Un Mensaje de Paz y una palabra de Advertencia

Hazrat Mirza Nasir Ahmad

Hazrat Mirza Nasir Ahmad


Ver más sobre el autor
id="" class="ftwp-heading"

Les presentamos un discurso pronunciado por Hazrat Mirza Nasir Ahmad, el Tercer Jalifa Supremo de la Comunidad Ahmadía del Islam (Dios esté contento con él), pronunciado el 28 de Julio de 1967 en Wandsworth, Londres.

Como Jefe del Movimiento Ahmadía del Islam, tengo el honor de desempeñar un cargo espiritual. Debido a esta condición, he asumido responsabilidades que en ningún momento me está permitido ignorar hasta que exhale el último suspiro. Responsabilidades que comprenden a todos mis semejantes, cada uno de los cuales me es querido debido a tal lazo fraterno.

Hermanos: En este momento la humanidad se encuentra abocada al desastre. Por ello, soy portador de un mensaje trascendental para vosotros y para todos los demás. En atención a la circunstancia, procuraré ser breve.

Mi mensaje es de paz, armonía y esperanza para la humanidad. Espero sinceramente escuchéis con toda atención lo que tengo que decir y reflexionéis sobre ello con mente libre y lúcida.

El año 1835 ocupa un lugar de excepción en el calendario humano. En este año nació un niño en Qadián, desconocida aldea de la India Septentrional. Durante generaciones sus antepasados gobernaron con gran distinción la zona circunvecina.

Pero la gran familia había decaído perdiendo buena parte de su gloria. El niño que entonces naciese no fue un niño cualquiera. Estaba designado a desencadenar una gran REVOLUCIÓN, no sólo en el Reino del espíritu, sino también en el de la materia. Sus padres le llamaron Ghulam Ahmad, y posteriormente el mundo le conoció por Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani. Dios le había designado Mesías y Mahdi (as).

Antes que yo explique sobre esta revolución espiritual y material, describo en breves palabras su biografía.

La crónica familiar señala que vino al mundo el 13 de Febrero de 1835. Fue una época de gran ignorancia. En aquella parte de la India eran pocas las personas amigas del saber. Sólo unas cuantas sabían leer y escribir. Con frecuencia, las cartas quedaban sin ser leídas por falta de un lector.

En esta época de ignorancia los tutores a quienes se encomendara la educación del niño no eran muy instruidos. Le enseñaron a leer el Santo Qur’an. Mas no eran competentes para darle una instrucción primaria sobre el sentido y las honduras espirituales del Santo Qur’an. También le impartieron una instrucción elemental en árabe y persa; aprendió a leer en ambas lenguas, sin llegar a dominar ninguna de las dos. Estudió algunos libros sobre el sistema de medicina indígena terapéutica guiados su padre, un médico famoso.

Esta fue toda su educación regular. Es verdad que le gustaban los libros y que generalmente en la biblioteca paterna le ocupaba la lectura. Pero como en aquel entonces la instrucción y la educación no se tenían en gran estima, su padre quiso que le ayudase a dirigir sus asuntos mundanos, interesándose por ellos para ganar en consideración social y popularidad. Por lo tanto, su padre trató de apartarle de sus estudios, advirtiéndole que le perjudicarían su salud.

Por supuesto que, con educación tan elemental no podía haber llevado a cabo la tarea formidable que Dios le asignara. En consecuencia, fue el propio Dios su mentor y maestro, enseñándole el sentido del Santo Qur’an y los secretos del espíritu y la vida. Iluminó su mente con su propia luz y Le bendijo con el dominio de la pluma y con la belleza y la dulzura de la expresión, ayudándole a escribir una multitud de libros de brillantez insuperada y a pronunciar discursos que son venerables por su ciencia y sabiduría espiritual.

La fecha de su nacimiento había sido vaticinada por los Profetas anteriores, destacándola en sus dichos y escrituras. Mencionaré aquí solamente una de esas profecías del Santo Profeta Muhammad, el Jefe de los Profetas (saw). Había profetizado acerca del Mahdi mil trescientos años antes que una serie de falsos pretendientes al puesto del Mesías Prometido y Mahdi surgiera entre los musulmanes. Ninguno de ellos sería el Mahdi auténtico, excepto uno que habría de ser un verdadero seguidor del Santo Profeta Muhammad (saw). Grandes signos celestiales aparecerían para probar la verdad de su pretensión. Estos signos serían los eclipses de sol y luna que habrían de producirse durante el mismo mes de Ramadán. El eclipse lunar tendría lugar en la primera de sus noches posibles de tales eclipses, es decir, la decimotercera. El eclipse solar acaecería durante el segundo de los días eventuales de tales eclipses, es decir, el vigesimoctavo.

En verdad que fue una gran profecía la fijación del mes de Ramadán de entre todos los meses del año, así como el establecimiento de las fechas concretas de los eclipses. Predecir tal conjunción de acontecimientos rebasaba los límites de la inteligencia humana. En efecto, llegada la hora el pretendiente apareció realmente y declaró ser el Mahdi, lo que vino acompañado por los signos celestiales –los dos eclipses-, según lo anunciado con precisión y exactitud. No cabe duda de que este vaticinio del Santo Profeta Muhammad (saw) –como lo demostrarían los hechos trece siglos más tarde- estaba inspirado por la divinidad, siendo sobrehumano su origen.

De este modo, se cumplió la profecía. El niño nacido en 1835 manifestó en 1891 ser el Mesías Prometido y el Mahdi. En apoyo de su pretensión presentó numerosos argumentos y citó una larga serie de signos celestes. También expuso al mundo una serie de profecías propias, algunas de las cuales se cumplieron en su misma época, mientras que el cumplimiento de las otras se realizó después y continúa en el día de hoy.

Los teólogos de su tiempo rechazaron su pretensión. Una de las razones aducidas para refutarlas fue el no haberse cumplido aún la profecía del Santo Profeta (saw), o sea, la concerniente a los eclipses de sol y luna que iban a producirse en un mes determinado y fechas concretas. Por lo tanto, según ellos, no podía ser el Mahdi. Ahora bien, el Dios Omnisapiente y Todopoderoso hace buenas siempre Sus promesas y trata con amor y constancia a Sus siervos sinceros. Así que, manteniendo Su promesa y la profecía del Santo Profeta (saw), los eclipses de sol y luna acaecieron en el mes exacto y en las fechas exactas, en 1894, expresando así al mundo entero que el Dios de Muhammad (saw) es Todopoderoso y Supremo. Mostró esta señal no sólo una vez sino dos, pues se repitió al año siguiendo en el hemisferio occidental. Los dos eclipses sucedieron en el mes exacto y en las fechas justas, a fin de que tanto las gentes de Oriente como las de Occidente, del mundo antiguo y del nuevo, testimoniasen la gloria y el poder de Dios, la verdad del Santo Profeta Muhammad (saw) y su hijo espiritual Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (as). Grande es el Santo Profeta (saw) y grande es su hijo espiritual (as), en cuya persona se cumplió la profecía.

Desde Muhammad (saw) hasta Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (as), a lo largo de mil trescientos años, fueron muchas las personas que se jactaron de ser Mahdis. Pero el sol y la luna no testificaron la verdad de ninguno de ellos, salvo en el caso de Hazrat Mirza Ghulam Ahmad (as). Esto nada más debería bastar para que lo consideréis desapasionada y seriamente, reflexionando sobre la afirmación de este demandante, cuyo mensaje tengo el honor de transmitiros esta tarde y a cuyo lado estuvieron el sol y la luna para ser testigos vehementes de su verdad y veracidad. Y basta de sol y luna. Volvamos a la tierra, y oigamos qué dice.

En el advenimiento del Mesías Prometido y Mahdi estaban a punto de producirse cataclismos extraños y extraordinarios y cambios revolucionarios, tanto materiales como espirituales. Efectivamente, todas las revoluciones y todos los cambios históricos principales que son dimensiones diferentes del proceso revolucionario iniciado con su advenimiento como Mahdi y Mesías, testimonian su verdad. Más aún; tales cataclismos están ocurriendo tal y como predijesen el Santo Profeta (saw) y el Mesías Prometido (as). Citaré unos ejemplos.

Durante los primeros días de la misión del Mesías Prometido no existía ningún país oriental que pudiera rivalizar con el poderío de las naciones civilizadas y poderosas de Occidente. En 1904 le fue revelado que algunas naciones orientales surgirían en plan de potencias mundiales capaces de desafiar la supremacía de Occidente. Poco después, en 1905, Japón derrotaba a Rusia y aspiraba a ser una potencia mundial en Oriente. Más tarde, tras la caída de Japón en la Segunda Guerra Mundial, China emergía como una gran potencia del Este. La aparición de estas dos naciones como potencias mundiales cambió el curso de la historia, y a medida que pasen los años, su impacto se hará sentir en mayor escala aún.

Todo ello había sucedido de conformidad con la voluntad divina, tal como el Mesías Prometido (as) lo revelara.

Otro acontecimiento importante de este género, que influiría hondamente en todo el mundo es la liquidación del Zar y de su régimen imperialista y del triunfo del comunismo. La revolución rusa, que parece haber modificado el curso de la historia, se produjo exactamente de acuerdo con las manifestaciones del Mesías Prometido (as). En 1905 profetizó, basado en la revelación divina, que pasarían por horrendas calamidades el Zar de Rusia, su familia y todo su sistema de gobierno. Resulta una coincidencia extraña que a los pocos meses de su anuncio profético, se sentaran las bases de un partido político que, doce o trece años después, destruyó la monarquía y la casa imperial de los Zares. El progreso consiguiente del comunismo, así como de sus vastas ramificaciones son demasiado conocidos para que necesite entrar en detalles. Baste decir que el derrocamiento del régimen zarista y el triunfo del comunismo en Rusia y en otras partes, constituye un capítulo trágico en la historia de la humanidad, que causa dolor leer, pero que de ningún modo puede ser ignorado. Ningún país del mundo, incluido el nuestro, ha sido inmune a su impacto. Pero el modo como las cosas han sucedido no nos sorprende ni nos asusta. Su intensidad, velocidad y dirección fueron predichos por el Mesías Prometido (as) y a su debido tiempo se verá que contribuyeron materialmente a la consumación del designio Divino. Ha sido pronosticado –y el pronóstico fue gráfico y minucioso- que en los días del Mahdi y Mesías Prometido emergerían dos grandes potencias y que el mundo se vería dividido en dos campos hostiles. Ninguna otra potencia sería lo suficientemente fuerte como para disputarles la supremacía. Posteriormente llegarían al choque y lucharían, pereciendo en la demanda. Esta, no obstante, no es la única guerra sobre la que llamó la atención el Mesías Prometido y Mahdi. Profetizó cinco grandes catástrofes a escala mundial.

Respecto a la Primera Guerra Mundial, declaró que cogería al mundo por sorpresa. El mundo quedaría estremecido. Los viajeros habrían de afrontar graves problemas. Los ríos se pondrían rojos de sangre. Los jóvenes atemorizados, se volverían viejos. Las montañas reventarían. Los horrores de la guerra enloquecerían a las gentes. Sería el tiempo de la destrucción del Zar. Se sembraría la semilla del comunismo. Las flotas se mantendrían alerta en zafarrancho de combate. Los imperios serían derrocados y las ciudades se volverían cementerios. Semejante holocausto vendría acompañado por otra Guerra Mundial de proporciones aún mayores y consecuencias más mortíferas. Cambiaría el mapamundi y se remodelaría el destino de las naciones. El comunismo aparecería como fuerza mundial y empezaría a imponer condiciones. Vastas zonas caerían en su poder.

Exactamente es lo que aconteció después de la Segunda Guerra Mundial. Muchos países de Europa oriental tornarían al comunismo, seguidos de setecientos millones de chinos. Las nuevas naciones de África y Asia están muy influidas por el comunismo. El mundo está dividido en dos campos hostiles, con las armas más modernas, dispuestos a sumir a la humanidad en un infierno ardiente de muerte y destrucción.

El Mesías Prometido (as) aseguró asimismo que una Tercera Guerra Mundial, de proporciones aún mayores, vendría después de la segunda. Los dos campos antagónicos chocarían tan repentinamente, que ambos se verían cogidos por sorpresa. La muerte y la destrucción lloverían desde el cielo y las llamas furibundas devorarían la tierra.

Los colosos de la civilización moderna caerán al suelo. Tanto el bloque comunista como el bloque opuesto perecerán en la demanda. Rusia y sus satélites, por un lado, y Estados Unidos y sus aliados, por otro, serán destruidos; su poderío quedará deshecho, su civilización será arruinada y sus sistemas hechos añicos. De semejante calamidad, Rusia ha de recuperarse antes que Occidente. La profecía dice bien claro que el pueblo ruso se recuperará multiplicándose rápidamente. Se avendrá a la idea del Creador y aceptará el Islam y a su Santo Profeta (saw). Un pueblo que intenta borrar el nombre de Dios sobre la faz de la tierra y expulsarlo del cielo se dará cuenta de la locura de su actitud y, al fin, se someterá a Él, siendo firme creyente en su Unidad y Unicidad.

Podéis considerarlo una fantasía. Pero los que sobrevivan a la Tercera Guerra Mundial testimoniarán y darán fe de la verdad de cuánto he dicho. Son palabras de Dios Todopoderoso. Se cumplirán. Su designio no puede evitarlo nadie.

El fin de la Tercera Guerra Mundial marcará el comienzo del triunfo del Islam. La gente aceptará en masa su verdad, convenciéndose de que únicamente el Islam es la religión verdadera y que la emancipación del hombre sólo ha de conseguirse mediante el mensaje de Muhammad (saw).

Todos estos acontecimientos son hitos en la historia humana. La aparición de Japón y más tarde de China en el horizonte oriental en calidad de grandes potencias; el aniquilamiento total de la Rusia zarista; el triunfo del comunismo y su influencia creciente en el mundo entero; la Primera Guerra Mundial, que ocasionó una conmoción catastrófica en el mundo, no son sucesos corrientes. Se produjeron como estaban profetizados. Hemos de recordar que el Mesías Prometido cumplió su misión y pasó a gozar de la misericordia de Al-lah el 26 de Mayo de 1908. Mucho antes se había dado publicidad a todas estas profecías.

Así pues, es cierto que la revelación y las profecías sobre el triunfo final y universal del Islam se harán realidad a su debido tiempo, ya que son los eslabones de la misma cadena.

Las señales del resurgimiento del Islam ya son evidentes. Tal vez no estén muy claras, pero son fáciles de percibir. El sol del Islam brillará con todo su esplendor iluminando al mundo. Pero antes de que esto suceda, el mundo habrá de pasar por otra guerra –un baño de sangre- que dejará debilitada y purificada a la humanidad.

Páginas: 1 2