Una visión de pastos más verdes
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Una visión de pastos más verdes

Por Eaman Almasri, Canadá

La pérdida de tus cimientos es una de las experiencias más difíciles en el mundo. Perder todo lo que sabes es verdaderamente un tipo de muerte. Dejar atrás tus recuerdos, logros, amigos, un hogar, la misma tierra que lleva todos tus sueños y esperanzas – puede hacer que uno pierda toda la esperanza.

En mi tierra natal de Siria, esto fue exactamente el horror al que tuvimos que enfrentarnos. Al principio, decidimos intentar tolerar las dificultades. Simplemente aguantar de manera constante las crecientes tensiones por amor a nuestra amada patria. Sin embargo, antes de que nos diéramos cuenta, los sucesos se habían intensificado a velocidad de vértigo. Dentro de poco, nuestra casa fue literalmente quemada. Mi padre fue obligado a dejar su trabajo, y comenzamos a enfrentarnos a amenazas mayores cada día. Aún así seguíamos dispuestos a soportar los tiempos difíciles y seguir aferrándonos a la esperanza cada vez menos de permanecer en Siria.

Eso fue hasta que sucedieron terribles acontecimientos. La escuela de mi hermano mayor fue bombardeada y perdió a dos de sus amigos. Entonces, estuvimos obligados aceptar la cruda realidad: cada momento que permanecíamos allí, nuestras vidas literalmente colgaban de un hilo, suspendidas  entre una muerte inevitable y la idea desgarradora de ella. Así que embalamos nuestras pertenencias junto con nuestros recuerdos y el amor que teníamos por nuestra tierra natal y nos fuimos. Recuerdo extrañar a mi patria aún antes de que saliéramos. Tenía la esperanza de lo que nos esperará en el futuro, que un día la felicidad que sentíamos en nuestro “ayer”, volviéramos a sentir esa felicidad en nuestro “mañana”. Es una cosa rara cuando tu mañana ya no es un tiempo misterioso, sino un lugar desconocido.

Pudimos emigrar a Turquía, pero la vida allí era demasiado exigente. Sentimos el sorprendente contraste todos los días, con la forma en que vivíamos en Siria. Pronto, enfermamos por la falta de comida y alimento. Mis padres, en un esfuerzo de mantenernos calientes, caminaban hacía el bosque y cortaban leña para nuestra luego traerla a nuestra casa.

Mientras estábamos en Turquía, solicitamos la inmigración canadense. Un poco después, llegó el sagrado mes de Ramadán. Hemos sido testigos de las bendiciones que este mes nos aporta muchas veces anteriormente. Entonces, nos dedicamos a las oraciones y  súplicas fervientes rogando a Al´lah por Su misericordia. Recuerdo que era el día 28 del mes sagrado, pero todavía no habíamos escuchado ninguna noticia. Decidí dedicar la noche entera a rezar, suplicando a Al´lah por Su misericordia. Aquella noche, mi corazón se llenó con el sentido de las bendiciones de Al´lah y un consuelo increíble llenó mi persona de los largos días de preocupación.

Aquel día, vi una visión de mi familia por un tren viajando a un destino no especificado. En él, miré a mi padre a  los ojos y le pregunté “¿cuándo llegamos?”

Él contestó “Ya casi llegamos, ten paciencia.” Luego, el tren se detuvo y las puertas se abrieron de par en par como si fuera una verja muy grande. Mi familia y yo nos bajamos del tren y fuimos recibidos por una pacífica y tranquila tierra verde llena de las flores más brillantes, ahí mi visión terminó.

El próximo día, recibimos noticias de que se había aprobado nuestra solicitud.

Llegué a Canadá junto con seis de mis familiares en 2015. A través de la gran misericordia de Al´lah y Sus incesantes bendiciones, puedo escribir esto sentado de manera segura en un país que nos ha proporcionado paz, seguridad, y abundantes oportunidades. Toda alabanza pertenece a Al´lah.

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