En el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso
There is none worthy of worship except Allah, Muhammad is the Messenger of Allah
Musulmanes que creen en el Mesías,
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad Qadiani (as)

Alocución del líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía en el 16º simposio nacional de la paz del Reino Unido, organizado por la Comunidad Musulmana Ahmadía el 9 de marzo de 2019, celebrado en la mezquita Baitul Futuh de Londres.

Su Santidad, Hazrat Mirza Masrur Ahmad, líder mundial de la Comunidad Musulmana Ahmadía, Quinto Sucesor del Mesías Prometido (as), dijo:

“Bismil-lahir Rahmanir Rahim, en el nombre de Al-lah, el Clemente, el Misericordioso.

Distinguidos invitados: Assalamu Alaikum Wa Rahmatul-lahi Wa Barakatohu – la paz y las bendiciones de Al-lah sean con todos ustedes.

Cada año, la Comunidad Musulmana Ahmadía organiza este Simposio de Paz, en el que se analizan los problemas actuales y el estado general del mundo, y en mi discurso, intento presentar respuestas a estos problemas contemporáneos a la luz de las enseñanzas del islam. En lo que respecta al impacto de este evento en el mundo externo, he dicho antes que lo desconozco. Sin embargo, independientemente de su efecto, nunca renunciaremos a nuestros esfuerzos para promover la paz y la justicia y ciertamente, estoy seguro de que todos ustedes comparten nuestro ardiente deseo de que se establezca una paz verdadera y perdurable que en el mundo.

De hecho, estoy seguro de que todos ustedes esperan ver el fin de los muchos conflictos y guerras que han dañado al mundo en los últimos tiempos, y que surja un mundo pacífico en el que todas las personas y naciones vivan amigablemente y se respeten los derechos de los demás. Sin embargo, la verdad trágica y devastadora es que cada año, en lugar de alejarse de la guerra y el conflicto, lo que se demuestra es todo lo contrario.  Las rivalidades se intensifican, se dibujan nuevas líneas de conflictos, y al mismo tiempo, las hostilidades existentes no parecen disminuir.

Aunque todos somos conscientes de que estamos pasando por momentos difíciles, la mayoría de las personas no se dan cuenta hasta qué punto las relaciones entre ciertas naciones se han deteriorado y lo potencialmente desastrosas que podrían ser las consecuencias. Por ejemplo, en una reciente columna publicada por Bloomberg Businessweek, el periodista Peter Coy escribe:

“La guerra nuclear recibe sorprendentemente poca atención considerando que hay suficientes armas nucleares para acabar con la civilización humana en horas […] La razón por la que se le debería prestar atención es que el control armamentístico, especialmente entre Estados Unidos y Rusia, se ha roto. Una nueva carrera armamentística nuclear parece estar tomando forma. En cuanto a lo que uno puede hacer: el control de armas se pone en movimiento como respuesta a la presión pública cuando la humanidad habla con más fuerza que los comerciantes de armas y los líderes mundiales belicistas”.

En su artículo, también cita a un miembro principal del Instituto de Estudios Internacionales de Middlebury, Nikolai Sokov, quien advierte:

“Todos los signos apuntan en la dirección de una seria carrera armamentística combinada nuclear-convencional en Europa”.

El resto del artículo refuerza el punto de que otra carrera de armamentos global ha comenzado y que la amenaza de una guerra nuclear no debe ser subestimada. En los últimos días, el mundo ha sido testigo de una repentina escalada y tensión entre India y Pakistán. Ambos países son potencias nucleares y ambas han establecido alianzas con otras naciones, ya sea de manera abierta o en secreto, lo que significa que las posibles consecuencias de una guerra serían extensas y de gran alcance.

En muchas ocasiones he expresado mi opinión de que los líderes de algunas de las potencias nucleares son impulsivos y parecen no apreciar las consecuencias realmente graves de la guerra nuclear. Estas armas no solo tienen el poder de aniquilar a los países objetivo, sino que también tienen el potencial de destruir la paz y la estabilidad en todo el mundo. Por lo tanto, es imperativo que las naciones y sus líderes no se centren solo en sus propios intereses nacionales, sino que consideren qué es lo mejor para el mundo en general. El diálogo con otras naciones y comunidades es vital y cada parte debe trabajar conjuntamente con un espíritu de tolerancia y con el objetivo compartido de desarrollar una paz verdadera y sostenible en el mundo.

En una entrevista reciente con Spiegel Online, el ex ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, advirtió sobre la subestimación de los peligros planteados por la situación geopolítica actual y compara el estado político actual con las circunstancias del mundo en 1945 y 1989. El ministro de Asuntos Exteriores alemán dijo:

“El mundo está cambiando dramáticamente […] el viejo Occidente se ha separado […] Es un cambio drástico en los últimos 70 años, cuando dependíamos de los Estados Unidos como una nación líder”. Estamos atravesando una lucha por la soberanía europea en un mundo completamente cambiado”.

Del mismo modo, en un artículo del New York Times, el ex líder de la Unión Soviética, Mikhail Gorbachov escribe que, tras la reciente suspensión del Tratado I.N.F. por los Estados Unidos y Rusia, ha comenzado una nueva carrera de armamentos nucleares. El señor Gorbachov escribe:

“Se ha anunciado una nueva carrera armamentística. El Tratado I.N.F. no es la primera víctima de la militarización de los asuntos mundiales. En 2002, los Estados Unidos se retiraron del Tratado sobre misiles antibalísticos; este año, del acuerdo nuclear de Irán. Los gastos militares se han disparado a niveles astronómicos y siguen aumentando”.

Al advertir sobre el riesgo de una guerra nuclear, Gorbachov escribe:

“No habrá ganador en una ‘guerra de todos contra todos’, especialmente si termina en una guerra nuclear. Y esa es una posibilidad que no se puede descartar. Una carrera de armamentos implacable, tensiones internacionales, hostilidad y desconfianza universal solo aumentarán el riesgo”.

Por lo tanto, tanto los comentaristas expertos como los políticos experimentados están llegando a la conclusión de que la guerra nuclear ya no es una posibilidad remota y lejana, sino una amenaza creciente que ya no puede descartarse.

Si echamos un vistazo a algunos de los problemas más acuciantes de hoy, es evidente que el mundo avanza en una dirección inquietante. El año pasado, los Estados Unidos afirmó, con cierto grado de confianza, que estaba a punto de lograr un acuerdo de paz histórico con Corea del Norte, pero en los últimos días ha quedado claro que no se ha conseguido nada sustancial, y el conflicto de Oriente Medio continúa en pleno auge.

Durante casi una década, Siria ha sido destrozada y devastada por derramamientos de sangre. Se dice que la guerra civil está llegando a su fin, pero ¿qué se ha logrado en la última década excepto la muerte de cientos de miles de inocentes y el desplazamiento de millones de personas? No ha surgido nada positivo, y el futuro permanece siendo incierto y precario, a la vez que aumentan las tensiones entre las naciones que tienen sus propios intereses creados vinculados al futuro de Siria.

Por un lado, se están alineando Rusia y Turquía y, por el otro lado, se están uniendo Estados Unidos y Arabia Saudita, aumentando la presión sobre Irán e imponiendo mayores sanciones contra ellos. Los expertos políticos expresan abiertamente que el objetivo de estas naciones es dominar el Medio Oriente. Otro factor de tensión y fuente de conflicto es el empeoramiento de las relaciones entre Turquía y los grupos kurdos que tratan de lograr su autonomía.

Por lo tanto, el mundo está atrapado en un círculo vicioso de conflictos y represalias, al fermentar las rivalidades y al arraigarse cada vez más los odios. Nadie sabe hacia dónde nos acabarán conduciendo tales problemas ni lo horrorosas que serán las consecuencias. Lo que acabo de mencionar es solamente la punta del iceberg. Existen otros muchos temas de preocupación que amenazan la paz y el bienestar del mundo.

Por ejemplo, se dice que el grupo terrorista Daesh está al borde del colapso y que su llamado Califato está acabado. Sin embargo, los expertos también advierten que, aunque Daesh haya perdido su territorio, aún persiste su ideología de odio y los miembros que han sobrevivido, aunque ahora se encuentren dispersos, podrían reagruparse con el tiempo y perpetrar ataques en Europa o cualquier otro lugar. Además, el nacionalismo ha vuelto a levantar su abominable cabeza y los partidos de extrema derecha están ganando popularidad en todo el mundo occidental.

Es posible que no hayan obtenido la mayoría política absoluta, pero hasta que no prevalezca la justicia en todos los niveles de la sociedad, continuarán obteniendo apoyo. Una de las razones principales en las que se basa su popularidad ha sido la inmigración masiva, que ha provocado resentimiento, así como la creencia de que los ciudadanos nativos existentes reciben menos de lo debido por financiar y apoyar a los inmigrantes. Ya he hablado bastante sobre este tema en el pasado, por lo que no necesito volver a antiguas discusiones. Basta con decir que si se realizan auténticos esfuerzos por cultivar la paz y por ayudar a todos los países a alcanzar su potencial, la desesperación de la gente por huir de sus hogares disminuiría automáticamente.

Lo que la mayoría de la gente desea es poder mantener a sus familias, y solamente cuando se les niega tales oportunidades intentan abandonar sus hogares, en busca de una vida mejor. En consecuencia, la solución a largo plazo a la crisis de la inmigración debe ser establecer la paz en los países devastados por la guerra y ayudar a la población local, que ha sido obligada a soportar vidas de miseria y peligro, a vivir en paz.

A corto plazo, los refugiados o solicitantes de asilo que llegan a Occidente debido a las condiciones políticas o religiosas prevalecientes en sus propios países, deben ser tratados con dignidad y respeto. Al mismo tiempo, no deberían recibir ningún apoyo a expensas de los ciudadanos existentes.

Se debe alentar a los inmigrantes a solicitar empleo lo antes posible, en lugar de vivir a costa de beneficios durante largos periodos. Deben trabajar arduamente, intentar valerse por sí mismos y contribuir positivamente en la nueva sociedad. De lo contrario, una continua financiación con el dinero de los contribuyentes se traducirá inevitablemente en protestas. De hecho, en mi opinión, la causa subyacente de la mayoría del resentimiento en la sociedad tiende a ser la frustración económica y financiera. Algunos grupos se aprovechan de esa inquietud culpando a los inmigrantes o a los seguidores de la religión, y provocando sentimientos de odio hacia los mismos.

De esta forma, en Europa se tiene la impresión de que los asiáticos, los africanos y en particular los inmigrantes musulmanes son una amenaza para la sociedad. En los Estados Unidos existen temores similares respecto a los musulmanes, así como respecto a los hispanos que intentan entrar en el país a través de México. No obstante, creo firmemente que, si las grandes potencias dejaran de lado sus propios intereses creados y se esforzaran seriamente en mejorar las condiciones económicas de las naciones más pobres, tratándolas con simpatía y respeto, tales problemas no surgirían nunca.

Aquí, en el Reino Unido, existe actualmente una gran incertidumbre con respecto al Brexit y la futura relación del Reino Unido con la Unión Europea. Expresé claramente mis propios puntos de vista sobre este tema durante una alocución en el Parlamento Europeo en 2012. En mi discurso, dije:

“Debéis intentar en lo posible preservar esta unidad respetando los derechos del prójimo. Deberán eliminarse los temores y las preocupaciones del público en general”.

También dije:

“Recordad que la fuerza de Europa radica en permanecer juntos y unidos. Tal unidad no solo os beneficiará aquí en Europa, sino que, a nivel global, será uno de los medios para que este continente preserve su fuerza e influencia”.

En mi discurso de hace siete años, me centré en la importancia de eliminar los temores del público respecto a la inmigración y en subrayar los beneficios de la unidad. Sin embargo, las preocupaciones de la gente no se abordaron adecuadamente, por lo que, cada vez más, la gente de toda Europa se ha llegado a cuestionar los beneficios de la Unión Europea.  El ejemplo más duro es, sin duda, el Brexit, pero en muchos países europeos, como Italia y España, e incluso Alemania, los partidos de extrema derecha o nacionalistas, están adquiriendo popularidad y ganando escaños en la mesa política, a través de la cual se esfuerzan por debilitar aún más a la Unión Europea y seguir una agenda anti-inmigrante.

Hubiera esperado una mayor unidad en Europa, pero lo cierto es que los últimos años han sido testigos de una mayor división y agitación. ¿Por qué han aparecido tales frustraciones? Provienen de las dificultades económicas y la incapacidad de los gobiernos de actuar con justicia y proteger los derechos de sus ciudadanos. Mi propia opinión sigue siendo que la cooperación internacional es una fuerza positiva y unificadora para el bien. Así, en el Parlamento Europeo, también dije:

“Desde la perspectiva islámica, debemos esforzarnos para que todo el mundo se una. En términos monetarios, el mundo debería estar unido […] en materia de libre comercio y negocio, el mundo debería estar unido, y en lo que respecta a la libertad de movimientos e inmigración, deberían desarrollarse políticas prácticas y cohesivas para que el mundo pueda conseguir unirse.’

Por lo tanto, el punto de vista del islam es que la mejor manera de lograr la paz es a través de la unidad. Sin embargo, lamentablemente, en lugar de unirnos, buscamos la separación, y priorizamos nuestros intereses individuales sobre los intereses colectivos del mundo. Creo que tales actitudes socavan y socavarán la paz y la seguridad mundial. Según el islam, para que prevalezca la paz, es requisito indispensable que exista justicia entre las naciones.

Cuando algunos países se enfrentan a dificultades, las demás naciones deben tratar de ayudarles desinteresadamente, sin impulsar sus propias agendas. Por ejemplo, el Sagrado Corán declara que, si hay una guerra o conflicto entre dos partes, las demás naciones deben mediar imparcialmente, y buscar un acuerdo pacífico. Sin embargo, si uno de los lados sigue actuando injustamente y no da pasos hacia la paz, entonces, las otras naciones deben unirse para detener al agresor. Una vez que el grupo o la nación transgresora se abstenga de cometer agravios, el islam ordena categóricamente que no se debe buscar la venganza a través de sanciones injustas, o mediante el saqueo de sus recursos.

Sin embargo, una y otra vez, vemos ejemplos de países que han intervenido en naciones devastadas por la guerra, o que han prestado ayuda a países desfavorecidos con el pretexto de traer la paz, pero que en realidad han forjado ataduras que les permiten tomar el control de los recursos del país más débil. En lugar de contentarse con su propia riqueza, los países poderosos tratan de afirmar su control sobre las naciones más frágiles.

Como he dicho, la causa principal de la frustración y de la hostilidad resultante, ya sea en Oriente o en Occidente, es la injusticia económica, por lo que es esencial que hagamos un esfuerzo concertado para salvar la brecha económica entre las naciones y sus pueblos. Además, debemos unir nuestros esfuerzos para poner fin a todas las formas de extremismo y prejuicio, ya sea religioso, racial o de cualquier otro tipo.

Allá donde esté claro que las personas están sufriendo, y que sus líderes no están protegiendo sus derechos, las organizaciones internacionales fundadas para preservar la paz del mundo, especialmente las Naciones Unidas, deben ejercer una presión legal y proporcional para defender los derechos de los ciudadanos respetuosos de la ley, a la vez que impulsar la paz y la justicia.

En lo que se refiere al islam, podría preguntarse qué es lo puede enseñarnos en lo que respecta a construir la paz en el mundo, cuando, en realidad, una gran parte de la inestabilidad y conflicto de los últimos años se ha centrado en los propios países musulmanes. Sin embargo, la causa del lamentable estado de esas naciones es precisamente porque se han alejado de las verdaderas enseñanzas del islam.

Para obtener una descripción precisa de lo que es el gobierno y el liderazgo islámicos, debemos mirar hacia la era del Fundador del Islam, el Santo Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él). Después de que el Santo Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) emigrase a la ciudad de Medina, hizo un pacto con el pueblo judío, por el cual los musulmanes y los ciudadanos judíos debían vivir juntos en paz, con un espíritu de simpatía mutua, tolerancia y equidad.

El pacto demostró ser una magnífica carta de derechos humanos y gobierno y aseguró la paz entre las diferentes comunidades que vivían en Medina. Según sus términos, todas las personas, independientemente de su fe u origen étnico, estaban obligadas a respetar los derechos de los demás. La libertad de creencia y la libertad de conciencia fueron piedras angulares de ese tratado.

La unidad afianzó el acuerdo, según el cual, si atacaban o amenazaban Medina, los musulmanes y judíos se unirían para defenderla juntos. Además, cada comunidad tenía el derecho de resolver sus problemas internos según sus respectivas creencias y costumbres. La historia es testigo del hecho de que el Santo Profeta del islam (la paz y bendiciones sean con él) cumplió con cada aspecto de este acuerdo.

Como inmigrantes, los musulmanes trataban servir a su nueva sociedad y respetar los derechos de todos los ciudadanos de Medina. Fue un ejemplo único de integración exitosa y una manifestación de una sociedad multicultural y pacífica. El tratado de Medina se basaba directamente en las enseñanzas del Sagrado Corán. Por ejemplo, el capítulo 16, versículo 91 del Sagrado Corán declara:

“En verdad, Al-lah os ordena permanecer en la justicia y dispensar un trato amable, y dar como se da a los parientes…”

Por lo tanto, el Sagrado Corán ha descrito tres niveles de interacción con otras personas y otras comunidades. El primer nivel más bajo es el de justicia, sobre el cual el Sagrado Corán defiende la necesidad de tratar a todos con justicia y equidad. El estándar de justicia que el islam requiere se describe en el capítulo 4, versículo 136 del Sagrado Corán, donde se dice:

“¡Oh vosotros, los que creéis! sed estrictos en la observancia de la justicia, actuando de testigos por la causa de Al-lah, aunque sea contra vosotros mismos, vuestros padres y familiares. Sea rico o pobre, Al-lah está más atento a ambos que vosotros. No sigáis pues los bajos deseos para que podáis actuar con equidad. Y si ocultáis la verdad o la eludís, recordad que Al-lah conoce muy bien todo lo que hacéis.”

Por lo tanto, según el Sagrado Corán, la justicia requiere que una persona esté dispuesta a testificar incluso en contra de si mismo y sus seres más queridos con el fin de salvaguardar y proteger la verdad. El segundo nivel de interacción que se promueve en el Sagrado Corán es que una persona no debe ser solo justa, sino que debe ir más allá y “hacer el bien a los demás” mostrando generosidad y perdón. Como ya he mencionado, el Sagrado Corán nos enseña que una vez que se ha detenido a una nación agresiva de cometer más crueldades, no se debe buscar venganza o imponer dificultades sobre ella.

En lugar de ello, se debe tratar de ayudarles a mejorar su economía e infraestructura. A la vez que esto les beneficiará, también os beneficiará a vosotros a largo plazo. Si se permite a esos países, que han sido núcleos de guerras o de divisiones, prosperar económicamente, dejarán de albergar sentimientos de frustración u odio hacia otros países. Y sus habitantes tampoco se verán obligados a emigrar.

Esta es la sabiduría subyacente en las enseñanzas islámicas que van más allá de la justicia básica y muestran amabilidad y compasión. El tercer nivel de interacción que el Sagrado Corán nos enseña es que debemos tratar a los demás de la misma manera que una madre trata a su hijo, es decir, la máxima expresión de amor desinteresado, que tiene lugar sin expectativas de recibir ningún tipo de recompensa.  Tratar a los demás con este espíritu benevolente no es fácil, pero debe ser nuestra aspiración constante.

En definitiva, para establecer la paz, sea en las naciones musulmanas o en un nivel internacional más amplio, es necesario que, como mínimo, los gobiernos cumplan con las exigencias de la justicia para que todos los ciudadanos puedan disfrutar de los derechos que les corresponden y para que los intereses egoístas den paso a todo aquello que sea justo y bueno. Además, las instituciones internacionales, tales como las Naciones Unidas deben tratar a cada país con equidad, en lugar de ceder a la voluntad de ciertas potencias. Este es el camino hacia la paz. Esta es la guía hacia un mundo mejor.

Esta es la única manera de prevenir que la humanidad continúe cayendo hacia un peligro aún mayor.

Con estas palabras, rezo de corazón para que Al-lah el Todopoderoso permita que surja la verdadera paz y que las largas sombras de guerra y conflicto que se ciernen sobre nosotros sean reemplazadas por cielos azules de paz y prosperidad. Rezo por el fin de las frustraciones y las privaciones que han perturbado las vidas de innumerables personas y han encendido guerras e injusticias devastadoras en todo el mundo.

En lugar de buscar el dominio y la imposición de sus propios derechos sobre los demás, rezo para que las naciones y sus líderes se percaten del beneficio de cumplir con los derechos mutuos. En lugar de culpar a determinadas religiones o gente de etnias particulares de los problemas del mundo, rezo para que mostremos tolerancia a las creencias y costumbres de los demás y valoremos la diversidad en nuestras propias sociedades.

Rezo para que veamos lo mejor de la humanidad y utilicemos las fortalezas y habilidades de unos y otros para construir un mundo mejor para nuestros hijos y para cultivar una paz duradera en la sociedad. Ciertamente, es mejor ni pensar en las alternativas a esto. Anteriormente, he citado a varios expertos que han advertido acerca de la guerra nuclear y del aumento vertiginoso de la carrera armamentística global. Estos artículos, y muchos otros, apoyan la creencia de que el mundo se está abalanzando hacia una catástrofe titánica, sin igual en la historia de la humanidad y que será imposible de detener.

Según las estimaciones, los efectos de una guerra nuclear podrían afectar al 90% del mundo. Además, si hay una guerra nuclear, no solo acabaremos destruyendo el mundo actual, sino que dejaremos una huella duradera de destrucción y miseria para nuestras generaciones futuras. Por lo tanto, debemos pausar y reflexionar sobre las consecuencias de nuestras acciones.

No debemos menospreciar ningún problema o conflicto, sea nacional o internacional. Cuando tratemos con asuntos económicos, de inmigración o cualquier otro tipo de crisis, debemos mostrar tolerancia y esforzarnos por demoler las barreras que nos dividen. Debemos utilizar toda nuestra engería y facultades para buscar la paz, poniendo fin a cualquier conflicto cordialmente, a través del diálogo, el compromiso y el cumplimiento con los derechos mutuos.

Que Al-lah el Todopoderoso nos permita hacerlo así – Amen.  Con estas palabras me gustaría agradecer a todos los invitados que se han unido a nosotros esta tarde. Muchas gracias.”