos en los actos externos. Los científicos y los psicólogos han fracasado siempre al intentar descubrir la relación entre el alma y el corazón, pero a quienes se les ha otorgado experiencia en estos asuntos, son conscientes de que existe una delicada relación entre el alma y el corazón que se transmite a través de medios ocultos hasta la mente, -al igual que el aceite viaja a través de la mecha- y se manifiesta por la acción de los nervios que nacen en el cerebro. En realidad, la creencia en Dios y en Sus atributos, conduce necesariamente a la conclusión de que el alma no muere nunca.

¿Podemos, por un momento, suponer que Dios creó este sistema delicado y perfecto del universo y todo lo que en él existe para el servicio del hombre, simplemente para que el hombre pudiera alimentarse y explorar los secretos de la naturaleza durante el breve espacio de seis u ocho decenios y pasar después a la oscuridad y a la nada? La razón rechaza tal idea y la naturaleza humana se aparta de la misma.

El hecho de que exista un universo exige que la vida humana tenga un propósito mayor que el simple comer y beber, y desarrollar una existencia más o menos circunscrita en este mundo. El islam enseña que al hombre se le ha otorgado una vida eterna, y que le han sido abiertos los caminos del progreso eterno. En el capítulo titulado Al-Muminun, el Sagrado Corán habla de la creación de los cielos y de la tierra, y del origen de la estructura del universo, y describe los poderes y facultades que le han sido concedidos al hombre, preguntando a continuación si el hombre puede concebir que toda su existencia se halle confinada a esta vida,y no exista vida después de la muerte. Dice:

“¿Pensasteis entonces que os habíamos creado como un mero pasatiempo, y que no tendríais una vida eterna y la oportunidad de un desarrollo eterno después de la muerte? Ciertamente no es así, pues Dios es Exaltado, el verdadero Soberano, que ha creado todas las cosas con un propósito. Él es el único Dios y posee atributos que demandan pureza y respeto”147.

No puede imaginarse que Dios no sea el Creador del universo, o que lo haya creado sin propósito alguno.

El Sagrado Corán enseña que el alma no se importa al cuerpo desde fuera, sino que crece en el cuerpo a medida que éste se desarrolla en la matriz. Es una esencia que destila del cuerpo a lo largo de un proceso lento, de igual forma como la cerveza destila de la cebada. No tiene, en un principio, una existencia separada del cuerpo, sino que a través de las etapas por las que transcurre el desarrollo del cuerpo en el seno materno, se destila del mismo cuerpo una esencia sutil que denominamos alma. Tan pronto como la relación entre el cuerpo y el alma queda perfectamente ajustada, el corazón inicia su funcionamiento y el cuerpo cobra vida. A partir de entonces, el alma posee una existencia distinta propia, separada del cuerpo, el cual le sirve de envoltura.

El islam enseña, por tanto, que el alma es creada y surge a la existencia durante el período de gestación. Por otra parte, una vez que el alma es creada, es indestructible, y posee un período ilimitado de tiempo para su desarrollo. La muerte es simplemente la separación del alma del cuerpo, que origina el fin de la función del corazón y la inutilidad del cuerpo.

Según el islam, el alma manifiesta siempre sus cualidades a través del cuerpo, de forma que cuando el cuerpo deja de ser adecuado para su propósito, el alma lo abandona. La muerte es, pues, el abandono del cuerpo por parte del alma. Cuando decimos de alguien que ha muerto, significamos simplemente que su alma ha abandonado su cuerpo, pero el alma no muere y continua viviendo para siempre. Por lo tanto, el islam enseña que existe una vida después de la muerte, y que tal vida es una continuación de la desarrollada en la tierra. No existe un solo intervalo en el que el alma humana deba permanecer en estado de inactividad o suspensión, para tener que ser, a continuación, reavivada y confinada a un lugar, agradable o desagradable, según sus merecimientos. El alma humana posee facultades inherentes que rechazan siquiera la insinuación de un estado de inactividad; le ha sido concedida una existencia permanente, que se ve asegurada por el atributo divino expresado en el término Qayyum, es decir, el Sostenedor de la vida. La muerte como dije, es simplemente la transición del alma de una forma de existencia a otra, y el Sagrado Corán nos dice que tal transición es fundamental para la perfección del alma.

La constitución del hombre le hace posible que, cuando adquiere un conocimiento completo respecto a una cosa, queda a salvo de los errores concernientes a tal cosa. Por otro lado, cuando una cosa queda completamente clara y manifiesta, el hombre deja de merecer cualquier tipo de compensación al respecto. Por ejemplo, nadie merece una recompensa por creer en la existencia del sol a mediodía, o por creer en la existencia del día y de la noche. Recompensamos al estudiante que resuelve cuestiones, y honramos al hombre que descubre secretos ocultos de la naturaleza. La recompensa y la alabanza, son, por tanto, los merecimientos de quienes se esfuerzan en descubrir nuevas verdades y secretos ocultos. No existe mérito en hacer y pensar lo que es simplemente obvio. Si todo el terreno del progreso espiritual hubiera quedado abierto al hombre en este mismo mundo, y las recompensas y los castigos espirituales se hubieran hecho manifiestos aquí, las siguientes generaciones, al observar los premios ganados por los virtuosos y el castigo merecido por los rebeldes, habrían desarrollado una fe tan certera en la existencia de Dios y en la verdad de los Profetas, que no les hubiera sido posible ganar recompensas mediante pruebas y vicisitudes. Era necesario, por tanto, que la fe y sus frutos sólo se manifestaran parcialmente en este mundo, de forma que quien se esfuerza en el camino de Dios quede claramente distinguido de quien se consagra totalmente a los placeres del mundo, y que cada uno sea recompensado o castigado de acuerdo con su capacidad y acciones.

La muerte sirve al propósito de mantener ocultas las consecuencias de las acciones humanas, y permite al hombre alcanzar la verdad tras un proceso de razonamiento, deliberación y actuación con temor a Dios. Le capacita para crear un espíritu de libertad que de otra manera carecería.

Otra finalidad de la muerte consiste en capacitar al hombre para que desarrolle sus cualidades más sutiles. El cuerpo humano es demasiado rudimentario para captar los aspectos más finos del espíritu y del universo. Su separación del cuerpo, permite al alma humana ser sensible a determinados aspectos que son esenciales para su progreso ilimitado. Tan pronto como abandona el cuerpo, comienza de inmediato un nuevo camino de progreso. No es una prisionera en una celda oscura que aguarda el resultado del juicio. Esta concepción errónea es el resultado de la teoría de que la vida es como un curso de estudios con un examen final; de forma que, al igual que existe un lapso de tiempo entre el examen y el anuncio del resultado, se cree que existe un intervalo similar entre esta vida y el Día del Juicio, que es el día en que se anuncia el resultado. Aunque es cierto que esta vida es una prueba, no tiene el carácter de un examen universitario ordinario, con el que estamos familiarizados, sino que es más análogo a las propias leyes de la naturaleza. El islam ha establecido una comparación entre la vida después de la muerte y la vida del hombre en sus etapas más primarias. Al igual que el niño se desarrolla a partir de la esperma en el vientre materno, y después del nacimiento atraviesa una etapa de debilidad y desamparo en la que empieza a adaptarse a las condiciones de la vida; de la misma forma, tras la muerte, el alma humana atraviesa por diversas etapas y experiencias.

El Sagrado Corán emplea los mismos términos para describir las etapas por las que el alma humana pasa tras la muerte que los empleados en el desarrollo dentro del seno materno. Así, la primera etapa por la que pasa el alma después de la muerte, es la etapa uterina, en la cual, al igual que el niño en el útero materno, experimenta un desarrollo en consonancia con el modo de vida que ha desarrollado en este mundo; y al igual que en un determinado momento el embrión desarrolla un alma, el alma humana después de pasar por determinadas experiencias tras la muerte, desarrolla un alma nueva que posee facultades y percepciones más elevadas y sutiles que el alma de la cual emana. El alma antigua sirve a esta nueva alma de cuerpo, y el hombre es capaz de percibir a través de estos nuevos sentidos físicos cosas que sólo podía percibir a través del alma, puesto que el cuerpo nuevo con el que es investido el hombre posee una percepción y sensibilidad similar a la que tenía el alma en este mundo. En realidad, se trata de la misma alma en una nueva conformación.

A continuación comienza un nuevo proceso que puede compararse a la etapa de nacimiento del niño. Se denomina resurrección del cuerpo, y significa que el hombre posee un nuevo cuerpo y un alma nueva que le permiten vivir la nueva vida que surge ante él, de forma similar al niño, que acaba poseyendo un cuerpo y un alma en el seno materno. En ese momento, el hombre emerge del estado uterino, es decir, de la tumba.

La etapa siguiente se denomina el Día de la Resurrección y se puede comparar a la infancia. En la misma, el alma adapta su razón y conocimiento a su nuevo entorno. El alma se encuentra mejor desarrollada que en el momento en que emergió de la tumba, pero sólo se perfecciona mediante las experiencias necesarias, al cabo de las cuales se asemeja a una situación de plena juventud, completamente preparada para experimentar los distintos aspectos de la nueva vida. Al final de este período que se conoce con el nombre de Juicio Final, el hombre se ve remontado a una condición de existencia expresada en términos de cielo e infierno.

A lo largo de estas tres etapas, el hombre experimenta placer o dolor de acuerdo con su desarrollo espiritual; es decir, es consciente de las alegrías del cielo, o del dolor del infierno incluso durante este período de gestación, durante el período de infancia, y finalmente, después del período de total desarrollo, aunque tal conciencia es imperfecta o menos completa durante las dos primeras etapas, siendo perfecta en la última. En la misma, la conciencia humana del placer y del dolor es completa, y a esta situación se le denomina cielo o infierno. Esta etapa es ilimitada. No existe un intervalo entre la muerte y la experiencia del placer o dolor. Solo ocurre que el alma, en su esfuerzo por adaptarse y ajustarse a las nuevas condiciones de vida, ha de pasar por estos dos estados preparatorios que son inferiores y menos perfectos que la etapa final. El alma humana progresa continuamente, y pasa de una situación a otra superior. El Sagrado Corán dice:

“Aquellos a quienes los ángeles causarán la muerte mientras estén ocupados en quehaceres injustos. Entonces ofrecerán su sumisión diciendo: “No solíamos hacer ningún mal”. No; en verdad Al-lah sabe muy bien lo que solíais hacer. Así pues, franquead las puertas del infierno, para morar en él. ¡Mala es en verdad la morada del orgulloso!.

“Aquellos a quienes los ángeles causarán la muerte mientras son puros. Dirán: “¡La paz sea con vosotros! Entrad en el cielo por lo que solíais hacer”.148

El Santo Profetasa dijo: “La tumba puede convertirse en un jardín del paraíso o en un foso del infierno.”

Esto muestra que el alma continúa permanentemente viva, y que, inmediatamente después de la muerte, inicia el camino que ha modelado con sus propias obras. La tradición antes mencionada, emplea la palabra “tumba”. No significa, sin embargo, el foso terreno donde es depositado el cuerpo tras la muerte física; significa la morada donde el alma habita tras la muerte. El Sagrado Corán dice: “Dios hace morir a cada persona y le asigna una tumba.”149 Es obvio, sin embargo, que no toda persona es depositada en un sepulcro, pues algunos son incinerados, otros mueren devorados por bestias salvajes, y otros encuentran su lugar de reposo final en el mar. El sepulcro significa la tumba donde se aloja el alma, y no el lugar donde va a parar un cuerpo sin vida para permanecer y cumplir la ley inmutable de la putrefacción.

Naturaleza de las recompensas y castigos de la vida después de la muerte

Voy a tratar de explicar a continuación si las recompensas o castigos de la vida que sigue a la muerte son físicos o espirituales. El islam dice que tienen parte de ambos. Son físicos en el sentido de que el alma desarrolla un nuevo cuerpo en la vida futura, y los placeres y dolores de aquella vida son susceptibles de ser experimentados y sentidos por ese cuerpo de la misma manera que las cosas de este mundo son sentidas y experimentadas por nuestros sentidos físicos. Serán espirituales en el sentido de que no participan de la naturaleza material de las cosas de este mundo, pues el objetivo de trasladar al alma de este mundo al siguiente consiste en capacitarla para que adquiera ciertas percepciones más sutiles, gracias a las cuales pueda ser consciente de determinadas nociones que no pueden ser experimentadas por nuestro burdo cuerpo físico. Se deduce, por tanto, que las cosas del otro mundo han de poseer una naturaleza distinta a la que acostumbramos a conocer en éste. Si hubiéramos de ser alimentados de leche, miel o frutos similares a los de la tierra, y el fuego o humo del otro mundo no fueran diferentes a los de éste, no tendría significado la separación del alma del cuerpo, y se nos debería permitir transportar a nuestros cuerpos físicos con nosotros. Ya hemos aclarado que los cuerpos que poseeremos en el mundo próximo serán de la misma naturaleza que la del alma en esta vida. ¿Cómo sería posible que la leche y la miel de este mundo fueran los alimentos de tales cuerpos, y que las penalidades y castigos fueran de la naturaleza del fuego y el agua hirviente físicos?

¿Pueden acaso nuestras almas emplear el fuego, el agua y los frutos de este mundo, de forma que también los puedan usar en el próximo? Por ello, no es correcto afirmar que el dolor o placer que el hombre sufre en esta vida será de la misma naturaleza que los que sufrirá en la vida próxima. Por otro lado, las cosas del mundo próximo, aunque no son materiales, asumirán formas espirituales sutiles, y aparecerán materializadas ante el hombre -cosas malas para los hombres malos, y cosas buenas para los buenos-. La conciencia y la percepcióndelavidanopuedesercompletahastaquelascosas más sutiles se vean investidas de un correspondiente cuerpo o forma igualmente sutil. Cada alma necesita un cuerpo: el alma tosca, un cuerpo tosco; el alma sensible, uno delicado. Puesto que cada alma recibirá un cuerpo en la próxima vida, las cosas de aquel mundo serán perceptibles para los sentidos externos de tal cuerpo, de la misma manera en que las cosas de este mundo son perceptibles aquí mediante nuestros sentidos físicos. Sin embargo, dado que tal cuerpo será de naturaleza espiritual, las cosas “materiales” o personificadas del mundo próximo, serán también espirituales.

Igual que en este mundo existen condiciones espirituales añadidas a condiciones físicas, de igual manera, para el alma creada nueva y más sublime del mundo venidero, existirán condicionesespiritualesqueseránsuperioresalascondiciones espirituales de este mundo. Así como en este mundo el placer y el dolor son a la vez físicos y espirituales, de igual forma, en el mundo próximo, los castigos y recompensas no sólo serán físicos sino también espirituales. No obstante, las condiciones de vida de la existencia futura serán de categoría superior a las de esta existencia, por cuanto las condiciones físicas de la vida futura corresponderán a las condiciones espirituales de la vida presente, siendo aún superiores las condiciones espirituales de la vida venidera. Ciertamente, el Sagrado Corán habla de fuego, frío, grilletes etc. al describir las cosas con las que el hombre será castigado en la vida futura; y de sombras, arroyos de agua, leche y miel, como recompensas de la otra vida; sin embargo, dice al mismo tiempo:

“No hay alma que conozca la alegría que se mantiene reservada para los justos como recompensa por sus buenas obras”150.

Al hablar sobre las bendiciones de la vida futura, el Santo Profetasa dijo: “Ningún ojo las ha visto, ningún oído las escuchó ni la mente humana se puede formar una idea de las mismas”. Si las bendiciones de la vida venidera fueran de la misma naturaleza que los dones que Dios nos ha otorgado en este mundo, seríamos capaces de hacernos una idea de las mismas, por grande que fuera su excelencia. Sin embargo, las palabras del Santo Profetasa muestran que los dones de la vida futura serán bastante diferentes de los goces de la vida presente. Lo mismo ocurre con la naturaleza del dolor y los castigos de la vida próxima. El Sagrado Corán dice que cuando los frutos del paraíso sean mostrados a sus moradores, éstos dirán: “Esto es lo que se nos había dado antes”151. También, refiriéndose a esta afirmación suya, el Sagrado Corán dice: “Y se les entregarán dones muy similares”152. Es decir, que tales cosas no serán de este mundo, pero asemejarán serlo en su apariencia externa. El hecho es, que aunque el alma no emplea cosas materiales como lo hace el cuerpo, participa sin embargo del placer y del dolor que el cuerpo experimenta; y puesto que el alma está acostumbrada a las experiencias de esta vida, con el fin de proporcionar la medida del placer o del dolor, las cosas de la vida futura asumirán la forma de las cosas de esta vida.

Para permitirnos conocer, hasta cierto punto, las condiciones espirituales de la vida futura, el Sagrado Corán cita un ejemplo que nos ayuda a entenderlas. Dice:

“Al’lah se lleva las almas de los seres humanos en el momento de su muerte; y durante el sueño, las de los que aún no han muerto. Y después retiene las de aquellos cuya muerte ha decretado, y devuelve a las otras hasta el plazo fijado. Aquí hay ciertamente Signos para las gentes que reflexionan”.153

Es decir, la conexión existente entre el alma y el cuerpo deja de existir temporalmente incluso durante el sueño, y las condiciones de la vida después de la muerte, pueden comprenderse de manera análoga. Puesto que esta separación durante el sueño es temporal, el alma retiene su unión con el cerebro, gracias a lo cual el hombre es capaz de recordar lo que el alma experimenta en el lapso de tiempo en el que se encuentra separada del cuerpo. El Sagrado Corán dice: “En ello hay signos para quienes reflexionan”; es decir, el hombre puede beneficiarse del análisis de esta situación, pues puede comprender la naturaleza y actos del alma, y su situación tras la muerte. Durante el sueño, el cuerpo reposa plácidamente en la cama, y sin embargo, el sujeto se ve a sí mismo en formas y lugares diferentes. Las cosas que ve en el sueño poseen cuerpos y formas propias de objetos materiales, y algunas veces, de forma tan perfecta que dejan evidencia de su naturaleza física sobre el cuerpo del hombre; hecho bien conocido por quienes lo han experimentado. Yo lo he experimentado personalmente en numerosas ocasiones.

En cierta ocasión, me encontraba ayunando y comencé a sentir una sed tremenda. Cuando ésta se me hizo intolerable, recé a Dios, y como resultado de mi oración, entré en un estado de sueño superficial en el que sentí que algo era introducido en mi boca que hacía desaparecer mi sed. Este estado duró apenas un segundo, pero mi sed desapareció, y sentí como si hubiera bebido hasta saciarme. El Mesías Prometidoas, también ha referido numerosas experiencias similares propias. En una ocasión, en estado de completa vigilia, vio a Jesúsas de Nazaret en su cuerpo espiritual, y mantuvo con él una larga conversación respecto a los extravíos que se habían introducido en el cristianismo, y la forma en que podrían desaparecer. En otra ocasión, incluso llegó a comer en su compañía. A quienes desconocen tales realidades, estas experiencias pueden parecerles simples desvaríos mentales, sin más valor que el de meras ilusiones de la imaginación. Pero quienes poseen experiencia espiritual en estas realidades, y conocen bien las ciencias espirituales, son capaces de comprenderlo y apreciarlo en todo su alcance. Estas condiciones espirituales no tienen nada que ver con las producidas por la concentración mental o la sugestión, y están reguladas por un conjunto diferente de leyes.

En resumen, el mundo de los sueños y los Kashfs sirven de ilustración de la vida futura, y permiten al hombre evaluar la naturaleza de la vida venidera. Al igual que todos los objetos de un sueño son espirituales pero poseen un cuerpo y una forma, de forma similar, las cosas de la vida futura tendrán un cuerpo, pero tal cuerpo será espiritual y no físico. El alma completará y perfeccionará sus funciones espirituales a un nivel más alto.

El Sagrado Corán explica las condiciones de la vida futura de la siguiente forma. Declara que las obras realizadas por el hombre en esta vida, asumirán una forma determinada en la próxima. Lo que denominamos “el agua” de la vida futura será la forma corpórea de las acciones humanas de conformidad con la Ley divina. “La leche” de la vida futura será el conocimiento de Dios que el hombre adquiere en la presente existencia. Los frutos del cielo serán formas corpóreas del placer y las delicias que el alma humana experimenta al rendir obediencia a Dios. El Sagrado Corán dice:

“Y hemos hecho que las obras de cada hombre permanezcan unidas a él y nunca se separen de él. Sus efectos están ocultos, pero en el Día del Juicio los convertiremos en una especie de libro que él mismo leerá”. Es decir, sus efectos se harán manifiestos y cada acto que el hombre haya realizado en esta vida, dará lugar a su fruto, y moldeará la vida del mundo próximo de acuerdo con su naturaleza. “Diremos al hombre: “Ahora continúa leyendo el libro”; es decir, continúa progresando o retrocediendo según el carácter de tus obras, y recoge sus frutos. “No necesitamos tener en cuenta tus acciones, te bastará tu propia alma para juzgarlas”. Es decir, los efectos que han producido tus obras, te son suficientes como recompensa y como castigo. No necesitamos infligirte ningún nuevo castigo ni otorgarte alguna recompensa nueva.154

Debe observarse de qué manera tan clara afirma el versículo anterior que los castigos y las recompensas de la vida futura son la materialización de las obras del hombre en esta misma vida.

En otro lugar, el Sagrado Corán declara: “Los virtuosos beberán de una copa suavizada con alcanfor”; es decir, que tendrá la virtud de suprimir las malas pasiones. “Las copas serán llenadas de manantiales que los creyentes han excavado con gran trabajo”; es decir, que los actos que los creyentes realizaron en la vida terrena, aparecerán en forma de manantiales en la vida próxima.155

Asimismo, el Sagrado Corán dice: “Pero quien sea ciego en este mundo, será ciego en el Más Allá.”156 El hombre que no ha conocido la verdad a través de los ojos de su alma en este mundo, se sentirá como si fuera ciego en el próximo, pues su alma de esta vida será el cuerpo de la próxima. En otro lugar, el Sagrado Corán dice:

“Mas quien es indiferente ante Mi recuerdo en esta vida, y no se preocupa de buscarme, la suya será una vida en la que su poder espiritual irá decreciendo, y el resultado será mísero. En el momento en que su alma haya perfeccionado sus capacidades y haya de renacer en la siguiente etapa espiritual, será ciego, (nacerá ciego en la vida venidera); entonces, deconcertado, dirá: “Señor mío, ¿cómo ha podido ocurrir esto, si antes poseía vista? ¿Por qué me has creado ciego ahora? Dios responderá: “Tú también menospreciaste Mi palabra; ahora te dejo a tu suerte para que seas retribuido de acuerdo con tus actos”.157

Esto muestra que la ceguera de la vida próxima se deberá a la ceguera espiritual de esta vida.

Queda claro por tanto que, aunque las recompensas y castigos de la vida próxima poseerán alguna forma de cuerpo, serán únicamente corporeidades de las acciones de esta vida y no algo totalmente nuevo. Los detalles que el Sagrado Corán da sobre la vida en la existencia próxima, también conducen a esta conclusión. Por ejemplo, el Sagrado Corán dice que los moradores del paraíso recibirán vino como bebida que purificará sus almas. Es evidente que un objeto material no puede purificar el alma. El vino, por tanto, significa el amor de Dios que el hombre puede experimentar en esta vida, y que aparecerá corporeizado en forma de vino en la vida futura; de la misma forma en que las condiciones espirituales aparecen en los sueños en forma de objetos físicos. Como tal vino será la materialización del amor de Dios, y no un objeto material, su bebida purificará el alma humana, incrementando así su amor por Dios.

En resumen, aunque el islam se refiere las recompensas y castigos de la vida futura como físicos, los caracteriza al mismo tiempo como espirituales, y esta es, sin duda, la única descripción verdadera y precisa. Quienes ignoran la realidad, consideran estas condiciones simplemente físicas o puramente espirituales. En verdad, estas consideraciones se oponen a la razón. Las recompensas y castigos de la vida venidera no pueden ser totalmente físicas, ni la pura percepción espiritual puede servir a este propósito, pues un objeto sutil y delicado sólo puede manifestar sus propiedades a través de un cuerpo menos sutil y basto que el objeto mismo.

¿Dónde y de qué forma se manifiestan los castigos y recompensas de la vida futura?

Puede cuestionarse dónde y de qué forma se manifiestan los castigos del infierno. El islam ofrece una respuesta excelente a esta cuestión, mientras que ninguna otra religión le da respuesta. El islam enseña que el infierno es el nombre del castigo que el hombre sufre a través de sus siete sentidos. El Sagrado Corán dice:

“El infierno tiene siete puertas; y por cada puerta habrá de pasar una parte de los condenados”. 158

Sin embargo, el Sagrado Corán representa a los moradores del cielo y del infierno como seres completos, y no divididos en partes. Por tanto, la entrada de una parte de la persona a través de cada una de las puertas del infierno, sólo puede significar que el hombre padecerá el castigo a través de las entradas de sus siete sentidos, y de esta manera diríamos que entrará al infierno a través de siete puertas, entrando cada parte de su cuerpo a través de cada entrada: una parte a través del sentido de la vista, otra parte a través del sentido del oído, una tercera a través del sentido del olfato, una cuarta a través del gusto, una quinta a través del tacto, una sexta a través del sentido del calor y frío, y una séptima a través del sentido muscular. Es a través de estos siete sentidos por los que el hombre comete sus pecados. Peca con la vista cuando mira objetos inapropiados con mala intención, peca a través del oído cuando escucha calumnias o un lenguaje indecente. Peca a través de su olfato cuando huele lo que no debe, y a través de su sentido del gusto cuando come lo que le está prohibido; a través del tacto, cuando su deseo de reposar en camas o almohadones le aleja de su dedicación al servicio de su prójimo. Peca a través de su sentido de la temperatura cuando evita realizar buenas obras por miedo al frío o al calor. Asimismo, peca a través de su sentido muscular cuando se abstiene de hacer el bien, o lo hace de forma insuficiente, para evitar la fatiga. En resumen, son los siete sentidos los que inducen al hombre al pecado, y los mismos siete sentidos le conducen al bien. Las siete entradas del infierno significan, por tanto, los siete sentidos a través de los cuales el hombre comete las faltas. A través de ellos, le llegará el castigo en la vida futura; pues al estar habituado al mal, los siete sentidos espirituales correspondientes a los siete sentidos físicos, se vuelven débiles y enfermos; y a causa de su condición, experimentan el castigo designado para los transgresores en la vida próxima. Vemos, por consiguiente, cómo estas siete clases de castigos son mencionados por el Sagrado Corán. Respecto al castigo relativo al sentido de la vista, el Sagrado Corán dice: “Y si los pecadores pudieran contemplar ahora el momento en el que verán el castigo ”159.

Es decir, tendrán que ver ciertas escenas cuya contemplación

les provocará angustia. El Santo Profetasa, dijo que verían serpientes, escorpiones y otros objetos que les provocarán terror. Con respecto al sentido del oído, el Sagrado Corán dice:

“Cuando (el fuego del infierno) los vea desde un lugar lejano, oirán su enfurecimiento y su crepitación”.160

Es decir, las llamas del fuego del infierno causarán un sonido terrible, siendo su mismo estruendo causa de terror y sufrimiento.

Respecto al sentido del gusto y el olfato, dice el Sagrado Corán:

“Ante él está el infierno; y se le hará beber agua hirviendo; de la que beberá tragos difíciles de deglutir por repugnancia.”161

Respecto al sentido del tacto, el Sagrado Corán dice:

“Tendrán el infierno por lecho y se taparán con cubiertas de fuego”.162

Es decir, serán castigados incluso a través de su sentido del tacto. También, dice el Sagrado Corán:

“Y cuando sean arrojados a un estrecho espacio unidos, invocarán su destrucción.’”.163

Respecto al castigo infligido a través del sentido de la temperatura, dice el Sagrado Corán:

“Dejad que lo prueben; un líquido hirviendo y una bebida intensamente fría”.164

Y con respecto al sentido muscular, declara el Santo Libro: “En ese día, algunos rostros estarán abatidos, fatigados, agotados.”165

En resumen, el Sagrado Corán describe con detalle los castigos que les serán infligidos a través de los siete sentidos. Significa que los siete sentidos espirituales correspondientes a los siete físicos se encontrarán corrompidos, y se convertirán en los medios o entradas del castigo. Un mal uso o abuso de los sentidos, que son una gracia de Dios, corrompe los sentidos espirituales y les convierte en una fuente de sufrimiento.

Sin embargo, quienes hacen un buen uso de sus sentidos, convierten a los mismos en una fuente de placer, ya que el uso adecuado de cualquier objeto, lo fortalece y realza sus propiedades. En consecuencia, encontramos que las recompensas prometidas a los virtuosos también pertenecen a estos siete sentidos. Cada sentido, sano y saludable, se convertirá en una fuente de placer y felicidad.

¿No observamos acaso cómo la luz del sol, que resulta tan agradable y refrescante para la vista y deleita el corazón, se convierte en una fuente de dolor y desagrado para la persona que tiene el ojo enfermo, hasta el punto de que si se expone en demasía o no se aleja de los rayos solares, puede perder la vista o sufrir un desmayo? De forma similar, ¿no observamos como una voz dulce y agradable que agrada a todos sus oyentes, resulta de lo más enojosa para quien padece del oído, o de dolor de cabeza, y que lo que entusiasma a otra gente, a él le resulta completamente intolerable y desagradable? De la misma forma, ¿no observamos que, cuando el sentido del olfato se encuentra alterado, resulta irritante el olor de un aroma agradable, hasta el punto de provocar cefalea, aunque se trate de una bendición de Dios? Igualmente, ¿no se observa cómo cuando el sentido del gusto está alterado, un sabor dulce se torna en amargo, y la sal se vuelve insípida? Las cosas sabrosas pierden su sabor y se vuelven repugnantes. De la misma manera, cuando el sentido del tacto de una persona sufre una anomalía, una cama blanda que resulta placentera para otros, a ella le resulta más dura que una piedra, y tan molesta como el suplicio de un lecho de espinas; y cuando enferma el sentido de la temperatura, la temperatura suave que refresca a otros, para dicha persona se convierte en fuego, haciendo que se desprenda de sus vestiduras, y quejándose de una sensación de quemazón hiriente en el cuerpo. Igualmente, es frecuente ver, en tiempo cálido, a quienes sufren de alteraciones en su sentido de la temperatura, como comienzan a sentir frío, y se cubren con prendas de abrigo, mientras que los demás se encuentran tomando bebidas heladas y ventilándose. De forma similar, observamos que quien tiene su sentido muscular alterado, considera que un simple paseo supone un esfuerzo considerable, mientras que para otros es un recreo. Estas personas se agotan apenas dan unos pasos. En resumen, tales hechos se observan a diario. A través de los mismos podemos entender la naturaleza del infierno. Debe recordarse que, de la misma manera que la virtud tiene una existencia positiva, y el mal uso de la facultad de hacer el bien se denomina vicio; de forma similar, las bendiciones y bondades de Dios son positivas, y el dolor y el castigo son consecuencia de la corrupción que el hombre crea en su propia alma. Cierta persona se dirigió al Santo Profetasa y le dijo: “Mensajero de Dios: Dios dice que el paraíso se extiende sobre la tierra y los cielos. De ser así, ¿dónde está el infierno? El Santo Profetasa contestó: “Cuando es de día

¿dónde se encuentra la noche? Lo mismo acontece con el cielo y el infierno”. No obstante, ello no significa que en un mismo momento todas las personas se encontrarán en el cielo y en otros momentos en el infierno, de la misma forma que es de día a ciertas horas y de noche a otras. Significa, por el contrario, que aunque la noche se extiende sobre toda la tierra y el día también se extiende sobre el mundo, sin embargo, para quienes tienen al sol sobre ellos es de día, mientras que para los otros es de noche. Igualmente, aquéllos que se encuentren bajo el favor de Dios, se encontrarán en el cielo, mientras los demás estarán en el infierno. Por tanto, aquéllos que por la gracia de Dios han desarrollado sus siete sentidos de manera adecuada, disfrutarán de las bendiciones del cielo, mientras que para aquéllos que corrompieron sus sentidos, las mismas bendiciones se convertirán en su castigo. Los virtuosos sentirán el calor en una medida que les producirá confort, en tanto que los malvados experimentarán el calor del fuego ardiente que les abrasará entre sus llamas. El virtuoso disfrutará de las bendiciones espirituales que se asemejarán al agua fresca, y sin embargo, cuando el mismo agua le sea dado al malvado, la sentirá extremadamente caliente, hasta el punto de quemarle la boca. El Santo Profeta dice: “Cada hombre tiene su lugar en el cielo y en el infierno. Quienes vayan al cielo ocuparán no sólo sus respectivos lugares sino también los de aquéllos que hubieran ocupado quienes se encuentran en el infierno; y aquéllos a quienes corresponda ir al infierno, ocuparán además, los lugares vacantes de quienes alcanzaron el cielo”. Esto significa también que los moradores del cielo gozarán de toda la felicidad, y los condenados, de todo el castigo. Cuando una persona sea incapaz de beneficiarse de una bendición, le dirá a la otra: “tú también has tomado posesión de mi parte”.

El Sagrado Corán declara: “No hay ninguno de vosotros que no descenderá al infierno. ” y añade, “Luego libraremos a los temerosos de Dios”.166 Ello muestra que todos los hombres habrán de entrar en el infierno, pero que Dios salvará a los virtuosos del dolor y del sufrimiento. Es decir, que entrarán al infierno, pero que al mismo tiempo se verán a salvo del mismo. Esto sólo puede significar que los virtuosos convertirán todo en una fuente de bendición y alegría para sí mismos, a través de la perfección de sus sentidos. El Santo Profeta dice: “Dios dirá a cierta persona: ¡Salta al infierno! Cuando brinque hacia el mismo, encontrará un lugar de felicidad”. En resumen, todo lo que un cuerpo espiritual experimente en la vida próxima, será consecuencia del uso adecuado o inadecuado de los siete sentidos. Existe, ciertamente, la diferencia de que los moradores del infierno se encontrarán confinados en sus lugares respectivos, mientras que los moradores del cielo se verán libres, de la misma manera que un enfermo se encuentra confinado en su lecho mientras el sano se mueve con entera libertad. El infierno es una prisión u hospital; el cielo un lugar agradable. El infierno es limitado, mientras que el cielo es ilimitado. El morador del infierno no podrá moverse fuera de unos límites prescritos, en tanto que el morador del cielo será libre para ir donde le plazca; para él, todo el espacio será cielo. Incluso cuando entre en el lugar en que los moradores del infierno se encuentren padeciendo las torturas del fuego infernal, le parecerá encontrarse en un delicioso jardín. Dado que los moradores del infierno sufrirán torturas, cuya contemplación produciría congoja a quien los pudiera observar, los moradores del infierno serán ocultados de los habitantes del cielo mediante una cortina, a fin de que éstos no padezcan al observar sus aflicciones, a menos que sí que deseen verlos.

Los moradores del cielo no serán conscientes de la situación de los demás. Únicamente conocerán su propia condición. Sin embargo, si Dios desea exaltar a determinada persona a una posición más elevada, le hará conocer la condición de quien se encuentre en una categoría superior. Así, tal persona anhelará conseguir tal posición elevada y verá cumplido su deseo.

¿Serán eternos la recompensa y el castigo?

Otra cuestión relativa a la vida después de la muerte, consiste en saber si la recompensa y el castigo serán eternos. La respuesta que el islam otorga a esta cuestión es que la recompensa será eterna, pero no el castigo. El Sagrado Corán dice que el hombre ha sido creado para convertirse en una manifestación perfecta de los atributos divinos. De continuar las personas sufriendo para siempre en el fuego infernal, ¿cómo y cuándo podrían tener lugar estas manifestaciones?

El Sagrado Corán nos dice que las bendiciones del cielo serán ilimitadas, pero que este no será el caso del castigo del infierno, el cual encontrará un fin, gracias a la misericordia y gracia de Dios. El Sagrado Corán dice que la misericordia divina excede a su cólera. Cuando el malvado haya experimentado el enfado divino durante un período suficiente para ser denominado “ilimitado” a la vista de la limitada visión humana, surgirá la misericordia divina. El Santo Profeta dice: “Llegará un día en el infierno en que nadie permanecerá en el mismo, y la brisa oriental cerrará sus puertas”.

La idea de que los habitantes del infierno permanecerán castigados eternamente en el mismo, se debe a la ignorancia del propósito por el que Dios castiga a los pecadores. Siendo Dios Misericordioso, no desea infligir el castigo a nadie; es el hombre quien se arroja asimismo al castigo a causa de sus males. Puesto que el propio hombre corrompe sus facultades espirituales, no es capaz de experimentar las bendiciones de Dios que le aguardan en el mundo próximo y experimenta, por tanto, dolor. Dios, mediante Su misericordia, ha ordenado que las enfermedades encuentren su cura. Por lo tanto, de igual forma que las enfermedades físicas son curadas, el malvado también es curado y reformado por el dolor que habrá de experimentar, estando entonces en condiciones de disfrutar de las bendiciones del cielo. Entrará en el cielo; la misericordia de Dios será perfecta y se verá cumplido el propósito por el que el hombre fue creado.

¿Existirá algún tipo de actividad en el cielo o llegará a un fin?

Otra cuestión importante sin cuya respuesta el tema de la vida después de la muerte quedaría incompleto, es ¿qué hará el hombre en la vida próxima? ¿Sus actividades encontrarán un fin? ¿Se ocupará únicamente de comer y beber como un ser supranimado? O ¿tendrá algo que hacer?

La respuesta que da el islam a esta cuestión es, que las acciones conforman la misma vida, y tratar de separar al hombre de sus actos supone privarle de vida. Una vida sin actividad es peor que la muerte. De ser una cosa buena la vida sin actividad, los seres perezosos hubieran sido considerados los mejores y más dignos de ser envidiados. Sin embargo, la persona que ha experimentado la alegría que nace del trabajo, conoce que la verdadera felicidad reside en la acción y el progreso. Puede ser bueno para un subnormal permanecer aletargado, pero ninguna persona sana desearía permanecer sin trabajar. El Sagrado Corán dice: “Su luz correrá ante ellos y en sus diestras. Dirán: “Señor Nuestro, perfecciona nuestra luz y perdónanos; en verdad, Tú tienes poder sobre todas las cosas”.167

Es decir, todo creyente continuará progresando y percibirá nuevos niveles de perfección y progreso, por los que se esforzará con el deseo de alcanzarlos. Dice asimismo el Sagrado Corán: “La fatiga no les alcanzará”, lo que muestra que el trabajo existirá en el cielo pero no ocasionará fatiga o debilidad.168 También dice:

“Y tú, Oh alma que te has sentido satisfecha Conmigo y en la que no hay duda respecto a Mí. Vuelve a tu Señor satisfecha con Él, y Él satisfecho contigo. Entra, pues, entre Mis siervos elegidos. Entra en Mi Jardín (es decir, el lugar donde se manifiestan completamente los atributos de Dios)”.169

Así pues, aunque el hombre tiene un trabajo asignado en este mundo, el tiempo del verdadero trabajo comienza después de la muerte. Es entonces cuando el creyente se convierte en un siervo perfecto de Dios, porque es en ese momento cuando posee la oportunidad total de absorber en sí mismo y manifestar perfectamente los atributos de Dios. Por lo tanto, el trabajo y la actividad no cesan en la vida futura. Al contrario, se incrementan. El Santo Profetasa dice: “En el paraíso les será enseñado a los creyentes, a través de la revelación, nuevas formas de glorificación y santificación de Dios”. Ello no significa que les serán enseñadas nuevas expresiones para glorificar a Dios, ya que esto es algo que el hombre puede hacer por sí mismo. Significa que les será enseñado, por medio de la revelación, nuevos atributos divinos relativos a Su santidad y majestad, a fin de que ellos puedan también intentar convertirse en manifestación de tales atributos.

Puede cuestionarse ¿qué clase de atributos pueden existir que no sean ya conocidos? La respuesta es que el hombre sólo puede adquirir la cantidad de conocimiento que es capaz de aprender a través de sus sentidos; estando limitado, por tanto, a la capacidad de tales sentidos. El conocimiento es “perfecto” en la medida de la capacidad sensorial que poseemos. Sin embargo, cuando el hombre adquiere nuevos sentidos, es capaz de captar nuevos atributos, de forma que siendo Dios ilimitado, el hombre puede continuar progresando en el conocimiento y reconocimiento del Ser divino, siéndole revelados nuevos atributos. Intentará tomar conciencia de los mismos y manifestarlos en su propio ser. El nuevo conocimiento le descubrirá nuevas esferas de actividad. El hombre continuará en el camino del progreso eterno, y su fe y conocimiento de los poderes ilimitados y atributos de Dios se incrementarán constantemente.

En resumen, el paraíso es un lugar de acción, igual que lo es este mundo; en realidad mucho mayor. En este mundo el hombre está sujeto a la demora y el fracaso, no existiendo tales eventualidades en el mundo próximo. Así pues, en lo que atañe al conocimiento y el esfuerzo espiritual, este mundo es como una escuela, donde el ser humano puede aprobar o suspender. La vida próxima, sin embargo, puede compararse al caso de una persona que se ocupa de una investigación científica tras su graduación: tiene también una tarea dura que realizar, incluso más difícil que la del estudiante de escuela, pero con la diferencia, entre otras, de que el estudiante permanece constantemente en el temor de suspender; temor que no comparte el investigador.

Estos párrafos muestran también que la verdadera dicha y las bendiciones del paraíso radican en el progreso espiritual y no en la satisfacción de deseos físicos. El Sagrado Corán dice que la mayor bendición del paraíso es el agrado de Dios,170 y la mayor alegría, según el Santo Profetasa, la contemplación de Dios.

En resumen, el paraíso del musulmán consiste en la adquisición del conocimiento verdadero y perfecto, en la ejecución de buenas obras de acuerdo con tal conocimiento, y en la consecución de la unión y proximidad a Dios a través de estos dos medios. Es imposible concebir un objetivo más grandioso que éste.

He expuesto aquí las enseñanzas del Ahmadíat respecto a todas estas cuestiones, con respecto a las cuales constituye el deber de una religión ofrecer una guía. Confío que, quienes reflexionen sobre lo que he dicho con detenimiento, se convencerán de que las enseñanzas del Ahmadíat capacitan a todas las personas, de manera completa, a que cumpla el objetivo de su existencia.

La excelencia más peculiar del islam está en el hecho de que realmente conduce al hombre a Dios, y, de esta forma, pone fin a todas las discusiones y controversias. ¿Por qué ha sido creado el hombre? El único objetivo de su creación es que consiga la unión con el Ser divino. Por tanto, sólo debemos tomar en consideración a la religión que es capaz de lograr el propósito de que alcancemos la unión con Dios, y no a las que buscan complacernos con meras palabras.

El efecto de las enseñanzas del Mesías Prometido sobre sus seguidores

Voy a tratar de describir, brevemente, a continuación, el efecto que las enseñanzas del Mesías Prometidoas produjeron sobre sus seguidores. Debe recordarse que el objeto del advenimiento del Mesías Prometidoas no era hacer resurgir corrientes modernas de pensamiento, ni su persona reflejó las tendencias de las denominadas nuevas ideas de la actualidad. De hecho, las enseñanzas del Mesías Prometidoas eran diametralmente opuestas a las corrientes del pensamiento moderno. Si estudiamos con detenimiento estas corrientes, observamos que muestran dos tendencias: la primera dice que carece de sentido que el hombre trate de conseguir una relación profunda con la divinidad, y que el hombre debe ser absolutamente independiente. En consecuencia, observamos que todas las religiones, nuevas o antiguas, hacen esfuerzos por adaptarse a esta tendencia. Tratan incluso de cambiar las formas y el significado de los actos de adoración; adaptándolos y reduciéndolos, de manera que consigan volver a interesar y captar el interés de las personas. La segunda tendencia piensa que los modos y actitudes establecidos por la sociedad no han de cambiarse, no por que sean beneficiosos, sino porque al estar acostumbradas las personas a ellos, no les es fácil abandonar sus costumbres. También las religiones nuevas y las tradicionales se esfuerzan en adaptar sus enseñanzas a esta tendencia, pues son conscientes de que les es imposible resistir a la misma. Consecuentemente, vemos a los seguidores de estas religiones tratando de reformular su posición respecto a asuntos tales como el interés comercial, la separación social de los sexos, la poligamia, etc. Se encuentran revisando los mandamientos de sus religiones respectivas a fin de conformarlas con las costumbres sociales establecidas en esta época. Contrariamente a todos ellos, el Mesías Prometidoas, basó sus enseñanzas pura y únicamente en las fuentes religiosas, y no en alguna corriente moderna de pensamiento. Tal distinción le señala como el verdadero reformador de la época presente, pues no actuó como la corneta del tiempo que suena según las notas que introduce su autor. Se opuso a ambas tendencias de los tiempos actuales, es decir, 1) la liberación de los vínculos religiosos, y 2) la esclavitud social. Ni abolió la adoración ni la redujo. Por otro lado, reveló al mundo el espíritu y la realidad que existen en los actos de culto, y al crear en la mente de las personas un sincero fervor por la adoración, reforzó la relación existente entre el hombre y su Creador. No sólo llamó la atención sobre la necesidad de las oraciones obligatorias, sino que exhortó a cultivar el hábito de realizar las que son opcionales. Expuso que la devoción no es un castigo impuesto al hombre, sino un medio cierto de progreso espiritual. Respecto al ayuno, que no sólo había sido abandonado por los seguidores de las demás religiones, sino también por los musulmanes cultos de estos tiempos, explicó su filosofía y demostró que era indispensable para el avance espiritual. De manera similar, descubrió al mundo el espíritu existente en los mandamientos divinos respecto a la peregrinación y el sacrificio, exhortando a la gente a actuar fielmente a tales mandamientos de Dios.

Liberó a la gente de las cadenas de la esclavitud social y expuso el error de seguir ciegamente las leyes actuales de la sociedad. Demostró la excelencia de las enseñanzas sociales del islam con razones convincentes. Expuso los males subyacentes en las transacciones económicas realizadas con intereses; mostró el beneficio de las ordenanzas islámicas relativas al Pardah o Hiyab; demostró la necesidad de la poligamia en ciertas circunstancias, y explicó la importancia de la institución del divorcio. En resumen, de manera abierta y vigorosa, defendió las enseñanzas islámicas, respecto a las que los musulmanes se mostraban tímidos para alzar su voz, por miedo a oponerse a las ideas imperantes actuales respecto a tales asuntos.

No me voy a referir a las dudas y supersticiones existentes entre la gente inculta que el Mesías Prometidoas se esforzó en erradicar, porque podría pensarse que el mero paso del tiempo les reformaría. Las enseñanzas del Mesías Prometidoas expuestas en oposición a las ideas comúnmente aceptadas de su tiempo, produjeron, sin embargo, el efecto saludable de que miles de personas que se sentían impotentes frente a las ideas prevalentes, ganaran fuerza para pensar y reflexionar; y para llegar a la conclusión, como resultado de esta reflexión independiente, de que las enseñanzas del islam eran adecuadas en todos y cada uno de los aspectos, al igual que el código islámico era perfecto en todas las materias. Aquéllos que se sentían presa de miles de dudas y malas interpretaciones respecto a la existencia de Dios, e incluso quienes se declaraban ateos y se habían volcado en el materialismo, obtuvieron una vida nueva a través suya, convirtiéndose en creyentes de Dios Poderoso y Vivo, y sintiendo la alegría y felicidad auténticas en Su adoración y recuerdo. Hoy presentan este espectáculo a un mundo estupefacto. Sus mentes están iluminadas con los nuevos conocimientos de Occidente, y se encuentran imbuidas de cuanto es beneficioso del nuevo pensamiento de la época, pero sus corazones están repletos del amor divino y sus frentes permanecen postradas ante su Señor. Invierten los días y las noches en la glorificación de Dios, y aunque poseen el más alto conocimiento secular, su fe resplandece por encima de todo, y sus vidas son ejemplos de las verdaderas enseñanzas del islam.

El Mesías Prometidoas liberó a la gente del yugo de las leyes sociales de su tiempo, y les abrió un camino de libertad y libre pensamiento. A pesar y en contra de la oposición y hostilidad de los seguidores de todas las demás religiones, sus seguidores se ocupan, día y noche, de la reforma social del mundo, de conformidad con las leyes del islam. Tratan de transformar la vida de comodidades y lujo en que viven otros, en una vida de reforma, castidad y buenas virtudes. El Mesías Prometidoas no ha generado fanatismo ni radicalidad religiosa entre sus seguidores, ni tampoco ha hecho del amor a su propia persona la esencia de su religión ni el centro de su estructura, tal como suelen hacer los que pretenden inspirar un espíritu de sacrificio y auto-negación entre la gente a costa de otras nobles cualidades. Asignó a cada cosa su lugar adecuado, y realizó todo tipo de esfuerzos para mantener viva y fortalecer la facultad de la razón en el hombre.

A pesar de su perspectiva racional, sus seguidores se encuentran siempre dispuestos a sacrificar sus vidas y pertenencias por el servicio a la religión. Su ejemplo es similar al de los bendecidos compañeros del Santo Profetasa, respecto a los que el Sagrado Corán dice:

“Hay algunos de ellos que cumplieron el objetivo de sus vidas y el deseo de su corazón, y otros que siguen esperando.”171

Han existido dos ocasiones, en Afganistán, en la que los áhmadis fueron convocados para entregar sus vidas para cumplir la voluntad de su Señor, y así lo hicieron, con una presteza y devoción sin paralelo. He mencionado “dos ocasiones”, y quiero significar únicamente aquellas ocasiones en la que a los áhmadis referidos se les exigió, por parte de sus perseguidores, que renunciaran al Ahmadíat para poder salvarse, pero rehusaron hacerlo, aferrándose a la fe que Dios les concedió a través del Mesías Prometidoas . El número de áhmadis que dejaron sus vidas en Afganistán, y se dispusieron a ser sacrificados de forma inhumana por su religión, asciende a cerca de una docena.

Debe observarse que el número de mártires que una comunidad posee, está determinado por muchos factores, siendo uno de ellos el número de oportunidades que se ofrece a dicha comunidad de esta forma particular de sacrificio.

Tendría poco valor, si, para valorar el espíritu de sacrificio de una comunidad concreta, hubiéramos de fijarnos únicamente en el número de mártires que ha originado, sin tomar en consideración otros muchos factores por los que este número puede ser afectado. Debe así mismo recordarse que el martirio no es el único medio a través del cual puede una persona consumar su espíritu de sacrificio. Existen otros muchos medios por los que este espíritu puede verse cumplido. Ciertamente, hay otros caminos que ofrecen una consecución más elevada y más noble que el martirio mismo.

Volviendo al tema, uno de los dos mártires era Sahibzada Sayyed Abdul Latifra de Jost, en Afghanistán, a quien se tenía en tan alto aprecio en el país, que fue designado para llevar a cabo la ceremonia de coronación del fallecido Amir Habibul-lah Jan. Cuando Sahibzada Sahib recibió noticias del Movimiento Ahmadía, prestó atención y comenzó a estudiar la literatura del Movimiento. Como resultado de ello, Dios abrió sus ojos, y se afilió al Bai’at del Mesías Prometidoas. Como deseaba ver al Mesías Prometidoas en persona, obtuvo el permiso del fallecido Amir Habibul-lah Jan para realizar la peregrinación, con la intención de visitar Qadián durante el camino. Así llegó a Qadián, vio al Mesías Prometidoas, y se benefició de su compañía, quedando tan absorto en el amor por su maestro, que decidió posponer su marcha hacia la peregrinación, y permanecer en Qadián para incrementar su conocimiento y fortalecer su fe. Tras una estancia de algunos meses, se dispuso a regresar a su tierra nativa, y señaló, cuando abandonaba Qadián, que sentía que su patria le reclamaba para abrir allí el camino de la aceptación de la verdad a través del sacrificio de su sangre. “veo”, dijo, “esposas que rodean mis muñecas, y cadenas en torno a mis pies”. En consecuencia, tan pronto como a su regreso penetró en el territorio del Amir, fue arrestado por orden suya, ya que las noticias de su aceptación del Mesías Prometidoas habían llegado al país. Al llegar a Kabul se le inquirió si era verdad que había aceptado el Ahmadíat. Admitió que lo había hecho, y tras una larga discusión con los Ulemas, y después de que éstos emitieran un fatwa, dictaminando que debería ser condenado a muerte a causa de su apostasía, el Amir decretó que fuera apedreado hasta morir. Dado que, no obstante, Sahibzada Sahib, por su sabiduría y virtud ocupaba una posición eminente en el país, y contaba con miles de seguidores, el Amir le convocó repetidamente a su presencia y trató de persuadirle para que se retractara y salvara su vida. Sin embargo, en cada una de estas ocasiones, el Amir recibió la inquebrantable respuesta de que había encontrado la verdad y que nunca renunciaría a ella.

El Amir ordenó entonces que el Sahibzada fuera torturado para que abandonara su fe en el Ahmadíat, sin que tales intentos sirvieran de nada. Sahibzada Sahib soportó todos los tormentos sin inmutarse, con una presteza y resignación que causaron asombro a todos.

Finalmente, el Amir ordenó que la ejecución fuera llevada a cabo, por lo que Sahibzada Sahib fue llevado a las afueras de la ciudad, hacia donde el Amir también se encaminó junto con un gran número de personas, que se reunieron para presenciar el espectáculo. Fue excavada una fosa y Sahibzada Sahib fue enterrado en la misma hasta la cintura. De nuevo el Amir se le dirigió y le pidió que reconsiderara su actitud y renegara, pero recibió la misma respuesta: ya que había encontrado la verdad, no podía renunciar a ella. También añadió que el primer jueves después de su muerte, resucitaría de entre los muertos y volvería vivo. Habiéndole resultado imposible conseguir que Sahibzada Sahib renegara, el Amir en persona le arrojó la primera piedra, y ésta fue la señal para que un diluvio de piedras le alcanzaran desde todas las direcciones. No obstante, Sahibzada Sahib permaneció firme y ofreció un aspecto de presteza y felicidad. Finalmente su cabeza quedó destrozada, colgando hacia un lado con el cuello roto, aunque sus perseguidores continuaron arrojándole una lluvia de piedras, hasta que todo su cuerpo quedó cubierto bajo un cúmulo, y el alma de este virtuoso siervo del Señor departió para siempre de su morada terrenal. Posteriormente, la gente regresó a la ciudad. Un guardián fue apostado en el lugar, por orden del Amir, para vigilar el cuerpo del mártir, por temor de que sus amigos intentaran recuperarlo y proporcionarle un entierro formal. Pronto, no obstante, llegó el castigo de Dios, y la “resurrección” que predijo el bendecido mártir cayó de repente sobre todos. El jueves siguiente a su martirio, apareció el cólera en la ciudad de Kabul, de forma epidémica, y rápidamente cobró una virulencia extraordinaria. La llegada fue, al mismo tiempo, inusual e inesperada, y se perdieron tantas vidas, que la gente sintió y así lo admitió, que la epidemia había llegado en cumplimiento de las palabras agonizantes del mártir. También acontecieron algunas muertes en la familia real.

Estos hechos han sido narrados de forma simple y escueta por un escritor europeo en su libro “Bajo el Amir Absoluto”. El autor es Mr. Martin, que en aquel tiempo desempeñaba el cargo de ingeniero jefe en Kabul. Al no conocer el Movimiento Ahmadía, ha deslizado algunos errores en su narrativa, pero, en conjunto, presenta una descripción correcta del hecho, en un lenguaje simple y compasivo. Se resalta su valor, porque Mr. Martin era una persona absolutamente ajena y desinteresada.

El segundo mártir fue Maulvi Abdur Rahman, que fue discípulo de Sahibzada Sayyed Abdul Latif. Su martirio tuvo lugar con anterioridad al de Sahibzada Sahib. Fue conducido inhumanamente a la muerte por su condición de seguidor del Mesías Prometidoas.

Además de estos dos mártires ejecutados por orden del Gobierno afgano, numerosos áhmadis fueron martirizados por la gente fanática del país. Solo en este último mes han llegado noticias de que dos áhmadis han sido cruelmente asesinados por su pueblo a causa de su fe en el Ahmadíat.

Además de la muerte, muchos áhmadis tuvieron que sufrir penalidades y sacrificios a causa de su fe. En cada una de estas ocasiones mostraron un espíritu de completa resignación a la voluntad de Dios, y soportaron todo tipo de persecución con paciencia y resignación. Por ejemplo, durante el curso de este mismo año, tuvo lugar un levantamiento en Jost contra Su Majestad el Amir de Afghanistán. Cuando los rebeldes se vieron a punto de caer derrotados ante las fuerzas del Estado, atacaron furiosamente a los indefensos áhmadis del distrito, y prendieron fuego a dos de sus aldeas, reduciendolas a cenizas, con el pretexto de que los áhmadis habían instigado al Amir en contra suya. Dos o tres veces al año, como mínimo, sucede que la gente incita a las autoridades del lugar en contra de los áhmadis, y confiando en su apoyo, torturan sin piedad a cuantos caen en sus manos. Muchos de los seguidores del Mesías Prometidoas tuvieron que sufrir las penalidades del encarcelamiento; muchos fueron cruelmente golpeados; otros fueron sometidos a un boicot social y todo tipo de dificultades; otros muchos fueron asaltados y robados; y algunos fueron sometidos a la vergonzosa situación de tener que cabalgar sobre asnos, con sus rostros ennegrecidos, para ser humillados y ridiculizados ante el resto de la gente.

En el último cuarto de siglo, los áhmadis han padecido en Afganistán estas dificultades y han soportado estas persecuciones por la causa de su Señor, pero nunca vacilaron en su fe. Se encuentran progresando rápidamente en fe espiritual y en número. Sería, no obstante, una muestra de ingratitud no mencionar que, desde el acceso al trono del presente Amir, Su Majestad Amir Amanul’lah Jan, la persecución de los áhmadis ha sido oficialmente prohibida, habiendo mejorado sensiblemente la situación. Sin embargo, dado que el territorio del Amir está atravesando un período de transición en lo que respecta a la estabilidad y disciplina del gobierno; hasta la fecha, dicho gobierno no ha sido capaz de poner fin a la persecución de los áhmadis. Sin embargo, esperamos que si el Gobierno del Amir continúa actuando con el espíritu de justicia y equidad, los áhmadis afganos no sólo se verán protegidos de la persecución del Gobierno, sino que también se encontrarán a salvo de la opresión de los oficiales locales de menor rango y del público en general.172

Hasta ahora he relatado la situación de los áhmadis en Afganistán, pero como se podrá ver a continuación, la condición de los áhmadis en la India no es mucho mejor. Es cierto que bajo el gobierno británico, nadie se atrevió a matar a los áhmadis, pero excluyendo al asesinato, han sido perseguidos de diversas maneras. Han sido víctimas de robos, engaños y prácticas similares. Han sido sometidos a varias formas de persecución física, soportando todas estas dificultades con presteza y resignación. La muerte es una gran prueba, pero la que destroza la paciencia de un hombre, es la prueba que le llega lentamente y perdura por largo tiempo. Los áhmadis indios padecieron ampliamente esta forma de persecución, y una inmensa mayoría de los seguidores del Mesías Prometidoas hubieron de soportar tal hostigamiento. Constituyen un gran número aquéllos cuyos cuerpos llevan las señales de las agresiones recibidas por la causa del Ahmadíat. Muchos de ellos fueron expulsados a la Sin embargo, nuevamente en 1924, el mismo año que el de la primera edición de este libro, otro áhmadi, Maulawi Ni’mat Ul’lah Jan, fue lapidado en Afganistán. Esta sentencia fue pronunciada por el gobierno afgano al encontrarlo ‘culpable’ de predicar el Ahmadíat en el país. Los relatos de testigos oculares relatan cómo este mártir del islam fue semienterrado hasta la cintura para ser apedreado. Las autoridades le dieron la última oportunidad de salvar su piel renunciando a su fe. Maulawi Ni’mat Ul’lah Jan rechazó esta propuesta y reiteró que bajo ninguna circunstancia podía abandonar la verdad con la que Dios lo había bendecido a través del Mesías Prometido. (Ed.) fuerza de sus casas, y desposeídos de todas sus propiedades y pertenencias.

Existen varios casos de muchachos y muchachas en plena adolescencia, que fueron agredidos, expulsados de sus casas y desheredados por sus padres, sin otra falta que haber creído en el Ahmadíat. Con alegría soportaron estas penalidades y permanecieron firmes en su fe. Se han dado casos de áhmadis que fueron obligados a dimitir de cargos oficiales o que fueron despedidos con el falso cargo de incompetencia por el rencor de los funcionarios indios. Se ha dado a menudo el caso de áhmadis que viven en solitario en una aldea de gente no-áhmadi, y que han sido hostigados y sometidos a toda clase de dificultades. En ocasiones, son cruelmente agredidos e insultados; y cuando el asunto llega a oídos de la policía, estos indefensos no pueden encontrar a nadie que dé testimonio en su favor de lo ocurrido, de forma que la policía desestima la demanda y la persecución continúa inalterada. Los cementerios son a menudo prohibidos a los áhmadis, y en algunos lugares, los cadáveres de los áhmadis han sido vergonzosamente desenterrados y arrojados a los animales para ser devorados. A veces se ha denegado a los áhmadis la utilización de pozos y manantiales, y se han visto forzados, a viajar varias millas para encontrar agua potable en medio del calor. En ciertos casos ha ocurrido que niños y niñas pequeños, incapaces de caminar o de hablar han sufrido el padecimiento de la sed, permaneciendo mucho tiempo sin poder beber, por ser hijos de padres áhmadis. Este trato les ha sido dispensado en un país, donde la temperatura diaria llega a alcanzar, en ocasiones, los 115 grados Farenheit (50º C.) a la sombra. Los comerciantes áhmadis se han visto boicoteados, y destruidas las cosechas de los agricultores áhmadis. Los predicadores y oradores áhmadis se ven apedreados cuando se dirigen a la audiencia, y se crean disturbios con la finalidad de evitar que la gente les escuche. Se han dado incluso casos en los que mujeres áhmadis fueron separadas de sus maridos y obligadas a casarse con otros, separando a los hijos de sus padres. Las mujeres áhmadis se han visto agredidas y expulsadas de sus hogares por sus maridos no áhmadis. Los médicos y abogados áhmadis se han visto sometidos al boicot, y personas pertenecientes a otras profesiones han sido perseguidos de forma similar, llegando a verse al borde de la miseria. Pero el Mesías Prometidoas ha infundido en ellos tal espíritu y firmeza en la fe, que soportan con alegría todas estas pruebas, y, a pesar de toda esta persecución, continúan proclamando abiertamente su fe, y probando con su conducta que colocan a su fe por encima de todo objetivo mundano.

Las enseñanzas del Mesías Prometidoas han producido tal efecto sobre los miembros del Movimiento Ahmadía que, aunque no difieren de los demás en su vestimenta o aspecto externo, son fácilmente distinguidos por la gente, debido a las cualidades morales que les distinguen de los demás. Su forma de hablar, libre de vulgaridades u obscenidad, su presteza para servir a los demás, su auto-renuncia y la aversión por el engaño, el fraude y prácticas semejantes, les hace sobresalir en todas las reuniones. Cualquier persona que esté familiarizada con su carácter, puede distinguir a un áhmadi en un medio de transporte, en una reunión pública, o en cualquier otro lugar de asamblea, a pesar de no conocerle.

Incluso un áhmadi no instruido se muestra amplia e inteligentemente informado de las cuestiones religiosas. Las enseñanzas del Mesías Prometidoas han desarrollado una sorprendente transformación en el carácter de los áhmadis: han abandonado la indiferencia e irreligiosidad imperante en todas las partes del mundo; se sienten inspirados del amor por la Palabra de Dios, por Sus apóstoles y por el Mesías Prometidoas; se esfuerzan constantemente en convertirse en “espejos” que reflejen los atributos divinos; pasan el día y la noche recordando y adorando a Dios, y anhelan obtener bendiciones espirituales en lugar de beneficios materiales en esta era de competición materialista. Por otro lado, se encuentran inspirados por el más elevado espíritu crítico, que les impide aceptar algo que no esté fundado en la razón. Sólo aceptan las exposiciones racionales, y tratan de persuadir a los demás, a través de la razón, de la verdad de sus afirmaciones. No sólo no se oponen, sino que promueven la difusión de la ciencia moderna y el conocimiento. No consideran que la ciencia se oponga a la religión, sino que se encuentra subordinada a ésta. En resumen, mantienen su independencia en todos los asuntos, es decir, que ni creen ciegamente en las aseveraciones de sus ascendientes, ni necesariamente aceptan cada nueva idea como cierta. Comprueban todo aplicando el criterio del conocimiento y la razón, y sitúan a cada hecho en la posición que le ha sido acordada por Dios. Otro maravilloso cambio originado por el Mesías Prometidoas entre sus seguidores, consiste en que mantienen un nivel educativo mucho más alto que otras comunidades. La proporción de personas instruidas pertenecientes a la Comunidad Ahmadía es mucho más elevado que la correspondiente a otras comunidades de la India, a pesar de que, a causa de su pobreza, los áhmadis no han podido establecer escuelas por sí mismos. Muchos de ellos han iniciado su educación en la edad madura. Las mujeres se muestran tan deseosas de adquirir conocimientos e impartirlos, que numerosos hogares de Qadián se han convertido en escuelas privadas, y mujeres de alrededor de setenta años se ocupan del aprendizaje de la traducción del Sagrado Corán. Siempre hay presentes en Qadián gran número de hombres y mujeres provenientes de distintos países y provincias para recibir educación. Si existe algún lugar en el que el Oriente y el Occidente parecen haberse unido, tal lugar es Qadián. En otros lugares donde se imparte educación occidental, no existe la educación religiosa, cuya sede es el Oriente, donde, sin embargo, no se presta atención a las ciencias modernas, cuyo centro es el Occidente. Dentro de la Comunidad Ahmadía, y particularmente en Qadián, donde se encuentra el núcleo central del Movimiento, ambas están unidas. Aquí, sin duda alguna, y contrariamente a la observación de Rudyard Kipling, el Este y el Oeste se han encontrado. Los áhmadis, que ocupan su tiempo en aprender las ciencias occidentales, poseen una fe tan firme en las enseñanzas de su religión y se encuentran tan consagrados a ella, que el sacrificio de sus vidas, propiedades y hogares por causa de su religión les resulta insignificante. Aún el más pequeño mandamiento u ordenanza de su fe, lo observan de forma adecuada y sincera.

Prestan particular atención a los derechos de la mujer, y su liberación de restricciones indebidas, sin actuar de forma contraria a las enseñanzas de su religión.

Son profundamente tolerantes, en comparación con los miembros de otras comunidades. Consideran superfluas las disputas que constantemente surgen entre los diferentes grupos comunitarios de la India respecto a la observancia de determinadas ceremonias religiosas, y tratan constantemente de inculcar un espíritu de tolerancia en el resto de la gente. Permiten, incluso, que los oponentes del islam se les dirijan en sus propias mezquitas, escuchando atentamente sus argumentaciones y tratando de exponerles su propio punto de vista.

Un cambio muy importante que el Mesías Prometidoas ha hecho surgir entre sus seguidores radica en que éstos otorgan a la religión una prioridad absoluta sobre todas las cosas del mundo. Cada áhmadi considera sus pertenencias como un sagrado depósito que le ha sido confiado por Dios. Quienes han recibido una instrucción adecuada de las enseñanzas del Movimiento, contribuyen mensualmente con una sexta parte de sus ganancias a los fondos del Movimiento para fines religiosos y de caridad. Aparte de la suscripción mensual normal, contribuyen también a numerosos fondos similares. Así, cada miembro de la comunidad contribuye a los fondos de la comunidad con una parte que oscila entre un tercio y un sexto de su sueldo, según su grado de devoción y espíritu de sacrificio. Esto parece tan extraño a los ojos de la gente, que muchos imaginan que la comunidad es muy rica, mientras que otros sospechan que ésta recibe ayuda del gobierno; cuando la verdad que el Gobierno ni ayuda ni puede hacerlo; y que los áhmadis son tan pobres que quizá no exista otra comunidad en la India que les iguale en cuanto a nivel de pobreza. Sin embargo, cada uno de ellos contribuye, mediante el sacrificio de sus necesidades personales, con lo que a otros les parece una porción importante de sus ganancias, a la reforma religiosa, moral e intelectual del mundo.

Las mujeres áhmadis no andan tras los hombres en este aspecto. Han demostrado a través de su ejemplo que no les importan los ornamentos o vestimentas, sino que viven para Dios. El año pasado realicé una convocatoria para la construcción de una mezquita en Alemania y pedí a las mujeres de la comunidad que contribuyeran por sí solas a la colecta de los fondos, a lo cual respondieron cientos de ellas vendiendo sus joyas, ornamentos y mejores vestidos, a fin de aportar su cuota para dichos fondos, que llegaron a superar el doble de la cantidad que se les había pedido que recolectaran.

En resumen, así de profundo y marcado es el efecto de las enseñanzas del Movimiento sobre cada miembro de la comunidad, hasta el punto de que causa admiración a todos los observadores. Ello es admitido incluso por los enemigos más acérrimos del Movimiento, que tratan de encubrirlo afirmando que se trata de ostentación e hipocresía. ¡Bendita sea tal hipocresía que ha sanado a los enfermos y resucitad a los muertos! ¡Ojalá que tal hipocresía prevaleciera en todos los lugares del mundo!

Concluyo el presente escrito con unas palabras:

¡Escuchadme, hombres y mujeres! Hemos sido creados por Dios para incorporar Sus atributos a nuestras propias personas, y convertirnos en manifestaciones de Su Gloria. En tanto en cuanto no alcancemos este objetivo, no podremos proclamar que hemos alcanzado el éxito. ¿Qué valor tiene nuestro progreso material? No es más que un pasatiempo. ¿Qué beneficio nos proporciona este progreso, si desagradamos a Dios, y cerramos ante nosotros mismos la puerta del desarrollo espiritual eterno? Podremos realizar grandes inventos, pero si no buscamos el conocimiento que ilumine nuestra vida eterna, nos comportaremos como el estudiante que invierte su tiempo en el juego, y se muestra satisfecho con derrotar a su adversario en los deportes, sin prestar atención al certamen del que depende la reforma de toda su vida.

La vida auténtica es aquélla que no conoce fin; el placer verdadero es el que nunca se destruye, y el conocimiento real es el que siempre se incrementa. Por lo tanto, tornad hacia la vida eterna, hacia la alegría inacabable y el conocimiento auténtico a fin de que disfrutéis de la paz en esta vida y en la otra, y tengáis éxito en la búsqueda del agrado de Dios, alcanzando así el objetivo de vuestra existencia.

Dios, que ha observado vuestra perplejidad y angustia, ha abierto de par en par la puerta de Su misericordia, y ha acudido en persona a llamaros hacia Él. Apreciad, por lo tanto Su gracia y Su amor y no rechacéis Sus bendiciones.

No os alejéis de Sus favores ni los desdeñéis, pues Él es el Creador y Maestro ante Quien el orgullo y la vanidad no sirven de nada. Adelantaos y entrad en el pórtico de Su gracia a fin de que os alcance Su misericordia y os envuelva el manto de Su gracia.

¡Oh pueblo de Inglaterra! Dios os concedió honor en este mundo, e incrementó vuestras responsabilidades, pues quien posee una mayor parte de los favores, adquiere responsabilidades más grandes. A través de la gracia divina habéis dominado distintos océanos a lo largo de centenares de años, de forma que vuestro propio país es conocido como “la reina de los océanos”, pero ¿habéis prestado vuestra atención y vuestra mirada al Rey, que es la Fuente de todo el honor y Quien os ha elevado a este pináculo? ¿Tratasteis alguna vez de descubrir el océano del conocimiento divino que nace en el corazón del buscador sincero? Os dirigisteis al norte y al sur, y explorasteis todas las aguas de la superficie de la tierra, y rebuscasteis en las profundidades, pero he aquí que nunca os sumergisteis para sondear la profundidad del océano del conocimiento espiritual, ni tampoco enviasteis expediciones para descubrirlo.

Habéis recorrido el mundo en busca de tierras, explorando nuevas regiones, y vuestros navíos atravesaron los mares en todas las direcciones, pero nunca salisteis en busca del Amado, el Creador de la tierra y el mar. ¿Es sabio recoger las hojas secas que caen de un árbol, despreciando su fruto?

Os transmito las buenas nuevas de que la misericordia divina se ha manifestado, como se hubo manifestado cientos de años atrás, en los días de Muhammadsa, los días de Jesúsas de Nazaret, de David, de Moisésas, de Isaac, de Abrahamas y de Noé.

El sol del conocimiento ha surgido hoy, igual que surgió en el tiempo de los profetas anteriores. Por lo tanto, en lugar de permanecer en el interior cerrado de vuestras habitaciones, salid e inhalad el aire fresco y refrescante de la misericordia divina en las amplias regiones del mundo del espíritu. Iluminad vuestros ojos con la deliciosa luz del sol del conocimiento divino, pues estos soles no salen todos los días. Os digo a vosotros y a todos aquéllos que viven en paz bajo la bandera británica ¡Mirad! la mano de las bendiciones de Dios está sobre vosotros; postraos, pues, respetuosamente ante El”.

¡Oh país de Gales! Observa tu industria y trabajo y medita cuánto de dicho trabajo se hace por Dios.

¡Oh Escocia! Estás orgullosa de tu libertad, pero ¿diste prueba de tu amor por la libertad tratando de entender y aceptar las palabras de Dios, igual que hiciste con otros asuntos?

¡Oh pueblo de Irlanda! Vuestro celo y patriotismo son proverbiales; sin embargo, ¿os habéis mostrado igualmente celosos en vuestro amor por Dios? ¿Habéis mostrado el mismo anhelo por obtener el conocimiento de Dios como el que mostrasteis para el logro de vuestro orden patriótico?

¡Oh gentes de las colonias! Disponéis de la aptitud y presteza para colonizar nuevas tierras, pero ¿por qué os mostráis indiferentes a la hora de colonizar la isla de la sabiduría divina que ha hecho su aparición en el océano del conocimiento?

Os digo de nuevo: ¡mirad! Dios ha depositado la mano de Sus bendiciones sobre vuestras cabezas; por lo tanto, arrodillaos respetuosamente ante Él, pues Él es el Rey de reyes y Emperador de emperadores. Inclinad vuestra cabeza ante Él, a fin de que Él las unja con las bendiciones de la fe, al igual que las ungió con las bendiciones de este mundo.

Las bendiciones de Dios son ilimitadas. Él es el Dios de todas las tierras y de todos los pueblos. Su verdadero siervo elude los límites de las fronteras y las formas; ama ciertamente a su propio país y territorio, pero el alcance de su simpatía excede al ámbito de su propio pueblo y nación. Desea el bien de toda la humanidad y se siente ligado a todos los hombres mediante el vínculo de la fraternidad, que es la herencia particular del hombre, ya que todos somos criaturas del Único Dios, Señor de los mundos. El blanco y el negro, el oriental y el occidental, los paisanos y los extranjeros, son iguales ante sus ojos. La simpatía por todos y cada uno de ellos se encuentra profundamente enraizada en su corazón, y su pecho rebosa plenitud de amor hacia todos ellos. Él es, en realidad, una verdadera manifestación del Señor de los mundos. Por ello, no limito mis palabras a ningún pueblo o nación en particular, sino que invito a todas las naciones de la tierra al mensaje de este Dios que nunca se ha mostrado negligente con nadie a la hora de distribuir Sus favores, y Quien ha abierto de par en par las puertas de su Misericordia a las gentes de todos los países por igual. Y también digo: ¡Oh gentes de América y Europa! ¡Oh habitantes de Australia y África! y ¡Oh gentes de Asia! Despertaos de vuestro sueño de indiferencia y abrid vuestros ojos, porque el sol del amor de Dios ha surgido desde la tierra desconocida de Qadián para recordarnos a cada uno el amor del Rey Eterno que siente hacia Sus siervos, a fin de que desaparezca la oscuridad de la duda y las vacilaciones, y se aleje la frialdad de la indiferencia y negligencia. Que huyan y se oculten en las oscuras cavernas, que son su auténtica morada, los promotores del vicio, la opresión, los asesinatos, y toda clase de maldad, que siempre acechan para despojar al hombre de la riqueza de la fe y de la paz. Que los hombres sinceros y santos, que disfrutan de vidas celestiales en la tierra, bajo la luz de este Sol, destruyan la cabeza de la serpiente que engañó a Adán y Eva, y rompan las venenosas garras de Satán, librando al mundo de su astucia.

¡Oh habitantes de las tierras de Oriente y Occidente! Sentíos optimistas y no os desaniméis, porque el novio que era esperado desde hace tanto tiempo, al fin ha llegado. No estéis tristes ni apenados, pues no es el momento de sentir tristeza ni aflicción. Al contrario, es tiempo de alegría. No es la hora de la desesperación, sino de la esperanza y la expectación. Por lo tanto, adornaos con las guirnaldas de la santidad y los ornamentos de la pureza, pues vuestros deseos largamente anhelados han sido cumplidos, y lo que fue deseado a lo largo de siglos, ya ha acontecido.

El Señor, vuestro Dios, ha acudido por Sí mismo a vuestros hogares. Vuestro Maestro en persona desea complaceros. Olvidemos nuestras insignificantes disputas, y unámonos ante las manos del mensajero bendito de Dios para entonar los himnos de las alabanzas de nuestro Señor, y los cánticos de adoración. Mantengamos una sujeción tan firme a Su manto que nuestro Amado nunca vuelva a estar separado de nosotros. ¡Amén!

Y que nuestras últimas palabras sean: “Que todas las alabanzas sean para Al’lah, el Señor de los Mundos”.

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