En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
No hay digno de ser adorado excepto Al-lah, Muhammad es el Mensajero de Al-lah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

El significado del nuevo año es ante todo, emotivo. El universo entero está siempre en un estado de movimiento permanente. Los años vienen y van, y de hecho es un flujo continuo. Sólo delimitamos el tiempo y el espacio para ayudarnos a entender la velocidad relativa con la que nos movemos y la distancia recorrida en el proceso. Por lo que podemos decir que los años son una unidad de medida. El Sagrado Corán declara esto mismo:

El sol y la luna recorren sus órbitas de acuerdo con un cálculo fijo.” (Sagrado Corán 55:6)

El Sagrado Corán también nos dice que Dios ha fijado doce meses para el cálculo de cada año desde tiempos inmemoriales. Aunque la mayoría de gente tiene un apego emocional en referencia al año nuevo, celebrándolo y disfrutándolo sin sentido, según el Sagrado Corán, debemos reflexionar sobre ello.

Dios ha creado los años según un propósito establecido, y tanto el sistema solar como el sistema lunar juegan un papel significativo en el islam. Así, algunas cosas están calculadas según los meses lunares y algunas según los meses solares. Por ejemplo, las oraciones diarias, están calculadas según el sistema solar, no según el sistema lunar. La peregrinación a la Meca, (Hall) está calculado en conformidad a los meses lunares. Según el Sagrado Corán, ya se ha comprobado que ambos juegan un papel significativo.

Pero cuando los años pasan, no significa que haya que disfrutar o celebrar el fin del año, sino que hay que contemplar y mirar hacia atrás, con el fin de examinar lo que hemos ganado y lo que hemos perdido durante el año que ha pasado.

¿Cuantos años nos quedan?

La gente dice que, con el paso del tiempo, una persona envejece, es decir que su edad está aumentando, sin embargo, en realidad, su vida está disminuyendo a medida que pasan los años. Mi sugerencia es que durante cada año que transcurre, debemos dedicar un tiempo para la contemplación y la autoevaluación. Así como también, a realizar un análisis de nuestros hijos, de los miembros de la familia, y de otras personas que se encuentren en nuestro entorno. Porque seremos responsables frente a Dios por todos aquellos quienes están, en cierta medida, bajo nuestra responsabilidad.

Por ello, todos los años debemos hacer autorreflexión, autocrítica y revisar nuestros más íntimos pensamientos, y descubrir cuán lejos hemos avanzado en dirección a Dios, o cuán lejos hemos retrocedido con respecto a la posición en la que estábamos. Esa sería la razón por la que tenemos que observar los años conforme pasan.

¿Estamos avanzando año a año, o estamos retrocediendo?

Esta es la clave en la que nos debemos centrar con el paso de los años. Los años, cuando pasan, no tienen ningún significado, sólo pueden tener algo de significado con respecto a las personas que han vivido el paso de ese tiempo. También es una percepción humana si ha sido rápido o si ha sido lento. Los años, en algunos casos, pasan tan rápidamente que un año pasa, y otro, y otro y así sucesivamente. Parece como si se apiñaran unos contra otros, como en una calle llena de coches circulando, en la cual los coches estuvieran unos pegados a otros. Pero, para quienes desperdician su tiempo, para ellos los años simplemente no pasan. Los que holgazanean con su tiempo, simplemente esperan el inicio y el final de cada día sin propósito alguno. Hay algunos que pasan sus días en la persecución de lujos. Otros emplean su tiempo en la ocupación de cosas provechosas, pero no tienen conocimiento de lo que es la bondad, y les parece algo aburrido.

Cada persona vive un año de manera diferente, la velocidad es diferente, el propósito es diferente. Y la única cosa que cuenta, es el camino que se ha recorrido hacia Dios. Si se miran los años de este modo, entonces la cuestión de la celebración del año nuevo nunca surgiría.

Es una cuestión que incluso a veces puede parecer deprimente, y que influye fuertemente en el corazón. Incluso uno mismo puede llegar a preguntarse: “¡Oh!, otro año ha pasado, y ¿qué he hecho?”

Todos los años vienen y se van y los dejamos atrás. Los echamos al vacío, y no podemos regresar a ellos. Este es el punto más importante sobre el que quiero hacer énfasis.

Cuando alcanzamos un hito, depende de nosotros que volvamos y revisemos las cosas en las que hemos fallado, y también aquellas en las que quizá no habíamos reparado en notar su belleza. Como si alguien nos preguntara: “¿No te has percatado de esto tan bonito?” y respondieramos: “No, lo siento, voy a regresar para verlo de nuevo.” Si nos perdemos algo en la vida, no hay vuelta atrás. Esto es algo que no solo se aprende después de morir, sino que nos damos cuenta de ello al final de cada año.

Dios dirá a aquellos que Le soliciten ser devueltos a la vida y así poder realizar las buenas obras que no hicieron, que no hay marcha atrás. No es algo que deba sorprendernos, pues en todos los momentos de nuestras vidas presenciamos la realidad de que la vida es un trayecto constante.

No hay vuelta atrás

No se puede volver o retroceder en el tiempo. Cuando el año se va, entonces es cuando nos damos cuenta de las cosas que podríamos haber hecho y no hicimos, y de las oportunidades que se perdieron para siempre.

Pero hay algunos aspectos positivos. No todo es tan melancólico. Hay algo que se puede rescatar de todo esto; y es que Dios hace que se repitan ciertas cosas cada año y, si se perdieron en una ocasión, tal vez no se pierdan la próxima vez, o en la siguiente. Hay ciertas oportunidades que, una vez que se han perdido, se acaban, pero existen otras que Dios nos envía una y otra vez.

No podemos lamentarnos en decir: “perdí la oportunidad de ayudar aquel pobre hombre, por lo tanto perdí la ocasión para siempre”. Sí, es cierto que no podemos volver y ayudar a la misma persona necesitada, porque la situación ha terminado y no se repetirá. Puede que aquel hombre se marchara o que incluso falleciera. Tuvimos la posibilidad de aliviar su sufrimiento pero no lo hicimos, y fracasamos en el intento. Pero el ayudar a los necesitados es un proceso continuo. Aunque no plantemos la semilla de trigo en el momento adecuado para su cultivo, no significa que no podamos plantar trigo nunca más. Ya que la época de siembra siempre llegará, y se repetirá una y otra vez.

La cosecha, la siembra de semillas, estos son fenómenos asociados al atributo de Al-lah, conocido con el nombre de Al-Rahim (el Misericordioso), debido al cual repite Su Misericordia una y otra vez.

Reflexionar sobre el pasado no se hace con el propósito de lamentarse, si no con el fin de seleccionar aquellas situaciones que se repetirán de nuevo, y así estar preparados y no caer en el mismo error.

Únicamente actuaremos si poseemos comprensión y resolución, para así proceder con benevolencia. Si en verdad seguimos ese camino, entonces ciertamente estaremos incluidos entre aquellos que el Sagrado Corán denomina los exitosos.

Son ellos quienes triunfarán” (Sagrado Corán 9:20)

Las resoluciones de año nuevo

Al principio de cada año hay quienes se fijan resoluciones y al final del año se dan cuenta de que han fallado, pues no han sido puestas en práctica. Esto es algo peligroso, pues en relación a aquellas personas que poseen este tipo de hábitos, Al-lah dice que no les hará volver a la vida, pues aunque accediera a hacerlo, fuere cual fuere el propósito, harían de nuevo exactamente lo mismo y no corregirán sus acciones.

Dios nos dice, que cualquier cosa que perdéis, la perdéis para siempre. No podéis retroceder en el tiempo, eso es una certeza. Incluso si se le da una segunda oportunidad a las personas, muchas actuarían de la misma manera. Esto lo vemos cada año, por ejemplo, si nos fijamos en los estudiantes de una escuela. Incluso yo mismo lo he visto cuando era estudiante. Cada año académico cuando los estudiantes obtenían los libros y materiales nuevos, muchos escribían sus resoluciones de cara al futuro año. Se lamentaban, diciendo el año pasado no hice esto o aquello, no usé mi tiempo de forma efectiva, pero este año será diferente. Las mismas frases se repiten cada año, sin haber hecho ningún cambio.

Estas son las personas a las que Al-lah se va dirigir en el futuro. Las respuestas de Dios son científicas y perfectas, y pueden contemplarse en este mundo. Esta es la respuesta más científica, basada en la psique humana y la experiencia. Por ello os digo, no desperdicieis vuestro tiempo en festividades durante toda la noche con la excusa de que “estamos dando la bienvenida al año nuevo”. Ésta es la peor  bienvenida que podéis dar a al nuevo año.

¿Cuando comienza realmente un nuevo año? 

Despertarse a las doce de la noche no tiene sentido porque los días ni empiezan ni terminan a media noche. Dios ha fijado las horas para nosotros los humanos y lo ha mencionado en el Sagrado Corán. Están calculadas según el sol y la luna. Entonces, la hora de las doce de la noche es algo artificial y sin sentido. El día, o bien comienza al amanecer o al anochecer. Lo que nosotros llamamos un ‘día’ contiene 24 horas, e incluye tanto al día como la noche. No hay daño en decir feliz año nuevo, ni en desear lo mejor a los demás. Al caer la puesta de sol del día 31 de diciembre, yo mismo empiezo a hacerlo de forma inmediata. Pero según mi comprensión del Sagrado Corán, el día termina en la tarde del día 31 de diciembre y el nuevo año empieza al mismo tiempo.

Mi rutina en el comienzo del año nuevo

Recuerdo cuando estaba aquí en Reino Unido, a finales del año de 1955 al 1956.

Vine como estudiante, y conseguí un trabajo temporal durante las vacaciones de Navidad. Dividí mis vacaciones en dos partes, la mitad para ganar dinero, y la otra mitad para hacer turismo y visitar distintos lugares. Como no quería agobiar innecesariamente a mi padre, nunca le pedía dinero para gastarlo durante las vacaciones. Ese invierno, fuí a realizar un trabajo, verdaderamente duro, en la estación de tren de Euston en Londres, que en ese momento era el centro desde donde se realizaba el transporte de los periódicos al norte del país.

Los paquetes de periódicos eran muy pesados, y teníamos que cargar y descargar camiones casi continuamente, lo que hacía que el trabajo fuese muy agotador. Apenas había tiempo entre carga y descarga. Durante este período trabajé también durante la fiesta de Navidad y el día de año nuevo puesto que no tenía motivo para celebrarlo. La noche de la celebración llegó.

Toda la gente abría botellas de vino y champán, mientras se dirigían a la plaza de Trafalgar Square. Bebían muchísimo, y me sorprendió la forma en que despedían el año, o en la que le daban la bienvenida al siguiente. Incluso me sentí deprimido al ver aquella escena.

Cuando llegaba el año nuevo, si estaba despierto, siempre solía ofrecer dos oraciones voluntarias, para buscar el perdón por el año pasado y pedir fuerza para el futuro. Solía tomarme mi tiempo con las oraciones, pues quería rezarle a Dios con fervor y dedicación. Recuerdo que mi jefe del trabajo era muy amable y por tanto me permitía algo de tiempo, pues se dio cuenta de que yo lo hacía con un propósito religioso. Todos los otros estudiantes que estaban trabajando allí, se habían ido para disfrutar el fin de año.

En aquel momento, cuando estaba realizando mis oraciones, me dí cuenta de que alguien estaba junto a mí, susurrando algo. Me encontraba concentrado en mis rezos por lo que no entendía muy bien lo que estaba sucediendo.

Cuando terminé vi que un hombre, inglés, de avanzada edad se encontraba de pie cerca de mi. Estaba sollozando, y las lágrimas rodaban por sus mejillas.

Le pregunté: “¿Por qué llora?”

A lo cual respondió: “Londres entero ha enloquecido, toda la población está bebiendo y gastando su tiempo en cometer pecados para dar la bienvenida al año nuevo. Pero aquí hay un hombre que está adorando a Dios. ¡Esa es la manera de dar la bienvenida al año nuevo!”

Referencias

1.Artículo extraído de la ronda de preguntas y respuestas con Su Santidad el Cuarto Califa de la Comunidad Musulmana Ahmadía, el 3 de Enero de 1996.

2.El Sagrado Corán: 55:6.

3.El Sagrado Corán: 9:20.

Sobre el Autor: Su Santidad Mirza Tahir Ahmad fue el Cuarto califa y el líder de la Comunidad Musulmana Ahmadía en todo el mundo. Fue elegido como el cuarto sucesor del fundador de la comunidad Su Santidad Mirza Ghulam Ahmad el 10 de junio de 1982, un día después de la muerte de su predecesor, Mirza Nasir Ahmad.