La familia y la educación infantil
En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al'lah, Muhammad es el Mensajero de Al'lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)
Contenidos relacionados por temas

Actualmente, hay un gran debate sobre la educación infantil y la implementación del pin parental propuesto por Vox en distintas comunidades de España. Muchos padres se preguntarán: ¿cuál es la mejor forma de educar a nuestros hijos? El islam ofrece una guía detallada acerca de la suma importancia de la educación de nuestros hijos e hijas, ya que ellos determinan el bienestar social de nuestro país.

Noticia del pin parental

“La responsabilidad de la educación infantil no es solo del Estado, sino que es colectiva, una responsabilidad de todos para que se haga el bien y se abstengan del mal. El Islam hace responsable a la misma sociedad. Esta debe educar mediante la amonestación constante, el consejo y la sabia sugerencia, y no mediante la espada o una legislación restrictiva.”

“Si los sistemas sociales y económicos ignoran la diferencia constitucional entre hombres y mujeres, y su diferencia correspondiente en el papel de los dos sexos en la sociedad, entonces dicho sistema está destinado al fracaso en su intento de crear un Estado saludable y equilibrado.”

Puntos clave

  • La falta de moralidad nos puede conducir al desorden social.
  • La responsabilidad de la educación infantil es de todos.
  • En cuanto a la generación futura, el Santo Corán educa a la sociedad de una manera única.
  • El beneficio de asignar roles a los padres y las madres.
  • La familia es la unidad central más importante de la sociedad.

Las enseñanzas del Santo Corán abarcan todas las esferas de interés y actividades humanas como un sistema completo, religioso, social, económico y moral que puede ser aplicado universalmente. La educación de las generaciones futuras se encuentra por tanto inmersa en esta esfera y se basa en la moralidad. Una educación que rechaza los códigos éticos y religiosos tiende a incrementar el pánico nacido de la creciente falta de seguridad y desorden en el comportamiento social.

Si en una sociedad los códigos éticos religiosos o tradicionales son deficientes, la moralidad pierde su importancia y sentido para una generación que, en absoluto, acepta a ciegas su herencia tradicional como válida y digna de confianza. Tal generación habrá de pasar necesariamente por un período crítico, de transición, de vacío total. Esto, a su vez, originará un movimiento de búsqueda imperiosa. El proceso de búsqueda podrá conducir o no al descubrimiento de un código de conducta mejor y más satisfactorio.

Podría, por lo contrario, acabar en un caos total o en un estado de anarquía moral. Por desgracia, tal como veo las cosas, parece que la última opción es la elección de la sociedad moderna. El mundo moderno parece estar mucho más atento y consciente del creciente nivel de polución de la atmósfera material que del progresivo nivel de polución de nuestra atmósfera social.

Lo que se observa hoy día es un fenómeno que ha de ser discernido y analizado con cuidado. Lo que llamamos permisividad en la relación sexual se expresa como una tendencia creciente a hurtar y a robar en otras áreas de la actividad humana, así como a lastimar y herir a los demás.

La persecución desinhibida del placer, que pervierte el gusto, nace de las mismas tendencias decadentes que están acabando con los edificios más notables de la civilización y causando el retorno a modos de vida correspondientes a tiempos anteriores. La poesía, la literatura, el arte, la música, los estilos, las modas, las exposiciones, el gusto por la fragancia y el desarrollo de la conducta decente y cultivada son resultado, en importante medida, de un impulso manifestado como respuesta  a la imposición de social. Puede llegar un tiempo en que las generaciones futuras se revelen y rechacen los logros sociales, conseguidos a lo largo de miles de años de progreso.

La responsabilidad de la educación infantil no es confiada solo al Estado, sino que es algo colectiva, responsabilidad de todos, para que se haga el bien y se abstengan del mal. El Islam hace responsable a la misma sociedad. Esta debe educar mediante la amonestación constante, el consejo y la sabia sugerencia, y no mediante la fuerza o una legislación restrictiva. Desde luego que los aspectos legislativos y su aplicación son prerrogativas del Estado. Lo que he intentado enfatizar es, simplemente, el hecho de que, según el Islam, la maquinaria del Estado por sí misma es insuficiente para suprimir, desalentar o minimizar el crimen y la violencia.

Una vez que se permite que las tendencias criminales se desarrollen y florezcan en los hogares y la sociedad en general, lo más que puede hacer un gobierno es liquidar los síntomas de vez en cuando. La raíz causante del mal está demasiado honda para que el brazo de la ley pueda alcanzarla. Es tarea primaria de las familias, de los líderes de opinión pública y de los líderes religiosos, erradicar el mal. Por tanto, la educación infantil es de máxima importancia pues es en donde se comienzan a forjar y a modelar la personalidad de los futuros adultos y es donde con mayor facilidad se pueden inculcar los mejores hábitos de conducta y valores morales y éticos.

En cuanto a la generación futura, el Santo Corán educa a la sociedad de una manera única. Enseña que, para conseguir la mejor relación entre padres e hijos, es sumamente esencial que la relación entre el padre y la madre sea también excelente. El comportamiento de los padres debe ser tal que conlleve la creación de un ambiente ideal para una vida familiar sana. Si los padres desean realmente que sus hijos crezcan como miembros de una sociedad honrada, deben recordar que las relaciones mutuas entre maridos y esposas juegan un papel fundamental en la formación o en la ruptura del carácter de sus hijos.

El Santo Corán declara:

 Y quienes dicen: “Señor nuestro, concédenos de nuestras esposas e hijos el consuelo de nuestros ojos, y haz que seamos un modelo para los virtuosos”. (25:75)

Esta plegaria posee un encanto único y está llena de sabiduría profunda. Se enseña a ambos cónyuges que oren por su pareja y por sus hijos, para que Dios les conceda siempre la felicidad y la satisfacción verdadera tanto a su pareja como a sus hijos, y convierta a su descendencia en precursores y líderes de una generación justa y temerosa de Dios.

Dirigiéndose exclusivamente a la generación más joven, respecto a sus derechos y obligaciones, el Santo Corán advierte:

“¡Oh vosotros, los creyentes! Temed a Al-lah; y que cada alma considere lo que prepara para el mañana. Temed a Al-lah, pues en verdad Al-lah conoce muy bien lo que hacéis.” (59:19)

El Corán advierte a los padres que si fracasan en el ejercicio de su responsabilidad hacia su descendencia, y dejan tras de sí una generación que sea censurable por su conducta, entonces serán los padres quienes habrán de responder ante Dios.

De igual manera se advierte a los padres que “no maten a sus propios hijos” (59:19), en el sentido que no contribuyan o sean responsables, en alguna medida, de la destrucción de su carácter. No sólo los hijos propios, sino toda la generación joven en su conjunto, han de ser tratados con amor, bondad y respeto, según el consejo firme ofrecido por el Santo Profeta del Islam, la paz y bendiciones de Dios sean con él, quien dijo:

“Mostraos siempre bondadosos con vuestros hijos” (Ibn Mayah: Libro del Adab C. Birul Wala)

 

La vida familiar gira alrededor de una figura central, única y prioritaria: la madre. Quienes hablan de la igualdad en todas las esferas, olvidan que el asunto de la igualdad se vuelve irreverente en aquellos terrenos donde el hombre y la mujer están constituidos de manera diferente.

Sólo las mujeres pueden dar a luz a los hijos. Sólo ellas pueden pasar nueve meses nutriendo la semilla de la generación humana futura. También son las mujeres las más capacitadas para cuidar de sus pequeños, al menos durante el primer período de la infancia y la niñez, como ningún hombre sería capaz. Por eso, debido a la larga relación íntima de sangre con su descendencia, es la mujer la que tiene un vínculo psicológico más estrecho con sus hijos en comparación con el hombre.

Si los sistemas sociales y económicos ignoran esta diferencia constitucional entre hombres y mujeres, y su diferencia correspondiente en el papel de los dos sexos en la sociedad, entonces dicho sistema está destinado al fracaso en su intento de crear un estado de sano equilibrio. Es principalmente por estas diferencias constitucionales entre el varón y la mujer por lo que el Islam propone, en correspondencia, roles diferentes para ambos.

La mujer debe permanecer libre, en la medida de lo posible y siempre que sea posible, de la responsabilidad de ganar el pan para la familia. Esta responsabilidad, en principio, ha de recaer sobre los hombros del varón. No obstante, no hay razón por la cual a las mujeres se les excluya de poner su parte en los asuntos económicos, siempre que tengan libertad suficiente para hacerlo sin descuidar su responsabilidad en la crianza de los hijos.

Las mujeres deben poseer el DERECHO de permanecer en el hogar mayor tiempo. No se trata de que estén atadas a sus delantales, ni encarceladas entre las cuatro paredes de su hogar. De ninguna manera el Islam restringe los derechos de las mujeres a realizar otro tipo de tareas que deseen, pero advierte que nunca deben ser a costa de sacrificar la vida familiar y llevar a la desatención hacia sus hijos. La generación futura tiene sus propios intereses y sus derechos, los cuales se olvidan generalmente. Se debe actuar de forma coherente y responsable.

Constituir una vida familiar alrededor de la figura de la madre, exige el fortalecimiento de otros vínculos de sangre y el restablecimiento de una afinidad auténtica entre parientes y amigos. Aunque cada unidad viva separadamente, este concepto amplio de familia es apoyado y promovido por el Islam por varias razones, algunas de las cuales son las siguientes:

  1. Previene los desequilibrios sociales.
  1. Si se promoviera un cariño familiar intenso entre hermanos y hermanas, padres e hijos, etc., ellos redundarían, de forma natural, en la consolidación y protección de una unidad familiar sana. Este vínculo natural se vería fortalecido por un sistema de relaciones circundantes, mediante una afinidad y cercanía genuina entre tías, tíos, sobrinas, sobrinos, primos, nietos y abuelos. Nuevos caminos de búsqueda de bienestar sano, derivado de la conciencia de pertenecer a este grupo, se abrirían para este sistema familiar más amplio. Se acabaría, por tanto y en cierta medida, con aquellos problemas psicológicos derivados de la falta de identidad y con la tan temida enfermedad de nuestro tiempo: la soledad.
  1. La institución familiar, en tales casos, es más difícil que se fragmente. Los miembros de la familia continuarían gravitando alrededor de la guía central de los mayores del grupo y la mayor parte de las actividades familiares girarían en torno a ese eje.

Este es exactamente el concepto islámico del hogar y la familia que se considera como la unidad central más importante de la sociedad. Es, sobre todo, a causa de esta diferencia de actitudes por lo que hoy encontramos en las sociedades modernas, una incidencia muy elevada de padres abandonados, viejos o minusválidos, olvidados, solitarios, arrojados de sus familias como artículos inútiles.

La filosofía social islámica enseña que ninguna generación debe permitir que surja un bache entre ella y la generación anterior, ni entre ella y la generación futura. Los baches generacionales son totalmente ajenos al Islam.

La insistencia en conseguir que la mejor relación entre una generación y otra que desaparece lentamente, garantiza que no existan vacíos generacionales. Tales vacíos interrumpen siempre la transmisión de los valores éticos, morales y tradicionales. Pues son los abuelos con su cariño y su sabiduría alcanzada con los años los más capacitados para tales menesteres.

En una sociedad islámica, se insiste de forma tan repetitiva en el amor entre padres e hijos, que es imposible que un hijo abandone a sus padres cuando lleguen a la vejez, por motivos de placer.

El creyente comienza a respetar a sus semejantes teniendo presente un objetivo más elevado y más noble, es decir, aparte del respeto y la obligación debidos a Su Creador, empieza a amar a la humanidad. Se puede decir entonces que, es en esencia el amor de Dios, el que se transforma en el amor por Su creación.  Es por ello que los padres deben educar a sus hijos en este amor a Dios y animarles a tener un recordatorio constante de Dios.

Este amor por Dios ya es mostrado al niño o niña musulmana desde el momento mismo de su nacimiento.  Cuando un niño o niña musulmana viene al mundo, sus padres celebran este hecho dando gracias a Dios, orando y llevando a cabo ciertas ceremonias. La más significativa consiste en recitar el Azán o la llamada a la oración en los oídos del bebé. Una vez limpio y aseado el recién nacido, se le recita el Azán en el oído. Este rito puede ser realizado por cualquiera, pero generalmente es un familiar o una persona piadosa la requerida para ello.

El Azán es la llamada a la oración, el cual invita a los musulmanes al cumplimiento de las oraciones obligatorias y el Iqamah anuncia que la oración va a comenzar.

El propósito de esta ceremonia es el de recordar a todo musulmán y musulmana que el principal objetivo de la vida humana se encuentra en la adoración a Dios Altísimo, y que a los niños se les debe concienciar desde el mismo momento de su nacimiento de las verdades religiosas.  Recientes estudios desarrollados en las ciencias y en la psicología humana corroboran el hecho de que los bebés embeben conocimientos desde antes de su nacimiento y las primeras impresiones son tan importantes que se implantan en el subconsciente del niño y tienen efectos de muy alto alcance.

Casi la octava parte de la totalidad de los versículos del Santo Corán exhortan a los creyentes al estudio de la naturaleza.  Animan a la reflexión, al empleo de la razón de la forma más adecuada y a establecer la meta científica como parte integrante de la vida comunitaria.

En términos categóricos, el Santo Profeta (la paz y bendiciones de Dios sean con él) impuso la obligación sobre cada musulmán, hombre o mujer, de adquirir el conocimiento. Más aún, ordenó a sus seguidores la búsqueda del conocimiento, aunque tuvieran que viajar largas distancias para conseguirlo.

El Sagrado Corán hace énfasis en la superioridad del hombre forjado por la ciencia y al conocimiento:

“Di: ¿Acaso pueden equipararse los hombres de conocimiento con los que no lo tienen ?”

 En la educación de nuestros hijos es por tanto una obligación instruirlos en las ciencias y en el conocimiento.  Se les debe inculcar el hábito del estudio, el amor por el saber y el ansia por alcanzar el conocimiento.

Share via